67. El mejor regalo que Dios me ha dado

Yixin    La ciudad de Shijiazhuang, provincia de Hebei

Antes, muchas veces escuchaba a mis hermanos y hermanas decir: “Todo lo que Dios hace es para mejor; es lo que la gente necesita”. Yo lo admitía y lo aceptaba, pero no tengo ningún conocimiento a través de mi experiencia. Posteriormente, fui entendiéndolo a través de un entorno que Dios creó para mí.

En mi interior, deseaba con todas mis ansias tener estatus. Estaba siempre esperando que el líder me prestara atención y que mis hermanos y hermanas tuvieran una buena opinión de mí, pero la realidad jamás fue como yo esperaba. Durante varios años, sin importar con quién trabajara para cumplir mis obligaciones, siempre había sido “la ayudante”. Independientemente de lo que fuera, el líder siempre lo debatía con mi compañera y arreglaba todo para que ella se ocupara. Al parecer, yo era insignificante y poco importante para el líder. Esto verdaderamente me desequilibraba. Pensaba: “Cumplo el mismo tipo de obligaciones y no soy peor que los demás. ¿Por qué siempre soy ‘la ayudante’? ¿Por qué siempre estoy por debajo de alguien más?” Sufrí bastante el perfeccionamiento porque jamás podía satisfacer mis deseos, y vivía permanentemente en medio de mi incomprensión de Dios. No podía escaparme de eso. Un día, el líder le pidió a mi compañera que uniera parte de un texto, pero no solicitó mi ayuda. Me dolió muchísimo. Si bien sabía que no debía dejarme llevar por nimiedades, simplemente no pude dejarlo pasar y, una vez más, me hundí en el dolor. Pensaba: ¿Por qué siempre me enfrento con este tipo de situaciones? ¿Por qué estas situaciones no se dan nunca como yo quiero? ¿Por qué Dios hace estas cosas? Era absolutamente incomprensible para mí.

Más tarde, cuando me estaba comiendo y bebiendo la palabra de Dios, vi que Dios decía lo siguiente: “Sin embargo, la corrupción de la naturaleza humana debe resolverse por medio de pruebas. Debes ser refinado en aquellos aspectos en los que no das la talla, ésta es la disposición de Dios. Él crea un entorno para ti y te obliga a ser refinado allí para que conozcas tu propia corrupción. Finalmente alcanzas un punto en el que preferirías morir y renunciar a tus planes y deseos, y someterte a la soberanía y la organización de Dios. Por tanto, si las personas no pasan por varios años de refinamiento; si no tienen un determinado volumen de sufrimiento, no serán capaces de evitar la esclavitud de la corrupción de la carne en su pensamiento y en su corazón. Los aspectos en los que sigues sujeto a la esclavitud de Satanás, aquellos en los que tienes tus propios deseos, tus propias exigencias, son aquellos en los que deberías sufrir. Sólo en el sufrimiento pueden aprenderse las lecciones, y esto significa ser capaz de obtener la verdad y entender el propósito de Dios” (‘Cómo satisfacer a Dios en medio de las pruebas’ en “Registros de las Pláticas de Cristo”). Sentí que las palabras de Dios eran como una ola cálida en mi corazón, como si me iluminara en persona y me contara por qué hacía las cosas de esta manera, cuál era el objetivo, permitiéndome conocer Sus buenas intenciones. Con esa iluminación de Dios, no puede evitar cambiar de dirección y mirar con nuevos ojos el entorno que Él había creado para mí. Entonces pude ver que Dios era quien mejor me conocía; sabía qué aspectos de la influencia de Satanás más me ataban. Además, Él tenía claro que lo que peor influía de Satanás en mí era en el terreno del estatus. Dios no podía soportar verme vivir siempre bajo el dominio de Satanás, ni corrompida, oprimida, torturada y pisoteada por él. Por eso, Dios apuntaba a mi naturaleza y, según lo que yo necesitaba, me purificaba continuamente donde estaba más corrompida por Satanás. Esas revelaciones, castigos y refinamientos fueron, en conjunto, la salvación del amor de Dios hacia mí. Pero durante muchos años, nunca había comprendido las buenas intenciones de Dios. No estaba dispuesta a aceptar el trabajo de “privación” que Dios realizaba sobre mí. Por eso siempre malinterpretaba Su benevolencia y sentía que era duro conmigo, que me reprimía y no me permitía mostrarme a mí misma. Cuando lo pienso ahora, si yo, que el estatus era mi vida, realmente hubiera hecho las cosas a mi manera en todos los ámbitos, mis deseos internos habrían aumentado cada vez más, lo que finalmente sólo podría haberme arruinado. Me habría destruido por completo. Sólo entonces comprendí el arduo trabajo que había hecho Dios en mí durante tantos años; sólo entonces vi que los entornos que Dios había creado para mí eran para salvarme. Este amor no puede expresarse con palabras. Mi corazón se conmovió gracias al amor sincero de Dios, haciendo desaparecer mis incomprensiones de Dios. Estaba felizmente dispuesta a ser obediente dentro del entorno que Dios había creado para mí.

