Registros de las Pláticas de Cristo

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Capítulo 39: ¿Sabes qué es realmente la verdad?

Con frecuencia habéis experimentado la situación de estar en una reunión, y sentir que no tienes nada sobre lo que predicar; por fin te armas de valor, y dices algo superficial. Sabes perfectamente bien que estas palabras superficiales son doctrinas, pero predicas sobre ellas de igual manera, y al final sientes que no tienes entusiasmo, y que las personas a las que lideras escuchan y sienten que es demasiado aburrido. ¿No ha ocurrido esto? Si te tienes que obligar a predicar, por un lado, el Espíritu Santo no obrará y, por otro, no hay beneficio para las personas. Si no has experimentado la verdad, pero sigues queriendo predicar sobre ella, digas lo que digas no predicarás con claridad; estarás predicando simplemente sobre cosas superficiales. Puedes pensar que las palabras que estás pronunciando están esclarecidas, pero no son más que doctrinas; no son realidad, y las personas que escuchan no serán capaces de afrontar las cosas reales; pueden estar sintiendo que lo que dices es correcto cuando lo escuchen, pero después lo olvidarán por completo. Si aquello sobre lo que estás predicando no es la condición real, no podrás tocar los corazones de las personas; lo olvidarán aunque quieran recordarlo, y no podrás ayudarlas. Si te encuentras con una situación en la que quieres predicar, pero sientes que no puedes predicar de forma exhaustiva sobre las cosas; en la que tienes algún conocimiento doctrinal, pero no sabes nada sobre las cosas de la esencia; y si no eres capaz de responder a las preguntas sobre la esencia que otros plantean, es mejor que no prediques en absoluto. También hay momentos en los que comenzarás a exponer un tema en una reunión, sentirás que lo conoces bastante bien, y que puedes hablar acerca de algunas cosas reales. Pero una vez que lo has expuesto a nivel superficial todo el mundo lo entiende, y no te queda nada más que predicar a un nivel más profundo. Es posible que lo que los demás no saben tú tampoco lo sepas. Por tanto, no te obligues a predicar, sino haz que todos compartan sobre el tema. Si piensas que es la doctrina, es inútil que prediques sobre ello, porque no proveerá edificación para los demás; en esta situación, independientemente de lo que digas, el Espíritu Santo no hará Su obra. Cuando te armes sencillamente de valor, y prediques, puedes decir cosas absurdas y anormales, y puedes hacer que las personas se descarríen. Ves que los que están por debajo de ti no pueden recibir del todo cosas relativamente profundas en un breve período de tiempo ni las pueden recordar con facilidad; la mayoría de las personas tienen un fundamento endeble y son de un calibre inferior, pero siguen aceptando con rapidez esas doctrinas erróneas, reguladoras. ¡Esto es verdaderamente extraño! Debes prestar especial atención a este aspecto. Las personas son vanas y, en ocasiones, están dominadas por su vanidad; saben perfectamente bien que están predicando doctrina, y lo tienen claro, sin embargo, siguen pensando:[a] “Puede ser que estas personas de rango inferior no se den cuenta de ello, pero con tal de guardar las apariencias no prestaré atención a esto; ¡lo importante es estar a la altura de las circunstancias!”. ¿Acaso no es esto, sencillamente, engañar a las personas? ¡Esto también es serle desleal a Dios! Si eres una persona que entiende la verdad, te harás reproches a ti mismo. Tienes que dejar de predicar así, y deberías cambiar de tema. Puedes compartir de algo sobre lo que tienes experiencia, o también de algún conocimiento que tengas sobre la verdad. Si no puedes predicar con claridad sobre algo, ¡es mejor compartir en grupo! Nunca es bueno que predique una sola persona. Como careces de experiencia, por muy bien que puedas imaginar y concebir algo, a fin de cuentas estarás hablando tan sólo de doctrina, y esto es algo que forma parte de los conceptos humanos. Las cosas que pertenecen a la verdad deben experimentarse; sin experiencia, nadie puede entender por completo la sustancia de la verdad, y mucho menos explicar con claridad las condiciones de experimentar una verdad. Se debe tener experiencia con la verdad para tener algo de lo que predicar. No tener experiencia no es aceptable; aunque tengas experiencia será dentro de un ámbito limitado, y puedes hablar según unas condiciones limitadas; pero no puedes decir más. Si una reunión siempre gira alrededor de un tema, o dos, tras hablar una y otra