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81. Emprendiendo el camino de la creencia en Dios

Rongguang    Ciudad de Harbin, provincia de Heilongjiang

En 1991, por la gracia de Dios, comencé a seguir a Dios Todopoderoso debido a una enfermedad. En ese momento yo no sabía nada acerca de la creencia en Dios, pero lo interesante es que, al comer y beber de las palabras expresadas por Dios Todopoderoso, lo disfrutaba. Sentía que Sus palabras eran demasiado buenas, y cuando cantaba u oraba, el Espíritu Santo me conmovía con frecuencia hasta el punto de llorar. Esa dulzura en mi corazón, ese gozo, era como si un acontecimiento jubiloso me hubiese envuelto. En particular, en los encuentros durante la gran obra del Espíritu Santo, sentía como si hubiera trascendido la carne y estuviese viviendo en el tercer cielo, que el viento se había llevado todo lo que pertenecía al mundo. No puedo expresar cuán alegre, cuán feliz me sentía en mi corazón. Sentía que era la persona más feliz del mundo. Así que en ese momento yo creía que creer en Dios era simplemente disfrutar de Su gracia.

Como cada vez se divulgaban más de las palabras de Dios (en ese momento, se enviaban continuamente a la iglesia, pasaje tras pasaje), yo también sabía cada vez más. Entonces, ya no me sentía lleno simplemente con el disfrute de la gracia de Dios. Cuando vi a los “hijos primogénitos” mencionados en Sus palabras y aprendí que Dios otorga grandes bendiciones a Sus hijos primogénitos, busqué convertirme en uno de ellos con la esperanza de que en el futuro pudiese reinar con Dios. Más tarde, cuando vi en Sus palabras que Su hora estaba por llegar, sentí aún más urgencia y pensé: Comencé a creer en Dios demasiado tarde; ¿acaso no podré obtener esta bendición? Tengo que esforzarme más en ello. Así que cuando la casa de Dios organizó que yo copiase unos documentos, me mostré muy proactivo. No tenía miedo de las dificultades. Decidí que no iba a buscar pareja ni empleo para poder ganarme la bendición de ser un hijo primogénito. Si pudiera convertirme en un hijo primogénito, estaría dispuesto a dejar cualquier cosa, a pagar cualquier precio. A decir verdad, Dios nunca dijo definitivamente en Sus palabras que nosotros pudiésemos ser hijos primogénitos. Eso era sólo porque éramos ambiciosos y teníamos deseos extravagantes; creíamos que, porque Dios nos había llamado Sus “hijos” y porque Él ahora nos elevaba, nos convertiríamos ciertamente en los primogénitos. Así fue como yo creí que, naturalmente, me había convertido en un hijo primogénito. Más adelante vi palabras de Dios que acababan de divulgarse que mencionaban con frecuencia a los “hacedores de servicio”, y se hacía cada vez más mención del juicio de los hacedores de servicio. Me dije a mí mismo: Por suerte, sigo a Dios Todopoderoso, de lo contrario me convertiría en un hacedor de servicio. Cuando leí acerca de las bendiciones y promesas de Dios para los hijos primogénitos, creí que una parte de eso sería mía. Cuando leí Sus palabras de consuelo y exhortación para Su primogénito, también sentí que estaban dirigidas a mí. En particular, me sentí aún más encantado cuando vi lo siguiente: “La gran catástrofe no vendrá sobre Mis hijos, sobre aquellos que amo. Cada momento, cada segundo, yo cuidaré de Mis hijos. Vosotros no necesitáis sufrir esas dificultades o calamidades. Yo haré que Mis hijos sean perfectos, y cumpliré Mis palabras en ellos para que veáis con toda claridad Mi omnipotencia, para que podáis madurar en vuestras vidas y soportar pronto una carga por Mí y entregaros por completo para el cumplimiento de Mi plan de gestión. Debéis sentiros felices y alegres por ello. Os daré todo y os dejaré reinar. Yo pondré todo en vuestras manos; los hijos heredarán todo del padre, por no mencionar a aquellos de vosotros que os convirtáis en hijos primogénitos. En verdad seréis bendecidos para que no sufráis las dificultades de la gran catástrofe, sino que disfrutaréis de bendiciones eternas. ¡Qué glorioso! ¡Qué glorioso!” (de “Declaraciones y testimonios de Cristo en el principio”). Pensé: ¿Estoy soñando? ¿Tal increíble maná del cielo ha caído sobre mí? No podía atreverme a creerlo por completo, pero temía que mis hermanos y hermanas dijeran que mi fe era demasiado pequeña, así que no me atreví a no creerlo.

