3. De si la comprensión del conocimiento bíblico y de la teoría teológica implica que se comprende la verdad y se conoce a Dios

Las palabras relevantes de Dios:

Muchas personas se aferran a leer las palabras de Dios día tras día, incluso hasta el punto de comprometerse meticulosamente a memorizar todos los pasajes clásicos en ellas como su posesión más valiosa; y, además, predican las palabras de Dios en todas partes, proveyendo y ayudando a los demás con las palabras de Dios. Piensan que hacer esto es dar testimonio de Dios, dar testimonio de Sus palabras; que hacer esto es seguir el camino de Dios, vivir según Sus palabras, traerlas a su vida actual, y que esto les permitirá recibir el elogio de Dios y ser salvos y perfeccionados. Pero, aunque prediquen las palabras de Dios, nunca las cumplen en la práctica ni tratan de alinearse con lo revelado en ellas. En su lugar, utilizan las palabras de Dios para ganarse la adoración y la confianza de los demás con engaños, para entrar en gestión por su cuenta, y para defraudar y robarse la gloria de Dios. Esperan, en vano, aprovechar la oportunidad que les proporciona difundir las palabras de Dios para que se les adjudiquen la obra de Dios y Sus elogios. Cuántos años han pasado, y estas personas no solo han sido incapaces de obtener el elogio de Dios en el proceso de predicar Sus palabras, sino que, también, han sido incapaces de descubrir el camino que deben seguir en el proceso de dar testimonio de las palabras de Dios. No solo no se han ayudado a sí mismos ni han provisto para sí mismos en el proceso de ayudar y proveer a otros con las palabras de Dios ni han sido capaces de conocer a Dios —o de despertar en ellos una veneración genuina hacia Él— en el proceso de llevar a cabo todas estas cosas, sino que, por el contrario, sus malinterpretaciones sobre Dios son cada vez más profundos, su falta de confianza en Él es cada vez más grave, y sus imaginaciones sobre Él son cada vez más exageradas. Provistos y guiados por sus teorías acerca de las palabras de Dios, parece como si estuviesen completamente en su elemento, como si emplearan sus habilidades con gran facilidad, como si hubiesen encontrado su propósito en la vida, su misión, y como si hubiesen obtenido nueva vida y hubiesen sido salvos; como si, al salir las palabras de Dios nítidamente de su boca cual recitación, hubiesen adquirido la verdad, comprendido las intenciones de Dios y descubierto el camino para conocerlo; como si, en el proceso de predicar las palabras de Dios, se hubiesen encontrado frecuentemente cara a cara con Él. También, con frecuencia se ven “movidos” a tener ataques de llanto y, a menudo dirigidos por el “Dios” que está en las palabras de Dios, parecen aferrarse incesantemente a Su ferviente preocupación y Su amable intención; al mismo tiempo parecen haber comprendido la salvación del hombre por parte de Dios y Su gestión, haber llegado a conocer Su esencia, y haber entendido Su justo carácter. Con base en esto, parecen creer aún más firmemente en la existencia de Dios, ser más conscientes de Su estado elevado y sentir aún más profundamente Su grandeza y trascendencia. Impregnados del conocimiento superficial de las palabras de Dios, parecería que su fe ha crecido, que su determinación a resistir el sufrimiento se ha fortalecido y que su conocimiento de Dios se ha profundizado. Poco se imaginan que, hasta que experimenten realmente las palabras de Dios, todo su conocimiento de Él y sus ideas sobre Él surgen de sus propias imaginaciones y conjeturas ilusorias. Su fe no se sostendría bajo ninguna clase de prueba proveniente de Dios, su supuesta espiritualidad y su supuesta estatura simplemente no soportarían la prueba o la inspección por parte de Dios; su determinación no es sino un castillo edificado sobre la arena, y su supuesto conocimiento de Dios no es más que un producto de su imaginación. En realidad, estas personas que han puesto, por así decirlo, mucho esfuerzo en las palabras de Dios, nunca han sido conscientes de lo que es la fe real, la obediencia real, la preocupación real o el conocimiento real de Dios. Toman la teoría, la imaginación, el conocimiento, el don, la tradición, la superstición e, incluso, los valores morales de la humanidad y los convierten en “capital” y en “armamento” para creer en Dios y seguirlo, y los convierten, incluso, en la base para tener fe en Dios y seguirlo. Al mismo tiempo, toman este capital y este armamento y los convierten en talismanes mágicos mediante los cuales conocen a Dios y para afrontar y tratar con las inspecciones, las pruebas, el castigo y el juicio de Dios. Al final, lo que obtienen siguen siendo solo conclusiones acerca de Dios inmersas en connotaciones religiosas, supersticiones feudales y en todo lo que es romántico, grotesco y enigmático. Su forma de conocer y definir a Dios está grabada en el mismo molde que el de las personas que solo creen en el Cielo Arriba o en el Viejo que está en el Cielo, mientras que la realidad de Dios, Su esencia, Su carácter, Sus posesiones, Su ser, etcétera, —todo lo relacionado con el verdadero Dios mismo— son cosas que su conocimiento no ha logrado captar, de las que su conocimiento está completamente divorciado e, incluso, tan separado de ellas como los polos norte y sur.

