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Pregunta 21: El Señor Jesús fue clavado en la cruz como una ofrenda por el pecado del hombre, por consiguiente redimiéndonos del pecado. Si nos alejamos del Señor Jesús y creemos en Dios Todopoderoso, ¿no sería esto una traición al Señor Jesús? ¿No sería esto apostasía?

Respuesta:

En nuestros años de creer en el Señor, cada uno de nosotros ha recibido del Señor Jesús mucha gracia y bendición, con corazones llenos de amor y agradecimiento al Señor. Y precisamente por esta razón, cuando escuchamos el evangelio de Dios Todopoderoso de los últimos días, no podemos dejar de sentir preocupación en nuestros corazones: Si dejamos al Señor Jesús y ponemos nuestra fe en Dios Todopoderoso ¿no es eso traicionar al Señor Jesús?

Hermanos y hermanas hagamos una analogía. Supongamos que vivimos en el periodo en que la Era de la Ley se convirtió en la Era de la Gracia y fue el tiempo en que el Señor Jesús vino a la tierra a obrar. ¿Cómo serían nuestros corazones en el interior? ¿Pensaríamos que los creyentes en el Señor Jesús estaban traicionando a Jehová Dios? Para ser exactos, todos los pensamientos en nuestros corazones ahora son los mismos que aquellos de los devotos creyentes en Jehová Dios. Los judíos de esa época también debieron haber pensado: Seguir al Señor Jesús sería ser desleal a Jehová Dios, alejarse del camino de Jehová Dios y traicionar a Jehová Dios. Como ellos lo vieron, la obra del Señor Jesús no fue la misma que la obra de Jehová Dios y Su nombre no fue Mesías sino Jesús. No se dieron cuenta de que el Señor Jesús y Jehová Dios eran uno, sino que pensaron que el Señor Jesús y Jehová Dios no estaban relacionados, diciendo que el Señor Jesús estaba confundiendo a las personas (see Juan 7:45-48), diciendo que creer en el Señor Jesús era herejía (see Hechos 24:14), lo que significaba traicionar a Jehová Dios. Claramente, la razón por la que aquellas personas condenaron la obra del Señor Jesús como herejía, como un culto y condenaron apartarse de la ley del Antiguo Testamento para creer en el Señor Jesús como apostasía, fue que no conocieron los principios de la obra de Dios, siempre nuevos y nunca viejos. Usaron la obra anterior de Dios para medir la nueva obra de Dios y condenaron y resistieron la nueva obra que ellos pensaron que no coincidía con la obra previa. ¡Se aferraron a lo viejo! … Todos nosotros sabemos que la obra de Dios no es inmutable, sino que, basada en las necesidades de la humanidad y en el propio plan de gestión de Dios, sigue desarrollándose. Sólo de esta manera la humanidad puede ser salva, paso a paso, de la influencia de Satanás. De hecho, el Señor Jesús es el Espíritu de Jehová Dios encarnado. Su obra es la continuación de la obra de Jehová Dios. Es decir, la obra de la Era de la Gracia es una continuación de la obra de la Era de la Ley y la obra hecha por el Señor Jesús es un progreso sobre la base de la obra de Jehová Dios. Las dos etapas de la obra son dos tipos de obra hechas en dos eras diferentes por un solo Dios. Aunque debido a la diferencia de las eras los nombres de Dios no fueron los mismos y la obra de Dios no fue la misma, aun así Jesús y Jehová son uno (see Juan 10:30). Ambos son Dios mismo. Aquellos que aceptaron la nueva obra de Dios, los seguidores del Señor Jesús, definitivamente no estaban traicionando a Jehová Dios sino que estaban siguiendo las pisadas de Dios, fueron leales a Dios, lo cual era completamente conforme al corazón de Dios. Y aquellos que pensaron ser leales a Jehová Dios rehusaron aceptar la nueva obra de Dios y no dejaron el templo para seguir al Señor Jesús, fueron los que resistieron a Dios. Ellos no sólo no recibieron la aprobación de Dios, sino que, al contrario, se convirtieron en objetos de rechazo de Dios.

