Palabras clásicas de Dios en el Evangelio del Reino

Contenido

El misterio de la encarnación (4)

Deberíais saber de la historia interna y la creación de la Biblia. Quienes no han aceptado la nueva obra de Dios no tienen este conocimiento. No conocen. Explícales estos asuntos de la esencia, y no serán pedantes contigo sobre la Biblia. Ellos analizan constantemente lo que se ha profetizado: ¿Ha llegado a acontecer esta afirmación? ¿Ha sucedido ya la otra? Su aceptación del evangelio es acorde con la Biblia; predican el evangelio según la Biblia. Confían en las palabras de la Biblia para creer en Dios; sin la Biblia, no creerán en Dios. Esta es la manera en la que viven: analizan así la Biblia. Cuando vuelvan a examinar la Biblia, y te pidan explicaciones, puedes decir: “Primero, no verifiquemos cada afirmación, sino miremos cómo obra el Espíritu Santo. Comparemos con la verdad para ver si la senda que transitamos está en sintonía con la obra del Espíritu Santo, y usemos Su obra para comprobar si ese camino es correcto. En cuanto a si esta o aquella afirmación ha llegado a acontecer, nosotros, los humanos, no deberíamos inmiscuirnos. Es mejor que, en su lugar, hablemos de la obra del Espíritu Santo y de la obra más reciente que Dios está realizando ahora. La Biblia consta de las palabras de Dios transmitidas por los profetas, y de aquellas que escribieron los hombres que Dios usó en esa época; sólo Dios mismo puede explicar esas palabras, sólo el Espíritu Santo puede dar a conocer el sentido de ellas, y sólo Dios mismo puede romper los siete sellos y abrir el rollo. Tú no eres Dios ni yo tampoco, así que ¿quién se atreve a explicar a voluntad las palabras de Dios? ¿Osas explicar esas palabras? Aunque los profetas Jeremías, Juan y Elías estuvieran aquí, no se atreverían, porque ellos no son el Cordero. Sólo el Cordero puede romper los siete sellos, y abrir el rollo; nadie más puede explicar Sus palabras. Yo no me atrevo a hacer un uso indebido del nombre de Dios, y menos aún a explicar Sus palabras. Yo sólo puedo ser alguien que obedece a Dios. ¿Eres tú Dios? Ninguna de las criaturas de Dios se atreve a abrir el rollo ni explicar esas palabras y, por tanto, yo no me atrevo a explicarlas tampoco. Será mejor que no intentes explicarlas. Ninguno de nosotros lo hará. Hablemos de la obra del Espíritu Santo; esto es lo que el hombre puede hacer. Yo conozco un poco de la obra de Jehová y de Jesús, pero como no tengo experiencia personal alguna al respecto, sólo puedo hablar de ella hasta cierto punto. En cuanto al sentido de las palabras pronunciadas por Isaías o Jesús por aquel entonces, no daré explicación alguna. Yo no estudio la Biblia; más bien, sigo la obra presente de Dios. En realidad, tú consideras la Biblia como el pequeño rollo, ¿pero no es cierto que sólo puede abrirlo el Cordero? Además de Él, ¿quién más puede abrirlo? Tú no eres el Cordero, y yo me atrevo menos aún a declarar que soy Dios mismo, así que no analicemos ni escrutemos la Biblia. Es mejor comentar la obra realizada por el Espíritu Santo, es decir, la obra actual llevada a cabo por Dios mismo. Echemos un vistazo a los principios y a la esencia de la obra de Dios, y comprobemos después con ellos si la senda que transitamos hoy es recta y correcta. Alineemos con esto como la norma”. Si predicáis el evangelio, en particular a quienes están en el mundo religioso, debéis entender la Biblia y dominar su historia interna; de lo contrario, serás incapaz de predicar el evangelio. Una vez que comprendas mejor la imagen panorámica, no analices las palabras muertas de la Biblia, y sólo habla de la obra de Dios y de la verdad de la vida; entonces serás capaz de ganar a quienes buscan con un corazón sincero.

