Cómo perseguir la verdad (22)

¿Cómo os sentís después de oír las afirmaciones y el contenido sobre los rasgos de humanidad que se han compartido últimamente? ¿Tenéis un poco más claros los rasgos de las personas que de veras poseen humanidad? (Lo tenemos un poco más claro que antes). Por tanto, después de oír esto, ¿habéis llegado a alguna conclusión respecto a cuáles son las principales características de las personas que poseen rasgos de humanidad? ¿Sois capaces de ver cuáles son las características de la humanidad de alguien a partir de los detalles y aspectos concretos que se han compartido? (Por medio de la reciente charla de Dios, ahora entiendo que las personas con rasgos de humanidad poseen conciencia y razón y son capaces de discernir el bien del mal). Una persona que posee rasgos de conciencia y razón en su humanidad contempla a las personas y las cosas y se comporta y actúa según la base de su conciencia y razón. Sus opiniones sobre las personas y sus principios para la conducta propia se construyen sobre la base de la conciencia y la razón. Esto es muy preciso, ¿verdad? (Sí). Una persona que no posee conciencia y razón tiene ciertas características relativas a sus opiniones sobre las personas y sus principios para la conducta propia. Por otra parte, quienes poseen conciencia y razón también tienen ciertas características relativas a sus opiniones sobre las personas y sus principios para la conducta propia; estas características no son huecas en absoluto, sino que se revelan y se manifiestan realmente en la vida diaria de las personas con conciencia y razón. No importa en qué era o en qué clase de entorno social viva alguien, si posee conciencia y razón, vivirá algunos rasgos de humanidad. Con todos los asuntos en su vida, o con la mayoría de los que implican pensamientos, opiniones y principios para la conducta propia, revelará claramente rasgos de conciencia y razón; esto no es en absoluto algo hueco. Comparad esto con las personas a vuestro alrededor, ¿acaso no es así? (Sí). Cuando alguien posee conciencia y razón, tendrá manifestaciones de honradez y bondad. Dado que su conciencia lo obliga y actúa sobre él, tendrá ciertos límites en cómo se comporta y actúa y, debido a la función de su razón y al efecto restrictivo que tiene en él —o en los límites de su razón—, tendrá manifestaciones específicas y un vivir específico. Por tanto, para determinar si alguien posee conciencia y razón, fijaos en sus manifestaciones reales; fijaos en si sus puntos de vista, sus principios y sus límites habituales respecto a cómo contempla a las personas y las cosas y a cómo se comporta y actúa se conforman a los estándares de la conciencia y la razón; fijaos en si su límite más bajo está dentro de las fronteras de la conciencia y la razón y está bajo el control de su conciencia y razón. Si la conciencia y razón de una persona no funcionan cuando contempla a las personas y las cosas ni al comportarse y actuar, así como a ella misma no la controlan ni frenan su conciencia ni su razón, entonces mostrará a menudo que va en contra de la conciencia y razón o que las ha perdido. En la vida diaria, lo que esta persona manifiesta y vive es simplemente falta de conciencia y ausencia de razón. Cuando se encuentra con asuntos, simplemente suelta razonamientos torcidos y sus pensamientos y opiniones son particularmente extremos, obstinados y anormales. No cuida su manera de hablar y, cuando habla, no logra distinguir entre la gente cercana y la que es ajena; todo lo que dice es una tontería y es confuso. Con frecuencia, sus acciones también exceden las fronteras de la razón, carecen de principios, límites y, más aún, de sabiduría, y son particularmente impetuosas; esta persona solo hace cosas necias y estúpidas. Ya sea al relacionarse con otros o manejar los asuntos, nunca puede encontrar los principios o la dirección correctos, mucho menos tiene ningún principio ni límite en cómo se comporta. No sabe cómo comportarse; no sabe qué significa comportarse o qué clase de persona debería intentar ser ni sabe qué es una vida auténtica o qué clase de senda debería recorrer. No tiene ningún concepto en absoluto de estas cosas en su corazón; pasa sus días en una neblina, sin ninguna meta ni ninguna dirección. Si se encuentra con algo, simplemente sale del paso, incapaz de extraer cualquier experiencia o lección de ello o de que se le ocurran sendas de práctica correctas. Por mucho tiempo que viva, sigue siendo despistada y atolondrada. ¿Poseen tales personas conciencia y razón? (No). Parece que su vida diaria es bastante feliz y sencilla, actúan como necias despreocupadas, sin experimentar ninguna dificultad. Pero cuando se encuentran con algunas cuestiones, mientras estas impliquen más pensamientos, opiniones y principios para la conducta propia, más confusas y perdidas llegan a estar. En especial, cuando se encuentran con personas, acontecimientos y cosas complejos, carecen incluso de la sabiduría, la inteligencia y los principios para la conducta propia más básicos. Ya sea en términos de coeficiente intelectual o de principios para la conducta propia, tales personas no alcanzan a poseer los rasgos de humanidad. Al vivir en este mundo, la gente afrontará a toda clase de personas, acontecimientos y cosas, así como los asuntos más y menos importantes de la vida. Un verdadero ser humano posee conciencia y razón; cuando encuentra a tales personas, acontecimientos y cosas, tiene principios y posee algunos pensamientos y opiniones relativamente correctos y positivos. Asimismo, al manejar a estas personas, acontecimientos y cosas, hará juicios dentro de los límites de la racionalidad. Incluso si no ha aceptado la obra de Dios ni entiende la verdad, seguirá emitiendo juicios y manejando estos asuntos dentro de los límites de la conciencia y la razón. No es despistado ni atolondrado al afrontar situaciones, sino que más bien lo impulsan y lo restringen su conciencia y su razón, de modo que tendrá principios básicos de conducta propia para manejar estos asuntos. Aparte de la honradez y la bondad, otra de las características más obvias de las personas que poseen rasgos de conciencia y razón en su humanidad es tener sentido de la vergüenza. Con anterioridad, hablé un poco sobre tener sentido de la vergüenza al compartir las manifestaciones de la honradez y la bondad. Aparte de lo que compartí entonces, sigue habiendo mucho contenido que es más específico y ese es en el que vamos a avanzar hoy.

Dado que alguien que posee conciencia y razón tiene una conciencia funcional y también posee razón, de seguro posee claramente la característica de tener sentido de la vergüenza en su comportamiento. Primero, hablemos sobre algunas manifestaciones o dichos sobre tener sentido de la vergüenza que os habéis encontrado en la vida diaria. Por ejemplo, hay ciertas palabras malsonantes que no te sale decir; la idea de decir tales cosas te da vergüenza; ¿es esto tener sentido de la vergüenza? (Sí). Y hay algunas cosas que son feas y perversas; no pueden sacarse a la luz y no eres capaz de hacerlas; ¿es esto tener sentido de la vergüenza? Cuando haces cosas vergonzosas, sientes remordimientos de corazón y te odias a ti mismo; ¿es esto tener sentido de la vergüenza? (Sí). ¿Qué otras manifestaciones hay? (A las personas con sentido de la vergüenza les importa su orgullo y saben avergonzarse cuando es necesario). Estas son cosas en las que puede pensar cualquiera. ¿Cuál es otra manera de expresar “tener sentido de la vergüenza”? (Tener sensación de vergüenza). En la vida diaria, a menudo decimos: “¿No tienes ninguna vergüenza?”, ¿verdad? (Sí). ¿Qué implica principalmente tener sentido de la vergüenza? ¿Implica integridad y dignidad? (Sí). Cuando una persona tiene sentido de la vergüenza, le preocupa particularmente su propia integridad y dignidad. No comprometerá su integridad ni usará su dignidad a cambio de cosas que la gente considera buenas o beneficiosas para sí misma. En cierto sentido, tener sentido de la vergüenza significa salvaguardar la integridad y la dignidad de uno, incluso si significa sacrificar los intereses personales. La conciencia de las personas con sentido de la vergüenza funciona cuando actúan; es decir, a ojos de los demás, tienen relativamente más integridad y dignidad. En su discurso y acciones no tienen nada que ocultar y son abiertas y transparentes. No hacen cosas despreciables ni sórdidas y los principios a los que se atienen o el razonamiento que expresan puede soportar el escrutinio de la gente; los demás no las critican a sus espaldas ni hacen comentarios chismosos sobre ellas. Es decir, si una persona tiene sentido de la vergüenza, su manera de hacer las cosas y sus métodos para hacerlas serán relativamente abiertos y transparentes. No intenta hacer nada turbio y no es despreciable ni sórdida. Los límites para las acciones de tales personas y sus maneras de actuar están básicamente dentro de las fronteras de la conciencia y la razón. Los principios y las maneras según los que se comportan las personas con sentido de la vergüenza, así como los objetivos que se marcan para su conducta propia, son exactamente así. Aparte de estas cosas, las personas con sentido de la vergüenza ciertamente tienen algunas manifestaciones específicas y viven y revelan algunas cosas específicas. O poseen algunos pensamientos y puntos de vista relativamente positivos en algunos asuntos y se comportan y actúan bajo la guía de estos pensamientos y puntos de vista positivos. Por ejemplo, cuando la iglesia está eligiendo líderes en todos los niveles, como las personas con sentido de la vergüenza tienen actitudes corruptas, aman el estatus y tienen ambiciones igual que todo el mundo; también quieren que las tengan en alta consideración y tener estatus y un prestigio alto entre la gente: a este respecto son iguales que todos los demás. Sin embargo, la manera en la que una persona con sentido de la vergüenza logra estatus no es intentando por todos los medios alardear y jactarse para obtener la alta consideración de los hermanos y hermanas; tampoco compitiendo con otros desvergonzadamente, usando métodos inusuales o maneras deshonrosas de hacer cosas sórdidas. Más bien, quiere ser elegida líder sobre la base de sus capacidades reales; por ejemplo, al lograr algunos resultados en un área profesional por la vía de utilizar sus fortalezas o soportar adversidades y pagar un precio —o al hacer cosas que son beneficiosas para los hermanos y hermanas por medio de vivir bien su humanidad—, de modo que obtenga el reconocimiento de la mayoría de los hermanos y hermanas y, así, se la elija líder. Si no la eligen, también siente por dentro un poco de resentimiento. Este resentimiento es una revelación normal de corrupción y una manifestación muy natural de la especie humana corrupta. Pero es capaz de tratar correctamente este asunto: “El hecho de que la gente no me eligiera muestra que aún me quedo corto. Tal vez todavía tenga defectos en algunos ámbitos. No me eligieron; ahora no debo obcecarme en intentar competir por ello. Como poco, debo tener rasgos deseables en cuanto a calibre, humanidad o capacidad de trabajo para que la gente me elija. Si no me eligieron por no tener ningún rasgo deseable, pero todavía insistiera desvergonzadamente en ser líder, ¡eso sería muy deshonroso!”. Aunque se siente un poco decepcionada y triste por dentro después de perder la elección, es capaz de reflexionar y conocerse a sí misma, así como de ver qué defectos y deficiencias tiene. Entonces se fija en qué fortalezas tiene en realidad la persona elegida, por qué los hermanos y hermanas eligieron a esa persona, en qué aspectos hace el trabajo mejor que ella y de qué manera es el calibre de esa persona mejor que el suyo. Una persona con sentido de la vergüenza tratará este asunto con racionalidad; después de perder la elección, de ninguna manera se resistirá, se quejará, emitirá juicios ni lanzará insultos. No hará esas cosas en absoluto. ¿Por qué no hace esas cosas? Porque este tipo de persona posee razón. Incluso cuando se encuentra con algunos reveses y fracasos, no pierde la razón; sigue viviendo dentro de los límites de la razón. De este modo, tratará el asunto que tiene entre manos con racionalidad. Aunque sus actitudes corruptas la muevan o le afecten y se sienta triste, se vuelva negativa o incluso se sienta un poco desafiante, como posee razón, ajustará rápidamente su mentalidad y estado en poco tiempo y luego tratará el asunto de perder la elección con racionalidad. No competirá por la posición de líder ni usará métodos o maneras solapados de lograr su objetivo; no hará cosas que se pasen de la raya. Es decir, a ojos de los demás, esta persona es la misma que otras con actitudes corruptas: también le encanta el estatus y tiene la ambición y el deseo de obtenerlo, pero su amor por el estatus y su manera de obtenerlo recaen en el ámbito regulado por el rasgo de tener sentido de la vergüenza en su humanidad. No usará medios inusuales para obtener estatus ni presumirá en aras del estatus o para satisfacer su ambición y deseo, diciendo cosas desvergonzadas para ganarse una alta consideración. No dirá ni hará tales cosas en absoluto. En vez de eso, se esfuerza con calma por perseguir la verdad y hacer su deber. Hace más y habla menos, se esfuerza al máximo por mantener controlados su ambición y su deseo de estatus. Espera lograr resultados y desempeñarse mejor por medio de sus propios esfuerzos, preparando una estatura suficiente para sí misma con la intención de satisfacer las condiciones para servir como líder u obrero. Espera también que los hermanos y hermanas vean sus esfuerzos y los reconozcan, así como que se la pueda elegir líder en el futuro. Incluso si alguien con sentido de la vergüenza tiene la ambición de ser elegido líder, sigue haciendo cosas relativamente racionales dentro de los límites de la conciencia y la razón. En otras palabras, incluso si tiene las ambiciones de la especie humana corrupta, aún le preocupa su integridad y dignidad; sin sacrificar su integridad y dignidad, hace cosas que se consideran justas, correctas y relativamente positivas acordes a los pensamientos y las nociones de la especie humana corrupta. Por tanto, una persona con sentido de la vergüenza lo exhibe de manera particularmente clara incluso frente al estatus y el deseo. Aunque ame el estatus y quiera ser líder, todavía le preocupa su integridad y dignidad; es decir, sus pensamientos y puntos de vista respecto a tales asuntos, así como sus maneras y principios de actuación, son relativamente racionales y positivos. Para empezar, no se inventa hechos para ganarse con engaños la confianza o la alta consideración de la gente; asimismo, no usa zalamerías ni una apariencia externa falsa que pueda engañar a la gente para gustarle con el fin de ganarse su alta consideración. Incluso si ama el estatus y quiere que la elijan líder, no se inventa cosas ni se vale del engaño ni usa tácticas. Cree que el principio básico al que más debe atenerse es hacer las cosas con los pies en el suelo, aplicarse con esmero para hacer cualquier cosa que Dios requiera y que sea lo correcto, esforzarse por hacerlo bien y poner más esfuerzo en la verdad. Piensa para sus adentros: “Si entiendo más la verdad y sé cómo compartir la verdad, ¿no me elegirán líder los hermanos y hermanas?”. Espera obtener reconocimiento mediante sus propios esfuerzos, al vivir prácticamente estas manifestaciones de conciencia y razón, en lugar de por medio del invento. Dicho en lenguaje cotidiano, quiere obtener reconocimiento confiando en sus capacidades reales, en su talento real y su trabajo práctico y, luego, tener la oportunidad de ser elegida como líder. Entonces, ¿te parece que tales personas poseen sentido de la vergüenza? (Sí). ¿Diríais que esta es una evaluación objetiva de este tipo de persona? (Sí). ¿De qué manera es objetiva? (Si bien este tipo de persona también ama la reputación y el estatus y tiene ambiciones y deseos, de todos modos puede usar los estándares de la conciencia para frenarse a sí misma y le preocupa su integridad y dignidad. No incurre en el fingimiento ni el engaño para ganarse la alta consideración y confianza de la gente; más bien, quiere obtener reconocimiento pagando un precio y esforzándose de verdad. Me parece que, en términos relativos, tales personas tienen algún sentido de la vergüenza). Si alguien ni siquiera tiene las manifestaciones de conciencia y razón frente al estatus y, aun así, la gente dice que tiene sentido de la vergüenza, ¿no son estas palabras huecas e impracticables? (Sí). Entonces, ¿en qué circunstancias es objetivo y no es hueco decir que alguien tiene sentido de la vergüenza? Cuando realmente posee las manifestaciones de tener conciencia y razón al afrontar los asuntos, lo cual incluye la manifestación del sentido de la vergüenza que se encuentra en la humanidad normal. ¿Deberían poseer sentido de la vergüenza las personas con una humanidad normal? (Sí).

