Registros de las Pláticas de Cristo

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Capítulo 35 Los que han perdido la obra del Espíritu Santo corren mayor riesgo

En la obra de expansión, sólo una minoría de personas puede abandonarlo todo y a sus familias, hasta el punto en el que sienten que no regresarán a casa durante diez años, o en toda la vida, sin sentir sufrimiento alguno por ello. Esta es la fuerza que el Espíritu Santo da a las personas. Pero este nivel no puede alcanzarse por medio de la estatura de la persona, porque no poseen la verdad, sino tan sólo algo de sinceridad que erogar para Dios. Si las personas tienen algo de determinación para buscar la verdad, y el Espíritu Santo les proporciona algo de gracia, se sentirán especialmente satisfechas y tendrán fuerza, por lo que serán capaces de dar un paso adelante y erogar para Dios; ésta es la gracia de Dios. Sin embargo, algunas personas no siguen la senda correcta mientras cumplen con su deber, no buscan la verdad en lo más mínimo y hasta se comportan mal; en ese caso, el Espíritu Santo no obra en ellas. Es decir, la persona no es recta y, aunque el Espíritu Santo hubiera obrado en ella una vez, esa obra se destruirá, y irá cuesta abajo sin darse cuenta. Si una persona tiene la determinación de buscar la verdad, el Espíritu Santo le dará gracia y hará que la disfrute; podrá seguir adelante en su búsqueda por el camino del Espíritu Santo. La verdad se irá aclarando cada vez más para ella, su determinación se afianzará más y más y la obra del Espíritu Santo en ella será cada vez más fácil. Si las personas no caminan por la senda correcta, el Espíritu Santo acabará eliminándolas y una vez ocurra esto, su determinación y su pasión originales, su fuerza para abandonar y erogar desaparecerán y no podrán evitar decir: “¿Por qué creí en Dios? Si no hubiera creído en Él, ¿me estaría enfrentando ahora a todo esto?”. Cuando surgen estos arrepentimientos, estas quejas y esta negatividad, el Espíritu Santo ya habrá dejado de obrar. Aunque estas personas puedan seguir siendo usadas para predicar el evangelio o para realizar otra obra, no estarán llevando a cabo la obra del Espíritu Santo ni Éste las esclarecerá ni las guiará. Sencillamente lo harán porque su confianza se apoya en el poco de inteligencia y educación que tienen. Aunque serán capaces de hacer estas cosas externas que la carne puede conseguir, esto no representará la dirección del Espíritu Santo ni la mente del Espíritu Santo. Es como el hacedor de servicio: aunque el Espíritu Santo no obre en ella, la persona puede seguir con su prestación de servicio durante algún tiempo. Después de todo, tiene las ideas, el cerebro y el pensamiento de una persona; no es como la vaca, el caballo o el asno—tiene pensamiento humano y pertenece a un nivel animal superior, y al menos puede hacer algunas cosas que la persona normal puede hacer. Sencillamente ha seguido la senda incorrecta; no busca la verdad ni la salvación, ni corresponde al amor de Dios, de manera que conforme camina ve que su senda se agota, y no tiene otra elección que irse a casa y vivir una vida familiar simple. En la actualidad, muchas personas dicen esto: “¡Sé que soy malo por naturaleza! Soy intensamente sentimental, y me he rebelado demasiado”. Independientemente de lo que digan, no conocen su propia naturaleza ni entienden aspecto alguno de la verdad; independientemente de lo bien que puedan hablar de doctrina y de que parezcan entenderlo todo, son incapaces de poner nada en práctica, y con esto basta para demostrar que la obra del Espíritu Santo ya ha desaparecido en ellas. Por tanto, independientemente de cómo sea tu humanidad o de cuánta doctrina entiendas, de cuánto sufrimiento hayas soportado o a cuántas cosas hayas renunciado, si el Espíritu Santo no obra en ti, todo acabará. Sin la obra del Espíritu Santo, una persona es estúpida; ¿cuánta fuerza podría tener, pues, una persona? ¿Cuánta fe? ¿Qué utilidad tendría el conocimiento de una persona? Toma como ejemplo el estar en la cárcel: desde que empezaron a creer en Dios por primera vez, las personas se han encontrado con esto; con frecuencia, los persiguen y acosan, y huyen a todas partes. Estas experiencias grabaron, en el pensamiento y el corazón de cada persona, esta impronta indeleble: “Debo estar preparado; no puedo ser un Judas”. ¿No se ha preparado, acaso, la mayoría de las personas para esto? “No puedo ser un Judas, no puedo hablar en lo absoluto acerca de actividades de la iglesia”. Pero cuando te sobreviene un contratiempo, puedes actuar involuntariamente. Una persona no se vuelve un Judas en un momento de confusión. Hemos dicho con anterioridad que tu forma de ser al final deberá quedar determinada primero por que seas aprobado o no por Dios.

