5. Diferencias entre las palabras de Dios como las transmitieron los profetas y las palabras expresadas por Dios encarnado

Las palabras relevantes de Dios:

En la Era de la Gracia, Jesús también dijo muchas palabras y llevó a cabo mucha obra. ¿Cómo fue Él diferente de Isaías? ¿Cómo fue Él diferente de Daniel? ¿Fue un profeta? ¿Por qué se dice que Él es Cristo? ¿Cuáles son las diferencias entre ellos? Todos ellos fueron hombres que hablaron palabras y sus palabras les parecían más o menos iguales a los hombres. Todos dijeron palabras y obraron. Los profetas del Antiguo Testamento hablaron profecías y, de manera similar, también Jesús pudo hacerlo. ¿Por qué es esto así? La distinción aquí se basa en la naturaleza de la obra. Para discernir este asunto, no debéis considerar la naturaleza de la carne ni la profundidad o la superficialidad de sus palabras. Siempre debes considerar primero su obra y los resultados que su obra logra en el hombre. Las profecías que hablaron los profetas en ese tiempo no suministraban la vida del hombre, y las inspiraciones que recibieron personas como Isaías y Daniel eran, simplemente, profecías y no el camino de la vida. Si no hubiera sido por la revelación directa de Jehová, nadie hubiera realizado esa obra, la cual es imposible para los mortales. Jesús también dijo muchas palabras, pero esas palabras eran el camino de la vida a partir del cual el hombre podía encontrar una senda para practicar. Es decir, en primer lugar, Él podía suplir la vida del hombre porque Jesús es vida; en segundo lugar, Él podía revertir las desviaciones del hombre; en tercer lugar, Su obra podía suceder a la de Jehová con el fin de seguir adelante con la era; en cuarto lugar, Él podía comprender cuáles eran las necesidades internas del hombre y sus carencias; en quinto lugar, Él podía marcar el comienzo de una nueva era y dar por terminada la vieja. Es por esto que se llama Dios y Cristo; no solo es Él diferente de Isaías, sino también de todos los otros profetas. Considera a Isaías como una comparación de la obra de los profetas. En primer lugar, él no podía suplir la vida del hombre; en segundo lugar, no podía marcar el comienzo de una nueva era. Él obraba bajo el liderazgo de Jehová y no para marcar el comienzo de una nueva era. En tercer lugar, las palabras que él pronunció lo superaban. Él recibía revelaciones directamente del Espíritu de Dios y los demás no entendían, incluso después de haberlas escuchado. Tan solo estas cosas son suficientes para probar que sus palabras no eran más que profecías, no más que un aspecto de la obra hecha en lugar de Jehová. Sin embargo, él no podía representar completamente a Jehová. Era el siervo de Jehová, un instrumento en la obra de Jehová. Solo estaba haciendo la obra dentro de la Era de la Ley y dentro del alcance de la obra de Jehová; no obró más allá de la Era de la Ley. Por el contrario, la obra de Jesús era distinta. Él superó el alcance de la obra de Jehová; obró como Dios encarnado y padeció la crucifixión con el fin de redimir a toda la humanidad. Es decir, llevó a cabo una nueva obra fuera de la obra que había hecho Jehová. Esto marcó el comienzo de una nueva era. Además, pudo hablar de lo que el hombre no podía alcanzar. Su obra fue una obra dentro de la gestión de Dios e involucraba a toda la humanidad. No obró en solo unos cuantos hombres, ni Su obra fue guiar a un número limitado de hombres. En cuanto a cómo Dios se hizo carne para ser un hombre, cómo el Espíritu dio las revelaciones en aquel momento y cómo el Espíritu descendió sobre un hombre para hacer la obra, estos son asuntos que el hombre no puede ver o tocar. Es completamente imposible que estas verdades sirvan como una prueba de que Él es Dios encarnado. Así pues, solo se puede hacer una distinción entre las palabras y la obra de Dios, que son tangibles para el hombre. Solo esto es real. Esto es así porque los asuntos del Espíritu no son visibles para ti y sólo Dios mismo los sabe con claridad, y ni siquiera la carne encarnada de Dios lo sabe todo; solo puedes verificar si Él es Dios por la obra que Él ha hecho. De Su obra se puede ver que, en primer lugar, Él puede abrir una nueva era; en segundo lugar, puede suplir la vida del hombre y mostrarle el camino a seguir. Esto es suficiente para establecer que Él es Dios mismo. Como mínimo, la obra que Él hace puede representar completamente al Espíritu de Dios, y de tal obra se puede ver que el Espíritu de Dios está dentro de Él. Ya que la obra que llevó a cabo el Dios encarnado fue, principalmente, para marcar el comienzo de una nueva era, dirigir una nueva obra y abrir un nuevo reino, estas condiciones son suficientes para establecer que Él es Dios mismo. Esto lo diferencia de Isaías, Daniel y los otros grandes profetas.

