Registros de las Pláticas de Cristo

Contenido

Capítulo 50: Conocerte a ti mismo requiere que conozcas tus pensamientos y tus visiones profundamente arraigados

¿Qué opináis de este período de comunicación? ¿Habéis sido capaces de seguir el ritmo? ¿Sentís que se abre un poco de camino en vuestro interior? ¿Tenéis un camino hacia el conocimiento de vosotros mismos, la vida de iglesia apropiada, y entrar en el camino correcto de la salvación? ¿Tenéis una meta o dirección? Deberíais tener algunas ideas, porque hemos comunicado bastantes. Como ves, hemos comunicado un poco sobre ser una persona honesta, un poco sobre conocerte a ti mismo, un poco sobre cómo comer y beber la palabra de Dios, un poco sobre cómo practicar la vida de iglesia apropiada y cómo los hermanos y las hermanas deberían coordinarse en armonía. Ha habido un poco sobre cada aspecto. ¿Sentís que tenéis un poco de idea y entendimiento en mente respecto a cada aspecto, a diferencia de antes, cuando cada aspecto parecía de alguna forma borroso si alguien os preguntaba? ¿Seguís teniendo ese sentimiento? (Ahora se ve cada vez más claro). “Cada vez más claro” es correcto. Pero ahora que hemos comunicado estas cosas, ¿tenéis alguna directriz sobre qué aspecto practicar en primer lugar? ¿O sabéis cuál de ellos ejercitar primero en vuestra vida? Realmente no importa qué aspecto practiques, si se trata de ser una persona honesta, de ejercer la obediencia a Dios, de cómo llevarse bien con los hermanos y hermanas en armonía, o de cómo entrar en la humanidad normal; independientemente del aspecto que busques, cada uno de ellos existe y se toca en la vida cotidiana, pero cada uno de ellos trata la cuestión de conocerte a ti mismo. ¿Ves? ¿No trata, acaso, el ser una persona honesta la cuestión de conocerte a ti mismo? Sólo practicarás siendo una persona honesta cuando sepas que eres astuto y deshonesto; cuando sabes que no obedeces a Dios, practicarás obedeciéndole o buscando cómo obedecerle. Si no te conoces a ti mismo, no importa si estás intentando ser una persona honesta u obedecer a Dios; sólo son palabras vacías. Esto se debe a que el hombre tiene un carácter corrupto y no es fácil practicar ningún aspecto de la verdad. Cada aspecto de la verdad se practica en medio de este carácter corrupto. Cuando practicas diversos aspectos de la verdad, las cosas que hay en tu carácter corrupto o las diversas revelaciones de tu carácter corrupto saldrán sin duda, y te impedirán ser una persona honesta, obedecer a Dios, y ser paciente y tolerante con los hermanos y hermanas. Si no las conoces, las diseccionas y profundizas en ellas, y confías tan solo en tu imaginación para practicar la verdad, esta práctica de la verdad no es genuina. Por tanto, independientemente de qué aspecto de la verdad estés practicando o de lo que estés haciendo, debes conocerte y entenderte a ti mismo en primer lugar. Este conocimiento y entendimiento de ti mismo es conocer cada una de tus palabras y acciones, tus movimientos, o tus propios pensamientos, propósitos, nociones e imaginación. Es incluso conocer tu propia filosofía de la vida recibida del mundo, o esas toxinas recibidas de Satanás, o el conocimiento y la cultura aprendidos en la escuela. Estas son las cosas que tienes que diseccionar. Como ves, después de que las personas empiecen a creer en Dios, cuando no entienden muchas cosas sienten que ya están viviendo en la palabra de Dios, y que ya están obedeciéndole y satisfaciendo en gran manera Sus propósitos. Eso es porque cuando no te ha pasado nada, puedes hacer cualquier cosa que se te diga y cumplir tu obligación sin dudar ni resistirte; o si la casa de Dios te usa para difundir el evangelio puedes hacerlo sin queja alguna y aceptar el sufrimiento; o si se te pide que corretees o hagas cualquier trabajo, estarás dispuesto a hacerlo. Estas cosas hacen que sientas que eres alguien que obedece a Dios y que está buscando genuinamente la verdad. Pero supón que alguien se pone serio contigo y te pregunta: “¿Eres una persona sincera? ¿Le obedeces de verdad a Dios? ¿Has logrado un cambio en tu carácter?”. Tan pronto como esto se toma en serio y se emplea la verdad para comprobar a cada persona, puede decirse que nadie es apto y que nadie puede practicar genuinamente conforme a la verdad. Es decir, la fuente de la conducta y de las acciones de las personas, así como la esencia y la naturaleza de las cosas que hacen pasan a ser condenadas cuando se confrontan con la verdad. ¿Cuál es la razón? Esto se debe a que el hombre no se conoce a sí mismo y siempre está usando sus propios métodos para creer en Dios y cumplir su deber. También está sirviéndose de sus propios métodos para servir a Dios y se siente lleno de confianza y razón, y al final siente que ha ganado mucho. Antes de saberlo, cree que está actuando de acuerdo con los propósitos de Dios y que los ha satisfecho por completo, que ha conseguido los requisitos de Dios, y que ya está obedeciendo Su voluntad. Puedes tener esos sentimientos o quizás hayas creído durante varios años y sientas que has obtenido algunas ganancias, pero cuanto más sea éste el caso más deberías volver delante de Dios para practicar la introspección de la forma adecuada: a lo largo de estos años transcurridos, si tus acciones delante de Dios obedecen del todo los propósitos de Dios, qué cosas se han resistido a Dios y cuáles lo han satisfecho, y si tu conducta ha satisfecho las exigencias de Dios o pueden satisfacerlas. Deberías estar diseccionando estas cosas.

Conocerte a ti mismo es: cuanto más sientes que lo has hecho bien y que has hecho lo correcto en determinado ámbito, que puedes satisfacer los propósitos de Dios en determinado ámbito, y que eres digno de alardear en dicho ámbito, te merece más la pena conocerte en estos ámbitos y profundizar en ellos para ver qué impurezas hay y qué cosas no pueden satisfacer los propósitos de Dios. Tomemos a Pablo como ejemplo. Era especialmente entendido y también ostentaba una posición elevada en el corazón de las personas. ¿Qué pensó, pues, después de completar mucha obra? Ya había una corona guardada para él. Si hubiera podido conocerse y diseccionarse a sí mismo a la luz de estas circunstancias, no habría dicho lo que dijo. Parte de su comportamiento externo y de su buena conducta, o algunas cosas que él imaginó que eran buenas, habían cegado su corazón y cubierto su verdadero rostro. Pero las personas no sabían esto, y si Dios no lo ponía de relieve, ellas seguían haciendo de Pablo su meta, su ejemplo, considerándolo como aquel a quien anhelaban asemejarse. Pablo era el objeto de su búsqueda así como de su imitación. Estas cosas sobre Pablo nos hacen una advertencia a cada uno de los creyentes: cuando sintamos que lo hemos hecho especialmente bien, o creamos que estamos dotados de un modo especial en algún aspecto, o sintamos que no necesitamos cambiar ni aceptar que se nos trate en algún aspecto, deberíamos intentar conocer más de nosotros mismos a ese respecto en particular. Esto se debe a que definitivamente no quieres profundizar en ámbitos que te parecen buenos, y no les prestarías atención ni las diseccionarías para ver si contienen cosas que se resisten a Dios. Supón que te consideras especialmente bondadoso, ayudas a los hermanos y las hermanas a diestra y siniestra cuando tienen problemas, les aconsejas y los animas cuando su familia se encuentra con dificultades, exhortas aquí y allá, y acudes a ayudar cada vez que algo le ocurre a la familia de alguien, aterrorizado de que existan problemas que otros no sean capaces de resolver. Eres especialmente bien intencionado, porque haces todo lo que puedes para ayudar a todos; ¿pero cuál es el resultado de toda esta ayuda? Has mantenido tu propia vida, sigues estando orgulloso de ello, y piensas: “Fíjate, soy tan benévolo. Ayudo a todo aquel que tiene problemas. Es lo que hace un verdadero creyente en Dios”. Estás muy contento de ti mismo y extremadamente satisfecho con tu comportamiento y con todo lo que has hecho. Crees que todas estas cosas que has hecho deben poder satisfacer el corazón de Dios, porque te crees muy bondadoso y benévolo, y nunca odias ni haces daño a nadie. ¿Qué piensas de esto? Tanta bondad y tanta benevolencia naturales de la persona se han convertido en su capital. Que estas cosas hayan llegado a ser su capital no parece ser un problema, pero ella da por sentado que esto es la verdad. Todo lo que hizo fue pura bondad humana y no buscó la verdad en absoluto, y todo lo que ha hecho fue en vano porque lo hizo delante de las personas y no de Dios, y además no lo practicó de acuerdo con las exigencias de Dios ni con la verdad. Todo lo que hizo no fue practicar la verdad ni la palabra de Dios, y tampoco fue llevar a cabo la voluntad de Dios. Más bien, estaba utilizando la bondad y el buen comportamiento del hombre para ayudar a las personas. En resumen, no buscó los propósitos de Dios en nada de lo que hizo ni actuó conforme a los requisitos de Dios. Por tanto, a los ojos de Dios, la buena conducta de las personas se condena y no se conmemora.

