Registros de las Pláticas de Cristo

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Capítulo 22: El sentido y la práctica de la oración

¿Cómo oráis en la actualidad? ¿Cómo es una mejora en las oraciones religiosas? ¿Qué entendéis realmente sobre el sentido de la oración? ¿Habéis examinado estas cuestiones? Todo aquel que no ora se distancia de Dios, sigue su propia voluntad; la ausencia de oración indica distancia con Dios y traición hacia Él. ¿Cuál es vuestra experiencia real con la oración? Justo ahora, la obra de Dios ya se está acercando a su fin y la relación entre Él y el hombre se pone de manifiesto en la oración del hombre. ¿Cómo te comportas cuando las personas a las que lideras te adulan y te elogian por los resultados de tu obra? ¿Cómo reacciones cuando las personas te hacen sugerencias? ¿Oras en la presencia de Dios? Oráis cuando tenéis problemas y dificultades, ¿pero lo hacéis cuando vuestra situación es buena, o cuando sentís que habéis tenido una reunión exitosa? ¡De modo que la mayoría de vosotros no ora! Si tuviste una reunión exitosa, deberías elevar una oración; deberías ofrecer una oración de alabanza. Si alguien te elogia, te vuelves soberbio, y sientes que tienes la verdad, caerás en la situación errónea, pero tu corazón seguirá sintiéndose feliz, y no elevarás una oración de alabanza, y menos aún de acción de gracias. El resultado de caer en esta situación es que tu siguiente reunión será insulsa, no hallarás palabras que decir, y el Espíritu Santo no obrará. Las personas no entienden sus propias situaciones, llevan a cabo un poco de obra y disfrutan del fruto de su trabajo. En una situación negativa, es difícil decir cuántos días necesitarán para recuperarse. Esta clase de situación es la más peligrosa. Todos oráis cuando tenéis un problema o cuando no veis las cosas con claridad; oráis cuando tenéis dudas y vacilaciones sobre algo o cuando vuestro carácter corrupto ha quedado al descubierto. Sólo oráis cuando necesitáis algo. También debes orar cuando tienes éxito en tu trabajo. Cuando logras algunos resultados en tu trabajo, te entusiasmas, y una vez entusiasmado, no oras; siempre estás contento y atrapado en tu interior. Algunos de vosotros recibís disciplina en este momento: cuando sales a comprar, encuentras un escollo y algo te va mal; el dependiente profiere muchas palabras duras que te hacen sentir incómodo y bajo presión, y sigues sin saber cómo has pecado contra Dios. De hecho, la mayor parte del tiempo, Dios usa el entorno externo para disciplinarte; por ejemplo, Él emplea cosas como un incrédulo que riñe contigo, o hace que te roben el dinero para que te sientas incómodo. Al final, vendrás a la presencia de Dios para orar y, mientras lo haces, saldrán algunas palabras. Llegarás a reconocer que tu condición no era correcta; por ejemplo, estabas satisfecho y complacido contigo mismo..., entonces te sentirás asqueado por tu autosatisfacción. Junto a las palabras de tu oración, la condición incorrecta dentro de ti se revertirá. Tan pronto como ores, el Espíritu Santo obrará en ti; Él te proporcionará un tipo de sentimiento y te hará salir de la condición incorrecta. La oración no consiste sólo en pedir y pedir ni tampoco en buscar a Dios cuando tienes hambre; ¿acaso no necesitas orar cuando no estás hambriento? Cuando estás satisfecho, también debes orar.

