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90. ¿Qué es una vida de iglesia genuina? ¿Cómo se debería vivir la vida de la iglesia para obtener entendimiento de la verdad y crecimiento en la vida?

La respuesta de la palabra de Dios:

Algunas personas afirman: “He llevado la vida de la iglesia durante varios años y, cada día me siento satisfecho, lo disfruto a diario”. Cuando les preguntas cómo pasan su vida de iglesia, contestan: “Cuando voy allí, oro a Dios, y cuando oro, lloro amargamente. Todos los hermanos y hermanas oran, todos tienen ganas de abrir la boca para hablar con Dios y orar, tras lo cual cantamos cánticos de alabanza y, al entonarlos, nos sentimos tan conmovidos que las lágrimas corren por nuestras mejillas. A veces me siento tan conmovido que empiezo a sudar; sudo tanto que podría escurrir mi camisa; estoy empapado. Y los hermanos y hermanas danzan también; hay personas que cantan y bailan. ¡La vida de la iglesia es maravillosa! Luego comemos y bebemos las palabras de Dios, y cuando lo hacemos, sentimos que nos hablan en lo más profundo de nuestro corazón. Cuando tenemos comunión, todos nos sentimos llenos de energía”. Tras llevar este tipo de vida de iglesia durante diez años aproximadamente, ¿cuál es el resultado? Nadie se centra en ser honesto, nadie se analiza a sí mismo, nadie comparte su verdadero estado con sus hermanos y hermanas ni su verdadera esencia con ellos, ni se abre ante ellos. Esos diez años de vida en la iglesia han sido en vano, se han pasado danzando y en medio de los sentimientos y el disfrute de las personas. ¿De dónde crees tú que proceden el disfrute y la felicidad de las personas? Me atrevo a afirmar que no es el deseo de Dios ni lo satisface, porque Él quiere ver cambios en las personas y que vivan realmente las palabras que Él pronuncia. Esto es lo que Él quiere ver; no quiere verte con el himnario en la mano, y cómo cantas durante las reuniones, o cuando te sientes especialmente ferviente, ni quiere verte allí alabándolo y danzando. No quiere ver esto. Es más bien lo contrario: cuando Dios ve esto, se siente afligido y desconsolado, porque ha pronunciado millones y millones de palabras, pero ninguno de vosotros las ha puesto en práctica ni las ha vivido. Dios se siente triste y angustiado; esto es lo que preocupa a Dios. Con frecuencia, después de haber tenido un poco de la vida de iglesia, nos sentimos satisfechos; a menudo, nos sentimos un tanto felices, un tanto en paz, algo encantados; cuando alabamos a Dios existe un sentimiento de euforia y consuelo en nuestro corazón, o nos sentimos espiritualmente plenos, por lo que pensamos que lo hemos hecho muy bien en lo que concierne a nuestra creencia en Dios. Y seguimos aferrados a estas falsas imágenes, consideramos que son las cosas más a nuestro favor en nuestra creencia en Dios y las cosas que ya hemos ganado, y las usamos para sustituir los cambios de carácter y la entrada a la senda de la salvación; entonces ya no hay necesidad de buscar ni de perseguir ser honesto, no se intenta y uno no se abre ni se ponen las palabras de Dios en práctica. De modo que Dios está muy preocupado.

de ‘Para ser honesto, uno debe exponerse a los demás’ en “Registros de las Pláticas de Cristo”