Un día, fui emocionado a participar en una reunión y vi que dos colaboradores habían venido a la iglesia. Cuando yo estaba comunicando con ellos, dijeron que eran hacedores de servicio. Después de escuchar esto, me sorprendí y les pregunté: “Si vosotros sois hacedores de servicio, ¿no somos todos hacedores de servicio?”. Dijeron la verdad sin guardarse nada: “Casi todos nosotros en China somos hacedores de servicio”. Al oírlos decir esto, se me calló el alma a los pies. ¡No podía ser! ¿Es esta la verdad? Pero, cuando vi sus expresiones abrumadas y adoloridas y que los rostros de los demás también eran muy sombríos, no podía dejar de creerlo. Sin embargo, luego cambié de opinión y pensé: Como colaboradores, habían abandonado a sus familias y sus carreras, habían sufrido tanto y pagado un alto precio por la obra de Dios. Me faltaba bastante en comparación con ellos; si ellos son hacedores de servicio, ¿qué más puedo decir? Un hacedor de servicio es un hacedor de servicio, así que, en ese momento, no me sentí tan mal.

Al regresar a casa, volví a tomar la palabra de Dios y miré lo que Dios tenía que decir acerca de los hacedores de servicio, y vi esto: “Aquellos que hacen el servicio para Mí, ¡escuchen! Podéis recibir algo de Mi gracia al hacer el servicio para Mí. Es decir, sabréis por un tiempo acerca de Mi obra posterior y las cosas que sucederán en el futuro, pero no disfrutaréis eso en absoluto. Esta es Mi gracia. Cuando vuestro servicio esté completo, iros de inmediato y no os demoréis. Aquellos que son Mis hijos primogénitos no deben ser arrogantes, pero vosotros podéis ser orgullosos porque he otorgado infinitas bendiciones sobre vosotros. Aquellos que son los blancos de las destrucciones no deben traer problemas sobre vosotros mismos o sentir lástima por vuestro destino; ¿quién te hizo un descendiente de Satanás? Después de que me hayas hecho tu servicio, puedes regresar una vez más al abismo sin fondo porque ya no me serás de utilidad y comenzaré a tratar con vosotros con Mi castigo. Una vez que empiezo Mi obra nunca me detengo; lo que hago, se logrará, y lo que logro, durará por toda la eternidad. Esto es aplicable a Mis hijos primogénitos, Mis hijos, Mi pueblo, y esto va para vosotros también: Mis castigos de vosotros son eternos” (“Declaraciones y testimonios de Cristo en el principio”). Tan pronto como leí estas palabras, me asaltó un dolor que nunca antes había sentido. Rápidamente, cerré el libro de las palabras de Dios y no me atreví a verlas de nuevo. En cuestión de segundos, sentimientos de aflicción, confusión y descontento brotaron en mi corazón a la vez, y pensé: Ayer estaba en una cuna de felicidad, pero hoy he sido expulsado de la casa de Dios. Ayer era hijo de Dios, pero hoy me he convertido en enemigo de Dios, el descendiente de Satanás. Ayer, me esperaban las bendiciones ilimitadas de Dios, pero hoy mi destino es el pozo del abismo, y seré castigado por toda la eternidad. Si Él no va a otorgar bendiciones, entonces no importa, pero ¿por qué aun así tiene que castigarme? ¿Qué demonios he hecho mal? ¿A qué viene todo esto? Yo no estaba dispuesto a enfrentarme a esta realidad; no era capaz de enfrentarme a este tipo de realidad. Cerré los ojos y ya no estaba dispuesto a pensar más en ello. Ansiaba con esperanza que todo fuese sólo un sueño.

