Declaraciones de Cristo de Los Últimos Días

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Selección de diez pasajes de la palabra de Dios sobre “La obra y la entrada”

1. Desde que las personas empezaron a transitar por la senda correcta de la vida, existen muchas cosas que no les han quedado claras. Siguen encontrándose confusos respecto a la obra de Dios, y sobre gran parte de la obra que deberían realizar. Esto se debe, por una parte, a la desviación en su experiencia y a las limitaciones de su capacidad de recibir; por la otra, la razón es que la obra de Dios no los ha llevado aún a esta fase. Por tanto, todos son ambiguos en lo que concierne a la mayoría de los asuntos espirituales. No solo no tenéis claro dónde deberíais entrar, sino que aún sois más ignorantes de la obra de Dios. Esto es más que un simple asunto de deficiencias en vosotros: es un gran defecto que pertenece a todos aquellos en el mundo religioso. Aquí radica la clave de por qué las personas no conocen a Dios y, por lo tanto, esta imperfección es un defecto común que comparten todos aquellos que lo buscan. Ni una sola persona ha conocido nunca a Dios ni ha visto Su verdadero rostro. Por ello, la obra de Dios se convierte en algo tan arduo como trasladar un monte o secar el mar. ¿Cuántos han sacrificado su vida por la obra de Dios; cuántos han sido expulsados a causa de Su obra; cuántos han sido atormentados hasta la muerte por Su obra; cuántos han muerto injustamente, con lágrimas en los ojos, por amor a Dios; cuántos se han encontrado con la persecución cruel e inhumana…? ¿No se deben todas estas tragedias a la falta de conocimiento que tienen las personas sobre Dios? ¿Cómo tendría quien no conoce a Dios la desfachatez de venir delante de Él? ¿Cómo podría tener la desvergüenza de presentarse ante Él alguien que cree en Dios y, aun así, le persigue? Esto no es lo único inadecuado de aquellos que se encuentran dentro del mundo religioso, sino que son más bien comunes entre tú y ellos. Las personas creen en Dios sin conocerle; solo por esta razón, no lo reverencian en su corazón ni le temen. Están incluso aquellos que, con gran pompa y circunstancia, realizan la obra que ellos mismos imaginan dentro de esta corriente, y abordan la obra de Dios según sus propias exigencias y sus deseos pródigos. Muchos actúan en un arrebato, sin sentir estima por Dios, y siguiendo su propia voluntad. ¿No son estas perfectas encarnaciones de los corazones egoístas de las personas? ¿Acaso no manifiestan el sobreabundante elemento de engaño que poseen las personas?

De ‘Obra y entrada’ (1) en “La Palabra manifestada en carne”

2. Las personas pueden ser, en realidad, supremamente inteligentes, ¿pero cómo pueden sus dones ocupar el lugar de la obra de Dios? Pueden interesarse de verdad por la carga de Dios, pero no pueden actuar con tanto egoísmo. ¿Son los actos de los seres humanos realmente divinos? ¿Puede alguien estar por completo seguro? Dar testimonio de Dios, heredar Su gloria, se debe a que Dios hace una excepción y levanta a las personas; por sí mismas, nunca podrían ser merecedores de ello. La obra de Dios no ha hecho más que empezar; Sus palabras apenas han comenzado a pronunciarse. A estas alturas, los hombres se sienten bien consigo mismos; ¿acaso no es esto simplemente exponerse a la humillación? Entienden demasiado poco. Ni el teórico más dotado ni el orador más elocuente pueden describir toda la abundancia de Dios; ¿cuánto menos vosotros? Más os valdría no elevar vuestro propio mérito más alto que los cielos, y veros más bien como algo más bajo que el menor de esas personas racionales que buscan amar a Dios. Esta es la senda por la que entrareis: consideraos un palmo más bajo que todos los demás. ¿Por qué os tenéis en tal alta estima, en tan gran consideración? En el largo viaje de la vida solo habéis dado los primeros pasos. Lo único que veis es el brazo de Dios, no Su totalidad. Os corresponde ver más de Su obra, de descubrir más del lugar donde deberíais entrar, porque habéis cambiado demasiado poco.

De ‘Obra y entrada’ (1) en “La Palabra manifestada en carne”

3. En verdad, de las innumerables cosas de la creación de Dios, el hombre es la más baja. Aunque es el señor de todas las cosas, el ser humano es el único que está sujeto a las artimañas de Satanás, el único que cae presa de su corrupción, en formas infinitas. Nunca ha tenido soberanía sobre sí mismo. La mayoría de las personas viven en el horrible lugar de Satanás, y sufren su burla; él les toma el pelo de una forma y de otra, hasta que están medio muertos, soportando todos los acontecimientos, todas las dificultades del mundo humano. Después de jugar con ellos, Satanás pone fin a su destino. Y así, ellos van pasando toda su vida en el aturdimiento de la confusión, sin disfrutar ni una vez de las buenas cosas que Dios ha preparado para ellos, sino dejándose perjudicar por Satanás y quedando destrozados. Hoy están tan debilitados y apáticos que no tienen inclinación alguna por hacer caso a la obra de Dios. Cuando esto ocurre, la experiencia de las personas está condenada para siempre a permanecer fragmentada e incompleta, y entrarán eternamente a un espacio vacío.

De ‘Obra y entrada’ (1) en “La Palabra manifestada en carne”

4. En los varios miles de años transcurridos desde que Dios vino al mundo, ha utilizado a muchos hombres de nobles ideales para hacer Su obra a lo largo de numerosos años; sin embargo, los que conocen Su obra son tan pocos que casi son inexistentes. Por esta razón, innumerables personas asumen el papel de resistirse a Dios a la vez que acometen Su obra porque, en lugar de llevar a cabo Su obra, en realidad hacen una obra humana en una posición conferida por Dios. ¿Puede esto llamarse obra? ¿Cómo pueden entrar? La humanidad ha tomado la gracia de Dios y la ha enterrado. Por ello, en las generaciones pasadas, los que hacen Su obra tienen poca entrada. Sencillamente no hablan de conocer la obra de Dios, por lo poco que entienden de la sabiduría de Dios. Se puede decir que, aunque son muchos los que sirven a Dios, no han sido capaces de ver lo exaltado que Él es y, por esta razón, todos se han colocado en el lugar de Dios para que otros los adoren.

De ‘Obra y entrada’ (1) en “La Palabra manifestada en carne”

5. Durante tantos años, Dios ha permanecido escondido en medio de la creación; a lo largo de numerosas primaveras y otoños ha estado observado, tras un velo de neblina; ha mirado desde el tercer cielo durante muchos días y noches; ha caminado entre los hombres por incontables meses y años. Se ha sentado por encima de todos los hombres, esperando tranquilamente a lo largo de muchos inviernos fríos. Ni una vez se ha mostrado abiertamente a nadie ni ha emitido sonido alguno; se ha marchado sin que se note, y ha regresado en el mismo silencioso. ¿Quién conoce Su verdadero rostro? Ni una vez le ha hablado al hombre y tampoco se le ha aparecido. ¿Cómo de fácil les resulta a las personas llevar a cabo la obra de Dios? Apenas entienden que conocerle es lo más difícil de todo. Hoy, Dios le ha hablado al hombre, pero este nunca lo ha conocido, porque su entrada a la vida es demasiado limitada y superficial. Desde Su perspectiva, las personas son totalmente inadecuadas para presentarse delante de Él. Poseen un entendimiento demasiado pequeño de Dios y están separados en exceso de Él. Además, el corazón con el que creen en Dios es demasiado complicado, y sencillamente no llevan Su imagen en lo más profundo de su ser. Como resultado, el laborioso esfuerzo divino y Su obra, como piezas de oro enterradas en la arena, no pueden emitir destello alguno de luz. Para Dios, el nivel, los motivos y las opiniones de esas personas son repugnantes en extremo. Empobrecidos en su capacidad de recibir, sin sentimientos hasta la insensibilidad, degradados y degenerados, excesivamente serviles, débiles y sin fuerza de voluntad, deben ser guiados como ganado y caballos. En cuanto a su entrada en el espíritu o en la obra de Dios, no prestan la más mínima atención, no poseen ni una pizca de determinación para sufrir por amor a la verdad. No será fácil que este tipo de persona sea completada por Dios. Por eso es fundamental que os pongáis en marcha respecto a vuestra entrada desde este ángulo, que por medio de vuestra obra y vuestra entrada os acerquéis al conocimiento de la obra de Dios.

De ‘Obra y entrada’ (1) en “La Palabra manifestada en carne”

6. Cuando se habla de la obra, el hombre cree que se trata de correr de un lado a otro para Dios, predicar en todos los lugares y gastarse para Él. Aunque esta creencia es correcta, es demasiado parcial; lo que Dios le pide al hombre no es únicamente que viaje constantemente para Él; es más el ministerio y la provisión del espíritu. Muchos hermanos y hermanas no han pensado nunca en trabajar para Dios incluso después de tantos años de experiencia, porque la obra, tal como el hombre la concibe, es incongruente con lo que Dios pide. Por tanto, el hombre no tiene el más mínimo interés en el asunto de la obra y esta es precisamente la razón de que la entrada del hombre sea también bastante parcial. Todos vosotros deberíais empezar a entrar mediante la obra para Dios, de manera que podáis experimentar mejor todos sus aspectos. A esto es donde deberíais entrar. La obra no alude a correr de un lado a otro para Dios, sino a que la vida del hombre y lo que vive sean para Su disfrute. Se trata de que el hombre use su fidelidad hacia Dios y el conocimiento que tiene de Él para testificar de Él y ministrar al hombre. Esta es la responsabilidad del hombre y de lo que todo hombre debería entender. En otras palabras, vuestra entrada es vuestra obra; estáis buscando entrar en el transcurso de vuestra obra para Dios. Experimentarle a Él no es ser capaz de comer y beber Su palabra; lo más importante es que seáis capaces de testifica de Él, servirle, ministrar y proveer para el hombre. Esto es obra y también vuestra entrada; es lo que todo hombre debería llevar a cabo.

De ‘Obra y entrada’ (2) en “La Palabra manifestada en carne”

7. Son muchos los que solo se centran en viajar de un lado a otro para Dios, y en predicar en todas partes, mientras pasan por alto su experiencia personal y descuidan su entrada a la vida espiritual. Esto es lo que hace que quienes sirven a Dios se conviertan en aquellos que se resisten a Él. Durante tantos años, los que sirven a Dios y le ministran al hombre han considerado que la entrada consiste sencillamente en trabajar y predicar, y ninguno de ellos ha visto su propia experiencia espiritual como una entrada importante. Más bien aprovechan la iluminación de la obra del Espíritu Santo para enseñar a otros. Cuando predican, están muy agobiados y reciben la obra del Espíritu Santo, y a través de esto liberan la voz de este. En ese momento, los que trabajan se sienten engreídos y autosatisfechos, como si la obra del Espíritu Santo fuera su propia experiencia espiritual; sienten que todas las palabras que pronuncian durante ese tiempo son su propio ser… Después de que hayas predicado así una vez, sientes que tu estatura práctica no es tan pequeña como creías. Después de que el Espíritu Santo trabaje de manera similar en ti varias veces, decides que ya posees estatura y, erróneamente, crees que la obra del Espíritu Santo es tu propia entrada y ser. Cuando tienes constantemente esta experiencia, te vuelves poco rígido respecto a tu propia entrada. A continuación, te vas haciendo perezoso sin darte cuenta y no le das importancia alguna a tu propia entrada. Por tanto, cuando estés ministrando a otros, debes distinguir con claridad entre tu estatura y la obra del Espíritu Santo. Esto facilitara mejor tu entrada y tu experiencia. Quien considere la obra del Espíritu Santo como su propia experiencia está dando comienzo a la degeneración del hombre. Por tanto, cualquiera que sea el deber que lleves a cabo, deberías considerar tu entrada como una lección clave.

De ‘Obra y entrada’ (2) en “La Palabra manifestada en carne”

8. Uno trabaja para cumplir la voluntad de Dios, para llevar delante de Él a todos los que son según Su corazón, para llevar al hombre a Él y presentarle la obra del Espíritu Santo y la dirección de Dios, perfeccionando así el fruto de la obra de Dios. Por esta razón, es imperativo que comprendáis la esencia del trabajo. Como personas usadas por Dios, todos los hombres son dignos de trabajar para Él, es decir, todos tienen la oportunidad de ser utilizados por el Espíritu Santo. Sin embargo, hay algo que debéis entender: cuando el hombre hace la obra de Dios, tiene la oportunidad de ser usado por Él, pero lo que dice y lo que sabe no corresponde del todo a su estatura. Solo podéis llegar a conocer mejor vuestras deficiencias en vuestra obra y recibir mayor iluminación del Espíritu Santo, permitiéndoos así lograr una mejor entrada en ella. Si el hombre considera la dirección de Dios como su propia entrada y lo que es inherente a su interior, no hay potencial para que la estatura del hombre crezca. El Espíritu Santo ilumina al hombre cuando este se halla en un estado normal; en momentos así, el hombre suele equivocar la iluminación que recibe como su única estatura en realidad, porque el Espíritu Santo ilumina de la forma más normal: haciendo uso de lo que es inherente al interior del hombre. Cuando este trabaja y habla, o durante su oración en sus devociones espirituales, una verdad se le aclarará de forma repentina. Sin embargo, lo que el hombre ve en realidad es tan solo la iluminación del Espíritu Santo (naturalmente, esto está relacionado con la colaboración del hombre) y no su verdadera estatura. Después de un periodo de experiencia en la que el hombre encuentra numerosas dificultades reales, la verdadera estatura del hombre se pone de manifiesto bajo tales circunstancias. Solo en ese momento descubre el hombre que su estatura no es tan grande y que surgen su egoísmo, sus consideraciones personales y su avaricia. Solo después de varios ciclos de semejante experiencia, muchos de los que han despertado en su espíritu entenderán que en el pasado no se trataba de su propia realidad, sino una iluminación momentánea del Espíritu Santo, y que el hombre solo había recibido la luz. Cuando el Espíritu Santo inspira al hombre para que entienda la verdad, con frecuencia lo hace de un modo claro y nítido, sin contexto. Es decir, no incorpora las dificultades del hombre en esta revelación, sino que revela directamente la verdad. Cuando el hombre encuentra complicaciones para entrar, el hombre agrega entonces la iluminación del Espíritu Santo, y esto se convierte en su verdadera experiencia.… Por tanto, cuando recibís la obra del Espíritu Santo, al mismo tiempo deberíais centraros más en vuestra entrada, y ver con exactitud cuál es Su obra y cuál vuestra entrada, e incorporar la obra del Espíritu Santo a vuestra entrada para que podáis ser mejor perfeccionados por Él y permitir que la esencia de Su obra se forje en vosotros. Durante el transcurso de vuestra experiencia de la obra del Espíritu Santo, llegáis a conocerle tanto a Él como a vosotros mismos; en medio de numerosos casos de sufrimiento extremo desarrolláis una relación normal con Dios, que crece en intimidad día a día. Tras incontables fases de poda y refinamiento, desarrolláis un amor verdadero hacia Dios. Por esta razón debéis entender que el sufrimiento, el castigo y las tribulaciones no son desalentadores; lo que sí asusta es tener solamente la obra del Espíritu Santo, pero no vuestra entrada. Cuando llegue el día en que la obra de Dios esté acabada, os habréis esforzado para nada; aunque experimentasteis la obra de Dios, no habréis llegado a conocer al Espíritu Santo ni habréis obtenido vuestra propia entrada. El Espíritu Santo no ilumina al hombre para mantener su pasión, sino para abrir un camino de salida de esta para la entrada del hombre, y para permitirle que llegue a conocerle a Él. A partir de ahí, desarrollará un corazón de reverencia y adoración hacia Dios.

