2. Los pastores y ancianos han creído en el Señor durante muchos años, tienen un gran conocimiento de la Biblia y su fe es superior a la nuestra, así que debemos escucharlos en nuestra fe en el Señor. Dais testimonio de que el Señor Jesús ha regresado y está haciendo la obra del juicio comenzando por la casa de Dios, pero la mayoría de los pastores y ancianos no lo aceptan, e incluso llegan al extremo de oponerse a esto y condenarlo. Por lo tanto, nosotros tampoco podemos aceptarlo.

Versículos bíblicos como referencia:

“Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29).

“Son ciegos guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mateo 15:14).

“Maldito sea el hombre que en el hombre confía y basa su fortaleza en la carne, y cuyo corazón se aparta de Jehová” (Jeremías 17:5).*

“Pero el pueblo no ha vuelto a Aquel que los hirió, no han buscado al Señor de los ejércitos. Jehová, por tanto, corta de Israel el mismo día la cabeza y la cola, así como la rama de palmera y el junco. El anciano y venerable es la cabeza; el profeta que enseña la mentira, la cola. Porque los que guían a este pueblo lo extravían; y aquellos a los que guían acaban destruidos sin remedio” (Isaías 9:13-16).*

Las palabras relevantes de Dios:

Mira a los líderes de cada denominación: son todos arrogantes y sentenciosos y sus interpretaciones de la Biblia están sacadas de contexto y guiadas por sus propias nociones y figuraciones. Todos confían en los dones y el conocimiento para hacer su obra. Si fueran incapaces de predicar nada, ¿los seguirían las personas? Después de todo, poseen cierto conocimiento y pueden predicar ciertas doctrinas, o saben cómo ganarse a los demás y cómo usar algunos trucos. Por tanto, engañan a las personas y las llevan ante ellos. Esas personas creen en Dios solo de nombre, pero, en realidad, siguen a estos líderes. Cuando se encuentran con alguien que predica el camino verdadero, algunos de ellos dicen: “Tengo que consultarle a mi líder respecto a las cuestiones de fe”. Fíjate que la gente incluso necesita la aprobación y el consentimiento de los demás cuando se trata de creer en Dios y aceptar el camino verdadero; ¿no es esto problemático? ¿En qué se han convertido, pues, esos líderes? ¿Acaso no se han vuelto fariseos, falsos pastores y anticristos? ¿Acaso no se han convertido en obstáculos para que las personas acepten el camino verdadero?

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte

Los hay que leen la Biblia en grandes iglesias y recitan pasajes todo el día, pese a lo cual ninguno de ellos entiende el propósito de la obra de Dios ni hay nadie entre ellos que pueda conocer a Dios; ya no digamos alguien que pueda ser conforme a las intenciones de Dios. Todas son personas sin valor, viles, que se colocan en una posición superior para dar lecciones a “Dios”. Son personas que actúan enarbolando la bandera de Dios, pero se resisten deliberadamente a Él, que llevan la etiqueta de creer en Dios mientras comen la carne y beben la sangre del hombre. Todas esas personas son diablos malvados que devoran almas humanas, jefes demonios que perturban deliberadamente a las personas para que no se embarquen en la senda correcta y son obstáculos que impiden que busquen a Dios. Puede que parezcan “robustas físicamente”, pero ¿cómo van a saber sus seguidores que son anticristos que llevan a la gente a resistirse a Dios? ¿Cómo van a saber sus seguidores que son diablos vivientes dedicados a devorar almas humanas?

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Todas las personas que no conocen a Dios son las que se resisten a Él

Algunas personas no aman la verdad y, mucho menos, el juicio. En cambio, aman el poder y las riquezas; a tales personas se les llama buscadores de poder. Buscan exclusivamente aquellas denominaciones que tienen poder en el mundo y solo buscan a pastores y maestros que provienen de seminarios. A pesar de haber aceptado el camino de la verdad, son, en parte, escépticos e incapaces de entregar todo su cuerpo y toda su mente; de su boca salen palabras de gastarse para Dios, pero sus ojos se enfocan en los grandes pastores y maestros, y ni siquiera miran dos veces a Cristo. Su mente está llena de pensamientos de fama, provecho y gloria. Piensan que no es posible que una persona tan insignificante pueda ser capaz de conquistar a tantos, que alguien tan común y corriente sea capaz de perfeccionar al hombre. Ellos no creen en absoluto que estos “don nadie” que están entre el polvo y el estiércol sean el pueblo escogido por Dios. Ellos creen que si tales personas fueran los objetos de la salvación de Dios, el cielo y la tierra estarían de cabeza y todos los hombres se reirían a mandíbula batiente. Ellos creen que si Dios eligiera a tales personas para ser perfeccionadas, entonces esas grandes figuras se convertirían en Dios mismo. Sus perspectivas están manchadas de incredulidad; más que no creer, son simplemente bestias irracionales. Y es que solo valoran el estatus, el prestigio y el poder, y tienen en alta estima a los grandes grupos y denominaciones y no tienen la menor consideración hacia quienes son dirigidos por Cristo. Simplemente son traidores que le han dado la espalda a Cristo, a la verdad y a la vida.

