Registros de las Pláticas de Cristo

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Capítulo 38: Todo queda determinado por que uno posea la verdad

A no ser que estés poseído por espíritus malignos, independientemente del tipo de espíritu en tu interior, la naturaleza humana es siempre la misma. Algunas personas sienten siempre que su espíritu no está bien, porque pueden hacer algunas cosas únicas, mientras que otras personas sienten esto mismo por no ser nunca capaces de cambiar. En realidad, al margen de que haya algo erróneo con el espíritu, la naturaleza humana es siempre la misma. Se resiste y traiciona a Dios de forma constante. Su grado de corrupción también es muy similar. Esas cosas comunes a la totalidad de la naturaleza humana son todas iguales. Algunas personas siempre sospechan que su espíritu no está bien, o podrían pensar: “¿Por qué hice esas cosas? ¡Nunca lo habría imaginado! ¿Es porque mi espíritu no está bien?”. Y es que algunas personas, independientemente de lo que hagan, nunca examinan su espíritu, y se limitan a analizar: “¿Por qué hice las cosas de esta manera? ¿Cuál es esta naturaleza mía? ¿Cómo debería continuar en el futuro para adherirme a la verdad?”. Los métodos y las sendas utilizados para el examen son diferentes; algunas personas buscan la verdad, mientras que otras siguen consumiendo esfuerzo hacia lo negativo. Ahora debes entender que, cualquiera que sea el espíritu al que pertenezca una persona, los asuntos relacionados con éste son algo que nadie puede ver ni tocar, y lo importante es centrarte en tu naturaleza y en lo que ésta contiene. Tus actos revelan pruebas de lo que es tu naturaleza, y éstas manifiestan cuál es tu esencia; sin embargo, no hay prueba de la clase de espíritu que eres. Todas las naturalezas del hombre son iguales después de que éste haya sido corrompido por Satanás. Todas proceden del mismo ancestro humano, viven en el mismo mundo, pasan por las mismas corrupciones. Los asuntos de la naturaleza humana son todos iguales, todas las cosas comunes a los hombres son iguales, pero algunas personas pueden hacer ciertas cosas basándose en este entorno, mientras que otras pueden hacer cosas distintas basándose en aquél otro. Algunas personas han nacido con cierta cultura y conocimiento, son cultas, mientras que otras no tienen cultura ni conocimiento algunos, ni mucha educación. Algunas personas ven las cosas desde este punto de vista, mientras que otras las ven desde otro. Algunas personas viven en cierto entorno social, mientras que otras viven en un entorno social diferente. Cada una de ellas tiene costumbres, tradiciones y hábitos distintos, pero lo que fluye de la naturaleza de los hombres es sustancialmente lo mismo; por tanto, es innecesario preocuparte de la clase de espíritu a la que perteneces. Esto es algo que ningún ser humano puede alcanzar, algo que sólo Dios conoce. En cualquier caso, es inútil para el hombre saber tales cosas. No puede haber ningún beneficio en el deseo de diseccionar y estudiar el propio espíritu; esto es algo en lo que se involucrarían los más necios y confundidos. No dudes de ti cada vez que hiciste algo equivocado o cometiste una transgresión: “Ah, ¿habrá algo incorrecto en mi espíritu? ¿Soy un espíritu malvado? ¿No es justo mi espíritu? ¿Cómo sigo haciendo tales cosas?”. Independientemente de los hechos llevados a cabo, siempre deberías buscar la fuente dentro de tu naturaleza, siempre deberías buscar la verdad en la que el hombre debería entrar. Si examinas tu espíritu no encontrarás respuestas. Aunque sepas la clase de espíritu al que perteneces, sigues sin tener entendimiento de tu propia naturaleza, y seguirías siendo incapaz de resolver el asunto entre manos. Por tanto, algunos de vosotros seguís hablando de la clase de espíritu a la que pertenecéis, como si fuerais particularmente espirituales, como si estuvierais enterados; pero, en realidad, eres aún más novato, aún más necio. Algunos de vosotros también lo exponéis de una forma particularmente espiritual, como si las cosas que decís fueran muy profundas, como si las personas corrientes no las pudieran entender, y decís cosas como: “Para nosotros la clave está en examinar a qué clase de espíritu pertenecemos. Sin el espíritu humano no puedes ser salvo, aunque creas en Dios. ¡Deja de molestar a Dios!”