Extracto de ‘Conocer a Dios es la senda para temer a Dios y apartarse del mal’ en “La Palabra manifestada en carne”

¿Cuál era la principal manifestación de hipocresía de los fariseos? Que solo estudiaban detenidamente las Escrituras y no buscaban la verdad. Cuando leían las palabras de Dios, no oraban ni buscaban; en cambio, estudiaban las palabras de Dios, lo que Dios había dicho y hecho, y entonces convertían Sus palabras en una especie de teoría, en una doctrina que enseñaban a los demás. Esto significa estudiar detenidamente las palabras de Dios. ¿Y por qué lo hacían? ¿Qué estudiaban detenidamente? Bajo su punto de vista, esas no eran las palabras de Dios, no eran las manifestaciones de Dios, y ni mucho menos la verdad, sino más bien una modalidad de erudición. Dicha erudición, para ellos, debía ser transmitida, difundida, y esta habría sido la única manera de difundir el camino de Dios y el evangelio. A eso llamaban “predicar” y el sermón que predicaban era teología.

[…] Los fariseos consideraban la teología y la teoría que dominaban como una especie de saber, un instrumento para condenar a las personas y evaluar si tenían razón o no. Lo llegaron a utilizar con el Señor Jesús; así fue como lo condenaron. Su valoración de las personas y su manera de tratarlas nunca se basaron en su esencia ni en si tenían o no razón en lo que decían, y menos aún en la fuente o procedencia de sus palabras. Condenaban y evaluaban a la gente basándose exclusivamente en palabras y doctrinas inflexibles que dominaban. Por ello, aunque estos fariseos sabían que lo que hacía el Señor Jesús no era pecado ni contravenía la ley, lo condenaron igualmente, pues lo que Él decía parecía estar reñido con el saber y la erudición que ellos dominaban y con la teoría teológica que explicaban. Y los fariseos no querían soltar el control de estas palabras y frases, se aferraban a este saber y no se desprendían de él. ¿Cuál fue el único resultado posible al final? No quisieron reconocer que el Señor Jesús era el Mesías que habría de llegar ni que había verdad en lo que Él decía, y menos todavía que lo que Él hacía estaba en consonancia con la verdad. Condenaron al Señor Jesús con acusaciones sin fundamento, pero en realidad, dentro de sí, ¿sabían si eran legítimos estos pecados por los que lo condenaron? Lo sabían. Entonces, ¿por qué, pese a ello, lo condenaron de ese modo? (No querían creer que fuera posible que el todopoderoso Dios que tenían presente fuera el Señor Jesús, esta imagen de un Hijo del hombre corriente). No querían aceptar este hecho. ¿Y cuál era la naturaleza de su negativa a aceptarlo? ¿No había en esto un intento de razonar con Dios? Lo que querían decir era: “¿Sería capaz Dios de hacer eso? Si Dios se hubiese encarnado, debería haber nacido, sin duda, de un linaje distinguido. Es más, debe aceptar la tutela de los escribas y fariseos, adquirir este saber y leer mucho las Escrituras. Solo cuando tenga este saber podrá adoptar el tratamiento de ‘encarnación’”. Creían, en primer lugar, que Tú no tienes esta capacidad, por lo que no eres Dios; en segundo lugar, que sin este saber no puedes llevar a cabo la obra de Dios, y menos aún ser Dios; en tercer lugar, que no puedes obrar fuera del templo: ahora no estás en el templo, siempre estás entre pecadores, así que el trabajo que haces trasciende el alcance de la obra de Dios. ¿En qué basaron su condena? En las Escrituras, en el pensamiento del hombre y en la formación teológica que habían recibido. Henchidos de nociones, imaginaciones y saber, creían que este era correcto, que era la verdad, el fundamento, y Dios no podía contravenir nunca estas cosas. ¿Buscaban la verdad? No. Lo que buscaban eran sus nociones, imaginaciones y experiencias, y trataban de utilizarlas para definir a Dios y determinar si tenía razón o no. ¿Cuál fue el resultado final de esto? Que condenaron la obra de Dios y lo crucificaron.