No admiras la humildad de Cristo, sino que veneras a esos falsos pastores de destacado estatus. No adoras la belleza ni la sabiduría de Cristo, sino que te agradan esos licenciosos que transigen con la inmundicia del mundo. Solo te burlas del dolor de Cristo por no tener ningún lugar para reclinar Su cabeza, pero admiras a esos cadáveres que se apropian de las ofrendas y viven en el libertinaje. No estás dispuesto a sufrir junto a Cristo, pero te lanzas con gusto a los brazos de esos anticristos temerarios y obstinados a pesar de que solo te suministran carne, palabras y control. Incluso ahora, tu corazón sigue volviéndose a ellos, a su reputación, su estatus, sus fuerzas. Y, sin embargo, continúas adoptando una actitud de encontrar la obra de Cristo difícil de aceptar y de no estar dispuesto a aceptarla. Es solo por esto que digo que careces de la fe de reconocer a Cristo. La razón por la que lo has seguido hasta el día de hoy es solo porque no tenías otra opción. En tu corazón siempre se erigen una serie de imágenes elevadas; no puedes olvidar cada una de sus palabras y obras ni sus influyentes palabras y manos. En vuestro corazón, ellos son supremos por siempre y eternamente héroes. Pero esto no es así para el Cristo de hoy. En tu corazón, Él siempre es insignificante, Él siempre es una persona indigna de temor. Porque Él es demasiado común, tiene muy poca influencia y está lejos de ser elevado.

En cualquier caso, Yo digo que todos los que no valoran la verdad son incrédulos y traidores de la verdad. Tales personas nunca recibirán la aprobación de Cristo. ¿Has identificado ahora cuánta incredulidad hay dentro de ti y cuánta traición a Cristo tienes? Te exhorto: puesto que has elegido el camino de la verdad, deberías poner todo el corazón en tu devoción; no seas ambivalente ni vaciles. Debes entender que Dios no es Dios del mundo ni de ninguna persona, sino Dios de todos aquellos que creen verdaderamente en Él, de todos los que lo adoran y de todos aquellos que le muestran devoción y le son fieles.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Eres realmente un creyente en Dios?

Aquellos que no entienden la verdad siempre siguen a otros: si la gente dice que esta es la obra del Espíritu Santo, entonces, también tú dirás que es la obra del Espíritu Santo; si la gente dice que es la obra de un espíritu maligno, entonces, también tendrás dudas, o también dirás que es la obra de un espíritu maligno. Siempre repites como un loro las palabras de los demás, y eres incapaz de discernir nada por ti mismo, y tampoco eres capaz de pensar por ti mismo. Este es alguien sin una postura, que no tiene discernimiento, ¡una persona así es una inútil! Siempre repites las palabras de los demás: hoy se dice que esta es la obra del Espíritu Santo, pero tal vez un día alguien diga que no es la obra del Espíritu Santo y que, en realidad, no es otra cosa más que actos del hombre; sin embargo, tú no puedes discernir esto y cuando ves que otros dicen esto, lo repites. En realidad, es la obra del Espíritu Santo, pero tú dices que es la obra del hombre; ¿acaso no te has convertido en uno de los que blasfeman contra la obra del Espíritu Santo? Y al hacerlo, ¿acaso no te opones a Dios porque no tienes discernimiento? Quizás algún día aparezca algún tonto que diga que “este es el trabajo de un espíritu maligno”, y cuando oigas estas palabras te confundirás, y una vez más estarás constreñido por las palabras de otros. Cada vez que alguien te perturba, eres incapaz de mantener tu postura, y esto es todo debido a que no posees la verdad. Creer en Dios y buscar conocer a Dios no es un asunto sencillo. Estas cosas no pueden lograrse simplemente reuniéndose y escuchando sermones, y no puedes ser perfeccionado solo por la pasión. Debes haber tenido experiencias, poseer conocimiento y tener principios en tus acciones, así como obtener la obra del Espíritu Santo. Cuando hayas pasado por experiencias, serás capaz de discernir muchas cosas, serás capaz de distinguir entre el bien y el mal, entre la rectitud y la perversidad, entre lo que es de carne y hueso y lo que es de la verdad. Debes ser capaz de distinguir entre todas estas cosas, y al hacerlo, sin importar las circunstancias, nunca te perderás. Solo esto es tu estatura real.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo los que conocen a Dios y Su obra son los que satisfacen a Dios

