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¿Cuál es la diferencia entre un buen siervo y un siervo malvado?

Las palabras relevantes de Dios:

La obra de un obrero calificado puede llevar a las personas al camino correcto y permitirles profundizar en la verdad. La obra que hace puede llevar personas delante de Dios. Además, la obra que hace puede variar de individuo a individuo y no está sujeta a reglas, permitiéndoles a las personas libertad y liberación. Además, pueden crecer poco a poco en la vida y progresivamente profundizar en la verdad. La obra de un obrero no calificado se queda demasiado corta; su obra es necia. Sólo puede llevar a las personas a las reglas; lo que demanda de las personas no varía de individuo a individuo; no obra de acuerdo a las necesidades actuales de las personas. En este tipo de obra hay demasiadas reglas y demasiadas doctrinas y esto no puede llevar a las personas a la realidad o a la práctica normal del crecimiento en la vida. Sólo les puede permitir apoyar unas cuantas reglas inútiles. Este tipo de guía sólo puede liderar a las personas a que se descarríen. Te guía para que te vuelvas como él; te puede llevar a lo que él tiene y es.

de ‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

Los que sirven a Dios deben ser íntimos con Él; deben ser agradables para Dios y ser capaces de mostrar lealtad absoluta hacia Dios. Independientemente de si actúas a espaldas de las personas o delante de ellas, eres capaz de obtener el gozo de Dios delante de Él, de mantenerte firme delante de Él, e independientemente de cómo te traten otras personas, siempre caminarás por tu propia senda, y consideras la responsabilidad de Dios. Sólo así se es un íntimo de Dios. Que los íntimos de Dios sean capaces de servirle directamente se debe a que se les ha dado la gran comisión de Dios y la carga de Dios, a que son capaces de tomar el corazón de Dios como suyo y la carga de Dios como suya, y no analizan si ganan o pierden perspectiva: aun cuando no tengan expectativas ni obtengan nada, siempre creerán en Dios con un corazón amoroso. Por tanto, este tipo de persona es un íntimo de Dios. Los íntimos de Dios son también Sus confidentes; sólo estos podrían compartir Su inquietud, y Sus necesidades, y aunque su carne es dolorosa y débil, son capaces de soportar el dolor y abandonar lo que aman para satisfacer a Dios. Dios da más cargas a esas personas y lo que Él hará se expresa por medio de ellas. Así, estas personas son agradables para Dios, son siervos de Dios según Su corazón y sólo ellos pueden gobernar junto a Él.

de ‘Cómo servir en armonía con la voluntad de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Cada uno de vosotros, como personas que servís, debéis ser capaces de defender los intereses de la iglesia en todas las cosas que hagáis, en vez de mirar por tus propios intereses. Es inaceptable actuar por separado, donde tú lo minas y él te mina. ¡Las personas que actúan de esta manera no son aptas para servir a Dios! El carácter de este tipo de persona es tan malo; ni una onza de humanidad permanece en ellas. ¡Son cien por ciento Satanás! ¡Son bestias! Incluso ahora cosas como esta todavía ocurren entre vosotros, yendo tan lejos como para atacaros entre vosotros durante la comunicación, buscando pretextos intencionalmente, sonrojándoos todos discutiendo por alguna pequeña cosa, ninguna persona dispuesta a hacerse a un lado, cada persona escondiendo lo que hay dentro de la otra, viendo a la otra parte fijamente y estando en guardia. ¿Puede este tipo de carácter corresponder al servicio a Dios? ¿Puede tal obra como la vuestra dar provisión a los hermanos y hermanas? No sólo eres incapaz de guiar a las personas a un correcto curso de vida, de hecho inyectas tus caracteres corruptos en los hermanos y hermanas. ¿No estás lastimando a los demás? ¡Tu conciencia es tan mala, podrida hasta la médula! No entras a la realidad y no pones la verdad en práctica. ¡Además expones desvergonzadamente tu naturaleza demoniaca a las demás personas, en lo absoluto conoces la vergüenza! Los hermanos y hermanas te han sido confiados pero los llevas al infierno. ¿No eres una persona cuya conciencia se ha podrido? ¡Eres totalmente desvergonzado!

de ‘Sirve como lo hicieron los israelitas’ en “La Palabra manifestada en carne”