De ‘Obra y entrada’ (2) en “La Palabra manifestada en carne”

9. Dios les ha confiado mucho a los humanos y también ha hablado hasta la saciedad sobre la entrada humana. Sin embargo, por ser el nivel de las personas tan pobre, muchas de las palabras de Dios apenas se siguen. Existen diversas razones para que no den la talla, como la corrupción de la ideología y la moralidad humanas, la falta de una educación adecuada; las supersticiones feudales que ocupan gravemente el corazón del hombre; los estilos de vida depravados y decadentes que resultan en muchas enfermedades en los rincones más profundos del corazón humano; el conocimiento cultural superficial, con casi el noventa y ocho por ciento de las personas que carecen de educación cultural. Lo que es más, muy pocos que reciben niveles más altos de educación cultural para que, básicamente, no tengan ni idea de lo que son el Espíritu o Dios. Solo poseen una imagen imprecisa y poco clara de Él según les proveen las supersticiones feudales; perniciosas influencias en lo profundo del corazón humano como resultado de miles de años de espíritu nacional y pensamiento feudal han dejado a las personas atadas y encadenadas, sin una pizca de libertad. Como resultado, son personas sin aspiraciones ni perseverancia, ni deseo de progresar, sino de ser pasivos y de retroceder, con una mentalidad de esclavos particularmente fuertes. Y así, sin parar. Estos factores objetivos han creado una desagradable imagen, de indeleble suciedad, de actitud ideológica, ideales, moralidad y carácter humanos. Al parecer, los seres humanos están viviendo en un mundo aterrador de oscuridad y nadie busca trascender, nadie piensa en ir a un mundo de ideales. Se limitan a aceptar su suerte en la vida y pasan sus días teniendo hijos y criándolos, esforzándose, sudando, trabajando, soñando con una familia agradable y feliz, el afecto conyugal, la piedad filial por parte de los hijos, unos últimos años gozosos y vivir una vida apacible… Durante décadas, millares, decenas de millares de años hasta ahora, las personas han malgastado su tiempo; nadie ha creado una vida perfecta. Se han limitado a pelear unos con otros en un mundo oscuro, luchando por fama y fortuna, e intrigando entre sí. ¿Quién buscaba la voluntad de Dios? ¿Respondía alguien a la obra de Dios? Todas estas porciones dentro de los seres humanos, ocupados por la influencia de la oscuridad, se han convertido hace mucho tiempo en naturaleza humana, de manera que es bastante difícil llevar a cabo la obra de Dios, y hoy se presta aún menos atención a Su comisión. En cualquier caso, creo que a nadie le importará que Yo pronuncie estas palabras, ya que de lo que estoy hablando es de la historia de miles de años. Referirse a la historia significa hechos y, además, escándalos obvios para todos; ¿de qué sirve, pues, hablar en contra de los hechos?

De ‘Obra y entrada’ (3) en “La Palabra manifestada en carne”

10. Las actividades supersticiosas en las que se involucran las personas son lo que Dios más aborrece. Incluso ahora, muchos siguen siendo incapaces de soltarlas y piensan que son decretos de Dios y, hasta la fecha, no han escapado a conciencia de ellas. Asuntos como las fiestas de boda o las dotes para las jóvenes parejas, los regalos en efectivo, los banquetes y otras palabras y frases concernientes a las ocasiones celebratorias, las viejas frases se fueron transmitiendo y todas las actividades supersticiosas sin sentido, que se realizan en nombre de los muertos y las disposiciones funerarias, todas estas cosas son aún más detestables para Dios. Él odia incluso el domingo (el Sabbat, que guardan los judíos); las relaciones humanas y la comunicación mundana son cosas que Él aborrece y rechaza todavía más. Hasta la Fiesta de la Primavera y el Día de Navidad, de todos conocidos, no han sido decretados por Dios, por no mencionar los juguetes y las decoraciones (canciones, pastel de Año Nuevo, petardos, farolillos, regalos y celebraciones navideñas, y Santa Comunión). ¿Acaso estas festividades no son ídolos en el corazón de las personas? El partimiento del pan en el Sabbat, el vino y el lino fino todavía lo son más. Todos los diversos días de fiestas tradicionales en China, como la festividad del “dragón que levanta la cabeza”, el festival del barco dragón, la fiesta de mitad del otoño, la de Laba y la del día de Año Nuevo, y todas las fiestas completamente sin sentido del mundo religioso como la Pascua, el día del Bautismo, el día de Navidad, todos ellos han sido organizados y transmitidos desde los tiempos antiguos hasta la actualidad por muchas personas y son incompatibles con la humanidad creada por Dios. La rica imaginación y el “ingenioso concepto” son los que han permitido su transmisión hasta hoy. Parecen estar libres de defectos, pero en realidad son bromas que Satanás le hace a la humanidad. Cuántos más Satanás vivan en una localidad, y más obsoleta y atrasada sea esta, más graves serán las costumbres feudales. Estas cosas atan en corto a las personas, sin permitirle movilidad alguna. Muchas de las festividades del mundo religioso parecen exhibir gran originalidad y parecen crear un puente hacia la obra de Dios, pero en realidad son los lazos intangibles de Satanás que atan el conocimiento que las personas tienen de Dios, trucos suyos. De hecho, cuando una etapa de la obra de Dios acababa, Él destruía Sus herramientas y el estilo de ese tiempo, sin dejar rastro alguno. Sin embargo, los “creyentes devotos” siguen adorando a esos objetos materiales tangibles, pero dejan atrás lo que Dios tiene sin tan siquiera estudiarlo, aparentemente llenos del amor de Dios, pero empujándole en realidad fuera de la casa mucho antes y colocando a Satanás en la mesa para adorarlo. Los retratos de Jesús, la Cruz, María, el Bautismo de Jesús y la última Cena, son cosas que las personas tratan como a Dios y las adoran, mientras claman una y otra vez “Dios Padre”. ¿No es todo esto una broma? Hasta hoy, Dios odia muchos dichos y actos similares que se han transmitido entre la humanidad; obstruyen gravemente el camino hacia Dios que está por delante y, además, causan una inmensa pérdida a la entrada humana. Poner a un lado la extensión hasta la que Satanás ha corrompido a la humanidad, la ley de Witness Lee, las experiencias de Lawrence, el estudio de Watchman Nee y la obra de Pablo han ocupado por completo el interior de la humanidad. Dios no tiene forma de trabajar en los seres humanos, porque en ellos ha demasiado individualismo, leyes, normas y sistemas, y esas cosas, además de las tendencias supersticiosas feudales de las personas las han capturado y devorado. Es como si los pensamientos de las personas fueran una conmovedora película de cuento de hadas en color, con seres fantásticos cabalgando sobre las nubes, tan imaginativa como para ser emocionante y sorprendente.

De ‘Obra y entrada’ (3) en “La Palabra manifestada en carne”

11. La mejor manera de cambiar el carácter humano es revertir estas cosas profundamente envenenadas que están en las profundidades del corazón de las personas, y que les permite empezar por modificar su ideología y su moralidad. En primer lugar, los seres humanos necesitan ver con claridad que todos estos ritos, actividades, fechas, festividades son detestables para Dios. Deberían liberarse de estos lazos de ideología feudal y eliminar los profundos coloridos supersticiosos. Todos estos forman parte de la entrada humana. Tenéis que entender por qué Dios conduce a la humanidad desde el mundo secular y desde las normas. Esta es la puerta para vuestra entrada y, aunque no tenga nada que ver con vuestra experiencia espiritual, estas son las cosas principales que os bloquean la entrada, vuestro conocimiento de Dios. Forman una “red” que enreda a las personas. Muchos leen demasiado la Biblia y hasta pueden recitar numerosos pasajes de ella. Hoy, en su entrada, la usan de manera inconsciente para medir la obra de Dios como si ella fuera la base y la fuente de Su obra. Cuando la obra de Dios está en línea con la Biblia, las personas la apoyan con firmeza y contemplan a Dios con otros ojos; cuando no es así, las personas se angustian tanto que empiezan a sudar y a buscar la base de la obra de Dios; si esta no se menciona en la Biblia, ignorarán a Dios. Se puede afirmar que la mayoría de los seres humanos aceptan con cautela, obedecen con fastidio y reconocen de forma casual la obra presente de Dios; en cuanto a las cosas del pasado, se aferran a la mitad y dejan la otra parte. ¿Se le puede llamar entrada a esto? Las personas consideran que los libros de otros son tesoros, y los tratan como la llave de oro que abre la puerta del reino, y sencillamente no muestran interés en los requisitos que Dios tiene hoy. Además, muchos “expertos inteligentes” sostienen las palabras de Dios en la mano izquierda, mientras que en la derecha tienen las “obras maestras” de otros, como si quisieran hallar la base de las palabras de Dios en dichos libros para demostrar por completo que las palabras de Dios son correctas y hasta proporcionan explicaciones a los demás en combinación con esas grandes obras, como si funcionaran. A decir verdad, muchos “investigadores científicos” entre la humanidad nunca tienen un buen concepto de los últimos logros científicos actuales, éxitos científicos sin precedentes (es decir, la obra de Dios, las palabras de Dios y la senda para la entrada a la vida), de modo que todas las personas son “autosuficientes”, “predican” a todo lo largo y ancho confiando en su elocuencia, alardeando “del buen nombre de Dios”. Sin embargo, su entrada está en riesgo y los requisitos de Dios parecen tan lejanos como desde la creación hasta este momento. ¿Cómo de fácil resulta hacer la obra de Dios?

De ‘Obra y entrada’ (3) en “La Palabra manifestada en carne”

12. Al parecer, las personas ya han decidido dejar una mitad de sí mismas al ayer y traer la mitad al presente, entregarle la mitad a Satanás y ofrecerle la otra mitad a Dios, como si esta fuera la forma de tener una conciencia cómoda y sentir alguna sensación de confort. El corazón de las personas es tan insidioso, que temen no solo perder el mañana, sino también el ayer, profundamente asustados tanto de ofender a Satanás como al Dios de hoy que parece ser y no ser. Al ser tan pobre el cultivo ideológico y moral de los seres humanos, su capacidad de discernir es particularmente mala y, en el fondo, no saben si la obra de hoy es de Dios o no. Tal vez se deba a que el pensamiento supersticioso feudal humano es tan profundo que hace mucho tiempo ya que han colocado la superstición y la verdad, a Dios y a los ídolos, en la misma categoría; no se preocupan por distinguir entre estas cosas. Es como si hubieran sacudido su cerebro, pero siguen siendo incapaces de aclararse. Por esta razón, los seres humanos se detienen en su camino y ya no siguen hacia adelante. Todas estas cosas surgen de la falta de una educación ideológica correcta en las personas, que provoca grandes dificultades para su entrada. Como resultado, los seres humanos no tienen nunca interés en la obra del Dios verdadero, sino que se pegan con persistencia a la obra del hombre (como en el caso de los que son considerados grandes hombres), como si estuviera grabada. ¿No son estas las últimas lecciones para la entrada de la humanidad?

De ‘Obra y entrada’ (3) en “La Palabra manifestada en carne”

13. Si el hombre puede entrar verdaderamente en conformidad con la obra del Espíritu Santo, su vida brotaría con rapidez como un retoño de bambú después de la lluvia de primavera. A juzgar por la talla corriente de la mayoría de las personas, nadie le concede importancia a la vida. En vez de ello, consideran relevantes algunos asuntos superficiales inconsecuentes. O van a toda prisa de aquí para allá, y trabajan sin objetivo y al azar, sin enfoque, sin saber adónde dirigirse y mucho menos para quien. Se limitan a “ocultarse con humildad”. La verdad es que pocos de vosotros conocen las intenciones de Dios para los últimos días. Algunos apenas distinguen las pisadas de Dios, y son menos aun los que están al corriente del cuál será el logro supremo de Dios. No obstante, por pura fuerza de voluntad, todos aceptan la disciplina y el trato de los demás, como si se prepararan y esperaran el día en que por fin lo consigan y puedan relajarse. No ofreceré ningún comentario sobre estos “portentos” entre las personas, pero hay una idea que todos debéis entender. En estos momentos, el ser humano está progresando hacia la anormalidad; sus pasos de entrada ya se dirigen hacia un punto muerto. Tal vez muchos crean que lo que el hombre anhela es el “Shangri-La”, creyendo que es el “lugar de libertad”. En realidad, no lo es. O se podría decir que las personas ya se han extraviado.