¿Qué clase de manifestaciones tiene una persona con sentido de la vergüenza cuando está entre otras personas? Actúa de manera práctica. No depende de métodos como adular y halagar, formar cuadrillas, incitar a otros, inventar cosas, recurrir al fingimiento, engañar, mentir o actuar de una manera de cara a la gente y de otra a su espalda, a fin de obtener el prestigio y el estatus que quiere; en su lugar, trabaja sin descanso. ¿Cuál es aquí el hecho objetivo? Que, dado que las personas con sentido de la vergüenza tienen actitudes corruptas, exhibirán muy naturalmente algunos rasgos, pensamientos, puntos de vista, ambiciones y deseos de la especie humana corrupta; esto es muy normal. Pero a pesar de también tener ambiciones y amar el estatus, las personas con sentido de la vergüenza no usarán medios inusuales para obtener estatus; más bien, quieren confiar en sus capacidades reales para actuar de manera práctica. Por supuesto, si este tipo de persona es acorde al estándar en cuanto a su calibre, humanidad y todos los demás aspectos, es solo cuestión de tiempo que la elijan líder. Pero en un grupo social o en el lugar de trabajo, ¿qué les acaba ocurriendo a estas personas que tienen conciencia y razón? No solo no se las ascenderá ni se las colocará en puestos importantes, sino que incluso caerán en el ostracismo y se las reprimirá. No adulan ni halagan ni buscan el favor de los líderes o les dan regalos, menos aún intentan llevarse bien con sus colegas. No hacen uso de tácticas ni intentan engañar, no usan filosofías astutas para los asuntos mundanos para jugar a dos bandas. Si les pidieras que hicieran estas cosas, siempre se sentirían avergonzadas; no serían capaces de hacerlas. Si les pidieras que adularan a los líderes y solo dijeran cosas buenas de ellos, no serían capaces de hacerlo, pues no ven nada bueno en los líderes. Si fueran en contra de cómo se sienten realmente e hicieran un comentario adulador como: “Los líderes lidian con una miríada de asuntos todos los días y se desviven por nosotros”, se sentirían avergonzadas y se abofetearían a sí mismas después de decirlo. Piensan: “Estos líderes se pasan el día comiendo, bebiendo y de fiesta; son gordos y de rostro sonrosado. ¿Cómo van a lidiar con una miríada de asuntos todos los días? Todos son funcionarios corruptos que no hacen el trabajo que les corresponde, sino que simplemente comen, beben, van con prostitutas y apuestan. ¡Son todos diablos que comen carne humana y beben sangre humana!”. Odian profundamente a estas personas en su interior y no quieren ir en contra de lo que sienten realmente ni decirles ni una palabra aduladora. Sienten que decir cosas aduladoras es enfermizo y no las dirían ni muertas. Aunque las tendencias de la sociedad las han manchado un poco y pueden decir algunas cosas contrarias a lo que sienten realmente, tienen un límite, no irán demasiado lejos ni se volverán empalagosas. Si en realidad hacen regalos y piden favores para lograr que se haga algo es porque no les queda otra opción. Solo cuando estén verdaderamente acorraladas y no tengan otra opción irán en contra de cómo se sienten en realidad y harán tal cosa. Sin embargo, lamentarán haberla hecho, sentirán que han perdido la dignidad y estarán demasiado avergonzadas para dar la cara ante cualquiera. Eso deja una marca en su corazón y no serán capaces de recuperarse de este asunto durante el resto de su vida. Cuando las personas con sentido de la vergüenza se ven en ciertas circunstancias especiales donde, debido a un sentido de la impotencia, las presiones de la vida o la presión externa, no tienen otra opción que hacer cosas que comprometan su integridad y dignidad, esto se convierte en una fuente de humillación durante el resto de su vida. Cada vez que lo piensan, sienten remordimientos y un dolor sordo en el corazón; juran que jamás van a volver a hacer tal cosa.

Tener sentido de la vergüenza es una característica obvia entre los rasgos de humanidad. Esta característica puede frenar a las personas de hacer cosas que sacrifiquen su integridad y dignidad o ayudarlas a hacer menos cosas semejantes. También puede protegerlas para impedir que excedan los límites de la conciencia y la razón, así como ayudarlas a elegir hacer cosas relativamente positivas y correctas. Esto es muy importante. Incluso frente al estatus, los intereses propios y el dinero e incluso en aras de salir adelante y sobrevivir, las personas con sentido de la vergüenza siguen restringidas por su conciencia y razón en cualquier cosa que hacen; no sobrepasarán estos límites. Si los sobrepasan de vez en cuando y hacen cosas contrarias a su conciencia y razón, con lo que comprometen su dignidad y pierden su integridad, entonces su sentido de la vergüenza se volverá incluso más fuerte y se intensificará el sentido del reproche por parte de su conciencia. Esto es porque, una vez que las personas de este tipo sobrepasen los límites establecidos por su sentido de la vergüenza o se libren del control y la restricción que este provee, se sentirán incluso más inquietas y culpables y en su interior se culparán incluso más a sí mismas. Así, puedes ver que cuando las personas que tienen sentido de la vergüenza están en presencia de gente con estatus y posición, parecen muy aisladas y fuera de lugar, incluso dándoles a otros la impresión de que son algo así como una rareza. Aquellos que carecen por completo de conciencia y razón se llevan perfectamente bien entre sí, mientras que las personas con conciencia y razón se sienten particularmente incómodas cuando están con gente así. Las personas sin conciencia y razón no se alteran en su interior por mucho que sus palabras sean contrarias a los hechos ni sienten nada por muy desvergonzadas que sean las cosas que dicen. En cambio, como las personas con conciencia y razón tienen sentido de la vergüenza, no solo son incapaces de decir estas cosas, sino que también se sienten incómodas y les parece insoportable oírlas. Por tanto, relacionarse con personas que no tienen sentido de la vergüenza es una especie de tormento para ellas. Por un lado, este tormento surge de su propio sentido de la vergüenza y, por otro, de caer en el ostracismo. Como sus principios a la hora de comportarse y de manejar los asuntos hacen que los demás sientan que son muy peculiares y una rareza, como si estuvieran por completo al margen de los asuntos mundanos, y se las ve como santurronas, la gente las excluye o se mantiene alejada de ellas. Por tanto, a este tipo de persona se la dará de lado entre los no creyentes, en especial en el lugar de trabajo; en palabras de los no creyentes, tales personas no son bienvenidas en ninguna parte. Todos los no creyentes quieren subir de escalafón usando toda clase de métodos inusuales, recurriendo a cualquier medio para conseguir lo que quieren. Por el contrario, las personas con sentido de la vergüenza siempre quieren ganarse la vida de manera equitativa, razonable y justa, confiando en sus capacidades. Esto no las llevará a ninguna parte en ningún grupo social, dado que las reglas del juego en cualquier grupo así no son justas; en su lugar, todo el mundo sigue las reglas no escritas. A aquellos que prosperan y tienen prestigio se les da bien vivir según estas reglas no escritas, mientras que las personas con sentido de la vergüenza, dado que salvaguardan su integridad y dignidad, nunca pueden aceptar estas reglas no escritas de la sociedad. No entienden estas reglas, no les gustan y, más aún, rechazan usarlas. Así, dentro de los grupos de personas, mientras otros pueden ser ascendidos o tenidos en alta consideración por los líderes, como tienen sentido de la vergüenza, siempre hablan y actúan rígidamente, según las normas, diciendo lo que se les pasa por la cabeza; entonces, de vez en cuando acaban ofendiendo a sus colegas y a los líderes, les dan a los líderes donde más duele y dicen las palabras que estos menos quieren oír. En el momento que se dan cuenta, ya es demasiado tarde. ¿Y qué ocurre al final? No importa cuántos años se hayan esforzado o cuántos hayan desempeñado ese empleo, nunca se les asciende ni se les coloca en posiciones importantes. Respecto a aquellos con conciencia, razón y sentido de la vergüenza, ¿vivir entre tales personas es una dicha o una agonía? (Una agonía). Cuando no pueden desentrañar a esta sociedad y a esta especie humana corrupta, tratan por todos los medios de integrarse en esta sociedad y con las personas entre las que viven. Sin embargo, como tienen conciencia y razón, no son capaces de hacer cosas que van en contra de su integridad y dignidad. Así, no importa lo mucho que lo intenten ni cuánto esfuerzo dediquen o cuántos sacrificios hagan, el resultado final es que nunca pueden integrarse en esta sociedad o con las personas entre las que viven; siempre están fuera de lugar entre esas personas y ni siquiera saben por qué. Se dicen: “Esta sociedad es muy injusta. Si no sabes cómo usar tácticas o adular y halagar, si siempre quieres salvaguardar tu integridad y dignidad o lograr tus objetivos, no llegarás a ninguna parte en ningún grupo de personas”. Esta es la experiencia que extraen las personas con sentido de la vergüenza respecto a sobrevivir en la sociedad. ¿Con qué sensación acaban al final? ¿Les agrada esta sociedad humana o están decepcionadas con ella? (Decepcionadas). Solo pueden estar decepcionadas. Se lanzan a la sociedad llenas de esperanza, sienten que las buenas personas todavía constituyen la mayoría en la sociedad y que en esta hay equidad, rectitud y un lugar donde las personas pueden defender su postura. Pero después de correr de un lado a otro tan arduamente en la sociedad durante tantos años, ¿al final qué consiguen para sí mismas? Lo que consiguen es darse cuenta de que no solo no hay equidad ni justicia en el mundo humano, sino que este también es siniestro. Cuando un tigre se abalanza sobre ti, al menos puedes intentar evitarlo; pero cuando las personas van a por ti, no tendrás siquiera oportunidad de intentarlo. Esto es a lo que terminan por llegar; acaban desanimadas y decepcionadas con la sociedad y la especie humana. Quieren imitar a tales personas haciendo uso de tácticas, adulando y halagando, acercándose a los líderes y los superiores, dando regalos y llevándose bien con la gente, pero da igual cómo lo intenten, nunca pueden aprender a hacer estas cosas; ni siquiera les sale con facilidad decir unas pocas palabras aduladoras y, cuando lo intentan, acaban haciendo el ridículo y se convierten en un hazmerreír. Sin embargo, al vivir en esta sociedad, no les queda otra que actuar así. Todos los días, su conciencia está cargada de acusación hacia sí mismas y sensación de inquietud. Sienten que no tienen esperanza en la vida; todo es o estresante o una agonía y todos los días sienten una sensación de frustración. Enfrentarse a las diversas situaciones que surgen en esta sociedad y a este grupo de personas les resulta angustioso y esta agonía les causa una tremenda sensación de intranquilidad en el corazón. Aunque aprenden a decir algunas cosas vergonzosas o a imitar a otros al hacer cosas que van en contra de su conciencia y razón, por dentro sienten una sensación de intranquilidad, así como un autorreproche y acusación hacia sí mismas. Cuanto más intranquilas se sienten en su interior, más odian esta sociedad y a esta especie humana en su corazón, ¿verdad? (Sí. Sentirán que esta sociedad es injusta y llegarán a odiarla). Odiarán a la especie humana y a esta sociedad. Esperan que la equidad y la justicia emerjan, con la esperanza de que aparezca alguien que pueda defender la rectitud y la equidad, así como de que haya un lugar donde las personas puedan defender su postura. Pero esos son meros deseos; no se pueden materializar en la vida real; no hay lugar en la sociedad para que las personas defiendan su postura. Aunque la influencia de esta sociedad y vivir entre diversos grupos de personas perversas causa que se manchen sin darse cuenta por cosas que las tendencias malvadas popularizan y por las que abogan o están relativamente a la moda, el sentido de la vergüenza en el fondo de su corazón y su ansia de rectitud y cosas positivas nunca desaparecen ni cambian. En su corazón, siguen esperando que surjan la equidad y la justicia para no tener que comportarse de una manera contraria a cómo se sienten en realidad, ni tener que traicionar su propia integridad y dignidad, ni verse obligadas a perder el sentido de la vergüenza en aras de ganarse la vida y sobrevivir, ni tener que vivir ni comportarse de forma tan desvergonzada. Aunque mezclarse en la sociedad y entre las personas corruptas durante tanto tiempo ha causado que las manchen algunos malos hábitos y las ha llevado a adaptarse a las tendencias sociales, haciendo que parezca que su conciencia y razón se han erosionado y oscurecido, si son auténticos seres humanos, su conciencia y razón no desaparecerán. Dado que su conciencia y razón no desaparecerán, su sentido de la vergüenza siempre estará presente. Es solo que, al haber estado en la sociedad desde hace tanto tiempo, haber adquirido mucho conocimiento y aprendido muchas filosofías para los asuntos mundanos, han adoptado algunos malos hábitos en su humanidad y han adquirido algunas cosas propias de Satanás y los diablos en su carácter, así que su conciencia y razón son relativamente insensibles y torpes. Pero mientras sean seres humanos y posean rasgos de conciencia y razón en su humanidad, su sentido de la vergüenza siempre estará presente; las personas como estas son las que se pueden salvar.

Cuando una persona posee conciencia y razón, también posee sentido de la vergüenza. Alguien con sentido de la vergüenza es una persona que tiene integridad y dignidad; una persona así amará la equidad, la justicia y las cosas positivas. Es decir, a juzgar por su esencia-naturaleza, ama las cosas positivas; es simplemente que antes de entender qué son las cosas positivas, no sabe qué debería gustarle o qué no. Una vez que entiende qué son las cosas positivas y negativas, su preferencia por las cosas positivas se vuelve más específica y precisa. Si alguien posee conciencia y razón, una manifestación básica de sus rasgos de humanidad es un amor por la equidad y la justicia. Espera que, mientras viva entre los demás, se le trate con equidad, sin necesidad de usar tácticas ni artimañas y sin tener que seguir ninguna regla no escrita. Espera que las interacciones entre las personas puedan ser equitativas y que se las pueda tratar con justicia. Es decir, espera que las cosas puedan ser directas y claras: si has hecho algo malo, has hecho algo malo y deberías recibir el castigo que mereces, mientras que, si no has hecho nada malo y has realizado una contribución, se te debería recompensar. Si las personas tienen habilidades, conocimiento real y aprendizaje práctico, se las debería respetar, ascender y colocar en puestos importantes. Si les falta conocimiento real y aprendizaje práctico, no se las debería colocar en puestos importantes. Aquellas con conciencia y razón disfrutan de las personas como estas; les gusta esta clase de entorno vital. Incluso si después de pasar mucho tiempo en la sociedad han desarrollado algunos malos hábitos o han aceptado algunos pensamientos y puntos de vista falaces bajo la influencia de las tendencias malvadas y han sufrido reveses y se han topado con muros, al final sienten que lo que corresponde es volver a tener sentido de la vergüenza. En sus acciones, retornarán de manera inconsciente al principio de salvaguardar su propia integridad y dignidad. Cuando este tipo de persona pasa mucho tiempo en la sociedad y entre las demás y recibe su influencia, es como una refinada piedra de jade que se tirara a la basura y se cubriera de inmundicia. Aunque la inmundicia sea espesa y sucia, la esencia del jade permanece inmutable; una vez que se retira la inmundicia, lo que se revela sigue siendo jade. Por tanto, cuando las personas que poseen conciencia, razón y sentido de la vergüenza vienen a la casa de Dios, el entorno de vida allí, así como la obra que hace Dios y las palabras que Él expresa, cumplen perfectamente con las necesidades en el fondo de su corazón. ¿Cuáles son las necesidades en el fondo de su corazón? Aman la equidad y la justicia, aman las cosas positivas, detestan la perversidad, detestan las reglas no escritas de la sociedad y detestan las luchas internas y las puñaladas traperas entre la gente. Si tales personas vienen a la casa de Dios y, por medio de experimentar el desenmascaramiento, el juicio y el castigo de las palabras de Dios y luego pasar por Sus pruebas y refinamiento y, al final, someterse a las palabras de Dios y aceptar el juicio y castigo de Sus palabras, poco a poco se despojan de las diversas actitudes corruptas que revela su humanidad, además de la inmundicia y los malos hábitos habituales que hay en ellas, entonces se convierten en nuevos seres humanos. Es decir, una vez que las personas con sentido de la vergüenza cumplen este estándar básico de humanidad —aceptar la verdad, someterse a las palabras de Dios, contemplar a las personas y las cosas, comportarse y actuar de acuerdo con Sus palabras—, según las palabras de Dios, pueden conocer sus actitudes corruptas y diversos pensamientos y puntos de vista incorrectos, además de su manera errónea de comportarse y las sendas equivocadas que han escogido. Con independencia de si aprendiste estas cosas de la sociedad o si vinieron directamente de la corrupción de Satanás, si posees sentido de la vergüenza, entonces, después de aceptar las palabras de Dios, serás capaz de practicar la verdad y de poco a poco despojarte de estas actitudes corruptas; tendrás así grandes esperanzas de lograr la salvación.

