Las ovejas de Dios oyen la voz de Dios

Contenido

Capítulo 6 Varias formas de diferenciación que debes poseer en tu creencia en Dios

7. La diferencia entre las buenas obras externas y los cambios en el carácter.

Palabras relevantes de Dios:

¿Qué es la “transformación del carácter”? Tienes que ser un amante de la verdad, aceptar el juicio y el castigo de la palabra de Dios cuando experimentas Su obra y experimentar toda clase de sufrimiento y refinamiento, por medio de los cuales eres purificado de los venenos satánicos que hay en ti. Ésta es la transformación del carácter […]. La transformación de carácter de la que se habla en la casa de Dios significa que, al amar y aceptar la verdad, una persona llega a conocer por fin su naturaleza desobediente y que se resiste a Dios; entiende que la corrupción del hombre es demasiado profunda y comprende la absurdez y la astucia del hombre. Conoce lo pobre y lamentable que es el hombre y entiende finalmente la esencia de su naturaleza. Sabiendo todo esto, puede negarse a sí mismo y abandonarse por completo, vivir de acuerdo con la palabra de Dios, y practicar la verdad en todo. Esa persona conoce a Dios y su carácter se transforma.

de ‘Cómo conocer la naturaleza del hombre’ en “Registros de las Pláticas de Cristo”

Una transformación en el carácter tiene que ver, principalmente, con una transformación en tu naturaleza. La naturaleza no es algo que puedas ver a partir de conductas externas; la naturaleza implica directamente el valor y el sentido de la existencia de las personas. Implica directamente los valores de la vida humana, las cosas que están en lo profundo del alma, y la esencia de las personas. Si las personas no pudieran aceptar la verdad, no sufrirían transformaciones en estos aspectos. Sólo si aquellos que experimentan la obra de Dios han entrado plenamente en la verdad, si han cambiado sus valores y sus perspectivas sobre la existencia y la vida, se han vuelto de las mismas opiniones que Dios, y son capaces de someterse y dedicarse totalmente a Dios, puede decirse que sus caracteres han cambiado. Puede que parezca que estás haciendo algún esfuerzo, podrías ser fuerte frente a las dificultades, podrías ser capaz de llevar a cabo las disposiciones de la obra de arriba, o podrías ser capaz de ir allí donde se te diga que vayas; sin embargo, éstos sólo son pequeños cambios en tus acciones y no son suficientes para ser una transformación en tu carácter. Podrías ser capaz de transitar muchas sendas, de sufrir muchas dificultades y de soportar una gran humillación; podrías sentirte muy cerca de Dios, y que el Espíritu Santo está obrando en ti, pero cuando Dios te exige que hagas algo que no se conforma a tus nociones, sigues sin someterte, buscas excusas y te rebelas contra Dios y te resistes a Él, incluso hasta el punto de que le culpas y protestas contra Él. ¡Esto es un grave problema! Esto demuestra que sigues teniendo una naturaleza que se resiste a Dios y que no te has transformado en lo más mínimo.

de ‘Lo qué deberías saber sobre cómo transformar tu carácter’ en “Registros de las Pláticas de Cristo”