¿Habéis descubierto que si pasáis mucho tiempo sin orar, aunque tengas energía y positivismo, o sientas que tu condición interior es especialmente normal, percibirás que estás haciendo las cosas por ti mismo y que no hay resultados en lo que haces? Ya he dicho antes: “Las personas están implicadas en sus propios asuntos y hacen lo que les apetece”. Hoy día, las personas no oran cuando trabajan; Dios no está en absoluto en sus corazones, y piensan: “Lo haré simplemente conforme a las disposiciones de la obra y, en cualquier caso, no haré nada incorrecto ni alteraré nada...”. No oraste y tampoco diste gracias. ¡Esta situación es terrible! Con frecuencia sabes que esta condición no es correcta, pero no tienes el método apropiado para solucionarlo y, como resultado, no puedes darte la vuelta. Aunque entendieras la verdad, no serías capaz de practicarla; aunque entendieras tu condición interior indebida (ser arrogante, corrupto, o rebelde), no serías capaz de solucionarla ni de suprimirla. Las personas están ocupadas, trabajan en lo suyo y no prestan atención a la obra ni a la operación del Espíritu Santo. Sólo se preocupan de sus propios asuntos y, en consecuencia, el Espíritu Santo las abandona. Una vez que esto ocurra, te sentirás oscuros y secos; no recibirás ni una pizca de nutrición ni de placer. Muchas personas sólo oran una vez cada medio año. Se ocupan de sus asuntos y hacen su trabajo, pero se sienten embotados y, en ocasiones, piensan: “¿Qué estoy haciendo, y cuándo llegará esto a su fin?”. Incluso estos pensamientos surgirán. ¡No orar durante un extenso tiempo es muy peligroso! ¡La oración es tan fundamental! La vida de la iglesia carente de oración hace que las reuniones sean muy apagadas y secas. Por tanto, cuando estáis juntos, debéis orar y siempre ofrecer alabanza, y el Espíritu Santo obrará especialmente bien. La fuerza que el Espíritu Santo da a las personas no tiene fin; ellas pueden usarla en todo momento, sin agotarla: siempre está disponible. Cuando se apoyan en sí mismas, las personas pueden tener don de palabra, pero si el Espíritu Santo no obra en esto, ¿qué son capaces de lograr? A menudo, las personas oran de tres a cinco veces con una o dos frases solamente: “Oh Dios, te doy las gracias, te alabo”, después no tienen nada más que decir, no pueden abrir su boca. Dime qué nivel de creencia es este; ¡es muy peligroso! ¿Verdad? Las personas creen en Dios, pero ni siquiera tienen palabras para alabarle o darle gracias ni tampoco para dar gloria a Dios. Ni siquiera se atreven a pronunciar las palabras “te pido a Dios”, y están demasiado avergonzadas de proferirlas. ¡Son demasiado degeneradas! A pesar de que hables de Dios y lo admitas en tu corazón, si no vienes a la presencia de Dios, y tu corazón está lejos de Él, el Espíritu de Dios no obrará. En especial vosotros, los líderes —no mencionaremos a quienes están a vuestro cargo—, debéis orar cada mañana al despertar. Después de orar, vuestro día será particularmente bueno y enriquecedor, y sentiréis al Espíritu Santo a vuestro lado, protegiéndoos en todo momento. Si no oras durante un día, o si pasan de tres a cinco días sin hacerlo, te sentirás especialmente solo y desolado. Echarás de menos a tus seres queridos y tu impulso y tu deseo serán especialmente grandes.

He descubierto que todas las personas tienen un problema: cuando tienen una dificultad, acuden a la presencia de Dios, pero la oración es la oración y los problemas son los problemas; las personas piensan que no deberían hablar de problemas cuando oran. Rara vez eleváis una oración verdadera, y algunos de vosotros ni siquiera sabéis cómo orar; de hecho, la oración es principalmente dar voz a lo que hay en vuestro corazón, tan sencillo como una conversación normal. Sin embargo, algunas personas adoptan la posición errónea cuando oran, e independientemente de que se conforme o no a la voluntad de Dios, le exigen recibir lo que piden. Como resultado, cuanto más oran más insulsos se vuelven. Cuando oras, independientemente de lo que pida, desee y exija tu corazón, o cuando deseas ocuparte de algunos asuntos que no entiendes del todo y le pides a Dios sabiduría, fuerza o esclarecimiento, debes ser razonable en tu forma de hablar. Si no lo eres, y te arrodillas y oras: “Dios, dame poder y déjame ver mi naturaleza; te pido que lo hagas. O, te pido que me des esto o aquello, Te pido que me dejes ser de esta forma o de aquella...”, esta palabra “pedir” conlleva un elemento de fuerza, y es como ejercer presión sobre Dios para que Él lo haga. Lo que es más, estás predeterminando tus propios asuntos. Aunque ores de esta forma, el Espíritu Santo lo ve así: como ya lo has predeterminado tú mismo y quieres hacerlo así, ¿cuál será el resultado de este tipo de oración? Deberías buscar y someterte en sus oraciones; por ejemplo, si te sobrevino un problema que no supiste manejar, dices: “¡Oh Dios! Este problema ha caído sobre mí, y no sé manejarlo. Estoy dispuesto a satisfacerte en este asunto, estoy dispuesto a buscarte, deseo que Tu voluntad se lleve a cabo, actuar según Tus propósitos, y no según los míos. Sabes que los propósitos del hombre quebrantan Tu voluntad; se resisten a Ti y no se conforman a la verdad. Sólo deseo comportarme conforme a Tus propósitos. Te pido que me esclarezcas y guíes en este tema, para que no Te ofenda...”. Este es el tono de voz adecuado en la oración. Si dices simplemente: “Oh Dios, Te pido que hagas esto o aquello; ayúdame y guíame; prepara un entorno adecuado y personas adecuadas para mí, de forma que pueda irme bien en mi trabajo...”, cuando esta clase de oración termina, sigues sin saber cuál es la voluntad de Dios, porque estás intentando hacer que Él haga las cosas según tus propósitos.

