58. Principios de vivir la vida de iglesia

(1) Es necesario leer mucho de las palabras de Dios. A través de ellas, se debe comunicar el testimonio de la experiencia de conocerse a uno mismo y practicar la verdad, y apoyar y proveerse los unos a los otros.

(2) También es necesario entrenarse para cumplir con el deber. En el cumplimiento de este, es preciso llegar a conocer la propia corrupción y aprender a someterte a la verdad, trabajar en armonía con los demás y vivir con semejanza humana.

(3) Es necesario aceptar ser podado y tratado; hay que buscar la verdad y conocerse a uno mismo, purificando así la propia corrupción. Practicar de esta manera es el mayor beneficio para progresar en la vida.

(4) Hay que basar todos los asuntos en la palabra de Dios, no en las emociones o filosofías para vivir. Tener principios en tus tratos con los demás. Amarse los unos a los otros, y supervisar y ayudar a los demás.

Las palabras relevantes de Dios:

Al seguir a Dios, todo debería ser según Sus palabras actuales, y esto es de vital importancia: ya sea que estéis buscando la entrada a la vida o el cumplimiento de la voluntad de Dios, todo se debería centrar alrededor de las palabras actuales de Dios. Si lo que comunicas y lo que buscas no se centra alrededor de las palabras actuales de Dios, entonces eres un extraño a Sus palabras y careces por completo de la obra del Espíritu Santo. Lo que Dios quiere son personas que sigan Sus pasos. No importa qué asombroso y puro sea lo que hayas entendido antes, Dios no lo quiere y si no puedes hacer a un lado esas cosas, entonces, en el futuro, serán un enorme obstáculo para tu entrada. Todos los que pueden seguir la luz actual del Espíritu Santo son benditos. Las personas en el pasado también siguieron los pasos de Dios, pero no pudieron continuar hasta hoy; esta es la bendición de las personas de los últimos días. Los que pueden seguir la obra actual del Espíritu Santo y que pueden seguir los pasos de Dios, de tal manera que lo sigan dondequiera que Él los guíe, estas son las personas a las que Dios bendice. Los que no siguen la obra actual del Espíritu Santo, no han entrado en la obra de las palabras de Dios y, no importa cuánto se esfuercen o cuán grande sea su sufrimiento o cuánto vayan de aquí para allá, esto no significa nada para Dios y Él no los elogiará. En la actualidad, todos los que siguen las palabras actuales de Dios están en la corriente del Espíritu Santo; los que son ajenos a las palabras actuales de Dios están fuera de la corriente del Espíritu Santo y a tales personas Dios no las elogia.

Extracto de ‘Conoce la nueva obra de Dios y sigue Sus huellas’ en “La Palabra manifestada en carne”

Entrar al entrenamiento del reino quiere decir comenzar la vida del pueblo de Dios, ¿estás dispuesto a aceptar tal entrenamiento? ¿Estás dispuesto a sentir una sensación de urgencia? ¿Estás dispuesto a vivir bajo la disciplina de Dios? ¿Estás dispuesto a vivir bajo el castigo de Dios? Cuando las palabras de Dios vengan a ti y te prueben, ¿cómo actuarás? Y ¿qué harás cuando te enfrentes con toda clase de hechos? En el pasado, tu enfoque no era en la vida; hoy, debes enfocarte en entrar en la realidad-vida y buscar los cambios en tu carácter de vida. Esto es lo que debe lograr el pueblo del reino. Todos los que son del pueblo de Dios deben tener vida, deben aceptar el entrenamiento del reino y deben buscar los cambios en su carácter de vida. Esto es lo que Dios exige del pueblo del reino.

Las exigencias que Dios le hace al pueblo del reino son las siguientes:

1. Deben aceptar las comisiones de Dios. Es decir, deben aceptar todas las palabras que se hablan en la obra de Dios de los últimos días.

2. Deben entrar en el entrenamiento del reino.

3. Deben buscar que Dios haya tocado sus corazones. Cuando tu corazón se haya vuelto por completo a Dios, y tengas una vida espiritual normal, vivirás en el reino de la libertad, lo que quiere decir que vivirás bajo el cuidado y la protección del amor de Dios. Solo cuando vivas bajo el cuidado y la protección de Dios le pertenecerás a Dios.