Muchas personas detrás de Mí codician la bendición del estatus, se dan atracones de comida, aman dormir y prestan toda la atención a la carne, siempre temerosos de que no haya salida de ella. No desarrollan su función normal en la iglesia y comen gratuitamente, o amonestan a los hermanos y hermanas con Mis palabras, se exaltan y tratan con prepotencia a los demás. Estas personas siguen diciendo que están haciendo la voluntad de Dios, siempre dicen que son los íntimos de Dios, ¿no es esto absurdo? Si tienes las motivaciones correctas, pero eres incapaz de servir de acuerdo con la voluntad de Dios, estás siendo insensato; pero si tus motivaciones no son correctas, y sigues diciendo que sirves a Dios, eres alguien que se opone a Dios, ¡y deberías ser castigado por Él! ¡No tengo simpatía por tales personas! En la casa de Dios comen gratuitamente, y siempre codician las comodidades de la carne, y no consideran los intereses de Dios; siempre buscan lo que es bueno para ellos, no prestan atención a la voluntad de Dios, el Espíritu de Dios no escudriña todo lo que hacen, siempre están maquinando y tramando contra los hermanos y hermanas, y tienen dos caras, como un zorro en una viña, siempre robando uvas y pisoteando la misma. ¿Pueden ser tales personas los íntimos de Dios? ¿Eres apto para recibir las bendiciones de Dios? No asumes responsabilidades para tu vida y la iglesia, ¿eres apto para recibir la comisión de Dios? ¿Quién se atrevería a confiar en alguien como tú? Cuando sirves así, ¿podría atreverse Dios a confiarte una tarea mayor? ¿No estás retrasando las cosas?

de ‘Cómo servir en armonía con la voluntad de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Servir a Dios no es una tarea sencilla. Aquellos cuyo carácter corrupto permanece inalterado no pueden servir nunca a Dios. Si tu carácter no ha sido juzgado ni castigado por la palabra de Dios, entonces tu carácter aún representa a Satanás. Esto es suficiente para probar que tu servicio a Dios surge de tu buena intención. Es un servicio basado en tu naturaleza satánica. Tú sirves a Dios con tu temperamento natural y de acuerdo con tus preferencias personales; lo que es más, sigues pensando que Dios se deleita en lo que sea que deseas hacer y odia lo que sea que no deseas hacer, y eres guiado completamente por tus propias preferencias en tu labor. ¿Puede esto llamarse servir a Dios? En última instancia, tu carácter de vida no cambiará ni un ápice; más bien, te volverás aún más obstinado porque has estado sirviendo a Dios, y esto hará que tu carácter corrupto se arraigue profundamente. De esta manera, tú desarrollarás reglas en tu interior sobre el servicio a Dios que se basan principalmente en tu propio temperamento y en la experiencia derivada de tu servicio según tu propio carácter. Esta es una lección de la experiencia humana. Es la filosofía de vida del hombre. Personas como estas pertenecen a los fariseos y a los funcionarios religiosos. Si nunca se despiertan y se arrepienten, finalmente se convertirán en los falsos Cristos que aparecerán en los últimos días y que serán los engañadores de los hombres. Los falsos Cristos y engañadores de los que se ha hablado surgirán de entre esta clase de personas. Si aquellos que sirven a Dios siguen su propio temperamento y actúan con base en su propia voluntad, entonces están en peligro de ser expulsados ​​en cualquier momento. Aquellos que aplican sus muchos años de experiencia al servicio de Dios con el fin de ganarse el corazón de los demás, para sermonearlos, dominarlos, y enaltecerse a sí mismos, y ​​que nunca se arrepienten, nunca confiesan sus pecados, nunca renuncian a los beneficios de su posición, estas personas caerán delante de Dios. Son personas del mismo tipo que Pablo, que presumen de su antigüedad y hacen alarde de sus calificaciones. Dios no traerá a este tipo de personas a la perfección. Este tipo de servicio interfiere con la obra de Dios. A las personas les encanta aferrarse a lo viejo. Se aferran a las nociones del pasado, a las cosas del pasado. Este es un gran obstáculo para su servicio. Si no puedes desecharlas, estas cosas acabarán con tu vida entera. Dios no te elogiará en lo más mínimo; ni siquiera si te rompes las piernas mientras corres o si te quiebras la espalda a causa de tu labor, ni siquiera si eres martirizado en tu servicio a Dios. Muy por el contrario: Él dirá que eres un hacedor del mal.

de ‘La forma religiosa de servicio debe prohibirse’ en “La Palabra manifestada en carne”

