11. Principios de vivir antes Dios

(1) Cada día es preciso comer y beber un pasaje o párrafo de las palabras de Dios, buscar y orar inmerso en ellos y conversar sinceramente con Él.

(2) Hay que saber buscar la verdad en todo lo que se afronte, orar a Dios y alcanzar la quietud ante Él, con una senda de práctica de la verdad.

(3) Es preciso llevar a cabo el deber en pacífica cooperación con los demás y estando sometido a la verdad. Ante las dificultades hay que presentarse ante Dios y buscar la verdad para resolverlas.

(4) Hay que aceptar el escrutinio de Dios en todo, reflexionar sobre si las palabras, las actitudes y los actos propios concuerdan con la verdad y llegar a conocerse realmente a uno mismo.

(5) Es preciso seguir el camino de Dios volcando en ello el corazón y el pensamiento, llegar a temer a Dios, evitar el mal y actuar según los principios. Esto es vivir ante Dios.

Las palabras relevantes de Dios:

Debes ir a menudo ante Dios, comer y beber Sus palabras, reflexionar sobre ellas y aceptar la guía y la disciplina que Él te dé. Debes poder someterte a todos los ambientes, personas, cosas y asuntos que Dios ha dispuesto para ti, y en lo que se refiere a los asuntos que no puedes comprender muy bien, debes orar frecuentemente al tiempo que buscas la verdad; sólo entendiendo la voluntad de Dios puedes encontrar un camino hacia delante. Debes tener reverencia hacia Dios y llevar a cabo con cuidado lo que debes hacer; debes estar a menudo en paz ante Dios y no ser disoluto. Por lo menos, cuando algo te pase, tu primera reacción debe ser calmarte y, de inmediato, orar. Al orar, esperar y buscar lograrás entender la voluntad de Dios. Esta es una actitud que muestra reverencia hacia Dios, ¿no es así? Si en lo profundo de ti veneras a Dios, te sometes a Él y puedes estar en silencio ante Él y comprender Su voluntad, entonces al cooperar y practicar de esta manera puedes ser protegido. No te encontrarás con la tentación ni harás cosas que interrumpan la obra de gestión de Dios y tampoco irás tan lejos como para provocar Su odio. Con un corazón temeroso de Dios, tendrás temor de ofenderlo; en el momento en el que te topes con la tentación, vivirás ante Él, temblando de miedo y con la esperanza de que podrás someterte a Él en todas las cosas y satisfacerlo. Sólo practicando de esta forma, viviendo frecuentemente en ese estado y estando frecuentemente en paz ante Dios podrás distanciarte de la tentación y el mal sin siquiera tener que pensar en ello.

Extracto de ‘Solo si se vive constantemente ante Dios se puede caminar por la senda hacia la salvación’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Si en su creencia en Dios las personas no viven frecuentemente ante Él, entonces no serán capaces de tener ninguna reverencia a Dios y, por ello, serán incapaces de rehuir el mal. Estas cosas están conectadas. Si a menudo vives ante Dios en el fondo, serás mantenido a raya y temerás a Él en muchas cosas. No irás demasiado lejos ni harás nada disoluto, ni harás nada que sea detestado por Dios y no pronunciarás palabras insensatas. Si aceptas el escrutinio de Dios y Su disciplina, evitarás hacer muchas cosas malvadas. De esta forma, ¿acaso no habrás rehuido el mal? Si, en tu creencia en Dios, a menudo te encuentras en un estado de desconcierto, sin saber si Él está en tu corazón, sin saber lo que deseas hacer en el fondo, y si no eres capaz de estar en paz delante de Dios y no oras o no buscas la verdad cuando algo te ocurre, si a menudo actúas de acuerdo con tu propia voluntad, vives de acuerdo con tu carácter satánico y revelas tu carácter arrogante, y si no aceptas el escrutinio de Dios o Su disciplina y no te sometes, entonces las personas así en el fondo siempre vivirán delante de Satanás y estarán controladas por Satanás y su carácter satánico. Por tanto, tales personas no tienen la más mínima reverencia por Dios. Simplemente son incapaces de rechazar el mal y, aún si no hacen cosas malvadas, todo lo que piensan sigue siendo malvado y no está conectado con la verdad y va en contra de esta. Entonces, en esencia ¿esas personas no tienen conexión con Dios? Aunque son gobernadas por Él, nunca han rendido cuentas ante Dios; nunca han tratado a Dios como tal, nunca lo han tratado como el Creador que rige sobre ellos; nunca han reconocido que Dios es su Dios y su Señor, y nunca han considerado adorarlo con todas sus ganas. Tales personas no entienden lo que significa temer a Dios y piensan que tienen el derecho de hacer el mal. Dicen: “Haré lo que me plazca. Me haré cargo de mis propios asuntos; no le incumbe a nadie más”. Al mismo tiempo, consideran la fe en Dios como una especie de mantra, como una forma de ceremonia. ¿Acaso esto no los hace incrédulos? ¡Son incrédulos! ¿Y cómo llama Dios a estas personas en Su corazón? Todo lo que piensan a lo largo del día es malvado. Son los degenerados de la casa de Dios, y Él no reconoce a esas personas como miembros de Su casa.