¿Entendéis lo que quiero decir con esto? ¿Por qué tuve que decirlo? Conocerte a ti mismo es especialmente importante para todos. No pienses que es tan sencillo. No se trata de conocer el comportamiento o la forma de hacer las cosas, sino de conocer la esencia del hombre y la fuente de su desobediencia. Como ves, después de que las personas aprenden algún conocimiento en la escuela, cuando leen las palabras de Dios tras creer en Él, cuando reciben la palabra de Dios o cuando conocen la verdad, dicho conocimiento, dichas doctrinas y dichas teorías les molestarán. Para las personas que han sido educadas bajo un determinado trasfondo social o cultural, estas cosas también resultarán con frecuencia en una molestia cuando practiquen la verdad en su creencia en Dios. ¿Cuáles son los conceptos tradicionales del pueblo chino? Las personas deberían ser buenos hijos con sus padres tal como enseñó Confucio. Si no eres un buen hijo con tus padres, eres un mal hijo. ¿No estáis todos adoctrinados así desde la niñez? Casi cada familia adoctrina así y las escuelas también lo están haciendo: que deberías respetar a los ancianos y apreciar a los jóvenes, ser un buen hijo para tus padres, así como algunas otras cosas. Toma como ejemplo la devoción filial. Después de que tu mente haya sido adoctrinada con esto, pensarás: “Ser un buen hijo para mis padres es más importante que cualquier otra cosa. Si no me comporto así con mis padres soy un sinvergüenza, una mala persona, un mal hijo, y se me condenará por no tener conciencia”. ¿Acaso no es esto lo que piensas? Eso es también lo que la sociedad y las familias enseñan. Cuando comienzas a creer en Dios, la verdad y Sus palabras no mencionarán estas cosas. ¿Qué exige la palabra de Dios como principio para tratar a los demás? Ama lo que Dios ama, odia lo que Dios odia. Es decir, las personas amadas por Dios que buscan realmente la verdad y que llevan a cabo la voluntad de Dios, son las personas a las que deberías amar. Aquellos que no llevan a cabo la voluntad de Dios, lo odian, le desobedecen, y son despreciadas por Él, son las personas a las que deberíamos despreciar y rechazar. Eso es lo que la palabra de Dios exige. Si nuestros padres no creen en Dios, entonces lo odian. Si odian a Dios, es evidente que Él los despreciará. Si se nos pide que los despreciemos, ¿podemos hacerlo? Si ellos pueden resistirse a Dios y maldecirlo, Él los aborrece y los maldice sin duda. Bajo estas circunstancias, si tus padres no te impiden creer en Dios, o si llegan al punto de impediros creer en Dios, ¿cómo los tratarás? Deberías actuar conforme a la exigencia de la palabra de Dios: “Ama lo que Dios ama, odia lo que Dios odia”. Además, durante la Era de la Gracia, el Señor Jesús dijo: “¿Quiénes son Mis hermanos, Mis padres y Mis hermanas? Sólo aquellos que hacen la voluntad de Mi Padre son Mis hermanos, Mis hermanas y Mis padres”. Este dicho ya existía en la Era de la Gracia, y ahora las palabras de Dios son incluso más apropiadas: “Ama lo que Dios ama, odia lo que Dios odia”. Estas palabras van directas al grano, pero las personas son a menudo incapaces de apreciar su verdadero sentido. Si Dios maldice a unas personas, pero éstas parecen ser bastante buenas en apariencia o se trata de tus padres o de familiares, podrías encontrarte con que eres incapaz de odiarlas, y tu trato con ellas podría ser incluso bastante íntimo y tu relación bastante estrecha. Cuando oyes esas palabras de Dios te disgustas, y eres incapaz de ser cruel y abandonarlas. ¿Por qué es esto así? Porque estás atado por conceptos tradicionales en tu interior. Piensas que si haces esto el cielo te castigará e incluso darás lugar a la ira celestial, la sociedad te rechazará y la opinión pública te condenará. Y el problema más realista es que estará sobre tu conciencia. ¿No es así? Esta “conciencia” procede de lo que tus padres te enseñaron desde la niñez o la influencia y la infección de la cultura de la sociedad, que planta tal raíz y tal forma de pensar en tu interior que no puedes practicar la palabra de Dios en amar lo que Dios ama y odiar lo que Dios odia. Pero en tu corazón sabes que deberías odiarlos y rechazarlos, porque tu vida procede de Dios y no te la dieron tus padres. El hombre debería adorar a Dios y tornarse a Él. Aunque digas esto y también lo pienses, sencillamente no puedes convencerte de ello ni ponerlo en práctica. ¿Sabéis lo que está ocurriendo aquí? Estas cosas te han atado profunda y firmemente. Satanás usa estas cosas para atar tus pensamientos, tu mente y tu corazón, de forma que no puedas aceptar las palabras de Dios. Estas cosas te han llenado por completo y las palabras de Dios no pueden encajar. Además, si tratas de practicar las palabras de Dios, estas cosas surtirán efecto en tu interior y entrarán en conflicto con las palabras de Dios y con Sus exigencias, incapacitándote para liberarte de esta cuerda y esta esclavitud. No puedes hacer nada con ello. Después de un período de lucha inútil transigirás. Algunas personas huirán de la lucha, pero otras lucharán un poco y después cederán. Piensan que los conceptos y los estándares tradicionales de moralidad todavía son lo que más importa y que las palabras de Dios pueden dejarse de lado por ahora, porque siguen viviendo en este mundo y tienen que confiar en esas personas. No pueden soportar las opiniones públicas ni la condenación de la sociedad —son incapaces de soportar estas cosas— de forma que preferirían escoger pecar contra Dios, abandonar la verdad y las palabras de Dios, y rendirse a la esclavitud de las opiniones públicas sociales o los conceptos tradicionales. ¿No son lastimosos los humanos? ¿No necesita la humanidad la salvación de Dios?