Ver si cuentas con la aprobación de Dios es, principalmente, considerar cosas como si el Espíritu Santo obra o no en ti, si te esclarece y te guía, y si te acompaña alguna gracia. Cuando algunas personas empezaron por primera vez, estaban llenas de energía, como si nunca fueran a agotarse al comenzar a cumplir con su deber. Sin embargo, ¿cómo es que parecen perder esa energía conforme avanzan? Se diría que la persona de entonces y la de ahora son diferentes. ¿Por qué cambiaron? ¿Cuál fue el motivo? Se debe a que su fe en Dios siguió el camino equivocado antes de tomar la senda correcta. Escogieron la senda incorrecta. Había algo escondido en su búsqueda inicial que emergió en un momento clave. ¿Qué estaba oculto? Es una expectativa que reside en sus corazones mientras creen en Dios, la expectativa de que el día de Dios llegará pronto y su desdicha llegará a su fin; la expectativa de que Dios se transfigurará y de que todo su sufrimiento se acabará. Todos esperan el día en que puedan volver a casa para reunirse con sus familias, en que no haya más persecución y sean completamente libres, que puedan creer abiertamente en Dios sin restricción alguna impuesta por los demás y que todos puedan vivir en un entorno cómodo en el que poder vestirse y comer bien. ¿Acaso no tiene el hombre esta esperanza? Estos pensamientos existen en lo profundo del corazón, porque la carne del hombre no está dispuesta a sufrir y espera días mejores siempre que pasa por sufrimientos. Estas cosas no se revelarán sin el ambiente correcto.[a] Cuando no se da situación alguna, todo el mundo parecerá estar bien, especialmente parecerá tener una estatura y entender bien la verdad, y parecerá estar lleno de energía. Un día, cuando surja una situación, todos estos pensamientos aflorarán. Tu mente comenzará a luchar, y algunos empezarán a ir cuesta abajo. Esto no quiere decir que Dios no abra una salida para ti, que no te dé Su gracia y, ni por asomo, que Dios sea desconsiderado con tus dificultades. Es que soportar este dolor es ahora tu bendición, porque debes resistir ese sufrimiento para ser salvo, sobrevivir, y esto está predestinado. Así pues, que te sobrevenga este sufrimiento es tu bendición. No pienses que esto es algo simple; no es jugar de alguna manera con las personas y hacerlas sufrir; el significado subyacente es demasiado profundo, demasiado importante. Si no te casas en toda tu vida ni regresas nunca a casa, estas cosas serán importantes. Si la senda por la que transitas es correcta, si lo que buscas es adecuado, al final obtendrás más que lo que lograron los santos de los siglos, y las promesas que heredarás serán mayores. En la actualidad, algunas personas piensan: “¡Oh! ¿Recordará Dios de verdad todo este sufrimiento que estoy soportando? Si, por casualidad, nadie me apoya al final, ¿qué haré? ¿Quién me cuidará si estoy enfermo? ¿Es Dios consciente de ello? ¿Cuándo terminará el sufrimiento? ¿Cuándo llegará el día de la luz?”. Las personas siempre están esperando estas cosas, pero no reflexionan en la pregunta: ¿Cuál es el significado de nuestro sufrimiento? Las personas siempre anhelan que Dios se transfigure para poder librarse del sufrimiento. Cada cual tiene sus propios planes egoístas y, a fin de cuentas, traicionar a Dios está en la naturaleza humana; nadie ama realmente a Dios, nadie lo desea, nadie quiera vivir junto a Él. No pueden esperar que Dios se marche de la tierra. “Independientemente de cuánto haya sufrido Dios, mientras Él se marche y podamos librarnos de este sufrimiento, estará bien”. ¿Por qué dicen eso las personas? En estos días muchas personas tienen esta expectativa: “Si Dios se marcha, reinaremos entonces como reyes y ya no experimentaremos más este sufrimiento; el gran dragón rojo también se acabará y usaremos una vara de hierro para gobernar sobre todas las naciones y pueblos; ¿no veremos entonces la luz del día?”