Registros de las Pláticas de Cristo

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Capítulo 29: Cómo conocer la naturaleza del hombre

¿Cuáles son las cosas de la naturaleza del hombre? Sólo eres consciente de la corrupción, la desobediencia, las deficiencias, los defectos, las ideas y los propósitos del hombre, pero no puedes descubrir las partes interiores de su naturaleza; sólo conoces la capa exterior, pero no puedes descubrir su origen. Algunos piensan incluso que estas cosas superficiales constituyen la naturaleza del hombre, y dicen: “Mira, yo entiendo la naturaleza del hombre; reconozco mi arrogancia. ¿No es ésa la naturaleza del hombre?”. No basta con admitirlo tan sólo en lo doctrinal. La arrogancia es una cosa de la naturaleza del hombre; hasta aquí, eso es verdad. ¿Qué significa entender la propia naturaleza? ¿Cómo puede conocerse? ¿A partir de qué aspectos se la conoce? Además, ¿cómo deberían verse concretamente las cosas reveladas a partir de estos distintos aspectos? Ver la naturaleza propia a través de los intereses propios. ¿Cómo? Por ejemplo, a algunas personas les gusta, de forma particular, bailar. A unas les gustan especialmente los cantantes o las estrellas de cine. Otras adoran en especial a una cierta personalidad. Considerando estos intereses, ¿cuál es la naturaleza de estas personas? Pondré otro ejemplo simple: algunas personas idolatran de verdad a cierto cantante, ¿hasta qué punto? Hasta interesarse por completo en cada movimiento, cada sonrisa, cada palabra, y cada acto suyo. Se obsesionan con el cantante, fotografían todo lo que éste viste y lo imitan. ¿Qué demuestra este nivel de idolatría respecto a la naturaleza de una persona? Muestra que esa persona sólo tiene esas cosas en su corazón, y no a Dios. Todo lo que su corazón piensa, ama y busca son cosas reveladas por Satanás; éstas ocupan su corazón, que dedica por entero a ellas. ¿Ves cuál es el problema? Por lo tanto, si se ama algo hasta un extremo, eso puede convertirse en la propia vida y ocupar el corazón, demostrando plenamente que la persona es una idólatra que no quiere a Dios en su corazón, sino que ama al diablo. Llegamos, pues, a la conclusión de que su naturaleza ama y adora al diablo, no ama la verdad, y no quiere a Dios. ¿Es ésta una forma correcta de ver su naturaleza? ¡Es completamente correcta! Así es como se disecciona la naturaleza del hombre. Por ejemplo, algunas personas idolatran de manera particular a Pablo: les gusta pronunciar discursos y trabajar fuera. Les gusta reunirse y hablar; les gusta que las personas los escuchen, los adoren, los rodeen. Les gusta tener estatura en opinión de los demás y aprecian que otros valoren su imagen. ¿Qué descubrimos respecto a la naturaleza de un hombre a partir de esta clase de conducta? Analicemos su naturaleza: ¿qué clase de naturaleza posee el tipo de persona que tiene esta clase de conducta? ¿Cómo podría resumirse verbalmente? Las personas corrientes no pueden ver a través de esto, sino que sólo ven la conducta. ¿Cuál es la relación entre la conducta y la naturaleza de la persona? ¿Cuál es su naturaleza? No puedes identificarla, ¿verdad? Si de verdad ella se comporta así, basta para mostrar que es arrogante y engreída. No adora a Dios en absoluto; busca un estatus elevado y quiere tener autoridad sobre otros, poseerlos, tener estatura en opinión de ellos. Ésta es una imagen clásica de Satanás. Lo que destaca de su naturaleza es la arrogancia y el engreimiento, la negativa a adorar a Dios, y un deseo de recibir la adoración de los demás. ¿No es ésta su naturaleza? Puedes verla con claridad a partir de estas conductas. Por ejemplo, a algunas personas les encanta, en especial, aprovecharse a expensas de otros y buscar su propio interés en todo. Todo lo que hacen tiene que reportarles beneficio o no lo harán. No se preocupan por nada a menos que proporcione ventaja, y tienen sus propios motivos ulteriores para todo. Hablan bien de quien las beneficia y exaltan a quien las adula. Incluso cuando sus favoritos tengan problemas, dirán que están en lo correcto e intentarán con esmero taparlos y defenderlos. ¿Qué naturaleza tiene esta clase de persona? ¿Puedes ver claramente su naturaleza según estas conductas? Se esfuerzan por aprovecharse injustamente a través de sus acciones y se involucran en un comportamiento transaccional en todo momento y lugar, por lo que puedes estar seguro de que su naturaleza es de resuelta codicia para sacar provecho. Lo hacen todo para sí mismos. No se levantarán temprano a no ser que haya un beneficio asociado. Son las personas más egoístas e insaciables, por lo que su naturaleza es amar el dinero y no la verdad. ¿No representa esto su naturaleza? Algunos están cautivados por las mujeres, siempre pensando en ellas en todo lo que hacen, y las persiguen allá donde van. Las mujeres hermosas son el objeto de su afecto y tienen una alta estima en su corazón. Están dispuestos a dar su vida por las mujeres hermosas. Podrían abandonarlo todo: las mujeres son lo que llena su corazón. ¿Cuál es su naturaleza? Su naturaleza es amar a las mujeres y adorarlas, por lo que son lascivos, con una naturaleza malvada y avariciosa. ¿No es ésta su naturaleza? Sus comportamientos revelan una naturaleza avariciosa —no sólo transgreden de vez en cuando o se comportan simplemente un poco peor que las personas corrientes— y su corazón ya está del todo ocupado por estas cosas que se han convertido en su naturaleza, en su esencia. Así, estas cosas se han convertido en manifestaciones de su naturaleza.

