Registros de las Pláticas de Cristo

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Capítulo 18: Para servir a Dios uno debería caminar por la senda de Pedro

La mayoría de las personas son incapaces de distinguir qué personas tienen la verdad, qué personas no la tienen y qué personas dicen cosas que contienen la verdad. Cuando se te pide que expliques lo que se quiere decir con “la verdad”, no puedes hacerlo con claridad. Pero tan pronto como alguien afirma algo, tú recalcas: “Su punto de vista es correcto. Las palabras que él dice muestran un entendimiento práctico obtenido a través de la experiencia”. Entiendes en cuanto los oyes hablar. Para aquellos de vosotros que sois nuevos, si os pregunto qué quiere decir “realidad”, no sólo no seríais capaces de responderme, sino que tampoco podríais discernir la diferencia entre quien habla sobre la realidad y quien habla doctrina. No digo esto para menospreciaros: sencillamente no tenéis la experiencia. Considera esos veteranos de la iglesia; aunque algunos tentadores prolíficos puedan desconcertarlos con cosas que ellos ni siquiera saben lo que son, siguen sabiendo que lo que esas personas dicen no es correcto. Son capaces de discernir qué personas hablan doctrina, y qué personas hablan sobre la realidad. Vosotros, sin embargo, ni siquiera habéis rascado aún la superficie. No digo esto para denigraros, así que no seáis negativos por esto. Es el proceso normal de experiencia que todos deben atravesar. Todos deben pasar por muchos años de riego, pastoreo, escuchar, sentir, realizar y experimentar antes de entender lenta, pero totalmente, las experiencias vitales, antes de poder cruzar el umbral y abrir sus ojos. Si sólo hablas y oyes doctrina, si no puedes percibir los asuntos que conciernen a la realidad ni tienes discernimiento, tus ojos no se han abierto; todavía no se han abierto. ¿Qué quiere decir “tus ojos no se han abierto”? Significa que no has cruzado el umbral, y esto es una realidad. Significa que no has cruzado el umbral de lo que concierne a la verdad. Miraos ahora. Quizás puedas hacer obra pastoral, apoyar a otros, donar y gastarte, o hacer algunas cosas rutinarias en la casa de Dios. Pero no tienes necesariamente la realidad ni tendrás discernimiento alguno de la realidad ni de las letras y las doctrinas. Quizás no estéis convencidos de esto hasta que un día venga alguien que hable doctrina, que tenga don de palabra, y entonces quizás lo pongáis en un pedestal. Y cuando llegue esa persona que posea de verdad la realidad, que sea silenciosa, que no haga ruido, quizás la pisotearéis. Tan pronto como hagáis esto, sabréis dónde está vuestra propia estatura. Sí, la estatura de un hombre, el entendimiento propio de la realidad y de uno mismo, la experiencia personal de la verdad, el entendimiento propio respecto a Dios; todas estas cosas proceden, simple y llanamente, de la experiencia, de vivir día a día. Estas cosas no proceden, desde luego, del estudio ni de cuánto hayas oído. “Yo tengo estas cosas. Las he oído y las recuerdo. Mi nivel de conocimiento es elevado, soy estudiante universitario, desempeño algún trabajo, investigo algo, y conozco las cosas tan pronto como las oigo”. Puedes usar el conocimiento que has adquirido para oír filosofías, política o literatura. Sin embargo, no puedes usarlo aquí, ¡es inútil! ¿Qué tenemos, pues, aquí? El conocimiento que has alcanzado puede ayudarte a conocer las palabras escritas de la verdad o la forma de expresarla mejor que los demás, pero no eres mejor que ellos cuando se trata de experimentar la verdad; no tienes ventaja a este respecto. Reconocéis esto, ¿verdad? No investigáis asuntos de la experiencia vital y carecéis de demasiadas cosas. Pero los que tenéis algún conocimiento, los que estáis ahora en la posición ventajosa de ser un líder sobre otras personas, los que con frecuencia estáis en la obra y entráis en contacto con veteranos de la iglesia en los niveles superiores, y hacéis alguna obra específica, podéis progresar con mayor rapidez. Podéis avanzar más rápido de lo que pudieron hacerlo los veteranos de la iglesia con anterioridad, a mayor velocidad con vuestro entendimiento de la realidad, con cualquier aspecto de la verdad y entendiéndoos a vosotros mismos. Quizás no caminaréis por una senda sinuosa o tal vez también tengáis que sufrir algunos reveses. La situación de cada cual es diferente, sus condiciones son distintas. Algunas personas necesitan sufrir algunos contratiempos antes de poder experimentar un gran cambio. Y después están aquellas que no necesitan sufrir grandes reveses, pero que descubren la senda por la que deberían caminar y su propia corrupción en las cosas que acontecen a su alrededor, y obtienen algunas perspectivas de las personas, las cosas y los objetos que los rodean. Estos progresan relativamente rápido.

