Registros de las Pláticas de Cristo

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Capítulo 47: Cómo satisfacer a Dios en medio de las pruebas

Planteo algunas preguntas para que reflexionéis sobre ellas: Desde la última vez cuando dije que habría otros siete años de grandes pruebas, sean adversidades o calamidades, ¿habéis descubierto el propósito de Dios por medio de ello? ¿Qué naturaleza humana podéis ver en las reacciones y actitudes de las personas respecto a los siete años de pruebas? ¿Cómo se diseccionará esto? Pensad en ello. En cada enseñanza hablo acerca de la naturaleza humana, llego a la fuente, disecciono la naturaleza humana y la esencia. Os toca a vosotros comunicar vuestro propio entendimiento de los temas.

Deberíais ser capaces de entender el propósito de Dios y debéis conocer la naturaleza humana a través de los siete años de pruebas. En realidad, cada frase de Dios contiene Su propósito, dentro del cual se oculta la verdad. Independientemente del asunto que se esté comunicando o de la verdad que se esté expresando, en ello se halla el camino por el que las personas deberían transitar, las exigencias de Dios hacia las personas y Su propósito para quienes buscan. En esta conversación sobre pruebas, adversidad y sufrimiento posterior, lo que se exige de las personas, así como el propósito de Dios, también están representados. Es evidente que las personas reaccionan con sus actitudes, porque no son de piedra; están vivas y reaccionan a todo. ¿Merece la pena diseccionar qué aspectos de la naturaleza humana están representados en las reacciones de las personas? ¿Merece la pena hablar de ello? La disección permitirá que las personas lo vean con claridad, lo sepan por sí mismas y lo tengan bien claro en su corazón. De esta forma, en última instancia tendrán una senda adecuada que elegir. Si una persona está atolondrada y no conoce el propósito de Dios, no entiende la verdad y mucho menos las exigencias de Dios hacia ella y la obligación que debería llevar a cabo, o la senda que debería tomar, quizás esta clase de persona no se mantendrá firme. Por tanto, se debería saber qué senda se debería tomar después en el momento de las diversas pruebas.

Cada vez que se mencionan las pruebas de los siete años, muchas personas se sienten incómodas e inusualmente abatidas, algunas se quejan y se producen diversas reacciones. Estas reacciones evidencian que las personas necesitan ahora dichas pruebas, esta clase de adversidad y refinamiento. Las personas creen en Dios con el propósito de buscar obtener bendiciones en el futuro. Todo el mundo tiene esta intención y esperanza. Sin embargo, la corrupción de la naturaleza humana debe resolverse por medio de pruebas. Debes ser refinado en aquellos aspectos en los que no das la talla, ésta es la disposición de Dios. Él crea un entorno para ti y te obliga a ser refinado allí para que conozcas tu propia corrupción. Finalmente alcanzas un punto en el que preferirías morir y renunciar a tus planes y deseos, y someterte a la soberanía y la organización de Dios.

Por tanto, si las personas no pasan por varios años de refinamiento; si no tienen un determinado volumen de sufrimiento, no serán capaces de evitar la esclavitud de la corrupción de la carne en su pensamiento y en su corazón. Los aspectos en los que sigues sujeto a la esclavitud de Satanás, aquellos en los que tienes tus propios deseos, tus propias exigencias, son aquellos en los que deberías sufrir. Sólo en el sufrimiento pueden aprenderse las lecciones, y esto significa ser capaz de obtener la verdad y entender el propósito de Dios. En realidad, muchas verdades se entienden en la experiencia de pruebas dolorosas. Nadie dice que se conozca la intención de Dios, que se entiendan Su omnipotencia y Su sabiduría, que se aprecie el carácter justo de Dios en un entorno de comodidad o en circunstancias favorables. ¡Eso sería imposible!