Las partes internas de la naturaleza de una persona se revelan constantemente, en todo momento. Cualquier cosa que haga una persona, sea lo que sea, puede revelar la naturaleza de esa persona. Las personas tienen sus propios propósitos para todo lo que hacen, ya sea proveer hospitalidad, predicar el evangelio o cualquier otra clase de obra, y pueden revelar las partes de su naturaleza sin ninguna conciencia de ello. Y es que la propia naturaleza es la vida de las personas, y éstas se ven impulsadas por sus naturalezas mientras viven. La naturaleza de una persona no se revela sólo en ocasiones ni por casualidad; más bien, puede representar completamente la esencia de la persona, y todo lo que fluye desde el interior de los huesos y de la sangre de la persona representa su naturaleza y su vida. Unos aman a las mujeres hermosas. Otros el dinero. Algunos aman particularmente el estatus. Algunos valoran sobre todo la reputación y su imagen personal. Algunos aman o adoran en particular a ídolos. Y algunas personas son especialmente arrogantes y engreídas, no ceden ante nadie en sus corazones y se esfuerzan por obtener estatura, les gusta destacar por encima de los demás y tener autoridad sobre ellos. Existe una diversidad de naturalezas distintas, y pueden diferir entre las personas, pero sus elementos comunes son la resistencia y la traición a Dios. En esto son todas idénticas.

Consideremos ahora a una persona egoísta. Se puede decir que el egoísmo es un elemento de la naturaleza del hombre; todos tienen este elemento en ellos. Algunas personas son extremadamente egoístas, y ese grado tan extremo representa su naturaleza. Todo el mundo es egoísta en cierto modo, pero hay una diferencia. Cuando se relacionan con otros, algunos pueden estar atentos a ellos y cuidar de ellos, preocuparse por ellos y ser considerados con ellos en todo lo que hacen. Otras personas no son así; consideremos a alguien especialmente egoísta cuando recibe a otros: su propia familia come la mejor comida posible, pero cuando vienen los hermanos y las hermanas les sirve pequeñas porciones de alimentos inferiores. Cuando hay cosas buenas las pone delante de sus hijos, de su marido o de su familia. Cuando vienen los hermanos y las hermanas los deja dormir en el suelo, pero cuando vienen sus propios familiares dispone para ellos lo más cómodo, y todo está en orden. Esta clase de persona no considera en lo más mínimo a los demás. Con que les permita quedarse cuando vienen tienen bastante; así, cuando éstos enferman o atraviesan alguna otra dificultad ni siquiera piensa en ello, y se comporta como si no se percatara. No le importan en absoluto los demás ni se preocupa por ellos. Sólo cuida de sí misma y de sus familiares. Esta naturaleza egoísta suya determina que no está dispuesta a cuidar de los demás. Siente que hacerlo es una pérdida y una molestia para ella. Quizás algunas personas razonen, diciendo que alguien egoísta no sabe cómo cuidar de los demás, pero si una persona egoísta no sabe cuidar de los demás, ¿por qué es tan buena con sus propios familiares, y por qué considera plenamente las necesidades de éstos? ¿Cómo sabe de qué carece y qué es adecuado vestir o comer en un determinado momento? ¿Por qué no puede ser así para otros? En realidad, entiende todo esto, pero es egoísta, y eso viene determinado por su naturaleza. Es, lo mismo que si algunas mujeres han transgredido durante un tiempo en el pasado, esto no las hace promiscuas. Una persona malvada es alguien que suele crear problemas allá donde va, que no conoce la vergüenza ni tiene un código ético y moral; esa persona tiene una naturaleza promiscua. Siempre está revelando su naturaleza independientemente de lo que esté haciendo o de aquello en lo que esté trabajando. Algunas personas se aprovechan de la oportunidad de predicar el evangelio para involucrarse en esta clase de conducta, ¿pero no se comportaría así esa persona si no estuviera predicando? Incluso en ese caso se involucraría furtivamente en ello. Algunos dicen: “No haría esto si no estuviera predicando, ¿verdad?”. ¿Sabes? Es su naturaleza, y no puede contenerse. Estas cosas son las que llenan su corazón; no hay razón para que no se involucre en estas cosas. Aunque durante un tiempo no lleva a cabo tales cosas, es porque el entorno no lo permite o porque hay una carencia de personas adecuadas. Así son las cosas de la propia naturaleza; no se pueden controlar. Algunas personas aman de manera especial la ropa y la belleza, y son extremadamente vanas. La naturaleza de una persona así es vanidosa. Cambia de atuendo varias veces al día. Cuando ve a alguien bien vestida y bien maquillada, no duerme bien si no puede conseguir lo mismo. Tiene que obtener esas cosas también, aunque deba pedir prestado o pagar cualquier otro precio posible; y si no las puede conseguir, no puede creer en Dios en su corazón, carece de deseo para asistir a las reuniones, no puede asimilar la palabra de Dios cuando la lee y su mente está llena de esas cosas todo el día. Esas cosas ocupan su mente, y piensa en ellas todo el día. Esta clase de persona es extremadamente superficial, mucho más que cualquier otra. Éste es un elemento de su naturaleza, algo que lleva en sus huesos. Los asuntos de la naturaleza no son cosas que se hacen exclusivamente en un momento de debilidad, sino que persisten a lo largo de la vida. Todo lo que una persona hace lleva su aroma y los elementos de su naturaleza. Aunque estos elementos no sean evidentes en ocasiones, están presentes en su interior. Por ejemplo, cuando una persona astuta habla sinceramente en un caso, sigue habiendo realmente palabras en su discurso y la astucia se entremezcla en él. La persona astuta emplea sus artimañas con cualquiera, incluidos sus familiares, y hasta con sus hijos. Por muy franco que seas con ella, procurará jugar contigo. Éste es el verdadero rostro de su naturaleza, y ella es de esta naturaleza. Es difícil que cambie y es así todo el tiempo. Por ejemplo, una persona sincera dirá alguna vez algo encubierto y astuto, pero esa persona suele ser sincera y hace las cosas con sinceridad, sin aprovecharse injustamente de los