Ahora necesitáis comprender si las cosas que decís en vuestras oraciones son razonables o no. Independientemente de si eres necio o si estás orando deliberadamente de esta forma, si tus oraciones no son razonables, el Espíritu Santo no obrará en ti. Por tanto, cuando oras, las palabras que dices deben ser razonables, y tu tono ser el apropiado: “¡Oh Dios! Tú conoces mis debilidades y mi rebeldía. Sólo te pido que me des poder, para que pueda resistir las pruebas de este entorno. Sin embargo, que sea según Tu voluntad. Sólo estoy pidiendo esto y no sé cuál es Tu voluntad, pero deseo que Tu voluntad se haga; tanto si me usas en el servicio como si haces que yo sirva de acicate; estoy dispuesto a ambas cosas. No obstante, Te pido fuerza y sabiduría para que me permitas satisfacerte en este asunto. Sólo estoy dispuesto a someterme a Tus disposiciones...”. Después de orar de esta forma, te sentirás especialmente firme. Si sólo eres persistente en pedir y pedir, cuando hayas terminado de pedir tan sólo quedará un montón de palabras vacías, porque ya has predeterminado tus propósitos. Cuando te arrodillas para orar, deberías decir algo así: “¡Oh Dios! Tú conoces mis debilidades y mis condiciones. Te pido que me esclarezcas en este asunto y me hagas entender Tu voluntad. Sólo deseo someterme a todas Tus disposiciones y mi corazón desea someterse a Ti...”. Si oras de esta forma, el Espíritu Santo te conmoverá; pero si la dirección de tu oración no es la correcta, se volverá insulsa y seca, y el Espíritu Santo no te conmoverá. Sólo estás murmurando, orando en silencio, o cerrando los ojos y pronunciando algunas palabras a tu antojo, y esto no es más que superficialidad. Si eres superficial, ¿obrará el Espíritu Santo? Todas las personas que vienen a la presencia de Dios deben comportarse de forma adecuada y mostrar piedad. Mira los sacrificios de los sacerdotes durante la Era de la Ley, todos se arrodillaban. La oración no es una cosa tan simple. Las personas vienen delante de Dios, pero siguen siendo desafiantes e incontroladas, y quieren acostarse en su cama y cerrar los ojos. ¡Esto es inaceptable! No digo estas cosas para exigir a las personas que sigan algunas reglas específicas; como mínimo, sus corazones deben volverse a Dios y ellas deben tener una actitud de piedad en la presencia de Dios.

Vuestras oraciones carecen de razón con demasiada frecuencia; todas tienen este tono de voz: “¡Oh Dios! Como me has permitido ser un líder, tienes que hacer que todo lo que hago sea adecuado para que Tu obra no sea interrumpida y que los intereses de la casa de Dios no sufran pérdidas. Debes hacer que yo haga las cosas de esta forma...”. ¿Es esto necesario? ¡Esta oración no es razonable! ¿Puede obrar Dios en ti cuando vienes a Su presencia y oras de manera tan irracional? Si vinieras a la presencia de Cristo y Me hablaras sin razón, ¿escucharía Yo? ¡Serías echado a patadas! ¿Acaso no es lo mismo estar en la presencia del Espíritu y en la presencia de Cristo? Cuando vienes a la presencia de Dios para orar, debes pensar sobre cómo hablar razonablemente y qué decir para poder convertir tu situación interior en piedad, humildad y modestia; a continuación eleva una oración y serás ungido. Con frecuencia, cuando las personas oran, se arrodillan, cierran los ojos y no dicen nada; sencillamente repiten: “¡Oh Dios, oh Dios!”