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40. Sólo las tres etapas de la obra de Dios son Su gestión completa

Todos aquellos que creyeron verdaderamente en el Señor Jesús en la Era de la Gracia fueron capaces de reconocer que Él realmente llevó a cabo una etapa de la obra de redimir a la humanidad. Él exitosamente se convirtió en una ofrenda por el pecado para la humanidad corrupta por medio de ser clavado en la cruz, por lo cual la humanidad corrupta podía venir delante de Dios, orar en el nombre del Señor Jesús y reconocer sus pecados, admitir sin reservas todos sus pecados a Dios, expresar arrepentimiento y así obtener el perdón y la absolución de Dios. Podían disfrutar de la paz y del gozo en lo profundo de sus corazones de ser perdonados inmediatamente y después, no importa lo que pidieran en oración en el nombre del Señor Jesús, Dios se los otorgaría. Podían encontrar lo que buscaban, podían tocar y Él abriría y, de este modo, las personas podían ver la fidelidad de Dios y Su omnipotencia, y conocer también que el carácter de Dios está lleno de misericordia y amor, lo que prueba completamente que la obra de redención del Señor Jesús fue genuina. Debido a esto, las personas desarrollaron verdadera fe en Dios. Pero las personas creyeron con entusiasmo que podían confiar en la ofrenda por el pecado del Señor Jesús para obtener el perdón por sus pecados y confiar en la gracia para ser salvas y entrar en el reino de los cielos; sin embargo, también agonizaron a causa de que probaron estar sujetas a las cadenas de la naturaleza pecaminosa de Satanás, pecando, avergonzando y resistiendo a Dios frecuentemente. Por lo que, cuando leyeron esto del Libro a los Hebreos en la Biblia: “Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados” (Hebreos 10:26), de repente se sintieron desconcertadas: “Podría ser que aquellos que pecan a menudo de esta manera pueden entrar al reino de los cielos?” Aunque es un hecho que aquellos que creen en el Señor pueden ser perdonados de sus pecados, la naturaleza pecaminosa de las personas no ha sido cambiada ni resuelta, así que continuarán pecando y resistiendo a Dios como siempre. Esto también es un hecho. Sin embargo, Dios es un Dios santo y justo, así que, ¿podría Él verdaderamente permitirles a aquellos humanos corruptos que frecuentemente pecan y resisten a Dios entrar en el reino de los cielos? Sobre todo cuando las personas ven en el Libro del Apocalipsis que hay un rollo en la mano derecha de Dios que está sellado con siete sellos y que ningún hombre es digno de abrirlo y que el hombre llora, ellas sienten que debe haber algunos misterios escondidos en la obra de Dios de salvar a la humanidad que todavía no han sido descifrados y que la obra de Dios de salvar a la humanidad absolutamente no puede ser tan simple. Estas cosas son misterios insondables para todos aquellos que creen en Dios, porque el Señor Jesús nunca dijo que todos aquellos que clamen al Señor pueden entrar al reino de los cielos. Él dijo que sólo aquellos que obedecen la voluntad del Padre celestial pueden entrar al reino de los cielos. Esto deja mudos a todos los que creen en el Señor Jesús. Parece que creer en Dios, obtener la salvación y entrar en el reino de los cielos no es cosa fácil. Esto es estar a años luz de la imaginación y expectativa de creer que sólo creyendo en el Señor se puede ganar la salvación y entrar al reino de los cielos. En todas las iglesias religiosas mencionan “justificación por la fe” y “salvación por medio de la gracia,” pero casi nadie habla qué clase de personas son las que obedecen la voluntad de Dios y lo que es ser verdaderamente salvo y ser capaz de entrar en el reino de los cielos. Nadie puede en realidad explicar esto claramente. Sin embargo, al igual que todos en el mundo religioso han estado mirando hacia el cielo esperando a que el Señor Jesús descendiera en una nube, hacía mucho tiempo que Dios en silencio ya se había encarnado, convirtiéndose en el Hijo del Hombre y descendiendo en secreto en China continental. En 1991, Él empezó oficialmente Su obra de juicio comenzando por la casa de Dios. Dios Todopoderoso en la carne ha expresado todas las verdades de salvar a la humanidad y ha revelado totalmente los misterios de la gestión de Dios de salvar a la humanidad, abriendo por completo el rollo totalmente sellado del Libro del Apocalipsis. Sólo entonces el pueblo escogido de Dios, que ha aceptado la obra de Dios en los últimos días, ha visto que la obra de redención hecha por el Señor Jesús en la Era de la Gracia sólo fue para abrir el camino para la obra de juicio de la humanidad por parte de Dios en los últimos días y aquella de salvar completamente a la humanidad. Sólo aquellos que aceptan la obra de juicio y castigo de Dios en los últimos días pueden ser completamente purificados, obtener la salvación, desechar sus pecados y genuinamente volverse a Dios para vivir delante de Él, convirtiéndose en personas que verdaderamente obedecen y adoran a Dios. Sólo ahora el pueblo escogido de Dios ha visto realmente la obra en los últimos días realizada por el regreso del Señor Jesús, Dios Todopoderoso, es la obra de salvar completamente a la humanidad y de terminar la era. En la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días, Él ha revelado por completo toda la verdad y todos los misterios, permitiéndoles a las personas abrir sus ojos de par en par y ver su saciedad. Él también ha revelado y expuesto los misterios del pequeño rollo del Libro del Apocalipsis: “Yo os diré esto cuando abra Mi rollo en los últimos días. (El rollo se refiere a todas las palabras que Yo he hablado, Mis palabras en los últimos días; el rollo contiene todo esto)” (Declaraciones y testimonios de Cristo en el principio). “Las tres etapas de la obra son la historia interior de gestión del hombre por parte de Dios, la llegada del evangelio de todo el universo, el misterio más grande en medio de toda la humanidad, y también el fundamento de la difusión del evangelio. Si sólo te centras en entender verdades simples relacionadas con tu vida, y no sabes nada de esto, el más grande de todos los misterios y visiones, ¿no parece, pues, tu vida un producto defectuoso, bueno para nada excepto para mirarlo?” (‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios Todopoderoso han probado completamente que sólo las tres etapas de la obra son Su obra completa para salvar a la humanidad. Queda claro que los misterios de la gestión de Dios de salvar a la humanidad han sido completamente abiertos. ¡Cómo podría esto no ser emocionante para las personas!

En todas las palabras expresadas por Dios Todopoderoso hay muchas con respecto a los misterios de la gestión de Sus tres etapas de la obra. Sólo unos cuantos pasajes se han citado aquí, pero si las personas los leen todos con devoción y después les dan una seria consideración, serán capaces de tener un poco de entendimiento y conocimiento de las tres etapas de la obra de Dios.

“Todo Mi plan de gestión, que se extiende por seis mil años, consta de tres etapas, o tres eras: en primer lugar, la Era de la Ley; en segundo lugar, la Era de la Gracia (que es también la Era de la Redención); y, finalmente, la Era del Reino. Mi obra en estas tres eras difiere según la naturaleza de cada era, pero en cada etapa se ajusta a las necesidades del hombre, o para ser más precisos, se hace en función de los trucos empleados por Satanás en Mi guerra contra él. El objetivo de Mi obra es derrotar a Satanás, para manifestar Mi sabiduría y Mi omnipotencia, develar todos los trucos de Satanás y, por ende, salvar a toda la humanidad que vive bajo su dominio. Tiene el objeto de mostrar Mi sabiduría y Mi omnipotencia, mientras que al mismo tiempo revele lo horrendo de Satanás. Aún más, está orientada a enseñar a Mis creaciones a discriminar entre el bien y el mal, a reconocer que Yo soy el Gobernador de todas las cosas, para que se vea claramente que Satanás es el enemigo de la humanidad, el más bajo de lo bajo, el maligno, y para aclarar la diferencia entre el bien y el mal, la verdad y la falsedad, la santidad y la suciedad, la grandeza y la bajeza; que todo quede tan claro como el día. De esta manera, la humanidad ignorante puede dar testimonio de Mí, de que no soy Yo quien corrompe a la humanidad, y que sólo Yo, el Creador puede salvar a la humanidad, y que puede conceder a las personas cosas para el disfrute; y que ellas lleguen a saber que Yo soy el Gobernador de todas las cosas, y que Satanás no es más que una de Mis creaciones, que posteriormente se volvió contra Mí. Mi plan de gestión de seis mil años consta de tres etapas con el fin de lograr el siguiente efecto: permitir que Mis creaciones sean Mis testigos, que conozcan Mi voluntad, que vean que Yo soy la verdad (‘La verdad interna sobre la obra en la Era de la Redención’ en “La Palabra manifestada en carne”).

El núcleo de estas tres etapas de obra es la salvación del hombre, concretamente, hacer que toda la creación adore al Señor de la misma. Por tanto, cada etapa de esta obra tiene mucho sentido; Dios no hará nada en absoluto sin sentido o valor. Por un lado, esta etapa de la obra consiste en lanzar una era y terminar las dos anteriores; por otro, consiste en destruir todos los conceptos humanos y todas las viejas formas de creencia y conocimiento humanos. La obra de las dos eras anteriores se llevó a cabo de acuerdo a conceptos humanos diferentes; esta etapa, sin embargo, elimina completamente los mismos, conquistando de esta forma totalmente a la humanidad (‘Dios es el Señor de toda la creación’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Sólo las tres etapas de la obra de Dios pueden expresar plenamente la totalidad de Su carácter, y expresan por completo Su propósito de salvar a toda la humanidad, así como todo el proceso de salvación de la misma. Esto demuestra que Él ha derrotado a Satanás y ha ganado a la humanidad; es una prueba de Su victoria y la expresión de todo Su carácter (‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La palabra manifestada en carne”).

Las tres etapas de la obra están en el corazón de toda la gestión de Dios, y en ellas se expresan el carácter de Dios y qué es Él. Aquellos que no conocen las tres etapas de la obra de Dios son incapaces de entender cómo expresa Él Su carácter, no conocen la sabiduría de Su obra, y siguen ignorando las muchas formas en las que Él salva a la humanidad, así como Su voluntad para toda ella (‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La palabra manifestada en carne”).

Las tres etapas de la obra son un registro de toda la obra de Dios, de Su salvación de la humanidad, y no son imaginarias. Si deseáis realmente buscar un conocimiento de todo el carácter de Dios, entonces debéis conocer las tres etapas de la obra llevada a cabo por Él, y, aún más, no debéis omitir ninguna de ellas. Esto es lo mínimo que deben conseguir los que buscan conocer a Dios (‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La palabra manifestada en carne”).

Las tres etapas de la obra son la totalidad de la obra de Dios en la salvación de la humanidad. El hombre debe conocer Su obra y Su carácter en la obra de salvación, y sin este hecho, tu conocimiento de Él no es sino palabras huecas, nada más que una pontificación de butaca. Tal conocimiento no puede convencer al hombre ni conquistarlo, no coincide con la realidad, y no es la verdad. Puede ser muy abundante, y agradable al oído, pero si entra en conflicto con el carácter inherente de Dios, Él no te librará. No sólo no elogiará tu conocimiento, sino que también tomará retribución de ti por ser un pecador que ha blasfemado (‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La palabra manifestada en carne”).

Él mismo llevó a cabo las tres etapas de la obra desde el principio hasta hoy, el único Dios.La realidad de las tres etapas de la obra es la del liderazgo de toda la humanidad por parte de Él, un hecho que nadie puede negar. Al final de las tres etapas de la obra, todas las cosas serán clasificadas según su tipo y volverán bajo el dominio de Dios, porque a lo largo de todo el universo sólo existe este único Dios, y no hay otras religiones (‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La palabra manifestada en carne”).

En la obra de la salvación del hombre se han llevado a cabo tres etapas, que es como decir que la batalla con Satanás se ha dividido en tres fases, antes de la derrota absoluta de este. Con todo, la verdad interna de toda la obra de la batalla con Satanás es que sus efectos se logran concediéndole gracia al hombre y convirtiéndose en una ofrenda por el pecado del hombre, perdonando sus pecados, conquistándole y haciéndole perfecto. En realidad, la batalla con Satanás no significa tomar las armas contra él, sino la salvación del hombre, su forma de vivir y el cambio de su carácter para poder llevar testimonio de Dios. Así es como se derrota a Satanás, mediante la transformación del carácter corrupto del hombre. Una vez vencido, es decir, cuando el hombre haya sido completamente salvo, entonces el avergonzado Satanás será atado por completo y, de ese modo, el hombre habrá sido totalmente salvo. Así, la esencia de la salvación del hombre es la batalla con Satanás, y esta guerra se refleja principalmente en dicha salvación (‘Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso’ en “La Palabra manifestada en carne”).

El objetivo de las tres etapas de la obra es la salvación de toda la humanidad, que significa la salvación completa del hombre del dominio de Satanás (‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La palabra manifestada en carne”).

De las palabras anteriores de Dios todopoderoso, somos completamente capaces de reconocer que Dios ya ha llevado a cabo las tres etapas de la obra de salvar a la humanidad. Cada etapa ha sido más elevada que la última, estando cada una estrechamente relacionada con la siguiente. Las tres etapas de la obra de Dios realmente son la obra completa de salvar a la humanidad. Así como dice Dios Todopoderoso: “Desde la obra de Jehová a la de Jesús, y desde la de Jesús a la de la era actual, las tres eras cubren la totalidad de la amplitud de la gestión de Dios, y todas ellas son la obra de un mismo Espíritu. Desde que creó el mundo, Dios siempre ha estado gestionando a la humanidad. Él es el principio y el fin, el primero y el último, y aquel que inicia una era y quien lleva la era a su fin. Las tres etapas de la obra, en diferentes eras y distintos lugares, han sido llevadas a cabo con seguridad por un solo Espíritu. Todos los que separan estas tres fases se oponen a Dios” (‘La visión de la obra de Dios (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

¿Por qué digo una y otra vez que esta etapa de la obra se construye sobre la Era de la Gracia y la Era de la Ley? Esto significa que la obra de hoy en día es una continuación de la obra realizada en la Era de la Gracia y ha sido una elevación de la obra realizada en la Era de la Ley. Las tres etapas están estrechamente interconectadas y cada una se vincula con la siguiente. […] Podría decirse que esta etapa de la obra se edifica sobre el fundamento de la Era de la Ley y la roca de la obra de Jesús. La obra se edifica etapa a etapa, y esta etapa no es un nuevo comienzo. Sólo la combinación de las tres etapas de la obra puede considerarse el plan de gestión de seis mil años (‘Las dos encarnaciones completan el sentido de la encarnación’ en “La Palabra manifestada en carne”).

En cada era, Él deja claros parte de Sus hechos, y la obra de cada era representa una parte del carácter de Dios, y representa una parte de los hechos de Dios. Los hechos que Él deja claros varían con la era en la que obra, pero todos dan al hombre un conocimiento de Él que es más profundo, una creencia en Dios más centrada, y más sincera. El hombre cree en Dios por todos Sus hechos, y porque Él es maravilloso, muy grande, porque es todopoderoso, e insondable (‘Conocer la obra de Dios hoy’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Dios siempre será Dios, y nunca se volverá Satanás; Satanás siempre será Satanás, y nunca se volverá Dios. La sabiduría, lo maravilloso, la justicia, y la majestad de Dios nunca cambiarán. Su esencia y lo que Él tiene y es nunca cambiarán. Sin embargo, Su obra siempre está progresando hacia adelante, y siempre va profundizando, porque Él siempre es nuevo y nunca viejo (‘La visión de la obra de Dios (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

La obra de Dios es siempre nueva y nunca vieja, y nunca forma doctrinas, y es, en cambio, están cambiando y renovándose continuamente en mayor o menor grado. Este trabajo es la expresión del carácter inherente de Dios mismo. Es también el principio inherente de la obra de Dios, y uno de los medios por los cuales Dios logra Su gestión. Si Dios no trabajara de esta manera, el hombre no cambiaría ni sería capaz de conocer a Dios, y Satanás no sería derrotado. Por tanto, en Su obra ocurren cambios continuos que pueden parecer erráticos, pero que en realidad son periódicos (‘Sólo los que conocen la obra de Dios hoy pueden servir a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Todo el carácter de Dios se ha revelado a lo largo del plan de gestión de seis mil años. No se ha revelado únicamente en la Era de la Gracia, sólo en la Era de la Ley, o menos incluso, sólo en este período de los últimos días. La obra realizada en los últimos días representa el juicio, la ira y el castigo. No puede reemplazar la obra de la Era de la Ley y la de la Era de la Gracia. Sin embargo, las tres etapas se interrelacionan en una sola entidad y son toda la obra hecha por un Dios. Naturalmente, la ejecución de esta obra se divide en eras independientes. La obra realizada en los últimos días lo concluye todo; lo hecho en la Era de la Ley es el comienzo; y lo hecho en la Era de la Gracia es la redención (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Claramente podemos ver de las palabras anteriores de Dios Todopoderoso que desde la Era de la Ley a la Era de la Gracia y a la Era final del Reino, todas las tres etapas de la obra de Dios han sido la obra del mismo Espíritu; es decir, la obra del Espíritu Santo. Bien sea que el Espíritu Santo utilice personas para obrar o que Él obre directamente en la carne, todo es la obra de Dios mismo. Este es un hecho que ni una sola persona puede negar. Sólo las tres etapas de la obra de Dios son la obra completa de salvar a la humanidad. Todos aquellos que creen en Dios deben aceptar la obra de Dios de los últimos días con el fin de ser purificados y obtener la salvación. Deben reconocer que sólo por medio de las tres etapas de la obra de Dios se puede verdaderamente conocer a Dios y ser perfeccionado y todos aquellos que no pueden reconocer Sus tres etapas de la obra son personas que no conocen verdaderamente a Dios. Por consiguiente, todavía son capaces de resistir y traicionar a Dios. Estos son hechos que ninguna persona puede negar. En cada etapa de Su obra Dios ha expresado y revelado una parte de Su carácter y Él también ha tenido diferentes requisitos para la humanidad en las diferentes etapas de Su obra. En particular, todas las palabras de juicio y castigo que Dios ha expresado en Su obra de los últimos días representan completamente Su justicia, juicio, ira y castigo de la humanidad corrupta. Son la revelación del carácter justo y de la omnipotencia y sabiduría de Dios. Es por eso que sólo la obra de Dios en los últimos días puede purificar, eliminar y resolver completamente el carácter satánico de la humanidad corrupta, permitiéndole a la humanidad corrupta librarse por completo de la influencia de Satanás y lograr la verdadera obediencia a Dios. Sin el juicio, la majestad, la ira y el castigo de Dios, la humanidad nunca sería capaz de darse cuenta de la verdad de su profunda corrupción por Satanás y de la sustancia de su naturaleza, así que nunca sería capaz de obtener la purificación y nunca sería capaz de verdaderamente reverenciar y obedecer a Dios. Es claro que es sólo la obra de Dios en los últimos días la que es la obra crucial y decisiva de salvar completamente a la humanidad. Guarda una gran relevancia para salvar y perfeccionar a la humanidad.

Cómo conocer de verdad las tres etapas de la obra de Dios es realmente muy significativo. Tenemos que conocer y experimentar Sus tres etapas de la obra por medio de Sus palabras y debemos tener un entendimiento genuino de Su obra en cada era. Así es como podemos entender las relaciones entre cada etapa de la obra de Dios y la relevancia particular de cada una de ellas y en ese momento somos capaces de ver que las tres etapas de Su obra están estrechamente relacionadas y unidas en una, y que verdaderamente son la obra de un Dios. Cuando tenemos un entendimiento genuino de las tres etapas de la obra de Dios, somos capaces de ver completamente la omnipotencia y sabiduría de Dios, así como Su carácter justo, y podemos ver completamente cómo Dios guía y redime a la humanidad y, finalmente, cómo Él salva y perfecciona a la humanidad. También podemos ver que en cada etapa de Su obra, Dios es victorioso en Sus batallas con Satanás y Él es completamente glorificado. Cuando las personas obtienen la salvación no sólo entienden el carácter justo de Dios y Su esencia, sino que también llegan a comprender cómo las fuerzas del mal de Satanás corrompen a la humanidad y resisten a Dios y, al final, cómo fracasan y perecen. Cuando el pueblo escogido de Dios obtiene la salvación, se apartará por completo de la influencia de Satanás y genuinamente se volverá hacia Dios. Es por eso que conocer las tres etapas de la obra de Dios es tan significativo para que el pueblo escogido de Dios entienda genuinamente a Dios y obtenga la salvación.

I. La relevancia de la obra de Dios en la Era de la Ley fue principalmente para guiar a la humanidad

Lo que Dios Todopoderoso ha revelado acerca de la relevancia de la obra de Dios en la Era de la Ley es como sigue:

La obra que Jehová hizo en los israelitas instauró entre la humanidad el lugar terrenal del origen de Dios, Su lugar sagrado donde Él estaba presente. Confinó Su obra al pueblo israelita. Al principio, no obró fuera de Israel; en lugar de eso, escogió un pueblo que encontró apropiado para así restringir el alcance de Su obra. Israel es el lugar donde Dios creó a Adán y Eva y del polvo de ese lugar Jehová hizo al hombre; este es el fundamento de Su obra en la tierra. Los israelitas, que son los descendientes de Noé y de Adán, fueron el cimiento de la obra de Jehová en la tierra.

