Registros de las Pláticas de Cristo

Contenido

Capítulo 27: La diferencia entre los cambios externos y los cambios en el carácter

¿Qué sabéis sobre los cambios en el carácter? Las esencias de los cambios en el carácter y en la conducta son diferentes, y los cambios en la práctica también lo son; todos ellos son distintos en esencia. En su creencia en Dios, la mayoría de las personas hacen especial hincapié en la conducta, como resultado de lo cual se producen cambios en ésta. Después de creer en Dios, dejan de enfrentarse a los demás, dejan de luchar con las personas y de insultarlas; dejan de fumar y de beber, no roban ninguna propiedad pública —ya sea un clavo o una tabla de madera—, y hasta llegan tan lejos como no acudir a los tribunales cuando sufren pérdidas o son ofendidas. Sin duda, se producen algunos cambios en su conducta. Y es que, después de creer en Dios, aceptar el camino verdadero las hace sentirse especialmente bien; como también han probado la gracia de la obra del Espíritu Santo, son particularmente fervientes, y no hay nada que no puedan abandonar o hacer. Pero al final —después de haber creído durante tres, cinco, diez o treinta años—, al no haberse producido cambio alguno en su carácter vital, resbalan y vuelven a caer en los antiguos caminos, crece su arrogancia y su soberbia y empiezan a luchar por el poder y los beneficios, codician el dinero de la iglesia, hacen cualquier cosa que sirva a sus intereses, ansían estatus y placeres, se vuelven parásitos de la casa de Dios. En particular, la mayoría de los líderes son abandonados. ¿Y qué demuestran estos hechos? Los cambios únicamente de conducta son insostenibles. Si no hay una alteración en el carácter de las personas, tarde o temprano su lado malvado se pondrá de manifiesto. Como la fuente de los cambios en su conducta es el fervor, acompañado por alguna obra realizasa por el Espíritu Santo en ese momento, resulta extremadamente fácil para ellas ser fervientes o buenas durante un tiempo. Como afirman los incrédulos: “Hacer una buena obra es fácil, lo difícil es llevar toda una vida de buenas obras”. Las personas son incapaces de hacer buenas obras durante toda su vida. La vida dirige su conducta; tal como es su vida, así es su conducta, y sólo aquello que se revela de forma natural representa la vida y la naturaleza de una persona. Las cosas falsas no pueden perdurar. Cuando Dios obra para salvar al hombre no lo hace para adornarlo con una buena conducta; la finalidad de la obra de Dios consiste en cambiar el carácter de las personas, en hacerlas nacer de nuevo como nuevas personas. Así pues, el juicio, el castigo, las pruebas de Dios y Su refinamiento del hombre tienen, todos ellos, el fin de cambiar su carácter, de forma que pueda lograr una obediencia absoluta y una fe total en Él, así como la adoración normal hacia Él. Éste es el objetivo de la obra de Dios. Comportarse bien no es lo mismo que obedecerlo, y mucho menos equivale a ser compatible con Cristo. Los cambios de conducta se basan en la doctrina y nacen del fervor; no se basan en el verdadero conocimiento de Dios ni en la verdad, y menos aún se apoyan en la dirección del Espíritu Santo. Aunque hay ocasiones en las que el Espíritu Santo dirige algo de lo que las personas hacen, esto no es la expresión de la vida; tampoco es lo mismo que conocer a Dios. Por muy buena que sea la conducta de una persona, no demuestra que ésta obedezca a Dios ni que ponga en práctica la verdad. Los cambios en la conducta son una ilusión momentánea, la manifestación del celo, pero no son la expresión de la vida. Así pues, cuando veáis a algunas personas que, en medio de su celo, pueden hacer cosas para la casa de Dios e incluso abandonar cosas, no las alabéis. Lo único que podéis hacer es orientarlas hacia la verdad, hacia la senda de la vida; no podéis atenuar su entusiasmo. Las personas celosas están a menudo altamente motivadas y tienen aspiraciones; la mayoría de ellas anhelan el camino verdadero y son personas que Dios ha predestinado y escogido. La mayoría de ellas creen sinceramente en Dios; si alguien es un nuevo creyente y no es celoso, hay un problema. Los más fáciles de guiar hacia el camino correcto son los que tienen celo. Las personas pueden comportarse bien, pero eso no significa necesariamente que posean la verdad. El fervor de las personas sólo puede hacer que se ciñan a la doctrina y sigan la norma; las personas que carecen de la verdad no tienen