. Sólo dicen estas dos palabras, y claman durante un rato sin decir nada más. ¿Por qué ocurre esto? ¡Tu situación no es correcta! ¿Os pasa esto a veces? En lo que a vuestra situación actual se refiere, sabéis qué sois capaces de hacer, hasta qué nivel podéis hacerlo, y sabéis quienes sois. Sin embargo, a menudo vuestra situación es anormal. En ocasiones, tu situación se resuelve, pero no sabes cómo se solucionó, y muchas veces oras sin palabras, y piensas que es porque no eres culto. ¿Necesitas ser educado para orar? La oración no es escribir un ensayo, sino tan sólo hablar según la razón de una persona normal. Considera la oración de Jesús (mencionar la oración de Jesús no es hacer que las personas adopten el mismo ángulo y posición que Él); Él oró en el Huerto de Getsemaní: “Si quieres...”. Es decir, “si es posible”. Ocurre por medio de la consulta y no por decir: “Te pido”. Él mantenía un corazón sumiso en Su oración, y en Su estado de sumisión, oró: “Si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú”. Él siguió orando así la segunda vez, y la tercera vez oró: “Que se haga la voluntad de Dios”. Él comprendió la voluntad de Dios Padre, y dijo: “Hágase tu voluntad”. Él fue capaz de someterse por completo sin escogerse a sí mismo en el más mínimo grado. Él dijo: “Si es posible, pase de mí esta copa”. ¿Qué significa esto? ¡Se trataba de la idea de desangrarse en la cruz hasta Su último hálito de vida, en medio de un dolor terrible! Implicaba la muerte y lo dijo bajo la premisa de que Él aún no había comprendido por completo la voluntad de Dios Padre. Por tanto, fue muy sumiso ya que fue capaz de orar de esa forma ante el pensamiento del dolor. Su oración fue normal; Él no oró para regatear ni para decir que aquello debía eliminarse, sino más bien para buscar los propósitos de Dios en una situación que Él no entendía. La primera vez que Él oró, no entendía y dijo: “Si es posible... pero no sea como yo quiero, sino como Tú”. Él oró a Dios en un estado de sumisión. La segunda vez, oró de una forma parecida. En total, oró tres veces (por supuesto estas tres oraciones no se produjeron simplemente en tres días), y en Su oración final, entendió completamente los propósitos de Dios. Después, no pidió nada más. En Sus dos primeras oraciones, Él buscó y, al buscar, seguía en un estado de sumisión. Sin embargo, las personas no oran así. Ellas dicen: “Dios, te pido que hagas esto y aquello, y Te pido que me guíes en esto y aquello, y Te pido que prepares condiciones para mí...”. Quizás Él no preparará condiciones adecuadas para ti y permitirá que sufras dificultades. Si las personas dijeran siempre: “Dios, Te pido que hagas preparativos para mí y me des poder...”, ¡la oración sería tan irracional! Debes hacer uso de razón cuando oras, y debes orar bajo la premisa de la sumisión. No decidas. Antes de orar, estás decidiendo: Debo pedirle a Dios y decirle lo que tiene que hacer. ¡Esta clase de oración es tan poco razonable! Con frecuencia, el Espíritu no escucha en absoluto las oraciones de las personas y, por tanto, sus oraciones son insulsas.

Aunque las personas se arrodillan para orar en un ámbito intangible, hablan y oran, debes entender que las oraciones de las personas son también un canal para que el Espíritu Santo obre. Cuando las personas oran y buscan en el estado correcto, el Espíritu Santo también obrará al mismo tiempo. Estos son dos aspectos por los cuales Dios y las personas pueden coordinarse con éxito entre sí o, en otras palabras, es Dios ayudando a las personas a ocuparse de los asuntos. Esto es un tipo de colaboración del hombre en la presencia de Dios; también es un método para que Dios haga completas a las personas. Es, todavía más, la senda para la entrada normal de las personas en la vida; no es una ceremonia. La oración no tiene que ver simplemente con estimular la fuerza de uno o proclamar algunos eslóganes; no es así. Si eso fuera todo, bastaría con ponerse en movimiento y gritar algunos eslóganes; no habría necesidad de pedir nada ni de adorar, ni de piedad. ¡El sentido de la oración es muy profundo! Si oras con frecuencia, sabes cómo hacerlo, y oras a menudo de