68. Cómo resolví mi problema con las mentiras
En diciembre de 2023, estaba a cargo del trabajo de riego de varias iglesias. En ese tiempo, era muy proactivo en mi deber y conocía a grandes rasgos la situación de los nuevos fieles. Para marzo de 2024, el número de nuevos en la iglesia de Jianglin había aumentado gradualmente, y el supervisor me puso a cargo del trabajo de riego de esa iglesia. Como esa iglesia quedaba un poco lejos de las otras de las que me encargaba, y el ambiente no era bueno por los frecuentes arrestos de la policía, el supervisor me recordó que si no podía reunirme con los nuevos a tiempo, debía escribirles más a los regadores para saber cómo estaban esos fieles. En ese momento, acepté sin dudarlo.
Un tiempo después, el supervisor me escribió para preguntarme cosas como el estado y las dificultades recientes de los nuevos, y para qué deberes eran adecuados. Al ver esas preguntas, pensé: “Acabo de hacerme cargo del trabajo de riego en la iglesia de Jianglin y solo conozco la situación de los nuevos por encima, sin muchos detalles. Le prometí al supervisor que iba a centrarme en dar seguimiento a la situación de los nuevos, pero hasta ahora, no lo he hecho como se debe. Si le respondo con la verdad, ¿qué va a pensar de mí? ¿Pensará que actúo de manera superficial y no hago trabajo real? ¿Pensará que, a pesar de llevar un tiempo en el trabajo de riego, todavía no conozco bien estas tareas y que mi capacidad de trabajo es deficiente? ¿Y por eso me va a menospreciar?”. Al pensar en esto, no quise responderle. Pero tampoco podía simplemente no contestar. Me encontraba en un verdadero dilema. Estaba perdido si hablaba, y también si no lo hacía. En ese momento, se me ocurrió una idea: “Si les escribo ahora a los regadores de la iglesia de Jianglin y aclaro las cosas antes de responderle al supervisor, entonces él no pensará que tengo poca capacidad de trabajo ni que estoy actuando de manera superficial y no hago trabajo real”. Así que, rápidamente, me puse a escribirles una carta a los regadores de la iglesia de Jianglin. Después de terminar, todavía me sentía intranquilo. Pensé: “Si los regadores tardan en responder y yo no le respondo al supervisor a tiempo por estar esperando, ¿se llevará una mala impresión de mí? En ese caso, podría dejar en evidencia que no he hecho un seguimiento adecuado del trabajo. De esta manera, no solo no lograría resguardar mi orgullo y mi estatus, sino que también me pondría en un dilema, y si el supervisor me pregunta la razón, no tendría una buena explicación. Tengo que responderle primero al supervisor. Pero ¿qué puedo decir para que él piense que tengo buenas razones para mi demora? El supervisor hizo muchas preguntas, así que si digo que he dado seguimiento a todo, no sería realista. Mejor le diré que se me pasó un asunto, que ya estoy escribiendo para ponerme al día y que le daré toda la información junta en cuanto reciba la respuesta. Así, el supervisor no tendrá nada que decirme. Después de todo, uno no piensa en todo con tanto detalle; es normal que se te pasen una o dos cosas”. Así que le respondí de esa manera al supervisor. Un par de días después, los regadores de la iglesia de Jianglin respondieron con los detalles de la situación de los nuevos, y yo le informé de todo al supervisor punto por punto. Él no dijo nada, y yo me sentí aliviado. Pensé: “Menos mal que no le conté la verdad de la situación; de lo contrario, el supervisor de seguro cuestionaría mi capacidad de trabajo, o pensaría que actúo de manera superficial y no hago trabajo real. Si eso pasara, no podría mantener mi buena imagen ante él”.