forma de resolver los problemas sustanciales, y la doctrina no puede sustituir a la verdad. Los que han cambiado sus caracteres son diferentes. Tienen la verdad en su interior, poseen discernimiento en todos los asuntos, saben cómo actuar de acuerdo con la voluntad de Dios, con los principios de la verdad, cómo hacer para satisfacer a Dios, y entienden la naturaleza de la corrupción que revelan. Cuando sus propias ideas y conceptos se manifiestan, son capaces de discernir y abandonar la carne. Así es como se expresa un cambio en el carácter. Lo principal respecto a esto es que las personas tienen tanto verdad como claridad y, cuando llevan a cabo las cosas, ponen en práctica la verdad con relativa precisión y su corrupción no se revela tan a menudo. Generalmente, alguien cuyo carácter ha cambiado parece ser bastante razonable y tener discernimiento y, como consecuencia de su entendimiento de la verdad, el farisaísmo y la arrogancia no se manifiestan tanto. Son capaces de verlo todo claramente, por lo que no se vuelven arrogantes después de ganar esta claridad. Son capaces de tener una comprensión mesurada de cuál es el lugar del hombre, de cómo comportarse de forma razonable, de cómo ser diligente, de qué decir y qué no decir, y de qué decir y qué hacer a qué personas. Por esta razón se dice que estos tipos de personas son relativamente razonables. Los que cambian su carácter viven de verdad la semejanza de un ser humano, y tienen la verdad; no están sujetas a la influencia de los demás. Los que han sufrido un cambio en el carácter son más constantes, no tienen dos caras, e independientemente de la situación en la que se encuentren, saben cómo cumplir con su obligación de manera adecuada y cómo hacer las cosas para satisfacer a Dios. Aquellos cuyo carácter ha cambiado no están centrados en qué hacer para parecer buenos en un nivel superficial; tienen claridad interna respecto a qué hacer para satisfacer a Dios. Por tanto, desde fuera puede parecer que no son entusiastas o que no han hecho nada importante, pero todo lo que hacen tiene sentido, es valioso y tiene resultados prácticos. Aquellos cuyo carácter ha cambiado poseen sin duda mucha verdad; esto puede confirmarse por sus perspectivas sobre las cosas y los principios en sus acciones. Los que no poseen la verdad no han tenido en absoluto un cambio en el carácter. Esto no significa que en alguien que tenga mucha experiencia en el ejercicio de su humanidad se producirá necesariamente un cambio en el carácter; es probable que esto ocurra cuando algunos de los venenos satánicos en la naturaleza de una persona cambien debido a su conocimiento de Dios y su entendimiento de la verdad. Es decir, esos venenos se limpian y la verdad expresada por Dios echa raíces en la persona, se convierte en su vida y en el fundamento de su existencia. Sólo entonces se convierte ella en una nueva persona y, por tanto, su carácter cambia. Con esto no quiero decir que su carácter externo sea más manso que antes, que solía ser arrogante, pero ahora sus palabras son razonables; que no solían escuchar a nadie, pero ahora pueden escuchar a los demás. No se puede decir que estos cambios externos sean cambios en el carácter. Por supuesto, los cambios de carácter incluyen estas situaciones, pero lo más fundamental es que su vida interior ha cambiado. La verdad expresada por Dios se convierte en su propia vida, algunos de los venenos satánicos se han eliminado de su interior, la perspectiva de la persona ha cambiado por completo y nada de esto está en línea con la del mundo. La persona ve claramente las argucias y los venenos del gran dragón rojo; ha comprendido la verdadera esencia de la vida. Por tanto, los valores de su vida han cambiado; éste es el cambio más fundamental y la esencia de un cambio en el carácter. ¿En base a qué vivían las personas antes de eso? Todas ellas viven para sí mismas. Cada uno salva su propio pellejo; éste es el resumen de la naturaleza humana. Se cree en Dios para uno mismo, y se obtienen bendiciones con el mismo fin. Desechar cosas por Dios, erogarse uno mismo por Él y serle fiel, todo esto se hace para uno mismo. En resumen, todo tiene el propósito de ganar bendiciones para uno mismo. En el mundo, todo es para beneficio personal. Se cree en Dios para lograr bendiciones, se echa todo fuera para obtenerlas y se puede soportar mucho sufrimiento con el fin de conseguirlas. Todo esto es una prueba empírica de la naturaleza corrupta del