Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra

En primer lugar, cantemos un himno: el Himno del Reino (I) El reino ha venido al mundo.

Acompañamiento: El pueblo me aclama, el pueblo me alaba; todas las bocas nombran al único Dios verdadero. El reino desciende entre los hombres.

1. El pueblo me aclama, el pueblo me alaba; todas las bocas nombran al único Dios verdadero, toda la gente alza sus ojos para observar Mis obras. El reino desciende entre los hombres, Mi persona es rica y abundante. ¿Quién no celebraría por esto? ¿Quién no danzaría con alegría por esto? ¡Oh, Sion! ¡Levanta tu triunfante bandera para celebrarme! ¡Canta tu triunfante canción de victoria y esparce Mi santo nombre!

2. ¡Todas las cosas en la tierra! ¡Ahora purificaos en sacrifico para Mí! ¡Estrellas en el cielo! ¡Ahora regresad a vuestros lugares y mostrad Mi poderoso poder en el firmamento! ¡Atiendo a las voces de la gente en la tierra, que derrama amor y reverencia infinitos por Mí en canción! En este día, mientras todas las cosas rejuvenecen, desciendo al mundo de los hombres. ¡En este momento, las flores florecen, los pájaros cantan, toda la vida está llena de júbilo! En el sonido del saludo del reino, el reino de Satanás se colapsa, destruido en el coro resonante del himno del reino. ¡Y nunca más se levantará!

3. ¿Quién en la tierra se atreve a levantarse y resistirse? Al descender a la tierra traigo ardor, traigo ira, traigo todos los desastres. ¡Los reinos terrenales ahora son Mi reino! Arriba en el cielo, las nubes dan vueltas y se hinchan; bajo el cielo, lagos y ríos surgen y producen una melodía en movimiento. Animales en reposo salen de sus guaridas y todos los pueblos que duermen son despertados por Mí. ¡El día que todos los pueblos han esperado finalmente ha llegado! ¡Me ofrecen las canciones más hermosas!

¿Qué pensáis cada vez que cantáis esta canción? (Nos sentimos muy entusiasmados y emocionados, y pensamos en lo gloriosa que es la belleza del reino, en cómo la humanidad y Dios estarán juntos por siempre). ¿Ha pensado alguien en la forma que deben adoptar los seres humanos para estar junto a Dios? En vuestra imaginación, ¿cómo deben ser las personas para unirse a Dios y disfrutar la vida gloriosa que seguirá en el reino? (Deben cambiar su carácter). Deben cambiarlo, pero ¿hasta qué punto? ¿Cómo serán después de que hayan cambiado su carácter? (Se volverán santos). ¿Cuál es el criterio de la santidad? (Todos nuestros pensamientos y consideraciones deben ser compatibles con Cristo). ¿Cómo se manifiesta esa compatibilidad? (La persona no se resiste a Dios ni lo traiciona, puede someterse a Él por completo y tiene una temerosa reverencia hacia Dios en el corazón). Algunas de vuestras respuestas están en el camino correcto. Abrid, todos, vuestro corazón y dadle voz a lo que deseéis decir. (Las personas que viven con Dios en el reino deben ser capaces de cumplir sus deberes —con lealtad— a través de buscar la verdad sin que ninguna persona, acontecimiento u objeto las frene. Es entonces que se pueden alejar de la influencia de las tinieblas, sintonizar su corazón con Dios, temer a Dios y apartarse del mal). (Nuestra perspectiva de las cosas puede armonizarse con Dios, y nos podemos alejar de la influencia de las tinieblas. Como mínimo, podemos llegar a donde ya no somos explotados por Satanás y donde desechamos cualquier carácter corrupto y nos sometemos a Dios. Creemos que es esencial que las personas se alejen de la influencia de las tinieblas. Los que no pueden alejarse de la influencia de las tinieblas ni escapar de las ataduras de Satanás no han alcanzado la salvación de Dios). (Con el fin de cumplir con el estándar para ser perfeccionadas por Dios, las personas deben estar sintonizadas en mente y corazón con Él y no resistirse más a Él. Deben poder conocerse a sí mismas, poner la verdad en práctica, lograr tener un entendimiento de Dios, amarle y sintonizarse con Él. Es lo único que se requiere).

Cuánto pesan los desenlaces de las personas en su corazón

Parece que tenéis algunos pensamientos acerca del camino que debéis seguir y habéis desarrollado cierta comprensión de él o apreciación por él. Sin embargo, que todas las palabras que habéis pronunciado resulten ser huecas o reales depende del enfoque que adoptéis en vuestra práctica cotidiana. A lo largo de los años, todos habéis cosechado ciertos frutos de cada aspecto de la verdad, tanto en términos de doctrina como del contenido real de la verdad. Esto demuestra que, en la actualidad, las personas ponen mucho énfasis en esforzarse por la verdad, y, como consecuencia, cada aspecto y cada elemento de la verdad sin duda ha echado raíces en el corazón de algunas personas. Sin embargo, ¿qué es lo que Yo más temo? Que, a pesar del hecho de que estos asuntos de la verdad y estas teorías se hayan arraigado en vuestro corazón, su contenido real tenga allí poca esencia. Cuando enfrentéis problemas, pruebas y decisiones, ¿cuánto uso práctico tendrá para vosotros la realidad de estas verdades? ¿Puede ayudaros a superar vuestras dificultades y a salir de vuestras pruebas, habiendo cumplido la voluntad de Dios? ¿Os mantendréis firmes en medio de vuestras pruebas y daréis un testimonio rotundo de Dios? ¿Os han preocupado alguna vez estos asuntos? Os pregunto esto: en vuestro corazón y en todos vuestros pensamientos y contemplaciones diarios, ¿qué es lo más importante para vosotros? ¿Habéis llegado alguna vez a una conclusión sobre esto? ¿Qué creéis que es más importante para vosotros? Algunas personas responden “Poner en práctica la verdad, por supuesto”, mientras que otras dicen “Leer la palabra de Dios cada día, evidentemente”. Otras afirman “Acudir delante de Dios y orar a Él cada día, desde luego”, y después están aquellas que opinan “Sin duda, cumplir con mi deber cada día de forma adecuada”. Algunas personas incluso dicen que en lo único que piensan es en cómo satisfacer a Dios, cómo obedecerle en todas las cosas y cómo actuar en armonía con Su voluntad. ¿Es eso cierto? ¿Eso es todo? Por ejemplo, algunos dicen: “Sólo quiero someterme a Dios, pero cuando me encuentro con un problema soy incapaz de hacerlo”. Otros dicen: “Solo quiero satisfacer a Dios, y estaría bien aun si pudiera satisfacerlo solo una vez, pero nunca puedo satisfacerlo”. Algunas personas dicen: “Yo solo quiero someterme a Dios. En momentos de prueba solo quiero someterme a Sus orquestaciones, a Su soberanía y a Sus disposiciones sin quejas ni exigencias. Sin embargo, la mayoría de las veces no logro someterme”. Otras más dicen: “Cuando afronto decisiones, nunca puedo escoger poner en práctica la verdad. Siempre quiero satisfacer la carne y cumplir mis deseos personales egoístas”. ¿A qué se debe esto? Antes de que llegue la prueba de Dios, ¿os habréis retado ya muchas veces y puesto a prueba una y otra vez? Ved si auténticamente podéis someteros a Dios y satisfacerlo realmente, y si podéis garantizar que no vais a traicionarlo; ved si podéis evitar satisfaceros a vosotros mismos, cumplir vuestros deseos egoístas, y, en cambio, satisfacer solo a Dios, sin tomar decisiones individuales. ¿Hace eso alguien? En realidad, delante de vuestros ojos solo se ha colocado un hecho, y es aquello en lo que cada uno de vosotros está más interesado y lo que más deseáis saber: se trata del desenlace y el destino de cada uno. Tal vez no seáis conscientes de ello, pero es innegable. En lo tocante a la verdad del desenlace de las personas, a la promesa de Dios a la humanidad y a la clase de destino al que Dios pretende llevar a las personas, sé que algunos ya han estudiado varias veces las palabras de Dios sobre estos temas. Después están los que buscan una y otra vez la respuesta y meditan sobre ella en su mente, sin que se les llegue a ocurrir nada, o tal vez acaban llegando a alguna conclusión ambigua. Al final, siguen sin estar seguros de qué tipo de desenlace les espera. Cuando cumplen con sus deberes, la mayoría de las personas tienden a querer conocer respuestas definitivas a las siguientes preguntas: “¿Cuál será mi desenlace? ¿Podré seguir esta senda hasta el final? ¿Cuál es la actitud de Dios hacia la humanidad?”. Algunos incluso se preocupan de esta manera: “En el pasado hice y dije algunas cosas, desobedecí a Dios, llevé a cabo acciones que traicionaron a Dios y, en ciertos casos, no le satisfice, lastimé Sus sentimientos y le decepcioné e hice que me aborreciese y detestase. Tal vez, por lo tanto, mi final sea una incógnita”. Sería justo decir que la mayoría de las personas se sienten inquietas respecto a su desenlace. Nadie se atreve a decir: “Estoy totalmente convencido de que seré un sobreviviente; estoy cien por ciento seguro de que puedo cumplir la voluntad de Dios. Soy una persona que está en sintonía con el corazón de Dios; soy alguien a quien Dios elogia”. Algunas personas piensan que es particularmente difícil seguir el camino de Dios y que poner en práctica la verdad es lo más difícil del mundo. En consecuencia, tales personas están convencidas de que nadie las puede ayudar y no se atreven a tener esperanza en cuanto a tener un buen desenlace. O quizás creen que no pueden cumplir la voluntad de Dios y que, por tanto, no pueden convertirse en sobrevivientes. Debido a esto aseguran que no tienen un desenlace y no pueden lograr tener un buen destino. Independientemente de cómo piensen exactamente, todos se han preguntado sobre su desenlace muchas veces. En lo referente a las cuestiones relativas a su futuro y a qué recibirán cuando Dios haya acabado Su obra, están calculando y planificando constantemente. Algunos pagan el doble del precio; otros abandonan a sus familias y sus trabajos; otros más renuncian a sus matrimonios. Hay quienes dimiten para esforzarse por Dios y quienes dejan sus hogares para cumplir con su deber; algunos escogen las dificultades y empiezan a asumir las tareas más amargas y agotadoras; algunos deciden dedicar sus riquezas y todo lo que tienen, y también están los que eligen buscar la verdad y esforzarse por conocer a Dios. Sin importar cómo decidáis practicar, ¿es importante la manera como lo hacéis o no? (No, no lo es). ¿Cómo explicamos, pues, esta “falta de importancia”? Si el método de práctica no es importante, entonces ¿qué lo es? (Un buen comportamiento externo no es representativo de poner la verdad en práctica). (Los pensamientos de cada individuo no son importantes; la clave está en si hemos puesto o no la verdad en práctica y si amamos o no a Dios). (La caída de anticristos y falsos líderes nos ayuda a entender que el comportamiento externo no es lo más crucial. En apariencia, han abandonado muchas cosas, y parecen dispuestos a pagar el precio, pero tras un examen más minucioso podemos ver que simplemente no veneran a Dios, sino que se oponen a Él en todos los aspectos. En momentos cruciales, siempre están de parte de Satanás e interfieren con la obra de Dios. Por tanto, aquí las principales consideraciones son de qué lado estaremos cuando llegue el momento y cuáles son nuestros puntos de vista sobre las cosas). Todos habláis bien, y se diría que ya poseéis un entendimiento básico y un estándar que cumplir respecto a poner en práctica la verdad, las intenciones de Dios y lo que Él exige de la humanidad. Que seáis capaces de hablar así es muy conmovedor. Aunque parte de lo que decís no es muy preciso, ya os habéis acercado a una explicación adecuada de la verdad, y esto demuestra que habéis desarrollado vuestro propio entendimiento real de las personas, los acontecimientos y los objetos que os rodean, de todo vuestro entorno tal como lo ha dispuesto Dios, y de todo lo que podéis ver. Este es un entendimiento cercano a la verdad. Aunque lo que dijisteis no es totalmente exhaustivo y algunas palabras no son muy apropiadas, vuestra comprensión ya se está acercando a la realidad de la verdad. Oíros hablar de esta forma me hace sentir muy bien.

Las creencias de las personas no pueden ocupar el lugar de la verdad

Algunas personas son capaces de soportar dificultades, pueden pagar el precio, externamente se comportan muy bien, son bastante respetadas y cuentan con la admiración de los demás. ¿Diríais que este tipo de comportamiento externo puede considerarse la puesta en práctica de la verdad? ¿Podría determinarse que estas personas están cumpliendo la voluntad de Dios? ¿Por qué, una y otra vez, las personas ven a estos individuos y creen que están satisfaciendo a Dios, que caminan por la senda de poner en práctica la verdad y se mantienen en el camino de Dios? ¿Por qué piensan así algunas personas? Solo hay una explicación para ello. ¿Cuál es? Pues que un gran número de personas no tiene muy claras algunas cuestiones, como qué es poner en práctica la verdad, qué significa satisfacer a Dios y poseer la auténtica realidad-verdad. Así pues, algunos son engañados con frecuencia por los que, en apariencia, son espirituales, nobles, elevados y grandes. En lo que respecta a las personas que pueden hablar con elocuencia de letras y doctrinas, y cuyo discurso y acciones parecen dignos de admiración, quienes son engañados por ellos jamás han analizado la esencia de sus acciones, los principios subyacentes a sus obras o cuáles son sus objetivos. Además, tampoco han observado si estas personas se someten verdaderamente a Dios ni tampoco han determinado si auténticamente temen a Dios y se apartan del mal. Nunca han discernido la esencia de la humanidad de estas personas. Más bien, empezando por el primer paso que consiste en familiarizarse con ellas, llegan poco a poco a admirarlas, a venerarlas, y acaban convirtiéndose en sus ídolos. Asimismo, en la mente de algunos, los ídolos a los que adoran —y que creen que pueden abandonar a su familia y su trabajo, y que por fuera parecen capaces de pagar el precio— son los que están satisfaciendo realmente a Dios y los que pueden lograr de verdad un buen final y un buen destino. En su mente, estos ídolos son a los que Dios elogia. ¿Qué los induce a creer tal cosa? ¿Cuál es la esencia de esta cuestión? ¿A qué consecuencias puede llevar? Expongamos, en primer lugar, el tema de su esencia.

Básicamente, estos asuntos relativos a los puntos de vista de las personas, sus métodos de práctica, los principios de práctica que deciden adoptar y aquello en lo que cada uno tiende a centrarse no tienen nada que ver con las exigencias de Dios hacia la humanidad. Ya sea que se centren en asuntos superficiales o profundos, o en letras y doctrinas o en la realidad, las personas no se ciñen a lo que más deberían ajustarse ni saben lo que más deberían saber. Esto se debe a que la verdad no les gusta en absoluto. Por tanto, no están dispuestas a invertir tiempo ni esfuerzo en buscar y poner en práctica los principios de práctica que se encuentran en las declaraciones de Dios. Más bien, prefieren utilizar atajos, resumir lo que entienden y lo que saben que es una buena práctica y un buen comportamiento; este resumen pasa a ser, pues, el objetivo a perseguir, lo cual toman como la verdad a practicar. La consecuencia directa de esto es que las personas utilizan el buen comportamiento humano como sustituto de poner en práctica la verdad, algo que también satisface su deseo de ganarse el favor de Dios. Esto les proporciona un capital con el que lidiar con la verdad, que también utilizan para razonar con Dios y competir con Él. Al mismo tiempo, las personas dejan de lado a Dios, sin escrúpulos, y colocan en Su lugar a los ídolos a los que admiran. Solo existe una causa fundamental por la que estas personas llevan a cabo y sostienen acciones y puntos de vista tan ignorantes, así como opiniones y prácticas parciales, y hoy os hablaré de ello. La razón es que, aunque las personas pueden seguir a Dios, orar a Él y leer Sus declaraciones cada día, no entienden realmente Su voluntad. Aquí está la raíz del problema. Si alguien entendiera el corazón de Dios y supiera lo que a Él le gusta, lo que Él detesta, lo que quiere, lo que rechaza, a qué clase de persona ama, qué clase de persona no le gusta, qué tipo de estándar usa cuando hace exigencias a las personas y qué tipo de enfoque adopta para perfeccionarlas, ¿podría esa persona seguir teniendo sus propias opiniones personales? ¿Podrían tales personas simplemente ir y adorar a alguien más? ¿Podría un ser humano común y corriente ser su ídolo? Las personas que entienden la voluntad de Dios poseen un punto de vista ligeramente más racional que ese. No van a idolatrar arbitrariamente a una persona corrupta y, mientras caminan por la senda de poner en práctica la verdad, tampoco creerán que ceñirse ciegamente a unas cuantas reglas o principios sencillos equivale a poner en práctica la verdad.

