74. Principios para abordar el deber propio

(1) El deber es una comisión de Dios y la misión de un ser creado. Su cumplimiento es mandato del Cielo y reconocido por la tierra; no cumplir con el deber es un atroz acto de traición.

(2) Los deberes que Dios le asigna al hombre no se dividen en importantes y menores o en elevados y bajos. Uno debe recibir el deber de Dios; solo cumplirlo bien implica poseer conciencia y sentido.

(3) El cumplimiento del deber no debe sufrir las limitaciones de las expectativas o destino propios. Se debe afrontar el deber con una mentalidad sumisa y una actitud positiva y cooperativa.

(4) En el cumplimiento del deber, es necesario reflexionar frecuentemente sobre las maneras en que las propias motivaciones adulteran el desempeño. Hay que buscar la verdad para abordar enseguida esas adulteraciones, y llega al punto donde se pueda llevar a cabo el deber satisfactoriamente.

Las palabras relevantes de Dios:

Las criaturas de Dios deben cumplir con su deber; tú vives bajo el dominio de Dios, aceptas todo lo que Dios provee, todo lo que viene de Él, así que debes cumplir con tus responsabilidades y obligaciones; este es tu deber. Esto evidencia que, para la humanidad, cumplir con el deber de una criatura de Dios es más justo, hermoso y noble que ninguna otra cosa que se haga mientras se viva en el mundo del hombre; no hay nada en la humanidad más importante ni digno y nada aporta mayor sentido y valor a la vida de una criatura de Dios que cumplir con el deber de una criatura de Dios. Para una criatura de Dios, poder cumplir con su deber como tal, poder satisfacer al Creador, es lo más maravilloso que hay entre los hombres y algo que estos deben alabar. Cualquier cosa encomendada por el Creador a las criaturas de Dios debe ser aceptada incondicionalmente por ellas; para la humanidad es algo bendecido y glorioso y, para todo ser humano que cumpla con el deber de una criatura de Dios, nada es más maravilloso ni digno de conmemoración; es algo positivo. En cuanto a cómo trata el Creador a aquellos que cumplen con el deber de una criatura de Dios y lo que les promete, esto es asunto del Creador, no de la humanidad creada. Dicho sin rodeos, es cosa de Dios; tú recibirás lo que Dios te dé y, si no te da nada, no tienes por qué protestar. Cuando una criatura de Dios acepta la comisión de Dios y coopera con el Creador para cumplir con el deber y hacer lo que puede, esto no es una transacción ni un trueque; las criaturas de Dios no deben tratar de utilizar ninguna actitud ni nada a cambio de bendiciones o promesas de Dios. Cuando el Creador os encomienda esta labor, lo suyo es que, como criaturas de Dios, aceptéis este deber y esta comisión; no se trata de una transacción. El Creador, por Su parte, está dispuesto a encomendar esta comisión a todos y cada uno de vosotros; por parte de la humanidad creada, la gente debe aceptar gustosa este deber y considerarlo su obligación en la vida, el valor con que ha de vivir esta vida. Aquí no hay ninguna transacción; no es un intercambio equivalente, y ni mucho menos implica recompensa o interpretación alguna. No es un trueque, no es un intercambio por el precio que pague la gente ni por el trabajo que aporte al cumplir con el deber. Ni Dios ha dicho jamás eso ni el hombre ha de entenderlo así.

[…] Como ser creado, cuando te presentas ante el Creador, debes cumplir con tu deber. Eso es lo correcto. Ya que la gente debe llevar a cabo el deber de un ser creado, el Creador ha realizado de nuevo una mayor obra entre la humanidad. Ha cumplido una etapa más de obra en la humanidad. ¿Y qué obra es esa? Proporciona la verdad a la humanidad, permitiéndole recibirla de Él mientras cumple con su deber, para así deshacerse de su carácter corrupto y ser purificada. Así, satisface la voluntad de Dios y se embarca en la senda correcta de la vida, y al final, es capaz de temer a Dios y evitar el mal, conseguir la salvación completa y dejar de someterse a las aflicciones de Satanás. Este es el objetivo principal que Dios desearía que la humanidad consiguiera al final al cumplir su deber. Por tanto, al llevar a cabo tu deber, no solo disfrutas del valor y la importancia que proporciona a tu vida cumplir con tu deber como ser creado. Más allá de esto, eres purificado y salvado y, en última instancia, llegas a vivir en la luz del rostro del Creador.