A partir de ese momento, en cuanto pensaba en mí como un hacedor de servicio, sentía un dolor indescriptible en mi corazón, y no me atrevía a leer de nuevo las palabras de Dios. Pero Dios es muy sabio, y Sus palabras que castigan y revelan a la gente no sólo están impregnadas de misterio, sino que también contienen profecías de la futura catástrofe, así como el pronóstico del reino y cosas similares. Todas estas eran cosas que yo deseaba conocer, así que a pesar de ello no podía dar la espalda a Sus palabras. Al leer las palabras de Dios, Sus palabras, afiladas como cuchillas, me atravesaban reiteradamente el corazón, y no pude evitar aceptar Su juicio y castigo. Sentí que la majestuosa ira del juicio de Dios estaba siempre sobre mí. Aparte del dolor, yo conocía la verdad real de haber sido corrompido por Satanás. Resultó que yo era el hijo del gran dragón rojo, descendiente de Satanás, y objeto de destrucción. Sintiéndome desesperado, ya no me atrevía más a esperar con ansias ninguna bendición, y estaba dispuesto a aceptar la predestinación de Dios de que yo era un hacedor de servicio. Cuando sentí que podía poner mi corazón en ser un hacedor de servicio, una vez más Dios reveló algunas cosas que habían estado ocultas en mí. Un día, al leer las palabras de Dios, vi: “Después que regrese a Sion, todavía habrá interminables alabanzas en la tierra, y los devotos hacedores de servicio estarán, como siempre, esperando realizar servicios para Mí, pero su uso habrá sido completado. Ellos sólo anhelarán con melancolía la escena de Mi presencia en la tierra. En ese momento comenzaré a traer la catástrofe sobre aquellos que sufrirán aflicciones, pero todos creerán que Yo soy el Dios justo, y no castigaré de ningún modo a los devotos hacedores de servicio. Sobre ellos sólo derramaré Mi gracia” (“Declaraciones y testimonios de Cristo en el principio”). Al ver esto, secretamente pensé: Ya no pensaré más en el derecho natural del primogénito y ya no desearé más grandes bendiciones. Ahora sólo buscaré ser un devoto hacedor de servicio. Este es ahora mi único objetivo. En el futuro, sin importar lo que la casa de Dios organice para que yo lo haga, lo haré con la mayor devoción posible. No puedo perder la oportunidad de volver a ser un devoto hacedor de servicio. Si ni siquiera soy capaz de ser un devoto hacedor de servicio, sino que soy simplemente un hacedor de servicio, después de completar mi servicio debo regresar al pozo del abismo o al lago de fuego y azufre. En ese caso, ¿de qué sirve todo esto? ¡Entonces es mejor no creer! No me atreví a expresar este pensamiento ante nadie, pero no podía escapar de los vigilantes ojos de Dios. Dios usó palabras tan afiladas como espadas para perforar mi corazón y abrir mi alma. Sus palabras fueron: “Sólo Yo puedo comprender la naturaleza del hombre. Todos ellos creen que ellos mismos son totalmente ‘devotos’ a Mí. ¿Acaso no saben que hay impurezas en su ‘devoción’, y que estas impurezas serán su ruina? Esto se debe a que esas impurezas son producto de las maquinaciones del gran dragón rojo que han sido desde hace tiempo desnudadas por Mí. Yo soy el Dios Todopoderoso, ¿cómo no podría entender algo tan sencillo? Puedo ver a través de tu misma carne, de tu misma sangre para ver lo que vive en tu corazón. La naturaleza del hombre no es difícil para Mí de comprender en absoluto, sin embargo, la humanidad todavía se considera inteligente y cree que sus propias intenciones son desconocidas por todos, excepto por sí mismos, ¿acaso no saben que el Dios Todopoderoso existe en los cielos y la tierra y en todas las cosas?” “Ahora, la mayoría de la gente aún alberga alguna esperanza, pero cuando su esperanza se convierta en decepción, se darán por vencidos y querrán retirarse. He dicho que no obligaré a nadie a quedarse, pero ten cuidado con las consecuencias que esto tendrá para ti. No te estoy amenazando; esto es un hecho” (“Declaraciones y testimonios de Cristo en el principio”). Después de leer esto, mi corazón palpitaba. Sentí que Dios ve verdaderamente cada faceta del ser del hombre. Pensamos en algo y Dios lo sabe; guardamos secretamente alguna pequeña esperanza en nuestros corazones y Dios se siente indignado; Él no permite esto. Sólo en ese momento tuve un poco de corazón de reverencia hacia Dios. Decidí que nunca más haría transacciones con Dios, sino que actuaría honestamente como un hacedor de servicio y obedecería Sus designios.

