118. Principios para identificar a los demonios anticristos

(1) Todos los demonios anticristos son arrogantes y engreídos, no se someten a nadie. Nunca exaltan a Dios ni dan testimonio de Él, pero tienen mucho talento para predicar letras y doctrinas que seducen a los demás.

(2) Todos los demonios anticristos odian y se oponen a la verdad. No se conocen en lo más mínimo, no tienen ninguna percepción de sí mismos, y son especialmente arrogantes y santurrones.

(3) Los demonios anticristos actúan de manera furtiva, se comportan de forma individualista y dictatorial, y nunca comunican con la gente. Quieren que los demás les obedezcan solo a ellos, no a la verdad ni a Dios.

(4) Los demonios anticristos no aceptan en ningún caso ser tratados o podados. En absoluto tienen actitud alguna de arrepentimiento respecto a cualquier acto indebido. Al contrario, difunden nociones y juzgan abiertamente a Dios.

(5) Ningún demonio anticristo cree en la existencia de Dios. Desprecian a Cristo y a la verdad, e infringen de manera flagrante los principios y desprecian los arreglos de la casa de Dios.

(6) Los demonios anticristos siempre quieren controlar las finanzas de la iglesia, usurpar las ofrendas a Dios y proscribir la obra de la casa de Dios, todo ello mientras participan en rituales y actividades religiosas.

(7) Todos los que se cuentan entre los demonios anticristos albergan un odio profundo al hombre usado por el Espíritu Santo, y emplean métodos de todo tipo para desacreditarlo, difamarlo y atacarlo con la esperanza de ocupar su lugar.

(8) Los demonios anticristos solo están interesados en luchar por el poder y el beneficio. Siempre buscan seducir, atrapar y controlar a otros, fundar sus propios reinos y convertir la casa de Dios en su propio hogar personal.

Las palabras relevantes de Dios:

¿Cómo define Dios a un anticristo? Como alguien hostil a Dios. ¡Enemigo de Dios! Alguien hostil a Dios, hostil a la verdad, que aborrece la verdad, aborrece a Dios y absolutamente todo lo positivo. No es una persona normal momentáneamente débil, necia y un tanto equivocada en sus ideas y puntos de vista, ni una persona con un entendimiento un poco absurdo que no concuerda con la verdad. No son este tipo de personas. ¡Son un anticristo, un enemigo de Dios! Su figura es la de alguien que odia absolutamente todo lo positivo, odia toda la verdad y odia la totalidad del carácter y esencia de Dios. ¿Cómo trata Dios a una figura así? ¡No la salvará! Esas personas desprecian y detestan la verdad por naturaleza. Lo aquí expuesto es maldad, crueldad y odio a la verdad, que son las manifestaciones y actitudes más graves de todas las actitudes corruptas y las cosas más típicas y esenciales de Satanás. Esta no es una pequeña revelación del carácter corrupto de la gente normal corrupta, sino una fuerza hostil a Dios. Pueden perturbar y controlar una iglesia y destruir e interrumpir la obra de gestión de Dios. ¿La gente normal corrupta hace esto? En absoluto, y, por lo tanto, no debes subestimarlo. También la gente normal puede tener un carácter malvado; algunas personas se comportan de forma egoísta y despreciable, y otras, diabólicamente, sin dejar que las avasalle nadie y pensando para sí: “Yo no ofendo si no me ofenden”. Ahora bien, ¿en qué se diferencian los anticristos de esto? Su principal actitud no es la arrogancia, sino la auténtica maldad. ¿Y cómo se manifiesta mayormente esta maldad? Puede apreciarse en su extraña manera de hacer las cosas, difícil de detectar para la gente normal con ojos y oídos, cierta cultura y algo de experiencia social; esto ha pasado de la falsedad a la maldad. Pueden hacen juegos y trucos con las sombras y hacerlos “mejor” que la mayoría de las personas; la mayoría de la gente normal no puede competir con ellos ni hacerles frente. Esto es un anticristo. ¿Por qué digo que la gente normal no puede hacerles frente? Porque su maldad es tan extrema que tienen una enorme capacidad de engañar a la gente. ¿Por qué hablamos de las manifestaciones de los anticristos? Porque los anticristos tienen gran capacidad de engañar a la gente. Engañan a un gran número de personas a un tiempo, como una plaga letal que, con el contagio, puede dañar y matar a mucha gente en un solo brote; es altamente contagiosa y de amplio alcance, y sus tasas de morbilidad y mortalidad son superiores a las de las enfermedades comunes. ¿No son graves estas consecuencias?

Extracto de ‘Se comportan de forma extraña y misteriosa, son arbitrarios y dictatoriales, nunca comparten con los demás y los obligan a obedecerlos’ en “Desenmascarar a los anticristos”

En la época en la que Dios no se había hecho carne todavía, la medida de si un hombre se oponía a Él se basaba en si adoraba al Dios invisible en el cielo o no. La manera en que se definía la oposición a Dios en esa época no era tan práctica, porque el hombre no podía ver a Dios ni conocer cómo era Su imagen, ni saber cómo obraba y hablaba. El hombre no tenía nociones acerca de Dios en absoluto y creía en Él con vaguedad, porque Él no se había aparecido al hombre todavía. Por tanto, independientemente de cómo creyese el hombre en Dios en su imaginación, Él no lo condenaba ni le exigía demasiado, porque el hombre era completamente incapaz de ver a Dios. Cuando Dios se hace carne y viene a obrar entre los hombres, todos lo miran y oyen Sus palabras, y todos ven los hechos que Dios obra dentro de Su cuerpo de la carne. En ese momento, todas las nociones del hombre se convierten en espuma. En cuanto a aquellos que han visto a Dios aparecer en la carne, no serán condenados si lo obedecen de buen grado, mientras que los que están contra Él intencionadamente se considerarán oponentes de Dios. Tales personas son anticristos y enemigos que están deliberadamente contra Él.