Algunas personas dicen: “Nuestras vidas vienen todas realmente de Dios. Si nuestros padres no creen en Él, en realidad no tienen nada que hacer con nosotros”. Al oír esto, algunas otras dirían: “Lo que has dicho no es correcto. ¡Lo que has dicho va en contra de la moralidad y del amor filial! ¿Qué clase de persona eres tú? Tu humanidad es lo más vil”. Por esta razón no nos atrevemos a romper esta esclavitud y estas costumbres comunes para permitir que nuestro corazón ame de verdad a Dios y lo acepte todo de Él. No tenemos esta valentía, tampoco tenemos esta confianza ni esta determinación. Por tanto, cuando alguien da ese primer paso y dice: “Mis padres no creen en Dios. Son demonios”, esto ya es muy notable. Algunas personas preguntarían: “Cuando tus padres mueran ¿los enterrarás?”. “Oh, por supuesto, sigo teniendo que enterrarlos. Aunque no vista la ropa tradicional de duelo, no ofrezca incienso ni me arrodille, sigo teniendo que enterrarlos y asistir al funeral. De lo contrario, me resultará muy difícil. Mis padres me trajeron al mundo. No he sido un buen hijo con ellos. Han disfrutado muy poco conmigo y sufrieron mucho a lo largo de su vida. Es como si ya no fuera un buen hijo, y si no los entierro ni acompaño en la última parte de su viaje, no me lo perdonaré”. ¿De dónde viene este “no me lo perdonaré”? ¿Quién te dio este pensamiento? ¿No es Satanás? ¿No son tus padres? ¿No es esta sociedad? ¿No es esta humanidad? Lo produce toda esta tradición y cultura corruptas. Si no fuera por la educación exhaustiva de esta cultura corrupta, la humanidad sabría que procede de Dios, que Él les dio la vida, y todo lo que tienen. Entenderían que deben dar gracias a Dios, y que si alguien, en especial sus padres, es bueno con ellos, deberían reconocer que eso viene de Dios. Si puedes renunciar a tus padres, o a tu propio marido, tu esposa, y tus hijos, eres relativamente fuerte y justo delante de Dios. Pero a cada persona le resulta muy difícil romper este estrato de educación, estas ideas y conceptos, y estos estándares de moralidad que vienen de la sociedad y de este mundo corrupto. También es muy difícil dar ese paso. Con el fin de evitar este dolor, o porque al parecer no pueden ponerlo en práctica, algunas personas evadirán esta realidad y no mencionarán esto. ¿Qué demuestra no mencionar esto? Demuestra que no estás dispuesto a obedecer la voluntad de Dios, a practicar la verdad. Si no eres alguien que practica la verdad y satisface a Dios, eres alguien que lo traiciona, lo abandona, y se opone a Él. ¿Podrá entrar la verdad si estas cosas y pensamientos existen en una persona? Como un contenedor que se ha llenado con cosas sucias, si quieres poner cosas limpias en él, ¿resultará fácil hacerlo? No, no lo será. Sólo al sacar las cosas sucias poco a poco, al sacarlas y limpiar el contenedor, es que se puede colocar las nuevas cosas en él. Por esta razón es especialmente importante que os conozcáis a vosotros mismos. No lo olvidéis. Si, independientemente de cuándo o dónde, o bajo qué entorno, podemos conocernos, profundizar y diseccionarnos, y podemos tratar esto como la cosa más importante, sin duda ganaremos algo y haremos que nuestro entendimiento de nosotros mismos sea poco a poco más profundo. Al mismo tiempo, también practicaremos la verdad, tendremos más y más de ella, y la realidad de la palabra de Dios será cada vez más nuestra vida. Pero si no has entrado en el conocimiento de ti mismo, o incluso si dices que estás practicando la verdad, será falso, porque son muchos los fenómenos que te ciegan en la superficie. Piensas que tu comportamiento es mejor, que eres más normal, amable y considerado que antes, que eres más tolerante, más paciente, y más perdonador hacia los demás que antes, por lo que crees que ya eres una persona muy buena, perfecta, estándar, normal. Pero desde la perspectiva de Dios, sigues estando muy lejos del estándar exigido por Él. Esto muestra que seguimos sin entender cuándo practicamos realmente la verdad, y cuándo no lo estamos haciendo en absoluto y sólo estamos cambiando nuestro comportamiento exterior. Muchas personas piensan ahora que su vida de iglesia es muy normal y que pueden ser mutuamente tolerantes cuando se llevan bien con los hermanos y hermanas, y lo hacen de forma especialmente armoniosa. Pueden interactuar con cualquiera y no entran en luchas ni discusiones, y pueden ser pacientes en todo y tratar las cosas de un modo correcto. Pueden llevarse muy bien con los hermanos y hermanas, sus vidas espirituales son especialmente normales, son especialmente diligentes cuando leen la palabra de Dios, y tienen un corazón que teme a Dios. Sin embargo, cuando emergen sus puntos de vista sobre muchas cosas, serán opuestos y contrarios a Dios. Por tanto, necesitamos buscar la verdad sobre cada aspecto de conocernos a nosotros mismos y buscar un conocimiento más profundo de nosotros mismos. Después de tal comunicación, ¿sentís que conoceros a vosotros mismos es bastante importante? Toma como ejemplo la piedad filial. Esto es una cosa muy importante que cada persona tiene que afrontar. Si puedes entender este asunto, renunciar y salir de este misterio, de estas ideas y de conceptos tradicionales, ¿cuánto tiempo pensáis que habríais estado luchando en vuestro corazón? ¿Con cuánta verdad tienes que equiparte y cuántas cosas tienes que experimentar antes de salir de esta lucha y practicar “Ama lo que Dios ama, odia lo que Dios odia” tal como Dios dijo? Debe haber un proceso, y quizás necesitemos que Dios establezca entornos para entrenarnos y permitirnos ver con claridad la imagen original y el verdadero rostro de estas personas, y descubrir el verdadero rostro de cada persona. O quizás necesitemos que Dios revele que somos realmente débiles y corruptos a este respecto y que existen realmente cosas que se resisten a Dios y son incompatibles con Él en nuestra mente. Dios tiene que hacer todo esto. Pero antes de que Él haga esto, o en circunstancias en las que no tenemos conciencia alguna de este asunto, debemos estar preparados y conocer las toxinas en nuestro interior, y las cosas que hemos recibido por medio de la educación, de la escuela y de la sociedad.

Acabamos de hablar de cómo tratar a los padres. ¿No es ésta una de las cosas más importantes en la vida de uno? ¿No es una de las cosas principales que cada persona debe afrontar en la vida? Es una cosa importante. La otra es: Si tienes hijos, ¿cómo los tratas? Lo importante en tu forma de tratar a tus hijos y a tus padres no es el método que uses, sino el punto de vista en tu corazón, y tu punto de vista y actitud al hacer estas cosas. Esto es lo que necesitamos conocer. Todo el mundo comienza a planificar tan pronto como tiene hijos: Quiero que mi hijo reciba esta clase de educación, que asista a esta universidad, y después que encuentre un buen trabajo, y tenga una base y un estatus estables en la sociedad. Es decir, lo primero que hay que tener en la vida es conocimiento, un grado académico, y después uno tendrá estatus y poder en la sociedad. De esa forma, tendrán capital vital a lo largo de sus vidas y poder en el mundo, lo que les facilitará la supervivencia y tener una vida estable. No tendrán que preocuparse por la comida, la ropa y el cobijo en el futuro. Así pues, cuando tengas hijos empezarás a hacer planes para ellos. Algunos ven que sus hijos tienen talentos musicales, por lo que los hacen aprender a tocar el piano, el violín, etc. Algunos ven que sus hijos tienen talento literario, por lo que los hacen leer más libros, escribir novelas, biografías. Algunas personas incluso van en busca de celebridades que eduquen a sus hijos, y se esfuerzan para que sigan la senda que han establecido para ellos. También las hay que piensan que sus hijos son especialmente guapos y hermosos, y planean que aprendan a bailar y actuar, o que sean directores, actores, cantantes o estrellas de cine. Ahora, el estatus de tales personas en la sociedad y en el mundo es especialmente elevado, sus ingresos son especialmente altos, y son especialmente el centro de atención. Es decir, todos esperan que sus hijos puedan tener éxito un día, y un lugar en la sociedad y en el mundo, y tengan unos ingresos estables o poder. Todas las personas tienen este punto de vista. ¿Es esperar que sus hijos puedan todos convertirse en los mejores el punto de vista correcto? Las personas esperan todas que sus hijos puedan tener éxito. Todos esperan que sus hijos puedan ir a una universidad famosa, cursar estudios avanzados, obtener un grado, y después destacar sobre los demás y tener un punto de apoyo firme en la sociedad. Todas las personas tienen este punto de vista y quieren que sus hijos busquen una educación más elevada por el dicho: “El valor de otras búsquedas es pequeño, el estudio de los libros las supera a todas”. Además, la rivalidad en esta sociedad moderna es especialmente intensa. Si no tienen un grado universitario ni un punto de apoyo firme en la sociedad, ganarse el sustento pasa a ser un problema en el futuro. Este es el pensamiento y el punto de vista de todos. Es decir, lo que aprendes y la clase de trasfondo educacional que puedes lograr decidirá tu sustento, tu futuro. En otras palabras, las personas pretenden