De ‘Obra y entrada’ (4) en “La Palabra manifestada en carne”

14. Dios está encarnado en el continente chino, lo que los compatriotas de Hong Kong y Taiwán llaman el interior. Cuando Dios descendió de lo alto a la tierra, nadie lo supo en el cielo ni aquí abajo, porque este es el verdadero significado de que Dios regrese de un modo oculto. Durante largo tiempo ha estado obrando en la carne y viviendo, aunque nadie se ha enterado. Incluso hasta el día de hoy, nadie lo reconoce. Tal vez seguirá siendo una adivinanza eterna. Esta vez, la venida de Dios en carne no es algo de lo que cualquiera pueda ser consciente. Independientemente de que la obra del Espíritu sea a gran escala y poderosa, Dios siempre permanece compuesto, sin delatarse nunca. Se puede decir que es como si esta etapa de Su obra se está llevando a cabo en el reino celestial. Aunque sea algo perfectamente obvio para todos, nadie lo reconoce. Cuando Dios acabe esta etapa de Su obra, todos despertarán de su largo sueño y revertirán su actitud del pasado. Recuerdo que Dios dijo una vez: “Venir esta vez a la carne es como caer en el foso del tigre”. Lo que esto significa es que, al ocurrir que en esta ronda de la obra de Dios Él haya venido en carne y haya nacido en la morada del gran dragón rojo, Su venida a la tierra esta vez está acompañada por peligros extremos. Se enfrenta a cuchillos, pistolas y porras; a la tentación; a multitudes con miradas asesinas. Se arriesga a que lo maten en cualquier momento. Dios vino con ira. Sin embargo, vino para realizar la obra de perfección, con la intención de llevar a cabo la segunda parte de Su obra que sigue después de la obra redentora. Por el bien de esta etapa de Su obra, Dios ha dedicado Su mayor pensamiento y cuidado, y está usando todos los medios concebibles para evitar los asaltos de la tentación, ocultándose con humildad y sin alardear jamás de Su identidad. Al rescatar al hombre de la cruz, Jesús solo estaba cumpliendo la obra de redención; no estaba realizando la obra de perfección. Así, solo se estaba llevando a cabo la mitad de la obra de Dios, y acabar la obra redentora solo fue la mitad de la totalidad de Su plan. Cuando la nueva era estaba a punto de empezar y la vieja se desvanecía, Dios Padre empezó a reflexionar sobre la segunda parte de Su obra y a prepararse para ella. En el pasado, esta encarnación de los últimos días puede no haber sido profetizada y, por tanto, esto estableció el cimiento para el secretismo mayor que rodea la venida de Dios en carne, esta vez. Al amanecer, sin que nadie lo supiera, Dios vino a la tierra e inició Su vida en la carne. Las personas fueron totalmente inconscientes de ese momento. Quizás estaban todos dormidos; tal vez muchos de los que estaban despiertos y vigilantes esperaban, y es posible que muchos estuvieran orando en silencio a Dios en el cielo. Sin embargo, entre toda esta cantidad de personas, nadie supo que Dios ya había llegado a la tierra. Él obró así para llevar a cabo Su obra con mayor suavidad y lograr mejores resultados, y también para evitar más tentaciones. Cuando se rompa el sueño primaveral del hombre, la obra de Dios llevará ya mucho tiempo acabada y Él se marchará, poniendo fin a Su vida de recorrer la tierra y permanecer en ella. Ya que la obra de Dios requiere que Él actúe y hable personalmente, y porque el hombre no tiene forma de ayudar, Dios ha soportado un dolor extremo para venir a la tierra a hacer Él mismo la obra. El ser humano es incapaz de representar la obra de Dios. Por tanto, Él corrió peligros varios millares de veces mayores que los de la Era de Gracia, para bajar donde mora el gran dragón rojo y hacer Su propia obra, poner todo este pensamiento y cuidado en redimir a este grupo de gente empobrecida, redimiendo a estas personas que estaban tapadas por una montaña de estiércol. Aunque nadie sepa de la existencia de Dios, a Él no le preocupa, porque beneficia en gran manera a Su obra. Todos son atrozmente malos, así que ¿cómo puede alguien tolerar Su existencia? Por ello, Dios está siempre callado en la tierra. Independientemente de lo excesivamente cruel que es el hombre, Dios no se lo toma a pecho, sino que sigue haciendo la obra que necesita realizar para cumplir el mayor encargo que el Padre celestial le hizo. ¿Quién de entre vosotros ha reconocido la hermosura de Dios? ¿Quién muestra más consideración por la carga de Dios Padre que Su Hijo? ¿Quién es capaz de entender la voluntad de Dios Padre? En el cielo, el Espíritu de Dios Padre está a menudo afligido, y Su Hijo en la tierra ora con frecuencia sobre la voluntad de Dios Padre, con una preocupación que hace pedazos Su corazón. ¿Hay alguien que conozca el amor de Dios Padre por Su Hijo? ¿Alguien sabe cuánto echa de menos el Hijo a Dios Padre? Divididos entre el cielo y la tierra, ambos están constantemente mirando fijamente al otro desde lejos, uno al lado del otro en Espíritu. ¡Oh humanidad! ¿Cuándo tendréis en consideración el corazón de Dios? ¿Cuándo comprenderéis Su intención? El Padre y el Hijo siempre han dependido el uno del otro. ¿Por qué deberían separarse, uno arriba, en el cielo, y el otro abajo, en la tierra? El Padre ama a Su Hijo y a la inversa. ¿Por qué debería tener que esperar, pues, con tantos anhelos y suspirar con tanta angustia? Aunque no han estado separados durante largo tiempo, ¿sabe alguien que el Padre ya ha estado añorando, angustiado, durante tantos días y noches, y ha estado esperando el rápido regreso de Su amado Hijo durante numerosos días y noches? Observa, está sentado en silencio, espera. Todo es por el pronto retorno de Su amado Hijo. ¿Cuándo volverá a estar con el Hijo que está vagando por la tierra? Aunque una vez juntos, lo estarán por toda la eternidad, ¿cómo puede Él soportar los miles de días y noches de separación, el uno arriba, en el cielo, y el otro abajo en la tierra? Decenas de años en la tierra son como miles de años en el cielo. ¿Cómo podría Dios Padre no preocuparse? Cuando Dios viene a la tierra, experimenta las muchas vicisitudes del mundo humano exactamente igual que el hombre. Dios mismo es inocente, de modo que ¿por qué permitir que sufra el mismo dolor que el hombre? No es de sorprender que Dios Padre anhele con tanta urgencia a Su Hijo; ¿quién puede entender el corazón de Dios? Él le da demasiado al hombre; ¿cómo puede el hombre corresponderle al corazón de Dios? Con todo, el ser humano le da muy poco a Dios; ¿cómo podría Él, pues, no preocuparse?

De ‘Obra y entrada’ (4) en “La Palabra manifestada en carne”

15. Apenas uno de entre los hombres entiende la urgencia del corazón de Dios, porque el nivel de las personas es demasiado bajo y su sensibilidad espiritual bastante apagada, y porque ninguno lo nota ni presta atención a lo que Dios está haciendo. De modo que Dios sigue preocupándose por el hombre, como si la naturaleza animal de este pudiera irrumpir en cualquier momento. Esto demuestra, además, que la venida de Dios a la tierra va acompañada por grandes tentaciones. Pero por el bien de completar a un grupo de personas, Dios, cargado de gloria, puso al hombre al tanto de todas Sus intenciones, sin esconder nada. Ha decidido firmemente completar a este grupo. Por tanto, haya dificultad o tentación, Él mira hacia otro lado y lo pasa todo por alto. Él se limita a hacer Su propia obra en silencio, creyendo firmemente que un día, cuando Dios haya obtenido gloria, el hombre le conocerá, y creyendo que cuando el hombre haya sido completado por Dios entenderá por completo Su corazón. Ahora mismo puede haber personas que estén tentando a Dios, malinterpretándolo o culpándolo; Él no se toma nada de esto en serio. Cuando Él descienda en gloria, todas las personas entenderán que todo lo que Dios hace es por el bienestar de la humanidad, y comprenderán que todo es para que el hombre pueda sobrevivir mejor. La venida de Dios está acompañada por las tentaciones, y Dios también viene con majestad e ira. Para cuando Dios deje al hombre, ya habrá ganado gloria, y se marchará completamente cubierto de gloria y con el gozo del regreso. El Dios que obra en la tierra no se toma las cosas a pecho, por mucho que las personas lo rechacen. Él solo está haciendo Su obra.

De ‘Obra y entrada’ (4) en “La Palabra manifestada en carne”

16. Dios creó el mundo y esto se remonta a miles de años; ha venido a la tierra a realizar una cantidad inconmensurable de trabajo y ha experimentado por completo el rechazo y la difamación del mundo humano. Nadie celebra la llegada de Dios; todo el mundo simplemente lo mira con frialdad. En el transcurso de estos varios miles de años de dificultades, la conducta del hombre desde hace mucho tiempo ha hecho pedazos el corazón de Dios. Ya no presta atención a la rebeldía de las personas, sino que en su lugar elabora un plan aparte para transformar y purificar al hombre. La burla, la calumnia, la persecución, la tribulación, el sufrimiento de la crucifixión, la exclusión por parte del hombre, etc. que Dios ha experimentado en la carne, Él ha probado bastante de todo esto. Dios en la carne ha sufrido a fondo las miserias del mundo humano. Hace mucho que, para el Espíritu de Dios Padre, en el cielo, estas visiones fueron insoportables y echó Su cabeza hacia atrás y cerró los ojos, esperando que Su amado Hijo regresara. Lo único que quiere es que todas las personas escuchen y obedezcan, sean capaces de sentir gran vergüenza ante Su carne y no se rebelen contra Él. Desea que todos crean que Dios existe. Hace tiempo que dejó de hacer grandes exigencias al hombre, porque Dios ha pagado un precio demasiado alto, mientras el ser humano descansa tranquilo, no tomándose Su obra en serio.

De ‘Obra y entrada’ (4) en “La Palabra manifestada en carne”

17. Hoy todos sabéis que Dios está conduciendo a las personas a la senda correcta de vida, que está guiando al hombre al paso siguiente, a entrar en otra era, libre de este viejo siglo oscuro, de la carne, de la opresión de las fuerzas de oscuridad y de la influencia de Satanás, permitiendo que todas y cada una de las personas vivan en un mundo de libertad. Por el bien de un hermoso mañana, para que las personas puedan ser más espontáneas en sus pasos futuros, el Espíritu de Dios lo planea todo para el hombre, y para que este puede disfrutar más, Dios dedica todos Sus esfuerzos en la carne para preparar el camino delante del hombre, para que ese día que el ser humano anhela pueda llegar antes. ¡Ojalá todos améis este hermoso momento! No es fácil reunirse con Dios, y aunque no le hayáis conocido nunca, hace ya mucho tiempo que os habéis encontrado con Él. Si tan solo todos pudieran recordar aquellos bellos, aunque breves, días para siempre y convertirlos en lo más entrañable aquí en la tierra.

De ‘Obra y entrada’ (5) en “La Palabra manifestada en carne”

18. Durante miles de años, el pueblo chino ha llevado una vida de esclavo, y esto ha restringido sus pensamientos, sus conceptos, su vida, su lenguaje, su conducta y sus acciones hasta el punto de quedar sin la más ligera libertad. Varios miles de años de historia han convertido a un pueblo vital, poseído por un espíritu, en algo parecido a cadáveres despojado de él. Son muchos los que viven bajo el cuchillo de carnicero de Satanás, muchos los que viven en casas como foso de animales, muchos los que comen lo mismo que las vacas o los caballos, muchos los que se encuentran en una situación caótica en el inframundo y son totalmente inconscientes. En apariencia, las personas no son distintas del primer hombre, su lugar de descanso es como un infierno y por todas partes están rodeados de sucios demonios y espíritus malignos. Por fuera parecen ser animales altamente evolucionados; en realidad, viven y residen con sucios demonios. Sin nadie que los asista, viven en la trampa oculta de Satanás y están tan atrapados en ella que ya no es posible escapar. No se reúnen con sus seres queridos en casas acogedoras ni viven una vida feliz y satisfactoria, sino que moran en el Hades, tratan con demonios y se juntan con diablos. De hecho, las personas siguen atadas por Satanás, viven donde se reúnen los sucios demonios, son manipuladas por ellos y es como si sus camas estuvieran donde dormitan sus cadáveres, como si estuvieran en su zona de confort.

De ‘Obra y entrada’ (5) en “La Palabra manifestada en carne”

19. El hombre vive codo a codo con los animales, y hay armonía entre ellos, sin disputas ni guerras de palabras. El hombre meticuloso en su cuidado y preocupación por los animales, y estos existen para la supervivencia del ser humano, para el beneficio de este expresamente, sin ninguna ventaja para sí mismo y en completa y total obediencia al hombre. A todos los efectos, la relación entre el hombre y la bestia es cercana y armoniosa, y se diría que los sucios demonios son la combinación perfecta de hombre y bestia. Así, el ser humano y los sucios demonios de la tierra disfrutan de mayor intimidad, y son inseparables: se diría que el hombre está alejado de los sucios demonios, pero en realidad están relacionados con ellos, aunque estos no conservan nada del hombre, y “dedican” todo lo que tienen a ellos. Cada día, las personas se divierten en el “palacio del rey del infierno”, jugueteando con “el rey del infierno” (su antepasado) y siendo manipuladas por él. Hoy, los seres humanos están cubiertos de mugre y, al haber pasado tanto tiempo en el Hades, hace ya mucho que dejaron de desear regresar al mundo de los vivos. Así, tan pronto como vean la luz y contemplen los requisitos de Dios, Su conducta y Su obra, se sentirán inquietos y angustiados; seguirán anhelando volver al inframundo y habitar con fantasmas. Olvidaron a Dios hace ya mucho, y por ello han vagado siempre en el cementerio.

De ‘Obra y entrada’ (5) en “La Palabra manifestada en carne”

20. Obra y entrada son inherentemente prácticas y se refieren a la obra de Dios y la entrada del hombre. La completa falta de entendimiento que el hombre tiene del verdadero rostro de Dios y de Su obra ha acarreado grandes dificultades a su entrada. Hasta el día de hoy, muchas personas siguen desconociendo la obra que Dios realiza en los últimos días o la razón por la que soporta una humillación extrema para encarnarse y permanecer con el hombre en las buenas y en las malas. El ser humano no sabe nada del objetivo de la obra de Dios ni del propósito de Su plan para los últimos días. Por diversas razones, las personas son siempre poco entusiastas respecto a la entrada que Dios exige y permanecen ausentes en lo que la concierne; esto ha provocado grandes dificultades a la obra de Dios en la carne. Las personas parecen haberse convertido, todas, en obstáculos y, hasta hoy, siguen sin tener una comprensión clara. Por tanto, hablaré sobre la obra que Dios hace en el hombre y Su urgente intención, para que todos vosotros lleguéis a ser leales siervos de Dios quienes, como Job, prefiráis morir a rechazar a Dios y soportéis toda humillación. Que como Pedro, ofrezcáis todo vuestro ser a Dios y os hagáis íntimos ganados por Dios en los últimos días. Ojalá todos los hermanos y hermanas hagan todo lo que esté en su mano para ofrecer todo su ser a la voluntad celestial de Dios, lleguen a ser siervos santos en la casa de Dios y disfruten de las infinitas promesas concedidas por Dios, para que el corazón de Dios Padre pueda pronto disfrutar de un reposo apacible. “Llevar a cabo la voluntad de Dios” debería ser el lema de todos los que aman a Dios. Estas palabras deberían servir de guía al hombre para entrar y ser la brújula que dirija sus actos. Esta es la resolución que el ser humano debería tomar. Para acabar la obra de Dios a conciencia y colaborar con Su obra en la carne; este es el deber del hombre. Un día, cuando la obra de Dios esté hecha, el hombre le dirá adiós en un temprano regreso al Padre en el cielo. ¿No es esta la responsabilidad que el hombre debería cumplir?