Cualquiera que no entienda el propósito de la obra de Dios está contra Él, y aún más aquellos que conocen dicho propósito pero no buscan satisfacer a Dios. Los que leen la Biblia en grandes iglesias la recitan cada día, pero ninguno entiende el propósito de la obra de Dios. Ninguno es capaz de conocer a Dios; además, ninguno es conforme al corazón de Dios. Son todos hombres inútiles, viles, que se ponen en alto para enseñar a Dios. Aunque blanden el nombre de Dios, se oponen voluntariamente a Él. Aunque se etiquetan como creyentes en Dios, son los que comen la carne y beben la sangre del hombre. Todos esos hombres son diablos que devoran el alma del hombre, demonios líderes que molestan deliberadamente a aquellos que tratan de entrar en el camino correcto y piedras de tropiezo que obstruyen la senda de los que buscan a Dios. Aunque son de “cuerpos robustos”, ¿cómo van a saber sus seguidores que son anticristos que llevan al hombre a oponerse a Dios? ¿Cómo van a saber que son diablos vivientes que buscan especialmente almas para devorar?

de ‘Todos los que no conocen a Dios son los que se oponen a Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿Cuál es la diferencia entre un buen siervo y un siervo malvado?

Fragmentos de sermones y comunicaciones para referencia:

Los líderes y obreros de la iglesia en todos los niveles pueden clasificarse en tres categorías. Es más apropiado describirlos como siervos leales, siervos traidores y siervos malvados: El primer tipo puede obedecer verdaderamente la obra de Dios, puede hacer su mejor esfuerzo por proteger la obra de Dios mientras lleva a cabo sus deberes, puede dejar todo atrás para esforzarse para Dios y puede exaltar y dar testimonio de Él. Sólo este grupo de personas está verdaderamente en busca de la verdad, busca ser perfeccionado y entra en la clasificación de los siervos leales de Dios. El segundo tipo carece por completo de la realidad de la verdad, es incapaz de proteger la obra de Dios mientras lleva a cabo sus deberes, no maneja los asuntos de acuerdo con los arreglos de la obra, hace lo que quiere y se comporta imprudentemente, actúa de acuerdo con sus preferencias carnales, trata a las personas con base en sus emociones, no acata los principios de la verdad, se le dificulta practicar la verdad y a menudo intenta hacer tratos con Dios. Toman la senda del anticristo y son clasificados como siervos traidores. El tercer tipo es arrogante y engreído, busca el estatus y es ambicioso. Siempre quieren controlar al pueblo escogido de Dios, tratar con prepotencia a los demás y reprimir y discriminar a quienes no están de acuerdo con ellos. Coaccionan, atan y entrampan al pueblo escogido de Dios, luego tratan de utilizar su poder para controlar al pueblo escogido de Dios y para establecer su propio reino independiente. Son clasificados como personas malvadas de la misma calaña que los falsos líderes y los anticristos; es decir, siervos malvados. […]

[…] El Espíritu Santo obra en aquellos cuya humanidad es buena y que también aman la verdad. Los que no tienen una buena humanidad y no aman la verdad carecen de la obra del Espíritu Santo. Alguien con una humanidad traicionera, despiadada e insidiosa, es una persona malvada que, por supuesto, es clasificada como un siervo malvado. Los siervos malvados son los enemigos de Dios y objetos de Su condenación y castigo. Describir a estos tres tipos de líderes y obreros como siervos leales (como los conservadores de los que hablan los no creyentes), siervos traicioneros (como los funcionarios judiciales traicioneros de los que hablan los no creyentes) y siervos malvados (como la escoria que traiciona al país y se cambia al bando enemigo, de la que hablan los no creyentes) es muy conveniente, muy apropiado. Aquellas personas que son clasificadas como siervos leales son más honestas, tienen una conciencia y sensatez, y defienden la obra de Dios en todas las cosas mientras llevan a cabo su deber. Son obedientes y leales a Dios. Todos esos líderes y obreros son objeto de la salvación y perfección de Dios. Aquellas personas que son clasificadas como siervos traicioneros no aman la verdad, no están dispuestas a buscar la verdad y no muestran verdadera obediencia a Dios. Al cumplir su deber, hacen lo que quieren. Tratan a las personas con base en sus emociones y no son justas ni razonables. Al servir a Dios se resisten a Él, siguen la carne y hacen las cosas sin principios, intentando, incluso, hacer tratos con Dios. A veces pueden traicionar a la verdad y a Dios e, incluso, trabajar en contra de los intereses de la casa de Dios, sin salvaguardar la obra de Dios en lo más mínimo. Personas como estas se clasifican como siervos traicioneros, igual que los funcionarios judiciales traicioneros de los que hablan los no creyentes. […] Por supuesto, todos los siervos traicioneros se clasifican como líderes y obreros falsos. Sin embargo, algunos líderes y obreros falsos son de buena humanidad y son completamente capaces de arrepentirse y cambiar. Deben ser tratados con amor y se les debe dar otra oportunidad para ejercer. No obstante, los siervos malvados son todos líderes falsos y anticristos que tienen una naturaleza demoniaca. Por supuesto, todos los siervos malvados se clasifican como personas malvadas. Poseen la naturaleza y esencia del diablo, razón por la cual estas personas malvadas son capaces de hacer todo tipo de mal y reprimen y persiguen brutalmente al pueblo escogido de Dios. Hacen todo lo que está en sus manos por perturbar e interrumpir la obra de Dios y se oponen a Dios en todas las cosas, como si carecieran totalmente de sentimientos. Su corazón es duro y obstinado. ¿No es esto ser un enemigo de Dios? Los siervos malvados son insalvables. Por lo tanto, la casa de Dios debe expulsar a cualquier líder falso y anticristo de naturaleza demoniaca. No hay cabida para la reconciliación.