La fe en Dios no significa que Él te exija ser una buena persona, ser alguien de buen comportamiento, que se rige por la ley, o alguien incapaz de pensar por sí mismo o de usar su propio cerebro. Las personas solían pensar que los cambios en el carácter procedentes de la creencia en Dios significaban ser una persona decente, tener alguna semejanza humana externa, una buena educación y ser paciente o parecer piadoso, cariñoso, dispuesto a ayudar a los demás y caritativo. En pocas palabras, significaba ser la clase de buena persona que existía en sus conceptos y en su imaginación. Esto es similar a cómo existen personas en el mundo que afirman: “Si eres rico, deberías dar a los pobres o los mendigos”. …Así, muchas personas creían que la creencia en Dios no era más que unos pocos cambios de conducta, de pensamiento, y en los propios actos externos; hasta las había que creían que la fe en Dios significaba sufrir muchas dificultades, no comer buenos alimentos ni vestir buena ropa. En Occidente, por ejemplo, hubo una monja católica (el catolicismo es también una religión; para las monjas, también es una clase de fe) que pensaba que creer en Dios implicaba sufrir más durante su vida, comer menos alimentos buenos, no permitirse disfrutar tantas de las mejores cosas de la vida, dar dinero a los pobres o necesitados cuando lo tenía, o también hacer más buenas obras, ser más caritativa hacia las personas y más útil para los demás. A lo largo de toda su vida no hizo otra cosa sino sufrir, y no se permitió comer ningún buen alimento ni vestir ropa buena. Cuando murió, lo que llevaba puesto no costaba más de dos dólares; sus gastos diarios para vivir tampoco ascendía a más de unos pocos dólares. Es probable que su historia apareciera como noticia general o importante por todo el mundo. ¿Y qué demuestra esto? A los ojos de la humanidad, sólo alguien así es una persona buena y afable, en opinión de la comunidad religiosa sólo alguien así hace obras de bondad y buenas obras, sólo alguien así ha cambiado, y tiene verdadera fe en Dios. Y, por tanto, es posible que vosotros no seáis diferentes: pensáis sin duda que creer en Dios y tener fe está relacionado con ser una buena persona. ¿Y qué clase de persona? Alguien que no pelea con otros ni los maldice, ni dice palabrotas, que no hace cosas malas, que parece creer en Dios; algunas, además, afirman ser una persona que glorifica a Dios. …Dios desea salvar al hombre, Él ha pronunciado muchas palabras y ha realizado mucha obra; ¿cómo desea Él, pues, que sean las personas? Él desea que sus pensamientos sean guiados por la verdad, y que ellas vivan sus vidas por las consignas de la verdad. Él no te pide que seas tan irreflexivo como una muñeca, y mucho menos quiere que seas tan tranquilo como un vegetal, desprovisto de cualquier emoción normal. En su lugar, desea que seas una persona normal que ama lo que Él ama, y odia lo que Él odia, que puede deleitarse en lo que Él se deleita, y desprecia y rechaza lo que Él desprecia […]. Por esto os digo que no sabéis lo que quiere decir cambios en el carácter. Simplemente os ponéis límites en vuestro comportamiento, en vuestras acciones externas y en vuestro temperamento y carácter. Será imposible que, de esta forma, consigáis cambios en vuestro carácter. ¿Dónde dice en las palabras de Dios: “Deberíais poneros límites, vigilar vuestras palabras, controlar vuestras emociones, y guardar vuestro temperamento; deberíais tener la precaución de no exponer vuestros seres naturales, y conteneros en la ropa que compráis y vestís”? ¿Ha dicho Él alguna vez semejantes palabras? Incluso donde se alude a tales cosas, éstas no son el meollo de Sus palabras ni las verdades principales que dan lugar a cambios en el carácter de las personas. La mayor parte de las palabras de Dios habla de la esencia corrupta del hombre, de cómo conocer la esencia corrupta del hombre, de cómo puede el hombre conseguir cambios en su carácter, de cómo puede conocer verdaderamente su esencia corrupta, y de cómo puede liberarse de su carácter corrupto para actuar según las exigencias de Dios y ser alguien según el corazón de Dios, y que satisface Su deseo. Si entendéis esto, ¿seguiréis poniendo vuestros esfuerzos en actos externos? ¿Seguirás preocupándote por estos asuntos superficiales? Por tanto, si no entiendes el significado de los cambios en el carácter, nunca comprenderás la esencia de los mismos, y nunca conseguirás dichos cambios en tu carácter. Algunos que acaban de venir de la religión, en particular, tienen que llevar a cabo por completo la transferencia de la ceremonia y el pensamiento religiosos, así como los puntos de vista en su mentalidad y su perspectiva hacia la creencia en Dios; siguen intentando ser espirituales, piadosos y pacientes, ser alguien naturalmente decente, que ama hacer el bien y dar a otros. ¡Esto es totalmente incorrecto! Si buscas ser una persona así, Dios nunca te alabará […].

de ‘Qué son los cambios en el carácter y la senda que lleva a ellos’ en “Registros de las Pláticas de Cristo”

