Declaraciones de Cristo de Los Últimos Días

Contenido

La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III

Estas diversas enseñanzas han tenido gran impacto en todas las personas. Hasta ahora, podrán por fin sentir realmente la verdadera existencia de Dios y que Él está ciertamente muy cerca de ellas. Aunque hayan creído en Dios durante muchos años, nunca han entendido de verdad Sus pensamientos e ideas como lo hacen ahora; tampoco han experimentado de verdad Sus hechos prácticos, como en estos momentos. Se trate de conocimiento o de práctica real, la mayoría de las personas han aprendido algo nuevo y han logrado un más alto entendimiento; se han dado cuenta de lo erróneo de sus propias búsquedas pasadas, de que su experiencia es demasiado superficial, de que hay demasiadas cosas que no están alineadas con la voluntad de Dios, y de que aquello de lo que más carece el hombre es del conocimiento del carácter de Dios. Por parte de las personas, se trata de una especie de conocimiento emocional; elevarse al nivel del conocimiento racional requiere una profundización y un fortalecimiento graduales a través de sus experiencias. Antes de que el hombre entienda verdaderamente a Dios, se podría decir de forma subjetiva que creen en la existencia de Dios en sus corazones, pero no tienen una comprensión real de preguntas específicas como la clase de Dios que Él es en verdad, cuál es Su voluntad, cuál es Su carácter y cuál Su actitud real hacia la humanidad. Esto compromete enormemente la fe de las personas en Dios; sencillamente, su fe no puede lograr la pureza ni la perfección. Aunque estés cara a cara con la palabra de Dios, o sientas que has tenido un encuentro con Él a través de tus experiencias, aún no se puede afirmar que lo comprendas por completo. Al no conocer los pensamientos de Dios, lo que Él ama u odia, lo que le enoja y lo que le produce gozo, no posees una comprensión verdadera de Él. Tu fe está basada en un cimiento de imprecisión y de imaginación, sobre tus deseos subjetivos. Sigue estando muy lejos de una creencia auténtica, y de ser un verdadero seguidor. Las explicaciones de los ejemplos de estas historias de la Biblia han permitido a los seres humanos que conozcan el corazón de Dios, lo que Él pensaba en cada etapa de Su obra y por qué la llevó a cabo, cuáles eran Su intención original y Su plan cuando la llevó a cabo, cómo logró Sus ideas y cómo preparó y desarrolló Su plan. A través de estas historias podemos obtener un entendimiento detallado y específico de cada intención específica de Dios y de cada pensamiento real durante los seis mil años de Su obra de gestión, y Su actitud hacia los seres humanos en distintos momentos y en diferentes épocas. Comprender lo que Dios estaba pensando, cuál era Su actitud y el carácter que reveló a medida que se enfrentó a cada situación puede ayudar a que cada persona tome una consciencia más profunda de Su verdadera existencia, y sienta así Su realidad y Su autenticidad. Mi objetivo al contaros estas historias no consiste en que las personas puedan entender la historia bíblica y tampoco pretendo ayudarlas a familiarizarse con los libros de la Biblia o las personas que en ella aparecen, y desde luego no lo hago por ayudarlas a comprender el trasfondo de lo que Dios hizo durante la Era de la Ley. Lo que quiero es que se entienda la voluntad de Dios, Su carácter y cada pequeña parte de Él, así como lograr un entendimiento y un conocimiento de Dios más auténticos y precisos. De este modo, los corazones de las personas pueden, poco a poco, abrirse a Dios, acercarse a Él y comprenderle mejor a Él, Su carácter, Su esencia y conocer mejor al verdadero Dios mismo.

Conocer el carácter de Dios, y lo que Él tiene y es, puede tener un impacto positivo en los seres humanos. Puede ayudarlos a tener mayor confianza en Dios, a lograr obedecerle y temerle de verdad. Entonces, dejarán de ser seguidores ciegos o de adorarle ciegamente. Dios no quiere necios ni quienes siguen a tientas a la multitud, sino a un grupo de personas que tengan en su corazón un entendimiento y un conocimiento claros del carácter de Dios y que puedan actuar como testigos de Dios, personas que nunca lo abandonarían, por Su hermosura, por lo que Él tiene y es, y por Su carácter justo. Como seguidor de Dios, si en tu corazón sigue habiendo falta de claridad, o si existe ambigüedad o confusión sobre la verdadera existencia de Dios, Su carácter y lo que Él tiene y es, así como Su plan para salvar a la humanidad, tu fe no podrá conseguir el elogio de Dios. Él no quiere que este tipo de persona le siga ni que comparezca delante de Él, porque no le entiende ni puede entregarle su corazón, que está cerrado a Él, de tal modo que su fe en Dios está llena de impurezas. Su forma de seguir a Dios sólo puede definirse como ciega. Las personas sólo pueden lograr una creencia verdadera y ser seguidores genuinos si poseen un entendimiento y un conocimiento verdaderos de Dios, que es quien crea la verdadera obediencia y el auténtico temor de Él. Sólo así pueden entregarle su corazón a Dios, abrirlo a Él. Esto es lo que Dios quiere, porque todo lo que hacen y piensan puede soportar la prueba de Dios y dar testimonio de Él. Todo lo que os comunico respecto al carácter divino, lo que Él tiene y es, o Su voluntad y Sus pensamientos en todo lo que hace y desde cualquier perspectiva o ángulo que Yo os hable sobre ello, es para ayudaros a estar más seguros de la verdadera existencia de Dios, y que entendáis y apreciéis de un modo más veraz Su amor por la humanidad y Su preocupación por los seres humanos, así como Su sincero deseo de dirigirlos y salvarlos.

Hoy, resumiremos primero los pensamientos, las ideas y cada movimiento de Dios desde que creó a los seres humanos, y echaremos un vistazo a la obra que llevó a cabo a partir de la creación del mundo y hasta el inicio oficial de la Era de la Gracia. Entonces podremos descubrir cuáles de los pensamientos y de las ideas de Dios le son desconocidas al hombre y, desde ahí, podremos aclarar el orden del plan de Dios para Su obra de gestión, entender a fondo el contexto en el que la creó, la fuente y el proceso de desarrollo de esta, y asimismo comprender por completo qué resultados quiere obtener de ella, es decir, lo fundamental y el propósito de la misma. Para entender estas cosas tenemos que remontarnos a un tiempo lejano, en calma y silencioso en el que no había seres humanos…

Cuando Dios se levantó de Su lecho, Su primer pensamiento fue este: crear a una persona viva, un ser humano viviente y real, alguien con quien vivir y que fuera Su compañero constante. Esta persona podría escucharle y Dios podría confiar en ella y hablar con ella. Entonces, por primera vez, Dios agarró un puñado de tierra y la usó para crear a la primera persona viva que Él había imaginado, y le puso nombre: Adán. ¿Cómo se sintió, una vez conseguida esta persona que vivía y respiraba? Por primera vez, sintió el gozo de tener a un ser amado, un compañero; también la responsabilidad de ser padre y la preocupación que la acompaña. Esta persona vivía que respiraba, le produjo a Dios felicidad y gozo; Él se sintió consolado por primera vez. Fue lo primero que Dios había hecho jamás que no se llevara a cabo con Sus pensamientos o incluso Sus palabras, sino con Sus propias dos manos. Cuando este tipo de ser —una persona viva, que respiraba— estuvo delante de Dios, en carne y hueso, con cuerpo y forma, y capaz de hablar con Él, experimentó una especie de gozo que nunca antes había sentido. Percibió de verdad Su responsabilidad y este ser viviente no sólo le llegó a lo más profundo, sino que su más imperceptible movimiento también le conmovió y reconfortó Su corazón. De modo que, cuando este ser vivo estuvo delante de Dios por primera vez, Él pensó en hacerse con más personas así. Esta fue la serie de acontecimientos que se iniciaron con este primer pensamiento que Dios tuvo. Para Él, todos estos sucesos estaban ocurriendo por primera vez, pero en ellos, independientemente de lo que Él sintiera en aquel momento —gozo, responsabilidad, preocupación—, no había nadie con quien poderlo compartir. Desde ese momento, Dios sintió realmente una soledad y una tristeza como nunca antes. Percibió que los seres humanos no podían aceptar ni comprender Su amor y Su preocupación, o Sus intenciones por la humanidad, de manera que aún sintió tristeza y dolor en Su corazón. Aunque había hecho aquellas cosas para el hombre, este no era consciente de ello ni lo entendía. Al margen de la felicidad, del gozo y del consuelo que el hombre le proporcionó, esto pronto trajo consigo Sus primeros sentimientos de tristeza y soledad. Estos eran los pensamientos y los sentimientos de Dios en aquel momento. Aunque Él estaba haciendo todas aquellas cosas, en Su corazón pasó del gozo a la tristeza, y de la tristeza al dolor, todo ello mezclado de angustia. Lo único que quería hacer era apresurarse y hacerle saber a esta persona, a esta raza humana, lo que había en Su corazón y que entendiera cuanto antes Sus intenciones. Entonces podrían convertirse en Sus seguidores y estar en armonía con Él. Ya no escucharían hablar a Dios y se quedarían sin palabras; dejarían de ignorar cómo unirse a Él en Su obra; por encima de todo, ya no serían personas indiferentes a los requisitos divinos. Estas primeras cosas que Dios llevó a cabo están llenas de sentido y encierran gran valor para Su plan de gestión y para los seres humanos de hoy.

Después de crear todas las cosas y a los seres humanos, Dios no descansó. No podía esperar para realizar Su gestión ni para ganar de entre la humanidad a aquellas personas a las que tanto amaba.

A continuación, poco después de que Dios creara a los seres humanos, vemos en la Biblia que hubo un gran diluvio en todo el mundo, en cuyo relato se menciona a Noé; se puede decir que fue la primera persona que hizo caso al llamado de Dios a trabajar con Él para completar una tarea suya. Por supuesto, también fue la primera vez que Dios le pidió a alguien sobre la tierra que hiciera algo según Su mandamiento. Una vez acabó Noé de construir el arca, Dios inundó por primera vez la tierra. Cuando la destruyó con el diluvio, fue la primera vez, desde que los creó, que se sintió abrumado de indignación hacia los seres humanos; esto fue lo que obligó a Dios a tomar la dolorosa decisión de destruir a esta raza humana mediante un diluvio. Una vez este hubo destruido la tierra, Dios estableció Su primer pacto con los seres humanos de que nunca más volvería a hacer algo así. La señal de este tratado fue un arcoíris. Fue el primer acuerdo de Dios con la humanidad, de modo que el arcoíris fue la primera señal de un pacto dado por Dios; este arcoíris es algo real y físico que existe. Es la existencia misma de este arcoíris lo que hace que Dios sienta a menudo tristeza por la raza humana previa que perdió, y sirve de recordatorio constante para Él de lo que les sucedió… Dios no iría a paso lento; no podía esperar para dar el siguiente paso en Su gestión. Posteriormente escogió a Abraham como Su primera elección para Su obra en todo Israel. Fue la primera vez que Dios escogió un candidato así. Dios decidió empezar a llevar a cabo Su obra de salvar a la humanidad a través de esta persona, y de proseguir con Su obra entre los descendientes de este. Podemos ver en la Biblia que esto es lo que Dios le hizo a Abraham. A continuación, convirtió a Israel en la primera tierra escogida e inició Su obra de la Era de la Ley por medio de Su pueblo elegido, los israelitas. Una vez más, por primera vez, Dios les proporcionó a los israelitas las normas y leyes expresas que la humanidad debería seguir, y se las explicó en detalle. Era la primera vez que Dios le había facilitado a los seres humanos unas normas básicas tan específicas sobre cómo deberían presentar sacrificios, cómo debían vivir, lo que tenían y lo que no podían hacer, qué festividades y días se debían observar y qué principios seguir en todo lo que hicieran. Fue la primera vez que Dios le suministraba a la humanidad unas normativas y unos principios estándar tan detallados para su vida.

Cuando digo “la primera vez”, significa que Dios nunca antes había realizado una obra como esta. Es algo que no existía con anterioridad, e incluso aunque Dios había creado a la humanidad y a todos los tipos de criaturas y cosas vivientes, jamás había llevado a cabo esa clase de trabajo. Toda esta obra implicaba la gestión divina de los humanos; todo tenía que ver con ellos y con Su salvación y gestión de los seres humanos. Después de Abraham, Dios volvió a escoger de nuevo por primera vez: eligió a Job para que fuera alguien que viviera bajo la ley y que pudiera resistir las tentaciones de Satanás, mientras seguía temiendo a Dios y apartándose del mal, y siendo testigo de Él. También fue la primera vez que Dios le permitió a Satanás tentar a una persona, y la primera vez que apostó con él. Al final, por primera vez, Dios consiguió a alguien que fuera capaz de dar testimonio de Él mientras se enfrentaba a Satanás, una persona que podía ser Su testigo y avergonzar por completo a Satanás. Desde que Dios había creado a la humanidad, esta fue la primera persona que Él había conseguido y que fue capaz de dar testimonio de Él. Una vez obtuvo a este hombre, se sintió más deseoso de seguir con Su gestión y dar el siguiente paso en Su obra, preparando Su siguiente elección y Su lugar de trabajo.

Después de deciros todo esto, ¿entendéis de verdad la voluntad de Dios? Él ve este ejemplo de gestión de la humanidad, de salvar a los seres humanos, como lo más importante de todo. No sólo hace estas cosas con Su mente o con Sus palabras y, sobre todo, no lo hace de manera casual: las realiza todas con un plan, una meta, principios y con Su voluntad. Es evidente que esta obra para salvar a la humanidad tiene un gran significado tanto para Dios como para el hombre. No importa la dificultad de la obra ni lo grandes que sean los obstáculos, ni lo débiles que sean los seres humanos, ni lo profunda que sea la rebeldía de la humanidad; nada de esto es difícil para Dios. Él se mantiene ocupado, desplegando Sus esfuerzos y dirigiendo la obra que Él mismo quiere llevar a cabo. Asimismo, lo dispone todo y gobierna a todas las personas y el trabajo que quiere realizar; nada de esto se ha hecho antes. Es la primera vez que Dios ha usado estos métodos y pagado un gran precio por este importante proyecto de gestión y salvación de la humanidad. Aunque Dios está llevando a cabo esta obra, les está expresando a los seres humanos, poco a poco y sin reserva, Su dura tarea, lo que Él tiene y es, Su sabiduría y Su omnipotencia, y cada aspecto de Su carácter. Él revela todo esto a la humanidad de manera incondicional, poco a poco, desvelando y expresando estas cosas como no lo ha hecho nunca antes. Así que, en todo el universo, aparte de las personas a las que Dios se propone dirigir y salvar, nunca ha habido criaturas tan cercanas a Dios que tengan semejante relación íntima con Él. En Su corazón, la humanidad que Él quiere dirigir y salvar es lo más importante y Él la valora por encima de todo lo demás; aunque ha pagado un gran precio por ellos, y aunque se siente continuamente herido por ellos y ve que le desobedecen, jamás abandona respecto a ellos y sigue incansablemente en Su obra, sin quejas ni pesares. Esto se debe a que sabe que, tarde o temprano, los seres humanos despertarán un día a Su llamada y se conmoverán con Sus palabras, reconocerán que Él es el Señor de la creación y regresarán a Su lado…

Después de oír todo esto hoy, es posible que sintáis que todo lo que Dios hace es muy normal. Se diría que los seres humanos siempre han percibido algo de la voluntad de Dios para ellos en Sus palabras y en Su obra, pero siempre existe una cierta distancia entre sus sentimientos o su conocimiento y lo que Él está pensando. Así que creo que es necesario comunicar con todas las personas sobre la razón por la cual Dios creó a la humanidad, y el trasfondo subyacente a Su deseo de ganar a las personas que Él esperaba conseguir. Es fundamental compartir esto con todos, para que quede claro en su corazón. Al estar todo el pensamiento y la idea de Dios, así como toda fase y periodo de Su obra vinculada y estrechamente ligada a la totalidad de Su obra de gestión, cuando entiendes los pensamientos, las ideas de Dios, y Su voluntad en cada paso de Su obra, esto equivale a comprender la fuente de la obra de Su plan de gestión. Tu comprensión de Dios se profundiza sobre este cimiento. Aunque todo lo que Dios hizo cuando creó por primera vez el mundo que mencioné con anterioridad no es más que mera información para las personas de hoy y parece ser irrelevante en la búsqueda de la verdad, a lo largo de tu experiencia llegará un día en el que no pienses que es algo tan sencillo como un par de datos o como algunos misterios. A medida que tu vida progrese y cuando haya un poco de la posición de Dios en tu corazón, o cuando entiendas más a fondo Su voluntad y de un modo más profundo, comprenderás de verdad la importancia y la necesidad de lo que estoy hablando hoy. No importa hasta dónde lo hayáis aceptado; es necesario que entendáis y sepáis estas cosas. Cuando Dios hace algo, cuando lleva a cabo Su obra, independientemente de que lo haga con Sus ideas o con Sus propias manos, que sea la primera vez que lo hace o la postrera, en última instancia Dios tiene un plan y Sus propósitos y Sus pensamientos están en todo lo que Él realiza. Estos representan Su carácter y expresan lo que Él tiene y es. Todas las personas tienen que comprender estas dos cosas: el carácter de Dios y lo que Él tiene y es. Una vez entendidas, podrán tomar poco a poco consciencia de por qué Dios hace lo que hace y dice lo que dice. A partir de ahí, pueden tener más fe para seguir a Dios, para buscar la verdad y un cambio de carácter. Con esto quiero decir que el que el hombre comprenda a Dios y su fe en Él son cosas inseparables.

Aunque aquello de lo que las personas escuchan hablar o sobre lo que ganan entendimiento es el carácter de Dios, lo que Él tiene y es, lo que obtienen es vida que procede de Dios. Una vez que esta se ha forjado en ti, tu temor de Dios se hará cada vez mayor, y cosechar esta cosecha sucede de manera muy natural. Si no quieres comprender el carácter o la esencia de Dios ni saber de ellos; si ni siquiera deseas reflexionar ni centrarte en estas cosas, puedo decirte con seguridad que la forma en que estás buscando hoy tu fe en Dios no puede permitirte jamás satisfacer Su voluntad ni conseguir Su elogio. Además, no podrás alcanzar verdaderamente la salvación; estas son las consecuencias finales. Cuando las personas no comprenden a Dios y no conocen Su carácter, su corazón no podrá abrirse jamás de veras a Él. Una vez han entendido a Dios, empezarán a comprender y saborear, con interés y fe, lo que hay en Su corazón. Y cuando esto sucede, tu corazón se abrirá a Él progresivamente, poco a poco. Al hacerlo, sentirás lo vergonzosos y despreciables que eran tus intercambios con Dios, lo que le exiges y tus propios deseos extravagantes. Cuando tu corazón se abra de verdad a Dios, verás que el suyo es un mundo tan infinito, y entrarás en una esfera que nunca antes has experimentado. Allí no hay engaño, astucia, oscuridad ni maldad. Sólo hay sinceridad y fidelidad; sólo luz y rectitud; sólo justicia y amabilidad. Está llena de amor y cuidado, de compasión y tolerancia, y a través de ella sientes la felicidad y el gozo de estar vivo. Estas cosas son las que Él te revela cuando abres tu corazón a Él. Ese mundo infinito está lleno de la sabiduría de Dios y de Su omnipotencia; de Su amor y de Su autoridad. Aquí puedes ver cada aspecto de lo que Dios tiene y es, de lo que le produce gozo, de por qué se preocupa y se entristece, de por qué se enoja… Esto es lo que puede ver cada persona que abre su corazón y le permite entrar. Él sólo puede entrar en tu corazón si tú se lo abres. Sólo puedes ver lo que Dios tiene y es, y cuál es Su voluntad para ti si ha entrado. ¡En ese momento descubrirás que todo lo que tiene que ver con Dios es tan precioso, que lo que Él tiene y es, es tan digno de valorar! Comparados con ello, las personas que te rodean, los objetos y los acontecimientos de tu vida y hasta tus seres queridos, tu pareja y las cosas que amas, apenas merecen ser mencionados. ¡Son tan pequeños y tan pobres! Sentirás que no hay objeto material que pueda ser capaz de volver a atraerte, y no pueden hacer que pagues precio alguno por ellos otra vez. En la humildad de Dios verás Su grandeza y Su supremacía; además, en algo que Él haya hecho y que te pareció bastante pequeño, verás Su infinita sabiduría y Su tolerancia, y contemplarás la paciencia, la indulgencia y la comprensión que tiene contigo. Esto producirá en ti amor hacia Él. En ese día, sentirás que la humanidad está viviendo en un mundo tan sucio que las personas que están a tu lado y las cosas que suceden en tu vida, y hasta en la de aquellos a quienes amas, el amor de ellos por ti y su pretendida protección o su preocupación por ti ni siquiera son dignas de mencionar; sólo Dios es tu amado y sólo a Él es a quien más valoras. Cuando llegue el día, creo que habrá algunos que digan: ¡El amor de Dios es tan grande y Su esencia tan santa! En Dios no hay astucia ni maldad, ni envidia, ni lucha, sino sólo justicia y autenticidad, y los seres humanos deberían anhelar todo lo que Dios tiene y es. Tendrían que luchar por ello y aspirar a ello. ¿Sobre qué base se fundamenta la capacidad de la humanidad para lograr esto? Se apoya sobre la comprensión que los seres humanos tienen del carácter de Dios y de Su esencia. Por tanto, entender el carácter de Dios y lo que Él tiene y es supone la lección y el objetivo de toda una vida, para cada persona que lucha por cambiar su carácter y se esfuerza por conocer a Dios.