demás en sus tratos con ellos. Cuando habla con los demás no dice cosas de manera intencionada para ponerlos a prueba; sigue siendo bastante sincera y puede abrir su corazón y comunicarse con los demás. Todos dicen que es una persona sincera, pero sigue habiendo momentos en los que habla con algo de astucia. Ésa es simplemente la manifestación del carácter corrupto y no representa su naturaleza, porque no es de ese tipo de persona. Cuando se trata de la naturaleza de una persona debes entender cuáles son los elementos de dicha naturaleza y cuál es el carácter corrupto; debes ser capaz de distinguir con claridad entre los dos. Ahora, intenta analizar tu propia naturaleza. Algunas personas dirán: “En ocasiones hablo con dureza” o “Soy inculto”. Si alguien así sólo dice que es incapaz de seguir las reglas o que en ocasiones tiene motivaciones impuras cuando lleva a cabo sus obligaciones, pero no habla de su naturaleza o de si su humanidad es buena, no puede conocer su propia naturaleza. No siempre puedes encubrir o ser tímido. Debes ahondar en lo profundo de tu interior. Si no puedes extraerla no llegarás a conocer tu naturaleza, y si no conoces tu naturaleza no podrás cambiar. Debes ser particularmente estricto con la forma de llegar a conocerte; no puedes engañarte, ser superficial ni defraudarte. Entender tu propia naturaleza es básicamente entender qué clase de persona eres en realidad. La clase de persona que eres es el tipo de naturaleza que tienes. Por ejemplo, decir que alguien es así o asá es lo que más describe su naturaleza. Su tipo de naturaleza determina la clase de persona que es. La vida de la persona sólo es su naturaleza. ¿Cómo ves cuál es la naturaleza de una persona? Debes entrar más en contacto con ella y observar más qué clase de persona es. Se puede afirmar que aquello que más destaque en ella y sea más representativo de su esencia y de sus características es la esencia de su naturaleza. El carácter de la esencia del hombre es el carácter de su naturaleza. Cuando queremos ver qué clase de persona es alguien en realidad, considerarla de esta forma arroja mayor precisión. Cualquiera que sea la esencia del hombre, ésa es su naturaleza. El hombre es el tipo de persona que determina su naturaleza. Por ejemplo, si el rasgo más prominente de una persona es que ama particularmente el dinero, resumido en tres palabras, su naturaleza es amante del dinero. Otro ejemplo: si el rasgo más prominente de una persona es el amor por las mujeres —se dedica constantemente a la caza de mujeres—, entonces ama el mal y tiene una naturaleza malvada. Algunas personas aman comer. Si le das a alguien así algunas bebidas y algo de carne o pides para él buena comida, actuará a tu favor; por tanto, esta persona tiene una naturaleza glotona, como un cerdo. Cada persona tiene su defecto fatal, que ejerce su influencia sobre cada momento de la vida de ésta, se insinúa en todo lo relativo a esa persona y se convierte en el objeto de todo lo que hace. Esa cosa representa la naturaleza de la persona. Y puedes decir que su naturaleza es su ámbito de mayor debilidad. Su defecto fatal es su naturaleza. Algunas personas parecen tener una buena humanidad y no exhiben defectos importantes superficialmente, pero su rasgo destacado es la fragilidad. No tienen objetivos ni aspiraciones en la vida y simplemente van confundidos por ella. Se alejan a poco que digas algunas cosas dolorosas y se vuelven negativas en cualquier momento respecto a una cosa u otra, hasta el punto de no querer creer más. Este rasgo único de la persona es la fragilidad, y su naturaleza es la de un cobarde inútil. Algunas personas tienen la naturaleza de ser extremadamente sentimentales. Lo que dicen o hacen cada día y su conducta se viven en un mundo de emoción. Sienten afecto por esta y aquella persona y cada día deben devolver favores y buenos sentimientos; todo lo que hacen lo viven en el ámbito emocional; ¿ves cuán pesado es el sentimiento de alguien así? Cuando su marido no creyente muera, ella seguirá llorando durante tres días. Otros quieren enterrarlo, pero ella sigue diciendo: “No, es mi marido”. Tiene sentimientos incluso por una persona muerta; sus emociones son demasiado intensas. Se podría decir que esas emociones son su defecto fatal, su mayor debilidad que puede llevarla por completo a su destino funesto y su perdición. Las emociones excesivamente intensas dan a entender que ella está sin la verdad y que actúa sin principios. Sólo muestra consideración por la carne y es una desgraciada insensata. Su naturaleza es la de atar un peso particular a los sentimientos. Por tanto, si buscas cambiar tu carácter debes reconocer tu naturaleza. “Los ríos y las montañas pueden cambiar, pero no la naturaleza esencial de uno”. Si la naturaleza de alguien es demasiado mala y no va a cambiar nunca, Dios no lo salvará. No pienses que esa naturaleza puede cambiarse. ¿Qué es la “transformación del carácter”? Tienes que ser un amante de la verdad, aceptar el juicio y el castigo de la palabra de Dios cuando experimentas Su obra y experimentar toda clase de sufrimiento y refinamiento, por medio de los cuales eres purificado de los venenos satánicos que hay en ti. Ésta es la transformación del carácter. Si la naturaleza de una persona es muy mala, si es una persona malvada, Dios no la salvará y el Espíritu Santo será incapaz de obrar en ella. Dicho de otra forma, es como un doctor que cura a un paciente: se puede tratar a alguien que contrae neumonía; sin embargo, alguien que contrae cáncer no puede salvarse. La transformación de carácter de la que se habla en la casa de Dios significa que, al amar y aceptar la verdad, una persona llega a conocer por fin su naturaleza desobediente y que se resiste a Dios; entiende que la corrupción del hombre es demasiado profunda y comprende la absurdez y la astucia del hombre. Conoce lo pobre y lamentable que es el hombre y entiende finalmente la esencia de su naturaleza. Sabiendo todo esto, puede negarse a sí mismo y abandonarse por completo, vivir de acuerdo con la palabra de Dios, y practicar la verdad en todo. Esa persona conoce a Dios y su carácter se transforma.