Extracto de ‘Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (VII)’ en “Desenmascarar a los anticristos”

No existe correlación entre el deber del hombre y que él sea bendecido o maldecido. El deber es lo que el hombre debe cumplir; es la vocación que le dio el cielo y no debe depender de recompensas, condiciones o razones. Solo entonces el hombre está cumpliendo con su deber. Ser bendecido es cuando alguien es perfeccionado y disfruta de las bendiciones de Dios tras experimentar el juicio. Ser maldecido es cuando el carácter de alguien no cambia tras haber experimentado el castigo y el juicio; es cuando alguien no experimenta ser perfeccionado, sino que es castigado. Pero, independientemente de si son bendecidos o maldecidos, los seres creados deben cumplir su deber, haciendo lo que deben hacer y haciendo lo que son capaces de hacer; esto es lo mínimo que una persona, una persona que busca a Dios, debe hacer. No debes llevar a cabo tu deber solo para ser bendecido y no debes negarte a actuar por temor a ser maldecido. Dejadme deciros esto: lo que el hombre debe hacer es llevar a cabo su deber, y si es incapaz de llevar a cabo su deber, esto es su rebeldía. Es por medio del proceso de llevar a cabo su deber que el hombre es cambiado gradualmente, y es por medio de este proceso que él demuestra su lealtad. Así pues, cuanto más puedas llevar a cabo tu deber, más verdad recibirás y más real será tu expresión. Los que solo cumplen con su deber por inercia y no buscan la verdad, al final serán eliminados, pues esas personas no llevan a cabo su deber en la práctica de la verdad y no practican la verdad en el cumplimiento de su deber. Ellos son los que permanecen sin cambios y serán maldecidos. No solo sus expresiones son impuras, sino que todo lo que expresan es malvado.

Extracto de ‘La diferencia entre el ministerio de Dios encarnado y el deber del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

Como miembros de la raza humana y cristianos devotos, es responsabilidad y obligación de todos nosotros ofrecer nuestra mente y nuestro cuerpo para el cumplimiento de la comisión de Dios, porque todo nuestro ser vino de Él y existe gracias a Su soberanía. Si nuestras mentes y nuestros cuerpos no son para la comisión de Dios ni para la causa justa de la humanidad, nuestras almas se sentirán indignas de aquellos que fueron martirizados por causa de aquella, y aún más indignas de Dios, que nos ha provisto todo.

Extracto de ‘Dios preside el destino de toda la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿Cómo surge el deber? En términos generales, surge como resultado de la obra de gestión de Dios de traer la salvación a la humanidad; hablando de manera más concreta, a medida que la obra de gestión de Dios se desarrolla entre la humanidad, surgen diversas tareas que deben hacerse y que requieren que la gente colabore y las realice. Esto ha hecho que surjan responsabilidades y misiones que las personas tienen que cumplir y estas responsabilidades y misiones son los deberes que Dios confiere a la humanidad. Por lo tanto, en la casa de Dios, las diversas tareas que requieren la cooperación de las personas son los deberes que han de cumplir. Entonces, ¿se diferencian los deberes entre mejores y peores, nobles y humildes o grandes y pequeños? No existen tales diferencias; todo aquello que guarde relación con la obra de gestión de Dios, sea requisito para que Él lleve a cabo Su obra o una exigencia del trabajo de Su casa es el deber de una persona. Estos son la definición y el origen del deber. Sin la obra de gestión de Dios, ¿tendrían deberes las personas en la tierra, independientemente de cómo vivan? (No). Ahora tienes claro que hay una relación directa entre los deberes de los seres creados y la obra de gestión de Dios para salvar a la humanidad. Puede decirse que sin la salvación de la humanidad por parte de Dios y sin la obra de gestión que Él ha puesto en marcha en la tierra, entre los hombres, la gente no tendría ningún deber. Desde esta perspectiva, el deber es importante para toda persona que siga a Dios, ¿no? A grandes rasgos, tú participas en la obra del plan de gestión de Dios; más concretamente, colaboras en los diversos tipos de trabajos de Dios requeridos en distintos momentos y entre distintos grupos de personas. Sea cual sea tu deber, es una misión que te ha encargado Dios. En ocasiones, tal vez te pidan que cuides o protejas un objeto importante. Esta podría ser una cuestión relativamente trivial que solo puede considerarse responsabilidad tuya, pero es una tarea que te ha encargado Dios; la has recibido de Él. En términos más generales, Dios te encarga una comisión, que puede tratarse de difundir el evangelio, de dirigir una iglesia o de un trabajo aún más peligroso e importante. De todas formas, siempre que guarde relación con la obra de Dios y la labor de Su casa, la gente debe aceptarlo como un deber de parte de Dios. El deber, en términos aún más amplios, es la misión de una persona, una comisión encomendada por Dios; de manera más específica, es tu responsabilidad, tu obligación. Dado que es tu misión, una comisión que te ha encomendado Dios, tu responsabilidad y tu obligación, no tiene nada que ver con tus asuntos personales.