Acabamos de hablar sobre toda la obra que Dios llevó a cabo, la serie de cosas que realizó por primera vez. Cada una de ellas es relevante para el plan de gestión y la voluntad de Dios. También lo son para el propio carácter de Dios y Su esencia. Si queremos entender mejor lo que Dios tiene y es, no podemos detenernos en el Antiguo Testamento o en la Era de la Ley, sino que es necesario que nos movamos hacia adelante siguiendo los pasos que Dios dio en Su obra. Por tanto, cuando Dios puso fin a la Era de la Ley y dio comienzo a la Era de la Gracia, nuestros propios pasos han llegado a dicha era, un tiempo lleno de gracia y redención. En él, Dios volvió a hacer algo muy importante por primera vez. La obra en esta nueva era, tanto para Dios como para la humanidad, fue un nuevo punto de partida. Este nuevo inicio era otra nueva obra que Dios hizo por primera vez. Era algo sin precedentes que Él realizó y que ni los seres humanos ni todas las criaturas podrían imaginar. Es algo que todo el mundo sabe muy bien ahora: fue la primera vez que Dios se convirtió en un ser humano, que comenzó una nueva obra bajo la forma y con la identidad de un hombre. Esta nueva obra significaba que Dios había acabado Su obra en la Era de la Ley, que ya no haría ni diría nada bajo la ley. Tampoco hablaría ni llevaría nada a cabo en forma de ley ni según los principios o las normas de la ley. Es decir, toda Su obra basada en la ley se detuvo para siempre y no continuaría, porque Dios quería empezar una nueva y hacer cosas nuevas; una vez más, Su plan tenía un nuevo punto de partida. De manera que Dios tuvo que dirigir a la humanidad a la era siguiente.

Que estas noticias fueran gozosas o inquietantes para los seres humanos dependía de cuál fuera su esencia. Se podía decir que estas no eran alegres para algunos, sino preocupantes, porque cuando Dios inició Su nueva obra, los que sólo seguían las leyes y las reglas, y las doctrinas, pero no temían a Dios tenderían a usar Su antigua obra para condenar la nueva. Para estos, eran nuevas amenazadoras. Sin embargo, para todo aquel que fuera inocente y franco, sincero a Dios y dispuesto a recibir Su redención, Su primera encarnación fue una noticia muy gozosa. Y es que desde que hubo seres humanos, esta era la primera vez que Dios había aparecido y vivido entre la humanidad en una forma que no era el Espíritu; más bien había nacido de un ser humano y vivía entre las personas como el Hijo del Hombre, y trabajaba en medio de ellos. Esta “primera vez” rompió los conceptos de las personas y también superó toda imaginación. Además, todos los seguidores de Dios obtuvieron un beneficio tangible. Dios no sólo acabó con el viejo siglo, sino que también puso fin a Sus antiguos métodos y a Su modo de obrar. Ya no permitió que Sus mensajeros transmitieran Su voluntad ni se escondió más en las nubes ni se apareció o habló a los seres humanos de forma autoritaria por medio del trueno. A diferencia de cualquier otra cosa anterior, mediante un método inimaginable para los seres humanos que les resultaba difícil de entender o aceptar —hacerse carne—, se convirtió en el Hijo del Hombre para desarrollar la obra de esa era. Este paso sorprendió a la humanidad, y fue también muy incómodo para ellos, porque Dios había vuelto a empezar una nueva obra que nunca antes había llevado a cabo. Hoy, echaremos un vistazo a la nueva obra que Dios realizó en la nueva era, y ¿a qué podemos comprender del carácter de Dios, y de lo que Él es tiene y es, en toda esta nueva obra?

Las que siguen son palabras registradas en el Nuevo Testamento de la Biblia.

1. (Mateo 12:1) Esa vez, Jesús fue por los campos de maíz en un día de reposo; los discípulos tenían hambre y comenzaron a arrancar las mazorcas de maíz para comerlas.

2. (Mateo 12:6-8) Pero Yo os digo que en este lugar hay uno que es más grande que este templo. Pero si vosotros hubierais sabido lo que esto significa, Yo recibiría misericordia y no sacrificio, vosotros no condenaríais a los inocentes. Porque el Hijo del Hombre es el Señor aún en el día de reposo.

Le echaremos primero una mirada a este pasaje: “Esa vez, Jesús fue por los campos de maíz en un día de reposo; los discípulos tenían hambre y comenzaron a arrancar las mazorcas de maíz para comerlas”.

¿Por qué hemos escogido este pasaje? ¿Qué relación guarda con el carácter de Dios? En este texto, lo primero que sabemos es que era el día de reposo, pero el Señor Jesús salió y llevó a Sus discípulos por los campos de maíz. Y lo más “escandaloso” es que hasta “comenzaron a arrancar las mazorcas de maíz para comerlas”. En la Era de la Ley, las leyes de Jehová Dios consistían en que las personas no podían salir de manera informal ni participar en actividades en Sabbat: habían muchas cosas que no se podían hacer en Sabbat. Esta acción por parte del Señor Jesús fue desconcertante para quienes habían vivido bajo la ley durante largo tiempo, y hasta provocó críticas. En cuanto a su confusión y a cómo hablaban sobre lo que Jesús hizo, lo dejaremos de lado por ahora y analizaremos primero por qué el Señor Jesús escogió, entre todos los días, hacer esto en el día de reposo, y qué quería comunicar por medio de esta acción a los que vivían bajo la ley. Esta es la relación entre este pasaje y el carácter de Dios sobre la que quiero hablar.

Cuando el Señor Jesús vino, usó Sus actos prácticos para comunicarles a las personas: Dios se había marchado de la Era de la Ley, y había comenzado una nueva obra; esta no requería la observancia del Sabbat. Cuando Dios salió de los límites del día de reposo, sólo fue un anticipo de Su nueva obra, y Su gran obra seguía realizándose. Cuando el Señor Jesús empezó Su obra, ya había dejado atrás los grilletes de la Era de la Ley, y se había abierto paso entre las normas y los principios de esa era. En Él no había rastro de nada relacionado con la ley; la había desechado por completo y ya no la observaba; ya no requería que la humanidad la cumpliera. De modo que aquí ves que el Señor Jesús atravesó los maizales en el día de reposo; el Señor no descansó, sino que salió a trabajar. Este acto suyo fue una conmoción para los conceptos de las personas y les comunicaba que Él ya no vivía bajo ella; que Él había abandonado los límites del Sabbat y apareció delante de la humanidad y en medio de ellos con una nueva imagen, con una nueva forma de obrar. Este acto suyo les decía a las personas que Él había traído consigo una nueva obra que empezó saliendo de la ley y del día de reposo. Cuando Dios llevó a cabo Su nueva obra, dejó de aferrarse al pasado y ya no se preocupó más por la normativa de la Era de la Ley. Tampoco le afectó Su obra en la era anterior, sino que trabajó como de costumbre durante el día de reposo, y cuando Sus discípulos tuvieron hambre, pudieron arrancar espigas de maíz para comer. Todo aquello era muy normal a los ojos de Dios. Él podía tener un nuevo comienzo para gran parte de la obra que quería hacer y para las cosas que quería decir. Cuando tiene un nuevo comienzo ni menciona de nuevo Su obra previa, ni sigue con ella. Y es que Dios tiene Sus principios en Su obra. Cuando quiere empezar una nueva obra es cuando quiere llevar a la humanidad a una nueva etapa de la misma, y cuando esta ha entrado en una fase más alta. Si las personas siguen actuando según los antiguos dichos o normas, o siguen aferrados a ellos, Él no lo conmemorará ni lo elogiará. Esto se debe a que ya ha introducido una nueva obra y ha entrado en una nueva fase de la suya. Cuando inicia una nueva obra, se aparece a la humanidad con una imagen completamente nueva, desde un ángulo totalmente nuevo y de un modo plenamente nuevo para que las personas puedan ver distintos aspectos de Su carácter y lo que Él tiene y es. Esta es una de Sus metas en Su nueva obra. Dios no se aferra a lo antiguo ni toma el camino trillado; cuando obra y habla no es tan prohibitivo como los seres humanos imaginan. En Dios, todo es libre y está liberado, y no hay prohibición ni coacción: lo que Él le trae a la humanidad es completa libertad y liberación. Es un Dios vivo, que existe genuina y verdaderamente. No es una marioneta ni una escultura de arcilla, y es por completo diferente de los ídolos que las personas consagran y adoran. Está vivo y vibrante, y lo que Sus palabras y Su obra les aporta a los seres humanos es todo vida y luz, libertad y liberación, porque Él contiene la verdad, la vida y el camino; Él no está obligado por nada en parte alguna de Su obra. Independientemente de lo que digan las personas y de cómo vean o valoren Su nueva obra, Él la realizará sin reparo alguno. No se preocupará por los conceptos de nadie ni por los dedos que señalen Su obra y Sus palabras, o tan siquiera por la fuerte oposición y resistencia de ellos a Su nueva obra. Nadie, en toda la creación, puede usar la razón, la imaginación, el conocimiento o la moralidad humanos para medir o definir lo que Dios hace para desacreditar, interrumpir o sabotear Su obra. No existe prohibición en Su obra, y no se verá obligado por ningún hombre, cosa u objeto, y esta no será alterada por ninguna fuerza hostil. En Su nueva obra es el Rey siempre victorioso y pisotea, bajo el estrado de Sus pies, todas las herejías y las falacias de la humanidad. Independientemente de la nueva etapa de Su obra que esté llevando a cabo, debe desarrollarse y expandirse en medio de la humanidad, y debe llevarse a cabo sin estorbo en todo el universo, hasta que Su gran obra haya concluido. Este es el poderío y la sabiduría de Dios, Su autoridad y Su poder. Así, el Señor Jesús podía salir abiertamente y trabajar en el día de reposo, porque en Su corazón no había normas ni conocimiento, ni doctrina originada en la humanidad. Lo que Él tenía era la nueva obra de Dios y Su camino, y Su obra era la manera de liberar a la humanidad, de desencadenarla y permitirle existir en la luz y vivir. Aquellos que adoran a los ídolos o a falsos dioses viven cada día atados por Satanás, reprimidos por todo tipo de normas y tabúes, hoy se prohíbe una cosa y mañana otra; no hay libertad en su vida. Son como prisioneros engrilletados, sin gozo del que hablar. ¿Qué representa la “prohibición”? Simboliza restricciones, lazos y maldad. Tan pronto como una persona adora a un ídolo, están venerando a un falso dios, a un espíritu maligno. La prohibición viene acompañada de esto. No se puede comer esto o aquello; hoy no se puede salir; mañana no se puede encender el horno; al día siguiente uno no puede mudarse a una casa nueva; se deben seleccionar ciertos días para bodas y funerales, y hasta para dar a luz. ¿Cómo se denomina esto? Se le llama prohibición; es esclavitud de la humanidad, y son los grilletes de Satanás y los espíritus malignos que los controlan y cohíben su corazón y su cuerpo. ¿Existen estas prohibiciones con Dios? Cuando se habla de la santidad de Dios, deberías pensar primero en esto: Con Dios no hay prohibiciones. Dios tiene principios en Sus palabras y en Su obra, pero no son prohibiciones, porque Dios mismo es la verdad, el camino y la vida.

Consideremos ahora el siguiente pasaje: “Pero Yo os digo que en este lugar hay uno que es más grande que este templo. Pero si vosotros hubierais sabido lo que esto significa, Yo recibiría misericordia y no sacrificio, vosotros no condenaríais a los inocentes. Porque el Hijo del Hombre es el Señor aún en el día de reposo” (Mateo 12:6-8). ¿A qué se refiere “templo” aquí? Por decirlo de un modo sencillo, “templo” alude a un edificio magnífico, alto, y en la Era de la Ley, era un lugar donde los sacerdotes adoraban a Dios. Cuando el Señor Jesús declaró “en este lugar hay uno que es más grande que este templo”, ¿a quién se refería ese “uno”? Claramente, se trata del Señor Jesús en la carne, porque sólo Él era mayor que el templo. ¿Qué transmiten esas palabras a las personas? Les indica que salgan del templo; Dios ya lo había abandonado y no obraba más allí, así que las personas deberían buscar las huellas de Dios fuera de él y seguirlas en Su nueva obra. El trasfondo de esta afirmación del Señor Jesús es que bajo la ley, los seres humanos habían llegado a considerar el templo como algo mayor que Dios mismo. Es decir, las personas adoraban el templo en lugar de a Dios, así que el Señor Jesús les advierte que no adoren a los ídolos, sino a Dios porque Él es supremo. Por consiguiente, Él dijo: “Yo recibiría misericordia y no sacrificio”. Es evidente que, a los ojos del Señor Jesús, la mayoría de las personas que estaban bajo la ley ya no adoraban a Jehová, sino que llevaban a cabo el proceso del sacrificio, y determinó que esto era adorar a los ídolos. Estos adoradores de ídolos veían el templo como algo mayor y más elevado que Dios. En sus corazones sólo figuraba el templo, Dios no; si lo perdían, con él perdían también su morada. Sin él no tenían donde adorar y no podrían llevar a cabo sus sacrificios. Su pretendida morada era donde ellos operaban bajo el estandarte de la adoración a Jehová Dios, algo que les permitía permanecer en el templo y llevar a cabo sus propios negocios. Los pretendidos sacrificios que realizaban eran sólo para efectuar sus propios tratos personales y vergonzosos bajo el disfraz de cumplir con su servicio en el templo. Por esta razón, las personas de aquella época consideraban que el templo era mayor que Dios, porque lo usaban como tapadera, y los sacrificios como pretexto para engañar a otros y a Dios; el Señor Jesús declaró esto para advertir a las personas. Si se aplican estas palabras al presente, siguen siendo igual de válidas y pertinentes. Aunque las personas de hoy han experimentado una obra de Dios distinta a la de quienes vivieron en la Era de la Ley, la esencia de su naturaleza es la misma. En el contexto de la obra hoy, las personas seguirán haciendo las mismas cosas como “el templo es mayor que Dios”. Por ejemplo, los seres humanos consideran que cumplir con su deber es su trabajo; que dar testimonio de Dios y luchar contra el gran dragón rojo como movimientos políticos en la defensa de los derechos humanos, por la democracia y la libertad; desvían su deber para utilizar sus aptitudes en profesiones, pero tratan el temor de Dios y apartarse del mal como una mera doctrina religiosa a observar; etc. ¿No son estas expresiones de los seres humanos básicamente las mismas que “el templo es mayor que Dios”? Excepto que hace dos mil años, las personas llevaban a cabo su negocio personal en el templo físico y hoy lo hacen en templos intangibles. Los que valoran las normas las consideran mayores que Dios; quienes aman el estatus lo ven mayor que Dios; los que aman su profesión la consideran mayor que Dios, etc.; todas sus expresiones me llevan a afirmar: “Las personas alaban a Dios como el más grande por medio de sus palabras, pero a través de sus ojos todo es mayor que Él”. Esto se debe a que tan pronto como las personas encuentran una oportunidad a lo largo de su camino de seguir a Dios para exhibir sus propios talentos, o para llevar a cabo sus propios asuntos o su profesión, se distancian de Dios y se echan en brazos de la profesión que aman. En cuanto a lo que Dios les ha confiado y Su voluntad, hace tiempo ya que lo han descartado. En este escenario, ¿qué es distinto respecto a estas personas y las que llevaban a cabo su propio negocio en el templo, hace dos mil años?

A continuación, consideremos la última frase de este pasaje de las escrituras: “Porque el Hijo del Hombre es el Señor aún en el día de reposo”. ¿Existe un lado práctico en esta frase? ¿Podéis verlo? Cada una de las cosas que Dios afirma sale de Su corazón, ¿por qué dijo esto, pues? ¿Qué entendéis por eso? Es posible que entendáis el significado de esta frase ahora, pero en aquel tiempo no muchos lo comprendían, porque la humanidad acababa de salir de la Era de la Ley. Para ellos, salir del día de reposo era algo muy difícil, por no hablar de entender lo que es el verdadero Sabbat.

La frase “el Hijo del Hombre es el Señor aún en el día de reposo” les dice a las personas que todo lo de Dios es inmaterial, y aunque Dios pueda suplir todas tus necesidades materiales, una vez satisfechas estas, ¿puede la satisfacción que proporcionan estas cosas sustituir tu búsqueda de la verdad? ¡Es evidente que no es posible! El carácter de Dios y lo que Él tiene y es, sobre los que hemos estado comunicando, son la verdad. No se pueden medir con el alto precio de los objetos materiales ni su valor se puede cuantificar con dinero, porque no es algo material y suple las necesidades del corazón de todas y cada una de las personas. Para cada persona, el valor de estas verdades intangibles debería ser mayor que el de cualquier cosa material que te parezca hermosa, ¿verdad? Esta declaración es algo a lo que tenéis que dedicarle tiempo. La idea clave de lo que he dicho es que lo que Dios tiene y es, y todo lo suyo, son los más importantes para cada persona y no pueden ser sustituidos por ningún objeto material. Te daré un ejemplo: Cuando tienes hambre, necesitas comida. Esta puede ser relativamente buena o deficiente, pero en cuanto te hartas, esa desagradable sensación de estar hambriento ya no existe; habrá desaparecido. Puedes estar aquí sentado en paz y tu cuerpo estará en reposo. El hambre de las personas puede resolverse con comida, pero cuando estás siguiendo a Dios y sintiendo que no tienes una comprensión de Él, ¿cómo puedes solucionar el vacío de tu corazón? ¿Puedes remediarlo con comida? O cuando estás siguiendo a Dios y no entiendes Su voluntad, ¿qué puedes usar para saciar esa hambre de tu corazón? En el proceso de tu experiencia de salvación por medio de Dios, aunque busques un cambio en tu carácter, si no comprendes Su voluntad o no sabes cuál es la verdad, si no entiendes el carácter de Dios, ¿no te sientes muy incómodo? ¿No sientes en tu corazón una fuerte hambre y sed? ¿No te impiden estos sentimientos sentir paz en tu corazón? ¿Cómo se puede, pues, saciar esa hambre del corazón? ¿Existe alguna forma de resolverlo? Algunos van a comprar, otros van en busca de sus amigos para confiarse a ellos, otros duermen hasta hartarse, otros leen más palabras de Dios o trabajan más duro y dedican más esfuerzo para cumplir con sus deberes. ¿Pueden estas cosas solucionar tus dificultades prácticas? Todos vosotros entendéis por completo estos tipos de prácticas. Cuando te sientes impotente, o tienes un fuerte deseo de obtener iluminación de Dios que te permita conocer la realidad de la verdad y Su voluntad, ¿qué es lo que más necesitas? No es una comida completa, ni unas pocas palabras amables. Además, no se trata del consuelo pasajero y la satisfacción de la carne; lo que necesitas es que Dios te diga de un modo directo y claro lo que deberías hacer y cómo hacerlo; indicarte con claridad cuál es la verdad. Después de entender esto, aunque sólo sea una parte ínfima, ¿no te sientes más satisfecho en tu corazón que si hubieras comido una buena comida? Cuando tu corazón está colmado, ¿no gana verdadera paz y toda tu persona también? A través de esta analogía y análisis, ¿entendéis ahora por qué quería Yo comunicar con vosotros esta frase “el Hijo del Hombre es el Señor aún en el día de reposo”? Su significado es que lo que procede de Dios, lo que Él tiene y es, y Su todo son mayores que cualquier otra cosa, incluido aquello o a aquella persona que una vez creíste valorar más. Esto significa que si una persona no puede tener las palabras de la boca de Dios o no entiende Su voluntad, no puede lograr la paz. En vuestras experiencias futuras comprenderéis por qué quería que vierais este pasaje hoy; esto es muy importante. Todo lo que Dios hace es verdad y vida. Para la humanidad, la verdad es algo de lo que no puede carecer en su vida, algo de lo que no puede pasarse; también podrías decir que es lo más grande. Aunque no puedas verlo ni tocarlo, no puedes ignorar la importancia que tiene para ti; es lo único que puede traer paz a tu corazón.