Extracto de ‘Solo si se vive constantemente ante Dios se puede caminar por la senda hacia la salvación’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

En el transcurso de un día, ¿cuántas horas pasas auténticamente ante Dios? ¿Cuánto de tu día se le da realmente a Dios? ¿Cuánto se le da a la carne? Tener el corazón orientado siempre hacia Dios es el primer paso para estar en la senda correcta de ser perfeccionado por Él. Si puedes dedicar tu corazón, tu cuerpo y todo tu amor verdadero a Dios, ponerlos delante de Dios, serle completamente obediente y ser absolutamente considerado con Su voluntad, no por la carne, no por la familia y no por tus propios deseos personales, sino por los intereses de la casa de Dios, tomando la palabra de Dios como el principio y fundamento de todo, entonces, al hacer esto, todas tus intenciones y perspectivas estarán en el lugar correcto y serás una persona ante Dios que recibe Sus elogios. A Dios le gustan las personas que son absolutas con Él, las que le son leales únicamente a Él. Aquellos a quienes Dios aborrece son los que son tibios con Él y se rebelan contra Él. Aborrece a quienes creen en Él, y siempre quieren disfrutarle, pero luego son incapaces de erogarse completamente por Él. Aborrece a quienes afirman amarlo, pero se rebelan contra Él en sus corazones; aborrece a quienes usan palabras pomposas y elocuentes para engañar. Los que no tienen una dedicación genuina a Dios o no se han sometido de verdad a Él son personas traicioneras, demasiado arrogantes por naturaleza. Los que no pueden ser auténticamente sumisos ante el Dios normal y práctico son incluso más arrogantes, y ellos en especial son la progenie obediente del arcángel. Las personas que se erogan de verdad por Dios ponen todo su ser ante Él, se someten genuinamente a todas Sus declaraciones y son capaces de poner en práctica Sus palabras. Hacen de las palabras de Dios el fundamento de su existencia, y son capaces de buscar con sinceridad en las palabras de Dios para averiguar qué partes practicar. Así es la gente que vive realmente ante Dios.

Extracto de ‘Aquellos que de verdad aman a Dios son los que pueden someterse completamente a Su practicidad’ en “La Palabra manifestada en carne”

Hoy, todos aquellos que no pueden aceptar el escrutinio de Dios no pueden recibir Su aprobación, y aquellos que no conocen a Dios encarnado no pueden ser perfeccionados. Mira todo lo que haces y ve si puede ser llevado delante de Dios. Si no puedes llevar delante de Dios todo lo que haces, esto muestra que eres un hacedor de maldad. ¿Pueden los hacedores de maldad ser perfeccionados? Todo lo que haces —cada acción, cada intención y cada reacción— debe ser llevado delante de Dios. Incluso tu vida espiritual diaria —tus oraciones, tu cercanía con Dios, cómo comes y bebes las palabras de Dios, tu comunicación con tus hermanos y hermanas y tu vida dentro de la iglesia, además de tu servicio en colaboración— puede ser llevado delante de Dios para Su escrutinio. Es esta práctica la que te ayudará a crecer en la vida. El proceso de aceptar el escrutinio de Dios es el proceso de la purificación. Cuanto más puedas aceptar el escrutinio de Dios, más eres purificado y más estás de acuerdo con la voluntad de Dios, de modo que no serás atraído hacia el libertinaje y tu corazón vivirá en Su presencia. Cuanto más aceptes Su escrutinio, mayor es la humillación de Satanás y tu capacidad de abandonar la carne. Así pues, la aceptación del escrutinio de Dios es una senda de práctica que las personas deben seguir. No importa lo que hagas, incluso cuando tienes comunión con tus hermanos y hermanas, si llevas tus actos delante de Dios y tienes como meta obedecer a Dios mismo; esto hará que tu práctica sea mucho más correcta. Solo si llevas todo lo que haces delante de Dios y aceptas Su escrutinio, puedes ser alguien que vive en la presencia de Dios.