Hay muchas opiniones respecto al estándar mediante el cual Dios determina el desenlace de las personas

Volvamos a este tema y sigamos discutiendo el asunto del desenlace.

Ya que cada persona está preocupada por su propio desenlace, ¿sabéis cómo lo determina Dios? ¿De qué manera determina Dios el desenlace de alguien? Además, ¿qué tipo de estándar emplea para determinarlo? Cuando el desenlace de una persona está aún por decidirse, ¿qué hace Dios para revelarlo? ¿Lo sabe alguien? Como acabo de mencionar, algunos ya han pasado mucho tiempo investigando las palabras de Dios en un esfuerzo por buscar pistas sobre los desenlaces de las personas, sobre las categorías en las que se dividen estos desenlaces y sobre los diversos desenlaces que esperan a los distintos tipos de personas. También esperan averiguar cómo la palabra de Dios dicta el desenlace de las personas, qué tipo de estándar usa Dios, y exactamente cómo determina el desenlace de una persona. No obstante, al final, estas personas nunca consiguen encontrar ninguna respuesta. De hecho, en las declaraciones de Dios se dice muy poco al respecto. ¿Por qué? Como el desenlace de las personas está aún por revelarse, Dios no desea decirle a nadie lo que va a ocurrir al final ni desea comunicarle a nadie su destino antes de tiempo, pues hacerlo no tendría ningún beneficio para la humanidad. Aquí y ahora, solo deseo hablaros sobre la forma en la que Dios determina el desenlace de las personas, acerca de los principios que Él emplea en Su obra para determinar y manifestar dichos desenlaces, así como sobre el estándar que utiliza para determinar si alguien puede sobrevivir o no. ¿No son estas las cuestiones que más os preocupan? Así pues, ¿cómo creen las personas que Dios determina el desenlace del hombre? Hace un momento mencionasteis algo sobre este asunto: algunos de vosotros dijisteis que tiene que ver con cumplir fielmente con los propios deberes y con esforzarse por Dios. Otros afirmaron que se trata de someterse a Dios y satisfacerle; hubo quienes aseveraron que un factor es someterse a las orquestaciones de Dios, y, también, quienes opinaron que la clave es llevar una vida discreta… Cuando ponéis en práctica estas verdades, y cuando practicáis según los principios que creéis correctos, ¿sabéis lo que piensa Dios? ¿Habéis considerado alguna vez si continuar así satisface Su voluntad? ¿Cumple con Su estándar? ¿Atiende a Sus exigencias? Creo que la mayoría de las personas no reflexiona mucho sobre esas cuestiones. Se limitan a aplicar mecánicamente una parte de la palabra de Dios, de los sermones, o los estándares de ciertas figuras espirituales a las que idolatran, obligándose a hacer esto y aquello. Creen que esta es la forma correcta, así que siguen ciñéndose a ella y llevándola a cabo sin importar lo que ocurra al final. Algunas personas piensan: “He tenido fe durante muchos años; siempre lo he hecho así; siento que he en verdad he satisfecho a Dios y que he obtenido mucho de ello. Esto es porque he llegado a entender muchas verdades durante este tiempo, además de muchas cosas que antes no entendía. En concreto, muchas de mis ideas y opiniones han cambiado, mis valores de vida han cambiado enormemente y ahora tengo un entendimiento bastante bueno de este mundo”. Estas personas creen que se trata de una cosecha y que es el resultado final de la obra de Dios para la humanidad. En vuestra opinión, con estos estándares y considerando todas vuestras prácticas en conjunto, ¿estáis satisfaciendo la voluntad de Dios? Algunos de vosotros responderéis con toda certeza: “¡Por supuesto! Estamos practicando según la palabra de Dios, de acuerdo con lo que lo de Arriba predicó y comunicó. Estamos cumpliendo siempre con nuestros deberes y siguiendo constantemente a Dios, y nunca le hemos abandonado. Por tanto, podemos decir con total confianza que estamos satisfaciendo a Dios. No importa cuánto entendamos Sus intenciones y cuánto comprendamos de Su palabra, siempre hemos estado en el camino de buscar ser compatibles con Él. Mientras actuemos y practiquemos de la forma correcta, estamos destinados a lograr el resultado correcto”. ¿Qué pensáis de esta perspectiva? ¿Es correcta? Quizás haya quienes digan: “Nunca había pensado antes en estas cosas. Solo creo que mientras continúe cumpliendo con mi deber y siga actuando según las exigencias de las declaraciones de Dios, puedo sobrevivir. Nunca he considerado el asunto de si puedo satisfacer el corazón de Dios ni si estoy cumpliendo con el estándar que Él ha establecido. Como Dios nunca me lo ha indicado ni me ha proporcionado instrucciones claras, creo que mientras siga obrando y no me detenga, Él estará satisfecho y no debería plantearme ninguna exigencia adicional”. ¿Son estas creencias correctas? En lo que a Mí respecta, esta forma de practicar, de pensar, y estos puntos de vista conllevan fantasías y un poco de ceguera. Tal vez que Yo diga esto cause que alguno de vosotros os sintáis un poco desanimados, y penséis: “¿Ceguera? Si esto es ceguera, nuestra esperanza de salvación y de supervivencia es muy escasa e incierta, ¿no es así? Al expresarlo de esta manera, ¿no estás vertiendo un jarro de agua fría sobre nosotros?”. Creáis lo que creáis, lo que digo y hago no tiene el propósito de haceros sentir como si se estuviera vertiendo un jarro de agua fría sobre vosotros. Más bien, tiene la intención de incrementar vuestro entendimiento de las intenciones de Dios y vuestra comprensión de lo que Él está pensando, lo que quiere lograr, qué tipo de personas le gustan, a cuáles detesta, qué aborrece, a qué tipo de persona desea ganar, y a qué tipo de persona desdeña. La intención de mis palabras es aportar claridad a vuestra mente y proporcionaros un entendimiento claro de cuánto se han desviado del estándar exigido por Dios las acciones y los pensamientos de todos y cada uno de vosotros. ¿Acaso es muy necesario hablar de estos temas? Lo es, porque sé que habéis tenido fe durante mucho tiempo y habéis escuchado mucha predicación, pero estas son precisamente las cosas de las que más carecéis. Aunque hayáis registrado cada verdad en vuestros cuadernos y hayáis memorizado y grabado en vuestro corazón algunas de estas cosas que os parecen personalmente importantes, y aunque planeáis usar estas cosas para satisfacer a Dios durante vuestra práctica, usarlas cuando os encontréis en necesidad o para atravesar los tiempos difíciles que tenéis ante vosotros; o simplemente dejáis que estas cosas os acompañen mientras vivís vuestra vida, por lo que a Mí respecta, independientemente de cómo lo hagas, si simplemente lo estáis haciendo, esto no es tan importante. ¿Qué es, pues, muy importante? Que mientras practiques, debes saber en el fondo, con absoluta certeza, si todo lo que estás haciendo, cada acto individual, está de acuerdo con lo que Dios quiere, y si todas tus acciones, todos tus pensamientos y los resultados y el objetivo que deseas conseguir satisfacen realmente la voluntad de Dios, así como si atienden o no a Sus exigencias y si Él los aprueba o no. Son estas las que son muy importantes.

Recorrer el camino de Dios: temer a Dios y apartarse del mal

Existe un dicho del que deberíais tomar nota. Creo que es de suma importancia, porque me viene a la mente numerosas veces cada día. ¿Por qué? Porque cada vez que tengo a alguien enfrente, cada vez que oigo la historia de alguien y oigo la experiencia de una persona o su testimonio de fe en Dios, siempre uso este dicho para determinar en Mi corazón si ese individuo es o no el tipo de persona que Dios quiere y que le gusta. Entonces, ¿cuál es este dicho? Ahora os tengo a todos al borde del asiento. Cuando lo revele, quizás os sintáis decepcionados, porque durante muchos años algunos han hablado de labios para afuera. Yo, sin embargo, no he hablado de labios para afuera ni una sola vez. Es un dicho que mora en Mi corazón. ¿Cuál es, entonces? Es el siguiente: “Recorre el camino de Dios: teme a Dios y apártate del mal”. ¿No es una frase extremadamente simple? No obstante, a pesar de su simpleza, las personas que tienen auténticamente un entendimiento profundo de estas palabras sentirán que conllevan un gran peso, que este dicho es muy valioso para la propia práctica, que es una línea del lenguaje de la vida que contiene la realidad-verdad, que representa un objetivo permanente para los que buscan satisfacer a Dios y que es un camino permanente que debe seguir todo aquel que sea considerado con las intenciones de Dios. Así pues, ¿qué os parece? ¿No es este dicho la verdad? ¿Tiene o no esa clase de importancia? Además, quizás algunos de vosotros penséis en este dicho e intentéis descifrarlo, y tal vez haya otros que hasta sientan dudas al respecto: ¿es este dicho muy importante? ¿Es muy importante? ¿Es necesario enfatizarlo tanto? Puede también que haya algunos a los que no les guste mucho, porque pensáis que tomar el camino de Dios y condensarlo en este único dicho es una simplificación excesiva. Tomar todo lo que Dios dijo y reducirlo a un dicho, ¿no sería eso hacer parecer a Dios demasiado insignificante? ¿Es esto así? Podría ser que la mayoría de vosotros no entendáis del todo el profundo significado de estas palabras. Aunque todos habéis tomado nota del dicho, no tenéis intención de guardarlo en vuestro corazón; solo lo habéis escrito en vuestro cuaderno para repasarlo y meditar en él en vuestro tiempo libre. Algunos ni siquiera se molestarán en memorizarlo, y, no digamos ya, intentar darle buen uso. Pero ¿por qué deseo mencionar este dicho? Independientemente de vuestra perspectiva y sin importar lo que penséis, tuve que mencionarlo porque es extremadamente relevante para la forma en que Dios determina el desenlace de las personas. No importa cómo entendáis ahora este dicho ni cómo lo tratéis, Yo os seguiré diciendo esto: si las personas pueden practicar las palabras de este dicho y experimentarlas y llegar al estándar de temer a Dios y apartarse del mal, tienen garantizado el ser sobrevivientes y seguro tendrán un buen desenlace. Si, no obstante, no puedes alcanzar el estándar establecido por este dicho, se puede decir que tu desenlace es una incógnita. Os hablo, pues, sobre este dicho para vuestra propia preparación mental y para que sepáis con qué tipo de estándar os mide Dios. Como acabo de deciros, este dicho es extremadamente relevante para la salvación de la humanidad por parte de Dios, y también en lo referente a cómo Él determina el desenlace de las personas. ¿De qué manera es relevante? En verdad os gustaría saberlo, así que hoy hablaremos de ello.

Dios usa diversas pruebas para comprobar si las personas temen a Dios y se apartan del mal

En cada era, mientras obra entre los seres humanos, Dios les otorga algunas palabras y les comunica algunas verdades. Estas verdades les sirven a las personas como el camino al que deben apegarse, por el que deben andar, la senda que les permite temer a Dios y apartarse del mal, y el que las personas deberían poner en práctica y respetar en su vida y a lo largo de su viaje de vida. Por estas razones Dios hace estas declaraciones a la humanidad. Las personas deben apegarse a estas palabras que vienen de Dios, pues apegarse a ellas es recibir vida. Si una persona no se apega a ellas y no las pone en práctica, y tampoco las vive en su vida, entonces no está poniendo en práctica la verdad. Adicionalmente, si las personas no están poniendo en práctica la verdad, entonces no le están temiendo a Dios ni se están apartando del mal ni pueden satisfacer a Dios. Los que no pueden satisfacerle tampoco pueden recibir Su elogio, y este tipo de personas no tienen un desenlace. Así pues, ¿cómo determina Dios el desenlace de una persona en el transcurso de Su obra? ¿Qué métodos utiliza para determinar el desenlace de una persona? Quizás en este momento sigáis estando un poco confundidos respecto a esto, pero cuando os detalle el proceso quedará bastante claro, pues muchos de vosotros ya lo habéis experimentado por vosotros mismos.

A lo largo de Su obra, desde el principio hasta ahora, Dios ha dispuesto pruebas para cada persona —o, mejor dicho, para cada persona que le sigue— y estas vienen en distintos tamaños. Están los que han experimentado la prueba del rechazo por parte de su familia, los que han pasado por la prueba de los entornos adversos, los que han sufrido la prueba de ser arrestados y torturados, los que han pasado por la prueba de tomar decisiones, y los que se han enfrentado con las pruebas del dinero y el estatus. En general, cada uno de vosotros se ha enfrentado a todo tipo de pruebas. ¿Por qué obra Dios así? ¿Por qué trata a todos así? ¿Qué tipo de resultado busca? Esta es la idea que deseo comunicaros: Dios quiere ver si la persona es o no de las que le temen y se apartan del mal. Esto significa que, cuando Dios te envía una prueba y hace que te enfrentes a alguna circunstancia, Su intención es comprobar si eres o no una persona que le teme, que se aparta del mal. Si alguien se enfrenta al deber de custodiar una ofrenda y su deber le conduce a ponerse en contacto con la ofrenda de Dios, ¿dirías que es algo que Dios ha dispuesto? ¡Es indudable! Todo aquello con lo que te encuentras ha sido dispuesto por Dios. Cuando te enfrentes a este asunto, Dios te observará en secreto, y verá cómo eliges, cómo practicas y cuáles son tus pensamientos. El resultado final es lo que más le preocupa a Dios, ya que es lo que le ayudará a medir si has vivido a la altura de Su estándar en esta prueba concreta o no. Sin embargo, cuando las personas se encuentran con un problema, no suelen pensar por qué sucede ni piensan en el estándar que Dios espera que cumplan, lo que Él quiere ver en ellos o desea obtener de su parte. Cuando se enfrentan a este problema, solo piensan: “Esto es algo a lo que me enfrento; debo tener cuidado, ¡no descuidarme! Sea como sea, esta es una ofrenda de Dios y no la puedo tocar”. Al tener pensamientos tan simplistas, las personas creen que han cumplido con sus responsabilidades. ¿Le traería satisfacción a Dios el resultado de esta prueba, o no? Adelante, hablad de ello. (Si las personas temen a Dios en su corazón, cuando se enfrenten a una obligación que les permita entrar en contacto con Su ofrenda, considerarán lo fácil que resultaría ofender Su carácter, y eso hará que se aseguren de proceder con cautela). Tu respuesta va por el camino correcto, pero aún le falta. Recorrer el camino de Dios no tiene que ver con observar reglas superficiales; más bien, significa que, al enfrentarte a un problema, ante todo lo veas como una situación dispuesta por Dios, como una responsabilidad que Él te ha otorgado o una tarea que Él te ha confiado. Cuando te enfrentes a este problema, deberías considerarlo incluso como una prueba que te ha puesto Dios. Debes tener un estándar en tu corazón y debes pensar que este asunto procede de Dios. Debes reflexionar sobre cómo lidiar con ello de forma que puedas cumplir con tu responsabilidad al tiempo que le eres fiel a Dios, y sobre cómo hacerlo sin enfurecerle ni ofender Su carácter. Acabamos de hablar acerca de la custodia de las ofrendas. Este asunto no solo implica las ofrendas, sino también tu deber y tu responsabilidad. Estás obligado por tu deber a cumplir esta responsabilidad. Sin embargo, cuando te enfrentas a este problema, ¿existe alguna tentación? ¡La hay! ¿De dónde viene? De Satanás, y también proviene de las actitudes malvadas y corruptas de los seres humanos. Al haber tentación, este asunto implica mantenerse firme en el testimonio en el que la gente debe mantenerse, lo cual también es tu responsabilidad y tu deber. Algunas personas dicen: “Esto es un asunto muy pequeño; ¿en verdad es necesario armar tanto alboroto?”. ¡Sí que lo es! Esto es porque, para mantenerse en el camino de Dios, no podemos descuidar nada que tenga que ver con nosotros, o que ocurra a nuestro alrededor; ni siquiera las cosas pequeñas. Ya sea que nos parezca que debamos prestarle atención o no, mientras estemos haciendo frente a un asunto, no debemos pasarlo por alto. Debemos considerar todas las cosas que nos suceden como una prueba que nos ha dado Dios. ¿Qué piensas de esta manera de ver las cosas? Si tienes esta clase de actitud, se confirma el siguiente hecho: en el fondo temes a Dios y estás dispuesto a apartarte del mal. Si tienes este deseo de satisfacer a Dios, lo que pones en práctica no estará lejos de cumplir el estándar de temer a Dios y apartarse del mal.