De ‘Obra y entrada’ (6) en “La Palabra manifestada en carne”

21. Para el hombre, la crucifixión de Dios concluyó la obra de Su encarnación, redimió a toda la humanidad y esto le permitió tomar las llaves del Hades. Todos piensan que Su obra se ha cumplido por completo. En realidad, para Dios solo se ha realizado una pequeña parte de Su obra. Solo ha redimido a la humanidad; no la ha conquistado, y menos aún ha cambiado la fealdad de Satanás en el hombre. Por esta razón, Dios afirma: “Aunque Mi carne encarnada pasó por el dolor de la muerte, esa no fue la meta total de Mi encarnación. Jesús es Mi amado Hijo y fue clavado en la cruz por Mí, pero no concluyó del todo Mi obra. Solo llevó a cabo una porción de ella”. Así, Dios empezó la segunda ronda de planes para continuar con la obra de la encarnación. La intención suprema de Dios consiste en perfeccionar y ganar a todos los rescatados de las manos de Satanás, que es la razón por la cual Dios se preparó de nuevo para correr los peligros de venir en carne.

De ‘Obra y entrada’ (6) en “La Palabra manifestada en carne”

22. En muchos lugares, Dios ha profetizado ganar a un grupo de vencedores en la tierra de Sinim. Esto ocurre en la parte oriental del mundo, de modo que el punto de aterrizaje de la segunda encarnación de Dios es, sin lugar a duda, la tierra de Sinim, exactamente donde descansa enrollado el gran dragón rojo. Allí conseguirá Dios a los descendientes de este dragón para que quede totalmente derrotado y avergonzado. Dios quiere despertar a estas personas que sufren profundamente, despertarlos por completo, y que salgan de la niebla y rechacen al gran dragón rojo. Dios quiere despertarlos de su sueño, que conozcan la esencia del gran dragón rojo, le entreguen a Él todo su corazón, se levanten de la opresión de las fuerzas de oscuridad, se levanten en Oriente y se conviertan en la prueba de la victoria de Dios. Solo entonces ganará Dios la gloria. Precisamente por esta razón trajo Dios la obra, que llegó a su fin en Israel, a la tierra donde el gran dragón rojo descansa enrollado y, casi dos mil años después de partir, ha venido de nuevo en carne para seguir con la obra de la Era de Gracia. A los ojos desnudos del hombre, Dios está inaugurando una nueva obra en la carne. Pero, para Dios, está prosiguiendo con la obra de la Era de Gracia, solo con una separación en el tiempo de unos cuantos miles de años y con el cambio de la ubicación y el proyecto de la obra. Aunque el aspecto en la carne que Dios ha adoptado en la obra de hoy es una persona bastante diferente de Jesús, comparten la misma esencia y raíz, y proceden de la misma fuente. Es posible que tengan muchas diferencias externas, pero las verdades internas de Su obra son completamente idénticas. Después de todo, las eras son tan distintas como la noche y el día. ¿Cómo puede permanecer inalterada la obra de Dios? ¿O cómo puede la obra hacer que se interrumpan uno a otro?

De ‘Obra y entrada’ (6) en “La Palabra manifestada en carne”

23. Jesús adoptó la apariencia de un judío, se conformó al atuendo de uno de ellos y creció comiendo comida judía. Este es Su aspecto humano normal. Pero la carne encarnada de hoy tiene la forma del pueblo de Asia y crece con la comida de la nación del gran dragón rojo. Esto no supone conflicto alguno con la meta de la encarnación de Dios. Más bien, se complementan uno a otro, y completan de un modo más pleno la verdadera relevancia de la encarnación de Dios. Al referirse a la carne encarnada como “Hijo del Hombre” o “Cristo”, el exterior del Cristo de hoy no puede equipararse a Jesucristo. Después de todo, la carne se denomina “Hijo del Hombre” y es a imagen de la carne. Cada etapa de la obra de Dios contiene un significado considerablemente profundo. La razón por la que Jesús fue concebido por el Espíritu Santo es porque tenía que redimir a los pecadores. Tenía que ser sin pecado. Pero solo al final, cuando se vio obligado a ser semejante a la carne pecaminosa y a tomar sobre sí los pecados de los pecadores, los rescató de la cruz maldita que Dios usó para castigar a las personas. (La cruz es la herramienta de Dios para maldecir y castigar a las personas; las menciones de la maldición y el castigo son específicamente sobre maldecir y castigar a los pecadores.) La meta consistía en que todos los pecadores se arrepintieran y usar la crucifixión para que admitieran sus pecados. Es decir, con el objeto de redimir a toda la humanidad, Dios se encarna en una carne que fue concebida por el Espíritu Santo y cargar con los pecados de todos los seres humanos. La forma corriente de describir esto es ofreciendo una carne santa a cambio de todos los pecadores, el equivalente de Jesús como ofrenda por el pecado colocada delante de Satanás, para “suplicarle” que le devuelva a Dios toda la humanidad inocente a la que ha pisoteado. Cumplir esta fase de la obra de redención requería, pues, la concepción por el Espíritu Santo. Era la condición necesaria, el “tratado” durante la batalla entre Dios Padre y Satanás. Por ello, Jesús le fue entregado a Satanás y solo entonces tocó a su fin esta etapa de la obra. Sin embargo, la obra de redención de Dios ya es de una magnificencia sin precedentes, y Satanás no tiene motivos para exigir nada, de manera que la encarnación de Dios no requiere la concepción por el Espíritu Santo, porque Dios es inherentemente santo e inocente. Por tanto, esta vez, Dios encarnado no es ya el Jesús de la Era de Gracia. Sin embargo, sigue siendo, en aras de la voluntad de Dios Padre y de cumplir Sus deseos. ¿Cómo se puede considerar que esto es un dicho no razonable? ¿Debe seguir la encarnación de Dios un conjunto de normas?

De ‘Obra y entrada’ (6) en “La Palabra manifestada en carne”

24. Muchas personas buscan en la Biblia pruebas, queriendo encontrar una profecía de la encarnación de Dios. ¿Cómo puede el pensamiento quebrantado del hombre saber que, hace mucho, Dios dejó de “obrar” en la Biblia y que ha “saltado” fuera de ella para hacer con entusiasmo la obra que tenía planeada hace tiempo, pero de la que nunca le habló al hombre? Las personas son muy carentes de sentido. Tras una idea solamente del carácter de Dios, se suben con aire despreocupado a un escenario más alto y se sientan en una “silla de ruedas” de clase alta e inquieren la obra de Dios, llegando tan lejos como para empezar a educarle mediante una conversación grandilocuente e incoherente. Muchos son como un “hombre viejo” con gafas de lectura y acariciándose la barba, abre su “viejo anuario” (Biblia) que ha estado leyendo durante toda su vida. Murmurando palabras y con los ojos aparentemente centelleantes, abre ahora el libro de Apocalipsis y ahora el libro de Daniel, y ahora el universalmente conocido libro de Isaías. Mirando fijamente una página densa llena de palabras diminutas, lee en silencio, y su mente da vueltas sin cesar. De repente, la mano que acaricia la barba se detiene y empieza a tirar de ella. De vez en cuando se oye cómo se va rompiendo. Una conducta tan inusual le toma a uno por sorpresa. “¿Por qué usar tanta fuerza? ¿Qué le ha enfurecido tanto?”. Volvemos al viejo; sus cejas están ahora erizadas. Las cejas plateadas han aterrizado como plumas de gansos, precisamente a dos centímetros de los párpados del anciano, como por casualidad, pero a la vez con suma perfección, como si el viejo mantuviera los ojos pegados a las páginas mohosas. Repite varias veces la secuencia de acciones indicada más arriba y, a continuación, no puede evitar saltar sobre sus pies y empezar a parlotear como si mantuviera una pequeña charla con alguien, aunque la luz de sus ojos no ha abandonado el anuario. De repente, tapa la página en la que está y se vuelve a “otro mundo”. Sus movimientos son tan apresurados y aterradores, que casi toman a las personas por sorpresa. Ahora, el ratón que había salido de su agujero y que acababa de empezar a “sentirse libre” durante su silencio estaba tan alarmado por sus movimientos tan poco característicos que volvió corriendo a meterse en el agujero, desapareciendo sin dejar rastro. Ahora, la mano izquierda inmóvil del viejo retoma su movimiento, acariciándose la barba de arriba abajo. Se aparta de su asiento, dejando el libro sobre el escritorio. El viento entra por una puerta ligeramente entreabierta y la ventana abierta, cerrando con descuido el libro, abriéndolo, cerrándolo y volviéndolo a abrir. Existe un desamparo indescriptible en la escena, y a excepción del sonido de las páginas del libro agitadas por el viento, todo parece haber quedado en silencio. Él, con las manos entrelazadas a la espalda, recorre la sala, deteniéndose y retomando su caminar, sacudiendo de vez en cuando la cabeza y, al parecer, repitiendo: “¡Oh Dios! ¿De verdad vas a hacer esto?”. De vez en cuando también asiente con la cabeza: “¡Oh Dios! ¿Quién puede imaginar Tu obra? ¿Acaso no es difícil buscar Tus pisadas? Creo que no haces cosas poco razonables”. Ahora, las cejas del viejo se arrugan y se juntan, los ojos cerrados apretados, mostrando una mirada de incomodidad y también una expresión de extremo dolor, como si quisiera deliberar lentamente. Esto está retando de verdad a este “distinguido hombre viejo”. En esta etapa tardía de su vida, se ha encontrado “tristemente” con este asunto. ¿Qué se puede hacer al respecto? Yo tampoco encuentro palabras y me siento impotente para actuar. ¿Quién hizo “amarillear” su viejo anuario? ¿Quién hizo que su barba y sus cejas crecieran cruelmente como blanca nieve en distintos lugares de su rostro? Es como si su barba representara sus antecedentes. ¿Pero quién sabía que el hombre pudiera enloquecer hasta ese punto, buscando la presencia de Dios en el viejo anuario? ¿Cuántas hojas puede tener el viejo anuario? ¿De verdad puede registrar todos los hechos de Dios? ¿Quién se atreve a garantizar esto? El hombre busca, en realidad, la aparición de Dios e intenta cumplir Su voluntad con palabras exageradas de análisis. ¿Es tan fácil como suena intentar entrar a la vida? ¿No es esto un razonamiento absurdo y falso? ¿No te parece irrisorio?

De ‘Obra y entrada’ (6) en “La Palabra manifestada en carne”

25. Dios viene en medio del hombre hoy con el propósito de transformar sus pensamientos y espíritus, así como la imagen de Dios que han tenido en su corazón durante miles de años. A través de esta oportunidad, Él perfeccionará al hombre. Es decir, por medio del conocimiento humano, Él cambiará la forma en que ellos llegan a conocerle y su actitud hacia Él, para que su conocimiento de Dios pueda empezar desde cero, y sus corazones sean renovados y transformados de ese modo. El trato y la disciplina son los medios, aunque vencer y renovar sean los objetivos. Disipar los pensamientos supersticiosos que el hombre ha mantenido sobre el Dios impreciso siempre ha sido la intención de Dios, y, últimamente, se ha convertido en propósito de urgencia para Él. Espero que todas las personas lo consideren detenidamente. Cambiad la forma en que cada persona experimenta para que esta urgente intención de Dios pueda realizarse pronto y la última etapa de la obra de Dios en la tierra pueda llevarse a una conclusión productiva. Mostrad vuestra lealtad como deberíais, y consolad el corazón de Dios por última vez. Espero que ningún hermano o hermana esquive esta responsabilidad o meramente se deje llevar por la inercia.

De ‘Obra y entrada’ (7) en “La Palabra manifestada en carne”

26. Dios viene en carne, esta vez, previa invitación, y en vista de la condición del hombre. Es decir, Él viene a suplirle al hombre lo que necesita. Capacitará a cada hombre, cualquiera que sea su nivel o su crianza, para ver la palabra de Dios y, a partir de esta, ver Su existencia y Su manifestación y aceptar que Dios los perfeccione. Su palabra cambiará los pensamientos y los conceptos del hombre de manera que el verdadero rostro de Dios está firmemente arraigado en las profundidades del corazón del ser humano. Este es el único deseo de Dios en la tierra. Independientemente de lo grande que sea la naturaleza del hombre, de lo pobre que sea su esencia o de cómo actuara en el pasado, Dios no le presta atención a estas cosas. Solo espera que el ser humano renueve por completo la imagen que tiene de Él en su corazón y que venga a conocer la esencia de la humanidad, modificando así la perspectiva ideológica que tiene del hombre. Espera que este sea capaz de anhelarle profundamente y tenga un apego eterno hacia Él. Esto es todo lo que Dios le pide al hombre.

De ‘Obra y entrada’ (7) en “La Palabra manifestada en carne”