Vosotros debéis entender la obra de Jehová, las leyes que Él estableció y los principios por los cuales Él guio la vida del hombre, el contenido de la obra que Él hizo en la Era de la Ley, el propósito por el cual Él divulgó las leyes, el significado de Su obra para la Era de la Gracia y la obra que Dios hace en esta etapa final. La primera etapa es la obra de la Era de la Ley, la segunda etapa es la obra de la Era de la Gracia y la tercera etapa es la obra de los últimos días. Debéis entender estas etapas de la obra de Dios. Desde el principio hasta el final hay tres etapas en total. ¿Cuál es la esencia de cada etapa de la obra? ¿Cuántas etapas se llevan a cabo en la obra del plan de gestión de seis mil años? ¿Cómo se produce cada etapa, y por qué se realiza cada una a su manera? Todas estas preguntas son cruciales. La obra de cada era es representativa. ¿Qué obra llevó a cabo Jehová? ¿Por qué lo hizo así? ¿Por qué se le llamó Jehová? ¿Qué obra llevó a cabo Jesús en la Era de la Gracia, y cómo la realizó? ¿Qué aspectos del carácter de Dios representan cada etapa de la obra y cada era? ¿Qué aspectos de Su carácter se manifestaron en la Era de la Ley? ¿Y en la Era de la Gracia? ¿Y, después, en la era final? Estas cuestiones esenciales son las que debéis entender. Todo el carácter de Dios se ha revelado a lo largo del plan de gestión de seis mil años. No se ha revelado únicamente en la Era de la Gracia, sólo en la Era de la Ley, o menos incluso, sólo en este período de los últimos días. La obra realizada en los últimos días representa el juicio, la ira y el castigo. No puede reemplazar la obra de la Era de la Ley y la de la Era de la Gracia. Sin embargo, las tres etapas se interrelacionan en una sola entidad y son toda la obra hecha por un Dios. Naturalmente, la ejecución de esta obra se divide en eras independientes. La obra realizada en los últimos días lo concluye todo; lo hecho en la Era de la Ley es el comienzo; y lo hecho en la Era de la Gracia es la redención. En cuanto a las visiones de la obra en todo este plan de gestión de seis mil años, nadie puede obtener perspectiva o entendimiento. Tales visiones siempre han permanecido como misterios. En los últimos días, sólo la obra de la palabra se hace para dar entrada a la Era del Reino, pero no representa a todas las eras. Los últimos días no son más que los últimos días y no más que la Era del Reino, que no representan a la Era de la Gracia o la Era de la Ley. Los últimos días son simplemente la época en la que toda la obra del plan de gestión de seis mil años se os revela. Esta es la revelación del misterio, que ningún hombre puede desvelar. Por mucho entendimiento que el hombre tenga de la Biblia, sigue sin ser nada más que palabras, porque el hombre no entiende la esencia de la Biblia. Cuando el hombre lee la Biblia, puede recibir algunas verdades, explicar algunas palabras o escrutar algunos pasajes y citas famosos, pero nunca podrá desenredar el significado contenido en esas palabras, porque todo lo que el hombre ve son palabras muertas, no las escenas de la obra de Jehová y Jesús, y el hombre es incapaz de descifrar el misterio de esa obra. Por tanto, el misterio del plan de gestión de seis mil años es el más grande, el más oculto y totalmente inconcebible para el hombre. Nadie puede entender directamente la voluntad de Dios, a no ser que Él mismo la explique y la abra al hombre, porque de lo contrario seguirán siendo por siempre un acertijo y misterios sellados para el hombre. No se preocupen los del mundo religioso; si no se os dijese hoy, ninguno de vosotros sería capaz de entender. Esta obra de seis mil años es más misteriosa que todas las profecías de los profetas. Es el mayor misterio desde la creación, y ningún profeta anterior ha sido nunca capaz de comprenderlo, porque este misterio sólo se desentraña en la era final y no se ha revelado nunca. Si entendéis este misterio y sois capaces de recibirlo plenamente, todas esas personas religiosas serán conquistadas por este misterio. Sólo esta es la mayor de las visiones, la que el hombre más anhela entender, pero también la que es más confusa para él. Cuando estabais en la Era de la Gracia, no conocíais la obra hecha por Jesús ni la realizada por Jehová. Las personas no entendían nada de por qué Jehová estableció leyes, por qué pidió a las personas que las observaran ni por qué debía edificarse el templo, y menos aún por qué fueron conducidos los israelitas desde Egipto al desierto y, seguidamente, a Canaán. No es hasta este día que se revelan estos asuntos.

La obra en los últimos días es la última etapa de las tres. Es la obra de otra nueva era y no representa toda la obra de gestión. El plan de gestión de seis mil años se divide en tres etapas de la obra. Ninguna etapa por sí sola representa la obra de las tres eras, sino que sólo puede representar una parte de un todo. El nombre Jehová no puede representar todo el carácter de Dios. El hecho de que llevase a cabo obra en la Era de la Ley no demuestra que Dios sólo pueda ser Dios bajo la ley. Jehová estableció leyes para el hombre y entregó mandamientos, pidiendo a este que edificase el templo y altares; la obra que Él hizo sólo representa la Era de la Ley. La obra que hizo no demuestra que Dios es el Dios que pide al hombre guardar la ley, el Dios en el templo, o el Dios delante del altar. Esto no puede decirse. La obra bajo la ley sólo puede representar una era. Por tanto, si Dios sólo hizo la obra en la Era de la Ley, el hombre lo definiría diciendo: “Dios es el Dios en el templo. Para servirle, debemos ponernos túnicas sacerdotales y entrar en el templo”. Si la obra de la Era de la Gracia nunca se hubiera llevado a cabo y la Era de la Ley hubiera continuado hasta el presente, el hombre no sabría que Dios también es misericordioso y amoroso. Si la obra en la Era de la Ley no se hubiera hecho, y sólo se hubiera llevado a cabo la de la Era de la Gracia, el hombre sólo sabría que Dios puede redimir al hombre y perdonar sus pecados. Sólo sabría que Él es santo e inocente, que puede sacrificarse y ser crucificado por el hombre. Este sólo sabría esto y no tendría entendimiento de todo lo demás. Así pues, cada era representa una parte del carácter de Dios. La Era de la Ley representa algunos aspectos, la Era de la Gracia algunos aspectos, y la era presente algunos aspectos. El carácter de Dios sólo puede revelarse plenamente a través de la combinación de las tres etapas. Sólo cuando conoce las tres etapas puede el hombre recibirlo plenamente. Ninguna de las tres etapas puede omitirse. Sólo verás el carácter de Dios en su totalidad una vez conozcas estas tres etapas. La finalización de la obra por parte de Dios en la Era de