396 Dios encarnado es más apto para hacer la obra de salvación
I
Dios hace Su obra de juicio en los últimos días apareciendo con Su identidad encarnada. Porque el que es juzgado es el hombre, el hombre que es de la carne y se ha corrompido, y no es el espíritu de Satanás el que es juzgado directamente, la obra de juicio no se lleva a cabo en el reino espiritual sino entre los hombres. Nadie es más adecuado y está más calificado que Dios en la carne para hacer la obra de juzgar la corrupción de la carne del hombre. Si el juicio lo llevara a cabo directamente el Espíritu de Dios, entonces no lo abarcaría todo y, además, sería difícil que el hombre aceptara esto, porque el Espíritu no puede enfrentarse cara a cara con el hombre. A la luz de este punto, los efectos no serían inmediatos, y mucho menos el hombre sería capaz de contemplar con mayor claridad el carácter de Dios que no se puede ofender.
II
Satanás solo puede ser completamente derrotado si Dios en la carne juzga la corrupción de la especie humana. Dios en la carne es también una persona con humanidad normal y Él puede juzgar directamente la injusticia del hombre; este es el signo de Su santidad innata y Su singularidad. Solo Dios está calificado y se halla en posición de juzgar al hombre, y es capaz de hacerlo porque posee la verdad y la justicia. Los que no tienen la verdad y la justicia no son aptos para juzgar a los demás. Si esta obra la hiciera el Espíritu de Dios, entonces no significaría una victoria sobre Satanás. Por naturaleza, el Espíritu es más exaltado que los seres mortales y, por naturaleza, el Espíritu de Dios es santo y victorioso sobre la carne. Si el Espíritu hiciera esta obra directamente, no sería capaz de juzgar toda la rebeldía del hombre y no podría revelar toda su injusticia.
III
La obra de juicio se lleva a cabo por medio de las nociones que el hombre tiene de Dios y el hombre nunca ha tenido ninguna noción del Espíritu, y por eso el Espíritu es incapaz de revelar mejor la injusticia del hombre, mucho menos de exponer minuciosamente tal injusticia. El Dios encarnado es el enemigo de todos aquellos que no lo conocen. Por medio de juzgar las nociones del hombre y su oposición a Él, expone toda la rebeldía de la humanidad. Los efectos de Su obra en la carne son más aparentes que los de la obra del Espíritu. Y así, el juicio de toda la humanidad no lo lleva a cabo directamente el Espíritu sino que es la obra del Dios encarnado. El hombre puede ver y tocar al Dios en la carne y el Dios en la carne puede conquistar por completo al hombre. El hombre avanza de la oposición a Dios a la sumisión a Él, de la persecución a la aceptación de Dios, de tener nociones sobre Él a conocerlo, así como de rechazarlo a amarlo. Estos son los efectos de la obra del Dios encarnado.
de La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La especie humana corrupta tiene una necesidad más grande de la salvación del Dios encarnado