Las personas que creen en Dios deben someterse a Él y adorarle. No exaltes ni admires a ninguna persona; no pongas a Dios en primer lugar, a las personas a las que admiras en segundo y, en tercer lugar, a ti. Ninguna persona debe tener un lugar en tu corazón y no debes considerar que las personas —particularmente a las que veneras— están a la par de Dios o que son Sus iguales. Esto es intolerable para Él.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los diez decretos administrativos que el pueblo escogido de Dios debe obedecer en la Era del Reino

Algunos son desorientados con frecuencia por los que, en apariencia, son espirituales, nobles, elevados y grandes. En lo que respecta a las personas que pueden hablar con elocuencia de palabras y doctrinas, y cuyo discurso y acciones parecen dignos de admiración, quienes son desorientados por ellos jamás han analizado la esencia de sus acciones, los principios subyacentes a sus obras o cuáles son sus objetivos. Además, tampoco han observado si estas personas se someten verdaderamente a Dios ni tampoco han determinado si auténticamente temen a Dios y se apartan del mal. Nunca han discernido la esencia-humanidad de estas personas. Más bien, empezando por el primer paso que consiste en familiarizarse con ellas, llegan poco a poco a admirarlas, a venerarlas, y estas personas acaban convirtiéndose en sus ídolos. Asimismo, en la mente de algunos, los ídolos a los que adoran y que creen que pueden abandonar a su familia y su trabajo, y que por fuera parecen capaces de pagar el precio son los que están satisfaciendo realmente a Dios y los que pueden lograr de verdad un buen final y un buen destino. En su mente, estos ídolos son a los que Dios elogia. ¿Qué los induce a creer tal cosa? ¿Cuál es la esencia de esta cuestión? ¿A qué consecuencias puede llevar? Expongamos, en primer lugar, el tema de su esencia.

Básicamente, estos asuntos relativos a los puntos de vista de las personas, sus métodos de práctica, los principios de práctica que deciden adoptar y aquello en lo que cada uno tiende a centrarse no tienen nada que ver con las exigencias de Dios hacia la humanidad. Ya sea que se centren en asuntos superficiales o profundos, o en palabras y doctrinas o en la realidad, las personas no se ciñen a lo que más deberían ceñirse ni saben lo que más deberían saber. Esto se debe a que la verdad no les gusta en absoluto. Por tanto, no están dispuestas a invertir tiempo ni esfuerzo en buscar y poner en práctica los principios de práctica que se encuentran en las declaraciones de Dios. Más bien, prefieren utilizar atajos, resumir lo que entienden y lo que saben que es una buena práctica y un buen comportamiento; este resumen pasa a ser, pues, el objetivo a perseguir, lo cual toman como la verdad a practicar. La consecuencia directa de esto es que las personas utilizan el buen comportamiento humano como sustituto de poner en práctica la verdad, algo que también satisface su deseo de ganarse el favor de Dios. Esto les proporciona un capital con el que luchar contra la verdad, que también utilizan para razonar con Dios y competir con Él. Al mismo tiempo, las personas dejan de lado a Dios, sin escrúpulos, y colocan en Su lugar a los ídolos a los que admiran. Solo existe una causa fundamental por la que estas personas llevan a cabo y sostienen acciones y puntos de vista tan ignorantes, así como opiniones y prácticas parciales, y hoy os hablaré de ello. La razón es que, aunque las personas pueden seguir a Dios, orar a Él y leer Sus declaraciones cada día, no entienden realmente Sus intenciones. Aquí está la raíz del problema. Si alguien entendiera el corazón de Dios y supiera lo que a Él le gusta, lo que Él detesta, lo que quiere, lo que rechaza, a qué clase de persona ama, qué clase de persona no le gusta, qué tipo de estándar usa cuando hace exigencias a las personas y qué tipo de enfoque adopta para perfeccionarlas, ¿podría esa persona seguir teniendo sus propias opiniones personales? ¿Podrían tales personas simplemente ir y adorar a alguien más? ¿Podría un ser humano común y corriente ser su ídolo? Las personas que entienden las intenciones de Dios poseen un punto de vista ligeramente más racional que ese. No van a idolatrar arbitrariamente a una persona corrupta y, mientras caminan por la senda de poner en práctica la verdad, tampoco creerán que ceñirse ciegamente a unos cuantos preceptos o principios sencillos equivale a poner en práctica la verdad.

