Registros de las Pláticas de Cristo

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Capítulo 9: Las tres creencias en el Dios práctico

En el seno de la familia de Dios existen varias creencias distintas en Dios; estas diversas formas de creer deben identificarse para ver a cuál perteneces.

Con el primer tipo de creencia, que también es la mejor clase, la persona es capaz de creer en la palabra de Dios en todas las cosas; ella es capaz de aceptar todas las revelaciones, los tratos y la poda de Dios; está atenta a la voluntad de Dios, lo ama, le es fiel, lo adora y está dispuesta a practicar la verdad. Una creencia así engendra vida y permite que uno consiga un cambio en el carácter y sea ganado por Dios.

Con el segundo tipo de creencia, la persona cree parcialmente en Dios, pero también es en parte recelosa. Cuando la obra de Dios no le resulta agradable, hará comparaciones en su corazón y cuestionará si Dios debería hacer esa clase de cosas. Con frecuencia es desconfiada con Dios y, por tanto, sólo es capaz de obedecerlo a medias y no tiene la capacidad de obedecerlo en otras cosas; puede obedecer aquello que, en su opinión, es correcto, pero tiene sus propias nociones cuando se enfrenta a cosas que le parecen incorrectas, que entran en conflicto en su corazón y se niega a llevarlas a cabo. Esto es también una forma de creer. Hoy día, la estatura de las personas es parecida a ésta, en su mayor parte: sólo son capaces de obedecer lo que les parece correcto, son incapaces de obedecer lo que les parece incorrecto, y no llevarán a cabo lo que no estén dispuestas a hacer. Del mismo modo, cuando a veces les apetece, son fervientes con Dios, sienten que deberían prestar atención a la carga de Dios y, por ello, cumplen con sus deberes. Otras veces quedan atrapadas en la comunión, Dios les parece bastante digno de ser amado y sólo en esos momentos tienen una cierta confianza en Dios. Principalmente su creencia en Dios se limita a seguir a la multitud; no sienten amor por Dios ni están atentos a Él a la vez que, de manera inequívoca, no están obedeciendo ni adorando a Dios. Para las personas que tienen esta forma de creer en Dios, sólo tienen una cantidad moderada de amor, atención y obediencia hacia Él, durante parte del tiempo, y esto sólo sucede cuando el Espíritu Santo se está moviendo de forma especial, y cuando el Espíritu Santo está haciendo Su obra. Cuando las personas se encuentran en un estado pésimo o cuando otros las confunden, cuando son débiles y están abatidas, estas cosas han desaparecido, se han desvanecido, mientras que ellas mismas no tienen ni idea de cómo ha sucedido. Ya no son capaces de amar a Dios incluso si quieren hacerlo, dejan de estar motivadas para practicar la palabra de Dios y, entonces, consideran que la obra de Dios es muy ordinaria, muy normal; aunque hayan dejado de tener recelos, ya no tienen iniciativa alguna. La mayor parte de la estatura de las personas está en este estado, y ésta es la segunda clase de creencia.

Con la tercera clase de creencia, la persona no tiene entendimiento alguno respecto al Dios encarnado; para ella, Él sólo aparece como una persona corriente y no se puede discernir diferencia sustancial alguna. Por consiguiente, trata al Dios encarnado sencillamente como a alguien ordinario, pero con una posición respetable; es capaz de seguir a Dios y decir algo bonito, de avanzar en la creencia, pero no se trata de una creencia real. Es capaz de seguir con algunos asuntos triviales de vez en cuando, pero no hay amor hacia Dios en una persona así: el amor no es una preocupación de la carne, sino la verdadera obediencia en la obra de uno mismo y en el cumplimiento de los deberes propios, estando atento a Dios y venerándolo. El amor hacia Dios es algo que sólo puede profesar una persona con experiencias considerables; no es algo que se pueda decir de pasada al ver que alguien es ferviente, y afirmando así que tal o cual ama realmente a Dios. O diciendo que las personas de una cierta secta aman de verdad a Dios. Esto no tiene sentido. Una persona así apenas puede aceptar y obedecer cuando se trata de asuntos triviales; cuando se enfrenta a cuestiones importantes que implican la verdad, no sólo no es capaz de obedecer, sino que tiene sus propias nociones y hasta se vuelve desconfiada respecto a Dios. Este tipo de personas también son la mayoría. Sienten constantes recelos hacia Dios: ¿es Dios así? ¿Cómo puede ser que no parezca Dios? Algunas de las cosas que Él dijo están probablemente dirigidas por el Espíritu Santo. Éste lo dirigió para que dijera e hiciera ciertas cosas… La creencia de tales personas es la más patética.

El nivel de creencia de una persona en Dios, de su obediencia, su amor, su atención y su reverencia hacia Dios queda principalmente determinado por lo siguiente:

En primer lugar, se basa en si la persona ama la verdad. Si amas la verdad, entonces puedes seguir buscándola, te enfocas en el entendimiento de la verdad, de la palabra de Dios, de la obra de Dios, de la relevancia de la encarnación y del carácter de Dios; entender a Dios se basa de forma primordial en esta única cosa. Cuanto más entiendes a Dios, más puedes identificarlo; cuanto más entiendes a Dios, más puedes seguirlo con firmeza. Es decir, entender a Dios se basa en la búsqueda de la verdad.

En segundo lugar, se basa en la comprensión que la persona tenga del Dios encarnado, esto es clave. Sin comprender al Dios práctico, hablar de obedecer a Dios, de amarlo, de dar testimonio de Él y de servirle son palabras vacías. Tales cosas son, sencillamente, inalcanzables.