Extracto de ‘Todas las personas que no conocen a Dios son las que se oponen a Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

Cualquiera que no entienda el propósito de la obra de Dios es alguien que está contra Él, y alguien que ha llegado a entender el propósito de la misma pero que todavía no busca satisfacer a Dios se considera aún más un oponente de Dios. Hay algunos que leen la Biblia en grandes iglesias y la recitan todo el día, pero ninguno de ellos entiende el propósito de la obra de Dios. Ninguno de ellos es capaz de conocer a Dios y mucho menos es conforme a la voluntad de Dios. Son todos personas inútiles y viles, que se ponen en alto para enseñar a Dios. Se oponen deliberadamente a Él mientras llevan Su estandarte. Afirman tener fe en Dios, pero aun así comen la carne y beben la sangre del hombre. Todas esas personas son diablos que devoran el alma del hombre, demonio jefes que estorban a aquellos que tratan de entrar en la senda correcta y obstáculos que amenazan a los que buscan a Dios. Pueden parecer de “buena constitución”, pero ¿cómo van a saber sus seguidores que no son más que anticristos que llevan a la gente a levantarse contra Dios? ¿Cómo van a saber sus seguidores que son diablos vivientes dedicados a devorar a las almas humanas?

Extracto de ‘Todas las personas que no conocen a Dios son las que se oponen a Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

Mira a los líderes de cada denominación: son todos arrogantes y santurrones y sus interpretaciones de la Biblia carecen de contexto y están guiadas por sus propias imaginaciones. Todos confían en los dones y la erudición para hacer su obra. Si fueran incapaces de predicar nada, ¿les seguirían las personas? Después de todo, poseen cierto conocimiento y pueden predicar sobre cierta doctrina o saben cómo convencer a los demás y cómo usar algunos artificios. Los usan para llevar a las personas ante ellos y engañarlas. Esas personas creen en Dios sólo de nombre, pero, en realidad, siguen a sus líderes. Cuando se encuentran con alguien que predica el camino verdadero, algunos de ellos dicen: “Tenemos que consultarle a nuestro líder respecto a nuestra creencia”. Un ser humano es el medio de su fe en Dios. ¿No es esto un problema? ¿En qué se han convertido, pues, esos líderes? ¿Acaso no se han vuelto fariseos, falsos pastores, anticristos y obstáculos para que las personas acepten el camino verdadero?

Extracto de ‘Solo buscar la verdad es creer verdaderamente en Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Hay algunos que son demasiado arrogantes en su actitud hacia los arreglos de obra de lo Alto. “Lo Alto hace las disposiciones del trabajo”, piensan, “y nosotros estamos aquí abajo, haciendo el trabajo. Algo de lo que se dice y algunas de las tareas se pueden implementar de manera flexible, pueden alterarse cuando llegan a nosotros. Después de todo lo Alto solo se dedica a hablar, y nosotros somos los que hacemos la obra práctica. Entendemos la situación en la iglesia, lo Alto no, así que podemos hacer lo que queramos con la gente y la obra de la iglesia que se nos encargan, son nuestras. Podemos hacer lo que nos plazca, nadie tiene derecho a interferir”. Para tales personas, el principio de servir a Dios es este: “Si creo que algo es correcto, tomaré nota de ello; si creo que algo no es factible, lo ignoraré. Puedo resistirme a ti si quiero, o ir en tu contra, y no tengo que implementar o llevar a cabo nada que no quiera. Si algo que dices me parece inadecuado, lo editaré y, una vez filtrado, lo transmitiré. Nada que no haya aprobado yo puede ir a la imprenta”. En todos los demás lugares difunden los arreglos de lo Alto en su forma original, pero esta persona envía su versión editada de las disposiciones del trabajo a la gente de la zona que dirigen. Tales personas desean siempre dejar a Dios de lado, y quieren desesperadamente que todos los sigan y crean en ellos. Bajo su punto de vista, Dios no es su igual en ciertos aspectos, ellos también deberían ser Dios, y todos deberían creer en ellos. Esa es la naturaleza de lo que hacen. Si entendierais esto, ¿aún llorarías cuando se retira y sustituye a una persona semejante? ¿Sentirías compasión por ellos? ¿Seguirías pensando: “Lo que hace lo Alto es innecesario e injusto, cómo podría lo Alto despedir a alguien que ha sufrido tanto”? ¿Por quién han sufrido? Han sufrido por su propio estatus. ¿Están sirviendo a Dios? ¿Están cumpliendo con el deber? ¿Son leales y sumisos a Dios? No son más que lacayos de Satanás, y su obra es el dominio del diablo; destruye el plan de gestión de Dios y perturba Su obra. ¿Qué clase de fe es esa? ¡No son más que un diablo, un anticristo!

Extracto de ‘¿Qué es ofender a Dios?’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