la Ley no demuestra que Él es el Dios bajo la ley, y la finalización de Su obra de redención no muestra que Dios redimirá para siempre a la humanidad. Estas son conclusiones sacadas por el hombre. La Era de la Gracia ha llegado a su fin, pero no puedes decir que Dios sólo pertenece a la cruz y que esta representa Su salvación. Si lo haces, estás definiendo a Dios. En esta etapa, Él está haciendo principalmente la obra de la palabra, pero no puedes decir que nunca ha sido misericordioso para con el hombre y que todo lo que ha traído es castigo y juicio. La obra en los últimos días deja al descubierto la de Jehová y la de Jesús así como todos los misterios no entendidos por el hombre. Además, revela el destino y el final de la humanidad, y concluye toda la obra de salvación en medio de la humanidad. Esta etapa de la obra en los últimos días pone fin a todo. Todos los misterios no entendidos por el hombre deben descifrarse para permitir al hombre obtener una perspectiva de los mismos y tener un entendimiento claro en su corazón. Sólo entonces puede el hombre ser dividido según sus tipos. Sólo después de que el plan de gestión de seis mil años se haya completado, llegará el hombre a entender el carácter de Dios en su totalidad, porque Su gestión habrá llegado entonces a su fin. Ahora que habéis experimentado la obra de Dios en la era final, ¿cuál es el carácter de Dios? ¿Te atreves a decir que Dios es el Dios que sólo pronuncia palabras? No osarías llegar a semejante conclusión. Algunos dicen que Dios es el Dios que revela misterios, que Dios es el Cordero y quien rompe los siete sellos. Nadie se atreve a llegar a esta conclusión. Y los hay que afirman que Dios es la carne encarnada. Esto sigue siendo incorrecto. Algunos dicen que el Dios encarnado sólo pronuncia palabras, y que no obra señales y maravillas. Menos aún os atreveríais a hablar de esta forma, porque Jesús se hizo carne y obró señales y maravillas, así que no oses definir a Dios a la ligera. Toda la obra llevada a cabo a lo largo del plan de gestión de seis mil años sólo ha llegado a su fin ahora. Sólo después de que toda esta obra le haya sido revelada y se haya llevado a cabo en medio de él, conocerá el hombre todo Su carácter, Sus posesiones y Su ser. Cuando la obra de esta etapa se haya acabado por completo, todos los misterios no entendidos por el hombre se habrán revelado, todas las verdades no entendidas anteriormente habrán quedado claras, y se le habrá comunicado a la humanidad su senda y su destino futuros. Esta es toda la obra que debe realizarse en esta etapa. Aunque la senda que el hombre transita hoy es también la senda de la cruz y del sufrimiento, lo que el hombre de hoy practica, come, bebe y disfruta, es muy distinto de lo del hombre bajo la ley y en la Era de la Gracia. Lo que se le pide al hombre hoy es diferente de lo que se le pedía en el pasado e incluso más de lo que se le requería en la Era de la Ley. ¿Y qué se le pedía al hombre bajo la ley cuando se llevaba a cabo la obra en Israel? Tan sólo que guardara el día de reposo y las leyes de Jehová. Nadie debía trabajar en el día de reposo ni transgredir las leyes de Jehová. Pero ahora no es así. En el día de reposo, el hombre trabaja, se reúne y ora como de costumbre, y no se imponen restricciones. Los de la Era de la Gracia debían ser bautizados; y no sólo eso, sino que se les pedía que ayunaran, partieran el pan, bebieran vino, cubrieran sus cabezas y lavaran sus pies. Ahora, estas normas se han abolido y se le han impuesto al hombre unas exigencias más elevadas, porque la obra de Dios se profundiza continuamente y la entrada del hombre llega incluso más alto. En el pasado, Jesús imponía Sus manos sobre la persona y oraba, pero ahora que se ha dicho todo, ¿cuál es el uso de la imposición de manos? Las palabras pueden lograr resultados por sí solas. Cuando Él imponía las manos en el pasado, lo hacía para bendecir y curar al hombre. Así es como obraba el Espíritu Santo en ese momento, pero ahora no es así. En el presente, utiliza palabras en Su obra para obtener resultados. Él ya os ha dejado claras Sus palabras, y vosotros deberíais simplemente ponerlas en práctica. Ellas son Su voluntad y la obra que Él hará. Por medio de Sus palabras, puedes entender Su voluntad y lo que Él te pide que consigas. Simplemente pones Sus palabras en práctica directamente sin necesitar la imposición de manos. Algunos pueden decir: “¡Impón Tus manos sobre mí! Impón Tus manos sobre mí de forma que pueda recibir Tu bendición y participar de Ti”. Estas son todas prácticas anteriores obsoletas que ahora están prohibidas, porque la era ha cambiado. El Espíritu Santo obra de acuerdo con la era, no a voluntad o según normas establecidas. La era ha cambiado, y una nueva debe traer con ella obra nueva. Esto es cierto de cada etapa de la obra, y así la misma nunca se repite. En la Era de la Gracia, Jesús hizo mucho de esa obra, como curar enfermedades, expulsar demonios, imponer Sus manos sobre el hombre para orar por él y bendecirlo. Sin embargo, continuar haciéndolo no respondería a ningún propósito en el presente. El Espíritu Santo obraba de esa forma en ese momento, porque era la Era de la Gracia, y se mostró suficiente gracia al hombre para su disfrute. Este no tenía que pagar ningún precio y podía recibir la gracia mientras tuviera fe. Todos recibían un trato muy misericordioso. Ahora, la era ha cambiado, y la obra de Dios ha progresado más; a través de Su castigo y Su juicio, la rebeldía del hombre y las cosas inmundas en su interior se echarán fuera. Como era la etapa de la redención, Dios tenía que hacer esa obra, mostrando al hombre suficiente gracia que disfrutar, de forma que el hombre pudiera ser redimido del pecado y, por medio de la gracia, ser perdonado de sus pecados. La presente etapa se realiza para revelar las iniquidades en el hombre por medio del castigo, el juicio, el herir de las palabras, así como la disciplina y la revelación de las palabras, de forma que pueda ser salvos después. Esta obra es más profunda que la redención. En la Era de la Gracia, el hombre disfrutaba de suficiente gracia y ya la ha experimentado, y por tanto el hombre ya no debe disfrutarla más. Esa obra ha quedado ahora obsoleta y ya no se hará más. Ahora, el hombre es salvado por medio del juicio por la palabra. Tras el hombre ser juzgado, castigado y refinado, su carácter cambia. ¿No se debe esto a las palabras que he hablado? Cada etapa de la obra coincide con el progreso de toda la humanidad y con la era. Toda obra tiene su sentido; se realiza para la salvación final, para que la humanidad tenga un buen destino en el futuro, y para que los hombres sean divididos según su tipo al final.