apoyarse en esto para sobrevivir a lo largo de la vida, y lo ven como algo de especial importancia. Esa es la razón por la que todos ven que recibir una educación de alto nivel y entrar en una de las mejores universidades es lo más importante para sus hijos. En realidad, estas cosas, la educación y el conocimiento aceptados por las personas, estos contenidos e ideas, van todas en contra de Dios y de la verdad, y Él las aborrece y condena. ¿Cuál es el punto de vista de la humanidad? Los hombres no serán capaces de sobrevivir y tener un punto de apoyo estable en esta sociedad y el mundo si no tienen estas cosas, y serán inferiores, pobres y viles. Esa es la razón por la que, si alguien no tiene conocimiento, no es culto ni tiene un elevado nivel de educación a tus ojos, lo menospreciarás, lo tendrás en menos, mostrarás desprecio por él, y no te lo tomarás en serio. Si dejas que tus hijos hagan esto y los crías para hacer estas cosas, en primer lugar tu punto de vista y tu motivo no son correctos. Si criáis a vuestros hijos para estudiar y recibir una educación, elegiréis sin duda las profesiones e industrias más carentes entre las personas, porque tu objetivo es dar a tus hijos un buen futuro y que tengan trabajo, familia y perspectivas estables a lo largo de su vida. ¿Pero pensaste, tras ellos aceptar esa educación, en cuántas toxinas, cuántas ideas y teorías de Satanás se les inculcarán? No lo hiciste. La humanidad es tonta y no es consciente de ello. Lo único que sabes es que si tus hijos asisten a una de las mejores universidades serán estudiantes prometedores y traerán gloria a sus antepasados. Hasta que un día, tus hijos vuelven y les hablas de creer en Dios, y muestran aversión. Después de hablarles de la verdad, dicen que eres necio, se ríen de ti, y se burlan de lo que dices. En ese momento pensarás: “Oh, enviar a mis hijos a esas escuelas para que recibieran esa educación fue la senda equivocada. Escogí la senda errónea, pero es demasiado tarde para arrepentirse”. Para los seres humanos, una vez que estas ideas y puntos de vista son inculcados, echan raíces, y toman forma; no son algo que pueda eliminarse ni cambiarse de la noche a la mañana. No puedes revertir su situación ni su pensamiento, ni puedes eliminar las cosas que hay en sus ideas y sus puntos de vista. Nunca he oído decir a una persona: Cuando mis hijos van a la escuela sólo es para aprender algunas palabras, de manera que sean capaces de leer la palabra de Dios y entender qué significa. Más adelante, creerán en Dios de la forma adecuada y aprenderán una profesión útil. Si pueden tener un buen trabajo, se valdrán por sí mismos. Sería incluso mejor que fueran personas de buen nivel y también con buena humanidad, y la familia de Dios las escoge como líder o pueden cumplir su obligación en la casa de Dios. Si la familia de Dios no las usa, basta con que se ganen el sustento en el mundo y cuiden de su familia. El resto es dejarlos recibir lo que viene de Dios en la casa de Dios, y que la sociedad no los contamine ni los influencie. Las personas no tienen la confianza ni la valentía de traer a sus hijos delante de Dios. Una persona le pregunta a otra: “¿Cuántos años tiene tu hijo?”. Esta contesta: “Ocho, ya está en tercer curso”. “Si dejas que ellos crean en Dios de la forma adecuada, siguiéndote a ti, ¿no estaría resuelto su futuro? No hay necesidad de aceptar la educación de este mundo”. Reflexiona un momento: “Eso no servirá. Si no aceptan la educación, mi hija (o hijo) estará acabada. ¡No tendrán ninguna perspectiva de futuro!”. Es decir, cuando se trata de sus hijos, nadie está dispuesto a traerlos delante de Dios para aceptar por completo los puntos de vista y las ideas que Dios exige, o ser la clase de persona que Él requiere. Las personas no están dispuestas a hacer esto ni se atreven. Tienen un miedo profundo a que, si lo hacen, sus hijos no serán capaces de ganar un sustento ni de tener un futuro en la sociedad. ¿Qué representa este punto de vista? Representa y confirma que la humanidad no tiene interés, confianza ni fe genuina en la verdad ni en Dios. El corazón de los hombres sigue mirando a este mundo, y en su corazón siguen adorando a este mundo, y piensan que las personas que lo dejen no serán capaces de sobrevivir. Opinan que pueden seguir teniendo alimentos que comer, ropa que vestir y casas en las que vivir si dejan a Dios, pero que sin conocimiento y sin la educación de esta sociedad, estarán acabados y fuera de sintonía con esta sociedad. Y creen que eso sería un problema, y que no serían capaces de seguir viviendo si este mundo los rechaza y los elimina. No tienen la confianza de que si dejan este mundo, seguirán siendo capaces de sobrevivir sencillamente al confiar en Dios, y de que Él les dará una salida, una salida para que sigan viviendo. ¿Tienes este entendimiento? No tienes esta valentía, ¿verdad? En realidad, estas palabras no son para pedirte que practiques esto. Tan sólo es para decir que cuando no estás practicando o manejando estas cosas, esas ideas y esos puntos de vista ya están formados en tu interior y controlan cada una de tus palabras y tus actos. Después de tomar control de ti, pueden determinar lo que hagas en el futuro con respecto a estas cosas y cómo las manejas. ¿Por qué decir tales cosas ahora? Es para permitir que las personas sepan que estas ideas y estos puntos de vista se oponen a Dios, son una traición y un rechazo a Él, y son incompatibles con la verdad. Por tanto, cuando piensas que tienes gran fe y eres especialmente leal a Dios, y que tu amor por Él es especialmente fuerte, necesitas profundizar en las muchas cosas de tu interior que están sencillamente en contra de Dios y que Él aborrece. ¿No es esto digno de una profunda excavación? Si no decimos estas cosas, ¿no pensarán las personas que ya son santas, que ya tienen un profundo amor por Dios, y que ya tienen mucha fe en Él? ¿No es así? Pero una vez que son reveladas, pensarán: “Oh, ¿cómo es que somos así? ¿Por qué hay tales cosas dentro de nosotros? ¿Cuentan estas cosas como resistencia a Dios? No parecen resistirse a Dios”. ¿Dirías que estas cosas son la fuente de resistencia contra Dios?

Cada uno de tus movimientos, todo lo que haces, la dirección en la que lo haces, cuáles son tus metas, en realidad tus ideas y tus puntos de vista ya han determinado tus acciones y lo que vas a hacer. Algunas personas han disimulado bastante bien su exterior y no lo hacen, o lo ocultan bastante bien, lo empaquetan bastante bien y no lo hacen. En apariencia parecen bastante buenas y no puedes ver ninguna deficiencia que se resista a Dios ni dicen nada que lo haga; pero Él aborrece y odia las cosas que están profundamente arraigadas en la mente del hombre. Esto es lo que Dios quiere dejar al descubierto y lo que deberíamos entender. ¿Pero qué piensan a menudo las personas? Que no decimos nada que resiste a Dios, que somos muy puros y sensibles, y que no hay mucho en lo que ser puntillosos respecto a nuestra conducta, y el cumplimiento de nuestra obligación parece ser muy adecuado y apropiado desde fuera. En otras palabras, no hay problemas a los que buscarles reparos. ¿Qué seguimos necesitando conocer sobre nosotros mismos? ¿Seguimos necesitando conocernos a nosotros mismos? Esa es la razón por la que digo: Cuanto más sientas que eres bueno en cierto ámbito, más te merece la pena conocerte a ese respecto y más deberías llegar a conocerte y buscar la verdad. Esa es la fuente de estas palabras. Algunas personas piensan que son muy buenos hijos, y que a Dios le gustará sin duda la piedad filial, porque “La piedad filial es la ley del cielo y el principio de la tierra”. Ser un buen hijo demuestra que se tiene conciencia y que no se han olvidado los orígenes propios. Según las nociones tradicionales, esa persona es una buena persona, un buen hijo. Tan pronto como se habla de buenos hijos, todos deberían levantar el pulgar y nadie los maldeciría. Sólo los malos hijos son malditos, nunca los que son buenos hijos. A las personas y a los padres les gustan, por lo que uno piensa de forma natural que a Dios le gustan sin duda, y piensas con ilusión que a Dios le deben de gustar también, ¿verdad? Deberían de gustarle a Dios. ¡A Dios le gustan sin lugar a duda! Por tanto, cuanto más lo haces, más energía consigues, más crees que es algo natural, y más piensas que estás practicando la verdad. Involuntariamente llegas a sentir que ya posees el capital para satisfacer a Dios y recibir Su alabanza, Su gozo y Su aprobación. Pero cuando Dios dice que te estás resistiendo a Él, que lo estás traicionando, o que sigues siendo una persona que no ha logrado cambio alguno, te rebelarás contra Dios y te resistirás a Dios, dirás que Él está equivocado, y negarás Su palabra. Por tanto, antes de haber diseccionado estas cosas, ves que todas las personas pueden decir “Amén” a las palabras de Dios de la página, pero en la vida real nadie presta atención a ellas, nadie confronta cada cosa de su vida diaria ni todo lo que hace con las palabras de Dios. Se limitan a hablar las palabras de Dios, hablar sobre ellas, y ya está, a encontrar un lugar y un tiempo adecuados, a sacar las palabras de Dios, a recitarlas, a leerlas y a orar, a comunicar, y se acabó. En realidad, cuando realizas muchas cosas, no estás actuando conforme a las palabras de Dios ni a Sus exigencias. ¿De qué sirve, pues, que habléis sobre las palabras de Dios? No hay utilidad alguna. Dios no recibe ningún disfrute. Lo único que haces es sacar las palabras de Dios para leerlas, pero no las absorbes en absoluto ni tampoco las digieres. Muchas personas no dicen más que palabras doctrinales. Sólo son eso. Algunas personas dirían: “¿Cómo podrían ser las palabras de Dios de las que hablo tan sólo palabras doctrinales?”