Así pues, ¿a qué deberíais prestar atención ahora? Si sólo prestáis atención a trabajar en asuntos periféricos, y a dar vueltas en torno a ellos, vuestro progreso se retrasará. Cuando creéis en Dios, vuestro progreso personal en la vida es más fundamental e importante. Puedes equiparte tan sólo con doctrina, con la capacidad de obrar, o puedes hacer algo usando algún método brillante, o con sabiduría; estas cosas son todas secundarias, aunque sigues sin poder arreglártelas sin ellas. El asunto principal para tu creencia en Dios es que debes conocer minuciosamente la verdad, experimentarla y tener algún entendimiento de ella, y ser capaz de poseer un corazón obediente y satisfacer la voluntad de Dios delante de Él. Si crees en Dios, pero cuanto más crees más se distancia tu relación con Él, más te alejas de Él y más huecos hay en ti que entran en conflicto con la verdad, esto demuestra que tu creencia no te está guiando al progreso, que el Espíritu Santo no ha obrado en ti, y que te has apartado y te has ido a los extremos. Si crees durante un tiempo y después tienes algún entendimiento de la realidad, de ti mismo, y piensas que has comprendido algunas cosas de la realidad, esto demuestra que entiendes los asuntos espirituales, que tus ojos están abiertos y que estás caminando por la pista correcta. Algunos veteranos, seguidores de dos o tres años, ni siquiera han rascado la superficie, son desafiantes e incontrolados y se preparan para obtener bendiciones; se están preparando para disfrutar de su buena fortuna una vez que la obra se complete. Ni siquiera han rascado la superficie respecto a las experiencias vitales ni tienen una relación armoniosa con Dios en lo más mínimo. Está bien pasar un poco de tiempo con ellos; obedecerán con reticencias, y no se atreverán a abrir la boca si tienen conceptos. Pero transcurrido algún tiempo, en el momento en que empiezan a resistir, se convierten en objetos para la destrucción. Todos están en terreno peligroso, y es algo terrible. Si crees en Dios y caminas por la senda adecuada, tu creencia es correcta y obtendrás bendiciones. Si te desvías, si caminas por la senda equivocada o torcida, si no avanzas, no progresas con todas tus fuerzas, perecerás y sufrirás el castigo.

