Experiencia cristiana: Mi cautela estuvo a punto de costarme la salvación de Dios de los últimos días

28 May 2020

Por Li Chunmei (Corea del Sur)

Nota del editor: El Señor Jesús profetizó que volvería en los últimos días, y estoy seguro de que todos los hermanos y hermanas que anhelan Su regreso esperan poder recibir Su venida y la salvación de Dios de los últimos días. La hermana Li Chunmei no es una excepción, pero cuando se entera del regreso del Señor casi pierde la salvación de Dios de los últimos días a causa de su cautela. Por fortuna, no obstante, al final baja la guardia y recibe el regreso del Señor. ¿Cuál fue su experiencia? Sigue leyendo para descubrirlo.

Experiencia cristiana Mi cautela estuvo a punto de costarme la salvación de Dios de los últimos días

Como cristiana en China, a menudo oía decir al pastor: “La Biblia dijo: ‘Que les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, vendrá de la misma manera, tal como le habéis visto ir al cielo’ (Hechos 1:11). Cuando el Señor Jesús subió al cielo, fue Su cuerpo espiritual resucitado el que ascendió sobre una nube; por ello, cuando regrese también aparecerá, sin duda, en Su cuerpo espiritual sobre una nube. Ya se han cumplido muchas profecías bíblicas; el Señor va a venir muy pronto. Por tanto, debemos tener mucho cuidado de que no nos engañen y perdamos la ocasión de entrar en el reino de los cielos”. Siempre tuve presentes las palabras del pastor.

Vine a Corea del Sur en 2014, y tras mucho investigar elegí una iglesia presbiteriana en la que servir y posteriormente llegué a ser líder de la iglesia en el distrito. Me recordaba constantemente que tenía que ser una buena mayordoma y vigilar las ovejas del Señor.

Un día de junio de 2018, otras dos hermanas y yo habíamos planeado ir a leer la Biblia a casa de la hermana Li. Casualmente, su sobrina, la hermana Jin, también estaba allí, así que profundizamos todas juntas en las Escrituras. Yo planteé, uno por uno, algunos pasajes que no tenía claros y la hermana Jin dio explicaciones detalladas de todos ellos. Luego habló de las siguientes profecías del regreso del Señor: “Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo” (Juan 5:22). “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios” (1 Pedro 4:17). “Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado” (Apocalipsis 14:7). Basándose en ellas, compartió en comunión que, cuando el Señor regrese, va a realizar una etapa de Su obra del juicio. También citó la parábola de la red, la del trigo y la cizaña y la del siervo fiel y el infiel, y dijo que cuando el Señor regrese separará, mediante Su obra del juicio, el trigo de la cizaña, las ovejas de las cabras y los siervos fieles de los infieles. Lo que compartió la hermana Jin era realmente novedoso y tenía muchísima luz; además, estaba en consonancia con las Escrituras y disfruté mucho escuchándolo. Cuando estábamos terminando, la hermana Jin nos dijo muy seria: “Hermanas, el Señor Jesús, a quien aguardamos desde hace mucho tiempo, ya ha regresado. Es Dios Todopoderoso, Cristo de los últimos días. Dios se ha hecho carne y está entre nosotros expresando verdades y realizando la obra del juicio, que comienza por Su casa…”. Estas palabras me borraron la sonrisa de la cara, y pensé: “¿El Señor Jesús ha regresado y está obrando en la carne? ¿Cómo puede ser?”. Una serie de dudas me hicieron recordar la afirmación del pastor de que el Señor descenderá con toda seguridad sobre una nube, así que inmediatamente me puse en guardia con la hermana Jin. No quise seguir escuchándola. Cuando nos marchábamos, me dio un ejemplar de El rollo abierto por el Cordero y me instó cordialmente a leerlo entero con detenimiento. Acepté el libro solo por guardar las apariencias.