No fue hasta más tarde cuando descubrí que mi experiencia durante esos tres meses fue la prueba de los hacedores de servicio. Fue la primera obra de prueba que Dios completó en la gente por medio de Sus palabras. Tras someterme a la prueba de los hacedores de servicio, entendí que Dios no es sólo un Dios misericordioso y amoroso, sino que es un Dios justo y majestuoso que no tolera las ofensas de la humanidad. Sus palabras contienen autoridad y poder, y no pueden dejar de producir un corazón temeroso en el hombre. Yo también sabía que la humanidad es la creación de Dios, que debemos creer en Dios y adorarlo. Esto es lo que es correcto y apropiado. No hay necesidad de razones, ni de condiciones, y no debe haber ambición ni deseos extravagantes. Si la gente cree en Dios para obtener algo de Él, entonces con este tipo de creencia se está explotando y engañando a Dios. Es una expresión de falta de conciencia y de razón. Incluso si la gente cree en Dios, pero no obtiene nada y más adelante obtiene Su castigo, debe creer en Él. La humanidad debe creer en Dios y obedecerlo porque Él es Dios. También reconocí que yo mismo soy un hijo del gran dragón rojo, descendiente de Satanás, y uno de los que perecerán. Dios es el Señor de toda la creación y, sin importar cómo me trate, es lo merecido. Todo ello es justo, y debo obedecer Sus designios y arreglos incondicionalmente. No debo tratar de razonar con Él y, aún más, no debo resistirme a Él. Haciendo memoria sobre mi propia estupidez revelada en esta prueba, pude ver que en verdad yo era vergonzoso, y que yo era un verdadero descendiente de Satanás, arrogante e irrazonable. Sólo quería ganar un alto estatus, grandes bendiciones o incluso sentarme al lado de Dios y gobernar con Él, pero ni siquiera sabía lo que yo era ni si estaba calificado; con desvergüenza y egoísmo, yo sólo luché por ello. Cuando vi que no obtendría las bendiciones que esperaba, sino que en vez de ello sufriría una catástrofe, pensé en no seguir creyendo en Dios y en traicionarlo. Estas manifestaciones totalmente transparentes me hicieron ver con claridad que mi objetivo al creer en Dios era ser bendecido. Yo estaba claramente tratando de hacer transacciones con Dios; de verdad, era extremadamente arrogante y había perdido por completo la razón que una persona debería tener. Si no hubiese sido por esa sabiduría de la obra de Dios —que utilizó la prueba de los hacedores de servicio para conquistarme y quebrar mi ambición de obtener bendiciones—, yo no habría recuperado mi conciencia y mi razón. No podría haber aceptado honestamente la verdad, el camino y la vida de Dios. En ese caso, nunca hubiese podido ser salvado ni perfeccionado.

Después de someterme a la prueba de los hacedores de servicio, pensé que ya no me atrevería a creer en Dios y cumplir con mi deber a fin de obtener bendiciones, y pensé que ya no me atrevería a hacer las cosas con la intención de realizar transacciones con Dios. Sentía que explotar y engañar a Dios de esta manera era demasiado despreciable. Pero, al mismo tiempo, tenía una comprensión superficial de que el usar esta prueba para salvar a la humanidad es la buena intención de Dios, y sabía que no hay parte de Él que odie al hombre. Su amor por la humanidad no ha cambiado desde que creó el mundo, así que, en mi corazón, estaba dispuesto a seguir un camino para satisfacer y retribuir el amor de Dios en mi futura fe en Él y en el cumplimiento de mi deber. Sin embargo, debido a que la intención de obtener bendiciones y realizar transacciones con Dios está demasiado arraigada en el corazón de la gente, no es posible resolverla del todo experimentando una sola prueba. Después de cierto tiempo, estas cosas aparecerán de nuevo. Así que, para conquistarnos y salvarnos de una forma mucho más profunda y completa, Él realiza varias pruebas sucesivas en nosotros: la prueba de los tiempos de castigo, la prueba de la muerte y la prueba de los siete años. De estas pruebas, la que yo más sufrí y de la que gané más fue la prueba de los siete años de 1999.