La era siguió avanzando y se ha desarrollado hasta los últimos días, lo que significa que el tiempo para finalizar la era que Dios predestinó hace dos mil años ha llegado y Dios terminará la obra de la Era de la Gracia y hará la obra de la Era del Reino. Esta obra es una nueva etapa de la obra que Dios hace basado en la obra del Señor Jesús en la Era de la Gracia. Por supuesto, esta obra también es la obra de recompensar a los buenos y castigar a los malos que hace dos mil años el Señor Jesús predijo que se haría en Su segunda venida en los últimos días. Ya que la era presente ya no es la Era de la Gracia, entonces Dios debe escoger un nuevo nombre (see Apocalipsis 3:12) para representar Su nueva obra. Este nombre que representa Su nueva obra es Dios Todopoderoso (see Apocalipsis 1:8, 11:16-17, 15:2-3), y Cristo de los últimos días, Dios Todopoderoso, ya no hace la obra de redención sino que hace la obra de juicio (see Apocalipsis 14:6-7; Juan 12:48). Es una etapa más elevada de la obra basada en la obra que el Señor Jesús hizo. Así como en ese tiempo el Señor Jesús, sobre la base de la obra de Jehová Dios de hacer al hombre “conocer el pecado”, hizo una etapa de la obra de “redimir el pecado”, hoy en día, Dios Todopoderoso, sobre el fundamento de “perdonar el pecado”, hace una etapa de la obra de “echar fuera el pecado”. Jehová, Jesús, Dios Todopoderoso: estos tres son nombres diferentes escogidos por Dios en eras diferentes, basados en diferentes obras. Aunque los nombres son diferentes y la obra es diferente, aun así Dios es uno. Así como Dios Todopoderoso dice: “Una vez se me conoció como Jehová. También se me llamó el Mesías, y las personas me llamaron una vez Jesús el Salvador porque me amaban y respetaban. Pero hoy no soy el Jehová o el Jesús que las personas conocieron en tiempos pasados; soy el Dios que ha vuelto en los últimos días, el que pondrá fin a la era. Soy el Dios mismo que se levanta en los extremos de la tierra, repleto con todo Mi carácter, y lleno de autoridad, honor y gloria. Las personas nunca han tenido contacto conmigo, nunca me han conocido, y siempre han ignorado Mi carácter. Desde la creación del mundo hasta hoy, ni una persona me ha visto. Este es el Dios que se aparece al hombre durante los últimos días pero que está oculto en medio de él. Reside entre los hombres, verdadero y real, como el sol ardiente y el fuego llameante, lleno de poder y rebosante de autoridad. No hay una sola persona o cosa que no ha de ser juzgada por Mis palabras, y ni una sola persona o cosa que no ha de ser purificada ardiendo en el fuego. Finalmente, todas las naciones serán benditas por Mis palabras, y también hechas pedazos por ellas. De esta forma, todas las personas durante los últimos días verán que soy el Salvador que ha vuelto, que soy el Dios Todopoderoso que conquista toda la humanidad, que una vez fui la ofrenda por el pecado para el hombre, pero en los últimos días también me convertiré en las llamas del sol que quema todas las cosas, así como el Sol de justicia que revela todas las cosas. Esa es Mi obra de los últimos días. Adopté este nombre y poseo este carácter de forma que todas las personas puedan ver que soy un Dios justo, el sol ardiente, y el fuego llameante. Es así para que todos puedan adorarme, el único Dios verdadero, y para que puedan ver Mi verdadero rostro: no soy sólo el Dios de los israelitas, y no soy sólo el Redentor, soy el Dios de todas las criaturas a través de los cielos, la tierra y los mares” (‘El Salvador ya ha regresado en una “nube blanca”’ en “La Palabra manifestada en carne”).