¿Está vuestro entendimiento de la verdad integrado en vuestras propias condiciones? En la vida actual, primero tienes que pensar en qué verdades se relacionan con las personas, las cosas y los objetos con los que te has encontrado; en medio de estas verdades es donde puede descubrir la voluntad de Dios y relacionar lo que has hallado con Su voluntad. Si desconoces qué aspectos de la verdad están relacionados con las cosas con las que te has encontrado, pero vas directamente en busca de la voluntad de Dios, este planteamiento es bastante ciego y no puede lograr resultados. Si quieres buscar la verdad y comprender la voluntad de Dios, primero es necesario que consideres qué tipo de cosas te han sobrevenido, con qué aspectos de la verdad están relacionados, y sondear la verdad en la palabra de Dios que tenga que ver con lo que has experimentado. Luego, busca la senda de la práctica adecuada para ti en esa verdad; de esta forma, puedes lograr un entendimiento indirecto de la voluntad de Dios. Buscar la verdad y practicarla no es aplicar una doctrina de manera mecánica ni seguir una fórmula. La verdad no es predecible ni es una ley. No está muerta; es vida, es algo vivo, es la regla que una criatura debe seguir y la norma que un ser humano debe tener en su vida. Esto es algo que debes entender mejor de la experiencia. Independientemente de la etapa que hayas alcanzado en tu experiencia, eres inseparable de la palabra y de la verdad de Dios, de lo que entiendes de Su carácter y de lo que sabes que Dios tiene y es. Todo esto está expresado en Sus palabras; están inextricablemente vinculadas a la verdad. El carácter de Dios y lo que Él tiene y es, son en sí mismos, la verdad. Esta es una manifestación auténtica del carácter de Dios y de lo que Él tiene y es. Concreta lo que Dios tiene y es, y lo declara de forma expresa; te indican de un modo más directo lo que le agrada a Dios, lo que le desagrada, lo que Él quiere que hagas y lo que no te permite hacer, a qué personas desprecia y en quiénes se deleita. Tras las verdades que Dios expresa, las personas pueden ver Su placer, Su enojo, Su tristeza y Su felicidad, así como Su esencia; esta es la revelación de Su carácter. Al margen de saber lo que Dios tiene y es, y de comprender Su carácter a partir de Su palabra, lo más importante es la necesidad de alcanzar esta comprensión por medio de la experiencia práctica. Si las personas se apartan de la vida actual para conocer a Dios, no serán capaces de lograrlo. Aunque haya quienes puedan lograr cierta comprensión de Su palabra, se limita a teorías y palabras, y existe una disparidad con cómo es Dios en realidad.

Lo que estamos comunicando ahora se encuentra, en su totalidad, dentro del ámbito de las historias recogidas en la Biblia. Por medio de ellas y a través del análisis de estas cosas que sucedieron, las personas pueden entender Su carácter, y lo que Él tiene y es, según Él lo ha expresado, permitiéndoles conocer cada aspecto de Dios de un modo más amplio, más profundo, más exhaustivo y más concienzudo. Por tanto, ¿son estas historias la única forma de conocer cada aspecto de Dios? ¡No, no lo es! Y es que lo que Dios dice y la obra que hace en la Era del Reino pueden ayudar más a las personas a conocer Su carácter, y hacerlo de un modo más pleno. Sin embargo, creo que es un poco más fácil conocer el carácter de Dios y entender lo que Él tiene y es, a través de algunos ejemplos o historias recogidas en la Biblia y con los que las personas están familiarizadas. Si tomo las palabras de juicio y castigo, así como las verdades que Dios expresa hoy para que llegues a conocerlo palabra por palabra, sentirás que es demasiado aburrido y tedioso, y algunas personas sentirán incluso que las palabras de Dios parecen poco originales. Pero si tomamos estas narrativas bíblicas como ejemplos para ayudar a las personas a conocer el carácter de Dios, no lo encontrarán aburrido. Se podría decir que en el curso de la explicación de estos ejemplos, los detalles de lo que había en el corazón de Dios en aquel momento —Su estado de ánimo o sentimiento, Sus pensamientos e ideas— se han comunicado a las personas en lenguaje humano, y el objetivo de todo esto consiste en permitirles apreciar y sentir que lo que Dios tiene y es no es una fórmula. No es una leyenda ni algo que las personas no puedan ver o tocar. Es algo que existe de verdad y que las personas pueden sentir, y apreciar. Este es el objetivo supremo. Se podría afirmar que las personas que viven en esta era son bendecidas. Pueden recurrir a las historias de la Biblia para obtener un entendimiento más amplio de la obra anterior de Dios; pueden ver Su carácter a través de la obra que Él ha llevado a cabo. Y pueden entender Su voluntad para la humanidad por medio de estos caracteres que ha expresado, entender las manifestaciones concretas de Su santidad y Su preocupación por los seres humanos, a fin de alcanzar un conocimiento más detallado y profundo del carácter de Dios. ¡Creo que todos vosotros podéis sentir esto!

En el ámbito de la obra que el Señor Jesús completó en la Era de la Gracia, puedes ver otro aspecto de lo que Dios tiene y es. Este se expresó a través de Su carne, y fue hecho posible para que las personas vieran y apreciaran por medio de Su humanidad. En el Hijo del Hombre, las personas vieron cómo vivió Dios en carne Su humanidad, y contemplaron Su divinidad expresada a través de la carne. Estos dos tipos de expresión permitieron ver a las personas un Dios muy real, y formarse un concepto diferente de Él. Sin embargo, en el período de tiempo entre la creación del mundo y el final de la Era de la Ley, esto es, antes de la Era de la Gracia, lo que las personas vieron, oyeron y experimentaron sólo fue el aspecto divino de Dios. Fue lo que Él hizo y dijo en una esfera intangible, y las cosas que expresó desde Su persona real que no podían verse ni tocarse. Con frecuencia, estas cosas hicieron que las personas sintieran que Dios era muy grande, y que no podían acercarse a Él. La impresión que solía darles era que fluctuaba dentro y fuera, y los seres humanos sentían que cada uno de Sus pensamientos e ideas eran tan misteriosos y evasivos que no había forma de alcanzarlos, y mucho menos de intentar entenderlos y apreciarlos. Para las personas, todo lo relativo a Dios era muy distante, tanto que no podían verlo ni tocarlo. Él parecía estar arriba en el cielo, y que no existía en absoluto. Así pues, entender el corazón y la mente de Dios o cualquiera de Sus pensamientos era inalcanzable para las personas, y hasta imposible. Aunque Dios llevó a cabo alguna obra concreta en la Era de la Ley, y también promulgó algunas palabras específicas y expresó algunos caracteres concretos que les permitieran apreciar a los hombres y ver algún conocimiento real de Él, al final, la expresión por parte de Dios de lo que Él tiene y es, en una esfera intangible, y lo que las personas entendían, lo que conocían, seguía perteneciendo al aspecto divino de lo que Él tiene y es. La humanidad no podía adquirir un concepto concreto a partir de esta expresión de[a] lo que Él tiene y es, y su impresión de Dios seguía atascada en el ámbito de “un Espíritu al que resulta difícil acercarse, que oscila dentro y fuera”. Como Dios no usó un objeto específico ni una imagen en la esfera material para aparecerse a las personas, estas seguían sin poder definirlo mediante el lenguaje humano. En sus corazones y sus mentes, siempre querían usar sus propias palabras para establecer un estándar de Dios, para hacerlo tangible y humanizarlo, como lo alto y lo grande que es, cuál es Su aspecto, qué le gusta particularmente, y cuál es Su personalidad específica. En realidad, Dios sabía en Su corazón que las personas pensaban así. Tenía muy claras las necesidades de las personas y, por supuesto, también sabía lo que debía hacer; por ello, llevó a cabo Su obra de un modo diferente en la Era de la Gracia. Esta forma era tanto divina como humanizada. En el período de tiempo en que el Señor Jesús estuvo obrando, las personas podían ver que Dios tenía expresiones humanas. Por ejemplo, podía danzar, asistir a bodas, conversar, hablar y discutir con las personas. Además de eso, el Señor Jesús también llevó a cabo mucha obra que representaba Su divinidad, y por supuesto toda esa obra era una expresión y una revelación del carácter de Dios. Durante este tiempo, cuando la divinidad de Dios se materializó en una carne ordinaria que las personas podían ver y tocar, ya no sentían que Él estuviera oscilando dentro y fuera, que no pudieran acercarse a Él. Por el contrario, podían intentar comprender la voluntad de Dios o entender Su divinidad a través de todos los movimientos, las palabras, y la obra del Hijo del Hombre quien, encarnado, expresaba la divinidad de Dios a través de Su humanidad y le transmitía Su voluntad a la humanidad. A través de la expresión de la voluntad y del carácter de Dios, también le reveló al Dios que no puede verse ni tocarse en la esfera espiritual. Lo que las personas vieron era Dios mismo, tangible y de carne y hueso. Así, el Hijo del Hombre encarnado concretizó y humanizó cosas como la identidad, el estatus, la imagen, el carácter de Dios, y lo que Él tiene y es. Aunque Su aspecto externo tenía algunas limitaciones respecto a la imagen de Dios, Su esencia y lo que Él tiene y es, eran totalmente capaces de representar Su propia identidad y estatus; sencillamente existían algunas diferencias en la forma de expresión. Independientemente de la humanidad del Hijo del Hombre o de Su divinidad, no podemos negar que Él representaba la identidad y el estatus de Dios. Sin embargo, durante este tiempo, Dios obró a través de la carne, habló desde esa perspectiva, y se presentó ante la humanidad con la identidad y el estatus del Hijo del Hombre, y esto les proporcionó a las personas la oportunidad de encontrar y experimentar las palabras y la obra prácticas de Dios en medio de la humanidad. También les permitió tener una perspectiva de Su divinidad y de Su grandeza en medio de la humildad, así como obtener un entendimiento y una definición preliminares de la autenticidad y la realidad de Dios. Aunque la obra realizada por el Señor Jesús, Sus formas de trabajar, y la perspectiva desde la que habló diferían de la persona real de Dios en la esfera espiritual, todo lo relativo a Él representaba realmente al Dios mismo que los humanos nunca habían visto antes; ¡esto es innegable! Es decir, no importa en qué forma aparezca Dios ni desde qué perspectiva hable, o en qué imagen se presente ante la humanidad, Él no representa a nada que no sea Él mismo. No puede representar a ningún ser humano; no puede representar a ningún humano corrupto. Dios es Dios mismo, y esto no se puede negar.

A continuación echaremos un vistazo a una parábola que contó el Señor Jesús en la Era de la Gracia.

3. Parábola de la oveja perdida

(Mateo 18:12-14) ¿Qué pensáis? Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve y va a las montañas y busca la que se ha perdido? Y si la encuentra, de verdad os digo, se alegra más por esa oveja que por las noventa y nueve que no se perdieron. Es así la voluntad del Padre que está en los cielos, que ninguno de estos pequeñitos muera.

Esto es una metáfora; ¿qué tipo de sentimiento produce este pasaje? La forma en la que se expresa esta alegoría utiliza una figura retórica del lenguaje humano; es algo que está dentro de la esfera del conocimiento del ser humano. Si Dios hubiera dicho algo parecido en la Era de la Ley, las personas habrían sentido que no era realmente coherente con Su identidad; sin embargo, cuando el Hijo del Hombre comunicó este pasaje en la Era de la Gracia, fue reconfortante, cálido e íntimo para las personas. Cuando Dios se hizo carne, cuando apareció en forma de hombre, usó una metáfora muy apropiada para expresar la voz de Su corazón en la humanidad. Esta representaba la propia voz de Dios y la obra que Él quería hacer en esa era. También simbolizaba una actitud que Dios tenía hacia las personas en la Era de la Gracia. Mirando desde la perspectiva de la actitud de Dios hacia las personas, comparó a cada una de ellas con una oveja. Si una oveja se pierde, Él hará lo que haga falta para encontrarla. Esto representa un principio de la obra de Dios en medio de la humanidad, esta vez en la carne. Dios usó esta parábola para describir Su determinación y Su actitud en esa obra. Esta era la ventaja de Dios al encarnarse: podía aprovecharse del conocimiento de la humanidad y usar el lenguaje humano para hablar a las personas, para expresar Su voluntad. Él explicó o “tradujo” al hombre Su lenguaje divino profundo, que resultaba difícil de entender para las personas en el lenguaje humano, de una forma humana. Esto ayudó a las personas a entender Su voluntad y a saber qué quería hacer Él. También pudo tener conversaciones con personas desde la perspectiva humana, usar el lenguaje humano y comunicar con ellas de una forma que entenderían. Hasta podía hablar y obrar usando el lenguaje y el conocimiento humanos, de forma que las personas pudieran sentir la bondad y la cercanía de Dios, y ver Su corazón. ¿Qué veis en esto? ¿Que no hay prohibición en las palabras y las acciones de Dios? De la manera como lo ven las personas, no hay modo de que Dios pudiera usar el conocimiento, el lenguaje o las formas de comunicarse del hombre para hablar sobre lo que Dios mismo quería decir, la obra que quería realizar, o expresar Su propia voluntad; esto es pensar erróneamente. Dios utilizó este tipo de metáfora para que las personas pudieran sentir la realidad y la sinceridad de Dios, y ver Su actitud hacia las personas durante ese período de tiempo. Esta parábola despertó a las personas de un sueño que habían estado viviendo bajo la ley durante mucho tiempo, y también inspiró a una generación tras otra de personas que vivieron en la Era de la Gracia. Leyendo el pasaje de esta parábola, se conoce la sinceridad de Dios al salvar a la humanidad y se entiende el peso de esta en Su corazón.

Echemos otro vistazo a la última frase en este pasaje: “Es así la voluntad del Padre que está en los cielos, que ninguno de estos pequeñitos muera”. ¿Fueron estas las propias palabras del Señor Jesús, o las de Su Padre en el cielo? Superficialmente, parece que es el Señor Jesús quien habla, pero Su voluntad representa la de Dios mismo, y por eso dijo: “Es así la voluntad del Padre que está en los cielos, que ninguno de estos pequeñitos muera”. Las personas de aquella época sólo reconocían como Dios al Padre del cielo, y esta persona que veían ante sus ojos sólo era un enviado suyo, y no podía representarlo. Por esta razón, el Señor Jesús también tuvo que decir esto, de forma que pudiesen sentir realmente la voluntad de Dios para la humanidad, así como la autenticidad y la precisión de lo que Él afirmaba. Aunque esto era algo sencillo de decir, era muy bondadoso y revelaba la humildad y lo secreto del Señor Jesús. Independientemente de que Dios se hiciera carne u obraba en la esfera espiritual, conocía muy bien el corazón humano, y entendía perfectamente lo que las personas necesitaban; sabía lo que las preocupaba y lo que las confundía, por lo que añadió esta frase, que resaltaba un problema oculto en la humanidad: las personas eran escépticas con lo que el Hijo del Hombre decía. Por eso, cuando el Señor Jesús estaba hablando tuvo que añadir: “Es así la voluntad del Padre que está en los cielos, que ninguno de estos pequeñitos muera”. Sus palabras sólo podían llevar fruto sobre esta premisa, para que las personas creyeran su rigurosidad y mejorara su credibilidad. Esto muestra que cuando Dios se volvió un Hijo del Hombre normal, Él y la humanidad tuvieron una relación muy complicada, y Su situación era muy embarazosa. También muestra cuán insignificante era el estatus del Señor Jesús entre los humanos en esa época. Cuando dijo esto, en realidad estaba diciendo a las personas: podéis descansar tranquilos, esto no representa lo que hay en Mi corazón, sino que es la voluntad del Dios que está en vuestros corazones. ¿No era algo irónico para la humanidad? Aunque obrando en la carne, Dios tenía muchas ventajas con las que no contaba en Su persona, tuvo que aguantar sus dudas y su rechazo así como su insensibilidad y dureza. Podría decirse que el proceso de la obra del Hijo del Hombre fue el de experimentar el rechazo de la humanidad, y el de estar compitiendo contra Él. Más que eso, fue el proceso de trabajar para ganar continuamente la confianza de la humanidad y conquistarla a través de lo que Él tiene y es, de Su propia esencia. No fue tanto que Dios encarnado estuviera librando una guerra sobre el terreno contra Satanás, sino que se convirtió en un hombre corriente e inició una lucha con los que le siguen. En ella, el Hijo del Hombre completó Su obra con Su humildad, con lo que Él tiene y es, con Su amor y sabiduría. Consiguió a las personas que quería, obtuvo la identidad y el estatus que merecía, y volvió a Su trono.

A continuación, veamos los siguientes dos pasajes de la escritura.

4. Perdonar setenta veces siete

(Mateo 18:21-22) Luego vino Pedro hacia Él y dijo: Señor, ¿cuántas veces debo perdonar a mi hermano que ha pecado contra mí? ¿Hasta siete veces? Jesús le dijo: No te digo hasta siete veces, pero hasta setenta veces siete.

5. El amor del Señor

(Mateo 22:37-39) Jesús le dijo: Tú amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer y principal mandamiento. Y el segundo es similar: ama a tu prójimo como a ti mismo.

De estos dos pasajes, uno habla del perdón y el otro del amor. Estos dos temas destacan realmente la obra que el Señor Jesús quería llevar a cabo en la Era de la Gracia.

Cuando Dios se hizo carne, con este hecho introdujo una etapa de Su obra: la obra específica y el carácter que Él quería expresar en esta era. En ese período, todo lo que el Hijo del Hombre hizo giró en torno a la obra que Dios quería llevar a cabo en esta era. Haría exactamente eso, ni más ni menos. Cada cosa que dijo y cada tipo de obra que llevó a cabo guardaban relación con esta era. Independientemente de que lo expresara de una forma humana mediante el lenguaje humano o a través del lenguaje divino —cualquiera que fuera la forma o la perspectiva desde la que lo hiciera— Su objetivo era ayudar a que las personas entendieran lo que quería hacer, cuál era Su voluntad, y cuáles Sus exigencias para las personas. Podía usar diversos medios desde diferentes perspectivas para ayudar a las personas a entender, comprender y conocer Su voluntad, a conocer Su obra de salvación de la humanidad. Así, en la Era de la Gracia vemos al Señor Jesús empleando frecuentemente el lenguaje humano para expresar lo que quería comunicar a la humanidad. Además, lo vemos desde la perspectiva de un guía ordinario que habla a las personas, suple sus necesidades, las ayuda con lo que han pedido. Esta forma de obrar no se había visto en la Era de la Ley que precedió a la de la Gracia. Se volvió más íntimo y compasivo con la humanidad, así como más capaz de conseguir resultados prácticos en ambas formas y maneras. La expresión “perdonar a las personas ‘setenta veces siete’” aclara realmente esta idea. El propósito logrado por el número en esta expresión es permitir a las personas entender la intención del Señor Jesús en el momento en que dijo esto: se debía perdonar a los demás, y no una vez, dos o siete veces, sino setenta veces siete. ¿Qué tipo de idea es “setenta veces siete”? Es conseguir que las personas conviertan el perdón en su propia responsabilidad, algo que deben aprender, y un camino que deben observar. Aunque esto sólo era una expresión, servía como idea fundamental. Ayudaba a las personas a apreciar profundamente lo que Él quería decir y a encontrar las formas apropiadas de practicar, así como los principios y los estándares en dicha práctica. Esta expresión ayudaba a las personas a entender claramente, y les daba un concepto preciso, para que aprendieran el perdón; perdonar sin condiciones ni limitaciones, pero con una actitud de tolerancia y comprensión hacia los demás. Cuando el Señor Jesús dijo esto, ¿qué había en Su corazón? ¿Estaba pensando realmente en setenta veces siete? No. ¿Perdonará Dios realmente al hombre un número exacto de veces? Muchas personas están interesadas en el “número de veces” mencionadas, quieren entender realmente el origen y el significado de este número, por qué salió este de la boca del Señor Jesús; creen que contiene implicaciones más profundas. En realidad, sólo fue una expresión de Dios en humanidad. Cualquier implicación o significado deben analizarse junto a los requisitos del Señor Jesús para la humanidad. Cuando Dios no se había hecho carne, las personas no entendían mucho de lo que Él decía, porque procedía de la divinidad total. La perspectiva y el contexto de lo que decía eran invisibles e inalcanzables para el hombre; se expresaba desde una esfera espiritual que las personas no podían ver. Y es que quienes vivían en la carne no podían pasar por el reino espiritual. Pero después de que Dios se hiciera carne, hablaba a la humanidad desde la perspectiva del hombre, y este diálogo procedía el alcance de la esfera espiritual y lo sobrepasaba. Él podía expresar Su carácter, Su voluntad y Su actitud divinos por medio de cosas que los humanos podían imaginar, ver y encontrarse en sus vidas; usando métodos que estos podían aceptar, en un lenguaje que podían entender, y un conocimiento que podían comprender, para permitirles saber y conocer a Dios, comprender Su intención y Sus estándares exigidos dentro del alcance de su capacidad, en la medida en que fueran capaces. Este era el método y el principio de la obra de Dios en la humanidad. Aunque Sus caminos y Sus principios de obrar en la carne se consiguieron en su mayoría por la humanidad o a través de ella, realmente obtuvo resultados que no se habrían conseguido obrando directamente en la divinidad. La obra de Dios en humanidad era más concreta, auténtica y enfocada, los métodos eran mucho más flexibles, y sobrepasaba en forma a la Era de la Ley.