Si alguien no tiene sentido de la vergüenza, simplemente no posee esta condición básica de humanidad: aceptar las palabras de Dios, someterse a las palabras de Dios y contemplar a las personas y las cosas, comportarse y actuar de acuerdo con las palabras de Dios. ¿Por qué no cumple esta condición básica? Porque las personas sin sentido de la vergüenza no sienten aversión por las cosas negativas, por las diversas tendencias malvadas de la sociedad ni por las filosofías de Satanás; en su lugar, estas cosas les interesan mucho e incluso pueden aceptar estos puntos de vista, defenderlos y propagarlos. No sienten que esto sea vergonzoso ni que vaya en contra de la conciencia y la razón. Es decir, no tienen sensación de vergüenza en absoluto. Da igual cómo usen tácticas o hagan cosas que van contra lo que sienten realmente, no se sienten avergonzadas. Las personas con humanidad y sentido de la vergüenza se sienten avergonzadas por ello; las que no tienen sentido de la vergüenza, en cambio, no solo no sienten la menor repulsión al hacer estas cosas, sino que de hecho disfrutan con ellas. Las personas sin sentido de la vergüenza se sienten como pez en el agua en la cloaca gigantesca que es la sociedad, sin ninguna sensación de repulsión u odio; es exactamente donde juegan. Odian la equidad y la justicia y además odian que otros las traten de manera justa. Simplemente les gustan estas formas inequitativas e injustas de la sociedad, dado que esto les da la oportunidad de obtener lo que quieren a través de diversos medios inadecuados. Sienten que la injusticia es estupenda y que estas tendencias malvadas y reglas no escritas son maravillosas. ¿Por qué les parecen tan estupendas? Porque las diversas tendencias y reglas no escritas de este mundo humano perverso les permiten conseguir cualquier cosa que quieran, lo que satisface sus ambiciones y deseos, así como sus diversas exigencias perversas. Así, sienten que este mundo es maravilloso. Si la equidad y la justicia surgieran en la sociedad, no tendrían espacio para sobrevivir y no serían capaces de materializar sus ambiciones y deseos. Precisamente porque la sociedad no es equitativa y tiene reglas no escritas, tienen la oportunidad de prosperar y llegan a estar un punto por encima del resto. Si este mundo tuviera equidad y justicia, estas personas perversas sin sentido de la vergüenza no serían capaces de destacar. Por tanto, cuando oyen palabras de equidad y justicia, sienten una gran repulsión hacia ellas y montan en cólera. A modo de contraste, cuando las personas con sentido de la vergüenza oyen palabras de equidad y justicia, sienten en su corazón que la vida está llena de luz y tienen esperanza. Al ver la luz, sus corazones se liberan. Si ven que la sociedad está llena de perversidad y que todas las personas viven según las filosofías de Satanás y se comportan de acuerdo con las reglas no escritas, sienten que el camino por delante es sombrío y carente de luz. Por tanto, para las personas con sentido de la vergüenza, la aparición y la obra de Dios y las verdades que Él expresa son exactamente lo que necesita su mundo interior y son además la sed y la esperanza que tienen en su corazón. La aparición de Dios, la obra de Dios y el hecho de que la verdad reina en la casa de Dios permiten a las personas con sentido de la vergüenza y rasgos de humanidad tener esperanzas y ver la luz. Después de venir a la casa de Dios, aunque estas actitudes corruptas siguen al mando cuando hablan y actúan, ansían las cosas positivas en su corazón y están dispuestas a aceptar la verdad. En cuanto a las necesidades de su humanidad, las gobierna la conciencia y la razón, sus palabras y acciones se pueden restringir y pueden conocerse a sí mismas cuando revelan corrupción. Si pueden llegar a entender la verdad y actuar de acuerdo con los principios, pueden obtener la aprobación de Dios. Al vivir en la casa de Dios, se sienten esperanzadas; ven un futuro brillante por delante y su corazón está lleno de esperanza. Siempre que se dice que “la verdad reina en la casa de Dios, Dios es justo y dondequiera que Dios reina hay equidad y justicia”, las personas con conciencia y razón se sienten gozosas y tienen consuelo en su corazón; por supuesto, también anhelan eso. ¿Qué quiere decir “anhelar”? Quiere decir que cuando se dice que “la verdad reina en la casa de Dios”, se sienten felices y liberadas en su corazón; en su interior dicen amén a estas palabras y sienten una especie de placer. Cuando se dice que “la verdad reina en la casa de Dios y dondequiera que Dios obra, reinan la equidad y la justicia”, las personas que poseen rasgos de conciencia y razón en su humanidad sienten una satisfacción especial en su interior. Estas dos declaraciones aportan dirección a sus vidas y también satisfacen las necesidades de su humanidad. Puede que no entiendan necesariamente mucho de la verdad y que no sean capaces necesariamente de practicar muchas de las palabras de Dios; sin embargo, simplemente oír la frase “la verdad reina en la casa de Dios” hace que sientan un consuelo y una satisfacción especiales en su interior. Esta frase resuena con fuerza en ellas y les remueve el corazón; es una manifestación de las necesidades de su humanidad. La actitud de alguien hacia esta frase y lo que siente en el fondo de su corazón dicen mucho sobre su esencia y su clasificación. Fíjate, al oír que “la verdad reina en la casa de Dios”, los satanases y los diablos sienten repulsión: “¿A qué te refieres con que ‘la verdad reina’? ¡Yo no he visto que reine la verdad!”. Al oír que “la verdad reina en la casa de Dios”, su sensación es que esto las condena y amenaza su vida, así que sienten repulsión por ello; de esta manera reaccionan los satanases y los diablos cuando oyen estas palabras. En cambio, cuando las personas atolondradas y aquellas que son propias de los animales oyen estas palabras, reconocen verbalmente que la verdad reina en la casa de Dios, pero no sienten absolutamente nada en su corazón. No sienten felicidad ni alegría, como tampoco sienten que les resuene nada. Aunque pueden mostrarse de acuerdo con esta afirmación y no se opongan a ella, no es algo que necesiten en su fuero interno. Sin embargo, un auténtico ser humano es diferente. Anhela y tiene sed de equidad y justicia, de modo que, al oír que la verdad reina en la casa de Dios, su corazón rebosa esperanza. Incluso si se topa con algunas dificultades y contratiempos especiales, o si sufre un trato injusto por parte de los anticristos y las personas malvadas, una vez que piensa en cómo reina la verdad en la casa de Dios, su corazón se llena de esperanza, su estado mejora cada vez más e incluso a algunos les invade una alegría desbordante. Los sentimientos que tiene un auténtico ser humano al oír las palabras “la verdad reina en la casa de Dios” son diferentes a los de las personas que son propias de Satanás y los diablos o de las que son propias de los animales. Fíjate, a un conejo le gustan las zanahorias y la hierba y cuando las ve las mordisquea sin parar. En cambio, un lobo siente repulsión al ver las zanahorias y la hierba y dice: “¿Cómo va a estar rico esto? ¡Yo creo que los conejos y los pollos están mucho más ricos!”. El lobo permanece completamente impasible por mucho que le digas que las zanahorias y la hierba son nutritivas. Por tanto, cuando las personas reencarnadas de animales oyen las palabras “la verdad reina en la casa de Dios”, aunque reconocen que estas palabras son correctas doctrinalmente, sienten repulsión hacia ellas en su interior. No aceptan estas palabras en lo más mínimo y jamás admitirán que son una realidad. Por el contrario, un auténtico ser humano se siente especialmente pleno en su corazón cuando oye que “la verdad reina en la casa de Dios y que en Dios hay equidad y justicia”. Siente que ahora tiene una senda y que hay esperanza para él como persona. Fíjate, las personas de diferentes clasificaciones muestran manifestaciones distintas en su manera de tratar un mismo asunto. Dado que un auténtico ser humano tiene unos sentimientos muy evidentes hacia la frase “la verdad reina en la casa de Dios”, en lo que respecta a otras verdades —que implican algunas prácticas y enseñanzas de Dios específicas para las personas—, aquellos que tienen conciencia y razón tendrán una sed especial de ellas. Incluso si en la actualidad, si bien sus actitudes corruptas siguen sin cambiar en absoluto, les resulta algo difícil practicar la verdad debido a que su estatura es escasa y Satanás los ha corrompido con demasiada profundidad, su corazón se conmueve y se sienten inspirados siempre que leen estas palabras de Dios. Decidirán someterse a las palabras de Dios y ponerlas en práctica. Para ellos, las palabras de Dios son la fuerza impulsora que los inspira a mantener el rumbo; por supuesto, también constituyen la senda práctica para buscar convertirse en alguien que Dios ama. Por ejemplo, cuando Dios habla de las historias de Noé, Job, Abraham y Pedro, la primera reacción de las personas que poseen rasgos de humanidad al oírlas es sentir envidia. ¿Cuánta envidia sienten? Dicho con una expresión inapropiada, “se les hace la boca agua”. Es decir, al oír que estas personas podían poseer tal temor de Dios y sumisión a Él, desean también ser esa clase de persona, piensan: “Quiero adorar a Dios como Job y Noé; además, espero alcanzar una sumisión absoluta a Dios como Abraham, sin ninguna adulteración personal”. Tienen una especie de anhelo; es decir, cuando oyen las historias y los testimonios de estas figuras, se les remueve el corazón y se sienten inspiradas. ¿Qué significa que se les remueva el corazón? Que desean ser esta clase de persona. Sienten que es bueno ser esta clase de persona y que eso responde a su necesidad interior; sienten que ser esta clase de persona les permite satisfacer a Dios, someterse a Él y dar testimonio por Dios, que esto es lo más maravilloso, significativo y valioso. Desde su punto de vista, estas cosas son las más preciosas y merecedoras de aprecio. Por tanto, cuando oyen hablar de estas cosas positivas, su corazón se conmueve; las aman con especial intensidad, les interesan especialmente y les impresionan mucho. Como estas cosas satisfacen a la perfección su necesidad interior de equidad y justicia, así como su sed de cosas positivas, esto es lo que les interesa, aquello de lo que no pueden prescindir en su vida. En cuanto a las cosas que carecen de valor y de sentido, no muestran interés en ellas. Es posible que hubieran leído algunas obras literarias o artículos mundanos sobre concepciones de la vida y filosofías de vida antes de entrar en contacto con la verdad y las palabras de Dios; sin embargo, tras empezar a creer en Dios y encontrarse con Sus palabras, al comparar aquellas cosas con las historias de las figuras mencionadas en las palabras de Dios o con las verdades de las palabras de Dios, ya no les gustan esas cosas del mundo no creyente: lo que más les gusta es este contenido relacionado con la verdad. Es decir, tienen en su corazón una sed y un anhelo de cosas positivas, de las palabras de Dios y de las historias de personajes relacionadas con la verdad. Partiendo de esta base, las personas pueden, paso a paso, entender la verdad y entrar en la realidad-verdad. Para empezar, las cosas positivas, la verdad, la equidad y la justicia son las necesidades de su humanidad. Al contar con estas necesidades en su humanidad, cuando oyen la verdad son capaces de exhibir sed y anhelo por ella; solo entonces pueden dar un paso más para aceptarla, someterse a ella y entrar en ella. Solo estas personas tienen la esperanza de ser purificadas y salvadas. Por tanto, es muy importante tener sentido de la vergüenza en tu humanidad.

Si le pidieras a alguien con sentido de la vergüenza que fuera en contra de su integridad y dignidad, se sentiría atormentado en su interior; vivir con dignidad e integridad es una necesidad de su humanidad. A partir de esto, se puede decir que para él es algo muy natural aceptar la verdad; también podríamos decir que es algo que surge de manera automática y, naturalmente, es relativamente fácil para él. La razón por la que podríamos decir que es relativamente fácil es que las personas todavía tienen actitudes corruptas en su interior, pero solo en cuanto a humanidad, es más fácil para aquellas con sentido de la vergüenza aceptar la verdad. Asimismo, si las personas con sentido de la vergüenza tienen puntos fuertes, méritos y dones, una vez que hagan algunas contribuciones y obtengan algún provecho mientras hacen su deber en la iglesia, compartirán con mucha naturalidad con otros a la luz de su conciencia y razón. Satanás ha corrompido a todas las personas y, cuando las que tienen sentido de la vergüenza comparten sus experiencias, entendimiento y provecho, alardean ocasionalmente de sus puntos fuertes y méritos. Sin embargo, como tienen sentido de la vergüenza, se restringen y se moderan en sus acciones. ¿Qué es eso que les permite moderarse? Proviene de su conciencia y razón. Aunque a veces alardean y de manera inconsciente quieren tener una alta consideración por parte de los demás, debido a su sentido de la vergüenza y a la restricción de la razón de su humanidad, incluso si alardean, no lo harán con tanto exceso ni de forma tan disoluta y desenfrenada. Por tanto, su discurso es relativamente objetivo y racional. Por ejemplo, cuando se exhiban hasta el punto de contravenir su sentido de la vergüenza, se refrenarán y se detendrán, en lugar de alardear de forma descarada e inescrupulosa, presumir, ensalzarse y dar testimonio de sí mismas, o buscar sin vergüenza el respeto, la admiración y la veneración de los demás por cualquier medio necesario. A pesar de tener también las revelaciones y manifestaciones de las actitudes corruptas, así como los pensamientos o deseos que estas les imponen, las personas con sentido de la vergüenza actuarán según la conciencia y la razón cuando hagan su deber, así como sobre la base de salvaguardar su propia integridad y dignidad. Aunque revelen un carácter corrupto, hay límites para ello. A modo de contraste, las personas sin sentido de la vergüenza intentan por todos los medios posibles alardear y ensalzarse bajo cualquier circunstancia y en cualquier escenario. Hablan sin filtro, dicen toda clase de cosas. Incluso se atribuyen el mérito por las cosas buenas que hacen los demás o usan lo que se dice de los defectos y errores de otros para alardear de que ellas son superiores y mejores que el resto, para hablar de lo buenas que son y de que son superiores a los demás, partiendo de la base de reprimirlos y menospreciarlos. Para algunas personas, mientras más gente haya, más grande se vuelve su deseo de alardear; cuando hay pocas personas, sienten que su deseo no se puede satisfacer. Por tanto, mientras más gente haya, más quieren alardear y actuar; mientras más gente haya, más descaradas se vuelven y menos sentido de la vergüenza tienen; se enfrascan en monólogos incesantes, incapaces de controlarse. Buscan cualquier oportunidad de alardear y jactarse, exhiben lo nobles que son su estatus y su posición, lo altas que son sus cualificaciones educativas, lo rico que es su conocimiento, lo elevado que es su estatus en la sociedad, qué nivel de líder han tenido en la casa de Dios, qué contribuciones han hecho, etcétera. Buscan cualquier oportunidad de alardear de sus impresionantes cualidades y de presumir de que son diferentes del resto. Se exhiben sin cesar y, mientras más hablan, más se alteran. Si les pides que compartan su conocimiento de la verdad o sus experiencias de entrada en la vida, sus palabras son poco inspiradas y solo dicen unas cuantas cosas. Pero en lo que respecta a jactarse, hablar sobre lo diferentes que son del resto y qué contribuciones han hecho, hablan sin cesar y de forma interminable, extendiéndose una y otra vez sin el menor sentido de la vergüenza. Cuando terminan de decir estas cosas y no tienen nada más que decir, hablan sobre lo duros que eran peleando cuando eran jóvenes, sobre que nadie podía golpearlos e incluso sobre que dejaron ciego de un ojo a otro niño. Dicen incluso: “Todos los adultos decían: ‘Este no es un niño corriente; ¡no será una persona corriente cuando sea mayor!’”. ¿Acaso las personas que dicen esto no carecen de sentido de la vergüenza? No tienen sentido de la vergüenza; esto es hablar con grandilocuencia y exhibirse. Las personas sin sentido de la vergüenza aprovechan cualquier oportunidad para alardear y ensalzarse; están dispuestas a pagar cualquier precio por hacerlo. Con independencia de cómo otros las contemplen, no tienen vergüenza en absoluto. En cambio, las personas que sí tienen sentido de la vergüenza también se exhibirán y se ensalzarán, pero incluso si no entienden la verdad y no han experimentado castigo y juicio, se moderan al hacer tales cosas. Sus palabras son, como mínimo, objetivas. No dirán que pueden hacer cosas que no pueden hacer, no fanfarronearán ni alardearán y mucho menos se atribuirán el mérito por cosas buenas que han hecho otros. No dirán cosas que han sacado de la nada ni hechos inventados. ¿Por qué? No son capaces de decir tales cosas. Piensan: “Si no lo hice yo, ¿por qué iba a decir que lo hice?”. Sentirán el reproche de su conciencia. Por ejemplo, si alguien con conciencia, razón y sentido de la vergüenza obtuvo malas calificaciones en el colegio, aunque quisiera jactarse de tener buen calibre y de no ser peor que una persona promedio, como mucho dirá: “Estudié mucho. Pasé los exámenes de entrada para secundaria y bachillerato por mi cuenta sin gastar nada en sobornos y más adelante me las arreglé a duras penas para entrar en la universidad”. Solo dice: “Yo también fui a la universidad” y no se jacta de nada. Esto no se puede considerar alardear porque lo que dice es objetivo y cierto. Puede que omita cosas que le avergüencen o dañen su imagen, pero en ningún caso dirá: “Fui un gran estudiante; siempre estaba entre los diez mejores de mi clase”. No se inventará los hechos, no sacará cosas de la nada ni dirá cosas que nunca ocurrieron. ¿Por qué razón no las dice? Porque tiene conciencia y sentido de la vergüenza en su interior. Algunos dicen: “¿Es porque alguien alrededor de tales personas conoce la auténtica verdad sobre ellas?”. Aunque nadie sepa la auténtica verdad sobre ellas, siguen sin ser capaces de decir estas cosas, dado que tienen sentido de la vergüenza y les importa su orgullo. Sienten que sacar cosas de la nada e inventárselas es demasiado vergonzoso y es una falta de integridad y dignidad. Algunas personas dicen: “Si otros no saben la auténtica verdad sobre ellas, podrían fingir un poco. ¿Acaso es para tanto fingir?”. Pero siguen sin hacerlo. Esta es una cuestión de naturaleza personal; se reduce a la propia clasificación. Si eres alguien con sentido de la vergüenza, tu discurso y acciones siempre permanecerán dentro de los límites de tener sentido de la vergüenza. No puedes exceder esos límites; si de vez en cuando estás un paso por encima de ellos, se trata de una circunstancia muy especial. Una vez que los excedes, surge en ti una sensación de inquietud y tu conciencia te lo reprocha; te sientes incómodo en tu interior. Por tanto, aunque las personas con sentido de la vergüenza se exhiben y alardean, hay en juego un límite y una frontera. Bajo ningún concepto hablarán con desvergüenza y descaro usando palabras vacías o jactanciosas para presumir y exhibirse, ni inventarán cosas de la nada ni fabricarán hechos para atribuirse el mérito de toda la buena obra. No son en absoluto esta clase de personas. Hablando de tener sentido de la vergüenza, este cumple una función en el interior de la gente; no es algo hueco. Dado que el sentido de la vergüenza es un rasgo de humanidad, es algo innato en ellos; no es un efecto que surja en absoluto por la restricción de personas, acontecimientos y cosas externos. Las cosas externas no pueden restringir tus pensamientos y acciones; tus pensamientos, tus necesidades interiores, tu esencia y tu clasificación son asuntos internos propios. Incluso si alguien con sentido de la vergüenza quiere presumir o ensalzarse a sí mismo y dar testimonio de sí mismo para ganar un poco de prestigio entre la gente, tener sentido de la vergüenza le marca un límite y una frontera a la hora de hacer estas cosas. Es decir, su conciencia le advierte constantemente en su corazón: “Hacer esto es ir demasiado lejos y una desvergüenza. ¡No lo hagas! Si lo haces, ¡pasarás una vergüenza tremenda y perderás la dignidad cuando luego la gente deje en evidencia tu verdadero ser! Si te comportas así, ¿acaso sigues siendo un ser humano?”. Estos pensamientos y puntos de vista lo restringen en todo momento, de modo que siempre hay un límite efectivo en lo que hace. Fíjate, cuando las personas con sentido de la vergüenza se visten, aunque piensen que una prenda les queda bien, si se miran al espejo y ven que transparenta un poco, no les parece bien salir a la calle con ella puesta. Otras dicen: “¿Qué importa si se transparenta? Hoy en día todo el mundo viste así. Solo se ve un poco y ya te da vergüenza; los hay que llevan ropa mucho más provocativa y ni siquiera les importa”. Responde: “Ni hablar; no puedo salir a la calle con esto”. Jamás se le ocurriría salir así. ¿Esto a qué se debe? Simplemente su sentido de la vergüenza no se lo permite; este lo frena. Las personas con sentido de la vergüenza muestran mesura en su forma de comportarse y manejar los asuntos, igual que en su forma de vestir y arreglarse, mientras que las personas sin sentido de la vergüenza son distintas. Es exactamente igual a algunas personas que visten de manera adecuada cuando están con los hermanos y hermanas, pero al llegar a casa cambian por completo y se ponen lo que suelen llevar las no creyentes; algunas incluso se arrancan la ropa de la reunión nada más cruzar por la puerta y dicen: “No me gusta nada usar esta ropa. Es demasiado anticuada; parezco un completo pueblerino. ¡Quién querría ponerse esta ropa!”. Estén con los hermanos y las hermanas o no, el vestuario y el arreglo personal de las personas que realmente tienen sentido de la vergüenza destacan siempre por su dignidad y decencia. Vestirían de esta manera aunque no creyeran en Dios, no se excederían demasiado.

