82. Reflexiones sobre la idea de “Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”

Por Cheng Zhi, China

De pequeño, a menudo veía a mi papá ayudando a otras familias con sus cosas. Sin importar quién acudiera a él con una necesidad, siempre aceptaba ayudar. A veces, incluso cuando estaba ocupado con asuntos familiares, le daba demasiada vergüenza negarse, así que era muy querido por todos. Pensé: “Echar una mano a los que tienen problemas genera admiración y aprobación. De grande quiero ser una buena persona como mi papá”. Ya de adulto, como me gustaba arreglar aparatos eléctricos, cada vez que se estropeaba una radio, un televisor o una luz en casa de algún vecino, venían a pedirme ayuda y yo no me negaba fácilmente. Pensaba que si los demás me pedían ayuda significaba que confiaban en mí y me tenían en alta estima, y que no debía decepcionarlos. Después de encontrar a Dios, empecé a realizar mi deber en la iglesia. Como sabía un poco de computadoras, podía resolver la mayoría de los problemas comunes. Dondequiera que iba, los hermanos y hermanas me pedían ayuda con sus problemas informáticos. Yo aceptaba todas las peticiones, pues sentía que, si los hermanos y hermanas acudían a mí, era porque me tenían confianza, así que tenía que hacer todo lo posible por ayudar y no decepcionarlos. Más tarde, me asignaron a hacer mis deberes en otro lugar. En ocasiones, cuando volvía a casa, mi esposa me decía que varios hermanos y hermanas querían que los ayudara a reparar sus computadoras, diciendo que como mis habilidades eran buenas, habían estado esperando a que yo volviera para que se las arreglara. Al oír esto, sentí aún más que los hermanos y hermanas confiaban en mí, e incluso si estaba ocupado con mis deberes, priorizaba ayudarlos con sus problemas informáticos.

En marzo de 2024, volví a mi ciudad natal para regar a los recién llegados. Pero como acababa de empezar a formarme, no sabía cómo resolver algunos de los problemas y dificultades que ellos enfrentaban, y necesitaba equiparme más con las verdades sobre las visiones. Los hermanos y hermanas sabían que había vuelto, así que cuando sus computadoras tenían problemas, todos seguían acudiendo a mí para que se los resolviera. Un día, mientras buscaba entender los problemas de los recién llegados y me equipaba con verdades, preparándome para compartir con ellos en la próxima reunión, un hermano se me acercó diciendo que su computadora tenía un problema y que necesitaba que lo ayudara a arreglarla. Me sentí un poco en un aprieto y pensé: “Los problemas de los recién llegados necesitan una solución urgente, y todavía tengo que equiparme con verdades sobre las visiones. El tiempo apremia, pero si me niego directamente, ¿no decepcionaré al hermano? ¿Pensará mal de mí y dirá que no tengo amor?”. Así que dejé de lado mis deberes y fui con el hermano a solucionar el problema de su computadora; no terminé de arreglarla hasta las once o doce de la noche. Al mediodía del día siguiente, volvió apurado, diciendo que su computadora volvía a tener problemas y me pidió que la revisara una vez más. En un principio yo quería decirle que no tenía tiempo y que buscara a otra persona para arreglarla, pero las palabras se me quedaron atoradas en la garganta. Pensé: “Él confía en mí para que le arregle la computadora. ¿Cómo puedo dejar que se vaya decepcionado?”. Así que, una vez más, dejé de lado mis deberes para reparar la computadora. Después de una revisión y reparación exhaustivas, la computadora pudo usarse con normalidad. El hermano dijo con alegría: “Contigo aquí, mi corazón está tranquilo”. Oír esto me hizo sentir muy complacido, y sentí que los hermanos y hermanas me tenían en alta estima y que yo era una persona de confianza en sus corazones. Pero, por haber ayudado al hermano a reparar la computadora, no me había equipado con las verdades sobre las visiones como debía, los problemas de los recién llegados no se resolvieron a tiempo y me sentí un poco culpable. Pensé: “Aunque satisfice las necesidades del hermano, retrasé mis propios deberes. ¿Lo que hice estaba de acuerdo con las intenciones de Dios?”