Declaraciones de Cristo de Los Últimos Días

Contenido

Dios mismo, el único X

Dios es la fuente de vida para todas las cosas (IV)

Hoy estamos comunicando un tema especial. Para todos y cada uno de vosotros, solo hay dos cosas principales que debéis conocer, experimentar y entender; ¿y cuáles son estas dos cosas? La primera es la entrada personal de los seres humanos a la vida, y la segunda está relacionada con conocer a Dios. Hoy os doy a elegir: escoged una. ¿Os gustaría escuchar hablar de un tema que tiene relación con la experiencia vital personal de los seres humanos, o de conocer a Dios mismo? ¿Y por qué os doy esa elección? Porque hoy tengo en mente comunicar algunas cosas nuevas sobre conocer a Dios. Pero, independientemente de ello, primero os dejaré escoger entre las dos cosas de las que acabo de hablar. (Elijo la de conocer a Dios.) (Pensamos que comunicar el conocimiento de Dios es mejor también.) ¿Pensáis que lo que hemos estado comunicando recientemente respecto a conocer a Dios es alcanzable? (Cuando Dios enseñó la primera vez, no sentimos que lo fuera. Después de esto, Dios enseñó varias veces más, y, cuando repasamos de nuevo la primera, en los entornos creados por Dios, los hermanos y hermanas prestaron atención a experimentar en ese ámbito.) Es justo decir que está más allá del alcance de la mayoría de las personas. Podría ser que no os convencieran estas palabras. ¿Por qué digo esto? Porque cuando estabais escuchando lo que Yo estaba diciendo antes, independientemente de cómo lo dije, o con qué palabras, cuando lo oísteis fuisteis conscientes, literal y teóricamente, de lo que Yo estaba diciendo; no obstante, una cuestión muy grave con respecto a vosotros fue que no entendíais por qué Yo decía estas cosas, por qué hablaba de estos temas. Este es el quid de la cuestión. Y así, aunque oír estas cosas aumentaba y enriquecía vuestro entendimiento de Dios y Sus hechos, ¿por qué seguís teniendo problemas para conocer a Dios? La razón es esta: después de oír lo que dije, la mayoría de vosotros no entiende por qué lo hice, y qué relación tiene con conocer a Dios. ¿No es así? ¿Con qué tiene que ver vuestra incapacidad de entender la relación que esto guarda con conocer a Dios? ¿Habéis pensado alguna vez sobre esto? Quizás no. La razón por la que no entendéis estas cosas es que vuestra experiencia vital es demasiado superficial. Si el conocimiento y la experiencia de las palabras de Dios por parte de las personas permanece en un nivel superficial, la mayor parte de su conocimiento de Dios será confuso y abstracto; será rudimentario, doctrinal y teórico. En teoría, parece o suena lógico y razonable, pero el conocimiento de Dios que sale de la boca de la mayoría de las personas está vacío. ¿Y por qué digo esto? Porque, en realidad, no tienes claro en tu corazón si las palabras sobre conocer a Dios que salen de tu boca son o no correctas, si son o no precisas. Y así, aunque la mayor parte de las personas han oído mucha información y temas respecto a conocer a Dios, su conocimiento de Él aún tiene que superar la teoría y la doctrina confusa y abstracta. Por tanto, ¿cómo puede resolverse este problema? ¿Habéis pensado alguna vez en esto? Si alguien no busca la verdad, ¿puede poseer la realidad? (No puede.) Correcto. Sin duda no puede. Si alguien no busca la verdad, no cabe la menor duda de que no posee la realidad, y por tanto no tiene conocimiento o experiencia de las palabras de Dios. ¿Y pueden conocer a Dios aquellos que no conocen Sus palabras? ¡Absolutamente no! Las dos cosas están interrelacionadas. Así pues, la mayoría de las personas dicen: “¿Cómo podría ser tan difícil conocer a Dios? ¿Por qué es tan difícil? ¿Por qué no puedo decir nada del conocimiento de Dios?”. Cuando habláis de conoceros a vosotros mismos podéis seguir durante horas, pero cuando se trata de conocer a Dios os quedáis sin palabras; hasta cuando decís poca cosa es algo obligado, y suena frío. Hasta te suena extraño a ti cuando te oyes decirlo. Esta es la fuente. Si sientes que conocer a Dios es demasiado difícil, que es muy intenso para ti, que no tienes nada de lo que hablar, nada real que comunicar y proveer a los demás ni a ti mismo, esto demuestra que no has experimentado las palabras de Dios. ¿Qué son estas? ¿No son la expresión de lo que Dios tiene y es? Si no has experimentado las palabras de Dios, ¿podrías tener algún conocimiento de lo que Él tiene y es? Por supuesto que no, ¿verdad? Estas cosas están todas interrelacionadas. Si no tienes experiencia en las palabras de Dios, no puedes comprender Su voluntad, y no sabrás cuál es Su carácter, lo que le gusta a Él, lo que aborrece, cuáles son Sus requisitos para el hombre, cuál es Su actitud hacia los que son buenos, y hacia los que son malos; todo esto será, sin duda, ambiguo y confuso para ti. Si crees en Dios en medio de tal oscuridad, cuando dices que eres uno de los que buscan la verdad y siguen a Dios, ¿son realistas estas palabras? ¡No lo son! Por tanto, haz ahora tu elección: ¿qué tema escoges hoy? (La entrada en la vida y la experiencia vital personal de uno.) (Elegimos la entrada en la vida.) ¿Qué ámbito de temas os falta respecto a la entrada en la vida? ¿Os está diciendo algo vuestro corazón? Seguís sin saberlo, ¿verdad? ¿Qué tema eligen los demás hermanos y hermanas? ¿Deseáis oír acerca del conocimiento de Dios, o de la experiencia de la vida? (Deseamos oír acerca de conocer a Dios.) (Conocer a Dios.) Muy bien, la mayoría de vosotros ha elegido conocer a Dios, así que continuemos comunicando sobre el conocimiento de Dios.

Todos estáis ansiosos por escuchar el tema que comunicaremos hoy, ¿verdad? El tema que vamos a comunicar hoy también guarda relación con el de “Dios es la fuente para todas las cosas”, sobre el que hemos estado hablando recientemente. Hemos tenido varias charlas acerca de “Dios es la fuente de vida para todas las cosas”, cuyo objetivo era usar diferentes medios y perspectivas para informar a las personas sobre cómo Dios gobierna sobre todas las cosas, por qué medios domina todas las cosas y por qué principios gestiona todas las cosas, de forma que puedan existir en este planeta que Dios creó. También hablamos mucho sobre cómo Dios provee para la humanidad: por qué medios lo hace, qué clase de entorno vital provee a la humanidad y por qué medios e ímpetu proporciona un entorno de vida estable para el hombre. Aunque no hablé directamente de la relación existente entre el dominio de Dios sobre todas las cosas, Su administración de las mismas y Su gestión, si hablé indirectamente de por qué administra Él así todas las cosas, y por qué provee para la humanidad y la nutre de esta forma; todo esto tiene relación con la gestión de Dios. El contenido del que hablamos fue muy amplio: desde el macroentorno hasta cosas mucho más pequeñas como las necesidades básicas y la dieta de las personas; desde cómo gobierna Dios todas las cosas y las hace operar de una manera ordenada, hasta el entorno de vida correcto y apropiado que creó para las personas de cada color, etc. Este extenso contenido está relacionado con la forma en que el hombre vive en la carne. Es decir, con las cosas del mundo material que son visibles a simple vista, y que las personas pueden sentir, por ejemplo, las montañas, los ríos, los océanos, las llanuras… Todas estas cosas pueden verse y tocarse. Cuando hablo de aire y temperatura, podéis usar vuestro aliento para sentir directamente la existencia del aire, y vuestro cuerpo para sentir si la temperatura es alta o baja. Las personas pueden ver con sus propios ojos y oír con sus propios oídos los árboles y la hierba, así como las aves y los animales en los bosques, las cosas que vuelan en el cielo y que caminan por la tierra, y los diversos animales pequeños que emergen de madrigueras. Aunque el ámbito de tales cosas es inmenso, entre todas las cosas solo representan al mundo material. Para las personas, ¿cuáles son las cosas que pueden ver? Son las cosas materiales. Son las que las personas pueden ver y sentir, es decir, cuando las toques, las sentirás, y cuando tus ojos las vean, tu cerebro te presentará una imagen, un cuadro. Son cosas reales y concretas; para ti no son abstractas, sino que tienen forma y contorno; pueden ser cuadradas o redondas, altas o bajas, grandes o pequeñas; y cada una de ellas os da una impresión diferente. Todas estas cosas representan esa parte de todas las cosas que componen el mundo material. Y así, ¿qué incluyen para Dios “todas las cosas” en “el dominio de Dios sobre todas las cosas”? No solo incluyen las cosas que las personas pueden ver y tocar, sino, además, lo que es invisible e impalpable. Este es uno de los verdaderos significados del dominio de Dios sobre todas las cosas. Aunque estas cosas son invisibles e impalpables para las personas, también son realidades que existen de verdad. Para Dios, mientras Sus ojos puedan observarlas y estas estén en el ámbito de Su soberanía, existen realmente. Aunque para la humanidad son abstractas e inimaginables, y además, aunque son invisibles e impalpables, para Dios existen realmente. Así es el otro mundo, y otra parte del ámbito, de todas las cosas que Dios gobierna. Este es el tema que estamos comunicando hoy: cómo gobierna y administra Dios el mundo espiritual. Dado que este tema cubre la forma en que Dios gobierna y gestiona todas las cosas, tiene relación con el mundo fuera del mundo material —el espiritual— y, por tanto, es totalmente necesario que lo entendamos. Solo después de haber comunicado y entendido este contenido pueden las personas comprender el verdadero significado de las palabras “Dios es la fuente de vida para todas las cosas”. Y el objetivo de este tema es completar el tema de “Dios gobierna sobre todas las cosas, y Dios gestiona todas las cosas”. Cuando oigáis este tema, tal vez os pueda parecer extraño o increíble; sin embargo, independientemente de cómo os sintáis, ya que el mundo espiritual es una parte de todas las cosas gobernadas por Dios, debéis aprender algo de este tema. Después de hacerlo, tendréis una apreciación, un entendimiento y un conocimiento más profundos de las palabras “Dios es la fuente de vida para todas las cosas”.

1. Cómo gobierna y administra Dios el mundo espiritual

Para el mundo material, si las personas no entienden ciertas cosas o fenómenos, pueden abrir un libro y buscar la información relevante, o también pueden usar diversos canales para averiguar sus orígenes y la historia detrás de ellos. Pero cuando se trata del otro mundo del que estamos hablando hoy —el mundo espiritual que existe fuera del material—, las personas no tienen en absoluto medios o canales de aprendizaje sobre su historia interior y su verdad. ¿Por qué digo esto? Porque, en el mundo de la humanidad, todo lo del mundo material es inseparable de la existencia física del hombre y, como las personas sienten que todo en el mundo material es inseparable de su sustento y vida físicos, la mayoría de las personas solo son conscientes, o ven, las cosas materiales delante de sus ojos, las cosas que les son visibles. Pero cuando se trata del mundo espiritual, es decir, todo lo que es de ese otro mundo, es justo decir que la mayoría de las personas no creen. Eso ocurre porque es invisible para ellas, y creen que no hay necesidad de entenderlo ni de saber nada sobre el mismo, por no hablar de cómo este mundo espiritual es un mundo completamente diferente al material. Para Dios está abierto, pero para la humanidad está escondido y cerrado, y por tanto las personas tienen dificultades para encontrar un canal por medio del cual entender los diversos aspectos de este mundo. Las cosas que voy a decir sobre el mundo espiritual solo conciernen a la administración y la soberanía de Dios. Por supuesto, también tienen relación con el desenlace y el destino del hombre; pero no voy a revelar misterios ni a contaros ninguno de los secretos que deseáis descubrir, porque esto concierne a la soberanía, la administración y la provisión de Dios y, como tal solo puedo hablar de la parte que es necesario que conozcáis.

Primero, dejad que os haga una pregunta: en vuestra mente, ¿qué es el mundo espiritual? En un sentido general, es un mundo que está fuera del material, invisible e impalpable para las personas. Pero en vuestra imaginación, ¿qué tipo de mundo debería ser el espiritual? Quizás, como consecuencia de no ser capaz de verlo, no podéis imaginarlo. Sin embargo, cuando oigáis leyendas sobre él, seguiréis pensando, no seréis capaces de deteneros. ¿Y por qué digo esto? Hay algo que les ocurre a muchas personas cuando son jóvenes: cuando alguien les cuenta una historia aterradora, sobre fantasmas, almas, se asustan mucho. ¿Y por qué se asustan? Porque están imaginándose esas cosas; aunque no pueden verlas, sienten que están por toda su habitación, en algún lugar oculto u oscuro, y tienen tanto miedo que no se atreven a dormir. Especialmente por la noche, no se atreven a estar solos en la habitación o en el jardín. Ese es el mundo espiritual de vuestra imaginación, y es un mundo que las personas piensan que es aterrador. Todo el mundo tiene algo de imaginación, y todo el mundo puede sentir algo.