27. El conocimiento de varios miles de años de cultura e historia antigua ha cerrado el pensamiento, los conceptos y la perspectiva mental del hombre de un modo tan estrecho como para ser impenetrable y no degradable. El hombre vive en el decimoctavo nivel del infierno, como si hubiera sido desterrado por Dios a las mazmorras para nunca más ver la luz. El pensamiento feudal ha oprimido al hombre de tal manera que este apenas puede respirar y se está ahogando. No tiene ni la más ligera fuerza para resistir y se limita a soportar y soportar en silencio… Nunca ha osado nadie pelear ni defender la rectitud y la justicia; sencillamente viven una vida, que no es mejor que la de un animal, bajo el abuso y el ataque de los señores feudales, año tras año, día tras día. El hombre no ha pensado nunca en buscar a Dios para disfrutar de la felicidad en la tierra. Es como si lo hubieran molido a palos, como las hojas caídas del otoño, secas y doradas. El ser humano ha perdido la memoria hace mucho tiempo y vive, indefenso, en el infierno que lleva el nombre de mundo humano, esperando que llegue el último día para poder perecer junto con el infierno, como si ese día final que anhelan fuera el día en que disfrutarán de una relajante paz. Las éticas feudales han llevado la vida del hombre al “Hades”, para que este tenga menos capacidad de resistir. Varios tipos de opresión obligó al ser humano a caer cada vez a mayor profundidad en el interior del Hades y más lejos de Dios. Ahora, Él se ha convertido en un completo extraño para el hombre, y este se apresura en evitarle cuando se encuentran. El hombre no lo reconoce y lo aísla, como si nunca le hubiera conocido o visto.… El conocimiento de la antigua cultura le ha robado al hombre, silenciosamente, la presencia de Dios y entrega al hombre al rey de los diablos y sus hijos. Los Cuatro Libros y Los Cinco Clásicos han llevado el pensamiento y los conceptos del ser humano a otra era de rebelión, haciendo que el hombre adore más a aquellos que los escribieron, promoviendo sus nociones de Dios. Cruelmente, el rey de los diablos expulsa a Dios del corazón del hombre sin que sea consciente de ello, mientras se apodera con regocijo de él. Desde ese momento, el hombre fue poseído por un alma fea y perversa con el rostro del rey de los diablos. Su pecho está lleno de odio hacia Dios, y la maldad del rey de los diablos se extiende dentro del hombre día a día, hasta que este queda consumido por completo. El hombre ya no tenía libertad y era incapaz de liberarse del enredo con el rey de los diablos. Por tanto, solo pudo permanecer en el lugar y ser aprisionado, rindiéndose a él y siendo subyugado por él. Hace mucho que plantó la semilla del tumor del ateísmo dentro del joven corazón del hombre, enseñándole falacias como “aprende de la ciencia y la tecnología, realiza las Cuatro Modernizaciones, no hay Dios en el mundo”. Y no solo eso, sino que proclamó una y otra vez: “Construyamos una hermosa patria con nuestro laborioso esfuerzo”, pidiéndoles a todos que estuvieran preparados desde la infancia para servir a su país. El hombre fue llevado ante ella inconscientemente y, sin dudarlo, se llevó el mérito (en referencia a Dios que sostiene a toda la humanidad en Sus manos). Ni una sola vez se sintió avergonzado ni tuvo sentido de la vergüenza. Además, capturó descaradamente al pueblo de Dios en su casa, mientras él saltaba como un ratón sobre la mesa e hizo que el hombre le adorara como a Dios. ¡Es un malhechor! Grita chismes desconcertantes: “No hay Dios en el mundo. El viento se debe a leyes naturales; la lluvia es humedad que se condensa y cae a gotas sobre la tierra; un terremoto es la sacudida de la superficie de la tierra por los cambios geológicos; la sequía se debe a la sequedad del aire causada por la interrupción nucleónica en la superficie del sol. Son fenómenos naturales. ¿Qué parte es un acto de Dios?”. Incluso grita[a] declaraciones desvergonzadas: “El hombre evolucionó a partir de los monos antiguos, y el mundo hoy ha progresado desde una sociedad primitiva que data aproximadamente de mil millones de años. Las manos del pueblo hacen que un país prospere o se hunda”. En la parte de atrás, tiene al hombre colgado boca abajo en los muros y lo pone sobre mesas para consagrarlo y adorarlo. Aunque grita: “No hay Dios”, se considera Dios, y empuja a este fuera de los límites de la tierra implacablemente. Se pone en el lugar de Dios y actúa como rey de los diablos. ¡Totalmente ridículo! Hace que uno esté consumido por el odio venenoso. Parece que Dios sea su enemigo jurado y que no haya forma de que se reconcilien. Conspira echar a Dios mientras que sigue impune y a sus anchas. ¡Vaya un rey! ¿Cómo podríamos tolerar su existencia? No descansará hasta que haya molestado la obra de Dios y la haya hecho trizas, convirtiéndola en un desastre, como si quisiera oponerse a Dios hasta el final, hasta que uno o el otro perezca. Se opone a Dios deliberadamente y se acerca aún más. Hace tiempo que su odioso rostro ha sido desenmascarado y ahora está magullado y golpeado, en una terrible y difícil situación, aunque no cede en su odio a Dios, como si deseara poder devorarle por completo, de un solo bocado, para aliviar el aborrecimiento de su corazón. ¿Cómo podríamos tolerar a este odiado enemigo de Dios? Solo su erradicación y su completa exterminación terminarán con el deseo de nuestra vida. ¿Cómo puede permitírsele que siga adelante, corriendo desenfrenado? Ha corrompido al hombre hasta tal punto que este no conoce al sol del cielo y se ha vuelto débil y obtuso. El hombre ha perdido la razón humana normal. ¿Por qué no sacrificar todo nuestro para destruirlo y quemarlo, y eliminar así el temor del peligro que permanece y permite la obra de Dios para alcanzar antes un esplendor sin precedentes? Esta panda de sinvergüenzas ha venido entre los hombres y ha causado un completo malestar y agitación. Han llevado a todos los hombres al borde de un precipicio, planeando en secreto empujarlos para que caigan, se hagan pedazos y él pueda devorar sus cadáveres. Esperan en vano interrumpir el plan de Dios y competir con Él en algo por lo que se pueda apostar. ¡Esto no es en modo alguno fácil! La cruz está preparada, después de todo, para el rey de los diablos que es culpable del más odioso de los crímenes. Dios no pertenece a la cruz y ya se la ha dejado al diablo. Hace mucho que Dios emergió victorioso y ya no siente tristeza por los pecados de la humanidad. Él traerá salvación a toda la humanidad.

De ‘Obra y entrada’ (7) en “La Palabra manifestada en carne”

28. De arriba abajo y de principio a fin, ha estado molestando a la obra de Dios y actuando en desacuerdo con Él. Toda la conversación de la “herencia cultural antigua”, valioso “conocimiento de la antigua cultura”, “enseñanzas de taoísmo y confucionismo” y los “clásicos confucianos y ritos feudales” ha llevado al hombre al infierno. La ciencia y la tecnología avanzada moderna, así como la industria, la agricultura y los negocios desarrollados no se ven por ningún sitio. Más bien, enfatiza sencillamente los ritos feudales propagados por los antiguos “simios” para interrumpir, oponerse y destruir deliberadamente la obra de Dios. No solo ha afligido al hombre hasta hoy, sino que quiere consumirlo por completo. La enseñanza del código de ética feudal y la transmisión del conocimiento de la antigua cultura ha infectado al ser humano desde hace mucho y lo ha convertido en diablos grandes y pequeños. Solo hay unos cuantos que recibirían de buena gana a Dios y que acogerían con júbilo Su venida. El rostro del hombre está lleno de asesinato y, en todas partes, la muerte está en el aire. Buscan expulsar a Dios de este país; cuchillos y espadas en mano, se disponen en formación de batalla para aniquilarlo. Los ídolos están esparcidos por la tierra del diablo, donde constantemente se le enseña al hombre que no hay Dios. Esta tierra está impregnada de un olor nauseabundo a papel e incienso quemado, tan intenso que asfixia. Parece ser el olor del lodo que flota en el aire cuando la serpiente se retuerce y se enrosca, y basta para que el hombre no pueda evitar vomitar. Además, apenas se puede oír a los demonios malignos que salmodian las escrituras. Este sonido parece provenir de un lugar remoto del infierno, y el hombre no puede evitar sentir un escalofrío. Por toda esta tierra hay ídolos esparcidos de todos los colores del arcoíris, que la convierten en un mundo deslumbrante, y el rey de los diablos mantiene una mueca maliciosa en su cara, como si su perverso complot hubiera tenido éxito. Mientras tanto, el hombre ignora todo esto por completo, sin saber tampoco que el diablo ya le ha corrompido hasta tal extremo que se ha vuelto insensible y está derrotado. Desea borrar de un plumazo todo lo que es de Dios, insultarle y asesinarle de nuevo, e intenta derribar e interrumpir Su obra. ¿Cómo podría permitir que Dios fuera de un “estatus igual”? ¿Cómo puede tolerar que Dios “interfiera” en su obra entre los hombres sobre la tierra? ¿Cómo puede dejar que Dios desenmascare su odioso rostro? ¿Cómo puede consentir que Dios interrumpa su obra? ¿Cómo podría este diablo, que echa humo de rabia, acceder a que Dios gobierne su corte de poder en la tierra? ¿Cómo podría reconocer de buen grado la derrota? Su odioso rostro se ha revelado tal como es; de ahí que uno no sepa si reír o llorar, y resulta verdaderamente difícil hablar de ello. ¿Acaso no es esta su esencia? Con un alma fea, sigue creyéndose increíblemente hermoso. ¡Esa banda panda de cómplices! Descienden entre los mortales para permitirse placeres y agitar el desorden. Su alboroto causa inconstancia en el mundo y provoca pánico en el corazón del hombre, y le han distorsionado tanto que parece una bestia de insoportable fealdad, que ya no posee el más ligero rastro del hombre santo original. Incluso desean asumir el poder como tiranos en la tierra. Impiden la obra de Dios de manera que apenas puede avanzar y cierran al hombre como detrás de muros de cobre y acero. Habiendo cometido tantos pecados y causado tanto problema, ¿cómo podrían esperar otra cosa que no sea el castigo? Los demonios y los espíritus malignos han estado enloquecidos en la tierra y han bloqueado la voluntad y el meticuloso esfuerzo de Dios, haciéndolos impenetrables. ¡Qué pecado mortal! ¿Cómo podría Dios no sentirse angustiado? ¿Cómo no airarse? Causan un doloroso obstáculo y oposición a la obra de Dios. ¡Demasiado rebeldes! Hasta esos demonios, grandes y pequeños, se vuelven altivos por la fuerza del diablo más poderoso y empiezan a causar problemas. Deliberadamente resisten a la verdad a pesar de su clara conciencia al respecto. ¡Hijos de la rebeldía! Es como si, ahora que su rey del infierno ha ascendido al trono real, ellos se volvieran engreídos y tratan a los demás con desdén. ¿Cuántos buscan la verdad y siguen la justicia? Todos son bestias como cerdos y perros, que dirigen a una panda de moscas apestosas en un montón de estiércol para que meneen la cabeza e inciten al desorden. Creen que su rey del infierno es el más superior de los reyes, sin darse cuenta de que no son más que moscas sobre la podredumbre. Y no solo eso, sino que hacen observaciones difamadoras contra la existencia de Dios confiando en los cerdos y perros de sus padres. Las moscas minúsculas creen que sus progenitores son tan grandes como una ballena con dientes. ¿No se dan cuenta de que son diminutos, aunque sus padres sean cerdos y perros inmundos mil millones de veces más grandes que ellos? Inconscientes de su propia bajeza, se vuelven locos por el olor pútrido de esos cerdos y perros, y tienen la ilusoria idea de procrear futuras generaciones. ¡Es absolutamente desvergonzado! Con alas verdes en su espalda (esto se refiere a su afirmación de creer en Dios), empiezan a volverse presuntuosos y a jactarse en todas partes de su propia belleza y atractivo, echando en secreto sus impurezas sobre el hombre. Y llegan a ser presumidos, como si un par de alas con los colores del arcoíris pudiera esconder sus propias impurezas; así persiguen la existencia del Dios verdadero (esto se refiere a la historia interna del mundo religioso). El hombre no tiene la menor idea de que, aunque las alas de la mosca sean hermosas y encantadoras, después de todo no es más que una mosca minúscula llena de suciedad y cubierta de gérmenes. Sobre la base de los cerdos y perros de sus padres, se desbocan por la tierra (esto se refiere a los oficiales religiosos que persiguen a Dios basándose en el firme apoyo del país que traiciona al Dios verdadero y la verdad) con abrumadora ferocidad. Es como si los fantasmas de los fariseos judíos hubieran regresado con Dios a la nación del gran dragón rojo, de vuelta a su viejo nido. De nuevo han iniciado su obra de persecución, continuando la obra de varios miles de años. ¡Sin lugar a duda, este grupo de degenerados perecerá en la tierra al final! Al parecer, tras varios milenios, los espíritus inmundos se han vuelto más astutos y maliciosos. Constantemente piensan en formas de socavar en secreto la obra de Dios. Son ladinos y astutos, y desean volver a repetir en su tierra natal la tragedia de hace varios miles de años. Esto casi incita a Dios a soltar un fuerte grito, y arde en deseos de regresar al tercer cielo para aniquilarlos. Para que el hombre ame a Dios, debe entender Su voluntad, Su gozo y Su tristeza, así como aquello que aborrece. Esto avanzará mejor su entrada. Cuanto más rápido se produzca la entrada del hombre, más satisfecho estará el corazón de Dios; cuanto más claro sea el discernimiento del hombre respecto al rey de los diablos, más cerca estará de Dios, para que Su deseo pueda ser cumplido.

De ‘Obra y entrada’ (7) en “La Palabra manifestada en carne”

29. He dicho tantas veces que la obra de Dios de los últimos días es para alterar el espíritu de cada persona, cambiar su alma, de manera que su corazón, que ha sufrido un gran trauma, sea reformado, rescatando así su alma tan profundamente dañada por el mal; esto es para despertar el espíritu de las personas, para descongelar su frío corazón y permitirles ser rejuvenecidos. Esta es la mayor voluntad de Dios. Dejemos a un lado la conversación respecto a lo noble y profundo de la vida y las experiencias del hombre; cuando el corazón de las personas haya sido despertado, cuando hayan salido de sus sueños y conozcan por completo el daño forjado por el gran dragón rojo, la obra del ministerio de Dios habrá concluido. El día en que Su obra acabe también será cuando el hombre empiece oficialmente a recorrer la senda correcta de la creencia en Dios. En ese momento, el ministerio de Dios habrá llegado a su fin: La obra del Dios encarnado habrá acabado por completo y el hombre empezará a desempeñar, oficialmente, el deber que debería realizar: llevará a cabo su ministerio. Estos son los pasos de la obra de Dios. Deberíais, pues, buscar a tientas vuestra senda para entrar basándoos sobre el fundamento de conocer estas cosas. Todo esto es lo que deberíais comprender.

De ‘Obra y entrada’ (8) en “La Palabra manifestada en carne”

30. La entrada del hombre solo mejorará cuando se hayan producido cambios dentro de su corazón, porque la obra de Dios es la salvación completa del hombre, ese que ha sido redimido, que sigue viviendo bajo las fuerzas de oscuridad y que nunca se ha despertado de este lugar de reunión de los demonios. Esto es para que el hombre pueda ser liberado de milenios de pecado, y sea amado por Dios, derribando al gran dragón rojo, estableciendo el reino de Dios y proveyéndole antes reposo a Su corazón. Es para desahogar, sin reservas, el odio que hincha vuestro pecho; para erradicar esos gérmenes mohosos, para permitiros que dejéis esta vida que no es distinta a la de un buey o un caballo; que no seáis más esclavos, que dejen de pisotearos y que el gran dragón rojo deje de daros órdenes; ya no perteneceréis a esta nación fracasada ni al odioso gran dragón rojo; ya no os esclavizará más. Con seguridad, Dios hará pedazos el nido de los demonios, y estaréis al lado de Dios; le pertenecéis a Él y no a este imperio de esclavos. Hace mucho que Dios aborrece a esta oscura sociedad con todas Sus fuerzas. Rechina los dientes, desesperado por plantar Sus pies sobre esta perversa y odiosa serpiente antigua, para que nunca más se levante y no vuelva a maltratar más al hombre. No disculpará sus actos del pasado, no tolerará que engañe al hombre, ajustará cuentas por cada uno de sus pecados a lo largo de los siglos; Dios no será benévolo en lo más mínimo hacia este cabecilla de todo mal; lo destruirá por completo.