A menudo están los que creen que los asuntos a los que las personas no les prestan mucha atención y que no suelen mencionar son simples nimiedades que no tienen nada que ver con poner en práctica la verdad. Cuando se enfrentan a un asunto de este tipo, estas personas no le prestan mucha atención y luego lo dejan de lado. En realidad, sin embargo, este asunto es una lección que deberías estudiar: una lección sobre cómo temer a Dios y apartarte del mal. Además, lo que debería preocuparte más es saber lo que Dios está haciendo cuando este asunto surge delante de ti. Él está justo a tu lado, observando cada una de tus palabras y acciones, y observando todo lo que haces y los cambios que ocurren en tus pensamientos; esta es la obra de Dios. Algunos preguntan: “Si esto es verdad, ¿entonces por qué no lo he sentido?”. No lo has sentido porque no te has ceñido al camino de temer a Dios y apartarte del mal como tu principal camino. Por tanto, no puedes sentir la obra sutil que Dios lleva a cabo en las personas, la cual se manifiesta según los distintos pensamientos y acciones de estas. ¡Eres un cabeza de chorlito! ¿Qué es un asunto grande? ¿Qué es uno pequeño? Los asuntos que implican recorrer el camino de Dios no se dividen en grandes o pequeños; sin embargo, ¿podéis aceptar eso? (Podemos aceptarlo). Respecto a los asuntos cotidianos, las personas consideran que algunos son muy grandes y significativos, y que otros son minucias. Las personas suelen considerar que estos grandes asuntos son de suma importancia y que Dios los ha enviado. Sin embargo, a medida que estos se desarrollan, debido a la estatura inmadura de las personas, a su pobre calibre, es frecuente que no estén a la altura para cumplir la voluntad de Dios, que no puedan obtener revelación alguna ni adquirir un conocimiento real que sea valioso. En lo que respecta a los asuntos pequeños, la gente simplemente los pasa por alto, los deja que se esfumen poco a poco. Por tanto, las personas han perdido muchas oportunidades de ser examinadas delante de Dios y de que Él las ponga a prueba. ¿Qué significa si siempre pasas por alto a las personas, los eventos, los objetos y las circunstancias que Dios ha dispuesto para ti? Quiere decir que cada día e, incluso, a cada momento, estás renunciando constantemente a tu perfeccionamiento por parte de Dios y a Su liderazgo. Siempre que Él dispone una situación para ti, está mirando en secreto, contemplando tu corazón, observando tus pensamientos y deliberaciones, viendo cómo piensas y esperando para ver cómo actuarás. Si eres una persona descuidada —alguien que nunca se ha tomado en serio el camino de Dios, Sus palabras o la verdad— no serás consciente ni prestarás atención a aquello que Dios desea completar o a los requisitos que esperaba que cumplieras cuando dispuso cierto ambiente para ti. Tampoco sabrás cómo las personas, los acontecimientos y los objetos con los que te encuentres se relacionan con la verdad o con la voluntad de Dios. Después de enfrentarte a repetidas circunstancias y pruebas como esta, y que Dios no vea resultados en ti, ¿cómo procederá? Después de enfrentarte repetidamente a pruebas, no has magnificado a Dios en tu corazón ni has visto las circunstancias que Él dispuso para ti como lo que son: pruebas y exámenes provenientes de Dios. En cambio, has rechazado una tras otra las oportunidades que Él te ha concedido, y las has dejado escapar una y otra vez. ¿No es esto una desobediencia extrema por parte del hombre? (Lo es). ¿Se sentirá Dios herido por esto? (Sí). ¡Dios no se sentirá herido! Oírme decir algo así os ha impactado una vez más. Puede que estéis pensando: ¿No se dijo anteriormente que Dios siempre se siente herido? ¿Acaso Dios no se sentirá herido? Entonces, ¿cuándo se siente herido? En resumen, Dios no se sentirá herido en esta situación. Entonces, ¿cuál es la actitud de Dios hacia el tipo de conducta explicado previamente? Cuando las personas rechazan las pruebas y exámenes que Dios les envía, y cuando rehúyen de ellos, Dios sólo tiene una actitud hacia esas personas. ¿Cuál es? Dios desdeña a esta clase de persona desde lo más profundo de Su corazón. Existen dos capas de significado para la palabra “desdeñar”. ¿Cómo debo explicároslo desde Mi punto de vista? En el fondo, la palabra “desdeñar” tiene connotaciones de aborrecimiento y odio. ¿Y qué pasa con la otra capa de significado? Esta es la parte que implica abandonar algo. Todos sabéis lo que significa “abandonar”, ¿cierto? En resumen, “desdeñar” es una palabra que representa la máxima reacción y actitud de Dios hacia estas personas que se están comportando de esa forma. Es un odio extremo hacia ellas; es repugnancia, y, por tanto, lo que resulta es la decisión de abandonarlas. Esta es la decisión final de Dios hacia una persona que nunca ha recorrido Su camino y que nunca le ha temido ni se ha apartado del mal. ¿Podéis ver ahora, todos, la importancia del dicho que mencioné antes?

¿Entendéis ahora el método que Dios utiliza para determinar el desenlace de las personas? (Él dispone diferentes circunstancias cada día). “Él dispone diferentes circunstancias”. Se trata de cosas que las personas pueden sentir y tocar. Así pues, ¿qué motivo tiene Dios para hacer esto? Su intención es darles a todas las personas varios tipos de pruebas en tiempos diferentes y en lugares diferentes. ¿Qué aspectos de una persona se someten a examen durante la prueba? Una prueba determina si eres o no el tipo de persona que teme a Dios y se aparta del mal en cada asunto que enfrentas, oyes, ves, y experimentas personalmente. Todo el mundo se enfrentará a esta clase de prueba, porque Dios es justo con todos. Algunos de vosotros afirmáis: “He creído en Dios durante muchos años, entonces ¿cómo es que no me he enfrentado a ninguna prueba?”. Sientes que no lo has hecho, porque siempre que Dios ha dispuesto circunstancias para ti no las has tomado en serio y no has querido andar por Su camino. Así pues, sencillamente no sientes ninguna de las pruebas de Dios. Algunos declaran: “Me he enfrentado a unas cuantas pruebas, pero no sé cómo practicar adecuadamente. Aun cuando he practicado, sigo sin saber si me he mantenido firme durante las pruebas de Dios”. Las personas que se encuentran en este tipo de estado no son, definitivamente, una minoría. ¿Cuál es, pues, el estándar por el que Dios mide a las personas? Como indiqué hace unos momentos, consiste en temer a Dios y apartarte del mal en todo lo que haces, piensas y manifiestas. Así se determina si eres o no una persona que teme a Dios y se aparta del mal. ¿Es este un concepto simple o no? Resulta bastante fácil decirlo, pero ¿se pone en práctica con facilidad? (No es tan fácil). ¿Por qué no es tan fácil? (Porque las personas no conocen a Dios y no saben cómo perfecciona Él a las personas y, por tanto, cuando se enfrentan a los asuntos no saben cómo buscar la verdad para resolver sus problemas. Deben pasar por diversas pruebas, refinamientos, castigos y juicios antes de poder poseer la realidad de temer a Dios). Podríais expresarlo así, pero en lo que a vosotros respecta, temer a Dios y apartarse del mal parece fácilmente realizable ahora. ¿Por qué digo esto? Porque habéis escuchado muchos sermones y habéis recibido no poco riego a partir de la verdad-realidad. Esto os ha permitido entender teórica e intelectualmente cómo temer a Dios y apartaros del mal. En cuanto a cómo poner realmente en práctica ese temer a Dios y apartarse del mal, todo este conocimiento ha sido muy útil y os ha hecho sentir que se puede lograr fácilmente. ¿Por qué, entonces, las personas nunca pueden lograrlo de verdad? Porque la esencia-naturaleza humana no teme a Dios y ama el mal. Esta es la verdadera razón.

No temer a Dios y no apartarse del mal es oponerse a Dios

Permitidme comenzar por preguntaros la procedencia del dicho “temer a Dios y apartarse del mal”. (El libro de Job). Ya que hemos mencionado a Job, hablemos de él. En el tiempo de Job, ¿estaba Dios obrando por la salvación y conquista del hombre? ¡No! ¿No es así? Además, en lo que a Job respecta, ¿cuánto conocimiento de Dios tenía en aquel entonces? (No mucho). ¿Y cómo se compara ese conocimiento de Dios con el que vosotros tenéis en la actualidad? ¿Por qué no os atrevéis a responder? ¿Tenía Job más o menos conocimiento del que vosotros tenéis ahora? (Menos). Esta es una pregunta muy fácil de responder. ¡Menos! ¡Por supuesto! Actualmente estáis cara a cara con Dios y con Sus palabras; vuestro conocimiento de Dios es mucho mayor que el de Job. ¿Cuál es mi propósito al decir estas cosas? Me gustaría explicaros un hecho, pero antes quiero haceros una pregunta: Job sabía muy poco de Dios, pero seguía siendo capaz de temerle y apartarse del mal. ¿Por qué no lo hacen las personas en la actualidad? (Están profundamente corrompidas). “Profundamente corrompidas”: ese es el fenómeno superficial que causa el problema, pero Yo nunca lo vería así. A menudo tomáis doctrinas y términos que se usan con frecuencia, como “profunda corrupción”, “rebelarse contra Dios”, “deslealtad hacia Dios”, “desobediencia”, “no amar la verdad” y otros, y usáis estas frases pegadizas para explicar la esencia de cada asunto. Esta es una forma errónea de practicar. Utilizar la misma respuesta para explicar temas de naturalezas distintas suscita, inevitablemente, sospechas blasfemas sobre la verdad y sobre Dios; no me gusta oír este tipo de respuesta. ¡Pensadlo más y mejor! Ninguno de vosotros ha dedicado tiempo a pensar en este asunto, pero cada día puedo verlo y sentirlo. Por tanto, mientras vosotros actuáis, Yo observo. Cuando estáis haciendo algo, no podéis percibir su esencia, pero cuando Yo observo, sí puedo verla y sentirla. ¿Cuál es, pues, esta esencia? ¿Por qué las personas en la actualidad son incapaces de temer a Dios y apartarse del mal? Vuestras respuestas están lejos de poder explicar la esencia de este problema y tampoco no pueden resolverlo. Esto se debe a que tiene un origen del que no sois conscientes. ¿Cuál es este origen? Sé que queréis oír sobre él, así que os hablaré acerca del origen de este problema.

Desde que Dios comenzó a llevar a cabo obra, ¿cómo ha considerado a los seres humanos? Dios los rescató; ha visto a los seres humanos como miembros de Su familia, como los objetos de Su obra, como aquellos a los que quería conquistar y salvar, y a los que deseaba perfeccionar. Esta era la actitud de Dios hacia la humanidad al principio de Su obra. Pero ¿cuál era la actitud del hombre hacia Dios en aquel momento? Dios era ajeno a los seres humanos, y estos lo veían como un extraño. Podría decirse que su actitud hacia Dios no cosechó los resultados correctos y que no tenían un claro entendimiento de cómo debían tratarle. Así, lo trataban como les parecía, y actuaban como querían. ¿Tenían algunas opiniones sobre Dios? Al principio, no; las supuestas opiniones de los seres humanos consistían, sencillamente, en ciertas nociones y presunciones sobre Él. Aceptaban lo que se ajustaba a sus nociones, y cuando algo no se ajustaba ellas lo obedecían de manera superficial; sin embargo, en el fondo tenían un fuerte conflicto y se oponían a ello. Esta era la relación entre Dios y los seres humanos al principio: Dios los consideraba como miembros de Su familia, pero ellos le trataban como a un desconocido. Sin embargo, después de un período en el que Dios obró, los seres humanos llegaron a entender lo que Él intentaba lograr, y supieron que era el Dios verdadero, y llegaron a saber lo que podían obtener de Él. ¿Cómo consideraba el hombre a Dios en aquel momento? Le veían como un salvavidas y esperaban que les concediera Su gracia, Sus bendiciones y Sus promesas. En ese momento, ¿cómo veía Dios a los seres humanos? Los veía como el objetivo de Su conquista. Dios quería usar palabras para juzgarlos, ponerlos a prueba y someterlos a pruebas. Sin embargo, en lo que respectaba a la humanidad en aquel entonces, Dios era solo un objeto al que podían utilizar para conseguir sus metas. Las personas veían que la verdad que Él expresaba les podía conquistar y salvar, que tenían la oportunidad de obtener aquello que querían de Dios, además de alcanzar el destino deseado. Por esto, en su corazón se formó una pequeña pizca de sinceridad, y se mostraron dispuestos a seguir a ese Dios. Transcurrió algún tiempo, y tras haber adquirido cierto conocimiento superficial y doctrinal sobre Dios, podría decirse incluso que los seres humanos se estaban “familiarizando” cada vez más con Él y con las palabras que decía, con Su predicación, con las verdades que Él expresaba y con Su obra. Tenían, entonces, la idea errónea de que Dios había dejado de ser un desconocido, y que ya habían tomado la senda de volverse compatibles con Él. A estas alturas, las personas han escuchado muchos sermones sobre la verdad y han experimentado mucha de la obra de Dios. Sin embargo, debido a la interferencia y la obstrucción causadas por muchos factores y circunstancias diferentes, la mayoría de las personas no pueden tener éxito a la hora de poner en práctica la verdad ni son capaces de satisfacer a Dios. Las personas se han vuelto cada vez más holgazanas y carentes de confianza. Sienten, cada vez más, que sus propios desenlaces son desconocidos. No se atreven a tener ideas extravagantes y no buscan progresar; simplemente siguen avanzando paso a paso, con reticencia. Respecto al estado actual de los seres humanos, ¿cuál es la actitud de Dios hacia ellos? Su único deseo es entregarles estas verdades e infundirles Su camino y disponer después diversas circunstancias con el fin de ponerles a prueba de diferentes maneras. Su objetivo consiste en tomar estas palabras, estas verdades, y Su obra, y producir un desenlace en el que los seres humanos sean capaces de temerle y apartarse del mal. La mayoría de las personas que he visto sólo toman las palabras de Dios y las consideran como doctrinas, meras letras en un papel, reglas a seguir. En sus acciones y en su discurso, o al enfrentarse a pruebas, no consideran que el camino de Dios sea el camino al que deban ceñirse. Esto es especialmente cierto cuando las personas se enfrentan a pruebas importantes. No he visto a ninguna de esas personas practicar en la dirección de temer a Dios y apartarse del mal. Por lo tanto, la actitud de Dios hacia los seres humanos ¡está llena de un desprecio y una aversión extremos! A pesar de que Él haya enviado una y otra vez pruebas a las personas, hasta centenares de veces, estas siguen sin tener una actitud clara con la que demuestren su determinación: “¡Quiero temerle a Dios y apartarme del mal!”. Como las personas no poseen esta determinación y no hacen este tipo de demostración, la actitud presente de Dios hacia ellas ya no es la misma que en el pasado, cuando Él les mostró misericordia, tolerancia, templanza y paciencia. En su lugar, está extremadamente decepcionado de la humanidad. ¿Quién provocó esta decepción? ¿De quién depende la actitud que Dios tiene hacia los seres humanos? De todas y cada una de las personas que siguen a Dios. En el transcurso de Sus muchos años de obra, Dios le ha exigido mucho a las personas y ha dispuesto muchas circunstancias para ellas. Sin embargo, independientemente de cómo haya actuado, y cualquiera que sea su actitud hacia Dios, la gente ha fracasado en practicar en claro acuerdo con el objetivo de temer a Dios y apartarse del mal. Así pues, lo resumiré en una frase y la utilizaré para explicar todo aquello que acabamos de decir sobre por qué las personas no pueden andar en el camino de Dios de temerle y apartarse del mal. ¿Cuál es esta frase? Es la siguiente: Dios considera a los seres humanos objetos de Su salvación y de Su obra; los seres humanos consideran a Dios su enemigo y su antítesis. ¿Tienes claro ahora este asunto? Es evidente cuál es la actitud del hombre, cuál la de Dios; y cuál es la relación entre los seres humanos y Dios. Independientemente de las muchas predicaciones que hayáis escuchado, las cosas de las que habéis sacado vuestras propias conclusiones, como serle fieles a Dios, someterse a Él, buscar el camino de haceros compatibles con Él, querer dedicarle toda una vida y vivir para Él, para Mí estas cosas no son ejemplos de andar conscientemente por el camino de Dios, que consiste en temerle y apartarse del mal, sino que son meros canales a través de los cuales podéis alcanzar ciertas metas. Para alcanzarlas, seguís con reticencia algunas reglas, y son precisamente estas las que alejan aún más a las personas del camino de temer a Dios y apartarse del mal, y vuelven a colocar a Dios una vez más en oposición a la humanidad.