La relevancia, propósito y avance de la obra de Jehová en Israel fueron para comenzar Su obra en toda la tierra, gradualmente extendiéndose a las naciones gentiles desde su centro en Israel. Este es el principio de acuerdo en el cual Él obra en el universo, para establecer un modelo, después ampliarlo hasta que toda la gente en el universo haya aceptado Su evangelio. Los primeros israelitas eran los descendientes de Noé. Estas personas sólo tenían el aliento de Jehová y sólo podían hacerse cargo de las necesidades básicas de la vida, pero no sabían qué clase de Dios era Jehová, ni tampoco conocían Su voluntad para el hombre, mucho menos cómo debían reverenciar al Señor de toda la creación. Los descendientes de Adán no sabían qué reglas y leyes debían obedecer o qué obra debían hacer los creados para el Creador. Todo lo que sabían era que el esposo debía sudar y trabajar para proveer a su familia y que la esposa debía someterse a su esposo y perpetuar la raza humana que Jehová creó. En otras palabras, esta gente sólo tenía el aliento de Jehová y Su vida, pero no sabían cómo seguir las leyes de Dios o cómo satisfacer al Señor de toda la creación. Entendían demasiado poco. Así que aunque no había nada torcido o malicioso en sus corazones y aunque rara vez tenían celos y peleaban, no conocían ni entendían a Jehová, el Señor de toda la creación. Estos antepasados del hombre sólo sabían comer lo que Jehová hacía, disfrutar lo que Jehová había hecho, pero no sabían reverenciar a Jehová; no sabían que lo debían adorar sobre sus rodillas. ¿Cómo podrían ser llamadas Sus criaturas? Y, de esta manera, ¿no fueron las palabras, “Jehová es el Señor de toda la creación” y “Él creó al hombre como una expresión de sí mismo, para glorificarlo y representarlo”, dichas en vano? ¿Cómo puede la gente que no reverencia a Jehová ser un testimonio de Su gloria? ¿Cómo pueden ser expresiones de Su gloria? ¿No se convirtieron las palabras de Jehová, “Yo creé al hombre a Mi imagen”, un arma en la mano de Satanás —el maligno—? ¿Estas palabras no se volvieron luego una marca de humillación a la creación del hombre que Jehová hizo? Con el fin de completar esa etapa de la obra, Jehová, después de crear a la humanidad, no la instruyó o guió desde Adán hasta Noé. No fue sino hasta después del diluvio que Él formalmente comenzó a guiar a los israelitas, que eran los descendientes de Adán y de Noé. Su obra y Sus palabras en Israel guiaron las vidas de todo el pueblo por todo el país, mostrándoles que Jehová no sólo era capaz de soplar el aliento en el hombre para que tuviera Su vida y fuera resucitado del polvo y hecho una criatura de Dios, sino que también pudiera abrasar a la humanidad con las llamas y maldecir a la humanidad usando Su vara para gobernar a la humanidad. Así que, también, vieron que Jehová podía guiar la vida del hombre en la tierra y hablar y obrar entre ellos día y noche. Hizo la obra sólo para que Sus criaturas supieran que el hombre vino del polvo que Él recogió, que el hombre fue hecho por Él. Además, la obra que Él comenzó en Israel estaba destinada para que otras personas y naciones (que de hecho no estaban separadas de Israel, sino que se habían ramificado de los israelitas, pero todavía eran descendientes de Adán y Eva) pudiesen recibir el evangelio de Jehová de Israel, para que todas las criaturas en el universo lo reverenciaran y lo tuvieran por grandioso. Si Jehová no hubiera comenzado Su obra en Israel, sino que, después de crear a la humanidad, la hubiera dejado vivir vidas descuidadas sobre la tierra, entonces por la naturaleza física del hombre (naturaleza quiere decir que el hombre nunca puede saber las cosas que no puede ver, es decir, que él no sabe que Jehová creó a la humanidad, mucho menos por qué lo hizo), nunca sabría que Jehová creó a la humanidad y es el Señor de todas las cosas. Si Jehová hubiera creado al hombre y lo hubiera colocado sobre la tierra como Su entretenimiento, entonces simplemente se hubiera sacudido el polvo de las manos y se hubiera ido en vez de guiar entre los hombres por un periodo de tiempo, entonces toda la humanidad habría regresado a la nada; hasta el cielo y la tierra y todas las cosas que Él creó, incluyendo a toda la humanidad habría regresado a la nada y habría sido pisoteada por Satanás. Y de esta manera el deseo de Jehová de que “Él pudiese tener un lugar para pararse sobre la tierra, un lugar santo entre Su creación”, se habría hecho añicos. Así que en su lugar, después de que Dios creó a la humanidad, la guió en sus vidas y les habló con el fin de llevar a cabo Su deseo, para lograr Su plan. La obra de Dios en Israel estuvo destinada sólo para ejecutar el plan que Él había establecido antes de Su creación de todas las cosas. Y por tanto Su labor primero entre los israelitas y Su creación de todas las cosas no estaban en conflicto entre sí, sino que ambos fueron por el bien de Su gestión, Su obra y Su gloria, profundizando el significado de Su creación de la humanidad. Él guió la vida de la humanidad sobre la tierra por dos mil años después de Noé, durante los cuales les enseñó cómo reverenciar a Jehová el Señor de todas las cosas, les enseñó cómo conducirse y vivir sus vidas y, sobre todo, cómo actuar como testigo de Jehová, cómo obedecerlo y reverenciarlo y cómo alabarlo con música al igual que David y sus sacerdotes.

Antes de los dos mil años durante los cuales Jehová hizo Su obra, el hombre no sabía nada y casi todos se degeneraron a lo profundo de la promiscuidad y la perversión que precedieron al diluvio: sus corazones estaban desprovistos de Jehová, no digamos ya Su camino. Nunca entendieron la obra que Jehová iba a hacer; les faltaba la razón, mucho menos el conocimiento, como máquinas vivientes que respiran, ignorantes del hombre, de Dios, de todas las cosas y de la vida por igual. En la tierra se involucraron en mucha seducción, como la serpiente, y dijeron muchas cosas que fueron ofensivas a Jehová, pero porque eran ignorantes, Jehová no los castigó ni los disciplinó. Después del diluvio, cuando Noé tenía 601 años, Jehová formalmente se le apareció a Noé y lo guió a él y a su familia, conduciéndolo a él, a los pájaros y a las bestias, que sobrevivieron el diluvio y a sus descendientes hasta el fin de la Era de la Ley, un total de 2.500 años. Estuvo obrando de una manera formal en Israel durante 2.000 años y el periodo en el que estuvo obrando tanto en Israel como fuera de Israel fue de 500 años, que juntos suman 2.500 años. Durante este periodo Él les enseñó a los israelitas que para servir a Jehová debían construir el templo y usar las túnicas de los sacerdotes y caminar descalzos en el templo al amanecer, para que sus zapatos no ensuciaran el templo y cayera fuego sobre ellos de arriba del templo y los quemara hasta la muerte. Cumplían con sus deberes y se sometían a los planes de Jehová. Oraban a Jehová en el templo y después de ser inspirados por Jehová, es decir, después de que Jehová había hablado, guiaban al pueblo y le enseñaban que debían reverenciar a Jehová —su Dios—. Y Jehová les dijo que debían construir el templo y el altar, y en el tiempo señalado por Jehová, es decir, en la pascua, debían preparar becerros y corderos recién nacidos como sacrificios sobre el altar para servir a Jehová, con el fin de frenarles y poner en sus corazones reverencia por Jehová. Si obedecían la ley sería la medida de su lealtad a Jehová. Jehová también estableció para ellos el día del Sabbat, el séptimo día de Su creación. El día siguiente, Él hizo el primer día, un día para que ellos alabaran a Jehová, para ofrecerle sacrificios y para hacerle música. En este día, Jehová convocó a todos los sacerdotes y dividió los sacrificios sobre el altar para que el pueblo comiera y para que pudieran disfrutar los sacrificios que se ofrecían a Jehová. Además, Jehová les dijo que eran benditos y tenían parte con Él y que eran Su pueblo escogido (que fue el pacto de Jehová con los israelitas). Es por esto que, hasta el día de hoy, el pueblo de Israel todavía dice que Jehová sólo es su Dios y no el Dios de otros pueblos.

Durante la Era de la Ley, Jehová dio muchos mandamientos para que Moisés se los transmitiera a los israelitas quienes le siguieron saliendo de Egipto. Jehová dio estos mandamientos a los israelitas, quienes no guardaban relación con los egipcios y estaban destinados a restringir a los israelitas y eran Sus requisitos para ellos. Si alguien observaba el Sabbat, si alguien respetaba a sus padres, si alguien adoraba ídolos, etc., estos eran los principios por los cuales uno era juzgado como pecador o justo. Ya fuera que el fuego de Jehová lo golpeara a uno, lo apedrearan a muerte, o recibiera la bendición de Jehová, esto se determinaba de acuerdo a si alguien obedecía estos mandamientos. Aquellos quienes no observaban el Sabbat eran apedreados a muerte. Aquellos sacerdotes quienes no observaban el Sabbat eran golpeados por el fuego de Jehová. Aquellos quienes no respetaban a sus padres también eran apedreados a muerte. Todo esto era elogiado por Jehová. Jehová estableció Sus mandamientos y leyes para que mientras Él guiara sus vidas, el pueblo escuchara y obedeciera Su palabra y no se rebelara contra Él. Usó esas leyes para controlar a la recién nacida raza humana, para poner fundamento de Su obra por venir. Y así, por causa de la obra que Jehová hizo, la primera era se llamó la Era de la Ley. Aunque Jehová habló mucho e hizo muchas obras, sólo los guió de un modo positivo, enseñándoles a este pueblo ignorante cómo ser humano, cómo vivir, cómo entender el camino de Jehová. En Su gran mayoría la obra que Él hizo tenía la intención de permitirle al pueblo observar Su camino y seguir Su ley. La obra se hizo en gente que está superficialmente pervertida; no se ocupaba de la transformación del carácter o del crecimiento en la vida. Sólo se ocupaba de usar leyes para restringir y controlar a la gente. Para los israelitas de aquel tiempo, Jehová era sólo un Dios en el templo, un Dios en los cielos. Era una columna de nube, una columna de fuego. Todo lo que Jehová les demandaba hacer era obedecer lo que la gente conoce hoy como Sus leyes y mandamientos, incluso podría llamárseles reglas, porque la obra de Jehová no estaba destinada a transformarlos, sino a darles más cosas de las que el hombre debe tener, a decirles de Su propia boca, porque después que el hombre fue creado, el hombre no sabía nada acerca de lo que debía poseer. Y entonces, Jehová les dio las cosas que debían poseer para sus vidas sobre la tierra, hizo que la gente que Él había guiado superara a sus antepasados, Adán y Eva, porque lo que Jehová les dio superaba lo que Él les había dado a Adán y Eva en el principio. Independientemente, la obra que Jehová hizo en Israel fue sólo para guiar a la humanidad y para hacer que la humanidad reconociera a su Creador. No los conquistó ni los transformó, simplemente los guió. Esta es la suma de la obra de Jehová en la Era de la Ley. Esto es en el fondo, la historia verdadera, la esencia de Su obra en toda la tierra de Israel, y el inicio de Sus seis mil años de Su obra, para controlar a la humanidad por la mano de Jehová. De esto surgió más obra en Su plan de gestión de seis mil años. (‘La obra en la Era de la Ley’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Después de la creación de la humanidad en el principio, fueron los israelitas los que sirvieron como la base de la obra, y todo Israel fue la base de la obra que Jehová hizo en la tierra. La obra de Jehová fue dirigir y pastorear de una manera directa al hombre por medio de presentar las leyes para que el hombre pudiera vivir una vida normal y adorar a Jehová de una manera normal en la tierra. Dios, en la Era de la Ley, era alguien que el hombre no podía ver ni tocar. Él sólo estaba guiando a los primeros hombres que Satanás corrompió y estaba ahí para instruir y pastorear a estos hombres, así que las palabras que habló fueron sólo estatutos, ordenanzas y un conocimiento común para vivir la vida como un hombre, y de ninguna forma las verdades que suplen la vida del hombre. Los israelitas bajo Su liderazgo no fueron los que antes Satanás había corrompido profundamente. Su obra de la ley era sólo la primera etapa de la obra de salvación, el mismo principio de la obra de salvación, y prácticamente no tenía nada que ver con los cambios en el carácter de la vida del hombre (‘La diferencia entre el ministerio del Dios encarnado y el deber del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”).

“Jehová” es el nombre que adopté durante Mi obra en Israel, y significa el Dios de los israelitas (el pueblo escogido de Dios) que puede tener compasión del hombre, maldecirlo, y guiar su vida. Significa el Dios que posee gran poder y está lleno de sabiduría. […] Es decir, sólo Jehová es el Dios del pueblo escogido de Israel, el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob, de Moisés, y de todo el pueblo de Israel. Y así en la era presente, todos los israelitas excepto la tribu de Judá adoran a Jehová. Hacen sacrificios a Él en el altar, y le sirven llevando túnicas de sacerdotes en el templo. Lo que esperan es la reaparición de Jehová. […] El nombre de Jehová es un nombre particular para el pueblo de Israel que vivía bajo la ley. En cada era y etapa de la obra, Mi nombre no carece de base, sino que tiene un significado representativo: cada nombre representa una era. “Jehová” representa la Era de la Ley, y es el título honorífico para el Dios adorado por el pueblo de Israel (‘El Salvador ya ha regresado en una “nube blanca”’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Nada fue más simbólico que la primera etapa llevada a cabo en Israel: los israelitas fueron los más santos y menos corruptos de toda la humanidad, y el comienzo de la nueva época en aquella tierra fue de suma importancia. Puede decirse que los antepasados de la humanidad procedieron de Israel, y que este fue el lugar de nacimiento de la obra de Dios. Al principio, estas personas eran las más santas, y todas adoraban a Jehová, y la obra de Dios en ellas pudo dar los mejores resultados (‘La visión de la obra de Dios (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

En el tiempo del Antiguo Testamento, Jehová edificó el templo y el altar en Israel, guió la vida de los israelitas sobre la tierra, demostrando que eran Su pueblo escogido, el primer grupo de personas que seleccionó en la tierra y que estaban conformes a Su propio corazón, el primer grupo de personas que Él guió personalmente; es decir, las doce tribus de Israel fueron los primeros escogidos de Jehová, y por tanto Dios siempre obró en ellos, justo hasta el momento en que concluyó la obra de Jehová de la Era de la Ley (‘Relativo a la Biblia (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Durante la Era de la Ley, la obra de guiar a la humanidad se realizó bajo el nombre de Jehová, y la primera etapa de la obra se llevó a cabo en la tierra. La obra de esta etapa fue edificar el templo y el altar, y usar la ley para guiar al pueblo de Israel y obrar en medio de él. Guiando al pueblo de Israel, Él estableció una base para Su obra en la tierra. Desde allí expandió Su obra más allá de Israel, es decir que, comenzando desde Israel la difundió hacia fuera, de forma que generaciones posteriores llegaron gradualmente a saber que Jehová era Dios, y que Él había creado los cielos, la tierra y todas las cosas, que había hecho a todas las criaturas. Él difundió Su obra por medio del pueblo de Israel, cuya tierra fue el primer lugar santo de la obra terrenal de Jehová, y la primera obra de Dios sobre la tierra se realizó por todo el territorio de Israel. Esa fue la obra de la Era de la Ley. (‘La visión de la obra de Dios (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

II. El entendimiento necesario de la obra de Dios en la Era de la Ley

Si podemos seriamente ponderar las palabras de Dios Todopoderoso que revelan la relevancia y la esencia de Su obra en la Era de la Ley, seremos completamente capaces de reconocer que la obra de Dios en la Era de la Ley fue Su obra inicial de guiar a la humanidad después de crear al hombre. Jehová fue el eterno, único e incomparable Dios verdadero en la Era de la Ley que apareció a los israelitas, quien primero los condujo fuera del control y la esclavitud del rey de Egipto, y después Él promulgó las leyes y mandamientos a los israelitas, iniciando así la dirección personal de las vidas de la humanidad por parte de Dios. En la Era de la Ley Dios promulgó muchas leyes y mandamientos que la humanidad debe acatar y entre ellos, los tres tipos más importantes fueron: El primero fue los Diez Mandamientos; el segundo fue el día de reposo; el tercero fue los sacrificios que eran principalmente las ofrendas por el pecado, las ofrendas de paz y los holocaustos. Estos tres requisitos planteados por Dios fueron Su obra principal en la Era de la Ley y las relevancias esenciales de Sus tres requisitos fueron las indicaciones principales para guiar a los israelitas de esa época sobre cómo vivir en la tierra. A continuación, hablaremos sobre cierto entendimiento de la relevancia esencial de estos tres requisitos básicos de Dios durante la Era de la Ley.

1. La relevancia de los Diez Mandamientos promulgados por Dios durante la Era de la Ley fue profunda. Su contenido fue:

“No tendrás otros dioses delante de mí.

No te harás ídolo, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No los adorarás ni los servirás; porque yo, el Señor tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y muestro misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano, porque el Señor no tendrá por inocente al que tome su nombre en vano.

Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, mas el séptimo día es día de reposo para el Señor tu Dios; no harás en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el extranjero que está contigo. Porque en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, el Señor bendijo el día de reposo y lo santificó.

Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean prolongados en la tierra que el Señor tu Dios te da.

No matarás.

No cometerás adulterio.

No hurtarás.

No darás falso testimonio contra tu prójimo.

No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo” (Éxodo 20:3-17).

Esos son los Diez Mandamientos más cruciales y famosos con los que Dios guio al pueblo en la Era de la Ley. Los Diez Mandamientos de Dios que Él estableció para la humanidad corrupta son simples y claros, completamente razonables, claramente diferencian el bien del mal y son cándidos y rectos. Sus Diez Mandamientos totalmente personifican la imparcialidad y la justicia, los principios del cielo y la tierra, lo que inspira temor reverente y es justo y la moralidad. Las personas pueden ver de esto que Dios es recto, justo, santo y un Dios que odia el mal. Los Diez Mandamientos representan completamente los requisitos y la voluntad de Dios para la humanidad, Su creación. Son concisos, ricos y exhaustivos y todos son justos y honorables, cosas positivas que pueden ser probadas por medio de las conciencias y la razón de las personas. La relevancia de los Diez Mandamientos es profunda. Cada mandamiento es muy significativo y todos pueden hacer que las personas entiendan a Dios, se aparten del mal, sepan lo que Dios odia y lo que Él ama, y lo que la humanidad debe defender. Todos aquellos que tienen una conciencia y poseen razón deben aclamar y celebrar los Diez Mandamientos promulgados por Dios, que han permitido a las personas vivir la semejanza de la humanidad normal bajo su dirección. Siempre y cuando las personas vivan de acuerdo a los Diez Mandamientos, son completamente capaces de obtener las bendiciones de Dios. Esto es cierto. Si cada país en el mundo estableciera su ley constitucional y gobernara su país de acuerdo a los Diez Mandamientos, sin duda obtendría las bendiciones de Dios y su país se volvería mucho más ordenado. Y si pudieran incorporar los Diez Mandamientos en sus libros de texto para que todos los aceptaran desde la infancia, serían capaces de adorar a Dios. Eso sería aún más significativo. Si las personas de todos los países hubieran estado viviendo en la tierra de acuerdo a los principios de los Diez Mandamientos, la humanidad absolutamente no sería tan corrupta como lo es hoy. Pero la corrupción de la humanidad por Satanás es demasiado profunda y sólo es la humanidad que ha estado completamente controlada por Satanás, lo que ha llevado al mundo entero a estar bajo la espantosa oscuridad del mal. Es por esto que los Diez Mandamientos fueron tan difíciles de aceptar y defender por la humanidad profundamente corrompida en la Era de la Ley. El único resultado que lograron fue hacer que las personas reconocieran sus pecados, pero la obra de Dios continuó paso a paso, construyéndose gradualmente sobre sí misma, cada etapa complementándose mutuamente. Las leyes y los mandamientos promulgados por Dios se deben cumplir.

2. El principio detrás de observar el día de reposo también es sumamente importante. Dios reiteró Su requisito muchas veces, que el hombre observara el día de reposo y Jehová dijo: “De cierto guardaréis mis días de reposo, porque esto es una señal entre yo y vosotros por todas vuestras generaciones, a fin de que sepáis que yo soy el Señor que os santifico. ‘Por tanto, habéis de guardar el día de reposo porque es santo para vosotros. Todo el que lo profane morirá irremisiblemente; porque cualquiera que haga obra alguna en él, esa persona será cortada de entre su pueblo. Durante seis días se trabajará, pero el séptimo día será día de completo reposo, santo al Señor. Cualquiera que haga obra alguna en el día de reposo morirá irremisiblemente. Los hijos de Israel guardarán, pues, el día de reposo, celebrándolo por todas sus generaciones como pacto perpetuo.’ Es una señal entre yo y los hijos de Israel para siempre; pues en seis días el Señor hizo los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó de trabajar y reposó” (Éxodo 31:13-17). El pueblo escogido de Dios debe estar seguro de que la relevancia de que Dios demande al hombre observar el día de reposo es profunda. Cuando Dios creó el cielo y la tierra y todas las cosas, Él lo hizo en seis días. Él descansó en el séptimo día. Es por esto que Dios también requiere que las personas trabajen por seis días y descansen en el séptimo. Esto no sólo contiene el amor de Dios, sino que también contiene una relevancia profunda. Sin lugar a dudas, que Dios le demande a la humanidad observar el día de reposo es un testimonio a Su dirección para las vidas de las personas. Revela completamente Su cuidado, consideración y amor ilimitado por la humanidad. Él no quiere que las personas siempre estén agobiadas, que estén trabajando al amanecer y sólo descansen al atardecer, para subsistir sólo por el objetivo y el significado de comida, ropa y techo adecuados y para alimentar a sus familias. El día de reposo de Dios también fue para darle a la humanidad un día de reposo, por lo cual Él decretó que las personas observen el día de reposo. Esto es verdaderamente significativo.

3. En cuanto al principio de las ofrendas por el pecado, los holocaustos y las ofrendas de paz, independientemente de quién entre los israelitas cometía un pecado prohibido por el Jehová Dios , y no importa si eran conscientes de que habían cometido un pecado o no, tenían que ir al sacerdote a ofrecer una ofrenda por el pecado, un holocausto o una ofrenda de paz a Dios, con el fin de que su pecado fuera perdonado. Esto permitía a las personas ver que el carácter de Dios no sólo contiene justicia y majestad sino también misericordia y amor. Ya que las personas han sido corrompidas por Satanás, para ellas es natural pecar, pero Dios estableció ofrendas por el pecado, ofrendas de paz y holocaustos para la humanidad, y no importa qué tipo de pecado cometan las personas, siempre y cuando hagan una ofrenda por el pecado, un holocausto o una ofrenda de paz a Dios, pueden ser completamente perdonadas por Él. Esto es suficiente para hacer que las personas sepan que el carácter de Dios hacia la humanidad incluye Su misericordia y bondad. Dios no condena a las personas a la ligera y, sobre todo, Él no castiga a las personas a la ligera. De esto, el cuidado y la protección de Dios y Su gracia y bendiciones por la humanidad son aún más evidentes. Esto muestra completamente que el principio detrás de que Dios estableciera las ofrendas por el pecado para la humanidad corrupta, fue Su obra de guiar las vidas de las personas.

Toda la obra que Dios completó en la Era de la Ley fue para guiar a la humanidad dentro de la senda correcta para la vida humana, para permitir a todas las personas vivir delante de Él, para ser capaces de adorarlo y obtener Sus bendiciones. Esta es Su voluntad. En la Era de la Ley Dios utilizó leyes y mandamientos para guiar las vidas de los israelitas en la tierra. En esencia, esto estaba abriendo el camino para la obra de redención de Dios en la Era de la Gracia. Primero, fue necesario hacer que los israelitas vinieran delante de Dios y lo reconocieran, es decir, para reconocer al Señor de la Creación y para saber cómo deben vivir las personas delante de Él. Sin lugar a dudas, esto fue el verdadero testimonio de Dios guiando las vidas de las personas en la tierra. No sólo reveló Su amor por la humanidad, sino más aún, les permitió a las personas entender que Dios no sólo creó el cielo, la tierra y todas las cosas y la humanidad, sino que Él también guía a las personas a saber cómo vivir, cómo vivir delante de Dios y obtener Sus bendiciones. De esta manera, las personas saben cómo vivir delante de Dios, cómo adorarlo, cómo obtener Sus bendiciones y cómo vivir con el fin de obtener paz, longevidad y felicidad. Esto es verdaderamente muy significativo para los seres humanos corruptos. Si toda la humanidad pudiera vivir de acuerdo a las leyes y mandamientos promulgados por Dios, no estaría tan corrompida por Satanás que no tiene ninguna semejanza humana, y el mundo no sería tan oscuro ni malo como lo es hoy. ¡Podría ser tan feliz si las personas pudieran vivir bajo la dirección de Dios! Tal y como dijo Dios Todopoderoso: “Guiando al pueblo de Israel, Él estableció una base para Su obra en la tierra. Desde allí expandió Su obra más allá de Israel, es decir que, comenzando desde Israel la difundió hacia fuera, de forma que generaciones posteriores llegaron gradualmente a saber que Jehová era Dios, y que Él había creado los cielos, la tierra y todas las cosas, que había hecho a todas las criaturas. Él difundió Su obra por medio del pueblo de Israel” (‘La visión de la obra de Dios (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Esto indica que al hacer cada una de las tres etapas de la obra de Dios, Dios gradualmente expande Su alcance de la obra y al final salva a toda la humanidad, para apartarse totalmente de la influencia de Satanás, a fin de que se vuelva completamente hacia el trono de Dios. Este es el plan de gestión para salvar a la humanidad.