En “compartir y hablar en comunión de nuestras experiencias”, compartir significa hablar de cada pensamiento que hay en tu corazón, de tu estado, de tus experiencias y conocimiento de las palabras de Dios, así como del carácter corrupto que hay en ti. Después de esto, los demás diferencian y aceptan lo positivo y reconocen lo que es negativo. Sólo esto es compartir, y sólo esto es tener verdadera comunión. No significa sencillamente comprender las palabras de Dios o parte de un himno, ni hablar en comunión como te plazca sin decir nada relacionado con tu propia vida actual. Todo el mundo habla de conocimiento doctrinal y teórico, y nadie dice nada del conocimiento que se saca de las verdaderas experiencias. Evitan hablar sobre estas cosas, sobre su vida personal, sobre su vida en la iglesia con sus hermanos y hermanas, y sobre su propio mundo interior. De este modo, ¿cómo puede haber una verdadera comunicación entre las personas? ¿Cómo puede haber una confianza real? ¡No puede haberlas! ¿Qué dirías si una esposa no le comentara nunca a su marido las palabras que guarda en su corazón? ¿Se puede decir que son confidentes? ¿Confían el uno en el otro? No. Supón que durante todo el día el marido diga, “Ah, esposa mía, ¡te amo!”, y durante todo el día, la esposa exclame: “Marido mío, te amo, y te amaré para siempre; nunca te abandonaré”. Sólo dicen esto, pero la esposa no se ha abierto nunca respecto a lo que piensa en su corazón, a lo que quiere de su marido o a los problemas que tiene. No le ha hablado nunca a su marido de esas cosas, no ha confiado jamás en él, y si ninguno de los dos ha confiado en el otro, ¿son, acaso, una pareja que se ama entre sí? Si no tienen nada más que palabras altisonantes el uno para el otro cuando están juntos, ¿son de verdad marido y mujer? ¡Desde luego que no! Si los hermanos y las hermanas han de ser capaces de confiar unos en otros, de echarse una mano y de proveer unos para otros cuando están juntos, entonces cada persona debe hablar de sus propias experiencias verdaderas. Si no hablas de ellas, y sólo pronuncias palabras altisonantes, doctrinales y superficiales, no eres honesto y, además, eres incapaz de serlo. […] Si las personas no tienen comunicación verbal ni espiritual, no hay posibilidad de intimidad entre ellas, y no pueden proveerse ni ayudarse el uno al otro. ¿Tenéis este tipo de sentimiento? Si tus amigos te lo dicen todo, comparten contigo todo lo que piensan en su corazón, cuál es su sufrimiento o su felicidad, ¿no sentirás una intimidad particular con ellos? Que estén dispuestos a contarte esas cosas es porque tú también habrás compartido con ellos lo que hay en tu corazón; estás especialmente cerca de ellos y esto se debe a que eres capaz de llevarte bien con ellos y os echáis una mano unos a otros. Si no existe esto entre los hermanos y las hermanas de la iglesia, nunca habría armonía entre ellos, y este es uno de los requisitos de ser honestos. Algunas personas se quejan: “Uff, cuesta mucho ser honesto, ¿tengo que decirles a los demás todo lo que pienso en mi corazón? ¿Acaso no basta con comunicar las cosas positivas? No les hablaré a los demás de mi lado oscuro o corrupto, ¿vale?”. Si no hablas de estas cosas ni te examinas meticulosamente a ti mismo, jamás te conocerás, jamás sabrás qué tipo de cosa eres, y no habrá oportunidad de que otros confíen en ti. Esto es un hecho. Si deseas que otros confíen en ti, primero debes ser honesto. Para ello, primero debes desnudar tu corazón para que todos puedan verlo, y ver todo lo que estás pensando y poder ver tu verdadera cara; no debes fingir ni camuflarte. Sólo entonces confiarán las personas en ti y te considerarán honesto. Esta es la práctica más fundamental de ser honesto, y es un requisito previo. Siempre estás fingiendo, aparentando santidad, virtud, grandeza y nobleza, y no permites que nadie vea tu corrupción y tus fallos. Presentas una falsa imagen de ti a las personas, para que crean que eres recto, poderoso, abnegado, imparcial y desinteresado. No finjas, no te camufles, sino ponte al descubierto, desnuda tu corazón para que los demás vean. Si puedes abrir tu corazón para que otros vean, y exponer todo lo que piensas y planeas hacer en tu corazón —sea positivo o negativo—, ¿no estarás siendo honesto? Si eres capaz de desnudarte para que otros vean, Dios también te verá y dirá: “Te has desnudado para que otros vean y, por tanto, no cabe duda de que también eres honesto delante de Mí”. Si sólo te desnudas delante de Dios, fuera de la vista de los demás, y siempre finges ser poderoso y virtuoso, o justo y desinteresado delante de ellos, ¿qué pensará, pues, Dios? ¿Y qué dirá Dios? Él afirmará: “Eres genuinamente astuto e hipócrita, eres mezquino y no eres honesto”. Dios te condenará por ello. Si deseas ser honesto, independientemente de lo que hagas delante de Dios o de las personas, serás capaz de revelarle tu corazón a los demás. ¿Es esto fácil de lograr? Requiere tiempo, para que haya una batalla dentro de nuestro corazón, y que practiquemos continuamente. Paso a paso, nuestros corazones se abrirán y seremos capaces de desnudarnos.