la mayoría de las personas hacen especial hincapié en la conducta, como resultado de lo cual se producen cambios en ésta. Después de creer en Dios, dejan de enfrentarse a los demás, dejan de luchar con las personas y de insultarlas; dejan de fumar y de beber, no roban ninguna propiedad pública —ya sea un clavo o una tabla de madera—, y hasta llegan tan lejos como no acudir a los tribunales cuando sufren pérdidas o son ofendidas. Sin duda, se producen algunos cambios en su conducta. Y es que, después de creer en Dios, aceptar el camino verdadero las hace sentirse especialmente bien; como también han probado la gracia de la obra del Espíritu Santo, son particularmente fervientes, y no hay nada que no puedan abandonar o hacer. Pero al final —después de haber creído durante tres, cinco, diez o treinta años—, al no haberse producido cambio alguno en su carácter vital, resbalan y vuelven a caer en los antiguos caminos, crece su arrogancia y su soberbia y empiezan a luchar por el poder y los beneficios, codician el dinero de la iglesia, hacen cualquier cosa que sirva a sus intereses, ansían estatus y placeres, se vuelven parásitos de la casa de Dios. En particular, la mayoría de los líderes son abandonados. ¿Y qué demuestran estos hechos? Los cambios únicamente de conducta son insostenibles. Si no hay una alteración en el carácter de las personas, tarde o temprano su lado malvado se pondrá de manifiesto. Como la fuente de los cambios en su conducta es el fervor, acompañado por alguna obra realizada por el Espíritu Santo en ese momento, resulta extremadamente fácil para ellas ser fervientes o buenas durante un tiempo. Como afirman los incrédulos: “Hacer una buena obra es fácil, lo difícil es llevar toda una vida de buenas obras”. Las personas son incapaces de hacer buenas obras durante toda su vida. La vida dirige su conducta; tal como es su vida, así es su conducta, y sólo aquello que se revela de forma natural representa la vida y la naturaleza de una persona. Las cosas falsas no pueden perdurar. Cuando Dios obra para salvar al hombre no lo hace para adornarlo con una buena conducta; la finalidad de la obra de Dios consiste en cambiar el carácter de las personas, en hacerlas nacer de nuevo como nuevas personas. Así pues, el juicio, el castigo, las pruebas de Dios y Su refinamiento del hombre tienen, todos ellos, el fin de cambiar su carácter, de forma que pueda lograr una obediencia absoluta y una fe total en Él, así como la adoración normal hacia Él. Éste es el objetivo de la obra de Dios. Comportarse bien no es lo mismo que obedecerlo, y mucho menos equivale a ser compatible con Cristo. Los cambios de conducta se basan en la doctrina y nacen del fervor; no se basan en el verdadero conocimiento de Dios ni en la verdad, y menos aún se apoyan en la dirección del Espíritu Santo. Aunque hay ocasiones en las que el Espíritu Santo dirige algo de lo que las personas hacen, esto no es la expresión de la vida; tampoco es lo mismo que conocer a Dios. Por muy buena que sea la conducta de una persona, no demuestra que ésta obedezca a Dios ni que ponga en práctica la verdad. Los cambios en la conducta son una ilusión momentánea, la manifestación del celo, pero no son la expresión de la vida […]. Las personas pueden comportarse bien, pero eso no significa necesariamente que posean la verdad. El fervor de las personas sólo puede hacer que se ciñan a la doctrina y sigan la norma; las personas que carecen de la verdad no tienen forma de resolver los problemas sustanciales, y la doctrina no puede sustituir a la verdad […]. Después de creer en Dios, algunos nuevos creyentes han dejado atrás el mundo secular; cuando se encuentran con incrédulos no tienen nada que decir, y rara vez se reúnen con sus familiares y amigos, y los incrédulos dicen: “Esta persona ha cambiado de verdad”. Así que piensan: “Mi carácter ha cambiado realmente; los incrédulos dicen que he cambiado”. ¿Ha cambiado realmente su carácter? No lo ha hecho. Estos cambios son tan sólo externos. No ha habido cambio en su vida, y su vieja naturaleza sigue arraigada en ellos, completamente intacta. En ocasiones, el fervor se ha apoderado de las personas por la obra del Espíritu Santo; tienen lugar algunos cambios externos y hacen algunas buenas obras. Pero esto no es lo mismo que los cambios en el carácter. No posees la verdad, tu visión de las cosas no ha cambiado; ni siquiera es diferente de la de los incrédulos, y tus valores y perspectiva sobre la vida no se han alterado. Ni siquiera tienes un corazón que venera a Dios, que es lo mínimo que deberías poseer. Nada podría estar más lejos de los cambios en tu carácter.

de ‘La diferencia entre los cambios externos y los cambios en el carácter’ en “Registros de las Pláticas de Cristo”