Las personas tienen dos sendas de creencia en Dios: una consiste en ser capaces de obedecer a Dios por completo; la otra es desafiarle e ir contra Él. Sólo hay dos sendas. No puede ser que no vayas contra Dios pero que tampoco le obedezcas; esto no es posible. Si no obedeces a Dios y tu entendimiento no es genuino, sólo puedes ser rebelde y desafiante. Tal vez no muestres rebeldía con las cosas que dices, y quizás no vayas en contra de Él con las armas desenfundadas, pero tu corazón sigue siendo rebelde. O cuando no se te pide que hagas nada, puedes sentirte lleno de amor por Dios y muy cercano a Él. Pero tan pronto como se te pide algo se revelan tu rebeldía, tu arrogancia, tu farisaísmo y las cosas de Satanás que tienes; una vez revelados estos, tu rebelión es un hecho. ¿No es así? Es posible que, para ti, tu creencia en Dios no sea más que un mero “Soy bendecido por creer en Dios y después seré objeto de Sus bendiciones. Soy un miembro de la casa de Dios y Él me levanta; soy alguien alzado por Dios. Soy bendecido y Dios es bueno conmigo”. Pero si lo ves de esta forma, ¿cuál es la utilidad? ¿De qué sirve gritar estos conceptos vacíos? La clave está ahora en si puedes ser salvo o no, si puedes caminar o no por la pista correcta de la vida, si Dios te elogia o no en tu creencia, si Él reconoce o no tu membresía en Su casa, y si Él te reconoce o no; sólo esto puede considerarse un comportamiento serio en tu creencia en Dios. Creer de forma atolondrada, como “Ah, Dios es bueno conmigo, Él me favorece, soy bendecido y próspero en todas partes. Mira, Dios me ha levantado y me ha hecho un líder en Su casa. He tenido mucha suerte y mi estrella ha estado subiendo desde que vine a la casa de Dios”. Limitarse a exhibir esta clase de cosa no sirve para nada. Es algo vacío; ¡inútil! Si se te da una oportunidad, pero no te aferras a ella, entonces se te dio en vano, y no servirá de nada por muchas oportunidades que se te ofrezcan. Aférrate a cosas verdaderas, reales. Algunos creyentes veteranos dicen: “¡Ah, soy bendecido! ¡Soy bendecido y soy la persona más bendecida de todo el mundo, de todo el universo!”. No te serviría de nada, aunque fueras un ángel; no puedes decir simplemente esta clase de cosas, sino que debes aferrarte a cosas verdaderas. En especial aquellos de vosotros que creéis en Dios desde hace poco tiempo y habéis tenido poca experiencia, que no experimentasteis esos pasos de la obra al principio, y que llegasteis los últimos: ¿Estáis dispuestos a apostar vuestra vida a que en lo sucesivo seréis salvados? ¿Lo estáis? ¿No lo estáis, verdad? ¡Si no estáis dispuestos a jugaros la vida en ello, estáis en una posición peligrosa!

Si no entiendes qué es servir u obedecer a Dios, y menos aún entiendes cómo adorarle o cómo deberían creer en Él las personas; si no has comprendido estas cosas y no tienes entendimiento de ellas en tu corazón, te desviarás y desafiarás con facilidad a Dios. Como aquellos que cayeron antes y que dijeron: “¡Que el Espíritu Santo nos revele esto!”. Todos veis ahora este asunto con claridad. En aquel momento no tenían intención de hacer nada malo ni de desafiar a Dios, y sabían que Él los había levantado y que debían trabajar duro. Pero no caminaron por la senda correcta, pensando tan sólo que Dios los había levantado, que querían trabajar duro, y hacer un buen trabajo pastoreando a los que estaban por debajo de ellos en la iglesia; pensaban hacer todo lo que los de arriba querían que hicieran. No habían comprendido las cosas prácticas y, en realidad, estaban haciendo las cosas a