forma sumisa y razonable, te sentirás particularmente normal en tu interior. Si oras frecuentemente con algunos eslóganes y no tienes una carga ni reflexionas en si estás hablando de manera razonable o no en tu oración, y qué tipo de lenguaje no es adoración verdadera ni te tomas nunca en serio estos asuntos, tus oraciones no tendrán éxito y la situación en tu interior siempre será anormal. No entrarás nunca en profundidad en las lecciones respecto a lo que es la razón normal, la sumisión verdadera, la verdadera adoración, y dónde mantenerse. Todos estos asuntos son sutiles. Como la mayoría de las personas tienen poco contacto conmigo, sólo pueden venir a la presencia del Espíritu y orar. Cuando oras, esto implica si tus palabras son razonables, si son sobre adoración verdadera, si Dios te alaba por las cosas que pides, si tus palabras son sobre transacciones, si hay impurezas humanas en tus palabras, si tus palabras, tus acciones y tus determinaciones están de acuerdo con la verdad; si sientes una gran reverencia, respeto y sumisión hacia Dios, y si tratas realmente a Dios como tal. Debes ser serio y sincero con las palabras que oras cuando no estás en la presencia de Cristo. Sólo de esta forma puedes ser normal en la presencia de Cristo. Si no eres serio en la presencia del Espíritu, cuando vengas a la presencia del hombre (Cristo), siempre estarás en conflicto, no tendrás razón en tus palabras, no serás sincero en ellas, o siempre interrumpirás con tus palabras y tus acciones. Después de que el asunto haya terminado, siempre te reprocharás a ti mismo. ¿Por qué estás siempre reprochándote a ti mismo? Porque normalmente no tienes entendimiento de la verdad en tu adoración de Dios y en cómo lo tratas. Por tanto, cuando los asuntos vienen sobre ti, te confundes y no sabes cómo practicar, y siempre harás mal las cosas. ¿Cómo vienen a la presencia de Dios las personas que creen en Él? Por medio de la oración. Cuando ores, examina cómo hablar con razón, cómo hablar en el lugar correcto para las personas, cómo hablar en un estado de sumisión, y qué tipo de lenguaje incomoda a tu corazón (con la excepción de las oraciones que no se pronuncian con sinceridad). Sería mucho mejor si practicaras durante un período de tiempo y después vinieras a la presencia de Dios. Normalmente, tus oraciones en la presencia del Espíritu no son razonables y nunca te centras en esto. Crees que Dios no te ve, por lo que puedes decir lo que quieras, y si dices algo incorrecto no pasa nada. No tienes cuidado y estás todo el día atolondrado; en consecuencia, cuando vienes a la presencia de Cristo, tienes miedo de decir o hacer algo incorrecto. Aunque temas decir algo incorrecto, dirás algo incorrecto; aunque tengas miedo de hacer algo incorrecto, estás destinado a cometer errores; aunque tengas miedo de endeudarte, seguro que te endeudarás, y no podrás compensar tu deuda. Y es que el hombre no puede contactar con Cristo a menudo ni oírlo hablar con él cara a cara. Sólo puedes venir con frecuencia a la presencia del Espíritu para orar, buscar y someterte, porque aunque Yo te hablara cara a cara, tendrías que confiar en ti mismo para caminar por esta senda. De ahora en adelante, tenéis que prestar más atención a lo que decís cuando oráis. Cuando ores, medites, y sientas, y el Espíritu Santo te esclarezca, harás progresos en este aspecto. El sentimiento esclarecedor del Espíritu es especialmente sutil. Si tienes estos sentimientos y este reconocimiento sutiles, si después haces y te ocupas de algunas cosas, o tienes contacto con Cristo y te ocupas de algunas cosas, serás capaz de reconocer qué palabras tienen razón, cuáles no la tienen, qué cosas tienen razón, y cuáles no la tienen. Esto cumple los propósitos de la oración.