de ‘Someterse verdaderamente a la obra de Dios para entrar en la realidad de la verdad’ en “Anales selectos de los arreglos de la obra de la Iglesia de Dios Todopoderoso”

Si quienes sirven realmente tienen la habilidad, los que están debajo se moverán en coordinación con ellos: habrá una atmósfera general tanto de tensión como de armonía llena de vitalidad y la vida de la iglesia florecerá con cada día que pase. No habrá negatividad ni rezago. La justicia emergerá y todos los miembros de la iglesia trabajarán en sintonía; estarán unidos en sus esfuerzos. Todos podrán dar testimonio de Dios y lo exaltarán. Este es el mejor resultado. Si la iglesia todavía está sin vida y la mayoría de las personas son negativas, esto prueba que tu dirección no tiene camino. La vida de la iglesia es como un carruaje y el líder es como el caballo de ese carruaje. Si el caballo sirve a su propósito, entonces el carruaje puede avanzar. Se mueve cuando se debe mover y corre cuando debe correr. Nada lo puede detener. Cuando una persona está verdaderamente calificada para servir a Dios, todas las dificultades se pueden resolver dondequiera que ella vaya; puede hablar con las personas y guiarlas a través de cualquier problema que tengan y señalarles el camino. Llena de placer a las personas, como si les hubiera quitado la carga de los hombros. No importa lo difícil que sea la situación de un lugar, si se queda ahí unos cuantos días y junta a las personas para unas cuantas reuniones, el corazón de estas se alegrará. Se llenarán de energía cuando entiendan la verdad y su negatividad se resolverá por completo. La lucha de la carne se apaciguará y la vida de la iglesia tomará la senda correcta. Una persona que realmente sirve a Dios puede ver claramente las deficiencias de los demás, sabe qué tipo de sustento necesitan las diferentes personas, sabe por dónde comenzar y cómo resolver por completo los problemas. No importa si es un creyente nuevo o antiguo, si es joven o viejo, si lidera o sigue, esa persona puede proveerlos por completo. Todos sus problemas pueden resolverse y puede comunicarse con todas las personas. Para aquellos que son verdaderamente capaces de servir a Dios, la comunicación de la verdad no tiene reglas; no hacen esto de memoria, sino que hablan considerando todos los aspectos y desde todos los ángulos. Pueden explicar las cosas con diferentes expresiones y reunir todo tipo de hechos y las personas de todas las clases entenderán y cosecharán los beneficios. A todo el mundo le gusta estar con las personas que verdaderamente sirven a Dios; están dispuestos a abrir su corazón y a comunicarse con ellos, los respetan y están dispuestos a hacer amistad con ellos y a tener una conversación franca con ellos. Si todos te tienen miedo y se esconden de ti, entonces estás en problemas. Un gato negro que se cruza por tu camino es un mal augurio. Aquellos cuyo corazón está alineado con la voluntad de Dios siempre están en la iglesia, caminando entre los objetivos de su trabajo, viviendo y comiendo con las personas, y hablando con las personas durante la noche. Cuando les confían un trabajo, las exhortan una y otra vez; tienen miedo de no hacerlo bien y nunca tratan con frialdad a las personas. Saben que abandonar el lugar de trabajo es abandonar el deber. Aquellos que abandonan a las personas para las que están trabajando son, simplemente, unos vividores. ¿Es posible resolver todas las dificultades prácticas sin ponerse en contacto con los líderes y trabajadores del nivel básico que coordinan contigo? ¿Se puede hacer sin experimentar profundamente la vida de la iglesia en un nivel básico? ¿Puede haber algún resultado sin una comunicación franca? ¿Puedes dejar de hacer tu trabajo antes de que tu voz esté ronca? ¿Sigues llevando a cuestas tu carga cuando no tienes fuego en tu corazón? Si no has perdido peso, ¿realmente estás trabajando duro? Aquellos que se enfocan en lo que comen y visten, ¿le dan realmente importancia al fruto de su trabajo? ¿Pueden tomarse en serio la voluntad de Dios? ¿Realmente pueden hacer un buen trabajo si sólo entran en contacto con unas cuantas personas que son conforme a su corazón mientras evitan a las que no? ¿Acaso no son parásitos que buscan una vida fácil, cómoda y agradable?