Al llegar a casa eché un vistazo por curiosidad a algunas páginas del libro; sentí que esas palabras tenían gran autoridad y poder, pero las palabras del pastor eran un constante eco en mi cabeza. Así pues, enseguida dejé el libro y no me atreví a continuar leyéndolo. Al día siguiente vinieron a verme las otras dos hermanas y me dijeron que lo compartido por la hermana Jin había estado lleno de luz, querían oír más y me invitaron a ir con ellas. Les contesté: “Es verdad que lo que compartió estaba lleno de luz, pero el pastor suele decir que cuando el Señor regrese aparecerá en una nube y que tengamos cuidado con quien afirme que el Señor ha venido en la carne”. Respondieron que la venida del Señor era un acontecimiento importante y que, dado que las palabras de la hermana Jin habían sido esclarecedoras, realmente debíamos buscar e investigar, que esa sería la única manera de determinar si el Señor ha regresado de verdad o no. Lo que dijeron me pareció sensato, así que fui otra vez a casa de la hermana Li.

Cuando vi a la hermana Jin, le dije: “Hermana Jin, tú alegas que el Señor Jesús se ha hecho carne y ha regresado. ¿Cómo lo sabes? ¿Has visto a Dios?”. Sonrió y respondió: “Hermana, el Señor Jesús dijo: ‘Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen’ (Juan 10:27). Para comprobar el regreso del Señor no hace falta verlo encarnado en persona. Lo principal es comprobar si las palabras expresadas por Él en la carne son realmente la voz de Dios, la verdad. Es como cuando el Señor Jesús vino a realizar Su obra: Pedro, Natanael, la mujer samaritana y otros supieron reconocer la voz de Dios en las palabras del Señor Jesús y así comprobaron que era el Mesías. Entonces comenzaron a seguir al Señor. Y ahora, los que hemos aceptado la obra de Dios de los últimos días lo hemos hecho porque hemos leído las palabras de Dios Todopoderoso y comprobado que tienen autoridad y poder. Revelan los misterios del plan de gestión de Dios y las actitudes e ideas corruptas ocultas en el fondo del corazón humano. Nos señalan la senda de la purificación. Esto cumple plenamente lo profetizado por el Señor Jesús: ‘Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir’ (Juan 16:12-13). Dios Todopoderoso es el Espíritu de la verdad y en los últimos días ha expresado todas las verdades necesarias para la salvación plena de la humanidad. Leyendo las palabras de Dios y poniéndolas en práctica podemos, poco a poco, despojarnos de nuestras actitudes corruptas y entrar en varios aspectos de la verdad. Así es como hemos comprobado que el Señor Jesús ha regresado realmente y que Él es Dios Todopoderoso, Cristo de los últimos días”.

Luego pasó a hablar de algunas de sus experiencias a la hora de comprobar que este era el camino verdadero, lo cual me agradó mucho. Sin embargo, en cuanto pensaba en lo que decía el pastor, no me creía del todo que el Señor hubiera regresado en la carne, por lo que me seguí manteniendo en guardia con ella. Le dije entonces a la hermana Jin: “Estas declaraciones de Dios Todopoderoso están muy bien, pero no puedo aceptarlas sin más de inmediato. He de estudiarlas primero”. No me presionó; simplemente me invitó a visitar la Iglesia de Dios Todopoderoso cuando tuviera ocasión.