Un día, durante una reunión, leí en las últimas palabras de Dios que aquellos que pertenecen a la categoría de los diablos son mentirosos habituales. Me acordé de cómo había respondido a la carta del supervisor. Era evidente que yo no había dado seguimiento a la situación de los nuevos, pero sostuve que solo se me había pasado un asunto. ¡Estaba mintiendo y engañando! Quise sincerarme y hablar de mi estado falso, pero luego lo pensé mejor: “Me costó tanto trabajo mentir antes... ¿No fue precisamente para mantener mi buena imagen ante el supervisor? Si me sincero ahora, ¿no habrán sido en vano todos mis ‘esfuerzos’ anteriores? No solo perdería mi imagen y estatus, sino que el supervisor también pensaría que soy muy taimado y falso. Olvídalo. Si no digo nada, nadie se enterará”. Así que no me sinceré. Pero después de la reunión, recordé que Dios dice que los que mienten habitualmente valoran mucho sus propios intereses, y que en cuanto su orgullo y estatus se ven involucrados, hacen lo que sea para mentir y engañar. Yo mentí para resguardar mi orgullo y mi estatus. ¿No era ese el mismo comportamiento de un diablo? Me sentí muy intranquilo y asustado, así que me sinceré con el supervisor sobre este asunto.
Después, busqué las palabras de Dios relativas a mi estado para entrar en ellas. Leí Sus palabras: “Las intenciones de las personas falsas son mucho más complicadas que las de las honestas. Sus consideraciones son demasiado poliédricas, deben tener en cuenta su fama, provecho y estatus, así como su reputación, y su prestigio, y deben proteger sus intereses, todo ello sin dejar que los demás detecten ningún fallo ni se descubra su juego, por lo que deben devanarse los sesos para inventar mentiras. Además, las personas falsas tienen deseos grandes y excesivos, y muchas exigencias. Tienen que idear formas de alcanzar sus objetivos, por lo que deben seguir mintiendo y engañando, y a medida que dicen más mentiras, necesitan encubrir otras tantas. Por eso la vida de una persona falsa es mucho más agotadora y dolorosa que la de una persona honesta. Algunas personas son relativamente honestas. Si pueden perseguir la verdad, reflexionar sobre sí mismas independientemente de las mentiras que hayan dicho, reconocer las artimañas en las que han participado, cualesquiera que hayan sido, verlas a la luz de las palabras de Dios para diseccionarlas y entenderlas, y proceder a cambiarlas, entonces podrán deshacerse de gran parte de sus mentiras y artimañas en no más de unos pocos años. Entonces se habrán convertido en personas que en esencia son honestas. Vivir así no solo las libera de mucho dolor y agotamiento, sino que también les trae paz y felicidad. En muchos asuntos, quedarán libres de las limitaciones de la fama, el provecho y el estatus, y de la vanidad y el orgullo, y vivirán de forma natural una vida libre y liberada. Sin embargo, las personas falsas siempre tienen motivos ocultos detrás de sus palabras y acciones. Inventan todo tipo de mentiras para desorientar y embaucar a los demás, y en cuanto se las pone al descubierto, piensan en formas de encubrir sus mentiras. Atormentadas de una u otra manera, ellas también sienten que sus vidas son agotadoras. Ya es bastante agotador para ellas decir tantas mentiras en cada situación que se les presenta, y tener que encubrir luego esas mentiras resulta todavía más agotador. Todo lo que dicen está destinado a lograr un objetivo, por lo que gastan mucha energía mental en cada palabra que pronuncian. Y cuando acaban de hablar, temen que las hayas descubierto, así que también tienen que devanarse los sesos para ocultar sus mentiras, te explican obstinadamente las cosas, intentan convencerte de que no te mienten ni te engañan, de que son buenas personas. Las personas falsas son propensas a hacer estas cosas” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La práctica más fundamental de ser una persona honesta). De las palabras de Dios, entendí que la gente falsa considera los problemas de una manera muy complicada. Intentan proteger su orgullo y estatus, pero no quieren que los