Aquellos que realmente son capaces de servir a Dios saben lo que les falta; se pueden equipar y compensar sus deficiencias en cualquier momento, al tiempo que también comunican la verdad para dar sustento a los demás. Aún más, se enfocan en entrar en la verdad ellos mismos y en conocerse a sí mismos más profundamente. Se pueden proteger de ser arrogantes, santurrones y de alardear, y también están dispuestos a abrir su corazón, a dejar que otros vean sus debilidades y deficiencias. Por lo tanto, su comunicación es sincera y auténtica, sin falsas pretensiones. Las personas confiarán en ellos, los respetarán y obedecerán la verdad que transmiten. Aquellos que realmente sirven a Dios entienden la obra del Espíritu Santo y saben lo que viene de su propia experiencia y lo que viene del esclarecimiento del Espíritu Santo. Tienen un corazón que reverencia a Dios y no son ni arrogantes ni jactanciosos. No menosprecian a los demás porque tienen la obra del Espíritu Santo, sino que son más considerados hacia los demás, cuidan de los demás y ayudan a los demás. Prefieren sufrir para que los demás puedan ser felices. Entienden las dificultades que las personas sufren y también entienden profundamente cuán doloroso es para una persona que no tiene la verdad caer en las tinieblas. Además, entienden los placeres que produce ser esclarecido por el Espíritu Santo y están dispuestos a compartir tal esclarecimiento con los demás, así como la felicidad que trae. No toman tener la obra del Espíritu Santo como capital de disfrute. Disfrutan la obra del Espíritu Santo y son considerados con la voluntad de Dios. Están dispuestos a resolver las dificultades y el dolor de los demás y a transmitirles el gozo que obtienen de la obra del Espíritu Santo con el fin de satisfacer a Dios. Pueden cooperar proactivamente con la obra del Espíritu Santo, mostrar absoluta consideración por la voluntad de Dios y renunciar a su propio deleite con el fin de satisfacer a Dios. Rechazan las bendiciones del estatus, no buscan un trato especial, sirven a Dios piadosa y respetuosamente y hacen su deber lealmente. Sólo las personas que sirven a Dios de esta manera actúan de conformidad con la voluntad de Dios.