Si tuviera que resumir la relevancia esencial de la obra de Dios en la Era de la Ley en pocas palabras, fue la obra de guiar a las personas a cómo vivir en la tierra después de que Dios creara primero a la humanidad. Su obra en la Era de la Ley principalmente enfatizó la relevancia esencial de “guiar”.

III. La relevancia de la obra de Dios en la Era de la Gracia fue principalmente la de la redención

La relevancia y la esencia de lo que Dios Todopoderoso ha revelado de la obra de redención llevada a cabo por el Señor Jesús en la Era de la Gracia son como sigue:

“Jesús representa toda la obra de la Era de la Gracia; Él fue encarnado y crucificado, e inauguró la Era de la Gracia. Él fue crucificado con el fin de completar la obra redentora, para poner fin a la Era de la Ley y comenzar la Era de la Gracia, y por ello fue llamado el “Comandante Supremo”, la “Ofrenda por el Pecado”, el “Redentor”. Por ende, la obra de Jesús fue diferente en contenido de la obra de Jehová, a pesar de que ambas eran en principio lo mismo. Jehová comenzó la Era de la Ley, estableció su sede principal, el lugar de nacimiento, de Su obra en la tierra, y dio los mandamientos; esos fueron Sus dos logros, los cuales representan la Era de la Ley. La obra de Jesús no fue para dar mandamientos, sino el cumplimiento de los mandamientos, anunciando así la Era de la Gracia y el final de la Era de la Ley que duró dos mil años. Fue el pionero, marcando el comienzo de la Era de la Gracia, sin embargo, la redención continuó siendo el núcleo de Su obra. Por lo que Sus logros también siguieron siendo dos: la apertura de una nueva era, y completar la obra de redención a través de Su crucifixión. Luego se fue. En ese momento, la Era de la Ley llegó a su fin y la humanidad entró en la Era de la Gracia.

La obra de Jesús se hizo de acuerdo con las necesidades del hombre en esa era. Su tarea consistía en redimir a la humanidad, perdonarlos por sus pecados, por lo que todo Su carácter fue uno de humildad, paciencia, amor, piedad, tolerancia, misericordia y amorosa bondad. Él bendijo profusamente a la humanidad y le trajo gracia en abundancia, y le dio todas las cosas que pudieran disfrutar para su gozo: paz y felicidad, la tolerancia y el amor de Jesús, Su misericordia y bondad. En aquellos días, todo lo que el hombre encontró fue cosas en abundancia para disfrutar: su corazón estaba en paz y tranquilo, su espíritu consolado, y estaba sustentado por el Salvador Jesús. Que la humanidad pudiese obtener estas cosas fue una consecuencia de la era en la que vivió. En la Era de la Gracia el hombre ya había sido corrompido por Satanás, por lo que, para surtir efecto, la obra de redimir a toda la humanidad requirió gracia en abundancia, tolerancia y paciencia infinita y, aún más, una ofrenda adecuada para expiar los pecados de la humanidad. Lo que la gente vio en la Era de la Gracia fue simplemente Mi ofrenda por los pecados de la humanidad: Jesús. Y sólo sabían que Dios podía ser misericordioso y paciente, sólo vieron la misericordia y la amorosa bondad de Jesús. Esto fue así porque vivían en la Era de la Gracia. Así que antes de que pudieran ser redimidos, tuvieron que gozar de abundante gracia dada por Jesús; sólo esto fue beneficioso para ellos. De esta manera, ellos podrían ser perdonados de sus pecados mediante su gozo de la gracia, y podrían tener la oportunidad de ser redimidos por medio del gozo de la tolerancia y paciencia de Jesús. Sólo a través de la tolerancia y paciencia de Jesús fueron ellos capaces de recibir el perdón y de gozar de la abundancia de la gracia otorgada por Jesús, del mismo modo que Jesús dijo: “Yo no he venido para redimir a los justos sino a los pecadores, permitiendo que sus pecados sean perdonados”. Si Jesús hubiese sido encarnado con un carácter de juzgar, maldecir, y ser intolerante ante los delitos del hombre, entonces el hombre nunca hubiera tenido la oportunidad de ser redimido, y habría permanecido para siempre en el pecado; por lo que el plan de gestión de seis mil años no hubiese progresado más allá de la Era de la Ley. La Era de la Ley se habría prolongado durante seis mil años, los pecados del hombre se habrían incrementado en mayor número y gravedad, y la creación de la humanidad hubiese sido en vano. Los hombres sólo hubiesen podido servir a Jehová bajo la ley, pero sus pecados hubiesen superado los de los primeros seres humanos que fueron creados. Cuanto más Jesús amaba a la humanidad, le perdonaba sus pecados y le otorgaba suficiente misericordia y amorosa bondad, mayor era la posibilidad de la humanidad de ser salvada, y ser llamada los corderos perdidos que Jesús recuperó a un precio muy alto. Satanás no pudo entrometerse en esta obra, porque Jesús trató a Sus seguidores como una madre amorosa trata a un bebé en sus brazos. No se enojó con ellos ni los despreció, sino que más bien estuvo lleno de consuelo; nunca se puso furioso entre ellos, sino que toleró sus pecados y se hizo la vista gorda ante su necedad e ignorancia, de tal manera que Él dijo, “Perdonad a otros setenta veces siete”. Así fue que Su corazón reformó los corazones de los demás, y de esta manera fue que las personas recibieron el perdón a través de Su tolerancia.

Aunque Jesús, siendo Dios encarnado, no poseía ninguna clase de emoción, Él siempre consoló a Sus discípulos, proveyó para ellos, los ayudó y los mantuvo. Sin importar la cantidad de trabajo que hiciera o la cantidad de sufrimiento que soportaba, Él nunca hizo demandas excesivas a las personas, sino que siempre fue paciente y tolerante frente a sus pecados, de manera tal que en la Era de la Gracia Él fuera conocido cariñosamente como “el amado Salvador Jesús”. Para la gente de esa época —para todas las personas— lo que Jesús tenía y era, era misericordia y amorosa bondad. Nunca se acordaba de las transgresiones de la gente o dejaba que esas transgresiones afectaran la manera en que Él los trataba. Porque aquella fue una época diferente, Él con frecuencia derramaba abundante comida y bebida sobre la gente para que pudieran comer hasta saciarse. Él trataba a todos Sus seguidores con bondad, sanando a los enfermos, expulsando a los demonios, resucitando a los muertos. Con el fin de que las personas creyeran en Él y vieran que todo lo que Él hacía era hecho con devoción y sinceridad, llegó al punto de resucitar un cadáver en descomposición, para mostrarles que en Sus manos hasta los muertos podrían volver a la vida. De esta manera Él soportó en silencio entre ellos y realizó Su obra redentora. Incluso antes de ser clavado en la cruz, Jesús ya había llevado los pecados de la humanidad y ya se había convertido en ofrenda por los pecados de la humanidad. Ya Él había abierto el camino hacia la cruz para redimir a la humanidad mucho antes de ser crucificado. Finalmente fue clavado en la cruz, se sacrificó por el bien de la cruz, y ha derramado toda Su misericordia, amorosa bondad y santidad sobre la humanidad. Él persistió en tolerar a la gente, nunca buscando la venganza, sino perdonándolos por sus pecados, exhortándolos al arrepentimiento, y enseñándoles a tener paciencia, tolerancia y amor, para que siguieran Sus pasos y se sacrificaran por causa de la cruz. Su amor por Sus hermanos y hermanas superaba a Su amor por María. El principio de la obra que Él llevó a cabo fue sanar a las personas y expulsar demonios, todo en aras de Su redención. No importara a dónde fuera, siempre trató con bondad a todos los que le siguieron. Él hizo ricos a los pobres, hizo caminar a los paralíticos, hizo que los ciegos vieran, que los sordos oyeran; Él incluso invitaba a los más humildes y desposeídos, a los pecadores, a comer con Él; no los evitaba, pero siempre con paciencia, inclusive les decía: “Cuando un pastor pierde una oveja de cien, dejará atrás a las noventa y nueve para ir a buscar a la oveja perdida, y cuando la encuentre se regocijará en gran medida”. Él amaba a Sus seguidores como una oveja ama sus corderos. A pesar de que eran necios e ignorantes, y eran pecadores ante Sus ojos, y además eran los miembros más humildes de la sociedad, Él veía a estos pecadores —a quienes otros despreciaban— como la niña de Sus ojos. Porque Él los favoreció, dio Su vida por ellos, y como un cordero fue ofrecido en el altar. Él caminó entre ellos como su sirviente, permitiendo que ellos abusaran de Él y lo mataran, sometiéndose a ellos incondicionalmente. Para Sus seguidores Él fue el amado Salvador Jesús, pero para los fariseos que sermoneaban a la gente desde un alto pedestal, Él no mostró misericordia y bondad, sino por el contario, los aborrecía y detestaba. Él no hizo mucho trabajo entre los fariseos, sólo ocasionalmente les daba sermones y los reprendía; no los redimió, ni realizó señales ni prodigios en su presencia. Reservó Su misericordia y amorosa bondad para Sus seguidores, soportando por el bien de esos pecadores hasta el mero final cuando fue clavado en la cruz, soportando toda clase de humillaciones, hasta que hubo redimido a toda la humanidad por completo. Esta fue la suma total de Su obra.

Sin la redención de Jesús, la humanidad hubiese vivido para siempre en el pecado, y se hubiesen convertido en los hijos del pecado, los descendientes de los demonios. Si esto hubiese continuado, Satanás habría establecido su residencia en la tierra, y toda la tierra se hubiera convertido en su morada. Pero la obra redentora requirió de misericordia y amorosa bondad hacia la humanidad; sólo a través de ello es que la humanidad pudo recibir el perdón y al final estar calificada para ser completada y totalmente ganada. Sin esta etapa de la obra, el plan de gestión de seis mil años no hubiese sido posible que progresara. Si Jesús no hubiera sido crucificado, si sólo hubiese sanado a la gente y exorcizado sus demonios, entonces las personas no hubiesen sido completamente perdonadas de sus pecados. Los tres años y medio que Jesús hizo Su obra sobre la tierra, sólo completó la mitad de Su obra redentora; luego, al ser clavado en la cruz y convertirse a semejanza de la carne del pecado, al ser entregado al maligno, Él completó la obra de la crucifixión y adquirió el control del destino de la humanidad. Sólo después de haber sido entregado a las manos de Satanás, es cuando la humanidad fue redimida. Durante treinta y tres años y medio que Él padeció en la tierra, fue ridiculizado, calumniado, y abandonado, incluso fue dejado sin un lugar donde reclinar Su cabeza, sin lugar de descanso; luego, fue crucificado, todo Su ser —un cuerpo inmaculado e inocente— fue clavado en la cruz, y fue sometido a toda clase de sufrimiento. Los que estaban en el poder se burlaban de Él y lo azotaron, y hasta los soldados escupieron en el rostro; mas Él permaneció en silencio y soportó hasta el final, sometiéndose incondicionalmente hasta el punto de morir, con lo cual redimió a toda la humanidad. Sólo entonces se le permitió descansar. La obra de Jesús representa solamente la Era de la Gracia; no representa la Era de la Ley y no es un sustituto de la obra de los últimos días. Esta es la esencia de la obra de Jesús en la Era de la Gracia, la segunda era que ha atravesado la humanidad —la Era de la Redención— (‘La verdad interna sobre la obra en la Era de la Redención’ en “La Palabra manifestada en carne”).

En la Era de la Gracia Jesús vino a redimir a toda la humanidad caída (no sólo a los israelitas). Él mostró compasión y misericordia al hombre. El Jesús que el hombre vio en la Era de la Gracia estaba lleno de misericordia y siempre era amoroso, porque Él había venido a liberar al hombre del pecado. Él podía perdonar al hombre sus pecados hasta que Su crucifixión liberó verdaderamente a la humanidad del pecado. Durante esa época, Dios se apareció al hombre en compasión y misericordia; es decir, Él se convirtió en una ofrenda por el pecado para el hombre y fue crucificado por los pecados del hombre de forma que él fuera perdonado para siempre. Él era misericordioso, compasivo, paciente y amoroso y todos los que seguían a Jesús en la Era de la Gracia también buscaban ser pacientes y amorosos en todas las cosas. Soportaban todo sufrimiento y nunca se defendían aunque les apalearan, maldijeran o apedrearan (‘Las dos encarnaciones completan el sentido de la encarnación’ en “La Palabra manifestada en carne”).

“Jesús” es Emanuel, y significa la ofrenda por el pecado que está lleno de amor, de compasión, y redime al hombre. Él realizó la obra de la Era de la Gracia, y representa la Era de la Gracia, y sólo puede representar una parte del plan de gestión. […] Sólo Jesús es el Redentor de la humanidad. Él es la ofrenda por el pecado que redimió a esta del mismo. Es decir, el nombre de Jesús vino de la Era de la Gracia, y existió por la obra de redención en la misma. El nombre de Jesús existió para permitir a las personas de dicha Era nacer de nuevo y ser salvos, y es un nombre particular para la redención de toda la humanidad. Y por tanto el nombre de Jesús representa la obra de la redención, y denota la Era de la Gracia. […] “Jesús” representa la Era de la Gracia, y es el nombre del Dios de todos aquellos que fueron redimidos durante la Era de la Gracia (‘El Salvador ya ha regresado en una “nube blanca”’ en “La Palabra manifestada en carne”).

La primera vez que Dios se hizo carne fue a través de la concepción por el Espíritu Santo, y tuvo relación con la obra que pretendía hacer. El nombre de Jesús marcaba el comienzo de la Era de la Gracia. Cuando Jesús empezó a desarrollar Su ministerio, el Espíritu Santo comenzó a dar testimonio del nombre de Jesús, y ya no se habló más del nombre de Jehová, y en su lugar el Espíritu Santo inició la nueva obra principalmente bajo el nombre de Jesús. El testimonio de los que creyeron en Él fue dado para Jesucristo, y la obra que hicieron fue también para Jesucristo. La conclusión de la Era de la Ley del Antiguo Testamento significaba que la obra principalmente conducida bajo el nombre de Jehová había llegado a su fin. Después de esto, el nombre de Dios ya no fue más Jehová y pasó a llamarse Jesús; desde entonces en adelante el Espíritu Santo comenzó la obra principalmente bajo el nombre de Jesús (‘La visión de la obra de Dios (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Las declaraciones y la obra de Jesús en esa época no se sujetaron a doctrina, y Él no llevó a cabo Su obra de acuerdo a la obra de la ley del Antiguo Testamento. La realizó según la obra que debía realizarse en la Era de la Gracia. Trabajó de acuerdo a la obra que Él mismo había establecido, según Su propio plan y según Su ministerio; Él no obró de acuerdo a la ley del Antiguo Testamento. Nada de lo que hizo fue según la ley del Antiguo Testamento, y Él no vino a obrar para cumplir las palabras de los profetas. Cada etapa de la obra de Dios no tenía lugar expresamente con el fin de cumplir las predicciones de los antiguos profetas y Él no vino para atenerse a la doctrina o para hacer realidad deliberadamente las predicciones de los antiguos profetas. Sin embargo, Sus acciones no alteraron dichas predicciones ni perturbaron la obra que Él realizó anteriormente. La idea sobresaliente de Su obra no era ceñirse a ninguna doctrina, sino llevar a cabo la obra que Él mismo debía realizar. No era un profeta o un vidente, sino un hacedor que vino realmente a llevar a cabo la obra que tenía que realizar, y vino a abrir Su nueva era y a llevar a cabo Su nueva obra (‘Acerca de los apelativos y la identidad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Sólo pudo haber una nueva era cuando Jesús vino a hacer una nueva obra, a inaugurar una nueva era e irrumpir a través de la obra que se había hecho con anterioridad en Israel; Él no llevó Su obra según la que Jehová hizo en Israel, no cumplió con Sus viejas reglas ni siguió ninguna norma. Llevó a cabo la nueva obra que debía hacer. Dios mismo viene a iniciar una era y también viene a poner fin a esa era. El hombre es incapaz de realizar la obra de comenzar una era y concluirla. Si Jesús no llevó la obra de Jehová a su fin, esto demuestra que era meramente un hombre y no representó a Dios. Precisamente porque Jesús vino y acabó la obra de Jehová, siguió a partir de esta iniciando la suya propia, una nueva, esto demuestra que esta fue una nueva era y que Jesús era Dios mismo (‘La visión de la obra de Dios (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

En la obra de la Era de la Gracia, Jesús fue el Dios que salvó al hombre. Lo que Él tenía y era, era gracia, amor, compasión, paciencia, longanimidad, humildad, cuidado y tolerancia, y gran parte de la obra que Él hizo fue la redención del hombre. En cuanto a Su carácter, era de compasión y amor, y por ser compasivo y amoroso, tuvo que ser clavado en la cruz por el hombre, a fin de mostrar que Dios amaba al hombre como a sí mismo, hasta el punto de sacrificarse en Su totalidad (‘La visión de la obra de Dios (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Durante Su primera encarnación fue necesario que Dios sanara a los enfermos y echara fuera a los demonios, porque Su obra era redimir. Con el fin de redimir a toda la raza humana, necesitaba ser compasivo e indulgente. La obra que Él llevó a cabo antes de ser crucificado fue sanar a los enfermos y echar fuera a los demonios, lo que presagió Su salvación del hombre del pecado y la inmundicia. Siendo la Era de la Gracia, era necesario que Él sanase a los enfermos, mostrando de esta forma señales y maravillas representativas de la gracia en aquella era; y es que la Era de la Gracia se centraba en la concesión de la gracia, simbolizada por la paz, el gozo y las bendiciones materiales, todos ellos muestras de la fe de las personas en Jesús (‘La esencia de la carne habitada por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

En ese momento, la obra de Jesús era la redención de toda la humanidad. Los pecados de todos los que creían en Él eran perdonados; mientras creyeras en Él, Él te redimiría; si creías en Él, dejabas de ser un pecador y eras liberado de tus pecados. Esto es lo que significaba ser salvo y ser justificado por fe. Sin embargo, seguía habiendo en quienes creían algo rebelde y opuesto se oponía a Dios, y que había que seguir quitando lentamente. La salvación no significaba que el hombre hubiera sido ganado por completo por Jesús, sino que ya no pertenecía al pecado, que sus pecados habían sido perdonados: si creías, ya no pertenecías al pecado (‘La visión de la obra de Dios (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

IV. El conocimiento necesario de la obra de Dios en la Era de la Gracia

Si somos capaces de ponderar seriamente las palabras de Dios Todopoderoso que revelan la relevancia y la esencia de la obra de Dios en la Era de la Gracia, seremos completamente capaces de reconocer que la obra del Señor Jesús en la Era de la Gracia fue la obra de redención y fue la obra de expiación por la humanidad corrupta. Las palabras y la obra del Señor Jesús en la Era de la Gracia, todo se centró en torno a la obra de redención y todo fue para hacer que las personas aceptaran a Jesús como su Salvador, vinieran delante de Dios para reconocer todos sus pecados, obtuvieran el perdón de Dios y fueran capaces de confiar en la gracia de Dios para vivir delante de Él. Todo fue para hacer que las personas fueran capaces de gozar de toda la gracia y las bendiciones otorgadas sobre ellas por Dios después de volverse a Él, para reconocer que Él es un Dios de misericordia y amor, para orar frecuentemente a Él, adorarlo para vivir en la gracia y las bendiciones otorgadas por Él. Todo fue para hacer que las personas difundieran el evangelio, dieran testimonio de la salvación de Dios después de reconocer que Jesucristo es el Salvador y fueran capaces de aceptar la promesa de Jesús y saber cómo prepararse para obtener la salvación de los últimos días. Eso es suficiente para hacer que las personas vean que lo que el Señor Jesús hizo en la Era de la Gracia fue completamente la obra de redimir a la humanidad. El Señor Jesús siendo clavado en la cruz y convirtiéndose en una ofrenda por el pecado, está estrechamente relacionado con la obra de Dios en la Era de la Ley. En la Era de la Ley, los israelitas conocieron el liderazgo de Dios y supieron cómo seguir Sus leyes y mandamientos, pero debido a la corrupción de la humanidad aun así violaban frecuentemente las leyes y mandamientos, pecando contra Dios y ofendiéndolo. Esto hizo que las personas se dieran cuenta de qué es un pecado y qué es cometer un pecado, que supieran qué pecados comenten las personas y cómo hacer un sacrificio para obtener el perdón de Dios después de haber pecado. De esto, podemos ver que el resultado principal conseguido de las leyes y los mandamientos de Dios fue hacer que las personas supieran qué es un pecado y cómo deben hacer sacrificios después de haber pecado para que puedan ser perdonadas por Dios. Es por eso que el Señor Jesús vino en la Era de la Gracia para completar la obra de expiación por la humanidad. Esto realmente es muy significativo. En la Era de la Ley, ofrecer sacrificios, holocaustos y ofrendas de paz sólo resolvía un solo pecado y proveía un perdón, pero en la Era de la Gracia, el Señor Jesús fue una ofrenda por el pecado eterna y completa, y en un solo momento perdonó los pecados de la humanidad por toda la eternidad. Esto permitió a las personas ver cómo es el amor de Dios por la humanidad y que Su carácter no sólo incluye justicia, majestad e ira, sino que también incluye misericordia y amor, y en particular que la gracia que Él otorga sobre el hombre es vasta y abundante. Una vez que los pecados de las personas han sido perdonados, ellas pueden disfrutar de toda Su gracia como antes. Se puede ver que Su amor por la humanidad es verdadero y que Su gracia es verdaderamente grande e inmensurable. No sólo fue el Señor Jesús una ofrenda por el pecado para la humanidad corrupta, y con ese solo acto Él perdonó eternamente los pecados de la humanidad, sino que Él enseñó a las personas muchas verdades de la Era de la Gracia para hacer que se amaran entre ellas, tuvieran tolerancia la una con la otra, perdonaran a los demás setenta veces siete, así como perdonar a los demás por la eternidad, orar por sus enemigos y amar a los demás como a sí mismos. Él no sólo no abolió las leyes y mandamientos, sino que Él perfeccionó la obra de la Era de la Ley para que todos aquellos que aceptaran la obra de redención del Señor Jesús pudieran apropiadamente reunirse y orar a Dios, adorar a Dios, difundir el evangelio y dar testimonio de Dios; eso es dar testimonio. Es claro que la obra de Dios en la Era de la Gracia fue construida completamente sobre el fundamento de Su obra en la Era de la Ley. El Señor Jesús verdaderamente se convirtió en una ofrenda por el pecado y logró la obra de redimir a la humanidad y con una sola acción perdonó eternamente todos los pecados de resistir a Dios de la humanidad corrupta, calificándola para venir delante de Dios, orar a Él y adorarlo. Sin embargo, el Señor Jesús siendo una ofrenda por el pecado no es lo mismo que salvar por completo a la humanidad y completar el plan de gestión de Dios. Hay muchas personas en la religión cristiana que creen que el Señor Jesús diciendo “Consumado es” en la cruz significó que Él ya había completado la obra de Dios de salvar a la humanidad. Esto es incorrecto; no es nada más que noción e imaginación humanas que muestran que las personas no tienen una pizca de entendimiento de la obra de Dios. Si la obra de redención de Jesús hubiera ya salvado por completo a la humanidad, entonces las personas religiosas de hoy no estarían constantemente orando y admitiendo sus pecados, y las denominaciones principales no serían tan deprimentes y desoladas como lo son actualmente. El Señor Jesús ciertamente tampoco diría “Vengo pronto”. Sólo el regreso del Señor Jesús, la obra de juicio y castigo de Dios Todopoderoso en los últimos días, es la obra completa de salvar a la humanidad. A través del juicio y castigo, la poda y el trato, y las pruebas y el refinamiento, Dios Todopoderoso está resolviendo el problema de la corrupción de la humanidad para que puedan totalmente apartarse de las cadenas y restricciones de la influencia de Satanás y volverse personas que obedecen y adoran a Dios porque verdaderamente lo conocen. Los hechos son suficientes para demostrar que la obra de redención del Señor Jesús sólo estaba abriendo el camino para que Dios salvara por completo a la humanidad en los últimos días y sólo aceptando Su obra en los últimos días pueden las personas lograr la salvación completa. Este es un hecho totalmente indiscutible.