Extracto de ‘¿Cuál es el desempeño adecuado del deber?’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¡Cómo consideras las comisiones de Dios es un asunto muy serio! Si no puedes llevar a cabo lo que Dios te ha confiado, no eres apto para vivir en Su presencia y deberías ser castigado. Está predestinado por el Cielo y reconocido por la tierra que los seres humanos deben completar cualquier comisión que Dios les confíe; esa es su responsabilidad suprema, y es tan importante como sus propias vidas. Si no te tomas en serio las comisiones de Dios, lo estás traicionando de la forma más grave; en esto eres más lamentable que Judas y debe ser maldecido. La gente debe entender bien cómo ver lo que Dios les confía y, al menos, debe comprender que las comisiones que Él confía a la humanidad son exaltaciones y favores especiales de Dios, son cosas muy gloriosas. Todo lo demás puede abandonarse; aunque uno tenga que sacrificar la propia vida, debe seguir cumpliendo la comisión de Dios.

Extracto de ‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Lo que más directa y perceptiblemente refleja el vínculo que te une a Dios es cómo tratas los asuntos que Él te confía y las tareas que te asigna, así como qué actitud tienes. Este asunto es lo que se observa más directamente. Cuando hayas captado este punto crucial y cumplido la comisión que Dios te ha dado, tu relación con Dios será normal. Si cuando Dios te confía una tarea o te dice que cumplas con una determinada obligación, tu actitud es superficial y apática, y no lo ves como una prioridad, ¿no es eso precisamente lo contrario de dedicar todo tu corazón y tus fuerzas? Por tanto, tu actitud a la hora de cumplir con tu deber es de vital importancia, del mismo modo que lo son el método y la senda que escojas. ¿Cuál es la consecuencia de cumplir con el deber de forma descuidada y superficial, tratándolo a la ligera? El desempeño deficiente en el deber, aunque sepas hacerlo bien: tu desempeño no estará a la altura y Dios no estará satisfecho con tu actitud hacia el deber. Si en un principio hubieras buscado y cooperado con normalidad, si le hubieras dedicado todos tus pensamientos; si te hubieras volcado y puesto todo tu empeño en ello y le hubieras dedicado parte de tu trabajo, tu esfuerzo y tus pensamientos o hubieras dedicado tiempo a consultar el material y te hubieras comprometido en cuerpo y alma con ello; si hubieras sido capaz de una colaboración así, entonces Dios estaría por delante guiándote. No hace falta que ejerzas mucha fuerza; si no escatimas esfuerzos en cooperar, Dios ya lo habrá dispuesto todo para ti. Si eres ladino y traicionero y a mitad del trabajo cambias de actitud y te descarrías, Dios no mostrará interés por ti; habrás perdido esta oportunidad, y Dios dirá: “No eres lo suficientemente bueno; eres un inútil. Apártate. Te gusta ser perezoso, ¿no? Te gusta ser mentiroso y astuto, ¿no? ¿Te gusta descansar? Pues descansa”. Dios concederá esta gracia y esta oportunidad a la siguiente persona. ¿Qué opináis? ¿Esto es una pérdida o una ganancia? ¡Una enorme pérdida!