Extracto de ‘Dios perfecciona a quienes son conforme a Su corazón’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿De qué manera escudriña Dios el corazón de las personas? No solo mira con Sus ojos, además te prepara ambientes, te toca el corazón con Sus manos. ¿Por qué digo esto? Porque cuando Dios establece un ambiente para ti, Él se fija en si sientes aversión y repulsión, o bien gozo y obediencia. Dios se fija en si esperas con calma o buscas la verdad, en cómo cambia tu corazón y hacia qué dirección está creciendo. Dios es capaz de sentirlo todo, ya sean los cambios en tu corazón, cada uno de tus pensamientos e ideas acerca de las personas, sucesos y cosas que te prepara, y cualquier cambio en tus sentimientos. No le has contado a nadie nada de esto ni has orado por ello. Solo has pensado en esas cosas en tu corazón, en tu propio mundo, pero Dios las conoce bien, y para Él están tan claras como el agua. La gente te mira con sus propios ojos, pero Dios te toca el corazón con el Suyo; así de cerca está de ti. Si eres capaz de sentir que Dios te está escudriñando, entonces estás viviendo ante Él. Si no sientes nada, entonces es que vives en tu propio mundo, y en ese caso tienes un problema. No vives ante Dios, hay una gran distancia entre Él y tú, estás lejos de Dios, vuestros corazones no están cerca, no se tocan, y no aceptas Su escrutinio. Él también lo sabe, lo percibe con claridad. Así, cuando tienes determinación y propósito, deseas ser perfeccionado por Dios y llegar a ser alguien que sigue Su voluntad, lo teme y rechaza el mal. En cuanto poseas esta determinación, ores con frecuencia y pidas tales cosas, en cuanto estés viviendo ante Dios y no lo evites ni lo dejes, dichas cosas te quedarán claras, y Él será consciente de ello. Algunas personas dicen: “Yo lo tengo claro; ¿es Dios consciente de ello?”. Son palabras sin credibilidad. Decir eso demuestra que nunca te has comunicado con Dios y que no existe relación entre tú y Él. ¿Por qué digo esto? Porque no vives ante Dios, y por lo tanto no tienes la sensación de que Dios esté o no contigo, te esté guiando, te esté protegiendo y te reprenda cuando haces algo mal. Si no puedes sentir nada de esto, entonces no estás viviendo ante Dios. Si solo piensas en ti mismo, y estás absorto en ti, entonces es que vives en tu propio mundo, no ante Dios, y por lo tanto no existe relación entre Dios y tú.

Extracto de ‘Si no puedes vivir siempre delante de Dios, eres un incrédulo’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