La obra realizada en el presente ha empujado hacia adelante la obra de la Era de la Gracia; esto es, la obra en todo el plan de gestión de seis mil años se ha movido hacia adelante. Aunque la Era de la Gracia ha terminado, la obra de Dios ha progresado más. ¿Por qué digo una y otra vez que esta etapa de la obra se construye sobre la Era de la Gracia y la Era de la Ley? Esto significa que la obra de hoy en día es una continuación de la obra realizada en la Era de la Gracia y ha sido una elevación de la obra realizada en la Era de la Ley. Las tres etapas están estrechamente interconectadas y cada una se vincula con la siguiente. ¿Por qué digo también que esta etapa de la obra se construye sobre la realizada por Jesús? Si esta etapa no se construyese sobre la obra realizada por Jesús, la crucifixión, la obra de redención realizada previamente, aún tendría que llevarse a cabo en ella. Esto no tendría sentido. Por tanto, no es que la obra haya terminado totalmente, sino que la era se ha movido hacia adelante y la obra se ha vuelto más elevada que antes. Podría decirse que esta etapa de la obra se edifica sobre el fundamento de la Era de la Ley y la roca de la obra de Jesús. La obra se edifica etapa a etapa, y esta etapa no es un nuevo comienzo. Sólo la combinación de las tres etapas de la obra puede considerarse el plan de gestión de seis mil años” (‘Las dos encarnaciones completan el sentido de la encarnación’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Jesús y Yo venimos del mismo Espíritu. Aunque nuestras carnes no tienen relación, nuestros Espíritus son uno; aunque lo que hacemos y la obra que llevamos no sean lo mismo, somos iguales en esencia; nuestras carnes adoptan distintas formas, y esto es debido al cambio en la era y la necesidad de nuestra obra; nuestros ministerios no son iguales, por lo que la obra que traemos y el carácter que revelamos al hombre también son diferentes. Esa es la razón por la que lo que el hombre ve y recibe hoy en día es diferente a lo del pasado; esto es así por el cambio en la era” (‘Las dos encarnaciones completan el sentido de la encarnación’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Desde la obra de Jehová a la de Jesús, y desde la de Jesús a la de la era actual, las tres eras cubren la totalidad de la amplitud de la gestión de Dios, y todas ellas son la obra de un mismo Espíritu. Desde que creó el mundo, Dios siempre ha estado gestionando a la humanidad. Él es el principio y el fin, el primero y el último, y aquel que inicia una era y quien lleva la era a su fin. Las tres etapas de la obra, en diferentes eras y distintos lugares, han sido llevadas a cabo con seguridad por un solo Espíritu. Todos los que separan estas tres fases se oponen a Dios. Ahora, debes entender que toda la obra desde la primera etapa hasta hoy es la obra de un Dios, un Espíritu, y de esto no cabe la menor duda” (‘La visión de la obra de Dios (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Si el hombre puede ver en las tres etapas de la obra que Dios mismo las llevó a cabo en momentos diferentes, en lugares diferentes, y en personas diferentes, llegará a ver que aunque la obra sea diferente, toda ella está realizada por un Dios. Siendo así, debe ser correcta y sin error, y aunque entre en conflicto con las nociones del hombre, no se puede negar que es la obra de un Dios. Si el hombre puede asegurar que es la obra de un Dios, sus nociones pasarán a ser simples nimiedades, indignas de mención. Como las visiones del hombre no son claras, al conocer sólo a Jehová como Dios y a Jesús como el Señor, y al dudar respecto al Dios encarnado de hoy, muchas personas permanecen entregadas a la obra de Jehová y Jesús, y están cercadas por nociones sobre la obra de hoy, la mayoría de ellas siempre está llena de dudas, y no se toma en serio la obra actual” (‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

De lo que Dios Todopoderoso ha dicho sabemos que Dios Todopoderoso es Jehová Dios, quien promulgó las leyes para guiar al hombre en su vida, y también es el Señor Jesús, quien fue crucificado para redimirnos a nosotros los humanos. No importa cómo cambie el nombre de Dios, cómo cambie la obra, el propósito de la obra de Dios, es decir, Su intención de salvar al hombre, nunca cambia, la esencia de Dios nunca cambia. Las tres etapas de la obra de Dios definitivamente no se contradicen; más bien, cada etapa de la obra se basa en una etapa anterior; y cada etapa de la obra es una etapa más profunda, más elevada que la última. La obra de Dios se hace de acuerdo al desarrollo de los tiempos y las necesidades de la humanidad, todo en aras de salvar mejor a la humanidad. Es decir, la obra de juicio hecha por Dios Todopoderoso en los últimos días, la obra de redención hecha por el Señor Jesús y la obra de la ley hecha por Jehová Dios, todas son la obra de un solo Dios; Dios, de acuerdo con Su propio plan, de acuerdo con las necesidades de la humanidad, salva a la humanidad en etapas. Debemos entender, todo lo que fue hecho por Jehová Dios, todo lo que fue hecho por el Señor Jesús, todo lo que es hecho por Dios Todopoderoso, son tres etapas sucesivas de toda la gestión de Dios para salvar a la humanidad. Hoy, nuestra aceptación de la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días no es ingratitud o traición al Señor Jesús; más bien, es nuestro seguirle el ritmo a la obra de Dios, siguiendo las pisadas del Cordero; y el que lo hace así verdaderamente tiene conciencia, tiene lealtad, tiene conocimiento y gana la aprobación de Dios.