. Si no conoces la esencia de las palabras de Dios ni las practicas, y tampoco estás comunicando el conocimiento de ellas a partir de tus experiencias personales, esas pocas palabras de Dios de las que hablas sólo son palabras de doctrina. La palabra de Dios es la verdad, de eso puedes estar seguro. Sin embargo, sólo es la verdad cuando se convierte en tu vida y cuando te cambia. Si no te ha transformado en absoluto, para ti es doctrina. ¿Podéis entender lo que acabo de decir? Después de escuchar esto ¿sientes que se ha metido el dedo en la llaga? Dirías: “Si lo hago de esta forma, ¿no sería una herejía? ¿Acaso no son desconsideradas las exigencias de Dios hacia la humanidad?” Dime, ¿son elevados los estándares de las exigencias de Dios para la humanidad? En realidad no son elevados. Las personas piensan que lo son[a] a causa de sus emociones, porque su pensamiento y su cultura se han convertido en su vida y no pueden ser sacudidos. Dime ¿resulta más fácil limpiar un poco de polvo del cuerpo de alguien o extirpar un tumor de su interior? El polvo es fácil de limpiar. ¿A qué equivale el polvo aquí? En ocasiones, las personas desarrollarán algunas prácticas malas o malos hábitos, que son problemas de conducta y no cosas de su pensamiento. ¿Qué cosas hay en el interior de su pensamiento? Tanto en la sociedad como incluso entre los creyentes de Dios, se trata de las filosofías y los principios por los que viven, de su método de supervivencia, y hasta del fundamento de su existencia. Vives por estas cosas y confías en estas ideas para vivir. Ellas controlan cada una de tus palabras y tus acciones, tu vida, tus objetivos y tu dirección vitales. Estas son las cosas que merece la pena conocer. Cuando no podemos llegar a comprender ciertas cosas podemos dejarlas para más tarde, no profundizar en ellas en el momento ni obligarnos a pensar en ellas; pero cuando nos encontramos con algunas cosas que no podemos saber, tendremos cierta conciencia y Dios nos guiará.

Lo que quiero decir al comunicar sobre estas cosas es que conoceros a vosotros mismos es especialmente importante. Conocernos a nosotros mismos es llegar a saber cuáles de nuestras ideas y de nuestros puntos de vista se oponen a Dios, no son compatibles en absoluto con la verdad y no tienen la verdad. Como llegar a conocer la arrogancia de la humanidad, el farisaísmo, sus mentiras y su astucia; estos son los aspectos que hay dentro del carácter corrupto de la humanidad que son fáciles de conocer. Por ejemplo, si hablas de forma muy arrogante o si tu carácter es especialmente arrogante, sólo tienes que estar comunicado con la verdad unas cuantas veces, o con regularidad, o que los hermanos y hermanas te señalen tu situación. Una vez que se haya indicado, serás capaz de conocer un poco al respecto. Además, todos poseen arrogancia y astucia, sólo que en diversos grados. Sin embargo, las ideas y los puntos de vista de las personas no son fáciles de conocer. No son tan fáciles de conocer como la parte del carácter. Son cosas profundamente arraigadas. Por tanto, aunque tu comportamiento y tu conducta externa hayan conseguido un pequeño cambio, sigue habiendo muchas cosas en contra de Dios en tu pensamiento, tus nociones, tus puntos de vista, y la educación de la cultura tradicional que has recibido y que aún no has extraído. Estas cosas son la fuente profundamente arraigada de lo que causa tu oposición contra Dios. Como consecuencia, cuando Dios hace algo que no es compatible con tus nociones, o que no concuerda con el Dios de tu imaginación, te rebelarás y te resistirás. Por supuesto, al principio pensarás: “Ey, ¿por qué haría Dios esto? ¡Ah, todo lo que Él hace contiene la verdad, ¡por tanto yo debería ser obediente!”. Pero no importa cómo intentes obedecer ni lo que te digas a ti mismo: eres incapaz de ser obediente. ¿Por qué no puedes ser obediente? ¿Por qué puedes rebelarte y resistir? Es porque existen algunas cosas en tu pensamiento. Estas ideas y estos puntos de vista se oponen a Dios, a los principios de Sus acciones, y a Su esencia. Esta parte no es fácil de conocer. Independientemente de que estas cosas sean fáciles o no de conocer, ahora empezaremos a tratar sobre este aspecto. Un día te puede suceder algo de repente y puedes sentir que tienes nociones sobre Dios, sientes que Él no tendría que haber hecho esto, que si fuera Dios no lo habría hecho de esta forma, o que no habría pronunciado semejantes palabras; sientes que esto no era obra de Dios, que todo lo que Él hizo originalmente poseía la verdad, pero esto no; sin embargo, más adelante pensarás: “Esto no es cierto. En todo soy incapaz de saber que hay una verdad que buscar, y debería llegar a conocerme más. En mí se desarrollan ciertas ideas y ciertos puntos de vista que me dominan para que me resista a esta acción de Dios y a este aspecto de Su obra”. El propósito de comunicar esto ahora es ayudar a establecer un fundamento, de forma que cuando te suceda algo en contra de tu voluntad, o cuando la obra de Dios o Su palabra sean incompatibles con tus nociones, uses tu conocimiento de este aspecto para examinarte y practicar en consecuencia.

Ahora mismo hemos explicado cómo tratar a nuestros padres. Supón que un día quieres ser de verdad un buen hijo y sientes que les debes mucho, porque sufrieron mucho por ti a lo largo de su vida y fueron muy buenos contigo. Cuando te das cuenta de que tus padres han sido muy buenos contigo, descubrirás tu conciencia, o sentirás de repente que deberías permanecer a su lado y ser un buen hijo para ellos, de forma que puedan disfrutar de sus últimos años, disfrutar de más días de buena vida, y hacerlos más felices viviendo con sus hijos y dándoles alguna comodidad. Sientes que esto debería ser tu responsabilidad y obligación como hijo o hija. Cuando estés llevando a cabo esta obligación, ¿cómo te sentirás por dentro si Dios te pide algo, permite una prueba inesperada que te exige y te dice que no deberías hacer esto, sino adoptar como principio tu responsabilidad, tu fe en Dios, y las exigencias de Dios, o si Él te pide directamente que no seas un buen hijo para tus padres, o que no uses unos métodos concretos para ser un buen hijo y para tu trato con tus padres? Usarás lo que hay en el interior de tus ideas y tus puntos de vista para quejarte de Dios. Pensarás que esta forma de actuar de Dios es desconsiderada hacia ti y que no puede satisfacer tu corazón de hijo. Sientes que lo que estás haciendo está lleno de devoción filial, de humanidad y de conciencia; pero Dios no te dejará actuar según tu conciencia y tu corazón filial. En ese momento, te rebelarás y sentirás antipatía hacia Dios, aborrecerás la verdad, y la rechazarás. Digo todo esto con el propósito de permitir que las personas entiendan que la fuente y la esencia de la naturaleza desobediente de la humanidad proceden, principalmente, de sus ideas y de sus puntos de vista. Estas ideas y estos puntos de vista vienen de la educación que las personas reciben de la sociedad, de la familia, y de sus diversas culturas. Estas cosas infectan a las personas en el hogar, influyen en ellas en la sociedad, y las educan en la escuela, arraigándose poco a poco en ellas. Una vez arraigadas en profundidad en las personas, éstas confiarán en ellas para sobrevivir en la sociedad y entre otras personas. Antes de saberlo, pensarán que es natural actuar así y que es lo que deberían hacer. Pensarán que esta conducta es irreprensible, irreprochable, y necesaria para ser catalogados de ser humano verdadero. Si no hacen esto, sentirán que están desprovistos de conciencia, que traicionan a la naturaleza humana, que carecen de humanidad, y no serán capaces de aceptarlo. ¿No es, acaso, especialmente grande la distancia entre las ideas y los puntos de vista de la humanidad, y la verdad? Son dos direcciones diferentes. Lo que la humanidad quiere en sus propias ideas y sus puntos de vista, en el comportamiento de la humanidad, y en las metas que están persiguiendo está orientado al mundo, a las cosas de esta humanidad, a las cosas carnales. Lo que Dios requiere de la humanidad apunta al estándar de una naturaleza humana normal y a Dios. Tienen dos direcciones y dos objetivos distintos. Actuar de acuerdo con los objetivos y las exigencias de Dios hará que tu humanidad sea cada vez más normal. Pero si actúas conforme a tus ideas y a tus puntos de vista, cuando sientes que ya lo has hecho muy bien, y que te estás volviendo cada vez más realizado en esta sociedad, en este mundo, y en cada grupo de personas, cuando sientes que estás viviendo con mayor libertad, y te sientes cada vez más un miembro inequívoco de la humanidad, ‒en ese momento ya habrías violado por completo la verdad.

