App de la Iglesia de Dios Todopoderoso

¡Escucha la voz de Dios y recibe el regreso del Señor Jesús!

Invitamos a los buscadores de la verdad a contactar con nosotros.

Testimonios de experiencia del juicio de Cristo

Colores lisos

Temas

Fuente

Tamaño de fuente

Interlineado

Ancho de página

0 Resultado(s) de búsqueda

No se encuentra los resultados.

`

20. ¿Quién conoce el corazón maternal de Dios?

Qingxin    Ciudad de Zhengzhou, provincia de Henan

Con respecto al concepto de la verdad de que “Dios es justo”, yo tenía un entendimiento algo absurdo. Yo pensaba que en tanto que alguien manifiesta corrupción en sus obras o comete transgresiones que dañan la obra de la iglesia, esa persona debe enfrentar retribución o pérdida de su tarea, o ser sometida a castigo. Esta es la justicia de Dios. Dado este entendimiento incorrecto, además del temor de perder mi tarea por haber cometido errores en mi trabajo, yo pensé en un método “astuto”: Siempre que hacía algo mal, hacía todo lo posible para que los líderes no se enteraran y rápidamente trataba de compensarlo yo mismo y hacer lo más posible para corregirlo. ¿No me ayudaría eso a conservar mi tarea? Por tanto, siempre que presentaba informes sobre mi trabajo yo reducía los grandes problemas a pequeños y los pequeños problemas a nada. Si a veces era pasivo yo hacía lo que podía por cubrirlo frente a los líderes y pretendía estar muy activo y positivo, aterrado de que los líderes pensarían que yo era incompetente y dejarían de utilizarme. Así que simplemente hice eso, siempre me cuidaba mucho contra los líderes en todo lo que hacía.

Sin embargo, Dios inspecciona el corazón de las personas y mi “soberbio truco” nunca pudo escapar de los ojos de Dios. Descubrí que mientras más trataba de cubrir las cosas, más me exponía Dios a la luz. Por ejemplo: Siempre que trataba de presumir mi “talento” frente a los líderes me sobrecargaba y me ponía en ridículo; siempre que trataba de cubrir mi condición pasiva “oscuras nubes” aparecían involuntariamente en mi cara y se daban cuenta los hermanos y las hermanas; siempre que trataba de cubrir la forma superficial en que realizaba mi trabajo el resultado era como un espejo que revelaba todo… Una y otra vez la humillación y el tormento de mi conciencia por ser deshonesto me hicieron caer, sin embargo, no comprendí las intenciones y el propósito detrás de la razón de que Dios trabaja de esta manera, tampoco entendí la manera en que Dios salva a las personas. Simplemente esperé pasivamente la llegada del “justo juicio de Dios”, ser tratado por la iglesia.

Pero la realidad no progresó como yo esperaba: En mi trabajo, aunque yo era podado y corregido por no cumplir adecuadamente mi tarea, yo podía recibir la devota guía de hermanos y hermanas, quienes me hacían saber lo que era superficial y lo que estaba haciendo con lealtad al realizar mi tarea. Comprendí que únicamente al actuar de acuerdo con los requerimientos de Dios uno puede cumplir adecuadamente su tarea. En términos de entrar en la vida, muchas veces me encontré en pensamientos malignos de los que no podía deshacerme, lo que dejaba mi corazón en agonía. Yo quería abrir mi corazón y buscar comunicación, pero me sentía demasiado avergonzado para hablar. Al final, caí en las tinieblas y perdí la obra del Espíritu Santo. Pero después de abrirme y exponerlo todo, vi que los hermanos y las hermanas no sólo no se rieron de mí ni me menospreciaron debido a ello, en cambio me dieron ayuda y exhortación, lo que me permitió vivir en la luz y me dio un camino de práctica y el poder para derrotar al pecado. Más tarde vi que cuando los hermanos y hermanas a mi alrededor hicieron algo mal o revelaron corrupción, la iglesia no les envió a casa debido a ello. En cambio, la iglesia hizo todo lo posible por comunicarse con ellos y apoyarles, dándoles una y otra oportunidad. Incluso si al final se envía a una persona en particular a su casa, es sólo porque repetidamente ofendió el carácter de Dios y aún se rehusó a arrepentirse incluso después de haber sido podada, confrontada, y establecido comunicación con ella muchas veces. Pero incluso esas personas, la iglesia aún espera que se arrepientan y despierten. Si en realidad reflexionan y cambian después de un tiempo, la iglesia aún les dará oportunidades de practicar y preparar buenas obras. Estos hechos me hicieron ver que la actitud de Dios es como cuando los padres enfrentan el retorno de su hijo pródigo, con amor y afecto sin igual. También me hicieron ver que la obra que Dios realiza es la obra de salvar personas, cambiar personas y perfeccionar personas. Fue sólo entonces que me di cuenta de que mi idea de la “justicia de Dios” era demasiado absurda y demasiado alejada de la realidad. Aunque el carácter de Dios es justo, lo que Él revela más a la las personas que le siguen es extrema paciencia, tolerancia y misericordia, y son ilimitadas e inconmensurables. Se puede decir que el amor que Dios expresa es aún mayor que Su justicia.