La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra

Sería mejor que aquellas personas que dicen que siguen a Dios abrieran los ojos y miraran bien para ver exactamente en quién creen: ¿Realmente es en Dios en quien crees o en Satanás? Si sabes que no es en Dios en quien crees sino en tus propios ídolos, entonces sería mejor que no afirmaras que eres un creyente. Si realmente no sabes en quién crees, entonces, una vez más, sería mejor que no dijeras que eres un creyente. ¡Decirlo sería una blasfemia! Nadie te está obligando a creer en Dios. No digáis que creéis en Mí; he oído bastante esa plática y no deseo volver a oírla, porque en lo que creéis es en los ídolos que están en vuestro corazón y en los bravucones locales que están entre vosotros. Aquellos que sacuden la cabeza cuando oyen la verdad, que sonríen cuando oyen decir palabras mortales, son todos los vástagos de Satanás y son quienes serán descartados. Muchos en la iglesia no tienen discernimiento. Cuando alguien intenta desorientar a otros, contrariamente se ponen del lado de Satanás; incluso se sienten extremadamente agraviadas cuando se les llama sirvientes de Satanás. Aunque las personas podrían decir que no tienen discernimiento, siempre se ponen del lado de la no verdad, nunca se ponen del lado de la verdad en el momento crítico, nunca se ponen de pie y argumentan en favor de la verdad. ¿Acaso carecen verdaderamente de discernimiento? ¿Por qué se ponen contrariamente del lado de Satanás? ¿Por qué nunca dicen una palabra que sea justa y razonable en aras de la verdad? ¿Ha surgido esta situación auténticamente como resultado de su confusión momentánea? Cuanto menos discernimiento tienen las personas, menos capaces son de ponerse del lado de la verdad. ¿Qué muestra esto? ¿Acaso no muestra que los que no tienen discernimiento aman el pecado? ¿Acaso no muestra que son los vástagos leales de Satanás? ¿Por qué siempre pueden ponerse del lado de Satanás y hablan su idioma? Todas sus palabras y acciones, la expresión en su rostro, todo ello es suficiente para probar que no son para nada amantes de la verdad; más bien, son personas que detestan la verdad. Que puedan ponerse del lado de Satanás basta para probar que este realmente ama a estos diablos menores que pasan la vida luchando a su favor. ¿No son todos estos hechos sumamente claros? Si en verdad eres una persona que ama la verdad, entonces ¿por qué no tienes consideración por aquellos que practican la verdad y por qué sigues inmediatamente a aquellos que no practican la verdad en el instante en el que te dirigen la mirada? ¿Qué tipo de problema es este? No me importa si tienes discernimiento o no. No me importa cuán grande sea el precio que pagaste. No me importa cuán grandes sean tus fuerzas y no me importa si eres un bravucón local o un líder que enarbola la bandera. Si tus fuerzas son grandes, es solo con la ayuda de la fuerza de Satanás. Si tu prestigio es alto, es simplemente porque hay demasiados a tu alrededor que no practican la verdad. Si no has sido expulsado es porque ahora no es el momento para la obra de expulsión; sino que es tiempo para la obra de descarte. No hay prisa por expulsarte ahora. Simplemente estoy esperando el día en el que te castigaré después de que hayas sido descartado. ¡Quienquiera que no practique la verdad será descartado!

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Una advertencia a los que no practican la verdad

Anterior: 1. Pablo dijo en la Biblia: “Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan; porque no hay autoridad sino de Dios” (Romanos 13:1). “Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios” (Hechos 20:28). La mayoría en el mundo religioso se rige por las palabras de Pablo en su creencia de que los pastores y ancianos han sido designados por el Señor y de que lo sirven en las iglesias. Creen que quienes escuchan y obedecen a los pastores y ancianos, obedecen y siguen al Señor, y que escuchar las palabras de los pastores es escuchar las palabras del Señor. ¿Está esto de acuerdo con la voluntad del Señor?

Siguiente: 3. En el mundo religioso, los pastores y ancianos detentan el poder. Caminan por la senda de los fariseos hipócritas y, aunque los seguimos y hacemos lo que ellos dicen, creemos en el Señor Jesús, y no en los pastores y ancianos. ¿Cómo podéis, entonces, decir que nosotros también caminamos por la senda de los fariseos? ¿Estáis diciendo que quienes creemos en Dios en la religión no seremos verdaderamente salvos?

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