Seguidamente, hablemos de amar al Señor y a tu prójimo como a ti mismo. ¿Es esto algo que se expresa directamente en la divinidad? ¡Claramente no! Todas estas son cosas que el Hijo del Hombre dijo en humanidad; sólo personas dirían algo como “Ama a tu prójimo como a ti mismo. Amar a los demás es lo mismo que amar tu propia vida”, y sólo las personas hablarían de esta manera. Dios nunca ha hablado de esa forma. Como mínimo, no hay este tipo de lenguaje en Su divinidad porque Él no necesita este tipo de principio, “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, para regular Su amor por la humanidad, porque el amor de Dios por el hombre es una revelación natural de lo que Él tiene y es. ¿Habéis oído alguna vez a Dios decir algo como “amo a la humanidad como me amo a mí mismo”? Porque el amor está en la esencia de Dios, y en lo que Él tiene y es. El amor de Dios por la humanidad, la forma en la que trata a las personas y Su actitud son una expresión y una revelación naturales de Su carácter. Él no necesita hacer esto deliberadamente de una cierta forma, o seguir deliberadamente cierto método o código moral para conseguir amar a Su prójimo como a sí mismo, Él ya posee este tipo de esencia. ¿Qué ves en esto? Cuando Dios obraba en forma humana, muchos de Sus métodos, palabras, y verdades se expresaban todos de una manera humana. Pero al mismo tiempo el carácter de Dios, lo que Él tiene y es, así como Su voluntad se expresaron para que las personas las conociesen y entendiesen. Lo que conocieron y entendieron fue exactamente Su esencia y lo que Él tiene y es, que representa la identidad y el estatus inherente de Dios mismo. Es decir, el Hijo del Hombre en la carne expresaba el carácter y la esencia inherentes de Dios mismo en el mayor grado posible y de la forma más precisa posible. La humanidad del Hijo del Hombre no sólo no fue un obstáculo o una barrera para la comunicación y la interacción del hombre con Dios en el cielo, sino que era realmente el único canal y el único puente de conexión entre el hombre y el Señor de la creación. En este punto, ¿no sentís que existen similitudes entre la naturaleza y los métodos de la obra realizada por el Señor Jesús en la Era de la Gracia y la etapa actual de la obra? Esta etapa actual de la obra también emplea mucho lenguaje humano para expresar el carácter de Dios, y mucho lenguaje y métodos de la vida cotidiana del hombre así como conocimiento humano para expresar la voluntad de Dios. Una vez que Dios se hace carne, independientemente de si está hablando desde una perspectiva humana o divina, gran parte de Su lenguaje y Sus métodos de expresión tienen lugar por medio del lenguaje y los métodos humanos. Esto es, cuando Dios se hace carne, es la mejor oportunidad para ti de ver Su omnipotencia y Su sabiduría, y de conocer cada aspecto práctico suyo. Cuando Dios se hizo carne, conforme crecía, llegó a entender, aprender y comprender algo del conocimiento, el sentido común, el lenguaje y los métodos de expresión humanos en Su humanidad. Dios encarnado poseía estas cosas que procedían de los humanos que Él había creado. Estos se convirtieron en herramientas de Dios en la carne para expresar Su carácter y Su divinidad, y le permitieron hacer Su obra más pertinente, más auténtica, y más precisa mientras estaba obrando en medio de la humanidad, desde una perspectiva humana y usando el lenguaje humano. La hizo más accesible y fácilmente entendible para las personas, consiguiendo así los resultados que Dios quería. ¿No es más práctico para Dios obrar de esta forma en la carne? ¿No es sabiduría de Dios? Cuando Él se hizo carne, cuando Su carne pudo acometer la obra que Él quería llevar a cabo, fue cuando expresaría prácticamente Su carácter y Su obra, y también fue el momento en el que podría comenzar oficialmente Su ministerio como el Hijo del Hombre. Esto significaba que ya no había más un abismo entre Dios y el hombre, que Él cesaría pronto Su obra de comunicarse por medio de mensajeros, y que Dios mismo podría expresar personalmente todas las palabras y la obra en la carne que Él quisiera. También significaba que las personas que Dios salva estaban más cerca de Él, que Su plan de gestión había entrado en un nuevo territorio, y que toda la humanidad estaba a punto de afrontar una nueva era.

Todo el que ha leído la Biblia sabe que acontecieron muchas cosas cuando el Señor Jesús nació. La mayor de todas fue la de ser perseguido por el diablo, hasta el punto de que todos los niños hasta los dos años de edad de esa zona murieron asesinados. Es evidente que Dios asumió un gran riesgo haciéndose carne entre los humanos; el gran precio que pagó para completar Su gestión de salvar a la humanidad también es evidente. Asimismo, lo son las grandes esperanzas que Dios puso en Su obra en la carne entre los hombres. Cuando la carne de Dios pudo acometer la obra entre los hombres, ¿cómo se sentía Él? Las personas deberían entender eso un poco, ¿verdad? Como mínimo, Dios estaba feliz porque podía empezar a desarrollar Su nueva obra en medio de la humanidad. Cuando el Señor Jesús fue bautizado y comenzó oficialmente Su obra de cumplir Su ministerio, el corazón de Dios se desbordó de gozo porque después de muchos años de espera y preparación, podía vestir finalmente la carne de un hombre normal y dar inicio a Su nueva obra en la forma de un hombre de carne y hueso que las personas podrían ver y tocar. Podría hablar por fin cara a cara y con franqueza con personas a través de la identidad de un hombre. Dios podría estar por fin cara a cara con la humanidad en lenguaje humano, de una manera humana; podría proveer para el hombre, ilustrarlo y ayudarle usando el lenguaje humano; podría comer en la misma mesa y vivir en el mismo espacio con él. También podría ver seres humanos, cosas, y todo de la manera en que lo hacían los hombres e incluso a través de sus propios ojos. Para Dios, esta ya era Su primera victoria de Su obra en la carne. También podría decirse que era un cumplimiento de una gran obra; esto era por supuesto lo que más feliz hacía a Dios. Ese comienzo fue la primera vez que Dios sintió una especie de consuelo en Su obra en medio de la humanidad. Todos estos acontecimientos eran muy prácticos y naturales, y el consuelo que Dios sintió muy auténtico. Para el hombre, cada vez que una etapa nueva de la obra de Dios se cumple, y cada vez que Él se siente gratificado, es cuando la humanidad puede acercarse más a Él, y cuando las personas se acercan más a la salvación. Para Dios, esta es también la lanzadera de Su nueva obra, cuando Su plan de gestión progresa un paso más adelante, y, además, cuando Su voluntad se acerca al cumplimiento completo. Para la humanidad, la llegada de tal oportunidad es afortunada, y muy buena; para todos aquellos que esperan la salvación de Dios, son noticias trascendentales. Cuando Él lleva a cabo una nueva etapa de la obra, tiene un nuevo comienzo, y cuando esta nueva obra y este nuevo comienzo se lanzan e introducen en medio de la humanidad es cuando el desenlace de esta etapa de la obra ya ha sido determinado, y cumplido, y Dios ha visto sus efectos y frutos finales. Este momento también es cuando estos efectos hacen que Dios se sienta satisfecho, y Su corazón, por supuesto, está feliz. Porque, a los ojos de Dios, Él ya ha visto y determinado a las personas que está buscando, y ha ganado a este grupo, un grupo capaz de hacer que Su obra tenga éxito y le traiga satisfacción. Dios se siente tranquilo, deja de lado Sus preocupaciones, y está feliz. En otras palabras, cuando Su carne puede aventurarse en una nueva obra entre los hombres, y comienza a llevarla a cabo, debe hacerlo sin obstrucción, y cuando Él siente que todo se ha cumplido, ya ha visto el final. Él está satisfecho y con un corazón alegre debido a este final. ¿Cómo se expresa la felicidad de Dios? ¿Podéis imaginarlo? ¿Lloraría Dios? ¿Puede Dios llorar? ¿Puede aplaudir? ¿Puede danzar? ¿Puede cantar? ¿Cuál sería esa canción? Por supuesto que Dios podría cantar una canción bella y conmovedora que pudiera expresar el gozo y la felicidad en Su corazón. Podría cantarla para la humanidad, para sí mismo y para todas las cosas. La felicidad de Dios puede expresarse de cualquier forma; todo esto es normal, porque Dios siente placer, ira, tristeza y felicidad y Sus diversos sentimientos pueden expresarse de diversas maneras. Este es Su derecho y la cosa más normal. No deberíais pensar ninguna otra cosa de ello ni proyectar vuestras propias inhibiciones sobre Él, diciéndole que no debería hacer esto o aquello, actuar de esta forma o de aquella, limitando Su felicidad o cualquier sentimiento que tenga. En los corazones de las personas Dios no puede estar feliz. No puede derramar lágrimas, no puede llorar; no puede expresar ninguna emoción. Gracias a lo que hemos comunicado en estas dos ocasiones, creo que ya no veréis más a Dios de esta forma, sino que le permitiréis tener alguna libertad y soltura. Esto es algo muy bueno. En el futuro, si sois capaces de sentir realmente la tristeza de Dios cuando oigáis que Él está triste, y Su felicidad cuando oigáis que está feliz, como mínimo seréis capaces de saber y entender claramente lo que le hace feliz y lo que le entristece; cuando puedes sentirte triste porque Él está triste, y feliz porque Él está feliz, Dios habrá ganado totalmente tu corazón y ya no habrá ninguna barrera con Él. Ya no trataréis de limitarlo más con la imaginación, las ideas, y el conocimiento humanos. En ese momento, Dios estará vivo y vigoroso en tu corazón. Será el Dios de tu vida y el Señor de todo tu ser. ¿Tenéis esta clase de aspiración? ¿Tenéis confianza en que podéis lograr esto?

Seguidamente, leamos los siguientes pasajes.

6. El sermón del monte

1) Las bienaventuranzas (Mateo 5:3-12)

2) Sal y luz (Mateo 5:13-16)

3) Ley (Mateo 5:17-20)

4) Enojo (Mateo 5:21-26)

5) Adulterio (Mateo 5:27-30)

6) Divorcio (Mateo 5:31-32)

7) Votos (Mateo 5:33-37)

8) Ojo por ojo (Mateo 5:38-42)

9) Ama a tus enemigos (Mateo 5:43-48)

10) Instrucción acerca de dar (Mateo 6:1-4)

11) Oración (Mateo 6:5-8)

7. Las parábolas del Señor Jesús

1) La parábola del sembrador (Mateo 13:1-9)

2) La parábola del trigo y la cizaña (Mateo 13:24-30)

3) La parábola de la semilla de mostaza (Mateo 13:31-32)

4) La parábola de la levadura (Mateo 13:33)

5) La parábola del trigo y la cizaña explicada (Mateo 13:36-43)

6) La parábola del tesoro (Mateo 13:44)

7) La parábola de la perla (Mateo 13:45-46)

8) La parábola de la red (Mateo 13:47-50)

8. Los mandamientos

(Mateo 22:37-39) Jesús le dijo: Tú amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer y principal mandamiento. Y el segundo es similar: ama a tu prójimo como a ti mismo.

Veamos primero cada parte del “Sermón del Monte”. ¿Con qué están relacionadas todas ellas? Puede decirse con certeza que estas son todas más elevadas, concretas y cercanas a las vidas de las personas que las regulaciones de la Era de la Ley. Hablando en términos modernos, son más relevantes para la práctica real de las personas.

Leamos el contenido específico de lo siguiente: ¿cómo deberías entender las bienaventuranzas? ¿Qué deberías saber sobre la ley? ¿Cómo debería definirse el enojo? ¿Cómo debería tratarse a los adúlteros? ¿Qué se dice, y qué tipo de normas hay sobre el divorcio, y quién puede divorciarse y quién no? ¿Qué hay de los votos, el ojo por ojo, amar a los enemigos, la instrucción sobre dar, etc.? Todas estas cosas tienen que ver con cada aspecto de la práctica de la creencia en Dios por parte de la humanidad, y de seguir a Dios. Algunas de estas prácticas siguen siendo relevantes actualmente, pero son más rudimentarias que las exigencias actuales a las personas. Son verdades bastante elementales que las personas se encuentran en su creencia en Dios. Desde el momento en que el Señor Jesús comenzó a obrar, Él ya había empezado a hacerlo en el carácter vital de los humanos, pero en base al fundamento de las leyes. ¿Tenían algo que ver con la verdad las normas y los dichos sobre estos temas? ¡Por supuesto que sí! Todas las regulaciones, los principios, y el sermón en la Era de la Gracia anteriores tenían relación con el carácter de Dios y con lo que Él tiene y es, y por supuesto con la verdad. Independientemente de lo que Dios exprese, de la forma en que lo haga, o mediante el tipo de lenguaje que use, su fundamento, su origen, y su punto de partida están todos basados en los principios de Su carácter y de lo que Él tiene y es. No hay error posible. Así que, aunque estas cosas que Él dijo parezcan ahora un poco triviales, sigues sin poder decir que no son la verdad, porque eran cosas indispensables para las personas en la Era de la Gracia, para satisfacer la voluntad de Dios y lograr un cambio en su carácter vital. ¿Puedes decir que alguna de estas cosas en el sermón no estén alineadas con la verdad? ¡No puedes! Cada una de ellas es la verdad porque eran todas ellas exigencias de Dios para la humanidad; eran todos principios y una perspectiva dados por Dios de cómo comportarse, y representan Su carácter. Sin embargo, en base al nivel de su crecimiento en la vida de esa época, sólo podían aceptar y comprender estas cosas. Como el pecado de la humanidad no se había resuelto, el Señor Jesús sólo podía proclamar estas palabras, y sólo podía utilizar esas enseñanzas simples dentro de esta clase de ámbito para decir a las personas de la época cómo debían actuar, qué debían hacer, dentro de que principios y esferas debían hacer las cosas, y cómo debían creer en Dios y cumplir Sus requisitos. Todo esto estaba determinado en base a la estatura de la humanidad en esa época. No era fácil para las personas que vivían bajo la ley aceptar estas enseñanzas, y por tanto, lo que el Señor Jesús enseñaba tenía que permanecer en este ámbito.

Seguidamente, veamos qué hay en “las parábolas del Señor Jesús”.

La primera es la parábola del sembrador. Es realmente interesante; sembrar semillas es un acontecimiento común en las vidas de las personas. La segunda es la del trigo y la cizaña. En lo que respecta a esta, cualquiera que haya plantado cultivos y adultos lo sabrá. La tercera es la parábola del grano de mostaza. Todos vosotros sabéis lo que es la mostaza, ¿verdad? Si no lo sabéis, podéis echar un vistazo a la Biblia. Para la cuarta, la de la levadura, la mayoría de las personas sabe que esta se usa para la fermentación; es algo que las personas utilizan en su vida cotidiana. Todas las parábolas siguientes, incluyendo la sexta, la del tesoro, la séptima, la de la perla, y la octava, la de la red, se sacan de las vidas de las personas; todas vienen de las vidas actuales de ellas. ¿Qué tipo de cuadro pintan estas parábolas? Es una imagen de Dios convirtiéndose en una persona normal y viviendo junto a la humanidad, usando el lenguaje de una vida normal, el lenguaje humano para comunicar con los hombres y proveerles lo que necesitan. Cuando Dios se hizo carne y vivió en medio de la humanidad durante mucho tiempo, después de haber experimentado y presenciado los diversos estilos de vida de las personas, estas experiencias pasaron a ser Su manual para transformar Su lenguaje divino en humano. Por supuesto, estas cosas que Él vio y oyó en la vida también enriquecieron la experiencia del Hijo del Hombre humano. Cuando Él quería que las personas llegaran a entender algunas verdades, algo de la voluntad de Dios, podía usar parábolas parecidas a las anteriores para hablar a las personas acerca de la voluntad de Dios y Sus exigencias para la humanidad. Estas parábolas tenían, todas, relación con la vida de las personas; no había una sola que no estuviese en sintonía con las vidas humanas. Cuando el Señor Jesús vivió con la humanidad, vio a campesinos cuidando sus campos, sabía lo que eran la cizaña y la levadura; entendió que los humanos aman los tesoros, por lo que usó las metáforas del tesoro y la perla; con frecuencia vio a pescadores echando sus redes; etc. El Señor Jesús observó estas actividades en las vidas de los hombres, y también experimentó ese tipo de vida. Él fue igual que cualquier otra persona normal, comía tres veces al día y seguía las rutinas cotidianas de los seres humanos. Experimentó personalmente la vida de una persona corriente, y fue testigo de la vida de otros. Cuando presenció y experimentó todo esto en persona, no pensó en cómo tener una buena vida o vivir con mayor libertad y comodidad. Cuando estuvo experimentando una vida humana auténtica, el Señor Jesús vio las dificultades en la vida de las personas, el sufrimiento, el infortunio, y la tristeza de las personas bajo la corrupción de Satanás, existiendo bajo su dominio, y en pecado. Mientras experimentaba personalmente la vida humana, también comprobó cuán desamparadas estaban las personas que vivían en medio de la corrupción, y vio y experimentó la desgracia de quienes vivían en pecado, los que estaban perdidos en la tortura de Satanás, del mal. Cuando el Señor Jesús vio estas cosas, ¿las vio con Su divinidad o con Su humanidad? Su humanidad existió realmente, estaba muy viva; Él pudo experimentar y ver todo esto, y por supuesto Su esencia, Su divinidad también lo vieron. Esto es, Cristo mismo, el Señor Jesús hombre vio esto, y todo lo que observó le hizo sentir la importancia y la necesidad de la obra que había acometido, en ese momento, en la carne. Aunque Él mismo sabía que la responsabilidad que debía asumir en la carne era inmensa, y lo cruel que sería el dolor que afrontaría, cuando vio a la humanidad desamparada en el pecado, el infortunio de sus vidas y sus luchas ineficaces bajo la ley, sintió cada vez mayor tristeza, y más inquietud por salvar a la humanidad del pecado. Independientemente del tipo de dificultades que afrontaría o del dolor que sufriría, estuvo cada vez más decidido a redimir a la humanidad que vivía en pecado. Durante este proceso, se podría decir que el Señor Jesús comenzó a entender con mayor claridad la obra que necesitaba hacer y que se le había encomendado. También se sintió cada vez más deseoso de completar la obra que debía acometer: cargar con los pecados de toda la humanidad, hacer expiación por ella para que no viviera más en pecado y que Dios fuera capaz de olvidar los pecados del hombre, gracias a la ofrenda por el pecado, permitiéndole impulsar Su obra de salvar a la humanidad. Se podría decir que, en Su corazón, el Señor Jesús estaba dispuesto a ofrecerse por la humanidad, a sacrificarse. También lo estaba a actuar como ofrenda por el pecado, a ser clavado a la cruz, y estaba ansioso por completar esta obra. Cuando vio las condiciones miserables de las vidas humanas, todavía quiso cumplir Su misión a la mayor rapidez posible, sin el retraso de un solo minuto o segundo. Cuando tuvo ese sentimiento de urgencia, no estaba pensando en lo grande que sería Su dolor ni en cuanta humillación tendría que soportar; sólo tenía una convicción en Su corazón: mientras Él se ofreciera, y fuera clavado a la cruz como ofrenda por el pecado, la voluntad de Dios prevalecería y Él podría comenzar una nueva obra. La vida de la humanidad y su estado de existencia en el pecado, cambiarían por completo. Su convicción y lo que estaba decidido a hacer guardaban relación con salvar al hombre, y sólo tenía un objetivo: llevar a cabo la voluntad de Dios, de manera que pudiese iniciar, con éxito, la siguiente etapa en Su obra. Esto es lo que había en la mente del Señor Jesús en aquella época.