vez sobre estos, algunas personas acabarán por entender un poco. O quizás cuando comiences a predicar, creas estar haciéndolo de una forma muy práctica, pero en realidad quienes están bajo tu liderazgo siguen sin entender, porque tu condición es la que es, y las condiciones de las personas que están bajo tu dirección no son exactamente las mismas que las tuyas. Además, tú estás experimentando esto en la actualidad, pero quienes están a tu cargo no están experimentando esas mismas cosas en este momento, por lo que piensan que lo que estás predicando no es adecuado para ellas. ¿Qué deberías hacer en esta situación? Deberías formularles algunas preguntas para entender sus situaciones. Preguntarles qué harían al enfrentarse a esta situación. ¿Cómo debería practicar uno en línea con la verdad? Al compartirles más o menos así, se abrirá una senda, y se podrá orientar a las personas hacia el tema, y compartiéndoles más, lograrás resultados. Aunque todos están leyendo libros, algunos comprenderán el significado de la verdad, unos se llenarán de doctrinas, y otros de absurdidad, por lo que los resultados serán diferentes. Quienes tienen alguna experiencia pueden hablar sobre algunas cosas prácticas, sobre algún entendimiento práctico de la verdad, y esta verdad es la verdad desde su perspectiva. Pero cuando aquellos que no tienen experiencia leen las palabras de la verdad, recibirán algunos significados literales, y serán capaces de explicar algunas cosas relativas al significado superficial de la verdad, pero sus explicaciones no cuentan como entendimiento de la verdad. Puede ser que algunas personas de rango inferior pregunten en una reunión: “¿Qué están haciendo?”. Alguien contestará: “Están proveyendo la verdad”. Esto no se puede decir. “Están haciendo, especialmente, obra pastoral y proveyendo la verdad”. Eso tampoco se puede decir. Sólo se puede afirmar que están realizando obra pastoral en la iglesia, y obra de riego; no se puede aseverar que están proveyendo la verdad. No podéis decir que aquellos de vosotros de pequeña estatura estáis proveyendo la verdad a los demás; no podéis decirlo en absoluto. ¿Cuántas personas tienen la verdad? ¿Se puede decir de ellos que están proveyendo la verdad con la pequeña estatura del hombre? Aunque alguien tenga alguna experiencia y algún entendimiento de la verdad, no puede afirmar que sea capaz de proveer la verdad; no puede decirlo en absoluto. ¡Es tan erróneo decir esto! Quienes realizan obra pastoral, obra de riego directo, y son especialmente responsables de la obra de entrada a la vida en la iglesia, no entienden la verdad, pero están intentando proveérsela a los demás. ¿No es esto una contradicción? Alguien puede preguntarte: “¿Qué es la verdad?”. Y tú puedes responder:[b] “¡La verdad es la palabra de Dios!”. Esto es algo de lo que aún no puedes hablar con claridad. Si sigues sin poder hablar claramente de las cosas que tienes justo delante de tus ojos, no estás cualificado para proveer a los demás. Justo ahora, los que están actuando como líderes no tienen una experiencia vital real; en el mejor de los casos, tienen cierto calibre, y una mejor capacidad de recibir conocimiento de los libros; pueden exponer algún entendimiento, y desempeñan el papel de intermediarios para los demás, pero nunca puedes afirmar que estén proveyendo la verdad. Algunas personas tienen un buen cerebro, y después de leer y escuchar más pueden obtener algún entendimiento. Aunque pueden expresar esta pizca de entendimiento con las personas a las que lideran, esto no puede definirse como proveer la verdad, sino tan sólo como compartir algún entendimiento en comunión. Tampoco se puede decir que proveer algo a los demás sea hablar la verdad. ¿Qué clase de figura puede proveer la verdad? Sólo puede decirse que están haciendo obra pastoral en la Iglesia y visitándola. “Visitar a la Iglesia” tiene de por sí esencia; es decir que, los hermanos y las hermanas se encuentran con algunas dificultades, y alguien tiene cierta capacidad de recibir. Por medio de esta dificultad, llevan una carga, intentan descifrarla y, al hacerlo, obtienen algún esclarecimiento para ayudar a los demás. ¿Se puede, acaso, considerar que ayudar a los demás es entender la verdad? ¿Entenderán mejor la verdad, o poseerán más verdad que los demás? No puedes afirmar esto, porque éste no es el caso. Permitir que algunas personas hagan obra pastoral en la Iglesia es puramente cultivarlas; como tienen cierto calibre, cierta capacidad de recibir, y su situación familiar es