Registros de las Pláticas de Cristo

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Capítulo 28: Lo que debes saber sobre cómo transformar tu carácter

A lo largo de los años de experimentar la obra y escuchar sermones, algunas personas se entienden a sí mismas y otras no tienen entendimiento alguno de sí mismas; algunas personas son capaces de hablar sobre cosas reales, y comunicar sus propias situaciones reales, sus entradas y sus progresos personales, sus defectos, y cómo planean entrar. Algunas personas son totalmente incapaces de hablar de estas cosas: sólo son capaces de hablar de doctrinas, de asuntos externos como la obra exterior, de situaciones actuales, del progreso de la difusión del evangelio; pero nada acerca de la entrada concreta en la vida ni de experiencias personales. Esto demuestra que no han llegado al camino correcto de entrada a la vida. Una transformación del carácter no es un cambio en las acciones ni un cambio externo fingido, ni una entusiasta transformación temporal, sino una transformación verdadera del carácter que provoca un cambio en las acciones. Tales cambios en las acciones son diferentes de los cambios en las conductas externas. Una transformación del carácter indica que has entendido y experimentado la verdad, y que esa verdad se ha convertido en tu vida. En el pasado, entendías la verdad relativa a este asunto, pero eras incapaz de actuar de acuerdo con ella; la verdad sólo era para ti una doctrina que no permanece. Ahora, tu carácter se ha transformado, y no sólo entiendes la verdad, sino que también actúas en conformidad con ella. Ahora eres capaz de librarte de las cosas a las que tenías cariño en el pasado; eres capaz de abandonar las cosas que estabas dispuesto a hacer, tus imaginaciones y tus nociones personales. Ahora eres capaz de abandonar las cosas a las que no eras capaz de renunciar en el pasado. Esto es una transformación del carácter y es el proceso de transformar tu carácter; suena bastante simple, pero, en realidad, alguien que está en medio de esto tiene que sufrir muchas dificultades, vencer a su cuerpo y abandonar las cosas de su carne que pertenecen a su naturaleza. También debe pasar por el tratamiento y la poda, por el castigo y el juicio, y debe experimentar pruebas. Sólo después de experimentar todo esto puede alguien entender su naturaleza. Poseer algún entendimiento no significa ser capaz de cambiar inmediatamente. Debe soportar dificultades en el proceso. De igual manera, ¿puedes poner algo en práctica una vez que lo entiendes? No puedes ponerlo en práctica de inmediato; durante el tiempo que necesitas para entender, otros te podarán y te tratarán, y el entorno te obligará a hacerlo de esta y aquella manera. En ocasiones no estás dispuesto a pasar por esto, y dices: “Quiero hacerlo de esa forma, ¿por qué no puedo hacerlo entonces? ¿Tengo que hacerlo de esta forma?”. Otros sugieren: “Deberías hacerlo de esta forma. Si crees en Dios, deberías hacerlo de esta forma. Hacerlo de esta forma es conforme a la verdad”. Al final, alcanzarás un punto determinado en el que entenderás la voluntad de Dios y más verdades después de experimentar algunas pruebas, y estarás en cierto modo feliz y dispuesto a hacerlo. Inicialmente eres renuente a hacerlo. Toma como ejemplo el cumplir las obligaciones con devoción. Posees cierto entendimiento sobre cumplir tus obligaciones y la fidelidad a Dios, y también entiendes las verdades, pero ¿cuándo te dedicarás por completo a Dios? ¿Cuándo cumplirás con tus obligaciones de palabra y de hecho? Esto requerirá algún tiempo. Durante este proceso, podrías enfrentarte a muchas dificultades; las personas te tratarán, te podarán, te controlarán, te obligarán y te forzarán. Los ojos de todos estarán fijos en ti, y finalmente, llegarás a una conclusión: es problema mío. ¿Es aceptable cumplir mis obligaciones sin dedicación? No puedo ser descuidado y superficial. El Espíritu Santo te esclarece desde dentro y te reprobará cuando cometas un error. Durante este proceso, entenderás algunas cosas sobre ti mismo y sabrás que eres demasiado impuro, que tienes demasiados propósitos personales y demasiados deseos en el