En 1999, me asignaron para ir a un nuevo distrito para actuar como líder de la iglesia. Casualmente, este fue el año en que el evangelio del reino se expandió significativamente, y la casa de Dios requirió que tratáramos de salvar a todos los que tenían la posibilidad de ser salvados. Cuando vi este arreglo de parte de la casa de Dios, pensé que la obra de Dios sería completada en el año 2000. Para conseguir más almas y obtener un destino favorable para mí cuando llegara la hora, me dediqué a la obra del evangelio desde la madrugada hasta bien entrada la noche. En cuanto a la vida en la iglesia, simplemente me dejaba ver y actuaba por inercia. Aunque me di cuenta de que mis intenciones estaban erradas, simplemente no podía controlar mi deseo de obtener bendiciones. En ese momento yo estaba bastante ocupado y tenía la sensación de que hacer algo que no fuera la obra del evangelio sólo me demoraría, incluso comer y beber la palabra de Dios. Fue así como me entregué al fervor de la obra y, antes de darme cuenta, el año había terminado. La casa de Dios había seleccionado a una persona local para ayudarme con la obra, así que regresé a la zona de mi pueblo natal.

Me imaginé que cuando la obra de Dios estuviese terminada, la gran catástrofe con certeza ocurriría, así que, después de regresar a casa, sólo esperaba en casa todos los días el desastre, esperando el fin de la obra de Dios. Cuando vi que el Festival de la Primavera se acercaba, mis propios problemas emergieron. Antes, para evitar que mi familia y amigos me estuviesen preguntando acerca de mi casamiento, siempre decía que me casaría en el año 2000. En ese momento, pensaba que la obra de Dios concluiría ciertamente en el año 2000, y en lo que respecta al matrimonio, sólo podía seguir aguantando hasta el año 2000. No me imaginaba que el 2000 llegaría tan pronto; todos vendrían para el Festival de la Primavera, y ¿cómo les respondería a ellos entonces? Justo cuando me estaba carcomiendo este asunto, hubo una comunicación de la casa de Dios que decía que es necesario someterse a siete años de pruebas. Después de escuchar este mensaje, me sentí estremecido y mi corazón se llenó de confusión. No pude evitar comenzar a razonar con Dios: En este momento, ni siquiera tengo un lugar donde vivir con mi familia. No me permiten permitirán quedarme en casa por largo tiempo —incluso un día como este en casa es difícil—. Me esperan otros siete años y, ¿cómo se puede vivir así? Oh Dios, te suplico que me destruyas. ¡Ya no quiero ser perfeccionado por Ti, realmente no puedo soportar más este sufrimiento! Al día siguiente, seguía sin poder escapar de mi depresión, y pensé: De todos modos, han pasado siete años. Mañana es otro día; saldré y me quitaré esto de la cabeza. En cuanto me subí al autobús, sentí que el Espíritu Santo estaba dentro de mí reprochándome: En el momento en que buscabas con disposición, pagaste tu precio y dijiste que amarías a Dios hasta el final, que nunca lo dejarías, que soportarías cualquier dificultad y que compartirías cualquier alegría. ¡Fuiste un hipócrita que se engañó a sí mismo! Al enfrentarme al reproche del Espíritu Santo, no pude evitar bajar la cabeza. Era verdad. Antes, cuando había disfrutado de la gracia de Dios, le hice promesas a Él, pero ahora, cuando hay dificultades y debo sufrir, quiero incumplir lo que prometí. Así que ¿no son mis promesas sólo mentiras? Dios me dio tanto amor, y ahora cuando me encuentro en un entorno que no es totalmente como yo deseo, siento un resentimiento tan grande que quiero dar la espalda a Dios. ¡Verdaderamente soy una bestia ingrata, no mejor que un animal! Cuando pensé en esto, ya no estaba de ánimos para salir, y regresé a casa con el corazón pesado. A pesar de que me habían forzado a ser “obediente”, cada vez que me enfrentaba a la insatisfacción de mi familia y a las extrañas miradas de los que me rodeaban, sentía que creer en Dios era demasiado doloroso, demasiado difícil. Cuando pensaba en el hecho de que aún quedaban siete años más en la obra de Dios, me desapegué en mi corazón y lo que fuera que hiciera, no estaba apurado ni preocupado. Me esforcé a diario para cumplir con mi deber como si sólo fuera otro día cualquiera. Este tipo de condición negativa y de confrontación hizo que la obra del Espíritu Santo fuese distanciándose cada vez más de mí, y aunque deseaba transformar mi propia condición, no pude hacerlo.