asimismo adecuada; entonces se les permite practicar. Ascender a alguien no significa que ese alguien pueda proveer la verdad, sino sencillamente que, cuando las personas llevan una carga, experimentan realmente la obra del Espíritu Santo, pueden predicar sobre cierta luz y esclarecimiento, y pueden recibir esclarecimiento y luz antes que los demás, pero esta luz no representa a la verdad. Como ves, algunos de los folletos publicados contienen comunicación, y algunos contienen ciertas preguntas y respuestas respecto a la verdad (hacer preguntas y proveer respuestas[c] sobre el fundamento de la verdad se denomina “preguntas y respuestas de la verdad”), así como alguna comunicación y, en este caso, no puedes decir: “Estamos sacando la verdad para leerla”. Tienes que entender el alcance actual de la verdad y también debes entender lo que no pertenece a la misma. Dime, si algunas personas obtienen algunas perspectivas y tienen algún entendimiento sobre la base de sus experiencias de las palabras de verdad, ¿se cuenta esto como la verdad? En el mejor de los casos podemos decir que tienen algún entendimiento de la verdad. Todas las palabras de esclarecimiento del Espíritu Santo no representan a la palabra de Dios, no representan la verdad ni le pertenecen a esta. Sólo podemos decir que esas personas tienen algún entendimiento de la verdad, y algún esclarecimiento del Espíritu Santo. Si ganas algo de entendimiento de la verdad y después se lo provees a los demás, es decir, proporcionas tu entendimiento y tu experiencia personales, sigues sin poder decir: “Ven, te proporcionaré la verdad”. Referirse a ello como comunicar está bien, y tu lenguaje debe ser apropiado. ¿Por qué decimos esto? Hay más que eso. Deberías ver claramente esta situación, y no sólo expresarla de una determinada manera y terminar con ello; esto no es un enunciado. Las personas obtienen de la verdad cosas que deberían poseer, pero esto no significa que tengan la verdad, que sean de la verdad; no podemos decir esto en absoluto. Independientemente de lo mucho que puedas obtener de la verdad, no puedes afirmar tenerla ni que seas de la verdad; no puedes decirlo en modo alguno. Sólo has obtenido algún sustento de la verdad, que nutre tu vida, que hace que tengas algunas cosas en ti que deberías tener para creer en Dios, y satisfacerlo. Dios provee a las personas a través de la verdad, y permite que lo satisfagan y que se conformen a Su voluntad a través de la verdad; al final, aunque las personas cumplan por completo la voluntad de Dios, tampoco se puede decir que son de la verdad, y menos aún que la verdad es su vida. Si pudiéramos decir esto, si el hombre tuviera experiencia en toda la verdad que Dios expresa, si tuviera entendimiento de ella, y comprendiera con claridad cada verdad, debiendo ser así capaz de expresar la verdad, ¿no se convertiría el hombre en Cristo? Esto pasa a ser la doctrina del Dios-hombre, ¡y es un gran, gran error! En resumen, las personas tienen que entender algo: por muy bien que entiendas la verdad, e independientemente de cuál sea tu experiencia, de que seas totalmente obediente a la orquestación de Dios, de lo elevada o profunda que sea tu entrada a la vida, tu vida sigue siendo la vida del hombre, y éste no puede nunca convertirse en Dios; esto es absoluto, y las personas deben entenderlo. Aunque al final comprendas por completo toda la verdad, puedas someterte a la orquestación de Dios, y te hayas convertido en una persona perfeccionada, sigues sin poder decir que eres de la verdad, y menos aún que puedes expresar la verdad; todo lo dicho anteriormente respecto a que el hombre tiene la vida de Cristo en él también es erróneo y, simplemente, es algo de lo que se habló una vez. Justo ahora, aunque las personas no estén diciendo esto, su entendimiento podría ser confuso y poco claro, y algunas personas pueden pensar: “Hemos obtenido la verdad, la verdad está en nosotros ahora, por tanto poseemos la verdad: ella se encuentra en nuestros corazones, y también la podemos expresar”. ¿Acaso no es esto erróneo también? Decir si una persona tiene la verdad es decir que tiene experiencia con esta verdad, que tiene entendimiento de ella, y que puede practicarla. Pueden entenderla cuando se expresa de esa forma. Todo el mundo puede experimentar la verdad, pero las situaciones de su experiencia serán diferentes, y lo que cada persona obtiene de la misma verdad es diferente. Pero, después de combinar el entendimiento de todos, sigues sin poder explicar por completo esta verdad; ¡la