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¿Cómo se debe practicar la entrada para ser una persona honesta?

Palabras relevantes de Dios:

Debes ser honesto y debes orar con el fin de deshacerte de la astucia que hay en tu corazón. A medida que uses la oración para purificarte siempre que lo necesites, y la uses para que el Espíritu de Dios te toque, tu carácter cambiará gradualmente.

de ‘Acerca de la práctica de la oración’ en “La Palabra manifestada en carne”

El estándar más bajo que Dios exige de las personas es que le puedan abrir sus corazones. Si el hombre le da a Dios su corazón sincero y le dice a Dios lo que realmente hay dentro de su corazón, entonces Dios estará dispuesto a obrar en el hombre; Dios no quiere el corazón torcido del hombre sino su corazón puro y honesto. Si el hombre no le dice a Dios lo que de verdad hay en su corazón, entonces Dios no toca el corazón del hombre ni obra dentro de él. Por lo tanto, lo más crucial acerca de la oración es decirle a Dios las palabras de tu auténtico corazón, hablarle a Dios de tus defectos o de tu carácter rebelde y abrirte completamente a Dios. Sólo entonces Dios estará interesado en tus oraciones; si no, entonces Él ocultará Su rostro de ti.

de ‘Acerca de la práctica de la oración’ en “La Palabra manifestada en carne”

Comportarte como un ser humano normal es hablar con coherencia. Sí significa sí, no significa no. Sé fiel a los hechos y habla apropiadamente. No hagas trampa, no mientas.