Extracto de La comunión de Dios

Algunos consideran primordial el cumplimiento del deber, otros lo consideran su tarea personal y otras personas lo consideran su trabajo, su empresa, su asunto particular o una especie de pasatiempo, entretenimiento o afición para matar el tiempo. En resumen, sea cual sea tu actitud hacia el deber, si no lo recibiste de Dios y eres incapaz de considerarlo una tarea que ha de realizar o con la que ha de cooperar un ser creado dentro de la obra de gestión de Dios, entonces lo que estás haciendo no es cumplir con el deber. ¿Por qué planteo estos temas? ¿Qué problemas trato de resolver hablando de ellos? Intento corregir las actitudes incorrectas de las personas hacia el deber. Una vez que hayan entendido estas verdades, poco a poco su actitud hacia el deber se adaptará a la verdad y se ajustará a sus principios y a las exigencias de Dios. Cuando menos, tu perspectiva y actitud con respecto al deber deben estar en consonancia con la verdad y las exigencias de Dios. Los deberes son tareas que Dios encomienda a las personas, misiones que la gente debe cumplir. Sin embargo, un deber no es, desde luego, tu negocio que gestionas personalmente ni un contrapeso para que destaques entre la multitud. Algunos utilizan sus deberes como una oportunidad para dedicarse a su propia gestión y formar camarillas; otros, para satisfacer sus deseos; otros, para llenar sus vacíos internos y, otros más, para satisfacer su mentalidad de confiar en la suerte, y piensan que, siempre que cumplan con sus deberes, participarán de la casa de Dios y del maravilloso destino que Dios dispone para el hombre. Dichas actitudes respecto al deber son incorrectas; causan repugnancia a Dios y deben corregirse urgentemente.

Extracto de ‘¿Cuál es el desempeño adecuado del deber?’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Cuál es la actitud correcta hacia el deber, que manifiesta que eres poseedor de la verdad? En primer lugar, no puedes analizar quién lo ha dispuesto, ni qué categoría de liderazgo lo ha asignado; has de aceptarlo de Dios. Además, sea cual sea tu deber, no discrimines entre lo superior y lo inferior. Supongamos que dices: “Aunque esta tarea es una comisión proveniente de Dios y la obra de Su casa, si la hago, la gente podría menospreciarme. Otros llevan a cabo una obra que les permite destacar. ¿Cómo puede esta tarea que se me ha asignado —que no me permite destacar, sino que me hace trabajar entre bastidores— considerarse un deber? Es un deber que no puedo aceptar; este no es mi deber. Mi deber tiene que hacerme destacar ante los demás y permitirme forjarme un nombre, y aunque no me forje un nombre o me haga destacar, aun así, debería poder recibir algún beneficio de él y sentirme cómodo físicamente”. ¿Es aceptable esta actitud? Ser quisquilloso es no aceptar lo que viene de Dios; es tomar decisiones de acuerdo con tus propias preferencias. Esto no es aceptar tu deber; es rechazarlo. En cuanto intentas elegir y escoger, ya no eres capaz de tener verdadera aceptación. Tal quisquillosidad es adulterada con tus propias preferencias y deseos; cuando consideras tus propios beneficios, tu reputación y otras cosas similares, tu actitud hacia tu deber no es de sumisión. Esta debe ser la actitud ante el deber: primero, no lo debes analizar ni pensar en quién te lo ha asignado, sino que debes aceptarlo de Dios como tu deber y como lo que debes hacer. Segundo, no discrimines entre lo superior y lo inferior, y no te preocupes por su naturaleza: que se haga delante de la gente o fuera de su vista, que te permita destacar o no. No tomes en consideración estas cosas. Estas son las dos características de la actitud con la que las personas deben afrontar su deber. Hay otra actitud, que consiste en sentir que puedes cumplir con un determinado deber, pero que al mismo tiempo también temas cometer un error y ser eliminado. Por ejemplo, si tus hermanos y hermanas te eligen como líder, puede que te sientas obligado a cumplir este deber porque te han elegido, pero no lo consideras con una actitud muy proactiva y piensas cosas al respecto, como: “Ser líder no es nada bueno. Es como pisar en hielo fino o vivir en el filo de la navaja. Si hago un buen trabajo, no obtendré ninguna recompensa especial, pero si lo hago mal, se me tratará constantemente. Y ser tratado no es lo peor de todo. ¿Y si me sustituyen? Si eso ocurriera, ¿cómo podría seguir adelante?”. En ese momento, empiezas a sentirte en conflicto. ¿Qué es esta actitud? Eso es ser precavido e incomprendido, y es una actitud que la gente no debe tener hacia su deber. Es una actitud desmoralizada y negativa. Entonces, ¿cómo debe ser una actitud positiva? (Debemos ser abiertos de mente y magnánimos, y tener el valor de asumir las cargas). ¿Pero no son eso solo palabras vacías? ¿Cómo se puede ser abierto de mente y magnánimo si se tiene tanto miedo? ¿Qué significa tener el valor de asumir las cargas? ¿Y en qué estado tendrás el valor de asumirlas? Temes no poder soportar muchas de las consecuencias. No podrás asumir la carga, y habrá muchas cosas que te impidan hacerlo. Cuando decimos cosas como “ten el valor de asumir las cargas” o “nunca te rindas, ni siquiera ante la muerte”, suenan como las consignas que gritan los jóvenes enfadados. Pero gritar consignas nunca puede resolver los problemas prácticos. Ahora debes adoptar la actitud correcta, lo que significa que debes poseer este aspecto de la verdad, y entonces, cuando surjan los problemas, este aspecto de la verdad y esta actitud te ayudarán a resolver tus dificultades internas, y te permitirán aceptar sin problemas y de forma proactiva este encargo, este deber. Esta es la senda de práctica, y solo ésta es la verdad. Si utilizas términos como “ser de mente abierta y ser magnánimo” y “tener el valor de asumir las cargas” para abordar el miedo que sientes, ¿será efectivo? (No). Eso indica que estas cosas no son la verdad ni son una senda de práctica. Puedes decir: “Soy de mente abierta y magnánimo, tengo una estatura indomable, no hay pensamientos extraños ni contaminantes en mi corazón, y tengo el valor de asumir las cargas”. Por fuera, tú asumes la carga de tu deber, pero más tarde, después de meditarlo durante un tiempo, sigues sintiendo que no puedes asumirla. Puede que sigas sintiendo miedo. Además, puede que veas cómo tratan a otros, y te vuelvas aún más temeroso, como un perro azotado que teme la correa. Sentirás cada vez más que tu estatura es demasiado pequeña, y que este deber es como un abismo inmenso e infranqueable, y finalmente seguirás siendo incapaz de asumir esta carga. Por eso las consignas no pueden resolver los problemas prácticos. Entonces, ¿cómo puedes resolver realmente este problema? Debes someterte y colaborar activamente. Es tu deber y tu responsabilidad. Sin importar el camino que tengas por delante, debes tener un corazón obediente. Cobardía, miedo, preocupación, desconfianza… Nada de esto debe ser tu actitud hacia el deber.