. Algunas personas incluso piensan para sí mismas: “Marido, hijos, familiares, amigos—todos sois diablos que me persiguen. Un día, nuestro Dios aparecerá públicamente y os castigará. Veréis que sólo la senda que seguimos es la senda correcta”. Aunque esta esperanza no es injusta, hay algo erróneo en algunas condiciones internas de las personas. Nadie planea descender por esta senda durante toda la vida, en busca de la verdad para ganar vida,[b] entender a Dios y vivir una vida con sentido como Pedro al final. Por tanto, las personas se desvían de su senda, pierden al Espíritu Santo por el camino y éste deja ya de obrar en ellos, y caminan para atrás. Todo el trabajo duro de creer durante los ocho o nueve años anteriores se arruina por completo. ¡Esto es algo muy peligroso! Sufrir tanto, escuchar tantos sermones, seguir adelante durante tantos años, todo esto es en vano. ¡Es tan peligroso! Es fácil ir cuesta abajo, pero es difícil ir cuesta arriba y escoger la vía correcta por la que una persona debería caminar. ¡La cabeza de la mayoría de las personas está nublada! No pueden decidir con claridad cuál es la senda correcta y cuál es un desvío. Después de oír muchos sermones y leer muchas de las palabras de Dios, saben que Él es Dios, pero siguen sin creer; saben que es la senda verdadera, pero siguen sin poder caminar por ella. ¡Qué difícil es salvar a las personas! ¿Cómo puedes saber que Él es Dios, pero no creer en Él? ¿No eres una clase de Satanás? No hablaremos sobre tu naturaleza, ¿pero qué clase de cosa eres tú? ¿Por qué eres tan insensato? Sabes que es la senda verdadera, pero no la buscas; entiendes la verdad, pero eres incapaz de practicarla. ¿No eres, pues, Satanás? En tu mente no hay propósito de vida, dirección de vida ni ninguna de las cosas de una persona genuina; eres sencillamente como un animal. Por tanto, en el caso de algunas personas, no es que el Espíritu Santo no obre en ellas ni las revele de una forma deliberada, sino que no hay forma en que Él pueda obrar en ellas. Las personas son demasiado corruptas; es demasiado difícil tratar con ellas, y no escogen la senda correcta. ¿Cómo puede obrar, pues, el Espíritu Santo en ellas? Cada vez que el Espíritu Santo obra, les da opción a las personas de tomar sus propias decisiones; Él nunca obliga a nadie. Pero el corazón de las personas es demasiado insensato; no aman la verdad, no están dispuestas a caminar por la senda del sufrimiento, no están dispuestas a erogar ningún esfuerzo ni a pagar el precio. Las personas sólo se preocupan por lo que tienen delante y son demasiado egoístas. Si delante de ellas hay algo que puedan ver y de lo que puedan disfrutar, lo buscarán, lo alcanzarán e ignorarán aquello que no pueden ver o que no les parece tener sentido. Esta es la situación para la mayoría de las personas y apenas hay lugar para que el Espíritu Santo obre en ellas. Algunas personas dicen: “¿Cómo puedo resolver esta dificultad? Quizás ayude si encuentro a alguien que entienda y que hable conmigo”. ¿Y qué ocurre después de que otra persona termina de hablar con ellas? Concuerdan en que la situación es así, y entienden a nivel doctrinal, pero afirman ser incapaces de ponerlo en práctica. Si no puedes practicarlo, ¿de qué sirve, pues, hablarte de ello? ¡Deberías hacerte a un lado! ¡No mereces oír la verdad ni creer en Dios! ¡Sencillamente deberías esperar a perecer! Como lo que has escogido es la senda desagradable, despreciable, diabólica, por mucha verdad que se te comunique, no la amarás; por tanto ¡deberías hacerte a un lado! No hay necesidad de decirle nada a este tipo de persona. En estos días se oye decir a menudo: “Yo lo entiendo todo, pero sencillamente no puedo ponerlo en práctica”. Estas palabras son la prueba de que esa persona es un diablo y pertenece por completo al linaje de Satanás. Una persona que no ama la verdad es, sin duda, una persona malvada. Lo que la persona ama, espera, anhela y de lo que tiene sed representa por completo la naturaleza de esa persona. Si no amas la verdad, entonces le perteneces al diablo; eres objeto de destrucción. Si amas la verdad, entonces eres un predestinado y un escogido de Dios; ¿no queda esto claro? La senda que una persona escoge es clave. Puedes meditar