De ‘Obra y entrada’ (8) en “La Palabra manifestada en carne”

31. Durante miles de años, esta ha sido la tierra de la suciedad; es insoportablemente sucia, la miseria abunda, los fantasmas vagan por cada esquina, timando y engañando, haciendo acusaciones sin razón, siendo despiadados y crueles, pisoteando esta ciudad fantasma y dejándola plagada de cadáveres; el olor de decadencia cubre la tierra e impregna el aire; está fuertemente custodiada. ¿Quién puede ver el mundo más allá de los cielos? El diablo ata firmemente todo el cuerpo del hombre, le saca ambos ojos y sella sus labios bien apretados. El rey de los diablos se ha desbocado durante varios miles de años, hasta el día de hoy, cuando sigue observando de cerca a la ciudad fantasma, como si fuera un “palacio de demonios” impenetrable. Esta manada de perros guardianes mira, mientras tanto, fijamente con ojos resplandecientes, profundamente temerosa de que Dios la pille desprevenida y los aniquile a todos, dejándolos sin un lugar de “paz y felicidad”. ¿Cómo podría la gente de una ciudad fantasma como esta haber visto alguna vez a Dios? ¿Han disfrutado alguna vez de la amabilidad y el encanto de Dios? ¿Qué apreciación tienen de los asuntos del mundo humano? ¿Quién de ellos puede entender la ansiosa voluntad de Dios? Poco sorprende, pues que el Dios encarnado permanezca totalmente escondido: En una sociedad oscura como esta, donde los demonios son inmisericordes e inhumanos, ¿cómo podría el rey de los diablos, que mata a las personas en un abrir y cerrar de ojos, tolerar la existencia de un Dios encantador, amable y también santo? ¿Cómo podría aplaudir y vitorear Su llegada? ¡Esos lacayos! Devuelven odio por amabilidad, han desdeñado a Dios desde hace mucho tiempo, lo han maltratado, son en extremo salvajes, no tienen el más mínimo respeto por Dios, roban y saquean, han perdido toda conciencia, no tienen rastro de amabilidad, y tientan a los inocentes para que sean insensibles. ¿Antepasados de lo antiguo? ¿Amados líderes? ¡Todos ellos se oponen a Dios! ¡Su intromisión ha dejado todo lo que está bajo el cielo en un estado de oscuridad y caos! ¿Libertad religiosa? ¿Los derechos legítimos y los intereses de los ciudadanos? ¡Todos son trucos para tapar el pecado! ¿Quién ha aceptado la obra de Dios? ¿Quién ha dado su vida o derramado su sangre por la obra de Dios? Y es que, una generación tras otra, de padres a hijos, el hombre esclavizado ha esclavizado sin ceremonias a Dios ¿Cómo no incitaría esto a la furia? Miles de años de odio están concentrados en el corazón, milenios de pecaminosidad están grabados en el corazón; ¿cómo no inspiraría odio? ¡Venguéis a Dios, extingáis por completo Su enemistad, no permitáis que siga más tiempo fuera de control, y no permitáis que provoque más problemas como desea! Ahora es el momento: El hombre lleva mucho tiempo reuniendo todas sus fuerzas, ha dedicado todos sus esfuerzos, pagando cada precio por esto, arrancarle la cara odiosa a este demonio y permitir a las personas, que han estado ciegas y han soportado todo tipo de sufrimiento y dificultad, que se levanten de su dolor y le vuelvan la espalda a este viejo diablo maligno. ¿Por qué levantar un obstáculo tan impenetrable a la obra de Dios? ¿Por qué emplea diversos trucos para engañar a la gente de Dios? ¿Dónde están la verdadera libertad y los derechos e intereses legítimos? ¿Dónde está la justicia? ¿Dónde está el consuelo? ¿Dónde está la cordialidad? ¿Por qué usar intrigas engañosas para estafar al pueblo de Dios? ¿Por qué usar la fuerza para suprimir la venida de Dios? ¿Por qué no permitir que Dios vague libremente por la tierra que creó? ¿Por qué acosan a Dios hasta que no tenga donde reposar Su cabeza? ¿Dónde está la calidez entre los hombres? ¿Dónde está la acogida entre la gente? ¿Por qué causa ese anhelo desesperado en Dios? ¿Por qué hacer que Dios llame una y otra vez? ¿Por qué obligar a Dios a que se preocupe por Su amado Hijo? ¿Por qué esta oscura sociedad y sus tristes perros guardianes no permiten que Dios venga y vaya libremente por el mundo que Él creó? ¿Por qué no entiende el hombre, que vive en medio de dolor y sufrimiento? Por vuestro propio bien, Dios ha aguantado gran tormento, con enorme dolor os ofreció a Su amado Hijo, Su carne y Su sangre, ¿por qué seguís haciendo la vista gorda? A plena vista de todos, rechazáis la venida de Dios y negáis Su amistad. ¿Por qué sois tan irrazonables? ¿Estáis dispuestos a soportar las injusticias en una sociedad oscura como esta? ¿Por qué, en vez de llenaros la barriga con milenios de enemistad, os atiborráis con la “mierda” del rey de los diablos?

De ‘Obra y entrada’ (8) en “La Palabra manifestada en carne”

32. Los pasos de la obra de Dios en la tierra implican gran dificultad: La debilidad, las deficiencias, la puerilidad, la ignorancia y todo lo del hombre, todo está meticulosamente planeado y Dios lo considera con escrupulosidad. El hombre es como un tigre de papel al que uno no se atreve a acosar ni a provocar; al más mero toque te muerde, cae o pierde su camino y es como si, a la más mínima pérdida de concentración, recae o ignora a Dios, o corre a su padre cerdo o a su madre perro para disfrutar de las cosas impuras de sus cuerpos. ¡Qué gran obstáculo! Prácticamente a cada paso de Su obra, se pone a prueba a Dios y casi cada paso trae consigo gran peligro. Sus palabras son sinceras y de verdad, sin malicia, aun así ¿quién está deseoso de aceptarlas? ¿Quién está dispuesto a someterse por completo? Esto le rompe el corazón a Dios. Él trabaja duro día y noche por el hombre; le acosa la angustia por la vida del hombre y se compadece de su debilidad. Ha aguantado muchos giros y vueltas en cada paso de Su obra, por cada palabra que pronuncia; siempre se encuentra entre una roca y un lugar duro, y piensa en la debilidad, la desobediencia, la puerilidad y la vulnerabilidad del hombre todo el día… una y otra vez. ¿Quién ha sabido esto? ¿En quién puede confiar Él? ¿Quién sería capaz de entender? Él siempre aborrece los pecados del hombre, su falta de resistencia, su debilidad; siempre se preocupa por la su vulnerabilidad y contempla la senda que el ser humano tiene delante. Siempre, al observar las palabras y las obras del hombre, se llena de misericordia e ira, y la vista de estas cosas siempre producen dolor en Su corazón. Después de todo, los inocentes se han ido haciendo insensibles; ¿por qué tiene Dios que hacerles siempre las cosas difíciles? El hombre débil está totalmente desprovisto de perseverancia; ¿por qué debería Dios tener siempre un enfado constante hacia él? El hombre débil y sin poder ya no tiene la menor vitalidad; ¿por qué debería Dios reprenderle siempre por su desobediencia? ¿Quién puede resistir las amenazas de Dios en el cielo? Después de todo, el hombre es frágil y, en situaciones desesperadas, Dios ha empujado Su enfado en lo profundo de Su corazón, de manera que el hombre puede reflexionar lentamente sobre sí mismo. Con todo, el hombre, quien tiene graves problemas, no aprecia lo más mínimo la voluntad de Dios. Ha sido pisoteado bajo los pies del viejo rey de los diablos, aunque es completamente inconsciente, siempre se pone en contra de Dios, o que no es caliente ni frío hacia Él. Dios ha pronunciado tantas palabras, aunque ¿quién se las ha tomado alguna vez en serio? El hombre no entiende las palabras de Dios, pero permanece impertérrito, y sin anhelo. Nunca ha conocido de verdad la esencia del viejo diablo. Las personas viven en el Hades, en el infierno, pero creen que vive en “el palacio del fondo del mar”; son perseguidas por el gran dragón rojo, aunque se creen favorecidas por el país del dragón. El diablo los ridiculiza, pero ellos piensan que disfrutan de la maestría superlativa de la carne. ¡Qué montón de suciedad, pobres desgraciados! El hombre se ha encontrado con el infortunio, pero no lo sabe y en esta oscura sociedad sufre contratiempo tras contratiempo, aunque nunca ha despertado a ello. ¿Cuándo se despojará de su auto bondad y su carácter servil? ¿Por qué es tan despreocupado del corazón de Dios? ¿Consiente en silencio esta opresión y esta dificultad? ¿Acaso no desea que llegue el día en que pueda cambiar la oscuridad por la luz? ¿No desea remediar, una vez más, las injusticias hacia la rectitud y la verdad? ¿Está dispuesto a observar y no hacer nada cuando las personas reniegan de la verdad y tergiversan los hechos? ¿Le hace feliz seguir soportando este maltrato? ¿Está dispuesto a ser un esclavo? ¿A perecer a manos de Dios junto con las pertenencias de su estado caído? ¿Dónde está tu determinación? ¿Dónde está tu ambición? ¿Y tu dignidad? ¿Dónde está tu integridad? ¿Tu libertad? ¿Estás deseando dar toda tu vida por el gran dragón rojo, el rey de los diablos? ¿Te hace feliz dejar que te torture hasta la muerte? El rostro de lo profundo es caótico y oscuro, la gente común que sufre tanta aflicción se queja sin cesar. ¿Cuándo será capaz el hombre de mantener erguida su cabeza? El hombre está flaco y demacrado, ¿cómo podría contender con este diablo cruel y tirano? ¿Por qué no entrega su vida a Dios tan pronto como pueda? ¿Por qué sigue flaqueando, cuando puede terminar la obra de Dios? Así, intimidado sin propósito y oprimido, finalmente habrá pasado toda su vida en vano; ¿por qué tiene tanta prisa por llegar y está tan apresurado por irse? ¿Por qué no guarda algo precioso que darle a Dios? ¿Ha olvidado el milenio de odio?

De ‘Obra y entrada’ (8) en “La Palabra manifestada en carne”

33. Dios se ha encarnado esta vez para hacer esa obra, concluir la que le queda aún por acabar, llevar esta era a su fin, juzgarla, salvar del mar de la aflicción a aquellos que son profundamente pecadores y transformarlos por completo. Los judíos clavaron a Dios en la cruz, danto por terminados Sus “viajes en Judea”. Poco después, Dios vino personalmente en medio del hombre, una vez más, y llegó en silencio al país del gran dragón rojo. En realidad, la comunidad religiosa del estado judío había colgado la imagen de Jesús en sus muros hacía ya tiempo, y la gente gritaba con su propia boca: “Señor Jesucristo”. Poco sabían ellos que hacía ya mucho tiempo desde que Jesús había aceptado la orden de Su Padre de regresar en medio de los hombres para concluir la segunda etapa de Su obra incompleta. Como resultado, las personas fueron pilladas por sorpresa cuando lo contemplaron: Había nacido en un mundo en el que habían transcurrido muchas eras, y Él apareció en medio de todos con el aspecto de alguien supremamente corriente. En realidad, conforme han pasado las eras, Su ropa y todo Su aspecto han cambiado, como si hubiera renacido. ¿Cómo podría saber la gente que Él es el mismísimo Señor Jesucristo que descendió de la cruz y resucitó? No tiene el más ligero rastro de heridas, así como Jesús no se parecía en absoluto a Jehová. Desde hace mucho tiempo, el Jesús de hoy no ha sufrido el paso de los tiempos. ¿Cómo podrían conocerle? El hipócrita “Tomás” siempre dudó que Él fuera Jesús resucitado, siempre quiere ver las cicatrices de los clavos en las manos de Jesús antes de poder hacer descansar su mente; sin haberlas visto, siempre estaría sobre una nube de sospecha, y es incapaz de plantar su pie sobre “tierra real” y seguir a Jesús. ¡Pobre “Tomás”! ¿Cómo podría saber que Jesús había venido a hacer la obra encargada por Dios Padre? ¿Por qué necesita llevar Jesús las cicatrices de la crucifixión? ¿Son ellas la marca de Jesús? Ha venido a obrar por voluntad de Su Padre; ¿por qué debería venir vestido y ataviado como un judío de hace varios miles de años? ¿Acaso podía la forma que Dios adoptó en la carne obstaculizar Su obra? ¿Es esta una teoría establecida? ¿Por qué cuando Dios obra, debe ser de acuerdo con la imaginación del hombre? Lo único por lo que Dios lucha en Su obra es para que tenga efecto. No se atiene a la ley, y no hay normas para Su obra; ¿cómo podría el hombre descifrarla? ¿Cómo podrían verse los conceptos del hombre a través de la obra de Dios? De modo que más os valdría calmaros adecuadamente: No os preocupéis por nimiedades y no le deis demasiada importancia a las cosas solo porque sean nuevas para vosotros; esto te impedirá hacer un chiste de ti mismo y que la gente se ría de ti. Has creído en Dios durante todos estos años y sigues sin conocerle; en última instancia, estás sumido en el castigo. Tú que estás situado el “primero de la clase”, estás asignado a las filas de los castigados. Más te vale no usar medios inteligentes para presumir de tus insignificantes trucos; ¿puede tu cortedad de vista percibir de verdad a Dios, que ve desde la eternidad hasta la eternidad? ¿Pueden tus experiencias superficiales sacar la voluntad de Dios por completo a la luz? No seas vanidoso. Después de todo, Dios no es del mundo; ¿cómo podría Su obra ser según tú esperabas?

De ‘Obra y entrada’ (8) en “La Palabra manifestada en carne”

34. Desde hace mucho tiempo, las “tradiciones étnicas” arraigadas y las “perspectivas mentales” han ensombrecido el espíritu puro e infantil del hombre, han atacado su alma sin la más mínima “humanidad”, como si estuviera desprovisto de emoción o de cualquier sentido de identidad. Los métodos de estos demonios son extremadamente crueles, y es como si la “educación” y la “crianza” se hubieran convertido en las técnicas tradicionales mediante las cuales el rey de los diablos mata al hombre. Haciendo uso de su “profunda dirección” cubre por completo su fea alma, vistiéndose con piel de oveja para lograr la confianza del hombre y, después, aprovechar cuando este duerme para devorarlo por completo. Pobre humanidad; ¿cómo podría saber que la tierra sobre la que fueron criados es la tierra del diablo, que aquel que los educó es, en realidad, un enemigo que los hiere? Con todo, el hombre no despierta en absoluto. Una vez saciada su hambre y su sed, se prepara para devolver la “amabilidad” de sus padres al criarlo. Así es el hombre. Hoy, todavía no sabe que el “rey” que lo educó es su enemigo. La tierra está plagada de los huesos de los muertos, el diablo alegra sin cesar a los maníacos y sigue devorando la carne del hombre en el “inframundo”, compartiendo una tumba con esqueletos humanos e intentando en vano consumir a los últimos remanentes del cuerpo destrozado del hombre. Pero este sigue siempre ignorante, y nunca ha tratado al diablo como su enemigo, sino que le sirve con todo su corazón. Personas tan depravadas son, simplemente, incapaces de conocer a Dios, y no le resulta fácil encarnarse y venir en medio de ellos, realizando toda Su obra de salvación. ¿Cómo podría el hombre, que ya se ha hundido en el Hades, ser capaz de satisfacer los requisitos de Dios?