No es sencillo entrar en la realidad-verdad. La clave es centrarse en buscar la verdad y ponerla en práctica. Has de tener estas cosas en tu corazón cada día. Independientemente de los problemas a los que te enfrentes, no protejas siempre tus propios intereses; más bien, aprende a buscar la verdad y a reflexionar sobre ti mismo. No importa qué corrupciones se revelen en ti, no puedes soltarlas sin control; es mejor si puedes reflexionar y reconocer tu esencia corrupta. Si en las situaciones cotidianas tus pensamientos se centran en cómo resolver tu carácter corrupto, en cómo practicar la verdad y en qué son los principios-verdad, entonces serás capaz de aprender a utilizar la verdad para resolver tus problemas de acuerdo con las palabras de Dios. Al hacerlo, entrarás poco a poco en la realidad. Si tu mente está llena de pensamientos sobre cómo alcanzar una posición superior, o qué hacer frente a los demás para que te admiren, estás en el camino equivocado. Significa que estás haciendo cosas para Satanás; están prestando servicio. Si tu mente está llena de pensamientos sobre cómo cambiar para ser cada vez más como un ser humano, estar de acuerdo con las intenciones de Dios, ser capaz de someterte a Él y venerarlo, y aceptar Su escrutinio en todo lo que hagas, entonces tus condiciones mejorarán cada vez más. Esto es lo que significa ser alguien que vive ante Dios. Así, existen dos caminos: uno meramente enfatiza el comportamiento, satisfacer las ambiciones, deseos, intenciones y planes propios; esto es vivir ante Satanás y bajo su campo de acción de Satanás. El otro camino enfatiza cómo satisfacer la voluntad de Dios, entrar en la realidad-verdad, someterse a Dios y no tener ninguna idea equivocada ni desobediencia hacia Él, para venerar a Dios y cumplir con el propio deber. Esto es lo que significa vivir ante Dios.

Extracto de ‘Solo al practicar la verdad se puede poseer una humanidad normal’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

En vuestra vida diaria, cuando experimentáis la obra de Dios y le oráis, lo hacéis con descuido: oráis a Dios mientras trabajáis. ¿Puede llamarse esto dar vuestro corazón a Dios? Estáis pensando en los problemas del hogar o en asuntos de la carne; siempre estáis entre dos aguas. ¿Puede considerarse esto aquietar vuestro corazón en presencia de Dios? Esto se debe a que tu corazón siempre se fija en los asuntos externos, y no puede regresar ante Dios. Si queréis tener vuestro corazón realmente en paz ante Él, entonces debéis hacer la obra de cooperación consciente. Es decir, cada uno de vosotros debe dedicar un tiempo para vuestras devociones, un momento en el que apartáis a todas las personas, asuntos u objetos, calmáis vuestro corazón y guardáis silencio ante Dios. Todo el mundo debería tomar notas devocionales, registrar su conocimiento de la palabra de Dios y cómo se les conmueve el espíritu, independientemente de que sea profundo o superficial, todos deben acallar sus corazones ante Dios de manera consciente. Si puedes dedicar una o dos horas cada día a una vida espiritual verdadera, tu vida durante ese día se sentirá enriquecida y tu corazón será brillante y claro. Si vives esta clase de vida espiritual a diario, entonces tu corazón podrá volver a estar más en posesión de Dios, tu espíritu se volverá cada vez más fuerte, tu condición mejorará constantemente, podrás recorrer mejor la senda por la que guía el Espíritu Santo, y Dios te concederá más bendiciones. El propósito de vuestra vida espiritual es obtener conscientemente la presencia del Espíritu Santo. No consiste en observar reglas o celebrar rituales religiosos, sino en actuar verdaderamente en sintonía con Dios y disciplinar realmente vuestro cuerpo. Esto es lo que el hombre debe hacer; así que debéis hacerlo esforzándoos al máximo. Cuanto mejor sea tu cooperación y cuanto más esfuerzo pongas en ello, más podrá tu corazón volver a Dios y mejor podrás aquietarlo ante Él. Llegado cierto punto, Dios ganará por completo tu corazón. Nadie podrá influir en tu corazón ni capturarlo, y pertenecerás completamente a Dios. Si sigues esta senda, entonces la palabra de Dios se te revelará en todo momento y te esclarecerá en todo lo que no entiendas; todo esto puede lograrse mediante tu cooperación. Por esta razón, Dios siempre dice: “A todos los que actúan en sintonía conmigo, Yo los recompensaré el doble”. Debéis ver esta senda con claridad. Si deseáis seguir la senda correcta, debéis hacer todo lo que podáis para satisfacer a Dios. Debéis hacer todo lo posible por alcanzar una vida espiritual. Al principio, es posible que no logres grandes resultados en tu búsqueda, pero no debes permitirte dar marcha atrás ni regodearte en la negatividad: ¡debes seguir trabajando duro! Cuanto más vivas una vida espiritual, más ocupado estará tu corazón por las palabras de Dios, siempre preocupado por estos asuntos, siempre llevando esta carga. Después de eso, revela tu verdad más íntima a Dios a través de tu vida espiritual; dile lo que estás dispuesto a hacer, lo que estás pensando, tu entendimiento y tu opinión acerca de Su palabra. ¡No escondas nada; ni lo más mínimo! Practica comunicarle las palabras de tu corazón a Dios y revelarle tus verdaderos sentimientos. Si está en tu corazón, entonces dilo a toda costa. Cuanto más hables de esa manera, más sentirás la hermosura de Dios, y tu corazón se aferrará más a Él. Cuando esto ocurra, sentirás que Dios es más querido para ti que cualquier otra persona. Pase lo que pase, nunca te apartarás de Su lado. Si practicas esta clase de devoción espiritual a diario y no lo sacas de tu mente, sino que lo consideras algo de gran importancia en tu vida, la palabra de Dios ocupará tu corazón. Esto es lo que significa ser tocado por el Espíritu Santo. Será como si Dios hubiera poseído siempre tu corazón, como si aquello que amas estuviera siempre en tu corazón. Nadie puede quitarte esto. Cuando esto ocurra, Dios vivirá realmente en tu interior y tendrá un lugar en tu corazón.