Al hablar de su entendimiento vivencial y compartirlo en las reuniones, si alguien con integridad y dignidad se exhibe y se ensalza a sí mismo, se sentirá avergonzado por dentro, como si mucha gente lo estuviera observando; este sentimiento le advierte: “No está bien decir esto, ¿verdad que no? No es bueno hacer esto, ¿verdad que no?”. Se le caerá la cara de vergüenza. Es decir, da igual lo que diga o haga o lo lejos que lleguen sus palabras o acciones, el sentido de la vergüenza en el fondo de su corazón constantemente le advierte, lo restringe y lo controla. Así, hasta cierto punto, las palabras que dice y las cosas que hace reflejan un grado relativo de integridad y dignidad. Aunque este tipo de personas tengan actitudes corruptas o ciertos defectos en su humanidad o estén influenciadas por las tendencias malvadas, debido a su clasificación innata, siguen siendo capaces de compararse de manera subconsciente con las palabras de Dios cuando oyen aquellas que dejan en evidencia a las personas y las juzgan. Piensan: “Dios está hablando de mí con esta afirmación. He tenido esta clase de estado y revelación y también he tenido esta clase de manifestación”. Exhibirán un estado y una manifestación en los que se comparan de manera consciente con las palabras de Dios. En otras palabras, cuando una persona con sentido de la vergüenza oye las palabras de Dios que dejan en evidencia a las personas y las juzgan, las aceptará y se comparará con ellas de manera subconsciente. Reflexionará sobre sí misma a partir de las palabras de Dios y admitirá que es corrupta de esta manera y que tiene estas revelaciones y manifestaciones. En el fondo se sentirá inquieta: “Resulta que también tengo corrupción. Resulta que soy alguien con un carácter arrogante que ha quedado expuesto por las palabras de Dios. También soy desafiante y desobediente y no soy una buena persona. ¿Cómo puedo ser tan corrupto? Solía pensar que era decente, una buena persona con conciencia y razón a la que le gustaba dar a los demás y con tendencia a empatizar con otros y compadecerme de ellos. Pensaba que se me podría arrebatar directamente después de aceptar la obra de Dios. Ni siquiera pensé que también era un miembro de la especie humana corrupta”. Dado que posee esta condición básica de tener sentido de la vergüenza, aceptará de manera natural y normal los hechos reales relativos a las personas que quedan en evidencia por las palabras de Dios y, entonces, se comparará con esas palabras para reflexionar sobre sí misma y conocerse. Esto le concede una gran oportunidad para afrontar correctamente las palabras de Dios, para aceptarlas sin fricciones y luego lograr poco a poco la sumisión. ¿En qué se basa todo esto? Se basa en tener sentido de la vergüenza. Así, puede darse cuenta de que existen en ella algunas revelaciones de corrupción deshonrosas y perversas y, entonces, al actuar sobre ella su sentido de la vergüenza, es capaz de rechazar proactivamente lo que considera negativo y deshonroso. Cuando oye afirmaciones, estados, revelaciones específicas e incluso acontecimientos específicos en las palabras de Dios que dejan en evidencia las actitudes corruptas de la especie humana, es capaz de darse cuenta de que tiene estas actitudes corruptas en su interior. Las aceptará a fin de reflexionar sobre sí misma y conocerse. Después, cuando se encuentra de nuevo con tales asuntos, si va en contra de las palabras de Dios o, una vez más, revela los estados que dejan en evidencia Sus palabras, su sentido de la vergüenza le seguirá advirtiendo en su corazón: “Al hacer esto, ¿acaso no vas contra las palabras de Dios? ¡No eres una buena persona ni alguien que se somete a las palabras de Dios ni ama la verdad!”. Como posee sentido de la vergüenza, es capaz de aceptar el desenmascaramiento y el juicio de las palabras de Dios. Estas tienen entonces un efecto restrictivo en ella y pueden corregir sus pensamientos y puntos de vista. Fíjate, ¿acaso no es muy grande la función del sentido de la vergüenza? (Sí). Cuando no entiende la verdad, tiene un límite moral básico. Cuando entiende los principios-verdad o capta los detalles de las palabras de Dios, el estándar mediante el que la restringe su sentido de la vergüenza ya no es su límite moral ni es simplemente el límite de su conciencia y razón; más bien, los principios-verdad se convierten en su límite. ¿No es este límite superior al de tu conciencia y razón? ¿No se ha elevado el estándar de este límite? (Sí). Originalmente, cuando las personas con sentido de la vergüenza no entienden la verdad, tienen un límite moral básico en sus pensamientos y puntos de vista. Tras entender la verdad, su límite moral se eleva y tiende de manera gradual hacia los principios-verdad. ¿No crees que este tipo de personas han cambiado? Os daré un ejemplo y lo entenderéis. Por ejemplo, originalmente, al interactuar con los demás, no se aprovechaban de la gente, no golpeaban ni insultaban a nadie, no hacían cosas a propósito para timar ni hacer daño a los demás ni los engañaban ni estafaban. Pensaban que actuar de esta manera estaba bastante bien. ¿Es abstenerse de golpear o insultar a la gente y de engañarla o hacerle daño un principio-verdad para tratar a las personas? (Esta es solo una manifestación rudimentaria de humanidad; no es un principio-verdad). Este es simplemente el límite moral de cómo se comportan las personas con conciencia y razón: se esfuerzan al máximo por no golpear ni insultar a la gente y por no hacer cosas que engañen o hagan daño a los demás. Es meramente abstenerse de cometer fechorías. Sin embargo, los principios-verdad son superiores a tu límite moral. Tratar a las personas según los principios-verdad ya no es solo atenerse a tu límite moral; es más elevado que eso. Entonces, ¿qué requieren las palabras de Dios cuando se trata de este principio para tratar a las personas que es más elevado que tu límite moral? (Tratar a las personas de manera equitativa según los principios). Correcto, tratar a las personas de manera equitativa. Este es un principio-verdad. Entonces, ¿es este principio-verdad un límite moral? (No, este principio es superior a un límite moral). Esto no es un límite moral; es un principio-verdad que se basa en un límite moral y que también es superior a este. Este es el verdadero principio de cómo tratar a las personas. Abstenerse de golpear o insultar a la gente y de hacer cosas que engañen o hagan daño a los demás no es un principio-verdad; es meramente abstenerse de hacer cosas en un sentido negativo. Sin embargo, solo porque te abstengas de hacerlas no significa que cuentes con principios para tratar a las personas; no golpear ni insultar a la gente no significa que tus principios para tratar a las personas sean correctos. ¿Acaso abstenerse de golpearlas o insultarlas y de engañarlas o hacerles daño equivale a tratarlas de manera equitativa? No, ¿verdad? Si es alguien que una vez te ofendió o con quien no te llevabas bien o alguien que no te gusta, pero que debido a su humanidad y calibre es apto para ser líder, ¿lo elegirías? Si valoras esto según el principio de no golpear ni insultar a la gente y no engañarla ni hacerle daño, ¿qué harías? No tendrías una senda a seguir. Como ser humano corrupto, sin principios precisos para tratar a las personas, como mucho dirías: “No lo golpeé ni lo insulté ni dije si era bueno o malo. No lo frené, así que no puedes decir que lo haya engañado o le haya hecho daño. De todos modos, no me gusta, así que no lo voy a elegir”. ¿Acaso no elegirlo es tratar a las personas de manera equitativa? (No). De hecho, si es un candidato adecuado para ser líder, deberías elegirlo; solo esto es tratar a las personas de manera equitativa. El hecho de elegirlo no se basa en el principio de no golpear ni insultar a la gente y no engañarla ni hacerle daño; ¿en qué se basa entonces? Se basa en el principio de tratar a las personas equitativamente tal como requieren las palabras de Dios; solo este es un principio-verdad. Por tanto, algunas personas piensan: “No golpeo ni insulto a la gente ni la engaño ni le hago daño, así pues, ¿no me convierte eso en una buena persona?”, a lo que Yo digo: “No eres una buena persona. En el mejor de los casos, tienes la fortuna suficiente para que incluso se te considere un ser humano”. Una persona realmente buena es alguien que puede practicar según los principios-verdad. Es decir, en lo que respecta a cómo tratar a las personas, además de abstenerte de golpearlas, insultarlas, engañarlas o hacerles daño, también puedes tratarlas de manera equitativa y justa; solo entonces eres una buena persona. ¿Queda claro al compartirlo de esta manera? (Sí). Un límite moral es un principio básico de conducta propia para las personas que poseen conciencia y razón en su humanidad. Aunque este principio para la conducta propia se ajuste a la conciencia y la razón de la humanidad, no puede reemplazar a los principios-verdad; en comparación con estos, todavía existe una brecha. En el mejor de los casos, alguien que tiene un límite moral es una persona estándar, pero no se le puede llamar una buena persona. Solo quienes pueden comportarse y actuar según los principios-verdad son buenas personas. Por ejemplo, en cuanto a cómo trata a los demás, si una persona promedio logra no engañar ni hacer daño a otros y no golpear ni insultar a la gente ya está bastante bien. Sin embargo, los principios de una buena persona para tratar a la gente se elevan por encima de esto: es capaz de tratar a los demás de manera equitativa y según los principios-verdad. Es decir, un auténtico ser humano tiene un límite moral, tiene sentido de la vergüenza y posee las condiciones básicas para comportarse de forma adecuada. Por tanto, tal persona tiene la oportunidad de conseguir tratar a los demás de manera equitativa, comportarse según los principios-verdad y practicar de acuerdo con ellos. ¿Hay alguna diferencia entre un límite moral y los principios-verdad? (Sí).

Si alguien tiene sentido de la vergüenza en su humanidad, entonces tiene integridad y dignidad en cómo se comporta y actúa. Su límite es que debe salvaguardar su integridad y dignidad y no comprometerlas. Dicho en lenguaje cotidiano, tal persona básicamente no ha comprometido su conciencia; es puntilloso en su manera de hacer las cosas, valora la integridad y la calidad humana y tiene calidez humana. Haga lo que haga, tiene un límite en lo que respecta a los intereses personales, el estatus o el dinero. Este límite salvaguarda su integridad y dignidad; es decir, no sobrepasará lo que su integridad y dignidad permiten a la hora de no tener escrúpulos para hacer cosas que no son justificables en lo que respecta a la rectitud moral o la ética humana. Esto es tener sentido de la vergüenza. Asimismo, las personas con rasgos de conciencia y razón en su humanidad tienen sus propios puntos de vista y opciones relativos a comer, beber y divertirse, así como en lo que respecta a las diversas tendencias malvadas en la sociedad. No seguirán en absoluto tendencias malvadas para vivir una vida confusa y libertina, en la que arbitrariamente disfrutan y actúan de manera depravada. Hacen sus propias elecciones en lo que se refiere a los asuntos del mundo humano o las tendencias malvadas. Estas elecciones puede que se basen en su honradez y bondad o bien en su sentido de la vergüenza; eso depende del tema en cuestión. Por muy populares que sean las diversas cosas que aparecen en el mundo y por mucho que la sociedad y el público las haya aprobado, en el fondo, tales personas todavía tienen sus propios pensamientos y puntos de vista respecto a estas cosas y aún harán sus propias elecciones correctas. En su corazón creen: “Sean cuales sean las circunstancias, no puedes comprometer tu humanidad. En todo momento eres un ser humano. No puedes hacer cosas propias de las bestias. No puedes hacer cosas propias de los diablos. No puedes equipararte a las bestias y los diablos”. Por tanto, hagan lo que hagan, están restringidas por su conciencia y razón. De manera específica, esta restricción significa estar advertidas y controladas constantemente por su conciencia y razón. Por ejemplo, digamos que alguien así está haciendo negocios junto a otra persona. La otra engaña y estafa constantemente a la gente vendiendo artículos de diez yuanes a cuatrocientos o quinientos yuanes, pero él solo los vende por cincuenta, con lo que gana apenas lo justo para subsistir. Al ver que la otra persona obtiene enormes beneficios mientras que él ha trabajado con gran denuedo durante muchísimos años solo para ganar lo justo para poder comer, nunca acaba de aceptarlo. También quiere carecer de escrúpulos, igual que la otra persona, pero entonces piensa: “Hacer eso sería demasiado contrario a mi conciencia. ¡No soy capaz de hacerlo! ¿Y si me dejaran en evidencia después de hacerlo? ¿Hacer esto sería quebrantar la ley? ¿Iría a la cárcel?”. Fíjate, piensa mucho sobre esto y le da vueltas, siente el constante reproche de su conciencia. Aunque las diversas tendencias malvadas del mundo lo desorientan e influyen en él y también quiere hacer más dinero para disfrutar de una buena vida material, después de meditarlo, al final no es capaz de engañar y estafar a otros. Hay quien dice: “Tales personas son simplemente miedosas, ¿no?”. Algunas son miedosas, pero otras no; simplemente las restringe su conciencia y razón y sienten que no pueden engañar ni estafar a otros. Aunque en ocasiones lo hagan, después se arrepienten y viven todos los días con miedo de que algo vaya mal y que alguien aparezca llamando a su puerta. Piensan: “No he ganado ese dinero honradamente. Si la gente se entera, ¿me criticarán a mis espaldas? Desde luego, no voy a volver a hacerlo. Solo tengo paz mental cuando gasto dinero que he ganado con mi propio trabajo arduo; solo entonces no tengo pesadillas por las noches”. Después de engañar a alguien de esta manera una vez, las cosas se les complican durante mucho tiempo; no duermen bien, no les entra la comida y siempre se sienten inquietas en su interior. Por supuesto, este tipo de personas básicamente no existen en la sociedad. La sociedad está llena de personas que son propias de los diablos y los animales; no sienten nada cuando se trata de engañar y estafar a los demás de esta manera.