De ‘Obra y entrada’ (9) en “La Palabra manifestada en carne”

35. Muchas son las noches insomnes que Dios ha soportado por el bien de la obra de la humanidad. Desde lo más alto hasta las más bajas profundidades, Él ha descendido al infierno viviente en el que el hombre mora para pasar Sus días con él, nunca se ha quejado de la injusticia que hay entre los hombre, nunca le ha reprochado a este su desobediencia, sino que ha soportado la mayor humillación mientras lleva personalmente a cabo Su obra. ¿Cómo podría Dios pertenecer al infierno? ¿Cómo podría pasar Su vida en el infierno? Sin embargo, por el bien de toda la humanidad, y para que toda ella pueda hallar descanso pronto, Él ha aguantado la humillación y sufrido la injusticia para venir a la tierra y entró personalmente en el infierno y el Hades, en el foso del tigre, para salvar al hombre. ¿De qué forma está el hombre cualificado para oponerse a Dios? ¿Qué razón tiene para, una vez más, quejarse de Dios? ¿Cómo puede tener el descaro de volver a mirar a Dios? El Dios del cielo ha venido a esta, la más sucia de las tierras de vicio, y nunca ha desahogado Sus agravios ni se ha quejado, sino que acepta en silencio los estragos y la opresión del hombre. Nunca ha devuelto el golpe ante las exigencias poco razonables del hombre, nunca le ha hecho requerimientos excesivos ni irrazonables. Simplemente realiza toda la obra que requiere el hombre sin queja alguna: enseñar, iluminar, reprochar, el refinamiento de las palabras, recordar, exhortar, consolar, juzgar y revelar. ¿Cuál de Sus pasos no ha sido para la vida del hombre? Aunque ha eliminado las perspectivas y la suerte del hombre, ¿cuál de los pasos que Dios llevó a cabo no ha sido para su destino? ¿Cuál de ellos no ha sido por el bien de la supervivencia humana? ¿Cuál de ellos no ha sido para liberarle del sufrimiento y la opresión de las fuerzas oscuras tan negras como la noche? ¿Cuál de ellos no es por el bien del hombre? ¿Quién puede entender el corazón de Dios, que es como una madre amorosa? ¿Quién puede entender el ansioso corazón de Dios? El apasionado corazón de Dios y Sus ardientes expectativas han recibido a cambio fríos corazones, miradas insensibles e indiferentes, con las repetidas reprimendas y los insultos del hombre, cortantes observaciones, sarcasmo y menosprecio; con el ridículo del hombre, con su pisoteo y su rechazo, con su malentendido, sus gemidos, su distanciamiento y su evitación; con nada más que engaños, ataques y amargura. Las palabras cálidas han sido recompensadas con una frente feroz y frío desafío de mil dedos moviéndose. Dios no puede sino aguantar, con la cabeza inclinada, sirviendo a las personas como un buey voluntarioso. Cuántos soles y lunas, cuántas veces ha mirado a las estrellas, se ha marchado al alba y ha regresado al anochecer, dando vueltas y vueltas, soportando agonía mil veces mayores que el dolor de Su partida del lado de Su Padre, aguantando los ataques y el “rompimiento” del hombre, “tratar” con él y “podarlo”. La humildad y el ocultamiento se han visto correspondidos por el prejuicio del hombre, con las injustas visiones y el trato del hombre, y Su anonimato, Su paciencia y Su tolerancia han recibido a cambio la avariciosa mirada del hombre, al intentar el hombre golpear a Dios hasta la muerte, sin escrúpulo e intenta pisotearlo en el suelo. La actitud del hombre en su trato hacia Dios es de “rara inteligencia”, y Dios, a quien el hombre intimida y desdeña, está aplastado bajo los pies de decenas de millares de personas, mientras el hombre mismo se levanta hasta lo más alto, como si quisiera ser el “rey del castillo”, como si quisiera tomar el “poder absoluto”, “recibir en audiencia desde detrás de una pantalla”, para dejar a Dios como el aplicado “director entre bastidores”, respetuoso con las reglas, al que no se le permite defenderse ni causar problema. Dios interpreta el papel del “Último Emperador”, tiene que ser una “marioneta” desprovisto de toda libertad. Los hechos del hombre son innumerables. ¿De qué manera está cualificado para proponerle sugerencias a Dios? ¿Cómo está cualificado para exigir que Dios se compadezca de sus debilidades? ¿De qué forma es apto para recibir la misericordia de Dios, Su magnanimidad y Su perdón una y otra vez? ¿Dónde está su conciencia? Hace mucho que le rompió el corazón a Dios, que lo dejó hecho pedazos. Dios vino en medio del hombre rebosante de alegría y entusiasmo, esperando que el hombre fuera caritativo con Él, aunque solo fuera con un poco de calidez. A pesar de ello, el corazón de Dios tarda en ser consolado por el hombre, lo único que ha recibido son ataques de bolas de nieve y tormento; el corazón del hombre es demasiado codicioso, su deseo demasiado grande; nunca puede ser saciado, siempre es travieso e imprudente; nunca le permite a Dios ninguna libertad o derecho a la palabra y no le deja a Dios más opción que someterse a la humillación y permitir que el hombre lo manipule como quiera.

De ‘Obra y entrada’ (9) en “La Palabra manifestada en carne”

36. Desde la creación hasta ahora, Dios ha soportado mucho dolor y sufrido numerosos ataques. Con todo, incluso hoy, el hombre sigue sin relajar sus exigencias a Dios, sigue estudiándolo, sigue sin tener tolerancia hacia Él y no hace nada más que darle “consejo”, “criticarle” y “disciplinarle”, como si estuviera profundamente temeroso de que Dios tomara el camino equivocado, que Dios en la tierra es bruto y poco razonable, desenfrenado o que no significa nada. El hombre siente tiene este tipo de actitud hacia Dios. ¿Cómo no iba a entristecerle? Al encarnarse, Dios ha soportado un dolor y una humillación tremendos; cuánto peor, pues, hacer que Él acepte las enseñanzas del hombre. Su llegada en medio del hombre le ha despojado de toda libertad, como si estuviera encarcelado en el Hades, y ha aceptado la “disección” del hombre sin la más ligera resistencia. ¿No es esto vergonzoso? Al venir en medio de la familia de un hombre normal, Jesús ha sufrido la mayor injusticia. Más humillante aún es que se haya presentado en este polvoriento mundo y se haya rebajado hasta las más bajas profundidades, y ha adoptado una carne de suprema cotidianeidad. Al convertirse en un pobre ser humano, ¿no sufre el Dios Altísimo dificultades? ¿Y no es todo esto por la humanidad? ¿Ha habido tiempos en el que Él pensara en Sí mismo? Después de ser rechazado y ejecutado por los judíos, ridiculizado y burlado por el pueblo, nunca se quejó a los cielos ni protestó en la tierra. Hoy, esta tragedia de miles de años ha reaparecido entre estas personas que son como los judíos. ¿Acaso no cometen los mismos pecados? ¿Qué cualifica al hombre para recibir las promesas de Dios? ¿No se opone a Dios y después acepta Sus bendiciones? ¿Por qué el hombre no se enfrenta nunca a la justicia ni busca la verdad? ¿Por qué no le interesa nunca lo que Dios hace? ¿Dónde está su rectitud? ¿Dónde está su justicia? ¿Tiene las agallas de representar a Dios? ¿Dónde está su sentido de la justicia? ¿Cuánto de lo que el hombre ama también lo ama Dios? El hombre no puede distinguir la tiza del queso, siempre confunde lo negro con lo blanco, suprime la justicia y la verdad, y mantiene en alto la injusticia y la falta de rectitud. Aleja la luz y retoza en medio de la oscuridad. Los que buscan la verdad y la justicia en lugar de ahuyentar la luz, los que buscan a Dios lo pisotean bajo sus pies y ellos se elevan al cielo. El hombre no es distinto a un bandido. ¿Dónde está su razón? ¿Quién puede distinguir lo correcto de lo incorrecto? ¿Quién puede defender la justicia? ¿Quién está dispuesto a sufrir por la verdad? ¡Las personas son crueles y diabólicas! Habiendo clavado a Dios en la cruz, aplauden y vitorean; sus gritos salvajes no cesan. Son como pollos y perros, se confabulan y hacen la vista gorda. Han establecido su propio reino; su intromisión no ha dejado lugar sin perturbar. Cierran los ojos y aúllan como locos, sin cesar, encerrados juntos. Una atmósfera pomposa lo impregna todo; es bulliciosa y vivaz, y quienes se apegan ciegamente a otros siguen emergiendo, todos sosteniendo los “ilustres” nombres de sus antepasados. Hace mucho que estos perros y pollos relegaron a Dios al fondo de su mente, y nunca prestaron atención al estado del corazón de Dios. No es de sorprender que Dios diga que el hombre es como un perro o un pollo, un perro que ladra y que hace que otro centenar de ellos aúllen. De esta forma, con mucho alboroto, ha traído la obra de Dios hasta el día de hoy, indiferente a cómo sea la obra de Dios, si hay justicia, si Él tiene un lugar donde poner Su pie, de cómo es el mañana, de su propia soledad y de su propia suciedad. El hombre no ha pensado nunca tanto en las cosas, no se ha preocupado jamás del mañana y ha reunido todo lo que es beneficioso y precioso entre sus brazos, sin dejarle nada a Dios, excepto los restos. ¡Qué cruel es la humanidad! No guarda ningún sentimiento para Dios, y después de devorar todo lo que es de Él, lo tira bien lejos detrás de sí, sin prestarle más atención a Su existencia. Disfruta de Dios, aunque se opone a Él y lo pisotea bajo sus pies, aunque con la boca le da gracias y le alaba. Ora a Dios y depende de Él, aunque también le engaña. “Exalta” el nombre de Dios y mira Su rostro, aunque también se sienta en Su trono con descaro y desvergüenza, y “juzga” la “injusticia” de Dios. De su boca proceden las palabras de que está “en deuda con Dios” y contempla Sus palabras, aunque en su corazón le lanza improperios a Dios; es “tolerante” hacia Dios aunque le oprime, y su boca dice es “por amor a Dios”. En sus manos sostiene las cosas de Dios, y en su boca mastica la comida que Él le ha dado. Sin embargo, sus ojos fijan una mirada fría y sin emoción en Dios, como si deseara tragárselo por completo. Considera la verdad, pero insiste en decir que es el engaño de Satanás. Mira la justicia, pero la obliga a convertirse en auto negación; considera los hechos del hombre, pero insiste en que son lo que Dios es; contempla los dones naturales del hombre, pero insiste en que son la verdad; observa los hechos de Dios, pero insiste en que son arrogancia y presunción, bravatas y santurronería. Cuando el hombre contempla a Dios, insiste en etiquetarlo de humano e intenta a toda costa colocarlo en el asiento de un ser creado que está conchabado con Satanás. Sabe perfectamente que son declaraciones de Dios, pero dirá que no son más que los escritos de un hombre. Sabe muy bien que el Espíritu se hace realidad en la carne, Dios se hace carne, pero él afirma que esa carne es descendiente de Satanás. Sabe bien que Dios es humilde y está escondido, pero él solo declara que Satanás ha sido avergonzado y que Dios ha ganado. ¡Qué inútiles! ¡El hombre ni siquiera es digno de servir como perro guardián! No distingue entre lo negro y lo blanco, e incluso tergiversa deliberadamente lo negro y lo hace blanco. ¿Pueden las fuerzas del hombre y sus asedios tolerar el día de la emancipación de Dios? Después de oponerse deliberadamente a Dios, al hombre no podría importarle menos, o incluso llega tan lejos como para matarlo, sin darle la más mínima oportunidad de mostrarse. ¿Dónde está la justicia? ¿Dónde está el amor? Él se sienta junto a Dios y lo empuja a ponerse de rodillas para pedir perdón, obedecer todas sus disposiciones, asentir a todas sus maniobras y hace que Dios siga sus señales en todo lo que hace o se pone furioso y monta en cólera. ¿Cómo no iba a sentirse Dios apesadumbrado bajo semejante influencia de oscuridad que tergiversa lo negro en blanco? ¿Cómo no iba a preocuparse? ¿Por qué se dice que cuando Dios inició Su última obra fue como el amanecer de una nueva época? Los hechos del hombre son tan “ricos”, los “ríos de agua viva que fluyen eternamente” “reabastecen” sin cesar el campo del corazón humano, mientras que el “río de agua viva” del hombre “compite” contra Él sin escrúpulo. Ambos son irreconciliables y proveen a las personas en lugar de Dios, sin reserva alguna, mientras que el hombre colabora con ello sin consideración alguna de los peligros implicados. ¿Y con qué resultados? Con frialdad echa a Dios a un lado y lo coloca lejos, donde las personas no le tengan en cuenta, profundamente temeroso de que pueda llamar su atención y con gran miedo a que el río de agua viva de Dios incite y gane al hombre. Así, tras experimentar muchos años de preocupaciones mundanas, se confabula e intriga en contra de Dios, y hasta lo convierte en el blanco de su “reprobación”. Es como si Dios se hubiera convertido en un trozo de madera a sus ojos; está desesperado por agarrarlo y colocarlo en el fuego para que sea refinado y purificado. Viendo la incomodidad de Dios, el hombre se golpea el pecho y se ríe, baila de gozo y dice que se le ha sumido también en el refinamiento, y que se quemarán Sus impurezas hasta que se limpie la suciedad, como si solo esto fuera racional y sensato, como si solo estos fueran los métodos justos y razonables del cielo. Esta violenta conducta del hombre parece deliberada e inconsciente a la vez. El hombre revela su fea cara y su odiosa y sucia alma, así como la mirada digna de lástima de un mendigo. Después de desmandarse a lo largo y ancho, adopta el aspecto patético y suplica el perdón del cielo, pareciendo un perrito faldero sumamente lastimoso. El hombre siempre actúa de maneras inesperadas, siempre “cabalga sobre un tigre para asustar a los demás”, se une a la diversión cada vez que puede, no tiene la menor consideración por el corazón de Dios ni establece comparación alguna con su propio estatus. Sencillamente se opone a Dios en silencio como si Él le hubiera ofendido y no debiera tratarle así; como si el cielo no tuviera ojos y le pusiera las cosas difíciles a propósito. Así, el hombre siempre lleva a cabo sus crueles complots en secreto, y no relaja en lo más mínimo sus exigencias a Dios, considera con ojos depredadores, mirando fijamente y enfurecido cada movimiento de Dios, no pensando nunca que es Su enemigo y esperando que llegue el día en que Dios disipe la niebla, aclare las cosas y le salve de las “fauces del tigre” y se vengue en su nombre. Incluso hoy, las personas siguen sin pensar que están jugando el papel de oposición a Dios que tantos han venido interpretando a lo largo de los siglos. Cómo podían saber que, en todo lo que hacen, llevan mucho tiempo ya extraviados; que los mares se han tragado, hace mucho, lo único que entendían.