Viviendo en la carne, el Dios encarnado poseía una humanidad normal; poseía las emociones y el razonamiento de una persona normal. Sabía lo que era la felicidad, el dolor, y cuando vio a la humanidad en este tipo de vida, sintió en lo más profundo que dándoles simplemente a las personas algunas enseñanzas, proveyéndoles algo o instruyéndolas en algo no las sacaría del pecado. Tampoco las redimiría de este haciéndoles obedecer solamente los mandamientos; sólo cuando cargara con el pecado de la humanidad y se convirtiera en la semejanza de carne pecadora podría intercambiarlo por la libertad del hombre y por el perdón de Dios para este. Así, después de que el Señor Jesús experimentara y presenciara la vida de pecado de los hombres, un intenso deseo se manifestó en Su corazón: permitir que se libraran de su vida de lucha en el pecado. Este deseo hizo que sintiera cada vez más que debía ir a la cruz y cargar con los pecados de la humanidad lo antes posible, lo más rápido que pudiera. Estos fueron los pensamientos del Señor Jesús en ese momento, después de haber vivido con personas y haber visto, oído y sentido la desgracia de sus vidas en el pecado. Que el Dios encarnado pudiera tener esta clase de voluntad para el hombre, que pudiera expresar y revelar esta clase de carácter, ¿es algo que una persona normal pudiera poseer? ¿Qué vería una persona corriente en este tipo de entorno? ¿Qué pensaría? Si una persona normal afrontase todo esto, ¿consideraría los problemas desde una perspectiva elevada? ¡Definitivamente no! Aunque el aspecto del Dios encarnado sea exactamente igual al de un ser humano, Él aprende el conocimiento humano, habla el lenguaje humano y, en ocasiones, hasta expresa Sus ideas a través de los medios o las expresiones del hombre, Su modo de ver a los seres humanos y la esencia de las cosas es absolutamente distinto a como las personas corruptas ven estas mismas cosas. Su perspectiva y la altura en la que se halla es algo inalcanzable para una persona corrupta. Esto se debe a que Dios es la verdad, Su carne también posee la esencia de Dios, y Sus pensamientos así como lo que expresa Su humanidad también son la verdad. Para las personas corruptas, todo lo que Él expresa en la carne es una provisión de la verdad y de la vida, y no sólo es para una persona, sino para toda la humanidad. En el caso de cualquier persona corrupta, en su corazón solamente se hallan las pocas personas relacionadas con ella. Sólo se cuida de estas y se preocupa únicamente por ellas. Cuando el desastre está en el horizonte piensa primero en sus propios hijos, su esposa, o sus padres, y una persona más filantrópica pensaría como mucho en algún familiar o en un buen amigo; ¿piensa en alguien más? ¡Nunca! Porque los seres humanos son, después de todo, humanos, y sólo pueden ver algo desde la perspectiva y la altura de una persona. Sin embargo, Dios encarnado es totalmente diferente de una persona corrupta. Independientemente de lo corriente, normal y humilde que sea la carne del Dios encarnado, o de la cantidad de desprecio con que lo mire la gente, Sus pensamientos y Su actitud hacia la humanidad son cosas que ningún hombre podría poseer ni imitar. Él siempre observará a la humanidad desde la perspectiva de la divinidad, desde la altura de Su posición como Creador. Siempre la contemplará a través de la esencia y de la mentalidad de Dios. No puede verla en absoluto desde la altura de una persona normal ni desde la perspectiva de una corrupta. Cuando las personas miran a la humanidad, lo hacen con una visión humana, y usan cosas como el conocimiento, las normas y las teorías humanos como punto de referencia. Esto se halla dentro del ámbito de lo que las personas pueden ver con sus ojos, de lo que unos seres corruptos pueden lograr. Cuando Dios mira a la humanidad, lo hace con visión divina; usa como medida Su esencia y lo que Él tiene y es. Este ámbito incluye cosas que las personas no pueden ver, y en esto es en lo que Dios encarnado y los humanos corruptos son totalmente diferentes. Esta divergencia viene determinada por la esencia de los seres humanos que es distinta a la de Dios y que determina las identidades y las posiciones, así como la perspectiva y la altura desde la que ven las cosas. ¿Veis la expresión y la revelación de Dios mismo en el Señor Jesús? Podrías decir que lo que Él hizo y dijo guardaba relación con Su ministerio y con la obra de gestión de Dios, que todo ello era la expresión y la revelación de Su esencia. Aunque tuvo una manifestación humana, Su esencia divina y la revelación de Su divinidad no pueden negarse. ¿De verdad era esta manifestación humana una expresión de la humanidad? Por su propia esencia, fue Su manifestación humana totalmente diferente de la de las personas corruptas. El Señor Jesús fue Dios encarnado, y si hubiera sido realmente una persona normal, corrupta, ¿habría podido contemplar la vida de la humanidad, en pecado, desde una perspectiva divina? ¡En absoluto! Esta es la diferencia entre el Hijo del Hombre y las personas corrientes. Todas las personas corruptas viven en pecado, y cuando alguien ve el pecado, no tiene ningún sentimiento particular respecto al mismo; son todas iguales, como un cerdo que vive en el fango y no se siente en absoluto incómodo ni sucio; come bien y duerme profundamente. Si alguien limpia la pocilga, el cerdo no se sentirá a gusto ni se mantendrá limpio. Pronto estará revolcándose de nuevo en el fango, y sintiéndose por completo a gusto, porque es una criatura sucia. Cuando los seres humanos ven un cerdo, sienten que es sucio; y si lo limpias, no se sentirá mejor. Por esta razón nadie tiene un cerdo en casa. La forma en que los humanos ven a los cerdos siempre será diferente de cómo se sienten ellos, porque humanos y cerdos no son de la misma especie. Y como el Hijo del Hombre encarnado no es de la misma especie que los seres humanos corruptos, sólo el Dios encarnado puede alzarse desde una perspectiva divina, y desde la altura de Dios para contemplar a la humanidad, y verlo todo.

Cuando Dios se hace carne y vive en medio de la humanidad, ¿qué sufrimiento experimenta en la carne? ¿Lo entiende alguien realmente? Algunos afirman que Dios sufre en gran manera, y aunque Él es Dios mismo, las personas no comprenden Su esencia; siempre lo tratan como una persona, y esto hace que se sienta agraviado y perjudicado. Declaran que el sufrimiento de Dios es verdaderamente grande. Otros aseveran que Dios es inocente y sin pecado, pero que sufre lo mismo que la humanidad y es víctima de persecución, difamación e indignidades junto con ella; también dicen que Él soporta las malinterpretaciones y la desobediencia de Sus seguidores. En realidad, el sufrimiento de Dios no puede medirse. Parece que no entendéis realmente a Dios. De hecho, este sufrimiento del que habláis no cuenta como verdadero sufrimiento para Dios, porque hay uno mayor que este. ¿Cuál es, pues, el verdadero sufrimiento para Dios mismo? ¿Cuál es el verdadero sufrimiento para la carne del Dios encarnado? Para Dios, no es un sufrimiento que la humanidad no le entienda, que le malinterpreten y que no lo vean como Dios. Sin embargo, las personas sienten a menudo que Él debe de haber sufrido una gran injusticia, que durante el tiempo que está en la carne Dios no puede mostrar Su persona a la humanidad ni permitirle ver Su grandeza, y que se esconde humildemente en una carne insignificante, por lo que debió de ser terrible para Él. Las personas se toman a pecho lo que pueden entender y ver del sufrimiento de Dios, le manifiestan toda clase de simpatía, y a menudo hasta le elevarán una pequeña alabanza por ello. En realidad, existe una diferencia, una brecha entre lo que las personas entienden del sufrimiento de Dios y lo que Él siente realmente. Os estoy diciendo la verdad; para Dios, independientemente de que se trate del Espíritu de Dios o de la carne del Dios encarnado, ese no es un sufrimiento verdadero. ¿Qué hace, pues, sufrir a Dios de verdad? Hablemos sobre el sufrimiento de Dios tan sólo desde la perspectiva del Dios encarnado.

Cuando Dios se hace carne y se convierte en una persona corriente, normal, que vive en medio de la humanidad, codo con codo con las personas, ¿no puede ver ni sentir los métodos, las leyes y las filosofías de las personas para vivir? ¿Cómo le hacen sentir esos métodos y leyes para la existencia? ¿Siente aborrecimiento en Su corazón? ¿Por qué iba a sentirlo? ¿Cuáles son los métodos y las leyes de la humanidad para vivir? ¿En qué principios están arraigados? ¿En qué se basan? Los métodos, las leyes, etc., de la humanidad para vivir, todo está creado en base a la lógica, el conocimiento y la filosofía de Satanás. Los humanos que viven bajo estos tipos de leyes no tienen humanidad, ni verdad, todos ellos desafían a la verdad, y son hostiles a Dios. Si echamos un vistazo a la esencia de Dios, vemos que esta es exactamente lo contrario de la lógica, el conocimiento y la filosofía de Satanás. Su esencia está llena de justicia, verdad, santidad, y otras realidades de todas las cosas positivas. ¿Qué siente Dios en Su corazón, poseyendo esta esencia y viviendo en medio de esa humanidad? ¿No está lleno de dolor? Su corazón está dolido, y ese dolor es algo que ninguna persona puede entender ni comprender. Y es que todo lo que Él afronta, se encuentra, oye, ve y experimenta es la corrupción, el mal y la rebelión contra la verdad y la resistencia a la misma. Todo lo que viene de los humanos es la fuente de Su sufrimiento. Es decir, como Su esencia y la de los seres humanos corruptos no son la misma, la corrupción de estos pasas a ser la fuente de Su mayor sufrimiento. ¿Puede Dios, al hacerse carne, encontrar a alguien que comparta un lenguaje común con Él? Esto no se puede hallar entre los hombres. No hay quien pueda comunicar ni tener este diálogo con Dios. ¿Qué tipo de sentimiento dirías que tiene Dios? Las cosas que las personas exponen, aman, buscan y anhelan están todas relacionadas con el pecado, con tendencias malvadas. Cuando Dios afronta todo esto, ¿no es como un cuchillo para Su corazón? ¿Podría tenerlo henchido de gozo frente a estas cosas? ¿Podría hallar consuelo? Los que están viviendo con Él son seres humanos llenos de rebeldía y maldad; ¿cómo podría no sufrir Su corazón? ¿Cómo es de grande este sufrimiento en realidad, y a quién le preocupa? ¿Quién presta atención? ¿Y quién podría apreciarlo? Las personas no tienen forma de entender el corazón de Dios. Su sufrimiento es algo que las personas son particularmente incapaces de apreciar, y la frialdad y el entumecimiento de la humanidad profundizan aún más el sufrimiento de Dios.

Algunas personas simpatizan a menudo con la difícil situación de Cristo porque hay un versículo en la Biblia que dice: “Los zorros tienen guaridas y las aves del aire tienen sus nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene donde apoyar Su cabeza”. Cuando las personas oyen esto, se lo toman a pecho y creen que es el mayor sufrimiento que Dios resiste, y también es el mayor sufrimiento que Cristo resiste. Ahora, mirándolo desde la perspectiva de los hechos, ¿es ese el caso? Dios no cree que estas dificultades sean sufrimiento. Nunca ha clamado contra la injusticia por las dificultades de la carne ni ha hecho que los seres humanos le devuelvan nada ni lo recompensen. Sin embargo, cuando ve el todo de la humanidad, las vidas corruptas y la maldad de los seres humanos corruptos, cuando ve que la humanidad está entre las garras de Satanás, apresada por él sin poder escapar, esas personas que viven en pecado no saben cuál es la verdad: Él no soporta todos estos pecados. Su aborrecimiento de los hombres se incrementa día a día, pero Él tiene que aguantar todo esto. Este es el gran sufrimiento de Dios. Él no puede expresar plenamente Su voz, Su felicidad, Su ira, Su tristeza o Su placer entre Sus seguidores, y nadie entre ellos puede entender verdaderamente Su sufrimiento. Nadie intenta siquiera entender o consolar Su corazón, que soporta este padecimiento día tras día, año tras año, una y otra vez. ¿Qué veis en todo esto? Dios no exige nada a los humanos a cambio de lo que Él ha dado, sino que por Su esencia no puede tolerar en absoluto la maldad, la corrupción y el pecado de la humanidad. Él siente un aborrecimiento y un odio extremos, que llevan a Su corazón y a Su carne a soportar un sufrimiento inacabable. ¿Podríais ver todo esto? Lo más probable es que ninguno de vosotros pudiera, porque no hay entre vosotros quien entienda de verdad a Dios. A lo largo del tiempo podéis experimentarlo gradualmente por vosotros mismos.

Seguidamente, veamos los siguientes pasajes de las escrituras.

9. Jesús lleva a cabo milagros

1) Jesús alimenta a los cinco mil

(Juan 6:8-13) Uno de los discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: Hay un muchacho acá que tiene cinco panes de cebada y dos pescados pequeños; ¿pero qué es eso para tantas personas? Y Jesús le dijo: Haced que los hombres se sienten. Había mucho pasto en el lugar, así que los hombres se sentaron; eran cerca de cinco mil. Y Jesús tomó los panes y cuando había dado gracias, lo distribuyó a los discípulos y ellos a los que estaban sentados. Hizo lo mismo con los peces, hasta que fue necesario. Cuando estuvieron satisfechos, Jesús les dijo a los discípulos: Recoged los pedazos que han quedado, que no se pierda nada. Por lo tanto, ellos los juntaron y llenaron doce canastas con los pedazos que quedaron de los cinco panes de cebada, después de que todos hubieron comido.

2) La resurrección de Lázaro glorifica a Dios

(Juan 11:43-44) Y cuando había dicho esto, clamó en voz alta: Lázaro, sal. Y el que estaba muerto salió atado de las manos y los pies con la mortaja, y su rostro estaba envuelto con un pañuelo. Jesús les dijo: soltadlo y dejad que se vaya.

Entre los milagros realizados por el Señor Jesús, sólo hemos seleccionado estos dos porque son apropiados para demostrar aquello de lo que me gustaría hablar aquí. Estos dos milagros son realmente asombrosos, y muy representativos de los milagros del Señor Jesús en la Era de la Gracia.

Primero, echemos un vistazo al primer pasaje: Jesús alimenta a los cinco mil.

¿Qué tipo de concepto es “cinco panes y dos peces”? ¿Para cuántas personas serían habitualmente suficientes cinco hogazas de pan y dos peces? Si se mide en base al apetito de una persona normal, sólo bastarían para dos personas. Este es el concepto más básico de cinco panes y dos peces. Sin embargo, ¿a cuántas personas dice este pasaje que alimentaron esos cinco panes y dos peces? La Escritura lo registra así: “Había mucho pasto en el lugar, así que los hombres se sentaron; eran cerca de cinco mil”. En proporción a cinco panes y dos peces, ¿es cinco mil una gran cantidad? ¿Qué significa que este número sea tan grande? Desde una perspectiva humana, dividir cinco panes y dos peces entre cinco mil personas sería imposible, porque la diferencia entre ellos es demasiado grande. Aunque cada persona diese un pequeño bocado, seguiría sin ser suficiente para cinco mil personas. Pero aquí, el Señor Jesús hizo un milagro, no sólo permitió que cinco mil personas comiesen y se saciasen, sino que sobró. La Escritura dice: “Cuando estuvieron satisfechos, Jesús les dijo a los discípulos: Recoged los pedazos que han quedado, que no se pierda nada. Por lo tanto, ellos los juntaron y llenaron doce canastas con los pedazos que quedaron de los cinco panes de cebada, después de que todos hubieron comido”. El milagro permitió a la gente ver la identidad y el estatus del Señor Jesús, y también que no hay nada imposible para Dios, vieron la verdad de la omnipotencia de Dios. Cinco panes y dos peces fueron suficientes para alimentar a cinco mil, pero de no haber habido nada de comida, ¿habría sido Dios capaz de alimentar a cinco mil personas? ¡Por supuesto que sí! Esto fue un milagro, por lo que inevitablemente las personas sintieron que era incomprensible, increíble y misterioso, pero para Dios hacer eso no era nada. Si eso era algo ordinario para Él, ¿por qué se destacaría para su interpretación? Porque lo que hay detrás de este milagro contiene la voluntad del Señor Jesús, que la humanidad nunca ha descubierto.

En primer lugar, tratemos de entender qué tipo de personas eran estas cinco mil. ¿Eran seguidores del Señor Jesús? Las Escrituras nos enseñan que no lo eran. ¿Sabían quién era el Señor Jesús? ¡Claramente no! Como mínimo, no sabían que la persona que estaba delante de ellos era Cristo, o quizás sólo algunos sabían Su nombre, y conocían o habían oído algo acerca de las cosas que había hecho. Simplemente sentían curiosidad por el Señor Jesús a raíz de las historias, pero sin duda no se puede decir que lo siguieran, y mucho menos que lo entendieran. Cuando el Señor Jesús vio a estas cinco mil personas, estaban hambrientas y sólo podían pensar en comer hasta saciarse, y por ello fue en este contexto donde Él satisfizo sus deseos. ¿Qué había en Su corazón cuando lo hizo? ¿Cuál fue Su actitud hacia estas personas que sólo querían comer hasta saciarse? En este momento, los pensamientos del Señor Jesús y Su actitud tenían que ver con el carácter y la esencia de Dios. Frente a estas cinco mil personas con el estómago vacío, quienes sólo querían comer una buena comida; frente a estas personas llenas de curiosidad y esperanzas sobre Él, el Señor Jesús sólo pensó en utilizar este milagro para concederles gracia. Sin embargo, no depositó Sus esperanzas en que se convirtieran en Sus seguidores, porque sabía que sólo querían participar en la diversión y comer hasta saciarse. Así pues, lo hizo lo mejor que pudo con lo que tenía allí, y usó cinco hogazas de pan y dos peces para alimentar a cinco mil personas. Abrió los ojos de estas personas que disfrutaban del entretenimiento, que querían ver milagros, y que vieron con sus propios ojos las cosas que el Dios encarnado podía completar. Aunque el Señor Jesús usó algo tangible para satisfacer su curiosidad, ya sabía en Su corazón que estas cinco mil personas sólo querían tener una buena comida, por lo que no dijo nada en absoluto ni les predicó. Sólo les permitió ver cómo se producía este milagro. No hay duda de que no podía tratar a estas personas igual que a Sus discípulos que le seguían realmente; pero, en el corazón de Dios, todas las criaturas estaban bajo Su dominio, y permitiría que todas las criaturas que veía disfrutasen de Su gracia cuando fuera necesario. Aunque estas personas no sabían quién era Él ni lo entendían, ni tenían una impresión particular de Él ni gratitud hacia Él aun después de haber comido los panes y los peces, Dios no lo censuraría. Les proporcionó una maravillosa oportunidad de disfrutar de Su gracia. Algunos opinan que Dios es recto en lo que hace, y que no cuida ni protege a los incrédulos, y sobre todo que no les permite disfrutar de Su gracia. ¿Es este realmente el caso? A los ojos de Dios, siendo como son criaturas vivientes que Él mismo creó, Él las domina y cuida de ellas; las tratará, hará planes para ellas y las regirá de diferentes formas. Estos son los pensamientos y la actitud de Dios hacia todas las cosas.

Aunque las cinco mil personas que comieron las hogazas de pan y los peces no planeaban seguir al Señor Jesús, Él no fue estricto con ellas; una vez que habían comido hasta saciarse, ¿sabéis qué hizo? ¿Les predicó algo? ¿Dónde fue tras haber hecho esto? La Escritura no registra que el Señor Jesús les dijese nada; cuando hubo completado Su milagro se marchó tranquilamente. ¿Puso entonces algunas exigencias a estas personas? ¿Hubo odio? No hubo nada de eso; simplemente no quería prestar más atención a estas personas que no podían seguirle, y en ese momento Su corazón estaba dolido. Como había visto la depravación de la humanidad y había sentido su rechazo hacia Él, al ver a estas personas o estar con ellas, su torpeza y su ignorancia lo entristecieron mucho y afligieron Su corazón. Por ello sólo quería apartarse de ellas cuanto antes. El Señor no tenía exigencias para ellas en Su corazón; no quería prestarles atención, y sobre todo no quería gastar Sus energías con ellos. Sabía que no podían seguirle; a pesar de ello, Su actitud hacia ellos seguía siendo muy clara. Sólo quería tratarlos con bondad, concederles la gracia; esta era la actitud de Dios hacia toda criatura bajo Su dominio: para todas ellas, un trato bondadoso, provisión y alimentarlas. El Señor Jesús reveló, de forma muy natural, la propia esencia de Dios y trató con bondad a estas personas, porque era Dios encarnado. Lo hizo con un corazón de misericordia y tolerancia. Independientemente de cómo ellas le viesen y del tipo de resultado que se produjera, Él simplemente trataba a cada criatura basándose en Su identidad como Señor de toda la creación. Lo que revelaba era, sin excepción, el carácter de Dios, y lo que Él tiene y es. Así que el Señor Jesús hizo algo tranquilamente y después se marchó de la misma manera. ¿Qué aspecto del carácter de Dios es este? ¿Podrías decir que es Su misericordia, que Dios es abnegado? ¿Podría hacer esto una persona normal? ¡Definitivamente no! Y, lo más fundamental, ¿quiénes eran estas cinco mil personas a las que el Señor Jesús alimentó con cinco panes y dos peces? ¿Se podría decir que eran personas compatibles con Él, que eran todas hostiles a Dios? Podemos afirmar con certeza que no eran en absoluto compatibles con el Señor, y que su esencia era totalmente hostil a Dios. ¿Pero cómo las trató Dios? Usó un método para disipar la hostilidad de las personas hacia Él: se llama bondad. Es decir, aunque el Señor Jesús las vio como pecadoras, a Sus ojos eran sin embargo Su creación, por lo que seguía tratando con bondad a estos pecadores. Esta es la tolerancia divina, determinada por Su propia identidad y esencia. Por tanto, es algo que ningún ser humano creado por Dios puede hacer; sólo Él puede hacerlo.