Comencemos con el mundo espiritual. ¿Qué es el mundo espiritual? Permitidme daros una explicación breve y simple: el mundo espiritual es un lugar importante, diferente del mundo material. ¿Y por qué digo que es importante? Vamos a hablar sobre esto en detalle. La existencia del mundo espiritual está inextricablemente vinculada al mundo material de la humanidad. Desempeña un papel importante en el ciclo humano de la vida y la muerte en el dominio de Dios sobre todas las cosas; este es su papel, y una de las razones por la que su existencia es importante. Como es un lugar indiscernible para los cinco sentidos, nadie puede juzgar con exactitud si existe o no. Los acontecimientos del mundo espiritual están íntimamente relacionados con la existencia de la humanidad, y su consecuencia es que la forma de vida de esta se ve también inmensamente influenciada por el mundo espiritual. ¿Tiene esto relación con la soberanía de Dios? Sí. Cuando digo esto, entendéis por qué estoy exponiendo este tema: porque concierne a la soberanía de Dios y Su administración. En un mundo como este, invisible para las personas, todos sus edictos, decretos y su sistema administrativo celestial son mucho más elevados que las leyes y los sistemas de cualquier país del mundo material, y ningún ser que vive en este mundo se atrevería a contravenirlos o arrogárselos. ¿Tiene esto relación con la soberanía y la administración de Dios? En este mundo existen decretos administrativos claros, edictos celestiales claros y estatutos claros. En diferentes niveles y ámbitos, los agentes judiciales se rigen por su obligación y observan normas y regulaciones, porque saben cuál es la consecuencia de violar un edicto celestial, son claramente conscientes de cómo Dios castiga el mal y recompensa el bien, y de cómo administra Él todas las cosas, cómo las gobierna y, además, ven claramente cómo lleva a cabo Sus edictos y estatutos celestiales. ¿Son estos diferentes del mundo material habitado por la humanidad? Son inmensamente diferentes. Es un mundo completamente diferente al material. Como hay edictos y estatutos celestiales, concierne a la soberanía y administración de Dios y, además, al carácter de Dios y a lo que Él tiene y es. Habiendo oído esto, ¿no sentís que es muy necesario que Yo hable de este tema? ¿No deseáis aprender sus secretos? Tal es el concepto del mundo espiritual. Aunque coexiste con el mundo material y está simultáneamente sujeto a la administración y la soberanía de Dios, la administración y la soberanía de este mundo por parte de Él son mucho más estrictas que las del mundo material. Cuando lleguemos a los detalles, deberíamos empezar con cómo el mundo espiritual es responsable de la obra del ciclo humano de la vida y la muerte, porque esta es una parte importante de la obra de los seres del mundo espiritual.

En la humanidad, clasifico a todas las personas en tres tipos. El primero es el de los no creyentes, los que no tienen creencias religiosas. Se les llama incrédulos. La inmensa mayoría de ellos solo cree en el dinero, solo busca sus propios intereses, son materialistas, y solo creen en el mundo material, no en el ciclo de la vida y la muerte ni en ningún relato de deidades y fantasmas. Los catalogo como los incrédulos, y son el primer tipo. El segundo tipo son las diversas personas de fe aparte de los incrédulos. En la humanidad, divido a estas personas de fe en varios tipos principales: el primero son los judíos, el segundo los católicos, el tercero los cristianos, el cuarto los musulmanes y el quinto los budistas; hay cinco tipos. Estos son los diversos tipos de personas de fe. El tercer tipo son los que creen en Dios, y es el que está relacionado con vosotros. Esta clase de creyentes son aquellos que siguen a Dios hoy. Estas personas se dividen en dos tipos: las personas escogidas por Dios y los hacedores de servicio. ¡Correcto! Estos tipos principales se han diferenciado claramente. Por tanto, ahora sois capaces de diferenciar claramente en vuestras mentes los tipos y clasificaciones de humanos. Los primeros son los incrédulos; he dicho lo que son estos. Muchos incrédulos solo creen en el Viejo Hombre en el Cielo; creen que este controla el viento, la lluvia y el trueno, y confían en él a la hora de plantar cultivos y de la cosecha; sin embargo, cuando se menciona la creencia en Dios se muestran reacios. ¿Puede llamarse esto creencia en Dios? Tales personas están incluidas entre los incrédulos. Los que no creen en Dios y solo lo hacen en el Viejo Hombre en el Cielo son todos incrédulos; todos aquellos que no creen en Dios ni siguen a Dios, lo son. El segundo tipo son los que pertenecen a las cinco religiones principales y creen en un Dios confuso. El tercer tipo son los que creen en el Dios práctico que se ha hecho carne durante los últimos días: los que siguen a Dios hoy. ¿Y por qué he dividido a todos los humanos en estos tipos? (Porque tienen un destino y un final diferente.) Ese es un aspecto. Porque, cuando estas diferentes razas y tipos de personas vuelvan al mundo espiritual, tendrán cada una un lugar distinto al que ir, se verán sujetos a diferentes leyes del ciclo de la vida y la muerte, y esta es la razón por la que he catalogado a los seres humanos en estos tipos principales.

1) El ciclo de la vida y la muerte de los incrédulos

Comencemos con el ciclo de la vida y la muerte de los incrédulos. Después de morir la persona, se la lleva un alguacil del mundo espiritual. ¿Qué es lo que se lleva? No su carne, sino su alma. Cuando esto ocurre, llega a un lugar que es una agencia del mundo espiritual, que recibe especialmente las almas de las personas que acaban de morir. (Nota: El primer lugar al que van después de que cualquier persona muera es extraño para el alma.) Después de llevarlo a este lugar, un oficial lleva a cabo las primeras comprobaciones, confirmando su nombre, dirección, edad y lo que hicieron con su vida. Todo lo que hizo en su vida se registra en un libro y se verifica para comprobar su exactitud. Después de que todo se haya comprobado, la conducta y las acciones de la persona a lo largo de su vida se utilizan para determinar si será castigada o continuará reencarnándose como una persona, que es la primera etapa. ¿Da miedo esta primera etapa? No da demasiado miedo, porque lo único que ha ocurrido es que la persona ha llegado a un lugar sombrío y poco familiar. Eso no asusta demasiado.

En la segunda etapa, si esta persona ha hecho muchas cosas malas a lo largo de su vida, si ha cometido muchos actos malvados, la llevarán a un lugar de castigo para ser castigada. Allí es donde la llevarán, a un lugar expresamente para el castigo de las personas. Los detalles de cómo serán castigadas depende de los pecados cometidos, y de cuántas cosas malvadas hicieron antes de morir, que es la primera situación que acontece en la segunda etapa. Por las cosas que hicieron y el mal que cometieron antes de morir, cuando se reencarnan después de su castigo —cuando nacen otra vez en el mundo material—, algunas personas seguirán siendo humanas y otras pasarán a ser animales. Es decir, después de que una persona vuelva al mundo espiritual, recibe el castigo por el mal que ha cometido; además, por las cosas malvadas que ha hecho, en su siguiente reencarnación no será un ser humano, sino un animal. El abanico de animales en los que podrían convertirse incluye vacas, caballos, cerdos y perros. Algunas personas podrían pasar a ser un pájaro en el cielo, un pato o un ganso… Después de haberse reencarnado como un animal, cuando muere regresa al mundo espiritual y, como antes, según su comportamiento antes de morir, el mundo espiritual decidirá si se reencarna o no como una persona.

La mayoría de las personas comete muchas maldades, sus pecados son muy graves, y por ello al reencarnarse lo hacen en un animal de siete a doce veces. ¡De siete a doce veces! ¿No es aterrador? ¿Qué es aterrador para vosotros? Una persona que se convierte en un animal, eso es aterrador. Y para una persona, ¿qué es lo más doloroso de transformarse en un animal? No tener lenguaje, tener solo pensamientos simples, ser capaz de hacer solamente las cosas que los animales hacen y comer lo que estos comen, tener la mentalidad simple y el lenguaje corporal de un animal, no ser capaz de caminar erguido, no ser capaz de comunicarse con los humanos, y ninguna conducta o actividad de los humanos tiene relación con los animales. Es decir, entre todas las cosas, ser un animal os convierte en los más inferiores de todas las cosas vivientes, y es mucho más doloroso que ser humano. Este es un aspecto del castigo del mundo espiritual para aquellos que han hecho mucho mal y que han cometido grandes pecados. En cuanto a la severidad del castigo, esta se decide según el tipo de animal que pasan a ser. Por ejemplo, ¿ser un cerdo es mejor que ser un perro? ¿Vive un cerdo mejor o peor que un perro? Peor, sin duda. Si las personas pasan a ser una vaca o un caballo, ¿vivirán mejor o peor que un cerdo? (Mejor.) Es como si dándote a elegir, tuvieras buen gusto. ¿Será más cómodo si alguien pasa a ser un gato? Lo será mucho más que ser un caballo o una vaca. Si pudierais elegir entre animales, escogeríais ser un gato, y eso es más cómodo, porque podríais pasar todo vuestro tiempo durmiendo. Ser una vaca o un caballo es más laborioso, y por tanto si las personas se reencarnan como una vaca o un caballo, tienen que trabajar duro; parece un duro castigo. Ser un perro es un poco mejor que ser vaca o caballo, porque un perro tiene una relación más estrecha con su amo. Aun más, hoy, ¡muchas personas tienen un perro y después de tres o cinco años este ha aprendido a entender mucho de lo que le dicen! Como un perro puede entender muchas palabras de su amo, tiene un buen entendimiento de este, y puede adaptarse a su estado de ánimo y sus exigencias, por lo que el amo trata mejor al perro, y este come y bebe mejor, y lo cuidan mejor cuando está enfermo; ¿no disfruta entonces el perro de una vida feliz? Así pues, ser un perro es mejor que ser una vaca o un caballo. Y así, la severidad del castigo de una persona determina cuántas veces se reencarna como un animal y en qué tipo de animal lo hace. Entendéis, ¿verdad?

Como cometieron tantos pecados cuando vivían, algunas personas serán castigadas reencarnándose en un animal entre siete y doce veces. Una vez castigadas un número suficiente de veces, cuando regresan al mundo espiritual son llevadas a otro lugar. Las diversas almas que hay allí ya han sido castigadas y son del tipo que se está preparando para reencarnarse como ser humano. Este lugar clasifica cada alma en un tipo según la clase de familia en la que nacerá, la clase de papel que desempeñará una vez reencarnada, etc. Por ejemplo, algunas personas serán cantantes cuando vengan a este mundo y, por tanto, se las coloca entre los cantantes; algunas serán personas de negocios cuando lo hagan, y por tanto se las coloca entre las personas de negocios; y si alguien va a ser investigador científico cuando sea humano, se le colocará entre los investigadores científicos. Después de ser clasificadas, cada una es enviada según un tiempo diferente y una fecha escogida, tal como las personas envían correos electrónicos hoy. Y así se completará un ciclo de vida y muerte, y es muy dramático. Desde el día en que una persona llega al mundo espiritual hasta que acaba su castigo, puede reencarnarse en un animal muchas veces, y seguidamente se prepara para reencarnarse en un ser humano; es un proceso completo.

¿Se enviará rápidamente al mundo material a quienes ya hayan terminado de ser castigados y no se reencarnarán más en animales, para que se conviertan en seres humanos? ¿O cuánto tiempo pasará antes de que puedan regresar entre los hombres? ¿Con qué frecuencia se reencarnan estas personas en seres humanos?[a] Existen restricciones temporales para esto. Todo lo que ocurre en el mundo espiritual está sujeto a las restricciones y reglas temporales adecuadas; si os lo explico con números, lo entenderéis. Para quienes se reencarnan en un corto período de tiempo, cuando mueren, se prepara su renacimiento como ser humano. El tiempo más corto es de tres días. Para algunas personas es de tres meses, para otras son tres años, treinta años, trescientos años, para algunas incluso tres mil años, y así sucesivamente. Por tanto, ¿qué puede decirse sobre estas reglas temporales, y cuáles son sus detalles? La llegada de un alma al mundo material, el mundo del hombre, se basa en la necesidad: se produce según el papel que esta alma debe desempeñar en este mundo. Cuando las personas se reencarnan en una persona ordinaria, la mayor parte de ellas lo hacen muy pronto, porque el mundo del hombre tiene una necesidad imperiosa de tales personas corrientes y, por ello, tres días después son enviadas a una familia completamente diferente de la que tuvieron antes de morir. Sin embargo, algunas tienen que desempeñar un papel especial en este mundo. “Especial” significa que no hay una gran demanda de estas personas en el mundo del hombre; no se necesitan muchas personas para desempeñar dicho papel y, por tanto, pueden pasar trescientos años antes de reencarnarse[b]. Es decir, esta alma solo vendrá cada trescientos años, o incluso cada tres mil. ¿Y por qué es así? Porque durante trescientos o tres mil años, ese papel no se requiere en el mundo del hombre, y por ello se quedan en alguna parte del mundo espiritual. Por ejemplo, Confucio. Él tuvo un profundo impacto en la cultura tradicional china. Probablemente todos lo conocéis; su llegada tuvo un profundo efecto en la cultura, el conocimiento, la tradición y el pensamiento de las personas de aquella época. Pero una persona así no es necesaria en cada era, y por tanto tuvo que permanecer en el mundo espiritual y esperar allí trescientos o tres mil años antes de reencarnarse. Como el mundo del hombre no necesitaba a alguien así, tuvo que esperar ociosamente, porque había muy pocos papeles como el suyo y poco que hacer para él. Por consiguiente, tenía que permanecer en el mundo espiritual durante la mayor parte del tiempo, desocupado, hasta que lo enviaran cuando el mundo del hombre tuviera necesidad de él. Así son las normas temporales del reino espiritual para la frecuencia con la que la mayoría de las personas se reencarnan. Tanto si son personas corrientes como si son especiales, el mundo espiritual tiene reglas adecuadas y prácticas correctas para el procesamiento de la reencarnación de las personas, y estas reglas y prácticas proceden de Dios, Él las envía, y ningún alguacil o ser del mundo espiritual las decide ni controla. Ahora lo entendéis, ¿verdad?

