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73. Cuando Dios se hizo carne en la Era de la Gracia lo hizo en la imagen de un hombre judío, entonces ¿por qué se ha aparecido el Dios de los últimos días como una persona asiática?

La respuesta de la palabra de Dios:

Dios es lo más grande en todo el universo; ¿podría pues explicarse plenamente a sí mismo usando la imagen de la carne? Dios se reviste de ella con el fin de llevar a cabo una etapa de Su obra. No hay relevancia en la imagen de la carne, y no guarda relación con el paso de las eras; tampoco tiene nada que ver con el carácter de Dios. ¿Por qué no permitió Jesús que Su imagen permaneciera? ¿Por qué no consintió que el hombre pintara Su imagen, y que esta pudiera transmitirse a generaciones posteriores? ¿Por qué no permitió que las personas reconocieran que Su imagen era la de Dios? […] Él sólo se encarna para que el Espíritu pueda tener algún lugar adecuado donde residir cuando lleva a cabo Su obra, para que pueda lograr Su obra en la carne; para que las personas puedan ver Su obra, entrar en contacto con Su carácter, escuchar Sus palabras y conocer el prodigio de Su obra. Su nombre representa Su carácter, Su obra representa Su identidad, pero Él nunca ha dicho que Su aspecto en la carne representara Su imagen. Esto es una mera noción del hombre. Por tanto, los puntos clave de la encarnación de Dios son Su nombre, Su obra, Su carácter y Su género. Él usa estas cosas para representar Su gestión en esta era. Su aspecto en la carne no tiene consecuencias en Su gestión, y es meramente por el bien de Su obra en aquel tiempo. A pesar de todo, es imposible que el Dios encarnado no tenga un aspecto particular y, por ello, escoge la familia adecuada que determine Su apariencia. Si el aspecto de Dios tuviera un significado representativo, todos los que poseen rasgos faciales similares a los de Él también representarían a Dios. ¿No sería este un enorme error? […] Dios es Espíritu, y el ser humano nunca será capaz de resumir con exactitud cuál es Su imagen. Esta sólo puede ser representada por Su carácter. […] No puedes usar el lenguaje del hombre para epitomizar por completo la imagen de Dios, ¡porque Él es demasiado exaltado, demasiado grande, demasiado maravilloso e inimaginable!

de ‘La visión de la obra de Dios (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Es imperativo que la carne encarnada de Dios se marche de la tierra al terminar la obra que necesita realizar, porque Él sólo viene a hacer la que debe hacer, y no a mostrar Su imagen a las personas. Aunque Dios ya ha cumplido el sentido de la encarnación haciéndose carne dos veces, seguirá sin manifestarse abiertamente a ninguna nación que nunca antes lo haya visto. Jesús no se mostrará nunca más a los judíos como el Sol de justicia ni ascenderá al monte de los Olivos, ni se aparecerá a todas las personas; lo único que los judíos ven es la imagen de Él durante Su tiempo en Judea. Esto se debe a que la obra de Jesús hecho carne terminó hace dos mil años; Él no regresará a Judea con Su imagen anterior, y menos aún mostrará Su imagen de aquel tiempo a ninguna nación gentil, porque la imagen de Jesús hecho carne es sencillamente la imagen de un judío, y no la del Hijo del Hombre que Juan había visto. Aunque Jesús prometió a Sus seguidores que “Él vendría otra vez”, simplemente no se mostrará bajo el aspecto de un judío a todos los que están en las naciones gentiles. […] Esto es idéntico a cómo la imagen de Jesús como judío sólo puede representar la de Dios cuando obraba en Judea, y sólo pudo llevar a cabo la obra de la crucifixión. Durante el tiempo que Jesús estuvo en la carne, no pudo realizar la obra de poner fin a una era o destruir a la humanidad. Por tanto, después de haber sido crucificado y de concluir Su obra, ascendió a lo alto y se ocultó del hombre para siempre. Desde entonces en adelante, esos creyentes fieles en las naciones gentiles sólo pudieron ver el cuadro del Señor Jesús que pegaban en las paredes, y no Su manifestación. Este cuadro lo pinta el hombre, y no es la imagen que Dios mismo mostró al hombre. Dios no se mostrará abiertamente a la multitud en la imagen en la que se hizo carne dos veces. La obra que realiza en medio de la humanidad es permitir a esta entender Su carácter. Esto lo cumple todo mostrándoselo al hombre por medio de la obra de las diferentes épocas, así como por el carácter que ha dado a conocer y la obra que ha hecho, en lugar de a través de la manifestación de Jesús. Es decir, la imagen de Dios no se da a conocer al hombre por medio de la imagen encarnada, sino a través de la obra llevada a cabo por el Dios encarnado de imagen y forma; y a través de Su obra, Su imagen se muestra y se da a conocer Su carácter. Este es el sentido de la obra que Él desea hacer en la carne.

de ‘El misterio de la encarnación (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Jesús y Yo venimos del mismo Espíritu. Aunque nuestras carnes no tienen relación, nuestros Espíritus son uno; aunque lo que hacemos y la obra que llevamos no sean lo mismo, somos iguales en esencia; nuestras carnes adoptan distintas formas, y esto es debido al cambio en la era y la necesidad de nuestra obra; nuestros ministerios no son iguales, por lo que la obra que traemos y el carácter que revelamos al hombre también son diferentes. Esa es la razón por la que lo que el hombre ve y recibe hoy en día es diferente a lo del pasado; esto es así por el cambio en la era. Aunque el género y la forma de Sus carnes son diferentes, y aunque Ellos no nacieron de la misma familia, mucho menos en la misma época, Sus Espíritus son uno. Aunque Sus carnes no comparten la misma sangre ni una relación física de ninguna forma, esto no niega que Ellos sean las carnes encarnadas de Dios en dos períodos de tiempo diferentes. Es una verdad innegable que son las carnes encarnadas de Dios, aunque no compartan el mismo linaje o un lenguaje humano común (uno fue un varón que hablaba el lenguaje de los judíos y el otro es una mujer que sólo habla chino). Es por estas razones que Ellos realizan la obra que deben en diferentes países y en períodos de tiempo distintos también. A pesar del hecho de que son el mismo Espíritu y poseen la misma esencia, no hay ninguna similitud en absoluto entre los armazones externos de Sus carnes. Simplemente comparten la misma humanidad, pero la apariencia y el nacimiento de Sus carnes no son parecidos. Esto no ejerce ningún impacto en Sus respectivas obras o en el conocimiento que el hombre tiene de Ellos, porque, después de todo, son el mismo Espíritu y nadie puede separarlos. Aunque no tienen parentesco alguno, Sus seres por entero están dirigidos por Sus Espíritus, de forma que Ellos emprenden una obra diferente en distintos períodos de tiempo, con Sus carnes que no comparten un linaje. De manera similar, el Espíritu de Jehová no es el padre del Espíritu de Jesús, al igual que el Espíritu de Jesús no es el hijo del Espíritu de Jehová. Ambos son el mismo Espíritu, al igual que el Dios encarnado de hoy en día y Jesús. Aunque no tienen relación de sangre, son uno; esto se debe a que Sus Espíritus son uno. Él puede realizar la obra de compasión y misericordia, así como la de juicio justo y castigo del hombre y la de traer maldiciones sobre el hombre. Al final, Él puede realizar la obra de destruir el mundo y castigar a los malvados. ¿Acaso no hace todo esto Él mismo? ¿No es esto la omnipotencia de Dios?

de ‘Las dos encarnaciones completan el sentido de la encarnación’ en “La Palabra manifestada en carne”

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