Registros de las Pláticas de Cristo

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Capítulo 12 Lo que significa que Dios experimente el dolor del mundo

Dios se ha encarnado para sufrir en el lugar del hombre y, de este modo, hará que se cumpla el maravilloso destino que vendrá después para la humanidad. Esta fase de la obra acabada por Jesús consistió tan sólo en adoptar la semejanza de la carne de pecado y ser crucificado, servir de ofrenda expiatoria y redimir a toda la humanidad; y esto estableció el fundamento para la futura entrada de la humanidad a su maravilloso destino. Cargó Él mismo con todos los pecados del hombre, adoptó la semejanza de la carne pecaminosa, y fue crucificado; lo crucificaron por toda la humanidad, tras lo cual ésta fue redimida. Él usó Su crucifixión y Su preciosa sangre para redimir a la humanidad. Su sangre preciosa sirvió de ofrenda expiatoria por el pecado, lo que significa que sirvió como testimonio de que el hombre puede estar sin pecado y puede, por fin, venir ante Dios: fue un movimiento de contraataque frente a Satanás. Ahora, en esta etapa, Dios va a completar Su obra y concluirá la antigua era. Llevará a aquellos que queden de la humanidad a su maravilloso destino. De modo que Dios se ha vuelto a encarnar y, además de conquistar al hombre, ha venido a padecer algún sufrimiento en nombre de éste, para que a los hombres les sea retirado al final su sufrimiento. Todo el sufrimiento del hombre será quitado mediante este testimonio, este hecho: Dios testifica de Sí mismo, se sirve de este testimonio y de dar testimonio para derrotar a Satanás, humillar al diablo y ocasionar el maravilloso destino de la humanidad. Algunas personas afirman: “Dios mismo sigue haciendo la obra de la encarnación. No es esta carne la que la realiza, sino que se lleva a cabo bajo el control del Espíritu que está dentro de ella”. ¿Es correcto afirmar esto? No lo es. Con anterioridad se ha dicho que la obra encarnada de la conquista, por parte de Dios, se lleva a cabo en la humanidad normal, que lo que puedes ver es humanidad normal cuando, en realidad, es Dios mismo quien está haciendo la obra, y que es Dios mismo quien está haciendo la obra que esta carne realiza. Al explicarlo y comunicarlo así, en comunión, las personas piensan a menudo que esta carne sólo es una herramienta y un caparazón. Si Dios, dentro de Él, habla o lo controla, entonces esta carne habla o actúa, y no hace nada sin el control de Dios. Si se le controla a Él para que diga algo, entonces Él lo dice; de otro modo, permanecería en silencio. ¿Es esta la situación? No, no lo es. Ahora, la explicación más poderosa es ésta: un aspecto de que Dios se haga carne esta vez es que Él ha venido a realizar la obra de conquista, y a llevar esta era a su conclusión; otro aspecto es que al experimentar la carne el dolor del mundo, es Dios mismo quien viene a experimentar ese dolor: la carne de Dios y Dios mismo son como uno solo. Esta carne no es una herramienta como piensan las personas, ni es tan sólo un caparazón. Tampoco es una cosa física que pueda ser controlada como creen las personas. Esta carne es la encarnación de Dios mismo. En realidad, las personas lo entienden de una forma demasiado simple. Si sólo se comunica en comunión de esta forma, entonces las personas separarán con facilidad la carne del Espíritu. Ahora, las personas deberían entender otro aspecto: el Dios encarnado ha venido a experimentar el dolor del mundo; todas las tribulaciones y las enfermedades que la encarnación sufre son cosas que Él no debería padecer. Algunas personas piensan que, como Él es una carne corriente y normal, entonces este sufrimiento es inevitable. Piensan: “Las personas tendrán un dolor de cabeza y una ligera fiebre, y Él también los padecerá. Esto es algo que no se puede evitar, ya que Él es una carne corriente y normal. No es trascendente. Es una persona corriente y debería sufrir cualquier cosa que las personas padezcan. Él debe sentir calor como las personas, y ser mordido por el frío, como ellas; debe resfriarse como las personas...”