Registros de las Pláticas de Cristo

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Capítulo 26: Quienes carecen de la verdad no pueden guiar a los demás

¿Entendéis realmente de cambios en el carácter propio? ¿Qué significa un cambio de carácter? ¿Sois capaces de reconocer un cambio de carácter? ¿Qué situaciones pueden considerarse cambios en el carácter de la vida propia y cuáles son meramente cambios de la conducta externa? ¿Cuál es la diferencia entre un cambio en el comportamiento exterior y un cambio en la vida interna propia? ¿Podéis notar la diferencia? Veis a alguien ansioso corriendo de aquí para allá para la iglesia y decís: “¡Ha cambiado!”. Veis a alguien abandonar a su familia o su empleo y decís: “¡Ha cambiado!”. Si han hecho semejante sacrificio, pensáis que con toda seguridad deben haber cambiado. Así es como veis las cosas. Algunas personas son incluso más absurdas; observan a alguien que deja a su familia o su empleo y opinan: “¡Vaya, esta persona ama a Dios de verdad!”. Hoy decís que esta persona ama a Dios, mañana decís que otra persona ama a Dios. Si veis a alguien predicando sin fin, afirmáis: “¡Vaya, esta persona ha conocido a Dios! Ha alcanzado la verdad. Si no conociera a Dios, ¿cómo podría tener tanto que decir?”. ¿Acaso no es así como veis las cosas? De hecho, así es como la mayoría de vosotros veis a las personas y las cosas. Siempre honráis a los demás con coronas y cantáis sus alabanzas. Hoy le dais una corona a alguien por amar a Dios, mañana se la dais a otro por conocer a Dios, por serle fiel a Dios. Sois expertos en dar coronas a otros. Cada día honráis a los demás con coronas y cantáis sus alabanzas, y el resultado es para detrimento de ellos, y a pesar de ello os sentís orgullosos de actuar así. La persona a la que alabáis está hinchada de orgullo todo el día y se dice a sí misma: “¡Vaya, he cambiado! Recibiré la corona. Confío en el éxito”. ¿Acaso no veis cómo estáis cavando un hoyo para ellos? Todavía tienen que poner el pie en la senda correcta de creer en Dios, aunque se sienten como si ya lo hubieran hecho. ¿No estáis efectuando así su destrucción? ¿Cuántas veces habéis hecho algo tan terrible? No podéis proveer vida a otros ni analizar minuciosamente sus situaciones; lo único que sabéis hacer es honrarlos con coronas. El resultado es causar su perdición. ¿No sabes que las personas corruptas no pueden sustentar la alabanza de los demás? Las personas ya se sienten altas y poderosas incluso sin ser alabadas, tienen la cabeza hinchada de orgullo. Si las alabáis, ¿no llegará su desaparición incluso antes? No sabéis lo que significa amar a Dios, conocer a Dios ni dedicarse a Él de todo corazón. No entendéis ninguna de estas cosas. Lo único que hacéis es considerar las cosas basándoos en su apariencia, emitir un juicio precipitado, cantar las alabanzas de los demás y honrarlos con coronas. ¡Habéis perjudicado a tantas personas! Cuando alabáis a los demás de esta forma, caerán. Se vuelven satisfechos de sí mismos, empiezan a disfrutar de tu alabanza y hablan con arrogancia. En la iglesia, éstos regañan constantemente a los demás y actúan de forma dominante. Cuando trabajáis de este modo, estáis guiando a los demás a un pozo sin fondo. ¿Acaso no sois como un asesino con un cuchillo invisible? ¿Qué significa que alguien ama a Dios? Los que aman a Dios deben ser como Pedro, deben haber sido perfeccionados y deben haber llegado al final de su camino. Sólo Dios puede concluir quién lo ama, y puede ver dentro del corazón de las personas. Es posible que las personas no tengan semejante entendimiento profundo, ¿cómo pueden, pues, definir a los demás? Sólo Dios sabe quién lo ama de verdad. Aunque alguien tenga un corazón que ama a Dios, no se atreve a afirmar que es una persona que ama a Dios. Dios dijo que Pedro lo amaba, pero Pedro mismo nunca afirmó ser una persona que amaba a Dios. ¿Cómo puedes, pues, alabar a otros de una manera tan despreocupada? Éste no es el deber del hombre. Actuar así es del todo insensible. Sólo Dios sabe y puede decir quién lo ama. Si una persona hace semejantes afirmaciones, se encuentra en el lugar equivocado. Cuando alabas y elogias a otros, mientras te pones en la posición de Dios, ¿a quién estás representando? Dios no alabaría ni elogiaría a otros. Después de perfeccionar a Pedro, no fue hasta realizar esta etapa de la obra cuando Dios se refirió a él como un ejemplo. En aquel tiempo, Dios nunca le dijo tales palabras a nadie. Sólo cuando estaba realizando esta etapa de la obra emitió tales observaciones. Todo lo que Dios hace tiene relevancia. ¡Qué absurdo