Cuando eres capaz de apreciar realmente los pensamientos y la actitud de Dios hacia la humanidad, cuando puedes entender realmente Sus emociones y Su preocupación por cada criatura, podrás entender la devoción y el amor depositados sobre cada persona creada por el Creador. Cuando esto ocurra, utilizarás dos palabras para describir el amor de Dios; ¿cuáles son? Algunas personas dicen “abnegado”, y otras “filantrópico”. De estas dos, la segunda es la palabra menos apropiada para definir el amor de Dios. Es un término que se utiliza para describir los pensamientos y los sentimientos tolerantes de una persona. Aborrezco realmente esta palabra, porque se refiere a dispensar caridad de un modo aleatorio, indiscriminado, sin tener en cuenta principio alguno. Es una expresión abiertamente emocional de personas insensatas y confusas. Cuando esta palabra se utiliza para describir el amor de Dios, existe inevitablemente un propósito blasfemo. Tengo dos palabras que definen de forma más adecuada el amor de Dios. ¿Cuáles son? La primera es “inmenso”. ¿No es evocadora? La segunda es “vasto”. Hay un significado práctico tras estas dos palabras que utilizo para definir el amor de Dios. Literalmente, “inmenso” describe el volumen o la capacidad de una cosa, pero no importa lo grande que esta sea: es algo que las personas pueden tocar y ver. Esto es porque existe, no es un objeto abstracto, y da a las personas la sensación de que es relativamente preciso y práctico. No importa si lo estás mirando desde un ángulo plano o tridimensional; no necesitas imaginar su existencia, porque es algo que existe en realidad. Aunque usar “inmenso” para definir el amor de Dios puede hacer pensar que se está cuantificando el mismo, al mismo tiempo también da la sensación de que no se puede cuantificar. Yo digo que el amor de Dios puede cuantificarse, porque no es una especie de ente imaginario ni surge de ninguna leyenda. Más bien, es algo compartido por todas las cosas que están bajo el dominio de Dios, y algo que disfrutan todas las criaturas en diversos grados y desde diferentes perspectivas. Aunque las personas no pueden verlo ni tocarlo, este amor trae sustento y vida a todas las cosas, conforme se va revelando en sus vidas; enumeran y dan testimonio de cada momento pasado y disfrutado en el amor de Dios. Digo que el amor de Dios no puede cuantificarse, porque el misterio de Dios que provee y alimenta todas las cosas es algo difícil de comprender para los seres humanos, como lo son los pensamientos de Dios sobre todas las cosas y, en particular, sobre la humanidad. Es decir, nadie sabe la sangre y las lágrimas que el Creador ha derramado por la humanidad. Nadie puede comprender ni entender la profundidad o el peso del amor que el Creador tiene por la humanidad, a la que hizo con Sus propias manos. Describir el amor de Dios como inmenso es ayudar a las personas a apreciar y entender su amplitud y la verdad de su existencia. También pueden comprender en mayor profundidad el significado práctico de la palabra “Creador”, y pueden obtener un entendimiento más profundo del verdadero significado del apelativo “creación”. ¿Qué describe habitualmente el término “vasto”? Se usa generalmente para el océano o el universo, como el vasto universo, o el vasto océano. La expansión y la silenciosa profundidad del universo superan el entendimiento humano, y es algo que capta las imaginaciones de los hombres, que los llena de admiración. Su misterio y su profundidad se ven, pero no se pueden alcanzar. Cuando piensas en el océano, piensas en su amplitud: parece no tener límites, y puedes sentir su misterio y su carácter inclusivo. Por esta razón he usado la palabra “vasto” para definir el amor de Dios. Lo he hecho para ayudar a las personas a sentir lo valioso que es, su intensa belleza y que su poder es infinito y extenso. Lo he hecho para ayudarlas a sentir la santidad de Su amor, así como la dignidad de Dios y que no se le puede ofender, reveladas por medio de Su amor. ¿Pensáis ahora que “vasto” es una palabra apropiada para describir el amor de Dios? ¿Puede Dios igualarse a estos dos términos, “inmenso” y “vasto”? ¡Totalmente! En el lenguaje humano, sólo estas dos palabras son relativamente adecuadas y cercanas para definir el amor de Dios. ¿No pensáis lo mismo? Si os pidiera que lo describierais, ¿usaríais estas dos palabras? Lo más probable es que no pudierais, porque vuestro entendimiento y vuestra apreciación del mismo se limita a una perspectiva plana, y no ha ascendido a la altura del espacio tridimensional. Por tanto, si os pidiera que describierais el amor de Dios, sentiríais que os faltan las palabras; quedaríais incluso mudos. Los dos términos de los que he hablado hoy pueden resultaros difíciles de entender, o quizás no estéis de acuerdo con ellos. Esto sólo puede indicar que vuestra apreciación y vuestro entendimiento del amor de Dios son superficiales y se encuentran dentro de un área reducida. He dicho antes que Dios es abnegado. ¿Recordáis la palabra abnegado? ¿Podría decirse que el amor de Dios sólo puede definirse como abnegado? ¿No es una perspectiva demasiado corta? Deberíais meditar más en este asunto para obtener algo del mismo.

Lo anterior es lo que vimos del carácter de Dios y de Su esencia desde el primer milagro. Aunque es una historia que las personas han leído durante varios miles de años, su trama es simple, y permite ver un fenómeno simple, aunque en esta sencilla trama podemos ver algo más valioso, que es el carácter de Dios y lo que Él tiene y es. Estas cosas representan a Dios mismo, y son una expresión de Sus propios pensamientos, que, una vez manifestados por Él, son la voz de Su corazón. Él espera que haya quien pueda entenderlo, conocerlo y comprender Su voluntad, que pueda oír la voz de Su corazón y sea capaz de cooperar activamente para satisfacer Su voluntad. Y estas cosas que el Señor Jesús hizo fueron una expresión silenciosa de Dios.

Seguidamente, veamos este pasaje: La resurrección de Lázaro glorifica a Dios.

¿Cuál es vuestra impresión después de leer este pasaje? El significado de este milagro realizado por el Señor Jesús fue mucho mayor que el anterior, porque ninguno es tan sorprendente como traer a un muerto de vuelta de la tumba. Que el Señor Jesús hiciera algo así fue extremadamente significativo en aquella época. Como Dios se había encarnado, las personas sólo podían ver Su apariencia física, Su lado práctico e insignificante. Aunque algunos vieran y entendieran algo de Su carácter o algunos puntos fuertes que Él parecía tener, nadie sabía de dónde vino el Señor Jesús, quién era verdaderamente Su esencia, y qué más podía hacer realmente. Todo esto era desconocido para la humanidad. Demasiadas personas querían pruebas de ello, y saber la verdad. ¿Podía Dios hacer algo para demostrar Su propia identidad? Para Él, esto era una brisa, un trozo de pastel. Podía hacer algo en cualquier lugar, en cualquier momento para demostrar Su identidad y esencia, pero Dios hacía las cosas siguiendo un plan y unos pasos. Él no hacía las cosas indiscriminadamente; esperó el momento y la oportunidad adecuados para hacer algo más relevante, a fin de que la humanidad lo viera. Esto demostraba Su autoridad y Su identidad. Así pues, ¿podía demostrar la resurrección de Lázaro la identidad del Señor Jesús? Veamos la escritura: “Y cuando había dicho esto, clamó en voz alta: Lázaro, sal. Y el que estaba muerto salió”. Cuando el Señor Jesús hizo esto, sólo dijo una cosa: “Lázaro, sal”. Lázaro salió entonces de su tumba; esto se cumplió con una sola línea pronunciada por el Señor. Durante ese tiempo, Él no levantó un altar ni llevó a cabo otras acciones. Sólo dijo una cosa. ¿Se denominaría esto un milagro o un mandato? ¿O era algún tipo de hechicería? Superficialmente, parece que podría denominarse un milagro y, mirándolo desde una perspectiva moderna, por supuesto que podrías seguir llamándolo milagro. Sin embargo, no podría considerarse un hechizo traer de vuelta el alma de los muertos, y en absoluto una brujería. Es correcto decir que este milagro fue la demostración más normal y pequeña de la autoridad del Creador. Es la autoridad, la capacidad de Dios. Él tiene la autoridad de hacer morir a una persona, de hacer que su alma deje su cuerpo y vuelva al Hades, o donde deba ir. Cuándo muere alguien, y adónde va después de la muerte son cosas determinadas por Dios. Él puede hacerlo en cualquier momento y lugar. No está limitado por los seres humanos, los acontecimientos, los objetos, el espacio o el lugar. Si quiere, puede hacerlo, porque todas las cosas y los seres vivientes están bajo Su dominio, y todas las cosas viven y mueren por Su palabra, Su autoridad. Él puede resucitar a un hombre muerto; esto también es algo que puede hacer en cualquier momento y lugar. Esta es la autoridad que sólo el Creador posee.

Cuando el Señor Jesús trajo a Lázaro de los muertos, Su objetivo era brindar una prueba para que los humanos y Satanás vieran, para que supieran que el todo de la humanidad, su vida y su muerte vienen determinados por Dios, y que, aunque se había hecho carne, como siempre, seguía dominando el mundo físico visible así como el espiritual invisible. Hizo esto para demostrarle a los hombres y a Satanás que el todo de la humanidad no se encuentra bajo el mando de este. Fue una revelación y una demostración de la autoridad de Dios, y también una forma de enviar un mensaje a todas las cosas de que la vida y la muerte de la humanidad están en Sus manos. El Señor Jesús resucitó a Lázaro; este tipo de enfoque fue una de las maneras en las que el Creador enseñaba e instruía al hombre. Fue una acción concreta en la que usó Su capacidad y autoridad para instruir a la humanidad, y proveer para los humanos. Fue una forma sin palabras de permitir que los hombres viesen la verdad del Creador comandando todas las cosas. Fue una forma de decir a la humanidad por medio de acciones prácticas que no hay salvación si no es por medio de Él. Este tipo de medios silenciosos de instrucción a la humanidad dura para siempre; es indeleble, y produjo en los corazones humanos un impacto y una ilustración que nunca se desvanecen. La resurrección de Lázaro glorificó a Dios; esto tiene un profundo impacto en cada uno de los seguidores de Dios. Fija firmemente en cada persona, que entiende profundamente este acontecimiento, el entendimiento, la visión de que sólo Dios puede dominar la vida y la muerte de la humanidad. Aunque Él tenga este tipo de autoridad, y aunque enviara un mensaje acerca de Su soberanía sobre la vida y la muerte del hombre por medio de la resurrección de Lázaro, no fue Su obra principal. Dios nunca hace nada sin sentido. Cada cosa tiene un gran valor; todo es un tesoro clásico. Bajo ningún concepto convertiría el regreso de una persona de su tumba en el objetivo o el elemento principal o único de Su obra. Dios no hace nada que no tenga significado. La resurrección de Lázaro es apropiada para demostrar Su autoridad, para probar la identidad del Señor Jesús. Esta es la razón por la que no repitió este tipo de milagro. Dios hace las cosas de acuerdo a Sus propios principios. En el lenguaje humano, sería “Dios es consciente del trabajo serio”. Esto es, cuando Él hace algo, no se desvía del propósito de Su obra. Sabe qué quiere llevar a cabo en esta etapa, qué quiere conseguir, y trabajará de forma estricta según Su plan. Si una persona corrupta tuviera ese tipo de capacidad, estaría simplemente pensando en formas de revelarla con el fin de que los demás sepan lo formidable que es, se inclinen ante él, para poder controlarlos y devorarlos. Esta es la maldad que viene de Satanás y se llama corrupción. Dios no tiene ese carácter ni esa esencia. Su propósito al hacer las cosas no es exhibirse, sino proveer a la humanidad más revelación y dirección, por lo que las personas ven muy pocos ejemplos de este tipo de cosa en la Biblia. Esto no significa que las capacidades del Señor Jesús estuvieran limitadas, o que no pudiera hacer ese tipo de cosa. Simplemente, Dios no quería hacerlo; que el Señor Jesús resucitara a Lázaro tenía un sentido muy práctico; asimismo, la obra principal de Dios al encarnarse no consistía en realizar milagros ni en traer a los muertos de regreso a la vida, sino la obra de redención para la humanidad. Así, gran parte de la obra completada por el Señor Jesús fue enseñar a las personas, proveer para ellas, y ayudarlas; cosas como resucitar a Lázaro fueron simplemente porciones del ministerio que Él llevó a cabo. Aún más, se podría afirmar que “exhibirse” no es parte de la esencia de Dios, por lo que no debía contenerse de manera deliberada para no mostrar más milagros. Tampoco obedecía a limitaciones del entorno, y sin duda no era una falta de capacidad.

Cuando el Señor Jesús resucitó a Lázaro, usó una frase: “Lázaro, sal”. No dijo nada más. ¿Qué representan estas palabras? Quieren decir que Dios puede conseguir cualquier cosa por medio de Sus palabras, incluida la resurrección de un hombre muerto. Cuando Él creó todas las cosas, cuando creó el mundo, lo hizo con palabras. Utilizó mandatos hablados, palabras de autoridad, y así se crearon todas las cosas. Así se realizó. Esta única frase pronunciada por el Señor Jesús fue como las palabras habladas por Dios cuando creó los cielos y la tierra, y todas las cosas; tenía igualmente la autoridad de Dios, la capacidad del Creador. Todas las cosas se formaron y permanecieron por las palabras de la boca de Dios; de la misma forma, Lázaro salió de su tumba por las palabras del Señor Jesús. Fue la autoridad de Dios, demostrada y materializada en Su forma encarnada. Este tipo de autoridad y capacidad pertenecían al Creador y al Hijo del hombre, en quien este se materializó. Este es el entendimiento que Dios le enseñó a la humanidad cuando hizo regresar a Lázaro de entre los muertos. Eso es todo en cuanto a este tema. Seguidamente, leamos las escrituras.

10. El juicio de los fariseos sobre Jesús

(Marcos 3:21-22) Y cuando Sus amigos escucharon sobre ello, fueron a estar con Él porque decían: está fuera de sí. Y los escribas que bajaban de Jerusalén dijeron: Tiene a Belcebú, y aleja a los demonios en el nombre del príncipe de los demonios.

11. La reprensión de Jesús a los fariseos

(Mateo 12:31-32) Entonces os digo: Toda clase de pecado y blasfemia se le perdonará al hombre pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no se le perdonará. Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará, pero no se perdonará a aquel que diga algo contra el Espíritu Santo, ni en este mundo ni en el venidero.

(Mateo 23:13-15) Pero ¡que aflicción para vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque cerráis el reino de los cielos a los hombres y porque tampoco iréis vosotros, ni dejaréis que entren aquellos que están tratando de entrar. ¡Aflicción para vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque devoráis las casas de las viudas, y os jactáis de hacer largas oraciones, por lo tanto recibiréis una mayor condenación. ¡Aflicción para vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque vais por mares y tierras para ganar una persona, y cuando lo hacéis, lo volvéis el doble una criatura del infierno que vosotros.

Los dos pasajes más arriba son distintos; veamos el primero de ellos en primer lugar: el juicio de los fariseos sobre Jesús.

En la Biblia, la valoración que los fariseos hicieron del propio Jesús y de las cosas que hizo fue: “está fuera de sí… dijeron: Tiene a Belcebú, y aleja a los demonios en el nombre del príncipe de los demonios” (Marcos 3:21-22). El juicio del Señor por parte de los escribas y los fariseos no era repetir cosas ni imaginar a partir de la nada; era su conclusión sobre el Señor Jesús a partir de lo que vieron y oyeron de Sus actos. Aunque llegaron a la misma ostensiblemente en el nombre de la justicia y esta parecía bien fundamentada a las personas, la arrogancia con la que juzgaron al Señor Jesús era difícil de contener incluso para ellos. La enloquecida energía de su odio por el Señor Jesús puso de manifiesto sus propias ambiciones disparatadas y sus rostros satánicos malvados, así como su malévola naturaleza de resistirse a Dios. Estas cosas que dijeron en su juicio del Señor Jesús fueron impulsadas por sus ambiciones disparatadas, su envidia, y la naturaleza fea y malévola de su hostilidad hacia Dios y la verdad. No investigaron la fuente de las acciones del Señor Jesús ni la esencia de lo que dijo o hizo. Pero atacaron y desacreditaron ciega, impaciente, locamente y con malicia deliberada lo que Él había hecho. Esto se produjo incluso hasta el punto de desacreditar indiscriminadamente a Su Espíritu, esto es, el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios. Esto es lo que quisieron decir con sus palabras “está fuera de sí”, “Belcebú y el príncipe de los demonios”. Esto es, dijeron, que el Espíritu de Dios era Belcebú y el príncipe de los demonios. Definieron como locura la obra de la carne vestida por el Espíritu de Dios. No sólo blasfemaron tachándolo de Belcebú y el príncipe de los demonios, sino que condenaron la obra de Dios. Condenaron y blasfemaron al Señor Jesucristo. La esencia de su resistencia y su blasfemia de Dios era totalmente la misma que la esencia de Satanás, así como de la resistencia y blasfemia de Dios por parte del diablo. No sólo representaban a seres humanos corruptos, sino que eran la representación de Satanás. Eran un canal para él en medio de la humanidad, así como sus cómplices y mensajeros. La esencia de su blasfemia y su denigración del Señor Jesucristo era su lucha con Dios por el estatus, su competencia con Él, su prueba interminable de Él. La esencia de su resistencia a Dios y su actitud de hostilidad hacia Él, así como sus palabras y sus pensamientos blasfemaban y enojaban directamente al Espíritu de Dios. Así pues, Dios determinó un juicio razonable de lo que dijeron e hicieron, y determinó que sus hechos fueron el pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo. Este pecado es imperdonable tanto en este mundo como en el más allá, justo como dice el siguiente pasaje de la escritura: “la blasfemia contra el Espíritu Santo no se le perdonará” y “no se perdonará a aquel que diga algo contra el Espíritu Santo, ni en este mundo ni en el venidero”. Hoy, hablemos sobre el verdadero significado de estas palabras de Dios: “no se perdonará…, ni en este mundo ni en el venidero”. Eso es desmitificar cómo cumple Dios las palabras “no se perdonará…, ni en este mundo ni en el venidero”.