verdad es así de profunda! ¿Por qué digo que todas las cosas que has obtenido y todo tu entendimiento no pueden sustituir a la verdad? Si comunicas tu entendimiento a los demás, ellos pueden reflexionar en ello durante dos o tres días y, después, terminarán de experimentarlo. Sin embargo, una persona no puede experimentar plenamente la verdad ni en toda una vida, ni siquiera todas las personas juntas pueden experimentarla de forma total. Así pues, puede verse que la verdad es muy profunda, no hay forma de articularla plenamente con palabras; la verdad expresada en el lenguaje humano es el aforismo del hombre; la humanidad nunca la experimentará plenamente, y debería vivir confiando en ella. Un trozo de verdad puede permitir a toda la humanidad sobrevivir durante miles de años; la verdad es la vida de Dios mismo, y representa Su propio carácter, Su propia esencia, todo lo que hay en Él. Si afirmas tener la verdad y que poseer algunas experiencias significa que tienes la verdad, ¿puedes representar entonces el carácter de Dios? No puedes. Como ves, una persona puede tener algo de experiencia o de luz en relación con cierto aspecto o lado de una verdad, pero no puede proveerla a los demás por siempre, con lo cual su luz no es la verdad, sino sólo un grado alcanzado por una persona, la experiencia —la experiencia adecuada— que una persona debería tener, el entendimiento apropiado, que es un aspecto realista de la experiencia de la verdad. Esta luz, este esclarecimiento y este entendimiento, basados en la experiencia, nunca pueden sustituir a la verdad. Aunque todas las personas hayan experimentado una verdad, y juntaran todas sus palabras, no puede equivaler a esa sola frase de la verdad. Como se dijo en el pasado: “Resumí otro dicho: Entre los hombres no hay uno que me ame”. Esto es una declaración de la verdad, la verdadera esencia de la vida, la cosa más profunda, la expresión misma de Dios; es una declaración de la verdad, y la puedes experimentar. Si la experimentas durante tres años tendrás un entendimiento superficial. Si lo haces durante ocho años, obtendrás mayor entendimiento, ¡pero tu entendimiento nunca sustituirá a esa declaración de la verdad! Si alguien más la experimenta durante dos años tendrá poco entendimiento; si la experimentan durante diez años tendrán un entendimiento más elevado y si la experimentan durante toda la vida ganarán un poco más de entendimiento. Sin embargo, si juntáis vuestros entendimientos, seguirán sin ser sustitutos de esa declaración de la verdad. Independientemente de cuánto entendimiento, de cuánta experiencia, de cuántas perspectivas, de cuánta luz, o de cuántos ejemplos se combinen, nada de ello puede remplazar esa declaración. ¿Qué quiero decir con esto? Simplemente que la vida del hombre siempre será la vida del hombre, y por mucho que tu entendimiento esté de acuerdo con la verdad, con el sentido de Dios, con Sus exigencias, nunca podrá sustituirla. Decir que las personas poseen la verdad significa que tienen alguna realidad, algún entendimiento de la verdad de Dios, alguna entrada real en las palabras de Dios, alguna experiencia verdadera con Sus palabras, y están en el camino correcto en su fe en Dios. Con una sola declaración de Dios basta para que una persona experimente durante una vida, durante varias vidas, o durante varios miles de años; las personas no pueden experimentar una verdad de manera plena y total. Si acabas de entender algunas palabras superficiales y afirmas después que tienes la verdad, ¿no carece esto de base? No es que algunas declaraciones son simplemente erróneas, sino que la idea principal consiste en que las personas no tienen el entendimiento correcto. En ocasiones, las personas creen tener la verdad, ¡y eso es algo maravilloso! Cuando obtienen una pequeña luz, a veces sus condiciones mejoran y pueden comunicar algo esclarecedor; se vuelven autosatisfechas, desarrollan fuertes apetitos de comida y bebida, y tienen éxito en todas las cosas. De esta forma piensan poseer la verdad. ¿La tienen? ¿Pueden caer quienes tienen la verdad en cualquier momento y lugar? Cuando las personas tienen la verdad, ¿cómo pueden seguir desafiando a Dios y traicionarlo? Si declaras que tienes la verdad, y eso demuestra que dentro de ti está la vida de Cristo, ¡eso es terrible! Te habrás convertido, entonces, en el Señor. Esta declaración es absurda, y son las personas las que enteramente la deducen; pertenece a las concepciones y la imaginación humanas, y no es una posición sostenible ante Dios.

