18. Hay una manera de resolver la arrogancia

Xiaochen    La ciudad de Zhengzhou, provincia de Henan

La arrogancia es mi defecto fatal. Solía revelar con frecuencia mi carácter arrogante, siempre pensaba que era mejor que las otras personas. Especialmente cuando corregía artículos o comunicaba acerca de la obra con un compañero, siempre era dogmático y no escuchaba otras opiniones con modestia. Mi incapacidad de cooperar en armonía con mis compañeros seguido causaba problemas para la obra. Los hermanos y hermanas me planteaban muchas veces esta cuestión y yo también leía regularmente sobre cómo exponía Dios la naturaleza arrogante de las personas. Pero como todavía no había alcanzado el verdadero entendimiento de mi propia naturaleza y esencia, y tampoco podía odiarla realmente, perdía el control siempre que me encontraba en un ambiente adecuado. Después me sentía también bastante disgustado, pero como lo hecho, hecho está, lo único que podía hacer era seguir intentando entenderlo. Y así pasó una y otra vez. Esto me hacía sentir muy avergonzado e impotente.

Una vez vi las siguientes palabras de Dios cuando practicaba la devoción espiritual: “¿Cómo resuelves la naturaleza? Primeramente, debes conocerla y entender tanto la palabra como la voluntad de Dios. ¿Cómo puedes garantizar, pues, en la mayor medida posible, que evitas cometer actos ilegales y que sólo haces lo que se conforma a la verdad? Si deseas realizar un cambio, debes deliberar sobre esto. En cuanto a tu naturaleza defectuosa, qué clases de corrupción constituye y de qué tipo de actos es capaz, qué enfoque puede adoptarse entonces y cómo se puede practicar con el fin de controlarla; ésta es la pregunta fundamental […]. Lin Zexu se enojaba rápidamente. Basándose en su propia debilidad escribió la siguiente máxima en su habitación: “Controla tu genio”. Por mucho que funcione de verdad, este es el enfoque del hombre. Cada individuo tiene sus propios principios que seguir, por lo que tú también deberías establecer principios con respecto a tu propia naturaleza. Estos principios son necesarios; no tenerlos es impensable. Esto también debería ser tu máxima para creer en Dios y tu código de conducta” (‘Resolver la naturaleza y practicar la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Las palabras de Dios me brindaron una senda inmediata que podía tomar. Entendí que para cambiar un carácter rebelde debes por un lado comer y beber a menudo de las palabras de Dios en las que expone la esencia corrupta del hombre, y por el otro, te tienes que enfocar en un lema para controlar tu naturaleza, de tal modo que puedas controlar conscientemente las revelaciones de tu naturaleza y así abandonarte a practicar la verdad. Por lo tanto, de acuerdo con aspectos de mi corrupción tales como mi naturaleza arrogante, mi justicia propia y mi poca disposición a escuchar las opiniones de los compañeros, formulé un lema: “No hay nada por lo que un puñado de estiércol pueda ser arrogante excepto por un poco de hedor”. Siempre que comunicaba sobre una cuestión con mis compañeros, primero usaba este lema para advertirme a mí mismo me recordaba con firmeza que mi esencia es estiércol y que todo mi cuerpo está cubierto de hedor. También recordaba que había causado demasiados problemas para la obra debido a mi arrogancia y ego, y que no había nada por lo que ser arrogante. De esa manera, no defendería que siempre tenía toda la razón y también me daría un pedacito de corazón de búsqueda, haciendo que esté dispuesto a humillarme y a escuchar las opiniones de otros. A veces todavía quería refutar las opiniones de los demás, pero en cuanto pensaba en el lema, me abandonaba conscientemente y practicaba la verdad de una coordinación armoniosa.

Después de un tiempo descubrí con sorpresa que cuando me humillaba recibía un poco del alumbramiento e iluminación del Espíritu Santo de la comunicación de mis compañeros y veía algunos de los aspectos absurdos en mi recepción de la verdad. Al mismo tiempo descubrí también algunas de las fortalezas de los demás y estuve dispuesto a acercarme a ellos para complementarme. Además, no pensaba que era mejor que otras personas en todo y también bajé mi engreída cabeza. Traicionarme a mí mismo ya no me producía tanto dolor como antes, y sentía desde el corazón que humillarme y escuchar con modestia las opiniones de mis compañeros era bastante agradable, que no sólo beneficiaba la progresión de mi propia vida sino también mejoraba los resultados de nuestra obra al compensarnos unos a otros nuestras deficiencias e ir todos a una.

Por medio de esta experiencia, saboreé la dulzura de practicar la verdad y vi que formular un lema podía hacerme controlar conscientemente las revelaciones de mi corrupción, no sólo reduciendo mis transgresiones sino también obteniendo más oportunidades para entender la verdad. Al mismo tiempo, también me di cuenta de que las revelaciones pasadas de mi naturaleza arrogante eran demasiado feas y repugnantes. Gracias a Dios por llevarme a conocer estas cosas. De ahora en adelante, formularé lemas que correspondan a los varios aspectos de mi corrupción y me reprimiré para poder practicar la verdad. También leeré con frecuencia la palabra de Dios para conocer la esencia de mi propia naturaleza, para que verdaderamente me pueda odiar y me pueda deshacer de mi corrupción lo antes posible para agradar a Dios.