Dios ha establecido entornos adecuados en los que perfecciona a las personas, pero nadie sabe por qué querría Dios poner a prueba a las personas, refinarlas. Todos decís: “¡Cuánto ama Dios a la humanidad, que prepararía siete años de pruebas para perfeccionar a las personas y hacerlas puras! ¡Cuánta paciencia tiene! ¡Cuánta misericordia!”. No es necesario decirlo; todo el mundo entiende la doctrina, pero en realidad nadie comprende la situación real. ¿Para qué sirven los siete años de pruebas de Dios, los siete años de obra? Se requieren, por supuesto, para que Su obra se lleve a cabo. Incluso sin salvarte, sigue habiendo amor, ¿verdad? Cuando Él te salva, dices: “Éste es el amor que Dios tiene por nosotros, ésta es Su misericordia”. Si Él no hubiera dispuesto estos siete años de pruebas, y completado la obra de inmediato, ¿no seguiría habiendo amor? Si fueran dos años de pruebas, o sólo uno, o si el día tuviera que llegar de inmediato, ¿no sería eso también compasión y misericordia? No es como si imaginaras: siete años de pruebas es la perfección de Dios para nosotros, es lo mucho que nos ama; debemos someternos. Sólo dices esto cuando no hay salida. ¿Qué conlleva esto? Conlleva negatividad, queja, no tener alternativa y resignación. Dios dijo que habría otros siete años. Que sean siete años, pues. Y después te apresuras y pronuncias algunos cumplidos: Dios, Tú nos amas; Dios, es para perfeccionarnos. Sin siete años de pruebas, ¿no sería ése el final para nosotros? No habría oportunidad. Algunas personas no pueden esperar a ser bendecidas justo ahora. ¡Eso sería un beneficio real! Esa persona no se preocupa de nada más. Esta clase de persona vale menos que un centavo. En estos siete años hay obra práctica. ¿No se ha dicho antes que algunas palabras son un medio, pero también la verdad? Ningún aspecto consiste sólo en hablar y nada de acción. Todo aspecto tiene importancia. Además, tal como el hombre lo ve, casi cada aspecto es un medio, pero este medio no es para persuadirte ni engañarte. Más bien, es la circunstancia real, la situación real. Ningún otro camino que no sea éste servirá. Al oír estas palabras, algunas personas piensan: Si es como Tú dices, cuando pasen estos siete años, ¡quién puede decir cuánto tiempo queda! A partir de las reacciones de las personas puede verse que la naturaleza del hombre es tal que, al enfrentarse a las pruebas del sufrimiento y recibir dolor para la carne, quiere escapar de ellas y rechazarlas. Ni una sola persona sale al frente y toma la iniciativa para pedir: Dios, dame más pruebas de sufrimiento, dame alguna adversidad. Dios, que reciba más desgracia. Esto demuestra que a las personas no les gusta la verdad por naturaleza. Sea o no el propósito de Dios, o por muy beneficioso que sea para las personas, por muy bueno que sea, todas las personas se niegan a aceptar nada que provoque dolor a su propia carne o que no encaje con sus propios deseos. Hay personas que dicen: “No estoy siendo negativo. En el pasado tomé la decisión de entregar toda mi vida a Dios. Estoy perfectamente feliz con cuantos años sean, y serviré seriamente a Dios. No tengo quejas. Independientemente de la prueba a la que me enfrente, del sufrimiento que padezca, ya sea el abandono de la familia o el dolor de la enfermedad, seguiré hasta el final”. Que no haya ninguna queja tuya también es una especie de situación negativa, porque cada vez que te enfrentas a algo, cada vez que se te dicen palabras, no comprendes de verdad sus implicaciones. El “no tengo reacción” que dices no es, por tanto, nada más que indiferencia, un camino cuando no hay salida. No te quedaría ninguna otra cosa que hacer, por lo que te obligas a seguir, aunque no quieres hacerlo. Nadie puede conseguir escapar de ningún modo de los siete años de pruebas. Sin embargo, esto es diferente de no querer huir. Te gustaría escapar, pero no puedes. Esto es simplemente una cosa de la naturaleza humana. Pensad en ello. ¿Es esto lo que es? Algunas personas sienten: Cuando me enfrenté a esta clase de acontecimiento en los pasados diez años, siempre seguí, y sufrí mucho, por lo que debería ser capaz de persistir algunos años más. Vuestra búsqueda del propósito de Dios es atolondrada, y no os la habéis tomado en serio. Por tanto, si en tu interior no te has sometido a la voluntad de Dios, has traicionado y te has resistido a la voluntad de Dios. Aunque no estás en esta situación ni has hecho esto, estos síntomas, estas cosas en tu interior se están resistiendo a Dios, porque aquello en lo que piensas y lo que esperas en tu interior no es todo lo que Dios exige. Además, no estás alabando realmente a Dios desde tu corazón por todo lo que Él te exige y todo lo que hace, ya sea un medio o lo que se te dice realmente.