Extracto de ‘Una vida espiritual normal guía a las personas por el camino correcto’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿Cómo puede mantener la gente una relación con Dios? ¿Y en qué debe ampararse para ello? En suplicar a Dios, en orar a Dios y en comunicarse con Dios en su interior. Con una relación así, la gente vive constantemente ante Dios y está muy tranquila. Algunos se pasan el tiempo realizando acciones externas, ocupados en tareas externas. Tras uno o dos días sin vida espiritual, no notan nada; transcurridos tres o cinco días, o uno o dos meses, siguen sin notar nada; no han orado, suplicado ni tenido comunión espiritual. Suplicas cuando te ocurre algo y le pides a Dios que te ayude, te guíe, te provea, te dé esclarecimiento y te permita entender Su voluntad y saber qué hacer con arreglo a la verdad. El alcance de la oración es más amplio: a veces hablas en tu interior para contarle a Dios tus dificultades o tu negatividad y debilidad; y también oras a Dios cuando eres rebelde, o le hablas de las cosas que te suceden cada día, las tengas claras o no. Esto es orar. El alcance de la oración es, básicamente, hablar y abrirse a Dios. Algunas veces se hace con un horario regular, y otras no; puedes orar cuando y donde quieras. La comunión espiritual no es excesivamente formal. Unas veces la haces porque tienes un problema; otras, no. A veces contiene palabras; otras veces, no. Cuando tienes un problema, lo hablas con Dios y oras; cuando no tienes ningún problema, piensas en cómo Dios ama a la gente, en cómo se preocupa por ella y en cómo la reprende. Puedes tener comunión con Dios en cualquier momento o lugar. Esto es la comunión espiritual. En ocasiones, cuando estás por ahí y recuerdas algo que te molesta, no tienes que arrodillarte ni cerrar los ojos. Solo tienes que decirle a Dios dentro de ti: “Oh, Dios mío, te ruego que me guíes en esto. Soy débil, no puedo con ello”. Tu corazón se conmueve; no dices más que unas sencillas palabras y Dios ya sabe. A veces, es posible que extrañes tu hogar y digas: “¡Oh, Dios mío! Extraño mucho mi hogar…”. No dices a quién extrañas en concreto. Simplemente estás triste y le hablas de ello a Dios. Los problemas solamente pueden solucionarse cuando oras a Dios para decirle lo que sientes. ¿Es posible resolver los problemas hablando con otras personas? Está bien si encuentras a alguien que comprenda la verdad, pero, si no —si te encuentras con alguien negativo y débil—, podrías influirle. Si le hablas a Dios, Él te consolará y conmoverá. Si eres capaz de leer las palabras de Dios tranquilamente ante Él, podrás comprender la verdad y solucionar el problema. En las palabras de Dios hallarás un camino que te permitirá dejar atrás este pequeño obstáculo. No tropezarás con el obstáculo, que no te frenará ni repercutirá en tu cumplimiento del deber. Hay momentos en que, de pronto, te sientes algo triste o inquieto en tu interior. En esas ocasiones, no dudes en orar a Dios. Tal vez no le supliques, no desees que haga nada ni que te dé esclarecimiento; tan solo le hablas y te abres a Él en cualquier momento, estés donde estés. ¿Qué debes sentir en todo momento? “Dios siempre está conmigo, nunca me ha abandonado y puedo sentirlo. Allá donde esté o haga lo que haga —esté descansando, en una reunión o cumpliendo con el deber—, dentro de mí sé que Dios me lleva de la mano, que nunca me ha abandonado”. De vez en cuando, al recordar cómo has pasado cada día de los últimos años, notas que has crecido en estatura, que Dios te ha guiado, que el amor de Dios te ha protegido todo el tiempo. Mientras piensas en estas cosas, oras en tu interior para dar gracias a Dios: “¡Oh, Dios mío! ¡Gracias! Soy muy débil y frágil, hondamente corrupto. Si no me hubieras guiado de este modo, no habría llegado hasta aquí por mí mismo”. ¿Esto no es comunión espiritual? Si la gente es a menudo capaz de tener comunión de esta manera, ¿no tendrá mucho que decirle a Dios? No pasaría muchos días sin decirle algo a Dios. Cuando no tienes nada que decirle a Dios, Él está ausente de tu corazón. Si Dios está en tu corazón y tienes fe en Él, podrás contarle todo lo que sientas, incluidas esas cosas de las que les hablarías a tus confidentes. De hecho, Dios es tu máximo confidente. Si consideras a Dios tu máximo confidente, el familiar en quien más te apoyas, en el que más confías, del que más te fías, al que más te abres, el más cercano, entonces será imposible que no tengas nada que decirle a Dios. Si siempre tienes algo que decirle a Dios, ¿no vivirás constantemente ante Él? Si eres capaz de vivir constantemente ante Dios, en todo momento notarás cómo Él te guía, cómo te cuida y protege, cómo te brinda paz y gozo, cómo te bendice, cómo te da esclarecimiento y cómo te reprende, disciplina, corrige, juzga y castiga; todo esto te resultará obvio y evidente dentro de ti. No te limitarás a ir tirando cada día sin saber nada, solo diciendo que crees en Dios, cumpliendo con el deber y asistiendo a reuniones nada más que por las apariencias, leyendo las palabras de Dios y orando a diario, actuando por simple inercia: sencillamente, no harás este tipo de ceremonia religiosa externa. Por el contrario, en tu interior acudirás a Dios para orarle en todo momento, te comunicarás con Dios a todas horas y serás capaz de someterte a Él y de vivir ante Él.