Un día, cuando comía y bebía la palabra de Dios, vi Sus palabras que decían: “Cuando algunas personas empezaron por primera vez, estaban llenas de energía, como si nunca fueran a agotarse al comenzar a cumplir con su deber. Sin embargo, ¿cómo es que parecen perder esa energía conforme avanzan? Se diría que la persona de entonces y la de ahora son diferentes. ¿Por qué cambiaron? ¿Cuál fue el motivo? Se debe a que su fe en Dios siguió el camino equivocado antes de tomar la senda correcta. Escogieron la senda incorrecta. Había algo escondido en su búsqueda inicial que emergió en un momento clave. ¿Qué estaba oculto? Es una expectativa que reside en sus corazones mientras creen en Dios, la expectativa de que el día de Dios llegará pronto y su desdicha llegará a su fin; la expectativa de que Dios se transfigurará y de que todo su sufrimiento se acabará” (‘Los que han perdido la obra del Espíritu Santo corren mayor riesgo’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Las palabras de Dios me llevaron a buscar la raíz del problema. Resultó que yo tenía una esperanza oculta dentro de mis búsquedas, una esperanza que anhelaba que el día de Dios viniese pronto y que ya yo no sufriera más, que yo tuviera un buen destino. Todo este tiempo, mis búsquedas estaban dominadas por esta esperanza, y cuando mi esperanza no llegó a nada, sufrí y me desmoroné hasta el punto de traicionar a Dios, incluso pensando en escapar por medio de la muerte. Sólo entonces vi que había seguido a Dios durante tantos años, pero que mi esencia no seguía el camino de la verdad; siempre tuve mi vista puesta en el día de Dios, y había estado haciendo transacciones con Él para ganarme Sus bendiciones. Aunque en aquel entonces no pude evitar quedarme dentro de la casa de Dios y no dejarlo, si no resolvía la impureza existente dentro de mí, tarde o temprano me resistiría y traicionaría a Dios. Después de ver este peligro oculto dentro de mí, le pregunté a Dios en mi corazón: ¿Qué puedo hacer para deshacerme de la impureza de esperar al día de Dios? Entonces, una vez más leí las palabras de Dios, que decían: “¿Sabes que en este país, mientras pasáis por estos sufrimientos y disfrutáis de la obra de Dios, en realidad los extranjeros os envidian a todos? Los deseos de los extranjeros son: Nosotros también queremos experimentar la obra de Dios, sufriremos cualquier cosa por ello. ¡Nosotros también queremos obtener la verdad! Queremos ganar alguna perspectiva, alguna estatura, pero por desgracia no tenemos esa suerte. […] Se puede decir que completar este grupo de personas en el país del gran dragón rojo, hacerle soportar este sufrimiento, es la mayor exaltación. Una vez se dijo: ‘He trasladado al Oriente la gloria de Israel’. ¿Entendéis todos ahora el significado de esta declaración? ¿Cómo deberías caminar por la senda que tienes por delante? ¿Cómo deberías buscar la verdad? Si no buscas la verdad, ¿cómo puedes obtener, pues, la obra del Espíritu Santo? Una vez que pierdas la obra del Espíritu Santo, correrás el mayor de los peligros. El sufrimiento presente es insignificante. ¿Sabes qué hará por vosotros?” (‘Los que han perdido la obra del Espíritu Santo corren mayor riesgo’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). De estas palabras de Dios, pude ver que existe un gran significado en el sufrimiento que las personas son capaces de soportar hoy día, pero no pude dar en el clavo de cuál era en realidad el significado de ese sufrimiento. Sólo sabía que únicamente pudiendo ver dentro del significado del sufrimiento podría ser capaz de transformar verdaderamente mi condición de esperar al día de Dios. Este fue un camino hacia la resolución. Aunque yo no comprendía el significado del sufrimiento en aquel momento, lo único que podía hacer era realmente buscar la verdad, buscar la verdad cada vez más, porque sólo si obtenía la verdad podría realmente entender el significado del sufrimiento y sólo entonces podría deshacerme de esta impureza dentro de mí.