¿Qué clase de persona establece su propio reino? (Un anticristo). ¿Y por qué se llama a esa persona “un anticristo”? En primer lugar, “anti” significa antagónico y hostil, e implica ser antagónico y hostil hacia Cristo, hacia Dios y hacia la verdad. ¿Qué significa ser “antagónico y hostil”? (Estar en oposición directa). (Tener odio). ¿Pueden aceptar la verdad las personas que odian a Dios y se hallan en oposición directa a Él? ¿Acaso pueden amar la verdad? Desde luego que no pueden. La primera manera en que se expresan es no amar la verdad. Siempre que alguien dice la verdad, no expresan nada delante de esa persona, pero en su corazón no aceptan la verdad y en el fondo se oponen a ella. Cuando se oponen, en lo que respecta a todas las cosas positivas, es decir, a verdades tales como someterse a Dios, cumplir lealmente sus deberes, ser personas honestas, buscar la verdad en todas las cosas y todo eso, ¿albergan un poco de anhelo o amor subjetivo? No, ni el más mínimo. Por tanto, dada esta clase de la esencia-naturaleza que tienen, ya están en directa oposición a Dios y a la verdad. Así que, inevitablemente, en el fondo tales personas no aman la verdad ni ninguna cosa positiva. Por ejemplo, las personas en posiciones de liderazgo tienen que ser capaces de aceptar las diferentes opiniones de sus hermanos y hermanas, deben ser capaces de abrirse a ellos y aceptar sus reproches, y no deben adquirir estatus. ¿Qué pensaría un anticristo de todas estas maneras correctas de practicar? Tal vez diría: “Si escuchara las opiniones de los hermanos y hermanas, ¿acaso seguiría siendo un líder? ¿Seguiría entonces teniendo estatus y prestigio? ¿Seguiría siendo capaz de hacer que la gente me temiera? Si no puedo hacer que la gente me tema ni tampoco tengo prestigio, entonces, ¿qué obra puedo hacer?”. Esta es precisamente la clase de carácter que posee un anticristo; no acepta la verdad ni en lo más mínimo, y cuanto más apropiado es un método de práctica, más se opone a él. No admite que estos métodos correctos de práctica sean formas de practicar la verdad. ¿Qué es la verdad, tal como él la entiende? La verdad es que, para tratar con cualquiera, uno debe usar siempre un puño de hierro, acciones malvadas, métodos crueles y trucos oscuros; uno nunca debe usar la verdad, el amor y las palabras de Dios. Su forma de actuar es malvada. Esa es la naturaleza esencia de los que son de la calaña de un anticristo, y es también la manera en que hacen las cosas y el impulso que empuja sus acciones, la fuente de la que brotan. Así son su motivación y sus intenciones. La esencia de sus motivaciones e intenciones, que a menudo revelan, es precisamente la esencia de un anticristo: la aversión y el odio a la verdad. Esa es su esencia. Entonces, ¿qué significa oponerse a la verdad y a Dios? Significa odiar la verdad y las cosas positivas. Por ejemplo, como objeto de la creación, uno debe cumplir con el deber de un ser creado; no importa lo que Dios diga, la gente debe someterse, ya que los humanos son objetos de la creación. ¿Pero cómo piensa un anticristo? “No es falso que yo sea un objeto de la creación, pero en lo que respecta a someterse, eso depende de la situación. En primer lugar, tiene que haber algún beneficio para mí; no se me debe dejar en desventaja, y debo colocar mis propios intereses en primer lugar. Si hay recompensas y grandes bendiciones que ganar y Tú quieres que me someta, entonces está bien, pero sin recompensas y sin un destino no puedo someterme”. Así es como lo ve un anticristo. Otro ejemplo: Dios querría que la gente fuera honesta, pero ¿qué piensa un anticristo de esto? “Solo los idiotas son honestos; la gente inteligente no es honesta”. ¿Constituyen estas opiniones una actitud que no acepta la verdad? ¿Cuál es la esencia de este tipo de actitud? Su esencia es el odio a la verdad. Esta es precisamente la esencia de tales anticristos, y determina el tipo de senda que recorren y, a su vez, esa senda determina las cosas que harán mientras cumplan con este tipo de deber.

Extracto de ‘Tratan de ganarse a la gente’ en “Desenmascarar a los anticristos”

Algunas personas tienen ciertas manifestaciones de un anticristo y del carácter de un anticristo, pero también aceptan, admiten y aman la verdad. Son posibles objetos de salvación. Algunos, independientemente de su apariencia, son, por su esencia-naturaleza, hostiles a la verdad y la aborrecen. En cuanto les hablas de la verdad o les predicas, se enfadan y se oponen: empiezan a dar cabezadas, se duermen, se aburren y no tienen interés ni siquiera cuando sí te entienden; o puede que parezcan aplicados por fuera, pero evalúan la verdad con otra actitud o con un cúmulo de conocimientos y teorías. En este caso, con independencia de cuántas palabras de Dios hayan leído o de cuántos sermones hayan escuchado, al final nunca se producirá la menor transformación de su actitud, que es la búsqueda del estatus y de las cosas mundanas, la enemistad con Dios y la hostilidad hacia la verdad. Esto es típico del anticristo. Por lo tanto, cuando afirmas que sus actos están destinados a ganarse a la gente para su causa, que se enaltecen y dan testimonio de sí mismos para competir con Dios por el estatus, para engañar a la gente, y que sus actos son propios de Satanás y los anticristos, ¿aceptan semejante condena? No. Creen: “Actuar de esta manera es lo correcto y apropiado para mí. Así hago las cosas. Puedes condenarme y criticarme lo que quieras: no renunciaré a esta pretensión, a este deseo ni a esta forma de hacer las cosas”. Está claro que son anticristos. Nada de lo que digas puede cambiar su perspectiva, sus motivaciones, intenciones, ambiciones y deseos. Esas son la esencia-naturaleza del típico anticristo. Sus intenciones nunca cambiarán, independientemente de cómo cambien sus circunstancias, las personas, los asuntos y las cosas de su entorno o los tiempos, y sin importar qué señales y milagros obre Dios y cuánta gracia les conceda; ni siquiera aunque los castigue. Su manera de ser humanos y su forma de hacer las cosas nunca cambiarán, ni lo hará su actitud hostil hacia la verdad. Cuando otros señalan que lo que hacen es enaltecerse, dar testimonio sí mismos y tratar de engañar a la gente, cambian su manera de hablar a una que no se pueda criticar. Nadie puede averiguar qué están haciendo; emplean medios aún más ingeniosos para proceder y lograr sus objetivos ocultos. Esto es lo que se manifiesta en un anticristo y lo engendra la esencia de un anticristo. Aunque Dios les dijera que los castigaría, que había llegado su fin, que los iba a maldecir y condenar, ¿podría transformar esto su esencia? ¿Podría cambiar su actitud hacia la verdad? ¿Podría cambiar su amor por el estatus, la fortuna y el prestigio? No. Convertir a personas corrompidas por Satanás en personas con una humanidad normal que adoran a Dios es obra de Dios; lo puede lograr. Sin embargo, ¿es posible convertir en personas normales a demonios, a personas revestidas de piel humana pero cuya esencia es satánica, que idolatran a Satanás en su bando y son hostiles a Dios? Sería imposible. Dios no hace esta clase de obra; estas personas no se encuentran entre aquellas a las que salva Dios. Entonces, ¿cómo define Dios a esas personas? Son de Satanás. No son objeto de elección o salvación por parte de Dios; Él no quiere a gente así. Sin importar cuánto lleven en la casa de Dios, cuánto hayan sufrido o lo que hayan conseguido, sus intenciones no cambian. No dejarán de lado sus ambiciones ni sus deseos, y ni mucho menos abandonarán su motivación y su ansia por competir con Dios por el estatus y la gente. Esas personas son anticristos vivientes.

