App de la Iglesia de Dios Todopoderoso

¡Escucha la voz de Dios y recibe el regreso del Señor Jesús!

Invitamos a los buscadores de la verdad a contactar con nosotros.

Testimonios de experiencias ante el tribunal de juicio de Cristo

Colores lisos

Temas

Fuente

Tamaño de fuente

Interlineado

Ancho de página

0 Resultado(s) de búsqueda

No se encuentra los resultados.

69. La filosofía satánica es engañosa y dañina

Wu You La ciudad de Hechi, provincia de Guangxi

Hace algún tiempo, la iglesia dispuso que yo viviera con una familia de hospedaje por motivos relacionados con la obra. La primera vez que compartí con el hermano y la hermana de la familia de hospedaje me dijeron: “Nos asusta mucho orar en la compartición. Sabemos qué decir cuando oramos por nuestra cuenta, pero cuando se trata de compartir la oración, no sabemos qué decir”. Cuando oí esto, pensé: “Si no oramos durante la comunión, no podremos recibir la obra del Espíritu Santo y la comunicación no será efectiva. ¡Tenemos que orar!”. Pero entonces lo reconsideré, pensando que si de verdad tenían miedo de orar, ¿acaso no se formarían una opinión de mí si yo insistía en que oraran? Para cumplir con mis deberes de editar artículos, necesitaría quedarme con la familia de hospedaje durante un largo periodo de tiempo. ¿Y si se formaban una opinión de mí y no me quisieran hospedar porque yo no estaba de acuerdo con sus deseos? Pensé que simplemente debía aceptar sus deseos. Por lo tanto, durante el transcurso del siguiente mes nunca oramos durante la compartición. Esto hizo que la comunicación sobre las palabras de Dios fuera aburrida e insípida y totalmente carente del esclarecimiento del Espíritu Santo. Además, nos desviábamos del tema con frecuencia. Poco a poco, la condición del hermano y la hermana se hizo menos normal y ya no estaban tan dispuestos a compartir. Incluso cuando teníamos la compartición, siempre estaban dando cabezadas y en la vida diaria no le daban importancia a comer y beber la palabra de Dios. Veían la televisión cada vez que tenían tiempo y ya no me demostraban mucho afecto, hasta se mostraban reacios a hablar conmigo. Ante esta situación, me sentía muy dolida y confusa; complacía sus deseos y no los ofendía. ¿Por qué actuaban así?

Cuando me sentía más confundida por esta situación, las palabras de Dios me esclarecieron: “Si no tienes una relación adecuada con Dios, no importa qué hagas para mantener tus relaciones con las demás personas, no importa qué tan duro trabajes o cuánta energía inviertas, esto sigue perteneciendo a una filosofía de vida humana. Mantienes tu posición entre las personas a través de una perspectiva humana y una filosofía humana para que ellas te alaben. No estableces relaciones adecuadas con las personas de acuerdo con la palabra de Dios. Si no te centras en tus relaciones con las personas, sino que mantienes una relación adecuada con Dios, si estás dispuesto a darle tu corazón a Dios y aprendes a obedecerle, de una manera muy natural, tus relaciones con todas las personas serán adecuadas. […] Una relación adecuada entre las personas se establece sobre el fundamento de darle el corazón a Dios; no se alcanza por medio del esfuerzo humano” (‘Es muy importante establecer una relación adecuada con Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”). A través de las palabras de Dios de pronto vi la luz. Resultó que esta situación había surgido porque yo estaba obsesionada con mantener relaciones de la carne entre las personas y no me preocupaba de desarrollar una relación normal con Dios. Al pensar en cómo me llevaba con mi familia de hospedaje para que se formaran una impresión favorable sobre mí y estuvieran dispuestos a hospedarme, me di cuenta de que los seguía en todo y hacía todo lo posible para complacerlos, sin considerar los principios de la verdad o si mis acciones los beneficiarían. Cuando me enteré de su miedo a orar durante la compartición, no me comuniqué con ellos con respecto a las verdades relevantes para ayudarles a entender el significado y la importancia de orar; en cambio, para proteger mis propios intereses, les obedecí y respeté su deseo de no orar durante la compartición. Dado que no había oración ni búsqueda, ni entrega, no había forma de alcanzar el esclarecimiento del Espíritu Santo y Su guía durante la compartición, o de obtener sustento a través de comer y beber la palabra de Dios. A consecuencia de ello, nuestras situaciones se volvieron menos corrientes y éramos incapaces de mantener una relación normal. Era muy consciente de la importancia de la oración. La oración ayuda a las personas a ser conmovidas por el Espíritu de Dios y es un vehículo para que obre el Espíritu Santo. La oración nos puede ayudar a obtener más esclarecimiento del Espíritu Santo a fin de entender mejor la verdad. Además, orar antes de la compartición es siempre una forma de mostrar el lugar de Dios en el corazón del hombre, mostrando que el hombre honra a Dios sobre todas las cosas. Pero yo todavía estaba siguiendo la filosofía de vida de Satanás —“Sé conocedor de mundo en aras de la supervivencia personal”—, cancelando la oración para conservar mis relaciones. Esto demostraba que yo no tenía un lugar para Dios en mi corazón y que estaba completamente internamente dominada por la filosofía de Satanás. Siempre me esforcé por mantener una relación física con las personas. Este comportamiento era atribuible a mi adopción integral de la filosofía satánica “Sé conocedor de mundo en aras de la supervivencia personal”. Eso corrompió mi corazón y mi alma, me volvía cobarde, egoísta y despreciable, hacía que fuera injusta e incapaz de poner en práctica la verdad. Podía recordar muchas ocasiones en el pasado en las que me había opuesto a Dios motivada por mi propia conservación: cuando estaba liderando la iglesia, vi a personas difundiendo ciertas nociones, propagando negatividad, perturbando la vida de la iglesia, pero no me atreví a detenerlas por miedo a que si decía algo pondría en peligro mis intereses. Al dirigir la obra de evangelización, me eché atrás en el momento en que los hermanos y hermanas se quejaron de que las cosas eran muy difíciles y no me atreví a pedirles más por temor a ofenderlos y a perder el lugar que yo ocupaba en sus corazones. Al hacer esto, hice que nuestra obra de evangelzación fuera inefectiva. Al trabajar con el grupo responsable de editar artículos, noté que la hermana con la que formaba un tándem no se tomaba en serio su trabajo, pero tenía miedo de señalárselo por temor a que se sintiera triste y que desarrollara prejuicios en contra mía que afectara nuestra armonía… En este momento, vi con claridad que en todo lo que hacía, mi enfoque estaba siempre en la actitud de otros hacia mí y en la evaluación que hicieran de mí. Salvaguardé mi lugar y mi imagen en el corazón de otras personas y consideré mis propias ganancias y pérdidas. Podría decirse que estaba viviendo completamente de acuerdo a la filosofía de Satanás de “Sé conocedor de mundo en aras de la supervivencia personal”. Eso se había convertido en el principio de mis acciones, en la base de cómo yo funcionaba como persona. A consecuencia de ello, no consideraba el principio o la posición en nada de lo que hacía, sino sólo en si me beneficiaría personalmente. Esta filosofía satánica de “Sé conocedor de mundo en aras de la supervivencia personal” es un principio negativo totalmente opuesto a la verdad; un instrumento utilizado por Satanás para corromper a las personas. Al vivir de acuerdo a este principio, las personas sólo se vuelven más tramposas, astutas, egoístas y despreciables. Poco a poco ellas pierden aquellas características que conforman a un verdadero humano. La filosofía satánica es engañosa y dañina. ¡Jamás quiero volver a vivir de acuerdo a esta filosofía! En cuanto reconocí todo esto, les comuniqué al hermano y a la hermana de la familia de hospedaje la verdad acerca de la oración. Cuando comprendieron el significado y la importancia de la oración, estuvieron dispuestos a practicar la oración durante la compartición y, al hacerlo, sus situaciones cambiaron.