Satanás ha corrompido a toda la humanidad, y la naturaleza del hombre es traicionar a Dios. Pero en medio de la humanidad que ha sido corrompida por Satanás hay algunos que pueden someterse a la obra de Dios y aceptar la verdad; ellos pueden obtener la verdad y lograr la transformación de su carácter. También están los que no buscan seriamente la verdad, pero siguen creyendo. Hacen lo que les dices y tienen una humanidad decente. Están dispuestos, hasta cierto punto, a dedicarse, a abandonar la mundanalidad y a soportar el sufrimiento. Esa persona será capaz de mantenerse firme y de recibir la salvación. Sin embargo, su carácter no se transformará porque no persigue seriamente la verdad. Está satisfecha con sólo entender doctrinas. Oye la doctrina, piensa que es buena y la guarda, y después de entenderla lleva a cabo su obligación, hasta cierto punto. Puede actuar de cualquier forma adecuada para ella. Sin embargo, no es seria respecto a la verdad; su corazón está nublado, y ella es incapaz de entender la esencia de la verdad. Esa persona también puede recibir la salvación y ser perdonada, pero su carácter no puede transformarse. Obtener la transformación del carácter exige un amor a la verdad y la capacidad de aceptarla. ¿Qué es aceptar la verdad? Significa que, independientemente del carácter corrupto que tengas o el veneno con que el gran dragón rojo emponzoñe tu naturaleza, la reconoces cuando la palabra de Dios la revela y te sometes a ésta última con total convicción. Y te conoces a ti mismo según la palabra de Dios. Esto es lo que significa aceptar la palabra de Dios. Independientemente de lo que Él diga, de lo desgarrador que pueda ser para el corazón, de las palabras que Él use, puedes aceptarla mientras sea la verdad, y puedes reconocerla mientras se conforme a la realidad. Puedes someterte a la palabra de Dios sin importar cuán profundamente la entiendas, la aceptes y te sometas a la luz del esclarecimiento del Espíritu Santo comunicado por los hermanos y hermanas. Cuando la búsqueda de la verdad por parte de una persona ha alcanzado un punto determinado, ella puede obtener la verdad y lograr la transformación de su carácter. Una persona que no ama la verdad podría tener una buena humanidad, pero es indiferente respecto a la verdad y no la busca con seriedad; puede hacer algunas buenas obras, dedicarse a Dios y abandonar algunas cosas por Él, pero no puede obtener la transformación de carácter. Ves que, en comparación, la humanidad de Pedro era aproximadamente la misma que la de los demás apóstoles o hermanos y hermanas, pero se mantuvo firme en su búsqueda ferviente de la verdad. Meditó con diligencia todo lo que Jesús dijo. Jesús preguntó: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?”. Él contestó directamente: “¡Oh, sólo amo al Padre que está en el cielo y no he amado al Señor en la tierra!”. Más adelante entendió: “¡Esto no es correcto! El Dios en la tierra es el Dios del cielo. ¿No es el mismo Dios tanto en el cielo como en la tierra? Que yo sólo ame al Dios del cielo no es real por tanto. ¡Debo amar al Dios en la tierra, porque sólo entonces mi amor es real!”. Como ves, él entendió lo que Jesús había dicho al reflexionar en la palabra de Dios. ¿Cuál era el significado real de lo que dijo? Para amar a Dios se debe amar al Dios encarnado en la tierra, con el fin de que el amor sea real. Amar a un Dios vago e invisible no es realista ni práctico. Amar al Dios real, visible, es la verdad. Pedro obtuvo la verdad a partir de las palabras de Jesús y entendió la voluntad de Dios. Sin duda, la creencia de Pedro en Dios sólo se centraba en una búsqueda de la verdad, y él consiguió finalmente un amor por el Dios práctico, el Dios en la tierra. Pedro era especialmente serio en su búsqueda de la verdad. Cada vez que Jesús le aconsejaba, meditaba con diligencia en las palabras de Jesús. Quizás lo hizo durante meses, un año, o varios años antes de que el Espíritu Santo lo esclareciera y él entendiera en su interior el significado de la palabra de Dios. De esta forma, él entró en la verdad y, después de hacerlo, su carácter vital se transformó y renovó. Si una persona no busca la verdad, nunca la entenderá. Puedes repetir las palabras de la verdad diez mil veces y éstas siguen siendo sólo letras y doctrinas. Algunas personas sólo dirán: “Cristo es la verdad, el camino, y la vida”. Que repitas esto, incluso diez mil veces, es inútil; no entiendes su significado. ¿Por qué dices que Cristo es la verdad y el camino y la vida? ¿Puedes articular el entendimiento que de ello has ganado por medio de la experiencia? ¿Has entrado en la realidad de la verdad y el camino y la vida? La palabra de Dios se os da para que experimentéis y conozcáis; con sólo pronunciar las palabras es inútil. Cuando has entendido y entrado en la palabra de Dios, puedes conocerte. Si no entiendes la palabra de Dios, no puedes hacerlo. Sólo puedes discernir cuando posees la verdad; sin la verdad no puedes discernir. Sólo puedes ver con claridad un asunto cuando tienes la verdad; sin ésta no puedes hacerlo. Sólo puedes conocerte cuando tienes la verdad; sin la verdad no te puedes conocer. Tu carácter sólo puede transformarse cuando tienes la verdad; sin la verdad tu carácter no se puede transformar. Sólo después de tener la verdad puedes servir a la voluntad de Dios; sin la verdad no puedes hacerlo. Sólo después de tener la verdad puedes adorar a Dios; sin la verdad, tu adoración sólo consistirá en llevar a cabo rituales religiosos. Todas estas cosas dependen de obtener la verdad de la palabra de Dios. Algunos dirán: “¿Qué significa realmente obtener la verdad de la palabra de Dios?”. No puedes obtener la verdad limitándote a hablar a menudo de doctrinas; ¿de qué sirve que sólo comuniques estas cosas literales? Debes descifrar el significado de la palabra de Dios, averiguar su base y el efecto pretendido. Hay verdad, significado y luz en la palabra de Dios. Hay muchas cosas en Su palabra; no es una mera cuestión de recitar su letra. Pondré un ejemplo simple. Dios dice: “Debéis ser personas sinceras. No seáis astutos”. ¿Qué significa realmente esta línea? Algunos dicen: “¿No basta con decirte que seas una persona sincera y que no seas astuta?”