Extracto de ‘Son malvados, insidiosos y mentirosos (III)’ en “Desenmascarar a los anticristos”

¿Por qué se ha circunscrito al “cristianismo” a las personas religiosas que creen en el Señor? ¿Por qué son clasificadas actualmente como un grupo religioso y no como la casa de Dios, la iglesia de Dios, el objeto de la obra de Dios? Tienen un dogma, recopilan la obra realizada por Dios y las palabras que dijo en un libro y en materiales didácticos, y luego abren escuelas para iniciar y formar a todo tipo de teólogos. ¿Estudian la verdad estos teólogos? (No). Entonces, ¿qué estudian? El saber teológico, que no tiene nada que ver con la obra de Dios ni con las verdades que dice Dios. Al hacerlo, se circunscriben al cristianismo. ¿Qué defiende el cristianismo? Si vas a una iglesia, te preguntarán cuánto hace que crees en Dios, y cuando digas que acabas de empezar, no te harán caso. Sin embargo, si entras Biblia en mano y dices “me acabo de graduar en tal o cual seminario teológico”, te pedirán que tomes asiento en el sitial. Esto es el cristianismo. Todos esos que están en el púlpito han estudiado Teología, se han formado en un seminario y están en posesión de conocimientos y teorías teológicos; son, básicamente, el pilar del cristianismo. El cristianismo los forma para que prediquen en el púlpito, para que vayan de un sitio a otro evangelizando y trabajando. Piensan que el valor del cristianismo radica en personas tan capacitadas como estos estudiosos de la teología, estos pastores y teólogos que predican sermones; son su capital. Si el pastor de una iglesia se graduó de un seminario, explica bien las Escrituras, ha leído algunos libros espirituales y tiene algo de conocimiento y facilidad de palabra, entonces la iglesia prospera y tiene una reputación mucho mejor que otras iglesias. ¿Qué defienden estas personas pertenecientes al cristianismo? El saber. ¿Y de dónde viene este saber? Es un legado de la Antigüedad. En la Antigüedad existían las Escrituras, que se transmitieron de generación en generación; cada generación las ha leído y aprendido hasta el día de hoy. El hombre dividió la Biblia en distintos apartados y ha sacado diversas ediciones para que la gente la estudie detenidamente y aprenda. Sin embargo, no aprende a entender la verdad y a conocer a Dios ni a comprender Su voluntad, temerlo y evitar el mal; por el contrario, estudia detenidamente el saber contenido en la Biblia. A lo sumo, investiga los misterios que contiene, mira qué profecías del Libro del Apocalipsis se cumplieron en determinado período, cuándo llegarán los grandes desastres, cuando llegará el milenio, esto es lo que estudia. ¿Y lo que estudia guarda relación con la verdad? No. ¿Por qué estudia cosas no relacionadas con la verdad? Cuanto más las estudia, más cree entenderlas y más se equipa con letras y doctrina. También aumenta el capital de estas personas. A mayor titulación, más capacitadas se creen, más perfecta consideran su fe en Dios y más probable es que crean que se salvarán y entrarán en el reino celestial.

