Registros de las Pláticas de Cristo

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Capítulo 13: Sólo la búsqueda de la verdad es la verdadera creencia en Dios

Si no tienes experiencia en algo, puedes tener por seguro que no sabrás manejarlo y que lo manejarás mal. Aunque llegues a manejarlo, y pienses: “He explicado mucho todo esto y he hablado bastante de ello. También lo han escuchado mucho. ¡He hablado tanto sobre ello! Pienso que todo lo que he dicho respecto a este problema es básicamente la verdad, ¿no es así?”; pero, en realidad, no es más que doctrina, y la estás usando para resolver el problema. ¿Por qué decir que es doctrina? Cada palabra que pronuncias es correcta, pero lo que dices no va dirigido al problema ni ataca su raíz: dónde se encuentra, qué dificultad presenta, por qué estas personas pueden hacer tales cosas o qué condiciones han surgido en ellas. Si no puedes desenterrar estas cosas, no puedes resolver el problema; debes excavar la fuente del mismo. Es como cuando a alguien le duele el estómago. Existen muchos tipos de dolor de estómago: algunos sufren dolor estomacal porque han cogido frío; otros porque han comido algo frío, otros porque tienen una inflamación y otros por calambres. Nada servirá si no eres capaz de distinguir con claridad unos de otros. Si dejas que todos tomen analgésicos, puede que algunos dejen de sufrir el dolor tan sólo durante un rato y, para otros, los analgésicos no funcionarán en absoluto. Dirigir a las personas es, por tanto, como el doctor que cura a un paciente. Es necesario que entiendas por completo dónde está la raíz de la enfermedad. Si no puedes comprender la raíz ni la condición, descubrir dónde está el error, cuál es el problema o qué cosas revelan las personas al hablar, no serás capaz de resolverlo. Piensas que todo lo que dices es la verdad, cuando en realidad no es más que doctrina que sólo penetra de manera superficial. Por ejemplo, algunas personas por debajo de ti cometen algunas equivocaciones en sus obligaciones y, por tanto, les predicas: “Al llevar a cabo nuestra obligación debemos entregarnos, debemos tener responsabilidad por causa de Dios. Cumplir nuestra obligación es un deber que deberíamos desempeñar. ¡No debemos ser descuidados en nuestra obligación!”. Siempre predicas sobre esto. En realidad, lo entienden todo acerca de llevar a cabo su obligación, saben no ser descuidados en el deber y cómo cumplir bien con su responsabilidad. Pero no lo hacen bien, por lo que debes discernir con claridad qué situaciones se presentan aquí. Es posible que carezcan de nivel y, por ello, hacen las cosas mal, que sean estúpidos y no sean capaces de ser perfeccionados, que independientemente de cómo les enseñes, sigan sin poder hacerlo correctamente, y éste es un tipo de situación. Otro es que quizás estén apegados a su familia, que estén atados con asuntos laborales o matrimoniales, que tengan preocupaciones en el fondo de sus mentes, como: “Si me despiden por ser incapaz de obtener resultados en mis deberes, ¿qué haré?”. Son muchas las clases de situaciones, por lo que pronunciar esas pocas palabras te resultará inútil. “¡No debemos ser descuidados en el deber; debemos dedicarnos a Dios! ¡Nuestros propósitos internos deberían ser correctos, no debemos ser exigentes con las condiciones cuando llevamos a cabo nuestra obligación y deberíamos obedecer a Dios independientemente de cómo nos trate Él!”. ¡Es inútil predicar así! También predicas el punto de vista de creer en Dios, diciendo: “¿Por qué desempeñamos nuestras obligaciones?”. Esto es incluso más inútil, y no puedes aplicarlo a situaciones diferentes de manera indiscriminada. Aquellos de vosotros que tenéis ahora algún conocimiento literal y entendéis alguna doctrina, que entráis en contacto con algunos problemas en el transcurso de vuestras vidas cotidianas, tan pronto como entráis en contacto con ellos, pensáis: “¿A qué problema pertenece esto? ¡Oh, ahora hay tantos asuntos relativos a desempeñar las obligaciones y difundir el evangelio, así que hablemos sobre cumplir con la obligación propia!”