La obra en los últimos días es pronunciar palabras. Estas pueden dar lugar a grandes cambios en el hombre. Los cambios efectuados ahora en estas personas al aceptar estas palabras son mucho mayores que los de las personas en la Era de la Gracia al aceptar aquellas señales y maravillas. Porque, en la Era de la Gracia, los demonios salían del hombre con la imposición de manos y la oración, pero los caracteres corruptos del hombre permanecían. El hombre fue curado de su enfermedad y se le perdonaron sus pecados, pero no se hizo en él la obra para poder expulsar los caracteres satánicos corruptos. El hombre sólo fue salvo y se le perdonaron sus pecados por su fe, pero su naturaleza pecaminosa no le fue quitada y permaneció en él. Los pecados del hombre fueron perdonados a través del Dios encarnado, pero eso no significa que el hombre no tenga pecado en él. Los pecados del hombre podían ser perdonados por medio de una ofrenda por el pecado, pero el hombre ha sido incapaz de resolver el problema de cómo no pecar más y cómo poder desechar completamente su naturaleza pecaminosa y ser transformado. Los pecados del hombre fueron perdonados gracias a la obra de la crucifixión de Dios, pero el hombre siguió viviendo en el viejo carácter satánico y corrupto. Así pues, el hombre debe ser completamente salvo de este carácter satánico corrupto para que la naturaleza pecadora del hombre sea del todo desechada y no se desarrolle más, permitiendo así que el carácter del hombre cambie. Esto requiere que el hombre entienda la senda del crecimiento en la vida, el camino de la vida, y el camino del cambio de su carácter. También necesita que el hombre actúe de acuerdo con esa senda, de forma que su carácter pueda ser cambiado gradualmente y él pueda vivir bajo el brillo de la luz y que pueda hacer todas las cosas de acuerdo con la voluntad de Dios, desechar el carácter satánico corrupto, y liberarse de la influencia satánica de las tinieblas, aflorando de este modo totalmente del pecado. Sólo entonces recibirá el hombre la salvación completa. Cuando Jesús estaba haciendo Su obra, el conocimiento que el hombre tenía de Él seguía siendo vago y poco claro. Siempre creyó que Él era el hijo de David y proclamó que era un gran profeta y el Señor benevolente que redimía los pecados del hombre. Algunos, basándose en la fe, se curaron simplemente tocando el borde de Sus vestiduras; los ciegos podían ver e incluso los muertos ser restaurados a la vida. Sin embargo, el hombre no podía descubrir el carácter satánico corrupto profundamente arraigado en él ni sabía cómo desecharlo. El hombre recibió mucha gracia, como la paz y la felicidad de la carne, la bendición de toda la familia sobre la fe de uno, la curación de las enfermedades, etc. El resto era las buenas obras del hombre y su apariencia piadosa; si este podía vivir en base a eso, se le consideraba un buen creyente. Sólo tales creyentes podrían entrar en el cielo tras la muerte, lo que significa que fueron salvos. Pero durante su vida, no entendieron en absoluto el camino de la vida. Simplemente cometían pecados y después confesaban, en un ciclo continuo sin camino alguno hacia un carácter cambiado; así era la condición del hombre en la Era de la Gracia. ¿Ha recibido el hombre la salvación completa? ¡No! Por tanto, después de completarse esta etapa, aún queda la obra de juicio y castigo. Esta etapa hace al hombre puro por medio de la palabra al darle una senda que seguir. La misma no sería fructífera ni tendría sentido si continuase con la expulsión de demonios, porque la naturaleza pecaminosa del hombre no sería abandonada y el hombre sólo se detendría tras el perdón de los pecados. A través de la ofrenda por el pecado, estos se le han perdonado al hombre, porque la obra de la crucifixión ya ha llegado a su fin y Dios ha vencido a Satanás. Pero el carácter corrupto del hombre sigue en él y este todavía puede pecar y resistir a Dios; Dios no ha ganado a la humanidad. Esa es la razón por la que en esta etapa de la obra Dios usa la palabra para revelar el carácter corrupto del hombre y pide a este que practique de acuerdo con el camino adecuado. Esta etapa es más significativa que la anterior y también más fructífera, porque, ahora, la palabra es la que provee directamente la vida del hombre, y permite que su carácter sea completamente renovado; es una etapa de obra más concienzuda. Así pues, la encarnación en los últimos días ha completado el sentido de la encarnación de Dios y ha terminado por completo el plan de gestión de Dios para la salvación del hombre.

