Registros de las Pláticas de Cristo

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Capítulo 32: Proveer la verdad es la forma real de guiar a otros

Si queréis hacer un buen trabajo guiando a otros y sirviendo como testigos de Dios, lo más importante es que debéis tener un entendimiento más profundo del propósito de Dios en la salvación de las personas y el propósito de Su obra. Debes entender la voluntad de Dios y Sus diversas exigencias a las personas. Debes ser práctico en tus esfuerzos; experimentar tan sólo aquello que entiendes y comunicar sólo lo que conoces. No te jactes, no exageres y no hagas observaciones irresponsables. Si exageras, las personas te detestarán y te sentirás reprobado después; sencillamente, esto es demasiado inadecuado. Cuando provees la verdad a otros, no tienes que ser necesariamente coercitivo con el fin de que alcancen la verdad. Si tú mismo no tienes la verdad, pero eres coercitivo hacia los demás, ellos te temerán. Pero eso no significa que entiendan la verdad. En alguna obra administrativa, está bien que trates a otros, los podes y los disciplines hasta cierto grado. Pero si no puedes proveer la verdad, sólo sabes ser autoritario y reprender a otros, tu corrupción y tu fealdad se revelarán. Con el paso del tiempo, conforme las personas no puedan obtener vida ni cosas prácticas de ti, acabarán detestándote, sintiendo repulsión hacia ti. Los que carecen de discernimiento aprenderán cosas negativas de ti; aprenderán a tratar a otros y a podarlos, a enfadarse, a perder los estribos. ¿No equivale esto a enviar a otros a la senda de Pablo, una senda que va a la perdición? ¿No es eso una fechoría? Tu obra debería centrarse en comunicar la verdad y proveer vida a las personas. Si lo único que haces es tratar y reprender ciegamente a otros, ¿cómo llegarán a entender la verdad? Conforme pase el tiempo, las personas verán quién eres realmente, y te abandonarán. ¿Cómo puedes esperar traer a otros delante de Dios de esta forma? ¿Cómo se realiza así la obra? Echarás a perder todo lo que se te ha encomendado si sigues obrando de esta manera. Además, si todos te están evitando, ¿qué obra esperas cumplir de todas formas? En el pasado, algunos líderes se comportaron exactamente de esta manera. Fueron incapaces de llevar a cabo tareas positivas y prácticas; cuando las disposiciones de la obra vinieron desde arriba, no fueron capaces de llevarlas a buen fin. No desempeñaron tareas específicas. Lo único que hicieron fue comunicar sus letras y doctrinas o tratar y podar a otros ciegamente. Como consecuencia, las personas llegaron a temerles y evitarlos. Estropearon la obra y después declararon que sólo se estaban orientando. Al final, fueron eliminados y echados.

No puedes servir a Dios si tu carácter no ha cambiado. Algunas personas se excusan, diciendo: “Estoy en contacto con chinos, y están profundamente corrompidos. Como consecuencia, me he vuelto corrupto por su influencia sobre mí. Por tanto, si he cometido algunas transgresiones, sin duda son perdonables. Si tuviera contacto con extranjeros y me beneficiara de su influencia, me convertiría en una mejor persona”. Este argumento no es práctico. La transformación del carácter propio no es algo que se pueda aprender de los demás. El conocimiento, la integridad, el entendimiento, la conducta, la forma de hablar y todas las demás cosas externas pueden aprenderse de otros; pero la vida y la verdad sólo pueden obtenerse de la palabra de Dios. Cuando comes y bebes las palabras de Dios, debes buscar una senda adecuada con el fin de comprender la verdad, pero esto no es lo mismo que poner en práctica la verdad y entrar en la realidad. Para entender la verdad, uno debe comer y beber de esta forma. Veamos, por ejemplo, el comer y el beber de un pasaje relativo a la verdad del amor hacia Dios. La