cumplimiento de tus obligaciones. Después de saber esto, puedes llegar poco a poco al camino correcto y serás capaz de cambiar tus actos. Respecto a la esencia de cumplir con vuestras obligaciones, ¿cómo de bien lo hacéis en realidad? ¿Cómo de bien cumplís con vuestras obligaciones de acuerdo con la verdad después de transformar vuestro carácter? Al reflexionar sobre esto, puedes saber cuánto se ha transformado de verdad tu carácter. Una transformación del carácter no es un asunto tan sencillo: “Mis acciones han cambiado, y entiendo la verdad. También puedo hablar de algunas experiencias sobre cada aspecto de la verdad y acerca de algunas pequeñas perspectivas. Además, el Espíritu Santo me ha reprobado sobre este asunto y ahora soy capaz de renunciar un poco a ello y, en cierta medida, de someterme”. Esto no cuenta como transformación en el carácter vital. ¿Por qué? Porque eres capaz de abandonar algunas cosas, pero lo que estás practicando no ha alcanzado aún el nivel de poner verdaderamente en práctica la verdad. Quizás tu entorno es temporalmente adecuado y tus circunstancias son favorables, o tus circunstancias te obligan a comportarte de esta forma, o tu estado mental es estable y el Espíritu Santo está obrando, y entonces eres capaz de hacerlo. Si te hallaras en medio de pruebas como Job, quien sufrió el dolor de éstas, o como Pedro, a quien Dios le pidió que muriera, ¿serías capaz de decir: “Aunque muriera después de llegar a conocerte, estaría bien”? Una transformación del carácter no se produce de la noche a la mañana ni significa que puedas poner la verdad en práctica en cada entorno después de haberla entendido. Esto implica la naturaleza del hombre. Por fuera, parece que estás poniendo en práctica la verdad, pero en realidad, la naturaleza de tus acciones no muestra que lo estés haciendo. Muchas personas tienen ciertas conductas externas, y creen: “Yo estoy poniendo en práctica la verdad. Mira, ¿acaso no estoy cumpliendo con mis obligaciones? ¿No renuncié a mi familia y a mi trabajo? ¿No estoy poniendo en práctica la verdad al cumplir con mis obligaciones?”. Pero Dios dice: “No reconozco que estés poniendo en práctica la verdad”. ¿Qué es esto? Es un tipo de conducta y, si hablamos con seriedad, podrías ser condenado por ella; no será alabada ni conmemorada. Y si hablamos con mayor seriedad aún, si diseccionamos esto, estás haciendo el mal, tu conducta se opone a Dios. Desde fuera, no estás interrumpiendo, molestando ni dañando nada, ni violando verdad alguna. Parece que lo que estás haciendo es lógico y razonable, pero estás haciendo el mal y te estás resistiendo a Dios. Por tanto, deberías recurrir a la fuente tal como Dios ha exigido, para ver si hay algún cambio en tu carácter o si has puesto la verdad en práctica. No se trata de ajustarse a las imaginaciones y a las opiniones del hombre ni a tus preferencias personales. No es eso. Más bien, Dios es quien dice si te estás conformando a Su voluntad; Dios es quien dice si tus acciones contienen verdad y si llegan o no a cumplir con Sus estándares. Compararte a lo que Dios exige es el único camino correcto. Una transformación en el carácter y poner en práctica la verdad no es tan sencillo como las personas imaginan. ¿Entendéis ahora? ¿Tenéis alguna experiencia con esto? Quizás no entendéis esto si implica la esencia de este asunto. Habéis entrado de forma demasiado superficial. Corréis de un lado para otro todo el día, desde el amanecer hasta el anochecer; os levantáis temprano y os acostáis tarde, pero no entendéis qué es una transformación del carácter ni cuál es su situación real. ¿Acaso no es esto superficial? Independientemente de que seáis veteranos o novatos, podríais no sentir la esencia y la profundidad de la transformación en el carácter. ¿Cómo sabes si Dios te alaba o no? Como mínimo, te sentirás excepcionalmente firme en tu corazón con respecto a todo lo que haces, sentirás que el Espíritu Santo te guía, te esclarece, y obra en ti cuando cumples con tus obligaciones, cuando llevas a cabo cualquier obra en la familia de Dios, o en momentos normales; tu conducta va de la mano con las palabras de Dios, y cuando poseas cierto grado