Extracto de ‘Se enaltecen y dan testimonio de sí mismos’ en “Desenmascarar a los anticristos”

Todos los anticristos preferirían morir antes que arrepentirse. Juran resistirse a Dios a muerte y pelear hasta el final. Aunque, en el fondo, reconocen que hay un Dios, que Él creó al hombre y que Él puede salvar a la humanidad, su naturaleza los hace incapaces de cambiar la senda que han elegido y de cambiar su hostilidad hacia Dios. Así pues, la esencia del comportamiento de los anticristos es usar constantemente varios medios y métodos para lograr su objetivo de tener estatus, de convencer a las personas y hacer que estas los sigan y los veneren. Es posible que, en lo profundo de su corazón, no estén compitiendo deliberadamente con Dios por la humanidad, pero algo es seguro: aunque no compitan con Dios por los humanos, sí quieren tener estatus y poder entre ellos. Incluso si llega el día en que se den cuenta de que compiten con Dios por estatus y se refrenen, usarán otros métodos para ganar estatus entre la gente y para ser validados. En resumen, aunque todo lo que los anticristos hacen parece comprender un desempeño leal de sus deberes, y aunque ellos parecen ser verdaderos seguidores de Dios, su ambición por controlar a las personas —y por ganar estatus y poder entre ellas— nunca cambiará. Sin importar qué diga o haga Dios y qué les pida a las personas, ellas no hacen lo que deben hacer ni cumplen sus deberes de un modo que se corresponda con Sus palabras y Sus requisitos ni renuncian a su búsqueda de poder y estatus como consecuencia de comprender Sus declaraciones y la verdad. De principio a fin, su ambición los consume, los controla, dirige sus conductas y pensamientos y determina la senda que recorren. Es el arquetipo del anticristo. ¿Qué se pone de relieve aquí? Algunas personas preguntan: “¿No son anticristos aquellos que compiten con Dios por ganar a las personas, y aquellos que no lo reconocen?”. Tal vez reconozcan a Dios, tal vez genuinamente reconozcan Su existencia y crean en ella y tal vez estén dispuestos a seguirlo y a buscar la verdad, pero hay algo que nunca cambiará: nunca renunciarán a su ambición de poder y estatus ni abandonarán su búsqueda de esas cosas debido a su entorno o a la actitud de Dios hacia ellos. Estas son las características de los anticristos. Sin importar cuánto haya sufrido una persona, cuánto de la verdad haya comprendido, en cuántas realidades-verdad haya entrado y cuánto conocimiento de Dios posea, más allá de estos fenómenos y manifestaciones exteriores, nunca se refrenará ni renunciará a su ambición y búsqueda de estatus y poder, y esto determina precisamente su esencia-naturaleza. No hay la más mínima inexactitud cuando Dios define a estas personas como anticristos; esto ha sido determinado por su propia esencia-naturaleza. Algunas personas, tal vez, solían creer que un anticristo era alguien que intentaba competir con Dios por la humanidad. Sin embargo, a veces, los anticristos no necesariamente tienen que competir con Él; simplemente necesitan ser aquellos cuyo conocimiento, comprensión y necesidad de estatus y poder sean diferentes a los de las personas comunes. Las personas comunes pueden ser jactanciosas, pueden intentar obtener el reconocimiento de los demás y querer causarles una buena impresión, y pueden intentar competir por una buena posición. Esta es la ambición de las personas comunes. Cuando se las reemplaza como líderes y pierden su posición, lo superan; con un cambio en su entorno, con un poco de crecimiento en su estatura, con que logren cierta entrada en la verdad u obtengan una mayor comprensión de la misma, su ambición se aplaca gradualmente. Ocurre un cambio en la senda que toman y en la dirección en la que viajan, y su búsqueda de estatus y poder se disipa. Sus deseos también disminuyen gradualmente. Sin embargo, los anticristos son diferentes: nunca podrían renunciar a su búsqueda de estatus y poder. En cualquier momento, en cualquier entorno, y más allá de qué gente los rodee o de la edad que tengan, su ambición nunca cambiará. ¿Qué indica que su ambición nunca cambiará? En el supuesto de que sean líderes de la iglesia, querrán controlar a todos en ella. Luego, tal vez vayan a otra iglesia en la que no sean líderes, pero igual desearán ese estatus. Donde sea que vayan esas personas, quieren ejercer el poder. ¿No está su corazón hinchado por la ambición? Lo que manifiestan va más allá del reino de la humanidad normal. ¿No hay algo anormal en esto? ¿Qué es lo anormal en esto? Lo que manifiestan no es lo que debe manifestar la humanidad normal. ¿Qué manifiestan? ¿Por qué motivo lo manifiestan? Por su naturaleza. Son espíritus malignos. Esto no es igual a la corrupción común; hay una diferencia. Los anticristos no se detendrán ante nada en su búsqueda de estatus y poder; están completamente absortos en ella. Esta es su esencia-naturaleza, es su forma original y su verdadero rostro. No solo compiten con Dios por estatus; también compiten por estatus con la gente. No importa si los otros están dispuestos o están o no de acuerdo, los anticristos intentan activamente controlar a los demás y ser sus líderes, sin considerar sus deseos. Vayan donde vayan, los anticristos quieren estar al mando y tener la última palabra. ¿Es esta su naturaleza? ¿La gente quiere escucharte? ¿Te escogió? ¿Te eligió? ¿Está de acuerdo con que tengas la última palabra? Nadie quiere que estas personas tengan la última palabra y nadie las escucha, pero, aun así, intentan tenerla. ¿Es esto un problema? No tienen nada de vergüenza ni remordimientos. Cuando estas personas son líderes, son anticristos; cuando no son líderes, también son anticristos.

