Palabras diarias de Dios | Fragmento 6 | "Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios"

Las tres etapas de la obra están en el corazón de toda la gestión de Dios, y en ellas se expresan el carácter de Dios y qué es Él. Aquellos que no conocen las tres etapas de la obra de Dios son incapaces de entender cómo expresa Él Su carácter, no conocen la sabiduría de Su obra, y siguen ignorando las muchas formas en las que Él salva a la humanidad, así como Su voluntad para toda ella. Las tres etapas de la obra son la expresión completa de la obra de salvar a la humanidad. Aquellos que no conocen las tres etapas de la obra ignorarán los diversos métodos y principios de la obra del Espíritu Santo; aquellos que sólo se ciñen rígidamente a la doctrina que permanece de una etapa de la obra son personas que limitan a Dios a la doctrina, y cuya creencia en Él es vaga e incierta. Tales personas nunca recibirán Su salvación. Sólo las tres etapas de la obra de Dios pueden expresar plenamente la totalidad de Su carácter, y expresan por completo Su propósito de salvar a toda la humanidad, así como todo el proceso de salvación de la misma. Esto demuestra que Él ha derrotado a Satanás y ha ganado a la humanidad; es una prueba de Su victoria y la expresión de todo Su carácter. Los que sólo entienden una etapa de las tres que componen la obra de Dios sólo conocen parte de Su carácter. En las ideas del hombre, es fácil que esta única etapa de la obra pase a ser doctrina, es probable que este establezca reglas relativas a Dios, y use esta sola parte de Su carácter como una representación de todo Su carácter. Además, gran parte de la imaginación del hombre está mezclada dentro de sí, de forma que limita rigurosamente el carácter, el ser, y la sabiduría de Dios, así como los principios de Su obra, dentro de parámetros limitados, creyendo que si Él fue así una vez, permanecerá igual para siempre y nunca cambiará. Sólo aquellos que conocen y aprecian las tres etapas de la obra pueden conocer a Dios de forma plena y precisa. Como mínimo, no le definirán como el Dios de los israelitas, o de los judíos ni lo verán como un Dios que siempre estará clavado en la cruz por causa del hombre. Si sólo llegas a conocer a Dios a partir de una etapa de Su obra, tu conocimiento es demasiado, demasiado pequeño. No es sino una gota en el océano. Si no, ¿por qué clavarían a Dios vivo en la cruz muchos de la vieja guardia religiosa? ¿No es porque el hombre lo confina dentro de ciertos parámetros? ¿No se oponen muchos a Dios y obstruyen la obra del Espíritu Santo, porque no conocen la obra variada y diversa de Dios, y, además, porque no poseen sino una pizca de conocimiento y doctrina con los que medir la obra del Espíritu Santo? Aunque las experiencias de tales personas son superficiales, son arrogantes y permisivas en su naturaleza, y consideran la obra del Espíritu Santo con desprecio, ignoran las disciplinas de este y, además, usan sus viejos argumentos triviales para confirmar la obra del Espíritu Santo. También representan una dramaturgia, y están plenamente convencidos de su propio conocimiento y erudición, y de que son capaces de viajar por todo el mundo. ¿No son tales personas las que el Espíritu Santo desprecia y rechaza, y no serán eliminadas por la nueva era? ¿No son los que vienen delante de Dios y se oponen abiertamente a Él pequeñas personas miopes, que simplemente intentan demostrar lo inteligentes que son? Con tan sólo un ínfimo conocimiento de la Biblia, tratan de abarcar la “academia” del mundo, pero con una doctrina superficial que enseñar a las personas, intentan revertir la obra del Espíritu Santo, y tratan de hacerla girar alrededor de su propio proceso de pensamiento; tan cortos de miras como son, intentan observar con una sola mirada 6000 años de obra de Dios. ¿Tienen estas personas alguna razón de la que hablar? De hecho, cuanto mayor es el conocimiento de Dios por parte de las personas, más tardan en juzgar Su obra. Además, sólo hablan un poco de su conocimiento de la obra de Dios hoy, pero no son imprudentes en sus juicios. Cuanto menos conocen a Dios las personas, más soberbias y arrogantes son, y más gratuitamente proclaman Su ser, pero sólo hablan de teoría y no ofrecen evidencias reales. Tales personas no tienen ningún valor en absoluto. ¡Quienes ven la obra del Espíritu Santo como un juego son frívolos! Los que no son cautos cuando se encuentran con la nueva obra del Espíritu Santo, que dan rienda suelta a sus bocas, son rápidos para juzgar, dan libertad a su instinto natural para negar la corrección de la obra del Espíritu Santo, y también lo insultan y blasfeman; ¿no ignoran estas personas irrespetuosas dicha obra? ¿No son, además, los arrogantes, inherentemente soberbios e ingobernables? Aunque venga un día en el que tales personas acepten la nueva obra del Espíritu Santo, Dios seguirá sin tolerarlas. No sólo miran por encima del hombro a aquellos que trabajan para Él, sino que blasfeman contra Él mismo. Tales personas insensatas no serán perdonadas ni en esta era ni en la venidera, ¡y perecerán para siempre en el infierno! Estas personas irrespetuosas y permisivas están fingiendo creer en Dios y, cuanto más lo hacen, más probable es que ofendan Sus decretos administrativos. ¿No caminan por esta senda todos esos arrogantes, desenfrenados innatos, que nunca han obedecido a nadie? ¿Acaso no se oponen a Dios día tras día, a Él que siempre es nuevo y nunca viejo?

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

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