La salvación del hombre por parte de Dios no tiene lugar directamente a través de los medios del Espíritu o como el Espíritu, porque el hombre no puede tocar ni ver Su Espíritu, ni tampoco acercarse a Él. Si Él tratara de salvar al hombre directamente en la manera del Espíritu, el hombre sería incapaz de recibir Su salvación. Y de no ser porque Dios asumió la forma exterior de un hombre creado, sería incapaz de recibir esta salvación. Porque el hombre no puede acercarse a Él en absoluto, como nadie podría ir cerca de la nube de Jehová. Sólo volviéndose un hombre de la creación, esto es, poniendo Su verbo en la carne en la que se haría, puede obrar personalmente el verbo en todos los que le siguen. Sólo entonces puede el hombre oír por sí mismo Su verbo, verlo, recibirlo, y sólo a través de esto ser totalmente salvo. Si Dios no se hubiera hecho carne, ningún hombre de carne recibiría una salvación tan grande ni se salvaría un solo hombre. Si el Espíritu de Dios obrara directamente entre el hombre, sería herido de muerte o Satanás lo llevaría cautivo, porque el hombre es incapaz de relacionarse con Dios. La primera encarnación fue para redimir al hombre del pecado por medio de la carne de Jesús, esto es, Él salvó al hombre desde la cruz, pero el carácter satánico corrupto permaneció en el ser humano. La segunda encarnación ya no es para que sirva de ofrenda por el pecado, sino para salvar por completo a los que fueron redimidos del pecado. Esto se hace de tal forma que los perdonados puedan ser librados de sus pecados, ser purificados completamente, y alcanzar un cambio de carácter, liberándose así de la influencia de las tinieblas de Satanás y regresando delante del trono de Dios. Sólo así puede el hombre ser plenamente santificado. Dios comenzó la obra de salvación en la Era de la Gracia, después de que la Era de la Ley llegara a su fin. No es sino hasta los últimos días, cuando Dios haya purificado totalmente a la humanidad, mediante la obra de juicio y castigo del hombre por la rebeldía, que Dios concluirá Su obra de salvación y entrará en el reposo. Por tanto, en las tres etapas de la obra, Dios sólo se hizo carne dos veces para llevar a cabo Su obra por sí mismo entre los hombres. Esto se debe a que sólo una de las tres etapas de la obra consiste en guiar al hombre en su vida, mientras las otras dos son la obra de salvación. Sólo si Dios se hace carne puede vivir junto al hombre, experimentar el sufrimiento del mundo, y vivir en una carne ordinaria. Sólo de esta forma puede proveer al hombre de Su creación con el verbo práctico que necesita. El hombre recibe la salvación total de Dios gracias al Dios encarnado, no directamente de sus oraciones al cielo. Y es que el hombre es de carne; el hombre es incapaz de ver al Espíritu de Dios y mucho menos de acercarse a Él. Todo aquello con lo que el hombre puede relacionarse es la carne encarnada de Dios; sólo a través de Él puede el hombre entender todo el verbo y todas las verdades, y recibir la salvación plena. La segunda encarnación es suficiente para eliminar los pecados del hombre y purificarlo plenamente. Así pues, la segunda encarnación pondrá fin a toda la obra de Dios en la carne y completará el sentido de la encarnación de Dios. A partir de ahí, la obra de Dios en la carne habrá llegado totalmente a su fin. Después de la segunda encarnación, no se hará carne de nuevo por Su obra. Porque toda Su gestión habrá llegado a su fin. En los últimos días, Su encarnación habrá ganado totalmente a Su pueblo escogido, y todos los hombres en los últimos días habrán sido catalogados según su tipo. Él ya no hará más la obra de salvación ni regresará a la carne para llevar a cabo obra alguna. En la obra de los últimos días, la palabra es más poderosa que la manifestación de señales y maravillas, y la autoridad de la palabra sobrepasa la de señales y maravillas. La palabra revela todos los caracteres corruptos en el corazón del hombre. Eres incapaz de reconocerlos por ti mismo. Cuando te son revelados por medio de la palabra, llegarás a una comprensión de forma natural; no serás capaz de negarlos, y estarás totalmente convencido. ¿No es esta la autoridad de la palabra? Este es el resultado conseguido por la obra presente de la palabra. Por tanto, el hombre no puede salvarse totalmente de sus pecados por la curación de la enfermedad y la expulsión de demonios, y no puede ser hecho totalmente completo por la manifestación de señales y maravillas. La autoridad para curar y expulsar demonios sólo le da al hombre gracia, pero la carne del hombre sigue perteneciéndole a Satanás y el carácter satánico corrupto permanece dentro del hombre. En otras palabras, lo que no se ha limpiado sigue perteneciendo al pecado y la inmundicia. Hasta que el hombre no se haya purificado por medio de las palabras no podrá ser ganado por Dios ni santificarse. Si no se hace más que echar fuera a los demonios del hombre y redimirlo, no se hace más que arrebatarlo de las manos de Satanás y devolverlo a Dios. Sin embargo, Dios no lo ha limpiado ni cambiado, y sigue siendo corrupto. Dentro del hombre todavía existen la inmundicia, la oposición y la rebeldía; el hombre sólo ha vuelto a Dios por medio de la redención, pero no tiene conocimiento de Él y sigue resistiéndose a Él y traicionándolo. Antes de que el