. En otra ocasión, una hermana vino a mi casa temprano por la mañana, diciendo que su computadora no se conectaba bien a internet y me pidió que la revisara. También dijo que, ahora que yo había vuelto, era mucho más conveniente pedirme a mí que arreglara su computadora. Me sentí un poco en un aprieto y pensé: “Los líderes han estado revisando el trabajo últimamente, y han descubierto que varios de los recién llegados que tengo la responsabilidad de regar tienen algunas nociones y problemas sin resolver. Me han insistido en que me equipe rápidamente con las verdades sobre las visiones, y los problemas de los recién llegados necesitan una solución urgente; ¿de dónde voy a sacar tiempo para arreglar la computadora de la hermana? Además, la computadora de la hermana no es algo que se necesite con urgencia, y este problema se puede pasar a los hermanos y hermanas que se especializan en reparación de computadoras”. Quise rechazar a la hermana, pero no fui capaz de decirlo. Pensé: “La hermana vino a buscarme feliz. Si me niego, ¿no la decepcionaré mucho? ¿Qué pensará de mí entonces?”. Así que fui a ayudarla a arreglar la computadora, y no terminé la reparación hasta pasadas las diez de la noche. Por haber estado ayudando a la hermana con su computadora, no tuve tiempo de reflexionar sobre los problemas de los recién llegados, así que la reunión no obtuvo muy buenos resultados. Y así, cada vez que los hermanos y hermanas venían a pedirme ayuda, siempre dejaba de lado mi trabajo principal para reparar sus computadoras. Aunque sabía que esto retrasaba gravemente mis propios deberes, cada vez que acudían a mí, siempre me daba demasiada vergüenza negarme.

Me abrí y compartí mi estado con mi esposa, y ella me hizo ver un video de testimonio vivencial. En él, leí un pasaje de las palabras de Dios: “La familia o la sociedad inculcan a toda persona eso de ‘Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado’ como una de las formas de conducta moral que debe tener la gente en su manera de comportarse. Si la posees, la gente dice que eres noble y honorable, que tienes integridad y que eres respetado y gozas de gran prestigio en la sociedad. Dado que la frase ‘Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado’ proviene de las personas y de Satanás, se convierte en objeto de disección y discernimiento para nosotros y, más aún, en objeto de nuestro rechazo. ¿Por qué discernimos esta frase y renunciamos a ella? Examinemos primero si esta frase es correcta y si la persona que la obedece tiene razón. ¿Es verdaderamente noble una persona cuya calidad humana moral incluya ‘esmerarse en manejar con lealtad aquello que le hayan confiado’? ¿Posee dicha persona la realidad-verdad? ¿Tiene la humanidad que deberían tener los seres creados y los principios de conducta propia a los que estos deberían atenerse de los que habla Dios? ¿Entendéis todos la frase ‘Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado’? Explicad primero con vuestras propias palabras lo que significa esta frase. (Significa que, cuando alguien te confíe una tarea, no debes escatimar esfuerzos para llevarla a cabo). ¿Debería ser así? El significado de la frase ‘esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado’ es que, si alguien te confía una tarea, esto significa que te tiene en alta consideración, cree en ti y le pareces digno de confianza, así que, te pida lo que te pida esa persona, debes acceder y hacerlo bien y apropiadamente conforme a sus requisitos, así como hacerla feliz y satisfacerla; entonces, eres una buena persona. De esto se infiere que el hecho de que la persona que te confió la tarea esté satisfecha es el estándar para determinar si eres buena persona. ¿Puede explicarse así? (Sí). Entonces, ¿acaso no es fácil ser considerado buena persona a ojos de los demás y ser reconocido por la sociedad? (Sí). ¿Qué significa eso de que es ‘fácil’? Que el criterio es mínimo y no tiene nada de noble(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (14)). Al reflexionar sobre las palabras de Dios, pensé en cómo mi papá me había influenciado desde pequeño. Vi que, cuando la gente del pueblo acudía a mi papá en busca de ayuda, él prefería dejar de lado sus propios asuntos familiares para