de ‘Mejorar el calibre para recibir la salvación de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿Os habéis adiestrado alguna vez para ser honestos? ¿Cuál era vuestro estado mientras os entrenabais? […] Por ejemplo, le hiciste algo a alguien, engañaste o dijiste palabras que eran inexactas o que encerraban tus propias motivaciones; por tanto, deberías ir en busca de esa persona, analizar meticulosamente lo que hiciste y decirle: “Las palabras que dije en aquel momento contenían mis motivaciones personales. Si puedes aceptar mis disculpas, te ruego que me perdones”. Así te examinas a ti mismo y te expones. Analizarse a uno mismo y exponerse requiere valor. Mira, cuando nadie más está cerca, independientemente de que se esté orándole a Dios o admitiendo los errores propios, arrepintiéndose o examinando el carácter corrupto de uno ante Dios, se puede decir lo que se quiera, porque con los ojos cerrados no se puede ver nada, es como hablar al aire y, por tanto, se puede desnudar el alma. Se es capaz de hablar de cualquier cosa que se piense o que se diga en ese momento, de las motivaciones y de la astucia propias. Sin embargo, si tienes que exponerte ante otra persona, quizás te acobardes y pierdas la determinación de hacerlo, porque no puedes agachar la frente, eres incapaz de quitar la fachada y, por tanto, resulta muy difícil poner estas cosas en práctica. Fíjate en cómo, si se te pide que hables de generalidades, eres capaz de decir que a veces existen motivaciones en las cosas que haces o dices, que tus palabras y tus actos contienen malas artes, impurezas, mentiras y engaño, así como tus propios objetivos. Pero cuando te ocurre algo, si tienes que analizarte minuciosamente a ti mismo y revelar cómo se desarrolló aquello que te sucedió de principio a fin, cuáles de las palabras que pronunciaste eran engañosas, qué tipo de motivaciones encerraban, que pensaste en tu corazón, en qué sentido eran maliciosas e insidiosas, podrías perder los nervios y no estar dispuesto a revelar tantos detalles ni a ser tan específico en lo que dices. Habrá incluso personas que le resten importancia y comenten: “Bueno, son cosas que pasan. Basta con decir que el hombre es bastante astuto, insidioso y poco fiable”. Esta es la incapacidad de afrontar la esencia corrupta, la astucia y la insidia de la forma adecuada; el estado y la condición de uno son siempre la evasiva, siempre se perdona uno a sí mismo, y se es incapaz de sufrir o de pagar un precio en este asunto. […] (¿Quiere esto, pues, decir que aparte de admitir nuestros errores delante de Dios, también tenemos que desnudarnos delante de nuestros hermanos y hermanas?) Por supuesto que sí. Si no te desnudas y te examinas minuciosamente, ¿cómo podrías demostrar que reconoces de verdad tu astucia? Si no te desnudas, si yo no me desnudo, si ninguno de nosotros nos abrimos, si tenemos nuestros propios planes y consideraciones dentro de nuestro corazón, si mantenemos en él un espacio privado, podemos olvidarnos de hablar sobre experimentar de verdad. ¿Cómo podría alguno de nosotros tener experiencias verdaderas para hablar en comunión unos con otros? No podemos. En “compartir y hablar en comunión de nuestras experiencias”, compartir significa hablar de cada pensamiento que hay en tu corazón, de tu estado, de tus experiencias y conocimiento de las palabras de Dios, así como del carácter corrupto que hay en ti. Después de esto, los demás diferencian y aceptan lo positivo y reconocen lo que es negativo. Sólo esto es compartir, y sólo esto es tener verdadera comunión. No significa sencillamente comprender las palabras de Dios o parte de un himno, ni hablar en comunión como te plazca sin decir nada relacionado con tu propia vida actual. Todo el mundo habla de conocimiento doctrinal y teórico, y nadie dice nada del conocimiento que se saca de las verdaderas experiencias. Evitan hablar sobre estas cosas, sobre su vida personal, sobre su vida en la iglesia con sus hermanos y hermanas, y sobre su propio mundo interior. De este modo, ¿cómo puede haber una verdadera comunicación entre las personas? ¿Cómo puede haber una confianza real? […] Si no existe esto entre los hermanos y las hermanas de la iglesia, nunca habría armonía entre ellos, y este es uno de los requisitos de ser honestos. Algunas personas se quejan: “Uff, cuesta mucho ser honesto, ¿tengo que decirles a los demás todo lo que pienso en mi corazón? ¿Acaso no basta con comunicar las cosas positivas? No les hablaré a los demás de mi lado oscuro o corrupto, ¿vale?”. Si no hablas de estas cosas ni te examinas meticulosamente a ti mismo, jamás te conocerás, jamás sabrás qué tipo de cosa eres, y no habrá oportunidad de que otros confíen en ti. Esto es un hecho. Si deseas que otros confíen en ti, primero debes ser honesto. Para ello, primero debes desnudar tu corazón para que todos puedan verlo, y ver todo lo que estás pensando y poder ver tu verdadera cara; no debes fingir ni camuflarte. Sólo entonces confiarán las personas en ti y te considerarán honesto. Esta es la práctica más fundamental de ser honesto, y es un requisito previo. Siempre estás fingiendo, aparentando santidad, virtud, grandeza y nobleza, y no permites que nadie vea tu corrupción y tus fallos. Presentas una falsa imagen de ti a las personas, para que crean que eres recto, poderoso, abnegado, imparcial y desinteresado. No finjas, no te camufles, sino ponte al descubierto, desnuda tu corazón para que los demás vean. Si puedes abrir tu corazón para que otros vean, y exponer todo lo que piensas y planeas hacer en tu corazón —sea positivo o negativo—, ¿no estarás siendo honesto? Si eres capaz de desnudarte para que otros vean, Dios también te verá y dirá: “Te has desnudado para que otros vean y, por tanto, no cabe duda de que también eres honesto delante de Mí”. Si sólo te desnudas delante de Dios, fuera de la vista de los demás, y siempre finges ser poderoso y virtuoso, o justo y desinteresado delante de ellos, ¿qué pensará, pues, Dios? ¿Y qué dirá Dios? Él afirmará: “Eres genuinamente astuto e hipócrita, eres mezquino y no eres honesto”. Dios te condenará por ello. Si deseas ser honesto, independientemente de lo que hagas delante de Dios o de las personas, serás capaz de revelarle tu corazón a los demás. ¿Es esto fácil de lograr? Requiere tiempo, para que haya una batalla dentro de nuestro corazón, y que practiquemos continuamente. Paso a paso, nuestros corazones se abrirán y seremos capaces de desnudarnos.

de ‘Para ser honesto, uno debe exponerse a los demás’ en “Registros de las Pláticas de Cristo”

Hoy en día, la mayoría de la gente siente demasiado temor en presentar sus acciones ante Dios y, aunque podrías engañar a Dios encarnado, no puedes engañar al Espíritu de Dios. Toda lo que no pueda soportar la observación de Dios no está acorde con la verdad y, por lo tanto, debe ser descartada o estarías pecando contra Dios. Así que, sin importar si lo haces cuando estás orando, cuando hablas y te comunicas con tus hermanos y hermanas, o cuando desempeñas tus deberes y cumples con tu trabajo, debes exponer siempre tu corazón ante Dios. Cuando cumples con tu deber, Dios está contigo y, mientras tu propósito sea correcto y esté a favor de la obra de la casa de Dios, Dios aceptará todo lo que hagas, por lo que debes dedicarte seriamente a cumplir con tu deber. […]