El tema de hoy es un poco denso; sin embargo, de un modo u otro sigo esperando que cuando paséis por las experiencias y los tiempos venideros seáis capaces de hacer lo que os acabo de decir. No consideréis a Dios como un mero soplo de aire, como si existiera solo cuando te resulta útil y no existiera cuando no os sirve de nada. Una vez tienes ese pensamiento en tu subconsciente, ya has enfurecido a Dios. Quizás algunas personas digan: “No considero que Dios sea simple aire; siempre oro a Él, intento satisfacerle, y todo lo que hago se encuentra en el ámbito, el estándar y los principios que Él requiere. En definitiva, no estoy practicando según mis propias ideas”. ¡Sí, esta manera en la que practicas es correcta! Sin embargo, ¿qué piensas cuando enfrentas un problema? ¿Cómo practicas cuando te enfrentas a un asunto? Algunas personas sienten que Dios existe cuando oran a Él y le suplican, pero cuando se enfrentan a un problema, se les ocurren sus propias ideas y quieren sujetarse a ellas. Esto significa que consideran a Dios como un simple soplo de aire, y tal situación lo vuelve inexistente en su mente. Las personas creen que Él debería existir cuando lo necesitan, pero no cuando no precisan de Él. Piensan que basta con practicar según sus propias ideas. Creen que pueden hacer lo que les plazca; simplemente piensan que no necesitan buscar el camino de Dios. Respecto a las personas que se encuentran actualmente en este tipo de situación, atrapadas en este tipo de estado, ¿acaso no están llamando al peligro? Algunos dicen: “Esté o no llamando al peligro, he tenido fe durante muchos años, y creo que Dios no me abandonará, porque Él no lo soportaría”. Otros afirman: “Llevo creyendo en el Señor desde que estaba en el vientre de mi madre. Han pasado cuarenta o cincuenta años, así que en términos de tiempo, soy el más calificado para ser salvado por Dios y para sobrevivir. A lo largo de estas cuatro o cinco décadas, abandoné a mi familia y mi trabajo y todo lo que tenía: cosas como el dinero, el estatus, el disfrute y el tiempo con mi familia. Me he abstenido de muchos alimentos deliciosos, no he disfrutado de muchas cosas divertidas, no he visitado muchos lugares interesantes y he experimentado sufrimientos que las personas comunes y corrientes no podrían soportar. Si Dios no puede salvarme por todo esto, entonces estoy recibiendo un trato injusto y no puedo creer en un Dios así”. ¿Existen muchas personas que opinen así? (Sí). Muy bien, entonces hoy os ayudaré a entender una realidad: los que tienen este punto de vista cavan su propia tumba. Esto se debe a que están usando sus propias imaginaciones para taparse los ojos. Son precisamente estas, además de sus propias conclusiones, las que ocupan el lugar del estándar que Dios quiere que cumplan los seres humanos e impiden que acepten las verdaderas intenciones de Dios. Hacen que no puedan sentir Su verdadera existencia y que pierdan la oportunidad de ser perfeccionados por Él, y renuncian, así, a participar de Su promesa.

Cómo determina Dios el desenlace de las personas y los estándares mediante los cuales lo hace

Antes de escoger tus opiniones o conclusiones, deberías entender primero cuál es la actitud de Dios hacia ti y lo que Él está pensando, y después decidir si tu propio pensamiento es o no correcto. Dios nunca ha usado el tiempo como unidad de medida para determinar el desenlace de una persona ni ha basado tal determinación en cuánto ha sufrido alguien. ¿Qué usa, pues, Dios como estándar para determinar el desenlace de una persona? Determinarlo basándose en el tiempo sería lo que más se ajusta a las nociones de las personas. Además, están aquellos a los que veis a menudo, quienes en un punto dedicaron mucho, se esforzaron mucho, pagaron un alto precio y sufrieron grandemente. Estos son los que, tal como lo veis vosotros, Dios puede salvar. Todo lo que estas personas demuestran y viven va precisamente acorde con las nociones que la humanidad tiene de los estándares de Dios para determinar el desenlace de una persona. Creas lo que creas, no enumeraré estos ejemplos uno por uno. Dicho brevemente, cualquier cosa que no sea un estándar dentro del propio pensamiento de Dios viene, en su lugar, de la imaginación humana, y todas esas cosas son nociones humanas. Si insistes ciegamente en tus nociones e imaginaciones, ¿cuál será el resultado? Obviamente, la consecuencia sólo puede ser el desdén de Dios hacia ti. Esto se debe a que siempre alardeas de tus aptitudes delante de Él, compites y discutes con Él, y ni siquiera intentas comprender de verdad Su pensamiento, Su voluntad o Su actitud hacia la humanidad. Proceder de esta manera te ensalza a ti mismo por encima de todo, y no magnifica a Dios. Tú crees en ti mismo; no crees en Él. Dios no quiere a tales personas ni les traerá la salvación. Si eres capaz de abandonar un punto de vista así, y además rectificas las opiniones incorrectas que tuviste en el pasado; si puedes proceder según Sus exigencias, practicar el camino de temer a Dios y apartarte del mal de ahora en adelante; lograr honrar a Dios como el Único que es grande en todas las cosas y evitas usar tus propias imaginaciones, puntos de vista y creencias personales para definirte a ti mismo y a Dios, y si en vez de ello buscas Sus intenciones en todos los aspectos, llegas a una conciencia y un entendimiento de Su actitud hacia la humanidad y le satisfaces a través de cumplir con Sus estándares, ¡eso sería maravilloso! Esto significará que estás a punto de emprender el camino de temer a Dios y apartarte del mal.

Si Dios no usa los diversos pensamientos, ideas y puntos de vista de las personas como estándares por los cuales determina sus desenlaces, ¿qué tipo de estándar utiliza Él para esto? Usa las pruebas. Existen dos estándares en el uso de Dios de las pruebas para determinar el desenlace de las personas: el primero es la cantidad de pruebas por las que pasan las personas, y el segundo es el resultado de estas pruebas en ellas. Estos dos indicadores establecen el desenlace de una persona. Ahora, profundicemos en ambos estándares.

Para empezar, cuando una persona se enfrenta a una prueba de Dios (nota: es posible que a tus ojos esta pueda ser menor y no merezca la pena mencionarla), Él te hará claramente consciente de que se trata de Su mano sobre ti, y de que Él ha dispuesto esta circunstancia para ti. Mientras sigas siendo inmaduro en tu estatura, Dios dispondrá pruebas con el fin de examinarte y estas se corresponderán con tu estatura, con aquello que eres capaz de entender y con lo que puedes resistir. ¿Qué parte de ti probará? Tu actitud hacia Dios. ¿Es esto muy importante? ¡Por supuesto que lo es! ¡Es especialmente importante! Esta actitud en los humanos es el resultado que Dios desea, así que es lo más importante de todo, en lo que a Él respecta. De lo contrario, no dedicaría Sus esfuerzos a las personas al involucrarse en tal obra. Por medio de estas pruebas, Dios quiere ver tu actitud hacia Él; comprobar si estás o no en el camino correcto. También quiere ver si le temes y te apartas del mal. Por tanto, entiendas mucho o poco de la verdad en un momento particular, continuarás enfrentándote a las pruebas de Dios, y según aumente la verdad que entiendas, Él seguirá disponiendo pruebas relevantes. Cuando vuelvas a enfrentarte a una prueba, Dios querrá ver si tu punto de vista, tus ideas y tu actitud hacia Él han experimentado un crecimiento en el periodo de tiempo intermedio. Algunos se preguntan: “¿Por qué quiere Dios ver siempre las actitudes de las personas? ¿Acaso no ha visto ya que han puesto en práctica la verdad? ¿Por qué iba a seguir queriendo ver sus actitudes?”. ¡Son estupideces irracionales! Dado que Dios obra de esta manera, Su voluntad debe radicar en eso. Dios observa constantemente a las personas desde un costado, viendo cada una de sus palabras y actos, todas sus acciones y movimientos, incluso cada pensamiento e idea. Dios toma nota de todo lo que les ocurre a las personas: sus buenas obras, sus errores, sus transgresiones, incluso, sus rebeldías y traiciones, a modo de pruebas a partir de las cuales determinará sus desenlaces. Paso a paso, a medida que se eleva la obra de Dios, cada vez oirás más verdades y llegarás a aceptar más cosas e información positivas, y obtendrás más de la realidad de la verdad. A lo largo de este proceso, las exigencias de Dios hacia ti también aumentarán, y, mientras lo hacen, Él dispondrá para ti pruebas más serias. Su objetivo es examinar si tu actitud hacia Él ha progresado mientras tanto. Por supuesto, cuando esto ocurre, el punto de vista que Dios exige de ti se ajustará a tu entendimiento de la realidad-verdad.

Conforme tu estatura vaya creciendo gradualmente, el estándar que Dios exige de ti también lo hará. Mientras seas todavía inmaduro, Él establecerá un estándar muy bajo para que lo cumplas; cuando tu estatura sea un poco mayor, elevará tu estándar un poco más. Pero ¿qué hará Dios una vez hayas obtenido un entendimiento de toda la verdad? Hará que te enfrentes a pruebas aún mayores. Entre estas pruebas, lo que Dios desea obtener de ti, lo que quiere ver en ti, es que tengas un conocimiento más profundo de Él, una verdadera veneración hacia Él. En ese momento, Sus exigencias para ti serán mayores y “más duras” de lo que eran cuando tu estatura era más inmadura (nota: las personas podrían considerarlas duras, pero para Dios son realmente razonables). Cuando Él prueba a las personas, ¿qué tipo de realidad desea crear? Él les pide de forma constante que le entreguen su corazón. Algunos dirán: “¿Cómo puedo dar eso? He cumplido con mi deber, abandoné mi hogar y mi sustento y me he esforzado. ¿No son todas estas cosas ejemplos de haberle entregado mi corazón? ¿De qué otra forma podría hacerlo? ¿Acaso estas cosas no fueron, realmente, maneras de entregarle mi corazón a Dios? ¿Cuál es Su exigencia específica?”. Es una demanda muy simple. De hecho, algunas personas ya han entregado su corazón a Dios en diversos grados y en distintas etapas de sus pruebas, pero la inmensa mayoría de ellas nunca lo hace. Cuando Él te prueba, verifica si tu corazón está con Él, con la carne o con Satanás. Cuando Él te prueba, observa si estás en una postura de oposición a Él o si tu postura es compatible con Él, y si tu corazón está de Su lado. Cuando eres inmaduro y te enfrentas a pruebas, tu confianza es muy baja, y no sabes exactamente qué necesitas hacer para cumplir las intenciones de Dios, porque tu entendimiento respecto a la verdad es limitado. Sin embargo, si aún puedes orar genuina y sinceramente a Dios, y si puedes estar dispuesto a darle tu corazón, a hacer de Él tu soberano y a ofrecerle todas aquellas cosas que te parecen más valiosas, entonces ya le habrás dado a Dios tu corazón. A medida que vayas escuchando más sermones y entiendas más de la verdad, tu estatura también irá madurando poco a poco. En ese momento, el estándar de las exigencias de Dios no será el mismo que cuando eras inmaduro; Él exigirá un estándar más alto de ti. Cuando las personas le entregan a Dios su corazón gradualmente, poco a poco este se va acercando cada vez más a Él; a medida que las personas verdaderamente puedan irse acercando a Dios, su corazón lo venerará cada vez más. Lo que Dios quiere es un corazón así.

Cuando Dios quiere obtener el corazón de alguien, expone a esa persona a numerosas pruebas. En el transcurso de estas, si Dios no obtiene el corazón de esa persona o ve que tiene alguna actitud; es decir, si ve que esta persona no practica o ve que no se comporta con reverencia, y si tampoco ve en esa persona la actitud y la decisión de apartarse del mal, entonces, tras numerosas pruebas, Dios dejará de ser paciente con este individuo y no lo tolerará más. Ya no probará a esta persona ni obrará en ella. ¿Qué significa esto, entonces, para el desenlace de esta persona? Significa que no tiene desenlace. Tal vez esta persona no haya hecho ningún mal; tal vez no ha hecho nada perjudicial y no ha provocado perturbación alguna. Tal vez no se ha resistido abiertamente a Dios. Sin embargo, el corazón de esta persona permanece escondido de Él. Nunca ha tenido una actitud y un punto de vista claros hacia Dios, y Él no puede ver con claridad que le haya entregado su corazón ni que esta persona esté buscando temerle y apartarse del mal. Dios pierde la paciencia con estas personas y ya no pagará ningún precio por ellas y ya no será misericordioso con ellas ni obrará más en ellas. La vida de fe en Dios de esta persona ya ha terminado. Esto se debe a que, en las muchas pruebas que Dios le ha puesto, Él no ha obtenido el resultado que quiere. Existen, pues, numerosas personas en las que nunca he visto el esclarecimiento y la iluminación del Espíritu Santo. ¿Cómo se puede ver esto? Estas personas pueden haber creído en Dios durante muchos años y haberse comportado superficialmente con mucho vigor. Han leído muchos libros, tratado muchos asuntos, llenado una docena de cuadernos con notas y dominado muchas palabras y doctrinas. Sin embargo, no hay un crecimiento visible en ellas, sus puntos de vista sobre Dios permanecen invisibles y sus actitudes siguen sin ser claras. En otras palabras, su corazón no puede ser visto; siempre está cerrado y sellado; sellado para Dios. Como resultado, Él no ha visto su verdadero corazón, no ha visto una verdadera reverencia en ellas hacia Dios y ni siquiera ha visto cómo andan estas personas por el camino de Dios. Si Dios todavía no ha ganado a estas personas a estas alturas, ¿podrá hacerlo en el futuro? ¡No! ¿Seguirá Él luchando por cosas que no pueden obtenerse? ¡No lo hará! ¿Cuál es, entonces, la actitud actual de Dios hacia estas personas? (Las desdeña y las ignora). ¡Las ignora! Dios no les presta atención. Dios no presta atención a esta clase de personas; las desdeña. Habéis memorizado estas palabras con mucha rapidez y precisión. ¡Parece que habéis entendido lo que habéis oído!

