Registros de las Pláticas de Cristo

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Capítulo 11: El segundo aspecto del significado de la encarnación

¿Cuál es la razón de la cotidianeidad y la normalidad del Dios encarnado? ¿Es tan sólo para que Él pueda obrar? ¿Sólo para demostrar que Él es Cristo? ¿Qué significado tienen Su cotidianeidad y Su normalidad habituales? Algunas personas dicen que el Dios encarnado debe ser, sin duda, de una carne ordinaria y normal. ¿Significa sólo esto? Si Él es Cristo, debe ser con seguridad de una carne ordinaria y normal; ¿no delimita esto, pues, a Dios? Si Él es ciertamente de una carne ordinaria y normal, ¿qué se pretende decir con “sin duda”? Algunas personas dicen que es para expresar las palabras de Dios, de forma que el hombre pueda entrar fácilmente en contacto con Él. ¿Es sólo por esta razón? Antes, todas las personas pensaban esto. Ahora estamos hablando de la esencia de Cristo, que es Dios mismo por completo. Ésta es Su esencia, pero todo lo que Él hace tiene significado. Una carne, un aspecto, una familia y un entorno vital escogidos de manera especial, todas estas cosas que Dios hace tienen un significado. Algunas personas preguntan: “¿Cómo es que no puedo ver el gran significado subyacente a que Dios vista esta carne ordinaria y normal? ¿No es tan sólo una cáscara externa? Una vez que Dios haya terminado Su obra, ¿no será este envoltorio externo sencillamente inútil?”. En las imaginaciones y en su conciencia, las personas piensan que la cáscara externa de esta carne ordinaria y normal no tiene gran uso ni en la obra de Dios ni en Su plan de gestión, y que su cometido es, simplemente, completar esta etapa de la obra. Las personas creen que sólo es así para que puedan entrar fácilmente en contacto con Él y oír Sus palabras, para que sean capaces de verlo y sentirlo, y nada más. Así entendían las personas el significado de la encarnación. En realidad, durante la obra de la carne ordinaria y normal, y durante el tiempo de la encarnación, además de emprender la obra que Él mismo debía hacer, Él también acomete otra. El aspecto de la obra que esta carne acomete es, asimismo, algo que nadie ha considerado aún. ¿De qué aspecto de la obra se trata? Aparte de hacer la obra de Dios mismo, Él viene a experimentar el sufrimiento del mundo. Esto es algo de lo que las personas no se dieron cuenta anteriormente. Antes, pensaban: “Dios encarnado siempre sufre de enfermedad. ¿Para qué?”. Algunas personas dicen que ésta es la humildad y el escondimiento de Dios, que Él ama al hombre, que Él sufre esto para salvar al hombre… Lo explican de una forma atolondrada. Pero si el Dios encarnado no se permitiera sufrir, ¿podría conseguirlo? Podría, ¿verdad? Algunas personas afirman: “En la Era de la Gracia sólo necesitábamos orar a Dios para que cualquier enfermedad sanase tan pronto como surgiera, ¿cómo puede ser, pues, que el Dios encarnado siempre esté afectado por la enfermedad? ¿Cómo puede Él estar siempre enfermo? ¿Cómo es posible que Su cuerpo no esté nunca bien?”. ¿No ha sido siempre este asunto un enigma para el hombre? Aunque las personas dicen que Dios sufre, que Dios las ama, algunos siguen pensando: “Durante la Era de la Gracia, sólo necesitábamos confiar en la oración para curar la enfermedad. Nunca tomamos medicina ni tuvimos medicina en nuestros hogares; no sabíamos dónde estaba el hospital y sólo necesitábamos orar para curar incluso nuestro cáncer. Entonces, ¿por qué no ha alcanzado el Dios encarnado tanta gracia como el hombre?”. ¿Acaso no es esto un enigma? Es un nudo en el corazón del hombre, pero las personas no lo tratan con suficiente seriedad; sólo lo explican de forma simple, diciendo que Dios ama al hombre y que Él sufre por la humanidad. Hasta ahora, las personas no lo han entendido de la forma correcta. Experimentar el sufrimiento del mundo es una responsabilidad del Dios encarnado. ¿Pero qué propósito tiene experimentar el sufrimiento del mundo? Éste ya es otro asunto. Dios viene para experimentar el sufrimiento del mundo y esto es algo que el Espíritu no puede lograr en absoluto. Sólo el Dios encarnado, que es de una carne ordinaria, normal y completa, y que se hace totalmente humano, puede experimentar por completo el sufrimiento del mundo. Si el Espíritu tuviese que hacer esta obra, sería absolutamente incapaz de experimentar cualquier sufrimiento. Podría ver y comprender, pero no experimentar cualquier cosa. ¿Son