palabra de Dios dice: “El amor es una emoción pura y perfecta. En el amor, no hay sospecha ni barreras, ni distancia, donde usas tu corazón para amar y ser reflexivo”. Ésta es la definición del amor. Ésta es la verdad. Esto es lo que Dios afirma sobre el amor. ¿Pero a quién amarás? ¿Amarás a tu marido? ¿A tu esposa? ¿A tus hermanos y hermanas? ¡No! Cuando Dios habla de amor, no se refiere al amor por tu congénere, sino al amor del hombre por Dios. Ésta es la forma del amor verdadero. ¿Cómo comprender esta verdad? Significa que Dios quiere que las personas no duden de Él ni se distancien de Él; este amor es puro y perfecto. Perfección significa que tus expectativas hacia Dios no son extravagantes; significa que tu amor por Dios es incondicional y no requiere una razón; significa que amas a Dios y a nadie más. Aparte de Dios, nada más puede ocupar tu corazón; esta emoción es pura y perfecta. Esta emoción ocupa cierto lugar en tu corazón; siempre estás pensando en Él, echándolo de menos, y recordándolo en todo momento. Amar significa amar con tu corazón. Amar con tu corazón consiste en ser reflexivo, preocuparte y recordar con anhelo. Para amar con tu corazón, debes aprender primero a entender. En el presente, aunque te falta entendimiento, deberías usar tu corazón para ansiarlo, anhelarlo, obedecerlo, preocuparte por Él, orar a Él y llorar por Él; deberías incluso ser capaz de participar en Sus pensamientos y Sus preocupaciones. Debes poner tu corazón en estas cosas. No hables de boca para afuera diciendo: “¡Dios! ¡Estoy haciendo esto y aquello para Ti!”. Amar y satisfacer a Dios sólo tiene una importancia práctica cuando lo haces usando tu corazón. Aunque no lo dices en voz alta, tienes a Dios en tu corazón, y en tu corazón estás pensando en Él. Puedes abandonar a tu marido, a tu esposa, a tus hijos, a tus familiares; pero tu corazón no puede estar sin Dios. Sin Él, sencillamente no puedes vivir. No puedes dejarlo. Esto es lo que significa tener amor y tener a Dios en tu corazón. Hay mucho en amar a Dios y preocuparte por Él con tu corazón. Éste es el verdadero amor que Dios exige de ti; en otras palabras, debes amarlo y preocuparte por Él con tu corazón, y mantenerlo siempre en tu mente. Usa tu corazón, no tus palabras, para practicar. No uses tus actos como una especie de exhibición externa, sino más bien practica principalmente con tu corazón, deja que éste gobierne tu conducta, todas tus acciones. No debe haber motivación ni adulteración, ni sospecha; así es como debería ser un corazón puro. En cuanto a la sospecha, ¿qué significa ser suspicaz? Significa que siempre te estás preguntando: “¿Es correcto que Dios haga esto? ¿Por qué dice esto Dios? Si esto es lo que Dios dice, pero no hay una razón subyacente, no lo obedeceré. Si Dios hace esto, pero es injusto, no obedeceré. Lo dejaré ahora mismo”. No albergar sospechas significa reconocer que cualquier cosa que Dios diga y haga es correcta, y con Dios no existe lo correcto o lo incorrecto. El hombre debe obedecer a Dios, preocuparse por Él, satisfacerlo, y participar en Sus pensamientos y preocupaciones. Al margen de que todo lo que Dios hace te parezca valioso o no, que sea adecuado para ti, que se conforme a tus conceptos, que tenga sentido para ti o que se ajuste a tu imaginación, siempre debes obedecer y tener un corazón reverente y sumiso hacia todo lo que Dios hace. Después de todo, ¿no está, acaso, en conformidad con la verdad una práctica semejante? ¿No es la manifestación y la práctica del amor? Por tanto, si no entiendes la voluntad de Dios, los propósitos de Sus palabras, el objetivo o resultado que Él busca conseguir, qué buscan lograr y perfeccionar en el hombre Sus palabras, todavía no comprendes la verdad. ¿Por qué dice Dios lo que dice? ¿Por qué habla en ese tono? ¿Por qué es tan formal y