Todo aquello de lo que hemos hablado tiene relación con el carácter de Dios y Su actitud hacia las personas, los asuntos y las cosas. Naturalmente, los dos pasajes anteriores no son una excepción. ¿Habéis notado algo en estos dos pasajes de la escritura? Algunas personas dicen ver el enojo de Dios. Algunos dicen que ven el lado del carácter de Dios que no tolera la ofensa de la humanidad, y que si las personas hacen algo blasfemo contra Él, no obtendrán Su perdón. A pesar de que las personas vean y perciban la ira y la intolerancia por parte de Dios de la ofensa de la humanidad, siguen sin entender realmente Su actitud. Estos dos pasajes contienen una implicación de la verdadera actitud y enfoque de Dios hacia aquellos que blasfeman y lo enojan. Este pasaje de la escritura tiene el verdadero sentido de Su actitud y Su enfoque: “no se perdonará a aquel que diga algo contra el Espíritu Santo, ni en este mundo ni en el venidero”. Cuando las personas blasfeman a Dios, cuando lo enojan, Él emite un veredicto, y este veredicto es Su desenlace final. Se describe de la siguiente forma en la Biblia: “Entonces os digo: Toda clase de pecado y blasfemia se le perdonará al hombre pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no se le perdonará” (Mateo 12:31). y “Pero ¡que aflicción para vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!” (Mateo 23:13). Sin embargo, ¿registra la Biblia cuál fue el desenlace con estos escribas y fariseos, así como con aquellos que dijeron que el Señor Jesús estaba loco después de decir estas cosas? ¿Se registra si sufrieron algún castigo? Desde luego que no. Este “no” no quiere decir que no se registró, sino que no hubo un desenlace visible al ojo humano. Este “no” esclarece un asunto, esto es, la actitud y los principios de Dios para gestionar ciertas cosas. El trato de Dios con las personas que blasfeman o le resisten, o incluso lo difaman —personas que lo atacan, difaman y maldicen— es no hacer la vista gorda o los oídos sordos. Él tiene una actitud clara hacia ellas. Él desprecia a estas personas, y en Su corazón las condena. Incluso declara abiertamente el desenlace para ellas, de forma que las personas sepan que Él tiene una actitud clara hacia aquellos que lo blasfeman, y que Él determina su desenlace. Sin embargo, después de que Dios dijese estas cosas, las personas seguían pudiendo ver raramente la verdad de cómo Dios lidiaría con esas personas, y no podían entender los principios subyacentes al desenlace de Dios, Su veredicto para ellas. Es decir, la humanidad no puede ver la actitud y los métodos particulares que Dios tiene para lidiar con ellas. Esto tiene que ver con los principios de Dios para hacer cosas. Él usa la aparición de hechos para ocuparse de la conducta malvada de algunas personas. Esto es, no anuncia su pecado ni determina su desenlace, sino que usa directamente la aparición de los hechos para permitir que sean castigados, que obtengan su debida retribución. Cuando estos hechos ocurren, la carne de las personas es la que sufre el castigo; todo esto es algo que puede verse con ojos humanos. Cuando se ocupa de la conducta malvada de algunas personas, Dios simplemente las maldice con palabras, pero, al mismo tiempo, Su enojo cae sobre ellas, y el castigo que reciben puede ser algo no visible para las personas. Sin embargo, este tipo de desenlace puede ser incluso más grave que los que las personas pueden ver en forma de castigo o de muerte. Esto se debe a que bajo las circunstancias en las que Dios ha determinado no salvar a este tipo de personas, no mostrar más misericordia ni tener tolerancia con ellas, no proveerles más oportunidades, la actitud que adopta con ellas es dejarlas de lado. ¿Cuál es el significado de “dejar de lado”? El significado de este término en sí mismo es poner algo a un lado, no prestarle más atención. Aquí, cuando Dios “deja de lado”, hay dos explicaciones diferentes de su significado: la primera es que Él ha entregado la vida de esa persona, su todo, a Satanás para que se ocupe de ella. Dios ya no sería responsable y no lidiaría más con ella. Si esa persona estuviera loca, o fuera estúpida, y si estuviera en la vida o la muerte, o si descendiera al infierno para su castigo, no tendría nada que ver con Dios. Eso significaría que esa criatura no tendría relación con el Creador. La segunda explicación es que Dios ha determinado que Él mismo quiere hacer algo con esta persona, con Sus propias manos. Es posible que utilice este tipo de servicio de la persona, o a este tipo de persona como contraste. Es posible que tenga una forma especial de ocuparse de ella, una forma especial de tratarla, como a Pablo. Estos son el principio y la actitud en el corazón de Dios de cómo ha determinado Él ocuparse de este tipo de persona. Así, cuando los seres humanos resisten a Dios, y lo difaman y blasfeman, si agravan Su carácter, o si alcanzan los límites de Dios, las consecuencias son impensables. La más grave es que Dios entrega su vida y su todo a Satanás, de una vez por todas. No serán perdonadas en toda la eternidad. Esto significa que esta persona ha pasado a ser comida en la boca de Satanás, un juguete en su mano, y desde ese momento en adelante Dios no tiene nada que ver con ella. ¿Podéis imaginar qué tipo de desgracia fue cuando Satanás tentó a Job? Bajo la condición de que no se le permitía dañar la vida de Job, aun así, este sufrió en gran manera. ¿Y no es incluso más difícil imaginar los destrozos de Satanás a los que estaría sometida una persona que le hubiera sido entregada por completo, que fuera del todo presa de sus garras, que hubiera perdido totalmente el cuidado y la misericordia de Dios, que ya no estuviera bajo el dominio del Creador, que hubiera sido despojada del derecho a adorarle, y de ser una criatura bajo Su dominio, cuya relación con el Señor de la creación hubiera sido totalmente cortada? La persecución de Job por parte de Satanás era algo que podía verse con ojos humanos, pero si Dios le entrega la vida de una persona, la consecuencia será inimaginable. Es como si algunas personas renaciesen bajo el aspecto de una vaca, o un asno, o algunas personas controladas, poseídas por espíritus inmundos, malignos, etc. Este es el desenlace, el final de algunas personas que Dios ha entregado a Satanás. Desde fuera, parece que esas personas que ridiculizaron, difamaron, condenaron, y blasfemaron al Señor Jesús no sufrieron ninguna consecuencia. Sin embargo, la verdad es que Dios tiene una actitud para ocuparse de todo. Puede que no use un lenguaje claro para comunicar a las personas el desenlace de cómo se ocupa de cada tipo de persona. En ocasiones no habla directamente, pero hace las cosas directamente. Que no hable de ello no quiere decir que no sea un desenlace; es posible que sea uno incluso más grave. Desde las apariencias, parece que Dios no habla a algunas personas para revelar Su actitud; en realidad, Él no ha querido prestarles atención durante mucho tiempo. No quiere verlas más. Por las cosas que han hecho, su conducta, su naturaleza y su esencia, Dios sólo quiere que desaparezcan de Su vista, entregarlas directamente a Satanás, dar su espíritu, alma y cuerpo a este, permitirle hacer lo que quiera. Queda claro hasta qué punto Dios las aborrece, hasta qué punto está asqueado de ellas. Si una persona enoja a Dios hasta el punto de que Él ya no quiera ni verla más, de que la abandone por completo, de que no quiera ocuparse de ella; si se llega al punto de que Él la entregue a Satanás para que este haga lo que desee, para permitirle controlarla, consumirla y tratarla de cualquier manera, esta persona está completamente acabada. Su derecho de ser humana se ha revocado permanentemente, y su derecho como criatura ha llegado a su fin. ¿No es este el castigo más serio?

Todo lo anterior es una explicación completa de las palabras: “no se perdonará…, ni en este mundo ni en el venidero”, y también es un simple comentario sobre estos pasajes de la escritura, ¡creo que ahora tenéis entendimiento de ello!

Leamos ahora los siguientes pasajes de la escritura.

12. Las palabras de Jesús a Sus discípulos después de Su resurrección

(Juan 20:26-29) Y después de ocho días, Sus discípulos estaban dentro incluyendo a Tomás. Entonces Jesús apareció cuando las puertas estaban cerradas; se paró en medio de ellos y les dijo: La paz sea con vosotros. Luego le dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo y mira Mis manos; estira tu mano y ponla en Mi costado, y no carezcas de fe pero cree. Y Tomás le respondió diciendo: Mi Señor y mi Dios. Jesús le dijo: Tomás, crees porque me has visto; benditos los que no han visto pero aun así creen.

(Juan 21:16-17) Le dijo por segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Él le respondió: Sí, Señor, Tú sabes que te amo. Él le dijo: Alimenta a Mis ovejas. Le dijo una tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro estaba triste porque le había preguntado por tercera vez: ¿Me amas? Y le dijo: Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Alimenta a Mis ovejas.

Estos pasajes narran algunas cosas de las que el Señor Jesús hizo y les dijo a Sus discípulos después de Su resurrección. En primer lugar, echemos un vistazo a las posibles diferencias en el Señor Jesús antes y después de resucitar. ¿Seguía siendo el mismo que en el pasado? Las escrituras contienen el siguiente versículo que le describe después de aquel acontecimiento: “Entonces Jesús apareció cuando las puertas estaban cerradas; se paró en medio de ellos y les dijo: La paz sea con vosotros”. Es evidente que, en aquel tiempo, Él ya no era un cuerpo de carne, sino espiritual. Esto se debe a que Él había trascendido los límites físicos, y cuando la puerta estaba cerrada, todavía Él pudo ponerse en medio de las personas y permitirles que lo vieran. Esta es la mayor diferencia entre el Señor Jesús posterior a la resurrección y el que vivió en la carne antes de ella. Aunque no había diferencia entre el aspecto del cuerpo espiritual de aquel momento y cómo era Él antes, ahora era un extraño para las personas, porque se había convertido en un cuerpo espiritual después de resucitar de entre los muertos; comparado con Su cuerpo anterior de carne, este cuerpo espiritual era más desconcertante y confuso para las personas. También creaba más distancia entre Él y ellas, quienes sentían en su corazón que el Señor Jesús se había vuelto más misterioso en ese tiempo. Esas interpretaciones y sentimientos por parte de ellas los transportó, de repente, a una era de creencia en un Dios que no podía verse ni tocarse. Por tanto, lo primero que Él hizo tras Su resurrección fue permitir que todos lo vieran, confirmar Su existencia y el hecho de Su resurrección. Además, restauró Su relación con las personas para que volviera a ser como la que tuvo con ellas cuando obraba en la carne y era el Cristo que ellos podían ver y tocar. De este modo, uno de los resultados es que nadie tuvo dudas de que Él hubiera resucitado de la muerte después de haber sido clavado a la cruz, y que no se dudara de la obra del Señor Jesús para redimir a la humanidad. Otro resultado es que, al aparecerse tras la resurrección y permitir que lo vieran y lo tocaran proporcionaba una firme garantía a la humanidad en la Era de la Gracia. Desde ese momento en adelante, no se podría regresar a la época precedente, la Era de la Ley, por la “desaparición” o la “deserción” del Señor Jesús, sino que seguirían adelante, siguiendo las enseñanzas del Señor Jesús y la obra que Él había realizado. Una nueva fase se había abierto, pues, de manera formal en la obra de la Era de la Gracia. Quienes habían estado bajo la ley salieron debidamente de debajo de ella, desde ese instante, y entraron a una nueva era, con un nuevo comienzo. Estos son los múltiples significados de la aparición del Señor Jesús a la humanidad, después de Su resurrección.

Siendo Él un cuerpo espiritual, ¿cómo podían tocarlo o verlo? Esto está relacionado con la relevancia de que el Señor Jesús se apareciera a la humanidad. ¿Habéis notado algo en estos pasajes de las escrituras? Por lo general, los cuerpos espirituales no pueden verse ni tocarse; además, la obra que el Señor Jesús había asumido después de resucitar ya había llegado a su fin. Por tanto, en teoría ya no tenía necesidad alguna de regresar entre las personas en Su imagen original para encontrarse con ellas, pero que se apareciera en Su cuerpo espiritual a seres humanos como Tomás hace que su relevancia sea más concreta y penetró con mayor profundidad en el corazón de las personas. Cuando se acercó a Tomás, dejó que el dubitativo Tomás tocara Su mano y le indicó: “estira tu mano y ponla en Mi costado, y no carezcas de fe pero cree”. Estas palabras y estos actos no eran cosas que el Señor Jesús quisiera decir o hacer después de haber resucitado solamente, sino también antes de ser clavado a la cruz. Es evidente que antes de la crucifixión Él ya sabía que existían personas como Tomás. ¿Qué podemos ver en esto? Él seguía siendo el mismo después de resucitar. Su esencia no había cambiado. Las dudas de Tomás no acababan de empezar, sino que le habían acompañado todo el tiempo que él había seguido al Señor Jesús; pero Él era el Señor Jesús que había resucitado de entre los muertos y que había regresado del mundo espiritual con Su imagen y Su carácter originales y con la comprensión de la humanidad que tenía en Su época en la carne. De modo que fue primero en busca de Tomás para que este tocara Su costado, para que no sólo viera Su cuerpo espiritual después de la resurrección, sino que pudiera tocar y sentir la existencia de Su cuerpo espiritual y se deshiciera de todas sus dudas. Antes de que el Señor Jesús fuera clavado a la cruz, Tomás siempre dudó de que fuera el Cristo y no podía creerlo. Su creencia en Dios sólo se cimentaba en aquello que él podía ver con sus propios ojos, en lo que podía tocar con sus propias manos. El Señor Jesús entendía muy bien cómo era la fe de este tipo de persona. Ellos sólo creían en el Dios del cielo, y no creían en absoluto ni aceptaban al enviado por el Dios ni en el Cristo encarnado. Con el fin de que le reconocieran y creyeran en la existencia del Señor Jesús, y que de verdad era Dios encarnado, Él permitió que Tomás le tocara el costado. ¿Dudó Tomás de forma distinta antes y después de la resurrección del Señor Jesús? Siempre estaba dudando y, excepto el cuerpo espiritual del Señor Jesús que se le apareció personalmente y le permitió a Tomás que tocara las marcas de los clavos en Su cuerpo, nadie pudo resolver sus dudas ni consiguió que se deshiciera de ellas. Por tanto, desde el momento en que el Señor Jesús le permitió tocar Su costado y le dejó palpar la existencia de las marcas de los clavos, y la duda de este desapareció; supo realmente que el Señor Jesús había resucitado y reconoció y creyó que Él era el verdadero Cristo, que era Dios encarnado. Aunque en ese momento Tomás ya no dudó, había perdido para siempre la oportunidad de encontrarse con Cristo, de estar con Él, de seguirle, de conocerle; había perdido la oportunidad de que Cristo lo perfeccionara. La aparición del Señor Jesús y Sus palabras proveyeron una conclusión, y un veredicto sobre la fe de quienes estaban llenos de dudas. Usó Sus palabras y Sus actos prácticos para decirles a los que dudaban, a los que sólo creían en el Dios del cielo, pero no en Cristo: Dios no elogió la creencia de ellos ni que le siguieran llenos de dudas. El día que creyeran por completo en Dios y en Cristo sólo podría ser el día en que Dios completara Su gran obra. Por supuesto, también sería el día en que su duda recibiría un veredicto. Su actitud hacia Cristo determinó su destino, y su obstinada duda significaba que su fe no había producido resultados, y su intransigencia indicaba que sus esperanzas eran en vano. Al estar su creencia en el Dios del cielo alimentada de ilusiones, y su duda hacia Cristo era en realidad su verdadera actitud hacia Dios, incluso aunque tocaran las marcas de los clavos en el cuerpo del Señor Jesús, su fe seguía siendo inútil y su resultado sólo puede describirse como golpear el viento: inútil. Lo que el Señor Jesús le dijo a Tomás también le indicaba claramente a todas las personas: El Señor Jesús resucitado es el Señor Jesús que había pasado con anterioridad treinta y tres años y medio entre la humanidad. Aunque había sido clavado a la cruz y experimentado el valle de sombra de muerte y la resurrección, Su aspecto no había sufrido cambio alguno. Aunque ahora tenía marcas de clavos en Su cuerpo y había resucitado y salido de la tumba, Su carácter, Su comprensión de la humanidad y Sus intenciones hacia esta no se había modificado en lo más mínimo. Asimismo, les estaba diciendo a todos que Él había bajado de la cruz, triunfado sobre el pecado, sobre las dificultades y sobre la muerte. Las marcas de los clavos sólo eran la prueba de Su victoria sobre Satanás, de haber sido la ofrenda por el pecado para redimir con éxito a toda la humanidad. Estaba proclamando que ya había cargado con los pecados de esta y que había completado Su obra de redención. Cuando regresó para ver a Sus discípulos, les dijo con Su aparición: “Sigo vivo, sigo existiendo; hoy estoy verdaderamente delante de vosotros para que podáis verme y tocarme. Siempre estaré con vosotros”. El Señor Jesús también quería usar el ejemplo de Tomás como advertencia para la gente futura: aunque creas en el Señor Jesús, no puedes verle ni tocarle; sin embargo, puedes ser bendecido por medio de tu fe verdadera y puedes verle a través de ella; este tipo de persona es bendecida.

Estas palabras, registradas en la Biblia, que el Señor Jesús habló cuando se le apareció a Tomás son de gran ayuda para todas las personas de la Era de la Gracia. Su aparición y lo que le dijo a este discípulo han tenido un profundo impacto en las generaciones futuras, y tienen una relevancia eterna. Tomás representa a un tipo de persona que cree en Dios, aunque duda de Él. Esta clase de persona tiene una naturaleza sospechosa, un corazón siniestro, son traicioneros y no creen en las cosas que Dios puede lograr. No creen en la omnipotencia divina ni en Su gobierno, ni tampoco en el Dios encarnado. Sin embargo, la resurrección del Señor Jesús fue una bofetada para ellos, y les proporcionó así la oportunidad de descubrir y reconocer su propia duda, de aceptar su propia traición, creyendo de verdad en Su existencia y Su resurrección. Lo que ocurrió con Tomás fue una advertencia y un aviso para las generaciones posteriores, para que más personas pudieran tener cuidado de no dudar como Tomás, y que si lo hacían se hundirían en la oscuridad. Si sigues a Dios, pero sólo como Tomás, siempre quieres tocar el costado del Señor y sentir Sus marcas de los clavos para confirmar, verificar, especular si Dios existe o no, Dios te abandonará. Por tanto, el Señor Jesús requiere que las personas no sean como Tomás, que sólo creen lo que ven con sus propios ojos, sino que sean una persona pura, sincera que no albergue dudas hacia Dios, y que sólo crean en Él y le sigan. Este tipo de persona es bendecida. Este es un requisito muy pequeño que el Señor Jesús tiene para las personas y una advertencia para Sus seguidores.

Esta es la actitud del Señor Jesús hacia quienes están llenos de dudas. ¿Qué dijo Él, pues, y qué hizo por aquellos que son capaces de creer sinceramente en Él y seguirle? Esto es lo que consideraremos a continuación, respecto a algo que Él le dijo a Pedro.

En esta conversación, el Señor Jesús le hizo una y otra vez la misma pregunta a Pedro: “¿Pedro, me amas?”. Es un nivel superior que Él exige de personas como Pedro, después de Su resurrección, a los que creen de verdad en Cristo y se esfuerzan por amar al Señor. Esta pregunta fue una especie de investigación, de interrogación, y más aún fue un requisito y una expectativa de esta clase de persona. Usó este método de preguntas para que pudieran reflexionar sobre sí mismos y mirar en su interior. ¿Cuáles son los requisitos del Señor Jesús para las personas? ¿Amo al Señor? ¿Soy una persona que ama a Dios? ¿Cómo debería amar a Dios? Aunque el Señor Jesús sólo formulara esta pregunta a Pedro, la verdad es que en Su corazón quería utilizar esa oportunidad para extender este tipo de interrogante a más personas que buscan amar a Dios. Lo que ocurre es que Pedro fue bendecido y actuó como representante de este tipo de persona, y recibió las preguntas de la propia boca del Señor Jesús.

Comparado con “estira tu mano y ponla en Mi costado, y no carezcas de fe pero cree”, que el Señor Jesús dirigió a Tomás después de Su resurrección, Sus tres preguntas a Pedro: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?”, permite que las personas sientan mejor la severidad de Su actitud y la urgencia que Él sintió durante Su interrogatorio. En cuanto al dubitativo Tomás, con su naturaleza astuta, el Señor Jesús le permitió que alargara la mano y tocara las marcas de los clavos, y esto le permitió creer que Él era el Hijo del Hombre resucitado, y reconocer la identidad del Señor Jesús como el Cristo. Y aunque Él no reprendió con severidad a Tomás ni expresó un claro juicio verbal sobre él, mediante actos prácticos le hizo saber que le entendía a la vez que manifestó Su actitud y Su determinación hacia esa clase de personas. Sus requisitos y expectativas hacia ellas no se pueden considerar a partir de lo que Él dijo. Y es que las personas como Tomás sencillamente no tienen ni idea de la fe verdadera. Los requisitos del Señor Jesús para ellos son sólo en esto, pero la actitud que Él reveló hacia los que eran como Pedro es totalmente diferente. Él no le pidió a Pedro que alargara la mano y tocara las marcas de los clavos ni tampoco le dijo: “no carezcas de fe pero cree”. En vez de esto, le formuló varias veces la misma pregunta. Era una pregunta que invitaba a la reflexión, llena de significado, que provocaba indefectiblemente remordimiento y temor en cualquier seguidor de Cristo, pero que también revelaba el ánimo angustiado y triste del Señor Jesús. Y cuando están soportando gran dolor y sufrimiento, son más capaces de entender Su preocupación y Su inquietud; se dan cuenta de Su enseñanza sincera y Sus requisitos estrictos a las personas puras y sinceras. La pregunta del Señor Jesús permite que estas sientan que las expectativas que Él tiene respecto a las personas, reveladas en estas simples palabras no son meramente para creer en Él y seguirle, sino para lograr tener amor, amar a tu Señor, a tu Dios. Este tipo de amor es preocuparse y obedecer, que los seres humanos vivan para Dios, mueran por Él, se lo dediquen todo a Él y gastarlo y darlo todo por Él. Esta clase de amor también consiste en darle consuelo a Dios, permitirle disfrutar del testimonio y que descanse. Es como un reembolso que la humanidad le hace a Dios, su responsabilidad, su obligación y su deber, y el camino en que esta debe seguir durante toda su vida. Estas tres preguntas eran un requisito y una exhortación que el Señor Jesús le hizo a Pedro y a todos aquellos que serían perfeccionados. Y fueron estas las que dirigieron a Pedro y lo motivaron a completar su camino en la vida; fueron las preguntas del Señor Jesús justo antes de partir las que le llevaron a empezar su senda hacia el perfeccionamiento; las que hicieron que, por su amor al Señor, se preocupara de Su corazón, le obedeciera, le ofreciera consuelo, toda su vida y todo su ser, a causa de este amor.