[…] Todos aquellos que pertenecen al cristianismo y estudian teología, las Escrituras y hasta la historia de la obra de Dios, ¿son verdaderos creyentes? ¿Son distintos a los creyentes y seguidores de Dios de los que habla Dios? A los ojos de Dios, ¿creen en Él? (No). Estudian teología, estudian a Dios. ¿Hay alguna diferencia entre los que estudian a Dios y los que estudian otras cosas? No la hay. Son como los que estudian historia, filosofía, derecho, biología, astronomía… Sencillamente, no les gustan la ciencia, la biología ni ninguna otra materia, solo la teología. Estas personas estudian a Dios buscando pistas y señales reveladoras en Su obra. ¿Y qué resulta de su investigación? ¿Son capaces de determinar si Dios existe? Nunca lo harán. ¿Son capaces de determinar la voluntad de Dios? (No). ¿Por qué? Porque viven rodeadas de palabras y frases, rodeadas del saber, de la filosofía, de las opiniones y los pensamientos de los seres humanos. Nunca podrán contemplar a Dios, nunca recibirán esclarecimiento del Espíritu Santo. ¿Cómo las define Dios? Como personas descreídas, incrédulas. Estos descreídos e incrédulos se codean con la denominada comunidad cristiana y hacen como que creen en Dios, como que son cristianos, pero ¿adoran realmente a Dios? ¿Lo obedecen realmente? No. ¿Por qué? Una cosa es cierta: porque, para sus adentros, no creen que Dios creara el mundo, que gobierne todas las cosas, que pueda hacerse carne, y menos aún que exista. ¿Qué indica esta incredulidad? Duda, negación e incluso una actitud que espera que las profecías pronunciadas por Dios, concretamente las relativas a los desastres, no se hagan realidad ni se cumplan. Esta es la actitud con que tratan la fe en Dios y es, asimismo, la esencia y el auténtico rostro de su presunta fe. Estas personas estudian a Dios porque tienen especial interés por la erudición y el saber teológico y les interesan los hechos históricos de la obra de Dios. No son más que un grupo de intelectuales que estudian teología. Estos “intelectuales” no creen en la existencia de Dios; entonces, ¿qué hacen cuando Dios viene a obrar y Sus palabras se cumplen? ¿Cuál es su primera reacción cuando se enteran de que Dios se ha hecho carne y está realizando una nueva obra? “¡Imposible!”. Condenan a todo el que predique la nueva obra de Dios y hasta quieren matarlo. ¿De qué es manifestación esto? ¿No es la manifestación de que son auténticos anticristos? Son hostiles a la obra de Dios y al cumplimiento de Sus palabras, por no hablar de Su encarnación: “Si no te has encarnado ni se han cumplido Tus palabras, eres Dios. Si se han cumplido Tus palabras y te has encarnado, no lo eres”. ¿Qué dice esto entre líneas? Que no permitirán la encarnación de Dios mientras ellos vivan. ¿No es este un auténtico anticristo? Lo es. ¿Se hacen dichas aseveraciones en la comunidad religiosa? Se hacen en voz muy alta y, además, muy enérgicamente: “No es cierto que Dios se haya encarnado, ¡es imposible! ¡Cualquier encarnación es una farsa!”. Algunos preguntan: “¿Han engañado a estas personas?”. En absoluto. Simplemente no tienen verdadera fe en Dios. No creen en la existencia de Dios, no creen en Su encarnación, no creen en Su obra de creación del mundo, y ni mucho menos creen en esa obra Suya por la que fue crucificado y redimió a toda la humanidad. Para ellas, la teología que estudian es una serie de acontecimientos históricos, una especie de doctrina o teoría.

Extracto de ‘Son malvados, insidiosos y mentirosos (III)’ en “Desenmascarar a los anticristos”