y ridículo es que el hombre diga con despreocupación que alguien es una persona que ama a Dios! Primero, están en el lugar equivocado. Segundo, no le corresponde al hombre sacar esta conclusión. ¿Qué significa cantar las alabanzas de las personas? Significa perjudicarlas, confundirlas, engañarlas. Tercero, y objetivamente hablando, el efecto es que no sólo no pones a otros en el camino correcto, sino que incluso estorbas su entrada normal y les traes problemas. Si vas por ahí diciendo que tal o cual persona ama a Dios, que tal o cual persona es fiel a Dios y que tal o cual persona ha hecho sacrificios, ¿no intentarán todos imitar la conducta externa de esa persona? No sólo no pusiste a las personas en la senda correcta, sino que has conducido a la mayoría de ellas afuera. Como han sido confundidas al recibir la corona por sus actos externos, sin darse cuenta pisan el camino de Pablo. ¿No es éste el efecto? Al decir esto, ¿eres consciente de estos problemas? ¿Qué posición estás ocupando? ¿Qué función estás desempeñando? ¿Cuál es el efecto objetivo? Finalmente, ¿a qué senda las has guiado? ¿Hasta qué punto las has metido en la trampa? Las consecuencias de semejante trabajo son muy graves. Algunos obreros son así. No sólo no pueden hacer el trabajo de proporcionar vida a las personas de rango inferior, sino que sus actos son destructivos y perjudiciales; envían a las personas al camino de Pablo, y aun así creen ser buenos líderes y se sienten orgullosos de sí mismos. Según vuestras posibilidades actuales, ¿podéis llevar a otros a la senda correcta? Con exactitud, ¿a qué camino podéis llevar a otros? ¿Acaso no los estáis conduciendo a todos a la senda de Pablo? Según Yo lo veo, esto es lo que ocurre en realidad; no es una exageración. Se puede decir que sois todos unos líderes como Pablo, que conducís a los demás al camino de Pablo. ¿Y todavía queréis recibir la corona? Afortunados seréis si no sois condenados. Con tales prácticas os estáis resistiendo a Dios; servís a Dios, pero os resistís a Él y os convertís en expertos en interrumpir Su obra. Si seguís así, os acabaréis convirtiendo en falsos profetas, falsos obreros, falsos apóstoles. Es la era de la preparación para el reino. Si no hacéis esfuerzos en la verdad y sólo os centráis en vuestro trabajo, sin saberlo entraréis en la senda de Pablo y engendraréis a otros muchos, como hizo él. ¿No os convertiréis así en personas que se resisten a Dios e interrumpen Su obra? Por tanto, si los que sirven a Dios no ponen a las personas en la senda correcta y logran la aprobación de Dios, entonces se están resistiendo a Dios. Éstas son las dos únicas sendas. Unos pocos tienen éxito y muchos fracasan. Cuando hacen grandes cosas, el resultado es un gran éxito o un gran fracaso. Para vosotros, si seguís en vuestro camino actual sin dar la vuelta, el resultado será un gran fracaso. Os convertiréis en hacedores de maldad que se resisten a Dios, falsos obreros, falsos apóstoles, falsos pastores. Si empezáis a abordar la senda correcta ahora, si de verdad emprendéis la senda de Pedro, entonces todavía podéis convertiros en obreros, apóstoles, buenos líderes y buenos pastores aprobados por Dios. Si no buscáis la perfección, si no procuráis entrar en la realidad de la palabra de Dios, entonces estaréis en peligro. Dada vuestra ignorancia, vuestra falta de experiencia y vuestra inmadurez, lo único que se puede hacer es comunicar la verdad con vosotros en la medida posible en que podáis entender. Y es que el presente es muy diferente al tiempo de Pedro y Pablo. En aquellos días, Jesús no había hecho aún la obra de juzgar al hombre, castigar al hombre o cambiar el carácter del hombre. Hoy, la encarnación de Dios ha declarado la verdad de una forma muy transparente. Sin embargo, sigues tomando la senda de Pablo, que muestra que tus aptitudes comprensivas son defectuosas y, además, indica que, como Pablo, eres demasiado malo y arrogante en tu carácter. Aquella época era diferente a hoy, y el contexto era diferente. ¡Hoy, la palabra de Dios es tan resplandeciente y tan clara! Es como si Él hubiera alargado Su mano para enseñarte y dirigirte. Si sigues tomando la senda equivocada, esto es verdaderamente injustificable. Además, hoy existen dos figuras típicas: una positiva y una negativa, una que es un ejemplo y otra que es una advertencia. Si tomas el camino erróneo, significa que has hecho la elección equivocada. Si eres tan malo, no puedes culpar a nadie, sino a ti mismo. Sólo aquel que posee la verdad puede dirigir a otros. Quien carece de la verdad sólo puede llevar a otros por el mal camino.