Extracto de ‘Confunden, atraen, amenazan y controlan a la gente’ en “Desenmascarar a los anticristos”

El aprecio de los anticristos por su estatus y prestigio va más allá del de la gente normal y forma parte de su carácter y esencia; no es un interés temporal ni un efecto transitorio de su entorno, sino algo que está dentro de su vida, de sus huesos; por ende, es su esencia. Es decir, en todo lo que hace un anticristo, lo primero en lo que piensa es en su estatus y su prestigio, nada más. Para un anticristo, el estatus y el prestigio son su vida y su objetivo durante toda su existencia. En todo lo que hace, lo primero que piensa es: “¿Qué pasará con mi estatus? ¿Y con mi prestigio? ¿Me dará prestigio hacer esto? ¿Elevará mi estatus en la mentalidad de la gente?”. Eso es lo primero que piensa, lo cual es prueba fehaciente de que tiene el carácter y la esencia de los anticristos; si no, no se esforzaría así. Se puede decir que, para un anticristo, el estatus y el prestigio no son un requisito añadido, y ni mucho menos algo superfluo de lo que podría prescindir. Forman parte de la naturaleza de los anticristos, los llevan en los huesos, en la sangre, son innatos en ellos. Los anticristos no son indiferentes a la posesión de estatus y prestigio; su actitud no es esa. Entonces, ¿cuál es? El estatus y el prestigio están íntimamente relacionados con su vida diaria, con su estado diario, con aquello por lo que se esfuerzan día tras día. Por eso, para los anticristos el estatus y el prestigio son su vida. Sin importar cómo vivan, el entorno en que vivan, el trabajo que realicen, aquello por lo que se esfuercen, los objetivos que tengan y su rumbo en la vida, el estatus y el prestigio son la finalidad, el objetivo que persiguen sin poder renunciar a él en su interior. Estos son el verdadero rostro y la esencia de los anticristos. Podrías dejarlos en un bosque primitivo en las profundidades de las montañas y seguirían sin renunciar al estatus y al prestigio; puedes dejarlos en medio de un grupo de gente normal e, igualmente, no piensan más que en el estatus y el prestigio. Por ello, una vez que adquieren la fe, consideran que su estatus y prestigio son equiparables a la búsqueda de la fe en Dios; es decir, a medida que van por la senda de la fe en Dios, también van en pos del estatus y el prestigio. Se puede decir que creen de corazón que la fe en Dios y la búsqueda de la verdad son la búsqueda del estatus y el prestigio; que la búsqueda del estatus y el prestigio es también la búsqueda de la verdad, y que adquirir estatus y prestigio supone adquirir la verdad y la vida. En la senda de la fe en Dios, si creen no haber adquirido un estatus sustancial —si nadie los venera ni admira, si no son enaltecidos entre los demás y no tienen poder real—, se desaniman enormemente y creen que la fe en Dios carece de trascendencia y valor. “¿Desaprueba Dios mi forma de creer? ¿No he ganado la vida?”. Suelen calcular mentalmente estas cosas; planifican cómo conseguir un puesto en la casa de Dios o en el entorno en que se encuentren, cómo alcanzar una reputación elevada y cierto nivel de autoridad, cómo lograr que la gente los escuche y halague cuando hablen, cómo conseguir que haga lo que ellos digan; cómo pueden tener una opinión unilateral de las cosas y afirmar su presencia dentro de un grupo. Esto es lo que suelen pensar en su cabeza. Por esto se esfuerzan estas personas. ¿Por qué están pensando siempre en esas cosas? Tras oír la verdad, tras escuchar los sermones, tras leer las palabras de Dios, ¿realmente no entienden todo esto? ¿Realmente las palabras de Dios y la verdad no pueden cambiar sus nociones, ideas y opiniones? Este es un problema de la naturaleza y esencia de la gente.

Extracto de ‘Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (III)’ en “Desenmascarar a los anticristos”

Una de las características más obvias de la esencia de un anticristo es que son como déspotas dirigiendo su propia dictadura. No escuchan a nadie, desprecian a todos y, a sus ojos, lo que los demás dicen, hacen, las percepciones que tienen, sus puntos de vista, sus fortalezas; todo es inferior a ellos. Les parece que nadie es apto para participar en lo que ellos quieren hacer ni está capacitado para que se les consulte o para aportar sugerencias; ese es el tipo de carácter de un anticristo. Algunas personas dicen que esto es tener una humanidad pobre, pero ¿cómo va a ser eso sencillamente una humanidad pobre? Se trata de un carácter satánico absoluto; esta clase de carácter es sumamente feroz. ¿Por qué digo que su carácter es sumamente feroz? Los anticristos piensan en la obra de la casa de Dios, incluidos los intereses de la iglesia, como algo propio, como su propiedad personal que debe ser gestionada enteramente por ellos, sin que nadie interfiera. Y por tanto lo único que consideran cuando hacen la obra de la casa de Dios son sus propios intereses, su propio estatus y prestigio. Rechazan a cualquiera que, a sus ojos, sea una amenaza para su estatus y reputación. Los reprimen y los condenan al ostracismo; incluso excluyen y suprimen a las personas que son útiles y adecuadas para cumplir ciertos deberes especiales. No tienen la menor consideración hacia la obra e intereses de la casa de Dios. Si alguien puede resultar una amenaza para su estatus, no se somete a ellos o no les presta atención, entonces lo excluyen y lo mantienen a distancia. No le permiten cooperar con ellos, ni sobre todo le dejan desempeñar ningún papel de peso o tener una utilidad importante dentro de su ámbito de poder. No importa lo meritorio que sean los actos de estas personas o lo maravilloso que sea lo que hayan hecho por la casa de Dios, los anticristos lo ocultan, le restan importancia, no permiten que lo muestren delante de los hermanos y hermanas, y los mantienen ajenos a ello. Además, los anticristos sacan a menudo a relucir los defectos y corrupciones de esta gente entre los hermanos y las hermanas, dicen que son arrogantes, que arman un escándalo ya sea con personas o asuntos, que son susceptibles de vender los intereses de la casa de Dios, que ayudan a los de fuera en lugar de a los de la casa de Dios, que son ignorantes y cosas así. Buscan todo tipo de excusas con la intención de excluirlos y reprimirlos. De hecho, algunas de estas personas tienen una habilidad especial y otras alguna pequeña falta. En general, son aptos para cumplir con un deber, concuerdan con los principios propios de aquellos que cumplen un deber. Pero a ojos de un anticristo, su pensamiento es: “De ninguna manera voy a soportar esto. Quieres desempeñar un papel en mi campo de acción, quieres competir conmigo. Eso es imposible, ni lo pienses. Eres más competente que yo, más elocuente, ilustrado y popular que yo. ¿Qué haría yo si me robaran el protagonismo? ¿Quieres que obre a tu lado? ¡Ni lo sueñes!”. ¿Están considerando los intereses de la casa de Dios? No. En lo único que están pensando es en cómo preservar su propio estatus, y por eso prefieren dañar los intereses de la casa de Dios que usar a tales personas. Eso es exclusión.