Extracto de ‘La diferencia entre el ministerio de Dios encarnado y el deber del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

Dios instruyó personalmente las predicciones de los profetas: las profecías de los semejantes a Isaías, Daniel, Esdras, Jeremías y Ezequiel vinieron de la instrucción directa del Espíritu Santo; estas personas eran profetas, habían recibido el Espíritu de profecía, y eran, todos, profetas del Antiguo Testamento. Durante la Era de la Ley, estas personas, que habían recibido las inspiraciones de Jehová, hablaron muchas profecías, que fueron instruidas directamente por Jehová. ¿Y por qué obró Jehová en ellas? Porque el pueblo de Israel era el pueblo escogido de Dios y la obra de los profetas tenía que llevarse a cabo entre ellos; es por eso que los profetas pudieron recibir tales revelaciones. De hecho, ellos mismos no entendieron las revelaciones que Dios les dio. El Espíritu Santo habló esas palabras a través de su boca de forma que las personas del futuro pudieran comprender esas cosas, y ver que eran realmente la obra del Espíritu de Dios, del Espíritu Santo, y que no venían del hombre, y para darles confirmación de la obra del Espíritu Santo. Durante la Era de la Gracia, Jesús mismo llevó a cabo toda esta obra en su lugar, así que las personas ya no hablaron más profecías. Entonces, ¿Jesús fue un profeta? Por supuesto, Jesús fue un profeta, pero también fue capaz de llevar a cabo la obra de los apóstoles; podía hablar profecías y predicar y enseñar a las personas por todas partes. Pero la obra que realizó y la identidad que representó no eran lo mismo. Él vino a redimir a toda la humanidad, a redimir al hombre del pecado; Él era un profeta y un apóstol, pero, más que eso, era Cristo. Un profeta puede hablar profecías, pero no puede decirse que sea Cristo. En esa época, Jesús pronunció muchas profecías, y por tanto puede decirse que fue un profeta, pero no que fuera un profeta y que, por tanto, no fuera Cristo. Esto se debe a que representó a Dios mismo al llevar a cabo una etapa de la obra, y Su identidad era diferente de la de Isaías: Él vino a completar la obra de redención y también proveyó la vida del hombre, y el Espíritu de Dios vino sobre Él directamente. En la obra que llevó a cabo, no hubo inspiraciones del Espíritu de Dios ni instrucciones por parte de Jehová, sino que el Espíritu vino a obrar directamente; esto es suficiente para demostrar que Jesús no fue lo mismo que un profeta. La obra que realizó fue la obra de redención, y después vino el hablar profecías. Él fue un profeta, un apóstol pero, más que eso, fue el Redentor. Los predictores, entretanto, solo podían hablar profecías, y eran incapaces de representar al Espíritu de Dios al llevar a cabo cualquier otra obra. Como Jesús realizó mucha obra que el hombre nunca antes había hecho, y llevó a cabo la obra de redimir a la humanidad, fue, pues, diferente a los semejantes a Isaías.

Extracto de ‘Relativo a la Biblia (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Durante la Era del Reino, Dios encarnado pronuncia palabras para conquistar a todos los que creen en Él. Esto es “la Palabra que aparece en la carne”. Dios ha venido durante los últimos días para llevar a cabo esta obra; es decir, ha venido a manifestar el significado práctico de la Palabra que aparece en la carne. Él sólo pronuncia palabras y rara vez se producen hechos. Esto es la esencia misma de la Palabra que aparece en la carne, y cuando Dios encarnado pronuncia Sus palabras, es la aparición de la Palabra en la carne y la Palabra que se hace carne. “En el comienzo existía el Verbo y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios, y la Palabra se hizo carne”.* Esto (la obra de la aparición de la Palabra en la carne) es la obra que Dios llevará a cabo en los últimos días, y es el capítulo final de la totalidad de Su plan de gestión; así, Dios tiene que venir a la tierra y manifestar Sus palabras en la carne. Lo que se hace hoy, lo que se hará en el futuro, lo que Dios realizará, el destino final del hombre, los que serán salvos, los que serán destruidos, etcétera, toda esta obra que debe realizarse al final se ha expuesto con claridad, y su propósito es manifestar el significado práctico de la Palabra que aparece en la carne. Los decretos administrativos y la constitución que se emitieron anteriormente, los que serán destruidos, los que entrarán en el reposo, todas esas palabras deben cumplirse. Se trata de la obra realizada por el Dios encarnado principalmente durante los últimos días. Él hace que las personas comprendan adónde pertenecen los que fueron predestinados por Dios, y adónde pertenecen los que no son predestinados por Él; cómo serán clasificados Su pueblo y Sus hijos, lo que le ocurrirá a Israel y lo que le ocurrirá a Egipto. En el futuro, cada una de estas palabras se cumplirá. El ritmo de la obra de Dios se va acelerando. Dios usa la palabra como el medio para revelarle al hombre lo que se ha de realizar en cada era, lo que el Dios encarnado ha de llevar a cabo durante los últimos días y el ministerio que Él realizará, y todas estas palabras tienen el propósito de manifestar el significado real de la Palabra que aparece en la carne.