con calma y con cuidado, y no es demasiado tarde para arrepentirse. Si tienes determinación, es algo bueno; los que no la tienen son los más bajos de todos. Como mínimo necesitas tener determinación; debe de haber una senda respecto a cómo puedes alcanzar y completar aquello que estás determinado a hacer. Ante todo, debes entender la verdad, conocer el destino que viene para la humanidad, conocer la senda por la que la humanidad debe caminar y los objetivos que debe alcanzar. Se ha dicho: “Todo está en las manos de Dios”. Puedes experimentar estas palabras y medir todas las cosas por ellas. Ahora que crees en Dios, ¿debes ser obediente a Él? ¿Cuál es el sentido de creer en Dios? ¿Se cree en Dios sencillamente para recibir bendiciones? Tú caminas ahora por esta senda, ¿pero serás capaz de perseverar hasta el final? ¿Cómo caminarás por ella en el futuro? Debes tener algunas máximas de la verdad para que te animes cuando encuentres dificultades y no flaquees, no te debilites, no seas negativo, no te quejes de Dios ni peques contra Él; debes entender todas estas cosas con claridad. Cuando las personas son felices, dicen: “Estoy dispuesto a erogar esfuerzo por Dios y lo haré toda mi vida”. Pero quizás, en un momento determinado, cuando sufran reveses, se volverán negativas y se dirán: “¿Dónde está Dios? No puedo seguir creyendo en Él. ¡Esta senda es demasiado difícil!”. Después de orar, hay culpa: “¡Ah, estoy en deuda con Dios!”. Al saber que estás en deuda con Dios, debes dejar de actuar así. Entonces llegará un día en el que te enfrentarás a un acontecimiento desafortunado, volverás a ser negativo y te quejarás de Dios una vez más: “¿Por qué ha dispuesto Dios estas circunstancias para mí? ¿Por qué me hace siempre sufrir? ¿Por qué no puede poner fin a mi sufrimiento?”. Las personas siempre se quejan y también reconocen estar en deuda con Dios. Nunca cambian. Cuando se enfrenten a un revés o incluso a algo desagradable habrá resentimiento e irritación y, lo que es más grave, hasta habrá quien pronuncie algunas palabras de blasfemia y juicio. Más adelante sentirán que era incorrecto hablar de esa forma, se lamentarán por ello e intentarán cumplir rápidamente algunas obligaciones y hacer cosas buenas con el fin de compensarlo. ¿Qué demuestra todo esto? La naturaleza humana es desagradable, los hombres son irracionales y absurdos. Como cuando se involucran en acuerdos de negocios, al necesitar a Dios se acercan mucho a Él, y cuando ya no lo necesitan se apartan de Él, se resisten a Él, y hacen aquello que las hace felices. El hombre es arrogante y presuntuoso, y no tiene miedo. No siente odio ni amor verdadero en su corazón, ni distingue entre la justicia y la ausencia de la misma; no tiene límites. No tiene objetivos, y menos aún principios o sentido de propiedad cuando hace algo. El corazón del hombre es muy desagradable. Frente a este trasfondo, las personas siguen esperando las promesas que recibirán, las bendiciones que obtendrán, cómo lograrán el protagonismo o el placer que experimentarán. Sólo al pensar en estas cosas opinan: “¡Ah, qué encantador es Dios! ¡Debo devolverle Su amor!”. ¿Por qué lo catalogan de “encantador”? ¿De dónde sacan ese “devolver”? ¿Se dice con algún propósito? Son palabras sentimentales proferidas durante un estado de ánimo de fantasía y felicidad momentáneas, ¿pero, acaso cuentan como entendimiento verdadero? ¿Es esto amor verdadero? ¿Viene de lo profundo del corazón? Si de verdad tienes este entendimiento, ¿por qué sigues quejándote? Si de verdad te sientes en deuda con Dios, ¿por qué te quejas y dices cosas como éstas?: “Dios, no has sido bueno conmigo, me has ignorado, no has sido gentil conmigo, ¡por eso no te prestaré atención! Tú no me necesitas, así que ¡no trabajaré más para ti!”. ¡Las personas tienen tanto resentimiento dentro de ellas! Finalmente, siguen pensando: “¡Amo a Dios! ¡Amo a Dios más que los demás!”