sincero en cada palabra que pronuncia? ¿Por qué decide usar ciertas palabras y no otras? ¿Lo sabes? Si lo desconoces es que no entiendes la voluntad de Dios ni Sus propósitos, no entiendes el contexto subyacente a Sus palabras. Si no comprendes esto, ¿cómo puedes alcanzar, pues, la verdad? Alcanzar la verdad significa que entiendes Su voluntad a través de cada palabra que Él dice. Una vez que entiendes, lo pones en práctica. Vives la palabra de Dios y la conviertes en tu realidad. Entonces, y sólo entonces, puedes decir que comprendes realmente la verdad. Sólo cuando tienes un entendimiento exhaustivo de la palabra de Dios puedes comprender realmente la verdad. Sólo entiendes la palabra de Dios a un nivel superficial. Por ejemplo, cuando dices: “Dios quiere que seamos sinceros y no engañosos; por tanto, debemos ser sinceros”. ¿Pero por qué quiere Dios que las personas sean sinceras y no engañosas? ¿Por qué quiere Dios que las personas lo amen? ¿Por qué exige eso de las personas? ¿Por qué hace tales definiciones? Todo se dice para lograr un determinado efecto. La verdad que Dios expresa está encaminada a aquellos que tienen sed de la verdad, que buscan la verdad y la aprecian. En cuanto a aquellos que se preocupan por letras y doctrinas, y gustan de dar extensos y pomposos discursos, nunca alcanzarán la verdad. Se están engañando a sí mismos. Tales personas tienen una visión incorrecta de la interpretación de las palabras de Dios; del mismo modo que su postura está desalineada, también lo está su visión. Algunas personas sólo saben investigar las palabras de Dios, estudiando lo que Él dice respecto a ser bendecido y sobre el destino final del hombre. Si las palabras de Dios no encajan con sus ideas, se vuelven negativas y dejan de buscar. Esto significa que no están interesadas en la verdad. Lo único que quieren es tomar la salida fácil, encontrar formas de hacer el bien para poder hacer una gran exhibición de sí mismos y garantizarse finalmente un buen destino. Esta clase de persona puede comer y beber las palabras de Dios, pero no ha alcanzado la verdad. Existen otras personas que comen y beben las palabras de Dios, pero sólo lo hacen por inercia; piensan haber alcanzado la verdad por medio del entendimiento del significado literal de las palabras de Dios. ¡Qué insensatas son! Comer y beber las palabras de Dios no equivale a comprender la verdad; leer la verdad no equivale necesariamente a entenderla. La palabra de Dios es la verdad. Sin embargo, leer las palabras de Dios no significa que entenderás necesariamente su significado y alcanzarás la verdad. Comer y beber las palabras de Dios te traerá la verdad o letras y doctrinas. No sabes lo que significa alcanzar la verdad. Puedes sostener las palabras de Dios en la palma de tu mano; sin embargo, después de leerlas, sigues siendo incapaz de entender la voluntad de Dios. Sólo adquieres algunas letras y doctrinas. Ante todo, deberías ser consciente de que la palabra de Dios no es tan sencilla; la palabra de Dios es totalmente profunda. Sin muchos años de experiencia, ¿cómo podrías entender la palabra de Dios? Incluso una frase te requerirá tu vida entera para experimentarla plenamente. Lees las palabras de Dios, pero no entiendes Su voluntad; no entiendes los propósitos de Sus palabras, su origen, el efecto que buscan lograr, o qué conseguirán. No entiendes ninguna de estas cosas, ¿cómo puedes entender, pues, la verdad? Es posible que hayas hojeado las páginas del libro o que lo hayas leído muchas veces. Quizás puedas recitar muchos de sus pasajes de memoria, pero sigues sin haber cambiado; sigues sin haber hecho ningún progreso. Tu relación con Dios es tan distante y alienada como siempre. Siguen existiendo barreras entre tú y Dios, como antes. Sigues teniendo dudas respecto a Él. No sólo no entiendes a Dios, sino