ver, comprender y experimentar una misma cosa? No, no lo son. Anteriormente, Dios dijo: “Conozco el vacío del mundo y las dificultades que existen en la vida de la humanidad. He caminado aquí y allá en el mundo y he visto una miseria extrema. He visto las dificultades, la miseria y el vacío de la vida en el mundo”. Pero que Él lo haya experimentado o no, esto es totalmente distinto. Puedes ver a una familia que lucha por salir adelante, por ejemplo. Lo ves y tienes algún entendimiento; ¿pero has experimentado su situación por ti mismo? ¿Has sentido sus dificultades, su sufrimiento y has tenido estos sentimientos o esta experiencia? No. Esto se debe a que ver y experimentar son dos cosas diferentes. Se puede decir que el Dios encarnado debe, con toda seguridad, hacer esta obra, esta cosa. A este respecto, el Espíritu no puede lograrlo en absoluto. Por tanto, éste es otro aspecto del significado de la encarnación: Él viene para experimentar el sufrimiento del mundo y el sufrimiento que el hombre soporta. ¿Pero de qué sufrimiento hablo? Las dificultades en la vida de la humanidad, los infortunios en la familia, los engaños del hombre, el abandono y la persecución, así como algunas aflicciones de la enfermedad en el propio cuerpo de uno; estos son los sufrimientos del mundo. Las angustias de la enfermedad, los ataques de las personas de alrededor, los problemas y las cosas, los infortunios en la familia, las personas que se abandonan entre sí, la blasfemia, la difamación, la resistencia, la rebeldía, los insultos y las malinterpretaciones… Para el Dios encarnado todo esto es un tipo de ataque, y también lo es para aquellas personas que lo soportan. Se trate de una gran persona, de una persona de alto calibre o de alguien de mente abierta, este sufrimiento y todas estas cosas son un tipo de ataque en lo que respecta al hombre. Dios padece la persecución del mundo, no tiene donde reposar Su cabeza, ningún lugar donde estar, ningún confidente... Todo esto es doloroso. Además de esto, Él también experimenta los infortunios que sobrevienen a la familia. No necesita alcanzar el cénit del sufrimiento, pero lo experimenta todo. Algunos se preguntaron antes: “En la obra del Dios encarnado, ¿no puede Él eliminar estas enfermedades? Permitirse hacer Su obra con comodidad, y no dejar que las personas se rebelen o se resistan contra Él; ¿no podría Él hacer estas cosas? Si Él castigara a las personas, éstas no se atreverían a resistirse. O no permitir ninguna enfermedad; si alguien está enfermo sólo necesita orar para curarse. ¿Por qué sigue Dios, pues, sufriendo enfermedad?”. Esto es así para que Él pueda experimentar el sufrimiento del mundo. Él no elimina estas adversidades ni la aflicción de las enfermedades de la carne que adopta como encarnación ni tampoco elimina el abandono del mundo. Él sólo crece y obra de forma natural en este difícil entorno. Así puede experimentar el sufrimiento del mundo. De no existir ninguna de estas cosas, Él no podría probar este sufrimiento. Si se apartaran de Él estas enfermedades, o si no pasara por ninguna de las que afligen a las personas normales… ¿no sería menor Su sufrimiento? ¿Podría lograrse que Él no padeciera ningún dolor de cabeza ni se sintiera cansado después de usar demasiado Su cerebro, cuando otras personas si los padecen en la misma situación? Sí, podría lograrse; pero esta vez se ha hecho de forma diferente. Durante la etapa de la obra de Jesús, Él pudo pasar cuarenta días y cuarenta noches sin comida ni agua sin sentirse hambriento. Esta vez, se siente hambre si se pierde una comida. Algunas personas dicen: “¿No es Dios todopoderoso? Veo que Dios no es todopoderoso. Ni siquiera puede hacer algo tan pequeño como esto. Según afirma Él, Él es Dios; entonces ¿por qué no puede conseguir estas cosas?”. No es que no pueda conseguirlas, sino que no las hace de esa forma. El propósito de Su encarnación no es hacer las cosas que las personas piensan que Dios puede hacer. Él experimenta el sufrimiento del mundo y hay significado en que lo haga. Después están los que preguntan: “¿Qué utilidad hay, Dios, en que experimentes el sufrimiento del mundo? ¿Puedes sufrir en el lugar del hombre? ¿No están sufriendo ahora mismo las personas?”