. Y, profundizando un poco más: “¡Hablemos del punto de vista de creer en Dios!”. Después de haber predicado esto, se marchan. Pero, a continuación, siguen cometiendo los mismos errores. En realidad, ha sido básicamente inútil, porque hablaste sin haber comprendido la raíz del problema. Antes, algunos no tenían oído musical en absoluto, cantaban terriblemente mal, y decían: “¿Por qué no sé cantar?”. Después, las personas les preguntaban: “¿Qué clase de problema es éste?”. “¡Es una falta de nivel !”. Esto decían. ¿Cómo puede ser una falta de nivel? Se debía a que el gen de cantar no era inherente a ellos. No puedes decir que se debiera a una falta de nivel. ¿Tengo razón? No tener oído musical era algo inherente y nunca podía cambiar. Al final llegaron a la conclusión de que se debía a “una falta de nivel”; ¿pero no era esto una equivocación? ¿No lo era? No es correcto sumar dos y dos ciegamente. Aquellos de vosotros que ahora estáis equipados con alguna doctrina y un conocimiento literal, seguís sin saber dónde se pueden aplicar o usar estas palabras, por lo que al final eres incapaz de resolver problema alguno. Al final, cuando se te pide que uses la verdad para resolver problemas, te preguntas: “¡Ah! Tengo mucha verdad; ¿cómo es que no puedo resolver estos problemas? ¿Cómo es que me siento inquieto tan pronto como me enfrento a un problema?”. Eso demuestra que sigues sin entender la verdad y que no la has entendido. Algunas personas afirman: “Ah, tengo un alto nivel de conocimiento. Asistí a la universidad durante varios años, por lo que entiendo mucho de filosofía, política y ley; poseo una mente aguda cuando se trata del lenguaje. He leído y memorizado mucho de la palabra de Dios. Pero cuando termino de resolver los problemas, ¿por qué dicen que empleé la doctrina para resolverlos, y no la verdad?”. ¿Cuál es el problema aquí? No entiendes en absoluto la verdad ni lo que se pretende decir con “la verdad”.

Todos los que creen en Dios pueden hablar de doctrinas, alegando que nuestras opiniones sobre creer en Dios deben ser puras en su totalidad, que deberíamos obedecer y amar a Dios, y desempeñar nuestras obligaciones con lealtad, que no debemos rebelarnos contra Dios y que debemos entendernos a nosotros mismos. Aunque han hablado de estas cosas, no las entienden. Sigue sin haber una comprensión real del verdadero significado de estas verdades. Sólo puedes entender las palabras de un modo superficial, pero no su sentido espiritual ni su contenido interior. Por tanto, no tenéis verdad en vuestros corazones. Puede que tengas un poco de entendimiento, pero es muy superficial. En el caso de esos veteranos de la iglesia que tienen algunas experiencias, entienden en sus corazones un poco sobre cosas superficiales, pero no pueden expresar ni aplicar su entendimiento. En cuanto a los que son nuevos en la iglesia, sólo pueden hablar de algunas doctrinas y predicar el evangelio para ganar personas, pero no entienden en absoluto la verdad. Aquellos de vosotros que tenéis una educación y sois cultos tampoco entendéis la verdad; no consideréis que vuestro entendimiento de las doctrinas o los sentidos literales es un entendimiento de la verdad. Algunos veteranos de la iglesia, de buen nivel y que entienden el espíritu relativamente bien pueden tener un poco de experiencia de la verdad, pero siguen sin poder decir que la entienden. Cuando hablas de entendimiento, de diez frases que pronuncias quizás dos contienen un entendimiento verdadero. El resto de lo que dices es doctrinal, pero sientes como si pudieras conseguirlo ahora; puedes predicar constantemente durante uno o varios días, sin importar dónde vayas, teniendo siempre algo que decir y sin detenerte jamás. Cuando has acabado, quieres recopilarlo en un libro, copiarlo y distribuirlo, escribir la “biografía de una celebridad” que, una vez publicada, permitiría a las personas comer y beber estas palabras y que traería beneficios a todos. Las personas no pueden, en absoluto, comprender la verdad y, como mucho, entienden el sentido