. ¿En qué es esto un amor práctico hacia Dios? Que las personas puedan decir esto demuestra que desconocen su propia naturaleza, lo que son, de lo que están hechas y que no pueden evaluarse a sí mismas. En realidad, en la naturaleza de todos está el resistirse a Dios y traicionarlo; esto es algo que todo el mundo tiene en común y en su interior. Nadie ama de verdad lo que es digno de ser amado y, menos aún, no hay quien aborrezca lo que debería aborrecerse. No tienen límites y mucho menos visión, no distinguen entre la justicia y la ausencia de la misma, entre el blanco y el negro ni mucho menos entre la verdad y la doctrina o herejía; son incapaces de discernir entre ninguna de estas cosas. Las personas no tienen claro qué es digno de amor, qué vale la pena buscar, y qué debería odiarse; no se puede considerar que tengan discernimiento. Cuando las personas del mundo entonan la canción “Vuelve a casa a menudo”, algunas son seducidos. ¿Qué tienen las personas en su interior? ¿Tienen alguna verdad? Algunas personas piensan que pueden hacer alguna obra, que tienen algunas cualificaciones, y parecen tener alguna verdad. En realidad no tienen nada ¡ni son nada! Aunque ahora puedes comunicarles alguna doctrina a los demás, quizás algún día, en el futuro, otros te persuadan, flaquearás de un modo más grave que cualquier otro, y la negatividad te afligirá con mayor severidad que a cualquier otro. ¿Crees esto? ¿Estáis convencidos de este asunto? Quizás se deba a que no habéis experimentado aún el estar gravemente desanimados ni una gran caída y os creéis bastante fuertes. Sin esa experiencia piensas que tienes una gran estatura, pero quizás llegue un día cuando quedes al descubierto, y clames: “Estoy acabado, sencillamente acabado”. Empiezas a pasar de un extremo al otro. Puedes ver que, al principio, muchas personas están llenas de energía, pero quizás llegan a enfrentarse a algo que las debilita repentinamente y no son capaces de levantarse de nuevo. ¿Has descubierto algún problema en estas personas? La fuerza o la debilidad de cada persona no es algo que ella pueda controlar por sí misma. Las cosas ocultas en las personas pueden aflorar en cada momento y lugar. No es poca la inmundicia que albergan las personas, ¡y ésta sale en una corriente sin fin! Por tanto, la naturaleza de las personas es la naturaleza de Satanás; no existe diferencia alguna y es completamente diferente de la esencia de Dios. En el principio, Dios dijo: “Puedo odiar al hombre eternamente, y también puedo amarlo eternamente”. Es decir, Él tiene estándares, llega a Sus propias conclusiones, y tiene una base sobre la cual llega a estas conclusiones. Él tiene Sus juicios, Sus medidas y Sus estándares para lo que ama y lo que odia, lo que le hace feliz y lo que detesta. Las personas no tienen estas cosas, por lo que se desviarán cuando caminan, serán caprichosas y, sin nadie que las guíe, siempre irán en la dirección equivocada. Algunas personas siguen esperando siempre: “¿Cuándo se marchará Dios de la tierra? ¡Apresúrate y vete! Después de experimentar Su obra estos años, debería casarme, pero veo que no puedo; ves, ¡esto es lo que consigo por creer en Dios todos estos años!”. Toda la responsabilidad es colocada entonces sobre Dios. Son completamente inconscientes de lo que han conseguido durante esos años, y de cuál es su valor. De no ser por la obra de Dios encarnado, el pueblo chino se habría extinguido hace mucho tiempo; quizás sea algo que algunos no creerán. Si no lo crees, significa que no estás entendiendo las cosas por completo, pero ésta es la realidad. Las personas piensan incluso: “Sin que Dios nos guíe, todavía podemos caminar por la senda. Hemos leído este libro muchas veces, está bosquejado en nuestras mentes y entendemos sus principios, por lo que podemos agarrar el timón”. ¿De verdad puedes tomar el timón? No puedes caminar por la senda correcta y te desvías después de andar un poco; ¿puedes, pues, entrar en la realidad? Seguís sin estar convencidos. Puede decirse que, sin esta clase de dirección, cualquiera se desviará. ¿Obraba el Espíritu Santo en la Era de la Gracia? ¿Acaso no obró el Espíritu Santo? ¿Cuántas denominaciones se separaron después? Existieron denominaciones