Extracto de ‘¿Cuál es el desempeño adecuado del deber?’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Cuál es la actitud más básica que hay que tener hacia el deber? Si dijeras: “Como la casa de Dios me ha otorgado este deber, me pertenece y puedo cumplirlo como quiera”, ¿sería esta una actitud aceptable? En absoluto. Si tienes semejantes pensamientos, ocasionarán problemas y eso significa que has tomado una mala senda. No debes pensar de esta manera. Entonces, ¿cuál es la forma correcta de pensar? En primer lugar, has de buscar la verdad y los principios. Busca lo siguiente: cómo cumplir con este deber, qué exige Dios, cuáles son los principios de las exigencias de Dios a la gente, qué deberías hacer, qué partes del trabajo has de realizar y cómo actuar para ser absolutamente entregado y responsable en el cumplimiento de este deber. Entonces, ¿a quién debes entregarte? A Dios. Debes entregarte a Él, responsabilizarte de otras personas y, en cuanto a ti, adherirte a los principios y defender tu deber. ¿Qué significa adherirse a los principios? Adherirse a los principios es actuar de acuerdo con las palabras de Dios y la verdad. ¿Y qué significa defender el deber? Supón, por ejemplo, que te han asignado un deber durante uno o dos años, pero hasta ahora nadie te ha controlado. ¿Qué deberías hacer? Si nadie te controla, ¿ya no existe el deber? Ignora si alguien te controla o ve cómo lo estás haciendo; te encomendaron a ti esta tarea y, aunque no es un asunto personal tuyo, te la asignaron a ti y es tu responsabilidad. Has de pensar en cómo hay que hacer este trabajo y cómo se puede hacer bien, y así es como debes hacerlo tú. Si siempre esperas que te controlen, supervisen y apremien, ¿es esta la actitud que deberías tener en tu deber? ¿Qué tipo de actitud es esta? Una actitud pasiva, no la actitud que deberías adoptar hacia el deber.