Para cualquier alma, el papel que desempeña después de reencarnarse —el papel que tiene en esta vida—, la familia en la que nace y cómo es su vida está estrechamente relacionado con su vida pasada. Todos los tipos de persona vienen al mundo del hombre, y los papeles que desempeñan son diferentes, así como las tareas que llevan a cabo. ¿Y qué tareas son estas? Algunas personas vienen a pagar una deuda: si debían demasiado dinero a otros en su vida anterior, pagan una deuda. En cambio, otras han venido a cobrar una deuda: las estafaron demasiadas cosas y demasiado dinero en su vida anterior, y por eso cuando llegan al mundo espiritual, este les hará justicia y les permitirá cobrar su deuda en esta vida. Algunas personas han venido para pagar una deuda de gratitud: durante su vida anterior —antes de morir—, alguien fue bueno con ellas, y en esta vida se les ha dado una gran oportunidad de reencarnarse y, por tanto, nacen de nuevo para devolver esta deuda de gratitud. Otras, sin embargo, han vuelto a nacer en esta vida para reclamar una vida. ¿La vida de quién? La de la persona que las mató en su vida anterior. En resumen, la vida presente de cada persona guarda una estrecha relación con su vida anterior, están inseparablemente conectadas. Es decir, la vida presente de cada persona se ve inmensamente afectada por la anterior. Por ejemplo, antes de morir, Zhang estafó a Li una gran cantidad de dinero. ¿Tiene, pues, Zhang una deuda con Li? Si la tiene, ¿es natural que Li recupere esa deuda de Zhang? Así pues, después de morir, existe una deuda entre ellos que debe saldarse; cuando se reencarnen y Zhang vuelva a ser humano, ¿cómo recuperará Li su deuda de él? Una forma es que Li recupere la deuda naciendo como hijo de Zhang, y que este sea su padre. Esto sería lo que ocurre en esta vida, en la presente. Zhang, el padre de Li, gana mucho dinero y Li lo despilfarra. Por mucho dinero que gane Zhang, su hijo Li le “ayuda” a gastarlo. Por mucho que gane Zhang, nunca es suficiente; por alguna razón, su hijo acaba siempre gastando el dinero de su padre de diferentes maneras y medios. Zhang está desconcertado: “¿Qué está pasando? ¿Por qué ha sido mi hijo siempre un gafe? ¿Por qué son tan buenos los hijos de otras personas? ¿Por qué no tiene mi hijo ambición? ¿Por qué es tan inútil e incapaz de ganar dinero? ¿Por qué tengo que mantenerlo siempre? Mientras tenga que mantenerlo lo haré, ¿pero por qué necesita siempre más dinero, por mucho que le dé? ¿Por qué no puede tener un trabajo diario honrado? ¿Por qué es un holgazán, que come, bebe, va a prostíbulos, apuesta y todo eso? ¿Qué demonios está pasando?”. Zhang piensa entonces por un momento: “¿Será porque le debía algo en la vida pasada? Ah, podría ser que yo tuviera una deuda con él en la vida anterior. Bien, entonces, ¡la pagaré! ¡Esto no acabará hasta que la pague en su totalidad!”. Puede que llegue el día en que Li recupere realmente su deuda, y cuando tenga cuarenta o cincuenta años, llegará el día en que se arrepienta: “¡No he hecho ni una sola cosa buena durante la primera mitad de mi vida! He despilfarrado todo el dinero que mi padre ganó; ¡debería ser una buena persona! Me armaré de valor: seré alguien honesto, que vive apropiadamente, ¡y nunca más entristeceré a mi padre!”. ¿Por qué piensa esto? ¿Por qué cambia repentinamente a mejor? ¿Existe una razón para ello? ¿Cuál es la razón? En realidad, es porque ha recuperado su deuda; esta ha sido pagada. Y así, hay causa y efecto. La historia empezó hace mucho, mucho tiempo, antes de que ambos nacieran y, por tanto, esta historia de su vida pasada se ha traído hasta la presente, y ninguno puede culpar al otro. Por muchas cosas que Zhang enseñara a su hijo, este nunca escuchaba y nunca hizo un trabajo diario honrado; sin embargo, el día en que se saldó la deuda, no hubo necesidad de enseñarle; su hijo entendió de forma natural. Este ejemplo es simple, y sin duda hay otros muchos. ¿Y qué les dice a las personas? (Que deberían ser buenos.) Que no deberían hacer el mal, ¡y que habrá retribución para las maldades! La mayor parte de los incrédulos, como puedes ver, comete muchas maldades, y sus fechorías acaban encontrando la retribución, ¿verdad? ¿Pero es esta retribución arbitraria? Todo lo que encuentra retribución tiene un trasfondo y una razón. ¿Piensas que no te pasará nada después de estafar dinero a alguien? ¿Piensas que después de haberles timado no habrá consecuencias para ti, tras haberte quedado con su dinero? Eso sería imposible: uno recibe lo que da; ¡esto es totalmente correcto! Es decir, independientemente de quiénes sean, de que crean o no que existe un Dios, las personas tienen que ser responsables de su conducta y cargar con las consecuencias de sus acciones. Con respecto a este ejemplo simple —Zhang es castigado, Li es retribuido—, ¿es justo? Lo es. Cuando las personas hacen cosas así, se produce ese tipo de resultado. ¿Y está separado de la administración del mundo espiritual? Es inseparable de ella. A pesar de la incredulidad de los que no creen en Dios, su existencia está sujeta a edictos y decretos celestiales de los que nadie puede escapar; por muy elevada que sea su posición en el mundo del hombre, nadie puede evitar esta realidad.

Los que no tienen fe creen a menudo que todo lo que se puede ver existe, y lo que no puede verse, o está muy lejos de las personas, no. Prefieren creer que no hay un “ciclo de la vida y la muerte”, que no hay “castigo”, y por tanto pecan y cometen maldades sin escrúpulos, tras lo cual son castigados, o se reencarnan en un animal. La mayoría de las diversas personas que componen el grupo de los incrédulos caen en este círculo vicioso. ¿Y por qué ocurre esto? Porque desconocen que el mundo espiritual es estricto en su administración de todos los seres vivientes. Tanto si crees como si no, esta realidad existe, porque ni una sola persona u objeto puede escapar del ámbito de lo observado por los ojos de Dios, y ni una sola persona u objeto pueden escapar de las reglas y limitaciones de los edictos celestiales y los decretos de Dios. Por eso te pongo este ejemplo simple; independientemente de si crees o no en Dios, es inaceptable pecar y cometer maldades; hay consecuencias, y esto es absoluto. Cuando alguien que le timó dinero a otro es castigado así, ese castigo es imparcial, razonable y justo. El mundo espiritual penaliza un comportamiento habitual como este y lo castiga por los decretos y los edictos celestiales de Dios, y una conducta tan malvada y profundamente criminal —violar y saquear, defraudar y engañar, robar y hurtar, asesinar y provocar incendios, etc.— está aún más sujeta a una variedad de castigos de diversa severidad. ¿Y qué incluyen estos castigos de severidad variada? Algunos de ellos utilizan el tiempo para establecer el nivel de severidad; unos lo hacen por medio de diferentes metodologías, y otros a través del lugar al que van las personas cuando se reencarnan. Por ejemplo, algunas personas son malhabladas. ¿A qué se refiere “malhablado”? Significa maldecir a los demás y emplear un lenguaje soez, que maldice a las personas. ¿Qué indica un lenguaje soez? Indica que quien lo emplea tiene un corazón necio. El lenguaje soez que maldice a las personas procede con frecuencia de la boca de tales personas, y viene acompañado de graves consecuencias. Después de que estas personas hayan muerto y recibido el castigo adecuado, pueden volver a nacer siendo mudos. Algunas personas son muy calculadoras cuando están vivas, suelen aprovecharse de los demás, sus pequeños ardides están particularmente bien planeados, y hacen muchas cosas que dañan a los demás. Cuando vuelven a nacer, pueden hacerlo como alguien estúpido o disminuido psíquico. Algunos espían a menudo la privacidad de otros; sus ojos ven muchas cosas que no deberían conocer, y saben muchas cosas que no deberían saber, por lo que cuando vuelven a nacer, pueden ser ciegos. Algunos son muy diestros cuando están vivos, pelean frecuentemente, y cometen mucha maldad y, por tanto, cuando vuelven a nacer pueden ser discapacitados, lisiados o mancos, jorobados o con el cuello torcido. Pueden caminar con cojera o tener una pierna más corta que la otra, etc. Y así, están sometidos a diferentes castigos según el nivel de maldad que cometieron mientras vivían. ¿Y qué me decís? ¿Por qué hay personas con los ojos torcidos? ¿Hay muchas personas así? Hoy las hay en cantidad. Algunos tienen los ojos torcidos porque en su vida pasada usaron demasiado sus ojos, hicieron demasiadas cosas malas, y por eso cuando nacen en esta vida sus ojos están torcidos, y en casos graves incluso están ciegos. ¿Piensas que es agradable mirar a estas personas que tienen los ojos torcidos? ¿Dan una buena impresión? Ves que tienen una buena estructura facial, su piel es clara y pálida, tienen los ojos grandes y los párpados dobles; pero desgraciadamente uno de sus ojos está torcido. ¿Qué aspecto tienen? ¿No afecta esto por completo a la apariencia de la persona? Y con este impacto, ¿qué tipo de vida tienen? Cuando conocen a otros, piensan de sí mismos: “¡Oh, tengo los ojos torcidos! No debo mirar tanto a las personas, no quiero que los vean. Tengo que hablar con la cabeza inclinada, no puedo mirarlos a la cara”. Sus ojos torcidos afectan a su forma de mirar las cosas, y a su capacidad de mirar a las personas a la cara. ¿No han perdido así el uso de sus ojos? ¿No se han compensado así los excesos de su vida anterior? Por tanto, en la siguiente vida, no se atreverán a hacer nada tan malo. ¡Esto es retribución!

Algunas personas se llevan bien con los demás antes de morir, hacen muchas cosas buenas por los que están a su alrededor, por sus seres queridos, sus amigos, sus colegas o por los que tienen relación con ellas. Ayudan a los demás, son caritativas y se preocupan por ellos, o los ayudan económicamente; otros tienen una buena opinión de ellos, y cuando estas personas vuelven al mundo espiritual no son castigadas. Que un incrédulo no sea castigado en forma alguna significa que fue una buena persona. En lugar de creer en la existencia de Dios, solo lo hace en el Viejo Hombre en el Cielo. Solo cree que hay un espíritu sobre él observando todo lo que él hace; eso es todo lo que cree. ¿Y cuál es el resultado? Se comporta mucho mejor. Estas personas tienen un corazón bueno y caritativo, y cuando regresan finalmente al mundo espiritual, este las tratará muy bien y pronto se reencarnarán y volverán a nacer. ¿Y a qué tipo de familia llegarán? Aunque no serán ricas, la vida familiar será tranquila, habrá armonía entre sus miembros, pasarán días felices y serenos, todos estarán gozosos y tendrán una buena vida. Cuando alcance la edad adulta, tendrá muchos hijos e hijas, y muchos parientes; sus hijos serán talentosos y disfrutarán del éxito, y ellos y su familia disfrutarán de una buena fortuna. Y ese resultado está muy conectado con la vida pasada de la persona. Es decir, toda su vida, hasta después de morir, adónde va cuando se reencarna, si es varón o mujer, cuál es su misión, qué cosas afrontarán en la vida, sus contratiempos, qué bendiciones disfrutan, a quién conocen, qué les pasará; nadie puede predecir esto, evitarlo ni esconderse de ello. Dicho de otro modo, después de que tu vida se haya establecido, en lo que te ocurre, por mucho que intentes evitarlo, y por cualquier medio que intentes eludirlo, no tienes forma de violar el curso vital que Dios ha establecido para ti en el mundo espiritual. Y es que cuando te reencarnas, el destino de tu vida ya se ha establecido. Sea bueno o malo, todos deben enfrentarse a esto, y tienen que seguir adelante; este es un asunto que nadie que vive en este mundo puede evitar, y ningún otro es más real. Bien, habéis entendido todo esto, ¿verdad?

