Testigos por Cristo de los Últimos Días

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39. ¿Cuáles son las diferencias entre el cambio de carácter y el buen comportamiento?

Palabras relevantes de Dios:

Una transformación en el carácter tiene que ver, principalmente, con una transformación en tu naturaleza. La naturaleza no es algo que puedas ver a partir de conductas externas; la naturaleza implica directamente el valor y el sentido de la existencia de las personas. Implica directamente los valores de la vida humana, las cosas que están en lo profundo del alma, y la esencia de las personas. Si las personas no pudieran aceptar la verdad, no sufrirían transformaciones en estos aspectos. Sólo si aquellos que experimentan la obra de Dios han entrado plenamente en la verdad, si han cambiado sus valores y sus perspectivas sobre la existencia y la vida, se han vuelto de las mismas opiniones que Dios, y son capaces de someterse y dedicarse totalmente a Dios, puede decirse que sus caracteres han cambiado. Puede que parezca que estás haciendo algún esfuerzo, podrías ser fuerte frente a las dificultades, podrías ser capaz de llevar a cabo las disposiciones de la obra de arriba, o podrías ser capaz de ir allí donde se te diga que vayas; sin embargo, éstos sólo son pequeños cambios en tus acciones y no son suficientes para ser una transformación en tu carácter. Podrías ser capaz de transitar muchas sendas, de sufrir muchas dificultades y de soportar una gran humillación; podrías sentirte muy cerca de Dios, y que el Espíritu Santo está obrando en ti, pero cuando Dios te exige que hagas algo que no se conforma a tus nociones, sigues sin someterte, buscas excusas y te rebelas contra Dios y te resistes a Él, incluso hasta el punto de que le culpas y protestas contra Él. ¡Esto es un grave problema! Esto demuestra que sigues teniendo una naturaleza que se resiste a Dios y que no te has transformado en lo más mínimo.

de ‘Lo qué debes saber sobre cómo transformar tu carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

¿Qué sabéis sobre los cambios en el carácter? Las esencias de los cambios en el carácter y en la conducta son diferentes, y los cambios en la práctica también lo son; todos ellos son distintos en esencia. En su creencia en Dios, la mayoría de las personas hacen especial hincapié en la conducta, como resultado de lo cual se producen cambios en ésta. Después de creer en Dios, dejan de enfrentarse a los demás, dejan de luchar con las personas y de insultarlas; dejan de fumar y de beber, no roban ninguna propiedad pública —ya sea un clavo o una tabla de madera—, y hasta llegan tan lejos como no acudir a los tribunales cuando sufren pérdidas o son ofendidas. Sin duda, se producen algunos cambios en su conducta. Y es que, después de creer en Dios, aceptar el camino verdadero las hace sentirse especialmente bien; como también han probado la gracia de la obra del Espíritu Santo, son particularmente fervientes, y no hay nada que no puedan abandonar o hacer. Pero al final —después de haber creído durante tres, cinco, diez o treinta años—, al no haberse producido cambio alguno en su carácter vital, resbalan y vuelven a caer en los antiguos caminos, crece su arrogancia y su soberbia y empiezan a luchar por el poder y los beneficios, codician el dinero de la iglesia, hacen cualquier cosa que sirva a sus intereses, ansían estatus y placeres, se vuelven parásitos de la casa de Dios. En particular, la mayoría de los líderes son abandonados. ¿Y qué demuestran estos hechos? Los cambios únicamente de conducta son insostenibles. Si no hay una alteración en el carácter de las personas, tarde o temprano su lado malvado se pondrá de manifiesto. Como la fuente de los cambios en su conducta es el fervor, acompañado por alguna obra realizasa por el Espíritu Santo en ese momento, resulta extremadamente fácil para ellas ser fervientes o buenas durante un tiempo. Como afirman los incrédulos: “Hacer una buena obra es fácil, lo difícil es llevar toda una vida de buenas obras”. Las personas son incapaces de hacer buenas obras durante toda su vida. La vida dirige su conducta; tal como es su vida, así es su conducta, y sólo aquello que se revela de forma natural representa la vida y la naturaleza de una persona. Las cosas falsas no pueden perdurar. Cuando Dios obra para salvar al hombre no lo hace para adornarlo con una buena conducta; la finalidad de la obra de Dios consiste en cambiar el carácter de las personas, en hacerlas nacer de nuevo como nuevas personas. Así pues, el juicio, el castigo, las pruebas de Dios y Su refinamiento del hombre tienen, todos ellos, el fin de cambiar su carácter, de forma que pueda lograr una obediencia absoluta y una fe total en Él, así como la adoración normal hacia Él. Éste es el objetivo de la obra de Dios. Comportarse bien no es lo mismo que obedecerlo, y mucho menos equivale a ser compatible con Cristo. Los cambios de conducta se basan en la doctrina y nacen del fervor; no se basan en el verdadero conocimiento de Dios ni en la verdad, y menos aún se apoyan en la dirección del Espíritu Santo. Aunque hay ocasiones en las que el Espíritu Santo dirige algo de lo que las personas hacen, esto no es la expresión de la vida; tampoco es lo mismo que conocer a Dios. Por muy buena que sea la conducta de una persona, no demuestra que ésta obedezca a Dios ni que ponga en práctica la verdad. Los cambios en la conducta son una ilusión momentánea, la manifestación del celo, pero no son la expresión de la vida. […] Las personas pueden comportarse bien, pero eso no significa necesariamente que posean la verdad. El fervor de las personas sólo puede hacer que se ciñan a la doctrina y sigan la norma; las personas que carecen de la verdad no tienen forma de resolver los problemas sustanciales, y la doctrina no puede sustituir a la verdad. Los que han cambiado sus caracteres son diferentes. Tienen la verdad en su interior, poseen discernimiento en todos los asuntos, saben cómo actuar de acuerdo con la voluntad de Dios, con los principios de la verdad, cómo hacer para satisfacer a Dios, y entienden la naturaleza de la corrupción que revelan. Cuando sus propias ideas y conceptos se manifiestan, son capaces de discernir y abandonar la carne. Así es como se expresa un cambio en el carácter. Lo principal respecto a esto es que las personas tienen tanto verdad como claridad y, cuando llevan a cabo las cosas, ponen en práctica la verdad con relativa precisión y su corrupción no se revela tan a menudo.