En ese momento no pude evitar pensar en un pasaje de la palabra de Dios. Así que abrí Registros de las pláticas de Cristo y encontré el siguiente pasaje. Dios dijo: “¿Qué es la esencia de Cristo? La esencia de Cristo es el amor por la humanidad; con respecto a quienes lo siguen, es amor ilimitado. Si Él no tiene amor o misericordia, las personas no serían capaces de seguirlo hasta el tiempo presente. Algunas personas dicen: ‘Entonces ¿no sigue siendo justo Dios?’. ¡Sí! Es correcto que Él sigue siendo justo, pero desde la perspectiva de Su carácter, Su justicia es odio hacia la corrupción y la maldad de la humanidad. ¿Y si Él tuviera meramente justicia y no amor? ¿Y si el amor no pudiera superar a la justicia? Se podría decirse que la humanidad estaría acabada. Por tanto, os hablo con franqueza; es decir, en la obra que Dios hace para la humanidad, durante el tiempo de Su encarnación, Su esencia más aparente y prominente es el amor, la tolerancia ilimitada. De no ser amor, sino que Dios destruyera a las personas como vosotros imagináis; al hablar destrucción, las personas serían destruidas, y al hablar de odio por las personas, serían castigadas, malditas, juzgadas, y escarmentadas, ¡sería muy grave! Si Él se enojara con las personas, ellas temerían y temblarían, y no serían capaces de mantenerse en pie ante los ojos de Dios... Esto no es más que un método para expresar el carácter de Dios y, al final, Su propósito sigue siendo la salvación. Su amor discurre por todas las revelaciones de Su carácter. Reflexionad sobre esto: durante la obra en el tiempo de la encarnación, lo que más se ha revelado para las personas es el amor. ¿Qué es la paciencia? La paciencia es tener piedad, porque contiene amor, y Su propósito sigue siendo salvar a las personas. Dios es capaz de tener piedad de las personas, porque tiene amor. Del mismo modo que si hay amor verdadero entre un marido y su esposa, ellos no miran las deficiencias y los errores del otro. Si fueras provocado a ira, seguirías siendo capaz de ser paciente. Todo se establece sobre el fundamento del amor. ¿Qué ocurre si Él fuera odioso? Su actitud, Su expresión y el resultado no serían como son. Si Dios sólo sintiera odio e ira, y sólo hubiera juicio y castigo, sin amor, la situación no sería la que veis ahora ni estaríais en buenas situaciones. ¿Os proveería Él la verdad?” (‘El verdadero amor de Dios por la humanidad’ en “Registros de las charlas de Cristo con líderes y obreros en la Iglesia”). Cuando en el pasado leí este pasaje, aun cuando dijera que lo reconocía, nunca lo comprendí realmente y estaba aún lleno de desconfianza y recelo hacia Dios. Sólo ahora que tengo un mínimo de verdadero entendimiento de estas palabras y puedo apreciar que tienen demasiada sustancia. Los espacios entre líneas se llenan con el profundo afecto de Dios por la humanidad y Su bien intencionada provisión, apoyo y enseñanza para ella.

En este punto yo no pudiera sino desarrollar en mi corazón profundos sentimientos de culpa hacia Dios: ¡Oh Dios! Por todo el tiempo que te he seguido, incluso aunque yo creía en Ti, yo no te conocía. No sólo ciega y falsamente malinterpreté Tu corazón maternal, también te provoqué gran dolor. Realmente soy demasiado indigno de presentarme ante Ti, e incluso más indigno de Tu salvación. ¡Sólo soy digo de Tu maldición! Pero, la manera en que me tratas no se basa en mi desobediencia. En cambio, Tú me exaltas, sientes compasión y me toleras fuertemente, dándome la oportunidad de volver a nacer, permitiéndome disfrutar de todo Tu amor y gracia, permitiéndome ver Tu belleza y bondad, y experimentar la funcionalidad de Tu palabra, ¡Dios es justo y más aún es amor! Desde ahora deseo conocer más de Tu dignidad a través de Tu palabra y por medio de la vida real, y esforzarme por ser una persona honesta, que te ama, ¡y cumplir fielmente mi deber de pagar por Tu gran amor!

Anterior:Sacudiéndose las cadenas del espíritu

Siguiente:Una batalla de vida y muerte

También podría gustarte