Una vez comprendido esto, ¿veis que Dios tiene controles y una administración muy exigentes y rigurosos para el ciclo de la vida y de la muerte de los incrédulos? En primer lugar, Dios ha establecido diversos edictos celestiales, decretos y sistemas en el reino espiritual; después de la declaración de los mismos, estos se llevan a cabo tal como Dios los estableció, por seres que ocupan diversas posiciones oficiales en el mundo espiritual, y nadie se atreve a violarlos. Y así, en el ciclo de la vida y de la muerte de la humanidad en el mundo del hombre, tanto si alguien se reencarna como animal o como persona, existen leyes para ambos casos. Y al proceder estas leyes de Dios, nadie se atreve a quebrantarlas ni es capaz de hacerlo. El mundo material que las personas ven es regular y está ordenado únicamente por esa soberanía de Dios, y gracias a que estas leyes existen. Solo por esa soberanía de Dios la humanidad puede coexistir pacíficamente con el otro mundo que es del todo invisible para la humanidad, y puede vivir en armonía con él. Todo esto es inextricable desde la soberanía de Dios. Tras la muerte de la vida carnal de un alma, esta sigue viva. ¿Qué pasaría, pues, si no tuviera la administración de Dios? El alma vagaría por todo el lugar, entrometiéndose en todas partes, y dañaría incluso a las cosas vivientes en el mundo de la humanidad. Ese daño no solo se produciría contra la humanidad, sino también contra plantas y animales; pero las primeras en sufrir daño serían las personas. Si esto ocurriera, si dicha alma estuviera sin administración y realmente hiciera daño a las personas, y cometiera maldades, también se llevaría a cabo un tratamiento adecuado de la misma en el mundo espiritual: si las cosas fueran graves, el alma dejaría pronto de existir, sería destruida; de ser posible, se colocaría en algún lugar y se reencarnaría. Es decir, la administración de las diversas almas por parte del mundo espiritual se ordena y se lleva a cabo según unos pasos y unas reglas. Es solo gracias a esa administración que el mundo material del hombre no ha caído en el caos, que la humanidad del mundo material posee una mentalidad normal, una racionalidad normal y una vida carnal ordenada. Solo después de que la humanidad tenga una vida normal así serán capaces los que viven en la carne de continuar desarrollándose y reproduciéndose a lo largo de las generaciones.

¿Qué pensáis de las palabras que acabáis de oír? ¿Son nuevas para vosotros? ¿Y qué sentís después de que os haya dicho estas palabras hoy? Aparte de ser nuevas, ¿sentís algo más? Decidme. (Las personas deberían comportarse bien, y veo que Dios es grande y temible.) (Siento más reverencia hacia Dios; en el futuro seré más cauto cuando me ocurra algo, me comportaré mejor en lo que digo y hago.) (Habiendo oído la enseñanza de Dios acerca de cómo se ocupa Él del fin de diversos tipos de personas, en un aspecto siento que el carácter de Dios no permite ninguna ofensa, y que debería venerarlo a Él; y en otro aspecto, soy consciente de qué tipo de persona agrada a Dios, y cuál no, y por tanto quiero ser una de esas que le gustan.) ¿Veis que Dios tiene principios en Sus actos en este ámbito? ¿Cuáles son los principios por los cuales actúa? (Él establece el fin de las personas según todo lo que hacen.) Esto es en cuanto a los diversos finales para los incrédulos de los que acabamos de hablar. Cuando se trata de los incrédulos, ¿es el principio subyacente a las acciones de Dios el de recompensar a los buenos y castigar a los malvados? ¿Veis que hay un principio en las acciones de Dios? Deberíais ser capaces de ver que lo hay. Los incrédulos no creen realmente en Dios, no obedecen Sus orquestaciones y no son conscientes de Su soberanía, y mucho menos lo reconocen a Él. Y lo más grave, blasfeman contra Dios, y lo maldicen, y son hostiles hacia los que creen en Él. Aunque estas personas tienen semejante actitud hacia Dios, Su administración de ellas sigue sin desviarse de Sus principios; Él las administra de una forma ordenada de acuerdo con Sus principios y Su carácter. ¿Cómo considera Dios su hostilidad? ¡Como ignorancia! Y así ha hecho que estas personas —la mayoría de los incrédulos— se hayan reencarnado alguna vez como animales. Así pues, ¿qué dirías tú que son los incrédulos a los ojos de Dios? (Ganado.) A los ojos de Dios, son de ese tipo, son ganado. Dios administra el ganado y a la humanidad, y tiene los mismos principios para esta clase de personas. Incluso en la administración de estas por parte de Dios y Sus acciones hacia ellas, se sigue viendo Su carácter y las leyes para Su dominio sobre todas las cosas. Y así, ¿veis la soberanía de Dios en los principios por los cuales Él administra a los incrédulos de los que acabo de hablar? ¿Veis el carácter justo de Dios? (Lo vemos.) Veis la soberanía de Dios y Su carácter. Es decir, no importa de cuál de todas estas cosas se ocupe, Dios actúa de acuerdo con Sus propios principios y carácter. Esta es la esencia de Dios. Él no rompería descuidadamente con los decretos o edictos celestiales que estableció porque considere a este tipo de personas como ganado; Dios actúa según principios, sin el más mínimo desorden; Sus acciones no se ven afectadas en absoluto por ningún factor, y no importa lo que haga, todo se rige por Sus propios principios. Esto se decide por el hecho de que Dios tiene la esencia de Dios mismo, que es una esencia exclusiva no poseída por ningún ser creado. Dios es meticuloso y responsable en Su gestión, Su enfoque, Su dirección, Su administración y Su gobierno de cada objeto, persona y cosa viviente entre todas las cosas que creó, y nunca ha sido descuidado en esto. Para aquellos que son buenos, Él es misericordioso y bueno. A los que son malvados les inflige un castigo implacable; y para los diversos seres vivientes, hace disposiciones apropiadas de una forma oportuna y regular, de acuerdo con los diferentes requisitos del mundo de la humanidad en diferentes momentos, de forma que estos diversos seres vivientes se reencarnan según los papeles que desempeñan de una manera ordenada, y se mueven entre el mundo material y el espiritual de una forma ordenada. Esto es lo que la humanidad debería entender y conocer.

La muerte de un ser viviente, la terminación de una vida física, indica que el ser viviente ha pasado del mundo material al espiritual, mientras que el nacimiento de una nueva vida física indica que un ser viviente ha pasado del mundo espiritual al material y ha comenzado a acometer su papel, a desempeñar su papel. Tanto si es la partida como la llegada de un ser, ambas son inseparables de la obra del mundo espiritual. Cuando alguien llega al mundo material, Dios ya ha hecho disposiciones y definiciones apropiadas en el mundo espiritual para la familia a la que va, la era en la que llega, la hora en que lo hace y el papel que desempeña. Y, de esta forma, toda la vida de esta persona, las cosas que hace y las sendas que toma, procede de acuerdo con las disposiciones del mundo espiritual, sin el más mínimo error. En cambio, el momento en el que termina una vida física y la manera y el lugar en que lo hace son claros y discernibles para el mundo espiritual. Dios gobierna el mundo material y el espiritual, y no pospondrá el ciclo normal del alma de la vida y la muerte ni podrá cometer errores en las disposiciones de un ciclo de vida y muerte del alma. Cada uno de los alguaciles en los puestos oficiales del mundo espiritual lleva a cabo sus tareas, y hace lo que debería hacer, de acuerdo con las instrucciones y normas de Dios. Y así, en el mundo de la humanidad, todo fenómeno material observado por el hombre es ordenado, y no contiene caos. Todo esto se debe al gobierno ordenado de todas las cosas por parte de Dios, así como a que la autoridad de Dios lo domina todo, y todo aquello sobre lo que Él gobierna incluye el mundo material en el que vive el hombre y, además, el mundo espiritual invisible detrás de la humanidad. Por tanto, si la humanidad desea tener una buena vida, y desea vivir en un buen entorno, además de ser provista con todo el mundo material visible, debe serlo también con el espiritual, el que nadie puede ver, el que gobierna a todo ser viviente por causa de la humanidad, y que es ordenado. Por lo tanto, cuando se dice que Dios es la fuente de vida para todas las cosas, ¿no hemos añadido nuestra conciencia y entendimiento de “todas las cosas”?

2) El ciclo de la vida y la muerte de las diversas personas de fe

Acabamos de exponer el ciclo de la vida y de la muerte de la primera categoría: los incrédulos. Ahora, expongamos el de la segunda: las diversas personas de fe. “El ciclo de la vida y de la muerte de las diversas personas de fe” es también un tema muy importante, y es conveniente que tengáis algún entendimiento del mismo. Primero, hablemos de la fe a la que se refiere la “fe” en la expresión “personas de fe”: significa judaísmo, cristianismo, catolicismo, islam y budismo; estas cinco religiones principales. Además de los incrédulos, las personas que creen en estas cinco religiones ocupan una gran parte de la población del mundo. Entre estas cinco religiones, aquellos que han hecho una carrera de su creencia —seguidores que trabajan a tiempo completo para su fe— son pocos, aunque las mismas tienen muchos creyentes. Sus creyentes van a un lugar diferente cuando mueren. ¿“Diferente” de quién? De los incrédulos, las personas sin fe de las que acabamos de hablar. Después de morir, los creyentes de estas cinco religiones van a otro lugar, un lugar diferente al de los incrédulos. El mundo espiritual también emitirá un juicio sobre ellos con base en todo lo que hicieron antes de morir, tras lo cual serán procesados en consecuencia. ¿Pero por qué se pone a estas personas en otro lugar para procesarlas? Existe una razón importante para ello. ¿Y cuál es esta razón? Os lo contaré usando un ejemplo.

Tomemos el budismo: dejadme contaros una realidad. Un budista es, primeramente, alguien que se ha convertido al budismo, y es alguien que sabe cuál es su creencia. Cuando los budistas se cortan el pelo y se convierten en monje o monja, esto significa que se han apartado del mundo secular y han dejado atrás el clamor del mundo del hombre. Cada día cantan los sutras y solo comen comida vegetariana, viven una vida ascética, y pasan sus días acompañados por la luz fría y débil de la lámpara de mantequilla. Pasan toda su vida de esta manera. Cuando su vida física termina, hacen un resumen de la misma, pero en sus corazones no saben adónde irán tras morir, con quién se encontrarán ni qué final tendrán; en sus corazones no tienen claras estas cosas. No han hecho otra cosa que pasar toda su vida acompañados por una fe, tras lo cual parten del mundo acompañados por deseos e ideales ciegos. Tal es la terminación de su vida física cuando dejan el mundo de los vivos, y cuando su vida física ha terminado, vuelven a su lugar original en el mundo espiritual. Si estas personas se reencarnan o no para regresar a la tierra y continuar su autocultivación depende de su conducta y autocultivación anterior a su muerte. Si no hicieron nada malo durante su vida, se reencarnarán y serán enviados rápidamente a la tierra de nuevo, donde se afeitarán de nuevo la cabeza y se convertirán en monjes o monjas. Lo harán de tres a siete veces: según el procedimiento de la primera vez, su cuerpo físico se autocultiva, tras lo cual mueren y regresan al mundo espiritual donde son examinados. Después de esto, si no hay problemas, pueden volver una vez más al mundo del hombre, y continuar su autocultivación, lo que quiere decir que pueden convertirse una vez más al budismo y continuar su autocultivación. Después de reencarnarse de tres a siete veces, regresarán una vez más al mundo espiritual al que van cada vez que su vida física acaba. Si sus diversas cualificaciones y su conducta en el mundo humano concuerdan con los edictos celestiales del mundo espiritual, desde este punto en adelante permanecerán allí; ya no se reencarnarán más como seres humanos ni habrá riesgo alguno de que se les castigue por hacer el mal en la tierra. No experimentarán este proceso nunca más. En su lugar, según sus circunstancias, adoptarán una posición en el ámbito espiritual, que es aquello a lo que los budistas hacen referencia como la consecución de la inmortalidad. Ahora lo entendéis, ¿verdad? ¿Y a qué se refiere la “consecución de la inmortalidad” en el budismo? Significa pasar a ser un oficial del mundo espiritual, y que no haya más oportunidad de reencarnación o castigo. Más aún, significa no sufrir más la irritación de ser humano después de reencarnarse. ¿Existe, pues, alguna oportunidad para ellos de reencarnarse como un animal? Definitivamente no. ¿Y qué significa esto? Que permanecen para asumir un papel en el mundo espiritual y ya no se reencarnan más como persona. Este es un ejemplo de inmortalidad conseguida.

¿Y qué ocurre con aquellos que no consiguen la inmortalidad? Cuando regresan al mundo espiritual, el alguacil pertinente los examina y verifica, comprobando que no se han autocultivado diligentemente ni han sido meticulosos cantando los sutras tal como lo prescribe el budismo; en vez de ello, cometieron muchas maldades e hicieron muchas cosas impías. Cuando vuelven al mundo espiritual, se celebra un juicio por sus maldades, tras el cual son castigados. No hay excepciones en esto. Así pues, ¿cuándo conseguirá la inmortalidad esta clase de persona? En la vida en la que no hagan el mal; cuando, tras retornar al mundo espiritual, se vea que no hicieron nada malo antes de morir. ¡De acuerdo! Siguen reencarnándose, siguen cantando los sutras, pasan sus días con la luz fría y débil de la lámpara de mantequilla, no matan a ningún ser viviente, no comen carne ni participan en el mundo del hombre, dejando sus problemas muy atrás, y no teniendo disputas con otros. Durante este proceso, no hacen el mal, tras lo cual vuelven al mundo espiritual, y después de que todas sus acciones y su comportamiento se hayan examinado, son enviados una vez más al mundo del hombre, en un ciclo que tiene lugar de tres a siete veces. Si no se producen alteraciones durante los mismos, su consecución de la inmortalidad no se verá afectada, y tendrán éxito. Este es un rasgo del ciclo de la vida y la muerte de todas las personas de fe: pueden conseguir la inmortalidad, y asumir una posición en el mundo espiritual. Esto es lo que los hace diferentes de los incrédulos. Primeramente, cuando están vivos en la tierra, ¿cuál es la conducta de los que pueden asumir una posición en el mundo espiritual? No deben cometer ningún mal en absoluto: asesinato, incendios provocados, violación o saqueo; si cometen fraude, engaño, hurto o robo, no pueden conseguir la inmortalidad. Es decir, si tienen alguna relación o afiliación con hacer el mal, no podrán escapar del castigo del mundo espiritual. Este lleva a cabo disposiciones adecuadas para los budistas que consiguen la inmortalidad: se les puede asignar la administración de aquellos que parecen creer en el budismo, y el Viejo Hombre en el Cielo, y se dará una jurisdicción a los budistas, que podrán administrar a los incrédulos, o ser un alguacil muy menor. Tal asignación tiene lugar de acuerdo con la naturaleza de estas almas. Este es un ejemplo del budismo.