de ‘La diferencia entre los cambios externos y los cambios en el carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Los que no poseen la verdad no han tenido en absoluto un cambio en el carácter. Esto no significa que en alguien que tenga mucha experiencia en el ejercicio de su humanidad se producirá necesariamente un cambio en el carácter; es probable que esto ocurra cuando algunos de los venenos satánicos en la naturaleza de una persona cambien debido a su conocimiento de Dios y su entendimiento de la verdad. Es decir, esos venenos se limpian y la verdad expresada por Dios echa raíces en la persona, se convierte en su vida y en el fundamento de su existencia. Sólo entonces se convierte ella en una nueva persona y, por tanto, su carácter cambia. Con esto no quiero decir que su carácter externo sea más manso que antes, que solía ser arrogante, pero ahora sus palabras son razonables; que no solían escuchar a nadie, pero ahora pueden escuchar a los demás. No se puede decir que estos cambios externos sean cambios en el carácter. Por supuesto, los cambios de carácter incluyen estas situaciones, pero lo más fundamental es que su vida interior ha cambiado. La verdad expresada por Dios se convierte en su propia vida, algunos de los venenos satánicos se han eliminado de su interior, la perspectiva de la persona ha cambiado por completo y nada de esto está en línea con la del mundo. La persona ve claramente las argucias y los venenos del gran dragón rojo; ha comprendido la verdadera esencia de la vida. Por tanto, los valores de su vida han cambiado; éste es el cambio más fundamental y la esencia de un cambio en el carácter. ¿En base a qué vivían las personas antes de eso? Todas ellas viven para sí mismas. Cada uno salva su propio pellejo; éste es el resumen de la naturaleza humana. Se cree en Dios para uno mismo, y se obtienen bendiciones con el mismo fin. Desechar cosas por Dios, erogarse uno mismo por Él y serle fiel, todo esto se hace para uno mismo. En resumen, todo tiene el propósito de ganar bendiciones para uno mismo. En el mundo, todo es para beneficio personal. Se cree en Dios para lograr bendiciones, se echa todo fuera para obtenerlas y se puede soportar mucho sufrimiento con el fin de conseguirlas. Todo esto es una prueba empírica de la naturaleza corrupta del hombre. Sin embargo, el cambio en el carácter es diferente. Cómo debería vivir con sentido, cómo cumplir las obligaciones de una persona para ser digna de ser llamada humana, cómo adorar a Dios, cómo obedecerlo y satisfacerlo a Él; la persona cree que éste es el fundamento de ser una persona y su obligación, de acuerdo con los principios inalterables del cielo y de la tierra. De lo contrario, no será digna de ser llamada humana, no tendrá sentido y estará llena de vacío. Las personas deberían vivir con el fin de satisfacer a Dios, de cumplir bien su obligación y de vivir una vida con sentido, de manera que incluso cuando mueran, estarán satisfechas sin el más mínimo remordimiento, y no habrán vivido en vano. Al comparar estos dos tipos de situaciones, vemos que la última es una persona cuyo carácter ha cambiado y, al haberse modificado su carácter vital, su perspectiva sobre la vida también lo hizo sin duda. Con diferentes valores, nunca más vivirá para sí misma y su creencia en Dios nunca tendrá el propósito de obtener bendiciones para sí misma. Podrá decir: “Después de conocer a Dios, ¿qué es la muerte para mí? Conocer a Dios me ha permitido vivir una vida con sentido. No he vivido en vano y no moriré con remordimientos; no tengo quejas”. ¿No es ésta una perspectiva cambiada sobre la vida? Por tanto, la causa principal de un cambio en el carácter de uno es tener la verdad dentro y poseer conocimiento de Dios; la perspectiva propia sobre la vida ha cambiado y los valores no son los mismos de antes. El cambio comienza desde el interior y desde la vida; sin duda no es tan sólo un cambio externo. Después de creer en Dios, algunos nuevos creyentes han dejado atrás el mundo secular; cuando se encuentran con incrédulos no tienen nada que decir, y rara vez se reúnen con sus familiares y amigos, y los incrédulos dicen: “Esta persona ha cambiado de verdad”. Así que piensan: “Mi carácter ha cambiado realmente; los incrédulos dicen que he cambiado”. ¿Ha cambiado realmente su carácter? No lo ha hecho. Estos cambios son tan sólo externos. No ha habido cambio en su vida, y su vieja naturaleza sigue arraigada en ellos, completamente intacta. En ocasiones, el fervor se ha apoderado de las personas por la obra del Espíritu Santo; tienen lugar algunos cambios externos y hacen algunas buenas obras. Pero esto no es lo mismo que los cambios en el carácter. No posees la verdad, tu visión de las cosas no ha cambiado; ni siquiera es diferente de la de los incrédulos, y tus valores y perspectiva sobre la vida no se han alterado. Ni siquiera tienes un corazón que venera a Dios, que es lo mínimo que deberías poseer. Nada podría estar más lejos de los cambios en tu carácter.