demás vean ninguno de sus defectos. Si algo amenaza su orgullo y estatus, se devanan los sesos para mentir y encubrir sus mentiras. Cuando el supervisor me escribió para saber la situación de los nuevos, yo solo tenía que responderle a qué aspectos había dado seguimiento y a cuáles no. En lo que no había hecho bien, podría haberlo corregido de inmediato después y habría estado bien. Era algo muy sencillo. Pero yo lo compliqué demasiado. Me preocupaba que, si respondía con la verdad, quedarían al descubierto mis fallas en el deber, y que el supervisor podría dudar de mi capacidad de trabajo y menospreciarme. Así que pensé en tener clara la situación de los nuevos antes de responder. De esa manera, podría ocultar el hecho de que mi trabajo de seguimiento había sido deficiente. Pero también me preocupaba que, si esperaba a entender bien la situación antes de responder, el supervisor pensara que estaba demorando la respuesta y, en ese caso, mis problemas podrían quedar al descubierto, y mi imagen de persona diligente y responsable se vería afectada. Por eso le mentí al supervisor, diciéndole que solo había un asunto al que no había dado seguimiento. Al mismo tiempo, les escribí rápidamente a los regadores para obtener información sobre los nuevos, y luego le pasé la información que había recopilado al supervisor, montando una fachada para que él pensara que yo sí estaba haciendo trabajo real. Realmente me esforcé mucho para proteger mi orgullo y estatus, recurriendo a trucos e intrigas. ¡Era totalmente falso! Dios escruta lo más profundo del corazón humano. Él sabía todo lo que yo hacía. Podía engañar a la gente, pero no a Dios, porque Él lo ve todo. Si no me arrepentía y cambiaba en ese momento, sin duda Dios me descartaría. Tenía que perseguir la verdad con urgencia y cambiar mi carácter falso.
Más tarde, vi un video de testimonio vivencial titulado “He experimentado la alegría de ser honesta”. Un pasaje de las palabras de Dios que citaban allí me ayudó a entender un poco la senda que estaba recorriendo. Dios Todopoderoso dice: “Ya seáis líderes u obreros, ¿tenéis miedo de que la casa de Dios haga indagaciones y supervise vuestro trabajo? ¿Teméis que la casa de Dios descubra defectos y desviaciones en vuestro trabajo y os pode? ¿Teméis que después de que lo Alto conozca vuestro verdadero calibre y estatura, os vean de manera diferente y no os consideren para un ascenso? Si tienes estos temores, eso demuestra que tus motivaciones no son en aras de la obra de la iglesia, sino que estás trabajando en aras de la reputación y el estatus, lo que evidencia que tienes el carácter de un anticristo. Si tienes el carácter de un anticristo, eres susceptible de recorrer la senda de los anticristos y cometer todo el mal que estos causan. Si en tu corazón no temes que la casa de Dios supervise tu trabajo y eres capaz de brindar respuestas reales a las preguntas e indagaciones de lo Alto, sin esconder nada, además de decir todo lo que sabes, entonces, independientemente de si lo que dices es correcto o incorrecto, sin importar la corrupción que reveles, aunque reveles el carácter de un anticristo, de ninguna manera se te calificará como tal. La clave es si eres capaz de conocer tu propio carácter de anticristo y de buscar la verdad a fin de resolver este problema. Si eres una persona que acepta la verdad, tu carácter de anticristo puede corregirse. Si sabes perfectamente bien que tienes el carácter de un anticristo y, sin embargo, no buscas la verdad para resolverlo, si incluso intentas ocultar o mentir acerca de los problemas que ocurren y eludes la responsabilidad y si no aceptas la verdad cuando se te somete a la poda, entonces este es un problema grave, y no eres distinto a un anticristo. Sabiendo que tienes el carácter de un anticristo, ¿por qué no te atreves a enfrentarlo? ¿Por qué no puedes abordarlo con franqueza y decir: ‘Si lo Alto pregunta sobre mi trabajo, diré todo lo que sé, e incluso si las cosas malas que he hecho salen a la luz y lo Alto deja de utilizarme tras enterarse y yo pierdo mi estatus, de todos modos diré