El día de hoy, la era ha cambiado, la obra de Dios ha cambiado, así que la práctica del hombre debe cambiar. La lealtad a la ley y a la cruz ya no satisface la voluntad presente de Dios y no puede ganar la aprobación de Dios. Sólo aquellos que aceptan la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días y que siguen a Dios hasta el final, pueden ganar la última bendición de Dios. Así como Dios Todopoderoso dice: “Sólo los que siguen las pisadas del Cordero hasta el final pueden obtener la bendición final, mientras que esas personas listas, que no son capaces de seguir hasta el final pero creen que han ganado todo, no pueden ser testigos de la aparición de Dios. Todos creen que son la persona más lista de la tierra e interrumpen el desarrollo continuo de la obra de Dios sin ninguna razón en lo absoluto, y parecen creer con absoluta certeza que Dios los llevará al cielo, ellos que ‘tienen la mayor lealtad a Dios, que siguen a Dios y acatan las palabras de Dios’… Los que no siguen hasta el final, que no mantienen el paso con la obra del Espíritu Santo, y que sólo se aferran a la antigua obra, no sólo han fallado en lograr la lealtad a Dios sino que, por el contrario, se han vuelto los que se oponen a Dios, se han vuelto los que la nueva era rechaza y que serán castigados. ¿Hay alguien más digno de compasión que ellos? Muchos hasta creen que todos los que rechazan la antigua ley y aceptan la nueva obra no tienen conciencia. Estas personas, que sólo hablan de la conciencia, y que no conocen la obra del Espíritu Santo, al final de cuentas sus propias conciencias les truncarán sus perspectivas. La obra de Dios no acata la doctrina, y aunque es Su propia obra, siendo Dios no se aferra a ella. Lo que se debe negar se niega, lo que se debe eliminar se elimina. Pero el hombre se coloca en enemistad contra Dios aferrándose a una parte pequeña de la obra de la gestión de Dios. ¿No es esto lo absurdo del hombre? ¿No es esto la ignorancia del hombre? Entre más tímidas sean las personas, y sean demasiado cautelosas porque tienen miedo de no obtener las bendiciones de Dios, más incapaces son de obtener mayores bendiciones y de recibir la bendición final. Estas personas que servilmente acatan la ley, todas demuestran la mayor lealtad hacia la ley, y entre más demuestren esa lealtad hacia la ley, más rebeldes son al oponerse a Dios. Porque ahora es la Era del Reino y no la Era de la Ley, y la obra de la actualidad no se puede mantener en contra de la obra del pasado y la obra del pasado no se puede comparar con la obra de la actualidad. La obra de Dios ha cambiado y la práctica del hombre también ha cambiado; no es aferrarse a la ley o llevar la cruz. Así, la lealtad de las personas hacia la ley y la cruz no ganará la aprobación de Dios” (‘La obra de Dios y la práctica del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Hermanos y hermanas, ahora, ¿todavía pensáis que aceptar la nueva obra de Dios de los últimos días y seguir a Dios Todopoderoso significa traicionar al Señor Jesús? Presumiblemente en este momento ya habéis entendido: Creer en Dios Todopoderoso es ser leal al Señor Jesús, es seguir las pisadas del Cordero, porque Dios Todopoderoso es la segunda venida del Señor Jesús.

de “Preguntas y respuestas sobre el testimonio del Evangelio del Reino”