de ‘La diferencia entre los cambios externos y los cambios en el carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

La fe en Dios no significa que Él te exija ser una buena persona, ser alguien de buen comportamiento, que se rige por la ley, o alguien incapaz de pensar por sí mismo o de usar su propio cerebro. Las personas solían pensar que los cambios en el carácter procedentes de la creencia en Dios significaban ser una persona decente, tener alguna semejanza humana externa, una buena educación y ser paciente o parecer piadoso, cariñoso, dispuesto a ayudar a los demás y caritativo. En pocas palabras, significaba ser la clase de buena persona que existía en sus conceptos y en su imaginación. Esto es similar a cómo existen personas en el mundo que afirman: “Si eres rico, deberías dar a los pobres o los mendigos”. Se podría decir que estas clases de ideas existen en todos y cada uno de los conceptos de las personas; todas tienen estas clases de cosas, y es un tipo de veneno. Para las personas que creyeron en Dios antes, no hubo nadie que explicara este tipo de asunto con claridad, y todas estaban poco familiarizadas con las cuestiones de creer en Dios. Esto no quiere decir que las personas puedan entender estas cosas justo después de nacer ni tampoco que las puedan comprender tras unos años de creer en el cristianismo. Esto se debe a que antes, Dios mismo no lo había explicado del todo ni había llevado a cabo ninguna obra en este aspecto. Así, muchas personas creían que la creencia en Dios no era más que unos pocos cambios de conducta, de pensamiento, y en los propios actos externos; hasta las había que creían que la fe en Dios significaba sufrir muchas dificultades, no comer buenos alimentos ni vestir buena ropa. En Occidente, por ejemplo, hubo una monja católica (el catolicismo es también una religión; para las monjas, también es una clase de fe) que pensaba que creer en Dios implicaba sufrir más durante su vida, comer menos alimentos buenos, no permitirse disfrutar tantas de las mejores cosas de la vida, dar dinero a los pobres o necesitados cuando lo tenía, o también hacer más buenas obras, ser más caritativa hacia las personas y más útil para los demás. A lo largo de toda su vida no hizo otra cosa sino sufrir, y no se permitió comer ningún buen alimento ni vestir ropa buena. Cuando murió, lo que llevaba puesto no costaba más de dos dólares; sus gastos diarios para vivir tampoco ascendía a más de unos pocos dólares. Es probable que su historia apareciera como noticia general o importante por todo el mundo. ¿Y qué demuestra esto? A los ojos de la humanidad, sólo alguien así es una persona buena y afable, en opinión de la comunidad religiosa sólo alguien así hace obras de bondad y buenas obras, sólo alguien así ha cambiado, y tiene verdadera fe en Dios. Y, por tanto, es posible que vosotros no seáis diferentes: pensáis sin duda que creer en Dios y tener fe está relacionado con ser una buena persona. ¿Y qué clase de persona? Alguien que no pelea con otros ni los maldice, ni dice palabrotas, que no hace cosas malas, que parece creer en Dios; algunas, además, afirman ser una persona que glorifica a Dios.