literal. Cuando se han preparado, sienten que están en posesión de la verdad y que la poseen en abundancia porque son inteligentes, tienen una buena memoria, porque van y hablan a menudo por todas partes sobre la obra de Dios, el significado de la encarnación, el misterio de la encarnación y los métodos y pasos de la obra de Dios. ¡Esto es tan absurdo! Demuestra que ninguno de ellos entiende la verdad. Ahora, las personas comprenden algunas doctrinas, no se entienden a sí mismas, y menos aún tienen algún sentido. Al entender algunas doctrinas sienten que están en posesión de la verdad, que no son tan insignificantes, y se yerguen pensando: “He leído la palabra de Dios muchas veces. Recuerdo algunas palabras con precisión y las he grabado en mi corazón. Allá donde voy, si empiezo a hablar puedo continuar durante días, y puedo hablar sistemática y minuciosamente sobre cualquier pasaje de las palabras de Dios”. En realidad no entiendes nada. ¿Por qué se dice que no entiendes? Un aspecto es que no podéis resolver los problemas, encontrar su fuente ni ver a través de su esencia. Otro aspecto es que, cualquiera que sea el problema o el asunto, vuestro conocimiento del mismo está mal concebido y no es concluyente; por tanto, no se acerca a la verdad. En cuanto a la visión de la creencia de uno en Dios —cómo creen las personas en Dios, qué puede llamarse “creencia”, qué clase de persona puede llamarse “creyente”, qué clase de persona tiene a Dios en su corazón, cómo explicar las palabras “creencia en Dios”, cómo entender esta verdad, qué clase de actitud muestra que la visión de la creencia propia en Dios es correcta, qué tipo de actitud muestra que la visión de la creencia propia en Dios es incorrecta y cómo deberían creer en Dios las personas—, ¿habéis considerado alguna vez estas cosas? Todos vosotros parecéis los “gigantes” de la verdad; ¿pero a qué podemos llamar “creencia”? ¿Has considerado esto antes? ¿Qué cosas de tu vida cotidiana son exhibiciones de incredulidad, qué manifestaciones hacen esos creyentes que poseen una creencia real y los que no creen de verdad? Y, en las cosas con las que entras en contacto en tu vida cotidiana, ¿cuáles de ellas tienen que ver con la creencia en Dios y cuáles de ellas no tienen nada que ver con la misma? ¿Podéis hablar con claridad sobre estas cosas? ¿Entiendes de verdad el sentido de la creencia en Dios? ¿Entiendes qué clase de persona posee una creencia real o es un creyente real? Todos los seres creados creen en Dios; ¿entiendes lo que significa esto? Esto implica visiones sobre la creencia en Dios. Algunas personas dicen: “¡Ah! La creencia en Dios es una cosa buena y es el camino correcto. La creencia en Dios es mejor que cualquier negocio o carrera. La creencia en Dios es la cosa más grande en la vida del hombre. Desempeñar la obligación de uno para Dios mientras se cree en Él es una expresión práctica. La creencia en Dios tiene el fin de ser salvado y de satisfacer Su voluntad”. Todos habéis dicho estas cosas antes, ¿no es así? ¿Entendéis de verdad estas palabras? No, no las has entendido realmente. Una creencia verdadera en Dios no tiene que ver con creer en Él para ser salvado, y menos aún con ser una buena persona. Tampoco tiene que ver con creer en Dios con el fin de tener semejanza humana. En realidad, las personas no deberían ver su creencia en Dios tan sólo como creer que hay un Dios, y después nada más; no se trata de que debas creer simplemente que Dios es la verdad, el camino, la vida, y después nada más. Tampoco es que reconozcas solamente a Dios, y mucho menos que te limites a creer que Él es el Soberano de todas las cosas, que Él es todopoderoso, que Él creó todas las cosas en el mundo, que Él es único y supremo. Más bien es que tú, todo tu ser y todo tu corazón, deberías seguir a Dios, permitir que Él te use, que Él te utilice en Su servicio, y que deberías hacer cualquier cosa por Él. No es decir que Dios ordena previamente y escoge a estas personas para que crean en Él. Realmente, toda la humanidad debería adorar a Dios, prestarle