4. Deben ser ganados por Dios.

5. Se deben convertir en una manifestación de la gloria de Dios en la tierra.

Estos cinco puntos son Mis comisiones para vosotros. Mis palabras son dichas al pueblo de Dios, y si no estás dispuesto a aceptar estas comisiones, Yo no te obligaré, pero si verdaderamente las aceptas, entonces serás capaz de hacer la voluntad de Dios. En la actualidad, comenzáis a aceptar las comisiones de Dios y a buscar convertiros el pueblo del reino y a alcanzar los estándares que se exigen para ser el pueblo del reino. Este es el primer paso para la entrada. Si quieres hacer la voluntad de Dios por completo, entonces debes aceptar estas cinco comisiones y, si las puedes lograr, vivirás según al corazón de Dios y con toda seguridad Dios hará un gran uso de ti. Lo que es crucial hoy es entrar al entrenamiento del reino. La entrada al entrenamiento del reino supone la vida espiritual. Antes, no se hablaba de la vida espiritual, pero ahora, al emprender la entrada al entrenamiento del reino, entras oficialmente a la vida espiritual.

Extracto de ‘Conoce la nueva obra de Dios y sigue Sus huellas’ en “La Palabra manifestada en carne”

La necesidad de tener una vida de iglesia adecuada se menciona a menudo en los sermones. Entonces, ¿por qué no ha mejorado aún la vida de la iglesia, y sigue siendo la misma cosa antigua? ¿Por qué no hay una forma de vida completamente nueva y diferente? ¿Podría ser normal que una persona de los años noventa viva como un emperador de una era pasada? Aunque lo que la gente come y bebe ahora puedan ser exquisiteces raramente degustadas en eras anteriores, no se han producido cambios importantes en la vida de la iglesia. Ha sido como poner vino viejo en odres nuevos. ¿Cuál es, pues, la utilidad de que Dios diga tanto? En la mayoría de los lugares, las iglesias no han cambiado en absoluto. Lo he visto con Mis propios ojos, y está claro en Mi corazón; aunque no he experimentado la vida de la iglesia por Mí mismo, conozco las condiciones de sus reuniones como la palma de Mi mano. No han progresado mucho. Y esto se remonta al dicho: es como poner vino viejo en odres nuevos. ¡Nada ha cambiado! Cuando alguien los está pastoreando, arden como el fuego, pero cuando no hay nadie ahí para apoyarlos, son como un bloque de hielo. No muchos pueden hablar de cosas prácticas, y muy raramente puede alguien tomar el timón. Aunque los sermones son excelsos, rara vez alguien ha conseguido la entrada. Pocas personas aprecian la palabra de Dios. Se llenan de lágrimas cuando aceptan la palabra de Dios, se alegran cuando la dejan de lado y, cuando se apartan de ella, se vuelven insípidos y deficientes. Hablando con franqueza, sencillamente no apreciáis la palabra de Dios, y nunca consideráis las palabras de Su propia boca hoy como un tesoro. Solo os inquietáis cuando leéis Su palabra y os sentís extenuados cuando la memorizáis y, cuando se trata de ponerla en práctica, es como tratar de girar la manija de la bomba de un pozo jalándola con un pelo de la cola de un caballo: sin importar cuánto lo intentéis, simplemente no podéis darle la vuelta con suficiente fuerza. Siempre os fortalecéis cuando leéis la palabra de Dios, pero sois olvidadizos al practicarla. De hecho, no es necesario pronunciar estas palabras con meticulosidad ni repetirlas tan pacientemente; pero el hecho de que las personas se limitan a escucharla, sin poner en práctica la palabra de Dios, se ha convertido en un obstáculo para Su obra. No puedo dejar de sacar el tema, no puedo dejar de hablar de ello. Estoy obligado a hacerlo así; no es que Yo disfrute al dejar al descubierto las debilidades de los demás. ¿Pensáis que vuestra práctica es más o menos adecuada, que cuando las revelaciones están en su apogeo, vuestra entrada también lo está? ¿Es tan simple? ¡Nunca examináis el fundamento sobre el cual están edificadas definitivamente vuestras experiencias! A partir de este momento, vuestras reuniones no pueden calificarse de vida de iglesia apropiada en absoluto, ni constituyen una vida espiritual adecuada en lo más mínimo. Es, simplemente, la reunión de un grupo de personas que disfrutan conversar y cantar. Estrictamente hablando, no hay mucha realidad en ello. Para dejarlo más claro: si no practicas la verdad, ¿dónde está la realidad? ¿Acaso no es jactancia afirmar que tienes la realidad? Los que siempre llevan a cabo obras son arrogantes y engreídos, mientras que los que siempre obedecen se mantienen callados, con la cabeza baja, sin ninguna oportunidad para entrenarse. Las personas que hacen la obra no hacen nada más que hablar; hablan sin parar con sus discursos resonantes, y los seguidores solo escuchan. No hay transformación de la que hablar; ¡todas estas son solo formas del pasado! Que seas hoy capaz de someterte y no te atrevas a interferir ni a comportarte como te plazca se debe a la llegada de los decretos administrativos de Dios; no es un cambio que hayas alcanzado a través de la experiencia. El hecho de que ya no te atrevas a hacer algunas cosas que violan los decretos administrativos hoy se debe a que la obra de Dios de las palabras ha tenido un claro efecto y ha conquistado a las personas. Le pregunto a alguien: ¿Cuánto de lo conseguido hoy ha sido con el sudor de tu propio esfuerzo? ¿Cuánto de ello te lo dijo Dios directamente? ¿Cómo responderías? ¿Te quedarías estupefacto y sin palabras? ¿Por qué otros son capaces de hablar sobre muchas de sus experiencias actuales para proveerte sustento, mientras tú te limitas a disfrutar de las comidas que otros han cocinado? ¿No te sientes avergonzado?