Esa noche estaba dando vueltas en la cama sin poder dormirme. No dejaba de pensar en lo que había compartido la hermana Jin aquellos días y pensé para mis adentros: “Sus palabras, efectivamente, sí tenían luz. Llevo creyendo todo este tiempo, pero nunca había oído unas enseñanzas tan maravillosas. ¿Las sigo escuchando o no? ¿Y si el Dios Todopoderoso del que da testimonio es realmente el regreso del Señor Jesús? Si me niego rotundamente a investigarlo, ¿no perdería la ocasión de recibir la venida del Señor? Sin embargo, el pastor nos ha dejado muy claro que el Señor regresará en una nube; desde luego, no en la carne. Si me equivoco en mi investigación, ¿no destrozaría con ello la vida de los hermanos y hermanas de mi distrito de los que soy responsable? ¿Qué demonios hago?”. En ese momento me levanté y me postré a orar al Señor: “Señor, la verdad es que no sé qué hacer ahora mismo. El pastor ha dicho que cuando regreses lo harás en una nube, pero la hermana Jin ha hablado de que ya has regresado en la carne. Ahora no puedo tener por seguro que Dios Todopoderoso sea realmente Tu regreso. Señor, si este es el camino correcto, te ruego esclarecimiento y guía para saber reconocerte. Si no lo es, te pido discernimiento para poderme mantener en Tu camino”.

Al día siguiente me encontré con el hermano Wang, que creía desde hacía varios años y era buen conocedor de la Biblia. Buscaba con entrega y era un librepensador de palabra y obra. Le conté lo que había dicho la hermana Jin del regreso del Señor y le pregunté qué opinaba. Al oír esto, el hermano Wang me dijo sinceramente: “Hermana, este es el momento decisivo para la venida del Señor. Si oímos la noticia de Su regreso, debemos buscarlo con una mente abierta y un corazón que venere a Dios. Sencillamente, no podemos juzgar a la ligera. Cuando el Señor Jesús apareció para realizar Su obra, los fariseos lo crucificaron porque se aferraron a sus propias nociones y condenaron desenfrenadamente Su obra. Luego Dios los maldijo y castigó. ¡Tenemos una lección que aprender del error de los fariseos! El Señor Jesús dijo: ‘Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos’ (Mateo 5:3). Y Romanos 10:17: ‘Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo’. Creo que, decididamente, tenemos que estudiar si Dios Todopoderoso es o no el regreso del Señor. Si de verdad ha regresado y no lo investigamos, perderemos la ocasión de ser arrebatados ¡y lo lamentaríamos toda la vida! ¿Y si visitamos juntos la Iglesia de Dios Todopoderoso?”. Me pareció muy sensato lo que dijo el hermano Wang y que debíamos abordar la cuestión de la venida del Señor con veneración hacia Dios y sin pronunciarnos a ciegas. Solo buscando e investigando podríamos averiguar si el Señor había regresado realmente o no. Así pues, asentí con la cabeza y decidí ir a indagar a la Iglesia de Dios Todopoderoso.

Días después, el hermano Wang y yo fuimos a la Iglesia de Dios Todopoderoso con un par de hermanas más. Los hermanos y hermanas de la Iglesia nos recibieron muy cordialmente. Tras las presentaciones, les conté mi preocupación. “Lo compartido por la hermana Lin la última vez estaba en consonancia con la Biblia y tenía mucha luz, pero no puedo aceptar su testimonio de que el Señor ha regresado en la carne, pues la Biblia dice: ‘Y entonces verán al Hijo del Hombre que viene en una nube con poder y gran gloria’ (Lucas 21:27). Cuando regrese el Señor, debería aparecérsenos con gran gloria en Su cuerpo espiritual resucitado. ¿Cómo va a regresar en la carne?”.