En tercer lugar, se basa en la humanidad de la persona, pero esto no es absoluto. Y es que, algunas personas tienen una buena humanidad, son buenas personas, pero no aman la verdad. Si no tienen ningún entendimiento en absoluto sobre el Dios encarnado, su creencia no puede sostenerse y, en ocasiones, sus buenas intenciones causan interrupciones sin que ellas lo sepan. ¿Puedes afirmar que son personas que creen en Dios de verdad? Son entusiastas, son de carácter bondadoso y hacen algunas cosas buenas, pero éstas no son más que buenas conductas a primera vista; son apariencias superficiales y no manifiestan que su creencia sea real. Si dices que crees verdaderamente en Dios y que lo amas de verdad, debes ser capaz de decir por qué amas a Dios, en qué se basa tu amor por Él, por qué crees en Él, si estás sencillamente siguiendo a la multitud o si crees en Él porque de verdad lo puedes ver como Dios y en qué verdades se basan tu creencia en Dios y tu amor hacia Él: todo esto debe estar respaldado por fundamentos. A algunas personas les gusta decir que creen verdaderamente en Dios y que lo aman de verdad; sin embargo, cuando alguien desea hablar en serio de la verdad con ellas, no tienen nada que decir. He oído decir a muchas personas: “Escucho todo lo que Dios dice, creo en todo lo que Él afirma, cualquiera que sea la forma en que lo diga. No tengo nociones propias independientemente de lo que Dios afirma, no tengo nociones propias independientemente de lo que Dios hace”. ¿De verdad eres alguien que ama a Dios sólo por decir estas cosas? Debes tener una experiencia real, debes ser capaz de hablar sobre el verdadero entendimiento del Dios encarnado. Asimismo, ¿cuál es la esencia de Dios? ¿Cuáles son las cosas en las que a las personas les resulta difícil obedecer a Dios? ¿En qué cosas pueden éstas obedecerlo? ¿Cuánto obedeces a Dios? ¿En qué cosas eres incapaz de obedecer a Dios? ¿Cómo resuelves tus nociones de Dios? ¿Cómo vas profundizando tu entendimiento de Él? Si careces de experiencias como éstas, entonces no sientes un amor verdadero hacia Dios. Algunas personas son particularmente felices cuando ven la llegada de Dios, lo reciben con hospitalidad y después lloran cuando Él se marcha. Otras personas piensan que ésta es una manifestación de su amor por Dios, ¿pero puede esto mostrar de verdad que aman a Dios? Esto sólo puede demostrar que tienen un corazón ferviente, pero no se puede afirmar que sus actos y sus manifestaciones sean amor hacia Dios, que sean una creencia verdadera. Algunas personas donan algún dinero, ¿pero es esto amor hacia Dios? O te apresuras a servir un vaso de agua cuando se te pide, ¿pero es esto una verdadera obediencia? Del mismo modo, algunos dicen: “Creí en Dios después de haber leído Su palabra, creí en la encarnación de Dios, no tengo la menor duda después de ver a Dios en una carne corriente”. ¿Se le puede llamar a esto creencia verdadera? ¿Has tenido tratos con Dios? ¿Te has asociado con Él? ¿Conoces Su carácter? ¿Sabes qué le gusta? ¿Sabes cuáles son las cosas que tú haces y que ofenden Su carácter? ¿Sabes qué corrupciones en ti le desagradan? ¿Conoces a las personas sobre las que Él ha traído Su carácter justo? ¿Sabes a qué personas Él detesta? ¿Sabes qué problemas de los que tienes aborrece Él más? Si no sabes nada de estas cosas, esto demuestra que en verdad no tienes entendimiento alguno de Dios. No puedes decir que crees de verdad en Él ni que lo obedeces de forma absoluta y, desde luego, no puedes afirmar que estás haciendo las cosas según la voluntad de Dios, que lo amas, que lo obedeces o que lo entiendes. Lo único que puedes decir es que, con respecto a este asunto, entiendes Su voluntad, sabes lo que a Él le gusta, que en esta cuestión estás actuando según la voluntad de Dios, de acuerdo con la verdad y que lo estás obedeciendo. ¿Eres alguien obediente a Dios sólo porque lo has obedecido en este asunto? No puedes afirmarlo ni decir que alguien ame a Dios basándote sencillamente en algo superficial; es un gran error. Que hicieras algo bueno o que te hayas preocupado de forma particular por Dios muestra, meramente, que eres una persona amable, pero no que estés atento a la voluntad de Dios. Por supuesto, el amor hacia Dios y estar atento a Su voluntad se construyen sobre el fundamento de la humanidad y no puede haber amor hacia Dios sin humanidad; por tanto, cada uno de vosotros debería examinarse a sí mismo y considerar dónde estás. Algunas personas piensan que casi han llegado, pero esto no es realista; a pesar de ello, otras van al extremo y piensan que no hay nada bueno en ellas, que no se les puede dejar y ésta es una actitud negativa. Algunas personas piensan que no hay nada bueno en ellas y otras se autodefinen como personas que aman a Dios. Se encuentran en el extremo izquierdo más alejado o en el extremo derecho más distante; ésta es la realidad de estas personas, lo cual muestra que no están aún en la senda correcta. Deberían seguir esforzándose por tener clara la verdad y entrar en la realidad con el fin de ajustarse a la voluntad de Dios.