Registros de las Pláticas de Cristo

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Capítulo 14: Cómo entender la unicidad de la carne y el Espíritu

Algunas personas preguntan: “Dios observa el corazón de la humanidad, y la carne y el Espíritu de Dios son uno. Dios sabe todo lo que las personas dicen; ¿sabe Dios, pues, que ahora yo creo en Él?”. Responder a esta pregunta implica la forma de entender al Dios encarnado y la relación entre Su espíritu y Su carne. Algunos dicen: “Dios es real de una forma concreta”. Otros dicen: “Él es real de una forma concreta. Sin embargo, Su carne y Su Espíritu son uno, ¡así que Él debería saberlo!”. Entender a Dios es, principalmente, comprender Su esencia y los atributos de Su Espíritu, y el hombre no debería intentar determinar si la carne o el Espíritu de Dios saben una cosa en concreto; Dios es sabio y maravilloso, inimaginable para el hombre. Imagina que cuando durmieras por la noche tu espíritu te abandonara y después regresara. ¿Sabrías adónde habría ido? ¿Puedes tocar el espíritu dentro de ti? ¿Sabes qué está haciendo tu espíritu? La carne, el Espíritu y la persona dentro de cuya carne se sustancia el Espíritu son cuestiones que vosotros no habéis entendido con claridad. Cuando Dios se hace carne y el Espíritu se sustancia en la carne, la esencia de la persona resultante es divina, completamente diferente de la esencia de una persona humana y del tipo de espíritu que reside en el interior de un cuerpo humano; son dos cosas del todo distintas. La esencia de un ser humano y su espíritu están fijados a ese individuo. El Espíritu de Dios está sujeto a Su carne, pero Él es todopoderoso. Aunque Él está haciendo Su obra desde el interior de la carne, Su Espíritu también opera en todas partes. No puedes pedir ver la naturaleza de esta omnipotencia ni verla con claridad. No hay forma de verla claramente. A ti te basta con ver cómo obra el Espíritu Santo entre las personas de rango inferior cuando la carne realiza Su obra. El Espíritu tiene la característica de la omnipotencia; Él controla todo el universo y salva a aquellos a quienes escoge, y también obra para esclarecer a todas las personas de rango inferior, a la vez que la carne está llevando a cabo Su obra. No puedes afirmar que la carne carece del Espíritu mientras éste obra entre las personas de rango inferior. Si dices esto, ¿no estarías negando la encarnación de Dios? Sin embargo, existen algunas cosas que la carne no sabe. Este desconocimiento es el aspecto normal y práctico de Cristo. Que el Espíritu de Dios se realice de forma concreta en el interior de la carne demuestra que Dios mismo es la esencia de esa carne. Su Espíritu ya sabe cualquier cosa dada que Su carne no conoce, a causa de Su aspecto práctico, de manera que se puede decir que Dios ya sabe esa cosa. Si niegas el aspecto del Espíritu a causa del aspecto práctico de la carne y niegas que esta carne sea Dios mismo, entonces habrás cometido el mismo error que los fariseos. Algunos afirman: “La carne y es Espíritu de Dios son uno; ¿sabe Dios, pues, cuántas personas hemos ganado para Él aquí? Podría saberlo, ¿acaso no se dice que el Espíritu y la carne son uno? El Espíritu sabe y la carne también se entera de ello, ¡porque son lo mismo!”. Que hables así niega la carne. Ésta encarna Su aspecto práctico y normal: existen algunas cosas que la carne puede saber y algunas que la carne no necesita saber. Éste es Su aspecto normal y práctico. Algunos dicen: “El Espíritu sabe, por tanto la carne sabe sin duda”. Tal cosa está fuera del ámbito de la realidad y, por tanto, así niegas la esencia de la carne. Algunas cosas sobre el Dios encarnado son distintas de cómo se las imaginan los seres humanos: son invisibles, impalpables, misteriosas. Si Él es capaz de saber algo sin verse limitado por el espacio o la geografía, entonces no es la carne, sino el cuerpo espiritual. Después de que Jesús fuera clavado a la cruz y más tarde resucitara, pudo atravesar la puerta, pero ése era el Jesús resucitado. Antes de la resurrección, Jesús no podría haber pasado a través de un muro; no hay manera. Estaba limitado por el espacio, la geografía y el tiempo. Éste es el aspecto normal de la carne. Un asunto debe sopesarse y hay que hablar de él de manera exhaustiva. Meramente dices