de experiencia, sentirás que lo que hiciste en el pasado era relativamente adecuado. Si después de ganar experiencia durante un período de tiempo sientes que algunas de las cosas que hiciste en el pasado no fueron adecuadas, si estás insatisfecho con ellas, y si en realidad no hubo verdad en las cosas que realizaste, esto demuestra que lo único que hiciste fue resistirte a Dios. Demuestra que tu servicio estuvo lleno de rebeldía, de resistencia y de conductas humanas. Dicho esto, ¿cómo deberíais entender el transformar vuestro carácter? ¿Lo entendéis? Es posible que no habléis de forma habitual sobre la transformación de vuestro carácter y que rara vez comuniquéis experiencias personales. En el mejor de los casos, compartís: “Ah, no fui bueno durante este período. Después oré a Dios, y le pedí: 'Oh Dios, esclaréceme e ilumíname'. Y Dios respondió: 'Es necesario que quienes creen en Dios atraviesen pruebas'. Cuando reflexioné sobre esto, sentí que era correcto, de modo que lo mejor que podía hacer era soportar. Al final me levanté y no fui negativo. Después de todo, no había cumplido con mis obligaciones con dedicación”. Hablas sobre estas situaciones y, cuando terminas de hacerlo, otras personas dicen: “Ah, todos somos prácticamente iguales, todos somos corruptos. Todos somos casi lo mismo”. Resulta problemático hablar siempre acerca de estas cosas. Si las cosas profundas no se pueden comprender, al final no hay transformación en el carácter. Una transformación en el carácter tiene que ver, principalmente, con una transformación en tu naturaleza. La naturaleza no es algo que puedas ver a partir de conductas externas; la naturaleza implica directamente el valor y el sentido de la existencia de las personas. Implica directamente los valores de la vida humana, las cosas que están en lo profundo del alma, y la esencia de las personas. Si las personas no pudieran aceptar la verdad, no sufrirían transformaciones en estos aspectos. Sólo si aquellos que experimentan la obra de Dios han entrado plenamente en la verdad, si han cambiado sus valores y sus perspectivas sobre la existencia y la vida, se han vuelto de las mismas opiniones que Dios, y son capaces de someterse y dedicarse totalmente a Dios, puede decirse que sus caracteres han cambiado. Puede que parezca que estás haciendo algún esfuerzo, podrías ser fuerte frente a las dificultades, podrías ser capaz de llevar a cabo las disposiciones de la obra de arriba, o podrías ser capaz de ir allí donde se te diga que vayas; sin embargo, éstos sólo son pequeños cambios en tus acciones y no son suficientes para ser una transformación en tu carácter. Podrías ser capaz de transitar muchas sendas, de sufrir muchas dificultades y de soportar una gran humillación; podrías sentirte muy cerca de Dios, y que el Espíritu Santo está obrando en ti, pero cuando Dios te exige que hagas algo que no se conforma a tus nociones, sigues sin someterte, buscas excusas y te rebelas contra Dios y te resistes a Él, incluso hasta el punto de que le culpas y protestas contra Él. ¡Esto es un grave problema! Esto demuestra que sigues teniendo una naturaleza que se resiste a Dios y que no te has transformado en lo más mínimo. Algunas personas incluso juzgan a Dios, tachándolo de no ser justo. Tienen sus nociones, siguen argumentando y le hacen una petición a Dios: “Dios debería hacer esto abiertamente de forma que todos hablen sobre ello”. Tales acciones demuestran que son demonios malignos que se resisten a Dios. Su naturaleza nunca se transformará. Se debería perder la esperanza en esta clase de personas. Sólo aquellos que pueden aceptar la verdad, que buscan e investigan para obtener la verdad cuando no entienden la obra de Dios, tienen la esperanza de obtener una transformación en su carácter. En tu experiencia existen algunas situaciones normales que deben distinguirse. Quizás lloras amargamente cuando oras, o tal vez sientes mucho amor por Dios en tu corazón y te sientes cerca de Él. Sencillamente, es lo que ocurre cuando el Espíritu Santo obra en ti, pero sigues sin amar a Dios, sigues sin poseer la verdad y, desde luego, no puede decirse que tu carácter haya sido transformado.