En el ámbito de la religión, muchas personas sufren bastante durante toda su vida, sometiendo su cuerpo o cargando su cruz, ¡incluso sufriendo y soportando hasta su último aliento! Algunos siguen ayunando la mañana de su muerte. Durante toda su vida se niegan a sí mismos buenos alimentos y ropa, acentuando únicamente el sufrimiento. Son capaces de someter su cuerpo y abandonar su carne. Su espíritu para soportar el padecimiento es elogiable. Pero su pensamiento, sus ideas, su actitud mental y, de hecho, su vieja naturaleza, ninguna de estas ha sido en absoluto objeto de tratamiento. No tienen un verdadero entendimiento de sí mismos. Su imagen mental de Dios es la tradicional de un Dios confuso, abstracto. Su determinación de sufrir para Él procede de su celo y su naturaleza positiva. Aunque creen en Él, no lo entienden ni conocen Su voluntad. Solo están trabajando y sufriendo ciegamente por Dios. No dan ningún valor en absoluto a ser perspicaces y se preocupan poco de cómo garantizar que su servicio cumpla realmente la voluntad de Dios. Saben incluso menos cómo lograr un entendimiento de Él. El Dios al que sirven no es Dios en Su imagen original, sino uno que ellos mismos han hecho aparecer, uno del que supieron, o uno legendario encontrado en los escritos. Después usan sus imaginaciones gráficas y sus corazones piadosos para sufrir por Dios y emprender para Él la obra que Él quiere hacer. Su servicio es demasiado inexacto, de forma que prácticamente no hay uno que sirva sinceramente a Dios en una forma que cumpla Su voluntad. Independientemente de cuán dispuestos a sufrir estén, su perspectiva original sobre el servicio y su imagen mental de Dios siguen sin cambiar, porque no han pasado por Su juicio y Su castigo, así como por Su refinamiento y perfección, y porque nadie los ha guiado con la verdad. Aunque crean en Jesús el Salvador, ninguno de ellos lo ha visto nunca. Solo saben de Él a través de leyendas y habladurías. Por tanto, su servicio equivale solo a servir aleatoriamente con los ojos cerrados, como un ciego que sirve a su padre. ¿Qué puede conseguirse en última instancia por medio de este tipo de servicio? ¿Y quién lo aprobaría? Desde el principio hasta el fin, su servicio nunca cambia en absoluto. Solo reciben lecciones artificiales y basan su servicio únicamente en su naturalidad y lo que a ellos mismos les gusta. ¿Qué recompensa podría cosechar esto? […]. Todos esos que no han recibido juicio ni poda, ni tratamiento, y no han cambiado, ¿no son los conquistados de forma incompleta? ¿O qué uso tienen tales personas? Si tu pensamiento, tu entendimiento de la vida, y tu entendimiento de Dios no muestran un nuevo cambio y no resultan ni siquiera en una pequeña ganancia real, ¡nunca conseguirás nada destacable en tu servicio! Sin una visión y sin un nuevo entendimiento de la obra de Dios, no puedes ser una persona conquistada. Tu forma de seguir a Dios será entonces como la de aquellos que sufren y ayunan: ¡será de poco valor! ¡Precisamente porque hay poco testimonio en lo que hacen digo que su servicio es fútil! A lo largo de sus vidas, esas personas sufren, pasan tiempo en la cárcel, y en cada momento, soportan, acentúan el amor y la bondad, y cargan su cruz. El mundo los difama y rechaza y han experimentado toda dificultad. Obedecen hasta el final, pero aun así, no son conquistados y no pueden ofrecer testimonio de ello. Han sufrido no poco, pero en su interior no conocen en absoluto a Dios. Nada de su viejo pensamiento, sus viejas nociones, prácticas religiosas, entendimientos artificiales e ideas humanas se han visto sometidas a tratamiento. No hay en absoluto un nuevo entendimiento en ellas. Ni siquiera un poco de su entendimiento de Dios es verdadero o preciso. Han malentendido Su voluntad. ¿Puede servir esto a Dios? […]. Si al creer en Dios, lo único que conoces sobre ello es someter tu cuerpo, soportar y sufrir, y no tienes claro si lo que estás haciendo es correcto o erróneo, y mucho menos para quién lo haces, ¿cómo puede esta clase de práctica llevar a un cambio?

de ‘La verdad interna de la obra de conquista’ (3) en “La Palabra aparece en carne ”