encargarse bien de los de los demás, y al final se ganó la confianza de quienes lo rodeaban. Así que pensé que, para ser una persona buena y de confianza, había que comportarse según la idea de “Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”. Como me gustaba juguetear con aparatos eléctricos, cada vez que a alguien se le estropeaban las luces, la radio, el televisor u otros aparatos, si acudían a mí, siempre hacía todo lo posible por ayudar a repararlos. Creía que esa era la única manera de estar a la altura de la confianza que los demás depositaban en mí. Cada vez que arreglaba las cosas de los demás y oía sus elogios y agradecimientos, me sentía muy feliz, y sentía que, en sus corazones, yo era una persona buena y de confianza. Después de empezar a creer en Dios, seguí viviendo según este punto de vista. Estaba regando a los recién llegados y, como acababa de empezar a formarme, tenía muchas carencias y no podía compartir con claridad sobre algunas verdades, por lo que necesitaba equiparme más con la verdad sobre las visiones, pues solo así podría cumplir mi deber. Sin embargo, no me esforcé en mi trabajo principal. Cuando los hermanos y hermanas acudían a mí para que los ayudara con problemas informáticos, para no decepcionarlos y mantener la buena imagen que tenían de mí, dejaba inmediatamente mis deberes para ayudarlos con los inconvenientes de sus computadoras. Como resultado, no busqué ni me equipé con las verdades relevantes para los problemas de los recién llegados, y las reuniones no obtuvieron buenos resultados. Estaba controlado por el punto de vista de “Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”, siempre considerando lo que los hermanos y hermanas pensarían de mí y valorando más lo que la gente me confiaba que mi propio deber. Estaba fallando en cumplir mi propio deber. ¿Cómo podía llamarme a mí mismo una buena persona?

Más tarde, reflexioné: “¿Por qué prefiero obstaculizar mi deber en lugar de rechazar las peticiones de los demás? ¿Qué clase de problema es este?”. Entonces, leí las palabras de Dios: “Hay quienes dicen: ‘Entre los que se esmeran en manejar con lealtad aquello que les hayan confiado, también hay muchos que no buscan sacar provecho a expensas de otros. Simplemente pretenden esmerarse en hacer bien las cosas; estas personas tienen realmente esta conducta moral’. Esta afirmación es incorrecta. Aunque no aspiren a la riqueza, a las posesiones materiales ni a ningún tipo de beneficio, sí buscan notoriedad. ¿Qué es la ‘notoriedad’? Significa lo siguiente: ‘He aceptado la tarea que esa persona me confió. Esté ella presente o no, mientras me esmere en hacerlo bien y me ocupe fielmente de lo que me ha confiado, tendré buena reputación. Al menos habrá gente que sabrá que soy buena persona, una persona de calidad humana moral elevada y digna de imitación. Puedo ocupar un lugar entre la gente y ganar buena reputación entre un grupo. ¡Eso merece la pena!’. Otras personas dicen: ‘“Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado” y, puesto que nos lo han confiado, estén presentes o no, debemos encargarnos correctamente de sus tareas y cumplirlas hasta el final. Aunque no podamos dejar un legado perdurable, al menos no podrán criticarnos a nuestras espaldas afirmando que no tenemos credibilidad. No podemos dejar que las generaciones futuras sean discriminadas y padezcan esta injusticia flagrante’. ¿Qué buscan? Siguen buscando notoriedad. Algunos dan gran importancia a la riqueza y las posesiones, mientras que otros valoran la fama y el provecho. ¿Qué quiere decir ‘fama’? ¿Qué expresiones concretas de ‘fama’ hay entre las personas? Ser calificado de buena persona y alguien de calidad humana moral elevada, un dechado, una persona virtuosa o un santo. Incluso hay personas que, en cierta ocasión, lograron esmerarse en manejar con lealtad aquello que les habían confiado y tienen esta clase de calidad humana moral, son elogiadas a perpetuidad y sus descendientes se benefician de su notoriedad. Como ves, esto es mucho más valioso que los escasos beneficios que pueden obtener actualmente. Por tanto, el punto de partida para cualquiera que se rija por el supuesto