La obra de redención del Señor Jesús rápidamente expandió el alcance de la obra de Dios en Israel y la extendió completamente al mundo de los gentiles y hasta los confines de la tierra. Así es como la obra de Dios se expandió desde Israel a todo el mundo en la Era de la Gracia y muchas personas en cada país y en cada región vinieron delante de Dios, oraron a Él y lo adoraron. Su nombre se ha difundido a cada país y cada región. Queda claro de esto que el plan de gestión de Dios para salvar a la humanidad ya había sido completado a medias mientras también preparaba el camino para la obra de Dios en los últimos días.

Si la relevancia sustancial de la obra de Dios en la Era de la Gracia se resumiera en una frase, será que Dios encarnado, Él mismo se convirtió en una ofrenda por el pecado por la humanidad corrupta con el fin de redimir a la humanidad. La relevancia sustancial de la obra de la Era de la Gracia que es más prominente es aquella de la “redención”.

V. Sólo el juicio y castigo de Dios en los últimos días es Su obra crucial y decisiva para salvar a la humanidad

Al hacer la obra de juicio y castigo de los últimos días, Dios Todopoderoso ha pronunciado millones de palabras y unos cuantos pasajes se han citado a continuación de lo que Dios Todopoderoso ha revelado sobre la relevancia de Su juicio y castigo en los últimos días. Si las personas son capaces de ponderar seriamente estas palabras, pueden tener un poco de entendimiento y conocimiento de Su obra en los últimos días.

“Cuando Jesús vino al mundo del hombre, trajo la Era de la Gracia y terminó la de la Ley. Durante los últimos días, Dios se hizo carne una vez más y, esta vez acabó la Era de la Gracia y trajo la del Reino. Todos aquellos que acepten la segunda encarnación de Dios serán conducidos a la Era del Reino, y podrán aceptar personalmente Su dirección. … Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no sólo requirió a Jesús cargar con los pecados del hombre como la ofrenda por el pecado, sino también que Dios realizara una obra mayor para librar completamente al hombre de su carácter, que ha sido corrompido por Satanás. Y así, después de que los pecados del hombre fueron perdonados, Dios volvió a la carne para guiar al hombre a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio, que llevó al hombre a una esfera más elevada. Todos los que se someten bajo Su dominio disfrutarán una verdad más elevada y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz, y obtendrán la verdad, el camino y la vida (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Comparada con las eras anteriores, la obra de Dios durante la Era del Reino es más actual, está más dirigida a la esencia del hombre y a los cambios en su carácter, y es más capaz de dar testimonio de Dios mismo a todos los que lo siguen. En otras palabras, durante la Era del Reino, conforme Él obra, Dios le muestra más de Él mismo al hombre que en cualquier momento en el pasado, lo que quiere decir que las visiones que el hombre debería conocer son más altas que en cualquier era pasada. Ya que la obra que Dios hace entre los hombres ha entrado a un territorio sin precedentes, las visiones que el hombre conoce durante la Era del Reino son las más altas entre todas las de la obra de gestión (‘La obra de Dios y la práctica del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”).

La obra llevada a cabo por Dios durante esta era es principalmente la provisión de las palabras para la vida del hombre, la revelación de la esencia de la naturaleza del hombre y el carácter corrupto de este, la eliminación de los conceptos religiosos, del pensamiento feudal, del pensamiento obsoleto, así como del conocimiento y la cultura del hombre. Todo esto debe ponerse en evidencia y purificarse por medio de las palabras de Dios. En los últimos días, Él usa palabras, y no señales y maravillas, para perfeccionar al hombre. Usa Sus palabras para descubrir, juzgar, castigar y perfeccionar al hombre, de forma que en las mismas este llegue a ver la sabiduría y la belleza de Dios, y a entender Su carácter, y así, a través de las palabras de Dios, el hombre vea Sus hechos. (‘Conocer la obra de Dios hoy’ en “La Palabra manifestada en carne”).

cuando Dios se hace carne esta vez, Su obra es expresar Su carácter, principalmente por medio del castigo y el juicio. Usando esto como el fundamento, trae más verdad al hombre, muestra más formas de práctica, y por tanto logra Su objetivo de conquistar al hombre y salvarlo de su carácter corrupto. Esto es lo que hay detrás de la obra de Dios en la Era del Reino (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Cuando Dios hace la obra del juicio, no simplemente aclara la naturaleza del hombre con unas cuantas palabras, sino que lleva a cabo la revelación, el tratamiento y la poda en el largo plazo. Esa forma de revelación, tratamiento y poda no se pueden sustituir con palabras ordinarias, sino con la verdad que el hombre no posee en absoluto. Sólo esa manera de obrar se considera juicio; sólo por medio de ese juicio se puede persuadir al hombre, se le puede convencer por completo de la sumisión a Dios, y puede obtener el verdadero conocimiento de Dios. El resultado de la obra de juicio es que el hombre comprenda el verdadero rostro de Dios y la verdad de su rebeldía. La obra del juicio le permite al hombre entender mucho de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que el hombre no puede entender. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir la fealdad del hombre. Todos estos efectos los produce la obra del juicio, porque la esencia de esa obra es, de hecho, la obra de inaugurar la verdad, el camino y la vida de Dios para todos los que tienen fe en Él. Esta obra es la obra del juicio que Dios hace. Si no consideras que estas verdades sean importantes y constantemente piensas en evitarlas o en un nuevo camino separado de ellas, entonces digo que eres un grave pecador. Si tienes fe en Dios, pero no buscas la verdad o la voluntad de Dios, ni amas el camino que te acerca a Dios, entonces digo que eres uno que está tratando de evadir el juicio. Eres un títere y un traidor que huye del gran trono blanco, y Dios no permitirá a ninguno de los rebeldes que escapen de Su vista. Tales hombres recibirán un castigo aún más severo (‘Cristo realiza la obra de juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Por medio de esta obra de juicio y castigo, el hombre llegará a conocer plenamente la esencia inmunda y corrupta de su interior, y podrá cambiar completamente y ser limpio. Sólo de esta forma puede ser el hombre digno de regresar delante del trono de Dios. Toda la obra realizada este día es con el fin de que el hombre pueda ser limpiado y cambiado; por medio del juicio y el castigo por la palabra, así como del refinamiento, el hombre puede desechar su corrupción y ser hecho puro. En lugar de considerar que esta etapa de la obra es la de la salvación, sería más apropiado decir que es la obra de purificación. En verdad, esta etapa es la de conquista así como la segunda etapa de la salvación. Dios gana al hombre por medio del juicio y el castigo por la palabra; por medio del uso de la palabra para refinar, juzgar y revelar, todas las impurezas, las concepciones, los motivos y las esperanzas individuales dentro del corazón del hombre se revelan completamente (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Dios realiza la obra de juicio y castigo para que el hombre pueda conocerle, y por amor a Su testimonio. Sin Su juicio sobre el carácter corrupto del ser humano, el hombre no conocería Su carácter justo que no permite ofensa alguna, y no podría apartarse de su viejo conocimiento de Dios para adoptar el nuevo. Por amor a Su testimonio y a Su gestión, Él hace pública Su totalidad, capacitando así al hombre para lograr el conocimiento de Dios, cambiar su carácter y dar un resonante testimonio de Él por medio de Su aparición pública. El cambio se logra en el carácter del hombre a través de distintos tipos de la obra de Dios; sin estos cambios en el carácter del hombre, este sería incapaz de dar testimonio de Dios y no podría ser conforme a Su corazón. Los cambios en el carácter del hombre significan que se ha liberado de la atadura de Satanás, de la influencia de la oscuridad, y que se ha convertido de verdad en un modelo y una muestra de la obra de Dios, que de verdad ha llegado a ser un testigo suyo y alguien que es conforme a Su corazón. Hoy, el Dios encarnado ha venido a hacer Su obra en la tierra, y exige que el hombre logre conocerle, obedecerle, y dé testimonio de Él; que conozca Su obra práctica y normal, que obedezca todas Sus palabras y Su obra que no concuerdan con los conceptos del hombre, y dé testimonio de toda Su obra de salvación del hombre, y todos los hechos que Él hace y que vencen al hombre. Los que dan testimonio de Dios tienen que poseer un conocimiento de Él; sólo este tipo de testimonio es preciso, práctico y el único que puede avergonzar a Satanás. Dios usa a aquellos que han llegado a conocerle pasando por Su juicio y Su castigo, por Su trato y Su poda, para que lleven testimonio de Él; Él usa a los que han sido corrompido por Satanás para que den testimonio de Él; así también usa a aquellos cuyo carácter ha cambiado y que se han ganado, así, Sus bendiciones, para que den testimonio de Él. No necesita que el hombre lo alabe sólo de palabras ni la alabanza y el testimonio del tipo de Satanás, que no ha sido salvada por Él. Sólo aquellos que conocen a Dios, y cuyo carácter ha cambiado, están cualificados para dar testimonio de Él, y Él no permitirá que el hombre acarree vergüenza deliberadamente sobre Su nombre (‘Sólo aquellos que conocen a Dios pueden dar testimonio de Él’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Debes saber que perfeccionar a los hombres, completar a los hombres y ganar a los hombres no ha traído nada sino espadas y golpes para su carne y ha traído sufrimiento sin fin, el fuego ardiente, juicio sin misericordia, castigo y maldición, así como pruebas sin límite. Tal es la historia interna y la verdad de la obra de gestionar al hombre. Sin embargo, todas estas cosas están dirigidas contra la carne del hombre y todas las puntas de lanza de hostilidad se dirigen hacia la carne del hombre sin piedad (porque el hombre originalmente era inocente). Todo eso es por el bien de Su gloria y testimonio y para Su gestión. Esto se debe a que Su obra no es solamente por el bien de la humanidad, sino que es para todo el plan y para cumplir Su voluntad original cuando Él creó a la humanidad. Por lo tanto, tal vez noventa por ciento de lo que las personas experimentan son sufrimientos y pruebas de fuego, pero hay muy pocos días dulces y felices, o ni siquiera los hay, que la carne del hombre haya anhelado, y son aún más incapaces de disfrutar momentos felices en la carne pasando preciosos momentos con Dios. La carne es inmunda así que lo que la carne del hombre ve o disfruta no es nada sino el castigo de Dios que no es favorecido por el hombre y es como si le faltara la razón normal. Esto porque Él manifestará Su carácter justo que no es favorecido por el hombre, no tolera las ofensas del hombre y abomina a los enemigos. Dios abiertamente revela todo Su carácter a través de cualquier medio necesario, concluyendo así la obra de Su batalla de seis mil años con Satanás, ¡la obra de la salvación de toda la humanidad y la destrucción del viejo Satanás! (‘El propósito de gestionar a la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Deberéis ver que la voluntad y la obra de Dios no son tan simples como la creación de los cielos y de la tierra y de todas las cosas. Porque la obra del presente es transformar a los que han sido corrompidos, a los que han llegado a ser extremadamente insensibles, y purificar a los que fueron creados y luego procesados por Satanás; no es crear a Adán y a Eva, y mucho menos tiene que ver con crear la luz o crear todo tipo de plantas y animales. Su obra en el presente es purificar todo lo que ha sido corrompido por Satanás a fin de poderlo rescatar y convertirlo en Su posesión y Su gloria. Dicha obra no es tan sencilla como el hombre imagina la creación de los cielos y la tierra y de todas las cosas, y no es equivalente a la obra de maldecir a Satanás y enviarlo al abismo, como el hombre imagina. Más bien, tiene que ver con transformar al hombre, con volver lo que es negativo en positivo, y obtener posesión sobre aquello que no le pertenece. Esta es la historia que yace dentro de esta etapa de la obra de Dios. Debéis daros cuenta de ello, y no debéis simplificar las cosas. La obra de Dios no es como ninguna obra ordinaria. Su maravilla no puede ser concebida por la mente del hombre, y su sabiduría no puede ser alcanzada por el hombre. Dios no está creando todas las cosas, y tampoco las está destruyendo. Más bien, Él está cambiando toda Su creación y purificando todas las cosas que han sido contaminadas por Satanás. Por lo tanto, Dios iniciará una obra de gran magnitud, y este es el significado total de la obra de Dios. De estas palabras, ¿crees que la obra de Dios es tan sencilla? (‘¿Es la obra de Dios tan sencilla como el hombre imagina?’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Dios predestinó desde el inicio del tiempo que pudieras aceptar el juicio, el castigo, los golpes y el refinamiento de las palabras de Dios y, además, que pudieras aceptar las comisiones de Dios y por eso no te debes afligir demasiado cuando seas castigado. Nadie os puede quitar la obra que se ha hecho en vosotros y las bendiciones que se os han otorgado y nadie os puede quitar todo lo que se os ha dado. La gente de la religión no admite comparación con vosotros. No poseéis una gran experiencia de la Biblia, ni estáis equipados con teoría religiosa, pero como Dios ha obrado dentro de vosotros, habéis ganado más que cualquiera a lo largo de las eras y, por lo tanto, esta es vuestra mayor bendición. Por esto, os debéis dedicar aún más a Dios y ser todavía más leal a Dios. Ya que Dios te levanta, debes reforzar tus esfuerzos y debes preparar tu estatura para aceptar las comisiones de Dios. Debes permanecer firme en el lugar que Dios te ha dado, buscar convertirte en uno del pueblo de Dios, aceptar el entrenamiento del reino, que Dios te gane y, en última instancia, volverte un testimonio glorioso de Dios. ¿Cuántas de estas resoluciones tienes? Si posees tales resoluciones, entonces al final estás seguro de que Dios te va a ganar y te vas a convertir en un testimonio glorioso de Dios. Debes entender que la comisión principal es que Dios te gane y que te conviertas en un glorioso testimonio de Dios. Esta es la voluntad de Dios (‘Conoce la nueva obra de Dios y sigue las pisadas de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Durante la Era del Reino, el Dios encarnado pronuncia palabras para conquistar a todos los que creen en Él. Esto es “la Palabra que aparece en la carne”; Dios ha venido durante los últimos días para hacer esta obra, lo que significa que ha venido a efectuar el significado práctico de la Palabra que aparece en la carne. Él sólo habla palabras y rara vez se producen hechos. Es la esencia misma de la Palabra que aparece en la carne y cuando el Dios encarnado pronuncia Sus palabras, es la aparición de la Palabra en la carne y la Palabra que se hizo carne. “En el comienzo existía el Verbo y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios, y la Palabra se hizo carne”. Esto (la obra de la aparición de la Palabra en la carne) es la obra que Dios llevará a cabo en los últimos días, y es el capítulo final de todo Su plan de gestión; así, Dios tiene que venir a la tierra y manifestar Sus palabras en la carne (‘Todo se realiza por la palabra de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

En la Era del Reino, Dios usa la palabra para iniciar una nueva era, para cambiar los medios de Su obra, y para realizar la obra de la era entera. Este es el principio por el cual Dios obra durante la Era de la Palabra. Él se hizo carne para hablar desde diferentes perspectivas, permitiendo que el hombre pueda en verdad ver a Dios, quien es la Palabra manifestada en la carne, y Su sabiduría y maravilla. Este tipo de obra se realiza para lograr mejor los objetivos de conquistar al hombre, perfeccionar al hombre y eliminar al hombre. Este es el verdadero significado del uso de la palabra para llevar a cabo el trabajo en la Era de la Palabra (‘La Era del Reino es la Era de la Palabra’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Durante los últimos días Dios ha venido principalmente con el fin de hablar Sus palabras. Él habla desde la perspectiva del Espíritu, del hombre, y de la tercera persona; habla de diferentes formas, usando una forma para un período de tiempo, y usa las formas de hablar para cambiar los conceptos del hombre y eliminar la imagen del Dios vago del corazón del hombre. Esta es la principal obra realizada por Dios (‘Conocer la obra de Dios hoy’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Dios está decidido a hacer completo al hombre. Cualquiera que sea la perspectiva desde la que habla, todo lo hace en aras de perfeccionar a esta gente. (‘La Era del Reino es la Era de la Palabra’ en “La Palabra manifestada en carne”).

El Dios de los últimos días usa, principalmente, la palabra para perfeccionar al hombre. No usa señales y prodigios para oprimir o convencer al hombre. Esto no puede manifestar con claridad el poder de Dios. Si Él sólo mostrara señales y prodigios, sería imposible dejar clara Su realidad y, por tanto, sería imposible perfeccionar al hombre. Dios no hace al hombre perfecto con señales y prodigios, sino que usa la palabra para regarlo y pastorearlo; después de esto se logra la completa obediencia del ser humano y su conocimiento de Dios. Este es el objetivo de la obra que Él hace y de las palabras que Él pronuncia (‘Todo se realiza por la palabra de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

A lo largo de la Era del Reino, Dios usa la palabra para llevar a cabo Su obra y lograr los resultados de Su obra; Él no realiza maravillas ni hace milagros; Él simplemente hace Su obra a través de la palabra. A causa de la palabra, el hombre es nutrido y provisto; a causa de la palabra, el hombre adquiere el conocimiento y la experiencia verdadera (‘La Era del Reino es la Era de la Palabra’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Aunque la palabra “palabra” es simple y ordinaria, la palabra procedente de la boca de Dios encarnado, sacude todo el universo; Su palabra transforma el corazón del hombre, las nociones y el antiguo carácter del hombre, y la antigua apariencia del mundo entero (‘La Era del Reino es la Era de la Palabra’ en “La Palabra manifestada en carne”).

En la obra de los últimos días, la palabra es más poderosa que la manifestación de señales y maravillas, y la autoridad de la palabra sobrepasa la de señales y maravillas. La palabra revela todos los caracteres corruptos en el corazón del hombre. Eres incapaz de reconocerlos por ti mismo. Cuando te son revelados por medio de la palabra, llegarás a una comprensión de forma natural; no serás capaz de negarlos, y estarás totalmente convencido. ¿No es esta la autoridad de la palabra? Este es el resultado conseguido por la obra presente de la palabra (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Durante la Era del Reino, Dios usa principalmente la palabra para conquistar a todas las personas. En el futuro, Su palabra también descenderá sobre cada secta, grupo, nación y denominación; Dios usa la palabra para conquistar, para hacer que todos los hombres vean que Su palabra conlleva autoridad y poder; por tanto, hoy, sólo os enfrentáis a la palabra de Dios (‘Todo se realiza por la palabra de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Dios usa la palabra para gobernar al hombre; te sientes bien si comes y bebes la palabra de Dios, y si no lo haces, no tendrás un camino a seguir. La palabra de Dios se convierte en el alimento del hombre y en la fuerza que lo impulsa. La Biblia dice que “el hombre no vivirá solo de pan pero de cada palabra que salga de la boca de Dios”. Esta es la obra que Dios llevará a cabo en este día. Él realizará esta verdad en vosotros (‘La Era del Reino es la Era de la Palabra’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Dios ha venido a la tierra principalmente para hablar Sus palabras, y tú tienes contacto con Su palabra. Lo que ves y lo que oyes, aquello por lo que te riges y lo que experimentas es la palabra de Dios, y esta encarnación de Dios usa sobre todo la palabra para perfeccionar al hombre(‘Todo se realiza por la palabra de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Hoy, Dios se ha encarnado principalmente para completar la obra de “la Palabra aparece en carne”, para perfeccionar al hombre mediante el uso de la palabra, y hacer que acepte el trato y el refinamiento de la palabra. En Sus palabras Él hace que obtengas provisión y vida; en Sus palabras ves Su obra y Sus hechos (‘Todo se realiza por la palabra de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Dios no usa el método de la demostración de señales y prodigios para perfeccionar al hombre, sino que usa palabras y muchos métodos diferentes en Su obra para tal menester. Ya sea el refinamiento, el trato, la poda o la provisión de palabras, Dios habla desde muchas perspectivas diferentes para hacer al hombre perfecto y darle un mayor conocimiento de la obra, la sabiduría y la maravilla de Dios (‘Todo se realiza por la palabra de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

En esta etapa final de la obra, los resultados se obtienen a través de la palabra. A través de la palabra, el hombre llega a entender muchos misterios y la obra de Dios a lo largo de generaciones pasadas; el Espíritu Santo esclarece al hombre; este llega a entender los misterios nunca antes desvelados por las generaciones pasadas, así como la obra de los profetas y apóstoles de tiempos pasados, y los principios por los que obraron; el hombre también llega a conocer el carácter de Dios mismo, así como la rebeldía y la resistencia del hombre, y llega a conocer su propia esencia. A través de estos pasos de la obra y todas las palabras habladas, el hombre llega a conocer la obra del Espíritu, de la carne encarnada de Dios, y además, todo Su carácter. Tu conocimiento de la obra de gestión de Dios durante seis mil años también lo obtuviste a través de la palabra. ¿No conseguiste también tu conocimiento de tus antiguas nociones y el éxito al dejarlas de lado a través de la palabra? (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

La obra en los últimos días deja al descubierto la de Jehová y la de Jesús así como todos los misterios no entendidos por el hombre. Además, revela el destino y el final de la humanidad, y concluye toda la obra de salvación en medio de la humanidad. Esta etapa de la obra en los últimos días pone fin a todo. Todos los misterios no entendidos por el hombre deben descifrarse para permitir al hombre obtener una perspectiva de los mismos y tener un entendimiento claro en su corazón. Sólo entonces puede el hombre ser dividido según sus tipos (‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Esta etapa de la obra esclarecerá para ti la ley de Jehová y la redención de Jesús, y es principalmente así para que puedas entender toda la obra del plan de gestión de Dios de seis mil años, recibir todo el sentido y la esencia del mismo y entender el propósito de toda la obra realizada por Jesús y las palabras que Él habló, e incluso tu creencia ciega en la Biblia y tu adoración de esta. Te permitirá percibir todo esto. Llegarás a entender tanto la obra hecha por Jesús, como la obra de Dios hoy; entenderás y verás toda la verdad, la vida y el camino. (‘La visión de la obra de Dios (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Dios usará palabras para conquistar el universo. Él hará esto, no por Su carne encarnada, sino por medio de usar las declaraciones de la boca de Dios hecho carne para conquistar a todas las personas en todo el universo; sólo esto es la Palabra se hizo carne, y sólo esto es la aparición de la Palabra en la carne. Tal vez, a las personas les pareciera como si Dios no hubiera hecho ninguna obra, pero Dios sólo tiene que declarar Sus palabras para que las personas se convenzan completamente y para que sean impresionadas. Sin hechos, las personas gritan y chillan; con las palabras de Dios, se quedan calladas. Con toda seguridad Dios logrará este hecho, porque este es el plan de Dios establecido hace mucho tiempo: cumplir el hecho de la llegada de la Palabra a la tierra (‘El Reino Milenario ha llegado’ en “La Palabra manifestada en carne”).