Cuando las personas entienden la verdad, y viven con ella como si fuera su vida, ¿a qué vida se refiere esto? Es la vida en la que las personas viven confiando en la palabra de Dios. Cuando las personas poseen esa vida en ellas, entonces viven su vida sobre la base y dentro del ámbito de la verdad, su vida está llena de entendimiento y de experiencia de la verdad; se afirma sobre esta base y no sale de ese ámbito. Esa es la vida a la que hace referencia. Las personas se apoyan en la verdad como su vida, y viven su vida rigiéndose por la verdad. Esto no significa que cuando las personas confían en la verdad como si fuera su vida, entonces tienen una vida de la verdad. Tampoco quiere decir que si tienes la verdad como vida te conviertes en la verdad, y que tu vida interior se vuelve una vida de la verdad. Al final, tu vida sigue siendo la del hombre. Puedes vivir confiando en las palabras de Dios, tener algún entendimiento de la verdad, comprender a un nivel profundo, y este entendimiento no se te puede quitar. Experimentas y entiendes plenamente, sientes que estas cosas son buenas, muy valiosas, llegas a aceptarlas como la base para tu vida, y vives confiando en ellas; ya nadie puede cambiar esto: esta es tu vida. Sólo contiene estas cosas, entendimiento, experiencia, y perspectivas de la verdad; hagas lo que hagas estarás viviendo confiando en estas cosas, y no irás más allá de este ámbito, de estos límites. Esa será tu vida, y el objetivo final de la obra de Dios es que las personas tengan esta clase de vida. Si Dios mismo perfeccionara personalmente a un grupo de Dioses grandes y pequeños, ¿no sería caótico? De cualquier forma, esto es algo imposible, absurdo, un concepto absurdo de los humanos, y no es algo posible. Dios sólo puede crear personas; Dios no puede crear a Dios. Él sólo puede encarnarse como una imagen de carne, pero esto no significa que Él creara a Dios. Dios no se creó a sí mismo; Él tiene Su propia esencia, que nunca cambiará. Él no se creó, sólo puede crear personas y otras cosas.