Debes ser serio en tu forma de tratar la oración. Si te echas en la cama y oras, creyendo que Dios puede oírte, ¡no estás mostrando piedad! Mira cuántas personas de la Biblia oraron y no sacaron conclusiones apresuradas después de exponer algo. El Espíritu Santo lo determinaba todo, en última instancia, por medio de la oración. El ataque a Jericó se realizó por medio de la oración; el pueblo de Nínive se arrepintió y pidió perdón a Dios también a través de la oración. La oración no es una ceremonia; hay mucho sentido en ella. ¿Qué podemos ver en las oraciones de las personas? Las personas están sirviendo a Dios directamente. Si lo consideras una ceremonia, sin duda no servirás bien a Dios. Puede decirse que si tus oraciones no son serias o sinceras, Dios no te tendrá en cuenta, te ignorará, y si te ignora, el Espíritu Santo no obra en ti. Por tanto, te desanimas al hacer tu trabajo. De ahora en adelante, no puedes trabajar sin orar. La oración produce obra y servicio. Dices que eres un líder y una persona que sirve a Dios, pero nunca te has entregado a la oración y nunca has sido serio en tus oraciones. Si sirves de esta forma, fracasarás. ¿Qué cualificaciones tiene el hombre para no orar? ¿Porque Dios se hizo carne? Esa no es una razón. En ocasiones también oro. Mira el tiempo en el que Jesús estaba en la carne y oró cuando se sobrevinieron asuntos críticos. Él oró en un monte, en un barco, en el huerto, y guió a Sus discípulos a orar. Si vienes a la presencia de Dios a menudo y oras con frecuencia, esto demuestra que te tomas a Dios en serio. Si realizas obra por ti mismo con frecuencia y no oras a menudo, si sueles hacer esto y aquello a Sus espaldas, entonces no sirves a Dios, sino que haces las cosas a tu manera. ¿No estás condenado, acaso, por hacer las cosas a tu manera? Si se contempla desde fuera, no parece que hayas hecho nada perturbador ni que hayas blasfemado, sino que haces lo que te concierne. ¿No estás interrumpiendo? ¿No es así? Aunque desde fuera parece que no estás interrumpiendo, te estás resistiendo a Dios por naturaleza.

Todas las personas han experimentado esto: las cosas que se presentan de un modo contrario al que deseas te resultan especialmente difíciles de soportar; cuando te sientes incómodo, hablarás con alguien y, después de un rato, ya no te sentirás incómodo. Evitar el malestar no resolverá tu situación. En ocasiones, cuando te sobrevienen dificultades en el trabajo, te sientes presionado, y cuando llegan la poda y el tratamiento, te sientes especialmente presionado... ¿Cuántas veces viniste a la presencia de Dios para orar durante estas incomodidades? Cada vez hiciste tus propios ajustes y te diste la vuelta de una forma atolondrada. Así pues, las personas creen en Dios, pero Él no está en sus corazones. Todas están haciendo cosas a ciegas y sin valor, como el mendigo que recoge un poco de esto y un poco de aquello del cubo de la basura, y llena su bolso; pero esto no vale nada y se hace de una forma completamente ciega. Ves que las personas se desvían frecuentemente de la senda correcta, se alejan de ella de cuando en cuando. Podemos percibir la naturaleza de las personas en esto. ¿Qué ves a partir de esto? La naturaleza de las personas es traicionar. No tienen a Dios mientras trabajan. Incluso piensan: “Yo creo en Dios, ¿cómo no tengo a Dios? ¿No estoy trabajando, acaso, para Él?”. Tu corazón no tiene a Dios, te distancias de Él y lo traicionas en todo lo que haces. La oración es una cosa muy profunda: si sigues sirviendo sin ni siquiera orar, estás sirviendo en vano. Tu situación se volverá más anormal y tendrás menos resultados. La oración no tiene nada que ver con lo buenas que sean tus palabras mientras oras; sólo necesitas pronunciar las palabras de tu corazón y hablar con sinceridad, según tus dificultades. Habla desde la perspectiva de ser una parte de la creación y de la sumisión: “Oh Dios, sabes que mi corazón es demasiado duro. Oh Dios, guíame en este asunto; sabes que tengo debilidades, soy demasiado deficiente e inadecuado para que Tú me uses. Soy rebelde e interrumpo Tu obra cuando hago cosas; mis acciones no se conforman a Tu voluntad. Te pido que hagas Tu propia obra y nosotros sólo colaboraremos...”. Si no puedes decir estas palabras, estás acabado. Algunas personas piensan: “Cuando oro debo discernir si la oración es razonable o no; es imposible orar”. Esto no es un problema. Practica durante un tiempo y lo conseguirás. Ora y sabrás si hay palabras que no son apropiadas. La relación de la oración con Dios es la relación más directa, y la relación entre las personas y Dios se vuelve la más íntima durante la oración. ¿Puedes arrodillarte habitualmente y orar de inmediato cuando estás haciendo algo? No puedes. La relación de las personas con Dios es la más estrecha cuando ellas se arrodillan y oran. Cuando estés leyendo las palabras de Dios, si oras y lees de nuevo, sentirás de forma diferente. Si no oras durante un período de tiempo, no entenderás las palabras de Dios cuando las leas. No conocerás su significado cuando hayas terminado de leer.