La obra de Dios en la carne no involucra grandes fanfarrias ni tampoco está envuelta en misterio. Es real y actual y es la obra en la cual uno más uno son dos. No está escondida de nadie ni tampoco engaña a nadie. Lo que las personas ven son cosas reales y genuinas y lo que el hombre gana es conocimiento y verdad reales. Cuando la obra termine, el hombre tendrá un nuevo conocimiento de Él y los que verdaderamente buscan a Dios ya no tendrán ninguna noción de Él. Este no es sólo el resultado de Su obra en las personas chinas, sino que también representa el resultado de Su obra de conquistar a toda la humanidad, porque nada es más beneficioso a la obra de conquistar a toda la humanidad que esta carne y la obra de esta carne y todo lo de esta carne. Son beneficiosas a Su obra hoy y son beneficiosas para Su obra en el futuro. Esta carne conquistará a toda la humanidad y ganará a toda la humanidad. No hay mejor obra por medio de la cual toda la humanidad contemple a Dios y obedezca a Dios y conozca a Dios (‘La humanidad corrupta está más necesitada de la salvación del Dios hecho carne’ en “La Palabra manifestada en carne”).

La mayor importancia de la obra de las palabras es permitirles a las personas poner la verdad en práctica después de haber entendido la verdad, lograr cambios en su carácter y alcanzar el conocimiento de ellas mismas y de la obra de Dios. Sólo el medio de obrar a través del habla puede comunicar la relación entre Dios y el hombre, sólo las palabras pueden explicar la verdad. Obrar de esta manera es el mejor medio para conquistar al hombre, aparte de la declaración de las palabras, ningún otro método puede darle al hombre un entendimiento más claro de la verdad y de la obra de Dios y así, en Su última etapa de la obra, Dios le habla al hombre con el fin de hacerle accesible todas las verdades y los misterios que no entiende, permitiéndole conseguir el verdadero camino y la vida de Dios y así satisfacer la voluntad de Dios (‘Deberías desechar las bendiciones del estatus y entender la voluntad de Dios para la salvación del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”).

De verdad, la obra que se está haciendo ahora es para que la gente abandone a Satanás, para que abandone a su antiguo antepasado. Todos los juicios por la palabra tienen como meta exponer el carácter pervertido de la humanidad y permitirle a la gente entender la esencia de la vida. Todos estos juicios repetidos atraviesan los corazones de la gente. Cada juicio impacta de manera directa su destino e implica herir sus corazones para que ellos pudiesen soltar todas esas cosas y de esta manera llegar a conocer la vida, conocer este mundo inmundo y también conocer la sabiduría y omnipotencia de Dios y conocer a esta humanidad pervertida por Satanás. Cuanto más haya este tipo de castigo y juicio, más se puede herir el corazón del hombre y más se puede despertar su espíritu. Despertar los espíritus de la gente extremadamente pervertida y de la gente más profundamente engañada es la meta de esta clase de juicio (‘Sólo los perfeccionados pueden vivir una vida significativa’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Es ahora cuando Dios os quiere perfeccionar realmente, y esto no es una forma de hablar. En el futuro, independientemente de las pruebas, de los desastres que experimentéis, o de los acontecimientos que sucedan, Dios quiere perfeccionaros; es un hecho definido e indudable. ¿Desde dónde puede verse esto?Parte del hecho de que, a lo largo de las eras y de las generaciones, la palabra de Dios no ha alcanzado nunca tanta altura como la que tiene hoy: ha entrado en su ámbito más elevado, y la obra del Espíritu Santo entre todos los hombres no tiene hoy precedentes (‘Acerca de que todos cumplan su función’ en “La Palabra manifestada en carne”).

El hombre será hecho completamente perfecto en la Era del Reino. Después de la obra de conquista, el hombre estará sujeto al refinamiento y la tribulación. Los que puedan vencer y mantener el testimonio durante esta tribulación son los que al final serán hechos completos; son los vencedores. Durante esta tribulación al hombre se le exige aceptar este refinamiento y este refinamiento es la última oportunidad de la obra de Dios. Es la última vez que el hombre será refinado antes de la consumación de toda la obra de la gestión de Dios y todos los que sigan a Dios deben aceptar esta prueba final, deben aceptar este último refinamiento (‘La obra de Dios y la práctica del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Dios no ha venido a matar ni a destruir sino a juzgar, maldecir, castigar y salvar. Antes de la terminación de Su plan de gestión de 6.000 años —antes de que haga manifiesto el fin de cada categoría del hombre— la obra de Dios en la tierra es en aras de la salvación, todo es con el fin de hacer totalmente perfectos a aquellos que lo aman y traerlos de regreso a Su dominio. No importa cómo Dios salve a las personas, todo se hace haciéndolas escapar de su antigua naturaleza satánica; es decir, Él las salva haciéndolas buscar la vida. Si ellas no buscan la vida, entonces no tendrán manera de aceptar la salvación de Dios (‘Deberías desechar las bendiciones del estatus y entender la voluntad de Dios para la salvación del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Al final, esta etapa presente traerá la obra de Dios a un final completo, y proveerá su conclusión. Todos llegarán a entender y conocer el plan divino de gestión. Los conceptos en el hombre, sus propósitos, su entendimiento erróneo, sus conceptos sobre la obra de Jehová y Jesús, sus opiniones sobre los gentiles y todas sus desviaciones y errores serán corregidos. Y el hombre entenderá todas las sendas correctas de la vida, toda la obra hecha por Dios y toda la verdad. Cuando eso ocurra, esta etapa de la obra llegará a su fin (‘La visión de la obra de Dios (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Esta etapa de la obra creará a un grupo de vencedores y, una vez formado este grupo, ellos serán capaces de testificar de Sus hechos, serán capaces de vivir la realidad, satisfacerle de verdad y ser leales a Él hasta la muerte; de esta forma, Dios será glorificado (‘Breve charla sobre “El Reino Milenario ha llegado”’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Cada etapa de la obra de Dios va más profunda que la última, y en cada etapa las exigencias para el hombre son más profundas que en la anterior y, de esta manera, toda la gestión de Dios poco a poco toma forma. Es precisamente porque las exigencias para el hombre son cada vez más altas, que el carácter del hombre cada vez se acerca más a los estándares que Dios exige y, sólo entonces, es que toda la humanidad gradualmente se aparta de la influencia de Satanás hasta que, cuando la obra de Dios llegue a un final completo, toda la humanidad habrá sido salvada de la influencia de Satanás. Cuando ese momento llegue, la obra de Dios habrá alcanzado su fin, y la cooperación del hombre con Dios con el fin de lograr los cambios en su carácter no será más, y toda la humanidad vivirá a la luz de Dios, y a partir de entonces no habrá rebelión u oposición a Dios (‘La obra de Dios y la práctica del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Después de la obra conquistadora llega la de recompensar el bien y castigar el mal: las personas que obedecen completamente, los totalmente conquistados, serán colocados en el siguiente paso de la difusión de la obra a todo el universo; los no conquistados serán puestos en las tinieblas y encontrarán calamidad. Así, el hombre se clasificará según su tipo, los hacedores de maldad agrupados con el mal, para nunca más ver la luz del sol, y los justos agrupados con el bien, para recibir luz y vivir eternamente en la luz. El fin está cerca para todas las cosas, el final del hombre se ha mostrado claramente a sus ojos, y todas las cosas se clasificarán según su tipo. ¿Cómo pueden las personas escapar de sufrir esta clasificación? (‘La verdad interna de la obra de conquista (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Cuando creé el mundo, moldeé todas las cosas según su especie, haciendo que todo lo que tuviera una forma visible se reuniera con su especie. Cuando se acerque el final de Mi plan de gestión, restauraré el estado antiguo de la creación, lo restauraré todo a la forma en que estaba en su origen; lo cambiaré todo profundamente, para que todo retorne al seno de Mi plan. ¡El tiempo ha llegado! (‘La vigésima sexta declaración’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Los últimos días ya han llegado. Todas las cosas se clasificarán según su tipo, y se dividirán en diferentes categorías en base a su naturaleza. Este es el tiempo cuando Dios revela el final y el destino del hombre. Si este no pasa por el castigo y el juicio, no habrá forma de revelar su desobediencia y su injusticia. Sólo por este medio se puede manifestar el final de todas las cosas. El hombre sólo muestra realmente lo que es cuando es castigado y juzgado. El mal volverá al mal, el bien al bien, y el hombre será clasificado según su tipo. A través del castigo y del juicio se revelará el final de todas las cosas, de forma que los malos serán castigados y los buenos recompensados, y todas las personas se someterán al dominio de Dios. Toda la obra debe lograrse por medio del castigo y del juicio justos. Como la corrupción del hombre ha alcanzado su punto culminante y su desobediencia ha sido demasiado grave, sólo el carácter justo de Dios, que es principalmente de castigo y juicio, y se revela durante los últimos días, puede transformar y completar totalmente al hombre. Sólo este carácter puede dejar el mal al descubierto y castigar así con severidad a todos los injustos (‘La visión de la obra de Dios (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

La obra de los últimos días es la de separar a todos de acuerdo a su especie, para concluir el plan de gestión de Dios, porque el tiempo está cerca y el día de Dios ha llegado. Dios lleva a todos los que han entrado a Su reino, es decir, a todos los que le han sido leales hasta el final, a la era de Dios mismo. Sin embargo, antes de la llegada de la era de Dios mismo, la obra que Dios hará no es observar los hechos de los hombres ni inquirir acerca de sus vidas, sino juzgar su rebelión, porque Dios purificará a todos los que vengan ante Su trono. Todos los que han seguido las pisadas de Dios hasta este día son los que han venido delante del trono de Dios, por lo tanto, todos los que aceptan la última obra de Dios son a los que Dios va a purificar. En otras palabras, todos los que aceptan la última obra de Dios son los que Dios juzgará (‘Cristo realiza la obra de juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

¿Entiendes ahora qué es el juicio y qué es la verdad? Si ahora lo entiendes, te exhorto a que te sometas al juicio, de lo contrario nunca tendrás la oportunidad de que Dios te elogie o de que Dios te lleve a Su reino. Los que sólo aceptan el juicio pero nunca han sido purificados, es decir, los que huyen en medio de la obra de juicio, Dios siempre los detestará y los rechazará. Sus pecados son muchos más, y más graves, que los de los fariseos, porque han traicionado a Dios y le son rebeldes. Esos hombres que no son dignos ni siquiera de servir van a recibir un castigo más severo y duradero. Dios no perdonará a ningún traidor que en algún momento afirmó lealtad con palabras pero después lo traicionó. Tales hombres verán la retribución por medio del castigo del espíritu, el alma y el cuerpo. ¿No revela esto el carácter justo de Dios? ¿No es esto exactamente el propósito del juicio de Dios y la revelación del hombre? Dios envía a todos los que hacen todo tipo de hechos malvados durante el tiempo del juicio a un lugar plagado de malos espíritus, y deja que estos malos espíritus destruyan sus cuerpos carnales a voluntad. Sus cuerpos desprenden el olor de los cadáveres y esa es su retribución adecuada. Dios anota en sus libros de registro todos y cada uno de los pecados de esos desleales falsos creyentes, falsos apóstoles y falsos obreros, entonces cuando sea el momento correcto, los arrojará en medio de los espíritus inmundos para que todos sus cuerpos sean contaminados por los espíritus a voluntad y, como resultado, nunca más se reencarnen y nunca más vuelvan a ver la luz. A aquellos hipócritas que hicieron servicio en algún momento, pero que son incapaces de permanecer leales hasta el final, Dios los contará entre los malvados para que caminen en el consejo de los malvados, volviéndose parte de la multitud desordenada. Al final, Dios los destruirá. Dios los arrojará a un lado y no hará caso de los que nunca fueron leales a Cristo o que nunca dedicaron ningún esfuerzo y los va a destruir a todos en el cambio de las eras. Y ya no existirán más en la tierra, mucho menos obtendrán acceso al reino de Dios. Los que nunca han sido sinceros con Dios, sino que se ven obligados por las circunstancias a tratar con Dios con indiferencia, serán contados entre los que hacen servicio para Su pueblo. Sólo un pequeño número de esos hombres podrá sobrevivir, mientras que la mayoría perecerá junto con los que no están calificados ni siquiera para hacer servicio. Por último, Dios llevará a Su reino a todos los que son del mismo sentir que Él, el pueblo y los hijos de Dios, así como los que Dios predestinó para ser sacerdotes. Ese es el fruto que Dios engendra por medio de Su obra. En cuanto a los que no pueden pertenecer a ninguna de las categorías que Dios establece, ellos serán contados entre los incrédulos. Y vosotros seguramente podéis imaginar cuál será su resultado. Ya os he dicho todo lo que os debería decir; el camino que escojáis será la decisión que tendréis que tomar. Lo que debéis entender es esto: la obra de Dios nunca espera por nadie que no pueda avanzar al mismo paso que Dios, y el carácter justo de Dios no le muestra misericordia a ningún hombre (‘Cristo realiza la obra de juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Aquellos que puedan permanecer firmes durante la obra del juicio y el castigo de Dios durante los últimos días, es decir, durante la obra final de purificación, serán los que entrarán en el reposo final con Dios; por lo tanto, todos los que entran en el reposo se habrán librado de la influencia de Satanás y Dios los habrá adquirido sólo después de que hayan pasado Su obra final de purificación. Estas personas a las que Dios finalmente haya adquirido entrarán en el reposo final. La esencia de la obra del castigo y el juicio de Dios es purificar a la humanidad y es para el día del reposo final. De lo contrario, toda la humanidad no podrá seguir a los de su propia especie o entrar en el reposo. Esta obra es el único camino de la humanidad para entrar en el reposo (‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Como creó al hombre, lo guía; como lo salva, lo hará de manera concienzuda y lo ganará por completo; como dirige al hombre, lo llevará al destino adecuado; y como creó al hombre y lo gestiona, debe asumir la responsabilidad por el sino y la perspectiva del ser humano. Esta es, precisamente, la obra realizada por el Creador. Aunque la obra de conquista se alcanza purgando al hombre de su perspectiva, es este en última instancia al que se lleva al destino adecuado que Dios preparó para Él. Precisamente porque Dios trabaja al hombre que este tiene un destino y que su sino está asegurado (‘Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso’ en “La Palabra manifestada en carne”).

El que es incapaz de crear el mundo será incapaz de llevarlo a su fin, mientras que Él, quien creó el mundo, lo llevará sin duda a su fin. Por tanto, si alguien es incapaz de ponerle fin a la era y sólo puede ayudar al hombre a cultivar su mente, no cabe duda de que no es Dios, no es el Señor de la humanidad. Será incapaz de realizar esa gran obra; sólo hay uno que puede hacerlo; todos los que no pueden efectuarla son, sin duda, los enemigos ajenos a Dios. Si son sectas perversas, son incompatibles con Él, y siéndolo son Sus enemigos (‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Cuando las naciones y los pueblos del mundo regresen todos delante de Mi trono, tomaré de inmediato toda la abundancia del cielo y la concederé al mundo humano, de manera que, gracias a Mí, rebosará de una abundancia sin igual. No obstante, mientras el viejo mundo continúe existiendo, lanzaré Mi furia sobre sus naciones, promulgando abiertamente Mis decretos administrativos por todo el universo, y enviaré castigo a quien los viole: (‘La vigésima sexta declaración’ de las declaraciones de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”).

Cuando vuelvo Mi rostro al universo para hablar, toda la humanidad oye Mi voz, y ve inmediatamente todas las obras que en todo el universo Yo he forjado. Los que van en contra de Mi voluntad, es decir, los que se oponen a Mí con los hechos del hombre, caerán bajo Mi castigo. Yo tomaré las numerosísimas estrellas de los cielos y las haré de nuevo; gracias a Mí el sol y la luna serán renovados, los cielos ya no serán más como eran; las innumerables cosas sobre la tierra serán renovadas. Todas serán completadas por medio de Mis palabras. Las muchas naciones del universo serán divididas de nuevo y sustituidas por la mía, de forma que las naciones sobre la tierra desaparecerán para siempre y serán una sola que me adore; todas las naciones de la tierra serán destruidas, y dejarán de existir. De los seres humanos del universo, todos los pertenecientes al diablo serán exterminados; Mi fuego ardiente abatirá a todos los que adoran a Satanás, es decir que, excepto los que están ahora dentro de la corriente, el resto quedará reducido a cenizas. Cuando Yo castigue a los muchos pueblos, los del mundo religioso regresarán en grados diferentes a Mi reino, conquistados por Mis obras, porque habrán visto la llegada del Santo cabalgando sobre una nube blanca. Toda la humanidad seguirá a su propia especie, y recibirá castigos que variarán según lo que hayan hecho. Todos los que se han levantado contra Mí perecerán; en cuanto a aquellos cuyos hechos sobre la tierra no me han involucrado, seguirán existiendo en la tierra bajo el gobierno de Mis hijos y Mi pueblo gracias a cómo se han absuelto ellos mismos. Yo me revelaré a las innumerables personas y naciones, resonando con Mi propia voz sobre la tierra para proclamar la terminación de Mi gran obra, para que toda la humanidad la vea con sus propios ojos (‘La vigésima sexta declaración’ de las declaraciones de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”).

Su obra última de castigar el mal y recompensar el bien se hace por completo con el fin de purificar totalmente a toda la humanidad para que Él pueda llevar a una humanidad completamente santa al reposo eterno. Esta etapa de Su obra es Su obra más crucial. Es la etapa final de toda Su obra de gestión. Si Dios no destruyera al malvado, sino que lo dejara permanecer, entonces toda la humanidad todavía no podría entrar en el reposo y Dios no podría llevar a toda la humanidad a un reino mejor. Esta clase de obra no estaría completamente terminada. Cuando Él termine Su obra, toda la humanidad será completamente santa. Sólo de esta manera Dios puede vivir con tranquilidad en el reposo (‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Mi obra tiene una duración de apenas seis mil años, y Yo hice la promesa de que el control del maligno sobre toda la humanidad, similarmente, no duraría por más de seis mil años. Así que ya se cumplió el tiempo. Yo, ni voy a seguir, ni voy a retrasarme por más tiempo: durante los últimos días venceré a Satanás, recobraré toda Mi gloria, y recuperaré todas las almas que me pertenecen en la tierra de manera que estas almas afligidas puedan escapar del mar de sufrimiento, y así se concluya toda Mi obra en la tierra. A partir de este día, nunca más me haré carne en la tierra, y nunca más Mi Espíritu, que lo controla todo, trabajará sobre la tierra. Sólo haré una cosa en la tierra: voy a rehacer la humanidad, una humanidad que sea santa, y que sea Mi ciudad fiel en la tierra (‘Nadie que es de la carne puede escapar del día de la ira’ en “La Palabra manifestada en carne”).

El reino que anhela establecer es Su propio reino. La humanidad que espera es una que lo adore y lo obedezca por completo y tenga Su gloria. Si no salva a la humanidad corrupta, la relevancia de Su creación del hombre quedará en nada; no tendrá más autoridad entre los hombres y Su reino ya no será capaz de existir en la tierra. Si no destruye a esos enemigos que le son desobedientes, no podrá obtener toda Su gloria ni tampoco podrá establecer Su reino sobre la tierra. Estos son los símbolos de la terminación de Su obra y los símbolos de la terminación de Su gran logro: destruir completamente a aquellos entre la humanidad que lo desobedecen y llevar al reposo a los que han sido perfeccionados (‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Tras la finalización de Mis palabras, el reino se forma poco a poco en la tierra y el hombre regresa gradualmente a la normalidad, y por ende se establece en la tierra el reino que yace en Mi corazón. En el reino, todo el pueblo de Dios recupera la vida del hombre normal. Se ha ido el invierno helado, reemplazado por un mundo de ciudades primaverales, donde la primavera perdura todo el año. Ya la gente no se enfrenta con el mundo sombrío y miserable del hombre, ya no sufre el frío escalofriante del mundo del hombre. La gente ya no pelea entre sí, los países ya no se enfrentan en guerras, ya no hay más matanza y la sangre que fluye de la matanza; todas las tierras están llenas de felicidad, y en todas partes rebosa el calor entre los hombres (‘La vigésima declaración’ de las declaraciones de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”).

Cuando asumo Mi poder y reino como Rey en el reino, haré completo a todo Mi pueblo a lo largo del tiempo. Cuando todas las naciones del mundo sean trastornadas, será precisamente cuando Mi reino se establecerá y se formará, y también cuando Yo seré transfigurado y me volveré a todo el universo. En ese momento, todas las personas verán Mi glorioso rostro, Mi verdadera faz (‘La decimocuarta declaración’ de las declaraciones de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”).

VI. El entendimiento necesario de la obra de juicio y castigo de Dios en los últimos días

Después de haber leído las palabras acerca de la relevancia de la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días, si puedes ponderarlas seriamente, definitivamente serás capaz de obtener un poco de conocimiento y entendimiento de Su obra en los últimos días. Si después puedes leer el libro, La Palabra manifestada en carne, que es expresado en su totalidad por Dios Todopoderoso durante Su obra en los últimos días y experimentar varios años de Su obra en los últimos días, sin lugar a dudas serás capaz de entender verdaderamente que la obra de Dios en la Era del Reino es juicio y castigo con el fin de salvar a la humanidad completamente. Por medio de esto, puedes obtener la salvación y ser perfeccionado.

