870 Dios sufre un gran tormento por la salvación del hombre

1 En esta ocasión, Dios se ha hecho carne para llevar a cabo la obra que aún no ha realizado, para juzgar y poner fin a esta era, para salvar al hombre de la vorágine del sufrimiento, para conquistar por completo a la humanidad y para transformar el carácter de vida de la gente. Son muchas las noches de insomnio que ha soportado Dios para liberar al hombre del sufrimiento y de esas fuerzas tan oscuras como la noche, y por el bien de la obra de la humanidad. Ha descendido desde lo más alto hasta lo más bajo para vivir en este infierno humano y pasar Sus días con el hombre. Dios jamás se ha quejado de la mezquindad que hay entre los hombres ni nunca le ha pedido demasiado al hombre; por el contrario, Dios ha soportado la mayor de las vergüenzas mientras realizaba Su obra. A fin de que toda la humanidad pueda gozar pronto del reposo, Dios ha soportado la humillación y padecido la injusticia para venir a la tierra y ha entrado personalmente en la boca del lobo a salvar a la humanidad.

2 Muchas veces ha mirado las estrellas, muchas veces ha partido al amanecer y regresado al anochecer; ha soportado una agonía extrema y ha sido sometido a los ataques y embates de la gente. Dios ha venido a esta tierra de inmundicia, donde ha soportado en silencio los estragos y la opresión del hombre en las tinieblas, ¡pero nunca se ha defendido ni ha exigido demasiado a la gente! Ha llevado a cabo toda la obra necesaria para la humanidad: enseñar, dar esclarecimiento y reprender a la gente, refinarla con Sus palabras, además de advertirle, exhortarla, consolarla, juzgarla y desenmascararla. Cada paso que da es por el bien de la vida de la gente, está destinado a purificarla. A pesar de haberle quitado sus perspectivas y su destino, todo cuanto hace Dios es por el bien de la humanidad. Cada paso que da es para su supervivencia, para que la gente pueda tener un hermoso destino en la tierra.

Adaptado de ‘La obra y la entrada’ en “La Palabra manifestada en carne”

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