Algunas personas son inmaduras e ignorantes cuando empiezan a seguir a Dios; no entienden Su voluntad ni tampoco saben lo que es creer en Él. Adoptan una forma concebida por los humanos y errónea de creer en Él y de seguirle. Cuando tales personas se enfrentan a pruebas, no son conscientes de ello; permanecen insensibles a la guía y el esclarecimiento de Dios. No saben lo que significa entregarles su corazón ni lo que significa mantenerse firme durante una prueba. Dios les asignará a tales personas una cantidad de tiempo limitada, durante la cual les permitirá entender la naturaleza de Sus pruebas y cuáles son Sus intenciones. Seguidamente, estas personas deben demostrar sus puntos de vista. Respecto a los que se encuentran en esta etapa, Dios sigue esperando. En cuanto a las personas cuyas opiniones todavía titubean, que quieren dar su corazón a Dios, pero que no se persuaden de hacerlo, y las que, a pesar de haber puesto en práctica algunas verdades básicas tratan de esconderse y se rinden cuando se enfrentan a pruebas importantes. ¿Cuál es la actitud de Dios hacia ellas? Él sigue esperando algo de ellas, y el resultado depende de sus actitudes y su desempeño. Si las personas no son activas en su progreso, ¿qué hace Dios? Se da por vencido con ellas. Esto se debe a que, antes de que Él renuncie a ti, tú ya te has dado por vencido con respecto a ti. Por tanto, no puedes culpar a Dios de ello, ¿o sí? ¿Te parece justo o no? (Es justo).

Las diversas incomodidades que una cuestión práctica provoca en las personas

Existe otro tipo de persona que tiene el desenlace más trágico de todos; es el tipo de persona que menos me gusta mencionar. No es trágico porque haya recibido el castigo de Dios o porque Sus exigencias hacia ella sean rigurosas y tenga, por tanto, un desenlace funesto; lo es, más bien, porque se lo hace a sí misma. Como se suele decir, cava su propia tumba. ¿Qué tipo de persona hace esto? Estas personas no caminan por la senda correcta y su desenlace se revela de antemano. A ojos de Dios, tales personas son el objetivo máximo de Su aversión. En términos humanos, las personas así son las más lastimosas. Cuando empiezan a seguir a Dios son muy fervorosas; pagan un gran precio, tienen una buena opinión de las perspectivas de la obra de Dios y una gran imaginación en lo que se refiere a su propio futuro. Además, confían especialmente en Dios y creen que Él puede hacer completos a los seres humanos y llevarlos hacia un destino glorioso. Sin embargo, por la razón que sea, estas personas huyen durante el transcurso de la obra de Dios. ¿Qué significa que “huyen”? Quiere decir que desaparecen sin decir adiós, sin hacer ruido, se van sin una palabra. Aunque tales personas afirman creer en Dios, en realidad nunca echan raíces en su senda de fe. Así, independientemente de que hayan creído durante largo tiempo en Él, siguen siendo capaces de alejarse de Dios. Unos se van para emprender negocios, otros para vivir su vida, algunos para enriquecerse, y, otros, para casarse y tener hijos… Entre los que se van, algunos tienen remordimientos de conciencia posteriormente y quieren volver, y a otros les cuesta mucho trabajo arreglárselas, y acaban yendo a la deriva por el mundo durante años y años. Estos últimos experimentan mucho sufrimiento, y creen que estar en el mundo es demasiado doloroso y que no pueden estar separados de Dios. Quieren volver a la casa de Dios para recibir consuelo, paz y gozo, y quieren seguir creyendo en Él a fin de escapar del desastre o alcanzar la salvación y un hermoso destino. Esto se debe a que consideran que el amor de Dios es ilimitado y que Su gracia es inagotable. Creen que no importa lo que haya hecho alguien, Dios debería perdonarlo y ser tolerante con su pasado. Afirman una y otra vez que quieren volver y cumplir con sus deberes. Están incluso aquellos que dan algunas de sus pertenencias a la iglesia, esperando que esto allane su camino de vuelta a la casa de Dios. ¿Cuál es la actitud de Dios hacia tales personas? ¿Cómo debería determinar Dios su desenlace? Sentíos libres de hablar. (Pensaba que Dios admitiría a este tipo de persona, pero después de oír esto, me parece que tal vez no lo haga). Expresa tu razonamiento. (Estas personas solo se presentan delante de Dios para que su desenlace no sea la muerte. No vienen para creer en Dios con sinceridad genuina, sino que lo hacen a sabiendas de que la obra de Dios terminará pronto, así que se hallan bajo el engaño de que pueden venir y recibir bendiciones). Estás diciendo que estas personas no creen sinceramente en Dios, así que Él no puede aceptarlos, ¿cierto? (Sí). (Para mí esas personas son meros oportunistas y no creen sinceramente en Dios). No han venido para creer en Dios; son unos oportunistas. ¡Bien dicho! Estos oportunistas son del tipo de persona que todos aborrecen. Se dejan llevar por la corriente y no se molestan en hacer nada a no ser que vayan a obtener algo de ello, así que ¡por supuesto que son despreciables! ¿Algún otro hermano o hermana tiene una opinión que le gustaría compartir? (Dios ya no los aceptará, porque Su obra está a punto de completarse y es ahora cuando se está determinando el desenlace de las personas. Este es el momento en el que estas personas quieren volver, no porque quieran realmente buscar la verdad, sino porque ven venir desastres o están siendo influenciados por factores externos. Si realmente tuviesen la intención de buscar la verdad, nunca habrían huido a mitad de la obra de Dios). ¿Hay otras opiniones? (No serán aceptados. En verdad, Dios ya les dio oportunidades, pero ellos insistieron en tener la actitud de no prestarle atención. Cualesquiera que sean las intenciones de estas personas, incluso si se arrepienten de verdad, Dios seguirá sin permitirles volver. Esto se debe a que Él les dio muchas oportunidades, pero ellos ya han manifestado su actitud: quisieron dejar a Dios. Por esta razón, si intentan volver ahora, Él no las aceptará). (Estoy de acuerdo en que Dios no aceptará a este tipo de persona, porque si alguien ha visto el camino verdadero, ha experimentado Su obra durante tanto tiempo y puede volver como si nada al mundo y a los brazos de Satanás, entonces es una traición a Dios de grandes proporciones. A pesar de que la esencia de Dios es de misericordia y amor, depende de a qué tipo de persona vaya dirigida esa esencia. Si esta persona acude delante de Dios en busca de consuelo o de algo en lo cual poner sus esperanzas, sencillamente no es la clase de persona que cree en Él con sinceridad, y la misericordia de Dios hacia ese tipo de persona llega hasta ahí). Si la esencia de Dios es la misericordia, entonces ¿por qué no tiene un poco más de misericordia con este tipo de personas? ¿No tendría una oportunidad con un poco más de misericordia? En el pasado, la gente decía con frecuencia que Dios quiere que todas las personas se salven y que nadie sufra la perdición. Si una oveja entre cien se pierde, Él dejará a las noventa y nueve para buscar la perdida. Ahora bien, en cuanto a estas personas, ¿debería Él aceptarlas y darles una segunda oportunidad por su fe sincera? En realidad esta no es una pregunta difícil; ¡es muy simple! Si de verdad comprendéis a Dios y vuestro conocimiento de Él es real, entonces no se requiere mucha explicación ni tampoco mucha especulación, ¿no es así? Vuestras respuestas van por el camino correcto, pero se siguen quedando cortas respecto a la actitud de Dios.

Algunos de vosotros acabáis de expresar la certeza de que Dios no podría aceptar a este tipo de personas de ninguna manera. Otros no lo teníais del todo claro, y pensabais que Él podría o no aceptarlas. Esta actitud es la más moderada. Estabais también aquellos que teníais la esperanza de que Dios aceptara a esta clase de persona. Esta es la actitud más ambigua. Aquellos de vosotros que tenéis certeza en cuanto a lo que pensáis, creéis que Dios ha obrado durante mucho tiempo y que Su obra está completa, así que no le hace falta ser tolerante con estas personas; por tanto, consideráis que Él no los aceptará de nuevo. Los más moderados entre vosotros creéis que estos asuntos deberían tratarse según las circunstancias individuales; si el corazón de estas personas es inseparable de Dios, y si creen de verdad en Él y buscan la verdad, entonces Dios debería olvidar sus debilidades y faltas previas; debería perdonar a estas personas, darles una segunda oportunidad y permitirles que vuelvan a la casa de Dios y acepten Su salvación. Sin embargo, si estas personas huyen de nuevo posteriormente, Él ya no las querrá y abandonarlas no se puede considerar una injusticia. Hay otro grupo que espera que Dios pueda aceptar a estas personas. No están totalmente seguros de si Dios los aceptará o no. Si creen que Él debería aceptar a este tipo de personas, pero no lo hace, parece que este punto de vista está un tanto en desacuerdo con la perspectiva de Dios. Si creen que Dios no debería aceptar a una persona así y resulta que Dios dice que Su amor hacia los seres humanos es ilimitado y que está dispuesto a darle otra oportunidad a este tipo de persona, ¿no será esto un ejemplo de la ignorancia humana puesta en evidencia? En cualquier caso, todos tenéis vuestros propios puntos de vista, y estos representan un tipo de conocimiento en vuestros propios pensamientos; también son un reflejo de la profundidad de vuestro entendimiento de la verdad y de la voluntad de Dios. Es correcto expresarlo así, ¿no es cierto? ¡Es maravilloso que tengáis opiniones sobre este asunto! Sin embargo, queda un interrogante abierto respecto a si vuestras opiniones son correctas. Estáis todos un poco preocupados, ¿no es así? “¿Qué es, pues, lo correcto? No puedo verlo con claridad ni sé con exactitud lo que Dios está pensando y Él no me ha dicho nada. ¿Cómo puedo saber lo que Él está pensando? La actitud de Dios hacia la humanidad es el amor. De acuerdo con la actitud que ha tenido en el pasado, Dios debería aceptar a esta persona, pero no tengo muy clara Su actitud presente; solo puedo decir que quizás aceptará a esta persona o quizás, no”. Es de risa, ¿verdad? Esta cuestión os ha dejado verdaderamente perplejos. Si no tenéis un punto de vista adecuado sobre este asunto, ¿qué haréis cuando vuestra iglesia se encuentre realmente con una persona así? Si no os ocupáis de la situación adecuadamente, quizás ofendáis a Dios. ¿No es este un asunto peligroso?

¿Por qué quería preguntaros vuestras opiniones sobre el asunto que acabo de exponer? Deseaba poner a prueba vuestros puntos de vista, cuánto conocimiento tenéis sobre Dios y qué tanto de Sus intenciones y actitudes entendéis. ¿Cuál es la respuesta? La respuesta son vuestros puntos de vista en sí. Algunos de vosotros sois muy conservadores y otros estáis usando vuestras imaginaciones para suponer. ¿Qué significa “suponer”? Significa que no sois capaces de discernir cómo piensa Dios, y, así, sacáis conjeturas sin fundamento acerca de que Dios debería pensar de determinada manera; no sabéis realmente si estáis en lo cierto o no, por lo que expresáis un punto de vista ambiguo. Al estar frente a este hecho, ¿qué habéis visto? Cuando las personas siguen a Dios, rara vez prestan atención a Su voluntad y rara vez toman en cuenta Sus pensamientos y Su actitud hacia los seres humanos. Las personas no comprenden los pensamientos de Dios; por tanto, cuando se os pregunta sobre Sus intenciones y Su carácter, os quedáis confundidos; caéis en una profunda inseguridad, y entonces suponéis o apostáis. ¿Qué clase de mentalidad es esta? Esto prueba un hecho: que la mayoría de las personas que creen en Dios lo consideran un soplo de aire y algo que parece existir un minuto y al siguiente, no. ¿Por qué lo expreso así? Porque cuando os enfrentáis a un problema, desconocéis la voluntad de Dios. ¿Por qué no conocéis Su voluntad? No solo ahora, sino que de principio a fin ignoráis cuál es la actitud de Dios respecto a este problema. No puedes entenderlo e ignoras cuál es la actitud de Dios, pero ¿te has puesto a pensar mucho en ello? ¿Has buscado saber cuál es? ¿Has hablado al respecto? ¡No! Esto confirma un hecho: el Dios de tu fe no tiene conexión con el de la realidad. En tu fe en Dios, solo consideras tus propias intenciones y las de tus líderes; dedicas tus pensamientos meramente al significado superficial y doctrinal de las palabras de Dios, sin intentar en absoluto conocer o buscar realmente Su voluntad. ¿No es este el caso? ¡La esencia de este asunto es bastante terrible! Después de tantos años, he visto a numerosas personas que creen en Dios. ¿En qué ha transformado a Dios la creencia que tienen en su mente? Algunos creen en Dios como si se tratara simplemente de un soplo de aire. Estas personas no tienen respuesta a preguntas sobre la existencia de Dios, porque no pueden sentir ni percibir Su presencia o Su ausencia, y, no digamos ya, verla o entenderla claramente. A nivel subconsciente, piensan que Dios no existe. Otros creen en Él como si se tratara de un hombre. Le creen incapaz de hacer todo lo que ellos tampoco pueden hacer, y opinan que Dios debería pensar como ellos. Su definición de Dios es la de “una persona invisible e intocable”. Existe, asimismo, un grupo de personas que cree en Dios como si se tratara de un muñeco. Consideran que no tiene emociones. Creen que es una estatua de barro, y que, cuando se enfrenta a un asunto, Dios no tiene actitud, punto de vista o ideas; creen que Él está a merced de la humanidad. Las personas creen simplemente lo que quieren creer. Si lo engrandecen, entonces Él es grande; si lo empequeñecen, entonces es pequeño. Cuando pecan y necesitan la misericordia de Dios, Su tolerancia y Su amor, asumen que Dios debería extender Su misericordia. Estas personas inventan a un “Dios” en su mente, y entonces hacen que este “Dios” cumpla sus exigencias y satisfaga todos sus deseos. Independientemente del momento, del lugar o de lo que estas personas hagan, adoptarán esta fantasía en su trato con Dios y en su fe. Incluso están aquellos que, después de haber ofendido Su carácter, siguen creyendo que Él puede salvarlos porque asumen que el amor de Dios es ilimitado y que Su carácter es justo, y que no importa cuánto ofenda una persona a Dios, Él no se acordará de nada. Creen que ya que los errores, las transgresiones y la desobediencia humanas son expresiones momentáneas del carácter de una persona, Dios le dará oportunidades, y será tolerante y paciente con ella; creen que seguirá amándola como antes. Así, tienen grandes esperanzas de alcanzar la salvación. En realidad, no importa cómo crean las personas en Dios: mientras no busquen la verdad, Dios tendrá una actitud negativa hacia ellas. La razón es que, a lo largo de tu fe en Dios, aunque has aceptado el libro de Sus palabras y lo atesoras y lo estudias y lo lees cada día, dejas de lado al Dios real. Lo consideráis como un simple soplo de aire o una simple persona, y algunos de vosotros lo consideráis como no más que un muñeco. ¿Por qué lo expreso de esta forma? Lo hago así porque, según lo veo Yo, ya sea que os enfrentéis a un problema u os encontréis con una circunstancia, estas cosas que existen en tu subconsciente, las que se originan internamente, nunca han tenido relación alguna con la palabra de Dios ni con buscar la verdad. Lo único que sabes es lo que estás pensando, cuál es tu propio punto de vista y, a continuación, le impones a Dios tus propias ideas y opiniones. En tu mente, se convierten en los puntos de vista de Dios y haces de ellos los estándares a los que te adhieres firmemente. Con el tiempo, proceder de esta forma te aleja cada vez más de Dios.