. Si alguien pregunta: “¿Qué más significa?”, esa persona proseguirá: “¡Sencillamente que se debe ser una persona sincera y no ser una astuta!”. Si preguntas de nuevo: “¿Qué más significa?”, sólo responderá: “¡Tan sólo esas dos cosas!”. “¿Cómo se es exactamente una persona sincera? ¿Qué es una persona sincera? ¿Cuáles son las manifestaciones principales de una persona sincera?”. Responderá: “Una persona sincera es alguien que habla con sinceridad, con pureza y que no miente”. “¿Qué es una persona astuta?”. “Una persona astuta es alguien ambiguo. Alguien que no anda con evasivas y habla la verdad sin diluir es una persona sincera”. Por mucho que preguntes, sólo conseguirás esto de ella; el pensamiento del hombre es demasiado simple. ¿Qué dice la palabra de Dios sobre una persona sincera? Lo primero en una persona sincera es que no sospecha de los demás. ¿Qué quiere decir Dios con esto? ¿Por qué dice Dios esto? Reflexiona sobre ello y medítalo; las personas no pueden entenderlo. Segundo, una persona sincera puede aceptar la verdad. La palabra de Dios dice principalmente que una persona sincera cumple estas dos condiciones. Puedes entender el significado intrínseco de una persona sincera en la palabra de Dios, de qué está hablando exactamente, cuál es la definición precisa de una persona sincera, y puedes descifrar con precisión la definición. Encuentra en la palabra de Dios qué otras conductas exhibe una persona sincera; qué clase de persona dice Dios que es una persona astuta; qué clase de persona es sincera y cómo se comporta una persona así. Considera de nuevo a la persona sincera desde la perspectiva de estas conductas, y después entenderás cómo son las personas sinceras y las astutas, y cómo tratan éstas últimas la palabra de Dios, a Dios y a otras personas. De esta forma llegarás a un verdadero entendimiento de la palabra de Dios y comprenderás cuán grande es la diferencia entre Su palabra y el entendimiento del hombre respecto a una persona sincera y una astuta. Cuando se contempla desde la palabra de Dios, hay mucho más en ser una persona sincera y no ser una astuta. Cuando captas verdaderamente el significado de la palabra de Dios, sabes qué es una persona sincera y qué es una persona astuta; cuando lo pongas en práctica sabrás comportarte con seguridad como una persona honesta, y habrás encontrado la senda para convertirte en una persona sincera, que sin lugar a duda, puede cumplir el estándar de Dios. ¿Tienes este nivel de dominio? Si realmente entiendes estas palabras y las pones en práctica, puedes obtener la aprobación de Dios. Si no entiendes este dicho, no puedes ser una persona sincera ni obtendrás en absoluto la aprobación de Dios. Que llegues a entender realmente el verdadero significado de la palabra de Dios no es tarea fácil. No te limites a pensar: “Puedo interpretar el significado literal de todas las palabras de Dios, todos dicen que mi interpretación es buena y me dan el visto bueno; por tanto, entiendo la palabra de Dios”. Esto no es lo mismo que entender la palabra de Dios. Si has obtenido algo de luz de la palabra de Dios y has descifrado su significado real, si puedes decir cuál es el sentido de la palabra de Dios y el efecto definitivo que produce, sólo cuando todo esto queda claro existe algún nivel de entendimiento de la palabra de Dios. Así pues, entender la palabra de Dios no es tan simple. Sólo porque puedas dar una bella explicación literal de la palabra de Dios no significa que la entiendas. Independientemente de cómo interpretes la parte literal de la palabra de Dios, sigue siendo la imaginación y la forma de pensar del hombre, ¡y es inútil! ¿Cómo debería interpretarse la palabra de Dios? ¿Cómo debería entenderse la palabra de Dios? La clave para entender la palabra de Dios es comprender Su palabra desde dentro de Su palabra. Cuando Dios habla, es indudable que nunca lo hace con meras generalidades. Dentro de cada frase hay un contenido detallado que con seguridad se revelará más en la palabra de Dios, y que puede expresarse de una forma diferente. El hombre no puede comprender las formas en que Dios expresa la verdad. La palabra de Dios es muy profunda y la forma de pensar del hombre no puede penetrar en ella. Las personas pueden descubrir el significado completo de cada aspecto de la verdad siempre que hagan el esfuerzo, y los detalles restantes se rellenan por completo cuando el Espíritu Santo esclarece tu entendimiento respecto a las situaciones concretas a través de la experiencia. Una parte consiste en entender la palabra de Dios a través de Su palabra y encontrar el contenido específico de Su palabra. Otra parte es entender las implicaciones de la palabra de Dios a través de la experiencia de la misma y la obtención del esclarecimiento del Espíritu Santo. Por medio de estas dos formas se logra un verdadero entendimiento de la palabra de Dios. Si interpretas por medio de la letra de la palabra o de las imaginaciones de tu propia forma de pensar, tu entendimiento no es verdadero, aunque puedas interpretarlo con la mayor elocuencia. Si no lo haces correctamente, incluso sacarás el sentido fuera de su contexto y malinterpretarás la palabra de Dios, y esto es más problemático aún, ¿verdad? Por tanto, la verdad se obtiene principalmente a través del esclarecimiento proporcionado por el Espíritu Santo cuando llegas a conocer la palabra de Dios. La verdad no se obtiene de un mero entendimiento o interpretación de la letra de Su palabra. Si ésta sólo se interpreta de forma literal, ¿de qué sirve el esclarecimiento del Espíritu Santo? ¡En este caso podría funcionar cierto nivel de educación, y los incultos se verían en un aprieto! El cerebro humano no puede comprender la obra de Dios. Un entendimiento verdadero de la palabra de Dios depende, principalmente, del esclarecimiento del Espíritu Santo; así es el proceso de obtener la verdad.