. Dios no hace nada de manera aleatoria. Él no se marcha una vez que ha padecido el sufrimiento del mundo, cuando ha mirado y visto cómo es el mundo, sino que viene para completar meticulosamente toda la obra que Su encarnación debe hacer. Algunas personas piensan que, sencillamente, Dios puede estar demasiado acostumbrado a disfrutar de una vida de comodidad y confort, que sólo quiere sufrir un poco, que vive feliz sin conocer el sabor del sufrimiento, de modo que sólo quiere conocer el sabor del sufrimiento… Todo esto está en las imaginaciones de las personas. Experimentar ahora el sufrimiento del mundo es algo que sólo puede hacerse durante el tiempo de la encarnación. Si la obra del Dios encarnado estuviera acabada y realizada con minuciosidad, la siguiente obra habría empezado ya y el asunto de experimentar el sufrimiento del mundo ya no existiría. ¿Por qué razón exacta se lleva a cabo, entonces, el experimentar el sufrimiento del mundo? ¿Lo sabe alguien? Se ha profetizado que el hombre no tendrá lágrimas ni llanto, ni sufrimiento y que no habrá enfermedad en el mundo. El Dios encarnado está experimentando ahora ese sufrimiento, y cuando haya terminado conducirá a la humanidad al hermoso destino, y todo el sufrimiento anterior ya no existirá más. ¿Por qué dejará de existir? Porque Dios mismo encarnado ya habrá experimentado todo este sufrimiento y lo habrá eliminado de la humanidad. Se hace con este propósito. Dios encarnado experimenta el sufrimiento del mundo con el fin de preparar mejor el destino futuro de la humanidad, para hacerlo más hermoso, más perfecto. Éste es el aspecto más importante de la encarnación, y es un rasgo de la obra de la encarnación. Pero hay otro asunto aquí. Al hacerse carne y experimentar este sufrimiento, Dios lo eliminará después de la humanidad. Pero si no hubiera encarnación ni experiencia, ¿podría eliminarse este sufrimiento? ¿Podría eliminarse? Sí, podría eliminarse. Al ser crucificado, Jesús adoptó la semejanza de un pecador. Él era un hombre justo que tomó la semejanza de la carne pecaminosa y se hizo ofrenda por el pecado, redimiendo así a toda la humanidad y liberándola de las garras de Satanás. Éste fue el propósito y el significado de la crucifixión de Jesús: la redención de la humanidad, redimir a la humanidad por medio de Su sangre preciosa, que la humanidad no tuviera más pecado desde ese momento en adelante. Dios experimenta ahora este sufrimiento, y esto significa que lo hace en el lugar de la humanidad. Que Dios sufra este dolor significa que no será necesario que la humanidad tenga que sufrirlo de nuevo. No puedes olvidar estas palabras: cada etapa de la obra que Dios hace se realiza en guerra con Satanás y está de algún modo relacionada con esta guerra contra Satanás. En la etapa anterior de la obra no habría sido aceptable que se hubiera pronunciado una sola palabra que hubiera eliminado todos los pecados de la humanidad y la hubiera redimido, porque no habría ningún hecho ni se habría producido ninguna prueba. Con una sola palabra de Dios la humanidad habría quedado sin pecado; esto se podía lograr. Pero no se habría convencido a Satanás. Éste habría dicho: “Tú no has sufrido nada ni has pagado precio alguno. Con una sola palabra, los pecados de la humanidad han dejado de existir. Esto es inaceptable, ya que Tú creaste a la humanidad”. Ahora, todas las personas salvas serán traídas al hermoso destino y a la era siguiente. La humanidad ya no sufrirá más, la enfermedad no la afligirá más. ¿Pero en base a qué no habrá más aflicción de enfermedad ni sufrimiento en el mundo? Al ser humanas, las personas deberían padecer este sufrimiento. Por tanto, el Dios encarnado también hace esta vez algo muy importante, y es tomar el lugar de la humanidad y sufrir todo su dolor; esta experiencia es sufrir en el lugar de la humanidad. Algunas personas dicen: “Ahora que Dios sufre en el lugar de la humanidad, ¿por qué seguimos sufriendo?”. ¿No estás experimentando ahora la obra de Dios? Aún no has sido totalmente perfeccionado, todavía no has entrado por completo en la era siguiente y tu carácter sigue siendo corrupto. La obra de Dios aún no ha alcanzado su apoteosis y sigue estando en proceso. Por tanto, las personas no deben quejarse de su sufrimiento. El Dios encarnado sigue sufriendo; no digamos ya el hombre. ¿No tiene este asunto una gran importancia? El Dios encarnado no ha venido a hacer un poco de obra y después marcharse. Más bien, el entendimiento de las personas es demasiado superficial al creer que el Dios encarnado ha venido a hacer la obra de Dios mismo, que esta carne sólo ha venido para expresar la palabra de Dios y obrar en Su nombre. Algunos piensan incluso