inimaginables, de todo tipo, incluso aquellas cuyos nombres no pueden ni imaginarse ni recordarse. ¿Qué problema hay con esto? Las cosas de la naturaleza de las personas que están en su interior deben entenderse del todo y también debe haber un entendimiento de la esencia de las personas. Entender y ver totalmente no significa que siempre debas quedarte ahí atascado, sino más bien que a partir de ahí te levantes, busques la verdad, leas las palabras de Dios para conocer la naturaleza del hombre y te esfuerces con la verdad; sólo así caminarás por la senda correcta. La palabra de Dios pone de relieve y revela la naturaleza del hombre, y permite que las personas sepan cuál es su esencia. Es muy importante ver a través de la esencia corrupta del hombre. ¿Sabes? Satanás es una cosa críptica. Dios le preguntó: “¿De dónde vienes?”, y Satanás contestó: “De ir y venir de la tierra, y de andar por la tierra”. Si escuchas con detenimiento esta declaración de Satanás: “de andar por la tierra”, te preguntarás: ¿viene o va? Por tanto, esta declaración es críptica, y a partir de la misma se puede juzgar a Satanás como un ser críptico. Después de que Satanás corrompa a las personas, éstas también se vuelven crípticas; cuando hacen cosas no tienen criterio ni estándares, ni principios; por tanto, todos se desvían con facilidad. Cuando Satanás tentó a Eva, preguntó: “¿Por qué no comes el fruto de ese árbol?”. Eva contestó: “Dios dijo que si como el fruto de ese árbol moriré.” Satanás dijo entonces: “No morirás necesariamente si comes el fruto de ese árbol”. El propósito de esta declaración de Satanás era tentar; no dijo con seguridad que el hombre no moriría si comiera el fruto del árbol, sólo dijo que el hombre no moriría necesariamente y esto hizo que éste pensara: “Si no moriré necesariamente, ¡estará bien comerlo!”. El hombre no pudo resistir la tentación de comer el fruto y, así, Satanás alcanzó su objetivo de tentar al hombre para que cometiera un pecado; no asumió la responsabilidad, porque no obligó a nadie a comerlo. Ahora todas las personas tienen en ellas los venenos de Satanás que ponen a Dios a prueba y tientan al hombre. En ocasiones, cuando las personas hablan lo hacen en los tonos de Satanás con el propósito de poner a prueba y tentar. Todos los pensamientos y las ideas que llenan a las personas son los venenos de Satanás, la actitud que ellas tienen es una cosa de Satanás y, en ocasiones, un guiño o un gesto huelen a prueba y a tentación. Muchas personas afirman: “Creo en Dios y sigo de esta forma, por lo que a la fuerza obtendré algo. No busco la verdad, sino que sigo hasta el final, y uso toda mi fuerza para erogar esfuerzo y renunciar a cosas en el transcurso de mis obligaciones. Aunque cometa algunas transgresiones, todavía puedo obtener algo”. No saben lo que están diciendo. Con tanta corrupción en las personas, ¿cómo pueden cambiar si no buscan la verdad? Con el grado de corrupción que hay en el hombre, si no hay protección de Dios, uno puede flaquear y traicionar a Dios en cualquier momento. ¿Crees esto? Aunque te obligues a ti mismo, sigues sin poder llegar hasta el final, porque la etapa final es formar un grupo de vencedores; ¿puede ser tan fácil como lo imaginas? Al final no es necesario que las personas cambien al cien por cien ni al ochenta por ciento, sino que al menos tiene que haber un treinta o un cuarenta por ciento de cambio; como mínimo, debes excavar las cosas que están incrustadas dentro de ti y cambiarlas, y puedes alcanzar las exigencias de Dios del treinta o cuarenta por ciento, o mejor aún, llegar de un sesenta a un setenta por ciento de cambio, lo que significa que posees algo de verdad en tu interior, que tienes algunas cosas compatibles con Dios dentro de ti, y que cuando encuentres algunos problemas no te será fácil resistirte a Dios ni ofender Su carácter. De esta forma, al final serás perfeccionado y elogiado. Algunas personas siempre piensan: ¿Acaso creer en Dios no es sencillamente asistir a reuniones, entonar cánticos, escuchar la palabra de Dios, orar