Entiende la actitud de Dios y deja de lado todas las ideas equivocadas sobre Él

¿Qué clase de Dios es este Dios en el que creéis actualmente? ¿Habéis pensado alguna vez en eso? Cuando Él observa a una persona malvada cometer actos malvados, ¿la desprecia? (Sí). ¿Cuál es Su actitud al ver a personas ignorantes cometer errores? (Pena). Cuando ve personas robando Sus ofrendas, ¿cuál es Su actitud? (Las desprecia). Todo esto queda muy claro, ¿cierto? Cuando Dios ve a alguien confundido en lo relacionado a su fe en Él y que no busca en absoluto la verdad, ¿cuál es la actitud de Dios? No estáis del todo seguros, ¿verdad? La “confusión”, como actitud, no es un pecado ni ofende a Dios, y las personas sienten que no es ningún tipo de error importante. Así pues, decidme, ¿cuál es la actitud de Dios en este caso? (No está dispuesto a reconocer a esa persona). “Falta de disposición a reconocer”, ¿qué clase de actitud es esta? ¡Significa que Dios desprecia a estas personas y las desdeña! La manera en la que trata con estas personas es dándoles la espalda. Su enfoque es dejarlas de lado, no involucrarse en ninguna obra relacionada con ellas, y esto incluye la obra de esclarecimiento, iluminación, castigo y disciplina. Tales personas sencillamente no cuentan en la obra de Dios. ¿Cuál es la actitud de Dios hacia aquellos que ofenden Su carácter e infringen Sus decretos administrativos? ¡Desprecio extremo! ¡Las personas que no se arrepienten de ofender el carácter de Dios lo enfurecen tremendamente! Estar “enfurecido” es simplemente un sentimiento, un estado de ánimo; no se corresponde con una actitud clara. Sin embargo, este sentimiento, este estado de ánimo, producirá un desenlace para estas personas: ¡llenará a Dios de absoluta aversión! ¿Cuál es la consecuencia de esta extrema aversión? Dios dejará de lado a estas personas y no les responderá por el momento. A continuación esperará a ajustar cuentas con ellas “después del otoño”. ¿Qué implica esto? ¿Seguirán teniendo desenlaces estas personas? ¡Dios nunca pretendió concederles desenlaces a tales personas! Por lo tanto, ¿no es perfectamente normal que ahora no les responda? (Sí, es normal). ¿Qué deberían prepararse para hacer estas personas? Deberían prepararse a asumir las consecuencias negativas de su conducta y de las acciones malvadas que han cometido. Esta es la respuesta de Dios a una persona así. Por tanto, ahora les digo claramente a esas personas: no os aferréis más a vuestros engaños y dejad de involucraros en ilusiones. Dios no será tolerante con las personas indefinidamente; no soportará para siempre sus transgresiones ni su desobediencia. Algunos dirán: “Yo también he visto a unas cuantas personas así, y, cuando oran, sienten que Dios las toca de forma especial y luego lloran amargamente. Por lo general, también están muy contentas; parecen tener con ellas la presencia de Dios y Su guía”. ¡No digáis semejante disparate! Las lágrimas amargas no significan necesariamente que alguien está siendo tocado por Dios o que disfruta de Su presencia, y, mucho menos, de Su guía. Si las personas hacen enojar a Dios, ¿seguirá Él guiándolas? En pocas palabras, cuando Dios ha decidido eliminar y abandonar a alguien, el desenlace de esa persona ya ha desaparecido. No importa lo favorables que sean sus sentimientos cuando oran ni cuánta fe tengan en su corazón hacia Dios; esto carece ya de importancia. Lo importante es que Dios no necesita esa clase de fe; Él ya ha desdeñado a esas personas. La forma de tratar con ellas en el futuro tampoco es ya relevante. Lo que cuenta es que, en el preciso instante en el que estas personas hacen enojar a Dios, su desenlace ya está establecido. Si Dios ha determinado no salvar a tales personas, las dejará atrás para que sean castigadas. Esta es la actitud de Dios.

Aunque la esencia de Dios contiene un elemento de amor y Él es misericordioso con todas y cada una de las personas, estas han pasado por alto y han olvidado el hecho de que Su esencia también es de dignidad. Que Él tenga amor no quiere decir que las personas puedan ofenderle libremente, sin incitar en Él sentimientos o reacciones, ni el hecho de que tenga misericordia significa que no tenga principios en Su forma de tratar a las personas. Dios está vivo; existe de verdad. No es un títere imaginario ni ningún otro objeto. Dado que Él existe, deberíamos escuchar atentamente la voz de Su corazón en todo momento, prestar mucha atención a Su actitud y llegar a entender Sus sentimientos. No deberíamos usar las imaginaciones humanas para definir a Dios ni imponer en Él pensamientos o deseos humanos, obligando a Dios a tratar a las personas de una manera humana basada en imaginaciones humanas. Si lo haces, ¡estás haciendo enojar a Dios, tentando Su ira y desafiando Su dignidad! Por tanto, una vez hayáis llegado a comprender la gravedad de este asunto, insto a todos y cada uno de vosotros a que seáis cautos y prudentes en vuestras acciones. Sed cautos y prudentes en vuestro discurso también. En lo que se refiere a cómo tratáis a Dios, ¡cuanto más cautos y prudentes seáis, mejor! Cuando no entiendas cuál es la actitud de Dios, evita hablar con descuido, no seas negligente en tus acciones ni apliques etiquetas a la ligera. Todavía más importante, no llegues a ninguna conclusión arbitraria. En lugar de ello, debes esperar y buscar; estas acciones son también una expresión del temor a Dios y de apartarse del mal. Por encima de todo, si puedes lograr esto y, además, posees esta actitud, entonces Dios no te culpará por tu estupidez, por tu ignorancia y por tu falta de entendimiento de las razones que están detrás de las cosas. En vez de ello, debido a tu actitud de temor a ofender a Dios, tu respeto hacia Sus intenciones y tu disposición a obedecerlo, Él se acordará de ti, te guiará y te esclarecerá o tolerará tu inmadurez e ignorancia. Por el contrario, si tu actitud hacia Él fuese irreverente —y lo juzgas a tu antojo o supones y defines arbitrariamente Sus ideas— Dios te condenará, te disciplinará e, incluso, te castigará, o puede que ofrezca un comentario sobre ti. Este quizás implique tu desenlace. Por tanto, deseo enfatizar esto una vez más: todos debéis ser cautos y prudentes con todo lo que viene de Dios. No hables con descuido ni seas irresponsable en tus actos. Antes de decir nada, deberías detenerte a pensar: ¿se enojará Dios si hago esto? Si hago esto, ¿estoy venerando a Dios? Hasta en los asuntos sencillos deberías intentar contestar estas preguntas y dedicar más tiempo a pensar en ellas. Si de verdad puedes practicar según estos principios en todos los aspectos, en todas las cosas y en todo momento, y adoptar esa actitud especialmente cuando no entiendes algo, Dios te guiará siempre, y te proporcionará la senda que debes seguir. No importa qué clase de espectáculo monte la gente, Dios los ve con total nitidez y claridad, y Su evaluación de estas demostraciones será precisa y adecuada. Después de que te hayas sometido a la prueba final, Dios tomará todo tu comportamiento y lo recapitulará para determinar tu desenlace. Este resultado convencerá a todos, sin la menor sombra de duda. Lo que me gustaría deciros es que todos vuestros hechos, todos vuestros actos y todos vuestros pensamientos deciden vuestro destino.

¿Quién determina el desenlace de las personas?

Hay otro asunto de suma importancia que hay que discutir, y es vuestra actitud hacia Dios. ¡Esta actitud es extremadamente importante! Determina si finalmente caminaréis hacia la destrucción o hacia un bello destino que Dios ha preparado para vosotros. En la Era del Reino, Dios ya ha obrado durante más de veinte años y, tal vez, a lo largo de estas dos décadas, en el fondo habéis estado un tanto inseguros respecto a vuestra actuación. Sin embargo, Dios ha hecho en Su corazón un registro real y veraz de todos y cada uno de vosotros. Desde el momento en el que cada persona empezó a seguirle, a escuchar Sus sermones, entendiendo gradualmente más y más de la verdad, y hasta el momento en el que cada persona comenzó a cumplir con sus deberes, Dios ha llevado un registro de todos los tipos de comportamientos atribuibles a cada persona. Cuando cumplen con sus deberes y se enfrentan a toda clase de ambientes y pruebas, ¿cuáles son las actitudes de las personas? ¿Cómo actúan? ¿Qué sienten hacia Dios en su corazón?… Él lleva un registro, un recuento de todo esto. Tal vez, desde vuestro punto de vista, estos asuntos son confusos. Sin embargo, desde la posición de Dios, todos son claros como el cristal y no existe el más mínimo indicio de desorden. Es una cuestión que involucra el desenlace de cada persona y toca, también, su destino y sus expectativas futuras, y, más que eso, aquí es donde Dios invierte todos Sus esfuerzos más esmerados. Por tanto, Él nunca se atrevería a descuidarlo ni un poco, ni tolera ningún descuido. Dios está haciendo un registro de este informe sobre la humanidad, toma nota de la trayectoria completa de los seres humanos en su seguimiento de Dios, de principio a fin. Tu actitud hacia Él durante este periodo ha determinado tu destino. ¿No es esto cierto? Ahora bien, ¿crees que Dios es justo? ¿Son adecuadas Sus acciones? ¿Seguís teniendo otras imaginaciones de Dios en vuestra cabeza? (No). Entonces, ¿afirmaríais que es Él quien debe establecer el desenlace de las personas o deben hacerlo ellas mismas? (Debe determinarlo Dios). ¿Quién lo determina? (Dios). No estáis seguros, ¿verdad? Hermanos y hermanas de Hong Kong, hablad; ¿quién lo determina? (Las propias personas lo determinan). ¿Las propias personas? ¿No significaría esto, pues, que los desenlaces de las personas no tienen nada que ver con Dios? Hermanos y hermanas de Corea del Sur, hablad. (Dios determina el desenlace de las personas con base en todos sus actos y hechos, y de conformidad con el camino por el que caminan). Esta es una respuesta muy objetiva. Hay una realidad que debo comunicaros a todos: en el transcurso de la obra de salvación de Dios, Él ha establecido un estándar para los seres humanos. Este estándar consiste en que ellos deben escuchar la palabra de Dios y andar por Su camino. Es este estándar el que se utiliza para sopesar el desenlace de las personas. Si practicas de acuerdo con este estándar de Dios, puedes obtener un buen desenlace; si no lo haces, no puedes obtenerlo. ¿Quién diríais, entonces, que determina este desenlace? No solo es Dios quien lo determina, sino, más bien, Dios y los seres humanos juntos. ¿Es correcto? (Sí). ¿Por qué? Porque Dios desea involucrarse de forma activa en la obra de salvación de la humanidad y preparar un hermoso destino para esta; los seres humanos son los objetivos de la obra de Dios, y ese desenlace, ese destino, es lo que Dios prepara para ellos. Si no tuviera objetivos en los cuales obrar, Dios no tendría necesidad de llevar a cabo esta obra; si Él no realizase esta obra, los seres humanos no tendrían la oportunidad de obtener la salvación. Los humanos son los que han de ser salvados, y, aunque ser salvados es el lado pasivo en este proceso, la actitud de quienes desempeñan este papel determina si Dios tendrá éxito o no en Su obra de salvar a la humanidad. De no ser por la guía que Dios te proporciona, tú no conocerías Su estándar ni tendrías un objetivo. Si posees este estándar, este objetivo, pero no colaboras, no lo pones en práctica ni pagas el precio, seguirás sin obtener este desenlace. Por esta razón, digo que el desenlace de una persona no puede separarse de Dios ni tampoco de la persona. Ahora ya sabéis quién determina el desenlace de las personas.

Las personas tienden a definir a Dios con base en la experiencia

Al comunicar sobre el tema de conocer a Dios, ¿habéis notado algo? ¿Habéis percibido que Su actitud ha experimentado una transformación en estos días? ¿Acaso es inmutable Su actitud hacia los seres humanos? ¿Aguantará Dios siempre así, mostrando todo Su amor y misericordia indefinidamente a los seres humanos? Este asunto también involucra la esencia de Dios. Volvamos a la cuestión que se mencionó anteriormente del denominado hijo pródigo. Cuando formulé esta pregunta, vuestras respuestas no fueron muy claras. En otras palabras, seguís sin tener un entendimiento muy sólido de las intenciones de Dios. Cuando se enteran de que Él ama a la humanidad, las personas lo definen como un símbolo de amor. Creen que no importa lo que hagan, cómo se comporten, cómo traten a Dios o lo desobedientes que puedan ser, nada de esto importa realmente porque Dios tiene amor y Su amor es ilimitado e inconmensurable. Dios tiene amor, así que puede ser tolerante con las personas, y Dios tiene amor, así que puede ser misericordioso con ellas, con su inmadurez, con su ignorancia, y con su desobediencia. ¿Son realmente así las cosas? En el caso de algunas personas, cuando han experimentado la paciencia de Dios una o incluso más veces, tratarán estas experiencias como algo primordial en su propio entendimiento de Dios, y creen que Él será por siempre paciente y misericordioso con ellas, y que, entonces, a lo largo de su vida tomarán esta paciencia de Dios y la considerarán el estándar de cómo Él las trata. También están los que, tras haber experimentado una vez la tolerancia de Dios, lo definirán por siempre como tolerante, y, en su mente, esta tolerancia es indefinida, incondicional, e, incluso, totalmente carente de principios. ¿Son correctas estas creencias? Cada vez que se exponen asuntos de la esencia o el carácter de Dios, parecéis desconcertados. Veros así me pone muy inquieto. Habéis oído mucha verdad respecto a Su esencia; habéis escuchado, asimismo, muchas discusiones relativas a Su carácter. Sin embargo, en vuestra mente, estos asuntos y la verdad de estos aspectos no son más que recuerdos basados en teorías y en palabras escritas; en vuestra vida cotidiana, ninguno de vosotros es capaz de experimentar o ver el carácter de Dios por lo que realmente es. Así pues, todos estáis confundidos en vuestras creencias; todos creéis ciegamente, al punto de que vuestra actitud es irreverente hacia Dios e incluso le ignoráis. ¿A qué os lleva tener este tipo de actitud hacia Dios? A sacar siempre conclusiones sobre Él. Una vez habéis adquirido un poco de conocimiento, os sentís muy satisfechos, como si hubierais conseguido a Dios en Su totalidad. A continuación, llegáis a la conclusión de que Dios es así, y no dejáis que se mueva con libertad. Además, siempre que Él hace algo nuevo, simplemente os rehusáis a admitir que Él es Dios. Un día, cuando Él diga: “Ya no amo a la humanidad; no mostraré más misericordia a los seres humanos; no tengo más tolerancia o paciencia hacia ellos; estoy completamente lleno de un desprecio y una antipatía extremos hacia ellos”, tales afirmaciones causarán un conflicto profundo en el corazón de las personas. Algunos incluso dirán: “Tú ya no eres mi Dios; has dejado de ser el Dios al que quiero seguir. Si esta es Tu afirmación, ya no eres apto para ser mi Dios, y no necesito seguirte más. Si ya no me concedes misericordia, si no me das amor ni tolerancia, dejaré de seguirte. Solo si eres indefinidamente tolerante conmigo, si siempre eres paciente conmigo y si me permites ver que eres amor, paciencia y tolerancia, solo entonces podré seguirte y tendré la confianza de seguirte hasta el final. Ya que cuento con Tu paciencia y Tu misericordia, mi desobediencia y mis transgresiones pueden ser perdonadas indefinidamente, y puedo pecar, en cualquier momento y en cualquier lugar, confesarme y ser perdonado en cualquier momento y en cualquier lugar, y hacerte enojar en cualquier momento y en cualquier lugar. No deberías tener opiniones o sacar conclusiones sobre mí”. Aunque es posible que ni uno de vosotros piense sobre este tipo de asuntos de manera tan subjetiva o consciente, siempre que consideres a Dios una herramienta a utilizar para que tus pecados sean perdonados o como un objeto que usas para obtener un hermoso destino, ya has colocado sutilmente al Dios vivo en oposición a ti, como enemigo tuyo. Esto es lo que veo. Puedes seguir diciendo cosas como “Creo en Dios”, “Busco la verdad”, “Quiero cambiar mi carácter”, “Quiero librarme de la influencia de las tinieblas”, “Quiero satisfacer a Dios”, “Quiero someterme a Dios”, “Quiero ser fiel a Dios, y cumplir bien con mi deber”, etcétera. Sin embargo, por hermosas que sean tus palabras, por mucha teoría que sepas y por imponente y solemne que esta sea, la realidad es que ahora muchos de vosotros ya habéis aprendido a usar las reglas, las doctrinas, las teorías que habéis dominado para sacar conclusiones sobre Dios, colocándolo en oposición a vosotros con naturalidad. Aunque hayas dominado las letras y doctrinas, no has entrado auténticamente en la realidad de la verdad; por tanto, es muy difícil que te acerques a Dios, que lo conozcas y lo entiendas. ¡Esto es verdaderamente lamentable!