Entre las cinco religiones de las que hemos hablado, el cristianismo es en cierto modo especial. ¿Y qué es especial en el cristianismo? Son personas que creen en el Dios verdadero. ¿Cómo pueden enumerarse aquí los que creen en el Dios verdadero? Porque el cristianismo reconoce meramente que hay un Dios, y se oponen a Él y le son hostiles. Han clavado una vez más a Cristo en la cruz, y se han enemistado con la obra de Dios de los últimos días, con el resultado de que han quedado al descubierto y se han visto reducidos a un grupo de fe. Como el cristianismo es un tipo de fe, está, sin duda, únicamente relacionado con la fe: es una especie de ceremonia, de denominación, de religión y algo apartado de la fe de aquellos que siguen verdaderamente a Dios. La razón por la que lo he enumerado entre las cinco religiones principales es que el cristianismo se ha visto reducido al mismo nivel que el judaísmo, el budismo y el islam. La mayor parte de los cristianos no creen que exista un Dios, o que Él gobierne sobre todas las cosas; y mucho menos creen en Su existencia. En su lugar, se limitan a emplear las Escrituras para hablar sobre teología, sirviéndose de esta para enseñar a las personas a ser amables, a soportar el sufrimiento, y a hacer cosas buenas. El cristianismo es este tipo de religión: solo se concentra en teorías teológicas, no tiene absolutamente ninguna relación con la obra de Dios de gestionar y salvar al hombre, es la religión de aquellos que siguen a Dios pero a los que Él no reconoce. Sin embargo, Dios también tiene un principio para Su acercamiento a ellos. Él no los gestiona ni se ocupa de ellos de manera informal, a Su voluntad, del mismo modo que a los incrédulos. Su acercamiento a ellos es el mismo que a los budistas: si, mientras viven, los cristianos tienen autodisciplina, son capaces de regirse estrictamente por los Diez Mandamientos y los demás preceptos, y atenerse a las leyes en lo que estas exigen de su propia conducta, y si pueden hacer esto toda su vida, también tendrán que pasar la misma cantidad de tiempo pasando por los ciclos de la vida y de la muerte antes de alcanzar verdaderamente el presunto rapto. Después de conseguir este rapto, permanecen en el mundo espiritual, donde asumen una posición y pasan a ser uno de sus alguaciles. De igual manera, si perpetran maldades en la tierra, si son pecadores y cometen demasiados pecados, es inevitable que sean castigados y disciplinados con diversa severidad. En el budismo, conseguir la inmortalidad significa entrar en el Nirvana, ¿pero cómo lo llaman en el cristianismo? Se llama “entrar en el cielo” y ser “arrebatado”. Los que son verdaderamente arrebatados también pasan por el ciclo de la vida y de la muerte de tres a siete veces, tras lo cual, una vez muertos, vienen al mundo espiritual, como si se hubieran quedado dormidos. Si cumplen con los requisitos pueden quedarse y asumir un papel y, a diferencia de las personas en la tierra, no se reencarnarán de una forma simple ni según lo convencional.

Entre todas estas religiones, el final del que hablan y por el que se esfuerzan es el mismo que la consecución de la inmortalidad en el budismo, solo que se consigue por diferentes medios. Todos son del mismo tipo. A las personas de estas religiones que son capaces de guardar estrictamente los preceptos religiosos en su conducta, a este grupo de personas, Dios le da un destino adecuado, un lugar apropiado al que ir, y lo gestiona apropiadamente. Todo esto es razonable, pero no es como la gente imagina. Ahora, habiendo oído lo que les ocurre a los cristianos, ¿cómo os sentís? ¿Os sentís tristes por ellos? ¿Simpatizáis con ellos? (Un poco.) No hay nada que pueda hacerse; solo pueden culparse a sí mismos. ¿Por qué digo esto? La obra de Dios es verdadera, Él está vivo y es real, y Su obra tiene como objetivo a toda la humanidad y a toda persona; ¿por qué no aceptan esto los cristianos? ¿Por qué se oponen y persiguen a Dios como locos? Tienen suerte incluso de tener un final como este; ¿por qué sentís pena por ellos? Que se les trate de esta forma demuestra una gran tolerancia. Deberían ser destruidos con base en su grado de oposición a Dios; pero Él no lo hace, y simplemente trata al cristianismo de la misma forma que a una religión ordinaria. ¿Es, pues, necesario entrar en detalles sobre las otras religiones? ¿Cuáles son los valores de todas estas religiones? Que las personas sean buenas y no cometan maldades. Sufrir más dificultades, no hacer el mal, decir cosas agradables, hacer buenas obras, no maldecir a otros, no sacar conclusiones precipitadas sobre otros, distanciarse de las disputas, hacer buenas cosas, ser una buena persona; la mayoría de las enseñanzas religiosas son como estas. Y así, si estas personas de fe —estas personas de diversas religiones y denominaciones— son capaces de guardar estrictamente los preceptos religiosos, no cometerán grandes errores o pecados durante el tiempo que estén en la tierra, y después de reencarnarse de tres a siete veces, estas personas en general, los que son capaces de guardar estrictamente los preceptos religiosos, se quedarán para asumir un papel en el mundo espiritual. ¿Hay muchas personas así? No es fácil hacer el bien ni regirse por reglas y leyes religiosas. El budismo no permite a las personas comer carne; ¿podrías hacerlo? Si tuvieras que vestir túnicas grises y cantar sutras en un templo budista todo el día, ¿podrías hacerlo? No sería fácil. El cristianismo tiene los Diez Mandamientos y los demás preceptos; ¿son estos mandamientos y leyes fáciles de guardar? ¡No lo son! Veamos, por ejemplo, el maldecir a los demás: las personas son incapaces de cumplir esta norma, ¿verdad? Incapaces de frenarse, maldicen, y después de hacerlo ya no pueden volver atrás. ¿Y qué hacen entonces? ¡Confiesan sus pecados por la noche! No pueden refrenarse de maldecir a otros, y después de hacerlo sigue habiendo odio en sus corazones, y hasta llegan tan lejos como planear cuándo van a hacerles daño. En resumen, para los que viven en este dogma muerto, no es fácil dejar de pecar o cometer maldades. Y así, en cada religión, solo unas pocas personas pueden alcanzar la inmortalidad. ¡Piensas que como muchas personas siguen estas religiones, muchos serán capaces de quedarse para asumir un papel en el reino espiritual! Pero no son tantos; solo unos pocos son capaces de lograrlo. Generalmente es así para el ciclo de la vida y de la muerte de las personas de fe. Lo que las aparta es que pueden conseguir la inmortalidad, que es su diferencia con los incrédulos.

3) El ciclo de la vida y la muerte de las personas que siguen a Dios

Seguidamente, hablemos del ciclo de la vida y de la muerte de los que siguen a Dios. Esto os concierne, así que prestad atención. Primero, pensad en qué categorías pueden dividirse las personas que creen en Dios. Hay dos: las personas escogidas por Dios y los hacedores de servicio. En primer lugar, hablaremos de las personas escogidas por Dios, de las que solo hay unas pocas. ¿A qué se refiere “persona escogida por Dios”? Después de que Él creara todas las cosas y existiera la humanidad, Él seleccionó a un grupo de personas que lo siguieron, y simplemente las llamó “el pueblo escogido por Dios”. La elección de estas personas por Su parte tiene un ámbito y un sentido especiales. El ámbito es que deben venir cada vez que Dios hace una obra importante: la primera de las cosas que las hace especiales. ¿Y cuál es su sentido? Su selección por Dios significa que tienen una gran importancia. Es decir, Dios desea hacer completas a estas personas, y perfectas, y después de que haya terminado Su obra de gestión, Él ganará a estas personas. ¿No es grande esta importancia? Así pues, estas personas escogidas son de gran importancia para Dios, porque son las que Dios pretende ganar. En cuanto a los hacedores de servicio, partamos desde la predestinación de Dios, y hablemos primero de sus orígenes. El significado literal de “los hacedores de servicio” es alguien que sirve. Los que sirven son transitorios; no lo hacen a largo plazo ni eternamente, sino que son contratados o reclutados de forma temporal. La mayoría de ellos son escogidos de entre los incrédulos. Cuando vienen a la tierra se decreta que asumirán el papel de prestar servicio en la obra de Dios. Pueden haber sido un animal en su vida anterior, pero también uno de los incrédulos. Esos son los orígenes de los que prestan servicio.

Volvamos a las personas escogidas por Dios. Cuando mueren, van a un lugar completamente diferente al de los incrédulos y las diversas personas de fe. Es un lugar en el que están acompañados por ángeles y mensajeros de Dios, administrado personalmente por Él. Aunque, en este lugar, las personas escogidas por Dios no son capaces de mirarlo con sus propios ojos, es diferente a cualquier otro sitio en el reino espiritual; es un lugar al que este grupo de personas va después de morir. Cuando fallecen, ellas también se someten a una investigación por parte de los mensajeros de Dios. ¿Y qué se investiga? Los mensajeros de Dios investigan las sendas que toman estas personas a lo largo de sus vidas en su creencia en Dios, se hayan opuesto o no a Él durante ese tiempo, lo hayan maldecido o no, y hayan cometido o no pecados o maldades graves. Esta investigación plantea la pregunta de si la persona se va o se queda. ¿A qué se refiere “irse”? ¿Y “quedarse”? “Irse” se refiere a si se quedan o no en las filas de los escogidos por Dios en base a su conducta. “Quedarse” se refiere a que pueden permanecer entre las personas que Dios hace completas durante los últimos días. Él tiene disposiciones especiales para los que se quedan. Durante cada período de Su obra, Dios enviará personas para que actúen como apóstoles o hagan la obra de reavivar las iglesias, o cuidarlas. Pero las personas que son capaces de realizar tal obra no se reencarnan con tanta frecuencia como los incrédulos, que vuelven a nacer una y otra vez; en su lugar, vuelven a la tierra de acuerdo con las necesidades y los pasos de la obra de Dios, y no son los que se reencarnan con frecuencia. ¿Existen, pues, reglas que dicten cuándo se reencarnan? ¿Vienen una vez cada pocos años? ¿Vienen con esa frecuencia? No lo hacen. ¿En qué se basa esto? Se basa en la obra de Dios, en los pasos de Su obra y Sus necesidades, y no hay reglas. ¿Cuál es la única regla? Es que cuando Dios lleve a cabo la etapa final de Su obra durante los últimos días, estas personas escogidas vendrán en medio del hombre. Cuando vengan todas, esta será la última vez que se reencarnarán. ¿Y por qué ocurre esto? Esto se basa en el resultado que debe lograrse durante la última etapa de la obra de Dios, porque durante esta última etapa de la obra, Él hará totalmente completas a estas personas. ¿Qué significa esto? Si, durante esta fase final, estas personas son hechas completas y perfectas, no se reencarnarán como antes; el proceso de ser humano llegará a un final completo, así como también lo hará el proceso de reencarnación. Esto tiene relación con aquellos que permanecerán. ¿Adónde van entonces los que no pueden quedarse? Los que no pueden quedarse tienen un lugar apropiado al que ir. Primeramente —como con los otros—, como consecuencia de sus fechorías, los errores y pecados cometidos, ellos también son castigados. Después de castigarlos, Dios los envía con los incrédulos; según las circunstancias, Él dispondrá que estén entre los incrédulos o entre las diversas personas de fe. Es decir, tienen dos opciones: una es vivir quizás entre las personas de una cierta religión después del castigo, y la otra es pasar a ser un incrédulo. Si ocurre esto último, perderán toda oportunidad. Mientras que si pasan a ser una persona de fe, si, por ejemplo, se convierten en cristianos, seguirán teniendo la opción de volver a las filas de los escogidos por Dios; existen relaciones muy complejas en esto. En pocas palabras, si una de las personas escogidas por Dios hace algo que lo ofende, será castigada como cualquier otra. Veamos a Pablo, por ejemplo, del que hablamos anteriormente. Pablo es un ejemplo de los que son castigados. ¿Estáis captando una idea de lo que estoy hablando? ¿Es fijo el ámbito de las personas escogidas por Dios? (En su mayor parte sí.) Su mayor parte es fija, pero una pequeña parte no lo es. ¿Por qué? Porque han cometido maldades. Aquí, me he referido al ejemplo más obvio: cometer maldades. Cuando las personas lo hacen, Dios no las quiere, y cuando Dios no las quiere, las echa en medio de diversas razas y tipos de personas, lo que las deja sin esperanza, y dificulta su regreso. Todo esto tiene relación con el ciclo de la vida y la muerte del pueblo escogido por Dios.