Cada persona que vive en el mundo real ha luchado a través de esta experiencia. No importa si eres culto. Por ejemplo, si una persona carece de educación, ¿tendrá menos cosas en sus ideas y en sus puntos de vista? No. ¿Qué creen en particular las mujeres chinas tradicionales? Las mujeres deben ayudar a sus maridos y criar a sus hijos, ser una esposa comprensiva y una madre amorosa. Lo que significa que deben dedicar y consagrar toda su vida a su marido y sus hijos. Además, cada mujer cree que esto es lo que debe hacer, de lo contrario no es una buena mujer y está traicionando la conciencia y los estándares de la moralidad. Incluso algunas que no pueden hacerlo bien, o que lo hacen según sus propios estándares, no serán capaces de vivir consigo mismas y pensarán que les han fallado a sus hijos y a sus esposos. Las tres comidas de sus maridos, limpiar aquí y allá, y su obligación en el hogar, todas estas cosas deben hacerse bien y especialmente bien. Este es, por supuesto el estándar de la sociedad respecto a una esposa comprensiva y una madre amorosa. Después de creer en Dios y si se te pide que cumplas con tu obligación, ¿habrá un conflicto entre ésta y ser una esposa comprensiva y una madre amorosa, modelo o estándar? Si quieres ser una esposa comprensiva y una madre amorosa, no serás capaz de dedicar todo tu tiempo a cumplir tu obligación. O si ser una esposa comprensiva y una madre amorosa entra en conflicto con cumplir con tu obligación, ¿cómo escogerás pues? Si eliges cumplir con tu obligación de la forma adecuada y ser responsable ante la casa de Dios, o hacer lo que puedas y ser completamente leal a Dios, debes dejar de ser una esposa comprensiva y una madre amorosa. ¿Qué pensarás entonces? ¿Qué clase de fluctuaciones habrá en tus pensamientos? ¿Acaso no pensarás de verdad que tienes una deuda con tus hijos? ¿De dónde proceden este sentido de deuda y de malestar? ¿Te sentirás incómoda cuando no cumplas de la forma adecuada tu obligación como ser creado? No estás incómoda, porque esto no forma parte de tus ideas y de tus puntos de vista. Así pues, cuando no cumples con tu obligación del modo apropiado, no sientes culpa alguna, porque tu conciencia no está equipada con esta cosa positiva. Entonces, ¿con qué estás equipada? Con ser una esposa comprensiva y una madre amorosa. Si no lo eres, no eres una mujer buena y decente. ¿No es este el estándar? Este estándar te ata, y provoca en ti una carga que te pesa cuando estás cumpliendo con tu obligación y crees en Dios. Si ser una esposa comprensiva y una mujer amorosa entra en conflicto con cumplir con tu obligación, o cuando ambas cosas tienen que llevarse a cabo al mismo tiempo, puedes elegir de mala gana cumplir con tu obligación o ser fiel a Dios, pero te sentirás incómoda en tu interior y sentirás una culpa mayor. Cuando no estés cumpliendo con tu obligación te quedarás en casa para servir a tus hijos o a tu marido, e intentarás cuidarlos más, aunque tu cuerpo físico tenga que padecer mayor sufrimiento. Que seas capaz de hacer esto sigue el impulso de una forma de pensar. ¿Pero hemos cumplido nuestras responsabilidades y obligaciones o nuestro deber delante de Dios? ¿Sentimos alguna culpa? ¿No hay culpa alguna? Cuando llevamos a cabo nuestro deber de una forma superficial, o cuando ni siquiera queremos cumplir con nuestra obligación, ¿sentimos alguna culpa o acusación? No hay ni un ápice de acusación. Esto se debe a que esto no forma parte del carácter corrupto de la humanidad ni de su humanidad. Por tanto, aunque puedas cumplir un poco de tu obligación, sigues estando realmente muy lejos de los estándares de la verdad y de Dios. ¿Qué harás cuando reconozcas estas cosas? ¿Seguirás siendo arrogante? ¿Cuál es el significado de las palabras de Dios “El Todopoderoso es la fuente de la vida del hombre” en las últimas partes de Sus declaraciones? Es para que podamos reconocer que nuestra vida y nuestra alma proceden, ambas, de Dios. No vienen de nuestros padres ni tampoco de esta humanidad, de esta sociedad ni de nuestra naturaleza, sino de Dios. Nuestros padres tampoco recibieron la vida de los suyos, sino de Dios. Que seamos capaces de creer en Dios es una oportunidad que Él nos da. Él la ordenó con anterioridad y también es Su gracia. Sencillamente, nuestro cuerpo de carne se apoyó en el cuerpo de carne de nuestros padres para nacer. Nuestros hijos hicieron lo mismo con el nuestro para venir al mundo, ¿pero cuál es su propio destino? ¿Quién controla su destino? Dios lo controla. Por esa razón no hay necesidad de que estés atado a nadie ni de que seas responsable ante nadie; tan sólo tienes que cumplir con tu obligación con Dios como ser creado. Esto es lo que la humanidad debería hacer por encima de todo. Es lo primero y primordial que la humanidad debería llevar a cabo. Si no cumples con tu obligación de la forma adecuada, no eres un verdadero ser creado. Otras personas podrían verte como una esposa comprensiva y una madre amorosa, un buen hijo o una buena hija, una buena ciudadana de la sociedad, un ama de casa muy buena, un marido o un hijo muy buenos. Pero delante de Dios, eres una persona que le desobedece, que no cumple en absoluto con sus propias obligaciones o deber. Eres una persona que ha aceptado el encargo de Dios, pero no lo ha completado. Dime, ¿tendrías peso delante de Dios? Una persona así es completamente inútil delante de Dios. Por muy bien que lo hagamos delante de otras personas, por mucha alabanza y aprobación que recibamos de ellas, por muy elevados que sean nuestros estándares morales en la sociedad, y por muy elevados y bien formados que sean nuestras ideas, nuestros conceptos y las cosas que aprendimos de la sociedad, o por muy bien que los hayamos obedecido, esto no significa que estemos practicando la verdad, que estemos adorando a Dios ni que seamos un ser humano creado con una humanidad normal. Sólo indica que somos personas que no tenemos a Dios en nuestro corazón y que no lo adoramos. ¿Es semejante persona el objeto de la salvación? ¿Cuán lejos está alguien así de los estándares de Dios? Está demasiado lejos como para medirlo. ¿No son bastante deplorables el estatus que el hombre tiene ahora mismo y las cosas que ocupan su corazón? ¿Merece la pena alardear de ello? ¿Sirve de algo estar orgulloso de ello? Cada cosa que existe en nuestros corazones se opone a Dios. Esto incluye a aquellas que en nuestra opinión son buenas, y hasta las que ya nos parecen positivas. Hemos enumerado estas cosas como la verdad, como la humanidad normal, y como cosas positivas, pero desde Su perspectiva, Dios las aborrece. Dime, ¿a cuánta distancia estamos de la verdad de la que Dios habla? Es algo inconmensurable. Por consiguiente, debemos conocernos a nosotros mismos a partir de nuestras ideas, de nuestros puntos de vista y de nuestras acciones respecto a la cultura y la educación que hemos recibido. Merece la pena que profundicemos en cada cosa y la diseccionemos en profundidad. Algunas cosas proceden de los entornos sociales, otras de la familia, de las escuelas, y de los libros, mientras que las hay que también pertenecen a nuestras imaginaciones y nociones. Estas cosas son las más aterradoras, porque atan y controlan nuestras palabras y nuestras acciones, nuestra mente y nuestros motivos, nuestros propósitos y nuestras metas a la hora de hacer las cosas. Si no extraemos estas cosas, nunca aceptaremos del todo las palabras de Dios en nosotros ni las exigencias de Dios sin reserva, ni las pondremos en práctica. Mientras