criterio moral de ‘esmerarse en manejar con lealtad aquello que le hayan confiado’ no es tan sencillo. No solo aspira a cumplir con sus obligaciones y responsabilidades como individuo, sino que se atiene a ese criterio para obtener beneficios personales o reputación, sea en esta vida o en la siguiente. Desde luego, también están aquellos que desean evitar que se los critique a sus espaldas y evitar la infamia. En resumen, el punto de partida para que la gente haga este tipo de cosas no es sencillo, no representa un comienzo desde la perspectiva de la humanidad ni desde la responsabilidad social de la humanidad(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (14)). “En cualquier comunidad o grupo social, las personas quieren que los demás piensen que poseen una calidad humana moral elevada, que son buenas, fiables, dignas de confianza y de que se les confíen tareas. Todo el mundo quiere crear una imagen así, que se gane el respeto de los demás y les haga creer a estos que son individuos dignos de carne y hueso, con sentimientos y lealtad, y no despiadados ni extraños. Si quieres integrarte en la sociedad y que te acepten y te den su visto bueno, primero debes hacer que te reconozcan como una persona de calidad humana moral elevada, alguien con integridad y credibilidad. Por ello, te pidan lo que te pidan, haces todo lo posible por satisfacerlos, complacerlos y luego recibir elogios de su parte que afirmen que eres una persona digna de confianza, de calidad humana moral elevada y que la gente está deseando relacionarse contigo. De este modo, sientes que estás presente en tu vida. Si consigues el visto bueno de la sociedad, de las masas y de tus compañeros y amigos, tendrás una vida especialmente enriquecedora y satisfactoria(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (14)). Las palabras de Dios expusieron la raíz del problema. Cuando la gente es capaz de “manejar con lealtad los asuntos de los demás”, no es porque quiera cumplir con sus responsabilidades, sino porque quiere ganarse una buena reputación. Al reflexionar sobre mí mismo, vi que mi papá me había influenciado desde pequeño. Cada vez que a alguien se le estropeaba un electrodoméstico y me pedía ayuda, yo siempre aceptaba. Hacía todo esto para tener una buena reputación en el pueblo y para que los demás me elogiaran. Después de empezar a hacer mi deber, cada vez que los hermanos y hermanas acudían a mí con problemas informáticos, no sentía que pudiera negarme, por muy ocupado que estuviera con mi deber. En particular, cuando los hermanos y hermanas decían que mis habilidades para reparar eran buenas, me sentía muy satisfecho, y pensaba que eso era señal de que confiaban en mí. Para mantener una buena imagen en los corazones de los hermanos y hermanas, aunque era muy consciente de que los problemas de los recién llegados seguían sin resolverse y de que necesitaba equiparme más, ya que la verdad sobre las visiones todavía no estaba clara para mí, cuando los hermanos y hermanas acudían a mí para que los ayudara con sus computadoras, aunque quería negarme, simplemente no era capaz de decir las palabras, pues temía decepcionarlos, hacerles pensar que era insensible y darles una mala impresión de mí. En realidad, si necesitaban sus computadoras con urgencia, estaría bien que de vez en cuando los ayudara a resolver sus problemas, pero algunos no las necesitaban con urgencia y podrían haberlas entregado a los hermanos y hermanas que realizan el deber de reparación de computadoras. Pero como no quería decepcionarlos, siempre aceptaba, sin importar si afectaba mi deber y, como resultado, mis deberes se veían obstaculizados. Valoraba mucho mi propia fama y provecho, y prefería retrasar mi deber solo para mantener una buena imagen en los corazones de los demás y hacer que pensaran que yo era una persona buena, confiable y amorosa. ¡Era verdaderamente egoísta y despreciable! El deber es una comisión que Dios le da a la gente. Es la responsabilidad que un ser creado debe llevar a cabo por encima de todo, pero yo consideraba más importantes las cosas que la gente me confiaba que mi propio deber. Sin importar lo difíciles o laboriosas que fueran las