¿Por dónde empezáis la transformación de vuestro carácter? ¿Lo sabéis? Se comienza por entender vuestra propia naturaleza. Ésta es la clave. Entonces, ¿cómo llegáis a entenderla? “¡Examinad!”. ¿Cómo os examináis cuando habéis terminado de mirar? Podéis averiguarlo mientras cumplís con vuestras obligaciones. ¿Qué ocurre si no estáis cumpliendo con vuestras obligaciones? ¿Podéis descubrirlo? ¿Podéis descubrirlo mientras vivís con vuestra familia o mientras os relacionáis con las personas? ¿Cómo lo averiguas? ¡Debes buscarlo en todo momento! Vosotros, los veteranos, habéis estado practicando de esta forma durante años; ¿entendéis ya a vuestra naturaleza? ¡Os sigue quedando mucho camino por delante! ¿Cómo lo encontráis? Debe haber un camino; no podéis hablar sobre cosas vacías. Dices que deberías buscarlo cada día, en todo momento; aparte de comer y dormir, debes buscar siempre. ¿Dónde miras? ¿En qué cosas miras? ¿Cómo lo encuentras? ¿Cuál será el resultado? “¡Entender la naturaleza de uno!”. Cuando entiendes tu naturaleza, puedes transformarte. Resulta fácil de decir. ¿Pero, cómo buscas? ¿Cómo lo entiendes? ¡Debe haber un camino! Si hay un camino, sabrás, pues, cómo experimentar. Sin un camino, te limitas a proclamar el eslogan: “Todos debemos entender nuestra naturaleza. ¡Nuestras naturalezas no son buenas! Cuando entendemos nuestra naturaleza, podemos transformar nuestro carácter”. Cuando has terminado de proclamar, no es más que palabrería, y nadie entiende su naturaleza. Esto se denomina hablar de doctrinas sin un camino. ¿Acaso obrar de esta forma no destruye las cosas? ¿Cuál será el resultado de obrar así? Soléis proclamar el eslogan: “¡Entendamos nuestras naturalezas! ¡Todos debemos amar a Dios! ¡Todos debemos someternos a Dios! ¡Todos debemos someternos a Dios y postrarnos ante Él! ¡Todos debemos adorar a Dios! Quien no ame a Dios es inaceptable”. Hablar sobre estas doctrinas es inútil y no resuelve los problemas. No habéis pensado en este asunto. ¿Cómo entender, entonces? En realidad, entender es analizar la profundidad del alma; es lo que hay en tu vida. Has estado viviendo originalmente por la lógica de Satanás y por sus muchos puntos de vista, es decir, que has estado viviendo de la vida de Satanás. Sólo puedes entender tu naturaleza si descubres las cosas profundas de tu alma. ¿Cómo las descubres? Muchas personas no serán capaces de descubrirlas y analizarlas limitándose tan sólo a hacer cosas. Muchas veces, después de terminar de hacer algo, no llegas a un entendimiento. Quizás tres o cinco años más tarde tendrás un despertar, y algún entendimiento. Para entender tu naturaleza, ahora debes incorporar varios aspectos: primero, debes tener claro en tu corazón qué es lo que te gusta. No me refiero a lo que te gusta comer o vestir, sino más bien a las clases de cosas que envidias, que adoras, que buscas y a las que prestas atención. ¿Lo tenéis claro? ¿Sabes qué tipos de cosas se incluyen en las cosas que te gustan? Son las cosas a las que sueles prestar atención, las cosas que adoras, el tipo de personas con las que te gusta entrar en contacto, el tipo de cosas que te gusta hacer y el tipo de personas que idolatras en tu mente. Por ejemplo: a la mayoría de las personas les gustan las personas importantes que son elegantes en su discurso y en su aspecto, o que hablan con ironía; a algunas personas les gustan las personas que se dan aires de grandeza. Éste es el aspecto relativo a las personas con las que les gusta relacionarse. En cuanto al aspecto de las cosas que les gustan a las personas, incluye el estar dispuesto a hacer cosas fáciles de hacer, cosas que a los demás les parecen buenas, y cosas que esos otros alabarían, aplaudirían y elogiarían después de verlas. Hay una característica general de las cosas que gustan a las personas en sus naturalezas. Es decir, les gustan las cosas y las personas de cuyo aspecto exterior otras personas sienten envidias, les gustan las cosas y las personas que se ven bonitas y