claramente lo que tengo que decir’? Tu temor a la supervisión y las indagaciones sobre tu trabajo por parte de la casa de Dios demuestra que valoras tu estatus más que la verdad. ¿Acaso no es este el carácter de un anticristo? Apreciar el estatus por encima de todo es el carácter de un anticristo” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 8: Quieren que los demás se sometan solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (II)). Por las palabras de Dios, comprendí que no atreverse a informar de los asuntos con sinceridad cuando los líderes y obreros preguntan por el trabajo y lo supervisan, e incluso encubrir la verdad por el bien de la reputación y el estatus, significa que uno tiene el carácter de los anticristos y que recorre la senda de los anticristos. Al comparar esto con mi propio estado, cuando el supervisor me preguntó por los nuevos de los que yo estaba a cargo, había muchos asuntos que no tenía claros, pero temía que si informaba con sinceridad y el supervisor veía que no había hecho un seguimiento adecuado, pensara que estaba actuando de manera superficial, o incluso cuestionara mi capacidad de trabajo, lo que afectaría mi buena imagen ante él. Así que mentí y recurrí al engaño. ¿Acaso mi carácter perverso y falso no era igual al de un anticristo? En realidad, que el supervisor hiciera seguimiento del trabajo era, por un lado, para recordarme si se había dado seguimiento e implementado correctamente el trabajo, para que, si no, pudiera hacerlo de inmediato, evitando así retrasos en el progreso del trabajo de riego por un descuido momentáneo. Esto me servía de recordatorio y ayuda. Además, en la investigación del supervisor sobre la situación de los nuevos, si descubría desviaciones en el trabajo de riego, se podría hablar de ellas y corregirlas de inmediato. Al hacer esto, estaba protegiendo los intereses de la iglesia. Yo debería haber informado con sinceridad, diciendo todo lo que sabía, y en cuanto a lo que no había dado seguimiento adecuadamente, habría estado bien si simplemente me hubiera apurado a implementarlo y darle seguimiento. Pero en cambio, valoré tanto mi reputación y mi estatus que, ante la supervisión del supervisor, no me atreví a admitir que no había hecho bien mi trabajo. Incluso le mentí y lo engañé. Esto podría haber causado que las desviaciones no se corrigieran a tiempo, lo que habría retrasado la entrada en la vida de los nuevos. Puse la reputación y el estatus por encima de todo. En mi deber, siempre estaba tratando de proteger mi reputación y estatus, intrigando y maniobrando. ¡Cuánto me aborrecía Dios!
Un día, leí un pasaje de las palabras de Dios y comprendí con más claridad a qué tipo de personas aprueba Dios y a qué tipo de personas aborrece. Dios Todopoderoso dice: “Que Dios exija a las personas que sean honestas demuestra que realmente aborrece a los falsos y le desagradan. La aversión de Dios a las personas falsas es una aversión a su manera de hacer las cosas, a su carácter y también a sus intenciones y a sus medios de engaño; a Dios le disgustan todas estas cosas. Si las personas falsas son capaces de aceptar la verdad, admiten su carácter falso y están dispuestas a aceptar la salvación de Dios, entonces también tienen la esperanza de ser salvadas, porque Dios no tiene prejuicios respecto de nadie, y tampoco los tiene la verdad. Por eso, si queremos llegar a ser personas que sean del agrado de Dios, primero debemos cambiar de principios de conducta propia, dejar de vivir de acuerdo con las filosofías satánicas, dejar de basarnos en la mentira y el engaño para vivir la vida y desechar todas las mentiras e intentar ser honestos. De este modo cambiará la visión que Dios tiene de nosotros. Antes, la gente siempre se basaba en mentiras, fingimiento y engaño mientras vivía con los demás y tomaba las filosofías satánicas como fundamento de su existencia, como su vida y como base para su conducta propia. Esto era algo que Dios aborrecía. Entre los no creyentes, si dices la verdad e intentas ser una persona honesta, serás calumniado, juzgado y rechazado. Por