. Si piensas esto, sólo estás viendo la cotidianidad y la normalidad de la carne. Esta carne normal es exactamente como el hombre, sin ninguna diferencia en absoluto. En realidad, todo lo que Él sufre tiene sentido. Las personas enfermarán normalmente, o sufrirán otra cosa, y esto es lo que las personas deberían sufrir. Las personas corruptas deberían sufrir así, y esta es una ley normal. ¿Por qué soporta el Dios encarnado este sufrimiento? ¿Debería haber sido crucificado Jesús? Jesús era un hombre justo. De acuerdo a las leyes de ese período y todas las cosas que hizo, no debió haber sido crucificado. ¿Por qué fue crucificado, pues? Fue para que toda la humanidad pudiera ser redimida. ¿Acaso todo el dolor y toda la persecución que ha experimentado la encarnación actual ocurrieron por casualidad? ¿O lo dispuso Dios todo a propósito? Ni Dios lo dispuso a propósito ni sucedió por casualidad. Es que se ha desarrollado conforme a unas leyes normales. ¿Por qué digo esto? Es porque Dios se ha colocado a sí mismo en medio del hombre para que Él pueda hacer Su obra libremente. En la realización de Su obra Él es exactamente como el hombre y sufre igual que él. Si tuviera que disponer algún dolor, de manera intencionada, entonces Él sufriría durante unos cuantos días, pero, en general, no se afligiría. Con esto quiero decir que Dios hace Su obra; que experimente el dolor del mundo no es algo dispuesto a propósito, y mucho menos se sufre de manera inconsciente. Es que Él ha venido a experimentar el dolor del mundo, a situarse entre los hombres, a ponerse en medio de los hombres y a padecer el mismo dolor que ellos; a ser tratado igual que ellos y no ser una excepción en nada. Del mismo modo que vosotros habéis sufrido persecución, ¿no ha padecido Cristo también la persecución? Así como se os acosa y se os busca, ¿no se acosa y se busca también a Cristo? Las personas están afligidas por enfermedades, ¿se reduce, pues, Su sufrimiento? No se hace excepción con Él. ¿Resulta fácil entender este asunto? También hay algunas personas que piensan que Dios debería soportar este dolor ya que vino a obrar en la nación del gran dragón rojo. ¿Acaso no está mal esto también? Para Dios no hay argumento en torno a si Él debería o no sufrir algún dolor; Dios dijo que Él deseaba experimentar el dolor del mundo y que, al mismo tiempo que sufriera este dolor, lo padecería en el lugar del hombre. Después llevaría a la humanidad a su maravilloso destino, y Satanás quedaría totalmente convencido. Dios ve necesario padecer este sufrimiento. Si Él no deseara sufrir en esta etapa, si sólo quisiera comprender el dolor del hombre y nada más, se serviría de unas cuantas personas para que lo hicieran en Su lugar. Podría usar a unos cuantos apóstoles o a aquellos que fueron utilizados por el Espíritu Santo para tomar Su lugar y que vinieran a informarlo a Él, y le contaran vuestro dolor. O podría utilizar a algunas personas especiales para que dieran testimonio, hacer que soportaran el peor dolor del mundo y, si pudieran aguantarlo, podrían dar este testimonio, Satanás quedaría totalmente convencido, y se produciría un futuro en el que la humanidad ya no sufriera más. ¿Podría Dios hacer esto? Sí, podría. Pero la obra de Dios mismo sólo puede ser realizada por Él. Aunque el hombre pudiera dar bien su testimonio, éste no repercutiría en Satanás, que diría: “Ahora que te has encarnado, ¿por qué no experimentas Tú mismo el dolor del mundo?...”. Esto quiere decir que si Dios no hiciera esta obra Él mismo, el testimonio que el hombre diera no tendría el poder suficiente. La obra de Dios debe ser realizada por Él mismo; es la única forma práctica. También se puede ver en esta etapa de la obra de Dios que todo lo que Él hace tiene sentido, que todo el dolor soportado por la encarnación tiene un significado. Puedes ver que nada de lo que Dios hace se realiza de forma aleatoria ni a voluntad, y que Dios no hace nada inútil. La encarnación ha venido a hacer Su obra y a experimentar el dolor del mundo. Que Dios haga esta obra importa, y es muy esencial tanto para la humanidad como para el destino futuro de ésta. Todo es para la salvación del hombre, para obtener al hombre; esos hechos se realizan y este esfuerzo se eroga para el maravilloso destino del hombre.