Enfrentada con la realidad de la situación, aprendí que vivir de acuerdo a la filosofía satánica es dañino en todos los aspectos. De ahora en adelante, prometo buscar la verdad con todo mi corazón, desvelar en todo tipo de filosofía satánica que he adoptado y dejar de vivir de acuerdo a esas filosofías. Quiero dejar que Dios y la palabra de Dios reinen en mi corazón y tomen el control. Permitir que la verdad sea el amo de mi corazón de manera que yo pueda vivir de acuerdo a la palabra de Dios en todos los aspectos.

Anterior:Desprendiéndome de las cadenas

Siguiente:Por qué transité el camino de los fariseos

Contenido relacionado

  • No es tan fácil ser una persona honesta

    Al enfrentarme a la verdad, comencé a apreciar de verdad lo difícil que es ser una persona honesta. Especialmente para las personas calculadoras como yo, nunca podré ser una persona honesta si no dejo atrás todo fingimiento y sin la disciplina y el castigo de Dios. De ahora en adelante, perseguiré sinceramente la verdad, aceptaré todas las palabras de Dios, intentaré comprender aún más profundamente mi propia naturaleza calculadora, abandonaré todos mis fingimientos y seré una persona honesta para poder vivir la verdadera forma de un ser humano.

  • Los celos, la enfermedad espiritual crónica

    ¿Acaso no era igual a las personas reveladas por la palabra de Dios que “oprimen y discriminan a los demás con el propósito de mantener su propio estatus”? Cuando vi que la hermana con la que trabajaba era mejor que yo en todos los aspectos y que todos los hermanos y hermanas la apreciaban, me invadieron los celos. Estaba harta de ella, la discriminaba y esperaba que se fuera pronto para salir de aquella situación.

  • La obra de Dios es muy sabia

    Así como dice la palabra de Dios: “Mi sabiduría se ejerce sobre la base de las tramas de Satanás” y “Dios maneja todas las cosas para que lo sirvan” para exponer y perfeccionar a la humanidad de la manera más significativa.

  • Solo entendiendo la verdad se puede tener discernimiento

    Entendí que se estaba abordando de acuerdo con las exigencias de la obra de Dios y la esencia de las personas, y no haciendo un uso a ciegas de o reemplazando a las personas a voluntad. Además, la iglesia no reemplaza a las personas sobre la base de que hayan expresado alguna corrupción, sino que determina las cosas sobre la base de su esencia.