ciegas, confiando en su propia voluntad. Cuando ya no iban a ser usados más, se enojaron y dijeron: “Dios es justo. ¡Que el Espíritu revele esto! No creo en el hombre, sino en Dios”. No planearon de antemano decir estas palabras; ¿las pronunciaron, pues, de manera involuntaria? ¿Qué razón hubo para ello? Se debió a que el hombre no teme a Dios ni le entiende. Ves que algunas personas dicen algunas cosas que son insensatas e ignorantes, y se les perdona. Se les perdona por su ignorancia y no se investiga cuáles eran sus responsabilidades. ¿Por qué no es este el caso para algunos otros? Porque dijeron cosas muy graves: “Tú eres Dios, pero seguiré sin obedecerte”. Estas personas son anticristos; desafían a Dios y no aceptan la verdad. Algunas personas son insensatas e ignorantes. Está bien mostrar tu insensatez e ignorancia una o dos veces; pero si ofendes los decretos administrativos de Dios o Su carácter, tendrás un problema. Considera la senda por la que Pedro caminó. Él obtuvo el esclarecimiento del Espíritu Santo al principio y le habló a Jesús, diciendo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Una vez que el Espíritu Santo lo hubo esclarecido, ganó alguna perspectiva y su corazón se llenó de luz. Aunque no poseía un entendimiento más profundo en ese momento, buscaba entender a Dios, y transitaba por la senda correcta de servir a Dios. Servir a Dios es una cosa de lo más peligrosa, y también de lo más gloriosa. Como el hombre es rebelde y corrupto, una vez que se desvía, está acabado. Las personas sirven a Dios, no a otras personas; servir a Dios es algo peligroso. Pedro recorrió este camino y tuvo esta creencia. ¿Y qué hay de Pablo? Él no reconocía que Jesús era el Cristo. Lo persiguió sin cesar y, después de ser derribado, seguía sin darse cuenta de que Dios era el Señor de todas las cosas y de cómo debería obedecerle el hombre. No estaba en posesión de un sentido normal de la razón, sino que de principio a fin albergó una mentalidad arrogante: “Yo Te doy tanto y Tú deberías darme tanto; yo erogo tanto, por lo que Tú deberías recompensarme con tanto y darme tal remuneración”. Su obra estuvo bajo el dominio de esta clase de pensamiento todo el tiempo. Por tanto, nunca tuvo un corazón que venera a Dios, que teme a Dios. Fíjate en el tono de sus palabras: “He peleado la batalla”; he peleado la batalla que me hiciste pelear. “He terminado mi carrera”; he corrido esa carretera que me indicaste correr. “He mantenido la fe”; ¿no me hiciste guardarla? La he guardado, ¿no debería estar reservada para mí la corona gloriosa? ¿Acaso no hablaba él con ese tipo de tono? Por supuesto, no podía hablar con tanta contundencia como en la epístola. Hablaba de manera eufemística y críptica, pero sus palabras brotaban de estas ideas. ¿Qué ocurrió al final? Él seguía teniendo que ser castigado, ¿no es así? Debéis ver claramente que el hombre debería escoger la senda de servir a Dios, de creer en Él. ¿Qué formas de servir a Dios corresponden a los caminos de Pablo? ¿Qué formas de creer pertenecen a los caminos de Pablo? ¿Cómo puede conseguirse una forma piadosa de servir a Dios como la de Pedro? Existe una senda por la que las creaciones de Dios deberían caminar para adorarle; la senda debe escogerse correctamente y vuestros objetivos deben ser claros. No seáis atontados, sino caminad con seriedad y manteneos en terreno firme, con una visión perfectamente clara. Avanzar de una forma atolondrada es peligroso para ti y te garantiza que un día ofenderás los decretos administrativos de Dios o comenzarás a quejarte.