Siempre que esas personas religiosas se congregan, preguntan, “Hermana, ¿cómo has estado estos días?” Ella contesta, “Me siento en deuda con Dios y no soy capaz de cumplir los deseos de Su corazón”. Otro dice, “Yo también estoy en deuda con Dios y no soy capaz de satisfacerlo”. Estas pocas frases y palabras por sí solas expresan las cosas viles que hay en lo profundo de sus corazones. Tales palabras son sumamente detestables y en extremo repugnantes. La naturaleza de tales hombres se opone a Dios. Aquellos que se enfocan en la realidad comunican lo que sea que haya en sus corazones y abren sus corazones en comunicación. No hay una sola acción falsa, no hay cortesías o cumplidos vacíos. Siempre son francos y no observan reglas terrenales. Están aquellos que tienen una inclinación por la exhibición externa, incluso sin ningún sentido. Cuando otro canta, él comienza a bailar sin siquiera darse cuenta que el arroz en su cazuela ya se quemó. Tal clase de hombre no es piadoso ni honorable, y es demasiado frívolo. ¡Todas estas son manifestaciones de la falta de realidad! Algunos se reúnen para platicar sobre los asuntos de la vida en el espíritu, y aunque no hablan de estar en deuda con Dios, retienen un amor verdadero por Él dentro de sus corazones. Tu deuda con Dios no tiene nada que ver con los demás; estás en deuda con Dios, no con el hombre. Así que, ¿de qué te sirve hablar constantemente de esto con los demás? Te debe importar entrar en la realidad, no en el celo externo o en el alarde.

¿Qué representan los buenos hechos superficiales del hombre? Representan la carne, e incluso lo mejor de las prácticas externas no representan la vida, solo tu propio temperamento individual. Las prácticas externas del hombre no pueden cumplir el deseo de Dios. Constantemente hablas de tu deuda con Dios, sin embargo, no puedes proveer la vida a los demás o provocar que otros amen a Dios. ¿Crees que tales acciones van a satisfacer a Dios? ¡Crees que esto es el deseo del corazón de Dios, que esto es del espíritu, pero en realidad esto es absurdo! Crees que lo que te agrada a ti y lo que deseas es en lo que Dios se deleita. ¿Puede lo que te agrada a ti representar lo de Dios? ¿Puede el carácter del hombre representar a Dios? Lo que te agrada a ti es precisamente lo que Dios aborrece, y tus hábitos son aborrecidos y rechazados por Dios. Si te sientes en deuda, entonces ve y ora ante Dios. No hay necesidad de hablar de esto con los demás. Si no oras ante Dios, y en su lugar constantemente llamas la atención hacia ti mismo en la presencia de los demás, ¿puede esto cumplir el deseo del corazón de Dios? Si tus acciones siempre son solo en apariencia, esto quiere decir que tú eres el más banal de todos los hombres. ¿Qué clase de hombre es aquel que solo tiene buenas obras superficiales pero está desprovisto de realidad? ¡Tales hombres son fariseos hipócritas y gente religiosa! Si no podéis abandonar vuestras prácticas externas y no podéis hacer transformaciones, entonces los elementos de la hipocresía en vosotros crecerán aún más. Entre mayores sean los elementos de la hipocresía, más resistencia habrá a Dios y, al final, ¡tal clase de hombres, con toda seguridad, serán echados fuera!

de ‘La creencia en Dios se debería enfocar en la realidad, no en los rituales religiosos’ en “La Palabra aparece en carne ”

Puede ser que, en todos tus años de fe en Dios, nunca hayas maldecido a nadie ni cometido una mala acción, sin embargo, en tu asociación con Cristo, no puedes decir la verdad, actuar con sinceridad, u obedecer la palabra de Cristo; entonces Yo digo que eres el más artero y siniestro del mundo. Si eres especialmente cordial y leal con tus familiares, amigos, esposa (o esposo), hijos y con los padres, y nunca te aprovechas de los demás, pero no puedes ser compatible y estar en paz con Cristo, entonces, aun cuando te entregues por entero para aliviar a tus vecinos o hayas cuidado bien a tu padre, madre, y a tu casa, te digo que eres malo, y también falso. No pienses que eres compatible con Cristo porque eres compatible con el hombre o realizas algunas buenas acciones. ¿Crees que tu bondad puede hurtar la bendición del Cielo? ¿Crees que tus buenas acciones son sustitutas de tu obediencia? Ninguno de vosotros podéis aceptar los tratos y las podas, y todos encontráis difícil aceptar la humanidad normal de Cristo. Sin embargo, siempre afirmáis obediencia a Dios. Tal fe traerá sobre vosotros una apropiada retribución.