Después está el ciclo de la vida y de la muerte de los hacedores de servicio. Acabamos de hablar de ellos; ¿cuáles son sus orígenes? (Algunos eran incrédulos, otros eran animales.) Quienes prestan servicio se reencarnaron de los incrédulos y los animales. Con la llegada de la última etapa de la obra, Dios ha seleccionado de los incrédulos un grupo de tales personas, y es un grupo especial. El objetivo de Dios al escoger a estas personas es que sirvan a Su obra. “Servicio” no es una palabra que suene muy elegante ni es algo que una persona esté dispuesta a hacer, pero debemos mirar a quién va dirigido. Hay un sentido especial en la existencia de los hacedores de servicio para Dios. Nadie más podría desempeñar su papel, porque Dios los escogió, y ahí es donde reside la importancia de su existencia. ¿Y cuál es el papel de estos que prestan servicio? Servir a las personas escogidas por Dios. Principalmente, su papel es servir a la obra de Dios, cooperar con esta y con la terminación de aquellas por Su parte. Independientemente de si están trabajando, desempeñando alguna obra o acometiendo ciertas tareas, ¿cuáles son los requisitos de Dios para estas personas? ¿Es muy exigente con ellas? (Él les pide que sean leales.) Los hacedores de servicio también deben ser leales. Independientemente de tus orígenes, o de por qué te escogió Dios, debes ser leal: debes ser leal a Dios, a lo que Él te comisiona, así como a la obra de la que eres responsable y las obligaciones que cumples. Si los hacedores de servicio son capaces de ser leales, y satisfacer a Dios, ¿cuál será entonces su fin? Podrán permanecer. ¿Es una bendición ser alguien que presta servicio y que permanece? ¿Qué significa permanecer? ¿Qué significa esta bendición? En estatus parecen diferentes a las personas escogidas por Dios, parecen distintas. En realidad, sin embargo, ¿no es lo que disfrutan en esta vida lo mismo que las personas escogidas por Dios? Como mínimo, en esta vida es lo mismo. No niegas esto, ¿verdad? Las declaraciones de Dios, Su gracia, Su provisión, Sus bendiciones; ¿quién no disfruta estas cosas? Todos disfrutan de tal abundancia. La identidad de quien presta servicio es servir, pero para Dios, están entre todas las cosas que Él creó, solo que su papel es prestar servicio. Por tanto, ¿qué dices tú? Como una de las criaturas de Dios, ¿existe diferencia entre quien presta servicio y las personas escogidas por Dios? En efecto, no la hay. Hablando nominalmente, hay una diferencia, en esencia también, en términos del papel que desempeñan también, pero Dios no discrimina a estas personas. ¿Por qué se las define entonces como quienes prestan servicio? Deberíais entender esto. Los hacedores de servicio provienen de los incrédulos. La mención de estos nos dice que su pasado es malo: son todos ateos, en su pasado lo fueron, no creían en Dios y eran hostiles hacia Él, la verdad y las cosas positivas. No creían en Dios y no creían que hubiera un Dios, ¿pueden entender por tanto las palabras de Dios? Es justo decir que, en gran medida, no pueden hacerlo. Del mismo modo que los animales son incapaces de entender las palabras humanas, los que prestan servicio no entienden lo que Dios está diciendo, lo que Él requiere, por qué pone semejantes exigencias; estas cosas son incomprensibles para ellos, que permanecen en la ignorancia. Y, por esta razón, estas personas no poseen la vida de la que hemos hablado. Sin vida, ¿pueden entender las personas la verdad? ¿Están equipadas con la verdad? ¿Están equipadas con la experiencia y el conocimiento de las palabras de Dios? Sin duda no. Tales son los orígenes de los hacedores de servicio. Pero como Dios hace que estas personas presten servicio, sigue habiendo estándares para Sus exigencias hacia ellas; Él no las mira con desdén ni es indiferente con ellas. Aunque no entiendan Sus palabras y no tengan vida, Dios sigue siendo bueno con ellas, y sigue habiendo estándares de Sus exigencias para ellas. Acabáis de hablar de los mismos: ser leal a Dios, y hacer lo que Él dice. En tu servicio debes servir donde seas necesario, y debes hacerlo hasta el final. Si puedes servir hasta el final, si puedes prestar servicio con lealtad y eres capaz de hacerlo hasta el final, de completar perfectamente la comisión que Dios te ha dado, vivirás una vida de valor, y podrás permanecer. Si pones un poco más de esfuerzo, si lo intentas con más fuerza, eres capaz de doblar tus esfuerzos para conocer a Dios, puedes hablar un poco del conocimiento de Él, puedes dar testimonio de Él y si, además, puedes entender algo de Su voluntad, puedes cooperar en Su obra y ser de alguna forma consciente de Su voluntad, tú, el que presta servicio, tendrás un cambio de fortuna. ¿Y cuál será este cambio de fortuna? Dejarás de ser capaz de permanecer sencillamente. Basándose en tu conducta y en tus aspiraciones y tus búsquedas personales, Dios te convertirá en uno de los escogidos. Este será tu cambio de fortuna. Para los que prestan servicio, ¿qué es lo mejor de esto? Es que puedan llegar a ser una de las personas escogidas por Dios. ¿Y qué significa que se conviertan en una de las personas escogidas por Dios? Significa que ya no se reencarnan más como animal tal como ocurre con el incrédulo. ¿Es eso bueno? Lo es, y son buenas noticias. Es decir, los hacedores de servicio pueden moldearse. No es el caso de que, para quien presta servicio, cuando Dios te destina a servir, lo harás eternamente; eso no es necesariamente así. Basándose en tu conducta individual, Dios te tratará y te contestará de forma diferente.

Sin embargo, algunos de los hacedores de servicio son incapaces de servir hasta el final; durante su servicio, algunos se rinden a mitad de camino y abandonan a Dios, algunos hacen muchas cosas malas, y otros incluso causan un daño y un deterioro tremendos a la obra de Dios; algunos hasta llegan a maldecir a Dios, y así sucesivamente; ¿y qué significan estas consecuencias irremediables? Cualquiera de tales actos malvados significa la finalización de su servicio. Es decir, como tu conducta durante tu servicio ha sido demasiado deficiente, como te has excedido, cuando Dios vea que tu servicio no cumple los requisitos te despojará de tu elegibilidad para servir, no te dejará hacerlo, te quitará de delante de Sus ojos y de la casa de Dios. ¿Acaso no es que no quieres servir? ¿No deseas siempre hacer el mal? ¿No eres siempre infiel? Bien, entonces hay una solución fácil: se te despojará de tu elegibilidad para servir. Para Dios, despojar a quien presta servicio de su elegibilidad para servir significa que se ha proclamado el final de esta persona, y de esta forma, ya no se le podrá elegir más para servir a Dios, Él ya no necesita más su servicio, y por muchas cosas agradables que diga sus palabras serán en vano. Cuando las cosas han llegado a este punto, la situación se ha vuelto irremediable; los que prestan servicio así no tienen vuelta atrás. ¿Y cómo trata Dios a estas personas? ¿Hace simplemente que dejen de servir? No. ¿Impide simplemente que permanezcan? ¿O los pone a un lado, y espera que rectifiquen? No lo hace. Dios no es tan amoroso con los hacedores de servicio, de verdad. Por tanto, si una persona tiene este tipo de actitud en su servicio a Dios, como consecuencia de esta actitud Él la despojará de su elegibilidad para servir, y la echará de nuevo con los incrédulos. ¿Y cuál es el destino de quien presta servicio y ha sido echado con los incrédulos? Es el mismo que el de estos: reencarnarse como un animal y recibir el castigo de los incrédulos en el mundo espiritual. Y Dios no tendrá ningún interés personal en su castigo, porque ya no tendrán ninguna relevancia para Su obra. Este no es solo el final de su vida de fe en Dios, sino también el de su propio destino, la proclamación de este y, por tanto, si los que prestan servicio lo hacen deficientemente, tendrán que cargar con las consecuencias. Si uno de ellos es incapaz de servir hasta el final o es despojado de su elegibilidad para servir a mitad de camino, será echado entre los incrédulos; y, si esto ocurre, será tratado como el ganado, y de la misma forma como las personas sin intelecto o racionalidad. Cuando lo expreso así, lo entendéis, ¿verdad?

Así es la gestión de Dios del ciclo de la vida y de la muerte de Sus personas escogidas y los hacedores de servicio. ¿Cómo os sentís después de haber oído esto? ¿He hablado alguna vez del tema que acabo de mencionar, el de las personas escogidas por Dios y los hacedores de servicio? Lo he hecho realmente, pero no lo recordáis. Dios es justo con Sus personas escogidas y los hacedores de servicio. Es justo en todos los aspectos; de esto no hay duda. Quizás haya personas que dirán: “Bien, ¿entonces por qué es Dios tan tolerante con los escogidos? ¿Y por qué solo es un poco paciente con los que prestan servicio?”. ¿Desea alguien defender a los hacedores de servicio? “¿Puede Dios dar más tiempo a los hacedores de servicio, y ser más paciente y tolerante con ellos?”. ¿Son correctas estas palabras? (No, no lo son.) ¿Y por qué no lo son? (Porque realmente se nos ha demostrado favor simplemente haciéndonos uno de los que prestan servicio.) ¡Ya se les ha demostrado favor simplemente permitiéndoles servir! Sin el calificativo “los hacedores de servicio”, y sin su obra, ¿dónde estarían estos? Entre los incrédulos, viviendo y muriendo con el ganado. ¡Qué grandes gracias disfrutan hoy, permitiéndoseles venir delante de Dios, y a Su casa! ¡Esta es una gracia tremenda! Si Dios no te hubiera dado la oportunidad de servir, nunca habrías tenido la oportunidad de venir delante de Él. Por decir algo, aunque alguien sea budista y haya conseguido la inmortalidad, como mucho eres un recadero en el mundo espiritual; nunca te encontrarás con Dios ni oirás Su voz, ni Sus palabras, ni sentirás Su amor y bendiciones para ti, y sin duda no podrás estar nunca cara a cara con Él. La única cosa delante de los budistas son las tareas simples. No pueden conocer a Dios en absoluto, y simplemente pueden cumplir y obedecer, ¡mientras los hacedores de servicio ganan mucho durante esta etapa de la obra! Primeramente, pueden venir cara a cara con Dios, oír Su voz, Sus palabras, y experimentar las gracias y bendiciones que Él da a las personas. Además, pueden disfrutar las palabras y verdades dadas por Él. ¡Realmente ganan mucho! ¡Muchísimo! Por tanto, si como alguien que presta servicio, ni siquiera puedes hacer el esfuerzo correcto, ¿seguiría Dios manteniéndote? ¡Él no pide mucho de ti! Dios no puede mantenerte. No haces nada de lo que Él pide de la forma adecuada, no has cumplido con tu obligación; por tanto, sin duda, Dios no puede mantenerte. Así es Su carácter justo. Él no te sobreprotege, pero tampoco te discrimina. Así son los principios por los cuales actúa Dios. Él actúa de esta forma con todas las personas y criaturas.

Cuando se trata del mundo espiritual, si los diversos seres que se encuentran en él hacen algo incorrecto, si no cumplen como es debido con su tarea, Dios tiene edictos y decretos celestiales correspondientes para ocuparse de ellos; esto es irrefutable. Por tanto, durante la obra de varios miles de años de gestión de Dios, algunos alguaciles que hicieron lo incorrecto fueron exterminados; algunos siguen hoy estando retenidos y siendo castigados. Esto es a lo que debe enfrentarse cada ser en el mundo espiritual. Si hacen algo erróneo o cometen maldades, se les castiga, que es exactamente lo mismo que la estrategia de Dios con Sus personas escogidas y los hacedores de servicio. Y así, tanto en el mundo espiritual como en el material, los principios por los que Dios actúa no cambian. Independientemente de si puedes ver o no las acciones de Dios, Sus principios no cambian. En todo momento, Él ha tenido los mismos principios en Su estrategia con todas las cosas y en Su gestión de estas. Esto es inmutable. Dios será benevolente con aquellos de entre los incrédulos que vivan de una manera relativamente adecuada, y guardará oportunidades con las personas de cada religión que se comporten bien y no hagan el mal, permitiéndoles desempeñar su papel en todas las cosas gestionadas por Él, y llevar a cabo lo que deberían hacer. De forma parecida, entre los que siguen a Dios, Sus personas escogidas, Él no discrimina a nadie según estos principios Suyos. Él es benevolente con todos los que son capaces de seguirlo sinceramente, y ama a todos los que lo hacen de forma sincera. Sencillamente, lo que Él concede a estos varios tipos de personas —los incrédulos, las diversas personas de fe y las escogidas por Él— es diferente. Veamos el caso de los incrédulos: aunque no creen en Dios, y Él los ve como ganado, entre todas las cosas cada uno de ellos tiene alimentos para comer, un lugar propio y un ciclo normal de vida y muerte. Los que hacen el mal son castigados, y los que hacen el bien son bendecidos y reciben la bondad de Dios. Así son las cosas. Para las personas de fe, si son capaces de regirse estrictamente por los preceptos religiosos cada vez que vuelven a nacer, después de todos esos nuevos renacimientos Dios les hará finalmente Su proclamación. De manera similar, en el caso de todos los que están sentados aquí hoy, ya sean personas escogidas por Él o los hacedores de servicio, Dios también los regularizará y determinará su final de acuerdo con las normativas y decretos administrativos que ha establecido. Mirad, entre estos diversos tipos de personas, los diversos tipos de personas de fe que pertenecen a las distintas religiones, ¿les ha proporcionado Dios un espacio para vivir? ¿Dónde está el judaísmo? ¿Ha interferido Dios en su fe? En absoluto. ¿Y qué ocurre con el cristianismo? Él no ha interferido en lo más mínimo. Él les permite ceñirse a sus propios procedimientos, y no habla con ellos ni les da ilustración alguna; tampoco les revela nada: “Si piensas que es correcto, ¡cree entonces de esta manera!”. Los católicos creen en María, y que por medio de ella se transmitieron las nuevas a Jesús; esta es su forma de creencia. ¿Y ha corregido Dios su fe alguna vez? Él les da rienda suelta, no les presta atención y les proporciona cierto espacio en el cual vivir. ¿Ocurre lo mismo con los musulmanes y los budistas? Él también ha establecido límites para ellos, y les permite vivir dentro de su propio espacio vital, sin interferir en su respectiva fe. Todo está bien ordenado. ¿Qué percibís en todo esto? Que Dios posee autoridad, pero que no abusa de ella. Él dispone todas las cosas en un orden perfecto, y es metódico; en esto reside Su sabiduría y omnipotencia.