hombre. Sin embargo, el cambio en el carácter es diferente. Cómo debería vivir con sentido, cómo cumplir las obligaciones de una persona para ser digna de ser llamada humana, cómo adorar a Dios, cómo obedecerlo y satisfacerlo a Él; la persona cree que éste es el fundamento de ser una persona y su obligación, de acuerdo con los principios inalterables del cielo y de la tierra. De lo contrario, no será digna de ser llamada humana, no tendrá sentido y estará llena de vacío. Las personas deberían vivir con el fin de satisfacer a Dios, de cumplir bien su obligación y de vivir una vida con sentido, de manera que incluso cuando mueran, estarán satisfechas sin el más mínimo remordimiento, y no habrán vivido en vano. Al comparar estos dos tipos de situaciones, vemos que la última es una persona cuyo carácter ha cambiado y, al haberse modificado su carácter vital, su perspectiva sobre la vida también lo hizo sin duda. Con diferentes valores, nunca más vivirá para sí misma y su creencia en Dios nunca tendrá el propósito de obtener bendiciones para sí misma. Podrá decir: “Después de conocer a Dios, ¿qué es la muerte para mí? Conocer a Dios me ha permitido vivir una vida con sentido. No he vivido en vano y no moriré con remordimientos; no tengo quejas”. ¿No es ésta una perspectiva cambiada sobre la vida? Por tanto, la causa principal de un cambio en el carácter de uno es tener la verdad dentro y poseer conocimiento de Dios; la perspectiva propia sobre la vida ha cambiado y los valores no son los mismos de antes. El cambio comienza desde el interior y desde la vida; sin duda no es tan sólo un cambio externo. Después de creer en Dios, algunos nuevos creyentes han dejado atrás el mundo secular; cuando se encuentran con incrédulos no tienen nada que decir, y rara vez se reúnen con sus familiares y amigos, y los incrédulos dicen: “Esta persona ha cambiado de verdad”. Así que piensan: “Mi carácter ha cambiado realmente; los incrédulos dicen que he cambiado”. ¿Ha cambiado realmente su carácter? No lo ha hecho. Estos cambios son tan sólo externos. No ha habido cambio en su vida, y su vieja naturaleza sigue arraigada en ellos, completamente intacta. En ocasiones, el fervor se ha apoderado de las personas por la obra del Espíritu Santo; tienen lugar algunos cambios externos y hacen algunas buenas obras. Pero esto no es lo mismo que los cambios en el carácter. No posees la verdad, tu visión de las cosas no ha cambiado; ni siquiera es diferente de la de los incrédulos, y tus valores y perspectiva sobre la vida no se han alterado. Ni siquiera tienes un corazón que venera a Dios, que es lo mínimo que deberías poseer. Nada podría estar más lejos de los cambios en tu carácter. Para conseguir un cambio en el carácter, lo más fundamental es buscar el entendimiento de Dios y tener un entendimiento verdadero de Él. Mira a Pedro; cuando Dios quiso entregarlo a Satanás, él dijo: “Puedes entregarme a Satanás. Eres Dios, eres todopoderoso. Todo está en Tus manos; ¿cómo es que no puedo alabarte por las cosas que haces? Pero si pudiera conocerte antes de morir, sería mejor”. Él sentía que, en la vida de las personas, conocer a Dios era lo más importante; después de esto, cualquier tipo de muerte estaría bien, y cualquier forma en la que Dios la manejara también. Él sentía que conocer a Dios era la cosa más crucial; si no obtenía la verdad, nunca podría estar satisfecho, pero tampoco se quejaría a Dios. Con este espíritu de Pedro, con semejante anhelo de buscar el conocimiento de Dios, su perspectiva sobre la vida cambió realmente. A partir de esta declaración podemos ver que su carácter cambió, que él era una persona cuyo carácter cambió y, al final de esta experiencia, Dios dijo que él era la persona con mayor entendimiento de Él, y quien lo amaba de verdad.

Si uno no tiene la verdad, su carácter nunca puede cambiarse. Aunque sea un líder de la iglesia, no será capaz de desempeñar la obra real de un líder; sólo actuará de palabra y sólo realizará trabajos administrativos. Únicamente aquellos que de verdad pueden encargarse de regar la iglesia para proveer verdad y vida son los que poseen la verdad. Ahora os halláis en un período de entrenamiento, en el momento de vuestra entrada. Cuando llegue el momento en el que hayáis entrado de veras en la realidad de la verdad, sólo entonces seréis capaces de dirigir a otras personas. Sólo aquellos que poseen la verdad y cuyo carácter ha cambiado, son líderes dignos de ese nombre.