tanto, sigues las tendencias mundanas, y vives conforme a las filosofías satánicas, te vuelves cada vez más hábil para mentir y más falso. También utilizas medios insidiosos para lograr tus objetivos y así protegerte. Te vuelves cada vez más próspero en el mundo de Satanás, y como resultado, te hundes cada vez más en el pecado y no puedes salir de él. En la casa de Dios, las cosas son precisamente lo contrario. Cuanto más hábil seas mintiendo y engañando, más aversión sentirá por ti el pueblo escogido de Dios y te rechazará. Si te niegas a arrepentirte y sigues aferrándote a las filosofías y a la lógica satánicas, y si además te vales de tramas y ardides y de tácticas sofisticadas para disimular y levantar fachadas, entonces es muy probable que seas revelado y descartado. Esto es porque Dios aborrece a la gente falsa. Solo la gente honesta puede prosperar en la casa de Dios, y toda la gente falsa acabará siendo rechazada y descartada. Esto fue preordinado por Dios hace mucho. Solo la gente honesta puede formar parte del reino de los cielos. Si no tratas de ser una persona honesta, y si no experimentas y practicas en la dirección de perseguir la verdad, si no expones tu propia fealdad, y si no te expones, entonces nunca podrás recibir la obra del Espíritu Santo y la aprobación de Dios” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La práctica más fundamental de ser una persona honesta). A Dios le gustan las personas honestas y detesta a las falsas, porque la gente falsa siempre miente y engaña sin importar la situación que enfrente, y toma las filosofías satánicas como la base de su supervivencia, sin practicar la verdad en absoluto. Al reflexionar sobre la raíz de mi falsedad, vi que vivía según dichos como: “Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda”, “El orgullo es tan necesario para la gente como respirar” y “El hombre deja su reputación allá por donde va, de la misma manera que un ganso grazna allá por donde vuela”. Vivía según estos venenos satánicos, dándole mucha importancia a mi orgullo, estatus e intereses personales. Sin importar lo que me pasara, una vez que mi orgullo y estatus estaban en juego, me devanaba los sesos y hacía lo que fuera para ocultar la verdad. Después de hacerlo, incluso pensaba que así es como actúa la gente inteligente, que solo los tontos y estúpidos dicen la verdad. Recuerdo que cuando estaba en la escuela, una vez, me confundí con la tarea y dejé una parte sin terminar. Me preocupaba arruinar mi imagen de buen estudiante ante el maestro, así que le mentí, diciéndole que había dejado la tarea en casa, y luego me fui a casa a la hora del almuerzo para terminarla apuradamente y se la entregué esa misma tarde. Para salvar las apariencias y proteger mi estatus, mentía y hacía trampas cada vez más, y se volvió cada vez más natural para mí. Incluso después de encontrar a Dios, seguía viviendo según pensamientos y puntos de vista satánicos. Para mantener mi imagen ante el supervisor y ocultar mis problemas y defectos, recurría a trucos y engaños para ocultar la verdad. Incluso cuando después me daba cuenta de que debía ser una persona honesta y hablar abiertamente, me preocupaba que, si me sinceraba, todos mis esfuerzos anteriores habrían sido en vano, y que el supervisor pensara que era totalmente taimado y falso. Así que no quería hablar con sinceridad. A Dios le gustan las personas honestas, porque tienen el valor de asumir la responsabilidad cuando enfrentan problemas, y tienen el valor de enfrentar sus defectos cuando quedan en evidencia, y después, pueden buscar la verdad y resolver estas cosas. Cuando estas personas hacen sus deberes, su comprensión de los principios mejora cada vez más, y sus resultados también. Pero yo no mostraba ninguno de estos comportamientos. Siempre intentaba disfrazar y ocultar mis fallas, e incluso intentaba engañar a mis hermanos y hermanas. ¿Qué semejanza tenía lo que yo vivía con una persona honesta? Era una imagen torcida y falsa de Satanás. Si seguía sin arrepentirme, sin duda Dios me desdeñaría y perdería mi oportunidad de salvación.