Extracto de ‘Querrían que se les obedeciera solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (I)’ en “Desenmascarar a los anticristos”

La maldad de los anticristos tiene una característica principal: a continuación, compartiré con vosotros el secreto de cómo percibirla. En primer lugar, tanto su discurso como sus acciones te resultan insondables; no puedes leerlos. Cuando hablan contigo su mirada va de un lado a otro, y no puedes saber qué clase de plan están tramando. Incluso cuando parecen muy “sinceros” y “honestos”, te resulta imposible descifrarlos. Tienes una sensación particular en tu corazón, como si existiera una profunda sutileza en sus pensamientos, una profundidad insondable. Parecen reservados y extraños. Esta es la primera característica, y solo eso ya es una característica de la maldad. La segunda característica de la maldad de los anticristos es que hablan y se comportan de forma muy engañosa. ¿Dónde se puede observar este engaño? Se observa en el hecho de que son particularmente hábiles para captar la psicología de los demás, sus palabras suenan agradables y correctas; exponen teorías profundas y dicen las cosas adecuadas que a los demás les parecen aceptables desde el punto de vista de las emociones, la conciencia y razón y la ideología. Pero hay una cosa que debes discernir: todas esas cosas que dicen y que suenan tan bien no las cumplen personalmente. Supongamos, por ejemplo, que te dicen cómo ser una persona honesta, cómo orar cuando te enfrentas a un problema, o cómo dejar que Dios tome las riendas de tu vida; basta con fijarte en qué hacen ellos a la hora de enfrentarse a los problemas. Confían en sus propias ideas, en su propia opinión y en sus propias habilidades, se devanan los sesos, hacen esto o lo otro. Intentan por todos los medios que los demás hagan servicio para ellos, que se ocupen de sus propios asuntos. Lo que no hacen es orar a Dios. Además, hablan de boquilla respecto a cómo la gente debe aceptar y someterse a las orquestaciones y arreglos de Dios, pero al enfrentarse a sus propios problemas, lo primero que hacen es buscar una salida. No aceptan las orquestaciones y arreglos de Dios; lo que la gente observa es que no se someten en sus acciones, sino que tratan de buscar una salida. Este es el lado malvado de los anticristos, escondido tras su aspecto engañoso. A veces trabajan hasta altas horas de la noche o incluso renuncian a la comida y al sueño, pero cuando se enfrentan a un arreglo de la casa de Dios, no lo implementan ni lo ponen en práctica, ni tampoco aceptan la verdad. Otro de sus comportamientos se revela cuando los hermanos y hermanas expresan una opinión con la que no están de acuerdo; la rechazan de manera muy indirecta, y andan con rodeos. Te transmiten la sensación de que se toman muy en serio tu idea; la comunican y discuten con todo el mundo, pero al final tienes que hacer lo que ellos dicen. Harán lo necesario para invalidar las ideas de los demás, para que todos les sigan la corriente y hagan lo que ellos dicen. ¿Es esto buscar los principios-verdad? ¿Qué principio ponen en práctica? El de hacer que todo el mundo los escuche y se someta a ellos, y el de que escuchar a otros nunca sea mejor que escucharlos a ellos, que sus ideas son las mejores, las más elevadas, y ellos son la verdad y lo que dicen es absolutamente correcto. ¿Acaso no es esto maldad? La tercera característica de la maldad de un anticristo es que cada vez que dan testimonio de sí mismos —dando testimonio de su propio mérito, del precio que pagaron, de algunas cosas que hicieron bien de manera superficial y cualquiera puede ver, o de algunas cosas que pueden conllevar beneficios para otras— siempre acaban relatando todas estas cosas, y terminan diciendo algo particularmente espiritual, como: “Demos gracias a Dios; todo esto es Su obra”, haciéndote ver así que son muy capaces, al tiempo que pueden dar también testimonio de Dios, si bien en realidad solo están dando testimonio de sí mismos y convirtiendo a Dios en una nota a pie de página. No han dado el menor testimonio de Dios, sino que únicamente están utilizando esto como una oportunidad para dar testimonio de sí mismos. ¿Acaso no se trata esto de un truco astuto por parte de un anticristo? ¿Acaso no es esto malvado? Tomando como base estas tres cosas, se puede distinguir fácilmente a los anticristos.

Existe otra característica principal de los anticristos, que es también una de las expresiones primordiales de su malvado carácter y esencia. Ya estén escuchando sermones y comunicación, o participando en una reunión, independientemente de cómo otros hermanos y hermanas hablen sobre su conocimiento de sí mismos, sobre la aceptación de ser juzgados, castigados, tratados y podados, sobre el desempeño adecuado de los deberes, sobre la posición que corresponde a un ser creado y sobre dejar de lado sus ansias de bendiciones, ¿cuál es la actitud de los anticristos hacia esto? No importa cómo hablen los demás o cuántas personas comuniquen, los anticristos nunca alteran su motivación para buscar el estatus y las bendiciones. Por eso, cada vez que llevan trabajado cierto tiempo, hacen un recuento de sus acciones, de la contribución que han aportado a la casa de Dios y de los asuntos que gestionaron para los hermanos y hermanas. Siempre están haciendo cálculos subrepticios, haciendo recuento de las cosas dentro de su corazón, y regateando con Dios. ¿Por qué regatean por estas cosas? Porque, en el fondo de su corazón, desde un principio, el objetivo de su búsqueda y su fe siempre ha sido buscar bendiciones. Da igual cuántos años pasen escuchando sermones o cuánto coman y beban las palabras de Dios, nunca dejarán de lado su deseo ni su motivación para recibir bendiciones. Si les pides que sean un ser creado obediente y que acepten el mandato y los arreglos de Dios, dicen: “Esa no es la senda correcta, no es lo que debo buscar. Lo que anhelo es que, cuando haya luchado la batalla, cuando haya hecho el esfuerzo requerido y sufrido las dificultades necesarias, cuando haya hecho todo según las normas de Dios, qué clase de recompensa me concederá, si seré uno de los que Él mantenga, qué tipo de posición ocuparé en el reino de Dios y cuál será mi destino final”. No importa de qué manera comuniques con ellos, nunca podrás disipar esta motivación y anhelo que albergan. Son de la misma calaña que Pablo. ¿Acaso esta clase de maldad no alberga en su interior cierto tipo de carácter feroz?