En cuanto a todo lo que Dios les pide a las personas que hagan, todo lo que Él ha dispuesto para ellas según sus necesidades, la naturaleza de las personas lo rechaza y no lo acepta. Independientemente de cómo declares tu punto de vista, o de si tienes un poco de conocimiento, tu conocimiento doctrinal no puede resolver en cualquier caso lo que hay en tu naturaleza. Así pues, digo que la mayoría de las personas hablan de algunas cosas agradables en la doctrina, y pronuncian algunas palabras superficiales para sobrellevarla. No obstante, al final dicen: He superado muchos años. Siete años no es mucho, pero tampoco es poco. Mira qué viejo me estoy haciendo, no estoy bien ni tengo una buena familia. He venido contigo estos años, he trabajado duro incluso sin reconocimiento, me he cansado, aunque no he trabajado duro. Aunque lo reduzcas en algunos años solamente, ¡trátame con benignidad esta vez! Tú conoces la debilidad de las personas… Al orar estas palabras, es como si hubiera un poco de sumisión. Siguen diciendo: “Tú conoces la debilidad de las personas”; hay otro sentido en estas palabras, es decir, Tú conoces la debilidad del hombre; entonces, ¿por qué es tanto tiempo? ¿No es ésta la situación en el interior de las personas? Por tanto, sentís que entendéis muchas cosas, las habéis aceptado ya, y parecéis haber entendido la verdad, pero en realidad os seguís resistiendo a ella y vais en su contra. Las cosas que hacéis no son coherentes con la verdad. Aunque superficialmente no hayáis cometido un acto malvado ni hayáis dicho nada ofensivo, esto se limita tan sólo a no haber violado los decretos administrativos ni ofendido el carácter de Dios. Sin embargo, no has comprendido Su propósito ni estás resignado a recibirlo. No apruebas que Él lo haga de esta forma, y piensas: Si voy a hacer esta obra, no perderé tiempo y la completaré en el menor tiempo posible para ayudar al pueblo de Dios a evitar más persecución del gran dragón rojo, para impedir la pérdida de demasiadas personas, para evitar mi sufrimiento. ¿No es ésta la idea que tienen las personas? En su corazón, todas ellas esperan la llegada del reino de Dios, y la rápida destrucción del mundo de Satanás. Qué bueno sería si una palabra de Dios pudiera cambiar a las personas. Las visiones internas de las personas, sus deseos extravagantes no satisfacen realmente el propósito de Dios, y fundamentalmente no hay esencia de sumisión. Esto se refiere también al dicho: el cien por cien de lo que hay dentro de la naturaleza humana es traición. Por tanto, al diseccionar este o aquel acontecimiento vuestro, al diseccionar este asunto, ese pensamiento o esa reacción, si lo afrontas de una forma negativa, o te quejas, si eres indiferente, silencioso o mudo, hay resistencia en todo ello. Todo es traición. ¿Es correcta esta disección? Si Yo no diseccionara esto, algunas personas sentirían: Se me puede considerar una buena persona. Si hubiera encontrado esta cosa hace algunos años, me habría quejado sin duda, y posiblemente me habría retirado; pero ahora no me quejo. No te quejas, ¿pero tienes entendimiento? ¿Constituye ese poco entendimiento tuyo el verdadero entendimiento? ¿Hay verdad en el mismo? ¿Está tu entendimiento en sintonía con el propósito de Dios? ¿Cuenta con la aprobación de Dios? ¿Tienes la esencia de someterte a Dios? ¿Estás dispuesto y preparado para someterte a Dios? Si no lo estás, estás definitivamente en conflicto con Dios. Puede ser que tu estado de ánimo sea bueno ahora y que no te sientas mal, o que en este momento se te esté usando. Si un día te mandan a casa , cuando estés en la oscuridad de un estado de ánimo abatido, lo que está dentro de ti se revelará. Algunas personas de estatura inferior tienen una experiencia de duración más breve, y se darían la vuelta, correrían y volverían al mundo. En realidad, en el análisis final, cualquiera que sea la reacción que tengas, estás rechazando los entornos que Dios ha dispuesto para ti. La naturaleza de las personas de traicionar a Dios se revela por todas partes. Si esto no se diseccionara, las personas no se conocerían a sí mismas con la suficiente profundidad. Cuando se enfrentan a algo, todas traicionan a Dios y no se someten a Él. La reacción de algunos de vosotros es la reticencia, o un aire de queja, negativo y bajo, y dices: en su interior, al hombre no le gusta la verdad, y esta aversión no es otra cosa que traición. Sigue sin ser suficiente si sólo habláis de esta forma, y no habéis diseccionado hasta las profundidades de la esencia. Decís que no amar la verdad es traición, pero en realidad, esto no es tan simple. ¿Lo habéis diseccionado? No os entendéis a vosotros mismos. Puede que no sepas cuál es la situación que tienes ni puedas diferenciar lo correcto de lo erróneo, si es traición o no, y no sepas claramente si te has sometido o no. No sois capaces de diseccionar totalmente vuestra propia naturaleza. Cada vez que os encontráis con algo no sabéis cómo proceder. Cuando por fin te encuentres con una prueba, ¿serás capaz de descifrar el propósito de Dios? ¿Cómo deberías explicarlo? ¿Por qué clase de senda deberías caminar? ¿Qué sentido y qué verdades deberías poseer para satisfacer el propósito de Dios? Como estándar más bajo se debería tener una actitud positiva. ¿Habéis pensado sobre estas preguntas?