Extracto de ‘¿Cuál es el desempeño adecuado del deber?’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Las personas deben abordar tanto el deber como a Dios con un corazón honesto; eso es temer a Dios. ¿Qué actitud debe tener la gente para tratar a Dios con un corazón honesto? La gente debe esforzarse por Dios en su deber sin cuestionar si eso le traerá desastres o bendiciones, sin poner condiciones y sometiéndose a las orquestaciones de Dios; una persona así posee un corazón honesto. ¿Poseen un corazón honesto los que siempre dudan, los que siempre ponen condiciones y se dedican a investigar sin cesar? ¿Qué reside dentro del corazón de una persona semejante? Dentro de ese corazón hay engaño y maldad, y siempre se están dedicando a la investigación. Cuando sucede algo que afecta sus intereses personales, reflexionan: “¿En qué pensaba Dios cuando me hizo esto y dispuso esta situación para mí? ¿Es algo que les ha sucedido a otras personas? Cuando termine de pasar por esto, ¿cuáles serán las consecuencias?”. Investigan tales cuestiones, investigan lo que pueden ganar o perder, si el asunto en cuestión les causará un desastre o una bendición. Una vez empiezan a investigar estas cuestiones, ¿son capaces de practicar la verdad? ¿Son capaces de obedecer a Dios? Cuando empiezan con un deber, investigan y preguntan: “¿Sufriré si cumplo con este deber? ¿Habré de pasar mucho tiempo fuera? ¿Podré comer y descansar con regularidad? ¿Y con qué clase de gente entraré en contacto?”. Aunque en la superficie aceptan ese deber, en su corazón albergan el engaño y están constantemente investigando tales cosas. De hecho, todas estas cosas que investigan se relacionan con sus intereses personales; no consideran los intereses de la casa de Dios, solo los propios. Si solo consideran sus propios intereses, no les es fácil practicar la verdad y no tienen una verdadera obediencia a Dios. ¿Qué pasa al final con muchas de estas personas que se dedican a este tipo de investigación? Algunos se rebelan contra Dios; es decir, hacen cosas llenas de emociones negativas, se mantienen alerta mientras obran. ¿Qué tipo de carácter despierta estas emociones? El engaño y la maldad. Al llegar al extremo de ser malvados, ¡estas personas se están enfrentando a Dios! Al estar investigando constantemente, su atención queda dividida, ¿pueden cumplir entonces correctamente el deber en este estado? No adoran a Dios con honestidad y con su espíritu, no tienen un corazón honesto y, mientras cumplen con el deber, siempre son cautos y se contienen. ¿Qué es lo que resulta de esto? Dios no obra sobre ellos, hagan lo que hagan son incapaces de hallar los principios, y todo lo que hacen les sale siempre mal. ¿Por qué les salen siempre mal las cosas? A veces no se trata de que Dios los exponga, sino de que se arruinan a sí mismos. No tienen en cuenta la obra ni los intereses de la casa de Dios; siempre están tramando por su cuenta y haciendo planes en aras de su prestigio y estatus. No paran de hacer tales cosas y luego acaban por desviarse. Entre hacer planes en aras de sus propios intereses y perspectivas de futuro o ser considerados con la obra de la casa de Dios y los intereses de esta, ¿es el mismo el resultado de sus acciones? No, desde luego que no lo es. Están expuestos, y este comportamiento no constituye el cumplimiento del deber; la esencia y la naturaleza de las acciones de esta persona han cambiado. Si se trata solo de una pérdida insignificante, entonces todavía tendrán la posibilidad de ser salvados, les quedará una oportunidad. Pero si se trata de una pérdida mayor, ¿les queda todavía alguna posibilidad? Si se trata de un caso grave, en la medida en que causa trastornos y perturbaciones, entonces la persona involucrada debe ser reemplazada y eliminada; algunas han sido eliminadas de esta manera.

Extracto de ‘Solo si buscas los principios-verdad puedes desempeñar bien tu deber’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