El aspecto de la verdad, que es la encarnación, debería exponerse desde varias perspectivas:

1. La necesidad de la carne corriente y normal.

2. El aspecto práctico de la obra de la carne corriente y normal.

3. El significado de la venida de Dios entre los hombres para experimentar el dolor del mundo, es decir, su necesidad.

¿Por qué quiere Dios hacer las cosas de esta manera? ¿Sería posible no hacer las cosas así? Aquí hay otro aspecto de significado. La obra de esta carne corriente y normal puede conquistar al hombre y perfeccionarlo. De acuerdo con la esencia del hombre y con las leyes que gobiernan la vida, el hombre sigue viviendo, sin embargo, en el vacío, en el dolor, en la tristeza y entre suspiros. Las enfermedades del hombre no pueden ser expulsadas todavía. Por ejemplo, sigues viviendo normalmente, ya has sido perfeccionado por Dios, tu amor por Dios ya ha alcanzado cierta fase; tienes, asimismo, alguna experiencia en entender a Dios y tu carácter corrupto ha sido resuelto. Entonces digo que ahora has sido perfeccionado, que eres alguien que ama a Dios y, por tanto, sigues viviendo así. Sientes que tu carácter corrupto ha sido ahora resuelto, piensas que haber experimentado este amor por Dios tiene mucho sentido, que vivir y amar a Dios es extraordinario, y que se puede considerar que has conseguido algunos logros. Supón que los problemas del hombre hubieran sido resueltos hasta este punto, que entonces Dios se fuera, y que la obra de la encarnación hubiera acabado. Las enfermedades del hombre, el vacío de mundo, y la tristeza y los problemas de la carne del hombre siguen existiendo, de modo que esto significaría que la obra de salvación del hombre por parte de Dios no habría acabado todavía. Alguien ha sido perfeccionado y entiende a Dios, puede amarlo y adorarlo. ¿Pueden ellos resolver sus propios problemas y sus propias enfermedades? Incluso con la verdad, estos problemas no pueden resolverse. Nadie diría: “Tengo la verdad, así que, aunque mi cuerpo esté enfermo, sigo sin sentirme afligido”. Nadie pude resolver este dolor. Sólo puedes afirmar: “Ahora siento que mi vida tiene mucho sentido, pero estoy enfermo y sigo sintiendo mucho dolor”. ¿No es esto correcto? ¿Acaso este sentimiento no es real? Por tanto, si la encarnación sólo hiciera la obra de conquistar y perfeccionar al hombre, si la encarnación no resolviera todo el dolor de la carne del hombre, y sólo perfeccionara al hombre, todo el dolor y las enfermedades del hombre, todas las tristezas y los gozos del mundo, así como todos los problemas a los que el hombre se enfrenta mientras vive en la tierra quedarían sin resolver. Aunque pudieras vivir en la tierra durante mil años, o diez mil años, y no morir nunca, estos problemas quedarían aún sin resolver, y la cuestión del nacimiento, la muerte, la enfermedad y la vejez seguirían sin tener solución. Algunas personas son absurdas y preguntan: “Dios, ¿acaso no puedes resolver estos problemas?”. De lo que estoy hablando ahora es de este problema: que Dios ha venido a experimentar estas cosas y que, después de experimentarlas, las resolverá todas por completo desde sus raíces, de modo que la humanidad no experimente después, nunca más, el nacimiento, la muerte, la enfermedad y la vejez. Jesús probó la muerte; la actual encarnación de Dios experimenta el dolor del nacimiento y la enfermedad (no necesita experimentar la vejez, y el hombre no envejecerá después). Ha experimentado todo este dolor para que, al final, todo pueda ser eliminado del hombre. Después de que Él lo haya sufrido todo en el lugar del hombre, tendrá un poderoso testimonio que producirá finalmente el maravilloso destino que seguirá para la humanidad, que es la eliminación del nacimiento, la muerte, la enfermedad y la vejez. ¿Acaso no tiene esto sentido? La encarnación (el Dios encarnado) experimenta, pues, el sufrimiento del mundo, ya sea el nacimiento, la enfermedad, la dificultad o el dolor, y soporta cualquiera de estos aspectos del sufrimiento en nombre de la humanidad. Él sirve de símbolo y de indicación; lo ha sufrido todo y ha cargado con todo para que la humanidad no necesite volver a sufrir nunca más. El significado está justo aquí. Después de que el hombre haya sido perfeccionado, puede adorar a Dios, amar a Dios, y hacer las cosas conforme a