Cuando se trata de reconocer la naturaleza del hombre, lo más importante es mirar la naturaleza de una persona desde la perspectiva de su visión del mundo, de la vida y de los valores. Los que son del diablo viven todos para sí mismos. Su forma de vida y máximas de orientación son, mayormente, esas palabras que proceden de Satanás como: “El Cielo destruye a los que no buscan sus propios intereses”. Las palabras de esos demonios, grandes y filósofos de la tierra han pasado a ser su vida. La mayor parte de las palabras de Confucio, al que el pueblo chino tiene por “sabio”, se han convertido especialmente en la vida del hombre. También están los famosos dichos del budismo y del taoísmo, y los dichos clásicos pronunciados con frecuencia por figuras célebres; éstos son todos bosquejos de la filosofía de Satanás y de su naturaleza. También son la mejor ilustración y explicación de la naturaleza de Satanás. Estos venenos que se han inoculado en el corazón de la humanidad proceden todos de Satanás; ni la más mínima pizca de ellos procede de Dios. Estas mentiras y sinsentidos también están en precisa oposición a la palabra de Dios. Queda totalmente claro que las realidades de todas las cosas positivas vienen de Dios, y todas esas cosas negativas que envenenan al hombre proceden de Satanás. Por tanto, puedes discernir la naturaleza de un hombre y a quién pertenece éste a partir de su visión de la vida y de los valores. Satanás corrompe a las personas mediante la educación y la influencia de los gobiernos nacionales, los famosos y los grandes. Sus mentiras y sinsentidos han pasado a ser la vida y la naturaleza del hombre. “El Cielo destruye a los que no buscan sus propios intereses” es un conocido dicho satánico que ha sido infundido en todos y que ha pasado a ser la vida humana. Algunas otras palabras de la filosofía vital también son así. Satanás educa a las personas por medio de la buena cultura tradicional de cada nación, provoca que la humanidad caiga en un abismo expansivo de destrucción y se vea envuelta por el mismo; al final, Dios destruye a las personas porque sirven a Satanás y se resisten a Dios. Imagina que le preguntas a alguien que ha estado activo en la sociedad durante décadas: “Has vivido en el mundo durante mucho tiempo y has conseguido mucho; ¿por qué dichos famosos te riges?”. El más importante es Los funcionarios abren el camino a quienes les hacen regalos”. ¿No piensas que ese discurso es representativo de su naturaleza? Su naturaleza es no escatimar ningún medio para obtener posición; ser un funcionario es lo que le da vida. Sigue habiendo muchos venenos satánicos en la vida de las personas, en sus hechos, en su conducta y en sus tratos con los demás —no hay una pizca de verdad en ellos—; por ejemplo, sus filosofías vitales, sus máximas para el éxito o sus formas de hacer las cosas. Todas las personas están llenas de los venenos del gran dragón rojo, y todas proceden de Satanás. Así pues, todo lo que fluye a través de los huesos y la sangre de las personas son cosas de Satanás. Cada persona que consigue el éxito mundano tiene su senda y su secreto para el éxito; ¿no es, por tanto, ese secreto el mejor representante de su naturaleza? Puedes ver que la naturaleza de estos tipos es demasiado maliciosa; son funcionarios de tan alto nivel y han realizado cosas tan grandes en el mundo; ¡son tan astutos! Su naturaleza es muy insidiosa y venenosa: son capaces de cualquier cosa. Satanás ha corrompido al hombre de un modo demasiado profundo. El veneno de Satanás fluye por la sangre de todas las personas, y la naturaleza del hombre es visiblemente corrupta, malvada y reaccionaria, llena de las filosofías de Satanás e inmersa en ellas; es una naturaleza completamente rebelde contra Dios. Todos pueden conocer la naturaleza del hombre si se disecciona así. Sólo se vive en la luz si se conoce a Dios y si se posee la verdad; y sólo cuando la visión del mundo y de la vida cambian, uno cambia fundamentalmente. Cuando se tiene una meta en la vida y uno se comporta de acuerdo con la verdad; cuando se somete absolutamente a Dios y se vive por Su palabra; cuando uno se siente seguro e iluminado en lo profundo del alma; cuando el corazón está libre de oscuridad; y cuando se vive libre por completo y sin ataduras en la presencia de Dios, sólo entonces se vive una verdadera vida humana y se pasa a ser una persona que posee la verdad. Además, todas las verdades que posees proceden de la palabra de Dios y de Él mismo. El Soberano de todo el universo y de todas las cosas —el Dios Altísimo— te aprueba, como hombre real que vive la verdadera vida humana. ¿Qué podría tener más sentido que la aprobación de Dios? Así es la persona que posee la verdad. En el mundo actual, bajo el dominio de Satanás, a lo largo de los miles de años de la historia humana, ¿quién ha obtenido vida? Nadie. ¿Por qué? Porque son todos personas que se han resistido a Dios. Todo aquello por lo que han regido su vida y por lo que han sobrevivido procede de Satanás, se aceptó de éste y se opone precisamente a la palabra de Dios. Así pues, son seres que se resisten a Dios, que sufren Su maldición y que no tienen vida de la que hablar. Aunque quieren “dejar una reputación duradera”, que “su nombre se transmita durante cien generaciones”, “disfrutar de la gloria eterna” y “tener un nombre eterno, nada de esto tiene sentido. En realidad, Dios los maldijo al principio para que no se volvieran a reencarnar. Las palabras de los famosos, cualesquiera que sean, no están de acuerdo en su mayor parte con Dios, y todos son castigados en el decimoctavo nivel del infierno tras su muerte. Sólo Dios es la verdad. Él controla los cielos, la tierra y todo lo que hay en ellos, y tiene dominio sobre todo. No creer en Dios, no someterse a Él es ser incapaz de obtener la verdad. Si vives de acuerdo con la palabra de Dios, sentirás una claridad, una estabilidad y una dulzura incomparables en las profundidades de tu corazón; habrás obtenido verdaderamente la vida. Por muy grandes que sean los logros científicos de los hombres de ciencia en el mundo, cuando se acercan a la muerte se sienten con las manos vacías; no han obtenido nada. Incluso Einstein y Newton, con tanto conocimiento, se sintieron vacíos, y por esa razón no tuvieron la verdad. Newton y Einstein, en particular, ambos creían en Dios y eran cristianos. La iglesia católica los persiguió a ambos, pero ellos no buscaron la verdad. Sólo sabían que era bueno adorar a Dios. Se limitaron al estudio de la ciencia y descubrieron que realmente existe un Dios, y creyeron en Dios hasta el final, y acabaron estando cien por cien convencidos de Su existencia y de que Él creó los cielos, la tierra y todas las cosas. Sólo buscaron el conocimiento científico, pero no buscaron conocer a Dios. No obtuvieron la verdad ni la vida verdadera. La senda que transitáis hoy no es su senda. Lo que buscáis es conocer a Dios, cómo someteros a Él, cómo adorarlo, cómo vivir una vida llena de sentido, algo completamente diferente de lo que ellos buscaron. Así pues, aunque fueron hombres que creyeron en Dios, no obtuvieron la verdad. Ahora, el Dios encarnado os ha comunicado cada aspecto de la verdad y os ha concedido el camino de la verdad y la vida. Sería insensato por vuestra parte no buscar la verdad. Ahora sentís que seguís sin dar la talla, que hay muy poca verdad en vosotros, que no os sentís enriquecidos en vuestro interior. Esto se debe a que vuestra entrada ha sido demasiado superficial, y aún no tenéis una experiencia muy profunda. Cuando entiendes de verdad la palabra de Dios y entras en ella tendrás