Un hermano me respondió lo siguiente: “Hermana, aparte de ese versículo que has citado, hay muchas otras profecías acerca de cómo aparecerá el Señor cuando regrese, en las cuales se afirma que se mostrará encarnado ante la humanidad. Por ejemplo, ‘Vosotros también estad preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no esperéis’ (Lucas 12:40), ‘Porque así como el relámpago sale del oriente y resplandece hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre’ (Mateo 24:27), ‘Porque como el relámpago al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro extremo del cielo, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero primero es necesario que Él padezca mucho y sea rechazado por esta generación’ (Lucas 17:24-25). Estas profecías hablan de que ‘el Hijo del Hombre vendrá’ y ‘la venida del Hijo del Hombre’; ‘Hijo del hombre’ significa que nació de un ser humano y tiene una humanidad normal. Si hubiera de aparecerse en un cuerpo espiritual, no se le denominaría Hijo del hombre. Por ejemplo, Jehová Dios era Espíritu y no lo llamaban Hijo del hombre. Tras la resurrección del Señor Jesús, aunque Su cuerpo espiritual pareciera por fuera un simple cuerpo físico, no se le podría haber denominado Hijo del hombre. También los ángeles son cuerpos espirituales y no se les puede denominar Hijos del hombre tampoco. Así pues, a quien tenga la imagen de un ser humano, pero sea en realidad un cuerpo espiritual, no se le denomina Hijo del hombre. El Señor Jesús en la carne era el Hijo del hombre, Cristo, porque era el Espíritu de Dios revestido de carne. Parecía muy corriente, muy normal por fuera, pero era completamente divino y podía llevar a cabo la obra de Dios. Por tanto, cuando el Señor Jesús dijo ‘el Hijo del Hombre vendrá’ y ‘la venida del Hijo del Hombre’, se refería al regreso de Dios encarnado en los últimos días. Este versículo concreto —‘Pero primero es necesario que Él padezca mucho y sea rechazado por esta generación’— demuestra que, cuando regrese el Señor, aparecerá en la carne para obrar. Solo si Dios viene en forma encarnada para parecer muy normal por fuera la gente no lo reconocerá como Dios, y entonces lo calumniará, juzgará y condenará. Si el Señor Jesús se apareciera con gran gloria a la humanidad en Su cuerpo espiritual resucitado, todo el mundo temblaría y se postraría atemorizado ante Él. ¿Quién se atrevería entonces a rebelarse, oponerse o rechazar a Dios? Serían imposibles Su sufrimiento y Su rechazo por parte de esta generación. Al investigar si Él es el regreso del Señor Jesús, debemos tener en cuenta todas las profecías de Su segunda venida. Si resolvemos que regresará en una nube basándonos en uno o dos versículos de la Biblia, es probable que terminemos oponiéndonos a Dios ¡y luego perdamos la salvación del Señor de los últimos días!”.

No había ni una sola cosa que pudiera refutar de las palabras de este hermano; empecé a bajar la guardia un poco. Luego nos puso un maravilloso fragmento, El misterio de la venida del Hijo del hombre, de una película de la Iglesia de Dios Todopoderoso titulada El misterio de la piedad. Al mirarlo me di cuenta de que la aparición y obra del Señor a Su regreso en los últimos días tendrá lugar en varios pasos. Primero se hará carne y caminará en secreto en medio de la humanidad, mientras expresa la verdad y lleva a cabo una etapa de la obra de juicio y purificación para formar un grupo de vencedores antes del desastre. Terminada la obra de Su venida en secreto, comenzará a hacer caer un gran desastre para premiar a los buenos y castigar a los malvados, y será después de todo eso cuando descenderá en una nube y se mostrará públicamente a los pueblos de todas las naciones. En ese momento, aquellos que se opusieron al Cristo de los últimos días sucumbirán al desastre entre el llanto y el crujir de dientes. De ese modo se cumple esta profecía bíblica: “He aquí, viene con las nubes y todo ojo le verá, aun los que le traspasaron; y todas las tribus de la tierra harán lamentación por Él” (Apocalipsis 1:7). Una vez que comprendí todo esto, dejé de aferrarme a la creencia de que el Señor regresaría en un cuerpo espiritual y se aparecería a la humanidad sobre una nube. No obstante, aún no entendía por qué el Señor habría de venir a obrar en la carne, por lo que continué buscando con este hermano.

Acto seguido le pregunté: “Hermano, tengo otra cuestión sobre la que me gustaría buscar. ¿Por qué el Señor habría de encarnarse, en lugar de venir en Espíritu, a Su regreso para salvar a la humanidad?”.