Orar y buscar en la presencia de Dios no tiene que ver con obligar a Dios a hacer esto y aquello. ¿Qué es una oración razonable? ¿Qué es una oración irrazonable? Lo sabrás después de ganar experiencia durante algún tiempo. Por ejemplo, después de orar esta vez, sientes que el Espíritu Santo no hace esto de esa forma ni te guía de aquella. Cuando ores la próxima vez, no orarás así, no obligarás a Dios como lo intentaste la última vez ni le pedirás cosas según tu propia voluntad. Cuando ores de nuevo, dirás: “¡Oh Dios! Todo se hace según Tu voluntad”. Si te centras en este enfoque, y avanzas a tientas por un tiempo, sabrás qué es “irrazonable”. También hay una clase de situación en la que las personas sienten en su espíritu que, cuando oran según sus propios propósitos, se vuelven embotados, mudos, torpes, y hablan sin palabras. Cuanto más dicen, más engorroso se vuelve. Esto demuestra que cuando oras así, lo haces siguiendo por completo a la carne, y el Espíritu Santo no obra ni te guía de esa forma. Es cuestión de avanzar a tientas y de experiencia. Aunque Yo terminara de hablarte justo ahora, cuando experimentes esto, podrías tener algunas situaciones especiales. La oración trata, fundamentalmente, de hablar con sinceridad: “¡Oh Dios! Tú conoces la corrupción del hombre, y hoy he hecho otra cosa irrazonable. Yo tenía un propósito en mi interior, pero soy astuto. En ese momento no lo hice según Tu voluntad ni la verdad, sino más bien según mi propio propósito, y me defendí. Ahora reconozco mi corrupción, Te pido que me esclarezcas más y me permitas entender la verdad y ponerla en práctica de forma que pueda quitar estas cosas...”. Habla de esta forma; confiesa y habla sinceramente sobre asuntos reales: “¡Oh Dios! Estoy dispuesto a quitar mi corrupción, a cambiar mi carácter y a poner la verdad en práctica...”. Con frecuencia, las personas no oran realmente, sino que se limitan a pensar y reflexionar; tan sólo tienen conciencia mental y arrepentimiento. Sin embargo, no entienden del todo la verdad, lo que debe hacerse por medio de la oración. Después de orar, el grado de tu entendimiento será mucho más profundo que si sólo tuvieras que reflexionar. El Espíritu Santo obra para conmoverte, y la condición, los sentimientos, y la emoción que Él te proporciona te permite tener un entendimiento profundo de este asunto, y tu grado de remordimiento también será especialmente profundo. Te arrepentirás de este asunto en lo más profundo y, por tanto, lo entenderás por completo. Si te limitas a examinarte a ti mismo de forma superficial y, después, no tienes una senda adecuada para practicar ni progresas en la verdad, no serás capaz de cambiar. Por poner un ejemplo, en ocasiones, cuando las personas toman una determinación, piensan: “Debo erogarme con diligencia por Dios y corresponder diligentemente a Su amor”. Cuando este propósito motiva tu erogación, tu entusiasmo no será necesariamente muy grande ni invertirás necesariamente todo tu corazón en este aspecto. Sin embargo, si te conmueves cuando oras y después tomas una determinación: “Estoy dispuesto a sufrir dificultades, estoy dispuesto a recibir pruebas de Ti, estoy dispuesto a someterme por completo a Ti. Por muchas dificultades que puedan existir, estoy dispuesto a corresponder a Tu amor. Disfruto de Tu gran amor y de esta gran exaltación. Estoy agradecido a Ti desde el fondo de mi corazón y Te doy la gloria a Ti”. Con este tipo de oración, serás dotado de poder; este es el resultado obtenido de la oración. Después de orar, el Espíritu Santo esclarecerá e iluminará a las personas, las guiará, y les dará la fe y la valentía para poner en práctica la verdad. Ves que algunas personas leen la palabra de Dios cada día y no producen estos resultados. Después de leer las palabras de Dios, de hablar y comunicar, sus corazones serán brillantes, y tendrán una senda. Si el Espíritu Santo también te emociona de alguna manera, te da cargas y te guía, será diferente. Si te conmueves un poco tras leer simplemente las palabras de Dios, y derramas lágrimas en ese momento, esa emoción se desvanecerá con rapidez después de trabajar durante un tiempo. Si elevas una oración con lágrimas, una oración seria o una sincera, tu energía no disminuirá tres días después de acabar de orar. ¿No tenéis todos esta clase de experiencia? Este es el resultado obtenido de la oración, cuyo propósito es que las personas puedan venir a la presencia de Dios y recibir las cosas que Él pretende