¿Acaso no se oponen muchos a Dios y obstruyen la obra del Espíritu Santo, porque no conocen la obra variada y diversa de Dios, y, además, porque no poseen sino una pizca de conocimiento y doctrina con los que medir la obra del Espíritu Santo? Aunque las experiencias de tales personas son superficiales, ellas son arrogantes y permisivas en su naturaleza y consideran la obra del Espíritu Santo con desprecio, ignoran Sus disciplinas y, además, usan sus viejos argumentos triviales para “confirmar” la obra del Espíritu Santo. También hacen una escena y están plenamente convencidas de su propio conocimiento y erudición, y de que son capaces de recorrer todo el mundo. ¿No son tales personas las que el Espíritu Santo desprecia y rechaza, y no serán eliminadas antes de la nueva era? ¿No son los que vienen delante de Dios y se oponen abiertamente a Él, pequeñas personas ignorantes y mal informadas, que simplemente intentan demostrar lo brillantes que son? Con tan solo un ínfimo conocimiento de la Biblia, tratan de abarcar la “academia” del mundo; con tan solo una doctrina superficial que enseñar a las personas, intentan revertir la obra del Espíritu Santo, y tratan de hacerla girar alrededor de su propio proceso de pensamiento. Aun siendo tan cortos de miras, intentan observar con una sola mirada 6000 años de obra de Dios. ¡No tiene sentido mencionar a estas personas! De hecho, cuanto mayor es el conocimiento de Dios por parte de las personas, más tardan en juzgar Su obra. Además, solo hablan un poco de su conocimiento de la obra de Dios hoy, pero no son imprudentes en sus juicios. Cuanto menos conocen a Dios las personas, más soberbias y arrogantes son, y con mayor displicencia proclaman el ser de Dios, pero solo hablan de teorías y no ofrecen evidencias reales. Tales personas no tienen ningún valor en absoluto. ¡Quienes ven la obra del Espíritu Santo como un juego son frívolos! Los que no son cautos cuando se encuentran con la nueva obra del Espíritu Santo, que hablan hasta por los codos, que son rápidos para juzgar, que dan rienda suelta a su instinto natural de negar la idoneidad de la obra del Espíritu Santo y que también la insultan y blasfeman contra ella, ¿no ignoran estas personas irrespetuosas dicha obra? ¿No son, además, personas de gran arrogancia, inherentemente soberbias e ingobernables? Aunque llegue el día en el que tales personas acepten la nueva obra del Espíritu Santo, Dios seguirá sin tolerarlas. No solo miran por encima del hombro a aquellos que trabajan para Dios, sino que blasfeman contra Él mismo. Tales personas insensatas no serán perdonadas ni en esta era ni en la venidera, ¡y perecerán para siempre en el infierno! Estas personas irrespetuosas y permisivas están fingiendo creer en Dios y, cuanto más sean así, más probable es que ofendan Sus decretos administrativos. ¿No caminan por esta senda todos esos arrogantes, desenfrenados innatos, que nunca han obedecido a nadie? ¿Acaso no se oponen a Dios día tras día, a Él, que siempre es nuevo y nunca viejo?

Extracto de ‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

El hombre ha sido corrompido y vive en la trampa de Satanás. Toda la gente vive en la carne, en los deseos egoístas y ni una sola entre ellas es compatible conmigo. Están las que dicen que son compatibles conmigo, pero adoran ídolos vagos. Aunque reconocen que Mi nombre es santo, se embarcan en un camino que va en sentido contrario a Mí y sus palabras están llenas de arrogancia y autoconfianza. Esto se debe a que, en la raíz, todos están en contra de Mí y son incompatibles conmigo. Todos los días buscan rastros de Mí en la Biblia y encuentran al azar pasajes “adecuados” que leen sin cesar y que recitan como las escrituras. No saben cómo ser compatibles conmigo, ni qué significa estar contra Mí. Solo leen las escrituras a ciegas. Confinan dentro de la Biblia a un Dios vago al que nunca han visto y al que son incapaces de ver y lo sacan para mirarlo cuando les place. Creen en Mi existencia solo dentro del alcance de la Biblia y me equiparan con ella; sin la Biblia Yo no existo y sin Mí no existe la Biblia. No prestan atención a Mi existencia o acciones, sino que dedican una atención extrema y especial a todas y a cada una de las palabras de las Escrituras. Muchas más incluso creen que Yo no debería hacer nada que quisiera a menos que las Escrituras lo predijeran. Le atribuyen demasiada importancia a las Escrituras. Se puede decir que ven las palabras y expresiones como demasiado importantes, hasta el punto de que usan versículos de la Biblia para medir cada palabra que digo y para condenarme. Lo que buscan no es el camino de la compatibilidad conmigo, o el camino de la compatibilidad con la verdad, sino el camino de la compatibilidad con las palabras de la Biblia, y creen que cualquier cosa que no se ciña a la Biblia, sin excepción, no es Mi obra. ¿No son esas personas los descendientes sumisos de los fariseos? Los fariseos judíos usaron la ley de Moisés para condenar a Jesús. No buscaron la compatibilidad con el Jesús de esa época, sino que diligentemente siguieron la ley al pie de la letra, hasta el grado de que, después de haberlo acusado de no seguir la ley del Antiguo Testamento y de no ser el Mesías, al final crucificaron al inocente Jesús. ¿Cuál era su sustancia? ¿No era que no buscaban el camino de la compatibilidad con la verdad? Se obsesionaron con todas y cada una de las palabras de las Escrituras mientras que no prestaron atención a Mi voluntad ni a los pasos ni métodos de Mi obra. No eran personas que buscaran la verdad, sino que se aferraban a las palabras; no eran personas que creyeran en Dios, sino que creían en la Biblia. En esencia, eran los guardianes de la Biblia. Con el fin de salvaguardar los intereses de la Biblia, de sostener la dignidad de la Biblia y de proteger la reputación de la Biblia, llegaron tan lejos que crucificaron al misericordioso Jesús. Lo hicieron solamente en aras de defender la Biblia y por el bien de mantener el estatus de todas y cada una de las palabras de la Biblia en los corazones de las personas. Así que prefirieron abandonar su futuro y la ofrenda por el pecado para condenar a muerte a Jesús, que no se conformaba a la doctrina de las Escrituras. ¿No fueron todos lacayos de todas y cada una de las palabras de las Escrituras?