que esta carne sólo es una forma externa, pero esto es completamente erróneo, y una simple blasfemia contra el Dios encarnado. La obra de la carne es la obra de Dios mismo, y que Él se encarne para experimentar este sufrimiento es Dios humanándose para experimentar este sufrimiento. Si fuera como dicen las personas, sería la forma exterior de la carne de Dios la que ha venido a experimentar, y Dios estaría en el interior sin sufrir nada; ¿estarían en lo correcto? ¿Sufre Dios? Él sufre como sufre la carne. ¿Por qué razón tuvo Dios, durante un momento, el deseo de renunciar a este sufrimiento y a esta angustia? Has visto que cuando Jesús iba a ser crucificado, Él oró: “Si es posible, que pase de mí esta copa: no obstante, que no sea como yo quiero, sino como tú quieres”. Deseó esto porque, del mismo modo que Su carne sufría, Él también padecía dentro de la carne. Si dices que sólo es la cáscara externa de la carne la que sufre, que Dios en Su divinidad no sufre en absoluto, que no padece tormento alguno, esto es incorrecto. Si lo entiendes de esta forma, estás demostrando no haber visto el aspecto de la esencia de Dios. ¿Por qué se dice que Dios está materializado ahora en una carne? Él podría ir y venir cuando quisiera, pero no lo hace. Él se ha humanado para padecer este sufrimiento, en la actualidad y en la realidad, para que las personas puedan verlo y sentirlo conforme ocurre. Él también puede sentir el sufrimiento que padece, experimentarlo por sí mismo. Ni una sola vez siente la carne algún aspecto del sufrimiento o del tormento que no sienta Su Espíritu, Su carne y Su Espíritu son uno al sentir y soportar el sufrimiento. ¿Es esto fácil de entender? No es fácil. Porque, después de todo, lo único que el hombre puede ver es una carne, y no percibe que el Espíritu sufre en el momento en que la carne sufre. ¿Crees que cuando alguien sufre, su alma también lo hace? ¿Por qué decimos que sentimos esto y aquello profundamente en nuestro corazón? Es porque el hombre y el espíritu son uno. El Espíritu y la carne de cada persona son una misma cosa; sufren y sienten gozo de la misma manera. No hay una persona que, al sufrir un dolor real, lo sienta sólo en su corazón, pero no en su carne; y nadie diría tampoco que su carne externa no sufre en absoluto cuando su corazón está padeciendo al máximo. Las cosas del corazón que despiertan sentimientos o dolor, o que se pueden experimentar, la carne también las puede experimentar. Esta carne ordinaria y normal es Cristo que ha venido a hacer Su obra —a experimentar el sufrimiento del mundo— con el fin de asumir todo el dolor del hombre. Una vez soportado todo este sufrimiento, ya no es necesario que esto mismo se lleve a cabo en la siguiente etapa de la obra. En su lugar, la humanidad puede ser traída al hermoso destino. Como Él ha sufrido este dolor en el lugar del hombre, está cualificado por tanto para traer a éste al hermoso destino; ése es Su plan. Algunas personas absurdas dicen: “Si Él ha experimentado todo este sufrimiento, ¿por qué no lo he visto? No se ha soportado todo por completo. Deberían soportarse todas las clases de sufrimiento y, como mínimo, debería sufrir la crucifixión”. Ya se ha soportado antes y no es necesario padecerla de nuevo. Además, las personas no deben decir este tipo de cosas. El Dios encarnado ha sufrido mucho durante estos años. Las personas absurdas son propensas a pensar de esta forma. Dentro del ámbito del sufrimiento que el Dios encarnado puede soportar, básicamente todo el sufrimiento del mundo puede sobrevenirle a Él. En cuanto al sufrimiento demasiado grande, ése que sólo un hombre entre mil puede soportar, Dios no necesita sufrirlo porque ese padecimiento ya ha sido representado. Dios puede experimentar un sufrimiento como la enfermedad y el tormento de las dificultades, y esto demuestra que Él no es diferente de las personas normales, que no hay distinción ni separación entre Él y las personas, y que Él sufre como ellas. Cuando las personas sufren, ¿no sufre Él también con ellas? Cuando las personas están enfermas, Él también lo está, y ha probado ese sufrimiento. Dios no ha separado Su propia carne de la del hombre, sino que sufre tal como lo hacen las personas. El sufrimiento del Dios encarnado no es esta vez como la anterior, cuando tuvo que probar la muerte en la cruz. No es necesario porque ya se ha probado la muerte. Sólo se trata de experimentar el sufrimiento y asumir el sufrimiento del hombre.