Extracto de ‘Son malvados, insidiosos y mentirosos (II)’ en “Desenmascarar a los anticristos”

En cualesquiera circunstancias, los anticristos siempre creen que esta persona normal que es la encarnación de Dios es superflua, un obstáculo para llegar a conocer a Dios. Para sí, piensan: “En el momento en que los seres humanos se encuentran con Cristo, Él nos demuestra lo insignificantes y corruptos que somos en comparación. Hasta que no nos encontramos con Cristo, somos sumamente santos, pero en cuanto nos encontramos con Él nos sentimos muy insuficientes. Antes de encontrarnos con Cristo, entendemos muchas cosas y somos de gran estatura. Este Cristo es un problema demasiado grande”. Por eso creen que sería mejor limitarse a leer La Palabra manifestada en carne todo lo posible en su tiempo libre. Con independencia de los medios que empleen o de su situación, la principal manifestación de los anticristos es que tratan de negar hechos como la encarnación de Dios y que las palabras de boca de Cristo son la verdad. Es como si les diera alguna esperanza de salvación negar la esencia de Dios encarnado y el hecho de que las palabras de boca de Cristo son la verdad. En su naturaleza innata, los anticristos y la encarnación de Dios son tan radicalmente incompatibles como el fuego y el agua y no pueden reconciliarse. Lo que estos anticristos creen es: “Mientras Cristo siga existiendo, no habrá esperanza de que llegue mi día y correré el riesgo de ser condenado y eliminado, de ser destruido y castigado. Pero mientras este Cristo no haga declaraciones ni lleve a cabo Su obra y la gente no lo admire, hasta el punto de olvidarlo y relegarlo a un rincón de su mente, entonces tendré una oportunidad”. La naturaleza y esencia de los anticristos es que no pueden evitar aborrecer y detestar a Cristo; se comparan con Él en cuanto a talento y habilidad, y compiten con Él para ver quién pronuncia las palabras más poderosas y es más capaz. Al hacer lo mismo que Cristo, intentan mostrar a la gente que, aunque también es un ser humano, no tiene ni siquiera el talento ni la sabiduría de un ser humano normal. En todos los aspectos, los anticristos se enfrentan a Cristo y compiten con Él. En todos los aspectos, tratan de negar que Cristo es Dios, la encarnación del Espíritu de Dios y de la verdad. En todos los aspectos, se devanan los sesos para encontrar la manera de impedir que Cristo gobierne en medio de los hermanos y hermanas, de impedir que Sus palabras fructifiquen entre ellos y, asimismo, de impedir que se cumplan en ellos las cosas que Cristo hace, las palabras que pronuncia, Sus exigencias a las personas y las expectativas que tiene de ellas. Es como si, con Cristo presente, estos anticristos fueran a ser desechados y a convertirse en ese contingente de personas de la iglesia condenadas, abandonadas y arrinconadas en la oscuridad. A partir de todo tipo de manifestaciones, es evidente que los anticristos son, en esencia, tan profundamente contrarios a Cristo que son irreconciliables. Los anticristos nacen con el deseo de separarse de Cristo y de oponerse a Él, de derrotarlo y derribarlo, de hacer que la obra realizada por Él deje de existir, se vuelva insostenible y no pueda cumplirse entre los escogidos de Dios; sin importar qué obra esté llevando a cabo Cristo ni dónde esté obrando, desean verla totalmente devastada e infecunda. Sin embargo, cuando esto no va como desearían, las tinieblas y la depresión se instalan en su corazón; sienten que son tiempos oscuros y que nunca llegará su día. Se sienten desechados. ¿Demuestran estas manifestaciones de los anticristos que su esencia de oposición y enemistad hacia Dios es adquirida? (No). En ese caso, es innata. Por lo tanto, es imposible que los anticristos acepten la verdad, que toleren a Cristo. Visto desde fuera, no parece que hayan dicho o hecho nada, y además son capaces de poner su granito de arena y de pagar un precio con humildad. Ahora bien, en cuanto tienen la oportunidad, en el momento propicio, comienzan a surgir situaciones de incompatibilidad radical de los anticristos con Cristo y se hacen claramente visibles su guerra contra Dios y su ruptura con Él. Todas estas cosas han sucedido anteriormente en lugares con presencia de anticristos y han sido especialmente numerosas en estos años de la obra de Dios de los últimos días. Mucha gente las ha vivido de primera mano.

Extracto de ‘Desprecian la verdad, desacatan públicamente los principios e ignoran las disposiciones de la casa de Dios (IV)’ en “Desenmascarar a los anticristos”

Como crees en Dios, debes poner tu fe en todas Sus palabras y en toda Su obra. Es decir, como crees en Dios, debes obedecerle. Si no puedes hacerlo, entonces no importa si crees en Dios o no. Si has creído en Él muchos años, pero nunca le has obedecido y no aceptas todas Sus palabras, y, en cambio, le pides que se someta a ti y actúe según tus propias nociones, entonces eres el más rebelde de todos; eres un incrédulo. ¿Cómo podría una persona así obedecer la obra y las palabras de Dios, que no se ajustan a las nociones del hombre? Los más rebeldes de todos son los que intencionalmente desafían a Dios y se le resisten. Ellos son Sus enemigos y los anticristos. Su actitud siempre es de hostilidad hacia la nueva obra de Dios; nunca tienen la mínima disposición de someterse y jamás se han sometido o humillado de buen grado. Se exaltan a sí mismos ante los demás y nunca se someten a nadie. Delante de Dios, consideran que son los mejores para predicar la palabra y los más hábiles para obrar en los demás. Nunca desechan los “tesoros” que poseen, sino que los tratan como herencias familiares a las que adorar y las usan para predicar a los demás y sermonear a los necios que los idolatran. De hecho, hay una cierta cantidad de personas de este tipo en la iglesia. Se podría decir que son “héroes indómitos”, que, generación tras generación, residen temporalmente en la casa de Dios. Consideran que predicar la palabra (doctrina) es su tarea suprema. Año tras año y generación tras generación, se dedican vehementemente a hacer que su deber “sagrado e inquebrantable” se cumpla. Nadie se atreve a tocarlos; ni una sola persona se atreve a reprenderlos abiertamente. Se convierten en “reyes” en la casa de Dios y causan estragos mientras oprimen a los demás, era tras era. Este grupo de demonios busca unirse y derribar Mi obra; ¿cómo puedo permitir que estos demonios vivientes existan delante de Mis ojos? Ni siquiera quienes obedecen a medias pueden seguir hasta el final, ¡cuánto menos estos tiranos que no tienen ni una pizca de obediencia en su corazón! El hombre no obtiene fácilmente la obra de Dios. Aun si usaran toda su fuerza, las personas solo podrán obtener una porción, lo que, al final, les permitirá ser perfeccionados. ¿Qué sucede, entonces, con los hijos del arcángel que buscan destruir la obra de Dios? ¿No tienen acaso menos esperanza de ser ganados por Dios?