Aunque una persona con conciencia y razón entre a menudo en contacto con diversos asuntos relacionados con la comida, la bebida y la diversión, su conciencia y razón seguirán cumpliendo su función. No seguirá la carne ni las tendencias malvadas para complacer plenamente sus diversos deseos. En cambio, por mucho que coma, beba o disfrute, existe un límite. Piensa: “Comer buena comida, llevar ropa bonita y tener los mejores placeres físicos es todo vanidad. ¿Realmente viven para esto las personas?”. En el corazón de este tipo de personas, los placeres físicos, la comida, la bebida y la diversión no pueden satisfacer las necesidades de su mundo interior. Piensan: “La gente siempre busca disfrutar de las cosas buenas. Yo las he disfrutado ahora y no siento ninguna felicidad. ¿Qué es exactamente la felicidad? ¿Cómo se debe vivir para tener auténtica felicidad? He disfrutado de toda esta comida, bebida y diversión, así como de diversos placeres físicos; ¿acaso no consiste en eso la vida humana? ¿Es esto la vida? Si alguien vive toda su vida así, solo en busca de comida, bebida, diversión y de los placeres físicos, ¿en qué se diferencia de un animal? Si los humanos, como los animales, también viven solo para hacer tres comidas al día, no entienden de qué trata la vida, permanecen insatisfechos en sus pensamientos, su mundo espiritual y su corazón y no entienden muchas cosas sobre la vida, ¿qué sentido tiene que vivan así generación tras generación?”. Cuando las personas son jóvenes, están llenas de curiosidad por el mundo. Hay muchas cosas que no conocen ni han visto y muchas que no han experimentado; sienten que, si salen a afrontar cara a cara el mundo, su vida podría ser muy feliz y plena o podrían vivir una vida maravillosa y única. Sin embargo, después de experimentar realmente la sociedad, ven que la especie humana vive así generación tras generación. Desde ser necios e ignorantes en la juventud hasta sufrir mucho y adquirir cierta experiencia vital tras pasar por algunas situaciones en la sociedad; así es como todos pasan la vida. Todas pasan por el proceso de buscar perspectivas, fama y provecho y centrarse en la comida, la bebida, la diversión y los placeres físicos. En sus últimos años, aunque han adquirido cierta experiencia de vida, parece que no han cosechado nada ni entienden de qué trata la vida. ¿No carece mucho de sentido que alguien viva toda su vida así? Las personas a menudo sienten un vacío inexplicable. Es decir, cuando de veras reflexionan sobre la vida en su corazón e intentan pensar en algo significativo y valioso, no se les ocurre nada y su corazón se siente totalmente vacío. No saben a qué se debe esto ni qué debería necesitar su corazón ni dónde debería reposar este. Les parece que no tienen en qué apoyarse y se sienten hondamente perplejas, pensando: “He experimentado bastantes cosas en esta vida y he probado diversas dificultades y penurias. ¿Realmente es así como termina la vida?”. Al fijarse en las personas mayores, parece que ellas también han pasado por la vida de esta manera. Sienten entonces que la vida de las personas carece de sentido. Siempre han estado buscando fama y provecho, estatus y placeres físicos. Cuando no los tienen, se empeñan en conseguirlos; cuando los consiguen, sienten un poco de felicidad y se regocijan un poco durante un tiempo, pero a largo plazo no pueden decir que sean felices. Después de ir de un lado a otro durante la mayor parte de su vida, todavía se sienten vacías, sin nada a lo que valga la pena aferrarse. Siempre sienten como si agarraran el aire con ambas manos y aun así esperaran sacar algo de ello. ¿Diríais que es bueno este sentimiento? (No). Entonces, ¿cómo surge este sentimiento? (Lo que sucede es que toda la comida, bebida y diversión del mundo no pueden satisfacer las necesidades en el interior de las personas). ¿Piensa todo el mundo de esta manera? ¿Qué clase de personas piensan así? (Las que tienen conciencia y razón). Decidme, ¿pensarían de esta manera las personas que no tienen pensamientos ni un razonamiento lógico y son insensatas? (No). Las personas insensatas son aquellas que no tienen conciencia ni razón; son propias de las bestias. No piensan en estos asuntos de la humanidad ni consideran la vida humana ni el futuro ni qué senda tomar. No prestan ninguna consideración a estas cosas. Mientras puedan comer y beber, están satisfechas. Simplemente salen del paso cada día, divirtiéndose cada día que viven y disfrutando cada día que pueden. No consideran estos asuntos relacionados con la vida. Entonces, ¿qué tienen que ver estas cosas con la conciencia y la razón de la humanidad? Si alguien tiene conciencia y razón, exhibirá racionalidad en lo que hace. Tener racionalidad es muy importante para las personas. Cuando tienen racionalidad, la mayor parte del tiempo no viven según los sentimientos, sino que viven racionalmente, en el momento presente. Considerarán: “¿He ganado realmente algo en esta vida? ¿Ha valido la pena vivirla? ¿He hecho algo significativo y valioso? ¿Son las cosas que busco lo que necesito en mi interior? ¿Se han satisfecho mis necesidades internas? No se han satisfecho y me siento muy vacío. Ni una sola cosa material ni el afecto familiar o la amistad pueden satisfacerme en lo más profundo. Ninguna de estas cosas es lo que necesita mi humanidad”. Pensarán en estas cosas de manera racional. Es decir, cuanto más se adentran en la edad adulta, más racionalmente verán estas cosas y, cuanto más dejen de obtener respuestas, más dolor sentirán. Antes de experimentar estas cosas, las personas juzgarán e imaginarán algunas dentro del alcance de la razón de una manera planificada y que hace uso de la racionalidad normal. Pero cuando han pasado por el proceso de estas cosas y echan la vista atrás, se vuelven más racionales. Contemplarán de forma racional las cosas que han experimentado y aquellas que han vivido y verán que todas son vanidad y que ni una sola es significativa. ¿Por qué digo esto? Porque todo lo que hacen las personas es en aras de la comida y la ropa, de conservar las tres comidas al día para su carne y para salvaguardar los placeres físicos. Compiten por la fama y el provecho y rivalizan entre sí. Si alguien vive toda su vida solo para estas cosas, viviendo como un animal, entonces no es mucho más avanzado que un animal; vivir así no tiene valor alguno. Las personas con razón humana reflexionarán sobre estas cosas en su corazón. Por tanto, cuando alcanzan cierta edad, estos modos de vida, reglas del juego y formas de manejar los asuntos, que se repiten constantemente, las harán sentirse cansadas, reacias, asqueadas y hartas. Al final, desarrollarán una sensación de vacío, de haber disfrutado y experimentado todas estas cosas, pero sin haber cosechado nada ni haber ganado nada real y tangible que satisfaga verdaderamente las necesidades de su humanidad. En estas circunstancias, las personas con conciencia y razón explorarán, buscarán y tantearán más allá: ¿Qué es una auténtica vida humana exactamente? ¿Cómo deberías vivir tu vida exactamente? Algunas personas inteligentes buscarán una senda en la vida e intentarán encontrar la fe religiosa. Es en este contexto en el que algunas vienen a la casa de Dios. Descubren que solo las palabras de Dios y la verdad, el camino y la vida que Dios provee a la especie humana pueden satisfacer sus necesidades. Cuando exploran preguntas como cuáles son el valor y el significado de la vida, solo las palabras de Dios pueden darles las respuestas. Solo entonces desarrollan una sed por las palabras de Dios y luego las aceptan y dan un paso más allá para someterse a ellas. Su sed y aceptación de las palabras de Dios, así como su sumisión a ellas, se basan todas en su experiencia de vida y se generan a partir de sus reflexiones sobre algunas de las cosas que han experimentado en la vida.

¿Sentís que lo que acabamos de compartir es abstracto? ¿Podéis entenderlo? (No es abstracto. Podemos entenderlo). Este contenido no es abstracto ni hueco; todas son cosas que las personas pueden ver y con las que pueden entrar en contacto en la vida real. Si alguien piensa que compartir la conciencia y razón de la humanidad no guarda relación con la vida real y siente que este contenido es muy hueco y abstracto, como si fuera algo que sucede en otro mundo y es demasiado ajeno a las personas, entonces tiene un problema, ¿verdad? No entiendes los asuntos que involucran a la conducta propia y en la tuya no tienes ninguna conciencia ni razón. Así pues, ¿qué eres exactamente, un diablo o un animal? Es difícil de decir, pero en cualquier caso no eres un ser humano. Las personas con conciencia y razón pueden percibir los pensamientos o manifestaciones que involucran a la conciencia y razón de la humanidad e identificarse con ellos. Si alguien no puede identificarse con estos pensamientos o manifestaciones positivos, pero puede identificarse con los negativos, demuestra que no tiene conciencia ni razón en su interior. Algunas personas que no tienen conciencia ni razón sienten incluso una profunda repulsión por los pensamientos, puntos de vista y formas de comportarse que involucran a la conciencia y razón de la humanidad, sintiendo que son vergonzosos, aborrecibles o desdeñables; estas son personas que no tienen rasgos de humanidad. Las personas que no tienen rasgos de humanidad sienten una fuerte repulsión por las manifestaciones de conciencia y razón de la humanidad y tampoco pueden percibir los diversos pensamientos, comportamientos y principios de práctica específicos que exhibe la humanidad de las personas que sí tienen conciencia y razón. Dado que no son de la misma clase, no pueden percibirlos. Decidme, ¿pueden los animales entender los principios según los cuales actúan las personas o por qué actúan de esa manera? (No). Los animales no saben eso. ¿Qué saben los animales? Saben qué hacer y cuándo hacerlo; solo esas cosas fijas como cuándo comer, durante cuánto tiempo jugar y adónde suelen llevarlos sus dueños. No saben por qué sus dueños los llevan allí o por qué no. Tampoco saben por qué la cantidad de comida que reciben no es la misma en invierno y en verano ni conocen las intenciones de sus dueños detrás de todo lo que hacen por ellos. Solo saben: “En cualquier caso, mi dueño es bueno conmigo. Mi dueño me da comida deliciosa todos los días y también me hace compañía y me protege. Es bueno conmigo, así que es mi dueño. Otras personas no me alimentan ni me tratan bien, por lo que no son mis dueñas y tampoco soy cercano a ellas”. Los animales solo saben estas cosas simples. De manera similar, las personas que son propias de los animales nunca podrán entender ni captar estos asuntos que implican a la humanidad, la conducta propia y los pensamientos y puntos de vista. Incluso si les enseñas, lo único que aprenderán de ti son doctrinas. Pero entender algo en términos de doctrina no es entenderlo en realidad; no entienden las implicaciones ni entienden el valor de las cosas respecto a las que les enseñas. Por tanto, las personas que son propias de los animales no son capaces de entender cuando se habla de asuntos que involucran a la conciencia y la razón de la humanidad. Los diablos pueden entender estas cosas de forma doctrinal, pero no las aceptan. Sienten repulsión por estas afirmaciones y las detestan; piensan que estás soltando palabras grandilocuentes y que se trata de afirmaciones ajenas a la vida real de la especie humana. Tanto si no las aceptan como si no pueden entenderlas, Yo no digo estas cosas sobre la conducta propia para que las oigan quienes son propios de los diablos o de los animales. Si están dispuestos a aceptarlas como doctrinas, está bien; si no están dispuestos, no tengo objeciones. Las personas se ordenan según su clase; no se las puede forzar. Sea cual sea tu clasificación, eso decide las cosas que te gustan. Si no tienes humanidad y no eres propio de la especie humana, entonces no entenderás las palabras que implica la verdad y no estarás dispuesto a caminar por la senda que les corresponde a los humanos. Solo las personas clasificadas como humanas estarán dispuestas a escuchar estos temas que atañen a la conducta propia y a la verdad. Si algunas personas no están dispuestas a escuchar y no pueden asimilarlo, no tienen que escuchar. Tales personas no pertenecen a la clasificación humana y la verdad no va dirigida a ellas.

Acabamos de mencionar que, en lo que respecta a las personas que tienen conciencia y razón en su humanidad, cuando se trata de sus necesidades físicas en la vida —tales como comer, beber y divertirse—, a medida que experimentan y se encuentran más de estas cosas, reflexionarán constantemente sobre ellas. Cuanto más experimentan el comer, beber, divertirse y los placeres de la carne en la vida, más sienten en su corazón que estas cosas no tienen sentido y son vacías. Aunque no puedan dejar de vivir así, no encuentran alegría en ello; por el contrario, se sienten muy impotentes. Esta condición les impulsará aún más a buscar entender cuestiones como el significado de la vida y por qué viven las personas. Por tanto, cuando aceptan la obra de Dios y obtienen las respuestas a estas preguntas, tienen una gran sensación de satisfacción en su corazón y piensan que esta es verdaderamente la senda correcta en la vida humana. Cuando una persona así acepta la provisión de la verdad de las palabras de Dios, siente que las diversas cosas positivas y los diversos requisitos para la gente mencionados en las palabras de Dios satisfacen a la perfección las necesidades de su humanidad o se alinean con ellas hasta cierto punto. Por consiguiente, acepta de buena gana las palabras de Dios y Sus requisitos para las personas; cree que esta es realmente la senda por la que las personas deberían caminar y que estos son realmente los principios para la conducta propia que deben poseer. Como tiene tales necesidades y tales consideraciones, las palabras de Dios son su provisión y pueden convertirse en su ayuda en el momento pertinente. Cuando haya aceptado la provisión de las palabras de Dios, tendrá el deseo y la determinación de satisfacer a Dios, así como de convertirse en un verdadero ser humano de acuerdo con los requisitos de Dios. Por ejemplo, las historias de cómo se sometieron a Dios y aceptaron Sus comisiones las personas justas que menciona Dios —como Noé, Abrahán, Job y Pedro— son lo que una persona de esta clase anhela y admira particularmente en su corazón. Espera poder tener un día una sumisión verdadera y absoluta a Dios, igual que Noé, Abrahán y los demás, así como también espera ser capaz un día de obtener la aprobación de Dios y convertirse en una de las personas justas de las que Dios habla. Anhela ser una buena persona, una persona justa. Se conmueve profundamente con las historias de estas personas justas que relata Dios, su corazón se estremece y se inspira a menudo por sus historias y sus actitudes hacia Dios. Como posee los rasgos de conciencia y razón en su humanidad, puede adoptar como modelo y ejemplo a imitar a estas figuras mencionadas en las palabras de Dios; esto es también una señal de que tienen conciencia y razón. Por supuesto, esta clase de manifestación es también una condición básica para que una persona pueda aceptar las palabras de Dios, someterse a ellas, purificarse y salvarse. Al menos, a juzgar por las manifestaciones de una persona así y por lo que revela durante el proceso de experimentar la vida, no es insensible ni apática. No es alguien sin pensamientos ni alguien que carezca de opiniones sobre vivir, la realidad o cosas como comer, beber y divertirse. Tiene opiniones, tiene puntos de vista propios y, aún más, tiene pensamientos y puntos de vista positivos. Es decir, no es insensible ni apática hacia las diversas cosas de la vida, sino que reflexiona sobre ellas. Especialmente después de experimentar toda clase de contratiempos, reveses y fracasos, además de saborear las alegrías y las penas de la vida, le parece aún más que su vida es vacía y carece de valor si continúa de esta manera. Siente que si simplemente pasa por este mundo y se comporta de esta forma, esto no tiene ningún valor, carece de sentido y al final no ganará nada al comportarse de este modo. Se sentirá reacia a resignarse a esto y le resultará inconcebible: “¿Es esta realmente la manera en que las personas deberían vivir, pasando toda su vida así? ¿Qué sentido tiene que generación tras generación viva así?”. Fíjate, aunque al final no llega a una conclusión sobre cómo deberían vivir las personas, al menos reflexiona al respecto. No está sumida en comer, beber, divertirse ni en disfrutar de la comodidad de la carne, del afecto de su familia o de la felicidad de la vida familiar, pasando los días de manera atolondrada y confusa. Su actitud hacia la vida no es en absoluto la de simplemente salir del paso, ya que, al estar gobernada por la razón, reflexiona a menudo. Cosas como comer, beber, divertirse y los placeres de la carne no satisfarán jamás las necesidades de su corazón. En estas circunstancias, buscará cosas que puedan satisfacer las necesidades de su corazón. Al final, solo las palabras de Dios y Su obra pueden proporcionar las respuestas a estas preguntas sobre la vida que medita y satisfacer las necesidades de su corazón.