Extracto de ‘Si no puedes vivir siempre delante de Dios, eres un incrédulo’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Si durante un tiempo experimentas ante Dios y llegas a entender Su obra y Su carácter, obtendrás inconscientemente mucho entendimiento y tu estatura aumentará gradualmente. Entenderás mejor muchas cosas espirituales y, en particular, tendrás más clara Su obra. Aceptarás las palabras de Dios, la obra de Dios, cada acción de Dios, el carácter de Dios y lo que Dios es y tiene como tu propia vida. Si lo único que haces es vagar por el mundo, tus alas se volverán cada vez más duras y te resistirás a Dios incluso más; ¿cómo puede entonces Dios utilizarte? Al haber en ti demasiado del aspecto “tal como yo lo veo”, Dios no puede utilizarte. Cuanto más estés en la presencia de Dios, más experiencias tendrás. Si sigues en el mundo como una bestia, profesando con la boca creer en Dios, pero con el corazón en otro lugar, y si sigues estudiando las filosofías mundanas para la vida, ¿no habrán sido en vano todas tus labores previas? Por tanto, cuanto más estén las personas en presencia de Dios, con mayor facilidad serán perfeccionadas por Él. Esta es la senda por la cual el Espíritu Santo hace Su obra. Si no entiendes esto, será imposible que emprendas el camino correcto e impensable que seas perfeccionado por Dios. No serás capaz de tener una vida espiritual normal; serás como un discapacitado, solo tendrás tu propio esfuerzo y nada de la obra de Dios. ¿No es esto un error en tu experiencia? No tienes que necesariamente orar para estar en la presencia de Dios; en ocasiones, estás en Su presencia al contemplarlo o al reflexionar sobre Su obra, o al lidiar con alguna situación y, a veces, mediante la revelación que recibas en un acontecimiento. La mayoría de las personas preguntan: “Si oro con frecuencia, ¿no estoy en presencia de Dios?”. Muchos oran sin cesar “en presencia de Dios”. Pero aunque las plegarias estén en su boca, estas personas no viven realmente en presencia de Dios. Este es el único medio por el cual tales personas pueden mantener su condición en presencia de Dios; son completamente incapaces de usar el corazón para relacionarse con Él en todo momento ni de venir ante Él mediante la experiencia, ya sea a través de la meditación, la contemplación silenciosa o utilizando la mente para relacionarse con el Dios que llevan dentro en el corazón, siendo conscientes de Su carga. Estas personas le ofrecen solo de palabra oraciones a Dios en el cielo. El corazón de la mayoría está despojado de Dios y Él solo está allí cuando las personas se acercan a Él; pero la mayor parte del tiempo Dios no está allí en absoluto. ¿No es esto señal de no tener a Dios en el corazón? Si realmente tuvieran a Dios en el corazón, ¿podrían hacer lo que hacen ladrones o bestias? Si una persona venera realmente a Dios, pondrá su verdadero corazón en contacto con Él, y sus pensamientos e ideas siempre estarán ocupados por Sus palabras. No cometerá errores ni en su discurso ni en sus acciones y no hará nada que claramente se oponga a Dios. Tal es la norma para ser un creyente.