¿Tenéis claro el tipo de naturaleza o de condición en el hombre que lo conduce a la perdición con mayor facilidad, independientemente de que sea un líder o un seguidor? ¿Sabéis algo de la naturaleza común del hombre? Algo que le es común a la naturaleza del hombre es traicionar a Dios; todas y cada una de las personas pueden traicionar a Dios. ¿Es el no creer la única traición a Dios? ¿Qué es una traición a Dios? ¿Qué cosas significan una traición a Dios? Debes entender de qué está hecha la esencia del hombre; debes comprender esto y la raíz de los asuntos. Tus debilidades fatales, tu carácter explosivo, tus malas maneras, tus malos hábitos o tus malos modales son, todas ellas, cosas superficiales. Si sólo entiendes ajustadamente estas cosas y tu esencia permanece sin resolver, seguirás caminando por la senda torcida y desafiando a Dios. ¿No es así? Sólo estáis rascando la superficie y aferrándoos a detalles menores. El hombre puede traicionar a Dios en cualquier momento o lugar, y esto es un grave problema. En este momento quizás puedas amar mucho a Dios, erogar mucho por Él, ser especialmente leal; ahora mismo quizás puedas ser particularmente razonable y tener conciencia. Pero pueden darse el momento y el lugar en los que algo te lleve a traicionar a Dios. Pongamos que alguien es particularmente razonable en la actualidad; el Espíritu Santo está obrando en él, él tiene cierta experiencia práctica, ha asumido una responsabilidad, cumple lealmente con su obligación y posee una creencia muy fuerte. Después, supón que Dios ha hecho algo que lo ha decepcionado, algo que a él le parece incorrecto. Las ideas surgirían entonces en su interior, de inmediato se volvería negativo, perdería el entusiasmo, se haría descuidado en su trabajo, y abandonaría la oración, diciendo: “¿Para qué estoy orando? ¡Dios no debería hacer esto! ¿Cómo puedo orar?”. Su fuerza y su entusiasmo por la oración desaparecerían. ¿Cómo se llama esto? ¿No es una expresión de traición? En cualquier tiempo o lugar, el hombre puede abandonar, negar y condenar a Dios; ¿no son estas cosas una traición? Esto es algo terrible. Mira, tú piensas que no tienes conceptos y que puedes obedecer a Dios la mayor parte del tiempo, que cuando seas tratado y podado no abandonarás a Dios. Sin embargo, puedes seguir traicionándole en cualquier momento o lugar. Debes entender por completo la naturaleza del hombre. Por supuesto, algunas personas tendrán algo de conciencia en ocasiones, y serán ellas quienes tengan una naturaleza relativamente buena. Algunas tendrán una humanidad malvada, y su naturaleza será mala. Pero no importa si alguien opina que tu humanidad es buena o mala, o si tu nivel es bueno o malo; la naturaleza común es que puedes traicionar a Dios. La naturaleza del hombre es traicionar a Dios; de no haber sido corrompidas las personas, ¿podrían, pues, traicionar a Dios? Ahora seguís pensando: “La naturaleza de las personas que han sido corrompidas por Satanás traicionarán a Dios, por lo que no hay nada que yo pueda hacer. Simplemente tendré que cambiar poco a poco”. ¿Seguís pensando así? Entonces, dime: ¿Serían capaces de traicionar a Dios las personas de no haberse corrompido? Las personas también eran capaces de traicionar a Dios sin haber sido corrompidas. Cuando el hombre fue creado, se le dio libre albedrío, era muy débil, y no tenía un corazón que alcanzara activamente a Dios y que se volviera de forma activa hacia Él: Dios es nuestro Creador y nosotros Sus creaciones. El hombre no tenía este corazón. Nunca tuvo la verdad en él ni nada que pudiera ayudarle a adorar a Dios, quien le dio libre albedrío para que pudiera pensar. Sin embargo, él no sabía qué era Dios ni entendía cómo adorarle. No tenía nada parecido a esto en su interior. Aun sin haber sido corrompido, podrías seguir traicionando a Dios. ¿Por qué esto? Satanás te seduce para que lo sigas y traiciones a Dios, quien te creó, pero a quien tú no sigues. En su lugar, sigues a Satanás. ¿Acaso no eres un traidor? Los traidores traicionan. Entiendes totalmente esta esencia, ¿verdad? Por tanto, el hombre puede traicionar a Dios en cualquier momento y lugar. Sólo cuando viva por completo dentro del reino de Dios y de Su luz, cuando Satanás haya sido destruido y no haya más seducción, sólo entonces puede el hombre dejar de traicionar a Dios. Mientras haya