Para entender la obra de Dios en los últimos días, primero debes estar seguro de porqué Él está haciendo la obra de juicio y castigo en los últimos días. Después de que el Señor Jesús completó la obra de redención en la Era de la Gracia, todo el pueblo escogido de Dios podía ir delante del Señor Jesús, admitir sus pecados, arrepentirse y ser perdonado. Las personas podían disfrutar también mucha gracia otorgada sobre ellas por Dios, pero no hubo una sola persona que fuera capaz de apartarse de las restricciones y de los grilletes de su naturaleza pecaminosa después de que humanidad fuera corrompida por Satanás. Todos siguieron pecando incluso después de aceptar al Señor Jesús como su Salvador y ser perdonados de sus pecados. Vivían en el ciclo repetitivo de pecar y reconocer sus pecados. Es por eso que, aunque todos aquellos que habían sido redimidos por el Señor Jesús habían sido perdonados de sus pecados y gozaban de toda la gracia otorgada sobre ellos por Dios, fueron completamente incapaces de apartarse de las restricciones y de los grilletes de la naturaleza satánica que conduce a la humanidad al pecado. Es por eso que todas las personas claman en dolor: “¡Realmente soy miserable! ¿Qué puedo hacer para finalmente librarme de las restricciones de mi naturaleza satánica y obtener la verdadera salvación?” Queda claro que la humanidad corrupta no tiene manera de resolver su propia naturaleza pecaminosa y nadie se puede liberar del control de su propia naturaleza satánica y pecaminosa. Todas ellas no pueden evitar pecar frecuentemente y vivir dentro del pecado, por lo cual, aunque los pecados de la humanidad corrupta hayan sido perdonados, ellas son incapaces de vivir la humanidad normal; así que, ¿cómo es posible que ellas vivan una verdadera vida humana? Esta es la experiencia real de todo el pueblo escogido de Dios que aceptó la obra de redención de Dios en la Era de la Gracia. Así que la obra de juicio y castigo que Dios encarnado hace personalmente en los últimos días es la obra de salvar plenamente a la humanidad corrupta de su naturaleza satánica y pecaminosa y de transformar su carácter de vida. Dios Todopoderoso expresa todas las verdades de juicio y castigo para salvar por completo a la humanidad. Él no sólo usa la verdad en Sus palabras para exponer y juzgar la esencia de la naturaleza satánica de la humanidad corrupta así como la verdad de su corrupción, sino que Él también utiliza los métodos de poda y trato y las pruebas y el refinamiento para resolver y transformar el carácter satánico de las personas. Esto permite a la humanidad corrupta reconocer verdaderamente su propia naturaleza satánica y la verdad de su corrupción, y ver genuinamente que la humanidad corrupta realmente está llena de caracteres satánicos tales como egoísmo y vileza, engaño y sinuosidad, codicia y maldad y estar harta de la verdad. Al ser podadas y tratadas, y por medio de las pruebas y el refinamiento, las personas pueden entender la verdad y conocer la obra de Dios, lo que hace que sus opiniones sobre los problemas, su perspectiva sobre la vida y sus valores experimenten una transformación fundamental, y eso será seguido por un cambio en su carácter de vida. Todo esto es el fruto dado por la obra de juicio de Dios en los últimos días y la transformación producida por esto es mucho más grande que lo que fue producido por el perdón del pecado después de creer en el Señor Jesús en la Era de la Gracia. Es suficiente probar que es sólo el juicio y castigo de Dios en los últimos días lo que es la obra de salvar por completo a la humanidad. Aparte de esto, no hay otra senda para que la humanidad corrupta se libre completamente de la oscura influencia de Satanás y genuinamente se vuelva hacia Dios, lo obedezca y sea ganada por Él para lograr la salvación completa.

La humanidad profundamente corrompida debe sufrir el juicio y castigo de Dios antes de que pueda ser salva. Esto es porque las personas están corrompidas de una manera tan profunda, son completamente controladas por el conocimiento y las filosofías de Satanás y están llenas de caracteres satánicos. Es sólo por medio del método de juicio y castigo que Dios es capaz de purificar y salvar a la humanidad, por lo cual, al desarrollar Su obra de juicio en los últimos días, Él primero expresó la verdad para conquistar a la humanidad. Cuando Dios usa la verdad para conquistar por completo a la humanidad corrupta y ella está verdaderamente convencida, sólo entonces verá ella Su verdadera aparición y sólo entonces será capaz de postrarse delante de Dios y estar completamente arrepentida. En ese momento finalmente verán que verdaderamente son personas que resisten a Dios y debido a eso conocerán su propia arrogancia y engreimiento, que no hay absolutamente ningún lugar para Dios en sus corazones, que absolutamente no han estado viviendo la semejanza de un ser humano y que en verdad han sido tan profunda y penosamente corrompidas por Satanás. Es sólo después de que la humanidad ha sido conquistada por las palabras de Dios que puede verdaderamente entender el hecho y la naturaleza esencial de su corrupción por Satanás y sólo entonces puede genuinamente reconocer que después de creer en Dios dentro de una religión durante todos esos años, no entendió más que un poco de conocimiento de la Biblia y algunas letras y doctrinas, y que no tiene la realidad de la verdad en absoluto. Son verdaderamente pobres, miserables, ciegos y desnudos. Sólo en ese momento las personas pueden comenzar a estar calladas delante de Dios, formalmente aceptar y obedecer el juicio y castigo de Sus palabras y comenzar a entrar al camino correcto de la creencia en Dios. Este es el primer resultado de la conquista logrado por el juicio y castigo de Dios. Es igual que en la Era de la Ley cuando Job estaba experimentando pruebas y, después de oír las palabras de Dios, fue completamente conquistado. Sólo si las personas son conquistadas por las palabras de Dios son personas que reconocen y aceptan la verdad y después pueden entrar al camino correcto de la creencia en Dios y ser personas que son capaces de ser salvas. Todas aquellas que todavía pueden negar y odiar la verdad y ser enemigas de Dios, incluso después de oír muchas de Sus palabras, pertenecen a la categoría de anticristos. Realmente no hay para ellas forma de ser salvas y esas personas serán objetos de eliminación y castigo. La salvación se debe construir sobre el fundamento de ser conquistado por las palabras de Dios. Así como Dios ha dicho: “Vosotros debéis saber que Mi intención es extinguir por completo y reducir a la ruina al maligno de la humanidad, para que nunca más se rebele contra Mí, y que mucho menos le quede aliento para interrumpir o perturbar Mi obra. Por ende, en lo que a la gente se refiere, significa estar conquistando” (‘Qué significa ser un hombre de verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”). “¿Cómo debe conquistarse exactamente la humanidad? Se hará usando esta obra de palabras para convencer totalmente al hombre; usando la revelación, el juicio, el castigo, y la maldición inmisericorde para someterlo totalmente; y revelando la rebeldía del hombre y juzgando su resistencia de forma que pueda conocer la injusticia y la inmundicia de la humanidad, que se usarán para destacar el carácter justo de Dios. Principalmente, será el uso de estas palabras lo que conquiste al hombre y lo convenza totalmente” (‘La verdad interna de la obra de conquista (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Estos son los resultados preliminares logrados por la obra de juicio y castigo de Dios, es decir, los resultados de Su obra de conquista. El perfeccionamiento de Dios de las personas se basa en el fundamento de conquistarlas y si aquellas que son conquistadas son capaces de buscar la verdad y obedecer toda la obra de juicio y castigo de Dios, entonces ya han entrado en la senda de ser salva y perfeccionada. Todo el mundo debe estar claro en que la humanidad corrupta es así de arrogante, engreída, anárquica y carente de razón, sólo porque nunca ha sido conquistada. Carece totalmente de autoconocimiento y ha negado y resistido a Dios a este grado de locura, por lo cual, sólo al experimentar el juicio y castigo de Dios la humanidad corrupta puede ganar la purificación y la salvación. Esta es también la única senda para que la humanidad corrupta sea salva y perfeccionada.

El juicio y castigo de Dios de la humanidad corrupta revela completamente Su carácter justo y le brinda a ella una maravillosa oportunidad de conocer a Dios. Si las personas corruptas no se someten a Su juicio y castigo, nunca serán capaces de conocer Su carácter justo. Una vez que hayan experimentado el juicio y castigo de Su justicia, majestad e ira, sólo entonces es que podrán sentir la verdad de que Su carácter no tolera ninguna ofensa, y experimentarán por sí mismas que Dios es realmente capaz de observar las partes más recónditas de las personas y vigilar todo de sus corazones, que Él está bien familiarizado con las esencias corruptas y las naturalezas satánicas de las personas y también entenderán la omnipotencia y la sabiduría de Dios. Porque ellas pueden aceptar el juicio y castigo de Dios, pueden obtener verdadero conocimiento del carácter y esencia de Dios, ganando así Su salvación y perfección. Queda claro que el proceso de salvación de la humanidad corrupta es el proceso de reconocer la aparición de Dios y es el proceso de conocer Su carácter justo.

Existe una relación directa entre la humanidad corrupta que obtiene la salvación y es perfeccionada, y el carácter justo de Dios que Él ha revelado en Su obra en los últimos días. Se debe completamente a conocer el carácter justo de Dios y a reconocer la omnipotencia y sabiduría de Dios, que el pueblo escogido de Dios ha llegado a temer a Dios y a apartarse del mal, y es particularmente por conocer el carácter de Dios y lo que Él tiene y es, que Su pueblo ha entendido todas las verdades que Él ha expresado. Es por esto que las perspectivas de las personas sobre las cosas, sobre la vida y sobre sus valores han experimentado una transformación fundamental, logrando gradualmente un cambio de carácter en sus vidas. Este es un hecho que nadie puede negar y es justo como Dios lo dijo:

“Las personas han visto Su carácter por Su obra de castigo y juicio y, por lo tanto, lo reverencian en sus corazones. Dios está destinado a ser reverenciado y obedecido porque Su ser y Su carácter no son los mismos que los de un ser creado y están por encima de los de un ser creado. Dios es un ser no creado y sólo Él es digno de reverencia y sumisión; el hombre no está calificado para esto (‘La obra de Dios y la obra del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Mi justicia, Mi majestad y Mi juicio perdurarán eternamente y para siempre. Primero, fui amoroso y misericordioso, pero este no es el carácter de Mi divinidad completo; la justicia, la majestad y el juicio son exactamente Mi carácter: Dios mismo completo (Declaraciones y testimonios de Cristo en el principio).

La justicia es santidad, y es un carácter que no tolera que el hombre ofenda, y todo lo que es inmundicia y que no ha cambiado, es el blanco de la indignación de Dios. El justo carácter de Dios no es una ley sino un decreto administrativo: es un decreto administrativo dentro del reino, y este decreto administrativo es el castigo justo para cualquiera que no posee la verdad y no ha cambiado, y no hay margen para la salvación (‘Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio’ en “La Palabra manifestada en carne”).

¿A través de qué se alcanza la perfección que Dios tiene para el hombre? A través de Su justo carácter. El carácter de Dios consiste principalmente de la justicia, la ira, la majestad, el juicio y la maldición y Su perfección para el hombre es principalmente por medio del juicio (‘Sólo al experimentar pruebas dolorosas puedes conocer el encanto de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Sabed eso hoy, ya sea un juicio justo o un refinamiento y castigo crueles, todo es en aras de la salvación. Independientemente de si hoy existe la clasificación de cada uno de acuerdo con su especie, o el dejar al descubierto las categorías del hombre, todas las declaraciones y la obra de Dios son con el fin de salvar a aquellos que verdaderamente aman a Dios. El juicio justo es con el fin de purificar al hombre, el refinamiento cruel es con el fin de limpiar al hombre, las palabras severas o el castigo, todo es con el fin de purificar y en aras de la salvación (‘Deberías desechar las bendiciones del estatus y entender la voluntad de Dios para la salvación del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Dios ha empezado ahora, oficialmente, a perfeccionar a las personas. Para ser completadas, ellas deben experimentar la revelación, el juicio y el castigo de las palabras de Dios, así como las pruebas y el refinamiento de Sus palabras (como la prueba de los hacedores de servicio). Además, las personas deben ser capaces de resistir a la prueba de la muerte. Es decir, quienes llevan verdaderamente a cabo la voluntad de Dios son capaces de emitir alabanza desde lo profundo de sus corazones, en medio del juicio, del castigo, y de las pruebas de Dios, tienen la capacidad de obedecerle por completo, y de renunciar a sí mismos, de amar por tanto a Dios con un corazón sincero, resuelto, y puro. Así es la persona completa, y también es la obra que Dios quiere realizar, y lo que Él quiere lograr (‘En los pasos de la obra de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

El Dios del cielo ha venido a esta, la más sucia de las tierras de vicio, y nunca ha desahogado Sus agravios ni se ha quejado del hombre, sino que acepta en silencio los estragos[1] y la opresión del hombre. Nunca ha devuelto el golpe ante las exigencias poco razonables del hombre, nunca le ha hecho requerimientos excesivos ni irrazonables. Simplemente realiza toda la obra que requiere el hombre sin queja alguna: enseñar, iluminar, reprochar, el refinamiento de las palabras, recordar, exhortar, consolar, juzgar y revelar. ¿Cuál de Sus pasos no ha sido para la vida del hombre? Aunque ha eliminado las perspectivas y la suerte del hombre, ¿cuál de los pasos que Dios ha llevado a cabo no ha sido para su destino? ¿Cuál de ellos no ha sido por el bien de la supervivencia humana? ¿Cuál de ellos no ha sido para liberarlo del sufrimiento y la opresión de las fuerzas oscuras tan negras como la noche? ¿Cuál de ellos no es por el bien del hombre? ¿Quién puede entender el corazón de Dios, que es como el de una madre amorosa? ¿Quién puede entender el ansioso corazón de Dios? ( ‘Obra y entrada (9)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

El amor verdadero de Dios es todo Su carácter, y cuando este se te muestra, ¿qué proporciona esto a tu carne? Cuando se te muestre el carácter justo de Dios, tu carne sufrirá inevitablemente mucho dolor. Si no lo padeces, Dios no puede perfeccionarte ni serás capaz de dedicarle amor sincero. Si Dios te perfecciona, te mostrará sin duda todo Su carácter (‘Sólo amar a Dios es realmente creer en Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Aunque el castigo y el juicio son refinamientos y revelaciones inmisericordes al hombre, cuyo propósito es castigar sus pecados y a su carne, nada de esta obra tiene la intención de condenar o extinguir su carne. Las duras revelaciones de la palabra tienen, todas, el propósito de guiarte por la senda correcta. Habéis experimentado personalmente mucho de esta obra y, claramente, ¡no os ha llevado a una senda mala! Todo esto es para permitirte vivir una humanidad normal; todo ello es algo que tu humanidad normal puede lograr. Cada paso de la obra se realiza en base a tus necesidades, según tus debilidades, y según tu estatus real, y no se os coloca ninguna carga insoportable. Aunque seas incapaz de ver esto claramente ahora y sientas que estoy siendo duro contigo, aunque sigas pensando que la razón por la que te castigo y juzgo cada día y te reprendo cada día es que te odio, y aunque lo que recibas sea castigo y juicio, en realidad es todo amor por ti, también una gran protección para ti (‘La verdad interna de la obra de conquista (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Mi justicia, majestad y juicio no muestran misericordia hacia Satanás. Pero para vosotros, son para salvaros, sin embargo, simplemente sois incapaces de comprender Mi carácter ni conocéis los principios detrás de Mis acciones (Declaraciones y testimonios de Cristo en el principio).

Al final, Él quemará todo lo impuro e injusto del hombre en todo el universo, para mostrarle que Él no es sólo un Dios de compasión, misericordia, sabiduría, maravillas y santidad, sino que aún más, Él es un Dios que juzga al hombre. Para los malos entre la humanidad, Él es fuego, juicio y castigo; para aquellos que deben ser perfeccionados, Él es tribulación, refinamiento y prueba, así como consuelo, sustento, provisión de palabras, trato y poda. Y para los que son eliminados, Él es castigo, así como retribución (‘Las dos encarnaciones completan el sentido de la encarnación’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Sólo por medio de la encarnación de Dios en el lugar más retrógrado e inmundo puede Él revelar la totalidad de Su carácter santo y justo. ¿Y a través de qué se revela Su justo carácter? A través del juicio de los pecados de las personas, del juicio de Satanás, de la repugnancia hacia los pecados, y del odio de Sus enemigos que se rebelan contra Él y se oponen a Él (‘Cómo lleva fruto el segundo paso de la obra de conquista’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Castigaré a todos los nacidos de Mí que todavía no me conocen, para mostrarles toda Mi ira, Mi gran poder y Mi plena sabiduría. En Mí todo es justo y no hay absolutamente ninguna injusticia, ni engaño ni ruindad; quienquiera que sea deshonesto y mentiroso debe ser un hijo del infierno, debe haber nacido en el Hades. En Mí todo es manifiesto; lo que Yo diga que sea logrado, se logra y lo que Yo diga que sea establecido, se establece, y nadie puede cambiar o emular estas cosas porque Yo soy el incomparable Dios mismo (Declaraciones y testimonios de Cristo en el principio).

Por estos juicios habéis sido capaces de ver que Dios es el Dios justo, el Dios santo. Él os ha juzgado, y Su ira os ha visitado debido a Su santidad y Su justicia. Como Él puede revelar Su carácter justo cuando ve la rebeldía de la humanidad, y como Él puede revelar Su santidad cuando ve la inmundicia de la humanidad, con esto basta para mostrar que Él es Dios mismo, santo y sin mancha, pero también que Él vive en una tierra de inmundicia (‘Cómo lleva fruto el segundo paso de la obra de conquista’ en “La Palabra manifestada en carne”).

¡Yo soy justo, Yo soy fiel, Yo soy el Dios que examina el corazón más íntimo del hombre! (Declaraciones y testimonios de Cristo en el principio).

Ninguna persona o cosa puede escapar del sufrimiento de este castigo y juicio ni puede eludir esta clasificación según el tipo; Todos los hombres estarán organizados por clases. Esto se debe a que el final está cerca para todas las cosas, y los cielos y la tierra llegan a su conclusión. ¿Cómo puede el hombre escapar del final de su existencia? (‘La verdad interna de la obra de conquista (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Confiamos en que ningún país o poder pueda interponerse en el camino de lo que Dios quiere lograr. Aquellos que obstruyen Su obra, se resisten a Su palabra, interrumpen y perjudican Su plan serán castigados por Él en última instancia. Quien resiste la obra de Dios será enviado al infierno; cualquier país que lo haga, será destruido; cualquier nación que se levante para oponerse a la obra de Dios será barrida de esta tierra, y dejará de existir (‘Dios preside el destino de toda la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Quiero que cada hombre vea que todo lo que he hecho es lo correcto y que es una expresión de Mi carácter; no es la obra del hombre, ni mucho menos toda la naturaleza, la que creó a la humanidad. Por el contrario, soy Yo el que nutre cada ser vivo entre todas las cosas. Sin Mi existencia, la humanidad sólo puede morir y sufrir la invasión de plagas. Nadie podrá ver nunca más la belleza del sol y la luna o el mundo verde; la humanidad sólo se enfrentará a la noche frígida y al valle inexorable de la sombra de la muerte (‘Deberías preparar suficientes buenas obras para tu destino’ en “La Palabra manifestada en carne”).

La imagen de Dios no se da a conocer al hombre por medio de la imagen encarnada, sino a través de la obra llevada a cabo por el Dios encarnado de imagen y forma; y a través de Su obra, Su imagen se muestra y se da a conocer Su carácter. Este es el sentido de la obra que Él desea hacer en la carne (‘El misterio de la encarnación (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Lo que Él manifiesta a la multitud es únicamente Su carácter justo y todos Sus hechos, y no la imagen de Su cuerpo cuando se hizo carne dos veces, porque la imagen de Dios sólo puede mostrarse por medio de Su carácter, y no puede sustituirse por la imagen de Su carne encarnada. […] Lo que se muestra a la multitud es la justicia de Dios y Su carácter en su totalidad, en lugar de Su imagen cuando se hizo carne en dos ocasiones. No es la imagen única la que es mostrada al hombre, ni las dos combinadas (‘El misterio de la encarnación (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Es completamente evidente, por los métodos de obra de Dios de juicio y castigo para salvar y perfeccionar a las personas plenamente en los últimos días, que Su salvación y perfección de las personas se logran enteramente por medio de revelar Su carácter justo. Una vez que Su carácter de justicia, majestad, juicio e ira se haya revelado por completo, la humanidad corrupta actuará naturalmente de acuerdo a su propia especie. Todos aquellos que aman la verdad y son capaces de aceptarla serán capaces de aceptar y obedecer la obra de juicio y castigo de Dios y entonces alcanzarán la salvación y serán perfeccionados. Todos aquellos que detestan la verdad, que odian la verdad, como es normal, resistirán, negarán y condenarán a Cristo y rechazarán la obra de juicio y castigo de Dios en los últimos días. En particular, la mayoría de los líderes y pastores de diversas secas y denominaciones del mundo religioso se convertirán en fuerzas del anticristo que se resisten y oponen a Cristo. Es por esto que ellos serán expuestos y eliminados y al final estarán sujetos al castigo. Ellos serán los objetos del juicio de Dios en la cima de Su furia. La obra de Dios en los últimos días refleja completamente que donde existe la corrupción, el juicio debe tener lugar, y donde hay pecado, el castigo debe ocurrir. Esta es la regla del cielo decretada por Dios y nadie puede escapar de ella. La humanidad corrupta resiste y traiciona a Dios y si no experimenta Su juicio y castigo, no será tolerada por Dios. Es por esto que es un principio inmutable del cielo y la voluntad inviolable de Dios que la humanidad corrupta se someta al juicio y castigo de Dios en los últimos días. La humanidad está corrompida al extremo. Toda ella es la prole de Satanás que traicionó a Dios. Si el juicio y castigo de la majestad e ira de Dios no le sucediera, entonces ¿cómo podría postrarse delante de Dios en plena sumisión? ¿Y cómo podría alcanzar la purificación y salvación genuinas? Es por esto que el carácter de Dios de justicia, juicio, castigo e ira, que se revela en los últimos días, se ha vuelto la mayor salvación para la humanidad corrupta y es precisamente la bendición de Dios para la humanidad. La revelación de Dios de Su carácter justo a la humanidad es Su verdadero amor y Su completo amor por el hombre.

VII. Se debe saber que sólo las tres etapas de la obra de Dios son Su obra completa para salvar a la humanidad

El discurso de Dios sobre Sus tres etapas de la obra es totalmente adecuado para que veamos claramente que se construye etapa por etapa y que cada etapa está estrechamente relacionada con la siguiente. Todas y cada una de las etapas de la obra son muy prácticas y razonables y sólo son estas tres etapas de la obra las que son la obra completa de salvar a la humanidad y las tres etapas de la obra de Dios son Su plan de gestión para salvar a la humanidad. Es por eso que sólo entendiendo las tres etapas es realmente entender la obra de Dios y sólo de esa manera es posible entender por completo el carácter justo de Dios y Su esencia. Por consiguiente, debemos tener un conocimiento y un entendimiento claros de la esencia y relevancia de cada etapa de la obra de Dios y sólo entonces podemos realmente reconocer que sólo las tres etapas de la obra de Dios son la obra completa de salvar a la humanidad. En cada etapa de la obra de Dios todos nosotros podemos ver claramente cómo Él ha sido victorioso en la guerra contra las fuerzas del mal de Satanás. La humanidad ha sido profundamente corrompida por Satanás y en cada etapa de Su obra ha habido muchas personas que han tomado el papel de Satanás, el demonio, haciendo su máximo esfuerzo para interrumpir y perturbar Su obra y también han confundido, enganchado, controlado y usado al pueblo escogido de Dios, tratando de destruir la obra de Dios. Sin embargo, Dios es el Dios todopoderoso y sabio y Él siempre ha usado el engaño de Satanás como un servicio para lograr Su obra de redimir y salvar a la humanidad. En Su obra en la Era de la Gracia, Él usó a Satanás para prestar servicio y a través de la traición de Judas y haciendo que el Señor fuera clavado a la cruz, Él completó Su obra de redención. En la Era del Reino, a través de la alteración, sabotaje y confusión traídos por los anticristos, los líderes falsos y todo tipo de espíritus malos, Él entrena a Su pueblo escogido y lo perfecciona para entender la verdad, ser capaz de discernir a Satanás, odiar el mal, darle la espalda al gran dragón rojo y entrar en la realidad de Sus palabras. Finalmente, Él hace completo a Su pueblo escogido y lo introduce al reino. Entender las tres etapas de la obra de Dios de salvar a la humanidad es tan significativo. No sólo podemos ver dónde están la omnipotencia y sabiduría de Dios, sino que, más aún, podemos entender Su carácter y lo que Él tiene y es que se revelan en cada etapa de Su obra. De esta manera se pueden dar los frutos de nuestro verdadero entendimiento de Dios. La realidad es que el proceso de experimentar las tres etapas de la obra de Dios es el proceso de entender a Dios y también es el proceso de los puntos de vista y caracteres de vida de las personas que experimentan un cambio gradual para lograr la salvación y ser perfeccionadas. Sólo después de que las personas experimenten la obra de Dios en los últimos días serán verdaderamente salvas y completamente ganadas por Dios para que ya no pequen ni resistan a Dios. Esto es porque el carácter satánico de la humanidad corrupta ha sido cambiado y tiene un entendimiento genuino de Dios. Ya no define ni resiste a Dios basada en las nociones e imaginación humanas y, no importa cómo Dios la guíe y cómo Él orqueste y planee las cosas, serás capaz de ser obediente delante de Él con un corazón de reverencia. Sólo estas son personas que están verdaderamente en conformidad con la voluntad de Dios y que pueden obtener Sus bendiciones. Sólo aquellas que verdaderamente consiguen la salvación de Dios son capaces de entrar en el reposo otorgado por Dios y obtienen realmente su destino final. No hay duda sobre esto.