Extracto de ‘Sobre la experiencia’ en “La Palabra manifestada en carne”

En su fe, si la gente desea alcanzar la salvación, el meollo del asunto es si tiene temor de Dios y si Él tiene un lugar en su corazón. Si tu corazón es incapaz de vivir ante Él o si no existe relación normal entre tú y Dios, entonces jamás serás salvo. Tu senda de salvación será bloqueada; habrás llegado a un callejón sin salida. Tu creencia en Dios será inútil si solo es de nombre; no importará de cuánta doctrina puedas hablar o cuánto hayas sufrido, ni lo grandes que sean tus dones materiales. Dios dirá: “Apártate de Mí, hacedor del mal”. Serás clasificado como un hacedor del mal. No tienes ninguna conexión con Dios; Él no es tu Soberano, no es tu Creador, no es tu Dios, no es el Único a quien adoras y el Único al que sigues. Sigues a Satanás y a los demonios. Eres tu propio amo. Al final, personas como vosotros serán eliminadas, detestadas, rechazadas y castigadas por Dios. Él no salva a esas personas. Solo cuando las personas aceptan que Dios es su Señor y Soberano, solo cuando aceptan que Él es la verdad, la fuente del camino y la vida del hombre y solo cuando todo lo que hagan y cada senda por la que caminen esté conectada con la verdad, con Dios, con someterse ante Él y con seguir Su camino, solo entonces serán salvos. De lo contrario, serán condenados por Dios. ¿Está bien que la gente espere tener suerte? ¿Es válido que siempre se acojan a sus propias nociones? ¿Es bueno que se aferren constantemente a imaginaciones vagas y abstractas? (No). No creas que puedes tener suerte; si quieres alcanzar la salvación en tu fe en Dios, no hay otra senda que tomar. […]