estén dentro de ti tus propias ideas y tus puntos de vista, y las cosas que parecen correctas, nunca aceptarás por completo y sin reservas las palabras de Dios ni las practicarás en su forma original. Sin duda las procesarás en tu corazón y las practicarás. Haces las cosas así y también ayudas de esta forma a otros, y añades un poco de las cosas de la humanidad y un poco de las cosas de Dios. Después piensas: Bien, he practicado la verdad. Entiendo, lo tengo todo. ¿No es deplorable la situación de la humanidad? ¿No es aterradora? Estas cosas no pueden explicarse con detenimiento ni con claridad en una o dos palabras. Por supuesto, hay más cosas en la vida, como esas toxinas que hemos resumido antes —centenares de ellas— y todos las han visto y han entendido las palabras. ¿Pero, cómo las cotejas contigo mismo? ¿Cómo practicas? ¿Estás afectado por estas toxinas también en estos aspectos? ¿También piensas de esta manera? ¿Te apoyas también en estos principios cuando haces las cosas? Esto requiere que ahondes y analices en comparación con tus propias experiencias. Supón que nos limitamos a leer un poco acerca de estas toxinas, o que sólo les echamos un vistazo, o pensemos solamente un poco en ellas, y después de un tiempo las dejamos de lado. Sólo leemos las palabras de Dios sin una base y las ponemos en nuestra mente, diga lo que diga una sección de las palabras de Dios y, mientras practicamos, sólo nos atenemos a la letra y a las doctrinas de esa página. Y pensamos: “Eso es todo, he practicado la verdad. ¡Es así de fácil!”. ¿Acaso es tan fácil? ¿Tan simple? La humanidad tiene vida y es una cosa viviente. Las cosas se han arraigado profundamente en su mente, y en sus acciones, aflorarán sin duda, porque se han convertido en la vida de las personas. Es decir, siempre que hagas algo, tendrás un punto de vista y un principio que dominan la forma en que lo vas a hacer y la dirección en que lo estás llevando a cabo. Cuando actúes, sabrás si de verdad tienes estas cosas. Por supuesto, cuando te sientas aquí y buscas tus propias ideas y tus puntos de vista, pensarás que no pareces tener nada que se oponga a Dios. Todo es bastante bueno, y también eres muy sincero, fiel, y leal. También cumples con tu obligación de buen grado y haces bien en erogar y renunciar a cosas por Dios. ¡No está mal! ¡No todo está mal! Pero si Dios está siendo verdaderamente serio contigo, te pide de forma personal que hagas algo o contempla cómo te comportas cuando te sucede algo que viene de Él, tus ideas y tus puntos de vista se derramarán como el agua cuando se abran las compuertas. No serás capaz de controlarlas ni de cubrirlas. No puedes evitarlo. Aunque las odies o luches con ellas, seguirán vertiéndose, y todo lo que se derrama son cosas que se resisten a Dios. Dices: “¿Cómo es posible que no pueda controlarme? ¿Por qué me estoy resistiendo a Dios cuando no quiero hacerlo? No quiero juzgar a Dios ni deseo tener nociones sobre esto que Dios hizo, ¿cómo es posible que yo siga teniendo estas nociones?”. En este momento, deberías llegar a conocerte. Conocer cuáles son las cosas en ti que se están resistiendo a Dios, y cuáles se están oponiendo o actuando de forma contraria a la obra que Dios ha hecho y que está haciendo en la actualidad. ¿Qué piensas respecto a conocer las cosas de esta forma? Puedes ver que cuando estamos en la escuela, todos recibimos esta clase de educación que nos enseña de dónde vienen los seres humanos. ¿Acaso no conocemos esto todos? Evolucionamos de los simios. ¿Cuándo empezaste a ser consciente de que no desciendes de los primates? Desde que empezaste a creer en Dios. ¿De verdad estás seguro, después de creer en Dios, de que no evolucionaste de los simios? ¿De dónde procedes, pues? No puedes estar seguro ni puedes creer en este hecho, es decir, tienes dudas respecto a este hecho tal como está registrado en la Biblia, y adoptas una actitud de espera. ¿No es ese el caso? Dudas de esta declaración, piensas que es una teoría, una doctrina, y no crees que sea una realidad. Dios creó al hombre, pero algunas personas tienen dudas en su corazón: Dios creó al hombre, ¿pero cómo lo hizo? ¿Qué usó Dios para crear al hombre? Usó polvo para formarlo. ¿Pero cómo formó Él al hombre? ¿Cómo es que nunca lo he visto? Si no lo he visto no lo creo. Como Dios dice que es así, lo creeré temporalmente por ahora. En realidad no están seguros de ello en su corazón. Cuando Dios afirmó que Él creó al hombre, que el hombre procede de Él, y que Él le dio vida, ¿ves cómo progresa paso a paso? Al principio, Dios aseveró que Él creó al hombre, que éste vino de Dios, y que sus pecados fueron perdonados; después, en esta etapa, Dios reveló incluso misterios más profundos, y explicó que la humanidad pasa por la reencarnación y el nuevo nacimiento, y que la vida y el alma del hombre le fueron dadas por Dios y proceden de Dios. Esta es la verdad. Pero siempre que veas este aspecto de la verdad, como no crees en estas palabras, usarás tus ideas y tus puntos de vista para medir estas cosas: “Si la humanidad no evolucionó de los simios y vino de Dios, ¿cómo lo hizo? ¿Cómo le suministró Dios la vida a la humanidad? ¡La humanidad abarca a tantas personas! ¿Será Dios capaz de manejarla?”. ¿Lo ves? ¿Acaso no está usando esta humanidad su cerebro, sus puntos de vista y el poder dentro del ámbito de sus capacidades de medir a Dios? Piensan que, como máximo, una persona sólo tiene tres cabezas y seis brazos, así que ¿cómo de grandes podrían ser las capacidades de Dios? ¿Serán unas capacidades mayores que esta? De no ser así, ¿por qué se le llamaría “Dios”? Si no lo sabes, pensarás que Dios no puede tener ese poder o esa sabiduría y autoridad para crear al hombre, para soplar un simple aliento o pronunciar una palabra y hacer existir a la humanidad. No crees que esto sea una realidad ni que sea la verdad. Cuando dudes esto, te resistirás a estas palabras de Dios. Dices que no lo crees, pero la verdad es que hay una condición y actitud de resistencia dentro de ti. Tan pronto como Dios pronuncie estas palabras, no estarás dispuesto a escuchar, sentirás aversión en tu corazón, y no dirás “Amén”, porque hay cosas e historias en tu interior. Si no lo crees, no responderás “Amén” a estas palabras de Dios. Pero en realidad, no necesitamos mirar simplemente cómo creó Dios al hombre, cuándo lo hizo ni quién lo vio; sólo creerlo si alguien lo vio y negarlo si nadie lo vio ni da testimonio de ello. Esa no es la fuente. ¿Cuál es la fuente? Dios ha pronunciado ahora muchas palabras. Desde el principio hasta el final, ha estado llevando a cabo Su obra de gestión del hombre y Su obra de salvación del hombre en medio de la humanidad. Desde el principio hasta el final, sólo hay un Dios que obra, que habla, que enseña y que guía a la humanidad. Este Dios existe, y ahora ya lo hemos visto cara a cara, lo hemos oído hablar, hemos experimentado Su obra, hemos comido y bebido Sus palabras, y hemos aceptado Sus palabras en nosotros para que se vuelvan vida. Y ahora estas palabras también nos están cambiando. Este Dios existe de verdad y, por tanto, tenemos razones para creer —y deberíamos creer— que todo lo que Dios afirma es verdad y deberíamos reconocer, como dijo Dios, la realidad de que “Él creó a la humanidad”, y de que creó inicialmente a Adán y Eva. Como crees que este Dios existe y has venido ahora delante de Él, ¿sigues necesitando confirmar que la obra de Jehová es la obra de este Dios? Si nadie puede confirmarlo y nadie lo vio, ¿no lo