de ‘Aquellos incompatibles con Cristo son seguramente opositores de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Comunión del hombre:

Las personas que no tienen la verdad hablan de vivir una buena humanidad como si esto fuera lo mismo que la verdad. ¿Te atreverías a garantizar que vivir una buena humanidad corresponde a la verdad? ¿Te atreverías a garantizar que es algo positivo? Bueno, qué decís vosotros: ¿el amor del hombre es lo mismo que el amor de Dios? No lo es. A veces, el amor del hombre es el amor de Satanás, es un amor emocional, un amor que nace de los propios deseos e intereses. Por dar un ejemplo sencillo: si alguien es demoniaco por naturaleza, si ama a los demonios, ¿qué clase de amor tiene? No ama a Dios, sino a los demonios. ¿No es éste el amor de Satanás? El amor de Satanás va en contra de la verdad, está enemistado con la verdad y es contrario a lo que Dios tiene y es y al amor de Dios. No pienses que tener amor hace que las personas sean buenas. Su amor no tiene la verdad, es el amor de las cosas negativas y por eso es el amor de Satanás. ¿Algo de su bondad no está en oposición a la verdad? Algo de la bondad de las personas está en oposición a la verdad y, así, aunque a los demás les parezcan ser buenas personas y éstas parezcan admirables y loables, no necesariamente son conforme al corazón de Dios y podrían ser una persona negativa. ¿No es cierto? Así, independientemente de si los corruptos les parecen buenos o malos a las personas, para Dios todos son de Satanás; todos poseen un carácter satánico, todos están corruptos y todos están en enemistad con Dios. Citemos algunos ejemplos: ¿cómo, diríais vosotros, pudieron las personas en la religión clavar a Cristo en la cruz? Y cuando clavaron a Cristo en la cruz, ¿cuáles fueron sus motivos? ¿Creyeron que sus motivos estaban equivocados? Pensaron que estaban siendo fieles a Dios, que estaban defendiendo la obra de Dios y que estaban permaneciendo firmes en su testimonio —pero, a los ojos de Dios se estaban oponiendo a Él y eran Sus enemigos—. ¿Qué piensas de eso? Hoy, la comunidad religiosa condena la obra de Dios de los últimos días, una vez más han clavado a Cristo en la cruz y, en sus cabezas, piensan que están defendiendo la obra de Dios y que están siendo fieles a Dios y que no están en enemistad con Dios. Piensan que sólo ellos aman a Dios, que sólo ellos son los más fieles a Dios. ¿No es así como piensan? Así que, para los corruptos, al pensar y actuar de esta manera, lo que están haciendo está bien y es totalmente correcto —pero, para Dios, incuestionablemente están en contra de Él, son Sus enemigos—. ¿Cómo interpretas esto? ¿Ser bueno quiere decir que las personas son conforme al corazón de Dios? ¿Quiere decir que son justas? ¿Quiere decir que son compatibles con Dios? Y, por lo tanto, sin la verdad, ¿pueden las personas ser conforme al propio corazón de Dios? Sin la verdad, ¿no están en contra de Dios? Así que, ¿la bondad de las personas es positiva o negativa? En la mayoría de los casos, la bondad de las personas es negativa porque es demasiado impura, ha sido manchada con el veneno de Satanás y no tiene nada de la verdad. Y así, cuando sus “motivos” son buenos, no necesariamente están poniendo la verdad en práctica en sus acciones y se podrían estar oponiendo a Dios, en flagrante enemistad contra Dios; una prueba completa de esto se encuentra en la oposición y rebelión contra Dios de la comunidad religiosa, y en que crucificaron a Cristo por segunda vez […]. Por lo tanto, cuando las personas “viven”, cuando hacen “lo correcto” y hacen “buenas obras”, esto no necesariamente corresponde a la verdad; algunas de sus acciones se oponen a Dios y hasta se pueden describir como malvadas o perversas o que traicionan a Dios. Ahora ves estas cosas con claridad, ¿verdad? No importa cómo las personas se imaginen algo, esto no quiere decir que poseen la verdad o la realidad; sólo poner la verdad en práctica es tener la realidad.

de “Comunión y predicación sobre las palabras de Dios ‘Sólo poner la verdad en práctica es tener la realidad’”