No importa qué te apasione después de haber escuchado estos sermones; al fin y al cabo, la única senda correcta es la que te hace temer a Dios y evitar el mal. Si crees en Dios, pero tu fe no tiene nada que ver con Él, si Él no es tu Señor ni es tu Creador, si no aceptas que Él es el Soberano de tu destino, si no te sometes a todo lo que Él ha dispuesto para ti, si no aceptas el hecho de que Él es la verdad, entonces tu sueño de salvación está hecho añicos. Si caminas por esta senda, entonces estás en la senda de la destrucción. Supongamos que en lo que te enfocas, lo que buscas y por lo que oras y suplicas cada día te causa un sentimiento creciente de que debes someterte al Creador, de que Dios es tu Señor. Y supongamos que aceptas y obedeces de buena gana Su soberanía y orquestación hacia ti, te sometes cada vez con más alegría a lo que Dios dispone para ti, tu condición se vuelve cada vez más normal, tu relación con Dios se hace cada vez más estrecha, tu amor por Él cada vez más puro, y entonces tienes cada vez menos deseos extravagantes, quejas y malentendidos hacia Dios, cometes cada vez menos maldad, la rechazas cada vez más, y tu temor hacia Dios se vuelve cada vez más auténtico. ¿Qué significaría esto entonces? Significaría que has puesto un pie en la senda de la salvación. Si piensas que no hay nada malo en lo que buscas, y que la senda que estás siguiendo es la correcta, pero entonces, después de toda tu búsqueda, no has sido disciplinado por Dios y no puedes sentir Su juicio y castigo, no quieres ser examinado por Él y deseas ser tu propio jefe, entonces esta no es la senda correcta. Si, cuanto más buscas, mayor es tu sensación de que debes vivir ante Dios en cada momento, y tienes miedo de hacer un día algo equivocado, de que en cuanto no tengas cuidado puedas ofender a Dios y meterte en problemas, y entonces seguramente seas abandonado por Él, y que no hay nada más aterrador que esto; y sientes que cuando la gente cree en Dios no debe alejarse de Él, y que si se alejan de Su disciplina, trato, poda, juicio y castigo, entonces será igual que perder el cuidado y la protección de Dios; si te das cuenta de estas cosas, entonces orarás a Dios y dirás: “¡Oh, Dios! Te ruego que me juzgues y castigues, que me reprendas y disciplines, que me escudriñes en todo momento, que me concedas reverencia hacia Ti y me hagas rechazar el mal”. ¿Qué piensas de esta senda? Esta es la senda correcta. Por lo tanto, debéis evaluaros con este criterio: ¿Estáis en la senda de la salvación? (No). ¿Es fácil ir por la senda de la salvación? (Debemos ampararnos en Dios para que nos guíe). Debéis ampararos en Dios y también depende de vuestra colaboración. Si, tras oír este mensaje, creéis que aún tenéis que tomar la senda hacia la salvación, pero no os preocupa ni os importa y creéis que antes o después llegará el día en que sí os importe; si veis así las cosas, tendréis problemas para ir por la senda de la salvación. ¿Qué has de decidir, entonces, para poder tomar esta senda? Debes decir: “No he tomado la senda de la salvación, ¡así que estoy en peligro! Dios dice que la gente debe vivir ante Él en todo momento, que debe orar más, que en lo más profundo ha de estar en paz y no ser impetuosa. Debería empezar a practicar inmediatamente de esta manera”. Esto es casi estar en el camino correcto, ¿no? ¡Es exactamente así de simple! Los que ponen en práctica las palabras de Dios en cuanto las oyen son los que aman la verdad. ¿Qué clase de gente sigue siendo terca, indiferente y apática después de oír Sus palabras, se las toma con una actitud frívola y deja que le entren por un oído y le salgan por el otro? ¿No está despistada? La gente siempre pregunta si hay atajos para alcanzar la salvación por medio de la fe. Os digo que no y os he hablado de una senda muy sencilla, pero si después de oír hablar de ella continuáis sin ponerla en práctica, entonces no sabéis qué es bueno o malo. ¿Pueden salvarse unas personas así? (No). No puede decirse que no se salvarán de ningún modo, pero sin duda encontrarán grandes dificultades. Un día podrían despertarse, recapacitar sobre las cosas y decir: “No me he tomado en serio mi fe en Dios todos estos años; pide que la gente viva ante Él en todo momento, pero yo no lo hago. ¡Debo darme prisa en orar!”. Están alarmados y se dan cuenta de que deben empezar a comprometerse correctamente, ¡y no es demasiado tarde! Sin embargo, no esperéis a que la vejez os deje inmóviles y ya no tengáis energía para poneros a buscar; perder un tiempo idóneo en cosas sin importancia, sencillamente, no vale la pena. En su momento no tendréis destino ni resultado ¡y no habrá tiempo de arrepentirse por haber perdido el mejor momento para alcanzar la salvación!

Extracto de ‘Solo si se vive constantemente ante Dios se puede caminar por la senda hacia la salvación’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

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