la voluntad de Dios, de acuerdo con Su palabra y con Sus requisitos. Entonces resuelve Él los problemas y el dolor del hombre. Este es el significado subyacente a Su sufrimiento en nombre del hombre, es decir que no sólo pueda adorar a Dios en la tierra, sino que también pueda estar libre de aflicción y del enredo de las enfermedades, así como sin el nacimiento, la muerte, la enfermedad y la vejez del mundo. Pueden estar exentos de los ciclos de la vida y la muerte. La encarnación actual de Dios soporta y experimenta este dolor y ya ha acometido estas cosas a favor del hombre. Después, los que queden no volverán a sufrir jamás estas cosas; esto es una indicación. Algunas personas falaces preguntan: “¿Puedes hacer todo esto Tú solo, a favor del hombre?”. Para el Dios encarnado basta con hacer esto en beneficio del hombre; ¿acaso se necesitan más substitutos? Dios mismo puede hacer cualquier cosa, puede tomar el lugar de cualquier cosa, y puede representarlo todo y ser un símbolo para todo, un símbolo para todas las cosas que son hermosas, buenas y positivas. Además, ahora Él experimenta el dolor del mundo de forma práctica, de modo que está incluso más cualificado para dar y proveer un testimonio más poderoso, y eliminar así todo el sufrimiento futuro del hombre. Que la encarnación realice las dos fases de la obra de esta manera significa que se han llevado a cabo de forma perfecta y que han formado un hilo. ¿Por qué digo que han formado un hilo? Porque la obra que se ha hecho en dos fases, por la primera encarnación y la encarnación actual, resuelve todo el sufrimiento en la vida de la humanidad y el propio padecimiento del hombre. ¿Por qué es necesario que la encarnación misma haga esto? ¿De dónde proceden el dolor del nacimiento, la muerte, la enfermedad y la vejez presentes a lo largo de la vida del hombre? ¿A causa de qué comenzaron las personas a tener estas cosas? ¿Tenía el hombre estas cosas cuando fue creado en el principio? No las tenía, ¿verdad? Entonces, ¿de dónde vinieron? Estas cosas llegaron después de la tentación de Satanás, después de que la carne del hombre se degenerara. El dolor de la carne, sus dificultades y su vacío, así como la extrema desdicha del mundo, se iniciaron cuando Satanás atormentó al hombre, después de haberlo corrompido. En ese momento, el hombre se volvió cada vez más degenerado, sus enfermedades se profundizaron, su sufrimiento fue cada vez más grave y el hombre sintió más y más el vacío, la tragedia y la incapacidad de seguir viviendo en el mundo. El hombre sintió cada vez menos esperanza para el mundo, y todas estas cosas surgieron después de que Satanás hubiera corrompido al hombre. Por tanto, Satanás acarreó este sufrimiento sobre el hombre, y sólo le vino después de que éste hubiera sido corrompido por Satanás y se degenerara. Así pues, con el fin de introducir el maravilloso destino que aguarda al hombre, lejos de las garras de Satanás, Dios mismo debe experimentar este sufrimiento. Aunque el hombre esté ahora sin pecado, experimenta algunas cosas dolorosas. Satanás puede dominar y manipular todavía al hombre, y hacerle sufrir tormento y dolor. Por tanto, al venir la encarnación misma a experimentar este dolor, el hombre es rescatado de las garras de Satanás y, después, ya no necesita volver a sufrir nada más. ¿No es profundo este significado? En aquel tiempo, la encarnación que era Jesús abolió la ley, la cumplió y provocó la Era de la Gracia. Trajo misericordia y amor a la humanidad, después fue crucificado, y perdonó así todos los pecados del hombre. Usó Su propia sangre preciosa para redimir al hombre de Satanás, y los volvió a poner ante el trono de Dios. Aunque el hombre había sido corrompido por Satanás, y era pecaminoso, di Mi sangre preciosa a cambio y, al pagar este precio, el hombre pudo ser recuperado. Se podría decir que el testimonio de la preciosa sangre y de la crucifixión se usó para redimir al hombre. Después de que fuera redimido, fue perdonado de sus pecados. ¿Pero hay pecado en el hombre? Los hombres siguen siendo pecaminosos. El hombre ha sido corrompido por Satanás y, por tanto, los hombres siguen siendo pecaminosos, y esto es un hecho. Por consiguiente, Dios se ha hecho carne por segunda vez. El perdón de los pecados del hombre se logró a través de la preciosa sangre de