Extracto de ‘La persona que alcanza la salvación está dispuesta a practicar la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

En la situación normal de la vida de iglesia, los hermanos y hermanas deben poder compartir las palabras de Dios libremente y sin restricciones; poder compartir su perspectiva, comprensión y experiencia, además de sus dificultades. Por supuesto, pueden criticar y dejar en evidencia a los líderes de la iglesia, expresar sus opiniones y brindar, asimismo, ayuda y consejo. Pueden hacer todas estas cosas libremente, y deberían ser normales y no estar controladas por ninguna persona. La casa de Dios tiene exigencias, reglamentos y principios relativos a cómo los hermanos y hermanas deben hablar, actuar y comportarse, así como para las relaciones normales con el prójimo y demás áreas de la vida de iglesia. Estas cosas no las decide nadie. En su modo de actuar, a los hermanos y hermanas no les hace falta tener en cuenta la mirada ajena, recibir órdenes ni estar bajo el control de nadie. No hay veleta ni piloto, lo único con lo que la gente puede encontrar el rumbo y que ha de obedecer son los principios comunicados por la casa de Dios y Sus palabras. Si siempre te ves limitado por los demás y prestas atención a su mirada; si cuando hablas y ves que alguien te mira mal, tiene el ceño fruncido y está descontento, no te atreves a decir nada; si siempre te cohíben los demás cuando compartes las palabras de Dios, tu comprensión y tus perspectivas, nunca te sientes a gusto y no puedes hacer las cosas según los principios; si las palabras, la reputación, la expresión o el tono de alguien y los recordatorios punzantes de sus palabras se transforman en tus principios, entonces estás controlado por un clan encabezado por esa persona. Esto es un problema. Este tipo de vida de iglesia y esta situación no son la manera en que se manifiesta el orden normal de la iglesia. Los líderes y obreros deben dar la cara y resolver estas cosas, pero los hermanos y hermanas también tienen la responsabilidad y el derecho de proteger el orden normal de la iglesia. Deben parar, delatar y analizar a aquellos que interrumpen y perturban, forman camarillas y controlan a la gente, y negarse a dejarse convencer y controlar para que no surjan camarillas en la iglesia por ningún motivo. Por ejemplo, en la iglesia no deben formarse camarillas por la riqueza ni utilizarse la edad, el sexo, el estatus social, el nivel educativo, el aspecto, el nivel de buena y mala humanidad, etc., como criterios y excusas para distinguir entre rangos, jerarquías o grupos. Las divisiones de jerarquías y rangos bajo cualquier pretexto y la aparición de camarillas en la iglesia interrumpen y perturban el orden normal de esta. Son problemas que los líderes y obreros deben resolver. En resumen, por el motivo que sea, si se forman clanes, facciones o grupos, adquieren cierto poder y afectan y perturban la vida de iglesia y su orden normales, hay que parar y frenar este tipo de situaciones y se puede llegar a segregar y purgar a sus participantes. Este es el trabajo que deben llevar a cabo los líderes y obreros cuando surjan camarillas en la vida de iglesia y la responsabilidad que han de cumplir. ¿Qué hay que entender aquí? Si un grupo de personas se convierte en una fuerza en la iglesia, es capaz de resistirse y oponerse a sus líderes, al trabajo de la casa de Dios y a las palabras de Dios, y puede perturbar y destruir el orden normal de la vida de iglesia, hay que frenar y encarar dicha conducta, dichos actos y asuntos. ¿Se diferencian las camarillas por su número de integrantes? Una persona no cuenta como camarilla, pero dos o más, sí. Si dos personas se llevan bien, pero no molestan a la iglesia en modo alguno, no hace falta preocuparse por ellas; sin embargo, tan pronto como perturben, constituyan una fuerza y vayan a actuar, hay que pararlas y frenarlas. Este es el principio.