Si tienes alguna experiencia con las palabras de Dios, y vives confiando en tu entendimiento de la verdad, la palabra de Dios pasa a ser entonces tu vida. No puedes decir que la verdad es tu vida, que lo que estás expresando es la verdad; si piensas así, estás equivocado. Si tienes alguna experiencia con un aspecto de la verdad, ¿puede esto representar la verdad? No puede hacerlo en absoluto. ¿Puedes comunicar, pues, la verdad a fondo? Ni mucho menos. ¿Puedes descubrir y ver el carácter de Dios desde la verdad? No puedes verlo. ¿Puedes descubrir la esencia de Dios? No puedes descubrirla. La experiencia que cada uno tiene de la verdad no es más que un aspecto de la misma, una parte, un ámbito; si la experimentas dentro de tu esfera limitada, no puedes tocar toda la verdad. El significado original de la verdad que se expresa —esa fuente— revela la naturaleza común de la humanidad. ¿A qué proporción equivale tu poca experiencia? Un grano de arena en una playa, una gota de agua en el océano. Por tanto, aunque sientas que el entendimiento que has obtenido de la experiencia es valioso, o incluso te parezca extremadamente valioso, no puede considerarse como la verdad. ¡La fuente de la verdad, y el sentido de la misma, cubren un área muy amplia! Nada puede contradecirla. Algunas personas también afirman: “¿No será nunca contradicha mi experiencia?”. Por supuesto, ¿cómo puede contradecirse la condición real que has obtenido de tu experiencia de la verdad? La verdad puede ser tu vida en cualquier entorno, puede proporcionarte una senda, y permitirte sobrevivir. Las cosas que las personas poseen, su luz, sólo son adecuadas para sí mismas o para otros dentro de un determinado ámbito, pero no lo serán en uno diferente. Por muy profunda que sea la experiencia de una persona, es muy limitada, y su experiencia nunca alcanzará el ámbito de la verdad. La luz de una persona, su entendimiento, nunca pueden compararse con la verdad.

Cuando las personas tienen alguna experiencia de la verdad, cuando entienden algunas de las intenciones de Dios, y tienen cierto entendimiento de Él; cuando pasan por algunas transformaciones, y son relativamente santas y puras, sólo se puede seguir diciendo que son personas, que son exactamente las personas normales que Dios quiere obtener. ¿Qué clase de persona eres tú? Algunas personas dicen: “Soy una persona que posee la verdad”. No es adecuado decir esto. Sólo puedes afirmar: “Soy una persona corrompida por Satanás, que después ha experimentado el castigo, el juicio y la salvación de Dios, y que finalmente ha llegado a tener algo de experiencia y entendimiento de la verdad y de las palabras de Dios. Sólo soy una persona a la que Dios ha salvado”. Si dices: “Soy una persona que tiene la verdad. He experimentado y entendido toda la palabra de Dios; conozco todo: el significado de cada palabra de Dios, el contexto y la situación en que se pronunció. ¿No es esto, acaso, tener la verdad?”. Te equivocarás de nuevo. Puedes tener alguna experiencia con las palabras de Dios, y obtener alguna luz de ellas, pero no puedes decir que eres una persona que tiene la verdad. Aquellos que sólo entienden y pueden predicar alguna doctrina, todavía lo pueden decir menos. Cuando las personas vienen delante de Dios, y de la verdad, ¿en qué posición deberían mantenerse? Después de todo, ¿qué son las personas? ¿Qué es exactamente la vida que las personas tienen en su interior? ¿Qué es la vida de Dios? Las personas necesitan entender esto por completo. También precisan entender su estructura y su esencia. Algunas personas creen poseer la verdad después de experimentar algunos días de la obra de Dios, y son las más arrogantes, personas sin razón alguna. Todas las personas deberían analizar este tipo de problema con meticulosidad, de forma que puedan entenderse a sí mismas, a la humanidad, lo que el hombre es realmente y, después de ser perfeccionadas, hasta qué grado pueden llegar, qué declaraciones, títulos y nombres son adecuados; las personas deberían saber estas cosas y no siempre caer en la fantasía. Si eres una persona, es mejor errar en el lado de la realidad, ya que tiene más base. Algunas personas que creen en Dios siempre están persiguiendo sus propios sueños, siempre quieren alcanzar la vida de Dios, tener la vida de Dios; ¿no es esto algo peligroso? Lo es. Después de obrar un poco predicarán: “¡Cuando el gran dragón rojo caiga del poder deberíamos ejercer el poder como reyes, y gobernar sobre muchas ciudades!”. Expresar estas cosas es terrible. Los que no tienen experiencia predican fácilmente sobre doctrina, se complacen en la fantasía, piensan que son muy listos, y que ya tienen lo que quieren por medio de su creencia en Dios; son los discípulos de Pablo, y la senda que transitan es enteramente la de éste; estas personas se convertirán todas en anticristos y sufrirán un duro castigo.

Notas al pie:

a. El texto original omite “sin embargo, siguen pensando”.

b. El texto original omite “y tú puedes responder”.

c. El texto original omite “y proveer respuestas”.