[…] Si no pones las palabras de Dios en práctica, y si nunca examinas tus propios secretos o dificultades, o no le cuentas jamás a nadie esas cosas privadas ni te abres a las personas sobre ella, ni hablas en comunión con las personas sobre ellas, ni las analizas con las personas con el fin de desnudarte, entonces no hay posibilidad alguna de que seas salvo. ¿Y por qué es esto? Si no te desnudas ni te analizas de esta forma, tu carácter corrupto no puede cambiar nunca. Esto es lo que significan estas palabras. Y si no cambias, puedes olvidarte de ser salvo. Esta es la voluntad de Dios, y esta es Su intención al pronunciar estas palabras. ¿Por qué ha enfatizado Dios siempre el ser honesto? Porque es sumamente importante; está directamente relacionado con que puedas o no ser salvo.

de ‘Para ser honesto, uno debe exponerse a los demás’ en “Registros de las Pláticas de Cristo”

Cada vez que comas y bebas un pasaje de la palabra de Dios, si eres capaz de comprender la obra que Él está llevando a cabo actualmente, de saber cómo orar, cómo cooperar, cómo entrar, sólo esto es lograr los resultados de comer y beber las palabras de Dios. Cuando eres capaz de encontrar la senda de entrada a partir de las palabras de Dios, de comprender la dinámica actual de la obra de Dios y la tendencia de la obra del Espíritu Santo en Sus palabras, esto mostrará que estás en el camino correcto. Si no has comprendido los puntos clave cuando comes y bebes las palabras de Dios, si eres incapaz de encontrar una senda para practicar después de comer y beber las palabras de Dios, esto demuestra que sigues sin saber cómo comer y beber Sus palabras y que no has encontrado el método ni el principio para hacerlo.

de ‘Sé consciente de la voluntad de Dios y alcanza la perfección’ en “La Palabra manifestada en carne”

La devoción sincera a las palabras de Dios significa, principalmente, buscar la verdad, la intención de Dios en Sus palabras, centrarse en comprender la voluntad de Dios, entender y obtener más verdad de las palabras de Dios. Al leer Sus palabras, Pedro no estaba centrado en entender las doctrinas y, menos aún, en conseguir conocimiento teológico, sino en comprender la verdad y la voluntad de Dios, y lograr un entendimiento de Su carácter y Su encanto. Intentó, asimismo, comprender los diversos estados corruptos del hombre a partir de las palabras de Dios, la corrupta naturaleza del hombre y sus verdaderas deficiencias, y alcanzar todos los aspectos de las exigencias que Dios le hace al hombre, para que lo satisfaga. ¡Tuvo tantas prácticas correctas en las palabras de Dios! Es lo que más se ajusta a la voluntad de Dios, y es la mejor colaboración del hombre en su experiencia de la obra de Dios. […] No sólo llegó a entenderse a sí mismo, a partir de las palabras y la obra de Dios, sino que también llegó a conocer a Dios. Se centró, también y de forma particular, en los requisitos de Dios para la humanidad contenidos en Sus palabras y en los aspectos en los que el hombre debería satisfacer a Dios para conformarse a Su voluntad. Hizo gran esfuerzo en este aspecto y alcanzó la claridad completa; esto fue beneficioso para su propia entrada.