Hoy hablamos de un tema nuevo y especial, concerniente a asuntos del mundo espiritual: es un aspecto de la administración de Dios del mundo espiritual y de Su dominio del mismo. Cuando no entendíais estas cosas, podíais haber dicho: “Todo lo que tiene que ver con esto es un misterio, y no tiene nada que ver con nuestra entrada en la vida; estas cosas están separadas de cómo viven realmente las personas, y no necesitamos entenderlas ni deseamos oír de ellas. No tienen relación en absoluto con conocer a Dios”. Ahora bien, ¿pensáis que pensar así supone algún problema? ¿Es un pensamiento correcto? No, no lo es, y plantea graves problemas. Esto se debe a que si deseas entender cómo gobierna Dios sobre todas las cosas, no puedes limitarte a entender únicamente lo que puedes ver y obtener por medio de tu pensamiento. También debes entender algo del otro mundo que es invisible para ti, pero que está inextricablemente vinculado a este que puedes ver. Esto concierne a la soberanía de Dios, al tema de “Dios es la fuente de vida para todas las cosas”; es información al respecto. Sin ella habría defectos y deficiencias en el conocimiento que las personas tienen de cómo Dios es la fuente de vida para todas las cosas. Así pues, se puede decir que lo que hemos hablado hoy ha redondeado lo que dijimos con anterioridad, así como el contenido de “Dios es la fuente de vida para todas las cosas”. Una vez entendido esto, ¿puedes conocer ahora a Dios por medio de este contenido? ¿Y qué es más importante? Hoy os he transmitido una información sumamente importante: el secreto de los hacedores de servicio. Sé que os gusta de verdad escuchar hablar de temas como este, que os preocupáis realmente por estas cosas; ¿os sentís, pues, satisfechos con lo que he hablado hoy? (Sí, nos sentimos satisfechos.) Puede que no tengáis una fuerte impresión de otras cosas, pero sí tenéis una impresión particularmente fuerte de lo que se ha dicho sobre los hacedores de servicio, porque este tema toca el alma de cada uno de vosotros.

2. Las exigencias de Dios a la humanidad

1) La identidad y el estatus de Dios mismo

Hemos llegado al final del tema de “Dios es la fuente de vida para todas las cosas”, y también del tema de “Dios es el único Dios mismo”. Siendo así, debemos hacer un resumen. ¿Qué clase de resumen? Uno sobre Dios mismo. Al tratar sobre Dios mismo, debe guardar relación con cada aspecto de Él, así como con la forma que tienen las personas de creer en Él. Así pues, primero tengo que preguntaros: una vez oída la predicación, ¿quién es el Dios en el centro de vuestra mente? (El Creador.) Según el centro de vuestra mente, es el Creador. ¿Hay algo más? Dios es el Señor de todas las cosas; Dios es el que gobierna sobre todas las cosas, y quien las administra. Él creó todo lo que hay, lo administra, y también gobierna sobre ello y provee para ello. Este es el estatus de Dios, y Su identidad. Para todas las cosas y para todo lo que hay, la verdadera identidad de Dios es el Creador, y el Gobernador de todas las cosas. Tal es la identidad poseída por Dios, y Él es único entre todas las cosas. Ninguna de las criaturas de Dios —tanto si están en medio de la humanidad como en el mundo espiritual— puede usar medios o excusa alguna para suplantar o reemplazar la identidad y el estatus de Dios, porque solo hay uno entre todas las cosas que posee esta identidad, poder, autoridad y la capacidad de gobernar sobre todas las cosas: nuestro único Dios mismo. Él vive y se mueve entre todas las cosas; puede ascender al lugar más elevado, sobre todas ellas; puede humillarse haciéndose hombre, uno de carne y hueso, enfrentarse cara a cara con las personas y compartir penas y alegrías con ellas; al mismo tiempo, Él ordena todo lo que existe, y decide el destino de todo lo que hay, y la dirección en la que se mueve; además, guía el destino de toda la humanidad, y su dirección. Todos los seres vivientes deben adorar, obedecer y conocer a un Dios como este. Por tanto, independientemente del grupo o tipo al que pertenezcas dentro de la humanidad, creer en Dios, seguir a Dios, venerarlo, aceptar Su dominio y Sus disposiciones para tu destino es la única opción, y la necesaria para cualquier persona, para cualquier ser viviente. En la singularidad de Dios, las personas ven que Su autoridad, Su carácter justo, Su esencia y los medios por los que Él provee para todas las cosas son todos únicos; Su singularidad determina la verdadera identidad de Dios mismo y Su estatus. Y, por tanto, entre todas las criaturas, si algún ser viviente en el mundo espiritual o en medio de la humanidad deseara estar en el lugar de Dios, eso sería imposible, como también lo sería tratar de suplantar a Dios. Esto es una realidad. ¿Cuáles son las exigencias para la humanidad de un Creador y Gobernador como este, que posee la identidad, el poder y el estatus de Dios mismo? Esto debería quedaros claro a todos los que estáis aquí hoy, deberíais recordarlo, ¡y es muy importante tanto para Dios como para el hombre!

2) Las diversas actitudes de la humanidad hacia Dios

El comportamiento de las personas hacia Dios determina su destino, cómo se comporta Él con ellas y cómo se ocupa de ellas. En este punto voy a daros algunos ejemplos de cómo se comportan las personas con Dios. Oigamos algo respecto a si las formas y las actitudes con las que se comportan hacia Dios son correctas o no. Consideremos la conducta de los siguientes siete tipos de personas:

a. Hay un tipo de personas cuya actitud hacia Dios es particularmente absurda. Piensan que Él es como un bodhisattva o ser santo de la tradición humana, que necesita que las personas se inclinen tres veces cuando se encuentran y quemen incienso después de haber comido. Y de esta forma, cuando en sus corazones están agradecidos a Dios por Su gracia, y le están agradecidos a Él, sienten con frecuencia un impulso. Por eso desean que el Dios en el que creen hoy pueda, como el ser santo que anhelan en sus corazones, aceptar la conducta hacia Él en la que se inclinan tres veces cuando se encuentran y queman incienso después de comer.

b. Algunas personas ven a Dios como un Buda viviente capaz de sacar a todos los vivos del sufrimiento, y de salvarlos; ven a Dios como un Buda viviente capaz de sacarlos del mar de la aflicción. La creencia de estas personas en Dios consiste en adorarlo como a un Buda. Aunque no queman incienso, no se arrodillan ni hacen ofrendas, en sus corazones su Dios es tan solo ese Buda, que únicamente pide que sean buenos y caritativos, que no maten a ningún ser vivo, que no maldigan a otros, que vivan una vida que parezca honesta, y que no hagan nada malo; solo estas cosas. Este es el Dios en sus corazones.

c. Algunas personas adoran a Dios como alguien grande o famoso. Por ejemplo, cualesquiera que sean los medios por los que a esta persona le gusta hablar, la entonación con la que lo hace, las palabras y el vocabulario que emplea, su tono, sus gestos con las manos, sus opiniones y acciones, su influencia, lo copian todo, y estas son cosas que deben llegar a generar por completo en el curso de su creencia en Dios.

d. Algunas personas ven a Dios como un monarca, sienten que Él está sobre todo lo demás, y nadie se atreve a ofenderle; y si lo hacen, serán penalizadas. Adoran a un monarca así, porque los monarcas ocupan cierto lugar en sus corazones. Los pensamientos, las maneras, la autoridad y la naturaleza de los monarcas, incluso sus intereses y su vida personal, todo ello pasa a ser algo que estas personas deben entender, asuntos y temas que les conciernen y, por tanto, adoran a Dios como un monarca. Dicha forma de creencia es ridícula.

e. Algunas personas tienen una fe particular en la existencia de Dios, una fe profunda e inquebrantable. Como su conocimiento de Dios es tan superficial y no tienen mucha experiencia de Sus palabras, le adoran como a un ídolo. Este ídolo es Dios en sus corazones, algo que deben temer, ante lo que deben inclinarse, algo que deben seguir e imitar. Ven a Dios como un ídolo, uno que deben seguir toda su vida. Copian el tono con el que Dios habla, y externamente imitan a aquellos que le gustan a Él. A menudo hacen cosas que parecen ingenuas, puras y honestas, e incluso siguen a este ídolo como a un socio o compañero del que nunca pueden deshacerse. Esa es su forma de creencia.

f. A pesar de haber leído muchas de las palabras de Dios y haber oído mucha predicación, algunos sienten en su corazón que el único principio de su conducta hacia Dios es que siempre deberían ser obsequiosos y aduladores, o bien alabar a Dios y elogiarlo de una forma poco realista. Creen que Dios es un Dios que les exige comportarse de esa forma, y que si no lo hacen pueden provocar en cualquier momento Su ira o pecar contra Él, y que como consecuencia del pecado Él los castigará. Ese es el Dios en su corazón.

g. Y después está la mayoría de las personas, que encuentra sustento espiritual en Dios. Como estas personas viven en este mundo, no tienen paz ni felicidad, y no encuentran alivio en ninguna parte. Después de encontrar a Dios, cuando han visto y oído Sus palabras, están gozosos y extasiados secretamente en su corazón. ¿Y por qué es esto? Creen haber encontrado por fin un lugar que les traerá felicidad, a un Dios que les proveerá sustento espiritual. Eso se debe a que, después de haber aceptado a Dios y empezar a seguirlo, son felices, sus vidas se realizan, y ya no son como los incrédulos que van como sonámbulos por la vida, como animales, y sienten que tienen algo que esperar de ella. Así pues, piensan que este Dios puede satisfacer sus necesidades espirituales y aportarles gran felicidad tanto mental como espiritual. Sin darse cuenta, son incapaces de abandonar a este Dios que les da sustento espiritual, que aporta felicidad a su espíritu y a toda su familia. Piensan que la creencia en Dios no debe hacer nada más que aportarles sustento espiritual.

¿Existen entre vosotros las actitudes de estas diversas personas? (Existen.) Si, en su creencia en Dios, el corazón de alguien contiene algunas de estas actitudes, ¿es capaz de venir sinceramente delante de Dios? Si alguien tiene alguna de estas actitudes en su corazón, ¿cree en Dios? ¿Cree en el único Dios mismo? Como no crees en el único Dios mismo, ¿en quién lo haces? Si eso en lo que crees no es el único Dios mismo, es posible que creas en un ídolo, en un gran hombre, o en un bodhisattva; que adores a Buda en tu corazón. Además, es posible que creas en una persona corriente. En resumen, debido a las diversas formas de creencia y a las actitudes de las personas hacia Dios, estas ponen en su corazón al Dios de su propio conocimiento, le imponen su imaginación, ponen sus actitudes y sus imaginaciones sobre Dios, a la misma altura que el único Dios mismo, y después las mantienen en alto para que sean ensalzadas. ¿Qué significa cuando las personas tienen actitudes tan impropias hacia Dios? Significa que han rechazado al verdadero Dios mismo y adoran a un Dios falso, y significa que al mismo tiempo que creen en Dios, lo rechazan y se oponen a Él, y niegan la existencia del Dios verdadero. Si las personas siguen aferrándose a tales formas de creencia, ¿cuál será la consecuencia para ellas? Con este tipo de creencia, ¿son capaces de acercarse aún más al cumplimiento de las exigencias de Dios? Todo lo contrario; debido a sus conceptos y fantasías, las personas se alejarán todavía más del camino de Dios, porque la dirección que buscan es la opuesta a la que Él requiere de ellas. ¿Habéis oído alguna vez la historia de “ir al sur llevando el carro hacia el norte”? Este bien puede ser el caso de ir hacia el sur conduciendo el carro hacia el norte. Si las personas creen en Dios de una forma tan ridícula, cuanto más intensamente lo intentes, más lejos correrás de Dios. Por tanto, os advierto esto: antes de ponerte en marcha, debes discernir si vas en la dirección correcta. Céntrate en tus esfuerzos, y asegúrate de preguntarte: “El Dios en el que creo, ¿es el Gobernador de todas las cosas? ¿Es este Dios en el que creo tan solo alguien que me da sustento espiritual? ¿Es Él mi ídolo? ¿Qué pide de mí este Dios en el que creo? ¿Aprueba Dios todo lo que hago? ¿Es conocer a Dios el objetivo de todo lo que hago y busco? ¿Concuerda esto con las exigencias de Dios para mí? ¿Reconoce y aprueba Dios la senda por la que camino? ¿Está Dios satisfecho con mi fe?”. Deberías plantearte estas preguntas a menudo y repetidas veces. Si deseas buscar el conocimiento de Dios, debes tener una conciencia y unos objetivos claros antes de poder satisfacerle.