Más tarde, leí dos pasajes de las palabras de Dios y encontré una senda de práctica. Dios Todopoderoso dice: “La gente piensa que, sin sus intereses, si los perdiera, no podría sobrevivir. Es como si su supervivencia fuera inseparable de ellos; por eso la mayoría de la gente está ciega a todo lo que no sean sus intereses. Los considera superiores a todo lo demás, vive para sus intereses, y conseguir que renuncie a ellos es como pedirle que renuncie a su propia vida. Entonces, ¿qué debe hacerse en tales circunstancias? Las personas deben aceptar la verdad. Solo cuando comprenden la verdad pueden comprender la esencia de sus propios intereses; solo entonces pueden empezar a rebelarse contra ellos y abandonarlos, y a ser capaces de soportar el dolor de desprenderse de aquello que tanto aman. Y cuando puedas hacer esto, y abandones tus propios intereses, te sentirás más tranquilo y en paz de corazón, y al hacerlo habrás vencido a la carne” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El conocimiento del propio carácter es la base de su transformación). “Para ser una persona honesta, primero debes exponer tu corazón de modo que todos puedan mirarlo, ver todo lo que estás pensando y contemplar tu verdadero rostro. No debes tratar de disfrazarte ni encubrirte a ti mismo. Solo entonces confiarán los demás en ti y te considerarán una persona honesta. Esta es la práctica más fundamental y un prerrequisito para ser una persona honesta. […] Si deseas ser una persona honesta, entonces, ya estés delante de Dios o de otra gente, debes ser capaz de dar una descripción pura y sincera de tu estado interno y de las palabras en tu corazón. ¿Es esto fácil de lograr? Requiere un periodo de formación, así como oración frecuente a Dios y confianza en Él. Debes formarte para decir las palabras en tu corazón de un modo sencillo y sincero en todas las cosas. Con este tipo de formación, puedes progresar” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La práctica más fundamental de ser una persona honesta). Las palabras de Dios dejaron clara la senda de práctica. Para resolver un estado falso, uno debe renunciar a los intereses personales, no considerar su orgullo ni su estatus, y sincerarse con Dios en todas las cosas. En mis deberes, debo informar cualquier problema o defecto personal de inmediato, y debo priorizar los intereses de la casa de Dios. Incluso si al decir la verdad, los hermanos y hermanas ven mis problemas y defectos en mis deberes y luego me menosprecian, debo abordarlo correctamente. Así que tomé la firme decisión de que, sin importar cómo me vieran mis hermanos y hermanas, tenía que abrirme y sincerarme con ellos, y ser una persona honesta.
Durante una reunión, una nueva fiel de la que yo era responsable, Xiao Ya, me hizo una pregunta sobre la predicación del evangelio, y en ese momento, compartí brevemente con ella. Pero luego me di cuenta de que mi plática tenía desviaciones y que no resolvía en absoluto el problema de Xiao Ya. Más tarde, el supervisor me escribió una carta para preguntarme cómo había resuelto los problemas y dificultades de Xiao Ya, y pensé: “Si escribo la verdad, el supervisor de seguro pensará que, como regador, ni siquiera puedo hablar claramente sobre un problema tan pequeño, y que no puedo hacer un trabajo real. Quizá deba mencionarlo por encima y no escribir lo que realmente pasó”. Mientras pensaba en esto, me di cuenta de que seguía siendo falso. Dios ama a las personas honestas, así que debo ser una persona honesta y decir la verdad. Al final, lo escribí con sinceridad. Y cuando lo hice, el peso que sentía en mi corazón finalmente se desvaneció, y sentí un gran alivio. Después, hablé con Xiao Ya a tiempo y corregí mis desviaciones. Más tarde, mientras interactuaba con los hermanos y hermanas en la vida y hacía mis deberes, practiqué ser una persona honesta, y aunque a veces, cuando mis intereses estaban en juego, sentía la tentación de actuar con falsedad, elegí decir la verdad a mis hermanos y hermanas bajo la guía de las palabras de Dios. Cada vez que informaba con sinceridad a los hermanos y hermanas con los que colaboraba o al supervisor, nunca me criticaban por hacerlo mal. Al contrario, me daban recordatorios y ayuda, y compartían conmigo los principios-verdad. En mi corazón, me sentía tranquilo y liberado, y no estaba tan agotado como antes. Fueron las palabras de Dios las que me ayudaron a reconocer mi carácter falso y a darme cuenta de que practicar según Sus palabras y atreverme a decir la verdad y sincerarme no es algo vergonzoso. Experimenté que cuanto más me abro, más tranquilo y liberado me siento. ¡Gracias a Dios por Su liderazgo y guía, que me han permitido lograr estos avances!