atención y obedecerlo, porque la humanidad fue creada por Dios. Esto menciona de pasada, ahora, el asunto de la esencia. Si siempre hablas de las razones por las que crees en Dios y afirmas que crees en Él con el fin de obtener la vida eterna, o de ser salvado, tu creencia en Dios es como una especie de asunto periférico, y crees tan sólo con el fin de ganar algo; ésta no es la visión que deberías tener de tu creencia en Dios. Con respecto a todas y cada una de las verdades, las personas deberían buscar, intentar averiguar e investigar cuál es el sentido interior de la verdad, cómo practicar ese aspecto de ella y cómo se puede entrar en el mismo; las personas deberían poseer estas cosas. En todos los aspectos de la verdad que deberíais poseer ahora, sólo entendéis la doctrina superficial, la apariencia externa, pero no la esencia de la verdad, ya que no la habéis experimentado. Por ejemplo: ¿cuánta verdad contiene el aspecto de desempeñar la obligación propia? ¿Acaso el amor de Dios no contiene mucha verdad en su interior? Para conocerse a sí mismas, las personas deben entender mucha verdad. Hay mucha verdad del significado y del misterio de la encarnación que también debe entenderse. Hay mucha verdad contenida en asuntos como la forma en que las personas deberían adorar a Dios, vivir como seres humanos, obedecer a Dios, qué deberían hacer para conformarse a la voluntad de Dios y cómo deberían servirlo. ¿Cómo consideráis o intentáis averiguar las cuestiones de todos estos aspectos de la verdad? Hay una verdad especialmente profunda en todos y cada uno de los aspectos, y éstos exigen que las personas los experimenten. Si no lo haces y te conformas con rascar la superficie de las palabras, sin descifrarlas ni experimentarlas nunca desde sus profundidades, siempre vivirás en la superficie de las palabras, y serás incapaz de cambiar. Cuando personas normales hacen comentarios sobre vosotros, que sois los líderes en la iglesia, decís: “Umm, ¿qué te cualifica para hacer comentarios sobre mí? ¿Cuántos sermones puedes predicar? ¿Cuánto puedes hablar? ¿A cuántas personas puedes guiar? ¿Qué puedes hacer?”. Es como si estuvierais cualificados. Si continuáis así tendréis problemas; podéis servir durante un tiempo, pero después os equivocaréis. En lo que respecta a todos vosotros, si se os entrega un área o un distrito y nadie os supervisa durante seis meses, empezáis a desviaros. Si nadie te supervisa durante un año, alejáis a las personas y las lleváis por mal camino. Pasan dos años, sigue sin haber alguien que te supervise, y llevas a esas personas ante ti. ¿Por qué ocurre esto? ¿Habéis considerado esta pregunta alguna vez con anterioridad? Decidme, ¿podríais actuar así? Vuestro conocimiento sólo puede proveer para las personas durante un tiempo. Conforme este transcurre, si sigues diciendo lo mismo, algunas serán capaces de darse cuenta; dirán que eres demasiado superficial, que estás demasiado falto de profundidad. La única opción que tendrás será intentar engañar a las personas proclamando doctrinas, y si continúas así todo el tiempo, los que están por debajo de ti seguirán tus métodos, tus pasos y tu modelo para creer en Dios y experimentar, y pondrán estas palabras y doctrinas en práctica. En última instancia, como hablas de esta forma, te usarán como ejemplo. Guías a las personas a hablar doctrinas, y los que están por debajo de ti aprenderán doctrinas de ti. Conforme todo progrese, tú habrás tomado el camino equivocado. Todos los que están por debajo de ti te siguen, así que tú sientes: soy poderoso ahora; muchas personas me escuchan, y el mundo se encuentra a mi entera disposición. Esta traición en el interior del hombre hace que, sin darte cuenta, conviertas a Dios en una mera figura decorativa, y que tú mismo formes entonces alguna denominación, alguna secta. ¿Cómo surgen las denominaciones y las sectas? Surgen de esta forma. Mira a los líderes de cada denominación y secta. Son todos arrogantes y farisaicos, e interpretan la Biblia fuera de contexto y según su propia imaginación. Todos confían