¿Es posible que, como consecuencia de Su tolerancia, Dios acepte de mala gana estas actitudes impropias de las que acabo de hablar? ¿Podría Él elogiar las actitudes de estas personas? ¿Cuáles son las exigencias de Dios para la humanidad y para aquellos que le siguen? ¿Sabéis con claridad qué actitud exige Él de las personas? Hoy he dicho mucho, he hablado mucho sobre el tema de Dios mismo, así como de los hechos de Dios y lo que Él tiene y es. ¿Sabéis ahora qué desea obtener Él de las personas? ¿Sabes qué quiere Dios de ti? Hablad. Si vuestro conocimiento de las experiencias y la práctica siguen siendo insuficiente y muy superficial, podéis decir algo respecto a vuestro conocimiento de estas palabras. ¿Tenéis un conocimiento somero? ¿Qué pide Dios del hombre? (Lealtad, obediencia.) ¿Qué más, aparte de lealtad y obediencia? Los demás hermanos y hermanas también pueden hablar. (Durante estas varias enseñanzas, Dios ha insistido en requerir que le conozcamos, que conozcamos Sus hechos, que Él es la fuente de vida para todas las cosas, y nos ha pedido que conozcamos Su estatus e identidad, así como nuestra obligación como criaturas suyas. Él ha dicho palabras claras acerca de a qué deberíamos dedicar nuestros esfuerzos, qué exige Él de nosotros, qué clase de personas le gustan, y qué clase detesta.) ¿Y cuál es el resultado final cuando Dios pide que las personas le conozcan? (Saben que Dios es el Creador, y que las personas son seres creados.) Cuando consiguen tal conocimiento, ¿qué cambios se producen en la actitud de las personas hacia Dios, en su conducta y método de implementación, o su carácter vital? ¿Habéis pensado alguna vez sobre esto? ¿Podría decirse que, tras conocer a Dios y entenderle, se vuelven personas buenas? (La creencia en Dios no es buscar ser una buena persona.) ¿Qué clase de persona deben ser, pues? (Deben ser una criatura de Dios cualificada.) (Deben ser honestos.) ¿Hay algo más? (Deben ser personas que se sometan a las orquestaciones de Dios, que sean capaces de adorar y amar a Dios sinceramente.) (Deben poseer una conciencia y un sentido, y ser capaces de obedecer realmente a Dios.) ¿Y qué más? (Después de conocer a Dios verdadera y correctamente, podemos comportarnos con Dios como tal, sabremos para siempre que Dios es Dios, que somos seres creados; deberíamos adorar a Dios, y mantenernos en nuestra posición.) ¡Muy bien! Oigamos a otros. (Las exposiciones en comunicación de Dios nos permiten conocer Su autoridad en Su gobierno sobre todas las cosas, reconocer que Él es el Gobernador de todas las cosas, de forma que podemos someternos a los entornos que Él dispone para nosotros cada día, someternos realmente a la obligación que Él nos ha asignado.) (Conocemos a Dios, y somos finalmente capaces de ser personas que le obedecen y veneran verdaderamente, y se apartan del mal.) ¡Es correcto!

3) La actitud que Dios exige que la humanidad tenga hacia Él

En realidad, Dios no es muy exigente con la humanidad, o al menos, no tanto como las personas imaginan. Sin las declaraciones de Dios, o alguna expresión de Su carácter, Sus hechos o Sus palabras, conocerle sería extremadamente difícil para vosotros, para personas que tendrían que deducir el sentido y los propósitos de Dios, algo muy difícil para ellas. Pero en relación con la etapa final de Su obra, Él ha hablado muchas palabras, ha hecho gran cantidad de obras, y ha puesto muchas exigencias al hombre. En Sus palabras, y Su gran cantidad de obra, ha informado a las personas sobre lo que le gusta, lo que aborrece y qué tipo de personas deberían ser. Después de entender estas cosas, las personas deberían tener en su corazón una definición precisa de las exigencias de Dios, porque no creen en Él en medio de lo confuso y abstracto, y ya no creen más en el Dios confuso ni le siguen en medio de lo confuso, lo abstracto y la nada; en su lugar, las personas son capaces de oír las declaraciones de Dios, de entender los estándares de Sus exigencias y alcanzarlos, y Dios emplea el lenguaje de la humanidad para decir a las personas todo lo que deberían conocer y entender. Hoy, si las personas siguen sin ser conscientes de las exigencias de Dios para ellas, de lo que Él es, de por qué creen en Él y de cómo deberían creer en Él y comportarse con Él, hay un problema en ello. Justo ahora, cada uno de vosotros habló de un ámbito; sois conscientes de algunas cosas, específicas o generales; pero deseo comentaros las exigencias correctas, completas y específicas de Dios para la humanidad. Son solo unas pocas palabras, y muy simples. Puede que ya las conozcáis. Las exigencias correctas de Dios para la humanidad y para aquellos que lo siguen son las siguientes. Él exige cinco cosas a aquellos que lo siguen: creencia sincera, seguimiento leal, obediencia absoluta, conocimiento verdadero y reverencia sincera.

En estas cinco cosas, Dios exige que las personas no lo cuestionen más y que no lo sigan usando su imaginación o puntos de vista confusos y abstractos; no deben seguir a Dios con fantasías o ideas. Él exige que cada uno de los que lo siguen lo hagan lealmente, no con poco entusiasmo o sin compromiso. Cuando Dios te pone exigencias, o te prueba, te juzga, te trata y te poda, o te disciplina y te golpea, deberías obedecerlo de forma absoluta. No deberías preguntar la causa, o poner condiciones, y mucho menos hablar de la razón. Tu obediencia debe ser absoluta. Conocer a Dios es el ámbito en el que las personas son más deficientes. Con frecuencia imponen sobre Dios dichos, declaraciones y palabras que no tienen relación con Él, y creen que estas palabras son la definición más precisa del conocimiento de Dios. No saben que estos dichos, que proceden de la imaginación de las personas, de su propio razonamiento e intelecto, no tienen la más mínima relación con la esencia de Dios. Por tanto, quiero deciros que, en el conocimiento que Dios desea en las personas, Él no pide simplemente que lo reconozcas junto a Sus palabras, sino que tu conocimiento de Él sea correcto. Incluso si solo puedes decir una frase, o solo eres consciente de un poco, este poco de conciencia es correcto y verdadero, y compatible con la esencia de Dios mismo. Porque Él detesta la alabanza y los elogios hacia Él poco realistas y apresurados. Además, Él aborrece que las personas Le traten como al aire. Odia que, durante el debate de temas sobre Dios, las personas hablen con poca seriedad, a su antojo y sin dudarlo, según lo crean adecuado; además, odia a los que creen conocer a Dios, y se jactan de ello, exponiendo temas sobre Él sin contención ni reservas. La última de aquellas cinco exigencias era la reverencia sincera. Esta es la exigencia definitiva de Dios para todos los que lo siguen. Cuando alguien tiene el conocimiento correcto y verdadero de Dios, es capaz de venerarlo realmente y apartarse del mal. Esta reverencia procede de las profundidades de su corazón, y es voluntaria, y no porque Dios lo imponga. Él no pide que le regales una buena actitud, o conducta, o comportamiento externo, sino que te pide que lo veneres y le temas desde lo profundo de tu corazón. Esta reverencia se alcanza como consecuencia de cambios en tu carácter vital, porque tienes conocimiento de Dios, porque tienes un entendimiento de Sus hechos, por tu entendimiento de Su esencia, y porque has reconocido que eres una de Sus criaturas. Por tanto, Mi objetivo al emplear la palabra “sincera” para definir la reverencia aquí es que la humanidad entienda que la reverencia de las personas hacia Dios debería venir desde lo hondo de sus corazones.

Considerad ahora esas cinco exigencias: ¿hay alguno entre vosotros que pueda alcanzar las tres primeras? Me refiero a la creencia sincera, el seguimiento leal y la obediencia absoluta. ¿Hay alguno entre vosotros capaz de cumplir con estas cosas? Sé que si me refiriera a las cinco, indudablemente no lo sería nadie de vosotros; pero lo he reducido a tres. Pensad si las habéis logrado o no. ¿Es la “creencia sincera” fácil de alcanzar? (No, no lo es.) No es fácil, porque las personas cuestionan frecuentemente a Dios. ¿Es el “seguimiento leal” fácil de alcanzar? (No, no lo es.) ¿A qué se refiere este “leal”? (No ser poco entusiasta, sino decidido.) Sí, no ser poco entusiasta, sino decidido. ¡Habéis dado en el clavo! ¿Sois capaces, pues, de lograr esta exigencia? Tenéis que intentarlo con más fuerza; ¡en este momento aún tenéis que conseguirlo! ¿Y qué ocurre con la “obediencia absoluta”, la habéis conseguido? (No.) Tampoco la habéis conseguido. Sois frecuentemente desobedientes y rebeldes; a menudo no escucháis ni deseáis obedecer, ni queréis oír. Estas son las tres exigencias fundamentales logradas por las personas tras su entrada en la vida, y aún tenéis que conseguirlas en vosotros. Así pues, en este momento, ¿tenéis un gran potencial? Hoy, tras haberme oído decir estas palabras, ¿os sentís angustiados? (¡Sí!) Es correcto que os sintáis angustiados; ¡Yo me siento angustiado por vosotros! No me detendré en las otras dos exigencias; sin duda, nadie es capaz de lograrlas. Estáis angustiados. ¿Habéis determinado vuestros objetivos? ¿Qué objetivos, en qué dirección deberíais buscar y dedicar vuestros esfuerzos? ¿Tenéis un objetivo? (Sí.) ¿Cuál es vuestro objetivo? Decidme. (Buscar la verdad, el conocimiento de Dios en Sus palabras y conseguir finalmente reverenciarlo y obedecerlo a Él.) Permitidme hablar con claridad: cuando logréis estas cinco exigencias, habréis satisfecho a Dios. Cada una de ellas es un indicador, una señal de la entrada de las personas en la vida una vez alcanzada la madurez, y el objetivo final de todo esto. Aunque solo escogiera una de estas exigencias para hablar de ella en detalle y requerirla de vosotros, no sería fácil de lograr; las personas deben soportar un grado de dificultad y poner cierta cantidad de esfuerzo. ¿Y qué tipo de mentalidad deberíais tener? Tendría que ser la misma que la de un paciente con cáncer que espera para ir a la mesa de operaciones. ¿Y por qué digo esto? Si deseas creer en Dios, ganar a Dios y Su satisfacción, si no soportas un grado de dolor o pones cierta cantidad de esfuerzo, no serás capaz de conseguir estas cosas. Habéis oído mucha predicación, pero haberla oído no significa que sea vuestra; debes absorberla y transformarla en algo que te pertenezca, debes asimilarla en tu vida y traerla a tu existencia, permitiendo que estas palabras y esta predicación guíen tu forma de vivir y traigan a tu vida valor y sentido existenciales. Entonces te habrá merecido la pena oírlas. Si las palabras que hablo no provocan ninguna mejora en tu vida, ningún valor a tu existencia, no tiene sentido escucharlas. Entendéis esto, ¿verdad? Una vez entendido esto, lo que queda está en vuestras manos. ¡Debéis poneros a trabajar! ¡Debéis ser serios en todas las cosas! No os hagáis un lío; ¡el tiempo vuela! La mayoría de vosotros ya ha creído durante más de diez años. Mirad a todo este tiempo en retrospectiva: ¿cuánto habéis ganado? ¿Y cuántas décadas de esta vida os quedan? No muchas; hagas lo que hagas, no digas que en Su obra Dios te espera, y que guarda oportunidades para ti. Él no retrocederá en absoluto ni hará la misma obra. ¿Puedes cambiar tus últimos diez años? Con cada día que pasa y cada paso que das, los días que te quedan se acortan en uno, se reducen en uno, ¿no es así? ¡El tiempo no espera a ningún hombre! ¡Solo ganarás creencia en Dios si la enfocas como la cosa más grande de tu vida, más importante que la comida, la ropa o cualquier otra cosa! Si solo crees cuando tienes tiempo, y eres incapaz de dedicar toda tu atención a tu creencia, si siempre te las arreglas con lo que hay, y estás hecho un lío, no ganarás nada. Entendéis esto, ¿sí? ¡Terminaremos aquí por hoy! ¡Hasta la próxima vez! (¡Gracias a Dios!)

15 de febrero de 2014

Notas al pie:

a. El texto original omite “se reencarnan estas personas en seres humanos”.

b. El texto original omite “antes de reencarnarse”.