Extracto de ‘Los que obedecen a Dios con un corazón sincero, con seguridad serán ganados por Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿Cómo deben tratar los elegidos de Dios a los anticristos? Deben identificarlos, exponerlos, denunciarlos y expulsarlos. No importa cómo un anticristo haya alcanzado una posición de liderazgo, se trata invariablemente de alguien que se opone a Dios. No debes aceptar el liderazgo de un anticristo, y tampoco debes reconocerlo como tu líder, porque lo que hace no es guiarte a las palabras de Dios; quiere arrastrarte al infierno y llevarte por la misma senda de los anticristos por la que él camina. Hace que te unas a él para oponerte a Dios y alterar y destruir Su obra. Te arrastra y tira de ti para que te revuelques con él en el fango. ¿Lo vas a consentir? Si lo haces, si te comprometes con él, le suplicas misericordia o te conquista, entonces no has dado testimonio, eres una persona que traiciona tanto a la verdad como a Dios, y esas personas no pueden ser salvadas. ¿Cuáles son las condiciones que una persona debe cumplir para recibir la salvación? En primer lugar, debe poseer la capacidad de identificar a los anticristos satánicos; debe tener este aspecto de la verdad. Solo al poseer este aspecto de la verdad pueden creer genuinamente en Dios y abstenerse de adorar o seguir al hombre; solo las personas que pueden identificar a los anticristos tienen la capacidad de creer verdaderamente en Dios y seguirlo y dar testimonio de Él. Para identificar a los anticristos, las personas deben aprender primero a ver a la gente y las cosas con completa claridad y comprensión; deben ser capaces de percibir la esencia de los anticristos, y no deben dejarse engañar por todas sus conspiraciones, trucos, motivaciones internas y objetivos. Si pueden hacer esto, entonces pueden mantenerse firmes. Si quieren obtener la salvación, entonces la primera prueba que deben pasar es aprender cómo derrotar a Satanás y cómo superar y triunfar sobre las fuerzas hostiles y la interferencia del mundo exterior. Una vez que poseas estatura y la verdad suficiente para perseverar hasta el final en una batalla contra las fuerzas de Satanás, y las hayas derrotado, entonces, y solo entonces, podrás buscar la verdad de manera constante, y solo entonces podrás pisar con firmeza y sin percances el camino de la búsqueda de la verdad y recibir la salvación. Si no podéis pasar esta prueba, entonces se puede decir que estáis en gran peligro, podéis ser capturados por un anticristo y vivir bajo la influencia de Satanás. Es posible que en la actualidad haya algunos entre los líderes y obreros que obstaculicen, pongan trabas a las personas que buscan la verdad y sean sus enemigos. ¿Aceptáis esto? Hay algunos líderes y obreros que no se atreven a enfrentarse a este hecho ni a aceptarlo. En realidad, estas cosas sí existen en la iglesia, es solo que la gente no puede discernirlas. Si no puedes pasar esta prueba, la de los anticristos, entonces o te engañan y controlan los anticristos, o te hacen sufrir, te torturan, te expulsan, te suprimen y te abusan. En última instancia, tu pequeña y miserable vida no lo resistirá durante mucho tiempo y se marchitará; ya no tendrás fe en Dios y lo abandonarás, diciendo: “Dios no es siquiera justo; ¿dónde está Dios? No hay justicia ni luz en este mundo, y no existe la salvación de la humanidad por parte de Dios. ¡Podríamos pasarnos los días yendo a trabajar y ganando dinero!”. Niegas a Dios y ya no crees que exista; cualquier esperanza de obtener la salvación ha desaparecido por completo. Así que, si quieres llegar a donde se te puede conceder la salvación, la primera prueba que debes pasar es la de dejar al descubierto a Satanás, y también debes tener el coraje de levantarte, exponer y abandonar a Satanás. ¿Dónde está Satanás entonces? Está a tu lado y a tu alrededor; incluso podría estar viviendo dentro de tu corazón. Si estás viviendo en el carácter de Satanás, se puede decir que le perteneces. No puedes ver ni tocar al Satanás del reino espiritual, pero el Satán que existe en la vida práctica está en todas partes. Toda persona que odia la verdad es malvada, y todo líder u obrero que no acepta la verdad es un anticristo y una persona malvada. ¿Acaso no son esas personas como un Satanás viviente? Estas personas pueden ser las mismas que adoras y admiras; pueden ser las que te guían o las que has esperado, admirado, confiado y de las que has dependido en tu corazón durante mucho tiempo. De hecho, sin embargo, son obstáculos que se interponen en tu camino y te impiden obtener la salvación: son los anticristos. Pueden tomar el control de tu vida y de la senda que recorres, y pueden arruinar tu oportunidad de obtener la salvación. Si no los identificas y los descubres, en cualquier momento puedes caer en sus trampas o que te capturen y atrapen. Por lo tanto, te encuentras en gran peligro.

Extracto de ‘Excluyen y atacan a quienes buscan la verdad’ en “Desenmascarar a los anticristos”

Anterior: 117. Principios para identificar a falsos líderes y obreros

Siguiente: 119. Principios para identificar a los fariseos

El fin de todas las cosas se está acercando, ¿quieres saber cómo el Señor recompensará el bien, castigará el mal y determinará el fin de cada uno? Bienvenido a contactarnos para descubrir la respuesta.

Contenido relacionado

Ajustes

  • Texto
  • Temas

Colores lisos

Temas

Fuente

Tamaño de fuente

Interlineado

Interlineado

Ancho de página

Índice

Buscar

  • Buscar en este texto
  • Buscar en este libro