creerás? O respecto a la obra de la Era de la Gracia, ¿no crees que Jesús fue la encarnación de Dios porque nunca lo viste? Si no oíste hablar personalmente a este Dios presente ni lo viste obrar o encarnarse en la carne, ¿no lo creerás? Si no vieras estas cosas o si no hubiera testigos que las confirmen, ¿no creerías tampoco en Él? Esto se debe al falso punto de vista que las personas tienen en su interior. Es un error que muchas personas cometen. Tienen que verlo todo personalmente, y si no lo hacen, no lo creerán, pero para el momento en que lo ves, todo es demasiado tarde. Ahora que hemos visto estas palabras de Dios y oído Su voz, es suficiente para que sigamos creyendo y caminando, y para que nos hagan creerlo todo, cada palabra y toda la obra que procede de Dios. No hay necesidad de que sigamos examinando cosas. ¿No es esa la clase de racionalidad que las personas deberían tener? Nadie estaba allí para presenciar cuando Dios creó a la humanidad, pero ahora Él se ha hecho carne para hablar, salvarnos, y llevar a cabo concretamente Su obra, caminar entre las iglesias y obrar en medio de la humanidad. ¿No han visto esto muchas personas? Nadie es capaz de verlo, pero seguimos convirtiéndonos en Sus creyentes. ¿Por qué crees, pues, en Él? ¿No crees solamente en Él, porque sientes que este es el camino verdadero y la obra de Dios? Entonces puedes seguir diciendo: “En esta etapa de la obra de Dios, lo oímos hablar, y también sentimos y vimos las palabras de Dios. Es cierto que estas palabras vinieron de Dios. Pero con respecto a la obra de Jesús al ser clavado en la cruz, no tocamos Sus marcas de los clavos; ¿acaso creo entonces que Él fue crucificado?”. O puedes decir: “Con respecto a la obra de Jehová Dios y a las leyes que Él promulgó durante la Era de la Ley, no las oí. Sólo Moisés las oyó y escribió los Cinco Libros de Moisés, pero no sé cómo los escribió”. ¿Cuál es el error cometido por esta clase de persona? Es la misma equivocación que cometieron los israelitas cuando dijeron: “¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?”, o “No escucharemos si Dios habla por medio de Moisés, debemos oírlo personalmente de Jehová Dios”. O es como cuando las personas dijeron durante la Era de la Gracia que no creyeron, porque no vieron personalmente con sus propios ojos a Jesús crucificado ni resucitado de los muertos. Un apóstol llamado Tomás insistió en tocar las marcas de los clavos de Jesús. ¿Qué le dijo el Señor Jesús? (“Bienaventurados los que no vieron, y creyeron”). ¿Por qué “bienaventurados”? ¿Realmente no vio nada? Cuando las personas vieron muchos hechos que ya demostraban que Jesús es Dios, deberían de haber creído entonces. Jesús no necesitó realizar más señales y maravillas ni hablar más palabras, y las personas no necesitaron sentir Sus marcas de los clavos para confirmar que fue clavado a la cruz antes de creer que Él era Dios. El error cometido por estas personas fue el mismo que el de Tomás. En la iglesia existe un buen número de personas así. ¿Qué tienen que ver para creer en la encarnación de Dios? “Sólo creeré después de que el cuerpo encarnado se haya ido, cuando haya ascendido al tercer cielo, y yo haya visto Su verdadero rostro y Su persona real. No creeré en Él por las palabras que diga o cuando Él esté en la carne”. En el momento en el que creas, todo será demasiado tarde, y será cuando Dios te condenará. Como ves, el Señor Jesús dijo: “Tomás, eres una persona de poca fe. Los que creen sólo después de haber visto no son tan bienaventurados como los que creen cuando no han visto”. Estas palabras implican que él ya ha sido condenado: Tú me has seguido durante todo este tiempo, pero sigues sin creer. ¿Qué clase de creyente eres tú? Esto no tiene nada que ver con ser o no bendecido. Significa que si no crees, no recibirás; sólo si crees recibirás. ¿Únicamente puedes creer algo si Dios te lo muestra personalmente, te permite verlo, y te convence? Como ser humano, ¿qué cualificaciones tenemos para pedirle a Dios que se nos aparezca de manera personal? ¿Qué cualificaciones tenemos para hacer que Dios nos hable personalmente a nosotros, seres humanos corruptos? ¿Y qué cualificaciones tenemos para necesitar que Dios nos explique todo con claridad antes de que creamos? Ninguna. Por tanto, si eres racional, creerás después de ver estas palabras que Dios dijo. Si de verdad tienes fe, no importa lo que Dios haga o diga. En su lugar, tu corazón creerá al cien por cien que Dios lo dijo o lo hizo, al ver que estas palabras son la verdad, y ya estarás indudablemente preparado para seguir a Dios hasta el final. Las personas que están llenas de dudas son demasiado astutas. Sencillamente no pueden creer. Siempre están intentando entender estos misterios y sólo creerán después de entenderlos por completo. Su condición previa para creer en Dios es: ¿Cómo se hizo carne Dios? ¿Cuándo vino Él? ¿Cuánto tiempo se queda Él antes de tener que marcharse? ¿Dónde va después de marcharse? ¿Cuál es el proceso de Su marcha? ¿Cómo obra el Espíritu de Dios en la carne y cómo se marcha el Espíritu?… Quieren entender algunos misterios. Están aquí para investigar misterios, no para buscar la verdad. Piensan que no serán capaces de creer en Dios si no entienden estos misterios. Es como si se les impidiera creer en Dios y, simplemente, no pueden hacerlo. El punto de vista de una persona así es un problema. Una vez que quieren investigar misterios, no les molesta prestar atención a la verdad ni atender a las palabras de Dios. ¿Piensas que esas personas se conocen a sí mismas? No es fácil para ellas conocerse a sí mismas. Si intentas decírselo, se opondrán a lo que dices. Pensarán que eres necio y que ellos son inteligentes. Piensan: “¡Eres tan insensato! ¿Él dice un par de palabras y tú crees en Él? Ni siquiera ha hecho nada ni tú has visto nada, ¿y aun así has confirmado que Él es Dios? ¿Cómo puedes ser tan estúpido? Deberías ser como yo. Deberías ser tan inteligente como yo. Eres demasiado insensato, tan ingenuo como un niño de tres años, al que se engaña con un par de caramelos. Yo soy maduro. Tengo experiencia social y ninguna cosa pequeña me engañará”. Están llenos de sí mismos debido a su experiencia y a su ingenio. ¿Es buena una persona así? ¿Qué hay de malo en ella? No estamos determinando su fin. En la actualidad no podemos determinar cómo será alguien en el futuro ni los cambios que pueden ocurrir en ese intervalo. Como mínimo, estas ideas y estos puntos de vista retrasarán su crecimiento en la vida. Estas ideas y estos puntos de vista están obstaculizándolos y afectarán a su conocimiento de la verdad y a su entrada en ella. Por esta razón es tan peligrosa una situación semejante. No estamos condenando a ningún tipo específico de persona, sino que estamos hablando sobre esta situación, sobre lo que les ocurrirá a estas personas, o sobre cuál es su esencia o situación. Por supuesto, es posible que las personas que no entienden mucho ahora tengan unos pensamientos así, y que profundicen en algunas palabras, en algunos misterios, en algunas cosas pequeñas escondidas en recovecos, y en algunos problemas que las personas no ven. Pero quizás un día, Dios las esclarecerá, o los hermanos y hermanas las ayudarán a menudo, y podrían cambiar de parecer. Cuando llegue el día en que lo hagan, pensarán que sus antiguos puntos de vista eran demasiado absurdos y arrogantes. Pensarán que se veían demasiado grandes delante de Dios, y se sentirán avergonzados.

Notas al pie:

a. El texto original dice “Es”.