Si alguien simplemente pasa sus días así, día tras día, año tras año, sin considerar nunca por qué senda debería caminar o cómo debería vivir; si después de experimentar reveses, fracasos, contratiempos y tribulaciones, además de saborear las alegrías y las penas de la vida, todavía no reflexiona sobre estas cosas en absoluto, carece de opiniones sobre la vida o sobre cómo comportarse y continúa buscando la fama, el provecho, el estatus y el placer e incluso muestra una especial propensión a entregarse a diversas tendencias malvadas —sin tener ninguna conciencia, sin sentirse afligida ni angustiada, sin sentir que vivir de esta manera es vacío—, desde luego, una persona así no es un ser humano. Si fuera un ser humano, una vez que alcanzara cierta edad pensaría en estas preguntas respecto a la vida. Algunas personas empiezan a reflexionar sobre los asuntos de la vida en la veintena: “La generación de mis abuelos y la de mis padres vivieron así. ¿Viviré yo también como ellos, a cierta edad me casaré y tendré hijos y eso será mi vida entera, sin más? ¿De verdad solo vivo para criar hijos y reproducirme? No tiene sentido que una persona viva toda su vida así. Si se vive así generación tras generación, ¿no sigue siendo vacío?”. Tienen la leve sensación en su corazón de que el futuro es vacío e incierto. Sienten: “Si una persona solo busca durante toda su vida comer, beber, divertirse y los placeres de la carne y luego tiene hijos y los cría, con lo cual la cuidan a ella en su vejez y le dan un entierro digno y puede disfrutar de sus últimos años en paz —si persigue este objetivo—, ¡entonces su vida estaría muy desprovista de significado!”. Antes de que hayan empezado siquiera a experimentar la vida, ya ven que el camino por delante es oscuro y carece de luz; ya han visto cada etapa de la vida planificada de antemano que les espera. ¡Sienten vagamente en su interior que vivir así no tiene sentido y no hay nada por lo que ilusionarse! Algunas personas, cuando llegan a la veintena, empiezan a pensar en formar una familia, asentarse en una carrera y vivir una buena vida, así como permitir que sus padres disfruten de una buena vida. También hay algunas personas que siempre tienen ambiciones; siempre quieren hacer una fortuna o convertirse en funcionarios, para llegar a estar por encima de los demás y honrar a sus antepasados. Ya estén influenciadas por sus padres o por la sociedad, en resumen, no saben reflexionar sobre la vida. Creen firmemente que la vida solo consiste en buena comida, ropa bonita y vivir una buena vida, sin considerar nada más. Algunas personas experimentan muchos reveses antes de ver con claridad que esta sociedad y la especie humana no son tan buenas como la gente imagina, por lo que empiezan a considerar cómo vivir una vida que sea valiosa y significativa, que no se viva en vano. Tales personas conforman una minoría muy pequeña. En resumen, todas aquellas que reflexionan sobre el valor de la vida y se dan cuenta de que la gente tiene que ocuparse de los asuntos prácticos mientras vive son personas que tienen conciencia y razón. El hecho de que puedan reflexionar sobre estas cosas muestra que sus valores son diferentes de los del resto. Sus valores no consisten en comer bien, disfrutar de cosas bonitas, prosperar, destacar por encima de los demás, tener buenas perspectivas en esta vida y que al final todo quede ahí. Hay muchas personas con buenas perspectivas, como esos altos funcionarios... ¿Acaso les espera algo bueno al final? ¿Viven felices? Si observas de cerca sus vidas entre bastidores, tampoco son felices. Esto te hace sentir que, si tú también buscas el estatus y las perspectivas, también serás infeliz, igual que ellos. Las personas que tienen los pensamientos de la humanidad normal reflexionarán: “Esos altos funcionarios no son felices, lo que prueba que la senda por la que caminan es errónea. Entonces, ¿cuál es la senda correcta por la que deben caminar las personas para que realmente traiga consuelo a su corazón?”. El corazón de las personas necesita algo que lo consuele. Esta fuente de consuelo no son los placeres materiales como el dinero, las casas de lujo o los coches de alta gama, ni es un confidente que pueda afrontar las tribulaciones con ellas, mucho menos es un matrimonio perfecto o buenos hijos. Ninguna de estas cosas puede traer realmente consuelo al corazón de las personas. Lo que de veras puede traer consuelo al corazón de las personas son las cosas que necesita su corazón. Necesitan obtener algunas respuestas; es decir, hay algunas cosas que quieren entender en el transcurso de la vida: ¿De dónde viene la gente? ¿Cuándo morirán? ¿Quién controla la muerte? ¿Existe en la vida el sino como tal? ¿Quién está a cargo del sino? Si tus padres están a cargo de él, entonces ¿quién está a cargo del sino de tus padres? Los padres ni siquiera pueden controlar su propio sino, ¿acaso pueden controlar el sino de sus hijos? Además, ¿cómo deberían comportarse las personas? ¿Cómo deberían comportarse para que su vida valga la pena y no pasen por este mundo en vano? Si las personas tienen alma, entonces, cuando mueren, ¿tiene su alma un lugar a donde ir? Si el alma tiene un lugar a donde ir, ¿está relacionado con esta vida? ¿Qué deben hacer las personas en esta vida para que su alma pueda ir a algún buen lugar después de la muerte? ¿Cómo pueden evitar ir a un mal lugar o cambiar de rumbo para no hacerlo? Todas estas son preguntas sobre las cuales las personas deberían reflexionar. Cuando las personas reflexionan sobre estas preguntas, pero no pueden obtener respuestas, ¿se sienten atormentadas en su interior? (Sí). Cuantas más respuestas dejes de obtener, más atormentado te sentirás por dentro y menos ánimo tendrás para disfrutar de la vida, del afecto familiar o del amor romántico, ya que, por mucho que las disfrutes, estas cosas solo pueden llenar temporalmente el vacío de tu corazón. Una vez que hayas terminado de disfrutar de estas cosas, en lo más profundo de tu ser te sentirás aún más vacío, porque las cosas que posees o disfrutas temporalmente solo insensibilizan tu corazón y satisfacen tus necesidades temporales; no pueden proporcionar respuestas a las preguntas sobre las que reflexionas. Al final, por mucho dinero que tengas, por muy buena que sea la vida material que disfrutes o por muchos hijos que tengas a tu lado honrándote, nada de eso puede responder a esas preguntas que hay en el fondo de tu corazón ni puede ayudarte a encontrar las respuestas que deseas. Es decir, las cosas que disfrutas en esta vida, las cosas que ya has obtenido, no pueden decirte cómo será tu futuro, dónde irás después de que termine esta vida o si serás castigado o recompensado. Nadie puede darte una respuesta precisa a estas preguntas y tú no puedes encontrar respuestas precisas en libros ni recursos de ningún tipo. Si al reflexionar sobre estas preguntas puedes tener la leve sensación de que la vida es vacía —de que disfrutar del afecto familiar es vacío, de que disfrutar del amor romántico, del matrimonio y de la propia familia es vacío, de que disfrutar de la devoción filial de los hijos es vacío y de que disfrutar de cosas como comer, beber y divertirse es todo vacío y de que, cuanto más disfrutas y obtienes estas cosas, más fuerte y pesado se vuelve este sentimiento de vacío—, entonces sentirás cada vez más que tu corazón necesita algo más que estas cosas para consolarse. Esto te incitará aún más a buscar cosas que puedan traer consuelo a tu corazón y a buscar las respuestas de la vida y de la senda de la vida. Cuando estas cosas no se pueden obtener, las personas adoptan una actitud impotente y superficial hacia los asuntos mundanos: “Viviré así, sin más; de todos modos, así es como las personas viven toda su vida”. Sin importar lo hermosas que sean las cosas que una persona con conciencia y razón posea o disfrute, todo es vacío para ella. Esta persona no es como las de la calaña de las bestias, que nunca se sacian por mucho que coman ni quedan satisfechas por mucho que disfruten e incluso piensan: “Lo mejor para las personas es disfrutar así toda su vida. En esta vida, lo peor es tener una enfermedad y carecer de dinero”. Esta es la lógica de las personas que se han reencarnado de animales. Este dicho —“en esta vida, lo peor es tener una enfermedad y carecer de dinero”— es la filosofía de vida que extraen después de experimentar la vida. Sin embargo, cuando alguien que tiene conciencia y razón oye estas palabras, piensa: “Ser pobre sí que parece malo; cuando necesitas dinero y no lo tienes, estás en apuros. Pero ¿tener dinero puede resolver el problema del vacío? No puede resolverlo para nada. Tener demasiado dinero también es una molestia. Siempre hay personas que lo codician y nunca sabrás dónde guardarlo con seguridad. Meterlo en un banco no parece seguro, no sientes ninguna seguridad al invertirlo y, en cualquier caso, no puedes gastar tanto. Si gastas el dinero en los placeres de comer, beber y divertirte, vives en una casa de lujo, conduces coches de alta gama y disfrutas de los halagos, la admiración y la alta consideración de las personas, que te siguen y te rodean dondequiera que vayas, como un enjambre de moscardones zumbando constantemente a tu alrededor sin dejarte siquiera un momento, después de disfrutar de estas cosas, con el tiempo en tu interior sentirás aversión por ellas y pensarás lo maravilloso que sería encontrar un lugar para estar tranquilo por un tiempo y aquietar tu mente. Incluso si puedes viajar por todo el mundo y ampliar tus horizontes, cuando después te quedes tranquilo por dentro, seguirás sintiendo que vivir así no tiene sentido y te sentirás aún más vacío”. En realidad, cuando las personas se sienten vacías respecto a todo esto, su corazón necesita consuelo. Es decir, cuando alcancen cierta edad y cierta etapa en la senda de la vida, tendrán muchas preguntas y perplejidades sobre la vida que no entienden, las cuales necesitarán responder y resolver. Si no pueden resolver estas preguntas, solo pueden vivir como un cadáver viviente, lidiando con todo a regañadientes; sus puntos de vista sobre todo serán especialmente negativos y pasivos, en lugar de proactivos. Estos son algunos de los sentimientos sobre el vivir que tienen las personas que poseen conciencia y razón en su humanidad.

En cuanto a las personas con conciencia y razón, aparte de tener algunos sentimientos respecto a vivir, cuando alcanzan cierta edad tienen algunas comprensiones relativas a la vida humana y reflexionan sobre diversas preguntas. Como tienen conciencia —o para ser exactos, dado que tales personas tienen corazón y espíritu—, bajo el efecto continuo de su conciencia y razón, reflexionarán sobre diversas preguntas en diferentes etapas de la vida: ¿cómo se debería tratar a todas las clases de personas? ¿Cómo deberías tratar a tus padres y a tus hijos? ¿De qué trata en realidad la vida? En la vida, ¿en qué consisten realmente comer, beber y el placer, así como la fama, el provecho, el estatus y las perspectivas? Tras experimentar las diversas etapas de la vida, aunque no entiendan la verdad, llegarán a algunas conclusiones sobre ella. Como reflexionan, llegan a conclusiones. Estas conclusiones pueden ser objetivas o pueden ser simplemente entendimientos personales. Pero, como poco, las personas con conciencia y razón ya han pasado por ciertas cosas en el proceso de experimentar la vida. Con cierto grado de experiencia de vida, sentirán: “En esta vida, muchas cosas no salen como tú quieres; muchas cosas están fuera de tu control. Es como si, en algún lugar de lo invisible, el Cielo lo hubiera dispuesto todo”. Esta es una comprensión que extraen de experimentar la vida y también es una de sus ganancias. En cuanto a la humanidad, esta ganancia es una clase de reflexión muy positiva y natural provocada por la función de la conciencia y la razón. ¿Por qué tienen esta clase de reflexión? Se debe a que, en el proceso de experimentar la vida, hay muchas cosas que salen como ellas desean y otras que no, cosas que se ajustan a sus deseos y otras que no. En el proceso de experimentar estas cosas, extraen lecciones constantemente y, al final, llegan a una conclusión: las personas tienen un sino. Independientemente de si tu vida transcurre sin problemas y como tú deseas o si está llena de contratiempos y decepciones, ya sea que implique sufrimiento o felicidad, el sino existe como tal. Partiendo de esto, reflexionan sobre algunas preguntas: “Es cierto que las personas tienen un sino, pero ¿eligen ellas su propio sino? ¿Lo determinan los padres de las personas? No parece que sea así. Si el sino de los hijos lo determinaran y decidieran sus padres, entonces cada progenitor esperaría que sus hijos prosperaran, destacaran por encima de los demás y tuvieran una vida feliz que saliera como ellos desean. Pero ¿por qué mi vida no se ha correspondido con el deseo de mis padres ni con mis propios deseos? Claramente, el sino no lo deciden las personas. Decir que el sino de las personas lo determina la naturaleza es hablar por hablar; esto es absolutamente imposible. Sin duda hay un Soberano, el Cielo, que dispone este asunto en el mundo invisible”. Tras experimentar algunas de las etapas de la vida, tienen algunas comprensiones. O, respecto a algunas etapas de la vida que aún no han experimentado, extraen cierto entendimiento y percepciones de sus padres o predecesores; por supuesto, estas también son comprensiones sobre la vida. En primer lugar, creen en el sino y, sobre esta base, creen que el Cielo existe. ¿Es esto objetivo? (Sí). Quizá algunas personas dirán: “Lo que dices no es objetivo. Nosotros también somos seres humanos, pero no pensamos de esa manera”. Cuando decimos que las personas con conciencia y razón reflexionan sobre las preguntas de la vida, no significa que simplemente se sienten ahí sin nada que hacer a pensar en ello durante cuarenta y cinco minutos como si estuvieran en clase y luego dan con una respuesta. Más bien, a medida que envejecen y experimentan cada vez más cosas, sin siquiera ser conscientes de ello obtienen comprensiones sobre la vida. Estas comprensiones no ocurren de la noche a la mañana ni llegan después de un año. Quizá a partir de los treinta años comiencen a experimentar la vida y a relacionarse con la sociedad y con otras personas; tras experimentar poco a poco diversas cosas, acumulan poco a poco, lo que las lleva a tal conclusión. Es decir, al alcanzar cierta edad, después de recorrer algunas de las sendas de la vida, las personas con conciencia y razón creerán, en primer lugar, que las personas tienen un sino y ese sino está bajo la soberanía y los arreglos del Cielo; esa es la conclusión que sacan. ¿Qué otra conclusión sacan? “Ya sea que una persona disfrute de bendiciones o sufra dificultades en esta vida, ya sea pobre o rica, se convierta en un alto funcionario o sea solo una persona común, nada de eso depende de ella”. Si lo piensas desde una perspectiva humana, ¿quién no quiere ser funcionario, disfrutar de una buena vida material y tener una vida feliz y sin dificultades donde todo salga como desea? Pero puede que tales aspiraciones no necesariamente se hagan realidad; el sino de cada uno es diferente. Por ejemplo, algunas personas tienen un aspecto común y corriente y descuidado cuando son jóvenes, pero encuentran el éxito cuando crecen; la gente no logra entender esto. Pongamos de ejemplo a una chica especialmente decidida a sobresalir desde pequeña; le va bien en sus estudios y su apariencia es magnífica. Pero ¿qué acaba por pasarle? Se casa con un sinvergüenza, recibe palizas todos los días y los hijos que tiene no son tan guapos como imaginaba; todos tienen un aspecto extraño y poco atractivo. Ella es muy decidida, de muy buena apariencia y cuenta con muchos pretendientes; sin embargo, tras examinar todas sus opciones, al final eligió a un sinvergüenza, algo que la gente jamás esperaría. O digamos que hay otra persona que es especialmente ambiciosa y sueña con convertirse en general o gobernador provincial cuando sea mayor. ¿Y qué le pasa? Cuando se hace mayor, se gana la vida con la agricultura. Su educación es bastante alta, lleva gafas todo el día y es capaz de hablar con elocuencia. A dondequiera que va, cuenta relatos históricos e historias a los demás. Incluso sabe de todos los temas, desde astronomía hasta geografía, además de poder leer la fortuna. Pero al final no logra nada y sigue siendo agricultor toda su vida. A partir de estas cosas, se puede ver que el sino que tienes a lo largo de tu vida lo dispone el Cielo. Aunque tengas buenas aspiraciones y deseos, no necesariamente se materializan; incluso si no los tienes, tal vez te llegue de manera inesperada la buena suerte. Esto cumple el dicho de los no creyentes de que el Cielo tiene ojos. Esto se encuentra por completo bajo la soberanía y los arreglos del Creador. Además, cualquiera que ahora sea pobre no lo va a ser necesariamente toda la vida. Cuando alguien es pobre, puede que su esposa lo menosprecie y lo deje. Sin embargo, unos años más tarde, su negocio prospera y se convierte en millonario, conduce coches lujosos, vive en una mansión y se adorna con oro y plata. Entonces su esposa quiere regresar, pero él prefiere no volver a casarse jamás antes que aceptarla de nuevo. Fíjate, su esposa simplemente no tiene buena fortuna; está destinada a ser pobre. El hecho de ser pobre o rico en esta vida escapa a tu control. Nunca sabes cuándo podrías hacerte rico y nunca sabes qué podría causar que te vuelvas pobre. Algunos ricos piensan que lo serán toda la vida, por lo que menosprecian a los pobres y los ignoran. Sin embargo, unos años después acaban siendo pobres y aquellos a quienes solían intimidar e ignorar son ahora más ricos que ellos y no les apetece prestarles ninguna atención. Aparte de darse cuenta de que el hecho de ser rico o pobre escapa a su control, ¿a qué otras comprensiones sobre la vida llegan las personas con conciencia y razón? Algunas dicen: “En esta vida, incluso si no haces cosas buenas, no cometas maldad. ¡El Cielo tiene ojos! Fíjate en esa familia; han sido unos canallas desde la generación de sus abuelos, siempre engañan y hacen daño a los demás. ¿Y qué acabó por sucederles? Su nieto se topó con la retribución; nació con una tara. Por tanto, no cometas maldad. El Cielo tiene ojos; ¡tarde o temprano te enfrentarás a la retribución si cometes maldad!”. Las personas con conciencia y razón experimentan muchas cosas y sufren mucho cuando no entienden la verdad. Para cuando llegan a los cincuenta o sesenta años, tienen diversas comprensiones sobre la vida. Al final, estas comprensiones se reducen a la existencia del sino y del Cielo, a que en el mundo invisible el sino de las personas está bajo la soberanía y los arreglos del Cielo, a que las personas se enfrentan a la retribución después de morir, a que no debes cometer maldad y a que, sea cual sea la maldad que cometas, el Cielo tiene ojos y está mirando. No pienses que los demás no tienen idea de que has cometido maldad; puede que la gente no lo sepa, pero el Cielo sin duda lo sabe. Las deudas que una persona tiene en esta vida deben pagarse en la próxima e incluso podrían hacer falta varias vidas para pagarlas. Fíjate, desde los tiempos antiguos hasta el presente, todos aquellos que han cometido demasiada maldad han tenido malos finales y se han enfrentado a la retribución. Algunos cometieron demasiados asesinatos y recibieron su castigo; durante cientos de años, no se reencarnaron ni una sola vez como humanos. Se reencarnaban constantemente como vacas y cerdos y, una vez que los sacrificaban, se reencarnaban de nuevo como cerdos y vacas, pasando por este ciclo generación tras generación. Esto es enfrentarse a la retribución. Aunque las personas con conciencia y razón no entiendan la verdad, aún pueden tener algunos sentimientos sobre los asuntos de la vida, darse cuenta de algunas cosas positivas y, finalmente, obtener algunas respuestas positivas. Estas respuestas positivas les permiten extraer algunos principios para la conducta propia que las personas deberían poseer y la senda de la conducta propia por la que estas deberían caminar. Al vivir toda su vida de esta manera, al menos pueden cometer menos maldad y librarse de algún castigo. Cuanta más experiencia de vida tienen las personas y más comprensiones obtienen sobre la vida, con mayor corrección pueden afrontar sus perspectivas y su futuro, así como más pueden dejar que las cosas sigan su curso natural, permitiendo que todo suceda como deba ser, en lugar de intentar controlar todas estas cosas por la fuerza y de manera intencionada. Por ejemplo, respecto a cosas como las perspectivas y el matrimonio de tus hijos, o cómo tus hijos tratan a los ancianos, los padres dejarán que las cosas sigan su curso natural y afrontarán estas cosas correctamente, en lugar de utilizar medios artificiales o comportamientos extremos para manipularlo todo. Así pues, cuando alguien tiene estas comprensiones sobre la vida, puede cumplir hasta cierto punto con los arreglos del Cielo y los arreglos del sino, así como hacer menos cosas insensatas o no hacer ninguna en absoluto.