en los dones y la erudición para hacer su obra. Si fueran incapaces de predicar nada, ¿les seguirían esas personas? Después de todo, poseen algún conocimiento, y pueden hablar un poco de doctrina, o saber cómo convencer a los demás y usar algunos artificios por medio de los cuales han llevado a las personas ante ellos y las han engañado. Esas personas creen en Dios sólo de nombre, pero en realidad siguen a sus líderes. Si se encontraran con los que predican el camino verdadero, algunos de ellos dirían: “Tenemos que consultarle respecto a nuestra creencia en Dios”. Mira cómo requieren el consentimiento de alguien para creer en Dios; ¿no es esto un problema? ¿En qué se han convertido, pues, esos líderes entonces? ¿No se han vuelto fariseos, falsos pastores, anticristos y obstáculos en la aceptación del camino verdadero por parte de las personas? Esta clase de líderes pertenece a la misma clase que Pablo. ¿Por qué digo esto? Las epístolas paulinas tienen casi dos mil años de antigüedad e impregnaron toda la Era de la Gracia. Todas las personas comían y bebían estas palabras suyas y las tomaban como norma; palabras tales como el sufrimiento, la disciplina del cuerpo propio y la corona final de justicia. Las personas creían en Dios según sus palabras y sus doctrinas. Durante la Era de la Gracia, ¿cuánto podían entender las personas de la voluntad de Dios? Después de todo, los que seguían a Jesús en aquel tiempo eran minoría, y los que lo conocían eran aún menos; ni siquiera varios de Sus discípulos lo conocían realmente. No se puede decir que la pequeña luz que el hombre ve en las páginas de la Biblia represente la voluntad de Dios. Menos aún se puede afirmar que un pequeño esclarecimiento signifique un entendimiento de Dios. Las personas son arrogantes y engreídas, y no tienen a Dios en sus corazones. Con un poco de entendimiento doctrinal van a lo suyo y forman muchas denominaciones. Afortunadamente, se trataba de la Era de la Gracia y Dios no era estricto con el hombre; el Espíritu Santo obró en todas las denominaciones y sectas en el nombre de Jesús, y lo hizo todo excepto en las ocasiones en las que se realizó la obra de espíritus malignos, por lo que la mayoría de las personas siguió disfrutando de la gracia de Dios.

Independientemente de que siguieras con anterioridad a otra persona o de que no satisficieras la voluntad de Dios, en esta etapa debes venir delante de Él, porque si continúas siguiendo a alguien sobre la base de experimentar esta etapa de la obra, se te considerará imperdonable, y acabarás exactamente como Pablo. Desde el principio, he usado a Pablo y a Pedro como ejemplos. ¿Por qué? Representan dos sendas distintas. Si alguien no camina por la senda de Pedro en su creencia en Dios, lo hace por la de Pablo. Sólo existen estos dos caminos. No importa si eres un seguidor subordinado o un líder, da igual. Si no te embarcas en la senda de Pedro, estás caminando por la de Pablo. Es inevitable, y no hay un tercer camino por el que andar. Si las personas no entienden la voluntad de Dios, no lo conocen, no buscan entender la verdad ni pueden obedecer a Dios de forma absoluta, al final deben acabar igual que Pablo. Si no buscas conocer a Dios ni buscas entender Su voluntad, sino que sólo buscas hablar y equiparte de doctrinas, no harás más que desafiar y traicionar a Dios, porque la naturaleza del hombre es desafiar a Dios. Está garantizado que lo que no se conforma a la verdad ha surgido de la voluntad del hombre. No se puede afirmar que, a pesar de todo, no sean demasiado malas, aunque no se conformen a la verdad. Algunos dicen: “Aunque estas cosas no se hacen de acuerdo con la verdad, sigo creyendo que no desafían a Dios”. Puedes tener por seguro que cualquier cosa que no concuerde con la verdad es un desafío a Dios. Lo que no es según la verdad, es de acuerdo a doctrinas y a la voluntad del hombre. Habrá surgido de Satanás o de la voluntad del hombre. Esto desafía a Dios. Aunque crean en Dios, quienes no buscan la verdad son incapaces de obedecer a Dios y sólo pueden desafiarlo.