hombre fuera redimido, muchos de los venenos de Satanás ya fueron plantados dentro de él. Después de miles de años de corrupción de Satanás, el hombre ya tiene dentro de sí una naturaleza que resiste a Dios. Por tanto, cuando ha sido redimido, no es nada más que una redención en la que se le ha comprado por un alto precio, pero la naturaleza venenosa de su interior no se ha eliminado. El hombre que está tan inmundo debe pasar por un cambio antes de ser digno de servir a Dios. Por medio de esta obra de juicio y castigo, el hombre llegará a conocer plenamente la esencia inmunda y corrupta de su interior, y podrá cambiar completamente y ser limpio. Sólo de esta forma puede ser el hombre digno de regresar delante del trono de Dios. Toda la obra realizada este día es con el fin de que el hombre pueda ser limpiado y cambiado; por medio del juicio y el castigo por la palabra, así como del refinamiento, el hombre puede desechar su corrupción y ser hecho puro. En lugar de considerar que esta etapa de la obra es la de la salvación, sería más apropiado decir que es la obra de purificación. En verdad, esta etapa es la de conquista así como la segunda etapa de la salvación. Dios gana al hombre por medio del juicio y el castigo por la palabra; por medio del uso de la palabra para refinar, juzgar y revelar, todas las impurezas, las concepciones, los motivos y las esperanzas individuales dentro del corazón del hombre se revelan completamente. Aunque el hombre ha sido redimido y se le han perdonado sus pecados, sólo se considera que Dios no recuerda sus transgresiones y no lo trata de acuerdo con estas. Sin embargo, cuando el hombre vive en la carne y no ha sido liberado del pecado, sólo puede continuar pecando, revelando interminablemente el carácter satánico corrupto. Esta es la vida que el hombre lleva, un ciclo sin fin de pecado y perdón. La mayoría de los hombres pecan durante el día y confiesan por la noche. Así, aunque la ofrenda por el pecado siempre sea efectiva para ellos, no podría salvarlos del pecado. Sólo se ha completado la mitad de la obra de salvación, porque el hombre sigue teniendo un carácter corrupto. Por ejemplo, cuando las personas supieron que descendían de Moab, pronunciaron palabras de queja, dejaron de buscar la vida, y se volvieron totalmente pasivas. ¿No muestra esto que siguen siendo incapaces de someterse plenamente al dominio de Dios? ¿No es precisamente este el carácter satánico corrupto? Cuando no estabas siendo sometido al castigo, tus manos se levantaban más alto que todas las demás, incluidas las de Jesús. Y clamabas en voz alta: ¡Sé un hijo amado de Dios! ¡Sé un íntimo de Dios! ¡Mejor sería morir antes que someternos a Satanás! ¡Rebélate contra el viejo Satanás! ¡Rebélate contra el gran dragón rojo! ¡Que el gran dragón rojo caiga completamente del poder! ¡Que Dios nos haga completos! Tus gritos eran más fuertes que todos los demás. Pero entonces llegaron los periodos de castigo y, una vez más, se manifestó el carácter corrupto de las personas. Entonces, sus gritos cesaron, y ellas ya no tuvieron determinación. Esta es la corrupción del hombre; esta es más profunda que el pecado, plantada por Satanás y profundamente arraigada dentro del hombre. No resulta fácil para el hombre ser consciente de sus pecados; es incapaz de reconocer su propia naturaleza profundamente arraigada. Tales efectos sólo pueden conseguirse a través del juicio por la palabra. Sólo así puede el hombre ser cambiado gradualmente de ahí en adelante. El hombre gritaba así en el pasado, porque no tenía entendimiento de su carácter corrupto original. Esas son las impurezas que hay en el hombre. A lo largo de un período de juicio y castigo tan prolongado, el hombre vivía en una atmósfera de tensión. ¿No se consiguió todo esto por medio de la palabra? ¿No clamaste tú también en voz muy alta, antes de la prueba de los hacedores de servicio? ¡Entra en el reino! ¡Todos los que acepten este nombre entrarán en el reino! ¡Todos participarán de Dios! Cuando vino la prueba de los hacedores de servicio, tú no clamaste más. Al principio, todos gritaron: “¡Dios! Allí donde me pongas, me someteré a Tu dirección”. Al leer las palabras de Dios, “¿Quién será Mi Pablo?”, el hombre dijo: “¡Yo estoy dispuesto!”. Después vio las palabras, “¿Y qué hay de la fe de Job?”. Entonces dijo: “Yo estoy dispuesto a tomar la fe de Job. ¡Dios, por favor ponme a prueba!”. Cuando vino la prueba de los hacedores de servicio, se derrumbó inmediatamente, y casi no pudo levantarse de nuevo. Después de eso, disminuyeron gradualmente las impurezas en el corazón del hombre. ¿No se logró esto a través de la palabra? Por tanto, lo que habéis experimentado en el presente son los resultados logrados a través de la palabra, incluso mayores que los conseguidos mediante las señales y las maravillas obradas por Jesús. La gloria de Dios y la autoridad de Dios mismo que tú ves no son vistas sólo a través de la crucifixión, la curación de la enfermedad y la expulsión de demonios, sino mucho más por medio de Su juicio por la palabra. Esto te demuestra que no sólo la realización de señales, la curación de la enfermedad y la expulsión de demonios son la autoridad y el poder de Dios, sino que el juicio por la palabra es capaz de representar mejor la autoridad de Dios y revelar Su omnipotencia.