Se pueden tener muchas comprensiones sobre la vida. Aparte de aquellas sobre las que acabamos de compartir, ¿qué otras comprensiones habéis tenido? (El nacimiento, el envejecimiento, la enfermedad y la muerte también escapan al control de las personas). Sí, el nacimiento, el envejecimiento, la enfermedad y la muerte escapan del control de las personas. Fíjate, algunas personas gozan de una salud excelente, pero luego se resfrían y mueren en unos días. Mientras tanto, algunas personas son enfermizas, toman medicamentos durante todo el año y, sin embargo, viven más allá de los ochenta años. El momento en que mueres también está fuera de tu control; no es algo que puedas elegir. ¿Qué otras comprensiones sobre la vida hay? (Que el amor romántico y el matrimonio también escapan a tu control). Las personas no son capaces de desentrañar muchas cosas en su momento, pero cuando alcanzan cierta edad, logran ciertas comprensiones. Por ejemplo, hay muchas cosas que los humanos no pueden fabricar; no cambian según la voluntad humana ni esta las decide. Dime, ¿acaso a una persona que puede reflexionar sobre estas preguntas y tener estas comprensiones sobre la vida no se le ilumina considerablemente su corazón cuando oye las palabras de Dios? (Sí). Si puede obtener respuestas a partir de las palabras de Dios, ¿puede entonces aceptar las palabras de Dios? ¿Reconocerá la veracidad de Sus palabras? (Sí). Después de que las personas con conciencia y razón experimenten algunas de las etapas de la vida, llegarán a algunas comprensiones sobre esta. El punto más básico entre estas comprensiones es la creencia en el sino y la creencia de que Dios existe. Partiendo de esto, cuando acuden ante Dios, las palabras de Dios les dan respuestas y también les dan una senda, lo que confirma las comprensiones que obtuvieron durante el proceso de experimentar la vida y también les proporciona respuestas específicas. Es decir, las palabras de Dios complementan a la perfección algunos detalles específicos que no lograron comprender durante el proceso de experimentar la vida, las ayudan a entender mejor y a creer con mayor firmeza que Dios existe y que está más allá de toda duda que Dios tiene soberanía sobre el sino de las personas. Para empezar contaban con esta base y ya habían encontrado estas respuestas en el proceso de experimentar la vida. Cuando acuden ante Dios y entienden la verdad a partir de Sus palabras, estas les hacen creer con mayor firmeza en Su existencia y en el hecho de que Él tiene soberanía sobre el sino de las personas. Es decir, las palabras de Dios les permiten confirmar que sus comprensiones son correctas y precisas. Por tanto, partiendo de la base de tener comprensiones sobre la vida, creen con una firmeza aún mayor que Dios existe realmente y que, aunque nadie pueda verlo ni tocarlo, Su existencia es innegable. Ellas en realidad ya tenían una conciencia y un sentimiento de esto antes de acudir ante Dios. Cuando reciben la confirmación a partir de las palabras de Dios, su fe aumenta de manera natural; en lugar de aumentar sus dudas, tienen más fe en Dios y una creencia más firme en Su existencia. Por consiguiente, tienen menos dificultades para aceptar las palabras de Dios que la mayoría de las personas. Al igual que Job, ¿cuál fue su comprensión sobre la vida? “Jehová dio y Jehová quitó; bendito sea el nombre de Jehová” (Job 1:21). Antes de que Dios lo probara y antes de que Dios se encontrara cara a cara con él, él ya había sentido esto. Así que, cuando Dios lo probó, creyó con mayor firmeza en su corazón que esto era obra de Dios y que era inequívoco. Es decir, cuando Dios lo puso a prueba, no empezó desde cero a conocer a Dios, a entrar en contacto con los hechos de Dios y conocerlos ni a conocer la soberanía de Dios; más bien, ya había entendido y asimilado los hechos de Dios y la soberanía de Dios. Partiendo de esta base, confirmó aún más que su conocimiento y sus comprensiones eran correctos y que, ciertamente, Dios actúa de esta manera. En cuanto a las personas con conciencia y razón, cuando acuden ante Dios tras obtener comprensiones sobre la vida, no tienen apenas dificultad para aceptar Sus palabras. Pueden creer con incluso mayor firmeza que las palabras de Dios son correctas. Es solo que faltan muchos detalles en sus comprensiones sobre la vida y esto las hace creer con mayor firmeza y confirmar que su conocimiento es correcto, lo que las deja sin dudas respecto a Dios. Puesto que no tienen dudas acerca de Dios y creen firmemente en Su existencia, ¿les resulta difícil aceptar la soberanía de Dios y Sus palabras? En comparación con quienes no creen en la existencia de Dios ni la reconocen en absoluto o con quienes la cuestionan, ¿les resulta menos difícil? (Sí). Aunque tengan el obstáculo de sus actitudes corruptas, al menos su postura hacia las palabras de Dios y la verdad descansa sobre el fundamento de que creen firmemente, sin duda alguna, que Dios es el Soberano de la especie humana. Es decir, cuando Dios las pone a prueba o las castiga y juzga, en primer lugar, al menos no niegan la existencia de Dios; en segundo lugar, no cuestionan la soberanía de Dios y en tercer lugar no rechazan Su soberanía. En su lugar, simplemente se concentran en resolver sus propias actitudes corruptas. Este estado es diferente del de las personas que no creen en absoluto que Dios exista o que se muestran escépticas ante Dios. En cuanto a aquellas que no creen en absoluto en la existencia de Dios, cuando Su castigo y juicio caen sobre ellas o Dios dispone entornos para disciplinarlas, en primer lugar, se resisten a Dios. Niegan Su existencia diciendo: “¡Esto no es obra de dios; dios jamás actuaría de esta manera!” o “¿Dónde está dios? ¡Esto es obra de las personas!”. Exhiben comportamientos y hacen declaraciones típicas de los incrédulos. Mientras tanto, las que se muestran escépticas ante Dios siempre se preguntan: “¿Es esto obra de Dios? Simplemente no creo que Dios actuaría de esta manera. Dios ama a las personas y se preocupa por ellas; ¿ejercería Su soberanía así? No lo creo. De todos modos, no quiero aceptar esto; si algo no se ajusta a mis nociones, ¡no lo acepto!”. Fíjate, las actitudes de estos dos tipos de personas hacia el castigo y juicio, la disciplina y las pruebas de Dios son diferentes. En cuanto a las personas que poseen los rasgos de conciencia y razón en su humanidad y creen realmente en la existencia de Dios, cuando Él dispone entornos para ponerlas a prueba, en primer lugar, tratan los entornos que Dios arregla desde la perspectiva de la especie humana creada. Tratan al Creador y a Dios con una actitud de sumisión en su corazón. Su actitud no es de cuestionamiento, rechazo o negación; más bien creen: “Esto es obra de Dios; está bajo Su soberanía”. Aunque también puedan desarrollar rebeldía y nociones e intentar discutir, al menos su actitud hacia los entornos es: “Esto es obra de Dios; Él tiene soberanía sobre todo”. Además, al menos no dudarán de si Dios existe realmente; esto es algo que sencillamente no sucederá. Por tanto, sin importar qué obra realice Dios en ellas, su actitud hacia Él es la de un ser humano creado hacia Dios, en lugar de la que tendrían hacia una persona corriente. ¿Acaso la actitud hacia Dios de las personas con conciencia y razón no difiere de la de los incrédulos y la de las personas que dudan de Él? (Sí).

Los incrédulos tratan a Dios como si no existiera e incluso como a una persona corriente al mismo nivel que ellos. Quienes dudan de Dios tienen imaginaciones vacías y difusas sobre Él cuando no les ocurre nada; cuando se topan con problemas, albergan todo tipo de sospechas, dudas e incluso escepticismo hacia Dios. Sin embargo, en cuanto a aquellos con conciencia y razón, al tener la certeza en su corazón de que Dios existe, así como de la identidad y la esencia de Dios, por mucha rebeldía o nociones que desarrollen hacia Él, al menos tratan a Dios con la actitud de un ser creado hacia el Creador. ¿Es grande la diferencia entre esta clase de personas y las otras dos clases? (Sí). Estas no se mostrarán escépticas respecto a Dios ni lo tratarán como a una persona corriente. ¿Por qué hablamos de esta diferencia? Lo hacemos porque, por lo que respecta a una persona con humanidad, sean cuales sean las actitudes corruptas que revele y sin importar si desarrolla nociones o rebeldía hacia Dios, todo esto surge dentro del ámbito de la conciencia y la razón de su humanidad. En primer lugar, no maldecirá a Dios; en segundo lugar, no emitirá juicios sobre Dios ni blasfemará contra Él y, en tercer lugar, no se resistirá a la obra que Dios realiza en ella. Como mucho, puede que intente discutir o no esté dispuesta a aceptar la situación actual ni esté dispuesta a aceptar tal obra de Dios. Pero al menos trata a Dios como tal y, aunque tiene algunas manifestaciones de rebeldía, estas se limitan al ámbito de la conciencia y la razón. A modo de contraste, las personas que niegan a Dios no tienen conciencia de si Él existe o no cuando no se enfrentan a ninguna situación. Sin embargo, cuando sí se topan con alguna situación, creen que Dios ha hecho algo que no les es favorable —tal vez las esté disciplinando o privando de algo, de modo que pierden algunos intereses personales— y en su corazón emitirán juicios sobre Dios sin ningún escrúpulo, lo maldecirán y blasfemarán contra Él, sin tener en absoluto un corazón temeroso de Dios. Su actitud hacia Dios es diferente de la de las personas con conciencia y razón. Se atreven a maldecir a Dios y esta maldición no es mera rebeldía; maldicen a Dios sin ninguna restricción ni contención. ¿Por qué no ejercen la restricción ni la contención? Porque no son seres humanos y no tienen conciencia ni razón; tratan a Dios como si fuera la persona más corriente que existe. Y si las palabras de Dios aluden a sus problemas, lo tratan como a un enemigo y piensan: “¡Si tus palabras no me son favorables, me enfadaré y arremeteré contra ti! Mientras tus palabras y acciones no me involucren, no tendré ningún problema contigo. Si ocurre algo que dañe mis intereses o si me enfrento al arresto, ¡negaré y rechazaré a dios sin dudarlo un segundo!”. También dirán en su corazón: “Creer en dios no sirve de nada; incluso tenemos que sufrir persecución y opresión. ¡Por mi parte, yo no soportaré esta penalidad!”. Fíjate, en todo momento albergan pensamientos de abandonar su fe en Dios y de renunciar a Él. Cuando se topan con cosas que no salen como desean, tienen estos pensamientos y quieren distanciarse de Dios. Este es el estado más común de los diablos y los incrédulos. En cuanto estas personas se topan con cosas que no les son favorables, quieren negar a Dios, dejar de creer en Él, rechazar Su nombre y darse a la fuga. No solo renuncian al nombre de Dios, sino que también se quejan de que Él no puede protegerlas ni salvaguardar sus intereses. Algunas incluso dicen: “¿Existe Dios en realidad? ¿De verdad puede tener soberanía sobre todo?”. Y otras dicen: “¡Servir a Dios no es fácil; estar cerca de un rey es igual de peligroso que yacer junto a un tigre!”. Fíjate, se atreven a decir cosas escandalosamente rebeldes. Si de verdad tratas a Dios como tal y realmente crees que hay un Dios, considerándolo desde la conciencia y la razón de una persona normal, ¿juzgarías a Dios y blasfemarías contra Él de esta manera cuando te toparas con cosas que no te fueran favorables? No lo harías, porque tu conciencia sencillamente no lo permitiría y, por tanto, no desarrollarías estos pensamientos en absoluto. Entonces, ¿acaso dirías aún tales cosas? Tales palabras jamás saldrían de tu boca. Cuando esos diablos e incrédulos se topan con cosas que no les son favorables, maldicen a Dios y blasfeman contra Él y, al final, renuncian a Dios y dejan de creer. También hay algunas personas que, cuando se topan con cosas que no salen como desean, protestan declarándose en huelga, abandonando su trabajo y negándose a cumplir con sus deberes. Una vez un incrédulo cometió maldad y causó graves pérdidas a la casa de Dios. La casa de Dios lo destituyó y, cuando lo asignaron a una iglesia corriente, se negó diciendo: “Si me asignas a una iglesia corriente, me negaré a comer. ¡Moriré aquí mismo!”. Entonces, algunos hermanos y hermanas lo podaron y compartieron con él. Yo dije: “¿Acaso no eres un necio por rebajarte al nivel de una persona así? Es un diablo que muestra su verdadero ser, ¿por qué te lo tomas tan en serio entonces?”. Si fuera un ser humano, ¿podría hacer semejante cosa? ¿A quién se está oponiendo? Sin contar con el hecho de que haya cometido tanta maldad y provocado pérdidas tan graves a la casa de Dios —en cuyo caso está perfectamente justificado y es adecuado que la casa de Dios se ocupe de él—, incluso si no hubiera cometido ninguna maldad, ¿no sería también adecuado que la casa de Dios lo destituyera por no ser capaz de realizar el trabajo? Esto es actuar conforme a los principios, así que ¿qué clase de maniobra desvergonzada pretendía llevar a cabo? Quedó revelado al intentar llevar a cabo esa artimaña desvergonzada, lo cual era todavía una mayor razón para expulsarlo. Puede irse donde quiera; la iglesia solo tiene que borrar su nombre y ya está. Es un diablo, ¿por qué te lo tomas tan en serio entonces? Tomárselo en serio es una idiotez, ¿acaso puedes razonar con un diablo? Este incrédulo no tiene conciencia ni razón, hace toda clase de cosas sórdidas y trata de urdir artimañas desvergonzadas, pensando que la casa de Dios no podrá responder si las hace. Es fácil lidiar con una persona así; solo hay que expulsarla y listo: muerto el perro, se acabó la rabia. ¿Acaso no es una necedad tratar a un incrédulo que es un diablo como a una persona normal? Un diablo no acepta la verdad en lo más mínimo y, por mucho que crea, no obtendrá la verdad. Si compartes la verdad con él, ¿no es un esfuerzo en balde? Es imposible pretender que se purifique y se salve. Simplemente es un diablo que muestra su verdadero ser y se le debería expulsar. Así es como se maneja a los incrédulos.