Jesús y por medio de Su crucifixión. Después de que los pecados del hombre fueran perdonados, vino la segunda encarnación. El hombre ya ha regresado ante Dios y la segunda encarnación de Dios ha venido a conquistar al hombre. Éste ha retornado ante Dios, pero sigue estando confuso, sigue sin saber lo que Él es y pregunta dónde está Él. Dios está justo delante de ti, aunque sigues sin reconocerlo, así que empiezan a volverse hostiles hacia Él. Entonces Dios habla, obra y, al final, ellos se postran en tierra y ven a Dios. El hombre puede ver a Dios, ¿pero lo conoce? Siguen sin conocerlo; por tanto, Dios sigue necesitando hablar algunas palabras, hacer que el hombre entienda más de la verdad y que comprenda más de Su carácter para que, al final, el hombre conozca a Dios. Es posible que el hombre tenga cierto conocimiento y esté dispuesto a vivir o morir por Dios, aunque Satanás sigue todavía teniendo control del hombre y tiene dominio sobre sus debilidades. Sigue pudiendo provocar sufrimiento en los hombres, y los espíritus malignos todavía se esfuerzan en interferir con ellos. Estos espíritus malignos pueden causarles un estado de mente confuso, pueden perder el juicio, sentirse inquietos en su mente y sufrir interferencia en todas las cosas. Dentro del hombre todavía hay algunas cosas de la mente o del alma que Satanás puede controlar y manipular. Por tanto, sigue siendo posible que tengas enfermedades, problemas, que tengas pensamientos suicidas y que, en ocasiones, también sientas la desolación del mundo o que la vida no tiene sentido. Es decir, que este sufrimiento sigue estando bajo el dominio de Satanás; esta es una debilidad fatal del hombre. Satanás sigue siendo capaz de usar las cosas que ha corrompido y pisoteado; este es el agarre de Satanás sobre el hombre. Después de esto, el Dios encarnado inició la segunda fase de la obra, y sufrió en nombre del hombre mientras hacía, de forma simultánea, la obra de conquista. Al pagar la encarnación el precio del sufrimiento, la debilidad fatal del hombre será llevada a su final y se resolverá. Después de que la experimentación del dolor en el mundo traiga al hombre de regreso, Satanás ya no tendrá agarre sobre el hombre, y éste volverá por completo a Dios. Solo esto se puede definir como que el hombre le pertenece por completo a Dios. Puedes vivir para Dios y adorarlo de verdad, pero no pertenecerle necesariamente a Dios. ¿A qué se debe esto? Los espíritus malignos todavía pueden aprovecharse de las oportunidades para llegar hasta ti, jugar contigo y manipularte. Esto es así, porque el hombre es tan ignorante que, en ocasiones, no pueden entender la diferencia entre el movimiento del Espíritu Santo y la interferencia de los espíritus malignos. ¿No es ésta una debilidad fatal? Los malos espíritus son oportunistas, pueden hablar desde tu interior o a tu oído, o también pueden desordenar tus pensamientos y tu mente, echan para atrás las inspiraciones del Espíritu Santo para que no las puedas sentir, después de esto comienzan a interferir contigo, haciendo que tu pensamiento sea confuso y tu cerebro se abotargue hasta que el corazón se te salga del pecho. Esa es la obra de los malos espíritus. Ahora que Dios está llevando a cabo Su obra, cuando la humanidad tenga después su maravilloso destino, no sólo será capaz de vivir para Dios, sino que ya no le pertenecerá más a Satanás y no habrá ya nada sobre lo que Satanás pueda tener asidero. El hombre le pertenecerá a Dios en mente, espíritu, carne y alma. Tu corazón puede ahora volverse hacia Dios, aunque habrá ocasiones en que Satanás todavía te podrá usar en contra de tu voluntad. Por tanto, aunque el hombre puede tener la verdad y ser capaz de obedecer por completo a Dios y de adorarlo, no puede ser del todo libre de la obra de los espíritus malignos, y menos aún no tener enfermedad, porque la carne y el alma del hombre han sido pisoteadas bajo los pies de Satanás. El alma del hombre es un lugar sórdido, en el que Satanás ha vivido y que él ha usado. Satanás todavía te la puede quitar y manipularla, para que tu mente esté confusa y no puedas discernir la verdad con claridad. Que la encarnación experimente el dolor del mundo y que soporte este dolor en nombre del hombre no es algo prescindible. Es absolutamente esencial. Lo entiendes, ¿verdad?