Durante la Era de la Gracia, la obra de Dios fue principalmente para dos tipos de personas. El primero, los que creían en Él y le seguían, que podían cumplir Sus mandamientos, llevar la cruz y aferrarse al camino de la Era de la Gracia. Esta clase de persona lograría la bendición de Dios y gozaría de Su gracia. El segundo tipo de persona era como Pedro, alguien que sería perfeccionado. Por tanto, después de que el Señor Jesús resucitara, lo primero que hizo fueron estas dos cosas llenas de significado. Una fue a Tomás y la otra a Pedro. ¿Qué representan estas dos cosas? ¿Acaso representan las verdaderas intenciones de Dios de salvar a la humanidad? ¿Representan la sinceridad de Dios hacia la humanidad? La obra que Él realizó con Tomás fue advertirles a las personas que no dudaran, y que sólo creyeran. En el caso de Pedro, fortaleció la fe de personas como él e hizo claros requisitos a este tipo de persona, para mostrar qué objetivos deberían perseguir.

Después de que el Señor Jesús resucitara, se apareció a aquellos que a Él le pareció necesario, habló con ellos y les presentó Sus requisitos, dejando atrás Sus intenciones y Sus expectativas respecto a ellos. Es decir, como Dios encarnado, no importaba si era durante Su tiempo en la carne o en el cuerpo espiritual después de haber sido clavado a la cruz y tras resucitar: Su preocupación por la humanidad y Sus requisitos a las personas no cambiaron. Le preocupaban estos discípulos antes de estar en la cruz; en Su corazón, Él tenía muy claro el estado de cada persona, entendió la deficiencia de cada uno y, por supuesto, Su comprensión de cada una de ellas fue la misma después de morir, resucitar y convertirse en un cuerpo espiritual, que cuando Él estaba en la carne. Él sabía que las personas no estaban del todo seguras de Su identidad como el Cristo, pero durante Su tiempo en la carne no les hizo exigencias estrictas. Sin embargo, después de resucitar, se les apareció y los convenció absolutamente de que el Señor Jesús había venido de Dios, de que Él era Dios encarnado, y utilizó Su aparición y Su resurrección como la mayor visión y motivación para la búsqueda de la humanidad que dura toda una vida. Su resurrección de entre los muertos no sólo fortaleció a todos aquellos que lo seguían, sino que también puso en vigor Su obra de la Era de la Gracia entre la humanidad y, por tanto, el evangelio de la salvación del Señor Jesús en dicha era se difundió, poco a poco y a conciencia, a todos los rincones de la humanidad. ¿Dirías que la aparición del Señor Jesús después de Su resurrección tuvo alguna relevancia? Si tú hubieras sido Tomás o Pedro en ese tiempo y te hubieras encontrado con algo tan significativo en tu vida, ¿qué clase de impacto tendría esto en ti? ¿Lo considerarías la mejor y más extraordinaria visión de tu vida de creencia en Dios? ¿Lo interpretarías como la fuerza impulsora de tu seguimiento de Dios, de tu esfuerzo por satisfacerle y de procurar Su amor en tu vida? ¿Dedicarías el esfuerzo de toda una vida a difundir esta visión, que es la mayor de todas? ¿Convertirías la difusión de la salvación del Señor Jesús en un encargo que aceptas de Dios? Aunque no hayáis experimentado esto, los dos ejemplos de Tomás y Pedro ya son suficientes para que las personas de hoy tengan una clara comprensión de la voluntad de Dios y de Él. Se podría decir que, después de que Dios se hiciera carne, después de que experimentara personalmente la vida entre la humanidad y una vida humana, y después de ver la depravación y la situación de la humanidad, Dios en carne sintió en mayor profundidad su impotencia, su tristeza y su lastimosidad. Dios aumentó Su compasión por la condición humana por Su humanidad mientras vivió en la carne, por Sus instintos en la carne. Esto le llevó a sentir mayor preocupación por Sus seguidores. Es probable que no podáis entender estas cosas, pero puedo describir la inquietud y la preocupación de Dios en la carne por cada uno de Sus seguidores con esta frase: preocupación intensa. Aunque este término proceda del lenguaje humano y sea muy propio de los seres humanos, expresa y describe de verdad los sentimientos de Dios por Sus seguidores. En cuanto a la intensa preocupación de Dios por los seres humanos, en el transcurso de vuestras experiencias, podéis sentir esto poco a poco y probarlo. Sin embargo, esto sólo se puede conseguir mediante la comprensión gradual del carácter de Dios basada en buscar un cambio en el carácter del hombre. La aparición del Señor Jesús materializó Su intensa preocupación por Sus seguidores en humanidad y se la entregó a Su cuerpo espiritual, o, también se podría decir, Su divinidad. Su aparición permitió que las personas tuvieran otra experiencia y sentimiento de la preocupación y del cuidado de Dios, mientras demostraba también poderosamente que Dios es aquel que abre una era, la desarrolla y le pone fin. A través de Su aparición fortaleció la fe de todos, y demostró al mundo que Él es Dios mismo. Esto proporcionó a Sus seguidores la confirmación eterna, a la vez que abrió una fase de Su obra en la nueva era.

13. Jesús come pan y explica las Escrituras después de Su resurrección

(Lucas 24:30-32) Y entonces mientras Él estaba sentado con ellos, tomó el pan, lo bendijo y lo partió y se lo dio. Y sus ojos se abrieron y lo conocieron. Luego Él desapareció de sus ojos. Y se dijeron el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón dentro de nosotros mientras Él nos hablaba por el camino y mientras compartía con nosotros las escrituras?

14. Los discípulos le dan un pez asado a Jesús para que coma

(Lucas 24:36-43) Y mientras ellos decían esto, Jesús mismo se paró en medio de ellos, y les dijo: La paz sea con vosotros. Pero ellos estuvieron aterrorizados y asustados, y suponían que habían visto un espíritu. Y Él les dijo: ¿Por qué estáis angustiados? ¿Y por qué vienen pensamientos a vuestro corazón? Mirad Mis manos y Mis pies, soy Yo mismo; tocadme y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que Yo tengo. Y cuando había dicho esto, les enseñó Sus manos y Sus pies. Cuando ellos no creían por completo debido a su alegría y estaban maravillados, Él les preguntó: ¿Tenéis algo de comer? Y ellos le dieron un pedazo de pescado asado y un poco de miel. Y Él lo tomó y comió delante de ellos.

Seguidamente echaremos un vistazo a los pasajes anteriores de la escritura. El primero es un relato del Señor Jesús comiendo pan y explicando las escrituras después de Su resurrección, y el segundo es un relato de Él mismo comiendo un pez asado. ¿Qué tipo de ayuda proveen estos dos pasajes para conocer el carácter de Dios? ¿Podéis imaginar la clase de imagen que obtendréis a partir de estas descripciones del Señor Jesús comiendo pan y después pescado asado? ¿Podéis imaginar que estuviera de pie delante de vosotros, comiendo pan? ¿Cómo os sentiríais? ¿O si estuviera comiendo con vosotros en la misma mesa, o comiendo pescado y pan con algunas personas, qué tipo de sentimiento tendríais en ese momento? Si sientes que estarías muy cerca del Señor, que Él es muy íntimo contigo, este sentimiento es correcto. Es exactamente el fruto que el Señor Jesús quería producir actuando así delante de la multitud tras Su resurrección. Si Él sólo hubiera hablado con las personas tras Su resurrección, si no hubieran podido sentir Su carne y Sus huesos, y hubieran creído que se trataba de un Espíritu inalcanzable, ¿cómo se sentirían estas? ¿No estarían decepcionadas? Al sentirse así, ¿no se sentirían abandonadas? ¿No sentirían una distancia con el Señor Jesucristo? ¿Qué tipo de impacto negativo crearía esta distancia en la relación de las personas con Dios? Sin duda se sentirían asustadas, no se atreverían a acercarse a Él, y después querrían mantenerlo a una distancia respetable. Desde ahí en adelante, romperían su relación íntima con el Señor Jesucristo, y volverían a tener la de la humanidad con el Dios de arriba, en el cielo, tal como era antes de la Era de la Gracia. El cuerpo espiritual que las personas no podían tocar o sentir llevaría a la erradicación de su intimidad con Dios, y también haría que esa relación íntima —establecida durante el tiempo del Señor Jesucristo en la carne, sin distancia entre Él y los seres humanos— dejara de existir. Los sentimientos de las personas hacia el cuerpo espiritual son sólo miedo, evitación y una mirada silenciosa. No se atreven a acercarse a Él ni a mantener un diálogo con Él, por no hablar de seguirle, confiar en Él o tener esperanza en Él. Dios era renuente a ver este tipo de sentimiento que los humanos tenían por Él. No quería ver a las personas evitándole o apartándose de Él; sólo quería que lo entendieran, se acercaran a Él, y fueran Su familia. Si tu propia familia, tus hijos te vieran, pero no te reconocieran y no se atrevieran a acercarse a ti, sino que siempre te evitaran; si no pudieras obtener su entendimiento de todo lo que habías hecho por ellos, ¿cómo te sentirías? ¿No sería doloroso? ¿No te rompería el corazón? Esto es precisamente lo que Dios siente cuando las personas lo evitan. Así, después de Su resurrección, el Señor Jesús siguió apareciéndose a algunas personas bajo Su forma de carne y hueso, y comió y bebió con ellos. Dios ve a las personas como Su familia y también quiere que la humanidad lo vea así; sólo de esta manera puede Él ganar de verdad a las personas, y estas pueden amarlo y adorarlo con sinceridad. ¿Podéis entender ahora Mi propósito al extraer estos dos pasajes bíblicos en los que el Señor Jesús come pan y explica las escrituras, y los discípulos le dan pescado asado para que coma después de Su resurrección?

Puede decirse que la serie de cosas que el Señor Jesús dijo e hizo después de Su resurrección fue reflexiva, y con buenas intenciones. Estaban llenas de la bondad y el afecto que Dios siente por la humanidad, y llenas de la apreciación y el cuidado meticuloso que Él tenía por la relación íntima que había establecido con la humanidad durante Su tiempo en la carne. Aún más, estaban llenas de la nostalgia y la esperanza que tenía por la vida de comer y vivir con Sus seguidores durante Su tiempo en la carne. Por eso, Dios no quería que las personas sintieran una distancia entre Él y el hombre, ni que la humanidad se alejase de Él. Aún más, no quería que el hombre sintiera que, después de Su resurrección, el Señor Jesús ya no era el Señor tan íntimo con las personas, que ya no estaba más junto a la humanidad porque regresaba al mundo espiritual, al Padre que las personas nunca podrían ver o alcanzar. No quería que las personas sintieran ninguna diferencia en posición entre Él y la humanidad. Cuando Dios ve a personas que quieren seguirle pero lo mantienen a una distancia respetable, Su corazón se aflige porque eso significa que sus corazones están muy lejos de Él, y será muy difícil para Él ganarlos. Por tanto, si hubiera aparecido a las personas en un cuerpo espiritual que no pudieran ver o tocar, esto habría distanciado una vez más al hombre de Dios, y habría llevado a la humanidad a ver erróneamente a Cristo tras Su resurrección como si se hubiera vuelto elevado, de una clase diferente que los humanos, alguien que ya no compartiría una mesa ni comería con el hombre porque los humanos son pecadores, inmundos, y nunca pueden acercarse a Dios. Con el fin de eliminar estas malinterpretaciones de la humanidad, el Señor Jesús hizo numerosas cosas que hacía frecuentemente en la carne, tal como se registra en la Biblia: “tomó el pan, lo bendijo y lo partió y se lo dio”. También les explicó las escrituras, tal como solía hacer. Todo esto que el Señor Jesús llevó a cabo hizo que cada persona que lo vio sintiera que el Señor no había cambiado, que seguía siendo el mismo Señor Jesús. Aunque había sido clavado a la cruz y había experimentado la muerte, había resucitado y no había dejado a la humanidad. Había vuelto para estar entre los humanos, y Su todo no había cambiado. El Hijo del Hombre que estaba de pie delante de esas personas seguía siendo el mismo Señor Jesús. ¡Su comportamiento y Su conversación con las personas eran tan familiares! Seguía tan lleno de bondad, gracia y tolerancia; seguía siendo aquel Señor Jesús que amaba a los demás como a Sí mismo, que podía perdonar a la humanidad setenta veces siete. Como siempre, comió con las personas, les explicó las escrituras y, lo más importante, como lo había hecho antes, era de carne y hueso y se le podía tocar y ver. El Hijo del Hombre permitió, de esta forma, que sintieran aquella intimidad, que se sintieran a gusto y que tuvieran el gozo de recuperar algo que se había perdido; y también estaban lo bastante a gusto como para empezar a confiar con valentía y confianza en este Hijo del hombre que podía perdonarle sus pecados a la humanidad, y admirarle. También empezaron a orar, sin vacilaciones, a orar para obtener Su gracia, Su bendición y lograr Su paz y Su gozo, Su cuidado y Su protección, y a realizar curaciones y expulsar demonios, todo ello en el nombre del Señor Jesús.

Durante el tiempo en el que el Señor Jesús obró en la carne, la mayoría de Sus seguidores no pudieron comprobar por completo Su identidad y las cosas que dijo. Cuando fue a la cruz, la actitud de ellos fue de expectación; cuando fue clavado a la cruz y hasta que fue sepultado, su comportamiento fue de decepción. Durante este tiempo, habían empezado a pasar en sus corazones de la duda a la negación de las cosas que el Señor Jesús había dicho durante el tiempo que estuvo en la carne. Y cuando Él salió de la tumba y se fue apareciendo una por una a las personas, la mayoría de los que le habían visto con sus propios ojos o que habían oído las nuevas de Su resurrección fueron pasando poco a poco de la negación al escepticismo. Cuando Él hizo que Tomás pusiera su mano en Su costado, cuando partió el pan y comió delante de ellos, después de Su resurrección y sólo entonces, y después de que Él comiera pescado asado delante de ellos, aceptaron realmente que el Señor Jesús era el Cristo en la carne. Se podría decir que fue como si ese cuerpo espiritual, con carne y huesos, allí delante de aquellos hombres los estuviera despertando a todos de un sueño: el Hijo del Hombre que estaba allí, frente a ellos, era aquel que había existido desde tiempos inmemoriales. Tenía una forma, era de carne y hueso, y ya había vivido y comido con la humanidad durante largo tiempo… ¡En ese momento, las personas sintieron que Su existencia era tan real, tan maravillosa! ¡Estaban, asimismo, tan gozosos y felices, y, a la vez, tan llenos de emoción! Y Su reaparición permitió que vieran de verdad Su humildad, que sintieran Su cercanía y Su anhelo, Su apego por la humanidad. Esta breve reunión hizo que las personas que vieron al Señor Jesús sintieran como si hubiera transcurrido toda una vida. Sus corazones perdidos, confusos, asustados, angustiados, anhelantes y entumecidos hallaron consuelo. Ya no dudaban ni se sentían decepcionados, porque sentían que ahora había esperanza, algo en que confiar. El Hijo del Hombre allí delante de ellos estaría detrás de ellos por toda la eternidad; sería su torre fuerte, su refugio en todo tiempo.

Aunque el Señor Jesús había resucitado, Su corazón y Su obra no habían abandonado a la humanidad. Con Su aparición les dijo a las personas que independientemente de la forma en la que Él existiera, los acompañaría, caminaría y estaría con ellos en todo tiempo, en todo lugar. Y así, proveería para la humanidad y la pastorearía; permitiría que ellos lo vieran y lo tocasen, y se aseguraría de que nunca más volvieran a sentirse indefensos. El Señor Jesús también quería que las personas supieran esto: no estaban solos durante su vida en este mundo. La humanidad cuenta con el cuidado de Dios; Él está con ellos; las personas pueden apoyarse siempre en Él, quien es la familia del cada uno de Sus seguidores. Con Su apoyo, la humanidad ya no estaría sola ni indefensa, y aquellos que le aceptan como ofrenda por su pecado dejarán de estar atados al pecado. A los ojos humanos, estas porciones de la obra que el Señor Jesús llevó a cabo después de Su resurrección fueron cosas muy pequeñas, ¡pero en Mi opinión cada una de ellas fue tan significativa, tan valiosa, y fueron todas tan importantes y de tanto peso!

Aunque el tiempo en que el Señor Jesús obró en la carne estuvo lleno de dificultades y sufrimiento, por medio de Su aparición en Su cuerpo espiritual de carne y hueso terminó por completo, y de una forma perfecta, Su obra de aquel tiempo de Su encarnación para redimir a la humanidad. Comenzó Su ministerio haciéndose carne y acabó Su ministerio apareciéndose a la humanidad en Su forma carnal. Anunció la Era de la Gracia, la inició por medio de Su identidad como el Cristo, a través de la cual llevó a cabo la obra en dicha era y fortaleció y dirigió a todos Sus seguidores en ella. De la obra de Dios se puede decir que Él verdaderamente acaba lo que empieza. Existen pasos y un plan lleno de la sabiduría de Dios, de Su omnipotencia y de Sus maravillosos hechos, de Su amor y de Su misericordia. Por supuesto, el hilo principal que recorre toda la obra de Dios es Su preocupación por la humanidad; está impregnada de Sus sentimientos de inquietud que nunca puede dejar de lado. En estos versículos de la Biblia, en todo lo que el Señor Jesús hizo después de Su resurrección, lo que se reveló fueron las esperanzas y la preocupación inmutables de Dios por la humanidad, así como Su meticuloso cuidado y Su estima por los seres humanos. Hasta ahora, nada de esto ha cambiado, ¿podéis verlo? Cuando lo veis, ¿no se acerca vuestro corazón automáticamente a Dios? Si vivierais en aquella época y el Señor Jesús se os apareciera después de Su resurrección, en una forma tangible para que pudierais verle, y si se sentara frente a vosotros, comiera pan y pescado y os explicara las escrituras, hablara con vosotros, ¿cómo os sentiríais? ¿Estaríais felices? ¿Y culpables? Los malentendidos anteriores y el haber evitado a Dios, los conflictos con Él y las dudas sobre Él, ¿no desaparecerían por completo? ¿No se volvería más adecuada la relación entre Dios y el hombre?

A través de la interpretación de estos capítulos limitados de la Biblia, ¿habéis descubierto defectos en el carácter de Dios? ¿Alguna adulteración de Su amor? ¿Habéis visto alguna astucia o maldad en la omnipotencia o la sabiduría de Dios? ¡Desde luego que no! ¿Podéis decir ahora con seguridad que Dios es santo? ¿Podéis decir con certeza que el placer, la ira, la tristeza y la felicidad de Dios son, todos ellos, una revelación de Su esencia y Su carácter? Espero que después de leer estas palabras, lo que hayáis entendido de ellas os ayude y os proporcione beneficios en vuestra búsqueda de un cambio de carácter y en el temor de Dios. Espero, asimismo, que estas palabras lleven un fruto para vosotros que vaya creciendo día a día, para que en el proceso de esta búsqueda os acerque cada vez más a Dios, y al estándar que Él requiere. Que ya no os aburra la búsqueda de la verdad ni sintáis que esto, y perseguir un cambio de carácter, es algo difícil o superfluo, sino más bien el verdadero carácter de Dios y Su santa esencia que os motivan para que anheléis la luz, la justicia y aspiréis a buscar la verdad, a procurar satisfacer la voluntad de Dios y a convertiros en seres humanos ganados por Dios, en personas reales.

Hoy hemos hablado sobre cosas que Dios hizo en la Era de la Gracia, cuando se encarnó por primera vez. A partir de ellas hemos considerado el carácter que Él expresó y reveló en la carne, así como cada aspecto de lo que Él tiene y es. Todos estos parecen muy humanizados, pero la realidad es que en esencia, todo lo que reveló y expresó es inseparable de Su propio carácter. Cada método y cada aspecto del Dios encarnado que expresa Su carácter en humanidad están inextricablemente vinculados a Su propia esencia. Por tanto, es de suma importancia que Dios viniera a la humanidad por medio de la encarnación, y la obra que realizó en la carne también es muy importante. El carácter que Él reveló y la voluntad que expresó son incluso más importantes para cada persona que vive en la carne, en la corrupción. ¿Podéis entender esto? Tras comprender el carácter de Dios y lo que Él tiene y es, ¿habéis sacado algunas conclusiones respecto a cómo deberíais tratarle? En respuesta a esta pregunta y a modo de conclusión me gustaría haceros tres advertencias: primero, no pongáis a Dios a prueba. Independientemente de cuánto comprendáis sobre Él, de cuánto sepáis sobre Su carácter, nunca jamás lo pongáis a prueba. Segundo, no contendáis con Dios por posición. No importa el tipo de posición que Dios te dé o la clase de trabajo que te encomiende, o el deber que Él te mueva a realizar, y lo mucho que hayas gastado y sacrificado por Él, no compitas en modo alguno con Él por posición. Tercero, no compitas con Dios. Independientemente de que entiendas y obedezcas lo que Dios hace contigo, lo que Él dispone para ti y las cosas que traiga en tu vida, no compitas con Él. Si tienes en cuenta estas tres advertencias, estarás relativamente a salvo y no enojarás a Dios fácilmente. ¡Es todo lo que comparto por hoy!

23 de julio 2014

Notas al pie:

a. El texto original omite “esta expresión de”.