¿Y qué pasa hoy con las personas? Cristo ha llegado para liberar la verdad, pero preferirían expulsarlo de este mundo para poder entrar al cielo y recibir la gracia. Preferirían negar por completo la venida de la verdad con el fin de salvaguardar los intereses de la Biblia, y preferirían volver a crucificar al Cristo encarnado de nuevo con el fin de asegurar la existencia eterna de la Biblia. ¿Cómo puede el hombre recibir Mi salvación cuando su corazón es tan malvado y su naturaleza tan opuesta a Mí? Vivo entre los hombres, pero el hombre no sabe de Mi existencia. Cuando hago brillar Mi luz sobre el hombre, todavía sigue ignorando Mi existencia. Cuando desato Mi ira sobre el hombre, niega Mi existencia aun con mayor fuerza. El hombre busca la compatibilidad con las palabras y con la Biblia, pero ni una sola persona viene ante Mí para buscar el camino de la compatibilidad con la verdad. El hombre dirige su mirada hacia Mí en el cielo y dedica un interés especial a Mi existencia en el cielo, pero nadie se preocupa por Mí en la carne, porque Yo, que vivo entre los hombres, soy demasiado insignificante. Los que sólo buscan la compatibilidad con las palabras de la Biblia, y que sólo buscan la compatibilidad con un Dios impreciso, son un espectáculo deplorable para Mí. Esto se debe a que lo que ellos adoran son palabras muertas y un Dios que es capaz de darles tesoros incalculables. Lo que ellos adoran es un Dios que se pondría a merced del hombre, un Dios que no existe. ¿Entonces qué pueden obtener tales personas de Mí? La bajeza del hombre es sencillamente indescriptible. Los que están en Mi contra, que me hacen incesantes demandas, que no tienen amor por la verdad, que se rebelan contra Mí, ¿cómo podrían ser compatibles conmigo?

Los que están en Mi contra no son compatibles conmigo. Tampoco lo son los que no aman la verdad. Los que se rebelan contra Mí todavía están más en Mi contra y son aun más incompatibles conmigo. Todos los que no son compatibles conmigo los entrego a manos del maligno y a la corrupción del maligno, les doy rienda suelta para que pongan de manifiesto su maleficencia y por último se los entrego al maligno para que los devore. No me importa cuántos me adoren, es decir, no me importa cuánta gente crea en Mí. Todo lo que me importa es cuántos son compatibles conmigo. Esto se debe a que todos los que no son compatibles conmigo son los malvados que me traicionan; son Mis enemigos y no voy a “consagrar” a Mis enemigos en Mi casa. Los que son compatibles conmigo me servirán para siempre en Mi casa y los que van en Mi contra para siempre sufrirán Mi castigo. A los que solo se preocupan por las palabras de la Biblia y no les interesa la verdad ni buscan Mis pasos, están contra Mí, porque me limitan de acuerdo con la Biblia y me confinan dentro de la Biblia, y por eso blasfeman en extremo contra Mí. ¿Cómo podrían esas personas venir ante Mí? No prestan atención a Mis hechos o a Mi voluntad ni a la verdad, sino que se obsesionan con las palabras, palabras que matan. ¿Cómo pueden esas personas ser compatibles conmigo?

Extracto de ‘Deberías buscar el camino de la compatibilidad con Cristo’ en “La Palabra manifestada en carne”

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