[…] Todo lo que haces, cada acción, cada intención y cada reacción, debe ser presentada ante Dios. Incluso tu vida espiritual diaria: tus oraciones, tu cercanía con Dios, comer y beber de la Palabra de Dios, compartir con tus hermanos y hermanas, vivir la vida de la iglesia y tu servicio de manera coordinada, deben ser presentadas ante Dios y ser observadas por Él. Es este tipo de práctica la que te ayudará a madurar en la vida. El proceso de aceptar la observación de Dios es el proceso de purificación. Cuanto más aceptes la observación de Dios, más eres purificado y más estarás de acuerdo con la voluntad de Dios, de modo que no oirás el llamado del libertinaje y la disipación y tu corazón vivirá en la presencia de Dios; cuanto más aceptes la observación de Dios, más avergüenzas a Satanás y abandonas las tentaciones carnales. Por ende, la aceptación de la observación de Dios es un camino que la gente debe practicar. No importa lo que hagas, incluso cuando comunicas con tus hermanos y hermanas, si presentas tus actos ante Dios y buscas Su observación, y si tu propósito es obedecer a Dios mismo, lo que practicas será mucho más correcto. Sólo si eres una persona que presenta todo lo que hace ante Dios y acepta Su observación, podrás ser una persona que verdaderamente vive en la presencia de Dios.

de ‘Dios perfecciona a quienes siguen Su corazón’ en “La Palabra manifestada en carne”

Por el bien de vuestro destino, deberéis buscar ser aprobados por Dios. Es decir, ya que reconocéis que sois contados en medio de la casa de Dios, entonces debéis traer tranquilidad mental y satisfacción a Dios en todas las cosas. En otras palabras, debéis ser personas de principios en vuestras acciones y que estas sean conformes a la verdad. Si esto va más allá de tu capacidad, entonces serás detestado y rechazado por Dios y despreciado por todos. Una vez que te encuentres en una situación como esta, entonces no serás contado entre los que están en la casa de Dios. Esto es lo que significa el no ser aprobado por Dios.

[…] Honestidad significa dar vuestro corazón a Dios; nunca jugarle falso en nada; ser abierto con Él en todas las cosas, nunca esconderle la verdad; nunca hacer cosas que engañen a los de arriba y a los de abajo por igual; y nunca hacer nada simplemente por congraciarse con Dios. En pocas palabras, ser honesto es abstenerse de impurezas en vuestras acciones y palabras, y no engañar ni a Dios ni al hombre. […] Algunos se comportan decentemente y particularmente “con buenos modales” en presencia de Dios, pero se vuelven desafiantes y desenfrenados en presencia del Espíritu. ¿Contaríais a un hombre así en las filas de los honestos? Si eres un hipócrita y alguien experto en socializar, entonces Yo te digo que definitivamente eres uno de los que juegas con Dios. Si tus palabras están llenas de excusas y justificaciones que nada valen, entonces Yo te digo que eres alguien poco dispuesto a practicar la verdad. Si tienes muchas confidencias que eres reacio a compartir y estás muy poco dispuesto a dejar al descubierto tus secretos —es decir, tus dificultades— ante los demás con el fin de buscar el camino de la luz, entonces digo que eres uno que no recibirá la salvación fácilmente y que no saldrá fácilmente de las tinieblas. Si buscar el camino de la verdad te causa placer, entonces eres uno de los que vive a menudo en la luz. Si te sientes contento de ser alguien que es un hacedor de servicio en la casa de Dios, trabajando de forma diligente y concienzudamente en la oscuridad, siempre dando y nunca quitando, entonces Yo te digo que eres un santo leal, porque no buscas ninguna recompensa y estás simplemente siendo un hombre honesto. Si estás dispuesto a ser franco, si estás dispuesto a gastarse al máximo, si eres capaz de sacrificar tu vida por Dios y ser Su testigo, si eres honesto hasta el punto en que sólo sabes satisfacer a Dios y no considerarte o tomar las cosas para ti mismo, entonces Yo digo que este tipo de persona es la que se alimenta en la luz y vivirá para siempre en el reino.

de ‘Tres advertencias’ en “La Palabra manifestada en carne”

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