La mayoría cumple con el deber con esta mentalidad: “Si alguien me guía, yo lo sigo. Lo seguiré allá donde me lleve y haré lo que me pida”. Responsabilizarse, preocuparse o prestar especial atención, por otro lado, son cosas inalcanzables para ellos y precios que no están dispuestos a pagar. Participan del esfuerzo físico, pero no de la responsabilidad. Esto no es cumplir realmente con el deber. Se debe aprender a volcarse de corazón en el deber; si se tiene corazón, hay que saber utilizarlo. Si una persona no utiliza nunca el corazón, demuestra que no tiene, ¡y las personas sin corazón no pueden alcanzar la verdad! ¿Por qué no pueden alcanzar la verdad? No saben cómo presentarse ante Dios; no saben volcarse de corazón para percibir el esclarecimiento y la guía de Dios, ni cómo volcarse de corazón en la contemplación, en buscar la verdad ni en buscar, entender y mostrar consideración por la voluntad de Dios. ¿Experimentáis esos estados en los que, independientemente de lo que surja y de vuestro deber, sois capaces a menudo de sosegaros ante Él, reflexionar de corazón sobre Sus palabras y volcaros de corazón tanto en buscar la verdad como en reflexionar sobre cómo debéis llevar a cabo el deber? ¿Os sucede muchas veces? Para volcaros de corazón en el deber y ser capaces de asumir la responsabilidad hay que sufrir y pagar un precio; no basta simplemente con hablar de ello. Si no os volcáis de corazón en el deber, sino que siempre queréis hacer esfuerzos físicos, es indudable que no cumpliréis correctamente con él. Actuaréis por simple inercia y nada más, y no sabréis lo bien que habéis cumplido con el deber. Si te vuelcas de corazón en él, poco a poco llegarás a entender la verdad; si no lo haces, no será así. Cuando te vuelcas de corazón en el cumplimiento del deber y la búsqueda de la verdad, poco a poco puedes entender la voluntad de Dios, descubrir tu corrupción y tus defectos y dominar tus diversos estados. Si no te analizas de corazón y solo te centras en hacer esfuerzos externos, no podrás descubrir los distintos estados que surgen en tu corazón y todas tus reacciones a los diferentes ambientes externos; si no te analizas de corazón, te será difícil resolver los problemas de tu corazón. Por lo tanto, debes alabar y adorar a Dios con tu corazón y tu honestidad. Para adorar a Dios con tu corazón y tu honestidad, debes tener un corazón tranquilo y sincero; en lo más profundo de él debes saber buscar la voluntad de Dios y la verdad, y reflexionar acerca de cómo cumplir correctamente con el deber, qué partes de este no entiendes todavía y cómo llevarlo a cabo mejor. Solo si piensas a menudo en estas cosas dentro de tu corazón podrás ganar la verdad. Si estas cosas no son aquellas sobre las que sueles reflexionar dentro de tu corazón y este, en cambio, está lleno de cosas de la mente o externas, ocupado con cosas que no tienen nada que ver con adorar a Dios con tu corazón y tu honestidad, absolutamente nada que ver, ¿puedes ganar la verdad? ¿Tienes relación con Dios?

Extracto de ‘Solo si se es honesto se puede vivir con auténtica semejanza humana’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Debéis cumplir cada uno con vuestro deber al máximo de vuestra capacidad, con un corazón franco y honesto, y estar dispuestos a pagar el precio que sea necesario. Como habéis dicho, cuando llegue el día, Dios no va a ser negligente con nadie que haya sufrido o pagado un precio por Él. Merece la pena aferrarse a este tipo de convicción, y lo adecuado es que no deberíais olvidaros nunca de ella. Solo así puedo dar tranquilidad a Mi mente respecto a vosotros. De otro modo, seréis siempre personas con las que nunca podré tener la mente calmada, y seréis para siempre objetos de Mi aversión. Si todos vosotros podéis seguir vuestra conciencia y entregarlo todo por Mí, sin escatimar esfuerzos por Mi obra y dedicando el esfuerzo de una vida entera a la obra de Mi evangelio, ¿no saltará Mi corazón a menudo de gozo por vosotros? De este modo, seré capaz de dar completa tranquilidad a Mi mente respecto a vosotros, ¿verdad?

Extracto de ‘Acerca del destino’ en “La Palabra manifestada en carne”