. Alguno se envenena con esto, y piensa que tiene un profundo sentido: “Es verdad, permíteme examinar a qué clase de espíritu pertenezco también”. Se vuelve neurótico porque se centra demasiado en el espíritu, examina todo lo que hace, y descubre finalmente cuál es la cuestión: ¿cómo es posible que vaya siempre en contra de la verdad en mi forma de tratar los asuntos?, ¿cómo es posible que no tenga humanidad ni sentido? Debo ser un espíritu malo. Realmente, el hombre no tiene una buena naturaleza ni posee la verdad; ¿cómo puede hacer, pues, alguna buena obra? Al margen de lo bueno que parezca superficialmente, no encaja con la verdad y sigue siendo antagónico a Dios. El hombre no es bueno por naturaleza, Satanás ya lo ha corrompido y procesado de forma que ya no tiene rasgos humanos algunos, y se rebela siempre contra Dios y se resiste a Él, y se aleja mucho de Él; es imposible que el hombre haga nada que se conforme a la voluntad de Dios, y ya no hay nada en la naturaleza inherente del hombre que pueda encajar con Él. Esto es obvio. Algunas personas son constantemente neuróticas: “Oh, ¿cómo es posible que siempre haga las cosas mal? ¿Cómo es posible que siga cometiendo insensateces, haciendo un chiste de mí mismo? ¿Es porque hay algo incorrecto con mi espíritu?”. Al centrarse demasiado en asuntos del espíritu y dejar de lado los de su propia naturaleza, esta persona se está aferrando a las pequeñas cosas y pasando por alto las importantes. Dejar de lado lo práctico, pero aferrarse a lo etéreo, ¿no es esto necio? ¿Has entendido este asunto del espíritu después del examen de todos estos años? ¿Has entendido el asunto del alma? ¿Qué aspecto tiene tu espíritu, lo has visto alguna vez con tus propios ojos? No te molestas en ahondar en asuntos de tu propia naturaleza que están enterrados en lo profundo de tu alma, y en su lugar pierdes tu tiempo ahondando en qué clase de espíritu es el tuyo. ¿Tienes algo que lo demuestre? ¿Acaso no eres un ciego que enciende una vela, y sólo gastas cera? Estás descuidando el encontrar soluciones a tus dificultades reales y, en vez de ello, te sigues involucrando en prácticas malvadas y aberrantes, sigues estudiando la clase de espíritu a la que perteneces; ¿qué problemas resuelven tales indagaciones? Crees en Dios, aunque sin involucrarte en una obra sincera y estudias sin cesar el espíritu, como un loco. La actitud de quien es verdaderamente inteligente debería ser: no me importa lo que Dios haga ni cómo me trate; no me importa cuán profundamente sea mi corrupción ni cómo sea mi humanidad; no vacilaré en mi búsqueda de la verdad y del conocimiento de Dios. Ésta es la orientación de la vida, esto es lo que el hombre debería aspirar a alcanzar, éste es el único camino a la salvación. Ahora, sólo la búsqueda de la verdad es práctica, sólo el conocimiento de tu propia naturaleza corrupta es práctico, sólo la capacidad de satisfacer a Dios es práctica, mientras que examinar todas esas cosas que no puedes tocar ni ver es una pérdida de tiempo. El tiempo que vivas en la carne debes aspirar a aquello que el hombre puede lograr. Determinar si alguien está poseído por el espíritu malvado depende de que la mente de la persona sea normal al hacer las cosas; si no lo es, no puede haber salvación. Ahora, vuestro sentido es muy normal, habláis de un modo muy normal, y no os ha acontecido nada sobrenatural o inusual; aunque en ocasiones vuestro estado no es muy normal; esto es simplemente lo que la naturaleza humana revela. Puede que vuestros hechos no sean correctos todo el tiempo, pero son también lo que la naturaleza humana revela. A otras personas también les ocurre lo mismo, pero sólo difiere el trasfondo y el momento en que tales cosas les han sido reveladas. A ti te parece que todos los demás están haciendo las cosas correctas, pero se trata de una percepción errónea de los hombres. Sentís que ahora tenéis cierta estatura, os habéis encontrado con algunos dichos y asuntos relativos al espíritu y, por consiguiente, aplicasteis esas cosas al autoanalizaros, como si fuerais alguien importante. Ni siquiera un doctor en teología puede entender los asuntos del espíritu; sólo Dios tiene comprensión del asunto. ¿Cómo pueden los hombres entenderlo con claridad? ¿Acaso no es fácil que el hombre transite por la senda equivocada? Esto es frecuente en las personas hoy día. Aunque no hayas entablado conversaciones serias respecto a tales asuntos, aunque no hayas sido débil ni hayas tropezado por culpa de esta cuestión, lo que otros han dicho te ha impactado por un momento. Aunque no prestes mucha atención a tales cosas, siguen estando en ti y, cuando llegue el día en que hayas cometido realmente un error, en que seas golpeado, en que caigas, dudarás: ¿será que hay algo incorrecto en mi espíritu? Normalmente no dudas, y otros te parecen absurdos al ver cómo se atascan por sí solos. Entonces llega el día en que tú eres sometido a tratamiento, o en el que otros están diciendo que eres Satanás, un espíritu malvado. Tú también lo crees, también te atascas y eres incapaz de salir de ahí. En realidad, la mayoría de las personas tienden a cometer este mismo error. Consideran que los asuntos del espíritu son particularmente importantes, mientras dejan de lado los asuntos de su naturaleza, lo que les separa