lujosas, y que hacen que otras personas las adoren por su aspecto exterior. Éstas son las cosas que les gustan a las personas. Las cosas a las que éstas les tienen cariño son grandes, deslumbrantes, magníficas e imponentes. Todas las personas adoran estas cosas, y se puede ver que las personas no tienen nada de la verdad ni de la semejanza de un hombre real. No hay ni el más mínimo grado de sentido en adorar estas cosas, pero a las personas les gustan. A los ojos de quienes no creen en Dios, estas cosas que gustan a las personas son especialmente buenas, y están especialmente dispuestas a buscarlas. Por poner un simple ejemplo: las personas adoran sobre todo a los actores, a las celebridades o a los cantantes. Como el caso de cierta celebridad en China que tiene como seguidores a los incrédulos que se acercan a ella para que les firme su autógrafo y le dejan mensajes, o le estrechan la mano o la abrazan. ¿Existen estas cosas en los corazones de los creyentes? ¿Cantas ocasionalmente las canciones de las celebridades a las que adoras? ¿O imitas de vez en cuando y te vistes según los estilos que tu corazón anhela? Conviertes a estas celebridades y a estas personas famosas en los objetos y en los modelos de tu adoración. Éstas son las cosas comunes que las personas aprecian en su interior. ¿Acaso no adoran realmente los creyentes las cosas que los incrédulos adoran? En lo profundo del corazón, la mayoría de las personas siguen teniendo corazón para adorarlas. Crees en Dios y no pareces estar buscando claramente estas cosas. Sin embargo, tú las sigues envidiando en tu corazón, y les sigues teniendo cariño. Ocasionalmente sigues queriendo escuchar la música de esas personas, y sigues queriendo verlas en televisión, ¿verdad? ¿Cómo viven? ¿Dónde están ahora? Si las veo y estrecho su mano, estaría bien; y si muriera, seguiría mereciendo la pena. Por ejemplo, las personas adoran a las celebridades, a las estrellas y a las leyendas; hablan sobre ellas todo el día y siempre están buscando noticias sobre ellas, sobre su situación actual o acerca de dónde fueron, o qué canciones famosas han cantado. A algunas personas les gusta preguntar estas clases de cosas y siempre les están prestando atención. En resumen, independientemente de a quien adoréis, a todos os gustan estas cosas. Quizás no tengas la oportunidad ni la circunstancia de encontrarte con estas personas, con estas cosas o con estos objetos; sin embargo, están en tu corazón. Anhelar estas cosas es revolcarse en el cieno con las personas del mundo; es lo que Dios detesta, carece de la verdad, de humanidad, y es la semejanza del diablo. Este ejemplo es simple, es lo que a las personas les gusta de verdad en su interior. Puedes descubrir tu naturaleza a partir de las cosas que más te gustan. Estas cosas se manifiestan en tu forma de vestir. Algunas personas están dispuestas a vestir ropa extraña, ropa colorida o extravagante que llama la atención de los demás. Están dispuestas a llevar consigo cosas que las personas no suelen llevar, y aman aquellas cosas que pueden atraer al sexo opuesto. Portan estas cosas y visten esta ropa, y esto ilustra que estas cosas existen en su vida y en lo profundo de su espíritu. Estas cosas que les gustan no son decorosas ni honestas, no son cosas propias de una persona genuina. Las cosas que les gustan a estas personas no son justas y sus opiniones son idénticas a las de las personas del mundo. He conocido a algunas personas cuya ropa, cuyos accesorios y cuyos puntos de vista eran los mismos que los de las personas del mundo. No pude ver verdad alguna en ellas. Por tanto, lo que te gusta, aquello en lo que te centras, lo que adoras, lo que envidias y aquello en lo que piensas en tu corazón cada día, todo ello representa tu naturaleza. Basta con demostrar que a tu naturaleza le gusta la injusticia y que, en situaciones graves, es malvada e incurable. Deberías analizar tu naturaleza de este modo, es decir, considerar aquello que te gusta mucho y aquello a