Dios ha llevado a cabo tres etapas de la obra en Su salvación de la humanidad y estas tres etapas de la obra han permitido a las personas entender verdaderamente Su carácter justo y Su sabiduría y omnipotencia y, por consiguiente, volverse a Él y ser salvas. Es por esto que entender las tres etapas de la obra de Dios es tan significativo. Si leemos otra vez la parte de la palabra de Dios, “Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios”, se sentirá realmente novedoso y será más fácil entender Su voluntad. Debemos citar estas palabras de Dios Todopoderoso aquí para que las personas puedan realmente entender que las tres etapas de la obra de Dios son la obra completa de Dios de salvar a la humanidad, de tal forma que ellas sean capaces de entender genuinamente las tres etapas y lograr un verdadero entendimiento de Dios. Este es el elemento crucial de las personas que experimentan la obra de Dios en los últimos días para conseguir la salvación y ser perfeccionadas.

VIII. La versión completa de las palabras de Dios: Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios

La obra de gestionar a la humanidad se divide en tres etapas, lo que significa que la obra de salvar a la humanidad se divide en tres etapas. Estas tres etapas no incluyen la obra de crear el mundo, sino que son la Era de la Ley, la Era de la Gracia y la Era del Reino. La obra de crear el mundo fue la de producir a toda la humanidad. No fue la de salvarla ni tiene relación con ella; y es que, cuando el mundo fue creado, la humanidad no había sido corrompida por Satanás y, por tanto, no había necesidad de llevar a cabo la obra de salvación de la humanidad. Esta sólo comenzó una vez que la humanidad se había corrompido y, por tanto, la obra de gestión de la humanidad tampoco empezó hasta entonces. En otras palabras, la gestión del hombre por parte de Dios empezó como un resultado de la obra de salvar a la humanidad, y no surgió de la obra de crear el mundo. No podría haber obra de gestión de la humanidad sin el carácter corrupto de esta, y por tanto dicha obra incluye tres partes, en lugar de cuatro etapas, o cuatro eras. Sólo esta es la forma correcta de referirse a la gestión de la humanidad por parte de Dios. Cuando la era definitiva llegue a su fin, la obra de gestión de la humanidad habrá llegado a un final completo. La conclusión de la misma significa que la obra de salvar a toda la humanidad ha terminado totalmente, y que esta ha alcanzado el final de su viaje. Sin la obra de salvar a toda la humanidad, la obra de gestión de esta no existiría ni habría tres etapas de obra. Fue precisamente por la depravación de la humanidad, y la urgente necesidad de salvación que esta tenía, que Jehová concluyó la creación del mundo y comenzó la obra de la Era de la Ley. Sólo entonces comenzó la obra de gestión de la humanidad, que significa que sólo entonces se inició la obra de salvación de esta. “Gestionar a la humanidad” no significa guiar la vida de la recién creada humanidad sobre la tierra (es decir, una humanidad que aún no se había corrompido). En su lugar, es la salvación de una humanidad corrompida por Satanás, es decir, el cambio de esta humanidad corrupta. Este es el significado de gestionar a la humanidad. La obra de salvar a esta no incluye la de crear al mundo, y por tanto la de gestionar a la humanidad no incluye la de crear el mundo, sino sólo tres etapas de obra independientes de la creación del mismo. Para entender la obra de gestión de la humanidad, es necesario ser consciente de la historia de las tres etapas de la obra; de esto es de lo que todos deben ser conscientes a fin de ser salvados. Como criaturas de Dios, deberíais reconocer que Él creó al hombre, y deberíais reconocer la fuente de la corrupción de la humanidad, además del proceso de la salvación del hombre. Si sólo sabéis cómo actuar de acuerdo a la doctrina para obtener el favor de Dios, pero no tenéis ni idea de cómo salva Él a la humanidad, o de la fuente de la corrupción de esta, esto es lo que os falta como criaturas de Dios. No deberías satisfacerte solamente con entender esas verdades que pueden ponerse en práctica, mientras sigues ignorando el alcance más amplio de la obra de gestión de Dios; si este es el caso, eres demasiado dogmático. Las tres etapas de la obra son la historia interior de gestión del hombre por parte de Dios, la llegada del evangelio de todo el universo, el misterio más grande en medio de toda la humanidad, y también el fundamento de la difusión del evangelio. Si sólo te centras en entender verdades simples relacionadas con tu vida, y no sabes nada de esto, el más grande de todos los misterios y visiones, ¿no parece, pues, tu vida un producto defectuoso, bueno para nada excepto para mirarlo?

Si el hombre sólo se concentra en la práctica, y considera secundarios la obra de Dios y el conocimiento de Él, ¿no es eso lo mismo que ser tacaño en lo pequeño y derrochador en lo grande? Debes saber lo que debes saber, y poner en práctica lo que debes poner en práctica. Sólo entonces serás alguien que sabe cómo buscar la verdad. Cuando llegue el día en que difundas el evangelio, si sólo eres capaz de decir que Dios es un Dios grande y justo, un Dios supremo, con el que ningún gran hombre puede compararse, pues nadie es más alto que Él…, si sólo puedes pronunciar estas palabras irrelevantes y superficiales, y eres totalmente incapaz de hablar palabras de importancia crucial, y que tengan contenido, si no tienes nada que decir acerca de conocer a Dios, o Su obra, y, además, no puedes explicar la verdad ni proveer lo que le falta al hombre, alguien como tú es incapaz de cumplir bien su obligación. Dar testimonio de Dios y difundir el evangelio no es un asunto sencillo. Primero debes estar equipado con la verdad y las visiones que deben entenderse. Cuando tienes claras las visiones y la verdad de los diferentes aspectos de la obra de Dios, llegas a conocerla en tu corazón, e independientemente de lo que Dios haga —un juicio justo o el refinamiento al hombre— posees la mayor visión como tu fundamento, y la verdad correcta para poner en práctica, serás capaz de seguir a Dios hasta el final mismo. Debes saber que sin importar qué obra haga Él, el objetivo y el corazón de Su obra no cambia, y Su voluntad para con el hombre tampoco lo hace. No importa lo severas que sean Sus palabras ni lo adverso del entorno, los principios de Su obra no cambiarán, y Su propósito de salvar al hombre tampoco. Al no tratarse de la revelación del final del hombre ni de su destino, y que no es la obra de la fase final o de poner fin a todo el plan de gestión de Dios, y dado que es durante el tiempo que Él obra en el hombre, el corazón de Su obra no cambiará: siempre será la salvación de la humanidad. Este debería ser el fundamento de vuestra creencia en Dios. El objetivo de las tres etapas de la obra es la salvación de toda la humanidad, que significa la salvación completa del hombre del dominio de Satanás. Aunque cada una de las tres etapas de la obra tiene un objetivo y un sentido diferentes, son parte de la obra de salvación de la humanidad, y distintas obras de salvación llevadas a cabo de acuerdo a los requisitos de la humanidad. Una vez que seas consciente del objetivo de estas tres etapas de la obra, sabrás cómo recibir el sentido de cada una de ellas, y reconocerás cómo actuar con el fin de satisfacer el deseo de Dios. Si puedes alcanzar este punto, entonces esta, la mayor de todas las visiones, pasará a ser tu fundamento. No deberías buscar formas fáciles de práctica, o verdades profundas, sino combinar visiones con práctica, de forma que haya verdades que puedan ponerse en práctica, y conocimiento basado en visiones. Sólo entonces serás alguien que busca totalmente la verdad.

Las tres etapas de la obra están en el corazón de toda la gestión de Dios, y en ellas se expresan el carácter de Dios y qué es Él. Aquellos que no conocen las tres etapas de la obra de Dios son incapaces de entender cómo expresa Él Su carácter, no conocen la sabiduría de Su obra, y siguen ignorando las muchas formas en las que Él salva a la humanidad, así como Su voluntad para toda ella. Las tres etapas de la obra son la expresión completa de la obra de salvar a la humanidad. Aquellos que no conocen las tres etapas de la obra ignorarán los diversos métodos y principios de la obra del Espíritu Santo; aquellos que sólo se ciñen rígidamente a la doctrina que permanece de una etapa de la obra son personas que limitan a Dios a la doctrina, y cuya creencia en Él es vaga e incierta. Tales personas nunca recibirán Su salvación. Sólo las tres etapas de la obra de Dios pueden expresar plenamente la totalidad de Su carácter, y expresan por completo Su propósito de salvar a toda la humanidad, así como todo el proceso de salvación de la misma. Esto demuestra que Él ha derrotado a Satanás y ha ganado a la humanidad; es una prueba de Su victoria y la expresión de todo Su carácter. Los que sólo entienden una etapa de las tres que componen la obra de Dios sólo conocen parte de Su carácter. En las nociones del hombre, es fácil que esta única etapa de la obra pase a ser doctrina, es probable que este establezca reglas relativas a Dios, y use esta sola parte de Su carácter como una representación de todo Su carácter. Además, gran parte de la imaginación del hombre está mezclada dentro de sí, de forma que limita rigurosamente el carácter, el ser, y la sabiduría de Dios, así como los principios de Su obra, dentro de parámetros limitados, creyendo que si Él fue así una vez, permanecerá igual para siempre y nunca cambiará. Sólo aquellos que conocen y aprecian las tres etapas de la obra pueden conocer a Dios de forma plena y precisa. Como mínimo, no le definirán como el Dios de los israelitas, o de los judíos ni lo verán como un Dios que siempre estará clavado en la cruz por causa del hombre. Si sólo llegas a conocer a Dios a partir de una etapa de Su obra, tu conocimiento es demasiado, demasiado pequeño. No es sino una gota en el océano. Si no, ¿por qué clavarían a Dios vivo en la cruz muchos de la vieja guardia religiosa? ¿No es porque el hombre lo confina dentro de ciertos parámetros? ¿No se oponen muchos a Dios y obstruyen la obra del Espíritu Santo, porque no conocen la obra variada y diversa de Dios, y, además, porque no poseen sino una pizca de conocimiento y doctrina con los que medir la obra del Espíritu Santo? Aunque las experiencias de tales personas son superficiales, son arrogantes y permisivas en su naturaleza, y consideran la obra del Espíritu Santo con desprecio, ignoran las disciplinas de este y, además, usan sus viejos argumentos triviales para confirmar la obra del Espíritu Santo. También representan una dramaturgia, y están plenamente convencidos de su propio conocimiento y erudición, y de que son capaces de viajar por todo el mundo. ¿No son tales personas las que el Espíritu Santo desprecia y rechaza, y no serán eliminadas por la nueva era? ¿No son los que vienen delante de Dios y se oponen abiertamente a Él pequeñas personas miopes, que simplemente intentan demostrar lo inteligentes que son? Con tan sólo un ínfimo conocimiento de la Biblia, tratan de abarcar la “academia” del mundo, pero con una doctrina superficial que enseñar a las personas, intentan revertir la obra del Espíritu Santo, y tratan de hacerla girar alrededor de su propio proceso de pensamiento; tan cortos de miras como son, intentan observar con una sola mirada 6.000 años de obra de Dios. ¿Tienen estas personas alguna razón de la que hablar? De hecho, cuanto mayor es el conocimiento de Dios por parte de las personas, más tardan en juzgar Su obra. Además, sólo hablan un poco de su conocimiento de la obra de Dios hoy, pero no son imprudentes en sus juicios. Cuanto menos conocen a Dios las personas, más soberbias y arrogantes son, y más gratuitamente proclaman Su ser, pero sólo hablan de teoría y no ofrecen evidencias reales. Tales personas no tienen ningún valor en absoluto. ¡Quienes ven la obra del Espíritu Santo como un juego son frívolos! Los que no son cautos cuando se encuentran con la nueva obra del Espíritu Santo, que dan rienda suelta a sus bocas, son rápidos para juzgar, dan libertad a su instinto natural para negar la corrección de la obra del Espíritu Santo, y también lo insultan y blasfeman; ¿no ignoran estas personas irrespetuosas dicha obra? ¿No son, además, los arrogantes, inherentemente soberbios e ingobernables? Aunque venga un día en el que tales personas acepten la nueva obra del Espíritu Santo, Dios seguirá sin tolerarlas. No sólo miran por encima del hombro a aquellos que trabajan para Él, sino que blasfeman contra Él mismo. Tales personas insensatas no serán perdonadas ni en esta era ni en la venidera, ¡y perecerán para siempre en el infierno! Estas personas irrespetuosas y permisivas están fingiendo creer en Dios y, cuanto más lo hacen, más probable es que ofendan Sus decretos administrativos. ¿No caminan por esta senda todos esos arrogantes, desenfrenados innatos, que nunca han obedecido a nadie? ¿Acaso no se oponen a Dios día tras día, a Él que siempre es nuevo y nunca viejo? Hoy deberíais entender la importancia de por qué debéis conocer las tres etapas de la obra de Dios. Las palabras que digo son beneficiosas para vosotros, y no declaraciones huecas. Si precipitáis las cosas, ¿no será Mi dura obra en vano? Cada uno de vosotros debería conocer vuestra propia naturaleza. La mayoría de las personas son hábiles argumentando; las respuestas a preguntas teóricas salen solas de vuestra boca, pero no tenéis nada que decir ante preguntas que implican la esencia. Incluso hoy, seguís complaciéndoos en la conversación frívola, incapaces de cambiar vuestra vieja naturaleza, y la mayoría de vosotros no tiene intención de cambiar la forma en la que buscáis con el fin de conseguir una verdad más elevada, viviendo vuestras vidas tibiamente. ¿Cómo son esas personas capaces de seguir a Dios hasta el final mismo? Aunque lleguéis al final de la senda, ¿qué beneficio tendrá para vosotros? Es mejor cambiar vuestras ideas antes de que sea demasiado tarde, bien buscando sinceramente, o bien tirando pronto la toalla. Conforme pase el tiempo os convertiréis en parásitos oportunistas; ¿estáis dispuestos a desempeñar un papel tan bajo e innoble?

Las tres etapas de la obra son un registro de toda la obra de Dios, de Su salvación de la humanidad, y no son imaginarias. Si deseáis realmente buscar un conocimiento de todo el carácter de Dios, entonces debéis conocer las tres etapas de la obra llevada a cabo por Él, y, aún más, no debéis omitir ninguna de ellas. Esto es lo mínimo que deben conseguir los que buscan conocer a Dios. El hombre por sí mismo no puede inventarse un conocimiento verdadero de Él. No es algo que pueda imaginar por sí solo ni la consecuencia del favor especial del Espíritu Santo hacia alguien. En su lugar, es un conocimiento que viene después de que el hombre haya experimentado la obra de Dios, y un conocimiento de Él que sólo viene después de haber experimentado los hechos de la misma. Tal conocimiento no puede lograrse por capricho ni es algo que pueda enseñarse. Está totalmente relacionado con la experiencia personal. La salvación de la humanidad por parte de Dios está en el núcleo de estas tres etapas de la obra, pero en la obra de la salvación están incluidos varios métodos de trabajo y medios por los que se expresa el carácter de Dios. Esto es lo más difícil de identificar y entender para el hombre. La separación de las eras, los cambios en la obra de Dios, en la ubicación de la obra, en el destinatario de la misma, etc., todos estos están incluidos en las tres etapas de la obra. En particular, la diferencia en la forma de trabajar del Espíritu Santo, así como las alteraciones en el carácter, la imagen, el nombre, la identidad de Dios, u otros cambios, forman todos parte de las tres etapas de la obra. Una etapa de la misma sólo puede representar una parte, y está limitada a cierto ámbito. No tienen relación con la separación de las eras, o con los cambios en la obra de Dios, mucho menos a los demás aspectos. Esta es una realidad claramente obvia. Las tres etapas de la obra son la totalidad de la obra de Dios en la salvación de la humanidad. El hombre debe conocer Su obra y Su carácter en la obra de salvación, y sin este hecho, tu conocimiento de Él no es sino palabras huecas, nada más que una pontificación de butaca. Tal conocimiento no puede convencer al hombre ni conquistarlo, no coincide con la realidad, y no es la verdad. Puede ser muy abundante, y agradable al oído, pero si entra en conflicto con el carácter inherente de Dios, Él no te librará. No sólo no elogiará tu conocimiento, sino que también tomará retribución de ti por ser un pecador que ha blasfemado. Las palabras acerca de conocer a Dios no se hablan a la ligera. Aunque puedas ser elocuente y tener labia, y tus palabras puedan revivir a los muertos y matar a los vivos, sigues estando fuera de tu medio cuando se trata de hablar del conocimiento de Dios. Él no es alguien a quien tú puedas juzgar precipitadamente, o alabar con indiferencia, o denigrar indolentemente. Alabas a cualquiera y a todos, pero te resulta difícil encontrar las palabras correctas para describir la virtud y la gracia de Dios, y esto es lo que cada perdedor aprende. Aunque existen muchos especialistas del lenguaje capaces de describir a Dios, la precisión de lo que describen no es sino una centésima parte de la verdad hablada por personas que le pertenecen a Él y tienen sólo un vocabulario limitado, pero poseen una experiencia rica. Así pues, puede verse que el conocimiento de Dios radica en la precisión y la realidad, y no en el uso ingenioso de palabras o de un vocabulario rico. El conocimiento del hombre y el de Dios no tienen relación en absoluto. La lección de conocer a Dios es más elevada que cualquiera de las ciencias naturales de la humanidad. Es una lección que sólo puede lograr un número extremadamente pequeño de aquellos que buscan conocer a Dios, y ninguna persona sólo con talento puede hacerlo. Por tanto, no debéis considerar el conocer a Dios y buscar la verdad como algo que un simple niño puede lograr. Quizás hayas sido completamente exitoso en tu vida familiar, en tu carrera, o en tu matrimonio, pero cuando se trata de la verdad, y de la lección de conocer a Dios, no tienes nada que mostrar por ti mismo, no has conseguido nada. Se puede decir que poner la verdad en práctica es de gran dificultad para vosotros, y conocer a Dios es un problema aún mayor. Esta es vuestra dificultad, y también la que afronta toda la humanidad. Entre aquellos que han conseguido algunos logros en la causa de conocer a Dios, no hay casi nadie que llegue al estándar. El hombre no sabe lo que significa conocerle ni por qué es necesario conocerle, ni en qué medida hay que conocer a Dios. Esto es lo que confunde tanto a la humanidad, y es simplemente el mayor acertijo al que se enfrenta; nadie es capaz de responder a esta pregunta ni está dispuesto a hacerlo porque, hasta la fecha, nadie de toda la humanidad ha tenido éxito en el estudio de esta obra. Quizás, cuando se le dé a la humanidad conocer el acertijo de estas tres etapas de la obra, aparecerá en sucesión un grupo de talentos que conozca a Dios. Por supuesto, espero que este sea el caso; además, me encuentro en el proceso de llevar a cabo esta obra, y espero ver la aparición de más talentos así en un futuro cercano. Pasarán a ser los que dan testimonio de la realidad de estas tres etapas de la obra y, por supuesto, también serán los primeros en dar testimonio de las mismas. Si no existieran dichos talentos el día en que la obra de Dios llegue a su fin, o si sólo existieran uno o dos y hubieran aceptado personalmente ser perfeccionados por el Dios encarnado, nada sería más angustioso y lamentable que esto, aunque sólo sea el peor de los casos. Cualquiera que sea el caso, sigo esperando que quienes buscan sinceramente puedan obtener esta bendición. Desde el principio del tiempo, nunca antes ha habido una obra como esta ni ha existido una empresa así en la historia del desarrollo humano. Si puedes llegar a ser de verdad uno de los primeros de los que conocen a Dios, ¿no sería el mayor honor entre todas las criaturas? ¿Elogiaría Dios más a cualquier criatura entre la humanidad? Semejante obra no es fácil de conseguir, pero seguirá cosechando recompensas en última instancia. Independientemente de su género o nacionalidad, todos aquellos capaces de lograr el conocimiento de Dios recibirán al final Su mayor honra, y serán los únicos que posean Su autoridad. Esta es la obra de hoy, y también la del futuro; es la última y más elevada que debe cumplirse en 6.000 años de obra, y es una forma de trabajar que revela cada categoría de hombre. A través de la obra de hacer que el hombre conozca a Dios, se revelan las diferentes clases de hombre: los que conocen a Dios son aptos para recibir Sus bendiciones y aceptar Sus promesas, mientras que quienes no lo hacen no son aptos para ello. Los que conocen a Dios son Sus íntimos y los que no conocen a Dios no pueden ser llamados así; los íntimos de Dios pueden recibir cualquiera de Sus bendiciones, pero los que no lo son no son dignos de ninguna de Sus obras. Tribulaciones, refinamiento o juicio, todo se produce en aras de permitir al hombre obtener, en última instancia, un conocimiento de Dios y de que pueda someterse a Él. Este es el único efecto que se conseguirá finalmente. Nada de las tres etapas de la obra se esconde, y esto es ventajoso para que el hombre conozca a Dios, y le ayuda a obtener un conocimiento más completo y exhaustivo de Él. Toda esta obra es beneficiosa para el hombre.