y cumplir algunas obligaciones? ¿No son así las cosas?” Por mucho tiempo que hayáis sido creyentes en Dios, seguís sin haber entendido del todo el sentido de la creencia en Él. En realidad, el sentido de la creencia en Dios es increíblemente profundo y las personas no han pensado en ello con detenimiento; al final, las cosas que hay en las personas que son de Satanás y las cosas de su naturaleza deben cambiar, y deben volverse compatibles con las exigencias de la verdad; sólo esto es conseguir verdaderamente la salvación. Si eres igual que eras en la religión, limitándote a gritar algunas palabras de doctrina o algunos eslóganes, y después llevando a cabo algunas acciones y buenas conductas, no cometiendo pecado alguno, ningún pecado obvio— esto sigue sin querer decir que has entrado en el camino correcto de la creencia en Dios. Sólo porque puedes ceñirte a las reglas, ¿significa que caminas por la senda correcta? ¿Significa que has escogido de forma correcta? Si las cosas de tu naturaleza no han cambiado y al final sigues resistiéndote a Dios y ofendiéndolo, éste es el mayor de los problemas. Si crees en Dios, pero no resuelves este problema, ¿se puede considerar que has sido salvado? ¿Qué significa que Yo diga esto? Es para haceros entender a todos, en vuestros corazones, que una creencia en Dios no puede separarse de las palabras de Dios, de Él ni de la verdad. Debes escoger bien tu senda, esforzarte en la verdad y en las palabras de Dios. No tengas tan sólo un conocimiento a medias y después te consideres que ya estás listo ni las entiendas únicamente más o menos. Si afrontas las cosas de una forma descuidada sólo te harás daño. Una persona no debería desviarse en su creencia en Dios; si al final no hay Dios en su corazón y se limita a sostener un libro al que echa un vistazo sin tener un espacio para Dios en su corazón, está acabada. ¿Qué significa “La creencia del hombre en Dios no puede separarse de Sus palabras”? ¿Lo entendéis? ¿Contradice a: “Una creencia en Dios no puede separarse de Dios”? ¿Cómo puedes tener a Dios en tu corazón si Sus palabras no están en él? Si crees en Dios, pero Él no está en tu corazón ni tampoco lo están Sus palabras, ni Su dirección, estás totalmente acabado. Si eres incapaz de hacer una pequeña cosa de acuerdo con la exigencia de Dios, cuando te enfrentes a un gran asunto de principios serás menos capaz aún de cumplir la exigencia de Dios. Esto significa que no tienes testimonio y esto es problemático demuestra que no tienes nada. Muchas cosas no pueden explicarse en detalle y sólo entenderéis por completo un día cuando el Espíritu Santo os esclarezca. Ahora sólo puedo emplear una declaración que a las personas les parecerá realmente ordinaria y no demasiado lógica de expresar. ¿Sabes que en este país, mientras pasáis por estos sufrimientos y disfrutáis de la obra de Dios, en realidad los extranjeros os envidian a todos? Los deseos de los extranjeros son: Nosotros también queremos experimentar la obra de Dios, sufriremos cualquier cosa por ello. ¡Nosotros también queremos obtener la verdad! Queremos ganar alguna perspectiva, alguna estatus, pero por desgracia no tenemos esa suerte. Piensan que las personas chinas son muy bendecidas, pero vosotros pensáis que son ellos los bendecidos y los envidiáis. Esto es en realidad lo que es vivir en bendición, pero no ser capaz de sentirlo. Se puede decir que completar este grupo de personas en el país del gran dragón rojo, hacerle soportar este sufrimiento, es la mayor exaltación. Una vez se dijo: “He trasladado al Oriente la gloria de Israel”. ¿Entendéis todos ahora el significado de esta declaración? ¿Cómo deberías caminar por la senda que tienes por delante? ¿Cómo deberías buscar la verdad? Si no buscas la verdad, ¿cómo puedes obtener, pues, la obra del Espíritu Santo? Una vez que pierdas la obra del Espíritu Santo, correrás el mayor de los peligros. El sufrimiento presente es insignificante. ¿Sabes qué hará por vosotros?

Notas al pie:

a. El texto original omite “correctas”.

b. Aquí, “vida” significa “vida humana”.