Anteriormente, Jehová obró a través del Espíritu y el hombre pudo obtener algunos logros de ello. Sin embargo, las personas pueden ver y sentir la obra del Dios encarnado, haciéndola más conveniente y accesible que la obra del Espíritu. Éste es un aspecto. El otro, el aspecto de que el Dios encarnado experimenta el sufrimiento del mundo no se puede conseguir en absoluto por medio de la obra del Espíritu, sino que se ha de conseguir tan sólo por la encarnación. El Espíritu no puede conseguirlo. El Espíritu hace Su obra de palabra y después, una vez ha terminado, se marcha. Incluso cuando está en contacto con las personas, sigue sin poder experimentar el sufrimiento del mundo. Tal vez algunos quieran preguntar: “Si el Dios encarnado sufre, ¿no lo hace también el Espíritu? ¿No puede el Espíritu experimentarlo también?”. ¿No es esto absurdo? Este sufrimiento sólo se experimenta a través del Espíritu revestido de una carne. Él debe volverse humano, de lo contrario no será capaz de sentir este sufrimiento. El Dios encarnado se siente en ocasiones como si Su corazón estuviera roto, pero después de que el Espíritu ve algo, sólo siente aversión o alegría. Sólo percibe este sentimiento de forma simple. Pero los sentimientos de la carne son mucho más que esto. La carne siente de forma más precisa, más realista, más práctica, y el Espíritu no puede alcanzar estas cosas. Existen algunas cosas en del mundo físico en las cuales el Espíritu no puede sustituir a la carne. Éste es el significado más exhaustivo de la encarnación.

Se ha dicho con anterioridad que Cristo no tuvo parte en la felicidad del mundo. Algunos dicen: “Cristo comía muy bien, las personas lo recibían bien allí donde iba. Algunos incluso le compraban cosas buenas y lo tenían en alta consideración en todas partes… No sufrió nada en absoluto, ¿cómo no tuvo, pues, parte en ella? Puede que Él no tuviera una gran vida, pero se las arregló bien. ¡Eso no significa que no tuviera parte en ella!”. Decir que “Él no tuvo parte en ella” no quiere decir que no disfrutara de estas cosas, sino más bien que no sufrió menos por ello. Esto es lo que quiere decir “Él no tuvo parte en ella”. Por ejemplo, contraes una enfermedad y alguien te da ropa buena. ¿Aliviaría la ropa el sufrimiento de tu enfermedad? No. Tu enfermedad no se aliviaría en absoluto. Esto es lo que quiere decir “Él no tuvo parte en ella”. Es como cuando comes; puedes comer muy bien, pero sigues teniendo que sufrir lo que debes sufrir, como una enfermedad o las represiones del entorno. Este sufrimiento no puede aliviarse con los placeres del cuerpo, Él no toma estas cosas para Su disfrute. Por tanto, se dice: “Él no tuvo parte en ella”. ¿Habría una persona tan absurda como para pensar “Si Dios no tiene parte en la felicidad del mundo, no importa cómo lo recibamos ya que Él sufrirá independientemente de lo que hagamos”? Esta forma de recibir la verdad es demasiado absurda. Los corazones de las personas deben usarse de la mejor manera posible; ellas deben cumplir sus obligaciones con sus mejores capacidades. Después están los que opinan así: “Dios solía disfrutar de la felicidad total, y ahora viene a probar algo diferente”. ¿Es así de simple? Debes entender por qué acaba Dios experimentando el sufrimiento del mundo. El significado de todo lo que Él hace tiene una profundidad considerable, como cuando Jesús fue crucificado. ¿Por qué tuvo que serlo? ¿No fue para redimir a toda la humanidad? Experimentar el sufrimiento del mundo también tiene, esta vez, un significado considerable; es para el hermoso destino de la humanidad. Toda la obra de Dios es la cumbre de la realidad. ¿Por qué se dice que el hombre está ahora sin pecado, y que puede tener la buena fortuna de presentarse ante Dios? Es porque Jesús completó una etapa de la obra y asumió los pecados del hombre, redimiéndolo por medio de Su sangre preciosa. Entonces, ¿por qué no sufrirá más la humanidad, no sentirá pesar, no derramará lágrimas ni suspirará más? Esto se debe a que esta vez el Dios encarnado ha asumido todo este sufrimiento en sí mismo, y lo ha soportado ahora en representación del hombre. Como la madre que ve a su hijo afectado por la enfermedad y ora al cielo, deseando una vida más corta para ella si eso significa que su hijo puede curarse.