Lo que el hombre ha conseguido ahora, la estatura del hombre hoy, su conocimiento, amor, lealtad, obediencia, así como su visión, es el resultado alcanzado a través del juicio por la palabra. Que seas capaz de tener lealtad y permanecer firmes hasta este día se consigue a través de la palabra. Ahora el hombre ve que la obra de Dios encarnado es realmente extraordinaria. Hay mucho que el hombre no puede alcanzar; hay misterios y maravillas. Por tanto, muchos se han sometido. Algunos nunca se han rendido a ningún hombre desde los días de sus nacimientos, pero cuando ven las palabras de Dios en este día, lo hacen totalmente sin darse cuenta de que lo han hecho. No se atreven a escrutar o decir nada más; todos han caído bajo la palabra y el juicio por ella. Si el Espíritu de Dios hablara directamente al hombre, todos se someterían a la voz, cayendo sin palabras de revelación, como cuando Pablo cayó a tierra en medio de la luz durante su viaje a Damasco. Si Dios continuara obrando de esta forma, el hombre nunca sería capaz de reconocer su propia corrupción a través del juicio por la palabra y alcanzar la salvación. Sólo haciéndose carne puede Él transmitir personalmente Sus palabras a los oídos de todos de forma que todos los que tienen oídos puedan oír Sus palabras y recibir Su obra de juicio por la palabra. Sólo ése es el resultado obtenido por Su palabra, en lugar de la emergencia del Espíritu que atemoriza al hombre para que se someta. Sólo a través de esa obra práctica y extraordinaria puede el antiguo carácter del hombre, escondido profundamente en su interior durante muchos años, ser revelado plenamente de forma que el hombre pueda reconocerlo y cambiarlo. Esta es la obra práctica de Dios encarnado; Él habla y ejecuta el juicio de una manera práctica para conseguir los resultados del juicio sobre el hombre por la palabra. Así son la autoridad de Dios encarnado y el sentido de Su encarnación. Se hace para dar a conocer la autoridad de Dios encarnado, los resultados obtenidos por la obra de la palabra, y que el Espíritu ha venido en carne; Él demuestra Su autoridad por medio del juicio sobre el hombre por la palabra. Aunque Su carne es la forma externa de una humanidad ordinaria y normal, los resultados conseguidos por Sus palabras muestran al hombre que Él está lleno de autoridad, que es Dios mismo y que Sus palabras son la expresión de Dios mismo. Esto muestra a todos los hombres que Él es Dios mismo, Dios mismo hecho carne, y que por nadie puede ser ofendido. Nadie puede sobrepasar Su juicio por la palabra, y ninguna fuerza de las tinieblas puede prevalecer sobre Su autoridad. El hombre se somete a Él completamente debido a que Él es el Verbo hecho carne, a Su autoridad y a Su juicio por la palabra. La obra que trajo Su carne encarnada es la autoridad que Él posee. Él se hace carne, porque esta también puede poseer autoridad, y Él puede llevar a cabo la obra entre los hombres de una manera práctica, visible y tangible para el hombre. Esa obra es mucho más realista que cualquier otra hecha directamente por el Espíritu de Dios que posee toda autoridad, y sus resultados también son evidentes. Esto se debe a que Su carne encarnada puede hablar y obrar de una forma práctica; la forma externa de Su carne no tiene autoridad y los hombres pueden acercarse. Su esencia conlleva autoridad, pero esta no es visible para nadie. Cuando Él habla y obra, el hombre es incapaz de detectar la existencia de Su autoridad; esto es incluso más favorable para Su obra práctica. Y toda ella puede obtener resultados. Aunque ningún hombre es consciente de que Él tiene autoridad ni ve que no se le puede ofender, ni ve Su ira, a través de Su autoridad y Su ira veladas, y de Su discurso público, Él consigue los resultados pretendidos de Sus palabras. Dicho de otra forma, el hombre se convence totalmente por medio de Su tono de voz, la severidad del discurso, y toda la sabiduría de Sus palabras. De esta forma, el hombre se somete a la palabra de Dios encarnado, que aparentemente no tiene autoridad, alcanzando de esta forma Su objetivo de la salvación del hombre. Este es otro sentido de Su encarnación: hablar de forma más realista y permitir que la realidad de Sus palabras tenga un efecto sobre el hombre de forma que este dé testimonio del poder de la palabra de Dios. Así pues, esta obra, si no se hace por medio de la encarnación, no obtendrá los más mínimos resultados y no sería capaz de salvar totalmente a los pecadores. Si Dios no se hace carne, se queda como el Espíritu invisible e intangible para el hombre. Este es una criatura de carne, y el hombre y Dios pertenecen a dos mundos diferentes y son de distinta naturaleza. El Espíritu de Dios es incompatible con el hombre de carne, y no se pueden establecer relaciones entre ellos; además, el hombre no puede volverse espíritu. Así, el Espíritu de Dios debe pasar a ser una de las criaturas y hacer Su obra original. Dios puede ascender al lugar más elevado y humillarse volviéndose un hombre de la creación, obrando y viviendo entre los hombres, pero estos no pueden ascender hasta el lugar más elevado y volverse un espíritu, y mucho menos descender hasta el lugar más bajo. Por tanto, Dios debe hacerse carne para llevar a cabo Su obra. Como en la primera encarnación, sólo la carne de Dios podía redimir al hombre a través de Su crucifixión, mientras no era posible que el Espíritu de Dios fuera crucificado como una ofrenda por el pecado por el hombre. Dios podía hacerse carne directamente para servir como una ofrenda por el pecado para el hombre, pero este no podía ascender directamente al cielo para tomar la ofrenda por el pecado que Dios había preparado para él. Así, Dios debe viajar de aquí para allá entre el cielo y la tierra, en lugar de dejar que el hombre ascienda al cielo para tomar esta salvación, porque el hombre había caído y no podía ascender al cielo, mucho menos obtener la ofrenda por el pecado. Por tanto, era necesario que Jesús viniera entre los hombres y realizara personalmente la obra que estos simplemente no podían cumplir. Cada vez que Dios se hizo carne, fue absolutamente necesario que lo hiciera. Si el Espíritu de Dios hubiera podido llevar a cabo directamente cualquiera de las etapas, no habría soportado las indignidades de ser encarnado.