Extracto de ‘Cómo identificar a los falsos líderes (13)’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

En las palabras de Dios vemos que para salvarnos y transformarnos, Él no solo hace unas pocas muestras de obra que aportan un anticipo o profecía, y finalizan cuando la obra está hecha, tampoco altera la conducta externa de las personas. En cambio, empezando por las más hondas profundidades de nuestro corazón y por nuestro carácter y nuestra misma esencia, Él quiere cambiarnos a cada uno de nosotros, transformarnos en el origen. Dado que así es cómo obra Dios, ¿cómo deberíamos actuar hacia nosotros mismos? Deberíamos asumir la responsabilidad por nuestro carácter, por lo que buscamos y por todo lo que hacemos, tomárnoslo en serio, no ser poco rigurosos en nada, y poder someter a escrutinio todos los aspectos de nuestro comportamiento. Cada vez que termines de hacer algo, las partes que piensas haber hecho correctamente deben ser también sometidas a escrutinio; y, más aún, la parte que crees haber hecho mal, también debe ser sometida a escrutinio. Esto requiere que los hermanos y hermanas pasen más tiempo comunicando juntos, investigando y ayudándose unos a otros. Mientras más comuniquemos, más luz entrará en nuestros corazones; Dios nos esclarecerá entonces respecto a todos los asuntos. Si ninguno de nosotros habla, sino que todos nos encubrimos para quedar bien, con la esperanza de dejar una buena impresión en la mente de los demás, y queriendo que piensen bien de nosotros y no se burlen, entonces no tendremos medio de crecer. Si siempre te encubres para dar buena impresión, no crecerás y vivirás para siempre en la oscuridad. Además, será imposible que te transformes. Si deseas cambiar, debes pagar el precio, exponer todo lo que haces y abrir tu corazón a los demás, y al hacerlo te beneficiarás tanto a ti mismo como a otras personas. Cuando alguien dice: “¿Por qué no cuentas algunas cosas sobre tus experiencias recientes?”, nadie habla de problemas de esencia, nadie se examina meticulosamente ni se expone. Cuando las personas hablan de palabras y doctrinas, nadie tiene el menor problema; pero cuando hablan sobre conocerse a sí mismos, nadie dice nada. Estas personas que tienen poco conocimiento de sí mismas no se atreven tampoco a ponerlo de manifiesto; no tienen el valor necesario. ¿Qué es lo que acaba pasando? Cuando las personas están juntas, se adulan mutuamente. Nadie está dispuesto a presentar su verdadero rostro para que todos lo analicen y lo conozcan. Una vez que se ha desarrollado una situación así, ¿se puede tener una auténtica vida de iglesia? No. Algunas personas afirman: “He experimentado la vida de iglesia durante muchos años y, siempre me siento satisfecho, siento el disfrute en todo momento. En las reuniones, oramos y cantamos cánticos de alabanza, todos nos sentimos tan conmovidos que las lágrimas corren por nuestras mejillas. A veces nos sentimos tan conmovidos que empezamos a sudar, y todos los hermanos y hermanas cantan y bailan. ¡Nuestra iglesia es tan maravillosa! Cuando comemos y bebemos las palabras de Dios, sentimos que Él nos habla a lo más profundo de nuestro corazón. Cuando comunicamos, todos nos sentimos llenos de energía”. ¿Cuál es el resultado de experimentar así la vida de iglesia durante diez años aproximadamente? Nadie se centra en ser honesto, nadie se analiza a sí mismo, nadie comparte su verdadero estado con sus hermanos y hermanas ni sus motivaciones internas y su corrupción. Esos aproximadamente diez años de vida en la iglesia se han vivido en vano, simplemente los han pasado cantando y bailando en medio de los sentimientos y el denominado “disfrute” de las personas. ¿De dónde proceden el disfrute y la felicidad de las personas? Me atrevo a afirmar que no es lo que Dios desea ver ni lo satisface, porque lo que Él quiere ver son cambios en las personas y que vivan realmente las palabras que Él pronuncia. No desea verte con el himnario en la mano, cómo cantas o bailas para alabarlo durante las reuniones, o cómo te sientes especialmente ferviente, Él no desea ver estas cosas. Al contrario, cuando Dios las ve, se siente afligido y desconsolado, y muy ansioso, porque ha pronunciado millones y millones de palabras, pero ninguna se ha puesto en práctica ni ha vivido en vosotros. Esto es lo que preocupa a Dios. Con frecuencia, después de haber experimentado vida de iglesia. Cuando te sientes un tanto feliz y en paz, y cuando tienes una sensación de disfrute y consuelo o te sientes de algún modo espiritualmente pleno al alabar a Dios, piensas que lo has hecho muy bien en lo que concierne a tu fe. Sigues aferrándote a estas falsas imágenes y las consideras tu capital; cosas que has obtenido en tu fe; y las usas como sustitutos por cambios de carácter y la entrada a la senda de la salvación. Entonces te parece que ya no necesitas buscar la verdad o ser honesto, no intentas exponerte ni poner las palabras de Dios en práctica. Por esa razón, Dios se preocupa profundamente por ti.