Sólo a través de esta experiencia pude reconocer verdaderamente que Dios crea entornos para probar y refinar al hombre. ¡Esto encierra un profundo significado y un gran amor! Pienso que, en realidad, estas situaciones que se me presentaban y que no se ajustaban a mis concepciones eran exactamente lo que yo necesitaba en la vida. Era el medio fundamental de Dios para lograr que yo lo reconozca y obedezca a fin de salvarme y llegar a la perfección. De la misma manera que una madre entiende la salud de sus propios hijos (qué necesita cada niño, qué suplemento nutricional les falta), una madre lo comprende bien. Hoy, Dios hace lo mismo en la vida de las personas. Crea un entorno para ellas y todo lo que hace en sus vidas es sólo en función de lo que necesitan. Es lo mejor para sus vidas, y les permite alcanzar la verdad, lograr obediencia a Dios y librarse de la influencia de Satanás. Si las personas pueden ser obedientes dentro del entorno que Dios ha creado para ellas, pueden alcanzar la verdad, ganar vida y, por último, llegar a la perfección a partir de Dios. Si las personas le dan rienda suelta a su propio temperamento y a sus preferencias y piden que Dios se las conceda, no sólo no lograrán nada, sino que disgustarán a Dios y, al final, sólo podrán causarse daño y arruinarse a sí mismas. Esto es porque lo que a la gente le gusta no es adecuado para ella, e incluso no es beneficioso para su salvación y perfeccionamiento en Dios. Sólo lo que Dios le concede al hombre es lo mejor; sólo eso es lo que las personas más necesitan. En ese momento finalmente pude comprender de forma práctica lo que Dios decía: “El sendero de hoy es el camino del juicio y la maldición, pero debes saber que lo que te he concedido, a pesar de cualquier juicio o castigo, es el mejor regalo que puedo darte. Es lo que más necesitas”.

Agradezco que Dios me haya iluminado y me haya permitido conocer y comprender la obra que hizo en mí, y ver que cuanto más dispuesta no estoy a aceptar algo, más lo necesito, y más debería aceptarlo. Sólo de este modo podré obtener lo que Dios me está dando. También me di cuenta de que la esencia de Dios es buena, y de que lo que Él hace por el hombre es amor puro. Es lo mejor para la vida de las personas; es el sustento más necesario en sus vidas, y es el mejor regalo que Dios le da al hombre. De hoy en adelante, estoy dispuesta a ponerme íntegramente en las manos de Dios, a obedecer y aceptar toda la obra que Él realiza en mí. Estoy dispuesta a ir en busca de la verdad, alcanzarla y lograr pronto un cambio en el carácter dentro del entorno que Dios crea para mí.