Debéis entender que las dos encarnaciones juntas han realizado toda la obra para salvar al hombre. Solo con la primera encarnación, la humanidad no podía ser salva por completo, porque sólo se resolvió el problema de la absolución de los pecados del hombre, y no el del carácter corrupto de éste. Si la segunda encarnación sólo pudiera lograr la conquista del hombre y resolver el carácter corrupto del hombre, pero no el problema de si el hombre pertenece por completo a Dios, entonces sólo porque la segunda encarnación también experimenta el dolor del mundo es que pueden resolverse aquellas partes del hombre que han sido corrompidas por Satanás. Esto soluciona el problema del sufrimiento y del tormento del hombre desde la raíz; esta encarnación resuelve del todo este problema. Son los pasos de la obra de las dos encarnaciones, y ninguna de ellas es dispensable. De modo que no debes hacer de menos el sufrimiento padecido por la encarnación. A veces llora, a veces se siente triste. Algunas veces, otros la ven débil y extremadamente apenada. No debes menospreciar este sufrimiento, y menos aún tener concepciones al respecto, porque si las tienes, serás muy ignorante y rebelde. Ciertamente no debes pensar que este dolor es algo que debería soportar esta carne normal, porque esto es más erróneo aún. Si dices esto, estarás blasfemando contra Dios. Las personas deben entender que el dolor soportado por la primera o la segunda encarnación es del todo necesario, lo que no significa que sea esencial para Dios mismo, sino que lo es para la humanidad. Esto debe hacerse, porque el hombre ha sido corrompido hasta tal extremo; no hacerlo no es aceptable. Solo al llevar esto a cabo puede el hombre ser totalmente salvado por Dios. Él hace las cosas de un modo para que el hombre pueda ver con sus propios ojos y ver por sí mismo. Todo lo que Él hace se da a conocer y no se le oculta a nadie. Él no aguanta el dolor en secreto por temor a que si las personas lo ven pueda tener concepciones al respecto. No lo oculta de nadie, sean nuevos o veteranos en la Iglesia, sean jóvenes o viejos, puedas recibir la verdad o no. Porque esto es un testimonio, y cualquiera puede demostrar que la encarnación sufre tanto dolor durante Su tiempo, y que ciertamente ha asumido el dolor del hombre. No sufre en secreto durante unos pocos días, en algún lugar que nadie conozca ni vive con comodidades y placer la mayoría del tiempo. No es así. La obra y el sufrimiento de Cristo no se le ocultan a nadie por temor a que puedas volverte débil ni porque puedas tener algún concepto, ni por miedo a que abandones tu fe. ¿Qué demuestra que Dios no le oculte estas cosas a nadie? Él no tiene tiempo alguno para descansar. La encarnación está increíblemente ocupada. Quizás veas que ahora mismo no dice nada, pero sigue trabajando; no está descansando. Aunque pueda no estar diciendo nada, sigue sintiéndose afligido en Su corazón. ¿Ha comprendido el hombre esto? Aunque lo vea, no sabrá qué está sucediendo. Algunas personas afirman saber que Dios es una carne corriente y normal, ¿pero sabes acaso qué obra realiza ahora esta carne corriente? No lo sabes. Tus ojos físicos sólo pueden ver la superficie y nada de la esencia interna. Por tanto, por muchos años que lleve trabajando la encarnación, por muchos años que las personas piensen que ha trabajado de forma oficial, en realidad Dios no ha descansado ni un momento. Aunque pueda no estar hablando ahora mismo, sigue sufriendo. Aunque no pronuncie palabra alguna o tal vez no realice obra alguna a gran escala, Su trabajo no ha cesado. Algunas personas se rigen por si dice algo o no para juzgar si es o no el Dios encarnado, si es realmente o no Cristo. Si no dice nada durante dos o tres años, no es Dios, y dan media vuelta y se van. La creencia en Dios de este tipo de persona es como si estuviera viendo los toros desde la barrera; esta clase de persona no tiene entendimiento alguno respecto a Dios. Quizás todavía haya personas viendo los toros desde la barrera; al ver que Dios no ha hablado desde hace mucho tiempo, se preguntan si el Espíritu se habrá ido o si el Espíritu de Dios ha ascendido al cielo. ¿No es esto una equivocación? Las personas