Vi la siguiente escena en un video: unas hermanas tenían una copia de “La Palabra manifestada en carne”, y la levantaban muy alto; la sostenían en alto en medio de ellas, por encima de su cabeza. Aunque solo era una imagen, lo que evocó dentro de Mi no fue una imagen; más bien, me hizo pensar que lo que cada persona sostiene en alto en su corazón no es la palabra de Dios, sino el libro de la palabra de Dios. Se trata de un asunto extremadamente triste. Esta acción no es, en absoluto, lo mismo que tener a Dios en alto, porque vuestra falta de entendimiento de Dios ha llegado al punto en el que la mínima pregunta obvia, cualquier tema minúsculo, provoca que surjan en vosotros vuestras nociones. Cuando os hago preguntas y me pongo serio con vosotros, respondéis con conjeturas y con vuestras propias imaginaciones; algunos de vosotros adoptáis incluso un tono de duda y respondéis a Mis preguntas con otras preguntas. Esto me confirma con mayor claridad que el Dios en quien creéis no es el Dios verdadero. Después de leer Sus palabras durante tantos años, las usáis, utilizáis Su obra y aún más doctrinas para sacar conclusiones sobre Él nuevamente. Además, nunca intentáis entenderle, descifrar Sus intenciones ni comprender cuál es Su actitud hacia los seres humanos; tampoco, comprender cómo piensa, por qué está triste, por qué está enojado, por qué rechaza a las personas, y otras preguntas por el estilo. Además, incluso más personas creen que Dios ha estado siempre en silencio, porque se limita a observar las diversas acciones de la humanidad, sin tener actitudes ni ideas sobre ellas. Otro grupo de personas cree que Dios no emite ni un sonido porque se ha sometido; que permanece en silencio porque está esperando o porque no tiene actitud. Piensan esto porque la actitud de Dios ya se ha explicado a fondo en el libro y se ha expresado en su totalidad a la humanidad, y, por tanto, ya no es necesario decírselo una y otra vez a las personas. Aunque Dios esté en silencio, sigue teniendo una actitud y un punto de vista, además del estándar por el que les exige a las personas que se rijan. Aunque estas no intenten entenderle ni buscarle, la actitud de Dios es muy clara. Pensad en alguien que una vez siguió a Dios con entusiasmo, pero en algún momento lo abandonó y se marchó. Si esta persona quisiese volver ahora, sorprendentemente no sabríais cuál sería el punto de vista de Dios ni Su actitud. ¿No es esto extremadamente triste? De hecho, es un asunto bastante superficial. Si de verdad entendierais el corazón de Dios, conoceríais Su actitud hacia este tipo de persona y vuestra respuesta no sería ambigua. Como no lo sabéis, permitidme que os ponga al corriente.

La actitud de Dios hacia quienes huyen durante Su obra

Existen personas como estas en todas partes: después de haber tenido certeza respecto al camino de Dios, por diversas razones se marchan en silencio, sin decir adiós, para ir y hacer lo que su corazón desea. Por el momento no nos detendremos en las razones por las que se van estas personas. Primero echaremos un vistazo a la actitud de Dios hacia este tipo de personas. ¡Está muy claro! Desde el momento en que estas personas se van, a los ojos de Dios su fe ha llegado a su fin. No la finalizó el individuo, sino Dios. Que esta persona dejase a Dios significa que ya lo había rechazado, que ya no lo quería y que ya no acepta la salvación de Dios. Como este tipo de persona no quiere a Dios, ¿puede Él seguir queriéndola? Además, cuando estas personas poseen esta clase de actitud, esta opinión, y se han decidido a abandonar a Dios, ya han ofendido Su carácter. Esto, a pesar de que tal vez no han huido montados en cólera ni maldiciendo a Dios ni se han involucrado en conducta vil o excesiva alguna, y a pesar del hecho de que esta persona esté pensando: “Si llega un día en que ya esté harto de divertirme fuera, o cuando siga necesitando a Dios para algo, volveré. O si Dios me lo pide, regresaré”. O dice: “Cuando me lastimen en el exterior, o cuando vea que el mundo exterior es demasiado oscuro y malvado, y ya no quiera ir con la corriente, retornaré a Dios”. Aunque estas personas hayan calculado en su mente cuándo van a volver con exactitud, y aunque hayan intentado dejar abierta la puerta para su regreso, no son conscientes de que, independientemente de lo que crean o cómo planifiquen, todo esto no son más que ilusiones. Su mayor error consiste en no tener claro cómo hace sentir a Dios su deseo de marcharse. Desde el momento mismo en que decidieron dejar a Dios, Él las abandonó por completo; para entonces, ya ha determinado el desenlace de una persona así en Su corazón. Y ¿cuál es ese desenlace? Que esta persona será uno de los ratones y por tanto perecerá con ellos. Así pues, las personas ven a menudo este tipo de situación: alguien abandona a Dios, pero luego no recibe ningún castigo. Dios opera según Sus propios principios; algunas cosas se pueden ver, mientras que otras solo se deciden en el corazón de Dios, por lo que las personas no pueden ver los resultados. La parte que es visible para los seres humanos no es necesariamente el lado verdadero de las cosas, pero ese otro lado, el que tú no ves, de hecho contiene los verdaderos y sinceros pensamientos y conclusiones de Dios.

Las personas que huyen durante la obra de Dios son los que abandonan el camino verdadero

Así pues, ¿cómo puede Dios propinar un castigo tan grave a este tipo de personas? ¿Por qué está tan enojado con ellas? En primer lugar, sabemos que el carácter de Dios es majestad e ira. Él no es una oveja a la que cualquiera puede matar; menos aún, un muñeco para que las personas lo controlen como quieran. Tampoco es un soplo de aire que se pueda mangonear. Si verdaderamente crees que Dios existe, entonces debes tener un corazón que teme a Dios y debes saber que no hay que hacer enojar a Su esencia. Este enojo puede ser causado por una palabra, o tal vez por un pensamiento o por cierto tipo de comportamiento vil; quizá, incluso, por un comportamiento moderado; una conducta que sea aceptable a los ojos de los hombres y a la ética humana, o quizás sea causado por una doctrina o una teoría. Sin embargo, una vez que has hecho enojar a Dios, has perdido tu oportunidad y han llegado tus últimos días. ¡Esto es algo terrible! Si no entiendes que no se debe ofender a Dios, es posible que no le tengas miedo, y quizá le ofendas rutinariamente. Si no sabes cómo temer a Dios, eres incapaz de hacerlo, y no sabrás cómo andar por Su camino: el camino de temer a Dios y apartarte del mal. Una vez que te des cuenta de ello y seas consciente de que a Dios no se le debe ofender, sabrás lo que es temer a Dios y apartarte del mal.

Andar por el camino de temer a Dios y apartarse del mal no tiene que ver necesariamente con cuánta verdad conozcas, con cuántas pruebas hayas experimentado ni con qué tanto hayas sido disciplinado. Más bien, depende de la clase de actitud que tengas hacia Dios en tu corazón y de qué esencia expreses. La esencia de las personas y su actitud subjetiva son muy importantes y cruciales. En cuanto a quienes han renunciado y han abandonado a Dios, sus actitudes despreciables hacia Él y su corazón que desprecia la verdad ya han ofendido el carácter de Dios; por tanto, en lo que a Él respecta nunca serán perdonados. Han sabido de la existencia de Dios, se les ha informado que Él ya ha llegado y han experimentado Su nueva obra. Su partida no constituyó un caso en el que estaban engañados o confundidos, y, menos aún, se les obligó a irse. Más bien, ellos eligieron dejar a Dios de forma consciente y con una mente clara. Su partida no se debe a que hayan perdido el rumbo ni a que hayan sido abandonados. A los ojos de Dios, no son, pues, corderos que se alejaron del rebaño, y, mucho menos, hijos pródigos que han perdido el rumbo. Se marcharon con impunidad, y esa condición, esa situación, ofende el carácter de Dios, y es a partir de esta ofensa que Él les otorga un desenlace desesperanzador. ¿Acaso no es terrible ese tipo de desenlace? Por tanto, si las personas no conocen a Dios, pueden ofenderlo. ¡Este no es un asunto trivial! Si las personas no se toman en serio la actitud de Dios y siguen creyendo que Él está esperando su regreso porque son algunos de Sus corderos perdidos y que Él sigue esperando que cambien de parecer, entonces no están muy lejos de su día de castigo. Dios no se limitará a negarse a aceptarlos; dado que es la segunda vez que ofenden Su carácter, ¡es un tema aún más terrible! La actitud irreverente de estas personas ya ha infringido los decretos administrativos de Dios. ¿Las aceptará Dios igualmente? En su corazón, los principios de Dios respecto a este asunto son que si alguien ha alcanzado la certeza de cuál es el camino verdadero, pero, aun así, conscientemente y con una mente clara rechaza a Dios y se aparta de Él, Dios bloqueará el camino hacia la salvación de esa persona, y para este individuo la puerta del reino quedará cerrada a partir de ese momento. Cuando esta persona venga y llame a la puerta una vez más, Dios no se la abrirá y la dejará afuera por siempre. Quizás algunos de vosotros hayáis leído la historia de Moisés en la Biblia. Después de que Dios lo ungiese, los 250 líderes expresaron su desobediencia a Moisés debido a sus actos y por razones diversas. ¿A quién se negaron a someterse? No fue a Moisés. Se negaron a someterse a las disposiciones de Dios; se negaron a someterse a Su obra en lo referente a este asunto. Dijeron lo siguiente: “Os hacéis cargo de demasiadas cosas y veis que toda la congregación es santa, cada uno de ellos, y que Jehová está entre ellos […]”.* ¿Son muy serias estas palabras y frases desde un punto de vista humano? ¡No lo son! Al menos, su significado literal no lo es. En un sentido legal, no quebrantan ley alguna, porque en apariencia no es un lenguaje o un vocabulario hostil, y, mucho menos, tiene una connotación de blasfemia. Son frases comunes y corrientes, nada más. ¿Por qué desatan, entonces, semejante furia en Dios? Es porque no iban dirigidas a personas, sino a Dios. La actitud y el carácter que expresan son, precisamente, lo que ofende el carácter de Dios, y ofenden el carácter de Dios, que no se debe ofender. Todos conocemos cuál fue, al final, el desenlace de esos líderes. Respecto a las personas que abandonaron a Dios, ¿cuál es su punto de vista? ¿Cuál es su actitud? Y ¿por qué su punto de vista y su actitud hacen que Dios trate con ellos de esa forma? La razón es que, aunque saben claramente que Él es Dios, aun así eligen traicionarlo, y por eso se les despoja por completo de la oportunidad de ser salvos. Como está escrito en la Biblia: “Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados”. ¿Tenéis ahora un entendimiento claro sobre este asunto?

El destino de las personas lo decide su actitud hacia Dios

Dios es un Dios vivo, y así como las personas se comportan de forma diferente en distintas situaciones, Su actitud hacia estos comportamientos difiere, porque Él no es un muñeco ni un soplo de aire. Llegar a conocer la actitud de Dios es una búsqueda valiosa para la humanidad. Las personas deberían aprender que, al conocer Su actitud, pueden poco a poco alcanzar el conocimiento de Su carácter y llegar a entender Su corazón. Cuando llegues gradualmente a entender el corazón de Dios, no sentirás que temerle y apartarte del mal sea algo tan difícil de lograr. Además, cuando comprendes a Dios, no es tan probable que saques conclusiones sobre Él. Una vez que has dejado de sacar conclusiones sobre Dios, es menos probable que le ofendas, y Él te llevará sin que te des cuenta a obtener un conocimiento de Él. Esto llenará tu corazón de reverencia hacia Dios. Entonces, dejarás de definirle mediante las doctrinas, letras y teorías que has dominado. En lugar de ello, al buscar constantemente las intenciones de Dios en todas las cosas, te convertirás de forma inconsciente en una persona que es conforme al corazón de Dios.

La obra de Dios es invisible e intocable para los seres humanos, pero en lo que a Él respecta, las acciones de todas y cada una de las personas —además de la actitud que tengan hacia Él— no solo son perceptibles para Dios, sino también visibles para Él. Esto es algo que todos deberían reconocer y tener muy claro. Podrías preguntarte siempre: “¿Sabe Dios lo que estoy haciendo aquí? ¿Sabe lo que estoy pensando justo ahora? Quizás sí, quizás no”. Si adoptas esta clase de punto de vista, y sigues a Dios y crees en Él, pero dudas de Su obra y de Su existencia, tarde o temprano llegará un día en el que despertarás Su ira, porque ya estás balanceándote al borde de un peligroso precipicio. He visto a personas que han creído en Dios durante muchos años; sin embargo, siguen sin haber obtenido la realidad-verdad, y, mucho menos, han entendido la voluntad de Dios. Estas personas no progresan de modo alguno en su vida y en su estatura, y solo se ciñen a la más superficial de las doctrinas. Esto se debe a que estas personas nunca han tomado la palabra de Dios como la vida misma ni han enfrentado y aceptado Su existencia. ¿Piensas que al contemplar a estas personas Dios se llena de gozo? ¿Son un consuelo para Él? Así pues, el destino de la persona lo decide la manera como cree en Dios. Con respecto a la manera en que las personas buscan y se acercan a Dios, sus actitudes son de primordial importancia. No descuides a Dios como si fuese un soplo de aire flotando detrás de tu cabeza; piensa siempre en el Dios en el que crees como en un Dios vivo y real. Él no está ahí arriba en el tercer cielo, sin nada que hacer. Más bien, Él mira constantemente el interior del corazón de cada persona y observa lo que estás tramando, cada pequeña palabra y acción, cómo te comportas y cuál es tu actitud hacia Él. Ya sea que estés dispuesto a entregarte a Él o no, todo tu comportamiento y tus pensamientos e ideas más profundos están al descubierto delante de Dios, y Él los observa. Su opinión y Su actitud hacia ti cambian constantemente según tu comportamiento, tus acciones y tu actitud. Me gustaría dar un consejo a algunas personas: no os pongáis como niños en las manos de Dios, como si Él tuviera que mimaros, como si nunca pudiera dejaros, como si Su actitud hacia vosotros fuera fija y no pudiera cambiar nunca, ¡y Yo os aconsejo que dejéis de soñar! Dios es justo en Su trato hacia todas y cada una de las personas, y Él es sincero al abordar la obra de la conquista y la salvación de las personas. Esta es Su gestión. Él trata a cada persona con seriedad, no como a una mascota con la que se juega. El amor de Dios hacia los seres humanos no es de la clase que mima o consiente; tampoco Su misericordia y tolerancia hacia la humanidad son indulgentes ni desconsideradas. Por el contrario, el amor de Dios hacia la humanidad consiste en apreciar, compadecer y respetar la vida; Su misericordia y tolerancia transmiten las expectativas que Él tiene de ella, y son lo que la humanidad necesita para sobrevivir. Dios está vivo, y en verdad existe; Su actitud hacia la humanidad se basa en principios; no es, en absoluto, un montón de reglas dogmáticas, y puede cambiar. Sus intenciones hacia la humanidad cambian y se transforman gradualmente con el tiempo, dependiendo de las circunstancias que surjan, y acorde a la actitud de todas y cada una de las personas. Así pues, debes saber en tu corazón con toda claridad que la esencia de Dios es inmutable y que Su carácter surgirá en diferentes momentos y en distintos contextos. Podrías pensar que este asunto no es serio, y usar tus propias nociones personales para imaginar cómo debería hacer Dios las cosas. Sin embargo, hay ocasiones en las que la verdad es exactamente lo opuesto a lo que opinas, y, al usar tus propias nociones para tratar de medir a Dios, lo has hecho enojar. Esto se debe a que Él no opera como tú crees que lo hace y Dios no tratará este asunto como tú dices que lo hará. Por tanto, te recuerdo que seas cuidadoso y prudente en tu enfoque hacia todo lo que te rodea, y que aprendas a seguir el principio de andar por el camino de Dios en todas las cosas, que consiste en temer a Dios y apartarte del mal. Debes desarrollar un entendimiento firme respecto a los asuntos de la voluntad de Dios y Su actitud; debes buscar personas ilustradas que te las comuniquen, y buscar con seriedad. No veas al Dios de tu creencia como una marioneta, ni lo juzguéis a voluntad ni lleguéis a conclusiones arbitrarias sobre Él y tratadlo con el respeto que se merece. Mientras Dios te trae la salvación y determina tu desenlace, puede concederte misericordia o tolerancia, juicio y castigo, pero, en cualquier caso, Su actitud hacia ti no es fija. Depende de tu propia actitud hacia Él, así como del entendimiento que tengas de Él. No permitas que un aspecto pasajero de tu conocimiento o de tu entendimiento de Dios lo defina para siempre. No creas en un Dios muerto, sino en el Único vivo. ¡Recuerda esto! Aunque he expuesto algunas verdades aquí —verdades que debíais oír— a la luz de vuestro estado y estatura presentes, de momento no os haré exigencias mayores para no debilitar vuestro entusiasmo. Hacerlo podría llenar vuestro corazón de demasiada desolación y haceros sentir excesivamente decepcionados de Dios. En lugar de ello, espero que podáis usar el amor hacia Dios que tenéis en vuestro corazón y emplear una actitud respetuosa hacia Él cuando caminéis por la senda que tenéis por delante. No improviséis respecto a cómo creer en Dios. Tratadlo como uno de los asuntos más importantes que existen. Ponedlo en vuestro corazón, practicadlo y relacionadlo con la vida real; no lo hagáis solo de labios para afuera, porque es una cuestión de vida o muerte y determinará tu destino. ¡No lo tratéis como una broma o como un juego de niños! Después de compartir estas palabras con vosotros hoy, me pregunto cuánto entendimiento ha cosechado vuestra mente. ¿Deseáis hacer alguna pregunta sobre lo que he dicho aquí hoy?