seducción, el hombre puede seguir traicionando a Dios; por eso se dice que el hombre es despreciable. Sigues pensando: “Ahora he ganado algunas cosas. Tengo algunas cosas que no traicionan a Dios, sino que son compatibles con Él. No se me puede considerar un vaso de cristal, pero sí al menos una vasija de barro. No se me puede considerar oro, pero quizás sí cobre”. Te tienes una consideración demasiado alta. ¿Sabes qué clase de cosa es el hombre? El hombre puede traicionar a Dios en cualquier momento o lugar, y no vale ni un céntimo. Tal como Dios dijo: “Un montón de excremento de perro, bestias y desgraciados”. Las personas piensan: “¡No soy un desgraciado! ¡No lo soy en absoluto! ¿Por qué no puedo entender este asunto? ¿Por qué no lo he experimentado? Si no he sido corrompido no puedo traicionar a Dios”. Hay ejemplos de esto, y hay hechos. Lo que os digo ahora no carece de fundamento. Todas estas cosas son para enseñaros, para convenceros; sólo así podéis alcanzar un entendimiento de vuestra propia corrupción y resolver el problema de la traición. En el reino ya no habrá ninguna traición en el hombre; vivirá bajo el dominio de Dios, Satanás no tendrá señorío sobre él, y él vivirá libremente sin tener que preocuparse, pensando: “¿Puedo traicionar a Dios?”. No habrá necesidad de preocuparse; ¡será innecesario! Después, se puede anunciar que nunca tendréis nada que traicione a Dios en vosotros. Pero ahora, las cosas no están bien, todavía, ya que la esencia del hombre puede traicionar a Dios en cualquier momento y en cualquier lugar. No es que vayas a traicionarlo debido a alguna circunstancia adversa ni tampoco que sin una circunstancia adversa o sin alguien que te obligue no vayas a traicionar a Dios. Puedes seguir haciéndolo aunque nadie te esté obligando; esto es un problema de la esencia corrupta y de la naturaleza del hombre. Mira cómo respiras ahora: no has hecho nada, no te has movido, no has pensado en nada, pero esa naturaleza que traiciona a Dios está dentro de ti. ¿Es esto correcto? ¿Por qué? Porque el hombre tiene la traición dentro de sí y Dios no está en él. El espíritu y el alma del hombre no tienen parte alguna de Dios en ellos. Por tanto, puedes traicionar a Dios en cualquier momento o lugar. Mira, los ángeles son diferentes. No tienen el carácter de Dios ni Su esencia. Pero pueden obedecer a Dios de una forma total porque Él los creó de manera especial para que le sirvieran y fueran enviados a todas partes; pertenecen a Dios. Sin embargo, la humanidad fue creada para vivir en la tierra y no fue creada con la facultad de adorar a Dios. Los hombres son capaces de traicionar a Dios y son cosas que cualquiera puede usar o por las que cualquiera puede luchar. ¡Son despreciables! Que el hombre tiene esta naturaleza se revela de modo que las personas puedan llegar a un entendimiento verdadero de este asunto y de ellas mismas. A partir de este aspecto, las personas pueden empezar a cambiar, y en adelante buscar la senda de la práctica. Entendiendo en qué asuntos puedes traicionar a Dios y qué deficiencias necesitas compensar con el fin de no traicionarle, alcanzarás una etapa en la que ya no traicionarás más a Dios en muchos aspectos y evitarás traicionarlo en la mayoría de ellos. Que traiciones o no a Dios después, es algo que no está en tus manos. Tu viaje de la vida llegará a su final, y alcanzará ese momento cuando se termine la obra de Dios; pero si traicionarás o no a Dios después no es responsabilidad tuya. ¿Por qué se dice esto justo ahora? Antes de que el hombre fuera corrompido por Satanás, este vino y lo sedujo, y el hombre fue capaz de traicionar a Dios. Después de que Satanás sea destruido, ¿no traicionará el hombre a Dios de nuevo? Ese tiempo no ha llegado aún. Por tanto, el hombre sigue teniendo el carácter satánico corrupto dentro de sí, y puede traicionar a Dios en cualquier momento y lugar. Una vez que tu experiencia vital ha alcanzado cierta etapa, las muchas cosas en tu interior que traicionan a Dios serán todas expulsadas. Entonces estarás en posesión de muchas cosas positivas, serás capaz de ejercer el autocontrol y de dominarte a ti mismo. No podrás traicionar a Dios de nuevo durante la mayor parte del tiempo, y cuando Satanás haya perecido pasarás por un cambio completo. Esta etapa de la obra consiste en resolver ahora la traición y la rebeldía