Me respondió: “Hermana, Dios Todopoderoso lo ha explicado de forma muy clara. Leamos un par de pasajes de Sus palabras para que lo entiendas. Dios dice: ‘Él se hace carne, porque esta también puede poseer autoridad, y Él puede llevar a cabo la obra entre los hombres de una manera práctica, visible y tangible para el hombre. Esa obra es mucho más realista que cualquier otra hecha directamente por el Espíritu de Dios que posee toda autoridad, y sus resultados también son evidentes. Esto se debe a que la carne encarnada de Dios puede hablar y obrar de una forma práctica; la forma externa de Su carne no tiene autoridad y los hombres pueden acercarse. Su esencia conlleva autoridad, pero esta no es visible para nadie. Cuando Él habla y obra, el hombre es incapaz de detectar la existencia de Su autoridad; esto es incluso más favorable para Su obra práctica. […] Si Dios no se hace carne, se queda como el Espíritu invisible e intangible para el hombre. Este es una criatura de carne, y el hombre y Dios pertenecen a dos mundos diferentes y son de distinta naturaleza. El Espíritu de Dios es incompatible con el hombre de carne, y no se pueden establecer relaciones entre ellos; además, el hombre no puede volverse espíritu. Así, el Espíritu de Dios debe pasar a ser una de las criaturas y hacer Su obra original. Dios puede ascender al lugar más elevado y humillarse volviéndose un hombre de la creación, obrando y viviendo entre los hombres, pero estos no pueden ascender hasta el lugar más elevado y volverse un espíritu, y mucho menos descender hasta el lugar más bajo. Por tanto, Dios debe hacerse carne para llevar a cabo Su obra’ (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Porque el que es juzgado es el hombre, el hombre que es de la carne y se ha corrompido, y no es el espíritu de Satanás el que es juzgado directamente, la obra de juicio no se lleva a cabo en el mundo espiritual sino entre los hombres. Nadie es más adecuado y está más calificado que Dios en la carne para hacer la obra de juzgar la corrupción de la carne del hombre. Si el juicio lo llevara a cabo directamente el Espíritu de Dios, entonces no lo abarcaría todo. Además, sería difícil que el hombre aceptara esta obra, porque el Espíritu no puede venir cara a cara con el hombre y, por esta razón, los efectos no serían inmediatos, mucho menos el hombre sería capaz de contemplar con mayor claridad el carácter de Dios que no se puede ofender. Satanás sólo puede ser completamente derrotado si Dios en la carne juzga la corrupción de la humanidad. […] Si esta obra la hiciera el Espíritu de Dios, entonces no sería una victoria sobre Satanás. Por naturaleza el Espíritu es más exaltado que los seres mortales y por naturaleza el Espíritu de Dios es santo y victorioso sobre la carne. Si el Espíritu hiciera esta obra directamente, no sería capaz de juzgar toda la desobediencia del hombre y no podría revelar toda la injusticia del hombre. Porque la obra de juicio también se lleva a cabo por medio de las nociones que el hombre tiene de Dios y el hombre nunca ha tenido ninguna noción del Espíritu y así el Espíritu es incapaz de revelar mejor la injusticia del hombre, mucho menos de descubrir por completo tal injusticia. El Dios encarnado es el enemigo de todos aquellos que no lo conocen. Por medio de juzgar las nociones del hombre y su oposición a Él, descubre toda la desobediencia de la humanidad. Los efectos de Su obra en la carne son más aparentes que los de la obra del Espíritu. Y así, el juicio de toda la humanidad no lo lleva a cabo directamente el Espíritu sino que es la obra del Dios encarnado’ (‘La humanidad corrupta necesita más que nadie la salvación del Dios encarnado’ en “La Palabra manifestada en carne”).”