Dios también obra de esta forma, y convierte Su dolor en el hermoso destino que seguirá para la humanidad. No habrá más pesar, más lágrimas, más suspiros ni más sufrimiento. Al pagar este precio de experimentar el sufrimiento del mundo, Él lo convierte en el hermoso destino que seguirá para la humanidad. Decir que Dios “lo convierte en” el hermoso destino no quiere decir que Él no tenga poder o autoridad, sino más bien que Él quiere encontrar una prueba más práctica y poderosa para convencer totalmente a las personas. Dios ya ha probado este sufrimiento, por lo que está cualificado, tiene el poder y, aun más, tiene el derecho de entregar a la humanidad el hermoso destino, de dárselo y hacerle una bonita promesa. De esta forma, Satanás también está totalmente convencido y todas las creaciones en todo el universo también lo están sinceramente, y reciben al final el verdadero amor de Dios por la humanidad. Todo lo que Dios hace es práctico y nada es vano. Él mismo es quien lo experimenta; usa el precio de Su propia experiencia de sufrimiento y lo convierte en el destino para la humanidad. ¿No es ésta una obra práctica? Los padres pueden pagar un precio sincero por amor a sus hijos, y esto representa sus corazones sinceros. Éste es un tipo de precio que se paga. Al hacerlo, el Dios encarnado es también, claro está, totalmente sincero y fiel a la humanidad. La esencia de Dios es fiel: Él hace lo que dice y todo lo que hace se logra. Él es fiel; todo lo que hace por el hombre es sincero y Él no habla con frivolidad. Cuando dice que pagará el precio, lo hace en la práctica; cuando dice que asumirá el sufrimiento del hombre, tomará su lugar y sufrirá en su nombre, Él toma esta experiencia sobre sí mismo de un modo práctico y viene a vivir en medio del hombre. Después de haber sentido este sufrimiento y haber sido testigo del mismo con Sus propios ojos, todas las cosas en el universo dirán que todo lo que Dios hace es correcto y justo, que todo lo que Él hace es realista: esto es una prueba poderosa. Además de ello, el hermoso destino seguirá y todos los que queden alabarán a Dios; alabarán que los hechos de Dios son realmente Su amor por el hombre. Él no viene al mundo de viaje ocasional para hacer alguna obra, decir algunas palabras y después marcharse. Él viene para experimentar de forma práctica el sufrimiento del mundo, para volverse humano en el mundo, para convertirse humildemente en una persona normal con el fin de experimentar el sufrimiento del mundo. Él sólo se marchará después de haber experimentado todo este sufrimiento. Su obra es así de realista, así de práctica. Los que queden alabarán a Dios por esto. Verán Su fidelidad hacia el hombre y el aspecto de Su bondad. La esencia de belleza y generosidad de Dios puede verse en este aspecto del significado de la encarnación. Todo lo que Él hace es sincero, todo lo que Él dice es sincero y fiel. Todas las cosas que pretende hacer se hacen de forma práctica; todo el precio que pretende pagar se paga de forma práctica. Él no habla con frivolidad. Dios es un Dios justo. Dios es un Dios fiel.