del hombre. Después, las personas no traicionarán a Dios porque Satanás habrá sido eliminado, y esto no tiene nada que ver con el hombre. ¿Entiendes? Comprender la naturaleza traidora del hombre comienza desde aquí: qué cosas pertenecen a la naturaleza que traiciona a Dios, qué cosas forman parte de expresiones de traición, cómo debería entrar el hombre y cómo debería entender. Esta esencia del hombre sigue estando en su interior, él puede seguir traicionando a Dios en cualquier momento o lugar, y puede seguir haciendo cosas que no considera una traición a Dios. El hombre puede traicionar a Dios en cualquier momento o lugar, lo que significa que el hombre no tiene autonomía, ya que Satanás lo ha poseído. Puedes seguir traicionando a Dios aunque no hayas sido corrompido, por no decir hoy que estás lleno del carácter satánico corrupto. Eres incluso más capaz de traicionar a Dios en cualquier momento y cualquier lugar. Se te llama ahora a echar fuera el carácter corrupto, de forma que esas cosas que hay dentro de ti y que traicionan a Dios sean cada vez menos, y tendrás más oportunidades delante de Él de permitirle que te perfeccione y acepte. Si ganas mucha experiencia de la salvación de Dios en todas las cosas, serás perfeccionado durante esta etapa. Así pues, si algo de Satanás, o un espíritu maligno, viene a engañarte y molestarte, puedes aplicar tu discernimiento, ¿no es así? De esta forma, tu conducta traicionera será menor, y esto es algo que se forjará dentro de ti en días posteriores. Cuando el hombre fue creado por primera vez, no tenía esta facultad ni entendía la adoración de Dios, cómo obedecerle o qué era la traición a Dios. Satanás vino para seducir al hombre y este le siguió, traicionó a Dios, y pasó a ser un traidor a Dios. Esto se produjo porque el hombre no tenía capacidad de discernir el bien del mal, no tenía la facultad de adorar a Dios, y menos aún tenía el entendimiento de que Dios era el Creador o de cómo debería adorar el hombre a Dios. En días posteriores, la obra de Dios en el hombre consiste en hacer estas verdades (el conocimiento de la esencia de Dios y Su carácter…) en el hombre, de forma que este pueda entender estos aspectos y tener alguna autonomía con ellos. Es decir, cuanto más profunda sea tu experiencia, más entenderás a Dios y menos poseerás cosas que le traicionen. Cuantas más cosas compatibles con Dios poseas, más capaz serás de derrotar a Satanás, y cuanta más autonomía tengas, más capáz serás de vivir una vida verdadera. Algunas personas preguntan: “El hombre tiene una esencia corrupta en él y puede traicionar a Dios en cualquier momento o lugar; ¿cómo puede Dios seguir diciendo que Él lo ha hecho completo? Ser hecho completo es entender a Dios por medio de la experiencia, y también es comprender su propia naturaleza, saber cómo adorar a Dios y obedecerle, ser capaz de discernir entre la obra de Dios y la del hombre, y reconocer las diferencias entre la obra del Espíritu Santo y la de los espíritus malignos a través de la experiencia. También es tener un entendimiento de cómo desafía Satanás el diablo a Dios, cómo reta la humanidad a Dios, qué es una creación y quién es el Creador. Vosotros entendéis estas cosas, ¿no es así? Todas ellas le son dadas al hombre a través de la obra de Dios en los días posteriores. Por tanto, aquellos que serán hechos completos al final tendrán mayor peso y más valor que los del principio que no pasaron por la corrupción. Como se han añadido algunas cosas en el hombre y se han forjado otras, las personas hechas completas al final tendrán mayor autonomía que el Adán y la Eva de aquella época, y entenderán una mayor verdad de cómo adorar a Dios y obedecerlo; y entenderán mejor cómo ser humano. Adán y Eva no sabían estas cosas y la serpiente vino a tentarlos, y comieron la fruta del árbol del conocimiento del bien y del mal. Al final conocieron la vergüenza, y siguieron sin saber cómo adorar a Dios; se volvieron cada vez más corruptos, hasta el día presente. Este asunto es bastante profundo, y nadie en la humanidad corrupta puede entenderlo del todo. El hombre puede seguir traicionando a Dios en cualquier momento y lugar debido a los instintos de su carne. Sin embargo, al final Dios hará completo al hombre y lo llevará a la era siguiente; esto es algo que las personas encuentran difícil de comprender.