que te resistes a Él e incluso blasfemas contra Él. Le pones excusas a Dios y tienes ideas sobre Él. En este caso, ¿cómo puedes decir que has alcanzado la verdad? Todos tienen una copia de la palabra de Dios que leen cada día, y toman notas de la comunicación de la verdad; sin embargo, al final, diferentes personas logran distintos resultados. Unas prestan atención a las doctrinas, mientras otras se centran en su práctica. Algunas prefieren estudiar lo que es profundo y misterioso, mientras que las hay que prefieren aprender sobre el destino futuro del hombre. Algunas prefieren estudiar decretos administrativos, mientras otras buscan palabras de consolación. Unas prefieren leer las profecías, mientras que otras prefieren leer las palabras del Espíritu Santo a las iglesias. Y otras prefieren ser “Mis hijos”. ¿Pero qué les consigue esto al final? Hoy día, algunos nuevos creyentes dicen: “¡Mira cuán consoladora es la palabra de Dios! ‘¡Mis hijos, Mis hijos!’. ¿Quién más en el mundo podría proveernos tal consolación?”. Sin embargo, no entienden a quién van dirigidas estas palabras, no han entendido aún; e incluso después de aceptar la nueva obra de Dios[a] durante uno o dos años, algunas personas siguen siendo incapaces de entender. Dicen estas cosas sin ningún sentido de la vergüenza, sin ruborizarse ni sonrojarse. ¿Es éste el significado de entender la verdad? Ni siquiera entienden la voluntad de Dios, ¡pero se atreven a adoptar el estatus de hijos de Dios! ¿Qué aprenden tales personas de la palabra de Dios? Lo único que hacen es malinterpretarla y distorsionarla. Los que son reacios a la verdad nunca la alcanzarán, por mucho que lean la palabra de Dios. Son renuentes a la verdad, e incluso si se la comunicas, no prestarán atención. Después de leer las palabras de Dios, los que aman la verdad buscarán y comprenderán Su voluntad; investigarán y comunicarán la verdad a otros. Sólo esta clase de persona tiene esperanza de alcanzar la verdad. Están también los que aman escarbar las palabras de Dios. Éstos se preocupan constantemente por cómo se transfigurará Dios y cuándo se marchará definitivamente. Siempre se preocupan por el día de Dios, pero no por sus propias vidas. Estos asuntos por los que se preocupan son realmente de la incumbencia de Dios. Si siempre estás formulando estos tipos de preguntas, estás interfiriendo en los decretos administrativos de Dios, en Su plan de gestión. Esto es irracional. Es una ofensa contra el carácter de Dios. Si quieres preguntar realmente, si de verdad quieres saber y no te puedes controlar, ora a Dios y dile: “Oh Dios, no quiero involucrarme en estas cosas; guardan relación con Tu plan de gestión. Son Tus propios asuntos, y no debo interferir”. ¿Cómo podría entender el hombre los asuntos de Dios? Él no habla sobre Su propia obra o Su plan de gestión. Si Dios no da a conocer algo, es porque no quiere que las personas lo sepan. Todo lo que Él quiere que las personas sepan se encuentra en el libro de la palabra de Dios y, de hecho, deberías leerlo. Todo lo que necesitas entender está contenido en este libro; hay muchas verdades que deberías comprender. Las puedes encontrar en este libro. En cuanto a todo lo omitido, no debes escarbar en estas cosas. Si hay algo que Dios no te dice, no importa cómo escarbes: es inútil. Todo lo que deberías saber, Dios ya te lo ha dado a conocer. Lo que no deberías saber, Dios no lo dirá ni lo dará a conocer. Hoy, la mayoría de vosotros no vais por el camino correcto. Ni siquiera sabes cómo leer la palabra de Dios y, además, eres negligente en tus obligaciones. Te sigue quedando mucho camino por delante para entender la verdad. ¿Cómo puedes alcanzar la verdad si no lees intensivamente la palabra de Dios ni te entregas en tu obra?

Notas al pie:

a. El texto original omite “la nueva obra de Dios”.