que la carne y el Espíritu de Dios son uno y, por tanto, la carne sabe lo que el Espíritu sabe, pero la carne representa el aspecto normal y práctico. Además, está este otro asunto. Cuando hace Su obra en la carne es Él mismo quien la hace: tanto el Espíritu como la carne están involucrados en la obra. La lleva a cabo principalmente la carne; ésta es primordial. El Espíritu obra para esclarecer a las personas, para guiarlas, ayudarlas, protegerlas y velar por ellas, mientras que la carne ocupa la función principal en la obra. Sin embargo, si Él quiere conocer a alguien, es una cuestión sencilla. Cuando un ser humano quiere entender a otro, no conocerá el grado de maldad de los actos del otro a menos que los vea. Sin embargo, el Dios encarnado siempre tiene el presentimiento de cómo se comporta una persona de rango inferior en concreto y es capaz de hacer un juicio. Es imposible que no tenga tal percepción. Decir que Él no conoce a una persona en concreto es cuestión de semántica, pero es imposible que Él no sepa nada de ella. Por ejemplo, Él sabe y comprende cómo se comporta cualquiera de vosotros, personas de rango inferior, lo que haréis, cualquier mal que lleguéis a hacer y el grado en que lo haréis. Hay quien dice: “Si Dios lo abarca todo, ¿sabe dónde estoy yo justo ahora?”. No lo sabe; no es fundamental saberlo. Comprenderte de verdad no es saber dónde estás cada día. No hay necesidad de saber eso. Basta con entender lo que harás por naturaleza, y Él tiene suficiente con ello para hacer Su obra. Dios es práctico en cómo aborda Su obra. No es como las personas imaginan, que cuando Dios conoce a una persona debe saber dónde está esa persona, lo que está pensando, lo que está diciendo, lo que hará más tarde, cómo vestirá, qué aspecto tendrá, etc. En realidad, la obra de salvación que Dios hace no requiere fundamentalmente que sepa estas cosas. Dios sólo se centra en conocer la sustancia de una persona y el proceso de progreso sobre su vida. Cuando Dios se hace carne, las manifestaciones de la carne son prácticas y normales; y esta practicidad y normalidad se poseen para llevar a cabo la obra de conquista y salvación de la humanidad. Pero nadie debe olvidar que la practicidad y normalidad de la carne es Su manifestación más normal cuando el Espíritu de Dios mora en Su carne. Por tanto, tú dices ¿lo sabe el Espíritu? Sí, el Espíritu sabe. Él sabe, ¿pero presta atención a estas cosas? No presta atención, y a la carne tampoco le importan estos asuntos tuyos. Se diga lo que se diga, el Espíritu y la carne son uno y nadie puede negarlo. En ocasiones tenéis pensamientos en vuestros corazones: ¿sabe el Espíritu lo que estáis pensando? Por supuesto que lo sabe. El Espíritu considera el corazón y sabe lo que piensan las personas, pero Su obra no consiste solamente en estar al tanto de los pensamientos de cada uno. Más bien, Él debe expresar la verdad desde el interior de la carne con el fin de cambiar los pensamientos del corazón de las personas. Vuestros pensamientos sobre algunas cosas son demasiado inmaduros. Creéis que Dios debería ser omnisciente. Algunos dudan del Dios encarnado si Dios no sabe algo que ellos imaginan que debería saber. Todo esto se debe a que las personas tienen un entendimiento insuficiente de la sustancia de Dios hecho carne. Existen algunas cosas fuera del ámbito de la obra de la carne de las que Él no se preocupa. Éste es un principio de cómo obra Dios. ¿Entendéis ahora estas cosas? Decidme, ¿sabéis de qué espíritu sois? ¿Puedes tocar tu propio espíritu? Si puedes sentirlo o tocarlo, entonces no forma parte de ti. Es algo que no es tuyo; es algo adicional que se te introduce desde afuera. ¿Entiendes? ¿Eres capaz de sentir tu alma? ¿Eres capaz de tocarla? ¿Eres capaz de sentir lo que tu alma está haciendo? No lo sabes, ¿verdad? Si eres capaz de entender una cosa así, entonces es que otro espíritu dentro de ti está haciendo algo con fuerza: controlar tus actos y tus palabras. Es algo ajeno a ti, no es de tu propio cuerpo. Aquellos que tienen un espíritu maligno saben esto mejor. Aunque la carne de Dios representa Su aspecto práctico y normal, como ser humano no se lo puede definir libremente ni llegar a conclusiones sobre Él. Dios se digna a venir como hombre y se oculta; Sus actos son inimaginables.