Esas personas atolondradas que pertenecen a la clasificación de los animales no reconocen a Dios desde el fondo de su corazón, no lo tratan como tal, no respetan Su carne ni temen al Dios en el cielo; a ellas solo les importa el beneficio personal. Si hoy reciben bendiciones que les resultan beneficiosas, dicen: “¡Dios es bueno, dios es grande, dios es justo, dios es noble!”. Pero si un día Dios les quita sus beneficios y las hace sufrir, negarán a Dios y lo traicionarán e incluso dirán: “¡No tiene por qué ser cierto que dios sea totalmente bueno; ya no creo en dios!”. Si la casa de Dios distribuye algunos beneficios y les permite obtener algo gratis, se ponen felices y dicen: “¡Dios ama mucho a las personas, dios es muy hermoso! ¡Alabo a dios en mi corazón!”. Se ponen tan felices que saltan de alegría e incluso despiertan en mitad de la noche riendo entre sueños. En cuanto les dicen que ya no es gratis, de inmediato dan un giro de 180 grados y no se sienten nada felices. Ya no dicen que Dios es hermoso ni que se preocupa por las personas; en su lugar emiten el juicio de que la casa de Dios es demasiado tacaña y no tiene amor; así de rápido cambian de actitud. ¿Acaso tienen conciencia y racionalidad tales personas? (No). Las personas sin conciencia y razón no tienen sentido de la vergüenza. Cuando se benefician, dicen que Dios es bueno; cuando no pueden beneficiarse, dan un giro de 180 grados y dicen: “Dios no es bueno, no existe dios”. De verdad pueden decir tales cosas. Dicen una cosa y la contraria, como si tuvieran personalidad múltiple; dicen que Dios es bueno y también dicen que Dios no es bueno. ¿En qué se basan sus palabras? Se basan puramente en si aspiran a ganar algo; si no aspiran a ganar nada, dicen que Dios no es bueno; de verdad pueden decir tales cosas. En general, si alguien con conciencia y razón dice cosas semejantes, se sentirá culpable por dentro: “Oh, no tengo conciencia. Lo que acabo de decir fue inapropiado. No puedo volver a decir eso. Una vez que dices algo, no puedes retractarte; decir eso ha revelado mi humanidad”. Entonces reflexionará sobre sí misma y se conocerá. Las personas que se han reencarnado de animales no reflexionarán sobre sí mismas ni se conocerán. Piensan que cualquier cosa que digan está justificada; dicen una cosa cuando están felices y otra cuando no lo están. No tienen sentido de la vergüenza ni integridad o dignidad y no les importa cómo las contemplen los demás. Por tanto, ¿tienen realmente a Dios en su corazón? Si somos precisos, no lo tienen. Desde un punto de vista objetivo, cuando necesitan a Dios, dicen que hay un Dios, que Dios está con ellas, que Dios les concede gracia y las ayuda y que Dios vela por ellas y las protege. Sin embargo, cuando Dios les hace reproches y las disciplina, lo cual afecta a su imagen y hace que se sientan avergonzadas, y les parece además que lo que hace Dios no les favorece, dicen que Dios no es bueno y empiezan a mostrarse escépticas ante Él. Dime, ¿qué conciencia y razón tienen estas personas? Tratan a Dios igual que tratan a la gente, sin respetar en absoluto ningún límite de conciencia. Incluso se atreven a reñir y discutir con Dios, a lanzarle insultos, no le tienen el más mínimo miedo ni temor. Después se arrepienten: “¡Oh, le he fallado a Dios!”. Pero cuando vuelven a toparse con cosas así, siguen actuando de la misma manera. Nunca tendrán un verdadero temor de Dios en su corazón; Dios no tiene cabida en él. Sin embargo, alguien que realmente tiene conciencia y razón guarda un lugar fijo para Él en su corazón; este lugar fijo lo vuelve más sincero, serio y respetuoso respecto a Dios que hacia ningún otro. Esta sinceridad, seriedad y respeto constituyen su actitud hacia Dios debido al efecto de la conciencia y la razón básicas que tiene esta persona. Por tanto, en cualquier momento, ya sea que se sienta débil o negativa, o que haya fracasado o recibido disciplina, no cruzará este límite. Por muy grandes que sean las dificultades con las que se tope o por mucho dolor que sufra, no traspasará este límite, porque es un verdadero ser humano. Cree que Dios existe y que Él tiene soberanía sobre el sino de las personas, por lo que no traspasará el límite de la conciencia para cometer una ofensa contra Dios ni maldecirá deliberadamente a Dios, se resistirá a Dios o se rebelará contra Él siendo consciente de que lo está haciendo. El hecho de que se abstenga de hacerlo de manera deliberada significa que su conciencia y su razón lo restringen. Por supuesto, bajo el efecto de su conciencia y razón, también puede hacer algunas cosas que debería hacer alguien con una humanidad normal. Por ejemplo, sin importar qué obra realice Dios o qué palabras pronuncie Dios que no se ajusten a sus nociones, no emitirá juicios ni hará comentarios de manera intencionada. Puede tratar estas cosas correctamente o buscar la verdad para resolver sus propias nociones; tiene un límite básico en su subconsciente. Como cree que Dios existe, tendrá estas reflexiones debido al efecto de su conciencia y razón. Tras reflexionar, tendrá una actitud básica y unos principios básicos sobre cómo trata a Dios. Solo a partir de estos principios básicos pueden las personas mantener su relación con Dios como la de un ser creado con el Creador, manteniendo una relación así de correcta, normal y adecuada. Solo con esta relación establecida pueden las personas aceptar las palabras de Dios con normalidad, así como someterse a las palabras de Dios y practicarlas normalmente. Dime, ¿acaso las personas que maldicen a Dios a menudo, las personas que quieren dejar de creer en Dios sin pensarlo dos veces y las que se quejan de Dios y lo odian como si nada pueden aceptar las palabras de Dios? ¿Pueden practicar las palabras de Dios? (No). La actitud que estas personas tienen hacia Dios es la actitud que los diablos tienen hacia Él. Dado que los diablos tienen tal actitud hacia Dios, ¿pueden tratar las palabras de Dios como la verdad? Jamás. Solo los seres humanos creados pueden tratar las palabras de Dios como la verdad. Solo al tratar las palabras de Dios como la verdad es posible que las personas estén dispuestas a aceptarlas, para luego someterse a ellas, practicarlas y entrar en ellas en mayor medida, y finalmente alcanzar la purificación y la salvación.

Alguien que posee los rasgos de conciencia y razón en su humanidad tiene un principio básico en cómo trata a Dios, que es el de tener la intención de someterse. Sin importar lo que le pase, en absoluto emitirá juicios de manera arbitraria, sino que orará a Dios y buscará la verdad; esta es la manifestación que debería tener una persona normal. Si las manifestaciones de una persona se ajustan a la conciencia y la razón de la humanidad normal o si cuentan con la moderación, la restricción y el control de la conciencia y la razón, entonces esta persona es un verdadero ser humano y es alguien a quien Dios tiene la intención de salvar. Si no actúa con la moderación y mucho menos con la restricción de la conciencia y la razón y está atolondrada; si quiere tener una buena actitud hacia Dios, pero nunca es capaz de ello, no sabe exactamente cómo debería tratar a Dios y no sabe qué principios deberían cumplir las personas ante Dios para ser correctas; si no sabe ninguna de estas cosas, sino que simplemente está atolondrada y confundida, si actúa bien cuando está rodeado de buenas personas y con maldad cuando se rodea de personas malvadas, ¿qué clase de persona es? Cuando está con personas que tienen conciencia y razón, no hace nada malvado, pero eso no significa que sea alguien con humanidad. Si está con personas malvadas, hará cosas malvadas. Cuando las personas malvadas maldicen a Dios, ella también empieza a mostrarse escéptica ante Él; cuando las personas malvadas niegan a Dios y emiten juicios sobre Él, no siente repulsión, no ejerce ningún discernimiento e igualmente sigue relacionándose con personas malvadas. Nunca salvaguarda la obra de la casa de Dios, el testimonio de Dios o los intereses de la iglesia, sino que actúa como espectadora, sin saber siquiera qué es correcto e incorrecto. Una persona así es alguien que se ha reencarnado de un animal; no es un ser humano en absoluto. A modo de contraste, antes de que una persona con conciencia y razón se encuentre con la obra de Dios, tiene un respeto, miedo o reverencia básicos por el Cielo que los seres humanos pueden alcanzar. Como poco, el Cielo es sagrado, justo y elevado para ella. Después de aceptar la obra de Dios y entender algunas verdades que Dios requiere que las personas posean, debido al efecto de su conciencia y razón, aunque no entienda tantas verdades, puede deducir la razón y la actitud que las personas deberían tener hacia Dios. Ya sea que implique a la identidad de Dios o a los diversos aspectos de Su carne, tendrá cierto grado de respeto, reverencia y miedo. Mejor aún, sobre la base de entender algunas verdades, puede poseer un temor de Dios. No trata a Dios de manera informal, indiferente, arbitraria o irreverente, sino que lo trata con gran cuidado y cautela. Especialmente cuando involucra la obra de Dios, Su testimonio, Su nombre, Su identidad y estatus, Sus ofrendas, así como Sus palabras, Sus requerimientos y una instrucción específica de Dios, muestra particular cuidado y cautela. Trata estas cosas con un corazón temeroso de Dios y una actitud respetuosa. No lidia con ellas de manera superficial, no actúa por inercia ni hace cosas por aparentar, sino que es capaz de tratarlas con seriedad, con un corazón y una actitud humildes hacia todas las cosas visibles o invisibles que implican a Dios. Esta es la actitud que alguien con conciencia y razón debería tener hacia Dios por encima de todo lo demás. Cuando tú no entiendes la verdad, puede que no tengas una comprensión muy exacta de la palabra “Dios”, ni entiendas la identidad y la esencia de Dios o el carácter de Dios, pero tienes cierta medida de respeto y miedo por el Cielo. Después de entender la obra de Dios, experimentar la obra de Dios y aceptar las palabras de Dios, ¿en qué se convertirán tu reverencia y tu miedo hacia Dios? Se convertirán en sinceridad, seriedad y temor, o en terror y temblor; esta es la actitud hacia Dios que debería desarrollar una persona con la conciencia y la razón de la humanidad normal. Si alguien ha creído en Dios durante muchos años y afirma creer que Dios existe y reconoce a Dios verbalmente, pero, debido al efecto de la conciencia y la razón, nunca ha desarrollado hacia Dios la actitud que debería, entonces es fácil imaginar de qué carece esta persona en su interior. Si meramente carece de sinceridad y seriedad hacia Dios, pero aún posee un poco de temor y miedo de Dios, entonces solo se puede decir que esta persona no es muy buena; puede que sea un ser humano, pero no uno muy bueno. Podría ser que las tendencias malvadas de Satanás en la sociedad la hayan contaminado e influenciado con demasiada severidad, que la hayan envenenado con demasiada profundidad y le hayan lavado el cerebro de forma demasiado severa. No obstante, si posees temor de Dios, como poco eres todavía un ser humano. Si no tienes la más mínima sinceridad ni miedo hacia Dios y no tienes el menor temor de Dios, entonces se puede decir que no eres un ser humano; eres indigno de recibir el nombre de ser humano y no estás a la altura del estándar de tal. Cuando se trata de todas las cosas visibles o invisibles que implican a Dios, si tú las tratas de manera descuidada, indiferente y somera, o incluso las tratas de un modo grosero y bárbaro, entonces no eres un ser humano. Esto se debe a que careces incluso de la moderación y la restricción de la conciencia y la razón en cómo tratas a Dios, lo cual es suficiente para ilustrar el problema y para no calificar a alguien como tú de ser humano. Cuando no creías en Dios y no habías acudido a la casa de Dios, se podía excusar que carecieras de un respeto claro o de una actitud correcta hacia Dios y no se emitían juicios estrictos sobre ti; pero ahora que crees en Dios, si durante el tiempo en que sigues a Dios y aceptas la provisión de Sus palabras de vida todavía no puedes desarrollar sinceridad, seriedad y temor hacia Dios y tu actitud hacia Él sigue siendo grosera y bárbara —no solo carente de temor, sino muy informal e indiferente, igual que la actitud de Satanás hacia Dios—, entonces solo se puede decir que alguien como tú no tiene conciencia ni razón. Si una persona así incluso trata a Dios de esta manera, sin la restricción de la conciencia y la razón, ¿sigue siendo un ser humano? No es un ser humano.

Esto es más o menos todo lo que hablaremos sobre los diversos aspectos de la conciencia y la razón humanas. Sean cuales sean las manifestaciones de la conciencia y la razón de las que estemos hablando, todas ellas implican ciertos pensamientos, puntos de vista y comportamientos humanos. Ninguno de estos aspectos es vacío: algunos involucran cómo tratar a las personas, los acontecimientos y las cosas; otros involucran cómo abordar las filosofías para los asuntos mundanos y los diversos aspectos de la vida; y otros más involucran cómo tratar la verdad y a Dios. No importa en qué aspecto te concentres, un rasgo destacado de alguien con conciencia y razón es que su conciencia y su razón restringen y controlan su conducta propia y sus acciones. Tiene límites y fronteras en sus acciones: este es su rasgo definitorio. Solo al poseer este rasgo cumple con la condición básica para alcanzar la salvación. ¿Entiendes? (Sí). ¿Hay algo que no entiendas? Respecto a los tres aspectos que hemos compartido hoy —que las personas con conciencia y razón poseen sentido de la vergüenza, son capaces de reflexionar sobre la vida y tienen un respeto y miedo básicos hacia Dios—, ¿sentís que hay alguno con el que no podáis identificaros? ¿Sentís que alguno de ellos es vacío? (No. Sentimos que nos podemos identificar con todos ellos). Terminemos aquí entonces nuestra charla de hoy. ¡Adiós!

junio 1, 2024

Anterior: Cómo perseguir la verdad (21)

Siguiente: Cómo perseguir la verdad (23)

¿Este contenido ha tocado tu corazón? Nos gustaría mucho escuchar tus pensamientos y sentimientos. Te invitamos a compartir tu opinión o a plantear tus preguntas. Estaremos encantados de conversar contigo.

Ajustes

  • Texto
  • Temas

Colores lisos

Temas

Fuente

Tamaño de fuente

Interlineado

Interlineado

Ancho de página

Índice

Buscar

  • Buscar en este texto
  • Buscar en este libro

Conéctate con nosotros en Messenger