¿Por qué se exige al hombre que entienda a Dios? Si el hombre no entiende a Dios ni este aspecto de la verdad, llegará fácilmente a ser usado y engañado por los espíritus malignos. Una vez que entienda la verdad no resultará fácil que los espíritus malignos lo engañen y lo usen. Sin embargo, si después de tener este entendimiento, sigues cometiendo, a sabiendas, una ofensa contra los decretos administrativos de Dios o lo desafías con algo que haces, estarás fuera de la redención. ¿En qué clase de condición te encuentras ahora? Mientras ahora tengáis alguna esperanza, independientemente de que Dios recuerde o no las cosas del pasado, deberíais mantener esta mentalidad: debo buscar un cambio en mi carácter, procurar entender a Dios, que Satanás no me engañe de nuevo y no hacer nada que acarree vergüenza sobre el nombre de Dios. ¿Qué ámbitos fundamentales determinan si alguien vale algo ahora, si será o no salvado y si tendrá o no alguna esperanza? Son, después de haber oído la predicación, que puedas o no recibir la verdad, que puedas o no poner en práctica la verdad y que puedas o no cambiar. Estos son los ámbitos fundamentales. Si sólo sientes remordimientos, si sólo vas y haces las cosas y sigues pensando de la misma forma antigua, si no tienes entendimiento en absoluto sobre este asunto y, en su lugar, empeoras cada vez más, no tendrás esperanza y se te debería declarar inútil. Cuanto más entiendas a Dios, y cuanto más te entiendas a ti mismo, más capaz serás de dominarte. Cuanto más capaz seas de penetrar en tu propia naturaleza con entendimiento, más capaz serás de dominarte. Después de recapitular tu experiencia, no volverás a fracasar nunca en este asunto. En realidad, todos tienen algunas manchas que, sencillamente, no se han analizado. Todos las tienen; las de algunos son pequeñas, las de otros son grandes; algunos hablan con claridad, y otros ocultan sus intenciones y obran en secreto. Todo el mundo las tiene; algunas personas hacen cosas de las que otros están al tanto y otras actúan sin que los demás lo sepan. Hay manchas en todos y todos revelan algunos caracteres corruptos, como la arrogancia o el engreimiento, cometen algunas transgresiones o equivocaciones en su trabajo, o manifiestan alguna pequeña rebeldía. Todas estas cosas son perdonables, porque son cosas que ninguna persona corrupta puede evitar. Pero deberían eludirse una vez que se ha entendido la verdad. Ya no será necesario estar siempre atribulado por cosas ocurridas en el pasado. En su lugar, lo temible es que sigas sin cambiar aún después de haber entendido, que sigas haciendo algo aun sabiendo que es incorrecto, incluso después de que se te haya dicho que no es correcto. Estas personas están fuera de la redención.