Para servir de acuerdo con la voluntad de Dios, primero hay que pasar por cambios en el propio carácter de vida. Después del cambio, la persona puede comenzar a servir formalmente. Se necesitan unos cuantos años de experiencia y sin la verdad no pueden lograrse buenos resultados. Sin embargo, si las personas auténticamente entienden el verdadero significado del servicio, sabrán cómo hacer bien sus deberes, porque entienden profundamente que hacer el propio deber es suministrar a los demás la verdad, el camino y la vida que ellas han obtenido de la obra de Dios y dar a la iglesia su experiencia, conocimiento de Dios y la luz revelada por el Espíritu Santo para que otros lo puedan compartir, y para que todos puedan lograr cambios en su carácter de vida, lleguen a conocer a Dios, obedezcan a Dios, sean leales a Dios y sean ganados por Dios. No consiste en equiparse a sí mismas con el conocimiento de la verdad y enseñarles a los demás letras y doctrinas para mostrar cuán inteligentes son. Hacer el propio deber es preocuparse por los demás, ayudarlos, ser considerado con ellos y cuidarlos con amor hacia Dios; cuidar a los demás por encima de uno mismo, pensar siempre en los demás, hacer todo teniendo a la Iglesia en mente, preferir sufrir con el fin de que más personas ganen la vida y sean salvas y pagar cualquier precio para que las personas puedan entender la verdad y dedicarse a Dios para satisfacer la voluntad de Dios. No es enorgullecerse basándose en el propio estatus ni aferrarse a los deleites de la carne sin considerar cuánto están sufriendo los hermanos y hermanas o, simplemente, satisfacer el propio deseo de comer, beber y buscar el placer al tiempo que se abandonan los beneficios de los hermanos y hermanas. Algunas personas incluso trabajan de acuerdo con sus propias preferencias y emociones. Si una persona las recibe bien y se gana su favor, hablarán con ella; de lo contrario, se negarán. La persona más despreciable es la que lleva a cabo su trabajo y pide algo a cambio. Hacer el deber propio es tomar la voluntad de Dios como propia, tratar como urgente lo que Dios trata como urgente, considerar lo que Dios considera, preocuparse por las preocupaciones de Dios y poner primero los intereses de la familia de Dios en todo momento. Es trabajar tan duro que uno se olvida de comer y de dormir; es hacer esfuerzos esmerados y llevar a cabo la obra que Dios te ha confiado hacer, y hacerlo con el sentido de responsabilidad de un maestro. No es esperar a ser recompensado por un poco de trabajo o esperar el deleite después de un poco de sufrimiento o volverse orgulloso y engreído después de lograr algunos resultados o disfrutar el estatus y actuar como un tirano. Aquellos que son leales al cumplir con su deber se someten a los arreglos de Dios, son leales y devotos y trabajan sin protestar y desinteresadamente como siervos de Dios, deseando únicamente corresponder al amor de Dios y retribuir a Dios con su vida. Se consideran a sí mismos sólo como una pizca de polvo sin honor y aún menos dignos de disfrutar la gracia de Dios, y se someten por completo a las orquestaciones de Dios y no se quejan. No son hipócritas mezquinos y desvergonzados que aprecian su propia vida, que albergan la intención de obtener bendiciones y que anhelan estar por encima de los demás y disfrutan ser superiores a los demás. Hacer el deber propio es ser considerado con la voluntad de Dios y con la carga de Dios, considerar a los hermanos y hermanas como tus padres, estar dispuesto a ser el siervo de todos, tener en mente las vidas de los hermanos y hermanas, atreverte a asumir la responsabilidad, no deberle a nadie, dejar que las personas ganen lo que tú has ganado, servir a Dios con conciencia y atreverse a aceptar la supervisión de todos. Algunas personas dicen cosas que resultan agradables al oído, pero después no hacen ningún trabajo real; disfrutan la hospitalidad de sus hermanos y hermanas, pero siguen intimidándolos y les piden que hagan esto y aquello por ellos, que hagan su mayor esfuerzo por cuidar de ellos. Y sermonean y tratan con sus hermanos y hermanas a cada rato, o les piden que vengan y los cuiden cuando están enfermos y que las acompañen cuando se requieren. La persona que hace que los demás sean sus siervos, de ninguna manera está sirviendo a Dios; más bien, se exalta a sí misma, da testimonio de sí misma, se pone en lo alto y hace que los demás la traten como a Dios. Tiene mucho miedo de tener una mala reputación y de que las personas no estén convencidas de ella. Hace esfuerzos vigorosos y no repara en dolores para hacer que las personas la obedezcan y la adoren incansablemente, y se sienta en el lugar de Dios, sermoneando a las personas todo el día. Desprecia a todos y hace todo lo posible por expandir su esfera de influencia; maneja sus propios negocios para hacer que las personas la pongan al centro, presten oído a sus palabras, obedezcan sus arreglos y hagan a Dios a un lado para adorarla a ella. Después de que esta persona ha trabajado por varios años, las personas a las que lidera no tienen conocimiento de Dios. Por el contrario, todas le tienen miedo y la obedecen. Ella se ha vuelto un dios. Al hacer esto, ¿no está llevando a las personas delante de ella? Este tipo de persona es un asaltante, un ladrón dentro de la familia y un anticristo.

de La comunión de los de arriba

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