198 Solo al rebelarte contra la carne puedes ver la hermosura de Dios
I
Si las personas van a creer en Dios y amarlo, deben pagar un precio. En lugar de tratar de actuar de determinada manera por fuera, deberían buscar el entendimiento genuino en lo profundo de su corazón. Amar a Dios requiere buscar Sus intenciones en todas las cosas y que explores en lo profundo de tu ser cuando te ocurra algo, para tratar de captar las intenciones de Dios y de ver qué intenciones Suyas están presentes en tales asuntos, qué te pide que consigas y cómo debes ser considerado con Sus intenciones.
II
Si amas realmente a Dios y no satisfaces la carne, verás que todo lo que Él hace es muy correcto y muy bueno, y que Su maldición de tu rebeldía y Su juicio de tu iniquidad están justificados. Habrá momentos en los que Dios te reprenda y te discipline y cree un entorno para templarte, con lo que te obligue a acudir ante Él, y tú siempre sentirás que lo que Dios hace es maravilloso. Por tanto, te parecerá que no hay mucho dolor y que Dios es muy amoroso.
III
Si complaces las debilidades de la carne y dices que Dios va demasiado lejos, sentirás que siempre sufres y estás afligido, no tendrás clara toda la obra de Dios y parecerá que Él no se compadece en absoluto de las debilidades del hombre ni es consciente de sus dificultades. Por tanto, te sentirás siempre miserable y solo, como si hubieras sufrido una gran injusticia, y en ese momento comenzarás a quejarte.
IV
Cuanto más complazcas las debilidades de la carne de esta forma, más sentirás que Dios va demasiado lejos, hasta que las cosas empeoren tanto que niegues Su obra, comiences a oponerte a Él y te llenes de rebeldía. Así pues, debes rebelarte contra la carne y no complacerla: “Los esposos y esposas, los hijos, las perspectivas, el matrimonio, la familia: ¡ninguna de esas cosas importa! En mi corazón solo existe Dios y debo esforzarme lo más posible por satisfacer a Dios y no satisfacer la carne”. Debes tener esta determinación.
de La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo amar a Dios es realmente creer en Él