no deberían emitir juicio como les plazca ni pensar, “Quizás esto, o quizás aquello; puede ser esto o puede ser aquello”. ¡Este “puede ser” es un error, es una palabra absurda y una concepción de Satanás, el diablo! La obra de Dios no se ha detenido ni por un segundo. Él no ha descansado, sino que ha trabajado todo el tiempo, y todo se está realizando al servicio de la humanidad. La esencia de Cristo debe entenderse desde todos los aspectos. ¿Cómo puedes conocer la esencia de Cristo? La clave está en entender la obra llevada a cabo por esta carne. Si sólo piensas que el Espíritu hace cosas de una cierta forma, pero que la carne no actúa, que sencillamente se la controla, esto es un error. ¿Por qué se dice que sufrir dolor, ser crucificado, conquistar a toda la humanidad y experimentar el sufrimiento del mundo es, todo ello, obra de Cristo? Porque Dios se hizo humano y porque éstas son cosas que Dios realiza entre los hombres. El Espíritu y la carne obran en tándem. No es como lo imaginan las personas, que si el Dios encarnado no habla el Espíritu debe obligarlo a que lo haga. Este no es el caso, sino que es algo que se realiza con total libertad; el Espíritu y la carne hacen lo mismo. Si la carne ve algo de un cierto modo, el Espíritu también. Comoquiera que se diga, todo se efectúa en tándem. Si se dice que la carne toma la iniciativa, esto también es incorrecto. ¿Qué significa que la carne tome la iniciativa? Esto tienen unos antecedentes, que es el que Dios se hiciera humano y que lo único que el hombre puede ver es lo que hace la carne, que ésta ha tomado la iniciativa durante el tiempo de la encarnación. No importa cómo se diga, todo lo que hace la carne lo realiza en tándem con el Espíritu. No es posible que el Espíritu vea algo, provoque que la carne hable, y ésta se contenga. Esto es del todo imposible. O si la carne desea hablar, pero el Espíritu no le proporciona las palabras. Esto no es posible. Si las personas piensan esto, están equivocadas y están siendo absurdas. ¿Puede ser que el Espíritu que está en el interior impulse a la carne a hablar, pero que ésta no lo haga? Sencillamente, esto no ocurre. El Espíritu y la carne son como una sola cosa. Es el Espíritu materializado dentro de la carne. ¿Cómo podría ser que el Espíritu deseara hablar, pero la carne no lo hiciera? ¿O que la carne deseara hablar, pero el Espíritu no le proporcionara las palabras? Semejante argumento es imposible. El Dios encarnado es la materialización del Espíritu dentro de la carne. Su carne puede hablar en cualquier momento y lugar, en el transcurso de Su obra. En cuanto a la obra del Espíritu Santo en el hombre, en el momento en que Él abandone a alguien, se puede percibir. El Dios encarnado no puede tener esta clase de sentimiento. El entendimiento del hombre está lleno de desviación y de errores al pensar que Dios ha obrado hasta esta etapa, que ahora no tiene nada que decir, y que incluso si quisiera decir algo, no tendría nada que decir. ¿Es esta la situación? Él puede hablar en cualquier momento. El Espíritu y la carne han obrado siempre como uno solo, ya sea en cualquier obra o en hablar sobre cualquier aspecto de la verdad... Comoquiera que lo consideres, el Espíritu está materializado dentro de la carne, y Dios se ha hecho humano; no puedes hablar en absoluto de algo que separe la carne del Espíritu.

¿Cómo se puede comunicar en comunión la obra realizada por la encarnación para que las personas la entiendan? En primer lugar, no prediques sobre cómo sufre la carne corriente y normal, sino predica en su lugar sobre cómo la obra de las dos encarnaciones ha formado un hilo. Predica sobre cómo la primera encarnación fue crucificada para redimir a toda la humanidad, y cómo cargó con los pecados del hombre. Predica sobre las dos partes de la obra de la segunda encarnación: la primera, la resolución del carácter corrupto del hombre, y la segunda, el establecimiento del destino que seguirá para la humanidad. Una vez prediques sobre esto, el hilo quedará claro. Entonces puedes hablar de distintos aspectos. Si las personas formulan algunas preguntas, enséñales de nuevo. A través de la comunicación constante todo quedará perfectamente claro.