lo que renuncias en tu vida. Tal vez seas temporalmente bueno con alguien, pero esto no demuestra que le tengas cariño. Lo que te gusta de verdad es, precisamente, lo que está en tu naturaleza; aunque tuvieras los huesos rotos, te seguiría gustando y no podrías renunciar a ello jamás. Esto no resulta fácil de cambiar. Si piensas en alguien que encontrara a un compañero de su gusto, si le gustara de verdad, los demás no podrían detenerla. Aunque sus padres le rompieran una pierna, aun así, ella se escaparía con él; preferiría morir y casarse con él. ¿Cómo puede ser esto? Esto se debe a que nadie puede cambiar lo que alguien alberga en lo profundo de su ser. Aunque le arrancaras el corazón y muriera, a su alma le seguirían gustando las mismas cosas. Éstas son las cosas de la naturaleza humana, y representan la esencia de la persona. Las cosas que les gustan a las personas contienen cierta injusticia; algunas son obvias y otras no; algunas son crueles y otras no; algunas personas tienen dominio propio, y otras no pueden controlarse; algunas personas pueden hundirse en las cosas de la oscuridad, y esto demuestra que no tienen el menor grado de vida. Si las personas fueran capaces de no andar ocupadas y refrenadas por esas cosas, ello demostraría que su carácter se ha transformado un poco y tenían un poco de estatura. Algunas personas entienden algunas verdades y sienten que tienen vida y que aman a Dios. En realidad, sigue siendo demasiado pronto; transformar el carácter propio no es un asunto sencillo. ¿Acaso es la naturaleza fácil de entender? Aunque tuvieras un poco de entendimiento, no sería fácil de cambiar. Éste es un ámbito difícil para las personas. Independientemente de cuándo y cómo cambien las personas, los asuntos o las cosas que te rodean, e independientemente de cómo pueda ponerse el mundo boca abajo, si la verdad que hay en tu interior te guía, si la verdad ha echado raíces dentro de ti, y si las palabras de Dios guían tu vida, tus gustos, tu experiencia y tu existencia, te habrás transformado de verdad. Ahora bien, esta supuesta transformación consiste, sencillamente, en personas que tienen un poco de colaboración, un poco de entusiasmo y fe. Sin embargo, esto no puede considerarse una transformación ni demuestra que las personas tengan vida; tan sólo son las cosas que las personas prefieren. Además de descubrir las cosas que más les gustan a las personas de su naturaleza, también es necesario descubrir otros aspectos pertenecientes a ésta; por ejemplo, los puntos de vista de las personas sobre las cosas; sus métodos y sus metas en la vida; sus valores vitales y sus opiniones sobre la vida y sobre todas las cosas relacionadas con la verdad. Estas cosas están, todas, en lo profundo del alma y guardan una relación directa con la transformación del carácter. Veamos cuáles son las visiones que tiene una persona de naturaleza corrupta respecto a la vida. Puedes afirmar que cree que cada uno va a lo suyo y que cada palo aguanta su vela. Las personas viven para sí mismas y, dicho de otro modo, son como cerdos y perros; lo único que les importa es la comida, la ropa y el comer. Su vida no tiene ningún otro propósito y no tiene el más mínimo grado de importancia o valor. Las visiones de la vida es aquello en lo que confías para sobrevivir y vivir; son aquello por lo que vives, y tu forma de vivir. Todo ello es la esencia de la naturaleza humana. Mediante el análisis de la naturaleza de las personas, comprobarás que todas se están resistiendo a Dios. Todas son diablos y no hay una persona genuinamente buena. Sólo analizando la naturaleza de las personas puedes conocer de verdad la esencia y la corrupción del hombre, y entender a qué pertenecen en realidad las personas, cuáles son sus verdaderas carencias, con qué deberían estar equipadas, y cómo deberían poner en práctica la semejanza humana. Ser verdaderamente capaz de analizar la naturaleza de las personas no es fácil. No servirá de nada sin la verdad ni la experiencia.