tareas que otros me confiaban, intentaba hacerlas lo mejor posible, sin pensar en cómo hacer mi propio deber de una manera que satisficiera a Dios. Mantuve una buena imagen en los corazones de la gente, pero a los ojos de Dios me había convertido en una persona que se tomaba su deber a la ligera, que lo hacía sin lealtad ni confianza. ¡Realmente estaba confundiendo mis prioridades y poniendo el carro delante de los bueyes! Dios me concedió la gracia de la oportunidad de regar a los recién llegados, con la esperanza de que buscara la verdad para resolver sus diversas nociones y problemas, permitiéndoles llegar a conocer la obra de Dios y echar raíces en el camino verdadero cuanto antes. Debería haber sido considerado con las intenciones de Dios y haber cumplido mis deberes sin importar las circunstancias.

Más tarde, volví a reflexionar: “¿Cómo debo tratar las cosas que otros me confían?”. En mi búsqueda, leí las palabras de Dios: “Si la tarea que se te confía no te consume demasiado tiempo y energía y se encuentra dentro del alcance de tus aptitudes, o el entorno y las condiciones adecuados, entonces, puedes, de acuerdo con la conciencia y la razón humanas, hacer cosas por los demás lo mejor que puedas y satisfacer sus exigencias razonables y oportunas. Ahora bien, si la tarea que se te confía te consume mucho tiempo y energía y la gran cantidad de tiempo que te quita hace que sacrifiques tu vida, tus responsabilidades y tus obligaciones en esta vida, y tus deberes como ser creado se ven reducidos a la nada y reemplazados, ¿qué harás? Deberías negarte porque no es tu responsabilidad ni tu obligación. En cuanto a las responsabilidades y obligaciones de la vida de una persona, aparte de cuidar de los padres, criar a los hijos y cumplir con las responsabilidades sociales dentro de la sociedad y la ley, lo más importante es que la energía y el tiempo de una persona, así como su vida, los dedique a realizar el deber de un ser creado, y no en tareas que otros le confíen y que le consuman su tiempo y energía. Esto se debe a que Dios crea a una persona, le concede la vida y la trae a este mundo, y no le corresponde hacer cosas y cumplir responsabilidades ajenas. Lo que principalmente debe aceptar la gente es la comisión de Dios. Solo la comisión de Dios es auténtica, y aceptar las tareas que las personas nos confían supone no atender los propios deberes. Nadie está cualificado para pedirte que dediques tu lealtad, tu energía, tu tiempo, incluso tu juventud y tu vida entera, a las tareas que te encargue. Dios es el único cualificado para pedirles a las personas que hagan su deber de seres creados. ¿Por qué? Si cualquier tarea que se te confíe requiere de ti un tiempo y una energía notables, te impedirá realizar tu deber de ser creado e incluso seguir la senda correcta en la vida, y alterará el rumbo y los objetivos de tu vida. Esto no es bueno, es más bien una maldición(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (14)). Las palabras de Dios me indicaron una senda de práctica. En esta vida, lo que más debemos aceptar es la comisión de Dios, que debemos completar con todo nuestro corazón y mente. En cuanto a los asuntos que nos confían otros, debemos considerar si nos quitarán demasiado tiempo y si obstaculizarán nuestro deber principal. Si no nos quitan demasiado tiempo y no estamos muy ocupados con nuestro deber, entonces, por conciencia y razón humanas, podemos ayudar a resolverlos. Sin embargo, si ayudar a otros afecta nuestro deber principal, entonces debemos negarnos y no dejarnos atar por la idea cultural tradicional de “Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”. Sin embargo, en el pasado, no tenía ningún principio sobre cómo trataba lo que otros me confiaban. Sin importar quién me pidiera ayuda, nunca los rechazaba y, como resultado, obstaculizaba mi propio deber. Aunque no hay nada de malo en ayudar a mis hermanos y hermanas a reparar computadoras, si me quita mucho tiempo y retrasa mi deber, entonces debería negarme y explicarles la situación; ellos lo entenderán. No debería pensar siempre en cómo me ven los demás, sino practicar de acuerdo con las palabras de Dios y los principios.