Procedió a compartir en comunión: “Las palabras de Dios Todopoderoso aclaran del todo por qué Dios se habría de encarnar en los últimos días para salvar a la humanidad. Como creyentes, todos sentimos en lo más hondo que, aunque el Señor Jesús nos haya absuelto de nuestros pecados, todavía vivimos según nuestra naturaleza satánica y en cualquier momento podemos revelar actitudes satánicas de arrogancia, egoísmo, ruindad, perversidad, falsedad, maldad y codicia. Además, con frecuencia nos alejamos de Dios y nos oponemos a Él. Dios ha venido en los últimos días a expresar palabras para realizar la obra del juicio, de modo que la gente pueda despojarse por completo de las cadenas del pecado y convertirse en personas realmente obedientes y amantes de Dios. Entonces, al final nos salvaremos plenamente y entraremos en el reino de los cielos. A fin de que la obra de Dios surta este efecto, Él tiene que hacerse carne para obrar y hablar de maneras muy prácticas y tener contacto con la gente cara a cara; así puede expresar verdades en cualquier momento y lugar en función de las necesidades de la gente y proveerle sustento de vida. Si leemos más las palabras de Dios Todopoderoso, podremos entender Su voluntad y Sus exigencias, nuestras actitudes corruptas y el carácter justo de Dios. Cuando abandonamos la carne y ponemos en práctica la verdad, nuestro carácter corrupto puede purificarse poco a poco y cada vez podemos adquirir una veneración y una obediencia mayores hacia Dios. En cambio, si obrara en Su cuerpo espiritual, no podría lograr los mismos resultados. Todos sabemos que, tras la resurrección del Señor Jesús, Su cuerpo espiritual no estaba sujeto a limitaciones de tiempo, lugar o espacio. Podía aparecer o desaparecer en cualquier momento; tenía capacidades sobrenaturales e infundía inquietud y temor en las personas. No se atrevían a acercarse a Él. Después de resucitar atravesaba las paredes; cuando de repente se apareció presentándose entre Sus discípulos y se puso a hablar con ellos, estaban totalmente aterrorizados, con la sensación de que era misterioso e insondable. A partir de esto entendemos que era imposible que el Señor Jesús obrara y hablara de manera práctica y concreta después de Su resurrección, por lo que no habría podido llevar a cabo la obra de Dios de expresar palabras para juzgar al hombre en los últimos días; ¿acaso no se habría frustrado un plan como ese para salvar a la humanidad? Así pues, la encarnación de Dios en los últimos días para salvar a la humanidad es del todo necesaria para la obra de Dios, y especialmente para purificar nuestro carácter corrupto.

El hecho de que Dios se haya hecho carne para realizar Su obra en los últimos días pretende, además, juzgar y perfeccionar más eficazmente a la humanidad, así como desenmascarar y descartar a las personas. Una vez corrompidos por Satanás, todos nos volvimos muy arrogantes y engreídos, sin pensar en nadie más ni llevar a Dios en el corazón. Cuando vemos que Dios en la carne parece muy normal por fuera, nos formamos nociones sobre Él y sobre las verdades que expresa, de manera que nuestra rebeldía y oposición a Dios quedan totalmente al descubierto. Los que aman la verdad comprueban que las palabras de Dios revelan la realidad de las diversas manifestaciones de oposición a Dios por parte de la gente, son conquistados por Sus palabras y se dan cuenta del alcance de su corrupción; están prestos y dispuestos a aceptar el juicio y castigo de Sus palabras. Al continuar experimentando la obra de Dios y despojarse poco a poco de su carácter satánico y corrupto, Dios puede salvarlos plenamente. Sin embargo, quienes detestan la verdad están llenos de nociones y fantasías de la obra de Dios; se niegan a aceptar el juicio de Sus palabras y no tienen ni un ápice de amor por la verdad. Dios los desenmascara y descarta. Desenmascara a todas las personas mediante esta clase de juicio; a todas las clasifica por tipos. Esta obra del Señor Jesús en los últimos días cumplirá y consumará íntegramente las profecías que hablan de separar el trigo de la cizaña, las ovejas de las cabras y los siervos fieles de los infieles. Si Dios se nos apareciera en un cuerpo espiritual sobrenatural, nos asustaría contemplarlo. No nos atreveríamos a acercarnos a Él ni podríamos tener ninguna noción de Él. Tampoco se atrevería nadie a oponerse a Él. De ese modo, tanto los buenos como los malvados caerían ante Dios, lo cual no dejaría al descubierto la rebeldía e injusticia de la gente; no revelaría la verdadera y la falsa fe. No habría manera de desenmascarar y purificar a las personas, de descartarlas y salvarlas para clasificarlas por tipos. ¡De ahí la profunda trascendencia de que Dios se haga carne para llevar a cabo Su obra de salvación en los últimos días!”.