Como si el tiempo hubiese sido acelerado, parpadeé y ya era el año 2009. Hacía mucho tiempo que aquellos siete años habían transcurrido, sin que me diera cuenta de ello. Había llegado así de lejos y por fin sentía que esos siete años no habían sido tan largos como me los había imaginado. Aquellos pocos años, en el juicio revelado en las palabras de Dios, en las revelaciones de las pruebas y refinamientos de Dios, yo había visto mi verdadero rostro. Había visto que yo era, de la cabeza a los pies, un hijo del gran dragón rojo, porque estaba lleno de sus venenos, como el veneno de “No te levantes temprano si no vale la pena, el beneficio va por delante en todo”. Esta es una clásica representación de las maneras del gran dragón rojo. Bajo el control de este veneno, mi creencia en Dios era sólo para ser bendecido. Lo que gastaba para Dios tenía un límite de tiempo, y yo deseaba sufrir poco y obtener grandes bendiciones. Con el fin de deshacerme de esta fuerte intención de ser bendecido y de esta actitud transaccional dentro de mí, Dios completó múltiples pruebas y refinamientos en mí. Sólo entonces la impureza en mi creencia en Dios fue purificada. Y vi en las revelaciones de Dios que yo estaba lleno del carácter corrupto de Satanás. Yo era arrogante, embustero, egoísta y despreciable, imprudente y de corazón tibio. Me hicieron ver cada vez con mayor claridad mi verdadera naturaleza, y ver que yo había sido demasiado corrompido por Satanás, que yo era el hijo del infierno. Que yo pudiera creer en Dios y seguir a Dios en esos momentos fue en verdad gracias a Su elevación y gracia, y que yo pudiese aceptar Su juicio y castigo fue una bendición aún mayor. Mi gratitud hacia Dios creció, mis exigencias se redujeron, mi obediencia a Él creció y mi amor por mí mismo disminuyó. Sólo pedí ser capaz de deshacerse de mi carácter satánico corrupto, ser una persona que verdaderamente obedece y adora a Dios. Este pequeño fruto se logró después de quién sabe cuánta obra de Dios, incluyendo muchísimo esfuerzo meticuloso por Su parte. Hasta el día de hoy, experimentando la obra de Dios finalmente he comprendido que la salvación de Dios de la humanidad en verdad no es fácil. Su obra es demasiado práctica —Su obra de transformación y salvación de la humanidad no es tan sencilla como la gente se imaginaría—. Por lo tanto, ya no soy como un niño ingenuo, sólo abrigando la esperanza de que el día de Dios llegue con rapidez, sino que siempre creo que mi propia corrupción es demasiado profunda, que tengo demasiada necesidad de la salvación de Dios y demasiada necesidad de experimentar Su juicio y castigo, Sus pruebas y refinamientos. Actualmente debo poseer un poco de la conciencia y la razón que deben estar presentes en una humanidad normal, y experimentar apropiadamente la obra de Dios de salvación de la humanidad. Al final, cuando pueda pasar el resto de mi vida siendo modelo de una persona verdadera y recibir la alegría de Dios, mi corazón se sentirá pleno. Ahora, cuando miro hacia atrás y pienso en lo que revelé de mí mismo cuando esos siete años de pruebas vinieron sobre mí, siento que estoy sumamente endeudado con Dios, que he herido Su corazón en demasía. Si la obra de Dios hubiese concluido en el año 2000, yo ciertamente habría sido objeto de destrucción. Los siete años de pruebas realmente fueron la tolerancia y compasión de Dios hacia mí.