[…]

Dios desea salvar al hombre, Él ha pronunciado muchas palabras y ha realizado mucha obra; ¿cómo desea Él, pues, que sean las personas? Él desea que sus pensamientos sean guiados por la verdad, y que ellas vivan sus vidas por las consignas de la verdad. Él no te pide que seas tan irreflexivo como una muñeca, y mucho menos quiere que seas tan tranquilo como un vegetal, desprovisto de cualquier emoción normal. En su lugar, desea que seas una persona normal que ama lo que Él ama, y odia lo que Él odia, que puede deleitarse en lo que Él se deleita, y desprecia y rechaza lo que Él desprecia. […] Por esto os digo que no sabéis lo que quiere decir cambios en el carácter. Simplemente os ponéis límites en vuestro comportamiento, en vuestras acciones externas y en vuestro temperamento y carácter. Será imposible que, de esta forma, consigáis cambios en vuestro carácter. ¿Dónde dice en las palabras de Dios: “Deberíais poneros límites, vigilar vuestras palabras, controlar vuestras emociones, y guardar vuestro temperamento; deberíais tener la precaución de no exponer vuestros seres naturales, y conteneros en la ropa que compráis y vestís”? ¿Ha dicho Él alguna vez semejantes palabras? Incluso donde se alude a tales cosas, éstas no son el meollo de Sus palabras ni las verdades principales que dan lugar a cambios en el carácter de las personas. La mayor parte de las palabras de Dios habla de la esencia corrupta del hombre, de cómo conocer la esencia corrupta del hombre, de cómo puede el hombre conseguir cambios en su carácter, de cómo puede conocer verdaderamente su esencia corrupta, y de cómo puede liberarse de su carácter corrupto para actuar según las exigencias de Dios y ser alguien según el corazón de Dios, y que satisface Su deseo. Si entendéis esto, ¿seguiréis poniendo vuestros esfuerzos en actos externos? ¿Seguirás preocupándote por estos asuntos superficiales? Por tanto, si no entiendes el significado de los cambios en el carácter, nunca comprenderás la esencia de los mismos, y nunca conseguirás dichos cambios en tu carácter. Algunos que acaban de venir de la religión, en particular, tienen que llevar a cabo por completo la transferencia de la ceremonia y el pensamiento religiosos, así como los puntos de vista en su mentalidad y su perspectiva hacia la creencia en Dios; siguen intentando ser espirituales, piadosos y pacientes, ser alguien naturalmente decente, que ama hacer el bien y dar a otros. ¡Esto es totalmente incorrecto!…

Un cambio en el carácter no alude a cambios en ceremonias o normas, y no se refiere de forma particular a cambios de forma de vestir, en tus actos superficiales, en tu carácter o en tu temperamento. No consiste en cambiar tu temperamento más tranquilo por uno más nervioso o viceversa; o convertir a un introvertido en un extrovertido o en alguien a quien le gusta hablar; o convertir a alguien que ama hablar en una persona tranquila. No es así; ¡eso está muy lejos y es muy distinto de las exigencias de Dios! […] resulta que cuando Dios hace que las personas cambien su carácter, primero hace que se conozcan a sí mismas, su propia esencia corrupta y extraigan su raíz, se esfuercen en ello y descubran su fuente.

de ‘Qué son los cambios en el carácter y la senda que lleva a ellos’ en “Registros de las pláticas de Cristo”