Extracto de ‘Todo se logra por la palabra de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

La obra en los últimos días pone al descubierto la obra de Jehová y la de Jesús, así como todos los misterios no entendidos por el hombre, con el fin de revelar el destino y el final de la humanidad, y concluye toda la obra de salvación en medio de la humanidad. Esta etapa de la obra en los últimos días pone fin a todo. Todos los misterios no comprendidos por el hombre necesitan descifrarse para permitirle al hombre llegar a lo más profundo de los mismos y tener un entendimiento claro en su corazón. Solo entonces puede la raza humana ser clasificada según su especie. Hasta que el plan de gestión de seis mil años se haya completado, llegará el hombre a entender el carácter de Dios en su totalidad, porque Su gestión habrá llegado entonces a su fin. Ahora que habéis experimentado la obra de Dios en la era final, ¿cuál es el carácter de Dios? ¿Te atreves a decir que Dios es el Dios que solo pronuncia palabras, y nada más? No os atreveríais a llegar a semejante conclusión. Algunos dicen que Dios es el Dios que revela misterios, que Dios es el Cordero y quien rompe los siete sellos. Pero nadie se atreve a llegar a esta conclusión. Otros podrían decir que Dios es la carne encarnada, pero esto seguiría siendo incorrecto. Otros más podrían decir que Dios encarnado solo pronuncia palabras y que no obra señales ni maravillas, pero tú te atreverías aún menos a hablar de esta forma, porque Jesús se hizo carne y obró señales y maravillas, así que no te atreverías a definir a Dios tan a la ligera. Toda la obra llevada a cabo a lo largo del plan de gestión de seis mil años ha llegado a su fin apenas ahora. Solo después de que toda esta obra le haya sido revelada al hombre y se haya llevado a cabo en medio de la humanidad, esta conocerá la totalidad del carácter de Dios y lo que Él tiene y es. Cuando la obra de esta etapa se haya completado plenamente, todos los misterios no entendidos por el hombre se habrán revelado, todas las verdades no entendidas anteriormente habrán quedado claras, y se le habrá comunicado a la raza humana su senda y su destino futuros. Esta es la totalidad de la obra que debe realizarse en la etapa actual. […] La etapa actual tiene como objetivo exponer la injusticia dentro del hombre por medio del castigo, el juicio, el golpe de las palabras, la disciplina y la revelación de las mismas, de modo que la humanidad pueda ser salva después. Esta obra es más profunda que la redención. La gracia que había en la Era de la Gracia, era suficiente para el disfrute del hombre; ahora que ya la ha experimentado, ya no habrá de disfrutar más de ella. Esa obra ha quedado obsoleta y ya no se hará más. Ahora, el hombre será salvo por medio del juicio de la palabra. Después de que el hombre es juzgado, castigado y refinado, su carácter, por ende, cambia. ¿No se debe esto a las palabras que he hablado?

Extracto de ‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”

En esta etapa final de la obra, los resultados se logran a través de la palabra. A través de la palabra, el hombre llega a entender muchos misterios y la obra que Dios ha llevado a cabo a lo largo de generaciones pasadas; a través de la palabra, el Espíritu Santo esclarece al hombre; a través de la palabra, el hombre llega a entender los misterios nunca antes desvelados por las generaciones pasadas, así como la obra de los profetas y apóstoles de tiempos pasados, y los principios por los que obraron; a través de la palabra, el hombre también llega a comprender el carácter de Dios mismo, así como la rebeldía y la resistencia del hombre, y llega a conocer su propia esencia. A través de estos pasos de la obra y de todas las palabras habladas, el hombre llega a conocer la obra del Espíritu, la obra que lleva a cabo la carne encarnada de Dios, y, además, la totalidad de Su carácter. Tu conocimiento de la obra de gestión de Dios a lo largo de seis mil años también lo obtuviste a través de la palabra. ¿No obtuviste también a través de la palabra el conocimiento de tus antiguas nociones y tu éxito al hacerlas a un lado? En la etapa anterior, Jesús obró señales y maravillas, pero no hay ni señales ni maravillas en esta etapa. ¿No obtuviste también a través de la palabra tu entendimiento de por qué Dios no revela señales y maravillas? Por tanto, las palabras habladas en esta etapa sobrepasan la obra realizada por los apóstoles y los profetas de generaciones pasadas. Ni siquiera las profecías hechas por los profetas podrían haber conseguido este resultado. Los profetas sólo hablaron de profecías, de lo que acontecería en el futuro, pero no de la obra que Dios deseaba hacer en ese momento. Tampoco hablaron para guiar a la humanidad en su vida, para conferirle verdades o para revelarle misterios, y, mucho menos, para otorgar vida. En las palabras habladas en esta etapa hay profecía y verdad, pero las mismas sirven principalmente para otorgarle vida al hombre. En el presente, las palabras son diferentes a las profecías de los profetas. Esta es una etapa de la obra para la vida del hombre, para cambiar su carácter de vida y no en aras de hablar profecías.

Extracto de ‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”

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