Una vez que salí de esos siete años y reflexioné sobre esas palabras de Dios que no había entendido antes: “¿Sabes que en este país, mientras pasáis por estos sufrimientos y disfrutáis de la obra de Dios, en realidad los extranjeros os envidian a todos? Los deseos de los extranjeros son: Nosotros también queremos experimentar la obra de Dios, sufriremos cualquier cosa por ello. ¡Nosotros también queremos obtener la verdad! Queremos ganar alguna perspectiva, alguna estatura, pero por desgracia no tenemos esa suerte. […] Se puede decir que completar este grupo de personas en el país del gran dragón rojo, hacerle soportar este sufrimiento, es la mayor exaltación. Una vez se dijo: ‘He trasladado al Oriente la gloria de Israel’. ¿Entendéis todos ahora el significado de esta declaración?” (‘Los que han perdido la obra del Espíritu Santo corren mayor riesgo’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Pude entender un poco el significado de estas palabras; finalmente pude sentir que el sufrimiento es verdaderamente significativo. Aunque sufrí mientras experimentaba estas pruebas, sólo después de sufrir pude ver que lo que había ganado era demasiado preciado, demasiado valioso. A través de la experiencia de estas pruebas, vi el carácter justo del Todopoderoso y la omnipotencia y sabiduría de Dios. Comprendí la benevolencia de Dios y probé el profundo y paternal amor de Dios por Sus hijos. También experimenté la autoridad y el poder en Sus palabras, y vi la verdad de mi propia corrupción causada por Satanás. Vi las dificultades de Dios en Su obra de salvación, que Él es santo y honorable, y que los humanos somos feos y despreciables. También experimenté cómo Dios conquista y salva a la humanidad para traerla al camino correcto de la creencia en Él. Cuando pienso en ello ahora, si Dios no hubiese realizado este arduo trabajo sobre mí de prueba tras prueba, probablemente no hubiese podido obtener estos entendimientos. Las dificultades y los refinamientos son tan beneficiosos para el crecimiento de las personas en sus vidas. A través de estos, la gente puede obtener lo más práctico y preciado en su proceso de creencia en Dios: la verdad. Después de ver el valor y el significado del sufrimiento, ya no sueño con entrar en el reino manejando un sedán, sino que estoy dispuesto a plantar firmemente mis pies en el suelo y experimentar la obra de Dios y buscar realmente la verdad para cambiar yo mismo.

A través de la experiencia durante varios años de la obra de Dios, sólo ahora poseo un poco de entendimiento práctico de estas palabras de Dios: “La fe verdadera en Dios significa que la gente experimenta Sus palabras y Su obra en base a la creencia de que Él tiene soberanía sobre todas las cosas. Por tanto, se logrará desechar el carácter corrupto, se satisfará el deseo de Dios, y se llegará a conocerlo. Sólo emprendiendo ese paso se puede decir que se cree en Dios”. Antes de haber experimentado estas pruebas de Dios, yo me encontraba lleno de una fuerte intención de ser bendecido y de una actitud transaccional. Aunque en principio yo sabía lo que era creer en Dios y cuál era la meta de la creencia en Dios, yo sólo tenía mis ojos puestos en ser bendecido. No le prestaba atención a la verdad, no me preocupaba por deshacerme de mi carácter corrupto para satisfacer la voluntad de Dios, ni por reconocer a Dios como el objetivo de mi búsqueda. Sólo entonces comprendí que cuando Dios se hizo carne Su obra principal fue la de resolver la intención de la humanidad de ser bendecida y su actitud transaccional. Fue debido a que estas cosas son en verdad los obstáculos que se interponen entre el hombre y su entrada en el camino correcto de la creencia en Dios. Si la humanidad alberga estas cosas, esta no buscará la verdad. No tendrá un objetivo correcto en su búsqueda; caminará por un sendero equivocado, un sendero que no es reconocido por Dios. Ahora bien, la obra de Dios de conquista y salvación ha destruido la fortaleza de Satanás dentro de mí. Por fin ya no me siento preocupado, ya no me siento agobiado por pensamientos de obtener bendiciones o de sufrir una catástrofe. Ya no busco amargamente deseos extravagantes, y ya no discuto condiciones ni hago peticiones para escapar de la catástrofe. Sin esta impureza, me siento más liviano, más libre. Puedo buscar la verdad tranquila y apropiadamente. Este es el fruto de las pruebas y refinamientos de Dios Todopoderoso. Es esta obra de pruebas y refinamientos de Dios Todopoderoso la que me ha llevado al verdadero camino de la creencia en Dios. A partir de ahora, no importa cuánta más obra de pruebas haga Dios, no importa cuán grandes sean los dolorosos refinamientos que yo sufra, obedeceré y aceptaré, y los experimentaré verdaderamente. Yo buscaré la verdad que hay en ellos, y lograré un carácter libre de corrupción para satisfacer la voluntad de Dios, a fin de retribuir los muchos años de esfuerzo minucioso de Dios.

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