En el pasado, algunas personas tenían conceptos respecto a lo que hace el Dios encarnado. La consiguiente enseñanza condujo a un axioma. Este axioma es: el hombre debería afirmar que todo lo que Dios hace es correcto, que todo ello es significativo. Si el hombre no entiende debería, sin embargo, someterse y no resistirse. Si el hombre tiene conceptos será necesariamente avergonzado. ¿Recuerdan las personas estas palabras? Cada vez que se enfrentan a algo, se dicen: De ninguna manera tengas un concepto ni lo sometas a juicio. Hay sentido en todo lo que Dios hace. Aunque podamos ser incapaces de entender ahora, un día se nos hará sentir vergüenza. Simplemente se ciñen a una regla como ésta. Esta clase de regla, sin embargo, puede resolver algunos problemas para los creyentes atolondrados. Para una persona con entendimiento, estas palabras ayudarán a dar sentido a muchas cosas, y usar esta norma cada vez que afrontamos una situación puede provocar gran cantidad de cosas. ¿Qué ocurre si no hay perspectiva? Uno puede obedecer reglas y, al hacerlo, también se puede proteger y evitar violar los decretos administrativos, y no alimentar el desastre. ¡Esta regla es útil! ¡No es inútil! En diversos lugares esta regla se ha aprendido de memoria. Algunos la escriben en libretas o en la portada del libro, la leen cada vez que lo abren, y la recitan. La recitan cuando oran. Esta práctica tiene algunos beneficios. Algunas personas no se atreven a hacer las cosas de manera aleatoria, y tienen un poco de reverencia en su corazón. Pero con respecto a muchas personas, no tienen un verdadero entendimiento del aspecto positivo, y hay demasiadas cosas negativas. Aunque parece que os sentís suficientemente bien y no habéis parado de trabajar; es evidente que hay muchas cosas negativas en vosotros, y ninguna positiva. ¡Hay tantas reacciones en la iglesia en relación a cosas así! ¿Habéis intentado resumirlas por vuestra cuenta? Si encontrarais de nuevo esta clase de cosa, ¿os resistiríais o traicionaríais a Dios? Algunas personas han pensado quizás: “El hombre no es capaz de controlar su propia naturaleza. Sin duda no me atreveré a resistirme más, y debo ser cauto. ¡Debo orar cada día!”. Éste no es un plan seguro. He descubierto que realmente os sentís avergonzados, y decís a menudo: “Oh, ¿qué puedo hacer con esta naturaleza humana? No puedo resolverla por mí mismo ni puedo controlarla. Realmente no tengo derecho de estar a cargo de mí mismo. No sé qué podría hacer un día. Estoy muerto de miedo. Creer en Dios es algo que debe hacerse con mucho cuidado. Cualquier descuido puede llevar al desastre, y eso sería horrible. Ni siquiera sé quién soy, no puedo confiar en mí mismo…”. Aunque las personas que dicen esto con frecuencia tienen algún entendimiento de sí mismas, entienden demasiada poca verdad. Quedan confundidas cada vez que se enfrentan a algo. Se sienten inquietas, preocupadas y no tienen camino. Esta vez has superado los siete años de pruebas, y no has alimentado el desastre, no has quebrantado los decretos administrativos, ¿pero te atreves a estar seguro de ello para la próxima vez? ¿Cómo puedes pasar por esta clase de cosa sin dificultades? Como ves, experimentaste la tribulación con bastante facilidad, y te escondiste de lugar en lugar. Te ocultaste durante un año, o seis meses, hasta que terminó. Los seres humanos pueden esconderse, pero la naturaleza humana es algo que no se puede ocultar. ¿No debería haber un axioma que se aplique también a esto? En cada una de las pruebas de Dios está Su buen propósito. Para cada acontecimiento al que nos enfrentamos existen verdades que uno debe poseer con el fin de mantenerse firme. Equipaos con verdades para responder a diversas pruebas ahora, y no os preocuparéis independientemente de los años posteriores de pruebas. Debéis tener confianza. Someterse a las disposiciones de Dios simplemente no puede ser erróneo. La senda se volverá aún más prometedora. ¿Cómo podrías ser perfeccionado sin diversas pruebas? Sin pruebas, no hay testimonio. Entonces, ¿cómo puedes satisfacer a Dios? Las pruebas os traerán las bendiciones de Dios. Sólo siguiendo a Dios hasta el final puede uno entrar en el reino. Recordad: todos tenéis vuestra parte en la adversidad, el reino y la paciencia de Cristo.