Tras oír las palabras de Dios Todopoderoso y las de este hermano, comprendí que Dios hace Su obra en la carne en función de lo que necesitamos. Aunque se nos absuelvan los pecados por creer en el Señor, en realidad seguimos viviendo en pecado, oponiéndonos y rebelándonos con frecuencia contra Dios. La Biblia dijo: “La santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). Somos tan inmundos y corruptos que en realidad no hay manera de que podamos entrar en el reino celestial. Si Dios no se encarnara, sino que apareciera directamente en Su cuerpo espiritual, no podríamos acercarnos a Él ni remotamente. Aunque tengamos corrupción en nuestro interior, no se revelaría; tampoco podríamos reconocer nuestras actitudes corruptas ni liberarnos de las ataduras del pecado. Al final seríamos aniquilados a causa de nuestra oposición y rebelión contra Dios. ¡Vi lo verdaderamente necesario que es que Dios se haga carne para obrar en los últimos días!

Luego este hermano me puso otro estupendo fragmento de El misterio de la piedad, titulado La necesidad de que Dios haga Su obra por medio de la encarnación. Esto me aportó una comprensión aún mayor de la trascendencia de que Dios se haga carne. Aunque la encarnación de Dios en los últimos días parece muy normal y corriente por fuera, las verdades que expresa nos dan sustento de vida; Su obra del juicio puede purificarnos, salvarnos y perfeccionarnos. ¡Qué práctica es la obra de Dios en la carne! En ese momento bajé completamente la guardia y decidí buscar e investigar en serio la obra de Dios Todopoderoso.

Después, los hermanos y hermanas compartieron con nosotros numerosos videos de recitaciones de palabras de Dios y películas evangélicas; también nos hablaron de los misterios del nombre de Dios y Su encarnación, de la verdad de la corrupción de la humanidad a manos de Satanás, de la manera en que Dios realiza la obra del juicio, de cómo discernir a los siervos fieles e infieles, de cómo ser una persona honesta y otros aspectos de la verdad. Realmente tuve una buena cosecha. Las palabras de Dios Todopoderoso resolvieron mi confusión interior, y a lo largo de un tiempo de búsqueda y estudio comprobé con tres hermanos y hermanas más que Dios Todopoderoso es, en verdad, el regreso del Señor Jesús. Sentíamos una emoción y una gratitud enormes: no podíamos dejar de dar gracias y alabar a Dios.

Recordé que antes no entendía la voluntad de Dios ni conocía Su obra, sino que creía ciegamente al pastor y me aferraba a la idea de que el Señor descendería en una nube en forma espiritual. Esto me mantenía alerta contra la obra de Dios de los últimos días; ¡qué necedad! De no haber sido por la intervención de Dios por medio de esos hermanos y hermanas que hablaron conmigo una y otra vez, seguro que me habría perdido la salvación de Dios de los últimos días por estar encerrada en mis nociones; ¡vaya peligro! He decidido que debo ser una buena seguidora de Dios Todopoderoso y, además, espero llevar ante Dios a mis otros hermanos y hermanas que anhelan el regreso del Señor, a fin de que también ellos puedan recibir Su salvación de los últimos días. Doy gracias a Dios Todopoderoso.

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