darles. Si oras y vienes a la presencia de Dios con frecuencia, tendrás una relación continua con Él, y Él siempre te conmoverá, siempre recibirás Sus provisiones y, por tanto, serás transformado. Tus condiciones mejorarán siempre y no retrocederán. Sobre todo, cuando los hermanos y las hermanas se unen en oración. Cuando la oración ha terminado, hay una cantidad de energía excepcionalmente grande, el rostro de todos está lleno de sudor y sienten que ganan muchas cosas. De hecho, después de algunos días de estar juntos no habían comunicado mucho; fue la oración la que estimuló su energía, y desean poder abandonar al mismo tiempo a sus familias y al mundo, desean poder renunciar a todo, excepto a Dios. Ves lo grande que es su energía. ¡El Espíritu Santo obra para dar este poder a las personas y éstas nunca lo disfrutan hasta saciarse! Si no confías en este poder, y endureces tu corazón y te obcecas; o si confías en tu propia fuerza de voluntad y tus aspiraciones, ¿dónde puedes ir? No llegarás lejos antes de tropezar y caer ni tendrás ese poder cuando te vayas. Las personas deben mantener el contacto con Dios de principio a fin, sin embargo, se desprenden de Él durante el camino. Dios es Dios, las personas son las personas, y van por caminos independientes. Dios pronuncia Su palabra y las personas caminan por sus propias sendas; son dos caminos independientes. Cuando las personas no tienen poder, pueden venir a Dios y decir algunas palabras para tomar prestado algo de poder. Después de hacerlo, huyen. Tras correr durante algún tiempo, se les acaban las fuerzas, y vuelven a Dios y le piden un poco más de fuerza. Las personas son así y no pueden mantenerse por mucho tiempo. Cuando las personas dejan a Dios, ya no tienen camino.

Me he dado cuenta de que muchas personas carecen especialmente de la capacidad de contenerse. ¿Por qué ocurre esto? Las personas no oran nunca y, al no orar, se vuelven disolutas; una vez alcanzan este estado, no tienen piedad ni humildad; simplemente prestan atención a la humanidad, a la integridad, y a conocer su naturaleza corrupta, y nada más. Las personas ignoran cómo obra realmente el Espíritu Santo, cómo conmueve a las personas, y cómo deberían buscar la voluntad de Dios en su vida diaria. La creencia de las personas en Dios es simplemente una creencia, y no hay nada espiritual en ello. Son dos cosas diferentes. Es, simplemente, el mundo del materialismo, y rechaza al espíritu. Por tanto, mientras las personas están caminando, se desvían y caen de cabeza al foso. Sin oración, su práctica de la verdad sólo puede adherirse a un principio en un ámbito determinado; sólo practican reglas. Aunque no ofendes a Dios al cumplir las disposiciones de arriba, sólo estás obedeciendo las normas. Los sentimientos espirituales de las personas están, hoy día, adormecidos y son lentos. Existen muchas cosas sutiles en la relación de las personas con Dios, como sentirse espiritualmente conmovido o esclarecido; pero las personas no sienten esto, son demasiado insensibles. Es como cantar: cuando las personas no cantan a menudo, no están seguras de la melodía. Las personas no leen la palabra de Dios y nunca conectan con las cosas de la vida espiritual. No conocen sus propias situaciones. Sin orar y sin la vida de iglesia, es imposible comprender la situación de la vida espiritual. ¿Os sentís así? Para creer en Dios, es necesario orar así. Sin orar, no tienes la imagen de creer en Dios. Ahora decimos: no hay necesidad de regulaciones, el hombre puede orar en cualquier momento y en cualquier lugar. Así, algunas personas oran muy raramente; se levantan por la mañana y no oran. Se levantan y se peinan, se lavan la cara, y después leen y cantan. Por la noche se acuestan y se duermen sin orar. ¿Os sentís así? Si te limitas a leer la palabra de Dios sin orar, serás como un incrédulo que lee la palabra de Dios y no la entiende. Sin oración, tu corazón no puede entregarse del todo ni puedes tener sentimientos sutiles ni emociones en tu espíritu. Estarás adormecido y serás lento, y simplemente dirás algunas cosas externas sobre transformar tu carácter. Pareces creer en Dios, pero, en realidad, las profundidades de tus sentimientos no llegan muy lejos. No pareces creer en Dios, y no puedes orar por mucho que lo intentes. Esto ya es muy peligroso y es una carencia. Volver al espíritu para orar no interrumpe la ajetreada obra del exterior; no sólo no provoca interrupción, sino que es ventajoso para la obra.