Que el hombre lleve a cabo su deber es, de hecho, el cumplimiento de todo lo que es inherente a él; es decir, lo que es posible para él. Es entonces cuando su deber se cumple. Los defectos del hombre durante su servicio se reducen gradualmente a través de la experiencia progresiva y del proceso de pasar por el juicio; no obstaculizan ni afectan el deber del hombre. Los que dejan de servir o ceden y retroceden por temor a que puedan existir inconvenientes en su servicio son los más cobardes de todos. Si las personas no pueden expresar lo que deben expresar durante el servicio ni lograr lo que por naturaleza es posible para ellas y, en cambio, pierden el tiempo y actúan mecánicamente, han perdido la función que un ser creado debe tener. A esta clase de personas se les conoce como “mediocres”; son desechos inútiles. ¿Cómo pueden esas personas ser llamadas apropiadamente seres creados? ¿Acaso no son seres corruptos que brillan por fuera, pero que están podridos por dentro? Si un hombre se llama a sí mismo Dios, pero no es capaz de expresar el ser de la divinidad, ni hacer la obra de Dios mismo, ni representar a Dios, entonces no cabe duda de que no es Dios, porque no tiene la sustancia de Dios, y lo que Dios puede lograr por naturaleza no existe dentro de él. Si el hombre pierde lo que, por naturaleza, puede alcanzar, ya no se le puede considerar un hombre y no es digno de permanecer como ser creado ni de venir delante de Dios y servirlo. Además, no es digno de recibir la gracia de Dios ni de ser cuidado, protegido y perfeccionado por Dios. Muchos que han perdido la confianza de Dios pasan a perder la gracia de Dios. No solo no desprecian sus fechorías, sino que propagan con descaro la idea de que el camino de Dios es incorrecto, y los rebeldes incluso niegan la existencia de Dios. ¿Cómo pueden esas personas, que poseen tal rebeldía, tener derecho a gozar de la gracia de Dios? Quienes no llevan a cabo su deber son muy rebeldes con Dios, y le deben mucho, pero se dan la vuelta y arremeten contra Él diciendo que está equivocado. ¿Cómo podría esa clase de hombre ser digno de ser perfeccionado? ¿Acaso no es esto antecedente para ser eliminados y castigados? Las personas que no llevan a cabo su deber delante de Dios ya son culpables de los crímenes más atroces, para los cuales hasta la muerte es un castigo insuficiente, pero tienen el descaro de discutir con Dios y enfrentarse a Él. ¿Cuál es el valor de perfeccionar a semejantes personas? Cuando las personas no cumplen con su deber, deben sentirse culpables y en deuda; deben aborrecer su debilidad e inutilidad, su rebeldía y su corrupción y, aun más, deben entregarle su vida a Dios. Solo entonces son seres creados que aman verdaderamente a Dios, y solo ese tipo de personas son dignas de disfrutar las bendiciones y la promesa de Dios y de que Él las perfeccione. ¿Y qué pasa con la mayoría de vosotros? ¿Cómo tratáis al Dios que vive entre vosotros? ¿Cómo habéis llevado a cabo vuestro deber delante de Él? ¿Habéis hecho todo lo que fuisteis llamados a hacer, incluso a expensas de vuestra propia vida? ¿Qué habéis sacrificado? ¿Acaso no habéis recibido mucho de Mí? ¿Podéis discernir? ¿Qué tan leales sois a Mí? ¿Cómo me habéis servido? ¿Y qué hay de todo lo que os he otorgado y he hecho por vosotros? ¿Habéis tomado medida de todo esto? ¿Habéis juzgado y comparado esto con la poca conciencia que tenéis dentro de vosotros? ¿De quién podrían ser dignas vuestras palabras y acciones? ¿Podría ser que ese minúsculo sacrificio vuestro sea digno de todo lo que os he otorgado? No tengo otra opción y me he dedicado a vosotros con todo el corazón, pero vosotros albergáis intenciones malvadas y sois tibios conmigo. Ese es el alcance de vuestro deber, vuestra única función. ¿No es así? ¿No sabéis que habéis fracasado rotundamente en cumplir con el deber de un ser creado? ¿Cómo podéis ser considerados seres creados? ¿No os queda claro qué es lo que estáis expresando y viviendo? No habéis cumplido con vuestro deber, pero buscáis obtener la tolerancia y la gracia abundante de Dios. Esa gracia no ha sido preparada para unos tan inútiles y viles como vosotros, sino para los que no piden nada y se sacrifican con gusto. Las personas como vosotros, semejantes mediocres, sois totalmente indignos de disfrutar la gracia del cielo. ¡Solo dificultades y un castigo interminable acompañarán vuestros días! Si no podéis ser fieles a Mí, vuestro destino será el sufrimiento. Si no podéis ser responsables ante Mis palabras y Mi obra, vuestro destino será el castigo. Ni la gracia, ni las bendiciones ni la vida maravillosa del reino tendrán nada que ver con vosotros. ¡Este es el fin que merecéis tener y es una consecuencia de vuestras propias acciones!

Extracto de ‘La diferencia entre el ministerio de Dios encarnado y el deber del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

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