En esta etapa final de la obra, los resultados se obtienen a través de la palabra. A través de la palabra, el hombre llega a entender muchos misterios y la obra de Dios a lo largo de generaciones pasadas; el Espíritu Santo ilumina al hombre; este llega a entender los misterios nunca antes desvelados por las generaciones pasadas, así como la obra de los profetas y apóstoles de tiempos pasados, y los principios por los que obraron; el hombre también llega a conocer el carácter de Dios mismo, así como la rebeldía y la resistencia del hombre, y llega a conocer su propia esencia. A través de estos pasos de la obra y todas las palabras habladas, el hombre llega a conocer la obra del Espíritu, de la carne encarnada de Dios, y además, todo Su carácter. Tu conocimiento de la obra de gestión de Dios durante seis mil años también lo obtuviste a través de la palabra. ¿No conseguiste también tu conocimiento de tus antiguas ideas y el éxito al dejarlas de lado a través de la palabra? En la etapa anterior, Jesús obró señales y milagros, pero no es así en esta. ¿No obtuviste también a través de la palabra tu entendimiento de por qué no lo hace? Por tanto, las palabras habladas en esta etapa sobrepasan la obra realizada por los apóstoles y los profetas de generaciones pasadas. Ni siquiera las profecías hechas por los profetas podrían haber conseguido tales resultados. Los profetas sólo hablaron de profecías, de lo que acontecería en el futuro, pero no de la obra que Dios debía hacer en ese momento. No hablaron para guiar al hombre en su vida, para conferir verdades al hombre o revelarle misterios, y mucho menos para otorgar vida. En las palabras habladas en esta etapa, hay profecía y verdad, pero las mismas sirven principalmente para otorgar vida al hombre. Las palabras presentes son diferentes de las profecías de los profetas. Esta es una etapa de la obra que no es para las profecías sino para la vida del hombre, para cambiar su carácter de vida. La primera etapa fue la obra de Jehová allanando el camino para que el hombre adorara a Dios en la tierra. Fue la obra de comienzo para encontrar la fuente del obrar en la tierra. En ese momento, Jehová enseñó a los israelitas a observar el día de reposo, respetar a sus padres y vivir pacíficamente con los demás. Como los hombres de esa época no entendían qué constituía al hombre ni cómo vivir en la tierra, era necesario que Él dirigiese a este en su vida en la primera etapa. La humanidad no había conocido ni poseído previamente todo lo que Jehová le habló. En ese momento, se levantaron muchos profetas para comunicar profecías, todas hechas bajo el liderazgo de Jehová. Esta era simplemente una parte de la obra. En la primera etapa, Dios no se hizo carne, por lo que habló a las tribus y naciones por medio de los profetas. Cuando Jesús hizo Su obra en ese momento, no habló tanto como lo hace en el presente. Esta obra de la palabra en los últimos días nunca se ha hecho antes en eras y generaciones pasadas. Aunque Isaías, Daniel y Juan hicieron muchas profecías, estas fueron totalmente diferentes de las palabras habladas ahora. Lo que ellos comunicaron sólo eran profecías, pero las palabras actuales no lo son. Si Yo convirtiese en profecía todo aquello de lo que hablo, ¿seríais capaces de entender? Si hablase de asuntos para el futuro, para después de haberme ido, ¿cómo obtendrías entendimiento? La obra de la palabra nunca se llevó a cabo en la época de Jesús ni en la Era de la Ley. Quizás algunos puedan decir: “¿No habló Jehová palabras también en el tiempo de Su obra? Además de curar enfermedades, echar fuera demonios y obrar señales y maravillas, ¿no habló también Jesús palabras en ese tiempo?”. Existen diferencias en cómo se hablan las palabras. ¿Cuál era la esencia de las palabras pronunciadas por Jehová? Él sólo estaba guiando al hombre en su vida en la tierra, sin involucrarse en los asuntos espirituales de la misma. ¿Por qué se dice que las palabras de Jehová se proclamaban en todos los lugares? La palabra “proclamar” se refiere a dar explicaciones claras e instrucciones directas. Él no proveyó vida al hombre; en su lugar, lo tomó simplemente de la mano y le enseñó cómo venerarlo. No había parábolas. La obra de Jehová en Israel no era ocuparse del hombre ni disciplinarlo, o ejecutar el juicio y el castigo; era guiar. Jehová le pidió a Moisés que dijese a Su pueblo que recogiera maná en el desierto. Cada mañana antes del amanecer, debían recoger maná, únicamente lo suficiente para comer ese día. El maná no podía guardarse para el día siguiente, porque enmohecería. Él no enseñó al hombre ni reveló su naturaleza, ni tampoco sus ideas y pensamientos. No cambió al hombre, sino que lo dirigió en su vida. En esa época, el hombre era como un niño; este no entendía nada y sólo podía realizar movimientos mecánicos básicos; por tanto, Jehová sólo decretó leyes para guiar al pueblo. Si deseas difundir el evangelio para que todos aquellos que lo busquen con un corazón sincero obtengan conocimiento de la obra hecha este día y se convenzan totalmente, debes entender la historia interior, la esencia y el significado de la obra realizada en cada etapa. Al oír tu compartir, pueden entender la obra de Jehová y de Jesús y, además, toda la que se hace hoy, así como la relación y las diferencias entre las tres etapas de la obra, de forma que, después de haber escuchado, vean que ninguna de las tres etapas altera a las demás. En realidad, el mismo Espíritu las ha hecho todas. Aunque llevaron a cabo una obra diferente en eras diferentes y hablaron palabras distintas, los principios por los que obraron fueron exactamente los mismos. Estas son las mayores visiones que todas las personas deberían entender.