¿Quién ha aceptado alguna vez la verdad? ¿Quién ha acogido a Dios con los brazos abiertos? ¿Quién ha deseado con alegría la aparición de Dios? La conducta del hombre ha decaído desde hace tiempo, y hace mucho que su contaminación ha dejado el templo de Dios irreconocible. Mientras tanto, el hombre sigue con su propia obra, siempre mirando a Dios desde arriba. Es como si su oposición a Él fuera inamovible e inmutable. Como resultado, preferiría que lo maldijeran antes que sufrir ningún “maltrato” de sus palabras y sus actos. ¿Cómo podría este tipo de persona conocer a Dios? ¿Cómo podría encontrar reposo con Él? ¿Y cómo podrían ser aptos de presentarse delante de Él?

De ‘Obra y entrada’ (9) en “La Palabra manifestada en carne”

37. He pasado muchos días y noches con el hombre, he residido en el mundo con él y nunca le he exigido nada más. Simplemente le guío siempre hacia adelante; no hago más que guiarle y, por el bien del destino de la humanidad, llevo a cabo incesantemente el trabajo de reorganización. ¿Quién ha entendido alguna vez la voluntad del Padre celestial? ¿Quién ha viajado entre el cielo y la tierra? Ya no deseo pasar el “viejo siglo” con él, porque el hombre es demasiado “antiguo”; no entiende nada. Solo sabe atiborrarse en el banquete que he dispuesto, manteniéndose al margen de todo lo demás y sin pensar en ningún otro asunto. La humanidad es demasiado mezquina; el clamor, la penumbra y el peligro entre los hombres es demasiado grande y, por tanto, no deseo compartir los preciosos frutos de la superación en los últimos días. Que el hombre disfrute de las ricas bendiciones que él mismo ha creado, porque no me da la bienvenida. ¿Por qué debería Yo obligarle a fingir una sonrisa? Cada esquina del mundo está desprovista de calidez, no hay rastro de primavera en sus paisajes porque, como el animal que vive en el agua, no tiene el más ligero calor. Es como un cadáver y hasta la sangre que corre por sus venas es como el hielo que congela el corazón. ¿Dónde está la cordialidad? El hombre clavó a Dios en la cruz sin razón y, después, no sintió los más mínimos recelos. Nadie ha sentido nunca pesar, y esos crueles tiranos siguen planeando una vez más “capturar vivo” al Hijo del Hombre y ponerle ante un batallón de fusilamiento, poner fin al odio que hay en sus corazones. ¿Qué beneficio existe en quedarme en esta tierra peligrosa? Si me quedo, lo único que le acarrearé al hombre es conflicto y violencia, y no el final del problema, porque nunca he traído paz, sino guerra. Los últimos días de la humanidad deben estar llenos de guerra y el destino del hombre debe caer en medio de la violencia y el conflicto. No estoy dispuesto a compartir el “deleite” de la guerra; no acompañaré el derramamiento de sangre y el sacrificio del hombre, porque su rechazo me ha llevado al abatimiento, y no tengo corazón para contemplar las guerras del hombre. Que pelee para satisfacción de su corazón. Yo deseo descansar; quiero dormir. ¡Que los demonios sean los compañeros de la humanidad durante sus últimos días! ¿Quién conoce Mi voluntad? El hombre no me ha dado la bienvenida ni me ha esperado jamás; por ello, solo puedo decirle adiós, otorgarle su destino a la humanidad y dejarle al ser humano toda Mi riqueza, sembrar Mi vida, plantarla, en medio de él, en el campo de su corazón y dejarle recuerdos eternos. Solo puedo dejarle todo Mi amor a la humanidad, concederle todo lo que el hombre valora en Mí como regalo de amor que anhelamos el uno para el otro. Me gustaría que nos amáramos siempre, que nuestro ayer sea lo bueno que nos damos el uno al otro, porque ya le he otorgado Mi totalidad a la humanidad; ¿qué quejas podría tener el hombre? Ya le he dejado toda Mi vida, y sin una palabra he trabajado duro y he arado la “hermosa tierra del amor” para la humanidad. Nunca le he puesto exigencias equitativas al hombre ni he hecho nada sino que someterme a sus disposiciones y crear un mañana más hermoso para la humanidad.

De ‘Obra y entrada’ (10) en “La Palabra manifestada en carne”

38. La encarnación de Dios ha enviado ondas de choque por todas las sectas y las denominaciones, ha “desorganizado” su orden original y ha sacudido los corazones de todos los que anhelan la aparición de Dios. ¿Quién no está adorando? ¿Quién no ansía ver a Dios? Él ha estado personalmente en medio del hombre durante muchos años, aunque este nunca se ha dado cuenta de ello. Hoy, Dios mismo se ha aparecido y ha demostrado Su identidad a las masas. ¿Cómo podría no traer deleite al corazón del hombre? Dios compartió una vez los gozos y las tristezas con el hombre, y hoy se ha reunido con la humanidad, compartiendo historias de los tiempos pasados con él. Después de que Él saliera de Judea, las personas no pudieron hallar rastro de Él. Anhelan, una vez más, encontrarse con Dios; poco saben que hoy ya lo han hecho y que se han reunido con Él. ¿Cómo no agitaría esto los recuerdos del ayer? Hace dos mil años hoy, Simón Bar-Jonás, descendiente de los judíos, contempló a Jesús el Salvador, comió en la misma mesa que Él, y después de seguirle durante muchos años, sintió profundo afecto hacia Él: Le amó desde el fondo de su corazón; amó al Señor Jesús profundamente. El pueblo de Judea no supo nada de cómo este bebé de cabello dorado, nacido en un pesebre, fue la primera imagen de la encarnación de Dios. Todos pensaron que era lo mismo que ellos; nadie pensó que fuera diferente; ¿cómo podían las personas reconocer a este Jesús normal y corriente? El pueblo de Judea pensaba en Él como un hijo judío de los tiempos. Nadie lo consideró como un Dios amoroso ni hicieron nada, sino exigirle ciegamente, pedirle que les concediera ricas y abundantes gracias, paz y gozo. Lo único que sabían era que, como un millonario, Él poseía todo lo que uno podía desear jamás. Con todo, las personas nunca le trataron como alguien a quien amaran; las personas de aquel tiempo no lo amaron y solo protestaba contra Él y le hicieron exigencias irracionales. Nunca se resistió y dio, constantemente, gracias al hombre, aunque este no le conociera. No hizo nada sino darle al ser humano, en silencio, cordialidad, amor y misericordia, e incluso más. Le dio un nuevo medio de práctica y sacó al hombre de los lazos de la ley. El hombre no le amaba; solo le envidiaba y reconocía Sus “talentos excepcionales”. ¿Cómo podía la ciega humanidad saber lo grande que era la humillación sufrida por el amoroso Jesús, el Salvador, cuando vino entre la humanidad? Nadie consideró Su dificultad, nadie conoció Su amor por Dios Padre y nadie pudo conocer Su soledad. Aunque María fue Su madre biológica, ¿cómo pudo conocer los pensamientos del corazón del misericordioso Señor Jesús? ¿Quién supo del indecible sufrimiento que soportó el Hijo del Hombre? Tras hacerle peticiones, las personas de ese tiempo lo relegaron fríamente al fondo de su mente y le echaron fuera, a vagar por las calles, día tras día, año tras año, a la deriva durante muchos años hasta que cumplió treinta y tres años. Esos años habían sido largos y breves a la vez. Cuando las personas le necesitaban, le invitaban a sus casas con cara sonriente, intentando exigirle cosas. Después de que Él hubiera hecho Su contribución, lo echaban fuera de inmediato. Las personas comían lo que Su boca proporcionaba, bebían Su sangre, disfrutaban de las gracias que Él les concedía; sin embargo, también se oponían a Él, porque nunca habían sabido quién les había dado la vida. En última instancia, le clavaron a una cruz, y Él no abrió Su boca. Incluso hoy, sigue en silencio. Las personas comen Su carne, comen la comida que Él hace para ellos, caminan por el camino que Él les ha abierto y beben Su sangre, aunque siguen pretendiendo rechazarle. En realidad, tratan al Dios que les ha dado la vida como enemigo y, en su lugar, se comportan con quienes son esclavos como ellos como si estos fueran el Padre celestial. En esto, ¿no se oponen deliberadamente a Él? ¿Cómo llegó Jesús a morir en la cruz? ¿Lo sabéis? ¿No fue traicionado por Judas, que estaba cerca de Él, le había comido, bebido y había disfrutado de Él? ¿No lo traicionó Judas porque Jesús no era más que un maestrillo normal? Si las personas hubieran visto realmente que Jesús era extraordinario, y aquel que era del cielo, ¿cómo le habían clavado vivo en la cruz durante veinticuatro horas, hasta que no le quedó aliento en Su cuerpo? ¿Quién puede conocer a Dios? Las personas no hacen nada, sino disfrutar de Dios con insaciable avaricia, pero nunca lo han conocido. Se les dio la mano y se tomaron el brazo, e hicieron a Jesús totalmente obediente a sus órdenes. ¿Quién ha mostrado alguna vez misericordia hacia este Hijo del Hombre, que no tenía donde reposar Su cabeza? ¿Quién ha pensado jamás en unir fuerzas con Él para llevar a cabo la comisión de Dios Padre? ¿Quién ha guardado un pensamiento para Él? ¿Quién ha sido considerado con Sus dificultades? Sin el más mínimo amor, el hombre ha tirado de Él de un lado para otro; el hombre no sabe de dónde vino su luz y su vida, y no hace nada sino planear en secreto cómo crucificar, una vez más, al Jesús de hace dos mil años, quien ha experimentado el dolor en medio del hombre. ¿De verdad inspira Él tanto odio? ¿Se ha olvidado ya todo lo que Él hizo? El odio que se reunió durante miles de años acabará brotando. ¡Sois, crías de judíos! ¿Cuándo ha sido Jesús hostil hacia vosotros, para que le odiarais tanto? ¡Él ha hecho y hablado tanto! ¿No ha sido nada de esto para beneficio vuestro? Os ha dado Su vida sin pedir nada a cambio; os ha dado Su totalidad. ¿De verdad seguís queriendo coméroslo vivo? Se ha entregado por completo a vosotros sin retener nada, sin tan siquiera disfrutar de la gloria mundana, de la calidez, el amor y todas las bendiciones en medio del hombre. ¡Las personas son tan malas con Él! Él no ha gozado de todas las riquezas sobre la tierra; dedicó la totalidad de Su corazón sincero y apasionado al hombre; ha legado Su totalidad a la humanidad. ¿Y quién le ha dado alguna vez cordialidad? ¿Quién le ha dado consuelo? El hombre ha amontonado toda la presión sobre Él, le ha entregado todo el infortunio. Le ha impuesto las experiencias más desafortunadas entre los hombres; le culpa por toda la injusticia y Él lo ha aceptado tácitamente. ¿Ha protestado alguna vez ante alguien? ¿Le ha pedido a alguien una pequeña recompensa? ¿Quién ha mostrado alguna compasión hacia Él? Como personas normales, ¿quién de vosotros no tuvo una infancia romántica? ¿Quién no tuvo una colorida juventud? ¿Quién de vosotros no ha tenido el calor de sus seres queridos? ¿Quién no tiene el amor de sus amigos cercanos? ¿Quién no tiene el respeto de los demás? ¿Quién carece de una cálida familia? ¿A quién le falta el consuelo de sus confidentes? ¿Ha disfrutado Él alguna vez de algo de esto? ¿Quién le ha proporcionado alguna vez un poco de cordialidad? ¿Una pizca de consuelo? ¿Quién le ha mostrado un poco de moralidad humana? ¿Quién ha sido tolerante con Él? ¿Quién le ha acompañado durante los tiempos difíciles? ¿Quién ha pasado con Él la vida dura? El hombre no ha relajado nunca los requisitos que le hace; sencillamente exige sin ningún escrúpulo como si, habiendo venido al mundo del hombre, tuviera que ser su buey o su caballo, su prisionero, y tuviera que darle Su todo. De no ser así, el hombre no le perdonará nunca, será siempre duro con Él, jamás lo llamará Dios y no le tendrá en alta estima. El hombre es demasiado severo en su actitud hacia Dios, como si se lanzara a atormentar a Dios hasta la muerte. Solo después de esto aflojó sus requisitos a Dios. De no ser así, el hombre nunca bajará los estándares de sus exigencias a Dios. ¿Cómo podría Dios no despreciar a este tipo de hombre? ¿No es esta la tragedia de hoy? La conciencia del hombre no se ve por ninguna parte. Sigue diciendo que le devolverá a Dios Su amor, pero lo disecciona y lo tortura hasta la muerte. ¿No es esta la “receta secreta” de su fe en Dios, transmitida por sus antepasados? No hay lugar donde no se encuentre a los “judíos”. Hoy siguen haciendo lo mismo, continúan oponiéndose a Dios, aunque creen que le están exaltando. ¿Cómo los propios ojos del hombre podrían conocer a Dios? ¿Cómo podría el ser humano, que vive en la carne, tratar como Dios al Dios encarnado que ha venido del Espíritu? ¿Quién de entre los hombres podría conocerle? ¿Dónde está la verdad en medio de los hombres? ¿Dónde está la verdadera justicia? ¿Quién es capaz de conocer el carácter de Dios? ¿Quién pude competir con el Dios de los cielos? No es de sorprender que, cuando se presentó en medio de los hombres, nadie lo conociera y fuera rechazado. ¿Cómo puede el hombre tolerar la existencia de Dios? ¿Cómo puede soportar permitir que la luz eche fuera las tinieblas del mundo? ¿No es esta toda la honorable devoción del hombre? ¿No es su virtuosa entrada? ¿Acaso la obra de Dios no está centrada en torno a la entrada del hombre? Me gustaría que combinarais la obra de Dios con la entrada del hombre, que asegurarais la relación entre el hombre y Dios, y que llevarais a cabo el deber que debería realizar el hombre según la mejor de sus capacidades. ¡De esta forma, la obra de Dios llegará posteriormente a su fin, concluyendo con Su glorificación!

De ‘Obra y entrada’ (10) en “La Palabra manifestada en carne”

Notas al pie:

a. El texto original dice “Algunos acontecimientos dicen a voz en grito”.