de ‘Cómo tomar la senda de Pedro’ en “Registros de las pláticas de cristo”

En la obra de Dios, Él te provee por medio de Su palabra. Cuando obedeces y aceptas Su palabra, entonces el Espíritu Santo con toda seguridad obrará en ti. El Espíritu Santo obra exactamente de la manera que digo. Haced como he dicho y el Espíritu Santo con toda prontitud obrará en ti. Expongo una nueva luz para que veáis y vengáis a la luz presente. Cuando caminas en esta luz, el Espíritu Santo inmediatamente obrará en ti. Algunos pueden ser recalcitrantes y decir, “Simplemente no voy a hacer lo que Tú dices”. Entonces te digo ahora que este es el fin del camino. Te has marchitado y ya no tienes vida. Por lo tanto, cuando se experimenta la transformación del carácter, es crucial que se mantenga el paso con la luz presente. El Espíritu Santo no sólo obra en ciertos hombres que son usados por Dios, sino que lo hace aún más en la iglesia. Él podría estar obrando en cualquiera. Ahora puede obrar en ti y después de que lo hayas experimentado, puede obrar en alguien más después. Síguela de cerca; cuanto más sigas la luz presente, más puede crecer tu vida. Sigue a aquellos en los que el Espíritu Santo obra, sin importar la clase de hombre que pueda ser. Asimila sus experiencias a través de las tuyas y vas a recibir cosas aún más elevadas. Al hacerlo así verás el crecimiento con mayor rapidez. Esta es la senda de la perfección para el hombre y una forma por la cual la vida crece. La senda a la perfección se alcanza a través de tu obediencia hacia la obra del Espíritu Santo. Tú no sabes por medio de qué clase de persona obrará Dios para perfeccionarte, ni tampoco por medio de qué persona, suceso o cosa Él te traerá beneficios y te permitirá adquirir algo de discernimiento. Si puedes caminar en este camino correcto, esto muestra que hay gran esperanza para ti para que seas perfeccionado por Dios. Si no eres capaz de hacerlo, esto muestra que tu futuro será desolado y uno de tinieblas. Cuando caminas sobre el camino correcto, se te harán revelaciones en todas las cosas. No importa qué les pueda revelar el Espíritu Santo a los demás, si tú continúas en tu experiencia sobre el fundamento de su conocimiento, entonces esto se convertirá en tu vida y serás capaz de proveer a otros debido a esta experiencia. Aquellos quienes proveen a los demás repitiendo palabras son aquellos sin experiencia; se debe aprender para encontrar, por medio del esclarecimiento y la iluminación de los demás, una forma de práctica antes de hablar de la propia experiencia y conocimiento prácticos. Esto será de mayor beneficio para la propia vida. Debes experimentar de esta manera, obedeciendo todo lo que viene de Dios. Debes buscar la mente de Dios en todas las cosas y aprender lecciones en todas las cosas, creando crecimiento en tu vida. Tal práctica permite que el crecimiento sea más rápido.

de ‘Los verdaderamente obedientes seguramente serán ganados por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿Qué es aceptar la verdad? Significa que, independientemente del carácter corrupto que tengas o el veneno con que el gran dragón rojo emponzoñe tu naturaleza, la reconoces cuando la palabra de Dios la revela y te sometes a ésta última con total convicción. Y te conoces a ti mismo según la palabra de Dios. Esto es lo que significa aceptar la palabra de Dios. Independientemente de lo que Él diga, de lo desgarrador que pueda ser para el corazón, de las palabras que Él use, puedes aceptarla mientras sea la verdad, y puedes reconocerla mientras se conforme a la realidad. Puedes someterte a la palabra de Dios sin importar cuán profundamente la entiendas, la aceptes y te sometas a la luz del esclarecimiento del Espíritu Santo comunicado por los hermanos y hermanas. Cuando la búsqueda de la verdad por parte de una persona ha alcanzado un punto determinado, ella puede obtener la verdad y lograr la transformación de su carácter.

de ‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registros de las Pláticas de Cristo”

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