una energía que llena tu cuerpo y no puede consumirse por completo. En ese momento, te sentirás cada vez más iluminado en tu interior, y la senda será más luminosa cuanto más lejos camines por ella. La mayoría de las personas creen ahora en Dios, pero no han entrado aún en el camino correcto. Siguen sintiéndose muy vacías y apáticas y, en ocasiones, hasta sienten que toda la vida es sufrimiento, que todo es vacío y ¡desean incluso morir! Así es la persona antes de que su corazón tenga visión. No ha obtenido la verdad y no conoce aún a Dios, por lo que sigue sin sentir mucho placer interior. Especialmente vosotros, que todos habéis sufrido persecución y dificultades al volver a casa, sufrís y también tenéis pensamientos de muerte y sois reticentes a vivir; ésta es la debilidad de la carne. Algunas personas piensan incluso que si creen en Dios deberían sentir placer en su interior. En la Era de la Gracia, el Espíritu seguía concediendo paz y gozo a las personas. Ahora hay demasiada poca paz y poco gozo; no hay placer como lo había durante la Era de la Gracia. Creer en Dios es hoy demasiado molesto. Sólo sabes que el placer de la carne es mejor que cualquier otra cosa. Desconoces lo qué Dios está haciendo hoy. Él permite que vuestra carne sufra con el fin de transformar vuestro carácter. Aunque vuestra carne sufra, tenéis la palabra de Dios y Su bendición. No puedes morir aunque quieras: ¿puedes renunciar a no conocer a Dios y a no obtener la verdad? Lo que ocurre ahora, fundamentalmente, es que no has obtenido la verdad y no tienes vida. Estás en medio del proceso de búsqueda de la salvación, por lo que debes sufrir algo durante este período. Hoy, todos atraviesan pruebas por todo el mundo: Dios sigue sufriendo; ¿es correcto que no sufras tú? Sin el refinamiento que llega por medio de los grandes desastres no puede haber una fe genuina, y no se obtendrán ni la verdad ni la vida. No tener pruebas y refinamiento no servirá. Ves, Pedro fue probado durante siete años al final (después de los cincuenta y tres años de edad). Experimentó centenares de pruebas a lo largo de esos siete años, y sólo después de esos tres años más tres más y otro año obtuvo vida y la transformación de su carácter. Por tanto, cuando obtienes realmente la verdad y llegas a conocer a Dios sientes que la vida debería vivirse para Dios. No vivir para Dios es demasiado lamentable: vivirías tu vida en amargo arrepentimiento y remordimiento extremo. No puedes morir aún. Debes apretar los puños y continuar viviendo resueltamente; debes vivir una vida para Dios. Cuando las personas poseen la verdad en ellas tienen esta resolución y nunca más desean morir; cuando la muerte te amenace, dirás: “¡Oh Dios, no estoy dispuesto a morir; sigo sin conocerte! ¡Aún no he devuelto Tu amor! Sólo debo morir después de llegar a conocerte bien”. ¿Habéis alcanzado este nivel? Aún no, ¿verdad? Unas personas sufren dificultades familiares. Algunas sufren dificultades matrimoniales. Otras no tienen un hogar para asentarse o tan siquiera un lugar donde vivir; sólo pueden quedarse en los hogares de otros allí donde van, y querrían tratarlos como suyos y disfrutar de un poco de libertad; pero eso es imposible porque están en los hogares de otros y, por tanto, sufren en sus corazones. ¿No es el sufrimiento que encontráis ahora el mismo padecimiento de Dios? Estáis sufriendo con Dios, y Él está con las personas en su sufrimiento, ¿verdad? Hoy todos tenéis parte en la tribulación, el reino y la paciencia de Cristo; y después, ¡al final, obtendréis la gloria! Esta clase de sufrimiento está lleno de sentido, ¿verdad? No ser resuelto no funcionará. Debes entender el significado del sufrimiento de hoy y por qué debes sufrir así. Busca un poco de verdad en esto y entiende un poco del propósito de Dios, y entonces tendrás la resolución para soportar el sufrimiento. Si no entiendes el propósito de Dios y sólo rumias en tu sufrimiento, cuanto más pienses en ello más difícil será de soportar esto es un fastidio—; y así comienza el tormento de la muerte. Si entiendes la verdad, dirás: “¡No he vivido lo suficiente! ¿Por qué iba a morir? ¡Aún no he obtenido la verdad! Debo dedicarme adecuadamente a Dios. Debo dar buen testimonio de Dios. Debo devolver Su amor. Después de eso, no importa cómo muera. Entonces habré vivido una vida satisfactoria. Independientemente de quién más esté muriendo, no moriré ahora; debo seguir viviendo con tenacidad”. Por tanto, ahora todas estas cosas deben verse claramente, y la verdad debe entenderse a partir de estas cosas. Cuando las personas tienen la verdad, tienen fuerza. Cuando tienen la verdad, sus cuerpos están llenos de una energía inagotable. Cuando poseen la verdad, tienen voluntad. Sin la verdad, son como los restos blandos del tofu. Con la verdad, están firmes y son valientes, y no sienten su sufrimiento como tal soporten lo que soporten. ¿A qué equivale este sufrimiento vuestro? El Dios encarnado sigue sufriendo. Sois personas corrompidas por Satanás, con una naturaleza que se rebela contra Dios. Todos habéis hecho inconscientemente muchas cosas desobedeciendo a Dios, resistiéndoos a Él. Deberíais ser juzgados y castigados. Una persona enferma no puede temer al sufrimiento cuando está siendo tratada; por tanto, ¿es correcto que vosotros, que queréis que vuestros caracteres corruptos se transformen y ganar vida, no sufráis un poco? Vuestros sufrimientos deberían soportarse; deben soportarse. Estos sufrimientos no caen sobre la inocencia ni tampoco se os imponen. Lo que sufrís ahora no es más que la dificultad de los viajes frecuentes y un poco de cansancio de vuestro trabajo. En ocasiones pasáis por algún refinamiento en la palabra de Dios. En ocasiones os dais cuenta de vuestra propia corrupción y sentís que nunca cambiaréis, y vuestra naturaleza corrupta os atormenta de alguna forma. En ocasiones hay una parte de la palabra de Dios que nunca entendéis o, al leerla, ella traspasa vuestro corazón y os sentís doloridos. O hacéis mal vuestro trabajo y siempre cometéis errores, culpándoos, odiando no poder luchar para superarlo ni hacer la obra. Sufrís de todas estas formas, y en ocasiones veis el progreso de otros y sentís que vosotros avanzáis con demasiada lentitud, que recibís la palabra de Dios demasiado lentamente, que la luz es demasiado infrecuente. En parte sufrís de estas maneras; ¿qué otro sufrimiento hay además de éstos? No estáis realizando ninguna labor pesada, no tenéis superiores ni jefes que os golpean y os maldicen, y nadie os está esclavizando. No estáis sufriendo nada de esto, ¿verdad? Esas dificultades que padecéis no son en realidad verdaderas dificultades. Pensad en ello un minuto; ¿no es esto así? En ocasiones, vuestro entorno os amenaza y provoca en vuestra mente un estado de ansiedad que os impide reposar, y sufrís un poco al vivir con temor. Debéis entender cuál es el significado de abandonar a vuestra familia y gastaros para Dios, y por qué queréis hacerlo. Si es por buscar la verdad, buscar la vida, y hacer un poco para cumplir con vuestro deber y devolver el amor de Dios, esto es algo del todo justo, una cosa positiva, justa y adecuada. En ese caso, nunca tendréis remordimientos y seréis capaces de dejar que vuestra familia se vaya cualquiera que sea la situación. ¿No es así? Si tienes claro este matiz no sentirás remordimientos ni te volverás negativo. Sin embargo, si no llegas a dedicarte a Dios, entonces no tiene sentido, y deberías regresar con rapidez; una vez que tengas el asunto claro, el problema se resolverá y no habrá necesidad de preocuparte; todo está en las manos de Dios.