Extracto de ‘La práctica verdaderamente fundamental de ser una persona honesta’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Este es el tipo de ambiente que hay que tener dentro de la iglesia, con todos enfocados en la verdad y esforzándose por alcanzarla. Da igual lo jóvenes o mayores que sean, si son creyentes veteranos o no, o cuál sea su capacidad. En lo que tienes que fijarte es en qué personas hablan correctamente, qué personas se expresan conforme a la verdad, cuáles piensan en los intereses de la casa de Dios y cuáles tienen Su obra en el corazón, quién tiene un buen entendimiento de las cosas positivas, comparte un sentido de justicia y está dispuesto a pagar el precio. Sus hermanos y hermanas deben apoyar y aplaudir a estas personas. Este ambiente de rectitud que proviene de la búsqueda de la verdad debe prevalecer dentro de la iglesia; de esta manera, tendrás la obra del Espíritu Santo, y Dios te otorgará bendiciones y guía. Si el ambiente que prevalece en la iglesia es el de contar historias, montar escándalos y guardarse rencor unos a otros, tenerse celos y discutir unos con otros, entonces el Espíritu Santo ciertamente no obrará en vosotros. Tener conflictos unos contra otros y pelearse en secreto, engañar, embaucar y conspirar, ¡ese es un ambiente de maldad! Si tal ambiente prevalece dentro de la iglesia, entonces el Espíritu Santo ciertamente no realizará Su obra. El Señor Jesús dijo un versículo al respecto. ¿Recordáis cuál era? (“Además os digo, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” [Mateo 18:19-20].). Esta es la verdad. Dios hace lo que dice. Si vas contra Su voluntad y no haces lo que Él dice, entonces será distante contigo. Por tanto, siempre te fijarás en las faltas de los demás y te centrarás en lo que te desagrada de otros, te enfocarás constantemente en el hecho de que les desagradas a los demás. Esto causará problemas. Si el Espíritu Santo no obra en ti, si Dios no te bendice o guía, si dependes únicamente de tu propia fuerza, dones y habilidades, entonces nada de lo que hagas estará bien hecho, nada concordará con la voluntad de Dios y, por mucho que trabajes, será un desperdicio de energía. Aprenderéis esto poco a poco a través de la experiencia. Debéis ser unánimes en todo lo que hagáis. ¿Y cómo podéis ser unánimes? Debéis practicar la verdad; solo entonces podréis afianzaros como un fajo de leña: todos unidos y unánimes.