La obra de Dios mismo es la visión que el hombre debe conocer, porque no la puede conseguir ni la posee. Las tres etapas de la misma constituyen la totalidad de la gestión de Dios, y no hay visión mayor que el hombre deba conocer. Si este no conoce esta visión poderosa, no es fácil conocer a Dios ni entender Su voluntad, y, además, la senda por la que el hombre camina se vuelve cada vez más dura. Sin visiones, el hombre no hubiera sido capaz de llegar hasta aquí. Son estas las que han salvaguardado al hombre hasta hoy, y las que le han proporcionado la mayor protección. En el futuro, vuestro conocimiento debe volverse más profundo, y debéis llegar a conocer la totalidad de Su voluntad, así como la esencia de Su obra sabia en las tres etapas de la misma. Sólo esto es vuestra verdadera estatura. La etapa final de la obra no se queda sola, sino que forma parte de un todo junto a las dos anteriores, es decir, es imposible completar toda la obra de salvación haciendo únicamente una de las tres etapas de la obra. Aunque la etapa final de la misma pueda salvar totalmente al hombre, esto no significa que sólo sea necesario llevar a cabo esta etapa por sí sola, y que las dos anteriores no sean necesarias para salvar al hombre de la influencia de Satanás. Ninguna etapa de las tres puede esgrimirse por sí sola como la única visión que toda la humanidad debe conocer, porque la totalidad de la obra de salvación está constituida por las tres etapas de la obra, no una de ellas por sí sola. Mientras no se haya cumplido la obra de salvación, la gestión de Dios no podrá llegar a un final completo. El ser, el carácter y la sabiduría de Dios se expresan en la totalidad de la obra de salvación, y no se le revelaron al hombre al principio, sino que se han expresado gradualmente en la misma. Cada etapa de esta expresa parte del carácter de Dios, y parte de Su ser; no todas las etapas de la obra pueden expresar de forma directa y completa la totalidad del ser de Dios. Así pues, la obra de salvación sólo puede concluir totalmente una vez que las tres etapas de la obra se hayan completado, y por tanto el conocimiento de la totalidad de Dios por parte del hombre es inseparable de las mismas. Lo que el hombre obtiene de una etapa de la obra es simplemente el carácter de Dios que se expresa en una sola parte de Su obra. No puede representar el carácter y el ser expresados en las etapas anterior o posterior. Esto se debe a que la obra de salvación de la humanidad no puede finalizarse en el acto durante un período, o en un lugar, sino que se va volviendo cada vez más profunda de acuerdo al nivel de desarrollo del hombre en diferentes momentos y lugares. Es una obra llevada a cabo en etapas, y no se completa en una sola. Así pues, toda la sabiduría de Dios se cristaliza en las tres etapas y no en una sola. Todo Su ser y sabiduría se establecen en estas tres etapas, y cada una de ellas contiene Su ser, y registra la sabiduría de Su obra. El hombre debería conocer todo el carácter de Dios expresado en estas tres etapas. Todo este ser de Dios es de la mayor importancia para toda la humanidad, y si las personas no tienen este conocimiento cuando adoran a Dios, entonces no son diferentes de los que adoran a Buda. La obra de Dios en medio del hombre no está escondida de él, y todos los que adoran a Dios deberían conocerla. Como Él ha llevado a cabo las tres etapas de la obra de salvación en medio del hombre, este debería conocer la expresión de lo que Él tiene y es durante estas tres etapas de la obra. Esto es lo que el hombre debe hacer. Lo que Dios le esconde es lo que este es incapaz de lograr, y lo que no debería saber, mientras que le muestra aquello que debería saber y poseer. Cada una de las tres etapas se lleva a cabo sobre el fundamento de la anterior, no de forma independiente, separada de la obra de salvación. Aunque existen grandes diferencias en la era y el tipo de obra realizada, en su núcleo sigue estando la salvación de la humanidad, y cada etapa de la obra de salvación es más profunda que la anterior. Cada una de ellas continúa desde el fundamento de la última, que no se ha abolido. De esta forma, en Su obra que siempre es nueva y nunca vieja, Dios está expresando constantemente Su carácter que nunca antes se ha expresado al hombre, y siempre está revelando a este Su nueva obra, y Su nuevo ser, y aunque la vieja guardia religiosa hace todo lo que puede para resistirse a esto, y se opone abiertamente a ello, Dios siempre hace la nueva obra que pretende hacer. Su obra siempre está cambiando, y por ello siempre está encontrando la oposición del hombre. Así, también Su carácter siempre está cambiando, al igual que la era y los beneficiarios de Su obra. Además, Él siempre está haciendo obra que nunca ha hecho antes, incluso llevando a cabo una que al hombre le parece una contradicción de la que se ha realizado anteriormente, que va contra ella. El hombre sólo es capaz de aceptar un tipo de obra, o una forma de práctica. Resulta difícil para él aceptar la obra, o las formas de práctica, que están en conflicto con él, o que son más elevadas que él; pero el Espíritu Santo siempre está haciendo nueva obra, y así aparecen grupo tras grupo de expertos religiosos que se oponen a la nueva obra de Dios. Estas personas se han vuelto expertos, precisamente porque el hombre no tiene conocimiento de que Dios siempre es nuevo y nunca viejo ni de los principios de Su obra, y, menos aún de las muchas formas en las que Dios salva al hombre. Como tal, el ser humano es totalmente incapaz de distinguir si esta obra procede del Espíritu Santo, y si es de Dios mismo. Muchas personas se aferran a una actitud en la que, si se corresponde con las palabras que vinieron antes, la aceptan, y si hay diferencias con la obra anterior, se oponen a ella y la rechazan. ¿No os ceñís todos hoy a tales principios? Las tres etapas de la obra de salvación no han tenido gran efecto en vosotros, y están aquellos que creen que las dos etapas anteriores de la obra son una carga que es sencillamente innecesaria conocer. Piensan que estas etapas no deberían declararse a las masas y deberían retirarse lo antes posible, ya que las dos etapas anteriores, de las tres que forman la obra, no tienen por qué abrumar a las personas. La mayoría cree que dar a conocer las dos etapas previas de la obra es ir demasiado lejos, y que no ayuda en absoluto para conocer a Dios; esto es lo que pensáis. Hoy, todos creéis que es correcto actuar de esta forma, pero llegará el día en que seáis conscientes de la importancia de Mi obra: sabed que Yo no hago ninguna obra que no sea significativa. Si os estoy declarando las tres etapas de la obra, estas deben ser beneficiosas para vosotros; como las tres son el núcleo de toda la gestión de Dios, deben ser el centro de atención de todos a lo largo del universo. Un día, todos seréis conscientes de la importancia de esta obra. Sabed que os oponéis a la obra de Dios, o usáis vuestras propias nociones para medir la obra de hoy, porque no conocéis los principios de la misma, y porque no os tomáis lo bastante en serio la obra del Espíritu Santo. Vuestra oposición a Dios y la obstrucción de la obra del Espíritu Santo está causada por vuestros conceptos y vuestra arrogancia inherente. No se debe a que la obra de Dios sea errónea, sino a que sois demasiado desobedientes por naturaleza. Después de encontrar su creencia en Dios, algunas personas ni siquiera pueden afirmar con certeza de dónde vino el hombre, pero se atreven a hacer discursos públicos evaluando lo bueno y lo malo de la obra del Espíritu Santo. E incluso reprenden a los apóstoles que tienen la nueva obra del Espíritu Santo, haciendo comentarios y hablando con insolencia; su humanidad es demasiado baja, y no hay la más mínima razón en ellos; ¿no llegará el día en que tales personas sean rechazadas por la obra del Espíritu Santo, y quemadas por los fuegos del infierno? No conocen la obra de Dios, pero la critican, y también intentan ordenarle cómo obrar. ¿Cómo pueden conocer a Dios personas tan irrazonables? El hombre llega a conocer a Dios durante el proceso de buscarlo y experimentarlo; criticándolo a su antojo no llegará a conocerlo a través del esclarecimiento del Espíritu Santo. Cuanto más preciso es el conocimiento que las personas tienen de Dios, menos se oponen a Él. Por el contrario, cuanto menos saben de Él, más probable es que se opongan a Él. Tus nociones, vieja naturaleza y humanidad, tu personalidad y perspectiva moral son el “capital” con el que resistes a Dios, y cuanto más corrupto, degradado y bajo eres, más enemigo eres de Dios. Quienes poseen unas nociones muy serias y tienen un carácter santurrón son aún más enemigos del Dios encarnado, y son los anticristos. Si no rectificas tus nociones, siempre serán contrarias a Dios; nunca serás compatible con Él, y siempre estarás separado de Él.

Sólo dejando de lado tus viejas nociones puedes obtener un nuevo conocimiento; sin embargo, viejo conocimiento no equivale necesariamente a nociones viejas. “Nociones” se refiere a las cosas imaginadas por el hombre, que entran en conflicto con la realidad. Si el viejo conocimiento ya estaba obsoleto en la antigua era, y no permitió al hombre entrar en la nueva obra, ese conocimiento también es una noción. Si el hombre es capaz de adoptar el enfoque correcto hacia ese conocimiento, y puede llegar a conocer a Dios desde varios aspectos diferentes, combinando lo viejo y lo nuevo, el viejo conocimiento pasa a ser una ayuda para el hombre, y la base por la que este entra en la nueva era. La lección de conocer a Dios requiere que domines muchos principios: cómo entrar en el camino de conocerle, qué verdades debes entender con el fin de conocerle y cómo hacer que tus nociones y tu vieja naturaleza se sometan a todas las disposiciones de Su nueva obra. Si usas estos principios como el fundamento para entrar en la lección de conocer a Dios, entonces tu conocimiento será cada vez más profundo. Si tienes un conocimiento claro de las tres etapas de la obra —es decir, de todo el plan de gestión de Dios— y si puedes correlacionar totalmente las dos etapas anteriores de la obra de Dios con la etapa presente, y puedes ver que es obra llevada a cabo por un Dios, no tendrás fundamento más firme. Un solo Dios realizó las tres etapas de la obra; esta es la visión más grande, y la única senda para conocer a Dios. Las tres etapas de la obra sólo pudieron haber sido hechas por Dios mismo, y ningún hombre podía hacer semejante obra en Su nombre, es decir que sólo Dios mismo podía haber hecho Su propia obra desde el principio hasta hoy. Aunque las tres etapas de la obra de Dios se han llevado a cabo en diferentes eras y lugares, y aunque la obra de cada una de ellas es diferente, toda ella es una obra realizada por un Dios. De todas las visiones, esta es la más grande que el hombre debería conocer, y si el hombre puede entenderla por completo, será capaz de mantenerse firme. Hoy, el mayor problema al que hacen frente varias facciones religiosas es que no conocen la obra del Espíritu Santo, y son incapaces de diferenciar entre la obra del Espíritu Santo y la que no es de Él; por tanto, no pueden decir si Jehová Dios ha realizado esta etapa de la obra, como las dos anteriores. Aunque las personas siguen a Dios, la mayoría sigue siendo incapaz de decir si es el camino correcto. Al hombre le preocupa que este camino sea o no el que Dios mismo guía personalmente, y que la encarnación de Dios sea o no una realidad; la mayoría de las personas siguen sin tener pistas de cómo discernir cuando se trata de estas cosas. Los que siguen a Dios son incapaces de determinar el camino y, por tanto, los mensajes hablados sólo ejercen un efecto parcial entre estas personas, son incapaces de ser totalmente efectivos, y esto afecta a la vida de las mismas. Si el hombre puede ver en las tres etapas de la obra que Dios mismo las llevó a cabo en momentos diferentes, en lugares diferentes, y en personas diferentes, llegará a ver que[a] aunque la obra sea diferente, toda ella está realizada por un Dios. Siendo así, debe ser correcta y sin error, y aunque entre en conflicto con las nociones del hombre, no se puede negar que es la obra de un Dios. Si el hombre puede asegurar que es la obra de un Dios, sus nociones pasarán a ser simples nimiedades, indignas de mención. Como las visiones del hombre no son claras, al conocer sólo a Jehová como Dios y a Jesús como el Señor, y al dudar respecto al Dios encarnado de hoy, muchas personas permanecen entregadas a la obra de Jehová y Jesús, y están cercadas por nociones sobre la obra de hoy, la mayoría de ellas siempre está llena de dudas, y no se toma en serio la obra actual. El hombre no tiene nociones respecto a las dos etapas anteriores de la obra, que fueron invisibles. Esto se debe a que el hombre no entiende la realidad de las dos etapas anteriores de la obra ni las presenció personalmente. Como no pueden verse, el hombre imagina lo que quiere; independientemente de lo que sugiera, no hay hechos que lo demuestre ni nadie que lo pueda corregir. El hombre da rienda suelta a su instinto natural, lanzando la cautela al viento y dejando que su imaginación corra suelta, porque no hay hechos que lo verifiquen; así sus imaginaciones pasan a ser “realidad”, independientemente de que exista alguna prueba de ellas. Por tanto, el hombre cree, en su mente, en su propio Dios imaginario, y no busca al Dios de la realidad. Si una persona tiene un tipo de creencia, cien tendrán cien tipos de creencias. El hombre posee tales creencias, porque no ha visto la realidad de la obra de Dios, sólo la ha oído con sus oídos y no la ha observado con sus ojos. El hombre ha oído leyendas e historias, pero rara vez ha oído el conocimiento de los hechos de la obra de Dios. A través de sus propias nociones, las personas que sólo han sido creyentes durante un año creen en Dios, y esto mismo es cierto para aquellos que han creído en Él durante toda su vida. Los que no pueden ver los hechos nunca serán capaces de escapar a una fe en la que tienen nociones de Dios. El hombre cree que se ha liberado de las ataduras de sus viejas nociones, y ha entrado en un nuevo territorio. ¿No sabe que el conocimiento de aquellos que no pueden ver el verdadero rostro de Dios no es otra cosa que nociones y rumores? El hombre piensa que sus nociones son correctas y sin error, y que proceden de Dios. Hoy, cuando el hombre es testigo de Su obra, da rienda suelta a las nociones formadas durante muchos años. Las imaginaciones y las ideas del pasado pasaron a ser una obstrucción para la obra de esta etapa, y resulta difícil para el hombre dejarlas ir y refutarlas. Las nociones sobre esta obra de paso a paso de muchos de los que han seguido a Dios hasta hoy se han vuelto incluso más graves y estas personas han ido dando forma gradualmente a una enemistad tozuda con el Dios encarnado; la fuente de este odio es las nociones y las imaginaciones del hombre. Es precisamente porque los hechos no le permiten al hombre dar rienda suelta a su imaginación y, además, no puede refutarlos con facilidad; porque sus nociones e imaginaciones no toleran la existencia de los hechos; además, no considera la corrección y la veracidad de estos, se limita a dejar libres sus nociones de una forma decidida, y emplea su propia imaginación, las nociones e imaginaciones del hombre han pasado a ser el enemigo de la obra actual, obra que está en conflicto con las ideas del hombre. Sólo se puede decir que este es el fallo de las nociones del hombre, y no de la obra de Dios. El hombre puede imaginar todo lo que desee, pero no puede impugnar libremente ninguna etapa de la obra de Dios ni una parte de la misma; la realidad de Su obra es inviolable por el hombre. Puedes dar rienda suelta a tu imaginación, y hasta recopilar buenas historias sobre la obra de Jehová y Jesús, pero no puedes refutar la realidad de cada etapa de ella; este es un principio, y también un decreto administrativo, y deberíais entender la importancia de estos asuntos. El hombre cree que esta etapa de la obra es incompatible con las nociones del hombre, y que este no es el caso para las dos etapas anteriores de la obra. En su imaginación, el hombre cree que la obra de las dos etapas anteriores es, sin duda, distinta a la de hoy; ¿pero has considerado alguna vez que los principios de la obra de Dios son todos los mismos, que Su obra es siempre práctica y que, independientemente de la era, siempre habrá un aluvión de personas que se resistan y opongan a la realidad de Su obra? Todos esos que hoy se resisten y oponen a esta etapa de la obra se habrían opuesto indudablemente a Dios en tiempos pasados, porque estas personas siempre serán enemigos de Dios. Las personas que conocen la realidad de Su obra verán las tres etapas de la obra como la obra de un Dios, y dejarán atrás sus nociones. Estas son personas que conocen a Dios, y le siguen con sinceridad. Cuando toda la gestión de Dios se esté acercando a su fin, Él clasificará todas las cosas según su tipo. El hombre fue creado por las manos del Creador y, al final, Él debe colocarlo totalmente bajo Su dominio; esta es la conclusión de las tres etapas de la obra. La correspondiente a los últimos días, y las dos fases anteriores en Israel y Judea, son el plan de gestión de Dios en todo el universo. Nadie puede negarlo, y es la realidad de la obra de Dios. Aunque las personas no hayan experimentado ni presenciado mucho de esta obra, los hechos siguen siendo los hechos, y ningún hombre los puede negar. Las personas que creen en Dios en cada tierra del universo aceptarán las tres etapas de la obra. Si sólo conoces una etapa particular de ella, y no entiendes las otras dos ni la obra de Dios en tiempos pasados, eres incapaz de hablar toda la verdad del plan de gestión de Dios, y tu conocimiento de Él es parcial, porque en tu creencia en Él no lo conoces ni lo entiendes y, por tanto, no eres apto para dar testimonio de Él. Independientemente de si tu conocimiento actual de estas cosas es profundo o superficial, al final debéis tener conocimiento y estar totalmente convencidos; así, todas las personas verán la totalidad de la obra de Dios y se someterán bajo Su dominio. Al final de ella, todas las religiones pasarán a ser una, todas las criaturas volverán bajo el dominio del Creador, adorarán al único Dios verdadero, y todas las sectas perversas quedarán reducidas a la nada, para no aparecer más.

¿Por qué esta referencia continua a las tres etapas de la obra? El paso de las eras, el desarrollo social y el rostro cambiante de la naturaleza siguen todos ellos a alteraciones en las tres etapas de la obra. La humanidad cambia en el tiempo con la obra de Dios, y no se desarrolla por sí misma. La mención de las tres etapas de la obra de Dios se produce con el fin de traer a todas las criaturas, y a las personas de cada religión y denominación, bajo el dominio de un Dios. Independientemente de la religión a la que pertenezcas, en última instancia te someterás al dominio de Dios. Sólo Él mismo puede llevar a cabo esta obra; ningún líder religioso puede hacerlo. Existen varias religiones importantes en el mundo, y cada una de ellas tiene su cabeza, o líder, y los seguidores están esparcidos por diferentes países y regiones de todo el mundo; cada país, grande o pequeño, contiene diferentes religiones. Sin embargo, independientemente de las religiones que existan alrededor del mundo, todas las personas del universo existen en definitiva bajo la dirección de un Dios, y no son cabezas o líderes religiosos quienes guían su existencia. Es decir, ningún cabeza o líder religioso en particular guía a la humanidad, sino que la dirige el Creador, que creó los cielos y la tierra, y todas las cosas, y también a aquella; esto es una realidad. Aunque el mundo tiene varias religiones principales, por muy relevantes que sean, todas existen bajo el dominio del Creador y ninguna de ellas puede sobrepasar el ámbito de ese dominio. El desarrollo de la humanidad, el progreso social, el desarrollo de las ciencias naturales, cada uno de estos aspectos es inseparable de las disposiciones del Creador, y esta obra no es algo que un líder religioso particular pueda hacer. Los líderes religiosos son simplemente la cabeza de una religión particular, y no pueden representar a Dios, o a aquel que creó los cielos, la tierra y todas las cosas. Los líderes religiosos pueden guiar a quienes están dentro de toda la religión, pero no pueden dominar a todas las criaturas bajo el cielo; este es un hecho universalmente reconocido. Los líderes religiosos son simplemente eso, y no pueden equipararse a Dios (el Creador). Todas las cosas están en manos del Creador, y al final volverán a ellas. La humanidad fue creada originalmente por Dios, e independientemente de la religión, todas las personas volverán bajo Su dominio; es inevitable. Sólo Dios es el Altísimo entre todas las cosas, y el gobernante más alto entre todas las criaturas también debe volver bajo Su dominio. No importa cuán elevado sea el estatus del hombre, este no puede llevar a la humanidad a un destino adecuado, y nadie es capaz de clasificar todas las cosas según la clase. El propio Jehová creó a la humanidad y clasificó a cada cual según la clase, y cuando llegue el tiempo final Él seguirá haciendo Su propia obra por sí mismo, clasificando todas las cosas según su clase; esto no puede hacerlo nadie excepto Dios. Él mismo llevó a cabo las tres etapas de la obra desde el principio hasta hoy, el único Dios. La realidad de las tres etapas de la obra es la del liderazgo de toda la humanidad por parte de Él, un hecho que nadie puede negar. Al final de las tres etapas de la obra, todas las cosas serán clasificadas según su tipo y volverán bajo el dominio de Dios, porque a lo largo de todo el universo sólo existe este único Dios, y no hay otras religiones. El que es incapaz de crear el mundo será incapaz de llevarlo a su fin, mientras que Él, quien creó el mundo, lo llevará sin duda a su fin. Por tanto, si alguien es incapaz de ponerle fin a la era y sólo puede ayudar al hombre a cultivar su mente, no cabe duda de que no es Dios, no es el Señor de la humanidad. Será incapaz de realizar esa gran obra; sólo hay uno que puede hacerlo; todos los que no pueden efectuarla son, sin duda, los enemigos ajenos a Dios. Si son sectas perversas, son incompatibles con Él, y siéndolo son Sus enemigos. Este único Dios verdadero ha hecho toda la obra, y domina todo el universo. Independientemente de que esté obrando en Israel o en China, de que sea el Espíritu o la carne quien lleva a cabo la obra, Dios mismo lo ha hecho todo, y nadie más puede hacerlo. Precisamente porque Él es el Dios de toda la humanidad, obra libremente, sin estar limitado por ninguna condición; esta es la mayor de todas las visiones. Como criatura de Dios, si deseas cumplir la obligación de una de ellas y entender la voluntad de Dios, debes comprender Su obra, Su voluntad para las criaturas, Su plan de gestión, y todo el sentido de la obra que hace. ¡Los que no entienden esto no son aptos para ser criaturas de Dios! Como tal, si no entiendes de dónde viniste ni la historia de la humanidad y toda la obra hecha por Él y, además, tampoco entiendes cómo se ha desarrollado la humanidad hasta hoy ni quién la domina en su totalidad, eres incapaz de cumplir tu obligación. Dios ha guiado a la humanidad hasta hoy, y desde que creó al hombre sobre la tierra nunca lo ha abandonado. El Espíritu Santo nunca deja de obrar, nunca ha dejado de guiar a la humanidad y nunca la ha abandonado. Pero esta no es consciente de que existe un Dios, y menos aún lo conoce; ¿hay algo más humillante para todas las criaturas de Dios? Él guía personalmente al hombre, pero este no entiende Su obra. Eres una criatura de Dios, pero no entiendes tu propia historia ni eres consciente de quien te ha guiado en tu viaje, ignoras la obra que Él ha hecho y, por tanto, no puedes conocerlo. Si no lo haces ahora, nunca serás apto para dar testimonio de Él. Hoy, el Creador guía de nuevo, personalmente, a todas las personas y hace que todas las personas vean Su sabiduría, Su omnipotencia, Su salvación y lo maravilloso que es. Sin embargo, sigues sin ser consciente y sin entender; ¿no eres tú, pues, quien no recibirá la salvación? Los que pertenecen a Satanás no entienden las palabras de Dios, y los que pertenecen a Dios pueden oír Su voz. Todos los que son conscientes de las palabras que hablo y las entienden son los que se salvarán, y darán testimonio de Dios; todos aquellos que no entienden las palabras que hablo no pueden dar testimonio de Él, y son los que serán eliminados. Los que no entienden la voluntad de Dios ni son conscientes de Su obra son incapaces de adquirir el conocimiento de Él, y no darán testimonio de Él. Si deseas dar testimonio de Él, debes conocerlo, y ese conocimiento de Él se logra a través de Su obra. Resumiendo, si deseas conocer a Dios, debes conocer Su obra: esto es de la mayor importancia. Cuando las tres etapas de la obra lleguen a su fin, habrá un grupo de personas que dará testimonio de Dios, que lo conocerá. Todas estas personas conocerán a Dios y serán capaces de poner en práctica la verdad. Poseerán humanidad y sentido, y todas conocerán las tres etapas de la obra de salvación de Dios. Esta es la obra que se cumplirá al final, y estas personas son la cristalización de la obra de 6.000 años de gestión, y son el testimonio más poderoso de la derrota definitiva de Satanás. Los que pueden dar testimonio de Dios podrán recibir Su promesa y Su bendición, y será el grupo que permanezca al final, que posea la autoridad de Dios y dé testimonio de Él. Quizás todos vosotros podáis convertiros en miembros de este grupo, o quizás la mitad de vosotros, o quizás sólo unos pocos; depende de vuestra determinación y vuestra búsqueda.

Notas al pie:

1. “Estragos” se usa para exponer la desobediencia de la humanidad.

a. El texto original omite “llegará a ver que”.

1 de septiembre de 2013

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