Ahora todos pasáis por algunas dificultades de pruebas. Algunos de vosotros poseéis alguna verdad; otros ninguna. Algunos la reciben de esta forma; otros de aquella. No importa cómo la recibas; siempre que haya verdad en ti y la obtengas de la forma correcta, tu sufrimiento tendrá sentido y valor, tendrás determinación y puedes llegar hasta el final. Si no recibes la verdad, sino sólo las nociones y las imaginaciones del hombre, tu sufrimiento no tiene valor, porque no has obtenido la verdad. Deberías buscar la voluntad de Dios en todas las cosas y debes buscar la verdad en todas las cosas. ¿Cómo buscas la verdad en los asuntos de la comida, del vestir y en las cuestiones de la vida personal? ¿Hay verdad en estas cosas? Algunos dicen: “Digas lo que digas, es bueno comer y vestir bien. Comer y vestir pobremente es una pérdida”. ¿Hay verdad en esta visión? ¡No la hay! ¿Es realmente importante comer y vestir bien para la propia vida? ¡Absolutamente no! En otras palabras, si alguien puede conocer realmente a Dios y tener la verdad, todo lo que hace es dar testimonio de Dios y satisfacerlo. Al margen de lo mal que coma o se vista, en su vida hay valor y obtiene la aprobación de Dios; ¿acaso no tiene esto mayor sentido? La ropa no tiene, en absoluto, una importancia fundamental. Algunos dicen: “Pero cuando se trata de encontrar pareja es bueno vestir bien”. Ni siquiera esto es cierto. Imagina que conoces a una persona bastante atractiva, bastante guapa. Vistes un buen atuendo; le gustas y se casa contigo. Pero si esta persona es un diablo, ¡te producirá dolor! Si conoces a un diablo cuando da la casualidad que vistes ropas desgastadas y un sombrero de paja, y esa persona te ve, pero te rechaza y no le gustas, ¿no acabas de evitar un desastre? No serás necesariamente bendecido por vestir ropas buenas: seguirás siendo maldito por tomar la senda incorrecta. Y, una persona que viste ropa horrible y posee la verdad será bendecida por Dios de igual forma. Si llega el momento de encontrar pareja y Dios prepara un espíritu afín, y ambos sois personas bondadosas que se aman ¡fíjate cuán bendecido eres! Por tanto, no hay necesariamente verdad en comer y vestir bien. ¿Cómo deberías tratar el comer y el vestir? ¿Hay verdad que buscar en esas cosas para vosotros? Hay verdad que buscar en ellas. Y hay incluso más verdad que buscar en tu forma de intentar llevar a cabo tu obligación. ¿Cómo tratas la comisión de Dios? ¡Este asunto es muy serio! Si no puedes llevar a cabo lo que Dios le confía al hombre, no eres apto para vivir en la presencia de Dios y deberías ser castigado. Es la ley del cielo y el principio de la tierra para el hombre realizar lo que Dios le confía; ésta es la responsabilidad más elevada del hombre, tan importante como su vida. Si no te tomas en serio la comisión de Dios, lo estás traicionando de la forma más grave; esto es más doloroso que lo que hizo Judas y merece maldición. Así pues, Dios comisiona al hombre: esto es una exaltación y un favor especial de Dios, una cosa muy gloriosa. Todo lo demás puede abandonarse; aunque se tenga que sacrificar la propia vida debe seguir cumpliendo la comisión de Dios. Ves, hay aún más verdad que buscar aquí.

La transformación del carácter y la búsqueda de la verdad están profundamente relacionadas. ¿Por qué piensas que viven las personas? ¿Cómo ves la vida? Si entiendes la verdad en esto, ¿no cambiará tu visión de la vida? Hay incluso más verdad que buscar en esto. ¿Qué verdades hay en amar a Dios? ¿Por qué debe el hombre amar a Dios? ¿Qué sentido tiene amar a Dios? Si un hombre tiene clara la verdad de amar a Dios y puede amar a Dios en su corazón —si su corazón puede amar a Dios un poco—, tiene una vida verdadera y es el más bendecido. Los que buscan la verdad en todas las cosas progresan en la vida con la mayor rapidez y pueden lograr la transformación del carácter. Los que buscan la verdad en todas las cosas son precisamente aquellos a los que Dios ama. Si una persona se apoya en las nociones y las doctrinas u obedece las reglas en todas las cosas, no progresará, nunca tendrá la verdad, y tarde o temprano, será eliminada: Dios desprecia al máximo a esta clase de persona.