Extracto de ‘Para tener semejanza humana has de cumplir con tu deber adecuadamente, con todo tu corazón, mente y alma’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Cuando llegan a la iglesia y asumen sus obligaciones, y antes de ser tratados o podados, están todos muy susceptibles, quieren tener la última palabra sobre las cosas. Piensan para sí: “Ahora que creo en Dios, tengo derechos y libertad en la iglesia, así que actuaré como me parezca”. Al final, una vez que han pasado por una ronda de ser tratados y podados y han sido disciplinados, y una vez que se ha comunicado con ellos la verdad y han escuchado los sermones, ya no se atreven a comportarse de esta manera. En realidad, no están completamente arraigados; solo saben un poco de cómo funcionan las cosas y tienen una pizca de sentido común. Cuando otros dicen cosas que están justificadas, pueden reconocer su corrección y, aunque no las entiendan bien, pueden aceptarlas. ¿No están entonces mucho más arraigados que antes? El hecho de que sean capaces de aceptar estas cosas demuestra que su comportamiento ha sufrido algunos cambios. ¿Cómo se han producido estos cambios? Han surgido debido a la exhortación e impulso de las palabras de Dios, así como al consuelo de las mismas. A veces, estas personas necesitan algo de disciplina, ser tratadas y podadas, así como un poco de comunicación sobre los principios, que se les diga que una cosa debe hacerse de cierta manera y no de otra. “Hay que aceptar la verdad. Está ahí a la vista. ¿Quién se atrevería a objetar?”, se preguntan. En la casa de Dios, Dios es grande, la verdad es grande y la verdad reina; este fundamento teórico ha despertado a algunas personas y les ha permitido entender de qué se trata tener fe en Dios. Consideremos a alguien que en principio era bárbaro y disoluto, completamente desenfrenado e ignorante de las reglas, de la creencia en Dios, de la casa de Dios y de los principios de cumplir con el deber en esta. Cuando tal persona llega a la casa de Dios sin saber nada, con buenas intenciones y entusiasmo, rebosante de grandes aspiraciones y esperanzas, y allí es motivada y exhortada, regada y alimentada, tratada y podada por las palabras de Dios, si además es castigada, disciplinada, probada y refinada una y otra vez, entonces, poco a poco, se producirán algunos cambios en su humanidad. ¿Qué cambios son esos? Alcanza a comprender algo de los principios de la conducta humana y llega a saber que, en el pasado, carecía claramente de semejanza humana; era bárbara, arrogante y se le subían humos a la cabeza; hablaba y actuaba sin principios y no sabía buscar la verdad; pensaba que tener fe en Dios era una simple cuestión de hacer lo que Dios le pidiera e ir donde Él dijera, con un vigor bárbaro; y, además, esa persona creía que eso era lealtad y amor a Dios. Ahora, esta persona niega todas esas cosas y sabe que son los comportamientos de Satanás, y que los creyentes en Dios deben prestar atención a Sus palabras y honrar la grandeza de la verdad, cediendo a Su soberanía en todas las cosas. En resumen, en teoría y en lo más profundo de su corazón, todas las personas han comprendido, reconocido y aceptado que estas palabras son correctas, que son la verdad, la realidad de las cosas positivas, sin importar lo profundamente que se hayan arraigado estas palabras en sus corazones ni el gran papel que hayan desempeñado. Después, tras someterse a un cierto grado de castigo y disciplina intangible, surge en su conciencia una medida de fe verdadera. Desde sus imaginaciones iniciales y vagas de Dios a los sentimientos que tienen ahora, que hay un Dios y es bastante real; una vez que la gente ha tenido estos sentimientos en su fe en Dios, entonces sus pensamientos y puntos de vista, su manera de ver las cosas y las normas morales, así como su forma de pensar, comienzan a cambiar poco a poco.

Extracto de ‘Solo si se corrigen las propias nociones es posible tomar el buen camino de la fe en Dios (3)’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

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