por completo de la realidad. Esto es una desviación en la experiencia. Todos debéis centraros en conocer qué aspectos de vuestra naturaleza siguen llevándoos fácilmente a cometer errores y descender por la senda incorrecta, y aprender después vuestras lecciones comenzando en este fundamento. Especialmente al servir a Dios, en vuestras propias experiencias y al conocer vuestra propia naturaleza, debéis alcanzar gradualmente un entendimiento más elevado y tomar las riendas de vuestra propia situación y desarrollarla en la dirección correcta. Si puedes tener estas verdades como tu vida interna, pasarás a estar mucho más firme. Ya no serás superficial con cosas que no entiendes, estarás acertado cuando hables, y también estarás comunicando cosas que son prácticas. Mientras más profundamente entienda una persona su propia naturaleza, y mientras más verdad entienda, más mesurado será lo que diga, y no hablará más sinsentidos. Una persona sin la verdad siempre es estúpida, se atreve a decir cualquier cosa. Al predicar el evangelio, con el fin de ganar algunas personas más, algunos irían tan lejos como pagar el precio de la blasfemia; estas personas ni siquiera saben quiénes son, no conocen su propia naturaleza, no temen a Dios. Algunas personas piensan que esas cosas no son tan terribles, ¿pero realmente no son nada serio? Hasta que un día cuando son conscientes de la gravedad del asunto, se asustan verdaderamente; ¡no es un asunto para tomárselo a risa! Si eres incapaz de comprender la esencia de este asunto, ¿qué entiendes entonces? Sigues pensando que eres bastante brillante, que puedes entenderlo todo, pero no tienes ni idea de que ya has ofendido a Dios, ni de cómo vas a perecer. Incluso si tienes un entendimiento profundo en asuntos del infierno y el mundo espiritual, pero no lo tienes de tu propia naturaleza, todos tus esfuerzos son malgastados. Ahora, la clave es resolver los asuntos de tu naturaleza. Debes tener una comprensión firme de todo lo que tu naturaleza revela. Si no comprendes esto, todos tus entendimientos son un esfuerzo malgastado. Si no puedes comprender esto, no tiene sentido analizar a qué clase de espíritu o alma perteneces. La clave es tener una comprensión firme de todas las cosas que existen realmente en la naturaleza de uno mismo. Independientemente de la clase de espíritu en tu interior, sigues siendo un hombre, tienes pensamientos, tu cerebro está funcionando con normalidad y, por tanto, deberías intentar entender la verdad y aceptarla. Si puedes entender la verdad, deberías llevar a cabo tus acciones de acuerdo con ella; éstas son las obligaciones de un hombre. Tus estudios del espíritu no te ayudan en absoluto. En cuanto a alguien a quien se le ha revelado que tiene un espíritu maligno que obra en él, cuando se vuelve normal ocasionalmente, es capaz de entender si le comunicas la verdad, y puede incluso tener algunas experiencias pequeñas en ocasiones, mientras que éste no es el caso de los que tienen sentidos anormales, que están completamente poseídos por demonios. Excepto estas personas, las que tienen un sentido normal, independientemente de la clase de espíritu que haya en su interior, independientemente de su nivel de educación, cualquiera con el más mínimo entendimiento del espíritu puede entender algunas verdades, y eso es suficiente. El hombre no tiene un órgano que pueda recibir la verdad, el hombre es capaz de escuchar la verdad, sus pensamientos siguen siendo útiles en términos de las doctrinas de la verdad, y esto es lo que el hombre es capaz de alcanzar. Por tanto, ya no hay necesidad de que estudies la clase de espíritu a la que perteneces. Ahora la idea es no intentar entender la clase de espíritu a la que perteneces; si este espíritu tuyo es capaz de aceptar la verdad, si es un espíritu que cree en Dios, estas cosas no son la clave. La clave es si tú, como hombre, eres capaz de aceptar la verdad, si eres una persona que busca la verdad, si eres una persona capaz de tener una comprensión firme de tus propias situaciones, si eres alguien que entiende tu propia naturaleza, y estas cosas son la clave. Tus estudios del tipo de espíritu al que perteneces no tienen sentido, y además, no tienen valor. Si sigues examinando de qué clase es tu espíritu, sigues examinando qué está pasando con tu alma, qué está haciendo tu espíritu, cuál es el resultado de tu espíritu, cómo va a ser en el futuro, pospondrás las cosas verdaderamente importantes. Aunque hagas un examen exhaustivo de tales cosas, un día cuando otros ya hayan entendido la verdad y entrado en la realidad, habrás pospuesto las cosas importantes en su lugar, te habrás enterrado en una fosa. Esto sería aventurarse en la senda equivocada, despilfarrar tu creencia en Dios sin mostrar nada de ella. ¿A quién vas a culpar cuando llegue ese día?