Una noche, dos hermanos vinieron a mi casa diciendo que había una computadora nueva que no encendía y que necesitaban que la revisara. Me sentí en un aprieto y pensé: “Todavía tengo trabajo urgente sin terminar, y si acepto ayudar a arreglar la computadora, seguramente me retrasaré bastante. Pero si me niego directamente, ¿qué pensarán de mí? Han venido contentos, pero se irán decepcionados. ¿No les dejaría una mala impresión?”. Me di cuenta de que otra vez estaba considerando mi estatus e imagen en los corazones de los demás, así que oré en silencio a Dios en mi corazón, pidiéndole que me guiara para practicar según los principios y priorizar mi deber. Recordé un pasaje de las palabras de Dios que había leído: “Si la tarea que se te confía no te consume demasiado tiempo y energía y se encuentra dentro del alcance de tus aptitudes, o el entorno y las condiciones adecuados, entonces, puedes, de acuerdo con la conciencia y la razón humanas, hacer cosas por los demás lo mejor que puedas y satisfacer sus exigencias razonables y oportunas. Ahora bien, si la tarea que se te confía te consume mucho tiempo y energía y la gran cantidad de tiempo que te quita hace que sacrifiques tu vida, tus responsabilidades y tus obligaciones en esta vida, y tus deberes como ser creado se ven reducidos a la nada y reemplazados, ¿qué harás? Deberías negarte porque no es tu responsabilidad ni tu obligación(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (14)). Con la guía de las palabras de Dios, encontré una senda de práctica. Primero necesitaba ver cuál era el problema de la computadora. Si no me llevaba mucho tiempo y era un asunto sencillo, entonces ayudaría a resolverlo. Pero si era un problema grave que llevaría mucho tiempo arreglar, entonces les diría que acudieran a los hermanos y hermanas que reparaban computadoras. Así que encendí la computadora para revisar el inconveniente y descubrí que era un problema del sistema. No era algo que se pudiera arreglar rápidamente, así que les dije a los hermanos que estaba ocupado con mi deber, que no tenía tiempo para arreglarla, y les pedí que acudieran a otros hermanos y hermanas para que los ayudaran. Ellos estuvieron de acuerdo después de oírme. Cuando practiqué de acuerdo con las palabras de Dios, los hermanos no se formaron ninguna opinión negativa de mí como yo había imaginado, y me sentí muy avergonzado.

A través de esta experiencia, gané discernimiento sobre la idea cultural tradicional de “Esmérate en manejar con lealtad aquello que te hayan confiado”, y también entendí que el simple hecho de hacer bien lo que la gente te confía no te convierte en una persona verdaderamente buena. Solo cumpliendo el deber con todo el corazón y todas las fuerzas para satisfacer a Dios es que uno es una persona verdaderamente buena. Ya no retraso mi deber por no poder evitar salvar las apariencias y, por tanto, sentirme obligado a decir siempre que sí a los demás. Este cambio y entendimiento se produjeron como resultado de la guía de las palabras de Dios. ¡Gracias a Dios!

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