Aunque estos temas son un tanto nuevos y están algo alejados de vuestras opiniones, de vuestras búsquedas habituales y de aquello a lo que soléis prestar atención, creo que, una vez se os hayan comunicado durante un período de tiempo, desarrollaréis un entendimiento común de todo lo que he dicho aquí. Estos son temas muy nuevos que nunca antes habéis considerado, así que espero que no hagan vuestra carga mayor de ninguna manera. No pronuncio hoy estas palabras para asustaros ni las uso como un medio de negociar con vosotros; más bien, Mi objetivo es ayudaros a entender hechos reales sobre la verdad. Debido a que existe un abismo entre la humanidad y Dios, aunque las personas creen en Él, nunca han entendido a Dios ni han conocido Su actitud. Los seres humanos nunca han sido muy entusiastas en su preocupación por dicha actitud. Más bien, han creído y procedido ciegamente, y han sido descuidados en su conocimiento y entendimiento de Dios. Así pues, me siento obligado a aclararos estos asuntos y a ayudaros a entender exactamente qué clase de Dios es este Dios en el que creéis, además de qué está pensando; cuál es Su actitud al tratar con los diferentes tipos de personas; lo lejos que estáis de cumplir Sus requisitos y cuán grande es la disparidad entre vuestras acciones y el estándar que Él exige. El objetivo de informaros acerca de estas cosas es daros un criterio con el cual evaluaros a vosotros mismos y que sepáis a qué tipo de cosecha os ha llevado el camino en el que estáis, lo que no habéis obtenido a lo largo de este camino, y en qué ámbitos sencillamente no os habéis involucrado. Cuando os comunicáis entre vosotros, soléis hablar sobre unos cuantos temas que se tratan con frecuencia, cuyo alcance es estrecho y cuyo contenido es muy superficial. Existe una distancia, una brecha, entre lo que debatís y las intenciones de Dios, y entre vuestros debates y el alcance y estándar de Sus exigencias. Proceder así a lo largo del tiempo hará que os desviéis cada vez más del camino de Dios. Sólo estáis tomando las declaraciones actuales de Dios y convirtiéndolas en objeto de adoración, y las veis como rituales y reglas. ¡Es lo único que hacéis! En realidad, Dios sencillamente no tiene lugar en vuestro corazón, y nunca lo ha ganado realmente. Algunas personas creen que conocer a Dios es muy difícil, y que esta es la verdad. ¡Es difícil! Si se insta a las personas a cumplir con su deber y a hacer las cosas externamente, y a trabajar duro, entonces pensarán que creer en Dios es muy fácil, porque todas estas cosas están al alcance de las capacidades humanas. Sin embargo, en el momento en el que el tema cambia hacia las intenciones de Dios y Su actitud hacia la humanidad, desde el punto de vista de todos, las cosas se ponen realmente mucho más complicadas. Esto se debe a que esto involucra el entendimiento de la verdad por parte de las personas y su entrada en la realidad, así que ¡por supuesto que habrá cierta dificultad! No obstante, en cuanto cruces la primera puerta y empieces a lograr la entrada, las cosas serán cada vez más fáciles.

El punto de partida para temer a Dios es tratarle como tal

Hace un rato alguien formuló una pregunta: aunque nosotros sabemos más de Dios que Job, ¿cómo es que seguimos sin poder venerarle? Hablamos un poco sobre este asunto con anterioridad, ¿verdad? De hecho, también hemos discutido la esencia de esta pregunta; el hecho de que aunque Job no conocía a Dios entonces, igualmente lo trató como tal, y lo consideró el Señor de los cielos y la tierra y todas las cosas. Job no consideraba a Dios un enemigo, sino que lo adoraba como Creador de todas las cosas. ¿Por qué se resisten tanto a Dios las personas en la actualidad? ¿Por qué son incapaces de venerarle? Una de las razones es que Satanás las ha corrompido profundamente y, con su naturaleza satánica profundamente arraigada, las personas se han convertido en enemigas de Dios. Así pues, aunque crean en Él y lo reconozcan, siguen siendo capaces de resistirse y de oponerse a Él. La naturaleza humana determina esta circunstancia. La otra razón es que, a pesar de que creen en Dios, las personas sencillamente no lo tratan como tal, sino que consideran que Él se opone a la humanidad, lo ven como enemigo y sienten que no pueden reconciliarse con Él. Es así de simple. ¿No fue este el asunto que se abordó en nuestra sesión anterior? Pensad en ello: ¿no es esta la razón? Puede que poseas un cierto conocimiento de Dios, pero ¿qué conlleva exactamente este conocimiento? ¿Acaso no es esto de lo que está hablando todo el mundo? ¿No es lo que Dios te dijo? Tú solo estás familiarizado con los aspectos teóricos y doctrinales, pero ¿alguna vez has apreciado el verdadero rostro de Dios? ¿Tienes un conocimiento subjetivo? ¿Tienes conocimiento y experiencia prácticos? Si Dios no te lo hubiera dicho, ¿lo habrías sabido? Tu conocimiento teórico no representa el verdadero conocimiento. En pocas palabras, no importa lo mucho que sepas o cómo llegaste a saberlo, hasta que alcances un entendimiento real de Dios, Él será tu enemigo, y mientras no empieces a tratarlo de verdad como Dios, Él se opondrá a ti, porque eres una encarnación de Satanás.

Cuando estás con Cristo, quizás puedas servirle tres comidas al día o hacerle un té y atender Sus necesidades vitales; dará la impresión de que has tratado a Cristo como Dios. Cuando ocurre algo, los puntos de vista de las personas siempre son contrarios a los de Dios y estas son siempre incapaces de entender y aceptar el punto de vista de Dios. Aunque pueden llevarse bien con Él en lo superficial, esto no significa que sean compatibles con Él. En cuanto ocurre algo, emerge la verdad de la desobediencia de la humanidad, y así se confirma la hostilidad existente entre los humanos y Dios. Esta hostilidad no consiste en que Dios se oponga a los seres humanos o que quiera ser hostil hacia ellos; tampoco es que los ponga en oposición a Él y luego los trate en consecuencia. Más bien, es un caso en el que esta esencia contraria a Dios acecha en la voluntad subjetiva de los seres humanos y en su mente subconsciente. Ya que las personas consideran todo lo que viene de Dios como objetos a ser investigados por ellos, su respuesta a lo que procede de Él y hacia todo lo que Él implica consiste, sobre todo, en suponer, dudar y adoptar enseguida una actitud que entra en conflicto con Dios y se opone a Él. Poco después, trasladan un estado de ánimo negativo a los conflictos o luchas con Dios, y llegan al punto incluso de dudar si merece la pena seguir a un Dios así. A pesar de que su racionalidad les diga que no deberían proceder de esa manera, aun así escogerán hacerlo sin poder evitarlo, tanto, que continuarán hasta el final sin titubear. Por ejemplo, ¿cuál es la primera reacción que tienen algunas personas cuando oyen algún rumor o comentario difamatorio sobre Dios? Su primera reacción es preguntarse si esos rumores son ciertos o no y si existen o no, para luego adoptar una actitud de “esperar y ver”. Después empiezan a pensar: “No hay forma de verificar esto. ¿En verdad sucedió? ¿Es este rumor cierto o no?”. Aunque estas personas no lo están demostrando en apariencia, en su corazón ya han empezado a dudar y a negar a Dios. ¿Cuál es la esencia de esta clase de actitud y de este tipo de punto de vista? ¿Acaso no es la traición? Hasta que no se enfrentan con el asunto no puedes ver cuáles son las opiniones de estas personas; no parecen estar en conflicto con Dios y parece que no lo consideran un enemigo. Sin embargo, tan pronto como se enfrentan a un problema, se ponen de inmediato de parte de Satanás y se oponen a Dios. ¿Qué indica esto? ¡Señala que los humanos y Dios están en oposición! No es que Él considere a la humanidad Su enemiga, sino que la propia esencia de esta es hostil hacia Dios. Independientemente de cuánto tiempo haya seguido alguien a Dios o del precio que haya pagado, de cómo le alabe, de cómo evite resistirse a Él, de cuán afanosamente se inste a sí mismo a amarle, esa persona nunca logra tratar a Dios como tal. ¿No está esto determinado por la esencia de las personas? Si le tratas como Dios y crees sinceramente que lo es, ¿puedes seguir teniendo dudas sobre Él? ¿Puede tu corazón seguir albergando interrogantes relativos a Él? Ya no, ¿verdad? Las tendencias de este mundo son sumamente malvadas y esta raza humana también lo es. Entonces, ¿cómo podrías no tener ninguna noción sobre ellas? ¡Tú mismo eres sumamente malvado! Entonces, ¿cómo es que no tienes una noción al respecto? Sin embargo, unos cuantos rumores, un poco de difamación, pueden producir nociones enormes sobre Dios y llevar a que imagines muchas cosas, ¡lo que demuestra cuán inmadura es tu estatura! El simple “zumbido” de unos cuantos mosquitos y unas cuantas moscas repulsivas, ¿es suficiente para engañarte? ¿Qué clase de persona es esa? ¿Sabes lo que Dios piensa sobre tales personas? La actitud de Dios es, de hecho, muy clara respecto a Su forma de tratarlas: sencillamente les da la espalda. Su actitud consiste en no prestarles atención y en no tomar en serio a estas personas ignorantes. ¿Por qué? Porque en Su corazón Él nunca planeó ganar a estos que han prometido ser hostiles hacia Él hasta el final y que nunca han planeado buscar el camino de ser compatibles con Él. Estas palabras que he pronunciado tal vez hieran a algunos. Bien. ¿Estáis dispuestos a permitirme heriros siempre así? Independientemente de que lo estéis o no, ¡todo lo que digo es la verdad! Si siempre os hiero así y expongo vuestras cicatrices, ¿afectará eso la imagen elevada de Dios que albergáis en vuestro corazón? (No lo hará). Estoy de acuerdo en que no lo hará, porque simplemente no hay un Dios en vuestro corazón. El Dios elevado que habita en vuestro corazón —al que defendéis y protegéis fervientemente— simplemente no es Dios. Es, más bien, un producto de la imaginación humana; simplemente no existe. Por tanto, es mucho mejor que exponga la respuesta a este acertijo. ¿No pone esto toda la verdad al descubierto? El Dios real no es el que los seres humanos imaginan. Espero que todos podáis enfrentar esta realidad; os ayudará en vuestro conocimiento de Dios.

Esas personas a las que Dios no reconoce

Hay algunas personas cuya fe nunca ha sido reconocida en el corazón de Dios. En otras palabras, Él no las reconoce como seguidores suyos porque no elogia sus creencias. En el caso de estas personas, independientemente de cuántos años hayan seguido a Dios, sus ideas y puntos de vista nunca han cambiado. Son como los incrédulos, que se apegan a los principios, las maneras de hacer las cosas, las leyes de supervivencia y la fe de los incrédulos. Nunca han aceptado la palabra de Dios como su vida ni han creído que Su palabra sea la verdad ni han tenido la intención de aceptar Su salvación y nunca lo han reconocido como su Dios. Consideran que creer en Dios es una especie de pasatiempo de aficionado y tratan a Dios como un mero sustento espiritual, por lo que no piensan que merezca la pena probar y entender Su carácter o Su esencia. Se podría decir que nada de lo que corresponde al Dios verdadero tiene que ver con estas personas; no están interesadas ni se molestan en prestar atención. Esto se debe a que, en lo profundo de su corazón, una voz intensa les dice siempre: “Dios es invisible e intocable, y no existe”. Creen que intentar entender a esta clase de Dios no merece sus esfuerzos, y que, si lo hacen, se engañarían a sí mismos. Creen que al reconocer a Dios solamente de palabra, sin adoptar ninguna postura real y sin emprender una acción real, están siendo muy listos. ¿Cómo ve Dios a estas personas? Las ve como incrédulas. Algunos preguntan: “¿Pueden leer los incrédulos la palabra de Dios? ¿Pueden cumplir con sus deberes? ¿Pueden pronunciar las palabras ‘Viviré para Dios’?”. Lo que los seres humanos ven con frecuencia son lo que demuestran las personas en un nivel superficial; no ven su esencia. Sin embargo, Dios no mira estas demostraciones superficiales; Él sólo ve su esencia interior. Así pues, esta es la clase de actitud y definición que Dios tiene hacia estas personas, las cuales dicen: “¿Por qué hace Dios esto? ¿Por qué hace Dios aquello? No puedo entender esto. No puedo entender aquello. Esto no se ajusta a las nociones humanas. Debes explicarme…”. Como respuesta, pregunto: ¿de verdad es necesario explicarte estos asuntos? ¿Realmente tienen algo que ver contigo? ¿Quién te crees que eres? ¿De dónde viniste? ¿De verdad estás calificado para darle indicaciones a Dios? ¿Crees en Él? ¿Reconoce Él tu fe? Ya que tu fe no tiene nada que ver con Dios, ¿te incumben Sus acciones? Si no sabes qué lugar ocupas en el corazón de Dios, ¿cómo vas a ser apto para dialogar con Él?

Palabras de amonestación

¿No os sentís incómodos después de oír estas observaciones? Aunque podáis no estar dispuestos a escuchar estas palabras ni a aceptarlas, son realidades. Como en esta etapa de la obra es Dios quien actúa, si no te interesan Sus intenciones, no te importa Su actitud y no entiendes Su esencia y Su carácter, al final serás tú quien pierda. No culpéis a Mis palabras porque sean difíciles de escuchar, y no las culpéis por atenuar vuestro entusiasmo. Digo la verdad; no es mi intención desanimaros. Independientemente de lo que os pida, y de la forma que se os pida que lo hagáis, espero que andéis por la senda correcta, que sigáis el camino de Dios y que nunca os desviéis de la senda correcta. Si no procedes de acuerdo con la palabra de Dios o no sigues Su camino, sin lugar a duda te estarás rebelando contra Él y te habrás apartado de la senda correcta. Así pues, siento que existen algunos asuntos que debo aclararos y que debo haceros creer de forma inequívoca, clara y sin una pizca de incertidumbre, y ayudaros a tener un claro entendimiento de la actitud de Dios, de Sus intenciones, de cómo perfecciona a los seres humanos, y de qué forma determina su desenlace. Si llegase el día en el que fueses incapaz de embarcarte en esta senda, Yo no tengo responsabilidad alguna, porque ya te habré transmitido estas palabras con suma claridad. En cuanto a cómo lidiar con tu propio desenlace, eso es algo que depende por completo de ti. En relación con el desenlace de los distintos tipos de personas, Dios tiene diferentes actitudes; tiene Sus propias maneras de sopesarlas, además de Su propio estándar de requisitos para ellas. Su estándar a la hora de sopesar el desenlace de las personas es justo para todos. ¡De esto no hay la menor duda! Por tanto, los temores de algunos son innecesarios. ¿Os sentís aliviados ahora? Esto es todo por hoy. ¡Adiós!

17 de octubre de 2013

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